Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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El Último Baile [Flashback] +18

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El Último Baile [Flashback] +18

Mensaje por Tsetsé Verte el Miér Mar 14, 2018 9:30 am

“Missed me, missed, me now you've got to kiss me
If you kiss me, mister, you must think I'm pretty
If you think so, mister, you must want to fuck me
If you fuck me, mister, it must mean you love me
If you love me, mister, you would never leave me
It's as simple as can be.”
“The Dresden dolls” Missed me.


Cuando la rabia arremetía, Ametz le daba la mano. Había aprendido que aquel sentimiento debía llevarse con carisma y con el grotesco desparpajo de un demonio. Si se veía abrumada, ya no salivaba como un animal salvaje, sino que se erguía altiva con miles de promesas reflejadas en su parda mirada. Él le había enseñado a tomar espacio, a pensar y disfrutar de aquel sentimiento con tiempo. Oh, qué delicioso podía ser el éxtasis generado por la cólera. Ya no era chapucera en sus matanzas, sino elegante y tortuosa como una magnífica pesadilla. Aunque, a decir verdad, en ocasiones la chapucería no estaba demás. Como en aquel instante. Su figura, bañada por el carmesí, parecía refulgir violenta bajo la pálida tez de la luna.

Se encontraba en el jardín trasero de su mansión, donde los gritos eran escuchados por el oscuro firmamento y sus obedientes sirvientes, que estaban lo suficiente aleccionados como para no intervenir, como para ni si quiera echarse a llorar de espanto. Una sola lágrima y Ametz los convertiría en presas también

Arrastró a su última víctima, o más bien la influyó para que se arrastrara ella misma sobre el suelo. Ya ni si quiera sollozaba, su mirada manchada de sangre estaba estática, perdida, vacía. Apenas era una adolescente taimada y de mejillas dulces. Su familia, había atentado recientemente contra gobierno que entre su compañero y ella habían establecido. Los osados, habían tratado de abandonar Logroño en busca de ayuda y eso…. No podía ser. Aquella ciudad era suya, los habitantes eran suyos, ergo, nadie salía de allí y nadie trataba de traicionarlos. Pobres infelices, que se vieron arrastrados hasta su mansión al caer la noche, donde un precioso jardín primaveral era el parque de juegos de una bruja y un demonio. Eran cinco, el padre, la madre, dos hermanos mayores y la adolescente; Olimpia. Precioso nombre, poderoso y embaucador. Por ello la había elegido para ser su títere. Controlando todos y cada uno de sus movimientos, la obligó a terminar con la vida de su familia. La madre no se resistió, el padre tampoco. Los hermanos, sin embargo, ah, aquello fue tan interesante…Tan trágico que incluso ella se había animado a participar. Dos contra dos, sino no hubiese sido justo…

Las garras invisibles de la bruja dejaron de someter la voluntad de Olimpia, pero la chica, no se movió. Estaba muerta en vida. Ametz se agachó y apartó su cabello del rostro.

¿Por qué esa tristeza? Te ayude a matarlos, ¿no es así? Te escogí como mensajera, te dejé vivir. Eres el ejemplo para esta ciudad apestosa. ¿Acaso no estás contenta? Podrás continuar con tu vida… Si no quieres agradecérmelo, quizás deba preguntar a otra persona qué hacer contigo ─soltó su mentón, incorporándose─. Levántate.

Temblorosa, la muchacha hizo lo debido.  Tropezó consigo misma, un par de veces, desorientada al recuperar repentinamente el control sobre su cuerpo. Ametz se desplazó hacia él, que esperaba, entretenido. Lo miró un momento, estudiando su expresión afilada a la par que suave, su físico y su mente era un nido de contradicciones. Había disfrutando de su compañía durante dos años y todavía era incapaz de desentrañar los secretos de su mente. Nunca sabía lo que se le pasaba por la cabeza. Por ello, le tenía altamente prohibido indagar en sus pensamientos. Era incapaz de saber si respetaba o no su petición, aunque prefería creer que su mirada sagaz no se sumergía en su mente. Él la había ayudado a formarse, a leer, a moverse con la elegancia de una mujer de clase alta a hablar como ellas y a potenciar su barbarie.

Tomó asiento sobre él, rodeando su cuello con sus brazos, manchándolo.

¿Es que acaso no te apetecía jugar hoy querido Gaspar? ¿No te encendieron los gritos de niñita? No me digas que estás comenzando a encontrar esta tarea fatídica, sería una gran decepción…

Alejó los labios de su oído y extendió una mano hacia Olimpia, que se acercaba, recobrando poco a poco el temor en la mirada al verlo a él. Ametz rodeó la muñeca de la muchacha, cuando comenzó a vacilar en su avance y tiró de ella. Torpe, chocó con el otro hombro del vampiro. Sus ojos acuosos, se bañaron en lágrimas cuando parecía que no tenía más por derramar.

Aquí la tienes ─susurró a su compañero─. Me entristece verte aquí sentado, así que te la regalo. Puedes hacer con ella cuanto quieras, puede servir de ejemplo para el resto de los ciudadanos o simplemente satisfacer tu disfrute.

Sus dedos ensangrentados trazaron el pómulo casi albino de Gaspard. Dejó un rastro de sangre hasta sus labios, tintándolos de rojo.

Decisiones, decisiones… ¿Cuál será la que tome el Diablo?



Última edición por Tsetsé Verte el Lun Ago 06, 2018 9:48 am, editado 1 vez




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Re: El Último Baile [Flashback] +18

Mensaje por Cornelius Vane el Lun Mar 19, 2018 3:29 pm

"No necesitaba confiar en ella para saborearla
Yo sólo la gozaba y la incrementaba en sus faltas
Faltas que eran mías
Porque a mi nombre le había perdonado la vida
Todo para convertirla en mi bestia
Mi deliciosa y sucia bestia."
Cornelius Vane

Todo vestido de gala, bajo la misma luz que bañaba las enredaderas de la magnífica edificación, sobre una silla de roble, observaba a su amante el usurpador. Sólo Michelangelo podría haber comprendido lo que Cornelius sentía al ver a Ametz arrasando con los hijos de la tierra, reconociéndose a sí misma como vástago de Belcebú. Qué fascinante era el movimiento de sus manos castigadoras, filos mortales tanto para asesinar como para adorar. Qué pena que fuera humana y que durara tan poco. Hubiera mandado a esculpir su figura, pero hubiera sido en vano intentar describirle el mal al artífice; Ametz estaba por encima del cincel, por lo que tenía que contentarse con mirarla así, aceptando que no había nada más exquisito en el mundo de los vivos.

Como si se tratase de un afrodisíaco, recibió de buena gana la sangre sobre su piel. Ella sabía cómo incitarlo. Como no podía llevarlo al infierno, se lo esbozaba con las víctimas que aniquilaba. Y así, él llenaba su imaginación con el ritual que seguiría tras el sacrificio del cordero.

El Diablo ya había tomado su decisión, desde la primera masacre de la bruja Ametz. Pero no despreciaría su obsequio; le daría utilidad.

De todas las tinieblas que me han seguido, la tristeza fue la primera que abandoné en el camino. Llamas a varias de mis sombras de vuelta, pero son veinte veces más interesantes que esa carga tan mundana. — dijo Cornelius besando el dorso de la mano de Ametz mientras ésta se alejaba. Luego desvió la mirada hacia la última desgraciada y la vio con desprecio —. No deja de temblar. Me hastían las miedosas, pero tienen algo positivo. Mírate, Ametz. Mira cómo estás. Estás a punto.

Tenía que sacarle provecho a la situación. Ametz nunca se veía más exquisita que cuando la sangre la bañaba. Y él, se enardecía con ello. Ponerle zapatos de cemento a la presa era un desperdicio. No. Cornelius quería encender a su pupila, a quien le había enseñado tanto a leer como a carcomer. Sin dejar su asiento, el vampiro posicionó una mano sobre el pecho de la llorona, y con un movimiento bestial destrozó su aorta. La víctima cayó al suelo ipso facto, desangrándose por doquier en una agónica y lenta muerte.

Pero antes de que su corazón dejase de latir por completo, Cornelius se levantó sujetando a su amante por las caderas, y se dejó caer junto a ella sobre el cadáver en potencia. Una ladina sonrisa adornó el rostro del inmortal, no por lo que estaba ocurriendo, sino por lo que estaba a punto de hacer.

Te voy a desbordar.



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Re: El Último Baile [Flashback] +18

Mensaje por Tsetsé Verte el Dom Abr 08, 2018 3:45 pm

Sus pupilas se iluminaron con el más puro de los carmesíes cuando Gaspar hizo desaparecer la vida de la muchacha con un simple gesto. No fue una exhalación de horror lo que escapó de los labios de la bruja, sino auténtica avidez. Con tan solo un sencillo movimiento, el inmortal reflejó el gran poder del que disponía entre sus manos, el cual despertaba en ella profunda admiración y cierta envidia.

Trágico, el cuerpo de la muchacha se derrumbó contra el césped, cual muñeca rota. Ametz tan solo parpadeó, frunciendo la nariz, presa del salvajismo que la situación le otorgó. Sus caderas se vieron aprisionadas súbitamente, y con ello, todos sus anhelos. Ahogó un jadeo de pasmo. El primer contacto forzoso siempre la prendía de sobremanera, especialmente cuando se veía arrastrada por sus garras. Sonrió, una sonrisa inquietante. Bajo su cuerpo, sintió la sangre empapar las ebras de su cabello, su columna y su alma ennegrecida. Alzó las manos en busca de los marcados pómulos del Rey. Sus dedos, largos como las patas de una araña, hicieron rodar sus uñas sobre la tierna piel de Gaspar. Abrió la superficie con las mismas, observando como la herida desaparecía casi al instante. La bruja se mordió el labio. También envidiaba aquello, la sanación instantánea. Como un Dios…

Mi señor, ¿es eso lo que os proponéis hacer conmigo? Acabáis de desaprovechar la sangre de una presa en potencia, ¿no os da lástima? Tal vez de esa forma vuestra sed se hubiese visto satisfecha ─Sus pupilas, descontroladas sobre ella incrementaron su presión sanguínea. Ametz deslizó el pulgar hasta el interior de su boca─. Mira esos colmillos, desesperados, necesitados…Ah, qué lástima…

Giró el mentón, ofreciendo las distinguidas venas de su largo cuello, como un postre emplatado en oro. Su otra mano se enredó en sus cabellos casi albinos, empujándolo hacia sí.

Vamos…Acércate, ¿no es esto lo que deseas? El sabor de mi sangre taimando tu lengua…

Su aliento apenas rozó su piel, la boca a escasos centímetros del manjar y Ametz dejando escapar una súbita risilla que prometía algo más que una inocente travesura. Desplegó el escudo tan súbitamente que Gaspar se vio despedido hacia un lado. Esta vez fue ella quién se posicionó sobre su amante, haciendo desaparecer el escudó.

¿Y pensaste que sería tan fácil? Seguro que no, ya me conoces muy bien… Nunca es fácil conmigo.

Observó, el carmín de la sin vida, tiñendo los cabellos casi albinos de su amante. Bañado bajo la luz lunar y las tinieblas del infierno, su diabólica presencia parecía el mejor de los pecados. Anhelante, y puede que tan famélica como él, Ametz puso en cadencia sus caderas contra las ajenas en una tortuosa fricción que hizo que su pecho se inflara como una fogata. Más ardiente, que aquellas que habían sido condenadas al fuego de los herejes.

Umm…Veamos…Puede que, si te portas bien y me pidas permiso, permita un ligero mordisco ¿Qué te parece? ─provocó─. Vamos…Dilo. Por favor, por favor mi señora, os lo ruego, tan solo una probada…

Se movió tentadora, pausándose repentinamente, para inclinarse y mostrar nuevamente su cuello. Por supuesto, sabía que Gaspar podría liberarse en cualquier momento, pero ¿qué había de malo en jugar?, ¿en creer que podía dominar a una criatura como aquella? Tan solo pensar en poder controlarlo la sumía en una nube intoxicante de poder. Sus labios rozaron la oreja del vampiro, susurrante:

Vamos, hazlo, suplícame, Gaspar...

La risa, cantarina se elevó.

Ruégame o despedázame de una vez por todas.





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Re: El Último Baile [Flashback] +18

Mensaje por Cornelius Vane el Mar Abr 24, 2018 9:55 pm

Ametz era todo cuanto deseaba, ¿y ella le increpaba desperdiciar esa sangre asquerosa? Más bien la estaba devolviendo a su lugar, junto a los demás insectos. Cornelius quiso morderle los dedos a su amante, por insolente, pero ¿no era eso lo que le fascinaba de ella? Eso y que su mente absorbiera hambrienta cada una de sus sádicas perversiones. Convencido de que esa indómita bruja era una fiera con la que él había decidido hacerse, se entregó para gozar las consecuencias de su elección, inclusive el impacto del escudo, porque no había nada que los protegiese a ambos de juego lascivo.

No te quiero fácil; te quiero desquiciada. — murmuró disfrutando el roce de sus caderas sobre las suyas — Eso es lo que quieres. Qué descarada te estás volviendo. Tu cuerpo, tu lengua, hasta tu sangre quiere verme a tus pies. ¿Quieres que me rinda ante tu cascabel? Qué posición más difícil en la que me pones. — sonrió con la coincidencia entre sus palabras y la hembra que llevaba encima —. Haré como tú digas. Me portaré bien, y descaradamente mal.

El cuerpo de Cornelius imitaba el invierno, pero eso no le impedía sentir a la hechicera ebullir en su oreja. El vampiro cerró sus ojos con una sonrisa, paladeando sus palabras. Su diabólica arpía. No dijo nada hasta que tomó su decisión, aunque no hubiese habido nada que pensar.

Será a pedazos. — anunció abriendo los ojos turbios de malicia.

Y con eso, el inmortal dejó esa postura pasiva atrapando los labios de su Lilith. Era como si hubiese contenido la pasión durante años de ausencia, y así era en cierta forma, pues la mayor parte de su existencia la había deseado, sin saberlo, a ella. El nudo se desató de tal manera que a ambos les sorprendió, sujetándose mutuamente, a pesar de estar en tierra firme. Eran ellos los que flaqueaban, y ni siquiera lo dimensionaban. Los besos con sabor a mordida, sus caricias al punto de mezclarse con la piel ajena, ardieron desenfrenados a la vez que posesivos.

El suelo rojo de sangre, el morbo y las vidas tomadas acompañaron a que ambos lentamente dejaran de emitir sonidos humanos y se devoraran como animales. Cornelius la arrasaba con la lengua y con el roce de sus colmillos. Quería hacerle heridas que le permitieran hacerse con el placer del sy ella arqueó la espalda y se apretó contra él.

Ametz. — gimió excitado ante su boca caliente y tentadora.

Con premura, Cornelius le deslizó sus manos por la espalda. Apretó sus pulgares a propósito al recorrer su columna para hacerla gemir. Deseaba tocarla, pero no le quitaría el vestido. Quería que ella reaccionara, ya fuera adorándolo o violentándolo. Que le diera una excusa para hacerle hervir la sangre y engullir su esencia entera.



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Re: El Último Baile [Flashback] +18

Mensaje por Tsetsé Verte el Mar Jun 26, 2018 4:03 pm

Ametz era obscura, y en el caótico universo de su mente, el odio y la adherencia se dilataron. Aborrecía a Gaspar, lo aborrecía de la cabeza a los pies, pero lo amaba (si podía llamarse amor) del mismo modo. Tal era su avidez por él, que aplacable su necesidad de hacerlo añicos. No era necia al odiarlo, el descarado la había arrastrado fuera de su soledad. La había moldeado a su gusto y la había dejado ser libre al mismo tiempo. Su odio había sido reemplazado por la lujuria en gran medida y por la devoción en otro tanto, algo que le hacía sentir repugnancia por si misma. Sabía que tendría que matarlo algún día por ello, ella era su única reina, desde que emergió del vientre de su madre, y no podía ser de otro modo. Pero por el momento, se dejaría enredar en aquel baile demencial.

Sus caricias tornaron violentas, anhelantes y desterrantes. Asfixió, araño, mordió y hundió sus uñas hasta rozar sus órganos con las yemas. Su sonrisa coronó su sadismo y anhelo su masoquismo cuando él la manejó.

Osado… ─acusó, con el más ofendido de los tonos.

Rasgó el pómulo ajeno, manchando sus uñas de carmesí, las cuales lamió al instante, dejando escapar una risilla de infante traviesa.

Ay… ¿Os he hecho daño mi Rey? Tuve que hacerlo… ─murmuró, besando con ternura aquel lugar donde lo había maltratado─. Decidisteis despedazarme cual cruel criatura y, una niña debe defenderse, ¿no creéis? Aunque si soy sincera, hubiese sido decepcionante que simplemente hubieses escogido rogarme.

Sus dedos largos como patas de araña acariciaron su cuello, un pequeño inciso y la sangre broto acompañado de un embellecido mascullido. Ametz acerco el cuello a la boca de Gaspar.

Bebe mi niño, bebe hasta estar saciado.

Y ella lo deseaba tanto, anhelaba tanto sus colmillos enquistados en su piel. Levanto sus faldas bruscamente para así permitir que se hundiera en ella. Pero todo fue arrebatado nuevamente por un repentino escudo. Ametz se carcajeó, sabía que aquello lo prendería, lo enfurecería, volviéndolo loco al mismo tiempo y, que probablemente su sonrisa demente se vería reflejada en la de él.

Tómame, viólame, desgárrame, pero no te fíes de mí. Yo tampoco confiaré en ti. Pero si ambos hemos aprendido algo es que las cosas se toman a la fuerza, ¿no es así? Aquí me tienes, ultrájame entonces, como lo has hecho con ella.

El cadáver en el suelo los contempló ausente. Una muñeca de seda y porcelana, rescrebajada en alma y cuerpo.





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Re: El Último Baile [Flashback] +18

Mensaje por Cornelius Vane el Lun Ago 06, 2018 7:03 pm

Vípera. Podía seguir el rastro de su sangre con los ojos cerrados, porque esa misma sangre, fría y destructora, le hervía a la hora de intimar. Imitando a la ardiente Ametz, Cornelius tropezó, una y otra vez, con la misma piedra. Acumulaba exasperación a conciencia, como orándole a la devastación, móvil de sus apetitos. Que siguiera dándole excusas para hacerla pedazos, independiente de que no las necesitara. Le darían fuerzas.

Por eso estiró el cuello hacia atrás con los ojos cerrados cuando escuchó la petición de su amante. Incluso desde la distancia, se podía notar que su mandíbula estaba apretada y que una vena en su cuello latía. Necesitaba la oscuridad del cuerpo de Ametz sobre el suyo.

Hasta que la oscuridad le llegó a los ojos, enturbiándola cual sombra infernal. Tomó fuertemente a la hechicera de las caderas y la miró con la certeza de una amenaza que pronto habría de cumplir. Cuando se trataba de Cornelius, nunca se sabía si era peor verlo serio o sonriente. Cuando estaba serio, algo tramaba; cuando sonreía, el plan ya estaba en marcha. Y su faz transitaba en terreno desconocido.

¿Quieres ser como ella, demente? — preguntó como si, con una respuesta afirmativa, fuese a partir la tierra  —. Sabes que podría hacerte polvo aquí mismo, y aún así desafías a tu ajusticiador. Si deseas tanto la muerte, comienza por follarle.

De golpe, Cornelius la arrojó sobre el cadáver, manchándola con la sangre aún tibia. Ella no había alcanzado a levantar su cuello cuando el vampiro rajó el escote de su vestido, exhibiendo su pecho desnudo. Sin necesidad de tocarla, por su gesto, Cornelius ya sabía que la humedad de Ametz comenzaba a descender. Su apetencia sexual era insaciable, al igual que su crueldad.

Qué pulcra estás. — dijo acariciándose el mentón con el pulgar —. Déjame contaminarte.

Extasiado con la piel expuesta, comenzó a degustar la delicada carne de su cuello. Sus labios y dientes, que dejaban huella a su paso, se sentían como los de un animal. Más bestial aún fue cuando sumergió una de sus manos en la sangre de la muerta y luego la esparció sobre los senos erguidos de la hechicera. Así estaba mejor. Cornelius gozaba con sus reacciones, sonriendo maliciosamente contra su clavícula. Estaba decidido a hacerle suplicar que le subyugara. Era su juego. Eran sus normas y le encantaba disfrutar del morbo y del placer.

Sus labios helados comenzaron a bajar a sus pechos, así como estaban, de un delirante carmesí. Sin importarle que su cara se tiñera de rojo, continuó con sus atenciones. Quería que la espalda de Ametz se arquease como si no la estuviese aprisionando, nublar su visión con lágrimas de éxtasis hasta provocar el propio.

Cornelius moría por empapar a esa mujer.

Serpiente mía. Cuando me pediste que te ultrajara, no sabías lo que hacías.



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Re: El Último Baile [Flashback] +18

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