Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Ramiara d'Aosta el Sáb Oct 07, 2017 8:00 pm

Otra fiesta más. La misma música de siempre, las mismas caras, las mismas conversaciones… Estaba harta de fingir que todo aquello le interesaba, cansada de mostrar que disfrutaba de la eternidad cuando en verdad lo único que quería era tener el valor para salir al sol y ponerle fin a más de setecientos años de vacío. Pero ya no era valiente, en otro tiempo lo había sido y su valía podía sobrepasar la de un puñado de hombres. Era fuerte y obstinada, podía enfrentar en un duelo a cualquiera, pero no tenía la bravía de entregarse al sol.

-Yo no bailo –dijo en tono seco al cuarto hombre que en la noche le pedía compartir una pieza con ella. Ni siquiera lo miró, ¿para qué?

Prefería beber, beber y observar. Se sentó en una ronda de damas que hablaban sobre los últimos acontecimientos sociales, ¿la reina había muerto? Sí, algo así había oído… como no era su reina, pues ella no era francesa, y como no la conocía, a Ramiara no le importaba.

No era tan interesante como los chismorreos de las mujeres, pero de igual modo aquello captó la atención de ella: un muchachito, de esos que servían los tragos, acababa de robarle un reloj del bolsillo a un caballero que reía y bebía junto a sus amistades, de pie junto a la puerta que daba a los jardines frontales. Por su aura, Ramiara supo que el hombre era un hechicero, ¿cómo era posible que no notase que acababan de robarle? Se rió involuntariamente, pues era gracioso de ver aquello, y las damas interpretaron que lo hacía producto de algo de lo que ellas hablaban. Tarde se dio cuenta de su torpeza.


-Lo siento –se disculpó-, he recordado algo… Con permiso –se puso en pie, sabiendo que lo único que había recordado era volver a rellenar su copa.

Se acercó a la mesa dispuesta a hacerlo, pero el muchachito –el ladronzuelo- le tendió una nueva y ella lo agradeció, sopesando si mencionarle que lo había visto o no... No dijo nada, en cambio se llevó la copa a los labios para sentir el efímero calor del alcohol en su interior.

Pasaron algunas horas hasta que Ramiara notó que faltaba el brazalete fino de su muñeca derecha. La inminencia del amanecer ya provocaba que los inmortales como ella estuviesen descendiendo para continuar con la fiesta en el gran salón que el Palacio Royal poseía en su planta más baja, allí donde el sol no llegaba. Pero ella no se iría sin su brazalete, no porque le tuviese especial cariño, sino porque era suyo y no toleraba que nadie tocase lo que era suyo.
Halló al muchachito luego de buscarlo por más de media hora, sabía que tenía el tiempo en contra, debía apurarse si quería ganarle al amanecer.


-Mi brazalete –dijo y lo tomó del brazo hasta acorralarlo contra la pared del pasillo que se adentraba hasta las cocinas-. Quiero mi brazalete y el reloj que has robado hoy.

El muchachito se fue a quejar, pero tras ver la mirada feroz que ella le destinó no tuvo más opción que meter su mano en uno de los bolsillos y darle lo que le pedía.




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Re: Guantes blancos | Privado

Mensaje por Jaecar Babenberg el Lun Jun 18, 2018 6:00 am

Baile, placer y sangre…

Ahí estaba el Austriaco, observando a las damiselas desplegarse por el salón en conquista de hombres que satisfagan sus necedades de esa misma noche, una velada interesante, no por lo que el baile, y las pomposas vestimentas decoraban cuerpos que debían de estar desnudos por ser excelsamente atractivos, más, la copa en su mano no era lo suficiente para que el inmortal se sintiera pleno, anhelaba abrir el pecho de una mujer y llenar la copa de su linfa, caliente y recién servida, pero siguiendo con el interés, es porque estaba rodeado de caos, esté, el origen de la belleza más destructiva que jamás se haya contemplado, el percibir la debilidad de la humanidad, escuchando la presencia de magia oscura y saberse rodeado de muerte, era una opresión catastrófica en el salón. Mostrando lo que es un vals, tan peligroso y lujurioso, donde el tiempo no es lo que aparenta y la oscuridad lo es todo, debe de serlo pues es el único medio de existencia, pero para él, el mezclarse entre los invitados, girar, y girar con la copa en alto para brindar por el mismo borde de la muerte de esas pobres almas guiadas por la decadencia, hoy no iba como alienista, (término que empezaron a denominarlo al moldear la mente a su favor, para ser partícipe de una extrema fuerza irreconocible del autocontrol), sino, iba por lo que es; un inmortal.

Caminando un poco más, y por ahí se escucha un intento de suicidio, un intento por liberarse finalmente de un comienzo que es monstruoso, no acude a su salvación, Jaecar Babenberg solo observaba, liberando evocaciones con examinar las causas, y si más caminaba, hallaba un aleteo frágil de una mariposa infernal, donde silencio y oscuridad es lo único que converge entre el miedo y la incertidumbre de un jovencillo, iba con todo o nada, la mediocridad o el éxito de sus robos le hizo emitir una media sonrisa, era inteligente el humano pero no lo suficiente lamentablemente, y cuando se paseó por un pasillo, sintiéndose libre de ir y venir por rincones que deberían de ser exclusivos para el dueño del palacio, vio como el depredador se alimentaba de una princesa, inocente y exquisita, quiso arrebatársela, pero las notas de la música al hacerse eco en el momento, y el encontrarse con una mujer de la misma naturaleza le hizo seguirla, ya la había visto, (y fue cuando el jovencillo le arrebato una pertenecía con burla, púes para ser una inmortal el no percatarse de un simple movimiento, eso quería decir que estaba ausente, y ella fue su objetivo), ¿por qué? Porque en ella hubo un refugio, una seducción peligrosa y mortal, tanto en frágiles límites del abismo, y la libertad le permitió situarse en la pared, recargándose en esta y ver el espectáculo, y al interrumpir ese encuentro con sus aplausos interfirió con la voz, acercándose a ella y tomo su muñeca, arrebatándole el brazalete y mirando al humano…

— Esto es tuyo, te lo ganaste a fin de cuentas, ¿o que no, madame? Es un premio por resultar ileso al obtener esa joyería, por lo menos se lo merece. —Se lo arrojo para que lo cachara con las manos, y el ver que no se iba, río en corto, sin soltar esa muñeca, la apretó cuando quiso liberarse. — Ya puedes márchate muchacho, agradécele por tu vida. —concluyó con él, después de todo no fue impulsiva la mujer con aquel, porque de haber sido lo contrario ya hubiese estado muerto. Y en cuanto ella quiso empujarle, le alcanzó a abrazar y pudo girarse para no ser él quien resultara víctima del impacto contra el muro. Mientras el humano hizo lo correcto, salio corriendo y él se responsabilizará por tal decisión.

A pesar de mantenerla contra la pared, expresando ambas muñecas al alzarlas a la altura de su cabeza cada una. — Es más hermosa de cerca, ¿por qué es que no la veo bailando, y disfrutando como a las demás? ...—se acercó a olfatear su cuello. — mmm, mismo perfume que a una Romana, extraño pero atrayente no le miento. — le soltó de una mano, hasta que intento abofetearlo por lo que retomó su muñeca y la mantuvo presa. — No, muy mal, yo que deseo bailar con usted, y me trata de esa manera, ¿por qué?—. ¿Qué estaba haciendo Babenberg actuando de aquella manera? Realmente era la primera vez que se salía de su faceta, necesitaba comprender la mente y actos de su misma naturaleza y darse cuenta que es lo que anda mal con él, por qué tenía que enamorarse de quien considera su hija, muy a pesar de que el linaje no sea suyo, quizás por eso trata de jugar y sacar conclusiones, o divagar en acciones para su mente se distrajera porque el control se estaba debilitando y por ello trata de endurecerse de esa forma.



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Re: Guantes blancos | Privado

Mensaje por Ramiara d'Aosta el Miér Jul 11, 2018 6:34 am

¡Maldito! ¡Mil veces maldito! ¡La había dejado sin su brazalete! Ramiara d’Aosta prefería confiar en los hombres antes que confiar en los vampiros, y eso que ella misma era una, ya había aprendido esa lección. Y sí que era fuerte el desgraciado, porque la mantenía sujeta contra la pared, ¿acaso no se daba cuenta que estaba por amanecer? ¡Debían ir a refugiarse ya mismo si no querían morir!

-¡Suélteme, maldito! –exigió y se movió en consecuencia pues ella no dejaba de ser quien era: Ramiara d'Aosta, general del ejército italiano.

Aplicando la fuerza acabó por liberarse y fue el turno del hombre de quedar aprisionado entre la pared y el cuerpo de ella. Si fuese un poco más expresiva, Ramiara le hubiera sonreído con burla, pero ella no era así… aunque sí quería decirle algo pero no podía perder tiempo con él porque el sol no perdonaría.


-Espero que cuando nos volvamos a ver me regale un brazalete tan bello como ese, señor. Tendré que matarlo sino –acercó su rostro al del hombre, desafiante-. ¿Qué pasa? ¿No le gusta que sea yo la que apoya todo el cuerpo sobre usted? ¿Acaso le teme a una mujer que sabe lo que quiere?

Se separó de él, rápida, dejándolo libre. Ya tendría que dar por perdida su joya pues cuando había abordado al jovencito estaba con el tiempo justo, calculado, ahora ya no llegaría a buscarlo, quitarle lo que le había robado –dos veces- y luego bajar al refugio a tiempo. El sol del amanecer la encontraría a mitad de camino y sería su fin.

-Debemos bajar al refugio que el palacio tiene para nosotros –le dijo, sin saber por qué lo cuidaba a él también… tal vez fuera porque una vida, aunque de vampiro, siempre valdría más que un brazalete por mucho cariño que a éste se le tuviese-. Una vez que estemos allí abajo tal vez le pueda explicar por qué odio bailar… claro, si es que usted llega a tiempo. Yo, por mi parte ya me voy –dijo y se giró para correr hasta las escaleras que conducían a los cuartos subterráneos donde la fiesta seguiría todo el día hasta que los vampiros pudiesen volver a la superficie, amparados por la noche.

No le extrañó ver que ya no quedaba casi ningún vampiro en la superficie. Todos, al igual que ella, podían sentir en sus cuerpos la proximidad del amanecer, aunque la noche estuviera más oscura que nunca. Ramiara corrió y llegó junto cuando estaban por cerrar las puertas y no pudo no dar el aviso:


-Queda un vampiro más arriba, no cierren aún –dijo y miró hacia atrás para ver si el desagradable aquel la había seguido.




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Re: Guantes blancos | Privado

Mensaje por Jaecar Babenberg el Miér Jul 18, 2018 4:29 am

El ímpetu no fue lo suficiente como para que el Austriaco le liberara, al contrario, más presión ejerce a tal grado de acercarse a ella, lo idóneo como para robarle un beso pero él no era esa clase de inmortal aventurero, más, ¿quién era? porque el haberla presionado de aquella manera no es común en él, mejor dicho no es propio de él, por lo que ya ni se podría saber lo que sucedería en aquella velada, lástima que tuvo que ser ella quien presenciara tal alteración, pues como ya hizo mención, necesitaba comprender la mente y actos de su misma naturaleza y darse cuenta que es lo que anda mal con él, o hallar respuestas a dicho comportamiento. De por sí ya era extraño el que ladeara el rostro para tener una mejor vista de tan corpulento templo, el avistar aquellas montañas blanquecinas y resplandecientes mientras ella grita por su liberación.

Hasta que el control fue más potente por el lado contrario, quizás el distraerse produjo tal consecuencia y no le desagradó en absoluto, aprovechó la situación y le tomó de las caderas para acercarla a él, como dos enamorados, o algo mejor, dos amantes jugando al escondite en pleno baile, y en espera de ocultarse entre las habitaciones del palacio. Sin embargo, ¿sería esa la ocasión? Hace años que el inmortal no copula con una damisela, la última había sido su difunta esposa, que guardó el luto por ella, un respeto admirable y aún lo lleva en la sangre, y quizás ya no en la mente, se siente culpable, por primera vez el maldito siente culpa por tal acto descabellado, el tener que sentir esa clase de amor puro por su sobrina, sí, aquella princesa. ¡Se estaba volviendo demente, alguien lo ha hechizado que no debe de ser eso! sabe que no debe y aun así siguen esos pensamientos…— Comenzar con matarme porque no hallo joya alguna que merezca el valor suficiente para tal belleza, o puedo obsequiar alguna y decirme que de nueva cuenta volvió a perderla…

Si, se había burlado al final, pero era una combinación de coqueteo, pues guarda una lucha interna del deber ser y el ser. Y cuando se alejó, rió, en ocasiones había permitido que una mujer tomara el dominio, pues es ese el caso del porque las estudia, pero en ese suceso no estaba para ello, necesitaba adentrarse a un mundo distinto si quería sacarse de la cabeza a ella. — Al contrario madame, me gusta la manera en la que se acoplan sus curvas, pero dígame, ¿qué es lo que quiere? …—Se merecía un aplauso por tal actuación, ya que estaba haciendo al parecer las cosas bien para ser su primera vez, pero por algo el conocimiento de las actitudes tenía que servirle para la propia existencia, (y tomar en cuenta que no está en su juicio al 100% y aun así su voz no es afectada, no se nota aquella locura interna, si es que era alguna clase de enfermedad). Pero, se alejó, fue un momento tan breve que se quedó recargado, cruzándose de brazos y medio sonriendo, porque le temía al sol, y el miedo es la clase de encantos que le atraen a Jaecar Babenberg…

— ¿Por qué huir tan rápido? si el sol no es tan veloz como uno, aún hay tiempo, no deje que la controle, usted puede burlarlo y es más excitante. El refugio puede esperar, además el impacto no sería tan letal, pero si me condiciona a seguirle, no iré…— Y el caballerismo se asomó, alzando su mano para que fuese tomada por ella, pero no fue lo que espero, ella le dio la espalda y solo el aire que desprendió de su huida envolvió su mano, desvaneciendo su presencia y el perfume con ella. Y medito que era lo que quería, si alejarse e ir tras lo que está huyendo, o darse la vuelta y seguir a la dama, una u otra tenía que tomar ya la decisión, la luz pronto comenzó a aparecer entre el pasillo contrario, y si quería retirarse ya era demasiado tarde por lo que no tuvo otra opción que ir detrás del sendero de la inmortal, persiguiendo su fragancia, recorriendo lo subterráneo hasta llegar al refugio; donde la entrada ya estaba más de la mitad obstruida, a punto de ser cerrada, observó que se detuvieron y él tomó la puerta con ambas manos tirando de esta y se adentró, ayudando al cuidador de esta a sellarla y al lograrlo, se recargo, guardando un poco de compostura, agradeciendo a la madame en cuanto el mozo anunció que debía de darle las gracias por informar de su presencia. Y lo hizo, inclino la cabeza en dirección a ella de forma respetuosa, y alzando la mirada hacia el centro, al parecer la celebración continuaba con espectáculos impúdicos, representando lo que es la naturaleza vampírica en realidad; lujuria, sangre, placer y evocaciones grotescas que resaltan de ornamentos humanos. En especial del que se acerca hacia ellos, hacia los tres;  a ella, al mozo y a él, con la piel desnuda en conmemoración a un banquete digno para reyes, bañado de leche blanca y pétalos de rosas rojas de un rocío, exquisito, realmente lo ansiaba, y su piel pura, latente podían abrazarlo al instante.

— Adelante, primero usted y en compensación a lo anterior, esto vale más sin duda alguna.

Un carmesí vivo resaltaron en las irises del Austriaco, realmente el mando de el mismo lo había destruido, queriendo experimentar un mundo que no sea del que viene, hablando como un galán usuaria, atrayente y sensual, grave y con entereza.



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Re: Guantes blancos | Privado

Mensaje por Ramiara d'Aosta el Sáb Ago 11, 2018 6:28 am

Ramiara, todavía estando muy molesta por la pérdida de su brazalete y ajena a las elecciones que el otro vampiro hubiese tomado al respecto del amanecer inminente, decidió que se merecía disfrutar de la fiesta. Todavía quedaban varias horas que compartir allí con sus pares -hasta que la luna volviera a reinar sobre sus cabezas, sin ir más lejos-, la mayoría eran vampiros y el resto adoradores de los inmortales que deseaban darles su sangre, hasta lo imploraban y claro que ningún vampiro se negaba a beber de ellos.

Aceptó la copa que un camarero –esclavo de alguno de los vampiros que allí estaban presentes- le tendió y se dedicó a disfrutarla mientras se sentaba en uno de los delicados butacones colorados, a su alrededor todos reían y bailaban, la música era perfecta a sus oídos, pero ella no era dada a la felicidad, su placer estaba en observar a los demás, era su forma de disfrute y nadie allí se atrevía a irrespetarla. Qué maravilla esa bebida… tenía sangre con algún tipo de alcohol, probablemente vodka, en una mezcla exacta y perfecta. Era una delicia tibia y fuerte a la vez.

Otra vez las damas –de varios milenios de edad- hablando de sus mismos temas aburridos, otra vez los vampiros más jóvenes mostrando su excitación y falta de control ante la presencia de humanos esclavizados, eran voraces sin importarles nada, como patéticos los definiría ella… siempre era lo mismo, las mismas repeticiones, pero a Ramiara le gustaba observarlos y no se cansaba porque observar era parte del entrenamiento de todo buen soldado.

Se puso en pie con la idea de ir a buscar más sangre con vodka cuando lo vio, afortunadamente –o no- el maldito vampiro que había contribuido a la pérdida de su preciada joya había logrado llegar a tiempo al refugio. Lo principal primero: Ramiara se hizo con la copa deseada y luego se acercó lentamente a él.


-Veo que logró llegar a tiempo, por cortesía diré que me alegra verlo aquí finalmente –solo por cortesía, porque estaba realmente enfurecida con él-. Espero que no olvide que usted me está debiendo algo, algo muy importante y significativo –hizo una pausa para beber de su copa aquel manjar-, quiero mi joya de vuelta, caballero. Mire lo horrible que se ve mi muñeca sin ella –dijo y la tendió hacia él con aire sensual, pero dispuesta a atacarlo si él volvía a querer acorralarla, ella no era de las que caían dos veces en las mismas trampas.




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Re: Guantes blancos | Privado

Mensaje por Jaecar Babenberg el Jue Sep 27, 2018 4:53 am

El ornamento humano se balanceaba con un encanto, exponiendo sus venas, y tentando a que le tomase de la cadera para atraerlo a él y beber de su exquisita linfa, era el único que había bañado su piel en leche y rociarse con el perfume natural de rosas, una perfecta combinación que le atrajo a la memoria una humana en especial, quien se dedica a la creación de fragancias acorde a la humanidad que poseen, motivo por el que emitió una sonrisa, y con permiso del mozo, y después de que la mujer —la que estaba cerca de ellos, queriendo interactuar, le invitó a que formara parte del banquete— que al probar del festín, él prosiguió a tomarlo entre sus brazos al humano, envolviéndolo con delicadeza e inclinándolo en el hombro, expuso su cuello, esto sin que afectara la posición de la mujer, por lo que se acercó lentamente, con la carnosidad de los labios a rozar esa piel, recibiendo con fervor su blanquecina piel hasta que la decoró con sus colmillos, incrustando estos al grado de que fueron envueltos por su linfa y comenzó a succionar, recorriéndole un calor eminente por la garganta hasta viajar por completo al interior, existiendo un balance entre lo dulce y lo amargo, y germinando un calor que podía darle vigor al cuerpo. Hasta que comenzó a mirar al centro, no perdiendo el control, una cosa es que quiera experimentar pero hasta la satisfacción tiene un límite, y es como lamió la zona afectada para que comenzara a cerrar la herida y le fue liberando, mientras que su compañía disfrutaba completamente, motivo por el que no interrumpió más y retrocedió, lamiéndose los labios y gustando del restante del paladar.

Y la volvió a ver, había perdido su presencia cuando ingresó al subterráneo, y el que se pasease de esa manera, le incitaba a acompañarla, pero ella fue quien se acercó primeramente, observando a su alrededor y volviendo a seguir esas delicadas curvas. — Creí que fue usted quien impidió que cerraran la puerta, un buen mozo me lo anuncio pero veo que anda pérdida, o no. — al final emitió una ligera risa, cortante, hasta que se vieron interrumpidos por los que había acompañado para abrir el festín, la mujer se había acercado a Banbenberg y le susurró al oído para hacerle una invitación, solo se limitó a inclinar la cabeza y agradecerle, realmente nunca el erotismo le había provocado. Y se fue, deseando que cambiara de opinión, y desvió el rostro hacia la inmortal.

— Disculpe, al parecer también perdió algo, pero, ¿acaso la mayoría de ustedes son así? —. Formuló la interrogante, y aprovechó en tomar una copa de la charola en la cual ofrecían.

— Y por supuesto que su muñeca luce más hermosa desnuda que con diamantes innecesarios. Y dado que esta muy insistente, ¿que valor posee que no permite que le saque provecho un pobre que esta hambriento?

Lo dedujo y expreso, en las condiciones en que el muchacho se hallaba, daba la certeza de que necesitaba algo de dinero, por ese motivo le ayudo, no porque fuese tan astuto en arrebatarle a un inmortal tal pertenecía. — Pero si el valor es más significativo que eso, le daré algo más valioso...¿Qué le parece este anillo? Sí, como se escuchó, un anillo, una reliquia de la Duqesa Cordelia, un el imperio de una belleza topológica en el que ha pasado de generación en generación, y por motivos propios quizás y fuese mejor que desapareciera ese indicio...

Por lo que se despojo el anillo de su dedo y se lo mostró, pero en su mente llegó el recuerdo de la princesa y después de su difunta esposa, ¿estaba haciendo lo correcto?.



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Re: Guantes blancos | Privado

Mensaje por Ramiara d'Aosta el Dom Nov 11, 2018 6:34 am

Lo observó interactuar con quien le iba a dar su sangre y tuvo que reconocer que aquello era francamente hipnótico. El vampiro comenzó a beber del humano y ella no pudo evitar acercarse, sentía sed y a la vez le parecía una provocación extremadamente sensual de parte del inmortal. ¿Acaso estaba invitándola a un juego especial? ¿Qué era aquello que ella no terminaba de comprender?

Ramiara se acercó y esperó su turno de beber. Cuando éste llegó, ella clavó sus colmillos aprovechando las aberturas que el otro vampiro ya había dejado, lamentaba no haber respondido a su ofrecimiento que la instaba a beber primero… como excusa podía decir que el asunto de la joya la tenía sumamente enojada. La sangre caliente le llenó el cuerpo, dándole vida, y Ramiara bebió lo suficiente como para no hacer que el humano acabase desmayado.

Cuando acabó se acercó al otro vampiro y le besó ligeramente los labios en franco agradecimiento por la ofrenda de paz que acababan de compartir. Fue más bien un impulso, un rapto de deseo en el que no pensó en lo que estaba haciendo... pero tampoco se arrepintió de besarlo con un beso pequeño y con gusto a sangre tibia.


-Sí, yo impedí que cerrasen la puerta, pero fue usted quien eligió ponerse a resguardo. Por lo tanto, no puede decirse que yo lo haya salvado, han sido más bien sus piernas ágiles y rápidas quienes lo han traído con bien hasta el refugio –dijo, bajando la mirada con una sonrisa.

¡Estaban tan bien! Ya parecía que se habían unido gracias a compartir la misma sangre -y, por supuesto, el beso-, pero él sacaba el tema del brazalete y todo el malestar regresaba a ella… Con la sola mención, Ramiara volvía a enfurecerse.


-No tenía ningún valor especial, simplemente era mío y por eso lo quiero de vuelta. Me hubiera gustado que usted se comportase como un caballero y lo recuperase para mí, mas en cambio se lo entregó a ese mocoso impertinente. No es por el valor de la pieza en sí –volvió a decirle-, por eso he de rechazar el anillo que desea regalarme. Me ha enojado que alguien me quitase lo mío y que usted no haya hecho nada por remediarlo, sino todo lo contrario. Lo digo de verdad, ese anillo parece importante para usted así que no puedo aceptarlo –le dijo y tomó la mano del hombre para volver a colocarle la joya-. Lo que yo quiero es mi brazalete, nada más que eso.




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Re: Guantes blancos | Privado

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