Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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In the midst of Winter | Privado

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In the midst of Winter | Privado

Mensaje por Clío Sfakianakis el Dom Ene 28, 2018 10:08 pm

<<Quiero morder el tallo de su rosa, aunque me clave sus uñas espinas.>>
Indio Solari

Un frío que calaba los huesos daba muestras de que el invierno ya era inminente. El otoño se agotaba, así como la salud de Clío. Desde su cumpleaños nada había vuelto a ser igual. Los sueños vívidos y recurrentes le quitaban el descanso, pues iba cayendo en la cuenta de quién era realmente. El no poder dormir bien o, simplemente, el insomnio, le habían arrebatado poco a poco el apetito. Sus padres habían consultado con médicos pero nadie daba en la tecla. Solo ella sabía lo que pasaba. Estaba callada, pensativa, le costaba concentrarse y fue abandonando uno a unos sus hábitos. Tampoco quería salir de su hogar. Estaba confinada en su habitación, donde su madre y su doncella se desvivían por atenderla. Entre las dos la higienizaban e, incluso, le leían alguna que otra historia para mantenerla entretenida, pero la apatía parecía haberse convertido en el modo de vida de Clío. Se habían dado por vencidas y celebraban cuando conseguían que comiera un poco de caldo. Había bajado considerablemente de peso y lucía demacrada. Además…no hacía otra cosa que pensar en él.

Aquella mañana durmió hasta pasado el mediodía, como si el cansancio de todo ese tiempo se le hubiera puesto sobre los hombros. Despertó un poco más animada y le permitió a la doncella que la lavara, peinara y le colocara un camisolín nuevo. Clío instó a sus padres a que fueran al evento que habían sido invitados, ya que ese día se encontraba mejor. Lo cierto era que los Sfakianakis habían dejado de lado su vida social por cuidarla y ocuparse de ella. Clío sentía culpa. Los despidió desde la puerta y le pidió a su empleada que le alcanzara una manta, que se sentaría en la galería a contemplar el atardecer. La muchacha corrió entusiasmada a cumplir con su labor, ocultando una sonrisa triunfal por aquella iniciativa. Hacía mucho que la señorita no quería salir de la residencia.

Clío se sentó en una mecedora, en la parte trasera de la mansión, que daba al extenso parque. Detrás de los pinos el Sol se ocultaba entre las nubes, y los anaranjados, violetas y celestes de las nubes le arrebataron una suave mueca de satisfacción. Le agradeció a la doncella cuando le llevó la manta color aguamarina que su madre le había regalado, y la colocó sobre sus piernas. Le pidió a la joven que se retirase, que aceptó dubitativa. Se ajustó la bata, pues el frío de la tarde comenzaba a ser cruel.

¿Por qué no has vuelto a mí? —le susurró al viento, como si este pudiese llevar sus interrogantes a los oídos del único que tenía respuestas.

Estaba tan quieta que, un pajarito irreverente, que no volvía a su nido a pesar del horario, se posó sobre sus rodillas. Clío alzó las comisuras y lo contempló. Estiró, con enorme lentitud, su manos para que el ave se posase en su dedo índice, pero a último momento su pulso la traicionó y el leve temblequeo ahuyentó al animal. Lo observó volar hacia un árbol que se mantenía frondoso a pesar del clima adverso. ¿Cómo se llamaba? Parecía que todo los conocimientos se habían borrado de su cabeza… Los pájaros cantaron anunciando el final del día, cuando ya las luces de los relámpagos iluminaban el firmamento anunciando la llegada de una tormenta.

Clío inspiró profundamente, le gustaba el olor a tierra mojada que traía consigo la lluvia. Se quedaría a contemplar el fenómeno climatológico. Desde allí podría apreciarlo… Sintió un cosquilleo en el estómago, algo parecido al entusiasmo perdido. De pronto, su corazón comentó a latir con rapidez y entendió que aquella tempestad traía algo más consigo… Cerró los ojos y se llevo ambas manos al pecho.

Tardaste mucho tiempo en venir… —sabía que él estaba allí, por más oculto que estuviese.



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Re: In the midst of Winter | Privado

Mensaje por Joakim Sibelius el Miér Abr 11, 2018 10:37 pm


Estaba unido a ella en un lazo que trascendía tiempo y espacio, sabía que la noción de ello era difícil de asimilar, y por ello, por días que le parecieron una tortura, no la buscó. Si había hecho bien su trabajo aquella velada, ya había instalado en el subconsciente de Clío su verdadera razón de existir. Era algo que había perfeccionado con los años y que ahora se trataba de un arte sutil y casi indoloro, porque si se hacía mal, podía producir locura y muerte. Jamás había estado presente en las largas noches en vela de su Ónfale, sabía que podían desorientar y azorar, pero si en realidad se trataba de su reina de Lidia, podía aguantar eso y más.

Las nubes auguraron tormenta, y con el último rayo de sol, vestido completamente de negro, salió al fin en su búsqueda. Los muros y las barreras de los mortales eran un obstáculo nimio para él, no sólo un vampiro milenario, sino el mismo Hércules, ascendido al Olimpo como dios.

Las sombras siempre habían sido sus aliadas, y esta noche no fueron la excepción. Arropado por ellas, pudo avanzar sin ser detectado, hasta que la vio. Una antorcha encendida en la oscuridad más tenebrosa. Una joya que aguarda a ser descubierta en las ruinas de un imperio. El sol de medianoche, perenne por los siglos. Sonrió al escucharla.

Lo lamento —fue lo primero que dijo. Palabras que sólo ella, en cualquiera de sus avatares a través del tiempo, era capaz de arrancar de su boca siniestra—. Lamento haber tardado tanto, pero así tenía que ser. —Al fin se mostró, quedando aún a varios metros de distancia de ella y con los rayos de la tormenta iluminándolo a veces, delineando su regia figura de héroe dorado.

Lo comprendes, ¿verdad? Entiendes por qué dejé pasar tantos días antes de venir a verte. —Salvó la distancia, en un par de largas zancadas estuvo frente a ella y las primeras gotas cayeron en ese momento. Se hincó en una rodilla y estiró las manos, para tomar las ajenas.

Dime qué tribulaciones te quitaron el sueño. Dime qué monstruos voy a combatir por ti. —Le acarició el dorso de las manos mientras no despegaba los ojos de su rostro—. ¿Sabes quién soy? ¿Sabes por qué nos encontramos? —preguntó, debía estar seguro que Clío estaba lista para dar el siguiente paso. No podía acorralarla.

Joakim era un hombre que obtenía lo que quería, que apretaba hasta obtener la última gota de un elixir, pero cuando se trataba de ella, era paciente, porque sólo así podía conseguir su cometido. La observó con ternura y se atrevió a subir la mano diestra hasta su rostro, donde acarició su mejilla.

Te he extrañado —musitó muy quedo. La había extrañado, a ella, a Clío. Y la había extrañado, a ella, a Ónfale. Joakim era de esos que podían dotar de capas y capas de significados a sus palabras, como era el caso.

Entonces aguardó. La lluvia cayó con fuerza mientras él, postrado ante la reina que lo esclavizó, esperó estoico por una respuesta.


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Re: In the midst of Winter | Privado

Mensaje por Clío Sfakianakis el Dom Jul 08, 2018 11:58 pm

Le quitaba el aliento. Se lo arrebataba con violencia, sin importar cuán lejos estuviera de ella. Desde su lugar pequeño, en la mecedora, contempló la figura que se alzaba frente a sus ojos. Contemplativa, Clío lo esperó, y negó varias veces con su cabeza cuando lo escuchó disculparse. Se preguntó, con inocencia, si aquel poder que él ejercía sobre ella era producto de las vidas compartidas o de la magia de lo vivido la noche de su cumpleaños. A pesar de la verdad develada y de conocer lo que su alma había atravesado, seguía siendo Clío Sfakianakis, ¿o ya no? ¿Ya no había vuelta atrás? ¿Había perdido su identidad al recuperar otra? Su costado racional, ese que aún quería ganar batalla, le decía que no importaba lo que había ocurrido, en el presente era otra mujer, y que aquello que Joakim –como seguía diciéndole- le generaba, era el resultado de la velada compartida, de aquella charla en la que se sintió la más dichosa, de las emociones que la atravesaron cuando él la miraba.

Lo comprendo —susurró. La voz le salió más débil de lo que esperaba. —Y te lo agradezco —sí. A pesar del reproche, el tiempo transcurrido le había aclarado las ideas, la había ayudado a asimilar las vertientes que se habían abierto.

Apretó las manos del vampiro y sintió que recibía vida a través de ellas. Las propias, tan tibias y delicadas, se vieron envueltas por las de Joakim, tan frías, pálidas y grandes. Clío se incorporó levemente y apoyó la frente en la ajena, y cerró los ojos para escucharlo. Lo escuchó ella y también Ónfale, que danzaba alegre en los jardines del recuerdo, amando a aquel mito que había sido su prisionero y al que había desposado. La reina que la habitaba, aún sentía orgullo al verlo hincado ante su figura; se vio a sí misma vestida con la piel del León de Nemea, que el propio Heracles había asesinado. Cayó en la cuenta de lo confuso que era todo, y en que debía ordenarse para poder distinguir la realidad. Continuaba siendo Clío Sfakianakis: de ello quería convencerse. Intentó pensar en cómo había sorteado aquella prueba anteriormente, pero la presencia de su amado la afectaba infinitamente.

Lo sé todo. Sé quién eres y sé quién soy…o quién fui —respondió, un poco más recompuesta. —No sería capaz de negar la confusión que me produce, aún no sé bien cómo lidiar con tantos recuerdos, pero ahora que estás conmigo… —se relamió los labios, tenía la boca seca— Ahora que estás conmigo, siento que puedo conseguirlo todo —y era real. Su Heracles era un escudo, era su armadura y su pilar. Ahora estaba con él y ya nada podría separarlos.

Y yo te he extrañado a ti. Al de siempre y al de ahora, al de ésta vida, al que me encantó en cuestión de segundos —y le sonrió con sinceridad. Inclinó levemente la cabeza para apoyar su mejilla de lleno en la palma de Joakim y lo contempló con aquel gesto sincero iluminándole el demacrado semblante.

Ésta vez fue Clío la que alzó su mano. Con el dorso de los dedos le acarició el mentón, los pómulos, la sien, todo aquel amado rostro que ahora volvía a tener tan cerca. Su alma había esperado demasiado para volver a encontrarlo. La joven acortó por completo los centímetros que los mantenían apartados, cerró los ojos y apoyó sus labios en los de Joakim, y aquel contacto tan íntimo, le recordó a dónde pertenecía y por qué nunca había estado completa hasta volver a verlo.



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Re: In the midst of Winter | Privado

Mensaje por Joakim Sibelius el Miér Ago 01, 2018 9:19 pm


Sonrió levemente, pero al contrario de muchas acciones que solía cometer, esto no era medido, ni estudiado, fue un gesto genuino al escuchar su voz, y no sólo eso, al escucharla decir aquello; estaba lista, ¡albricias! Porque aunque trabajaba pacientemente en esa labor, que era la más importante de su existencia, más allá de las de sus mitos, desde luego que se congratulaba cuando podía volver a tenerla en cuerpo, mente y alma. Qué compleja era su historia, qué llena de desdicha, pero ¡ay! Cuando se volvían a encontrar y se volvían a amar hacía que todo valiera la pena. ¿Acaso Afrodita y sus hijos, Eros y Hímero, habían maldecido su relación? Y bendecido a la par, quizá sin darse cuenta. Joakim constantemente se lo preguntaba.

Cerró los ojos para dejarse tocar, disfrutando el tacto ajeno y cuando Clío salvó la distancia entre ambas bocas hambrientas, no tardó en corresponder, aunque se trató de un beso más bien breve. Entonces suspiró y se puso de pie, de ese modo ella lucía más pequeña aún, pero así siempre había sido, se recordó.

Es un proceso complicado, no caigas en la desesperación si aún no lo comprendes, quizá incluso nunca lo hagas, y está bien —habló con tono comprensivo y estiró una mano para tomarla del mentón con suavidad—. Aquí estaré yo, ya no me voy a apartar de tu lado, cuando necesites una respuesta o simplemente alguien que comprenda la lucha que se desató en tu interior, aquí estaré —continuó con la misma nota de sosiego. Era calmado y profundo, como un baile muy íntimo, que los obliga a acercarse más y más.

Entonces la abrazó, con la lluvia cayendo inclemente, y cuando se separó, se quitó la capa de viaje para dársela a ella. Clío, su Ónfale de esta vida, seguía siendo una mortal y no iba a arriesgar nada, iba a cuidarla como lo que era: lo más preciado para un dios. Qué suerte tenía la chica de tener a alguien como Joakim de centinela que no duerme, ¿qué daño podía sucederle ahora? Ninguno, nunca más.

Puedes seguir diciéndome Joakim, y yo Clío a ti —explicó entonces al ver la turbación en los ojos ajenos, le pareció prudente, pues de ese modo el cambio sería más paulatino, hasta para él. No obstante, se inclinó al frente y habló muy cerca del oído ajeno—: aunque cuando te tenga en mis brazos, en el febril abrazo de nuestros cuerpos unidos como siempre lo han estado, he de llamarte por tu nombre, Ónfale —susurró de manera confidente y sensual, con los labios rozando la piel de la chica.

Se separó un poco y la tomó de ambas manos. La observó maravillado, como si fuera la primera vez que la veía, aún cuando la había visto muchas veces, porque siempre era ella, aunque cambiara el color de ojos o la forma de la nariz, el idioma o la posición social, siempre era ella y Joakim, Alcaeus, lo tenía más que claro.

Pero tenemos otro problema —dijo, sin dejar de verla a los ojos—, tú estás comprometida, ¿no es así? —preguntó con tono divertido y una sonrisa burlona en el rostro, indicando que ese compromiso mortal no era nada para alguien como él. Sin embargo, no dejaba de ser Joakim Sibelius en esta vida, el arquitecto finés de renombre, no podía robarse así nada más a la hija de los Sfakianakis.

No era un problema realmente, Joakim tenía sus métodos, no era la primera vez que se enfrentaba a un dilema tan divertido; porque eso era para él, apenas un obstáculo insignificante, y es que claro, hablamos del Heracles mitológico, ¿qué iban a significar los mortales y sus contratos con caducidad para alguien como él?


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Re: In the midst of Winter | Privado

Mensaje por Clío Sfakianakis el Sáb Sep 15, 2018 10:10 am

La invadió una sensación de orfandad absoluta ante la brevedad del beso. Había añorado aquel contacto desde el nuevo nacimiento, aún sin saberlo. Abrió lentamente los ojos y el obsequio de su rostro fue más que suficiente para barrer la amargura de un instante atrás. Lo contempló desde su lugar, mientras él le hablaba con aquella comprensión que le templaba los ánimos. El despertar del letargo no había sido tránsito fácil; en algunas otras oportunidades se había dado con sencillez, pero la personalidad de Clío era fuerte y las estructuras que se habían construido a su alrededor también. Los sueños, las pesadillas, la necesidad de escribir las memorias, la insatisfacción constante, habían generado que el hecho fuese bastante traumático. Hasta su cuerpo había acusado el impacto de las revelaciones. Pero sabía que junto a Joakim podría poner en armonía a Ónfale y a Clío, que no se cruzarían, que no la llevarían a perder la cordura.

Recibió el abrazo y lo respondió casi con desesperación. Los delgados brazos de la muchacha se cerraron en la nuca del vampiro, lo apretaron contra sí, mientras le susurraba su agradecimiento, su gratitud infinita para con él.  Se ajustó la capa y le sonrió, increíblemente estaba helada, y tal estado se lo otorgó a su estado de salud tan frágil. Ya se recuperaría, ya se pondría bien para su Heracles, se llenaría de vigor porque quería estar bonita para él, quería que sólo tuviera ojos para ella.

Lo que dijo a continuación le coloreó el rostro, el cuello y el pecho. Fue víctima de su propia mente, e imaginó sus cuerpos desnudos siendo uno. La recorrió una sensación desconocida, los pezones se le erizaron y agradeció estar cubierta por la gruesa prenda de Joakim. Un cosquilleo que nació en su bajo vientre, se alojó en las partes más íntimas de su cuerpo, y la respiración se le cortó y luego se le agitó. Lo miró con ojos anhelantes, deseosa de que llegara aquel momento, y rogó que él descubriera lo que develaba.

He sido tan bendecida por volver a encontrarnos —dijo con una enorme sonrisa. —Sí, estoy comprometida, no sé cómo haré para comunicarle a mis padres que romperé ese compromiso. A mi madre le hacía tanta ilusión… —de pronto, se sintió desanimada. Entendió la magnitud de lo que estaba ocurriéndole. Aquello no le cambiaría la vida sólo a ella, sino también a sus progenitores, a los cuales jamás podría decirles lo que realmente estaba sucediendo; no tardarían en encerrarla en un loquero, la aislarían del mundo y la matarían de pena.

¿Tú me ayudarás a enfrentarlos? Mi madre… Mi madre puede llegar a ser tan dramática, que no me siento capaz de hablar con ella en soledad. Con mi padre será más fácil —Clío le besó ambas manos, y se sorprendió por lo frías que estaban. No dijo nada, se lo atribuyó a la condición de inmortal que había adquirido su amado Heracles, ahora Joakim.

Admito que aún me cuesta entender todo esto —se sinceró. A pesar de que la realidad se presentaba ante sus ojos, había una parte suya, más bien de Clío, una parte tan racional que se negaba a aceptar del todo la situación. —Siento que me despertaré en cualquier momento y que todo volverá a ser como antes, que continuaré escribiendo mis sueños sin encontrarles demasiado sentido, sintiéndome parte y también ajena —la congoja se le reflejaba en la voz. —Discúlpame —se apuró en decir. —No quiero que pienses que estoy renegando de ti, de nosotros, sólo estoy…un poco abrumada. Mis deseos de verte estuvieron a punto de hacerme enloquecer —la sonrió con timidez y con las mejillas arreboladas.



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Re: In the midst of Winter | Privado

Mensaje por Joakim Sibelius el Lun Oct 01, 2018 10:36 pm


Notó el ligero cambio de semblante en ella, imperceptible para cualquiera, pero no para él (porque él no era cualquiera) y aspiró aire por las fosas nasales dilatadas. Deseó arrancarle la ropa ahí mismo y hacerla suya, consumar lo que ya estaba escrito, pero no era momento, ni lugar. Podía pretender que esperaba hacer de aquello algo especial, pero cuando se trataba de ellos, de ambos, siempre lo era. Sonrió nada más con un dejo de malicia.

Oh, Clío, no te acongojes antes de tiempo, por favor —le dijo al fin y con el dorso de la mano, acarició su mejilla para luego quitarle un mechón de cabello castaño, tal como lo había tenido la reina de Lidia. Y es Clío y Ónfale, Ónfale y Clío eran la misma—. ¿Acaso piensas que existe algo imposible para mí? —sonó suave a pesar de destilar arrogancia en sus palabras y en su rictus, como siempre era. Pues bajo su nombre se forjaron mitos e imperios.

No pienses demasiado en eso, ni en las dos realidades que ahora están chocando dentro de ti —le aconsejó y le tocó la punta de la nariz con el índice diestro—. Poco a poco todo se acomodará, yo voy a estar a tu lado, cuando te vayas a dormir y cuando despiertes, ahí voy a estar. Respecto a tus padres… —No terminó la frase y en su rostro apuesto se dibujó un gesto fanfarrón. La tomó de la mano y la llevó hasta un sitio para sentarse. Estaba mojado, pero si todo salía bien, esa misma noche le haría la propuesta que le hacía a todos sus avatares.

Tú me vas a ayudar, los conoces mejor, pero, Clío… hermosa Clío, ¿acaso no me ves? Soy el aristos achaion, el mejor de los griegos, voy a convencerlos, ¿quién no querría que su hija se quede con un hombre como yo? —Arrogancia pura, y a la vez, Joakim hablaba blandiendo la verdad, le había funcionado tantas otras veces que estaba seguro de ello, y las que no, terminaba por hacer uso de sus muchas otras habilidades. No había obstáculo mortal que pudiera interponerse entre él y Ónfale. Si antes mató al león de Nemea y capturó al ciervo de Cerinea, ¿qué era esto sino nada?

La tomó de ambas manos.

Debes confiar en mí. Debemos preparar esto juntos, ¿de acuerdo? Hay algo que quiero que hagas primero, ¿podrías hacerme ese favor? No quiero obligarte, y puede ser demasiado pronto, puedes decirme que no, no me enojaré. Antaño tú eras mi ama y yo tu esclavo, ¿lo recuerdas? Aún tengo memorizadas las reglas, y una era que no podía molestarme contigo —habló muy quedo, confidencial, aunque jamás titubeando—. Comprenderé si me dices que no, que necesitas tiempo, pero, me temo, amor, que es algo necesario y que tarde o temprano debe hacerse. —Le acarició el cabello en un acto sumamente delicado, considerando su pasado guerrero y su apariencia monumental. Sólo con ella era capaz de mostrar ese lado.

No quiero que vuelvas a dormir en ese letargo, por eso lo hago. No quiero ser sólo una historia en tus escritos. Quiero ser tu realidad. —La volvió a abrazar mientras le decía todo aquello y le besó la frente, las mejillas y los párpados, la nariz, la boca y el mentón.


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Re: In the midst of Winter | Privado

Mensaje por Clío Sfakianakis Ayer a las 10:11 pm

De muy pocas cosas estaba segura. Todo aquello que ella había considerado imposibles, inventos, mitos, se habían deshecho ante sus ojos. El velo de la racionalidad se había corrido y había quedado desnuda ante lo desconocido. Nunca había sido religiosa, considerando que iba en contra de la ciencia. Las reencarnaciones y las criaturas sobrenaturales, ni siquiera entraban en su plano de acción. Terminó envuelta en una historia de esas, que dio por tierra con todas las creencias e ideas que ella tenía. Joakim Sibelius le había trastocado la existencia de la forma más placentera que alguien puede hacerlo. Sus almas, otrora amantes, se habían encadenado hacía siglos. Habían permanecido juntos a través de los años, ella siempre esperándolo, él siempre encontrándola. Aún no tenía demasiada noción de todas sus vidas anteriores, recordaba sólo la primera, aquella en la que había sido la Reina de Lidia y él un hombre endiosado, un héroe griego del que se tejieron cientos de historias.

Lo escuchó con atención, con la certeza de que él resolvería el asunto de sus padres. Clío no podía creer que se preocupaba por una nimiedad como aquella, ante la inminencia de una realidad que la había cambiado de pies a cabeza. Ya no era ella sola, estaba también su Heracles, ese al que tanto había amado y con el cual había jurado reencontrarse pasasen los años que pasasen. Podía sentirlo en su alma, en su pecho, en la totalidad de su cuerpo. El amor la cubría, la embargaba, y lo amaba con esa vida y con todas las que hubiera habido antes. Quería permanecer junto a él el tiempo que les quedara. Ya nada podría separarlos. Joakim le daba la confianza, esa que estaba tan tambaleante ante la luz de los acontecimientos. Necesitó creer en él como en nada, pues se sentía inestable y sola, repleta de preguntas que aún no se animaba a hacer.

Si yo fuera madre, querría que mi hija se case contigo —bromeó. El matrimonio y la eternidad siempre le había parecido un sinsentido, por más que su madre se hubiese esmerado tanto en inculcarle su manera de pensar. Clío era reticente a todos aquellos mandatos con los cuales las mujeres nacían.

Prestó atención a sus palabras, sin comprender demasiado de qué se trataba. Pero estaba segura de que él no haría nada que le hiciera mal. La joven tenía la convicción de que todo lo que viniera de Sibelius sería bueno. Se dejó abrazar, y recibió sus besos con la más absoluta alegría, con una sonrisa curvándole los labios. Quería rogarle que nunca se detuviera, pero entendió que debía dar una respuesta. Ésta vez, fue ella la que lo tomó de los manos y lo contempló con dulzura infinita.

Recuerdo todo. O casi todo. Aunque también se mezcla con mis lecturas —estaba nerviosa. No sabía bien cómo proceder. —No sé qué es lo que quieres que haga, pero lo haré. Confío ciegamente en ti. Haré lo que sea, ahora mismo. Dime qué es, y lo haré —le besó ambas palmas, con los ojos cerrados. Volvió a mirarlo. —Te amo, aunque parezca extraño. Sé y siento que te amo. Y éste amor me da la seguridad. Confío en ti, Joakim. Y confío en que, sea lo que elijas para nosotros, será lo mejor —entrelazó sus propios dedos con los del vampiro. Estaba expectante, pero la ansiedad había cedido, y le había dejado su lugar a una tranquilidad profunda, nacida de saber que estaba haciendo lo correcto y lo que sentía.



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