Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Escuchando a la muerte susurrar (privado)

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Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Dom Nov 19, 2017 5:30 am

Búsqueda incesante la que me había llevado junto al cambiante equino a sortear el océano hasta dar con tierras noruegas.
Por lo que sabia, la información dada por soldados de sus propias tierras, aquel hombre llamado Stan había acudido a Akershus, la fortaleza de conde Cannif, para ayudarse mutuamente en interese conjuntos.
Yo solo quería la verdad, una que parecía serme negada desde el día que vine a este mundo.
No era un ingenuo, solo era un bastardo de un hombre de buen apellido, posiblemente no recordaría a mi madre y de hacerlo, preferiría olvidarla, pues no era mas que una puta a la que recurrió en un momento de debilidad.
No esperaba nada, solo verle la cara, conocer mis raíces, con eso me bastaba.

Sobre mi amigo inseparable atravesaba uno de los senderos que bordeaba la montaña, el paso de Hemsil estaba siempre vigilado por saqueadores, así que preferimos no tomarlo aunque asi el camino fuera mas largo.
Lo que me hizo detenerme fue el escuchar gritos, ladeé la cabeza escuchando con atención con mis sentidos felinos para precisar lo que pasaba.
Mas no solo yo lo percibí, Gilmore, mi compañero, se elevó sobre sus patas traseras y tras apretar mi cuerpo contra su lomo nos pusimos al galope para auxiliar a esa gente.

Fuego, olor a sangre, sin duda habían saqueado los carromatos, prendido fuego a lo innecesario y matado a las personas que atraviesan estos lindes.
Me apeé de la montura, Gilmore golpeó con su hocico mi espalda.
-Tranquilo, iré con cuidado -aseguré acercándome a una de las mujeres que encontré ensangrentada pero con la espalda apoyada en una de las ruedas del carro.
Su pecho subía y bajaba de forma pesada, creo que se ahogaba en su propia sangre, me agaché frente a ella para poder socorrerla, mas no me costó demasiado saber que para ella era tarde.
-¿hay supervivientes? Le pregunté -acomodándola en el suelo para hacer mas cómodo su viaje -¿podemos ayudar a alguien?

Tres mujeres salieron de golpe, no diré que me sorprendió, las habia escuchado. Alcé las manos en señal de paz, no estaba allí para robarles, nada les quedaba, si no para ayudar a esa pobre gente.
Elevé la mirada chocando con los verdes de una pelirroja que manchada de tierra y con claros signos de haber luchado me miraba desafiante.
-Vengo a ayudaros -aseguré -vamos rumbo a la fortaleza de Akershus y el humo nos ha hecho desviar el camino pensando que podríamos ser de ayuda. Mi nombre es Sloan -me presenté con educación -este no es lugar seguro ¿hay mas supervivientes?

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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Miér Nov 22, 2017 11:32 pm

Atravesábamos las tierras noruegas en una caravana compuesta de una decena de carromatos. Mi curiosidad me llevaba a veces a observar por la ventana, algo aburrida. ¿Qué era un viaje si tenías que permanecer adentro de una carreta en lugar de tomar forma lobuna y trotar sintiendo la fresca hierba bajo tu andar?

Estaba deseosa de que llegásemos pronto a nuestra siguiente parada, salir, estirar mis piernas, observar más de esa tierra extranjera, simplemente moverme en lugar amplio en lugar de permanecer sentada. Mis acompañantes me escuchaban resoplar, cruzada de brazos, algo malhumorada por el encierro. Llevábamos ya varios días atravesando tierras noruegas, deteniéndonos únicamente al llegar el anochecer, volviendo a partir al amanecer.

Yo era muy inquieta y deseaba salir, sobre todo al ser testigo del amplio terreno que se vislumbraba ante mis ojos. Estaba precisamente poniéndome de pie para saltar del carromato y reclamar mi derecho a ejercer mi libertad, cuando este se detuvo de forma abrupta y la primera flecha incendiada atravesó el espacio desde las altas montañas para clavarse en un costado de nuestro transporte.

Todo sucedió demasiado rápido, antes de que el fuego quemase todo y mermase el número de los nuestros, estábamos siendo atacados…

-------------------------------------------------------------------------------------------------

En el interior del carromato llevé mi dedo a mis labios, indicándole a las dos mujeres que se mantuviesen completamente inmóviles. Con mis sentidos bien aguzados distinguí un par de sonidos golpeando el suelo, un trote sobre la hierba y luego pasos… se iban acercando. Le hice señas a mis acompañantes para que se mantuvieran detrás de mi mientras me ponía de pie con un gruñido, como si así pudiera sofocar el clamor de mis heridas.

Concentré mi mirada desconfiada en el sujeto de la voz que se proclamaba un amigo. Mi cabellera rojiza caía en desorden hasta mi media espalda, tenía múltiples rasguños y raspones en mi rostro y mis brazos, mi pecho estaba agitado, y mi mano derecha caía a mi costado aferrando el mango de mi espada con fuerza.

Después recordaría la primera vez que le vi a él en medio del humo, como si de alguna manera el tiempo me hubiese llevado hasta ese momento, como si las líneas del libro de mi destino hubieran garabateado que tenía que suceder.

De espalda ancha, cintura estrecha, y largas piernas, la piel ligeramente curtida por el trajinar, con el cabello oscuro destellando el color de la noche, la mandíbula firme y sus ojos rasgados similares a los de un salvaje felino. Mi mirada se mantuvo en ese rostro, como si verlo fuese similar a encontrarme de pie frente al lago Ness y observase en sus profundidades un misterio que se desplegaba únicamente ante mis ojos.

Fue el quejido de mi compañera, lo que me hizo desviar mi mirada clavada en él. Apreté los labios en un esfuerzo y me moví para atraparla antes de que cayera al suelo.

Estábamos heridas, no sé ni como me mantenía en pie, una mancha escarlata teñía mi vestido debajo de mis costillas acompañando la sensación caliente del líquido que manaba de ella, producida por algo más que un arma hecha para simples mortales.

-Mis compañeras necesitan cuidados... Nos caería... bien un guía hacia esa fortaleza de la que hablas.- Mi voz sonó forzada, apenas mantenía mis párpados abiertos, cómo saber que no me estaba imaginando al recién llegado, era demasiado oportuno que alguien pudiera tendernos una mano. Usualmente hubiera presentado más resistencia pero puede que la diosa Morrigan ya me quisiera con ella. El sol dejó de iluminar mis alrededores y la oscuridad se coronó como la soberana de estos…
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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Jue Nov 23, 2017 6:25 am

Su pelo de fuego era mecido por el viento, ojos verdes, felinos que abanicados por las pestañas se entrecerraban.
Su cuerpo se tambaleaba, heridas esas mujeres no aguantarían con vida si allí a su suerte las abandonábamos.
Asentí al escucharla decir que le vendría bien mi ayuda, era orgullosa, su porte me lo decía, era una escocesa fiera y solo por ello merecía el respeto del hombre que en silencio la miraba en ese momento.
Antes de que se desplomará di un par de pasos hacia ella aferrándola entre mis brazos.
-Te tengo -aseguré en un susurro tratando de calmarla.

La dejé despacio sobre la hierba, aflojé los correajes de su armadura para que el aire le llegara con mayor facilidad.
-Aguanta un poco -susurré apartando los mechones de fuego de su rostro mientras palpaba con mi mano por debajo del hierro las heridas que tenia.
Sangre, una herida sangraba en abundancia, tenia que detener la hemorragia o no llegaría a Akershsus.

El fuego prendido me bastó para calentar el acero hasta que lo tuve al rojo vivo, en ese instante lo llevé a su piel, contra ella o pegue haciéndola gritar de dolor mientras se aferraba a mi mano entre gruñidos.
-Ya esta -aseguré apartando el acero, el olor a carne quemada llegaba con facilidad a mis sentidos felinos y sin mas la doncella se volvió a desplomar.
Me acerqué a la otra mujer inconsciente, no racionaba, mis dedos en su yugular confirmaron la evidente noticia, no tenia pulso, la muerte le había ganado la partida.
Mórrigan la acogería como diosa de los espectros que era, nada mas por esas mujeres podíamos hacer en estos momentos.

Alcé entre mis brazos a la joven pelirroja y la monte sobre Gilmore para llevarla a la fortaleza de Akershus, allí salvarían su vida.


Tras entrenar con “mi padre” regresé a la enfermería donde dejé a la escocesa.
Aun no había despertado, pero me dieron un buen parte, sanaría, habíamos llegado a tiempo.
En silencio me limité a sentarme en la silla junto a la camilla dándole vueltas a todo lo que me haba ocurrido desde que pisé aquella fortaleza.
Stan había aceptado a entrenarme, no sabia que era su hijo y francamente no pensaba decírselo. Él quería ver de que pasta estaba hecho, yo quería ver de él lo mismo.
Si confesaba la verdad, quizás me mandara lejos, nunca podría conocer mis raíces, ahora se me brindaba la oportunidad de saber como era mi padre sin la necesidad de encontrar rechazo por su parte.





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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Jue Dic 14, 2017 12:22 am

Ignoro cuanto tiempo permanecí inconsciente, solo se que cuando desperté lo hice con un sobresalto. A mi oído llegaba aún el ruido de nuestros atacantes, el olor a humo y fuego que iba quemando de forma implacable los carromatos. Por un momento no supe ni donde estaba, solo escuchaba los gritos de guerra y de agonía, nos habían tomado por sorpresa aprovechándose del escondrijo que les prodigaban las montañas y el terreno conocido para ellos.
 
Miré a mi alrededor confundida, no recordaba bien lo último que había vivido, incluso me costó enfocar la mirada, lo veía todo borroso, lo cual no sirvió para serenarme, todo lo contrario, desató mi inquietud. En cuanto me moví para intentar levantarme lancé un gruñido, me dolía terriblemente el costado en la zona superior de mis costillas. El esfuerzo no me permitió alzarme y volví a caer de nuevo sobre la camilla en la que descansaba.  
 
-Ah ¿dónde estoy?- Mi olfato y mi oído, más agudos que de costumbre, se enfocaron en mis alrededores. Di un respingo cuando percibí que había alguien muy cerca, sentado a un lado mío.

Allí estaba él… el hombre que nos había encontrado, ahora recordé con más claridad, la forma en que apareció y como había cauterizado mi herida. En aquellos instantes me había parecido que me imaginaba su presencia.
 
Parpadeé un par de veces, no lo veía bien, aunque mi atención se abstrajo en él, por momentos  percibía esos ojos felinos, y hacerlo me mantuvo en esa misma posición, absorta en ellos. -¿Qué…? ¿Quién eres?-
 
Mi confusión fue dando paso a la realidad, comenzaba a recordar lo sucedido. -¿Rhona?- había caído en mis brazos frente a la carreta, estaba herida, en peor estado que yo misma... Le había pedido al desconocido que nos socorriera. -¿Dónde está Rhona?-

Los atacantes que iniciaron el asalto lo hicieron muy bien provistos, habían provocado que algo distinto entrara en mi torrente sanguíneo… sus armas no eran comunes, ni tampoco la flecha que se había hundido en mi carne, tenía ponzoña... plata y algo más... 
 
Hice acopio de fuerzas para levantarme de un tirón, mi obstinación provocó que múltiples gotas de sudor perlaran mi frente. Me arrastré hacia el borde de la camilla y me puse de pie, parches negros se instalaron en mi campo visual. Gruñí instintivamente, sentía la necesidad de transformarme en lobo pero estaba demasiado débil como para tan siquiera inducir el cambio. 
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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Jue Dic 14, 2017 6:25 am

La cambiante abrió los ojos, desubicada su único empeño era saber donde estaba y el paradero de su amiga.
Me alcé de la silla, la escocesa me fulminaba con sus ojos lobunos, nerviosa veía como el instinto salvaje se apoderaba de ella y si no se producía el cambio de piel era porque la debilidad la ataba a la forma humana.
-Tranquila -pedí tomándola entre mis brazos antes de que su impulsividad la llevara de bruces al suelo -te lo explicaré todo, pero para eso necesito que te sientes de nuevo en la camilla y me escuches ¿de acuerdo?

La loba no era precisamente una mujer confiada, pero..¿acaso tenia otra opción? Si la quisiera muerta ya lo estaría.
La joven pelirroja se dejó guiar de nuevo hasta el lecho, sentada buscó mis tormentas.
-Tu amiga estaba muy herida, no sobrevivió, no logré estabilizarla, no soy medico, hice lo que puede pero no fue suficiente.
Tu aguantaste hasta alcanzar la fortaleza de Akershus -dije señalando lo que nos rodeaba -esto es la enfermería de Akershus, llevas aquí desde que llegamos.

Sus nervios no menguaban, rodeé su cintura con mi brazo para darle un poco de apoyo, se había quedado sola.
-Ahora solo has de pensar en ponerte fuerte ¿de acuerdo?
Dar malas noticias nunca fue mi fuerte, la joven parecía meditar mis palabras como si no supiera que hacer tras la información recabada.
-No puedes irte, ni siquiera te tienes en pie.

Era la hora de entrenar, mi padre me había pedido que fuera con los jóvenes para aprender los movimientos de la batalla. Así que cuando el cuerno sonó me puse en pie.
-Tengo que ir a entrenar, volveré después y si te encuentras bien, puedo llevarte si las enfermeras me dan permiso a dar una veta por Akershus, se lo que es para un animal salvaje estar encerado.
¿Necesitas algo? -pregunté

Tras su negativa me largue hacia el patio de armas, entendía que necesitaba descansar y rumiar lo que le había dicho.


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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Vie Ene 05, 2018 9:13 pm

-Tu amiga estaba muy herida, no sobrevivió…- Ni siquiera atiné a escuchar más después de esas palabras, la comprensión de lo que me decía me sobrecogió con fuerza. Había crecido con Rhona, aprendí a caminar al mismo tiempo que lo hizo ella. Yo era la temeraria, la inquieta, la que se dejaba llevar por sus impulsos, mientras que ella era la que usaba la cabeza. De las dos era yo quien tenía más probabilidades de vivir una vida más corta y aquí estaba… Nada tenía sentido, como tampoco la tenía la muerte de ninguno de los míos.

El joven dijo algo acerca de irse a entrenar, pero mi mente revivía lo sucedido, las imágenes me golpeaban como latigazos una y otra vez y mi pérdida no me permitía pensar en otra cosa. Mientras se alejaba lágrimas silenciosas resbalaron por mis mejillas.

Minutos después volví a intentar levantarme, decidida a regresar al lugar de los hechos, un par de enfermeras acudieron a restringirme pero estaba alterada y no entendía razones. Tal era mi grado de agitación y la insistencia de mis gruñidos que tuvieron que sedarme para impedirme que me marchara. Me costaba separar la realidad de los sueños, por momentos volvía a abrir los ojos y me veía en la camilla, y otros estaba devuelta en la carreta, viajando por el camino, murmurando acerca de mi deseo de saltar de ella…

Transcurrió la noche y trajo de vuelta otro día… volví a abrir los ojos para encontrar otra vez mi vista nublada. Pasaron varias horas antes de que un médico acudiera a hablar conmigo, el sedante me había mantenido en una especie de duermevela. Dirigió una luz a mis ojos y dijo que el efecto del veneno debería de ir pasando, que los próximos días serían determinantes para mi recuperación. En pocas palabras, no pudo asegurarme nada con respecto a mi visión… aunque no me lo dijera así.

No me escuchó cuando le hablé de la posibilidad de conseguir un cuervo para enviar noticias a mi clan… Se limitó a darme un par de golpecitos en el brazo como si se dirigiera a una cría delirante… Maldición, tenía que enviar noticias a casa…

Salí de mi inmovilidad, aferrándome al borde de la camilla, el dolor provocado por el esfuerzo casi vuelve a tumbarme en la misma. Me apoyé sobre mis codos tensando la mandíbula y volví a intentarlo.

Minutos después en una de las plazas se armaba un jaleo, un grupo de unos cinco o seis hombres me rodeaba, dando voces entre ellos. En mi forma de loba roja les gruñía, no podía ver bien pero me mantenía amenazadora, mostrándoles mis dientes afilados. Me habían interceptado a medio camino y uno de ellos se acercaba balanceando un garrote en la mano.


Última edición por Shannon Kincaid el Sáb Feb 17, 2018 9:25 pm, editado 1 vez
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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Dom Ene 07, 2018 5:24 am

Los vocifeos y el jaleo que se aglomeraba en la plaza de Akershus, el ruido me hizo correr hacia el lugar, olía a animal, lobo.
No me costó reconocer su aura en cuanto estuve lo suficientemente cerca como para ver aquella preciosa loba roja que enseñaba los colmillos dispuesta a defenderse de los vikingos que la asediaban.
Era esa joven escocesa que traje malherida, todavía lo estaba y haber mutado solo hacia que empeorar su estado.
Me adentré entre las masas para situarme frente al animal dándole la espada para dirigirme a los norteños.
-No es un lobo, es una cambiante -gruñí desafiante, baja ese palo, la estáis asustando.

Los vikingos no parecían acabar de fiarse de mis palabras a fin de cuestas era un extranjero y Akershus siempre estaba en peligro por los continuos ataques de Randulf.
En ese instante vi como un enorme lobo blanco saltaba al circulo, sus ámbar centellearon, bastó para que el resto le mostraran respeto, Ulf, el general, un cambiante como nosotros, leyenda en Akershus había disuelto aquella masacre sin necesidad de hablar.

El lobo se acercó a la roja y mordió su cuello levemente, como si la reprendiera. Ese era el modo en el que lo hacían los lobos, ella mostró sumisión, aquel animal era impresionante, desde sus movimientos a como se imponía con una seguridad atroz.
Se largó de allí sin mas, dejándonos a los dos solos, mis ojos se clavaron en los ambarinos de la loba.
-¡No deberías haber salido de la enfermería y menos con tu forma animal ¿que cojones crees que haces?!

Alcé las manos ofuscado, no la había salvado para que ella sola arriesgara su puñetera vida.
-Vas a volver a la enfermería, cambia de forma -le ordené quitando de encima de mis hombros las pieles, que te vea el doctor, te ayudaré en l oque necesites pero huir de Akershus no es una puta opción, todos han muerto, créeme, no tengo motivos para mentir y fuera de esa ciudad hay guerra, muerte y destrucción, así que relájate.

Clavé mis ojos en los de la loba sujetando las pieles.
-No tengo todo el día -la instigué moviendo las pieles ante sus ojos para que cambiara.





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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Jue Ene 18, 2018 7:30 am

Mi figura de loba continuaba con el lomo arqueado mostrando los colmillos, dispuesta a defenderme. No le había hecho absolutamente nada a nadie, y por más que mis heridas me jugaran una mala broma llevándose la mayor parte de mi usual energía, si iba a partir de este mundo al menos lo haría con la cabeza en alto, nadie podría acusarme de cobarde.

Lancé un gruñido con el que les anunciaba que no pensaba permitir que me amilanaran cuando aquella voz masculina llegó a mis oídos. El cambiante de los ojos felinos, ni siquiera tuve que poder mirarlo bien para descubrir que se trataba de él.

Sin embargo, aunque hubiese decidido ponerse frente a mi para presentarles la cara y algunos argumentos a mi favor los norteños no parecieron convencidos, aún podía sentir la alteración del espacio al mecerse un garrote por lo que mis colmillos afilados aún se dejaban ver.

El asunto seguramente hubiese continuado y no estoy nada segura de que no hubiesen avanzado incluso llevándose al joven por delante de no ser por la repentina aparición de un lobo blanco. En cuanto hizo acto de presencia, los ánimos se apaciguaron como por arte de magia. Los bravucones bajaron los garrotes y comenzaron a dispersarse. Para entonces estaba tan extenuada que me dejé caer sobre el suelo flexionando mis patas delanteras, me había salvado de una buena, lo sabía, estaba demasiado débil aún.

Le respondí al lobo blanco frotando mi hocico contra su cuello en señal de agradecimiento y le sentí partir al buen trote.

Aún recuperaba el aire cuando una sarta de regaños llovieron sobre mis orejas. El suceso fue tan inesperado que me dejó sin saber exactamente como reaccionar, tan solo alcé los ojos dirigiéndolos hacia la voz. Lancé un gimoteo a manera de protesta antes de hacer el intento de ponerme de pie. Francamente… no le había hecho nada a nadie y no me merecía tanto regaño.

Gruñí al recuperar mi postura, escuchando su orden de regresar a la enfermería. Intuí que algo sacudía frente a mi rostro por lo que me concentré en invocar a mi forma humana. -¿Siempre tienes tan mal genio?-  Fue lo primero que salió de mi boca en cuanto me planté frente a él con forma de mujer.

-Necesito un cuervo para enviar un mensaje, asumo que no tendrás idea de adonde encontrar uno.-
Lo miré con la ceja alzada, bueno, hice el intento, esos ojos felinos eran todo lo que veía en su rostro borroso, hermosos capturaban mi atención y me irritaban a la vez con su severidad mientras estiraba la mano para alcanzar lo que me pasaba para que me pusiera encima. -No he salido de la enfermería para agraviar a nadie…-

Mi expresión se apagó cuando lo escuché recordarme que los demás habían muerto. -Tengo que dar aviso de lo sucedido… Necesito ese cuervo si o si.-

Me puse las pieles encima distraídamente. -Ayúdame a enviar ese mensaje y te estaré infinitamente agradecida.- Coloqué mi mano en su brazo presionándolo suavemente, gritaba mucho pero algo de nobleza debía tener o no me habría tendido la mano más de una vez.


Última edición por Shannon Kincaid el Vie Feb 16, 2018 8:42 pm, editado 1 vez
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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Jue Ene 18, 2018 8:35 am

La loba cambió de forma ante mis ojos, no se molestó en cubrirse en un inicio, mas bien me reprochó mi actitud lo que me hizo enarcar una ceja incrédulo.
-No siempre estoy gruñendo, pero no me gusta salvar la vida de nadie que se convierte en una suicida ante mis ojos.
¿Que hubiera pasado si yo o el general Ulf no hubiéramos aparecido? No puedes culpar a los vikingos de tratar de sacar un lobo bajado de las montañas para salvar el ganado, su sustento, no lo olvides.
¿En que mundo vives mujer?

Entendía su necesidad de pedir un cuervo para avisar a los suyos de lo que había sucedido, pero podía haber esperado a que yo llegara, iba de camino a la enfermería para visitarla como había hecho cada día desde que la traje a Akershus aferrándose a la vida.
-Trataré de ayudarte -dije – pero antes vamos a la enfermería a que te vistas, no puedes pasearte por Akershus medio desnuda.
Aunque vamos no le pondría yo pegas a que se paseara por mi lecho de esa guisa.

Llegamos a la enfermería, allí recuperó sus ropas que habían sido lavadas y dobladas y pronto volvimos a ponernos en marcha.
-Veo que te sientes mejor -le dije ladeando la sonrisa.
Nuestra condición de cambiante ayudaba a sanar con mayor rapidez, por suerte pocas eran las enfermedades que nos subyugaban por demasiado tiempo a un lecho.
-Iremos a ver a Stan, es un patriota escoces, seguro podrá ayudarnos a enviar un mensaje a tierras escocesas.

Caminamos un par de cuadras hasta llegar al patio de armas, de seguro mi padre estaría allí. Por supuesto no le había dicho nada acerca de mi parentesco con ese hombre, nadie en Akershus lo sabia, ni siquiera él.
-Stan, ella es Shannon, una compatriota escocesa, es la mujer de la que te hablé en la taberna -mi sonrisa se ladeo porque sabia perfectamente lo que mi padre pensaría la vernos juntos -ella necesita que le ayudes a ponerse en contacto con sus gentes, fue atacada en estas tierras y es la única superviviente.
La mirada de mi padre se deslizaba por los ropajes de la escocesa y viceversa, no entendía bien que problema había pero la cara de uno y otro se tensaba por momentos logrando que yo enarcara una ceja.
-¿Pasa algo? -pregunté poniéndome alerta.



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Jue Ene 18, 2018 2:38 pm

Sloan había entrenado duro aquellos días, se había instalado en las dependencias de la guardia y su rendimiento era muy bueno. El escocés le estaba enseñando a mover con sensatez esa espada, a colocarse correctamente, a practicar hasta la extenuación y mejorar a marchas forzadas; su agilidad felina lo dotaba de esa rapidez y fluidez que otros necesitaban practicar durante años.

Cuando el chico lo llamó, acudió a su lado, no solía pedir nada así que le extrañó bastante. Le había preguntado varias veces por la mujer que había traído herida el día que llegó, pero él contestaba escuetamente y sacaba balones fuera. Eso lo hacía sonreir y le daba para varias bromas, porque suponía que el muchacho se habría quedado algo tonto con la moza.

En el patio de armas el chaval trajo a la chica de cabellos de fuego, una digna hija de Escocia, como no podía ser menos. Sloan hizo las presentaciones y el cambiante gurahl esbozó una sonrisa amplia bajo la barba tupida, adelantó la mano para estrechársela pero algo lo detuvo. Frunció el ceño al ver los colores del tartan.

— Kincaid... joder. ¿Qué cojones haces tan lejos de tu agujero?.—
normalmente McQuinn no era borde con nadie tan gratuitamente, pero los Kincaid habían sido un clan belicoso, habían entrado en guerra con otro de sus clanes vecinos por la desaparición de Morag Kincaid. Algunos decían que la mató su propio padre sólo para azuzar la guerra porque quería quedarse con los territorios, y la hizo desaparecer. Otros decían que se la llevaron pero que iban a soltarla por una rescate irrisorio y ella se quitó la vida, pero su familia no quiso asumirlo y echaron la culpa al clan rival provocando la guerra. Los clanes no veían con buenos ojos a los Kincaid, sus reclamos no tenían una causa legítima y probada y tanto enredo con la dichosa historia no había ayudado a que fueran más de fiar. Los McQuinn no hebían sido rivales directos, pero al igual que muchos, se negaron a comerciar con los Kincaid y les negaron el paso por sus tierras, muy prósperas por contener mucha costa navegable. Sloan no tenía clan por ser del estrato más bajo, pero esa pelirroja si, y estaba muy lejos de las faldas de sus padres y hermanos si es que los tenía.


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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Sáb Feb 17, 2018 10:44 pm

Ladeé el rostro, aún llovían los regaños. -Trotaba de vuelta hacia la caravana, no puedes culparme por haber deseado ir. ¿No lo habrías deseado de igual forma de estar en mi lugar? Además, nos desplazamos mucho más rápido con ciertas formas que con otras, como bien has de saber.- No desconocía que era un cambiante, le había distinguido el aura verle por primera vez junto a la carreta, y aún percibía ciertos trazos de la misma alrededor de él, aún con mi vista bastante nublada.

Me encogí de hombros cuando habló de vestirme, era una cambiante, la desnudez no era algo que realmente me causara demasiado pudor, aunque había que sujetarse a ciertas normas, especialmente entre humanos, algo que en realidad me causaba dificultades incluso en Escocia. Al menos había abandonado su mal genio para decir que me ayudaría.

En la enfermería me entregaron de vuelta mi ropa, pensé con algo de tristeza que quisiéralo o no mi improvisado acompañante, regresaría a los restos de la caravana a recoger lo que pudiera rescatar de mis pertenencias. Mientras me vestía detrás de una cortina, limpié algunas lágrimas de mi rostro. Uno que otro objeto, es todo lo que ahora quedaría entre los escombros del camino.

Una vez vestida de forma “apropiada”, me dejé ver al correr las cortinas. El joven seguía en la enfermería, me sorprendió que no se hubiera marchado cuando podría haber aprovechado para hacerlo, no tenía ninguna responsabilidad hacia mi aunque me resultó grato descubrirle aún allí.

-Ah, si claro…-
Lo tomé del brazo para caminar cuando comentó que me veía mejor. La realidad es que apenas atinaba a saber adónde me encontraba, había perdido demasiado de mi visión. Quería creer que era temporal… que iba a recuperarla en cualquier momento, o de lo contrario la desesperación ante el pensamiento opuesto comenzaría a tomar forma y se llevaría lo mejor de mi.

Las siguientes palabras del joven llamaron mi atención, habló de que fuésemos en busca de alguien que aparentemente podría ayudarme con el cuervo, lo cual mejoró mi ánimo y me dio algo que desear hacer. Salimos de la enfermería y caminamos un par de cuadras, al parecer el hombre de quien hablaba se encontraba cerca.

Ahora que me encontraba caminando al lado del joven, me daba perfecta cuenta de que era escocés como yo. Estaba a punto de preguntarle su apellido, no le había visto los colores distintivos de ningún clan en su ropaje y con toda la conmoción de lo acontecido el día anterior ni siquiera había pensado en ello.

Antes de que pudiera salir palabra de mi boca, me vi interrumpida por la presentación. Dirigí mi atención hacia él otro hombre, procurando verlo, iba a sonreír y estaba a punto de alzar mi mano hacia la suya cuando escuché el amistoso saludo que salió de su boca. Inmediatamente me tensé. Alcancé a distinguir unos colores de forma difusa pero fue lo suficiente como para tensar la mandíbula y llevar mi mano hacia mi cinto de forma defensiva.

Stan Macquinn… clan Macquinn… la expresión de mi rostro cambió por completo. Los Macquinn y los Grierson eran como uña y mugre. Aliados de aquel maldito clan que había sido culpable de demasiadas pérdidas entre los nuestros, se valían desde antaño de las más sucias artimañas para saquear y quemar nuestros territorios negándose a aceptar que habían iniciado la guerra al apoderarse de Morag. Belicosos y traicioneros, los Grierson y todos aquellos que les seguían y que se oponían a los clanes que formaban nuestra alianza no eran más que escoria del peor tipo.

-¿Qué demonios es esto?-
Mi mente daba vueltas a toda velocidad. -¿Acaso es una trampa?- Maldita sea, había caído de la forma más inocente, la generosidad del cambiante no había sido más que una farsa. De pie a poca distancia de los dos ponderaba la mejor manera de ponerle el cuchillo en el gaznate al líder cuando un par de voces interrumpieron la escena.

-¿Shannon?-
 La voz surcó el aire cargada de sorpresa.

La reconocí de inmediato. Un par de jóvenes cambiantes, parte de mi caravana, se acercaban rápidamente.

-¡Shannon estás viva!-
Asentí, la alegría de descubrir que habían sobrevivido se encontraba opacada por mi ofuscamiento.

-¿Te están molestando estos hombres? ¡Maldición!-
En seguida reconocieron los colores y dirigieron las manos hacia sus armas.

La alevosía se palpaba en el ambiente, un movimiento en falso de cualquiera de esos dos y se darían cuenta de que nadie ataca a un Kincaid y sale de ello impune. -Estamos teniendo una pequeña reunión. Estos dos están a punto de explicarme que hacen acá, y de paso si tuvieron algo que ver con lo sucedido a nuestra caravana.-
 
 
 
 
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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Dom Feb 18, 2018 6:12 am

Las cosas parecían complicarse. Padre era un Macquinn y la escocesa una Kimkaid, si bien era cierto yo solo era un bastardo sin color en mis ropajes. Del mas bajo estrato social, hijo de una puta y un hombre que ni me reconocía, conocía la historia del clan Kimkaid, pues aquel que de niño me enseñó a blandir la espada pertenecía a los Grierson. Ese hombre escupiendo al suelo cada vez que pronunciaba el apodo de la casa Kimcaid me aseguraba que eran como ratas, que de ellos no te podías fiar.
Bélicos, tramposos y pendencieros, ese clan era chusma en la que no confiar.
Según este, desataron una guerra aun a costa de matar a una joven inocente, Morag kincaid, hija del jefe del clan.
Desde entonces muchas habían sido las muertes que se habían sucedido, por una causa absurda. El clan Kincaid y sus aliados eran escoria, aunque me temía que algo bien distinto podía contarme Shannon.
En el prostíbulo descubrí que las historias siempre tenían dos verdades y que de normal ninguna era la absoluta.

La llegada de los hombres que al parecer pertenecían al mismo clan Kincaid y que no se bien como habían conseguido sobrevivir al ataque, aparecieron tras nosotros. Tensos en sus gestos, sus manso al ver a mi padre tuvieron una reaccion idéntica a la de Shannon, llevar su mano al mango de la espada. Su acto bélico azuzó el mio que cambiando de bando me situé junto a Stan clavando mis ojos en los intrusos, para luego ser desviados hasta los de Shannon.
-Entraste a Akershus herida y en son de paz, mis ropas no pertenecen a ningún clan pero mi honor por contra no permitirá este atropello, os aconsejo depongáis vuestra actitud violenta o … -mi amenaza hizo eco contra sus risas al tiempo que desenvainaban las espadas creyéndose en superioridad numérica, cuatro contra dos. Como nosotros eran cambiantes, y así la batalla parecía quedar servida si nadie lo impedía.

El odio era ancestral, desde tiempos inmemoriales los colores definían en nuestras tierras a los clanes y a los hombres. Aquel que no pertenecía a clan alguno, era un paria.
Me centré un instante en esa mujer que había cuidado y visitado, a la que había salvado de una muerte segura, si alguien podía evitar esta matanza y que los ríos escarlata fluyeran aquella mañana era ella, pues si sus amigos no deponían las armas, probarían mi acero, eran libres de irse por donde habían venido, nada yo tenia en contra de ellos ,mas no permitiría que se enzarzaran en duelo con padre en un cuatro contra uno.


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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Vie Mar 16, 2018 10:43 pm

Mi mandíbula seguía tensa, lágrimas de ofuscación pugnando por salir pero que eran retenidas por mi orgullo. El cambiante… me había parecido generoso pese a su mal genio, incluso… me había creído por un momento que estaba genuinamente interesado en mi recuperación. Aún no me reponía del dolor causado por la pérdida de muchos con los que había crecido, su existencia había sido truncada antes de tiempo de forma vil y traicionera.

Escupí en el suelo frente a ellos. -Maldigo a los Grierson, a los Mcquinn y a todo aquel que tenga algo que ver con vosotros.- Mi odio no era infundado, yo no era una damisela ignorante, era una guerrera, orgullosa heredera de los líderes del clan Kincaid.

Tenía apenas siete años cuando un par de miembros de su mal nacida alianza de clanes me enseñó de que estaban hechos. Irrumpieron en la zona verde en la que jugaba con mi pequeña prima, Ailith, custodiadas por mi niñera. Entre risas pérfidas sorprendieron a mi nada por detrás, intentando secuestrarme a mi y a mi prima.

Afortunadamente realicé una de mis transformaciones y pude evitar que uno de ellos me atrapara. El otro atrapó a Ailith y fue mi nana la que intervino echándose sobre él para que la dejara ir. Mis pequeños dientes lobunos mordieron al otro dando tiempo a mi prima para alcanzarme pero mi leal nana fue degollada frente a nuestros ojos en los cuales se derramaba el llanto.

Innumerables tierras quemadas, mujeres violadas, niños secuestrados y encontrados días después flotando en el río…

Mi mano empuñaba el mango de mi espada, temblando sobre este. Era demasiado conveniente…. la forma en que sucedió el ataque a la caravana…

Oí las carcajadas de mis compañeros ante las palabras de Sloan, quien demostrando sus verdaderos colores acababa de posicionarse al lado del Mcquinn.  

Mi visión se tornó más negra, convirtiéndose en pura oscuridad, engulléndome en ella. Mi respiración se tornó pesada, la acción del veneno volvía y la transpiración se hacía evidente en las gotas de sudor que aparecieron en mi frente.

Esos ojos felinos similares a la magia del Lago Ness… oír la voz ronca de Sloan lograba que algo se me removiera por dentro… Apreté los dientes, furiosa conmigo misma por tener esa reacción.
 
-Jamie… el veneno aún corre en mi torrente sanguíneo, debo de…- Moví mi rostro hacia un lado buscando su presencia con mis demás sentidos. 

El joven escocés a quien llamada dio un par de zancadas hacia mi sosteniéndome en sus brazos. -Shannon…- podía notar la preocupación en su voz. 

-Déjalos ir… por ahora.-
 
Tensó la mandíbula al escuchar mis palabras oscureciéndose su mirada antes de dirigirse al otro clan. -Tenéis suerte esta vez, pero una sola provocación vuestra y no importara si sois dos o un centenar, ni adonde nos encontremos. Gavan, Lennox, nos retiramos…-
 
-¿Lo dices en serio Jamie? Maldita sea, mínimo podríamos llevarnos un trozo de pellejo de estos dos.-
 
-¡A callar! ¡Nos vamos he dicho!- Los brazos fuertes del escocés retrocedieron para guiarme fuera del patio de armas. Por ahora los dos McQuinn se mantenían ilesos… pero algo me decía que este no sería nuestro último encuentro… Las ruedas del destino habían comenzado a andar en torno a la profecía de mi nacimiento.



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Mar Mar 20, 2018 2:04 am

Shannon aun herida, sintiéndose débil por el veneno que fluía por sus venas pidió calma a los suyos, ellos envalentonados por su superioridad numérica tenían ganas de greca, se equivocaban en algo, la superioridad numérica no siempre quedaba marcada por el numero si no en ocasiones por la calidad de los guerreros y no era por ser engreído, pero de empezar un combate, ellos y no nosotros serian los vencidos.
No sentía los colores de Stan, siempre fui un bastardo sin derechos, sin deberes, si bien si conocía la historia que enfrentó a sendos clanes, no podía decir que estuviera en mis manos juzgarlos, nada me habían hecho los Kincaid.

Los cuatro se marcharon, mi mirada se perdió antes en la de la escocesa que parecía olvidar con suma facilidad que yo y no esos que ahora le daban sustento, había salvado su vida pese a que ahora me creyera un Mcquinn.
Me encogí de hombros dejando mi actitud beligerante para girarme hacia mi “ padre”
-Parece que al final quiera o no lo quiera tus colores me persiguen -bromeé sacando de mi cabeza los verdes de la escocesa, ya no era mi problema, había encontrado gente de su clan, ellos se ocuparían de ella a partir de ahora.

Algo me decía que esto no se quedaría así, el odio entre clanes era ancestral, esta vez la loba detuvo el envite, pero no siempre obedecerían y de seguir en Akershus todos, era inevitable que llegara la pelea.
No era necesario decirle a mi padre que se andará con ojos, los conocía, era un guerrero, y seguramente podría como yo, oler en el ambiente ese tufillo a sangre, el que se produce antes de una pelea a muerte.

El día continuo como de costumbre, calmo, con las idas y venidas de un trabajo duro como siempre se presentaba en Akershus, allí la calma de un modo u otro no existía, si no estábamos batallando o preparándonos para hacerlo, el trabajo de arreglar casas, de custodiar el grano, de mantener al día a los equinos y las guardias copaban nuestras vidas de sol a sol, eso si, siempre nos reíamos, el ambiente allí era agradable, se respiraba hermandad y creo nunca me sentí mas en familia que en ese lugar.

Al caer la noche como de costumbre acudimos a la taberna, las horas pasaron, el alcohol corría y poco a poco fuimos envalentonandonos cantando a coro, haciendo pulsos, lanzando dardos a una diana, hasta que llegaron los Kincaid y el silencio se hizo en nuestra mesa, los Mcquinn los odiaban y no tardaron en producirse los primeros insultos desde la distancia.
Intenté calmar las aguas, era mejor mantenernos todos tranquilos y convivir mientras tuviéramos que pisar tierras norteñas, firmar una tregua.
Visto que eso no sucedería si ninguno daba el primer paso, caminé hacia allí con el sabor del alcohol en mis labios.
Una vez allí mi mirada turbia se hundió en la de la mujer a la que salvé la vida.
-¿una tregua? Al menos mientras Akershus sea la tierra que pisemos ambos clanes -dije tendiéndole mi mano para que la estrechara aceptando mi oferta.



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Stan McQuinn el Mar Mar 27, 2018 6:02 am

Esa jovencita pelirroja estaba muy equivocada en todo lo que parecía saber y que no dudaba en escupir con sus maldiciones. Pero no tenía ni idea de cómo eran las cosas de verdad.

Maldice cuanto quieras, me resbala. Harías bien de escuchar más y ladrar menos, no tienes ni idea de quienes somos los McQuinn. La guerra entre Kincaids y Griersons se remonta hasta donde apenas recuerdas, pero yo si lo recuerdo todo porque estaba allí. Empezaron ellos, pero vosotros rompistes las normas y la paz entre clanes, así que no me vengas con tonterías. Igualmente, estás lejos de casa y aquí hay enemigos que deberían preocuparte más que un McQuinn. Bah! lo que me faltaba... a este paso me monto una guardería.

Se alejó dejando a Sloan allí y poco después la mujer pelirroja y sus secuaces se marcharon también. La noche cayó y cómo no, la taberna era el punto de encuentro. La mayoría llevaban algunas jarras de más, pero por la nevrgadura del oso, había que darle mucho alcohol para que perdiera el raciocionio. Cuando entraron los otros escoceses se hizo el silencio y  pronto empezaron las miradas de soslayo, los ceños fruncidos y los insultos. Stan se levantó y dio un puñetazo sobre la mesa deteniendo a Angus, su segundo, con la otra mano agarrandolo del pecho.

¡vosotros pedazo de mierdas! callad ya esa bocaza!!.— los hombres le hicieron caso porque McQuinn era su capitán.— ¿De dónde venís, eh? quiero oirlo...¿de qué puto país venis?

— ¡de Escocia!.— algunos lo dijeron en alto.
Ajá. De escocia, de la madre patria, de la tierra verde. Igual que ellos.— señaló a los Kincaid.— estamos en el culo del mundo luchando por recuperar el Saltire de San Andrés, no venimos a pelearnos con otros hijos de la madre patria. Y quien crea que éste es el enemigo, es que es un pollino estúpido. ¿No tenéis bastante con las criaturas de Randulf? pues poned los cojones que teneís bajos esos kilts sobre la mesa y aparcad las rencillas, so idiotas. La muerte nos llega por el norte, no por el mar.

Angus iba bastante bebido y a veces era un completo torcuato, asi que miró a ambos lados y preguntó.

— ¿y quién viene por el mar?.— McQuinn se llevó los dedos al puente de la nariz y negó con la cabeza.

Papá Noel. ¡¡Mecagüentodo Angus!! a veces pienso que no eres mi primo, que eres un irlandés adoptado.— Señaló a Sloan.— Tú!! encárgate de que ellos hagan lo mismo. Tregua mientras estemos en Akhershus.


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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Dom Abr 08, 2018 11:54 pm

De vuelta con los míos, y ahora si, con la mente en ellos no faltaron los abrazos. Los estreché a todos, aunque quizás no con el vigor que usualmente hubiera utilizado. 

Mi falta de energía se hizo latente. Jamie preocupándose por mi me sostuvo hasta llevarme al lugar adonde se habían asentado desde que el ataque a la caravana mermase tantas vidas.

-Jamie… envía un cuervo a casa, avísale a mis padres… deben estar al tanto de lo acontecido.-
Apenas distinguía su silueta asintiendo, iba a llamar a Gavan para ordenarle que se pusiese en ello pero detuve mi mano sobre su brazo pidiéndole que se encargara él mismo. -No hay nada ahora que importe más que el mensaje llegue a destino y nadie mejor que tú para ocuparse de ello.-

Las siguientes horas me parecieron largas, tiritaba y me inclinaba sobre una cubeta que habían colocado en el suelo a un lado mío para que pudiese vomitar.

-No estéis preocupados por mi, mala hierba nunca muere, ¿recordáis?-
Procuraba sonar animada aunque ni yo misma estaba convencida de salir de esta.

La fiebre se había adueñado de mi y un sudor frío me recorría. Jamie maldecía por la ineptitud del médico que visitaba la casa. En un arranque de ira lo agarró de las solapas alzándolo por encima del suelo para estamparlo salvajemente contra la pared, jurándole que pagaría con su vida si no lograba que sanara.

El médico, asustado por la amenaza sugirió el último recurso radical, efectuar sangrías. Asentí al escuchar la sugerencia y poco después la sangre me era extraída esperando que con ello también fuese extirpado el veneno.

Transcurrieron un par de días, mi naturaleza de cambiante había luchado por mi supervivencia, comenzaba a experimentar una mejoría con la desaparición de la fiebre y tuve deseos de salir a tomar aire.

Al recorrer la fortaleza uno de mis acompañantes sugirió ir a tomar algo a una taberna por lo que de repente me encontraba en ella antes de percatarme de que el establecimiento escogido se encontraba demasiado lleno. Los McQuinn se encontraban en el mismo lugar, tornando el ambiente denso.

La presencia de ambos clanes en el mismo lugar dio pie al primer intercambio de insultos. Procuré hacerles callar pero mi mente dio paso a la incredulidad cuando mis sentidos percibieron a Sloan aproximándose. Aún no podía verle bien pero su voz era inconfundible aparte de que podía sentir el olor pestilente del alcohol manando de él.

Su presencia frente a mi mesa era una provocación para todos, lo único que iba a lograr era que alguno le cortara la mano que extendía hacia mi. -No sé que parte de os maldigo te sonó a broma o que diablo se te metió en el cuerpo induciéndote a acercarte.-

Dirigí mi mirada semi nublada hacia él, pensaba ahora en el día en que me encontró en el campamento destruido y en la manera en que me había socorrido. ¿Proponía en serio una tregua? La tensión causada por su acercamiento era tan palpable entre los que se encontraban en mi mesa que con facilidad podía cortarse con un cuchillo.

-Dadme un momento nada más.-
Me dirigí a los demás antes de ponerme de pie y caminar con el felino a unos pasos de distancia. -Escucha lo que te digo, aléjate de mi antes de que tus buenas intenciones te lleven a amanecer muerto en una ciénaga.- 



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Lun Abr 09, 2018 2:29 pm

Allí estaba la loba con ese gesto impertérrito y la mala hostia corriendo por sus venas mientras sus secuaces mordían al aire como cachorros.
Los miré de soslayo, no buscaba pelea pero tampoco iba a echarme atrás si me provocaban asi que me mantuve en mis trece, sentado en aquella mesa llena de Kincaid.
-¿se te ha pasado por tu linda cabecita pensar, que no os temo? -quizás mi frase resultó un desafío, mas no lo era, simplemente no tenia miedo a ninguno de los allí presentes, no porque lucharan mal, si no porque hablaban de un problema de hacía demasiados años, que no iba conmigo y seguramente con ninguno de ellos.

Mi padre vociferaba a los suyos tras de mi, pedía calma y me exigía a mi mediar para que eso mismo sucediera con los Kincaid.
La dama tiró de mi para que habláramos a solas, ligeramente apartados de su grupo, mi sonrisa se ladeo mirando fijamente sus ojos mientras alegaba preocupada por mi que debería alejarme de ella o acabaría muerto.
-Soy tozudo -alegué -y lo suficiente fuerte como paran no terminar en una ciénaga, créeme. No tenemos porque permanecer en guerra, ya han muerto muchos escoceses por esta lucha, una tregua mientras sigamos en Akershus ¿creo no es mucho pedir?

Sus ojos centelleaban frente a los míos, podía oler su debilidad, era parte del instinto animal, era presa fácil, animal herido y el instinto nos lo gritaba al oído.
-¿Vamos fuera? -pedí antes de que se desplomará allí mismo ante los suyos y los míos, evitar una pelea era mi cometido, sinceramente había salvado su vida y mi intención distaba mucho de haber hecho el tonto porque ahora en su afán por mostrarse una Kincaid acabara muerta en una taberna.
-Vamos -dije llevando mi diestra a su antebrazo con suavidad.

Sus amigos gruñeron al ver mi mano posarse en ella, ladeé la sonrisa mirándolos de soslayo, esperando la respuesta de la chica lobo.
-Te vendrá bien tomar aire -susurré acercando mis labios a su oído -y creo que a mi también -bromeé -vamos, calmemos a los nuestros con un gesto de paz entre ambos.

Sabia que ella veía las cosas distintas a mi que solo era un bastardo sin colores, peor necesitaba entendiera que si allí se producía un enfrentamiento ellos y no los Mcquinn tenían los de perder.
Hóor y mi padre eran amigos, habían compartido batalla y borrachera, sin duda alguna si tenía que decidir a quienes mantener tras sus muros seria a nosotros y fuera serian carnaza de Randulf, eso si no antes acaban muertos bajo el acero del clan contrario por una revuelta.
-Piénsalo, se que eres lista.


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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Lun Mayo 07, 2018 4:39 am

Hice un máximo esfuerzo por contar mentalmente hasta diez a pesar de que cada palabra que había salido de la boca del cambiante desde que tuvo la idea descabellada de aproximarse no era más que un absurdo tras otro. Incluso me tomé el tiempo para frotar despacio mis sienes con mis pulgares formando pequeños círculos y así procurar sosegarme. Los ánimos de mis acompañantes podían exacerbarse con demasiada rapidez así que dependía de mi mantener la paz tanto como fuera posible dadas las circunstancias.

Lennox se encontraba particularmente tenso, no tenía que tener mi mirada despejada para notar como su mano había viajado hacia el mango de su espada. Con la ausencia temporal de Jamie en la taberna era él quien se tomaba a pecho el papel de velador mientras no me encontrase cien por ciento recuperada.

Moví casi imperceptiblemente mi cabeza en su dirección en un gesto que le indicaba que se relajara. Sus dedos crispados se mantuvieron en el arma un momento hasta que finalmente mi indicación logró que apartara los dedos de su cinto y los devolviera a la jarra que descansaba frente a él. 

Si algo tenía muy claro es que no deseaba un innecesario derramamiento de sangre, demasiada había sido vertida apenas unos días atrás y aún contábamos las irreparables pérdidas.

Me detuve frente al McQuinn para escuchar que más iba a decir y adopté una expresión impertérrita a pesar de que una delgada franja se había formado en mi frente, parecía que se le habían olvidado los modales. ¿Quién se creía para hablarme como me hablaba?

-Haría bien en dirigirse a mi con menos familiaridad, apenas le conozco y hasta el mozo de esta taberna utiliza mejores maneras al hablarme.- No tenía idea de como le habían educado pero sus modales clamaban a gritos que se les puliera.

En el instante en el que su mano tocó mi codo aparté mi articulación de su alcance. -No vuelva a hacer eso.-

Mis acompañantes se removieron en sus puestos dispuestos a saltar de sus sillas como compelidos por un resorte por lo que hube de alzar la mano con la palma dirigida hacia ellos para serenar los ánimos. -Tranquilizáos, hablaré con el caballero afuera, de todas maneras, me es necesario tomar el aire. No hagáis nada estúpido mientras escucho lo que tiene que decir.-

Dicho eso salí del establecimiento por una puerta posterior, adonde un borracho quiso ponerme la mano encima. Una sarta de sandeces escapó de su boca y dirigió sus manos hacia mi corsé por lo que sin pensarlo dos veces saqué mi daga de un dobladillo oculto entre mis ropajes, la moví entre mis dedos y con rapidez le provoqué un corte en la mano que le hizo aullar mientras múltiples gotas de sangre mancillaban el aire exterior.

Apoyé mi espalda en la pared y dejé escapar el aire. -Tienes diez minutos de mi tiempo.-   



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Lun Mayo 07, 2018 5:50 am

Como todas los Kincaid fueran como esa mujer empezaba a comprender el porque jamas estaban en paz. Salimos fuera, su arrogancia no conocía parangón y apoyando su preciosa espalda en la pared clavó sus ojos en los míos dándome la codiciosa cifra de 10 minutos para explicarme.
Yo era tranquilo, dialogante normalmente, pero en esta ocasión azuzado pro el alcohol y por como esa mujer me hablaba como si hubiera cometido crimen alguno, mi orgullo salió a relucir y el león rugió dentro de mi.
-Me sobran 9 minutos -aseguré acercándome a ella, mi diestra en la pared, escasa nuestra distancia aunque la zurda jamas llegó a encarcelarla.
-Guárdate el hambre de guerra para fuera de estos muros, es la ultima vez que te advierto -sin mas me di media vuelta para volver dentro junto a mi padre, en un inicio mi intención era distinta, hablar con calma y llegar a acuerdos mas serenos, a fin de cuentas había salvado su vida ¿no bastaba eso para delatar que mis intenciones eran buenas?

Ya lucía sus malditos colores cuando la ayudé, si la quisiera muerta, yo mismo la hubiera matado, peor estaba tan ciega con una venganza personal que no escuchaba y yo no pensaba aguantar sus estupideces ni una sola vez mas.
Iba a entrar cuando uno de sus hombres salió al parecer para buscarla, lejos de dejarme pasar se colocó en medio para provocarme.
-Hazte a un lado -rugí como advertencia, no se lo pediría una segunda vez.

La voz de la chica lobo retumbó a mis espaldas, ladeé a sonrisa mirando al tipo que aun inmóvil clavaba en mi sus ojos. Le había ordenado hacerse a un lado, pero al parecer el tipo no estaba muy convencido, seguí la estela de su mano que se dirigía al pomo del arma y antes de que la rozara golpeé con mi zurda su cuello dejándolo sin aire, con una llave rápida lo giré, atrapé su brazo retorciéndoselo a la espalda y sin pensarlo lo empujé hacia afuera para que se reuniera con su amiga dejandome el paso libre.
No quería una confrontación, pero no aceptaría por ese motivos que me tocaran los cojones.

El tipo tosía, le dediqué una ultima mirada a la loba antes de meterme de nuevo dentro de la taberna tomando asiento junto a mi padre que me miró para interrogarme a lo que me limité a encogerme de hombros sin saber bien si respetarían o no la tregua pedida.





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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Jue Jun 07, 2018 11:16 pm

Cuando se es un líder tienes que pensar en el bien común antes que el propio. Palabras que había escuchado de niña. Mi padre era un líder nato, sus hombres le seguían y acataban sus órdenes, pero sabía que ostentar tal posición en el clan le había llevado a realizar numerosos sacrificios de índole personal que de una forma u otra repercutieron en su familia. Si lo sabría yo…

Si hubiera podido mirar más que un parche de luz y los dibujos del contorno del cambiante lo hubiese mirado incrédula. ¿Hambre de guerra?

Parpadeé al escuchar esa descripción. ¿Pero que no se percataba de que si salí con él de la taberna fue precisamente para evitar una en el interior de ella? Incluso haber salido con él del recinto resultaba un arma de doble filo. Si permanecía cerca de él a la vista de mis compañeros era un incordio para ellos. La hija del líder de los Kincaid cruzando palabra con el enemigo. El enemigo tocándole el codo, rozándole la piel. Si más bien salía para evitar el escrutinio de las miradas y la callada ofensa que nuestra comunicación representaba también me exponía a inquietarlos demasiado con mi ausencia.

¿Pero no se percataba de nada de ello?

-Espera.- Atajé su muñeca en el aire cuando estaba a punto de poner pie de vuelta en el interior de la taberna. La primera vez que le vi me causó una impresión distinta… Ahora parecía no importarle más que ¿un orgullo herido? ¿Pero por qué pensaba que acepté hablar con él? ¿No se daba cuenta de que además de la tregua le acompañé al exterior para no agraviarle con una negativa?

-Esos hombres a los que miras con displicencia y a los que te acercas para ofender con facilidad son mi responsabilidad.- Lo había detenido sobre sus pasos para dialogar con él. -Si crees que hablar de una tregua para lanzarla al olvido en un minuto es un juego tengo que recordarte el honor que debería correr por tus venas.-

Procuré sosegarme al hablar y suavicé el tono de mi voz. -No puedo estar más de diez minutos contigo afuera porque cada minuto que corre les inquieto con mi ausencia. Ellos se preocupan por mi.- Señalé hacia mi ropa de color negro. -Ya perdimos a muchos días atrás. ¿Crees que quiero perder a más de los míos? Te equivocas, valoro cada uno de los cabellos que adornan sus cabezas aunque parezcan no tener nada en ellas en ocasiones, la realidad es otra…- Suspiré, dudaba que entendiera a que me refería, a la responsabilidad que sentía por ellos. Se me habían inculcado ciertas enseñanzas desde niña, sabia usar las armas pero crecí en un castillo adonde las normas también jugaban un papel demasiado importante.

-Cada día nuestra vida pende de un hilo, nos jugamos el pellejo de muchas formas. ¿Crees que quiero guerra? No tienes idea de lo que dices.-

Me sentía mareada por lo que solté su mano y me apoyé en la pared. Me sentía debilitada y para un lobo era un estado imposible, había perdido sangre… y mi vista.

-He salido contigo para hablar de la tregua, así que es mi turno de escucharte.- Me pregunté si se lo tomaba a juego. Se acercaba a alzar la bandera blanca bajo la mirada de Stan McQuinn por lo que contaba con su venia, pero no portaba los colores de su clan y algo en su aire parecía demostrar que no sabía realmente en qué andaba metido.



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Miér Jun 27, 2018 2:53 pm

Su diestra atrapó mi muñeca pidiéndome que esperara, si bien era cierto mi ceño estaba fruncido y yo furibundo me detuve cerrando los ojos un instante antes de dar la vuelta para enfrentar sus lobunos orbes.
-¿que? -pregunté sin quitar de mi cara ese gesto de rabia que sus palabras de antes habían ocasionado en mi antes.

Enarqué una ceja al escuchar sus palabras, mi tregua nunca fue un juego, no se daba cuenta de que lo único que pretendía con esta, era protegerla.
-La propuesta sigue en pie, si son tu responsabilidad, se lista, y mantelos lejos de un enfrentamiento. Usemos Akershus como terreno neutral, todos somos escoceses, no entiendo de clanes ni de colores,.
No era un necio sabía que ella se había fijado en que no ostentaba ningún emblema de clan, así que seguramente se preguntaría si tenía potestad para mantener mi palabra, esa que le ofrecía una paz temporal.
-Soy un bastardo loba, pero tengo honor y también palabra, mi pa...Stan respetará este acuerdo, él no quiero enfrentamientos, derramar sangre escocesa es un error, no estamos en Escocia así que mantener vuestras diferencias para que al menos si hay que derramar sangre que riegue nuestros campos.

Ladeé la sonrisa cuando aseguró no querer guerra, estar dispuesta a escucharme y a firmar la paz pues estimaba demasiado la vida de los suyos como para perderla en este lugar.
-Bien, pues si es así, firmemos una tregua, una de no agresión, no tenemos que ser amigos solo dar nuestra palabra de honor de evitar toda confrontación y como líder tu harás pagar a los tuyos su traición si se la saltan y Stan a los suyos si agrede a cualquier Kincaid.

Entendí mi diestra para sella un pacto que sin duda para ellos era ventajoso, mi padre se llevaba muy bien con el conde Cannif, de ser necesaria la elección entre que clan seguiría bajo los muros de los rebeldes sin duda sería el de los McQuinn.
Apretó mi mano con la propia y mi sonrisa se ladeo mientras me perdía en su mirada.
-Shannon me sobran 3 minutos de esos 10 que me has dado ¿quieres que nos conozcamos?

Pude ver la sorpresa pintarse en sus facciones, como si no terminara de comprender lo que le estaba pidiendo.
-¿que problema hay en que bebamos juntos? ¿estamos en tregua no? -apunté con picarda - ¿Ron negro? -pregunté dirigiéndome hacia la puerta para volver dentro.


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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Sáb Jul 07, 2018 11:50 pm

Definitivamente las buenas maneras no eran su fuerte. Su ¿qué? cruzó el aire y no tuve que poder verlo para imaginarme su expresión de fastidio.

Luego pareció sosegarse y regresó al tema que nos había traído al exterior, la importancia de una tregua. Si he de ser honesta, no creía en treguas. No es que quisiera ser una eterna pesimista y echarle la sal a mi grupo, pero no era una niña, llevaba demasiado tiempo envuelta en las eternas batallas y los sin número de problemas surgidos por continuos saqueos y ataques producidos por ambos bandos como para pecar de ingenua.

Y sin embargo, me importaba negociar esta tregua, al menos por esta vez, encontrándonos en territorio más o menos neutral quizás ambos clanes podrían apaciguarse. Digo más o menos neutral porque a mis oídos habían llegado informes acerca de la amistad del líder de los McQuinn con el dueño del lugar en el que habíamos tomado temporal refugio. Dicha información no gritaba precisamente neutralidad y ser responsable del grupo me orillaba a no poder pasar ningún detalle por alto.

Su “sé lista” me hizo achicar los ojos, pero escuché con calma todo lo que tenía que decirme.

Su siguiente revelación fue explicar por qué no traía puesto ningún color, decía no saber de ellos. La confesión me tomó por sorpresa, un escocés sin colores era una noción inverosímil, por más que a continuación añadiese que era un bastardo.

Procesé toda esa información antes de decir las siguientes palabras. -Tarde o temprano te darás de bruces con la realidad de que tienes que portar algún color.- Sonreí levemente, a menos que planease radicar fuera de su país natal toda su vida, tarde o temprano la realidad se impondría, de una forma u otra.

-Por ejemplo, hablas de una tregua entre clanes. Al erigirte en representante del clan McQuinn, ya has elegido un papel y un bando.-

Añadió algo más sobre los términos, indicando que no teníamos por qué ser amigos mientras ambos cabecillas mantuvieran a sus respectivos rebaños adentro del redil. Tardé un momento antes de poder percatarme de que había extendido la mano en dirección mía -Sea así entonces.- El estrechamiento de manos selló la bandera blanca por el momento y regresamos al interior de la taberna.

El felino me sorprendió al invitarme a pasar tres minutos en su mesa por lo que tras pensarlo un momento desvié mis pasos hacia el grupo de los McQuinn. Entre las sombras y figuras desdibujadas en las cuales mantenía mi oscurecida vista me dirigí hacia quien me pareció que era la mole más grande de todas e hice un gesto con la cabeza a manera de respetuoso saludo antes de dejarme caer en una de las sillas.

Acepté la invitación del ron negro mientras el joven felino se tomaba la tarea de presentarme a los hombres por sus nombres, imaginándome las caras de sorpresa de estos al verme sentada entre ellos y más cuando alcé la jarra para brindar a la salud de todos.

Los tres minutos pasaron volando y las toses provenientes de la otra mesa me recordaron que ya debía retirarme. -Ha sido un gusto conocerles.-

Volteé hacia el oso para despedirme formalmente de él tras ponerme de pie. -Buenas noches Stan McQuinn.-

El joven ¿McQuinn? seguía a mi diestra por lo que extendí la mano para despedirme de él. -Buenas noches Sloan.-

Mi grupo se reunió conmigo al verme acercarme de nuevo a ellos e intercambiamos unas palabras antes de retirarnos, aunque a más de uno tuve que sacarlo con un tirón de orejas. No sé quién estaba cuidando a quien la verdad, a pesar de qué se suponía que Jamie les había encomendado que se ocupasen de mí. Estaba fatigada y necesitaba recuperar fuerzas pero no dejaba de hacer de niñera de algunos.

Volteé mi rostro ligeramente hacia la mesa de los McQuinn y la repasé lentamente con expresión pensativa antes de enfocar mi atención en el lugar que ocupaba el felino, allí la retuve un momento mordiéndome el labio, antes de alzar mi mano para despedirme de él.



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Vie Jul 13, 2018 12:31 pm

Shannon aceptó, comprendió que mi oferta distaba mucho de humillar a los suyos, mas bien solo quería la paz, la paz para todos los escoceses que ahora habitábamos por circunstancias distintas en el norte.
Sellamos el tato con un apretón de manos mientras nuestras miradas animales se cruzaron.
No era un secreto que me agradaba lo que veía, su aspecto salvaje, su pelo de fuego, su mirada lobuna pero tampoco era un hombre como los que frecuentaban las rameras con las que me crie, era muy capaz de no pensar solo con la verga. Lo que nos jugábamos unos u otros en ese pacto era mucho y ambos lo sabíamos.

Tomamos asiento en la mesa junto a mi padre y su clan, en un inicio miraron a Shannon de reojo sin comprender peor con la aprobación de mi padre nadie replicó acerca de mi negociación, creo que a Stan no le pasaba desapercibido que ella me gustaba, las miradas que le echaba eran evidentes y aun así habíamos dejado fuera ese detalle para cerrar un trato que de ir bien significaría que la paz podía surgir entre los dos clanes.

Ambos nos relacionamos por separado, ella hablaba con mi padre mientras yo bebía con el mellado bromeando sobre los vikingos y como tiraban los cuchillos animados.
Finalmente la Kincaid volvió oc los suyos, conversó un rato y se dispusieron a salir por la puerta, nuestras miradas volvieron a encontrarse, ella para despedirse, yo para asentir con la cabeza, puede que no lo creyéramos pero en esa taberna ambos habíamos hecho historia.

Ladeé la cabeza la sentir la mirada de mi padre clavada en mi, no sabía bien como identificarla.
-¡tienes lago que decirme Stan? -pregunté queriendo saber.
A fin de cunetas él era el jefe del clan y mi padre, motivos suficientes para necesitar de algún modo su aprobación aunque no lo demostrara .

Yo era un felino, terco, cabezota y orgullo así que supongo que mi padre tendría que aprender a lidiar conmigo o desistir en el intento de conocerme mejor con el tiempo.






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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Shannon Kincaid el Dom Ago 05, 2018 2:40 am

Al llegar a la casona adonde nos hospedábamos no me esperaba nada bueno. A medio camino hacia ella había vuelto a marearme por lo que Lennox me sostuvo por el codo con expresión preocupada.

Al entrar a mi habitación me derrumbé en mi cama y perdí el conocimiento durante buena parte de la noche. Al despertar ya había amanecido y Jamie se encontraba de pie al lado del médico que me estaba tomando los signos vitales. Otra vez me hacían sangrías y volvía a marearme.

Cuando el hombre de cabellos veteados de gris estaba por marcharse lo detuve aferrándome a su brazo. -Dígame la verdad doctor, ¿voy a quedarme ciega?-

Su respuesta era la misma, no lo sabía a ciencia cierta, el veneno que habían utilizado era muy potente, sólo cabía esperar.

Negué con la cabeza, estaba harta de no tener una respuesta clara, la zozobra de la incertidumbre me pesaba más de lo que le dejaba entrever a los demás, pero no podía derrumbarme frente a ellos.

Sin embargo, a pesar de las recomendaciones de descanso por parte del médico, el confinamiento en la habitación me causaba demasiada inquietud. Siempre detesté los encierros, desde niña no podía estarme quieta entre cuatro paredes por lo que solía escabullirme a menudo por las noches para estirar mis patas en mi forma lobuna y correr bajo la luna.

Necesitaba mi vista de vuelta y necesitaba salir de ese lugar.

Tomé la decisión ya avanzada la tarde, el sol se había ocultado lo suficiente detrás de las nubes, el clima se había tornado más fresco y los callados susurros que producían las hojas de los árboles que rondaban la casona al moverse por la brisa me invitaban a salir. Los muchachos se encontraban reunidos en el salón, jugando a las cartas, así que aproveché su distracción para desplazarme hacia la puerta trasera y salir por ella.

Al poner el primer pie afuera me sentí renovada y comencé a caminar, dejándome guiar por los olores y por el resto de mis sentidos para orientarme. Conocía el camino hacia el mercado y me habían indicado que el propietario del puesto de pescado sabría indicarme como conseguir un cuervo. Ahora no solo precisaba enviar uno a casa, si no que también era imperativo que enviase un segundo a una de las fortalezas colindantes.

La tregua llevaba un día en efecto, pero las aguas siempre serían difíciles de contener, así que era mejor prevenir pensando de antemano qué era lo mejor para todos.

Me parecía que iba llegando al mercado cuando me detuve, procurando recordar exactamente hacia donde debía doblar. Me dejé guiar por una corazonada y al cabo de unos minutos ladeé la sonrisa. Había logrado orientarme y había dado con mi destino, me encontraba caminando entre los diversos puestos de venta, ahora nada mas debía dejarme guiar por mi olfato para encontrar aquel que buscaba.



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Re: Escuchando a la muerte susurrar (privado)

Mensaje por Sloan el Lun Ago 06, 2018 10:09 am

Las jarras corrieron durante toda la noche, acabamos como muchos en el lago riendo y bromeando hasta que alba despunto y completamente borrachos nos retiramos a dormirla en la casa que padre y yo compartíamos.
Stan había bromeado toda la noche sobre mi “relación” con la Kincaid, insistí en que no había nada mas allá de “el pacto” que juntos habíamos sellado, sabía que su interés no residía en que mujer me abría las piernas, si no en que no fuera la enemiga de su clan, no confiaba en ella y supongo que eso la llevaba a no quererla cerca de su hijo.
-A estas alturas vas a preocuparte por tu hijo, viejo, no te pega nada -bromeé antes de dejarme vencer sobre la cama.
Supongo que fue el alcohol el que me llevó a llamarlo “ padre”

A la mañana siguiente con una resaca épica y con la risa de mi padre retumbando en mi cabeza porque aseguraba que no sabía beber bajé al patio de armas. Entrenamos hasta el ocaso y comimos en la taberna la despensa estaba vaciá, no se me daba mal la caza, así que la carnaza nunca faltaba en casa pero necesitamos otras cosas, como leche, huevos y para que mentir una mujer que nos preparara todo eso, al final por la tarde me acerqué al mercado, si tenia que esperar a que el oso lo hiciera jamas usaríamos la cocina mas que para guardar toneladas de barriles de alcohol.

Fui paseándome entre los distintos puestos, había de todo, desde distintas especies con los que condimentar los platos, a todo tipo de pescados y dulces. Me paré frente a un puesto donde servían unos deliciosos pinchos de distintas carnes con verduras, fue entonces cuando me la encontré de frente. Ladeé la sonrisa con picardia.
-Cualquiera diría que me persigues Kincaid ¿todo bien?

La cambiante asintió, mas su rostro no denotaba precisamente que se encontrara bien si no mas bien todo lo contrario.
-No tienes buen aspecto loba, deberías descansar un poco -aseguré acercándome mas a ella – Deberías estar en cama, te lo dijo el medico, pero eres terca, no he salvado tu maldita vida y sellado contigo un pacto para que acabes muriéndote. Te llevaré a acasa.




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