Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Baldassare Donizetti el Dom Oct 01, 2017 2:18 am


“Beauty is terror. Whatever we call beautiful, we quiver before it.”
― Donna Tartt, The Secret History


Toda su vida, que no había sido corta, se había convencido que la atracción física no era necesaria para… bueno, para absolutamente nada. No era célibe, a veces, cuando estaba aburrido, mandaba llamar a alguna prostituta joven, que no tuviera mucha experiencia, e imaginaba a su difunta esposa mientras llevaba a la cama a la mujerzuela en turno, algo sin mayores complicaciones, ni pretensiones. Pero esos casos eran cada década, a lo mucho. No tenía una necesidad carnal, y sabía que era raro, aunque no se sentía especial, ni bendecido por ello; era sólo un hecho más a un montón que lo definían. Un rasgo, no una totalidad.

Sin embargo, sintió que esa convicción estaba pendiendo de un hilo. Quizá no deseaba poseer, o ser poseído por el conde Rosenthal, no de la manera convencional, pero sin duda lo deseaba para él. Conservarlo para siempre, para la eternidad con esa avasallante y cruel belleza que poseía. Porque ese era el verdadero modo en cómo Baldassare creaba lazos con otros seres, ya fueran mortales o no. Lo hacía a través del arte. Sólo el arte purificaba y pervertía lo suficiente para el gusto del artista. Sólo en él encontraba satisfacción orgásmica, esa era la verdad. Tal vez por eso, jamás se había alimentado de sus modelos, ni nunca plasmó a sus muchas, muchas víctimas.

Siempre fue él quien estaba en la posición de ventaja, y quizá encontró atrayente por una vez, no serlo. Sólo alguien como Sokolović era capaz de dominarlo, y no iba a mentirse, jamás lo hacía, eso le intrigaba, quería saber hasta dónde eran capaces de llegar, aunque algo le dijo que si él ponía un alto, el conde no era de los que se detuvieran. Se llevó la mano al cuello, ahí donde el susodicho mordisqueó y dio un respingo. La memoria era vívida en su piel fría, como la ajena, y cerró el puño muy fuerte de la otra mano, como si quiera herir, y no soltar al mismo tiempo.

Lo citó en su residencia, para comenzar con la obra que, auguraba él mismo y falto de modestia, sería su más grande hito en siglos, y la Historia ya se encargaría de darle su lugar a lo que ahí estaba a punto de suceder. Tenía listo el mármol, el cincel y el martillo, hacía años que no esculpía y se sintió emocionado, como si fuera la primera vez.

No aguardó a que un sirviente fuera a por él. Pudo sentir la poderosa presencia del conde tan pronto se acercó a su residencia, una lúgubre y alejada de todo, a la que sólo se podía llegar por un camino caprichoso a través del bosque. Desde la torre más alta se podía ver París, lo suficientemente cerca como para acudir con facilidad, pero también lo bastante lejos como para no ser molestado si así lo deseaba.

Bajó las escaleras y conforme avanzaba, sintió a Rosenthal más y más presente. Cuando al fin llegó al recibidor, su invitado estaba al otro lado de la puerta. No dejó que tocara, abrió sin preguntar, y ahí estaba él, hermoso, gigantesco y brutal, tal como lo recordaba.

Conde Rosenthal ―saludó con una reverencia―. Me alegra ver que es puntual. Pase por aquí, por favor ―habló con pulcra educación. Hasta ellos llegó un mayordomo, aunque pronto se marchó cuando supo que no era requerido.

No ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos ―comenzó, mientras lo guiaba por la casona. Lo estaba conduciendo directo a su taller, ¿para qué posponer más lo inevitable?―. Pero supongo que la norma nos dice que debo preguntar, ¿cómo ha estado? ―Se detuvo junto a una puerta, casi al extremo de un pasillo frío de la planta baja. Sonrió y abrió.

Ahí estaban, su taller era un santuario consagrado a los dioses de Arte. Había una mesa larga de madera, manchada de mil tonalidades de pintura, pinceles clasificados por tamaño, forma y tipo de cabello de sus cerdas. Tubos de pintura, solventes, trapos y un mandil. En medio, un gran monolito de mármol, un banco y un pedestal, ahí trabajarían. Dejó que su invitado ingresara primero, luego lo hizo él, y terminó por cerrar la puerta con el pestillo.


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Re: La grande bellezza → Privado

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Sáb Oct 28, 2017 10:46 pm

Siempre siendo el rostro de la malicia, de los secretos, de las traiciones y mentiras que nadie quiere aceptar y las llaman por salvación, verdades. Temían por una razón en especial al Conde, él no ha hecho algo para que así sea, más su físico se ha encargado de darle tal autoridad que quien se interactúe con él se sitúa en una relación de subordinación, su poder es inmenso, y sus capacidades tremendas, tan es así, que una simple oposición a él no es conveniente. Tanto fue el poder que engendraba que decidió transformarlo en una triada (que es la apariencia, su ser y sus acciones) Sin faltar el juego, está existiendo para ganar, una vez perdió y eso le costó todo, que para que exista otra posibilidad, jamás. Aprendió de sus errores, conoce bien sus debilidades y una la dio a relucir con un artista. Por mera coincidencia o quizás diversión.

Lo conoció, le coqueteo, fantaseo y quiso algo de él, un cambio más allá de cuentos, una vida eterna que nadie se imagina. La suficiente para representar una nueva era, aterrorizar la sociedad, y desterrar existencias patéticas, que sigan el prototipo de una actuación duradera, más espectacular de todas. Porque al ofrecer un trato para que sea plasmado en mármol. Iba más allá de pesadillas, y de la grandeza. Ante esa figura caerían grandes dominaciones. Atestiguar que en ese lugar un Rosenthal fue pintado muerto, destruyendo la muerte y resurgiendo al mundo. Eso es lo que quiso y alguien descubrió sin saberlo, Baldassare, se convirtió en algo que él siempre ha querido, que su legado, el poder de los Rosenthal jamás fuese olvidado. Y es como va hacia ese objetivo, a ese provenir de muchas generaciones, y que sus antepasados y quienes dieron la sangre y vida para protegerlo le encomendaron ese propósito. Ahora era su turno de proseguir lo duradero.

Como acordaron, él le envió el lugar a donde debía ir para el encuentro, la hora exacta para volver a retomar una charla muy interesante. Y estando a escasos kilómetros de su residencia, oculta en las lejanías de un bosque, vislumbrando la torre. Y por más que quisiese ir con un batín, cubriendo al menos su desnudez, era imposible hacer aquello. Al contrario, llevaba puesto su traje que siempre le caracteriza su cargo, con bastón y solo por sostener su glamour. Un estilo muy propio y elegante. Llegando el momento en que tenga una vez más, el placer de deleitar esa belleza. Más no fue necesario esperar, en cuanto llegó supo que ahí estaba, esperándole, recibido como bien se merece y ejecutó una leve inclinación como respuesta. Porque vamos, entre clases preponderantes se respetan.

— Mi artífice Donizetti, no puedo hacer esperar a alguien como usted. Es más valioso el tiempo que otra cosa. Por favor, le sigo. Que han sido cortos los días pero extensa la espera para verle nuevamente. Es emocionante esta clase de labores, no me imagino cuanta satisfacción ha de sentirse.

Confirmó, adentrándose a la residencia, observando los tallados y sus respectivas decoraciones; de muros, techos y hasta el suelo en el que pisa no se le escapa. A pesar de no ser talentoso con ciertos instrumentos, conoce de estos. Recorriendo el lugar hasta que se detuvo y aguardó. Para después incorporarse al recinto, maravillado por lo que sus ojos presencian. Un cuarto exclusivo para desarrollar tal talento. Magnifico, atrayente y que emoción contemplada, caminando de allá para acá, no podía tocar algo tan valioso, solo inspeccionaba, observando desde la diminuta de un pincel, cada objeto era interesante, y atrayente para su gusto.

— Es desconcertante lo que ha logrado cautivar en mí, puedo decir que estoy y que he estado esperando tanto este momento, curioso resulta que me sienta de esta forma. Que puedo decirle, sino simplemente que aquí estoy, a su servicio con la ansia de que me comparta sus sensaciones, después de todo a esto le denominan vida. En cambio a usted, ¿como se encuentra?

Se podía notar como esta unido a la manera en la que el arte le hace lucir pulco del alma, una esencia verdaderamente hermosa y quien diga lo contrario, es porque de igual manera estarían en lo correcto, dos reflejos en uno solo, una imagen untada a la realidad y a la ilusión, eso es lo que se ve en él en ese momento. Sin importar el cómo se sintiese en un pasado, lo fundamental es el presente.



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Re: La grande bellezza → Privado

Mensaje por Baldassare Donizetti el Sáb Dic 02, 2017 10:06 pm


Estudió a su modelo en turno mientras éste se paseaba por el taller. Sonrió, como si la fascinación ajena se le contagiara. Se quedó junto a la puerta, a la distancia y cubierto de sombras, pues la luz de la luna que se colaba por las ventanas no llegaba hasta ahí, se enfocaba en el lugar donde su modelo posaría; por un momento pareció que era incapaz de acercarse a Rosenthal; la verdad era que quería verlo moverse, actuar, gesticular, no sólo porque le servía para la gran obra que estaba a punto de cometer, sino porque lo encontraba peligroso y magnético a partes iguales.

Es todo un deleite escucharlo hablar así —dijo y avanzó hasta él, mucho más alto. Mientras Baldassare era un arquetipo de belleza clásica, Sokolović se trataba del perfecto guerrero. Ambos poseían la misma naturaleza, y aún así, eran jodidamente diferentes—. ¿Cómo he estado yo? Ansiando este día, desde luego. Si no me cree, sólo venga conmigo… —lo invitó a acompañarlo. Fue hasta el escritorio manchado de pintura y ahí, trozos de grueso papel amarrados con un pequeño lazo en sus esquinas perforadas, descansaban.

Baldassare tomó el cuadernillo de marquilla, y se lo extendió a su invitado. En él había bocetos, muchos bocetos, todos de Sokolović, aunque los detalles estaban en el rostro, la parte que más presente tenía y conocía. Su cuerpo, desnudo en los dibujos, eran sólo líneas vagas, apenas esbozos de músculos.

Estuve pensando en la mejor manera de plasmarlo, conde —habló suave y colocó una blanca mano por encima de los bocetos—, y llegué a la conclusión que sólo usted puede decidir eso, cómo es mejor dejarlo inmortal en piedra, porque inmortal en carne ya lo es —continuó y alzó la mirada azul para encontrarse con la ajena. Había un extraño sosiego en el romano, y no porque estuviera mal, sino porque era verlo así, casi siempre cínico y soberbio.

Si no le molesta, podemos empezar. —Se alejó y fue hasta el mandil que descansaba colgado de uno de los muros de roca, que provocaban que toda la habitación fuese más fría, sobre todo durante la hora nocturna, como era el caso; no es que afectara a Baldassare, que de eso ya no podía sentir nada.

Desnúdese, por favor —dijo, mientras él se acomodaba el delantal, dándole la espalda—, ahí hay una bata de seda, si prefiere cubrirse en lo que comenzamos. —Señaló vagamente un punto del otro lado del talle y se giró para ver qué era lo que Rosenthal iba a preferir.

Se acercó al banco de madera junto al monolito de mármol y tomó el cincel y el martillo de metal. Aguardó paciente, aunque dentro algo se removía en su pecho, la expectación, la emoción, parecía ser su primera vez escupiendo, aunque llevaba siglos haciéndolo. Lo atribuyó, desde luego, a Sokolović, a su aplastante presencia, a su belleza salvaje. Sin darse cuenta, fue incapaz de separar los ojos del hombre, quería verlo despojarse de la ropa, algo muy sensual en todo eso lo obligó a concentrar toda su atención en aquel sencillo acto.


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Re: La grande bellezza → Privado

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Vie Ene 05, 2018 10:12 pm

Sokolović Rosenthal envuelto en los utensilios que le llevaran a la vida plena, a transformarse no solo en un ser de piedra, sino en un Conde perpetuo. ¡Tan grandeza extrema se percibe, y se expresa! Ahí, hallado el punto exacto de su presencia; un espacio iluminado por la misma naturaleza, porque la luna está en su máximo fulgor y hace que la luz sea tenue y suficiente para que se contemple la porcelana de un monstruo y así pueda al menos embellecerla. Situándose en el centro de este, mirando directo a su artista, su escultor. Pero, lo ve lejano, y no dudo en ir hacia él cuando lo requirió, acercándose al escritorio donde pintura y papeles sujetados habían, ya no eran pinceles, era algo más. Confesando que nunca había presenciado la creación de una estatua. Su proceso se lo imaginaba porque en los libros todo venía, pero ser partícipe en una y que mejor el modelo, era tanta dicha. Mayor fue cuando el cuadernillo de marquilla que le proporcionó Donizetti, el cual,  sujeto entre ambas manos y comenzó a ojearlo, eran bocetos, extraordinarios bocetos de su propio rostro bien definido, y se detuvo en uno, nunca había contemplado su faceta como el que estaba plasmado, hasta ahorita que se percata de sus verdadera apariencia.

— Así que recuerda a la perfección mi rostro —, pero una mano interrumpió el que siguiera mirando aquello, por lo que alzo la mirada a él, invadiendo su pensamiento en las posibles posturas que podría ejecutar para él. — ¿y entonces en cual concluyó? —; No podría mentir que su mente fluyo en una gama de sensaciones claramente distintas al del escultor, porque él precia ser un ser noble, tan bello por dentro y por fuera, mientras que Rosenthal, eran obscenos episodios convertidos en tragedias para un perfecto escenario. Y cuando se encontró con sus irises, sujetándole con la mirada, ¿cómo podría decirle lo que en su mente vaga? Imposible, por lo que coloco el cuadernillo sobre el escritorio, volteando de un lado a otro. — Me tomo por sorpresa a decir verdad, espere que fuese usted quien me indicara mi postura, pero veamos, podría ser algo simple pero que muestre mucho. Algo por este estilo. —Tomo la postura a la que se refería: un pie delante de otro, a una distancia prudente doblando ligeramente la rodilla, con el brazo izquierdo alzado, doblada en dirección al hombro y a una altura a la de su mentón, como si se lo sujetará, con el cuerpo un poco girado y con la otra mano, tocaba con los nudillos la pierna, y con la mirada clavada a la nada. — ¿Qué le parece?.... —solo fue un breve instante el que espero, y volvió a la realidad. — Comencemos en ese caso, usted es el que manda.

Asintió, caminando al escénico lugar, ya no hay lugar a donde esconderse sin ser villano, ni un monstruo, se fue despojando de la ropa conforme da pasos. Primero su saco, seguido de la camisa hasta ir por el pantalón y finalizar con la mínima prenda hasta quedar completamente desnudo, con un hambre en el interior, y una mirada en sus ojos, como si quisiera devorarse así mismo, como si tomara vida y es que la persecución de su ser, empezó. Si pareciese ser un monstruo atrapado en su cabeza, y debajo de la carne, pero seguía siendo un hombre que jamás despegó la mirada de su captor, aun cuando él se ponía el delantal, Sokolović se entrega desnudo, una grotesca forma determinada en músculos entonados y una expresión que un paso falso y podría hacerlo suyo. Siendo mejor que se mantenga claro si quiere sobrevivir ante esa debilidad que genera, ya que una vez que cruce esa línea, no se detendrá, y desearía haberle escuchado cuando se encuentre en su desesperación, porque sería inicios de una cacería. — Haré lo que me indique, si desea que me cubra lo haré, pero somos hombres, no hay nada que no haya visto ya. Así que lo dejo a su elección.

Miro hacia la bata y aguardo, no se movió, pero sí dio por un instante la espalda, por travesía quizás, solo porque quiere aturdir, o que lo observara por completo, sin faltarle nada, ya que parece ser un rey gracias a él, y no fue necesario que la sangre estuviera presente para sentirse vivo, por primera vez así lo sintió, vivir como una legenda, ya no hay vuelta atrás, ¡Pero las leyendas nunca mueren! Y retomo la postura en la que sería esculpido, solo para generarse una imagen distinta, porque ahora estaba desnudo, a su disposición. Jugando entre instintos, porque sería imposible de olvidar esa ocasión. — ¿Cree que vaya a acorde a mi esencia? Porque esto realmente es nuevo para mí. Y mi fascinación no me esta dejando ser sensato.



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Re: La grande bellezza → Privado

Mensaje por Baldassare Donizetti el Lun Abr 09, 2018 9:30 pm


Al verlo posar, Baldassare estuvo a punto de tocarlo, pero se contuvo. Alzó la mano nada más, sin embargo, no alcanzó a estirarla y juntar sus yemas con la piel helada del conde, así como también pudo disimular el sonrojo que lo invadió ante el comentario ajeno. Y es que sí, sí recordaba el rostro con demasiada claridad, era difícil olvidarlo cuando eran rasgos que parecían exigir ser plasmados en el arte. Eso era justo lo que iba a hacer ahora. Asintió nada más, la pose propuesta era perfecta, marcaba los músculos, lo cual era idóneo para un escultor, y dejaba manifiesto el poder del vampiro.

Lo siguió con la mirada mientras se quitaba la ropa, no pudo evitarlo, era hipnótico. Por supuesto que ambos eran hombres y Rosenthal no tenía nada que Baldassare desconociera, pero el romano jamás podría aspirar, ni en sus más locos sueños, a poseer ese físico. Siempre había sido menudo, vestía una belleza más clásica, parecida a la de Mercurio, mientras que Sokolović parecía Hércules. No supo si el otro lo hacía adrede, aunque lo intuyó, sabía que era un hombre que conocía sus fortalezas, pero sintió ganas de acercarse y tocarlo como no se atrevió antes, cuando su modelo en turno se giró, dándole una vista completa de su perfecto físico. Parpadeó y regresó a la realidad al escucharlo hablar. Se aclaró la garganta y se caminó hasta el bloque de mármol.

No, comenzaremos ya, es mejor que se quede como está —pidió y lo miró fijamente—. La pose propuesta me parece ideal, así que… adelante. Sé que el cansancio es distinto para nosotros, pero si se harta, sólo dígame y podemos tomar un descanso —continuó y le sonrió con amabilidad, aunque más bien taimado, demasiado aturdido todavía. ¿Qué clase de extraños sortilegios el conde cometía para descolocarlo de ese modo? Agradecía ser un vampiro antiguo, con tanto autocontrol, porque de otro modo no podría contenerse más, e irremediablemente iría hacia él, como los insectos hacia la luz, aunque supiera que estar a tan pocos centímetros era peligroso.

Empuñó el martillo y el cincel, sin más dilación, dio el primer toque al mármol y otro, y luego otro. Alternaba su atención del modelo al material y poco a poco los atisbos de un cuerpo monumental se fueron notando en la blanca piedra.

Es un modelo natural, conde —comentó, sin dejar de cincelar—, pareciera que el mármol estaba aguardando a por usted. No tengo que esforzarme, las figuras se forman solas, yo… —Pausó, incluso en su labor de escultor y bajó los brazos—. Yo no lo sabía, pero ahora me doy cuenta, había estado aguardando por un modelo como usted —dijo y parecía que iba a retomar su actividad, no obstante, no fue así. Dejó el martillo y el cincel de lado.

Caminó hasta Rosenthal, se plantó frente a él, y sin poder aguantarse más, estiró la mano para tocarle el rostro. Con los dedos acarició los labios, la mandíbula barbada y luego el cuello, sin palabras y suave, lento, tortuoso, sin vergüenza.


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Re: La grande bellezza → Privado

Mensaje por Sokolović Rosenthal el Vie Oct 19, 2018 11:17 am

— ¿Cómo podría hartarme? Sí mi panorama desde aquí es sumamente atrayente, más espero que no sea distinto para usted.

La sublimidad se detona en su habla, más no sabe cómo definir aquél instante, dado que se sentía impetuoso, superior y no por creerse invencible o quizás no en sentido natural, ya que una vez tenga su escultura nadie podrá olvidar ese recuerdo, su nombre, su semblanza, pero percibía que ese era su único instante de gloria. Que toda sensación le invadió; el éxtasis al combate, la satisfacción de victoria, justo como si de una guerra se tratara y su trofeo es la conmemoración, pero algo más le estaba invadiendo, y es que esa mirada, esa ¡maldita ansiedad de manchar esa pureza!, como una pasión consumible, o quizás las circunstancias estaban en su contra, o a favor, quien sabe, ya que por el lado de Sokolovic resulta ventajoso pues desde el principio quiso tenerlo, y el hallarse en esas circunstancias retomaban lo que se quedó guardado en el primer encuentro. Por ello peligraba, estaba rodeado en un fuego abrazador y el simple hecho de esa mirada podía comprender qué magnitud de placer le podía inundar. Llegando a la conclusión que el peligroso era él, es demasiada su fascinación que lo observa a la perfección, sin perder la imagen del bloque de mármol, y él en su posición; sentado, sujetando el martillo, el primer golpe le hizo recorrerle una especie de electricidad, otro golpe y se aclaró la garganta. Aceptando que es su Pigmalión, fueron convocados para conocerse, de forma misteriosa y secreta, con seductoras palabras se atrajeron, uno con la idea de esculpir, y el otro con ser eterno, pero algo limitaba la cercanía, y es que es la intimidad lo que hace vulnerable, dominios riesgosos, pero sonrió, ahí ante la pose, ante su escultor, se le escapó una sonrisa, estaba vagando en un pensamiento irónico, que le hizo volver a la realidad…

Al fin la estatua se convirtió en humano, axioma complejo, preguntándose ¿quién era el humano, si quien le está cincelando o el que posa para serlo? Siendo irónico que son demasiadas historias que hablan de la petrificación en las que los dioses convierten a un ser humano en piedra como castigo divino por una falta, pero entre más se sumerge a la maravilla de verlo trabajar, más son espirales que recorre por comprender esa seducción.

— Más bien el artista está muy inspirado, y mire que al golpe del cincel, la carne vibra.

Advirtió, situándose en un viejo poema, ¡hasta en esas circunstancias el Conde recurre al arte! ¡Maldita sea la poesía que ahora critica! No era la maldita estatua quien recobró vida por un deseo, es más un escrito versado en la muerte y la vida, unificando evocaciones de manera dulce y violenta, atrayendo ferozmente, que quiso imaginarse una barrera entre ellos porque en verdad no había nada que los separaba, al contrario, se sintió abrazado siempre por sus palabras y con esa mirada, altiva la violenta pasión.

¡No! se detuvo, jamás dejó de observar, se estaba alzando de su lugar y el que se fuera acercando, lo estaba provocando, agitaba más su temperamento, ¡qué tan atrayente resultó Vitus! El sentir su tacto en ese instante y en ese estado, quiso permanecer inmóvil, como si él fuese el verdadero mármol, tomaba el control de su cuerpo porque se le estaba yendo de sus posibles fuerzas, pero él acaricia sus labios, y la reacción fue abrirlos un poco, invadiendo una sed, un ansia, un frenesí total.

— Debo recordarle que no soy de mármol, y ni muerto estoy, puedo sentirlo, y puedo desearlo, son necios estos deseos y es culpable de que me invada una fantasía. No me tome como a una escultura, y si me sigue inspeccionando de esa manera, seré yo quien grabara mis manos en su cuerpo.

Murmuró, perjudicado de su actuar, víctima de una quizás inocente curiosidad, estaba maravillado Baldassare Donizetti, pero el vigor de las naturalezas son las mismas, son inmortales, y siente una especie de bálsamo suave mientras le toca, y aunque esté a disposición, no podía contenerse más, porque su cuerpo expreso la excitación, y es que alzo su mano para tomar la ajena, ya no había cavidad para el control, le desmorono por lo que continuó con su mano descendiendo su cuello, invitándolo a que explorara más allá del pecho, de lo que demarca su figura y sobre todo, el punto donde declaró su petición, el hacerlo suyo.

Pero se fue acercando a ese rostro, la posición ya no solo era de él, sino de su escultor, y como la última vez, se fue dirigiendo lentamente a su boca, queriendo besarlo pero no dió el paso esta vez, la espera hace que se aloque el apetito por hacerlo.


Perdón por la demora, ya conoces mis motivos y una una enorme disculpa.



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