Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Demon || Naxel Eblan

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Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Lun Nov 06, 2017 1:41 am

Las últimas semanas han sido un completo desastre, me digo, mientras avanzo con paso firme entre la maleza. La espalda aún se queja a cada movimiento, pese a ello las heridas han curado lenta pero cuidadosamente. Recordar todo lo ocurrido me trae escalofríos de vuelta, tando dolor, tanto horror, tan irreal. El encuentro final con Naxel Eblan solo empeoró la situación, debería haberlo evitado a toda costa, haberme quedado en casa sanando y recuperando mi mente, pero la completa pérdida de raciocinio me llevó de vuelta a él. Jamás en mi vida había sentido tanta incertidumbre a costa de una persona. O demonio. La oscuridad del cazador es algo que aún no consigo descrifrar. Muchas han sido las noches en vela en su honor.

Aparto las ramas de mi camino y recoloco la bolsa de cuero, el peso comienza a ser una carga y el roce del asa sobre mi espalda una molestia. Después de un largo tiempo sin entrenamiento cualquier esfuerzo físico requiere de toda mi energía. Aún evito los encuentros con Gael. Retiro el pensamiento y su nombre de un plumazo, necesito claridad. Mientras avanzo recopilo todo cuanto veo, la primera vez que crucé esta zona del bosque la noche nos engullía, recuerdo la sensación de mis extremidades congelandose y el cazador imponente ante mi.

Ahí está, la cabaña. Su refugio.

He tardado varios dias y expediciones en dar con este lugar. Maldito Naxel y maldita su estampa. Después de la noche en el teatro jamás volví a saber de él, Alfred se encargó de hacer visitas contínuas de reconocimiento en su vivienda oficial, por el simple hecho de comprobar si seguía con vida. Nuestro último encuentro no fue fácil ni agradable después de todo. Siempre que nuestros caminos se cruzan, nuestras vidas peligran. La visión de un Naxel herido se queda tras mis párpados, la sangre empapando la camisa bajo el traje de gala, su rostro empapado en sudor, el dolor reflejado en sus párpados. Recuerdo haber posado mi mano en su mejilla en busca de un consuelo mutuo, uno que nunca sentimos.

La cabaña es mucho mayor que en mis recuerdos, tiene hasta cierto encanto con su chimenea humeante y los árboles rodeándola hasta casi dejarla oculta. Habría que mirar dos veces para poder encontrarla. Un claro reflejo de su habitante. Me guío por el sonido proveniente de la parte trasera, una pila de leña recién cortada me indica que Naxel está aquí. Por supuesto que lo está. Con cautela dejo mi bolsa a un lado y avanzo hasta quedarme al borde de la esquina, ni un paso más para no ser vista. Ahí está, entrenando. De espaldas a mi, descubierto, puedo apreciar claramente el estado de sus heridas, o al menos de aquellas que deberían estar aún curando. Su piel presenta claros sintomas de cicatrización, pero resultan heridas muy lejanas, casi invisibles. Yo estaba en lo cierto, el maldito embustero debe haber conseguido algún tipo de ayuda, si no, no me explico la agilidad de sus movimientos mientras golpea el saco que cuelga de un tronco. Los golpes son secos y certeros, podrían ser mortales si no se tratase de un objetivo inerte. Observo sus movimientos, el sudor perlando su torso y su cabello azabache absorbiendo el sol. Es inhumano. Con lentitud, cautelosa de donde piso, saco una de mis dagas, apunto y la dejo volar. Ésta se clava en el saco de forma directa, pero sé que él ha podido percibirla incluso antes verla venir. Sin decir nada salgo de mi escondite y vuelvo a lanzar otra, ésta impacta a pocos centrímetos de su pie derecho. Alzo una ceja, en un claro desafío, no he pasado días deseando romper esa bonita sonrisa para nada.

-Buenos días, cazador-sí, ese es el desconcierto que busco aunque, de algún modo, puede que haya estado esperándome.


Última edición por Astrid J. Bergès el Vie Ago 31, 2018 10:55 pm, editado 2 veces
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Nov 11, 2017 8:01 pm

Habían pasado ya unas semanas desde que había acudido al recital de Liara, tal y como le había prometido acudí para verla tocar en aquel teatro donde tuvo lugar el recital. Verla tocar siempre era algo mágico, mi hermana tenía el don y la capacidad de sumergir a todos en la melodía que tocaba y dirigirnos por donde ella quería, las veces que la había visto tocar siempre había tenido el mismo efecto incluso en alguien tan frío y carente de sentimientos como lo era yo, pero ella lograba traspasarnos a todos como si su alma cándida y su calidez se fundieran con la melodía y nos transportara a todos a lugares lejanos. Lo que no había esperado en esa noche era haberme encontrado con Astrid, pero cómo no la señorita “voy a salvarte aunque tú no quieras” tenía que acudir a ese recital seguramente también intrigada por conocer a mi hermana, y eso era algo que era totalmente mi culpa, porque se me había escapado el día que desperté en su habitación y ella no había podido evitar la tentación de acercarse al teatro y a ese recital para conocerla. No me había gustado en absoluto que se acercara a algo tan íntimo y personal como era mi hermana, ya tenía bastante con alejarla de mi vida como para que conociera a mi hermana, tan distinta y tan diferente a mí. Podía ver como miraba a Liara con esa incredulidad en sus ojos cuando la conoció, quizás se había pensado que mi hermana podría ser como yo y conocerla viendo lo cándida que era le habría chocado. Quizás incluso le chocó verme así con ella pero Liara era mi punto más débil, aquel por el cual podrían hacerme muchísimo daño y hacer que perdiera la cabeza por completo. Era como mi ancla, la brújula que me mantenía en el norte y si la perdía a ella o si algo le pasaba... juraba que arrasaría con la maldita ciudad sin tan siquiera pensarlo. Ver a Astrid esa noche no me gustó para nada, ya le había dejado en claro que no la quería cerca de mí o que se metiera en mi vida pero ella, haciendo caso omiso de mis palabras, había acudido al teatro acompañándome al palco con las entradas que había comprado para ambos, ya le dije que la tentación del diablo era demasiado fuerte en ella y sí, pretendí burlarme y ser mordaz en todo momento, al final caería en la oscuridad y luego no podría echarme la culpa de las veces que le había dicho que se alejara.

Pero como siempre pasaba, como si ya fuera un tópico cada vez que nos veíamos, esa noche no podía acabar bien y sin ningún percance a la vista. No esperé que esa noche los vampiros atacaran, sobre todo cuando yo más débil estaba, cuando no me podía mover todavía bien porque aún me quedaban varias sesiones con Logan para que curara mis heridas del todo... y atacaron, y aunque estuve herido y apenas pudiera moverme, incluso aunque le había prometido a mi hermana una noche tranquila no se lo pude conceder. Me jodió enormemente tener que romper mi promesa pero cuando la vida de mi hermana peligraba perdía todo rastro de juicio, todo se torció y lo que más me jodió de todo es que fui herido en el pecho, una herida profunda que me dejó débil y sangrando frente a las dos mujeres que me habían acompañado esa noche. Pude ver el miedo y el terror en los ojos de mi hermana, pude ver la preocupación de Astrid en sus ojos castaños y aunque la quise apartar, aunque le di de manotazos para que se apartara y le gritaba que se largara porque si había algo que odiara más en la vida era que me vieran débil, no se fue y tampoco se apartó. Mi respiración había sido errática y mi frente se había perlado en sudor y aun así no se movió, siempre tan misericordiosa, siempre con ese halo angelical que poseía dejó su mano en mi mejilla como si intentara calmarme, pero ambos sabíamos que por mucho que intentara llevarme hacia la luz lo cierto es que la oscuridad nos consumía. Yo estaba acostumbrado, desde hacía muchos años vivía en una constante penumbra, pero ella no pertenecía a ese mundo y caería al frío de la oscuridad... yo lo sabía y ella se empeñaba en salvarme y llevarme a la luz cuando eso sería, más que nada, su perdición.

Me encontraba en la cabaña entrenando un poco después de haber tenido que volver a pasar por curarme, había tenido que llamar de nuevo a Logan, a ese maldito hechicero que aparecía cuando le daga la real gana y su sonrisa socarrona era lo que más me molestaba de todo, cuando me vio después de la noche del recital me soltó un “estás hecho mierda” que le hizo divertirse a mi costa y a mí gruñirle cabreado como el maldito infierno por su burla, pero necesitaba que me ayudara con la curación y con las heridas de la espalda. Tardó cuatro sesiones más de lo previsto pero finalmente me curó bastante bien las cicatrices, otro sin esa atención mágica seguiría sin poder moverse y yo odiaba el hecho de sentirme parado sin hacer nada, me desesperaba y mi humor que ya de por sí era intratable se ponía peor cuando no entrenaba o no me iba a de caza. Me dijo que esperaba unos días tras la última visita para recuperarme del todo y a primera mañana cumplido el plazo me fui a la cabaña a entrenar, necesitaba despejarme y alejarme de la ciudad y de lo que había pasado en ella recientemente. La intrusión de Astrid en mi vida me era un verdadero quebradero de cabeza, desde esa noche no la había visto y pretendía seguir sin verla, quizás con la esperanza de que se hubiera dado por vencida de una vez de que no la quería cerca, de que odiaba el hecho de que me viera débil –ella y cualquiera- y que su cercanía hacía que la odiara más de lo que ella siquiera pudiera llegar a saber, por cosas que ni de coña diría nunca en voz alta y tampoco las pensaría como si de esa forma las pudiera borrar de un plumazo, igual que intentaba olvidar de un plumazo a Astrid y su absurdo intento de salvarme del infierno y de la fría oscuridad en la que era mi vida... como si intentara salvar mi alma del diablo cuando no se daba cuenta de que yo era el diablo.

Había partido algo de leña para mantener la lumbre encendida, llevaba casi media semana en la cabaña mejorando día a día con los entrenamientos, el bosque era un buen lugar para entrenar y ponerte en forma sin que nadie se percatara de lo que estabas haciendo. Dejé la leña a un lado de la casa para ir cogiendo conforme me hiciera falta y me fui a la parte de atrás donde tenía varios blancos que había hecho para lanzar desde lejos y mejorar la puntería, y colgado de un árbol una bolsa para mejorar mis golpes, llevaba desde bien entrada la mañana entrenando y me había quitado la camiseta dejando mi torso al descubierto por el calor que tenía. Frente al saco mis golpes se sucedieron de forma seca y continua, me movía hacia los lados y pegaba golpes y patadas en diferentes ráfagas tal y como Keith me había enseñado, pero sobre todo quería entrenar la parte de arriba moviendo la espalda, Logan había hecho un trabajo muy bueno porque apenas notaba dolor y podía moverme bastante bien, las marcas de los latigazos se habían quedado en mi piel aunque menos visibles gracias a la magia pero estaban ahí, como un recordatorio de lo que tendría que hacerle a aquel hijo de puta, una que pensaba devolvérsela en cuanto tuviera la oportunidad. El sudor perlaba mi frente y hacía que algunos mechones se pegaran a mi rostro mientras seguía asestando golpes al saco, no me pasó desapercibido escuchar unos pasos que provenían de un lado de la casa, sentí la presencia de alguien y no me giré pensando que sería mi tío quien se había pasado a verme, ya me dijo que se pasaría y lo más seguro es que fuera él. Enarqué una ceja cuando sentí que lanzaba una daga en la dirección en la que estaba, clavándose en el saco, y sonreí de forma ladina dejando el saco quieto lanzando una risa corta.


-¿De verdad pretendías asustarme así, tío? Pensaba que eras mucho mejor en ese sentido y no tan pésimo como me acabas de demostrar –me giré mirando hacia el lugar de donde había sido lanzada la daga esperando a que apareciera- oh, ¿pretendes jugar? Vamos tío, ambos sabemos que puedo alcanzarte siquiera antes de que te des cuenta, ya no vales para esto – me crucé de brazos, lancé una pequeña carcajada irónica y miré al cielo cuando una segunda daga fue lanzada que impactó a unos pocos centímetros de mi pie y cuando alcé la vista para ver al que supuestamente había sido mi tío el que lanzó la daga, me encontré con esa mirada castaña puesta en mi persona, fruncí el ceño cuando la vi a ella parada a unos pocos metros de distancia de donde me encontraba, tenía una sonrisa pintada en sus labios y me miraba como si esperaba algo por mi parte, me dio los buenos días y yo le gruñí en respuesta. Lo cierto es que me había preguntado cuándo aparecería, había notado que su criado se había pasado alguna que otra vez por mi casa y supe que en algún momento aparecería, aunque esperaba en el fondo que no lo hiciera y dejara las tonterías que se traía en mente, con esas mariposas que le revoloteaban alrededor de esta y que no le hacían ver con claridad- ¿qué cojones haces aquí, Astrid? –Pregunté sin apartar mis ojos de los suyos, en una mirada fría y oscura manteniendo ese halo de oscuridad que siempre me caracterizaba en alza con ella, fue inevitable que todo lo que había pasado desde que la conocí surcara mi mente y eso me hizo enfurecerme aún más. No entendía por qué se empeñaba tanto en salvarme, no entendía esa maldita obsesión que se traía conmigo y tampoco quería entenderla- creí que todo había quedado claro la última vez que nos vimos –mis ojos brillaron con cierta furia ante el recuerdo, odiaba que la gente me viera débil, odiaba que ella me viera así- pero al final voy a acabar pensando que sí has caído tentada por el demonio –dije de forma mordaz cambiando el peso del pie de uno a otro- ¿tanto me echabas de menos que has venido a buscarme a mi cabaña? –Enarqué una ceja y sonreí de lado de forma ladina pretendiendo enervarla, me había lanzado aquella daga en un claro desafío y me agaché para cogerla, comencé a lanzarla al aire haciendo que girara- seguro que te ha costado encontrarla, ¿cuánto te ha llevado? –Pregunté porque dudaba que se acordara del camino de la vez que estuvo aquí. Me paré un momento a mirarla, con esa ropa de cazadora que siempre solía llevar, muy diferente del vestido con la que la había visto en el teatro, una imagen muy diferente de la cazadora donde apenas sí parecía ella, o quizás es que parecía más ella que nunca mientras que vestida de cazadora era como si portara una máscara, algo que yo sabía muy bien porque siempre portaba máscaras que hacían que no pudieran saber quién era realmente ni llegar a conocerme del todo. Llevaba el pelo recogido como si llevara un moño aunque llevaba unos mechones sueltos ondulados que enmarcaban su rostro, una blusa de color azul clara donde encima llevaba un corsé negro, los pantalones oscuros y las botas para cazar... dos imágenes de la misma persona pero que sin embargo formaban una sola, igualmente en ambas desprendía esa candidez y ese calor que la caracterizaba, el sol brillaba y daba directo a su pelo haciéndolo parecer algo más claro de lo normal y sus ojos castaños brillaban por la luz, sus labios ligeramente entreabiertos seguramente por la caminata. Tan ella, como siempre, como ese ángel misericordioso que siempre me había parecido que era. Comencé a andar en su dirección y me quedé delante de ella a tan solo un par de pasos en una distancia ínfima entre ambos, quería imponerle con mi altura y mi envergadura, imponerme sobre ella como siempre hacía para llevar el control de la situación. Bajé ligeramente mi rostro para dejarlo a su altura y la contemplé de cerca, sentía su respiración dar en mi rostro y sonreí de lado dejando la daga contra su pecho- tú daga, ángel. Seres como tú no deberían de llevar tales armas –apunté antes de bordearla y dirigirme hacia la entrada de la cabaña cuando me fijé en la bolsa de cuero que había en el suelo, supe que era de ella en ese instante y me giré a mirarla- ¿a qué has venido, Astrid? Si es con intención de quedarte te aseguro desde ya que en mi cabaña solo hay sitio para uno y para nadie más, si esa era tú intención puedes volverte por dónde has venido –hice una leve pausa mirándola- ¿qué quieres esta vez? Pensé que te había dicho que no volvieras a acercarte de nuevo y te encuentro aquí, seguro que tú criado te ha informado de que llevaba días sin estar en casa ¿no es así? No es que fuera muy discreto en su trabajo, supuse que vendrías como una polilla atraída por la llama... acabarás quemándote Astrid, me obligarás a que sea ese demonio porque me lo estás pidiendo a gritos.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Feb 21, 2018 10:51 am

Había caído. Había sido tentada por el demonio y éste llevaba sus ojos.

Naxel Eblan me observa con su característica sonrisa ladina en los labios, una mezcla de sorpresa y frustración en su mirada, como si hubiese descubierto al cervatillo en el claro y se hubiese olvidado las armas. Para qué negarlo, estoy saboreando cada segundo de haberlo dejado al descubierto. El sudor perla su piel.

-Buenos días a ti también, cazador- repito, las palabras salen perezosas de mis labios, cayendo en la cuenta de que en nuestros encuentro él jamás saluda, ni se despide. Viejas costumbres, supongo. Jamás admitiría que encontrar su cabaña me ha la costado más de lo que pensaba, pero menos de lo que él habría esperado, así que me limito a encogerme de hombros mientras avanzo hacia él con cautela - Se admiten apuestas... Te aseguro que no fue fácil, pero al final el camino se hizo predecible - capto el destello indignado en sus facciones, mis palabras se clavan en su orgullo - Deberías empezar a plantearte si no es hora de cambiar de madriguera, Sí una pobre e inexperta niña como yo puede rastrearte, ¿qué será lo siguiente que te encuentre? - una reverencia burlona por mi parte, aún la última de mis dagas jugando en la punta de mis dedos - Te concedo el sentirte agradecido, Naxel, hoy has tenido suerte.

Él no retrocede en su avance y por un instante todo mi cuerpo se prepara para su contraataque. Pero vuelvo a olvidarme de que el verdadero daño lo causa con las palabras. Me entrega la daga como quien devuelve la pelota a un niño, sin darle más importancia que la propia mención. Mi ceño se frunce ante su cercanía, pese a la distancia simbólica que siempre mantiene entre nosotros algo en su acercamiento es distinto. Quizás, como bien ha dicho siempre, está harto de mis intentos vanos por comprenderlo, tal vez mi presencia me haya convertido en una simple polilla orbitando a su alrededor. Todos sabemos que los insectos se aplastan. Sea como sea, es lo que siempre ha pretendido Naxel conmigo. Pero hoy es distinto. Hoy, bajo la sombra de los árboles que rodean la caballa, no soy más que una hoja para él.

Su respiración me roza la frente, remolinos de aire caliente acariciando mi piel. Por alguna razón recuerdo nuestro primer encuentro y sus manos sobre mi cuello, una ira ardiente en el fondo de su mirada, el deseo silencioso de la muerte en sus labios. Recuerdo que temí por mi vida y lo odié hasta el tuétano. Un recuerdo que ahora se me antoja muy lejanos, como si en el espacio entre nosotros aún existieran años y décadas y siglos por recorrer. Observo sus ojos oscuros, tan opacos que parecen negros, intentando descifrarlos como tantas otras veces, el calor que emana su cuerpo después del entrenamiento resulta familiar y a la vez asfixiante. Justo cuando creo que va a hacer gala de su humilde cortesía me sorprende con su indiferencia.

-Si Alfred hubiera querido ser discreto no habrías notado su presencia- lo sigo en dirección a la cabaña sin esperar una invitación, sus pisadas firmes sobre la tierra- Después de lo que ocurrió en el teatro desapareciste por completo, ¿cómo voy a apartarme si no dejas de darme motivos para acercarme a ti?- mi voz toma un desliz oscuro- Pero está claro que te las has arreglado bien en solitario, ¿cual ha sido el precio?- y sé exactamente que sabe a lo que me refiero. Sus cicatrices. Casi curadas, apenas unas líneas rosas sobre la carne maltratada, la mano ágil de un mago sin duda debe haber sido el causante de tal milagrosa curación. Tampoco me es indiferente la cicatriz en el pecho causada la noche del recital, casi curada. Niego levemente con la cabeza para apartar el recuerdo de un Naxel desplomado, de su sangre en mis manos y la mirada horrorizada de Liara sobre nosotros. Han sido muchas las veces queme he preguntado por si seguridad, pero he dejado los intentos por querer acercarme a ella sabiendo que Naxel se ocuparia de ella. Bastardo. Él sabe que mis heridas siguen encarnadas, estoy segura de que casi puede oler mi piel aún sangrante en las zonas más sensibles, y aún así… No debería sentirme molesta por tal cosa, al fin y al cabo, es Naxel Eblan, el demonio solitario.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Mar 03, 2018 6:02 pm

Si había algo que odiaba más por encima de todas las cosas era el hecho de que alguien me viera herido, para mí era un signo de debilidad y yo no tenía tales cosas... yo era un demonio forjado en las llamas del infierno que se había mantenido en la oscuridad con el paso del tiempo, que había prevalecido en las sombras y que había construido y erigido murallas de hielo en mi interior para que nadie pudiera acercarse o siquiera atreverse a indagar en mi interior, no podrían hacerlo porque estaba protegido por capas y capas de grueso hielo. Jamás había dejado que nadie ajeno a mi familia se acercara lo suficiente como para poder siquiera apreciar esos muros internos que tenía, pero como ya me había pasado algunas veces a lo largo de mi vida el destino era demasiado irónico y quienes manejaban mi destino debían de ser muy perras porque cuanto más quería que no se acercara ella más lo intentaba. Estaba cansado de sus juegos de niñas, de sus mariposas que revoloteaban en su cabeza y sus sueños de color de rosa entorno a mi persona... yo era un maldito demonio y me enorgullecía de ello, todo lo que me rodeaba era oscuridad y no dejaba que la luz entrara en mi vida porque no quería que entrara. Ya le había advertido de que se alejara y mantuviera las distancias o al final me obligaría a ser ese demonio que tanto le estaba advirtiendo, estaba jugando con fuego con un demonio y al final cuando menos se lo esperara acabaría quemándose en las llamas del infierno y yo, acostumbrado a arder, la vería sin hacer absolutamente nada porque ella se lo había buscado. Aunque ella no lo supiera había sido “gentil” dentro de mi rudeza advirtiéndole que se alejara, pero iba a tener que tomar medidas más extremas para que se alejara de una maldita vez y me dejara tranquilo. No quería tener nada que ver con ella, no quería que me siguiera rondando y que viniera con la idea de que podía derribar mis muros y aportar un rayo de luz en medio de toda mi oscuridad como si pudiera salvarme... yo no quería ser salvado, y al margen de eso, tampoco podía serlo. Vendí mi alma hacía demasiado tiempo al demonio y dejé que se la llevara a cambio de poder algún día cumplir mi venganza por la muerte de mis padres, estaba vacío por dentro y pretendía seguir estándolo por el resto de mi vida porque las emociones nublaban el juicio, porque la emociones te hacían débil y eso es lo último que quería.

Sin embargo pese a todas mis advertencias, que al parecer no las tomaba en serio, allí estaba frente a mí presentándose de improvisto en mi cabaña lanzando sus dagas como si fuera un reto, uno del que pasé olímpicamente porque no iba a entrar en su telaraña y no caería en su red, sin embargo ella aunque no lo supiera sí había caído en mi red y había sido tentada por el demonio... ah, ese angelical ser había caído en la trampa del demonio y había caído tentada, era como una polilla atraída por las llamas incapaz de permanecer lejos e incapaz de borrarme de su vida. Era irónico porque, desde un principio, quien quiso que me alejara había sido ella y sin embargo las tornas habían cambiado y ahora era yo quien quería que no me alejara. Yo no estaba acostumbrado a trabajar en equipo y la única vez que lo había hecho nos habían tendido una trampa para después.... gruñí al recordarlo, cada vez que ella estaba cerca de mí algo malo sucedía y no entendía como no había captado la indirecta. Yo sabía que iba a acabar quemándose, me iba a obligar a sacar a ese demonio y sin embargo parecía no importarle y aun así seguía intentándolo... con sus sueños rosas y sus mariposas, pero lo intentaba. De hecho había pensado cuánto tardaría en aparecer de nuevo aunque le había dejado muy claro que no quería volver a verla, después de lo del recital le había dejado las cosas muy claras y había sido franco, rudo y directo.... no la quería cerca de mí, no la quería en mi vida y en vez de aceptar eso volvía atraída por mis llamas y mi oscuridad. Al final acabaría siendo un ángel caído y luego no podría echarme la culpa de ello porque se lo había advertido muchas veces pero nunca me había hecho caso. Gruñí cuando me quiso picar y lanzar una daga imaginaria directa a mi orgullo dando de pleno, quería burlarse por haber sido capaz de encontrar la cabaña que utilizaba para llevar allí a mis presas, seguramente lo hizo con la intención de que me sintiera herido de alguna forma y la manera en que la miré y el gruñido que escapó de mis labios fue todo lo que necesitó para saber que lo había logrado.

Maldita desgraciada, no solo venía sin invitación alguna a mi lugar secreto, sino que encima venía en una actitud que distaba mucho de ser las que había tenido conmigo anteriormente. Las primeras veces que habíamos coincidido se mostraba más tímida, más intimidada por mi persona y mucho más insegura... sin embargo ahora cuando hablaba y cuando me miraba desprendía una seguridad que antes jamás había mostrado, derrochaba seguridad y confianza en sí misma y yo podía notarlo, su cuerpo estaba más relajado y ya no estaba tan tensa como antes, se atrevía a mirarme de forma más fija a los ojos y ya no apartaba la mirada avergonzada e intimidada como las primeras veces... y no me gustaba para nada. Desde que había pasado la noche de los lobos cuando nos emboscaron su actitud había cambiado por completo, cuando antes me temía ahora ya no veía ese miedo que desprendían sus ojos, era como si se hubiera acostumbrado y lo que pasó hubiera hecho que avanzara un poco más en mi dirección, como si se hubiera atribuido alguna especie de victoria en su cabecita llena de mariposas entorno a mi persona... y lo odiaba, por eso no quería que nadie me viera débil nunca, porque luego pasaban estas cosas. Igualmente cuando me acerqué a ella quise recordarle que era más alto y más fuerte que ella, que si quería podía derribarla y vencerla antes de que pudiera darse cuenta de lo que hacía y que, para mí, no me suponía ninguna amenaza. Por eso le devolvía la daga de esa forma como si no me importara, como si eso fuera un juguete para ella que no sabía ni podía utilizar aunque era muy consciente de que sí podía. Pero ahí radicaba todo; en no hacérselo saber a ella. Siempre desprendía esa calidez que me recordaba a Liara, ella era cándida y no entendía por qué seguía rondando a un demonio como yo. Siempre era mordaz e incisivo con ella para ver si se alejaba pero nada funcionaba, y ahora la tenía en la cabaña con una bolsa de cuero como si pretendiera quedarse por un tiempo aunque ni de coña iba a pasar eso. Después de haberle advertido que iba a ser ese demonio que ella estaba buscando que fuera, porque me estaba provocando para serlo, pasé de ella y me giré para ir en dirección a la entrada de la cabaña dejándola atrás. No era bienvenida y podía largarse por donde había venido, pero me giré a contemplarla enarcando una ceja como si creyera por un momento que su criado podía espiarme sin que yo me diera cuenta.



-¿Estás de coña, Astrid? ¿Crees realmente que tú criado podría haberme estado espiando sin que yo no lo supiera? –Me reí, sí, me reí de forma fría y sarcástica mientras negaba con la cabeza riéndome de ella y volviendo a andar hacia la entrada de la cabaña, de sus palabras y de sus patéticas ilusiones que tenía. Después de lo que había pasado con los licántropos había estado mucho más atento a todo lo que en cuanto a mi casa y demás lugares que frecuentaba se refería, si su criado me hubiera estado espiando sin dejarse ver tanto igualmente lo hubiera sabido... ya no dejaba ningún cabo suelto y además tenía a alguien que trabaja para mí en ese sentido, por lo que lo hubiera sabido. Me volví a parar de nuevo por sus siguientes palabras haciendo que me girara para mirarla de forma fija, con mis ojos brillando como si fueran dos dagas de hielo clavándose en sus castaños, un gruñido que brotó de mi pecho a pesar del matiz “oscuro” que tenían sus palabras- ¡Yo no te doy motivos para acercarte! –Porque nunca había querido que lo hiciera, porque siempre la estaba apartando constantemente- ¿en qué maldito mundo de color de rosa y lleno de mariposas vives, Astrid? Yo jamás he querido que te acercaras a mí porque siempre he estado apartándote, no quiero que revolotees a mi alrededor como si fueras un cachorro pidiendo por atención porque jamás te la voy a dar. Te lo dije, eres demasiado angelical para acercarte al demonio que soy... pero parece que es lo que te gusta porque no dejas de buscarme, te han informado de que he desaparecido un par de días de mi casa y te ha faltado tiempo para venir a buscarme en la cabaña... dime, ¿tan dentro estoy en tu cabeza? ¿Tan hondo he calado en tus pensamientos que la simple y absurda idea de que no me tengas controlado te haga venir hasta aquí para comprobar qué, que estoy bien? Pues déjame decirte algo –dije acortando la distancia con ella sin cambiar mi semblante- el demonio no necesita que nadie cuide ni vele por él, y más te vale alejarte Astrid porque al final acabarás siendo un ángel caído tentado por el demonio y la oscuridad te comerá y te envolverá. Y cuando eso pase, ángel, déjame decirte que no podrás echármelo en cara porque no pares de provocarme para que eso pase. Quédate en tú maldita luz y déjame a mí en mi oscuridad, seguro que puedes encontrar por ahí a alguien que si quiera y merezca ser salvado pero en lo que a mí respecta –me incliné para quedar mi rostro a su misma altura sintiendo su aliento contra mis labios, sus ojos fijos en los míos y en vez de haber dado un paso hacia atrás como hubiera hecho siempre se quedó quieta en su sitio como esperando a que dijera lo que tuviera que decir en esos momentos- me gusta ser el demonio que soy. Apártate de mí camino ángel, o te convertirás en un ser de oscuridad como lo soy yo. ¿Acaso quieres ser un cascarón frío y vacío? Porque si es así, entonces, vas por el buen camino –sonreí de forma ladina y me volví a girar para adentrarme en la cabaña de donde cogí un vaso de cristal y lo llené con un poco de bourbon para bebérmelo, no es que bebiera demasiado pero en ese momento lo necesité. Y como ya era de esperar mis palabras no fueron suficiente para que se marchara porque escuché sus pisadas adentrándose en la cabaña con la bolsa que dejó en uno de los sillones, giré mi rostro ligeramente para darme cuenta de que sus ojos se mantenían fijos en mi espalda como si no pudiera creerse que estuvieran ya casi curados y sonreí de lado. Claro que sabía a qué se había referido con su pregunta, a las marcas de los latigazos, a las heridas que había recibido cuando me cambié por ella... aún en ese instante seguía sin saber por qué lo había hecho- Magia –dije sin más aunque seguramente ella ya sabía la misma respuesta que acababa de darle- tengo contactos y gente que me debe favores así que simplemente me los he cobrado. Tú podrías haber hecho lo mismo o haber caído en la cuenta de que un hechicero, por un precio módico, podría haberte ayudado con tus heridas que entiendo que siguen curándose de forma tradicional y de forma lenta –comenté volviendo a llenar el vaso que llevaba en la mano salvo que esa vez serví otro y restando la distancia que nos separaba se lo entregué para que lo tomara, mi cuerpo rodeó el suyo pasando por su espalda donde deslicé uno de mis dedos de hombro a hombro de forma lenta- ¿por qué no acudiste a un hechicero, Astrid? ¿Acaso querías dejar que tus heridas sanaran de forma natural con tanto dolor para recordarte lo que no debes hacer, de que no debes de meterte con demonios? Quizás te convendría, un ángel como tú acabaría siendo devorada por cualquier demonio que se precie... en cuanto vieran tu aura angelical y misericordiosa serías como un bocado delicioso y apetitoso –mi cuerpo se quedó a su espalda aunque apenas había contacto entre uno y otro, pero estaba más como ladeado contra su hombro izquierdo quedando ella de perfil para mí, mi nariz fue a su pelo notando esa esencia que siempre desprendía y que me recordó a cuando estuve tumbado en su cama herido y sangrando, ese olor dulzón que era tan característico en ella y que siempre dejaba a su paso allí por donde iba, luego bajé mi rostro para que sintiera mi aliento en su oreja y en su mejilla- tan brillante –dije para subir mi mano a su mentón y girar su rostro para que quedara a mi altura observándola- tan pura –mis ojos se clavaron en los suyos dejando que mi aliento impactara en sus labios, bajé mis ojos a estos por unos segundos y me mordí el labio volviendo a mirarla con una sonrisa, preguntándome si sería realmente pura en todos y cada uno de los sentidos. La última vez que mordí su labio me había soltado un puñetazo así que esa vez solo rocé sus labios con los míos antes de separarme para beber del vaso acercándome a la lumbre- y dime, ¿a qué has venido realmente? Si era para saber si estaba bien podrías haberte ido en cuanto me hubieras visto entrenando. ¿Qué quieres de mí, Astrid? –Me giré para mirarla observando su figura que era lamida por las llamas de la lumbre otorgándole a su piel y a su ropa tonos anaranjados y rojizos, iluminando su piel que brillaba con diferentes formas por el movimiento de las llamas.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Mar Mar 06, 2018 5:40 pm

He metido el dedo en todas y cada una de las llagas que Naxel pueda tener. Y me siento extrañamente orgullosa de ello. Soy muy consciente del efecto que tienen mis palabras en él, su expresión cambia pese a que sus movimiento se mantienen relajados, me observa de esa forma en la que miran las personas que se debaten entre las grandes decisiones. Se da la vuelta sin esperar respuesta por mi parte, aún sostengo la daga que me ha entregado con una sutil burla en los labios. Espero. Tiro un poco más de la cuerda que nos ata, del camino entrelazado. Y estalla.

Entre las virtudes y los defectos de Naxel se encuentra el hecho de que cuando el demonio se despierta no puede parar, todas sus palabras son hirientes, dagas quebrando mis esfuerzos por mantenerme entera ante él. Me desprecia, lo sé, y odio que no se dedique a disimularlo, lo remarca cada vez que se dirige a mi. Una niña en un mundo de mariposas. parece olvidar que las niñas crecen y las mariposas mueren. Me muerdo el interior de las mejillas para controlar el impulso de contraatacar sus palabras.

¿Tan dentro estoy en tu cabeza?

Buena pregunta. Se acerca en pocos pasos en un intento por intimidarme, su tono es oscuro y grave. Tiene razón, él no merece mi luz, esa luz de la que habla y que yo jamás he encontrado en mi misma. Gael siempre ha merecido mi luz. Y yo intento dársela también a Naxel, ilusa de mí, como si pudiera hacer algo real por él.

Me niego a apartarme cuando su respiración roza mi rostro, observo las marcas de cansancio y el leve sudor que humedece su pelo. No digo nada,de la misma forma en la que él me trató minutos antes le resto importancia a sus actos con el mero silencio. Por dentro estoy ardiendo. En cuando se da la vuelta me siento tentada a lanzar la daga contra él, probarlo, ver qué reflejos mantiene después de la curación y que demuestre lo mucho que me odia pero, sobretodo, quiero desafiarlo.

Sin ser invitada lo sigo hasta la casa ya que si realmente hubiera querido que me marchase se habría encargado él mismo de llevarme a rastras. El aroma de la cabaña resulta extraño, una mezcla del fuego de la lumbre y pastel de limón recién hecho, demasiado hogareño para el ser que la habita, la última vez que puse un pie aquí los olores eran completamente ajenos. Dejo mis pertenencias sobre el sofá sin ningún cuidado y me giro hacia él con los brazos cruzados, estoy claramente molesta y quiero explicaciones, pero no tengo que volver a preguntar cuando es él mismo el que habla.

Ya, un hechicero. Alzo las cejas remarcando lo obvio de su comentario, me toma por estúpida, se burla de mí.

-Sólo un hombre desesperado haría tratos con hechiceros-me encojo de hombros-Debo aprender de mis errores Naxel, y si eso implica quedarme con un par de cicatrices en la piel podré soportarlo-otro ataque sutil, de eso se trata la batalla entre nosotros. Porta dos vaso anchos en las manos y me ofrece uno a pesar de comentarle que no bebo, sujeto el recipiente y el líquido oscuro baila dentro. El contacto me produce escalofríos y sé que él es consciente de ello, no puedo esconder que su cercanía me despierta la piel, tentada y alerta. Mi mirada sigue posada en el liquor, no quiero mirarle porque sabrá que está logrando intimidarme, si bien antes eran amenazas en toda regla ahora todo en él parece una peligrosa invitación.

-¿Vas a devorarme?-susurro, apenas audible, porque él es hijo de demonio y yo voy a perder las alas. Tan brillante, susurra. No lo soy, Dios sabe que no. Mis labios se entreabren en un intento vano por decir algo tajante y apartarlo de mí, puedo notar cómo me respira mientras ladeo levemente la cabeza en un acercamiento involuntario. Tan pura, me dice, su mano en mi rostro y mis ojos sobre los suyos, se muerde la boca y mis pestañas siguen el gesto. Tiene tanto hielo en las pupilas que quema. Me doy cuenta de que estoy manteniendo la respiración en el preciso instante en que sus labios vibran sobre los míos, apenas un simple roce. Algo en mí esperaba que me mordiera como tantas otras veces para así poder apartarlo de mala gana, odiandolo. Vuelve a alejarse de forma casual y yo, sin pensarlo, doy un trago a la bebida, el sabor no es de mi agrado y mi garganta se queja.

-Al final va a ser el demonio el que cae ante el ángel-digo, está de espaldas a mí y no puedo leer su expresión pero sabe muy bien a qué me refiero. Otro sorbo para encontrar las palabras, me acerco a la ventana poniendo más distancia entre nosotros. Sin permitir réplica me adelanto a lo que sea que pueda decir-Mi tío fue un gran cazador y jamás precisó de curaciones mágicas, todo lo que hacía era por su familia y se aseguraba de recordarlo cada vez que observaba sus cicatrices- dejo el vaso en el alféizar y me apoyo en la pared, mirándolo-No quiero nada Nax, ¿es eso tan difícil de comprender? No estoy aquí porque quiera algo a cambio o por regalarte mi compañía. Te dije que cogeríamos a los licántropos juntos, y tú protegerías a Naitiri, fue un trato-anque eso suena ya muy lejano. Abro la bolsa de cuero y saco un saquito de tela, el olor a pan, queso y naranjas inunda el salón, saco un recipiente de madera, dentro está algo del guiso de anoche. Algunas armas quedan a la vista, junto con ropa limpia que he traído. Me encamino a la cocina-Además, en esta jodida cabaña no hay comida decente.

Cuando entro descubro que estaba en lo cierto, hay pastel de limón y eso puede implicar que Liara haya estado aquí aunque esa posibilidad me parezca remota. La hermana de Naxel es su bien más preciado, dudo que la haga testigo de tu verdadero ser. Al menos sé que ese pastel lo ha hecho ella, lo sé por la forma en la que olía su cabello cuando la sujeté para evitar que uno de los vampiros acabase con su vida en el recital. Dejo las cosas en la encimera y apoyo ambas manos para sostenerse y tomar aire. Mi iré pronto, cuando tenga respuestas, me digo. Siento el cansancio más pesado en mi, la espalda duele y tira y son más que evidentes mis ojeras. Comienzo a abrir los cajones buscando algo que pueda servir para un té improvisado, ignorando el hecho de que el dueño de la casa puede estar hecho una furia ahora mismo. No me giro pero detecto que está en el umbral de la puerta.

-La noche del recital me trataste como si fuera la peste- no pensaba sacar ese tema pero las palabras salen antes de que pueda controlarlas- Eres un hombre duro, lo entiendo, el vestido no pudo contigo- apenas un comentario para restar importancia mientras abro otro cajón y encuentro té de lilas. Sonrío despacio, incluso en la cabaña de los horrores Liara está presente- Sé que tu hermana corría peligro, todos lo estábamos. Hice lo que pude para mantenerla a salvo... Pero en tu mente no fue suficiente, crees que deberías haber sido tú el que la protegiese- pongo agua a hervir sin mirarle aún- Pero lo hiciste. Y cuando te estabas desangrando quise parar la hemorragia y me apartaste. Quise hacer algo por tus heridas y me apartaste- me doy la vuelta, lo miro, lo atravieso- Quise ponerte a salvo y elegiste la posible muerte a ceder ante mi.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Mar 13, 2018 6:53 pm

Odiaba que la cazadora siguiera con su incesante idea de que tenía que salvarme, de que viera en mí una luz que yo no tenía y que no poseía como si pidiera por ayuda y por auxilio cuando, realmente, lo único que hacía era alejarla más y más constantemente. Pero nada de eso funcionaba porque no se daba por vencida y al final es que acabaría por terminar de ser ese demonio que estaba buscando que fuera, que sacara la peor versión de mí y que al final le hiciera el daño que buscaba para que dejara de acercarse cada vez más, parecía que era lo que andaba pidiendo porque por más que le decía no me hacía ni puto caso... estaba jugando y tentando al demonio a que asomara tras la máscara de la que estaba escondido, yo lo retenía en su mayoría pero podía notar como en mi interior bullía por asomarse, por darle ese susto que tanto se merecía, por mostrarle toda la oscuridad que había en mí y alejarla de una maldita vez. Sí, mi demonio me pedía que arrancara la máscara y dejara tomar el control para cortar de raíz aquella estúpida idea fantasiosa que tenía la cazadora, tentada y atraída como lo eran las polillas a la luz y a las llamas y es que se acabaría quemando pero ¿qué más podía hacer yo cuando ya le había avisado varias veces? Perdería su luz y sus alas, caería en el abismo de la oscuridad más profundo y luego no podría echármelo en cara porque se lo advertí. Notaba las garras del demonio como si arañara el cascarón vacío que ocupaba y en el que me había convertido tras todos aquellos años, quería salir a la superficie y emerger frente a ella aunque yo lo controlaba, ¿por qué? Esa era una pregunta en la que no quería pararme en detalle ni mucho menos en pensar porque seguramente la respuesta fuera una parecida a la que tuve aquella noche de los latigazos. Yo me alejaba y alejaba más y más de ella, había ido a la cabaña en un vano intento de que se diera por enterada de que no quería tener nada que ver con ella pero no, tenía que aparecer con una bolsa de cuero irrumpiendo en mitad de mi entrenamiento, siguiéndome hasta la cabaña y encima reprocharme de alguna forma que yo llevara mi espalda curada mientras ella seguramente todavía estuviera curándose sus heridas porque no había pasado tanto tiempo y esas heridas en concreto tardaban más en curarse. Bueno, si a ella no se le había ocurrido la brillante idea de ir a un hechicero no era mía la culpa, cada uno velaba por sus propios intereses y yo no iba a quedarme así por meses esperando a que se curaran porque la paciencia tampoco es que fuera lo mío.

Mis ojos fueron a los suyos cuando me devolvió aquella pulla que yo mismo le había lanzado, mientras sostenía el vaso entre mis dedos llenos de bourbon la contemplé tras sus palabras mucho más envalentonada de lo normal. La primera vez que la conocí había temblado de miedo cuando mi mano se cernió sobre su cuello privándole del aire, esa noche pudimos escapar de los lobos por pura y mera casualidad y aunque le dije en claro que no quería tener nada que ver con ella apareció para seguir investigando. La siguientes veces se había mostrado con algo de miedo y algo de terror, eso le gustaba a mi demonio porque siempre quería tenerlo todo bajo su control obsesivo, y verla en ese estado era más que perfecto y maravilloso. Apenas si se atrevía a mirarme a los ojos quizás para no ver toda la oscuridad que anidaba en mi interior, sin embargo en esos momentos permanecía tranquila y serena frente a mí, cruzada de brazos me observaba de forma detenida mientras yo me preguntaba cuándo había adquirido tal confianza y se había envalentonado tanto ante mi presencia, un hecho que odiaba fervientemente porque eso a ella sin duda alguna le daría alas y esperanzas, unas que debía de cortar de raíz antes de que se hiciera ideas equivocadas. No la quería, ¿qué narices no entendía de esas palabras? No la quería cerca y ella se empeñaba en acercarse más y más cuando yo intentaba mandarla lejos... me enervaba, tenía esa facilidad aunque no pensaba dejárselo en claro, pero odié el cambio que había en ella porque si yo lo notaba ella no sería menos, notaría que en mi presencia estaba más segura y más firme, no titubeaba, me miraba a los ojos y aunque su voz a vez sonara trémula no se callaba las cosas como antes, me devolvía los golpes aunque yo siempre intentaba llevarlo todo a mi terreno para que no tuviera opciones. Como el comentario sobre las heridas y el hechicero, sabía que lo hacía a posta para meter el dedo en la llaga y que explotara, aunque no entendía muy bien por qué quería que lo hiciera, pero su comentario lo entendía la perfección como un ataque que, aunque sutil, pude apreciarlo perfectamente. Elevé la esquina de mi labio sin soltar el vaso de mis manos, lo acerqué para dar un trago mientras ahora que le he tendido el vaso esquiva mi mirada como si lo más interesante fuera su contenido, no tengo por qué darle explicaciones del motivo por el que he llamado a un hechicero, pero el círculo que rondan los licántropos cada vez lo van cercando más y no puedo permitir otro ataque como el último que me hicieron, no van a volver a pillarme desprevenido por segunda vez.



-Bueno, supongo que cada uno lleva sus cosas como más le apetece y más le place. Pero sí, te vendría bien acordarte que con los lobos grandes no deberías de meterte... aunque algo me dice que con los vampiros tampoco deberías, pero te empeñas en ello ¿no es así? Igual que te empeñas en otros absurdos menesteres –sí, ahí está el golpe que le devuelvo porque no puedo evitarlo, no está en mí dejar una pulla pasar sin que pudiera responderla, verbal o físicamente. Acorto las distancias mientras le advierto que debería de dejar de jugar, que al final será un ángel caído mientras mi cuerpo rodea el suyo en un intento por intimidarla. Las palabras que le digo no lo hago por herirla, es lo que realmente pienso de ella y lo que siempre me ha parecido: brillante y pura. Desde la primera vez que la vi fue el pensamiento que surcó mi mente y nadie va a poder cambiar eso de ella, todo lo que la rodea desprende ese halo de luz angelical y misericordiosa que la envuelve, su calidez, la forma en la que actúa... no está hecha para la noche y los horrores que esta alberga, pero si se quiere dar el batacazo al final caerá con todas las consecuencias. Tras su pregunta de si voy a devorarla una leve risa sale de mis labios sin que yo pueda evitarlo, me río porque es imposible no hacerlo cuando su rostro se gira para encontrarse con el mío, sus ojos evitan en esos momentos mirarme pero cuando muerdo mis labios veo que sus ojos bajan a esa acción. Sí, ¿por qué no podría devorarla? Quizás así se fueran todos mis males y acabaría por desaparecer todos mis problemas con ella, opté por separarme tras rozar sus labios y tomar algo de distancia para dar de nuevo un trago al vaso, la contemplo por sus palabras y no evito el reírme delante de ella ante sus palabras de que al final el demonio va a caer ante el ángel- ¿es eso lo que quieres, ángel? ¿Qué caiga ante ti? –Di un nuevo trago observándola- serías un bocadito, ¿podrías estar a la altura realmente de un demonio como yo? –Mis ojos la siguen cuando se dirige a la ventana y la dejo hablar para saber qué diablos quiere de mí, de nuevo vuelve al hecho de que su tío tampoco necesitó de hechiceros- ¿me lo estás echando en cara, ángel? –Pregunto enarcando una ceja por ello- yo lucho también por mi familia pero no puedo dejar que estando débil los licántropos estrechen el cerco y se acerquen a mi hermana, ¿cómo la voy a defender si no puedo moverme? Me vigila una manada de licántropos y no pienso dejar que me pillen por sorpresa una segunda vez, si para ello tengo que curar mis heridas con ayuda de un hechicero lo haré... haré todo lo que tenga que hacer para mantenerla a salvo, y me importa una mierda quién se interponga en mi camino –digo con tono frío y serio, si ella quiere seguir con sus heridas y con el dolor es cosa y problema suyo, cada cual lleva sus batallas y su vida como realmente quiere. Vuelvo a reír de nuevo por sus palabras y doy otro trago al vaso- todo el mundo quiere algo, consciente o inconscientemente lo quiere y lo busca... así que no, no creo que hayas venido aquí si no quieres algo a cambio. Suéltalo y así podrás largarte cuanto antes –recordé a la joven que había visto en su casa, aquella que había sido perseguida por vampiros y que juré que también protegería de estos mientras averiguábamos por qué la seguían, parecía alguien importante para la cazadora y el matar vampiros siempre me divertía así que ¿por qué no? La vi acercarse a la bolsa y sacar algo de comida, pasar por mi lado y dirigirse a la cocina donde había algo de lo que sobró de aquel pastel de limón que hizo Liara, lo había llevado a la cabaña para comérmelo porque no quería que ella viera esa parte mía, esa que con la cazadora no me importaba mostrar constantemente. Mis ojos se fijaron en su espalda recordando sus latigazos y gruñí por el mero pensamiento, luego escuché sus palabras cuando saca el tema del recital, tema que por cierto no me agrada en absoluto por lo que pasó- oh, ¿te pusiste ese vestido rojo que ensalzaba tus atributos quizás para que el demonio cayera esa noche? Admito que te ves distinta con ese traje, desde luego no pensara que bajo esa ropa tuvieras un pecho como ese –doy otro trago a la copa apoyado contra el marco de la puerta viéndola hacer, si fuera a detenerla seguiría igualmente así que espero que haga lo que tenga que hacer, termine pronto y se marche. Frunzo el ceño cuando dice que ella intentó ponerla a salvo y lo reconocía, pero claro que yo debí de hacer algo más para protegerla, era su hermano y juré que conmigo nada le ocurriría... había fallado mi maldita palabra y odiaba eso. Entonces es cuando dice lo que le molestó, que la apartara, aunque yo me pregunto ¿por qué cuando siempre la he estado apartando? Para cuando se gira y me mira ya estoy tras su espalda, tiene que elevar la mirada para encontrarse con mis ojos pero aun así no los aparta, se mantiene firme y me atraviesa con su mirada. Puedo ver lo que ese hecho le molesta, siempre le he dicho que es como un libro abierto que muestra demasiado, expone demasiado... algo que sin duda tiene que controlar- ¿eso es lo que realmente te molestó, Astrid? ¿El que te apartara de mí? ¿El que no dejara que me ayudaras de nuevo cuando estaba herido? –Se puede notar el odio y la ira que hay en mi voz, un tono oscuro que presagia la tormenta que hay en mi interior- entiende esto ángel; un demonio jamás va a ceder ante ti –digo para que entienda que jamás lo voy a hacer ante ella, ya lo hice una vez y siempre me reprochaba haber cedido al cambiarme por ella, era la única vez que se lo iba a conceder. Mis brazos fueron a cada lado de su cuerpo apoyándolos en la bancada de la cocina, mi cuerpo se pega al suyo y hago que este a su vez se pegue también a la bancada para arrinconarla, no tiene escapatoria y voy a ser bastante claro y conciso sobre ese tema- ¿eso es lo que más te molestó, que no te dejara ayudarme? Deberías de saber que no dejaré que lo hagas nunca, creí que eso ya lo tenías más que claro. No soy como tú y no pienso serlo nunca, jamás dejaré que me alcances con esa luz y desde luego que revoloteando como una polilla atraída por mi oscuridad no vas a hacer que cambie de parecer. Soy un demonio y estoy cómodo con lo que soy, yo lo elegí, yo lo preferí y no me arrepiento de la decisión tomada. Soy un cascarón vacío que no alberga nada así que no esperes nada de mi parte porque te adelanto que no vas a encontrar nada, solo frío y oscuridad –le digo para que lo tenga bastante en cuenta, me impongo sobre ella y la observo con mis ojos fríos, opacos que no dejan ver nada tras estos más allá de todo lo que le he dicho- así que déjate este estúpido juego que te gastas y dime para qué has venido para que puedas largarte de una maldita vez, no me creo que no hayas venido por un motivo porque todos queremos algo, incluido tú ángel –la miro de forma fija- a no ser, que hayas venido para finalmente caer tentada por el demonio finalmente –elevo una de mis manos y mis dedos se enredan en el mechón que ha quedado suelto- dime Astrid, ¿qué deseas de mí? –Mi voz ha bajado un tono, aunque mantiene ese matiz oscuro, pero es algo más ronco con la pura intención de que caiga a merced del demonio que soy tentándola. Mi rostro se inclina al suyo y mi aliento choca contra sus labios de forma deliberada, muerdo mis labios y veo que sus ojos no pierden ese detalle que hace que sonría de lado- ¿quieres que te devore? –Pregunto en un tono bajo y sugerente, tentador en el máximo de los sentidos. Mi dedo se desliza por su rostro y se pasa por sus labios de forma que dejo que se humedezca un poco al bajarle su labio inferior ligeramente, mi recorrido sigue por su cuello y baja por el centro de su pecho por sobre su ropa. Soy consciente de su cuerpo tenso contra el mío, su respiración que casi es inexistente porque contiene el aliento y eso me divierte, me hace preguntarme cosas sobre la pequeña cazadora- estás muy tensa ángel, quizás deberías de liberar tensiones –lo dijo sobre su oreja de forma tentador, con un claro deje de doble sentido aunque bien puedo referirme simplemente a eso: liberar tensiones entrenando o luchando- y bien, ¿qué será de todo? Vamos ángel, sé que no has venido solo a traerme comida... ¿tanto me echabas de menos?



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Jue Abr 19, 2018 1:51 am

¿Es eso lo que quieres, ángel? ¿Qué caiga ante ti?

Quizás la respuesta siempre ha estado ante mi, fría, inquietante, prohibida. Sigo observándolo aún con los brazos cruzados mientras el agua hierve y el vapor roza mi espalda. Aún no puedo admitir que su comentario me ha herido, sería demasiado para mi orgullo, Naxel considera que no soy suficiente para él, solo una niña que juega y disfruta retándolo. Me muerdo el interior del labio mientras observo sus movimientos con astucia, siempre alerta ante su carácter voluble.

-Me alegra que fuese de su gusto, mi señor- respondo de forma sarcástica, haciendo un gesto a modo de reverencia. Es cierto que esa noche estaba fantástica, la tela se ajustaba a mi cuerpo y el rojo de la seda resaltaba sobre mi pálida piel. Recuerdo haberme mirado en espejo bucando las similitudes de mi humanidad en comparación con los vampiros. El pensamiento que cruzó mi mente fue tentador y terrorífico al mismo tiempo, y lo deseché como humo. Si me convirtiese en vampira dejaría de parecerme a mi misma en todos y cada uno de los sentidos. No me muevo cuando él corta distancias y apoya ambos brazos en la encimera dejandome entre ellos, su rostro muy cerca mientras me observa. Siento cómo el calor de su cuerpo embriaga el mío propio. Hago caso omiso a sus palabras, o al menos eso intento, estoy cansada del demonio, de su oscuridad y su ser frío y distante, estoy demasiado agotada de y crueldad como para querer darle importancia. Pero él siempre consigue que todo lo que dice duela perforándome la piel. Quiere que me marche. No quiere que me marche. Puedo notarlo, el Naxel de hace meses me habría sacado a rastras de su cabaña, me habría asustado hasta casi desear la muerte dejándome en la cuneta. El Naxel Eblan que tengo ante mi se debate internamente.

-No me molesta que me apartes de ti, Nax, me molesta que no seas capaz de admitir que tenerme a tu lado te hace sentir vivo- susurro, sus rostro se ladea, sus labios tentando la piel de los míos, se muerde el inferior en una clara invitación. ¿Cuándo se volvió natural tener a Naxel así de cerca? ¿Cuándo quedó atrás la muchacha que habría considerado esta situación como un insulto a la cordura?- ¿Acaso no lo ves? ¿No lo sientes? - Poso una de mis manos sobre su pecho para mantenerlo donde está, ni más cerca, ni más lejos - Tus pupilas se dilatan de exitación, me gritas que me vaya pero me acorralas ¿No te cansas de esto?- Quizás tengo las alas condenadas desde el principio. Puedo notar cómo mi mentón se inclina hacia él en busca del contacto, de la gran prohibición. Sólo unos centímetros y podría caer, esta vez de verdad, ante él. Su pregunta eriza cada uno de los poros de mi piel y me maldigo por ello. No, no es esto lo que quiero. No. No él. Mantengo la respiración como si el simple acto me causase dolor. Por una milésima de segundo el rostro de otro hombre se cruza tras mis párpados. Gael y Naxel son tan opuestos que jamás podría compararlos por completo. Noche y día. Ambos en los extremos de una balanza que yo me empeño por mantener. Pensar en él me llena de angustia. Si supiera que me encuentro en compañía de Naxel o mejor dicho, que he venido voluntariamente a él, algo se rompería entre nosotros. Ambos conocen de la existencia del otro, que lo acepten es otra historia. Naxel es un peligro para mí, para todos -Aparta- comento, mi voz un fino hilo, un suspiro se escapa de mis labios delantando el esfuerzo que me supone la petición -Es suficiente. Apartate, Naxel- a modo de eco la tetera comienza a sonar por la presión. Veo duda en él y sé que se plantear el tentarme un poco más, sabe que está cerca de conseguir su objetivo, sea cual sea, pero antes de permitirle si quiera pestañear clavo mi puño en uno de sus costados y la sorpresa hace que su brazo se aparte. Es obvio que no le ha dolio, pero ha sido suficientemente rápido como para apartarlo. Maldigo por lo bajo y con un acto frustrado aparto la tetera del fuego, podría romperla en mil pedazos. Intento recuperar la corduda, centrar todas las ideas- Vamos a entrenar.

Salgo por la puerta antes de recibir respuesta, pero sé que va a seguirme. Arranco la daga que quedó en el marco de madera en mi ataque sorpresa de antes, preparo mi cuerpo estirándolo los músculos mientras avanzo hacia el terreno frente al porche. Algo me roe las entrañas, quiero destrozarlo todo, quemarlo todo. Al girarme puedo divisar su silueta por el ventanal de la cocina. No debo, pero mi mano es más veloz y la daga estalla contra el cristal y se clava en alguno de los muebles, muy cerca de él.

Ahora sí he captado su atención.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Dom Abr 29, 2018 6:12 pm

De algún modo u otro sabía lo que hacía Astrid en la cabaña del bosque aunque ella no quisiera decírmelo, incluso hasta había esperado el momento en que apareciera porque sabía que tarde o temprano lo haría, aparecería como una polilla atraída por las llamas para acabar quemándose de una forma lenta, tentada por el demonio que yo era haciendo que el ángel probablemente se convirtiera en un ángel caído en el que la oscuridad lo devorara todo a su paso y arrasara con la luz que ella siempre parecía tener rondándole en todo momento, con esa calidez que desprendía y que muchas veces le había dicho que algún día sería su perdición porque contra el mundo en el que ella luchaba no había nada que pudiera hacer, los seres que moraban en la oscuridad eran expertos en arrebatar dicha luz y ella al final acabaría apresada entre las fauces del lobo, ya se lo había advertido y para cuando eso pasara no podría decirme que no la había avisado porque desde que la vi se lo había estado repitiendo, pero ella era tan obstinada y con unas fantasías viviendo en un mundo de color de rosa donde se pensaba que el bien vencía al mal, y eso en las historias de hadas y de fantasía quedaba demasiado bien, pero la realidad era una bien distinta y muchas veces el mal triunfaba frente al bien. Hasta en cierto sabía que, muy en el fondo, ella ya había sido tentada aunque dijera lo contrario y por ese mismo motivo estaba en aquel momento en mi lugar más personal y privado, el lugar que yo consideraba como un refugio y donde no quería que nadie se acercara al menos que yo le hubiera dado el permiso para que así lo hiciera. No quería pensar en esa pequeña libertad que ella se había concedido pero que lamentaría haber venido porque en algún momento haría que así se sintiera, no podía entender cómo todavía seguía volviendo para buscarme después de todo lo que le había hecho, después de todas las cosas que le había dicho para mantener la distancia y que se alejara de mí... pero ella siempre volvía, como si fuera un efecto “búmeran” que acababa de nuevo cerca de mí mientras yo la odiaba por eso. La odiaba también por muchas cosas en las que no quería ni pensar porque entonces las cosas podrían acabar muy mal, ya bastante había sido con todo lo que había tenido que pasar junto a ella como para encima recordarlo y que mi ira y mi cabreo fuera tan elevado que dejara salir al demonio que llevaba dentro, aunque pensándolo por otro lado quizás debiera de darle la lección que tanto ansiaba ella y hacer que de una vez por todas se alejara de forma definitiva y que no volviera de nuevo rondándome, porque parecía eso, como una polilla que me rondaba atraída por mi oscuridad y por la tentación que representaba para ella y que al parecer no había conocido en otra persona más que en mí. Yo siempre tenía bien altos los muros erigidos, las capas de hielo que no podía hacer que nada las atravesara y con ella siempre mantenía los escudos en alzas para que no me alcanzara nunca porque sabía que en el momento en que sus pensamientos y sus teorías de mariposas dieran su resultado y ella se percatara de ello... entonces ya no tendría salida posible y más lo intentaría.

Mientras solo pensara que no tenía efecto alguno sobre mí no había problema alguno y yo tenía que hacer que así fuera por mucho tiempo, mi objetivo entre toros era apartarla y ya pensaba de forma seria en sacar al demonio que llevaba dentro para asustarla del todo y que no le quedaran ganas de acercarse de nuevo a mí, aunque sabiendo lo cabezota y testaruda que era me preguntaba si eso daría el resultado esperado. Mientras tanto lo que estaba haciendo frente a ella era tentarla, ponerla nerviosa porque sabía que mi cercanía la ponía tensa y nerviosa aunque menos que las primeras veces cuando nos habíamos conocido. No sabía qué había pasado exactamente pero desde hacía un tiempo la notaba más segura de sí misma en mi presencia, sabía exactamente cómo mantenerse firme y no ponerse a temblar como había hecho en los primeros encuentros. Antes era incapaz de mantenerme la mirada durante unos minutos, sin embargo eso ahora no pasaba y me la mantenía de una manera seria aunque su cuerpo tenso delatara que no estaba del todo segura de sí misma y que un resquicio de duda asolaba su cuerpo. La imponía con mi presencia y a veces conseguía anular la seguridad que desprendía, pero yo quería mucho más y quería que volviera de nuevo a cuando era incapaz de mantener la mirada y su voz temblaba cuando me hablaba. Sonreí de lado cuando me dijo que se alegraba que el vestido fuera de mi gusto, lo cierto es que había notado la diferencia a cuando llevaba la ropa de cazadora con la que siempre la había visto, aquel vestido había remarcado demasiado sus curvas acentuándolas aún más cuando con la otra ropa apenas se vislumbraba con certeza, el escote también había sido algo diferente a la ropa más cerrada que llevaba en las noches de caza y el semi recogido había dado a su rostro un toque diferente, como más fino, con más luz... la misma que ella desprendía. Verla con el vestido había reafirmado de alguna forma la mujer que era y que con los ropajes oscuros apenas se apreciaba. Aunque mis palabras siempre iban con la misma intención que siempre: herirla. Porque esa era una de las formas que mejor se me daban para alejar a la gente, porque aunque en mi mente pensara y repasara su figura con aquel vestido y pensara que había estado hermosa, mis labios jamás dirían esas palabras y mi intención sería puramente abrir una herida en ella, un motivo más por el que no quisiera permanecer a mí lado y alejarse en todo momento. Pero ella pese a todo ahí seguía, y si al principio mantenía la boquita cerrada por el miedo que me tenía y no decía nada eso también había cambiado y ahora, gracias a esa confianza que no sabía de dónde sacaba y se gastaba, me replicaba sin callarse lo que pensaba. Mis ojos bajaron hacia la mano que había dejado en mi pecho para luego subir mis orbes castaños a los suyos frunciendo levemente el ceño por sus palabras, ¿Qué su presencia me hacía sentir vivo? Como siempre ella y su mente fantasiosa plagada de mariposas que revoloteaban por todos lados, como si esto fuera un cuento y ella fuera capaz de hacer que el demonio que yo era, la bestia que moraba en mí, pudiera sentir algo de calor ante el frío y el vacío que desprendía en todo momento. Mordí mi labio inferior mientras mi dedo se deslizaba por su rostro perfilando su mandíbula, mi dedo bajó apenas un poco su labio inferior dejando estos entreabiertos sintiendo su aliento cálido, quiero volver a ponerla nerviosa y sentir cómo temblaba en mi presencia y por ese motivo la encierro y acorralo contra la encimera de la mesa, mis brazos como una cárcel que le impiden moverse. Sentí sus ojos en mis labios cuando me los mordí y sonreí ladino porque sé que, por mucho que se resista, está más tentada que nunca a caer en la tentación que supongo para ella... y en cuanto lo haga no habrá marcha atrás, será su completa y absoluta perdición. Ella sigue preguntando mientras mi dedo ahora baja por su garganta sintiendo como traga con fuerza por mi toque, hasta dejar mi dedo en el centro de su pecho mientras mi mirada, intensa, escudriña la suya en busca de las señales que quiero ver en ella.



-De nuevo, ángel, te equivocas por completo en todo –sonrío de forma ladina porque aunque es ella la que intenta reconducir la situación y llevarla a su terreno yo, que soy el demonio, veo sus intenciones y me adelanto varios pasos a su jugada- no puedes hacer que algo se sienta vivo cuando ya está muerto –quiero dejarle claro que sus intentos son en vano, que no tienen efecto en mí aun cuando siento la palma de su mano en mi pecho y noto el calor que esta desprende, pero es algo que ella jamás en toda su vida sabrá- ¿qué he de notar, qué he de sentir? No sabes nada ángel, te quedan demasiadas cosas por aprender en este mundo lleno de oscuridad... como por ejemplo, que el diablo siempre tienta de una forma en la que cuando quieras darte cuenta ya has caído... las trampas perfectas para que la víctima no note lo que pasa... ¿acaso lo puedes notar tú? –Reí por sus siguientes palabras negando levemente con la cabeza porque ella lo veía de ese modo, pero era totalmente diferente a lo que se pensaba- me gusta tener a mis presas bajo mi control y mi poder, me gusta ver la forma en la que se siente intimidades e imponentes por mi presencia... me gusta sentir el miedo que mi presencia les provoca –un susurro para que ella puedo oírlo, un susurro mientras no dejo de sonreír haciéndole ver que soy el mismísimo diablo y que ella está cayendo en la trampa que he elaborado para ella- me excita ver tus dudas, tus titubeos y tu miedo, ¿no te das cuenta de que te estoy presionando justo de la manera en que yo quiero presionarte, ángel? –Fue justo decir esas palabras y nota como ella levantaba el mentón en busca de un roce como si me buscara, su respiración se contiene por un momento y pienso que al final va a caer en la tentación y justo cuando la tengo ahí, a unos centímetros de distancia en el que tan solo me basta inclinar la cabeza para rozar sus labios se aparta y yo, como depredador, sonrío de lado ante su petición de que me aparte- ¿ahora me quieres lejos, Astrid? –Pregunto con cierta sorna buscando precisamente eso, hacerle daño para que no vuelva querer acercarse de nuevo, para dejar claro que no debe de volver a mí. No hago caso a su petición y solo me aparto cuando sin esperarlo me da un golpe con su puño en el costado de mi cuerpo, no me ha hecho daño pero basta para apartarme y dejar que se gire ya que la tetera nos hace saber que todo está listo y la contemplo apartado un poco a su lado para ver como la aparta del fuego. No me aparto porque no quiero dar el espacio que ahora, en ese claro momento, necesita ya que quiero que mantenga esa sensación mientras yo no borro la sonrisa de mis labios, sé que ha estado cerca y su cuerpo tenso me lo hace saber en todo momento. Se gira con un “vamos a entrenar” y la sigo con la mirada apoyado en la bancada de la cocina, veo que coge la daga y una pequeña risa sale de mis labios al ver que la pequeña cazadora quiere entrenar conmigo, pues bien, no pienso ser gentil o contenerme porque es ella si quiere un entrenamiento conmigo... va a morder el polvo varias veces. Voy a moverme cuando de pronto la misma daga que ha tomado del marco de la puerta atraviesa la ventana atravesando el cristal para clavarse cerca de donde estoy yo, miro la daga que arranco y llevo en mi mano mientras con pasos grandes y rápidos me planto fuera donde ella me está esperando. Lanzo un par de veces la daga al aire contemplándola y ladeo ligeramente mi rostro- vas a tener que pagar por el cristal roto, llévate cuidado ángel, no voy a ser indulgente contigo solo porque vayamos a entrenar –cojo por última vez la daga al vuelo y la lanzo hacia uno de los tocones donde suelo entrenar clavándolo en una especie de diana que tengo, perfectamente clavada en el centro- así que quieres entrenar ¿eh? –Río por lo bajo mientras salgo de la casa y me voy acercando hacia donde está ella- ¿puedo quitarme la camisa o crees que será demasiado para ti luchar conmigo semi desnudo? Da igual, me la quitaré porque no quiero luego reclamaciones cuando hayas perdido –no le he dado tiempo a responderme y sí, mi comentario es frío y mordaz mientras me posiciono frente a ella y la contemplo con una sonrisa ladeada, no voy a contenerme por ser ella y quizás hasta le venga bien que alguien no lo haga por primera vez en su vida- ¿empezamos, ángel? –Pregunto preparado para su ataque mientras busco de alguna forma provocarla, tentarla para que caiga de una forma diferente y sacar la ira y la rabia que lleva dentro, esa tensión que he notado en la cocina y que ha hecho que terminara por salir fuera de la casa. No tarda en hacer el primer movimiento y se lanza contra mí, pero le veo venir las intenciones y paro el golpe con mis brazos, cojo su muñeca, la giro un poco y la aparto de un empujón aumentando la distancia a la par que al girarse le hago un gesto para que venga a por mí. Vuelve a atacarme de nuevo y yo vuelvo a esquivarlo otra vez con una sonrisa ladeada pintada en mis labios, sé que es capaz pero en ese momento no es capaz de pensar y sus movimientos son previsibles como si fuera un libro abierto, su mente cegada quizás por todo no la deja pensar con claridad y eso hace que pueda leer cada movimiento que va a darme, paro otro de sus golpes y la giro de forma que su espalda choque contra mi cuerpo en una llave para retenerla- así no vas a conseguir darme, despeja tú mente Astrid. Espera aquí –la suelto y me doy la vuelta para buscar dos palos largos de madera en forma cilíndrica y le tiendo uno a ella mientras me preparo- ahora ataco yo –digo y no le doy tiempo a asimilarlo cuando ya le estoy atacando, mis golpes son fuertes, duros e implacables y alguno que otro le da en el cuerpo, pero no deja de intentarlo mientras el sol cae sobre nosotros en esa mañana, nuestros cuerpos se mueven por el lugar y los golpes se suceden uno detrás de otro mientras los palos chocan con su sonido característico. Se nota también que sus heridas no están igual de curadas que las mías, su movimiento es algo un poco más restringido mientras que el mío es algo más libre- ¿Qué pasa Astrid? ¿Acaso el otro cazador es incapaz de enseñarte nada? –Mi pregunta va con tono mordaz y con todo el veneno que puedo desprender con mis palabras, quiero cabrearla y que saque todo lo que lleva dentro- ¿qué haces cuando estás con él, jugar a las casitas? Pensaba que al menos te tendría algo más preparada... ya veo por qué acudes a mí –mi risa suena en el lugar mientras mis ojos la contemplan, el sudor empieza a perlar su cuerpo y sus mejillas están algo sonrojadas. Ella misma me comentó que estaba entrenando con un cazador cuando la acusé, una de las veces, que no sabía nada... claro que ella apenas me había comentado algo de manera muy vaga, pero yo sí sabía quién era él y estaba convencido de que no le gustaría en absoluto que ella estuviera conmigo en esos momentos, me había ganado una fama en las calles y entre algunos cazadores de la que me enorgullecía de ello- si pretendes demostrarme lo que sabes con todo esto, te diré que está siendo decepcionante –sí, mis palabras son hirientes pero sé que tiene mucho más por sacar y que solamente así va a poder hacerlo- ¡deja de pensar Astrid, y atácame bien de una jodida vez! –Mi golpe es algo más fuerte y duro, pero busco una reacción en ella que espero que llegue con mis palabras- tanta luz no es buena en un mundo de oscuridad, demuéstrame que me equivoco.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Jun 24, 2018 5:15 pm

Pagar un cristal roto es el menor de mis problemas ahora mismo. Observo a Naxel Eblan recortando la distancia entre nosotros, sus pasos en los escalones de la entrada son firmes, tranquilos. Tiene el arte de sacarme de quicio, su voz no me permite concentrarme, siempre hiriendo y desviando mi atención. Procuro permanecer atenta a sus movimientos y no pierdo el tiempo, mis primeros intentos por atacarle se quedan en gestos vanos, nada determinados. Él me frena sin esfuerzo y entonces sé lo predecible que estoy resultando. Solo quiero golpearle, me da igual cómo. Cuando me sujeta y mi espalda choca contra su torso suelto un quejido, apenas está haciendo fuerza en la llave que ha utilizado en mi muñeca y ya duele. Me muerdo el labio frustrada, sabiendo que no estoy haciendo nada bien. Esto no es propio de mi. Sus palabras me frustran más de lo debido y antes de poder quejarme ya me ha soltado, un momento después me lanza la que será nuestra arma improvisada. No me da tiempo de detener el primer golpe.

El entrenamiento se extiende más de lo esperado, Naxel es incansable y, aunque el sudor perla su frente y su torso, no parece inmutarse. La espada de madera me permite mantener distancia entre nosotros, pensar con más detenimiento los movimientos que realizaré, leer su expresión. El calor comienza a ser asfixiante pese a que una leve brisa nos envuelve, nos encontramos danzando en círculos, golpe breves de nuestras armas en una desesperante sincronía. Sin detenerme amplío el espacio que nos separa y con la mano libre comienzo a desatar las ligas del corsé que presiona mi tórax y hace que el contacto con las heridas sea incómodo. Muevo los hombros para liberar tensión y vuelvo a mi posición. La sola mención de Gael, por muy indirecta que sea, hace que el rostro me arda y las manos se cierren con más fuerza sobre la madera.

-Me enseñó a dar puñetazos, ¿recuerdas?-claro que sí, no podría olvidar el momento en el que mi puño cruzó su rostro, meses atrás y la sangre brotó de su labio roto-¿Cómo puedes concentrarte con esa voz tan irritante que tienes?-doy un paso largo y arremeto contra él de nuevo, esta vez proyectando todo la fuerza en lo brazos. Le golpe, por fin, en el brazo derecho y sé que el daño está hecho, pero antes de poder disfrutar de mi pequeña victoria Naxel cambia la vara de mano y me golpea en el muslo haciendo que mi equilibrio decaiga. Me incorporo tan rápido como puedo, la madera choca de forma constante, no hay pausas mientras él intensifica la fuerza de sus movimientos. Descubro que estoy gritando con cada impacto pero me escucho muy lejos. Y entonces encuentro el momento, la fisura. Me agacho deslizándome, un leve giro para conseguir impulso, y golpeo con todas mis fuerzas la parte trasera de sus rodillas provocando que pierda el equilibrio. De haber sido un oponente real habría golpeado de frente para partirlas. Un toque sobre sus omóplatos, justos donde sé que las cicatrices se curan, es lo que me hace falta para hacerlo caer del todo. Alzo mi espada de madera sobre él, mirándolo desde arriba con el pulso a punto de explotar- Jaque mate-un toque en su costado-Hablas demasiado cazador, resultas exasperante-procuro evitar la mueca de dolor ya que, ahora que estoy quieta, puedo sentir todos y cada uno de los lugares donde me ha atacado con certeza, sin piedad-Si admites que ha sido divertido yo admitiré que me encanta tenerte así-coloco la punta sobre su pecho para frenarlo y con el pie derecho presiono sobre la mano que sujeta la vara de madera-Tu problema es que no admites un no, y desgraciadamente nos parecemos en eso, te niegas a aceptar que quiera ayudarte sin pedir nada a cambio. Hicimos un pacto, la protección de Naitiri por mi ayuda contra los licántropos. Lo quieras o no, somos un equipo-presiono un poco más-Lo quieras o no, estoy aquí. Siempre encuentro la forma de llegar hasta ti. No te tengo miedo, Nax-inspiro profundamente saboreando por una vez su silencio, observo su torso contraerse, la tierra sobre él, sus ojos fríos, odiándome-¿Por qué te cambiaste por mi aquella noche?-no suena a pregunta. Ni siquiera sé porqué he dicho esto, esa noche es un recuerdo que prefiero tener ahogado. Ahora soy yo la que se queda muda, expectante. Por una vez, queriendo escuchar su voz-Responde, Naxel.

Necesito saberlo, simple y llanamente. Sé que hubo algo que le hizo despertar, estoy segura de que algo de luz hubo dentro de él para haber tomado esa decisión, interponer su vida por la mía. Pienso en ello constantemente, en su mirada suplicante y sus gritos ahogados. En sus labios gritando mi nombre. Casi morimos aquella noche.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Dom Sep 16, 2018 4:10 pm

Por más que intentaba alejarla ella se empeñaba últimamente en no hacerme ni puto caso, le decía las cosas y era como si ella misma las pasara por alto y no escuchara lo que yo le decía por más que insistía, ¿cuándo había dejado de temerme para ahora tener la confianza suficiente como para venir a mí cabaña y desafiarme de esa forma? Ya no veía el miedo titilando en sus ojos cuando me acercaba a ella para intimidarla, para imponerme sobre ella con mi altura y corpulencia, no sabía cómo pero esa mujer había cambiado eso desde quizás el último encuentro que habíamos tenido con los licántropos cuando nos atraparon y pasó todo aquello que yo quería olvidar a toda costa, momentos así para mí debían de ser eliminados de mi mente porque sabía que me había mostrado un tanto débil esa noche, ni siquiera había intentado ni molestado responder las preguntas de mi mente acerca de esa noche porque prefería evitarlo, hacer como que nunca había pasado y seguir mi camino. Le había advertido, incluso amenazado, a la cazadora que se alejara de mi persona pero ella se sentía como una polilla atraída por las llamas del infierno y no podía evitarlo, por mucho que me dijera algo me hacía pensar que había caído en la trampa del demonio y que al final acabaría sucumbiendo a la oscuridad porque por más que le advertía no me hacía caso alguno, recorría la senda de la perdición y para cuando quisiera dar marcha atrás sería demasiado tarde y no podría hacer nada por salvarse porque ya estaría condenada. Se atrevía a venir a mi casa a exigirme unas respuestas que no iba a darle bajo ningún concepto, pero sobre todo me dejaba claro que algo en ella era diferente con respecto a mí porque ya no temblaba cuando me tenía cerca, sus ojos no mostraban ese miedo de antaño del principio sino que se mantenía serena con el porte erguido, sosteniéndome la mirada con ideas y pensamientos fantasiosos que nunca jamás ocurrirían, ¿qué me hacía sentir vivo? No sabía ni lo que estaba diciendo porque no era así, yo era un demonio frío y carente de sentimientos que se dedicaba única y exclusivamente a una venganza que cumpliría tarde o temprano, con el fin de proteger a mi hermana y que no pudieran alcanzarla nunca. Ella se cruzó en mi camino aquella noche y debió de hacerme caso en su momento, debió de huir porque ella no estaba hecha para ese mundo tan oscuro cuando brillaba de esa forma, un ángel como ella no debía de andar un camino plagado de demonios porque se la merendarían tarde o temprano... pero claro, eso ella no quería verlo empeñada en que me tenía que salvar cuando yo no le había pedido dicha salvación, cuando yo me encontraba demasiado cómodo y a gusto con la forma de ser y de vida que llevaba, siendo de esa manera interponiendo un muro erigido hacía ya años para que nadie pudiera hacerme daño, para que nadie pudiera traspasarlo y me hiciera ser débil. La única persona que estaba conmigo, detrás del muro, era mi hermana Liara y bien sabía que podría ser un blanco perfecto para atacarme por donde más me dolía, por eso llevaba tanto cuidado con ella y aunque se pensara que no la veía tan a menudo por decisión propia en realidad la estaba protegiendo al no aparecer tanto por su casa. La vida del cazador no solo era peligrosa, también consistía en hacer sacrificios y yo hacía el mío por el bien de mi hermana, por eso yo me entregué al demonio para hacer un pacto con él y llevar a cabo mi venganza.

Pero Astrid estaba equivocada si pretendía que yo tenía salvación, cuando se hacía un pacto con el diablo este era hasta el fin de existencia y después mi alma sería suya por toda la eternidad... yo ya era el demonio que había pedido ser y no quería su luz porque, con mi oscuridad, me era más que suficiente y me bastaba. Tenía que hacerle ver que erraba por completo conmigo y que si sentía la necesidad de salvar a alguien que se buscara a otra pobre alma que sí lo quisiera para que así me dejara en paz. Como siempre ella y su mente fantasiosa plagada de mariposas que revoloteaban por todos lados, como si esto fuera un cuento y ella fuera capaz de hacer que el demonio que yo era, la bestia que moraba en mí, pudiera sentir algo de calor ante el frío y el vacío que desprendía en todo momento. Y bien sabía cómo podía hacerle caer antes de que ella intentara de nuevo salvarme con esa idea estúpida que tenía en la cabeza; podía hacer que cayera en la más absoluta perdición con mi persona. La había visto morderse el labio cuando estaba a centímetros de ella, como sus ojos no habían perdido detalle de mis dientes apresando mi labio inferior, incluso había alzado su rostro para acercarlo al mío aunque no hubiera pasado nada... algo me hacía pensar que mi presencia no le era indiferente y si quería caer en la tentación bien podría ayudarla en eso. Claro que no se lo dije porque sabía lo que me diría, ¿quería entrenar conmigo? Pues que se preparara para morder el polvo porque no iba a ser clemente con ella ni a tenerle piedad, no sabía cómo entrenaba pero mis sesiones eran duras, arduas y muy exigentes como para bajar el ritmo ahora conmigo. Pronto comenzamos con la pelea de entrenamiento pero sus pasos eran demasiados predecibles, sabía dónde iba a atacar y paré la mayoría de sus golpes sin costarme demasiado. Chaqueé la lengua mientras le decía que no pensara porque, si lo hacía, era más fácil saber dónde iba a tacarme. La dejé viendo que respiraba con rapidez y traje dos palos con los que podríamos seguir el entrenamiento y no nos haríamos daño, o ella me pudiera hacer daño en el caso de que me diera. Ni siquiera le di un respiro y cuando le pasé el palo el primer golpe se sucedió con rapidez que no pudo ni esquivarlo, fui descargando golpe tras golpe para ver cómo reaccionaba, midiendo sus capacidades y sus reacciones. Se separó tomando un poco de distancia y pronto comenzó a desatar los nudos del corsé dejando así más libre sus movimientos, aunque estaba convencido que igualmente las heridas que ella tenía y que no se había curado como yo le dolerían con cada movimiento brusco. Pude ver el gesto de su cara cuando mencioné al otro cazador y sonreí ladino por ello, sabía que entrenaba con otro cazador y estaba convencido de que ella no le había dicho nada al respecto sobre que me conocía, tenía cierta reputación y de saberlo no le gustaría. Pero si esos eran todos los entrenamientos que tenían, conforme ella me demostraba en la lucha, era normal que viniera a buscarme para que yo la entrenara. Reí entre dientes cuando me dijo que le había enseñado a dar puñetazos, recordaba el primero que me había dado cuando huimos de los licántropos que nos perseguían y acabamos en la cabaña, me había acercado a ella y acabé mordiendo su labio inferior que su respuesta fue un puñetazo.



-Parece que lo único que te enseñó fue a eso, dar puñetazos... pero en este mundo oscuro por el que estás empeñada en moverte no será suficiente –moví el palo girándolo entre mis manos mientas hacía tiempo para que atacara- mí voz es pura tentación ángel, llévate cuidado porque al final acabarás cayendo ante mí como te hable de otra forma distinta –sonreí de lado por ello porque seguro que esa respuesta no se la esperaba- ¡venga vamos! O pensaré que realmente me tienes miedo, ángel –y nada más decirlo, como si hubiera dado en el lugar correcto, fue ella la que arremetió contra mí atacando esa vez cambiando las tornas mientras yo me defendía de sus golpes. Atacó con tanta fuerza que por el impulsó consiguió darme por primera vez en la noche en el brazo, mi mirada cruzó la suya y sin darle tiempo a disfrutar de haberme alcanzado tras todo aquel tiempo cambié la vara de mano y raudo le di en su muslo haciendo que perdiera el equilibrio, le dio el tiempo suficiente para incorporarse de nuevo y parar mi siguiente golpe. Se escuchaba el ruido de ambas varas chocando en cada golpe que dábamos, cada vez yo imprimía más fuerza en mis golpes que eran más contundentes para ver si así lograba que sacara todo lo que llevaba dentro y despertara, como si de alguna forma supiera que llevaba en su interior algo que la pesaba y no la dejaba moverse con fluidez. A cada golpe que daba ella lanzaba un grito como si se desquitara de algo, seguramente le dolieran las heridas en su espalda, las tres marcas de latigazos que le habían dado esa noche y las sintiera tirantes a cada movimiento... sin embargo no claudicó y siguió luchando mientras nos movíamos por el lugar arremetiendo, defendiendo, moviéndonos en un baile donde las maderas chocaban fundiéndose con las respiraciones y los sonidos de fondo. Tras unos cuantos minutos fue cuando en uno de mis movimientos para atacarla ella, en un movimiento raudo, se agachó y se deslizó de manera que quedó tras mi espalda y con la vara golpeó la parte trasera de mi rodilla haciendo que perdiera el equilibrio, la punta de la vara golpeó en mi omoplato donde tenía también marcas mucho mejor curadas que ella y gruñí ante el dolor porque algo quedaba todavía por curar y que me hizo caer sin poder recuperar el equilibrio chocando mi espalda contra el suelo. Sus dos palabras provocan un gruñido brotar de mi garganta, dejó un golpe en mi costado en lo que ella ahora sintiéndose vencedora de aquel entrenamiento mientras yo seguía en el suelo. Mi intención no fue otra que levantarme para hacerle saber quién de los mandaba y seguir con el entrenamiento pues ella también había caído antes y era la que más golpes se había llevado en su cuerpo, pero ella parecía leer mis intenciones porque colocó la punta de la vara en mi pecho impidiéndome que me levantara y su pie fue justo a la mano donde tenía la vara haciendo presión para que no la utilizara. Gruñí cuando me pidió que admitiera que había sido divertido y que, de hacerlo, ella admitiría que le encantaba tenerme así conforme estaba- oh ángel, para eso no hace falta que admita nada... sé que te gusta tenerme y que además has fantaseado con esto en el tiempo que no nos hemos visto, ¿me equivoco? –sabía que no lo iba a reconocer pero no era necesario, venía a mí como una polilla atraída por las llamas y al final acabaría quemándose. Ella aseguraba que como yo no aceptaba un no por respuesta y eso era lo que le hacía venir una y otra vez en mi búsqueda, que ella quería ayudarme sin pedir nada a cambio y yo eso no lo aceptaba porque todos de forma directa o indirecta siempre pedíamos algo a cambio... y yo no quería deberle nada. Aseguraba que éramos une equipo de esa manera que ya me cansaba aquel pequeño juego que se traía, ella no estaba hecha para andar en la oscuridad y sin embargo se empeñaba en caminar al lado de un demonio. Me recordó que teníamos un pacto, ella me daba información y yo a cambio protegía a su amiga de lo que pudiera acecharle- hace tiempo que dejaste de cumplir tu papel, se podría decir que el pacto se ha terminado –cuanto más lejos de mí mejor, cuanto menos la viera mejor... ya no sabía cómo hacer para que no viniera en mi búsqueda y pensaba en plantearme seriamente en quitarle esas ganas, o esa curiosidad, que parecía tener sobre mí para que siguiera con su camino.

Ella aseguraba que estaba allí y que siempre encontraba la forma de llegar hasta a mí, y eso, era lo que más me jodía de todo porque en cierto sentido sabía que era cierto... que había encontrado el único y minúsculo hueco que había y ella pretendía colarse, algo que no dejaría que hiciera. Aseguraba también no tenerme miedo pero algo, en el fondo, sí que debía porque era imposible que su temor hacia mí lo eliminara todo de un plumazo... debía de haber algo y yo tenía que encontrarlo para volver a alejarla, no podía permitir que siguiera acercándose tanto. Mis ojos se clavaron en ella en el breve silencio que hubo entre ambos, mi pecho subía y bajaba sintiendo la presión de la vara en este, su mano no cesaba en su presión en mi mano, ella callada me observaba sin saber bien qué esperaba de mí... hasta que llegó su pregunta. De nuevo volvía al tema de aquella noche que yo tanto me había empeñado por esquivar y eludir, ¿por qué siempre tenía que volver a ello? ¿Por qué se empeñaba tanto en querer saberlo cuando ni yo mismo era capaz de concebirlo? Es más, directamente no quería pensar en ello y tan solo quería olvidarme de esa maldita noche, de lo que había sucedido, de lo débil que me mostré, del cambio... absolutamente de todo. Sin embargo ella no pensaba dejar que me olvidara y había sacado el tema a colación de nuevo, me instó a que le respondiera y lo que obtuvo por mi parte fue silencio porque no pensaba decirle nada más. Estaba cabreado con que volviera a sacar esa noche de nuevo, estaba cabreado porque no sabía qué cojones hacer para que no volviera a buscarme, me presionaba y yo no es que respondiera bien a esas presiones a las que no estaba acostumbrado pero ella parecía estar empeñada en saberlo y eso me cabreaba, todo a decir verdad. Gruñí dejándole claro que no me gustaba para nada aquello y de un movimiento raudo con mi mano libre tomé la punta de la vara, la hice a un lado para que dejara de presionar mi pecho importándome poco si dolía o no y tiré de esta hacia abajo mientras con mi pie barría el suyo para que perdiera el equilibrio y cayera hacia delante, sin embargo en vez de dejar que cayera sobre mi cuerpo giré aferrando su brazo en lo que ella caía para dejarla bajo mi cuerpo y que su espalda quedara contra la tierra y yo permanecía arriba. De un tirón le quité la vara y la arrojé lejos para que no pudiera utilizarla, mis manos apresaron sus muñecas y las coloqué cada una al lado de su rostro haciendo presión para que no pudiera moverlas, ahora ella era la que quedaba bajo de mí y yo me alzaba como el vencedor. Mi mirada, como dos dagas de hielo, se clavaron en sus castaños mientras respiraba algo acelerado por el enorme cabreo que llevaba encima sin entender por qué trataba siempre de sacar el mismo tema, ¿qué interés podría tener? ¿Qué cambiaría para ella el saber el motivo por el que decidí cambiarme? Cada vez más me arrepentía de haberlo hecho y si hubiera sabido que me hubiera llevado estas consecuencias habría dejado que le dieran de latigazos, que me presionara de esa forma no era algo que me gustara en absoluto.


-¡Cállate maldita sea, cállate! –Rugí cabreado, enfurecido porque volviera a repetir lo mismo y recordara esa noche que tanto quería olvidar- ¿y qué te importa a ti, Astrid? ¿Qué cambiaría el saber el motivo por el que me cambié por ti? No lo sé joder, ¡no lo sé! –Rugí apretando sus muñecas con fuerza presionando contra la tierra en un intento por calmar lo que llevaba dentro, pero era imposible- no sé por qué me cambié por ti y de saberlo ten por seguro que no te lo diría... ¿por qué insistes tanto, por qué te empeñas tanto en saberlo? Sucedió y ya está, logramos salir con vida y no hay que darle más vueltas –no entendía qué podía ganar ella con eso, mi voz era fría y oscura, en un tono bajo que dejaba ver lo cabreado que estaba- no eres más que una maldita niña que quiere jugar a ser una cazadora pero que no tiene ni puta idea de a lo que se enfrenta, y de haber sabido que te pondrías así créeme que hubiera dejado que te dieran esos latigazos –apreté la mandíbula porque, igualmente, pensar en ese recuerdo hacía que mi interior hirviera de rabia y odio por ello, aun cuando solo era un recuerdo- no sé a qué estás jugando conmigo pero estás equivocada, un ángel como tú no debería de adentrarse en mundos tan oscuros y sin embargo te empeñas en volver en busca de un demonio que solo puede traerte dolor, maldad y oscuridad... ¿por qué vuelves Astrid? ¿Por qué te empeñas en intentar salvarme cuando yo no quiero? –Las gotas de sudor caían por mi frente bajando por mi nariz hasta acabar goteando sobre su rostro, mi respiración agitada daba contra su rostro y apenas separaban unos centímetros nuestros labios, podía sentir su respiración agitada impactar contra mis labios mientras hablaba, su cuerpo permanecía bajo la cárcel del mío y seguía apretando sus muñecas para que no pudiera moverse- ¿qué es Astrid; curiosidad lo que sientes por mí? Te advertí que no te acercaras o acabarías sucumbiendo, acabarías tentada... ¿es eso lo que te ha pasado? Admítelo, te tienta demasiado lo que yo soy que no puedes evitar acercarte a mí aun cuando te digo que no lo hagas, ¿no puedes alejarte, verdad? Ya has caído en la trampa del demonio y te resulta tan irresistible que te sientes cautivada, por eso vuelves y vuelves –incisivo y mordaz, así es como eran mis palabras- bien, si es eso lo que te pasa solucionémoslo de una jodida vez y así podré seguir con mi vida; al final el ángel cayó bajo la tentación del demonio –sin siquiera darle tiempo a responder, o a reaccionar, mi rostro bajó restando la distancia como si de alguna forma pensara que eso es lo que haría que ella dejara de buscarme, saciar su curiosidad para que dejara de venir una y otra vez. Mis labios rozaron los suyos en una provocación digna de un demonio, tentándola, mi aliento golpeó estos antes de presionar con más fuerza, mi lengua lamió el inferior hasta que finalmente acabé por besarla en lo que sin duda alguna no se lo esperaría para nada. Sobre su cuerpo, en la tierra, con mis manos en sus muñecas puestas a cada lado de su rostro mis labios besaban los suyos para hacerle ver que ella había caído y que, por eso, venía a buscarme. Mi lengua se coló entre sus labios en lo que ella parecía todavía asimilando lo que estaba ocurriendo, mi lengua encontró la suya y me hice el dueño de su boca y de aquel beso feroz pero, al mismo tiempo, pasional y salvaje. Solté una de sus muñecas y mi mano bajó hasta su pierna en un lento ascenso pasando por su muslo, elevándose hasta su cadera deteniéndose allí para de un tirón pegarla a mi cuerpo y sintiera mi peso, mi calor, dejarla que se embriagara de mí mientras nos besábamos, mi mano siguió ascendiendo recorriendo todo su costado hasta colarse entre los mechones de su pelo, llegar a su nuca y acariciarla para presionarla más contra mi boca teniéndola subyugada por completo, en lo que yo me hacía el dueño de su boca y pretendía hacerme el dueño de todo con la firme de idea de que, así, su curiosidad sería saciada.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Sep 16, 2018 10:31 pm

Toda victoria parece haberse esfumado. Por mucho que sea yo la que lo mantiene expuesto sobre la tierra, con la vara presionando un punto en su pecho que, dehaber sido un arma real, podría haberlo matado. Es él quien lleva las riendas mientras espero sin apenas esperanza por una respuesta. Tan sólo una. ¿Qué hay de difícil en ello? Intercambiarse por mí aquella noche tuvo que ser aún más complicado, en ese momento hubo mucho más en juego, nuestras vidas pendían de un hilo. Ahora mismo lo único que está en desventaja es su orgullo, y eso parece pesarle más que cualquier otra cosa. Frunzo el ceño cuando dice sin más que dejé de hacer mi papel hace ya mucho, ¿significa eso que ha decidido romper nuestro acuerdo? ¿Acaso no he recolectado suficiente información para él? ¿Luchado contra licántropos por él? Me muerdo el interior de las mejillas para obligarme a guardar silencio para no desviar el tema de mi pregunta y su respuesta. Algo en mi interior me dice que todo está ahí, mis esfuerzos por comprender a Naxel Eblan radican en la decisión que tomó esa noche, en sus actos, en las palabas dichas bajo los efectos del dolor y los sedantes. Había luz en la forma en la que gritó mi nombre, o en la manera en la que dormía sobre mi cama.

Le sostengo la mirada pese a sentir que debo retroceder, porque si no lo hago ahora dudo poder volver a llegar a este punto jamás, no cuando es tan hermético, tan suyo para todo. Quizás solo debo presionar un poco más... Justo cuando mis labios se abren en una pregunta silenciosa, Naxel tira de mí y en cuestión de segundos estoy sobre la tierra, ante la brusquedad en sus movimientos mi cabeza golpea el suelo y mis ojos se cierran fuertemente para mitigar el dolor. Siempre desprevenida, Astrid. Suelto un improperio por lo bajo al tiempo que escucho cómo gruñe, nada conforme la situación, seguro. Lo miro entonces, y todo comentario burlón que pudiera tener en la punta de la lengua se extingue al visualizar el hielo en sus pupilas.

En el momento en el que vuelve a hablar me arrepiento, tal vez no quiero de verdad saber sus motivos, conocer la respuesta que me ha quitado el sueño tantas noches. No viniendo de Naxel. La presión en mis muñecas se incrementa a medida que sus palabras lo inundan todo, siento el peso de su cuerpo, el sudor y el asfixiante calor que emana de éste. Me tiene atrapada y está a punto de explotar. Intento zafarme de su agarre y quitármelo de encima ya que cualquier cosa que pueda decirme la afrontaría mejor estando a una distancia prudente. Así, tan cerca, tan imponente, consigue hacerme pequeña como tantas otras veces, y eso es algo que he estado evitando a toda costa. Dejo de forcejear a medida que sus palabras me atraviezan, como puñales desgarrando mi piel, fríos y certeros. Ha dicho en voz alta lo que yo muchas veces he sospechado y es que, de seguro Nax se arrepioente de haberme salvado la vida. Podría haberme dejado morir desangrada ante los licántropos, podría haberme convertido en un trofeo para ellos y él habría seguido con su vida, sin más, y yo solo habría sido una sombra. Me arde la garganta, porque es la respuesta que esperaba y duele más que haberla imaginado. La forma en la que me habla, con desprecio, sin calidez alguna, comienza a pasarme factura y siento las lágrimas al borde de mis pestañas. Gruño, casi como un grito ahogado, y vuelvo a intentar deshacerme de su agarre cada vez más tortuoso. Si me quería así, lo está consiguiendo, todos mis avances para mostrarme impune ante él se están viniendo abajo, todo el cúmulo de situaciones sufridas entre ambos, todas sus palabras, mis esfuerzos por mantenerme entera, derramados aquí y ahora, ante él, sin siquiera tener la opción de oponerme.

-Suéltame, Naxel-casi escupo las palabras, pero él no me escucha, la ira que desprende tan sólo es el comienzo. ¿A qué juego? ¿Cómo es posible que crea que estoy jugando? Odio cuando me llama niña, lo odio de verdad-¡Maldita sea, suéltame!

No dice nada que no me haya dicho antes, cree que caeré, o más bien que ya he caído, cree que la luz va conmigo y la perderé si sigo a su lado, que no tiene salvación, que los demonios no merecen ser escuchados. Yo también lo creo así, jamás he negado lo contrario. Quizás no quiero salvarlo y tampoco quiero caer, tal vez sólo quiero comprender cómo alguien decide convertirse en un monstruo y dedicarse a cazarlos a la vez. He visto demonios de verdad, y Naxel Eblan no es uno de ellos.

Me atraviesa con la mirada y yo hago lo propio en él con la mía, una batalla constante en la que no hay ganadores. Está dispuesto a acabar conmigo, lo sé, siempre lo he sabido. Su rostro está perlado por el sudor del entrenamiento, al igual que el mío, los labios entreabiertos, sus ojos feroces, como uno animal dispuesto a dar el primer mordisco. Puede que esta sea la primera vez en mucho tiempo que Naxel vuelve a asustarme. Mi cuerpo tiembla en una mezcla de incertidumbre, exitación y frustración. ¿Por qué vuelvo a él? Mientras me debato ante su pregunta, sus siguientes palabras me crean un agujero en el estómago. Al instante sus labios están sobre los míos y su respiración errática creando un compás desquiciante.

-No lo hagas-susurro contra sus labios, ante esto su lengua acaricia la carne de los míos. Pero Naxel jamás hace lo que le pides. Su boca devora la mía sin pedir permiso, ignorando por completo mis palabras y las lágrimas que amenazan con caer. Me quedo petrificada sin saber identificar lo que está ocurriendo, mi cuerpo se queda en una relajada tensión, como si en el fondo cada trozo de mi piel hubiera esta esperando el contacto. Mi mente podría explotar en cualquier comento, no lo comprendo, me digo, mientras su lengua se hace con la mía, no entiendo nada de él. Una de mis manos se libera pero soy incapaz de moverme mientras la presión de su cuerpo se hace más palpable y real, tanto que su torso presiona mi pecho y mi rostro arde. El gemido que se escapa de mi garganta cuando su mano se coloca en mi cadera y me acerca a él es ajeno, no puede ser mío. No puedo haber gemido ante su roce. No puedo estar deseando más, de debo desear más. Sin ser dueña de mi cuerpo, mi mano sube hasta su cuello, asciente hasta su cabello y se queda ahí, entrelazando mis dedos con los mechones rebeldes y, al sentir el gruñido erótico que suelta, mi agarre se hace más firme y respondo con gemido más intenso, quizás para mantenerme aún cuando no puedo hundirme más allá del suelo. Mi espalda se arquea en busca de un contacto más duradero en cuanto nuestros labios se separan, como si simplemente estuviese jugando y me permitiese tomar aire antes de volver a someterme. Siento sus dedos firmes de nuevo en mis muslos, pasando por mis glúteos, agarrándome, pegándo a él, me erizo ante la tensión de su cuerpo y al notar cómo algo en él lucha también. En el instante en que se mueve sobre mí un jadeo choca contra sus labios y mi cuerpo se tensa de nuevo. El sabor de su boca es ajeno y familiar, cálido y firme, tan contrario a la frialdad con la que me trata, algo en ña forma en la que me besa me pide que me quede, que corresponda cada tentación, sin embargo todo indica a que no vamos por caminos paralelos. Me besa para alejarme. Le correspondo para quedarme. ¿Así es cómo planea deshacerse de mí?

No sin esfuerzo golpeo su costado con todo el impacto que me es posible y, aprovechando que su agarre sobre mi otra muñeca es más débil, pongo la mano en su cuello y presiono para hacerlo retroceder. Es más la sorpresa que mi fuerza, pero consigo que se aparte y puedo ver en su rostro que le divierte y enfurece a partes iguales. Presiono tanto que a la sádica que llevo en mí no le importaría asfixiarlo. Me levanto con dificultad y dándole un último manotazo para darme espacio.

-¿De verdad tienes que ser tan despreciable?-no puedo esconder el tono herido en mis palabras-¿Solucionar de una jodida vez el qué? ¡¿Te crees que soy una hembra en celo?!-cojo la vara que minutos antes ha lanzado lejos de mí y se la lanzo, acertando-Eres tan narcisista, tan asquerosamente ególatra que has creído que es tu cuerpo lo que ansío, que vengo a ti porque quiero que me poseas, ¿QUE ME HAGAS TUYA?-mi voz se ha alzado tanto que cualquiera a un kilómetro a la redonda podría escucharme, y me da igual, todo mi cuerpo arde, de exitación, de vergonzoso deseo, de rabia, de odio hacia él-¿Quién te crees que soy? ¡Cabrón engreído! ¿Tanto me desprecias?-doy una patada sobre la tierra en su dirección haciendo que ésta lo impregne, el polvo se adhiere a su piel a causa del sudor, ensuciándolo por completo-No soy ninguna cualquiera Naxel Eblan, te jactas de querer alejarme pero me besas, ¡me deseas! Si te arrepientes de haberme salvado tienes la respuesta ante ti ¡MÁTAME! ¡LÁNZAME A LOS LOBOS!-se me desgarra la voz-Es una solución más duradera que ofrecerme tu cuerpo, al fin y al cabo ¡las niñas que sueñan nunca aprendemos!

Se hace el silencio, uno en el que sólo nos miramos, confusos, rabiosos, estimulados. Mi respiración está tan desbocada que es incontrolable y, justo cuando estoy lista para gritarle más y más hasta quedarme sin voz, justo cuando él parece haber salido de la sorpresa ante mis alegaciones, unos aplausos rompen la tensión que nos tiene presos.

-¡Vaya, vaya!-la voz se acerca tras de mí y yo me doy la vuelta lentamente, con furia en los ojos-Si las palabras matasen ya estarías enterrado, Naxel-el hombre que se acerca a nosotros camina desenfadado, bien conocedor de la tierra que pisa, sólo tardo unos segundos en unir las piezas y poner cara por fin al hombre al que Naxel a nombrado alguna que otra vez en mi presencia. Keith, su tío. El parecido está ahí, no tan cercano como el de padre a hijo, pero sí lo suficiente para encontrar matices familiares en su sonrisa despreocupada y la picardía de su mirada-No te detengas chica, le encanta que le hablen así-su risa, que bien podría ser contagiosa en otras circunstancias, no hace más que emporarlo todo-Extrañas, esas cicatrices chiquilla- murmura el tío de Naxel mientras pongo los ojos en blanco y con un gruñido me doy la vuelta hacia la cabaña, sin dirigirle la palabra al hombre o mirar de vuelta a Naxel. Si él también pretender burlarse de las marcas de mis latigazos prefiero tenerlo lejos. Siento la mirada de ambos sobre mi mientras atravieso el porche, los cristales de la ventana de la cocina se clavan en la suela de mis botas. Solo consigo respirar otra vez cuando desaparezco en e umbral de la puerta.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Oct 09, 2018 6:40 pm

Seguía en mi firme idea en que necesitaba mantener a Astrid lejos de mi vida, lejos para que no pudiera seguir por el camino que ella empeñada había decidido tomar en lo que a mí se refería. No podía dejar que siguiera acortando distancias y que se acercara tanto porque, al final, acabaría viendo la única e imperceptible fisura que tenía en mis máscaras, en mis murallas y en mis corazas y querría seguir atravesándolas hasta llegar al final del camino, porque parecía empeñada en querer hacerlo aun cuando yo le había dejado claro que no era lo que quería ni mucho menos lo que deseaba que hiciera. Seguía convencida en la fantasiosa idea de querer salvarme aun cuando yo le había dejado más que claro que no quería que me salvara porque no era algo que quisiera que hiciera, me gustaba mi vida tal y como la tenía y además me gustaba sobre todo la forma en la que la oscuridad me rodeaba, yo mismo la había elegido y yo me sentía demasiado cómodo con ella como para que ahora llegara ella con esa luz angelical y lo cambiara todo a su paso. No estaba dispuesto a dejar que eso pasara, y cuanto antes la sacara de mi vida antes sería mejor para mí porque yo no podía tener debilidades, ni fisuras, no podía dar a entender que había algo en mi vida con lo que pudieran atacarme porque entonces encontrarían el punto débil y lo explotarían, al final la cazadora acabaría siendo cazada apresada bajo las fauces del lobo y no podría entonces decirme que no había sido avisada de ello. Ya tenía suficiente con Liara y con protegerla, ella era mi punto más débil y por el cual podrían hacerme el mayor daño que jamás pudieran hacerme en la vida, y las cosas con ella no estaban demasiado bien como para ahora tener que añadir a Astrid a esa pequeña y reducida lista formada únicamente por mi hermana como punto débil hacia mi persona. Me negaba, cuanto antes la sacara de mi vida menos preocupaciones y problemas tendría, porque ella seguía empeñada en salvarme y no se daba cuenta que además de que no quería ser salvado en el camino ella acabaría sucumbiendo a la oscuridad, acabaría convirtiéndose en un ser de oscuridad y es lo que pasaría como no dejara ya esas absurdas ideas que tenía en su cabeza. Sin embargo, ¿qué más hacer para que no volviera de nuevo a buscarme? Porque cuanto más le dejaba en claro que no quería nada de ella más parecía convencerse y aparecer de vuelta una y otra vez aun cuando no la quería rondando cerca. Como esa tarde en la que se había atrevido a acercarse hasta mi cabaña, ese lugar que solo era para mí y que nada más conocía Keith –y ahora ella, por la vez que la traje aquí cuando huíamos de los licántropos la primera noche que nos conocimos- con unas preguntas para las que no tenía respuestas, y si las tenía jamás se las diría porque de mis labios no saldrían pronunciadas. Algo en ella había cambiado y la veía con más confianza y seguridad frente a mí, ya no temblaba como antes cuando nos encontrábamos y eso tampoco me gustaba, que ganara confianza no era algo que me gustara en absoluto y debía de hacer que volviera a sentirme intimidada en mi presencia, solo así yo podría crecerme y actuar como el demonio que era para hacerle ver que no quería nada de ella, algo que no parecía posible porque no escuchaba... era como si hubiera caído ya en la tentación del demonio y no pudiera resistirse y eso me hacía preguntarme, ¿y si le dejaba probar lo que anhelaba, acabaría por no aparecer de nuevo?

Era una posibilidad que cruzaba mi mente ya que había intentado todo por mi parte para que no se acercara ni me buscara, pero ella parecía no entender razones y volvía como una polilla atraída por las llamas siempre de nuevo a buscarme, ¿por qué? Era algo que no sabía pero que tampoco quería preguntar porque seguro que era algo que tenía que ver con “salvarme” y esos cuentos rosas que tenía en su cabeza de cazadora. Cansado de que no funcionara nada por mi mente cruzó la idea de hacer algo que ni ella se iba a esperar, ahora que la tenía bajo mi cuerpo mirándome de esa forma quizá es que lo que necesitaba era caer totalmente en la tentación del demonio para así ya no sentir curiosidad y no venir a buscarme, si, ¿por qué no intentarlo? Con mis manos apresando sus muñecas y su cuerpo bajo el mío en una prisión de la que no podría librarse, acorté la distancia con su rostro dejando que mi aliento impactara en sus labios para que supiera cuáles eran mis intenciones. ¿Se sonrojaría como había hecho otras veces cuando me había acercado? ¿Intentaría apartarme? ¿Me correspondería? Solo había una manera de averiguarlo y quizás así saciaba su curiosidad y de una maldita vez me dejaba en paz. Ella me pedía que la soltara, se revolvía intentando librarse en vano de mi agarre mientras yo la miraba con la sonrisa ladeada porque no pensaba hacerlo, no cuando esa era la única opción que me quedaba para que dejara de venir en mi búsqueda, quizás saciada toda su curiosidad ya no fuera más en mí búsqueda y me dejara tranquilo de una jodida vez. En un susurro bajo me pidió que no lo hiciera sin embargo no hice aquello que me había pedido, mi lengua recorrió su labio inferior en una tentación provocadora y finalmente acabé restando la distancia para tomar sus labios apoderándome de estos. Su cuerpo quedó quieto en un estado medio entre la relajación y la tensión aunque no hizo movimiento alguno por separarme, tampoco me siguió el beso aunque no me importó demasiado y yo seguí aquel beso aunque solo fuera yo quien moviera mis labios, o mi lengua fuera la que se adentrara en la humedad de su boca buscando su lengua para provocarla, tentarla, jugar con ella para ver cómo respondía la cazadora. En cierto sentido, hasta sentía curiosidad por saber cómo reaccionaría y qué haría. Liberé una de sus manos al apartarla de su muñeca aunque no hizo amago de apartarme, tampoco de acercarme, mi pecho hizo más contacto con el suyo presionándose ambos donde podía sentir sus pechos contra mi firme musculatura, tampoco reaccionó a ello, donde sí lo hizo fue cuando mi mano que había soltado su muñeca fue a su cintura dando un pequeño tirón hacia arriba para juntar más su cuerpo con el mío, pegando más su cadera a mí. El gemido que salió de sus labios hizo que ladeara la sonrisa en lo que me atreví a intensificar un poco más el beso, jugar con su lengua y provocarla para que me respondiera. Su mano libre ascendió hasta mi nuca y cuando pensé que iba a apartarme, siguió ascendiendo hasta enredar sus dedos en mi pelo manteniéndose ahí, no apartándome. Un gruñido escapó de mis labios y su agarre se intensificó de manera inmediata, no me apartaba, se quedaba y se aferraba a mí dejándose hacer como si quisiera ver hasta donde era capaz de llegar, pero ¿y ella? Se mantenía en un estado “plano”, casi lineal diría yo donde era como si solamente estuviera esperando a que yo diera los pasos, a que yo avanzara en cada movimiento mientras ella solo se dejaba hacer y disfrutaba. Su boca era cálida y casi podría afirmar que su sabor era adictivo, como si tuviera un toque celestial, puro... o esa fue la sensación que me dio mientras la besaba.

Su espalda se arqueó ante el roce buscando más como si no fuera suficiente, como si no pudiera separarse ahora que nuestros cuerpos habían encajado el uno sobre el otro, ladeé la sonrisa y separé mis labios para dejarla respirar viendo sus mejillas sonrojadas por lo que estábamos haciendo, sus ojos cerrados como si disfrutara de cada caricia que le otorgaba, de lo que sentía en esos momentos. Mordisqueé jugando con pequeños besos y mordiscos en su rostro bajando lentamente por su cuello permitiéndole tomar aire notando su respiración agitada, algo acelerada por lo que estábamos haciendo. Envalentonado porque no me separara, viendo que era lo que quería, mi mano atrevida dio un paso más y se deslizó de manera suave y lenta de su cadera pasando por su muslo, sintiendo su firmeza bajo la yema de mis dedos, llegué hasta sus glúteos donde de un tirón la pegué por completo a mi cintura y, en ese momento, justo cuando me muevo sobre ella rozando creando una fricción entre ambos con mis caderas como si ligeramente golpeara su centro, es cuando un jadeo mayor escapó de sus labios y yo reí ligeramente sobre su piel porque aunque de ser otra mi mano ya se habría colado bajo su ropa para recorrer su piel, con ella era como si algo me dijera que había que ir con calma, despacio, disfrutar de cada roce y cada jadeo que emanaba de sus labios como si fuera un regalo. No supe qué cambió en ella, pero dio un golpe en mi costado y consiguió interponer distancia en lo que yo gruñí porque quería saborear más de su piel, besar más sus labios y llevarla a un estado en el que mi nombre fuera elevado entre gemidos mientras la tomaba y hacía que llegara al paraíso, como si mi demonio quisiera más de su ser por un motivo que desconocía y me había quedado con todas las ganas. Su mano en mi nuca alejándome mientras me miraba como si no esperara aquello por mi parte, tal intensidad, hasta que de un manotazo se apartó y se alejó quedando de pie a unos pasos de distancia. Con un movimiento ágil me puse en pie mirándola lamiendo mis labios todavía sintiendo su sabor en estos, un pequeño gruñido escapó de mi garganta porque quería volver a sentir ese sabor, ir a más, ¿por qué? Ni yo mismo lo sabía, pero así me sentía en ese maldito momento.  Ella parecía cabreada y no pude evitar ladear la sonrisa porque, al final, había logrado en parte lo que me había propuesto con aquel beso aunque ahora quisiera averiguar por qué esa pureza, por qué no reaccionó como las demás, me intrigaba pero también quería sentir más, saborearla por completo. Me lanzó la vara enfadada y reí entre dientes y me crucé de brazos observándola cuando dijo todo lo que era, ¿acaso yo le había mostrado que no era así, que erraba en sus pensamientos?


-Nunca demostré que fuera lo contrario, siempre te hice ver el demonio que era Astrid, ¿sorprendida por ver que mis palabras eran ciertas? –Pregunté ladeando la comisura de mis labios- ¿qué más podrías querer sino? No podría ofrecerte nada más que mi cuerpo, todo lo demás no lo ha conseguido nadie y tú no serás la primera –respondí a sus palabras y luego enarqué una ceja cuando preguntó si tanto la despreciaba, viendo la rabia y el dolor que impregnaban sus palabras. Dio una patada al suelo levantando algo de tierra que se pegó a mi cuerpo y que me hizo ladear mi rostro para que no me diera en la cara, luego la miré con un brillo en mis ojos- oh, ¿acaso eso que veo y oigo en ti es... pudor, vergüenza? –Pregunté con una sonrisa ladina- ¿por qué, pensabas que no te gustaría tanto que un demonio te tocara? Pues imagínate lo que podría hacer cuando me dejaras indagar más, esto apenas ha sido un calentamiento, ángel –fruncí el ceño ante sus siguientes palabras mientras seguía cruzado de brazos, observándola, con sus mejillas sonrojadas, su pecho subiendo y bajando con rapidez, su voz se elevó en el lugar de tal forma que cualquiera que estuviera cerca podría escucharla, aunque no me gustó lo que dijo y mi mandíbula se tensó por ello cuando dijo que la lanzara a los lobos para que la mataran ya que era una mejor solución a largo plazo. La fulminé con la mirada como si fueran dos dagas que se hundían en ella mientras ahora el silencio reinaba en el lugar por unos segundos, un silencio que solo era el preludio de lo que podría ser de nuevo una tormenta porque sabía que todo no había acabado ahí, que aún tenía más para decirme y yo o bien para callarme, o responderle como siguiera llenando el vaso y me cabreara en extremo. Sin embargo unos aplausos sonaron en el lugar y fruncí el ceño al darme cuenta de que no me había percatado de que no estábamos solos, de entre los árboles apareció una figura conocida que se acercaba a la cazadora aplaudiendo divertido por lo que acababa de pasar. Fruncí el ceño mientras él se acercaba restando la distancia y se jactaba de las palabras de la cazadora alegando que, si mataran, estaría muerto en esos momentos. Keith tenía el don a ves para aparecer cuando menos me lo esperaba, aunque sí sabía que iba a acudir a la cabaña no pensaba que nos pillaría en mitad de aquella tormenta y apareciera de esa manera con aquella entrada, para colmo la alentó a que siguiera porque me gustaba que me hablaran así en lo que gruñí levemente en advertencia para que no se metiera en algo que no le concernía en absoluto y que no iba con él la cosa. Sus palabras solo lograron que la cazadora se fuera airada tras mencionarle las cicatrices, algo que me hizo mirar a mi tío de manera fija por aquello, fulminándolo mientras él sonreía divertido por aquello aunque estuviera también sorprendido por ver allí a una mujer siendo mi lugar secreto, aquel solo ambos conocíamos. Solo cuando Astrid se alejó fue que tras seguirla con la mirada volví a clavar mis ojos en mi tío- tienes el don de aparecer cuando uno menos se lo espera, ¿tenías que abrir la bocaza de esa forma? –Dije a lo que él solamente sonrió de lado mirando el lugar, las varas en el suelo y la tierra removida justo donde habíamos estado besándonos.
-Así que... ¿esa es la famosa cazadora de la que me hablaste alguna vez? –Preguntó como si la respuesta no fuera obvia para él, ni siquiera le contesté porque él sabía demasiado bien leer mis silencios sin necesidad de que hablara. Sus ojos se fijaron en el lugar donde se había ido ella y se mordió el labio- me dijiste  que habíais sido atacados por licántropos y que os dieron latigazos... pero no me dijiste que llevaba también esas marcas tan características, y además, parecen recientes –fruncí el ceño porque no sabía a qué se estaba refiriendo mientras ahora sus ojos se clavaron en mi como si buscara unas respuestas pero no sabía qué era lo que debía de responderle.
-¿De qué estás hablando? Nos apresaron los lobos y nos dieron latigazos sí, pero ella es tan sumamente ingenua que no ha pensado en curarse las heridas con magia como he hecho yo... de ahí que tenga las marcas recientes –él negó con la cabeza mientras sonreía levemente, ¿qué le hacía gracia?
-No hablo de esas marcas, muchacho –odiaba cuando me llamaba de esa forma, sin embargo, no entendía de que estaba hablando... sino eran las marcas del látigo, ¿a cuáles se refería?
-Espera aquí –fue lo único que dije moviéndome antes de que pudiera decir algo más, seguí los pasos de la cazadora sabiendo que había entrado de nuevo en la cabaña con el cuerpo tenso por lo que había pasado, lamí de nuevo mis labios sintiendo su sabor en estos y las ganas de mi cuerpo por continuar por donde lo habíamos dejado. Quería decirle lo que antes no le había dicho, contestarle, empujarla de nuevo hacia ese precipicio al cual la había llevado y verla caer para ver si así de esa forma se alejaba del todo. Quizás decirle que hubiera sido mejor lanzarla a los lobos terminara por destrozarla y ya se olvidara de volver a buscarme, cayera en la cuenta de que no tenía salvación y no la quería tampoco. Mis botas pisaron sobre los cristales de la ventana que me había roto y que, como le había dicho, me pagaría o arreglaría y me adentré abriendo la puerta con fuerza buscando con la mirada a la cazadora, una que vi al fondo del salón con la mochila que había traído sobre la pequeña mesita con la intención de cambiarse de ropa, apenas había desabrochado un par de botones de su blusa ya que se había quitado el corsé en el entrenamiento. Su rostro se giró fulminándome con la mirada como si pudiera leer un “lárgate” pintado en sus ojos, sin embargo avancé sin pararme y cuando la tuve frente a mí la cogí por el brazo con fuerza y la giré para que me diera la espalda, mis manos se colaron por su blusa que estaba un poco abierta a la altura de los hombros y la bajé lo suficiente para ver las marcas en su espalda, y no solo las marcas que había esperado encontrar de los latigazos que estaban ahí, esas tres marcas en donde sentí que la rabia bullía por mi interior buscando venganza, cobrar lo que le habían hecho a su nívea piel, sino marcas que como mi tío había dicho características en un solo sentido: marcas de colmillos- Astrid, ¿qué cojones es esto? –Pregunté enfadado, cabreado por ver las marcas en su piel en lo que claramente era un vampiro por lo evidente de los colmillos y sus orificios en la piel- ¿a qué es lo que estás jugando cazadora? –Mis dedos tomaron su mentó para girar su rostro y que me mirara, estaba cabreado, ¿cómo es que podía haber consentido tal cosa? Iba a darme explicaciones y no la dejaría salir hasta que me dijera la maldita verdad de todo- ¿desde cuándo permites que un vampiro te marque con sus colmillos en la piel, y dejas que beba de ti? Se supone que eres una maldita cazadora y que esa no es tu misión como tal –le espeté cabreado, enfadado, ver esas marcas había hecho que gruñera con fuerza acortando la distancia con ella elevando su rostro para que pudiera verme bien, escuchar bien lo que tenía que decirle- como encuentre al hijo de puta al que le has permitido esto lo mataré, y me importa una mierda que intentes pararme. Eres mía –gruñí contra ella fulminándola con mi mirada, cabreado, enfadado, lleno de ira y de rabia por saber que un vampiro la tocaba, bebía de esa piel nívea, esa piel de porcelana suave e inexplorada dejando mis dedos en su nuca sintiendo el calor que desprendía su piel y dándole más énfasis a mis palabras al acortar distancias y no dejar que se moviera, para que viera que iba totalmente en serio.



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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Oct 10, 2018 1:58 am

Mis pasos hacen eco en la estancia, o al menos así los siento, firmes, acelerados. Doy vueltas por la habitación tratando de respirar hondo y aclarar la mente, me siento embriagada, casi fuera de mí, como si mi cuerpo se hubiese quedado en el claro aún debajo del suyo. Tardo unos segundos en descubrir que el eco constante de mis pasos no son otra cosa que los latidos de mi corazón galopando dentro del pecho. Inspiro profundamente mientras me apoyo en el marco de la chimenea, el calor de las brasas aún candentes se cuela por mis muslos y se mezcla con el mío propio, convirtiendo la sensación en un suplicio extraño. Me paso las manos por el rostro. Esto no ha ocurrido, no con él. No con Naxel. Aún siento sus manos sobre mí, explorando, acariciando sin miedo rincones que jamás debería haberle permitido catar, haciéndome estremecer con un simple movimiento de cadera. Mi piel reacciona a la memoria y extrañamente avergonzada me doy cuenta de la dureza de mis pezones bajo la tela de mi blusa. Un gruñido se escapa de mis labios, nada parecido a los gemidos traicioneros que he susurrado en su oído minutos antes. Con un simple vistazo al exterior compruebo que ambos cazadores permanecen donde están y puedo observar aún de lejos la similtudes entre los dos. No pueden negar que son familia, incluso el porte que tienen es igual. Quizás es mi momento para recoger mis cosas y marcharme, apartarme de una vez por todas de Naxel y de este lugar, de todo lo que lo rodea. Es lo que él quiere. Mi orgullo herido aún se rebela ante tal pensamiento. ¿Cuándo me he rendido yo?

Rebusco en mi bolsa de cuero, aparto alguna de mis armas y saco una blusa de repuesto, de un rosa muy débil. La que llevo está arrugada y llena de tierra, empapada del sudor de ambos.

"Pues imagínate lo que podría hacer cuando me dejaras indagar más, esto apenas ha sido un calentamiento, ángel".

Tengo que apartar el pensamiento fugazmente de mi cabeza. Sus manos en mi pecho, la presión de su cuerpo sobre el mío, su aliento quemando en mi piel, sus dedos explorando mi ser. No debe ir a más. No debo desear más. Es Naxel Eblan. Es un demonio, o al menos es lo que quiere hacerme creer.

Desabrocho las últimas ligas del corsé de forma desesperada, como si el tacto me oprimiera y lo dejo caer al suelo, también me quito las botas como puedo, sin saber porqué. Me sobran capas de ropa y piel. Estoy ardiendo y necesito recuperarme. No es la primera vez que un hombre me toca, maldita sea. Desabrocho los botones superiores de la blusa que llevo puesta con dedos tensos. Me asearé y me marcharé. Se acabó. Fin a todo.

Como si hubiese escuchado mis pensamientos Naxel hace acto de presencia y la mirada que le dirijo no es de recibimiento. En este instante lo deseo y detesto a partes iguales, y jamás en mi sano juicio admitiré lo primero en voz alta. Estoy a punto te gritarle que se vaya, aún cuando soy yo la que está invadiendo su casa, quiero que se aleje de mí cuanto antes. Quieres que te toque y que te posea, dice una voz muy débil y muy, muy lejana dentro de mí.

-¿Qué demonios haces, Naxel?-le increpo cuando con sólo dos zancadas se postra ante mí y me sujeta de forma férrea. El corazón me da un vuelco, mi cuerpo reacciona en un estremecimiento, aún deseoso de más con el simple contacto. Pero algo no marcha bien, algo en sus ojos me lo indica. Me pone de espaldas a él e intento impedírselo sin saber muy bien qué está ocurriendo, porqué ese cambio en su comportamiento donde ya no hay ningún atisbo de pavonería. Un jadeo sale de mis labios cuando sujeta la blusa y la prenda se desliza por mis hombros, el movimiento es tan brusco que rompe un botón y tengo que sujetar la tela para mantener mi pecho oculto-¡Pero qué...!-sus preguntas me confunden, ¿se está riéndo de mí?-Marcas de latigazos Naxel, marcas de latigazos que se curan. No todos tenemos la puñetera suerte de tener a un brujo que...-mi voz, que se había tornado en gritos se corta de pronto. Siento su mano sosteniendo mi rostro para dirigir mi mirada hacia él, escucho sus palabras pero no termino de encajarlas en ningún lugar de mi mente-¿Vampiro?-la palabra casi se me atraganta, la sóla mención me quema en la garganta. Naxel Eblan se ha vuelto completamente loco. Lo observo, me sumerjo en sus pupilas con la esperanza de comprender qué está diciendo cuando lo que verdaderamente deseo es que se aparte, su aura, todo él emana una oscuridad diferente. Un ira a punto de estallar. Cuando vuelve a hablar lo hace despacio, como si quisiera que captase todas y cada una de sus palabras.

Eres mía.

El peso de esa afirmación hace que miles de cristales dentro de mí se rompan. Eres mía, me dice, y en el fondo siento cierto placer, una extraña e inesperada tranquilidad, un alivio prohibido, un deseo anhelante. Observo sus labios olvidando por completo todo lo demás, queriendo ignorar todo lo que acaba de decir salvo esto. Soy suya.

No tiene sentido, ¿un vampiro? ¿bebiendo de mí?

Eres mía.

Me doy cuenta de que he dejado de respirar, paralizada, completamente helada. Ya he escuchado esas palabras antes, me han perseguido desde la noche en la que perdí a mi familia. La nota sobre el cuerpo de mi madre, el último aliento de mi hermano. Joffrey Lemarc, el hombre que asesinó y arrasó con todo cuanto amé, el hombre que cambió mi vida para siempre y me convirtió en sus esclava de sangre. Un vampiro.

Con un jadeo ahogado aparto a Naxel, lo empujo con toda la fuerza de la que soy capaz y avanzo con la mirada desorbitada hacia la ventana, buscando mi reflejo, tratanto de comprender aún sabiendo, muy en el fondo, lo que voy a encontrar. Marcas de mordiscos. Marcas que hasta este instante no habían estado sobre mi piel aparecen y desaparecen como si estuvieran ocultas por una cortina de humo, como si mi concienca no fuera capaz de asimilarlo. Deslizo la punta de mis dedos sobre la piel y allí donde pasan algunas marcas aparecen y vuelven a esconderse, como huellas en la arena borradas por las olas.

-No puede ser...-susurro, no es real-No, no puede ser...-todo el color que hubiera en mi rostro se esfuma como si me hubieran drenado, mi voz permanece neutra, mi cabeza va a mil por hora. Una pieza acaba de colocarse en su lugar, todo encaja. Rápidamente desabrocho los únicos dos botones que quedan intactos y tiro la prenda. Mi piel desnuda reacciona a la brisa que se cuela por la ventana, me observo pálida y pequeña, las marcas vienen iban y descubro horrorizada que ocupan casi todas las superficies visibles. Mis hombros, mi cuello, mis brazos, mi pecho-Nax...-murmuro, hay un timbre aterrado en mi voz por mucho que procure evitarlo-Naxel, yo no... No comprendo... no puede ser...-Trato de encontrar la forma de expresar mis sospechas, porque realmente sé qué ha ocurrido pero no soy capaz de ponerle voz a tal aberración-¿Cómo no he sabido verlo? ¿Cómo no me he dado cuenta antes...?-paso una mano sobre mi cuello marcado y guardo silencio mientras trabajo para enterrar el terror que siento en este momento, dejando que la parte racional de mí misma tome las riendas, con mucho esfuerzo. Sólo hay silencio, de repente la estancia parece muy oscura y, de no ser por su respiración podría haber afirmado que Naxel me había dejado sola. Quizás sería mejor que me dejara sola. Me giro hacia él, buscando sus ojos, algo que pueda ayudarme a comprender, algo a lo que aferrarme. Estoy semidesnuda ante él y, si bien podría haber sido tentador minutos atrás, ahora sólo me siento como un destrozo, mancillada, minúscula y débil. Mi pecho sube un baja, tersos por el frío que siento a pesar dela calidez de la tarde, mi respiración agitada, mis dedos temblando.

-Nax.
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Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Vie Nov 09, 2018 8:05 pm

Mi tío había llegado en el momento más oportuno, lo reconocía, había llegado justo cuando la cazadora me plantaba cara de nuevo de una forma que nunca antes lo había hecho porque nunca, jamás, había tenido la necesidad de hacerlo aunque eso no era del todo cierto. La verdad es que se estaba envalentonando cada vez más en mi presencia y no sabía el motivo, quizás porque el miedo inicial que ella tenía cuando nos conocimos había quedado relegado a un segundo plano con todo lo que había pasado entre ambos, sobre todo desde aquella noche que para mí lo había cambiado todo y había hecho que tomara la decisión de alejarme más de ella porque no podía ser, no podía dejar ni consentir que se acercara tanto a mí y que intentara llegar a esos lugares donde no había dejado que nadie, salvo mi tío y Liara pero especialmente esta última, llegara con anterioridad. Sabía que la cazadora no me convenía y para mí el modo más fácil de alejarla era decirle que precisamente caería y se convertiría en un ángel caído de alas negras, que la oscuridad la atraparía y que al final sería engullida y devorada por esta porque era lo que pasaba con cazadoras como ellas con tanta luz; en un mundo plagado de oscuridad por el que se movían acababan siendo completamente devoradas. Era la forma que tenía de alejarla, además, no entendía por qué cuanto más la alejaba ella más se acercaba y no se daba por vencida, ¿qué era lo que esperaba conseguir de mí? ¿Qué era lo que quería? Porque si era salvarme ya le había dejado más que claro que no quería que lo hiciera y además no llegaría a hacerlo porque simplemente yo no quería ser salvado, me gustaba el mundo de tinieblas y de oscuridad por el cual me movía y la luz me parecía tediosa y aburrida... por eso había erigido murallas en torno a mí persona, por eso llevaba tantas corazas puestas: principalmente para que nadie se colara por ellas y me diera un punto blanco por el cual atacarme, una debilidad con la que podrían hacerme daño... bastante tenía con mantener lejos a Liara como para dejar que alguien más me diera un punto débil, algo que odiaba a cotas insospechadas. Sin embargo y a pesar de convencerme de ello siempre trataba de darle otros motivos para alejarla, por ejemplo, el que quería mi cuerpo. No nos conocíamos demasiado como para saber qué era lo que había hecho la cazadora o no, tampoco me importaba, pero por lo que había visto de ella y las reacciones que había tenido ante mi cercanía me decía que no eran demasiadas sus experiencias como para no achantarse con eso. De ahí que tirara también por esa vía, si lo que sentía era curiosidad, si lo que quería era mi cuerpo... bien, ¿por qué no dárselo y así que se quitara esas fantasías que revoloteaban por su cabeza constantemente? Fue por eso por lo que pasó ese beso entre ambos sobre la tierra tras el entrenamiento, y aunque me gustaría decir lo contrario lo cierto es que una vez que había empezado –y lo había hecho por la sencilla razón de darle otro motivo para mantenerla alejada- y lo había hecho por fastidiarla, una vez continuamos lo cierto es que yo mismo había querido más, más de sus besos, tomarlos a mi antojo mientras ella me seguía como podía, mis manos marcaban las curvas iniciales de su cuerpo, sus glúteos que repasé con mis dedos hasta alzar su cintura moviendo mi cadera contra ella, sus pechos bajo el tacto de mis manos... era perfecta, de una forma que no me había dado cuenta hasta el momento.

El rubor de sus mejillas, los jadeos que escapaban de sus labios junto a esos trémulos gemidos que intentaba contener, ¿a quién pretendía engañar ella? Lo deseaba, y aunque me hubiera gustado hacérselo ver debía de callar porque yo no era diferente en ese aspecto con ella. Y de nuevo volvió a resurgir alzándose para dejarme claro que no era una vulgar ramera, claro que no lo era, pero herirla era mi modo de alejarla de mí porque ya había probado la manzana de la tentación y un mordisco no le sería suficiente, ya no. Y mi tío hizo su aparición estelar seguramente disfrutando de lo que ella me decía, del tono de sus palabras, de los mordaces que eran mientras yo cruzado de brazos la observaba. Se alejó manteniendo unas distancias que necesitaba y no fue hasta que Keith habló que me hizo fruncir el ceño cuando habló de las marcas. Sí, sabía de sus marcas porque estuve presente en el mismo jodido momento en el que el látigo chasqueó la fábrica y mordió la carne de su espalda lacerándola... recordarlo hacia que mi furia, mi ira y el demonio de mi interior rugieran con fuerza. Fruncí el ceño cuando dijo que no se refería a esas marcas, ¿entonces? Le pedí que esperara y seguí los pasos de la cazadora que se había adentrado en la estancia para cambiarse la ropa, seguí hasta llegar a donde se encontraba para ver que su intención era cambiarse y seguramente irse por lo que había pasado... sin embargo ahora mi intención era retenerla y averiguar de qué hablaba mi tío. Y fue entonces cuando lo vi, las “marcas” que él había mencionado quedaron expuestas, claras y nítidas, frente a mis ojos descubriendo la verdad. Algo estalló en mi interior al verlas, algo rugió con fuerza desde mi pecho y resté la distancia girándola aun cuando en sus ojos podía leer un “márchate” bien claro. La increpé, le recriminé sobre dichas marcas, los colmillos de un vampiro marcados perfectamente en su nívea piel, pura e inmaculada como ella, como eran los ángeles... eso no se suponía que debía de hacer un cazador, y eso me enfureció más de lo que en un principio había pensado. Rugí, le gruñí cuando intentó excusarse con sus marcas haciéndome creer que eran del látigo pero lo que veía en su espalda eran unas marcas muy distintas. Que intentara engañarme de esa forma me enfureció todavía más, tanto, que aunque la había girado para que me diera la espalda mi mano fue a su rostro para tomarla del mentón, girarla, y que quedara frente a mí alzando así este para que viera bien mis ojos. Las palabras salieron de mis labios sin apenas controlarlas, furioso, cabreado, más sentimientos oscuros que se asemejaban demasiado corrían por todo mi cuerpo mientras dos palabras clave salían de mis labios. Un “eres mía” que pareció marcarla porque así era, ella era mía y como me enterara del hijo de puta que la estaba mordiendo, manchando con sus asquerosos y necrófilos colmillos su inmaculada piel... iba a matarlo. Mejor aún, lo torturaría para dejarlo expuesto al sol e ir quemándolo progresivamente para que sintiera el máximo dolor posible que un vampiro pudiera experimentar.

Su pregunta sobre el vampiro me hizo fruncir el ceño y no soltar su agarre, no porque algo en su rostro cambió, algo en su mirada pareció dudar como si no supiera de lo que estaba hablando quedándose momentáneamente paralizada. La observé esperando sus palabras cuando lo que hizo fue apartarme, se alejó mientras yo no quitaba mi vista de ella para buscar el espejo que hay cerca y mirarse en este buscando las marcas que yo había mencionado y que había visto en su espalda. Susurró que no podía ser y yo fruncí más el ceño sin entender nada de lo que estaba diciendo, ¿acaso ella no había visto esas marcas? Eran demasiado claras y nítidas como para no verlas en el espejo de su habitación, sin embargo sus gestos, el tono de su voz y lo pálida que se vio en cuestión de segundos me hizo saber que en realidad ella no sabía nada y se daba cuenta ahora de que esas marcas estaban en su cuerpo. Eso me preocupó porque, ¿cómo una cazadora como ella no va a darse cuenta de que un vampiro la ha mordido? Y casi como si hubiera lanzado la pregunta, obtuve la respuesta de manera inmediata: porque no lo sabía. Era demasiado extraño que ella, sabiendo de ese mundo, no se diera cuenta de esas marcas y el hecho de que supiera en ese momento frente a mí que las tenía... quería decir que ella, antes, no las había visto. Se desabrochó la blusa queriendo comprobar hasta donde llegaba el alcance de las marcas, algo que yo no quería saber realmente, pero al final la prenda cayó dejándola semidesnuda a unos pasos de mí. Crucé mis brazos sobre el pecho y gruñí al ver las marcas en su espalda, pero por el reflejo de ella en el espejo, pude ver que no solo se extendía hasta su espalda sino que iba hasta su cuello, su clavícula.... gruñí y aparté mi mirada porque de saber más iba a volverme más enfurecido de lo que estaba y acabaría por romper todo lo que había en la cabaña, reduciéndolo a pedazos como quería hacerle a ese maldito desgraciado. Fue su voz llamándome otra vez por ese diminutivo que solo Liara empleaba, ese terror y miedo en su voz, lo que hizo que la mirara de nuevo. Estaba aterrada, asustada porque no llegaba a comprender lo que había pasado y buscaba respuestas en mí, unas que había obtenido solas tras mi pegunta en mi cabeza porque conocía a los vampiros, y sabía lo retorcidos que podían ser. Ella se preguntaba por qué no había podido verlo antes, y la respuesta era demasiado evidente, tanto que incluso daba hasta miedo: porque así lo había querido el vampiro. Uno seguramente especializado en la mente, en alterar la memoria para que ella no se acordara y además algún tipo de habilidad o hechizo que hiciera que no viera sus marcas, pero ahora que yo las descubría salían a la luz y eran visibles para ella. Y se giró, y la maldije mil veces en mi fuero interno porque no quería verla, inevitablemente mis ojos repasaron cada una de las curvas de su cuerpo; mis ojos fueron a sus pechos expuestos para observarlos aunque lejos de lo que cualquiera pudiera llegar a pensar no lo hacía de una manera lasciva, lo hacía con furia e ira por ver hasta dónde ese hijo de puta se había atrevido a llegar y apreté mis puños con fuerza, de haber tenido algo en mi mano lo habría roto en mil pedazos. Espalda, cuello, clavículas, brazos, su pecho.... hasta en su pecho tenía esas malditas marcas y si antes era hombre muerto ahora juraba que no lo mataría; lo torturaría hasta que yo me muriera y me encargaría de dejarlo en un lugar encerrado, abandonado y sin posibilidad de que lo encontraran para que se muriera de hambre. Mis ojos se alzaron hasta encontrar los suyos y aunque me había visto contemplarla semidesnuda en nada se podría haber comparado a cómo la hubiera mirado diez minutos atrás de haber pasado. Su piel nívea, sus pezones rosados en contraste... pero solo podía leer furia en mi mirada, furia y una ira asesina.



-Maldito hijo de puta –ladré sin evitarlo, con la ira fluyendo por todo mi cuerpo y la mirada oscurecida no por el deseo, sino por el instinto asesino que había nacido de mi interior. Su voz llamándome de nuevo hizo que la mirara a sus ojos de manera fija, la sentía perdida, asustada como una niña pequeña en mitad de una fuerte tormenta que no entendía lo que pasaba y necesitaba una explicación, necesitaba a alguien que la apoyara y estuviera ahí para ella... a mí. Y yo no era de ese tipo de personas, yo rehuía cualquier cosa que tuviera que ver con todo eso, con los lazos, con profundizar más en una persona... y sin embargo y contra todo pronóstico resté la distancia caminando con paso firme y seguro que resonó sobre la madera del piso hasta quedar frente a ella. Incliné mi cabeza para poder mirarla bien dejándola casi a su altura y actué sin pensar, por inercia: mis brazos se liberaron de estar cruzados y la rodearon cubriéndola, envolviéndola para pegarla a mi pecho y que apoyara su cabeza en ese lugar. Mis dedos se enredaron en su pelo y apoyé mi barbilla en su mejilla para cerrar los ojos, temblaba ligeramente y no tenía que ver con el frío del exterior, sino por lo perdida, asustada y atemorizaba que estaba. Algo me hacía pensar que ella ponía nombre a ese maldito vampiro, algo sabía y no había hablado todavía. Sus brazos se alzaron para rodear mi espalda y aunque evitaba ese tipo de cosas, por esa vez, dejé que lo hiciera. Su piel rozándose con la mía directamente se sentía cálida, a tal punto que podría llegar a obnubilar con esa luz que ella desprendía. Su pecho pegado contra el mío mientras acariciaba su espalda y de alguna forma la reconfortaba, aunque yo no sabía mucho sobre eso- no va a hacerte daño Astrid, no ahora que lo sabemos y que eres consciente de lo que pasa –dije cerrando los ojos un momento tomando aire, aquello era un nivel y una barrera que yo nunca había querido cruzar ni llegar- te prometo que daré con ese hijo de puta y cuando lo encuentre va a haber lamentado enormemente haberte mordido –el tono de mis palabras era claro; frío, bajo y cortante en una promesa de muerte que cumpliría- no va a pasarte nada, no mientras yo esté contigo -¿por qué esa maldita mujer se empeñaba en derribar los muros que tan fuertes y altos había construido? No lo sabía, pero se empeñaba y empeñaba y me daba en cierto sentido miedo que no cesara nunca... y llegara a lograrlo- seguramente tenga poderes relacionados con la mente y te ha hecho olvidar todo, ha creado una falsa ilusión para que no puedas verlo... por eso no te habías dado cuenta antes –la separé para tomar su rostro entre mis manos- escúchame Astrid; no va a pasarte nada –aseguré mirándola para asegurarme de que entendía esas palabras- no voy a dejar que se acerque de nuevo a ti, no ahora que lo sabemos. Es vampiro muerto, lo reduciré hasta que no queden ni sus cenizas –aseguré gruñendo lleno de rabia y de ira, de pura furia. Ella seguía temblando, allí semi desnuda plantada en mitad de mi cabaña y lancé un suspiro para tomar una manta que había en el sofá y cubrirla para tapar su cuerpo, la alcé entre mis brazos porque parecía que le costaba reaccionar y la dejé sentada y tapada para que no siguiera expuesta, no ahora, no así. La observé apartando unos mechones de su rostro y alcé su barbilla con mis dedos- ¿qué es lo que sabes y no me estás contando, Astrid? Si no me cuentas la verdad no voy a poder protegerte. Tú sabes mi verdad, es hora de que yo sepa la tuya –demasiado extraño viniendo de mí pero... incluso hasta yo estaba sorprendido- sé que puede ser complicado y difícil, sé que puede costarte pero... necesito saberlo todo para entender a qué me estoy enfrentando, por qué tú, por qué poner un hechizo de ilusión sobre ti –los vampiros rara vez atacaban así a un cazador- sabes quién es, lo sé por la expresión de tu rostro y el miedo en tus ojos, no es un miedo que se tenga a algo desconocido –aseguré porque de eso entendía bastante- quiero ayudarte, así que necesito que me digas lo que ocurre y que me cuentes quién es y por qué un vampiro haría tal cosa a un cazador –podía parecer que estaba tranquilo, pero por dentro era totalmente lo contrario. La miré y callé para que hablara, pero mi calma y mi nula paciencia harían acto de presencia si no decía algo y me contaba lo que sucedía. Ella era mía, y por lo tanto nada ni nadie iba a tocarla, solo yo.



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Naxel Eblan
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Re: Demon || Naxel Eblan

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