Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Aglaia el Vie Abr 13, 2018 3:16 pm

"His ferocity surpassed only by its beauty.
Her beauty equaled only by her devotion to her king".

París, la ciudad del pecado y de la decadencia disfrazada con la insulsa palabra del amor. No existe un recoveco donde la maldad no esté presente. La sociedad ha decaído, las polis griegas se han trastocado en un amasijo de fingida refinación y evolución. Si la antigüedad estaba plagada de barbarie, la actualidad no refleja un cambio drástico. Las instituciones se han transfigurado, las personas transformado y pocos son los lugares donde los valores de la verdad, el honor y la lealtad para los tuyos existen. Los hombres han caído a planos de degeneración moral que sorprenden. En su polis, no hubo tanto adelanto por así decirlo, los estudiosos atenienses, los pacíficos y remilgados atenienses se ufanaban de tener una polis mucho más avanzada que Esparta.

¿Y a dónde condujo todo? A la conquista. A perder los tipos de existencia y en el momento que los espartanos fueron señalados con el dedo difamados de crueles y sanguinarios, los invasores entendieron cuál era la polis que debían atacar con fuerza. Los homoioi han desaparecido, de las cenizas emergió una especie de hombre que ¿Podría llamarse así a los decadentes humanos que pugnan por valores éticos y morales cuando en la oscuridad practican todo tipo de actividades contrarias a sus palabras? La homosexualidad, por ejemplo, tan natural en Esparta y Atenas, era aquí un motivo de persecución y homicidio.

La iglesia, pilar religioso de la ahora humanidad, era la culpable de que la mentalidad de los hombres cambiara con la creencia de un falso dios que es todo bondad cuando en sus escritos, lo que se aprecia en el Viejo Testamento, es una oda a la destrucción y a la maldad. Otrora distinto con el famoso Jesucristo que muere en la cruz romana y ni siquiera la Iglesia tiene la bondad de representarlo como fue. Los clavos en las manos son una parodia de lo que la institución es: un nido de serpientes mentirosas, viles y traicioneras. Y compararlos con el reptil es un golpe bajo porque estos seres de sangre fría atacan por instinto, no por el anhelo de matar a sus pares por gusto.

Algo que en Esparta no fue así. Si bien la situación social y política no era un algodón de azúcar, no eran unos hipócritas indicando que todos eran iguales. Había esclavos y como tal, se les daba el tratamiento adecuado. La Iglesia proclama a los cuatro vientos la igualdad y existen los esclavos sólo porque "no tienen alma", así que no pueden aleccionar a los negros del África por esa ausencia de lo que ellos consideran, lo es todo. ¿Qué saben ellos de un alma? Si fuera así, ni siquiera los egipcios podrían tenerla y en sus historias están las puertas del inframundo abiertas para todos y dependiendo las acciones que realizaran, era el lugar donde morarían. Igual en su propia cultura griega. Estaba el Elysium. Y qué decir de la vikinga con el Valhalla. El paraíso católico es una muestra del símil poco concebido y desarrollado con un infierno retorcido que llena de temor a todo aquél que escucha la mención de Satán. Como si a los espartanos les atemorizara cenar en el Hades.

Los pasos de la vampiresa resuenan por los adoquines en tanto busca algo adecuado para comer. En su nueva condición no-viva, un ilota era una buena opción en aquéllos tiempos de gloria y honor. Hoy, se conforma con aquéllos seres que debieron morir en lo alto del Apothetas. Seres sin importancia para la sociedad, que son exiliados por ésta y que mejor muertos que ser una carga para el sistema económico. Así entonces, sus pies continúan en la búsqueda. Sus sentidos desarrollados buscan sin éxito por el momento. Justo, un ruido la alerta, voltea hacia su derecha llevando una mano a la cintura de sus ropajes. El traje de guerra ha sido guardado por esta noche, mas las espadas gemelas siguen prestas en su cinturón al igual que las dagas. Nunca se está bien preparada para lo que pueda pasar.

Su sigilo hace su aparición, sus movimientos felinos la llevan hasta un callejón donde al parecer, uno de sus pares se alimenta. O intenta hacerlo. Las diversas marcas en el cuello y muñecas del humano son muestra de cuánto es su deseo de proporcionar angustia. Porque el Beso es un momento muy placentero para la víctima, así que conociendo a otros vampiros, supone que está dándose el tiempo para que su alimento tenga la conciencia de lo que está haciéndole: consumiendo toda su esencia. Va a alejarse cuando algo la hace percibir lo contrario. La angustia está en la vampiresa que intenta de nueva cuenta, morderlo y no puede más que succionar unas gotas dejando la herida abierta. La sangre derramada es suficiente para que el hombre bajo su cuerpo muera. No hay forma de dar marcha atrás. ¿Acaso es una neonata? ¿Y dónde está su sire? Busca con la mirada sin encontrarlo, expande sus sentidos sin éxito. ¿Está sola? Eso es malo para la especie.

Una neonata sin dirección, sin un mentor que la proteja, es un blanco para la sociedad, sobre todo para los cazadores e inquisidores. Su instinto prima. Se acerca hasta ella poniéndole una mano en el hombro. El respingo es esperable - así no. Lo único que haces es provocarle una hemorragia y no puedes alimentarte. Sella las heridas con tu saliva. Eso lo regenerará y cerrará todas las incisiones. Ten en cuenta que, por la pérdida de vitae, él ya no vivirá. Así que afianza bien el cuello, muerde la yugular y acábalo. Ten piedad de él, porque sufrirá intentando recuperarse, pero la parca ya está aquí. Se lo llevará al Hades con o sin tu ayuda. Aliméntate y consúmelo - su voz es suave y aleccionadora. Relaja, pareciera como si hubiera dicho ésto cientos de veces. Y así es. Aglaia ha sido mentora de tantos vampiros a lo largo de su existencia que ha perdido la cuenta.


Última edición por Aglaia el Mar Ago 21, 2018 2:37 pm, editado 2 veces



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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Ayame Nanami el Lun Abr 30, 2018 10:35 am

Había pasado varias semanas desde que por fin podía controlar de alguna manera mis movimiento para parecerme lo más posible a cuando era humana, me había costado un poco controlar la velocidad y la fuerza porque era algo que hacía casi sin pensar pero al final fui capaz de dominarlo, al menos, para no seguir encerrada volviéndome loca, necesitada de salir a que fuera a tomar el aire aunque este ya no lo necesitara. Estaba poniendo todo de mi parte, estaba haciendo todo lo posible para adaptarme a la nueva vida que tenía, a lo que debería de ser a partir de que despertara ya convertida en vampiro dejando atrás la vida humana que había llevado, atrás quedaban las comidas normales, los paseos bajo la luz del sol... lo iba a echar mucho de menos, no es que fuera una gran aficionada a dar paseos matutinos pero el saber que jamás iba a sentir el sol en mi piel de nuevo no era algo que me gustara en absoluto. Cerré los ojos y lancé un suspiro preparándome para otra noche de nuevo por las calles, el sol ya se había ocultado y era una sensación extraña pero era como si pudiera sentirlo, como si mis sentidos despertaran cuando el sol se escondía y se ponía... era extraño sin duda alguna. Debía de afrontar una noche más lo que era, acostumbrarme a pasear por las calles de París sintiendo todos aquellos corazones que me llamaban y me tentaban para que los tomara, para que hundiera mis colmillos en su cuello y me alimentara. Eso era lo que peor llevaba de todo aquello, yo no era una persona que le gustara hacer daño a la gente y solo lo había hecho en momentos puntuales cuando había sido atacada, mi padre me había enseñado a defenderme desde que era pequeña y sabía artes marciales, podía defenderme tanto cuerpo a cuerpo como con cualquier espada aunque mi especialidad fueran las Katanas. Pero herir a una persona solo por el simple hecho de que había algo en mí que me impulsaba a tomarlo, a beber de esa persona... no me gustaba en absoluto. Era lo que menos de gustaba de ser vampira y a esas alturas me suponía muy complicado el alimentarme, aunque había ido probando primero de forma controlada o así me habían enseñado, tenía la suerte de que quien me salvó tuvo mucha paciencia conmigo y además respetaba la vida humana, no los mataba para alimentarse y eso es lo que quiso enseñarme... pero para una neófita eso no es fácil.

Yo intentaba controlarme pero era cierto que no podía quedarme recluida siempre y desde que me había convertido en vampira no había ni visto a mi familia, bueno, al menos a la “familia” que tenía en París ya que mis padres vivían en Japón. Les pude mandar una carta asegurándoles que estaba bien y que volvería pronto, tenía ganas de verlos porque los echaba de menos al igual que a los pocos amigos que había logrado hacer allí, pero me costaba controlar mi sed y no quería hacerles ningún tipo de daño. Salí finalmente a la calle donde el sonido de los corazones latiendo de los humanos captó toda mi atención, sentí que el hambre crecía en mi interior de una forma que era complicado de controlar, escuchaba el ritmo incesante de estos, el olor que desprendían era simplemente delicioso y sentí que mis colmillos crecían casi sin darme cuenta. Tapé mis labios con mi mano para que nadie se diera cuenta de los colmillos que asomaban y me fui mezclando entre la gente intentando controlar las ganas, hasta el momento no había matado a ninguna persona pero tenía que alimentarme porque llevaba un par de días sin probar alimento alguno, yo no quería matar así que lo más seguro era coger a alguien, dejarlo inconsciente y beber... el problema y el miedo que me daban era que no pudiera controlarme y acabara por beberme hasta la última gota. También mi Sire me había dicho que todos los vampiros tenían y desarrollaban ciertos poderes cuando eran transformados y que, posiblemente, estos se fueran manifestando con el paso de los días pero por el momento yo no había notado nada raro. Seguí andando hasta que encontré a la presa perfecta, estaba completamente solo y no me costó demasiado convencerlo para que me acompañara, desde que era vampira la seguridad y la confianza en mí misma habían aumentado y lo que antes como humana me habría costado mucho más ahora parecía mucho más fácil. Lo llevé hasta que encontramos un callejón, bastante apartado de la calle principal, donde el joven pegó mi espalda a la pared y sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, yo solo podía sentir el incesante golpeteo de su corazón en su pecho, la sangre corriendo por sus venas... en un cambio inesperado fue él quien acabó contra la pared, un golpe en su cabeza dejándolo inconsciente mientras sujetaba su cuerpo. Mis colmillos crecieron y acerqué mi boca a su cuello... pero no hice nada.


-No puedo hacerlo –murmuré en un tono de voz bajo hablando conmigo misma puesto que allí no había nadie más, mi pecho subía y bajaba con velocidad porque seguía teniendo hambre pero me daba miedo que al empezar fuera incapaz de parar- no puedo hacerlo... –murmuré mordiéndome el labio mientras subía mis ojos a aquel humano que inconsciente no sabía la suerte que tenía porque otro vampiro no habría ni dudado en hincarle el diente. Mi parte humana era como si quisiera resistirse a que me alimentara solo a base de sangre, lo pensaba y me daba hasta un poco de asco pero era la única forma que tenía para alimentarme y seguir con vida, ya me habían dicho lo que pasaba si no me alimentaba en varios días, tenía que hacerlo, dejar el debate interior a un lado y beber de su sangre- Vamos Asura, tú puedes –me dije en un vano intento por darme ánimos en un nuevo intento por morderlo pero apenas soy capaz de dar otro mordisco en el brazo, un par de gotas emanan del humano y me aparto por miedo a perder la cabeza y dejarme llevar de forma que lo pueda matar. Tras varios minutos miro y me doy cuenta de que el humano tiene mordiscos por sus brazos y por su cuello, incluso alguno que otro en su pecho y todavía no soy capaz de alimentarme como es debido, ¿qué hay de mal en mí? ¿Por qué no puedo ser la vampira que se supone que debo ser? Es entonces cuando una voz de mujer suena en el callejón al mismo tiempo que noto una mano posarse en mi hombro, no había sido capaz de notar su presencia y eso hace que me sorprenda y de un pequeño bote en el sitio para girar mi rostro y encontrarme con aquella mujer que emana fuerza por todos lados, seguridad y un peligro que es como si te advirtiera en llevar cuidado con ella. Lejos de lo que su aura desprende sus palabras con como una guía cálida que indica los pasos que debo seguir para no hacer más daño al humano, es cuando me doy cuenta tras lo que me dice del daño que le he causado, apacible con sus palabras hago lo que me ha dicho y pongo saliva en cada uno de los mordiscos viendo que como ella había dicho eso sella la herida y veo como se regenera la carne lentamente, de forma que ya no hay sangre que manaba de estas y que cae al pequeño charco que se ha formado en sus pies. Me pedía que acabara con ello y yo, con cierto miedo en mis ojos, la miré con los labios entreabiertos- pero... yo no.... –yo no quería matarlo, tan solo quería alimentarme y poder superar una prueba que me había impuesto a mí misma en esos momentos, pero veía que ella tenía razón y que tenía que acabar con su vida porque de una forma u otra ya estaba condenado- wakarimashita –dije en un pequeño susurro entendido sus palabras y finalmente tomé el cuello del hombre, lo ladeé dejando espacio y clavé mis colmillos una vez más pero esa vez por lo que ella me había dicho no dejé de succionar notando como si su vida se fuera apagando con cada mordisco, sentí ganas de alejarme pero la piedad fue algo que me llevó a seguir bebiendo hasta que finalmente noté que su corazón ya no latía y que su vida se había extinto. Abrumada por aquello siendo la primera vez que lo hacía yo sola, por la oleada de sentimientos que me embargaron solté su cuerpo que cayó con aplomo al suelo mientras yo daba unos pasos hacia atrás incrédula por lo que había hecho- yo.... gomen –dije cerrando los ojos sintiéndome como una renegada de mi propia especie, ¿por qué no podía ser como otro vampiro cualquiera? ¿Por qué me seguían asaltando las dudas? Abrí mis ojos mirándola a ella, magnífica y espléndida que había sido algo paciente aun cuando no tenía por qué serlo- gracias por... ayudarme, es la primera vez que me pasa estando sola y –mordí mi labio- me siento una estúpida porque me haya visto otro vampiro –si fuera humana mis mejillas se hubieran tornado de un color rosado sin duda alguna.


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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Aglaia el Lun Abr 30, 2018 12:59 pm

¿Hace cuánto que Aglaia educa a los neonatos? Décadas después de su Abrazo tras hablar con aquél endemoniado vampiro. Héctor fue el que le dio un giro a su existencia. Le dio una razón de ser y quizá por ello la propia Aglaia no puede ir en contra del otrora titán. Eso le ayuda en momentos como el actual, donde puede enseñar a la recién convertida cómo hacer para beber sin tantas culpas en la cabeza. Una vez que toma el cuerpo del humano para hincar los dientes empezando a succionar, Aglaia le acaricia la cabeza reconfortando a la parte sensible de la vampiresa. Es tan joven que es notoria su aflicción. Sus deseos por no dañar se parecen a los de una vieja espartana que no entendía lo que le acontecía, por qué sus ansias por la sangre hasta que en una sacerdotisa de Hades, pudo comprender su nueva condición.

Entonces, hubo que buscar qué tipo de presa era la adecuada para ella. Recuerda que intentó primero con mujeres sin éxito. Varones y tampoco. No podía quitar la vida a aquéllos que serían el futuro de una sociedad grandiosa. Mucho menos los infantes, endebles reflejos de lo que fueron sus propios hijos. Fue entonces donde lo comprendió. Una noche, en las afueras de Creta, observó a todos los tullidos y malformados. Ellos, la carga de la sociedad, serían los que la alimentarían. Así ayudaría en doblete: evitaría que las polis tuvieran sobrepoblación de inútiles que eran más carga que un productivo ser y al mismo tiempo, les daría a éstos, la paz del Infierno que necesitaban. Porque Esparta no estaba equivocada. Deshacerse de los infantes cuando apenas nacían era una manera muy realista de sacar a flote la sociedad. Sólo los merecedores de la vida son los que pueden seguirla.

Aquellos que darán su existencia por la mejora de los demás. De sus polis, hoy ciudades. Así pues, conoció su destino. Su grano de arena en la mejora de los demás. Cuando termina, la mujer emite unas palabras que Aglaia no entiende. Jamás ha ido a Oriente, no conoce las costumbres, mucho menos el idioma. No ha podido separarse de los suyos, los occidentales. No hay deseo de probar a sus guerreros. Quizá algún día pueda hacerlo. Degustar la sangre de éstos y sus artes de la guerra. Suena idílico. Le ayuda a incorporarse negando con la cabeza - no debe haber pena en tu conducta. Eres un ser nuevo, alguien que puede ayudar como conflictuar. Es tu decisión saber el camino a tomar. ¿Y tu sire? ¿El que te transformó? ¿Cómo es que te ha dejado sola en estos momentos de acuciante necesidad. Estás perdida en el mundo de los inmortales - resalta lo obvio antes de tomar la mano de la vampiresa, rodear con ella el antebrazo de la espartana para incitarla a caminar dejando atrás el cuerpo inerte.

Avanza por las calles en silencio antes de que, en un lugar apropiado, justo en un parque desolado, pueda sentarse en una banca, las espadas se muestran un instante antes de que las cubra con el manto carmesí que la adorna. Palmea a su lado para que ella la imite - me sorprende que te haya dejado sola, aunque si tu sire fue como el mío, no debería extrañarme. Hay seres en la noche que son incapaces de quedarse con sus creaciones y las dejan en el olvido a que aprendan en la Agogé que es la existencia misma. Si quieres, puedo ayudarte en este proceso. De antemano te advierto que soy un ser muy complejo, en cuanto considere que estás lista, partiré. Me verás de vez en cuando, no suelo dejar olvidados a mis childs. Y aunque tengo chiquillos de mi propia sangre, no ignoro a aquéllos desvalidos como tú. Una sola condición tengo: aprenderás a mi lado todo lo que te enseñaré, incluso el arte de la guerra. Siempre he pensado que estamos aquí para algo mayor, una guerra se avecina, sólo que no he podido ver de dónde vendrá y tenemos que estar listos - la bestia se remueve un poco al ver un movimiento a su derecha.

Es un joven que parece perdido. Sus ropas lo colocan en el escalón más bajo de la pirámide social. Un clase baja, por así decirlo. Un vagabundo que busca algo para comer. - Deberás aprender cuáles tienen que ser tus presas si tan endeble es tu corazón. Puedes empezar por aquéllos que no tienen mucho tiempo por delante. Los afligidos y desesperados. Como por ejemplo, elijo a las presas por sus malformaciones. Cojos, mancos, ciegos, sordos, mudos, todos ellos son mi banquete. No por el hecho de que sean minusválidos per se, si no porque son una carga para la sociedad. Les libero del sufrimiento de vivir en esas condiciones y a cambio, la sociedad deja de mantenerlos. Gano por partida doble - agudiza la vista al ver algo interesante - como ese hombre. Tiene un defecto en su caminar, al momento de la batalla de la vida no podrá seguir el ritmo. Ralentizará a los que le rodean, así que ven, te enseñaré - avanza con paso decidido.

Y así es, el hombre tiene una herida en la pierna tan antigua que ahora sólo es un absceso de piel, músculo y hueso. Le impide la movilidad. Al verlas tan cerca de él, se sorprende. No lo suficiente, Aglaia le da un golpe en el cuello para quitarle la respiración haciendo que su cabeza rebote contra los adoquines perdiendo el conocimiento - vamos, lo llevaré a un lugar oscuro para alimentarme de él. Si quieres, compartiremos la presa - susurra en tanto pone el brazo del varón alrededor de sus hombros para cargarlo hasta una callejuela oscura. Ahí, lo deja en el piso hincándose para ladear su cabeza. Mira a la vampiresa - ¿Te animas a morderlo o no? - pregunta como si se tratase de una madre, de una leona que ha atrapado a un animal para enseñarle a su cría a alimentarse.



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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Ayame Nanami el Miér Jun 20, 2018 9:30 am

Era muy evidente que todavía necesitaba de mucha más práctica para poder llevar la nueva vida que se me había otorgado, esa inmortalidad que hacía apenas muy poco tenía y de la cual todavía no me sentía excesivamente cómoda a pesar de que había pasado algo más de un mes desde que desperté siendo una Asura completamente diferente, atrás quedó la humana que podía pasear bajo la luz del sol condenada a vagar en la oscuridad, en las penumbras que ahora era la vida o la eternidad que me habían otorgado. Quizás es que ese era mi destino, quizás es que debía de acabar así y mis pasos me habían llevado hasta la ciudad francesa para acabar convertida en una más de ellos, en un ser más de la noche que poblaba por el mundo. Lo peor de todo aparte de no poder ver la luz del sol ni sentirla bajo mi piel era que no podría ver más a mi familia, el viaje hasta Japón era demasiado largo como para poder soportarlo siendo una neófita y tenía miedo de no poder controlarme, tenía miedo de no poder contener la sed frente a mi familia y acabar cometiendo algo que me pesaría el resto de mi vida. Por lo que quedarme en París era la mejor opción de todas, me había acostumbrado a la ciudad y me la conocía bastante como para poder defenderme en el año largo que me esperaba hasta saber controlarme. Sin embargo no pensaba que París fuera mi destino final ya que siempre me había gustado mucho viajar, por lo que con la nueva condición que tenía y cuando la tuviera controlada podría viajar alrededor del mundo como siempre había soñado, solo tendría que llevar cuidado con el sol y podría recorrer mundo como había querido desde pequeña. Ahora el tiempo era lo que me sobraba y si sabía manejarlo bien podría hacer muchas cosas en mi eternidad, o eso es lo que pensaba. Pero para ello debía de aprender a poder alimentarme de los humanos aun cuando todavía no me gustaba la opción de matarlos, de hecho es que no podría hacerlo porque no me veía arrebatándoles la vida... pero sí sabía que necesitaba beber de ellos, aunque fuera para poder soportar una noche más y salir otra vez de caza. No los mataría porque no estaba en mí pero cuanto antes asumiera que debía de beber de ellos mejor, aunque me habían enseñado cómo se hacía todavía me costaba por mis ideales y por la forma que tenía de ser... y esa noche cuando había decidido probarme, en mitad de mis dudas, apareció esa vampira que por su aspecto y por el porte que tenía parecía muy antigua, incluso más que mi Sire, para guiarme en esa noche fatídica donde si no me daba prisa el humano que había escogido como presa terminaría muriendo entre mis manos en una causa vana porque no podría beber de él.

Decir que me dio muchísima vergüenza era decir poco, porque que una vampira como ella con sus años y experiencia tuviera que ver lo torpe que era en esos momentos era vergonzoso, sus indicaciones me decían lo que tenía que hacer para que el humano no muriese sorprendiéndose de que estuviera yo sola en la noche y al final pude beber del humano alimentándome pero abrumada por las sensaciones lo solté dejando que cayera al suelo ya que era la primera vez que mataba a una presa, la primera vez que mataba a una persona... y fue inevitable que las sensaciones me recorrieran y me abrumaran, pensando por qué no podía ser como los demás vampiros que bebían de sus presas sin miedo y temor alguno, sin pensar en si los mataban o no... y sobre todo que me haya tenido que ver una vampira como ella con el porte que presentaba. Mordí mi labio disculpándome por el bochornoso espectáculo que había presenciado y del cual estaba avergonzada, sin embargo a ella no parecía importarle demasiado porque le restó importancia y ayudándome a incorporarme tomó mi brazo envolviéndolo con el suyo alejándonos del callejón donde estaba el cuerpo inerte del que había sido mi cena por esa noche. Ni siquiera miré atrás porque sabría que sería demasiado para mí así que me centré en su voz, en lo aterciopelada que sonaba mientras la escuchaba y volví a morder mi labio, lo cierto es que mi Sire no me había abandonado como ella suponía, sí que era nueva en aquel mundo y apenas había aprendido lo básico antes de poder salir a la calle sin que me lanzara sobre un humano sin poder contener mis ansias de sangre, la sed que quemaba mi garganta y hacía perder la razón de toda mi cordura... esa noche había decidido probarme yo sola sin alguien que me ayudara o vigilara, era algo que debía de aprender a hacer porque todos los vampiros tomaban sus caminos y no podía depender siempre de que alguien estuviera ahí para guiarme, era una idea preciosa e idílica por lo que cuanto antes aprendiese mejor sería para mí. Negué con la cabeza mientras seguíamos andando ahora camuflándonos entre los transeúntes que aprovechaban la buena noche que hacían en la ciudad para dar largos paseos en parejas o bien en grupo de amigos.



-No es cierto que mi Sire me ha abandonado... más bien esto ha sido idea mía. Me he querido probar a ver si era capaz de hacerlo por mí misma, de ver si podía hacerlo sin que nadie me ayudara o me incitara para ello... pero no he sido capaz. Sé que los vampiros toman su camino por sí solos pero creo que todavía no estoy preparada... creo que mi sire no puede hacer más por mí de lo que ya ha hecho –negué con la cabeza- está demasiado ocupado como para dedicarme toda la atención que quizás sí necesito, aunque no sé si puede enseñarme más de lo que ya ha hecho... ¿cómo puedo ser una digna vampira si no puedo siquiera pensar en alimentarme porque no lo veo ético? –Lancé un suspiro negando levemente con la cabeza, a veces pensaba que no era alguien que pudiera ser un vampiro, demasiados valores morales y éticos como para dejarlos atrás tras tanto tiempo. Mis ojos fueron hacia su rostro para observarla tras sus palabras- ¿de verdad me ayudarías a ser la vampira que tengo que ser? –Pregunté extrañada porque no sabía por qué lo hacía, sonreí de lado cuando dijo que de su mano también aprendería el arte de la guerra y solté una pequeña risa entre dientes- no hace falta que me enseñes sobre el arte de la guerra, mi padre es un guerrero y de pequeña me enseñó a defenderme. Sé artes marciales y además domino el arte del manejo de la Katana, mi padre proviene de un linaje de samuráis y supongo que este corre por mis venas. Sin embargo sí creo que aceptaré tu ayuda y todo lo que puedas ofrecerme, porque no puedo valerme por mí misma y soy incapaz de actuar como se debe de esperar de mí... ya lo has comprobado en ese callejón –enarqué una ceja cuando habló sobre una guerra- ¿una guerra, te refieres con la Inquisición? –Sabía de esta porque me habían contado lo que hacían, me habían contado lo que podrían hacerme si me atrapaban, sus ojos se fijaron en un hombre y entonces desvié los míos hacia el mismo lugar para ver a un vagabundo que buscaba algo que comer, escuché sus palabras y pensé que tenía razón en lo que estaba diciendo, si no era capaz de matar sí podría verlo como un “alivio” a las penas que acuciaban a los hombres y mujeres que desvalidos no durarían en aquella vida cruel y despiadada. Su forma de ver las cosas me parecía algo bastante lógico y razonable, sobre todo teniendo en cuenta mis ideales y asentí con la cabeza escuchando lo que tenía que decirme. Ni siquiera me había fijado en que el hombre cojeaba seguramente de una antigua herida que tuviera. Ella, decidida dijo que me enseñaría y sus pasos la llevaron hasta plantarse frente al hombre en lo que yo la seguía de cerca para no perder detalle, vi como este se sorprendía por tenernos delante y finalmente acababa por darle un golpe en la nuca, que lo llevó a caer al suelo inconsciente. Ella no dudó en levantarlo y pasar sus brazos por sus hombros para llevarlo a un callejón de donde pudiera beber, el hombre cojeaba y como ella mismo había dicho eso podría perjudicar a los de su alrededor... tenía ir con ese pensamiento porque de lo contrario jamás podría ser la vampira que debía de ser. La ayudé a llevarlo a un lugar apartado y lejos de la gente que paseaba por la calle principal sin saber lo que sucedía, ella hincada de rodillas lo miraba hasta que sus ojos subieron a los míos preguntándome si me atrevía a morderlo o no, mordí mi labio inferior y acabé arrodillándome a su lado observando que el hombre seguía inconsciente- sí, me atrevo -¿cómo podría echarme para atrás en una cosa así? No podía y no quería hacerlo tampoco, yo no era de las que se echaban atrás y debía de aprender a aceptar lo que era porque no había más remedio. Mis dedos fueron hacia el rostro del hombre para ladearlo y dejar su cuello al descubierto, tenía la piel algo sucia típica de su condición pero sin embargo era de donde más me apetecía beber, sentir la vena que latía transportando su sangre directa del corazón era una tentación demasiado difícil de resistir. Mi rostro fue hasta el lugar, hasta notar en mis labios la vena que latía bajo estos y un jadeo salió como una exhalación por lo que me provocaba, cerré los ojos y haciéndome a la idea finalmente mis colmillos emergieron clavándolos en la piel, la sangre manó de la herida y yo ávida de sed y de hambre di tirones bruscos absorbiendo su sangre notando cómo bajaba por mi garganta en lo que notaba su corazón que, más despacio, bombeaba sangre a su organismo, la poca sangre que le iba quedando. Ni siquiera me había percatado de que ella también lo había mordido y bebía de su sangre, solamente cuando abrí mis ojos dándome cuenta de que ella bebía del hombre alimentándose también aunque de una forma al más refinada y delicada que yo que lo hacía de forma más bruta. Mi boca había quedado manchada por completo de sangre mientras que la suya apenas tenía unas gotas en sus labios cuando me aparté viendo que era suficiente. Mi respiración agitada cuando me aparté dejando que ella terminara de beber con mis ojos observando lo que hacía, cómo cogía al hombre, cómo se alimentaba de él y le daba una muerte dulce. Llevé mi mano a los labios quitando la sangre que llevaba y los lamí luego quedando arrodillada al lado del hombre al que habíamos matado, uno al que debía de pensar que le habíamos hecho un favor porque tarde o temprano por su condición acabaría muriendo de una forma más trágica y dolorosa que esta- gracias por enseñarme –dije apartando mis ojos del hombre para verla a ella- por hacerme ver las cosas de otra manera y darme el pequeño empujón que me faltaba. Creía que estaba preparada para enfrentarme a esta vida pero estaba muy equivocada... aún necesito aprender mucho más, y si todavía estás dispuesta me gustaría que fueras tú quien me enseñara.


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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Aglaia el Miér Jun 20, 2018 2:16 pm

Así que tiene un sire con el cual interactuar y aprender. Desde su apreciación, éste carece de la experiencia para entender lo que una neonata necesita, que es confianza en su nueva condición. Verse desde una nueva perspectiva hasta comprender que lo que hace es parte de una forma de existir a la cual deberá tener paciencia y mucho ahínco para aprender a sobrellevar la exigencia de beber. - Está bien ponerte a prueba, más eres demasiado joven para comprender las connotaciones que esta existencia conlleva. En ocasiones, hay que encontrar una forma de aprender a llevarla, si en tu mente estás negada a matar, entonces comprenderás que lo que debes hacer es beber un poco. Desconozco qué poderes tengas, ese es el punto - se queda pensativa. Si poseyera ese poder de cambiar los recuerdos de las personas podría ser más fácil su alimentación. Pocos podrían recordar a la mujer que tomó de su sangre, pensarían que están enfermos.

Al saber sobre las habilidades de combate de la neófita, su cabeza se ilumina. Tiene una salida para lograr alimentarse sin que los demás lo perciban y ella esté tranquila con eso. Además, le fascina el arte oriental. Pocas veces ha tenido la experiencia de conocer a alguien versado en el arte samurai y que ella sea una aprendiz de un propio y real hijo del Japón, lo hace demasiado interesante. Así que sonríe con franqueza, ambas pueden darse algo de forma simultánea. Aglaia, los conocimientos del vampirismo, la neonata, los de las artes marciales. Ésto se pone muy interesante. - De verdad puedo ayudarte, no serás la primera ni la última. Además, si vas conociendo tus propias habilidades, podrás también conocer tus limitaciones o bien, alterar tus defectos mentales y sentimentales para hacer de ellos una conducta o un código ético que pocos vampiros mantenemos en pie - sí, porque lo que Aglaia sigue es un intachable código de honor que algunos congéneres miran con horror.

No atacar al indefenso. Respetar a las embarazadas y a los niños. Beber sólo de aquéllos que tengan limitaciones físicas o mentales, así como de sus derrotados o aquéllos que se dan a la fuga son algunos de sus estándares que sigue a rajatabla. Y mientras la vampiresa considera prudente tener esos rígidos enunciados, para otros, sumidos en la locura del poder, de la vitae que ansían y de la que están hambrientos, los desoyen para atacar como enajenados. Ese es su error, la razón irrefutable del por qué la Inquisición les persigue. En eso medita en tanto atrapan a la siguiente víctima, una que la neonata muerde sin problema alguno, sintiéndose quizá protegida por la espartana que toma el brazo del hombre para beber de él sin temores, manteniendo una rodilla en el piso, mirando a su alrededor, controlando el ambiente por si alguien pretende atacar, ser visto antes que tenga oportunidad de dar el primer golpe.

Años de vampirismo, siglos demuestran su control porque la vitae es rica, es nutritiva, sin que por ello la griega pierda el sentido y permita que la bestia la domine para beber. Perder un solo movimiento del exterior sería letal, ni siquiera su habilidad en la guerra podría darle la ventaja si le atacasen. Cuando la joven termina, Aglaia sigue bebiendo todavía a tragos acompasados, lentos, dejando que la vitae se acumule en la boca para deslizar con suavidad hacia dentro, por su garganta alimentando su cuerpo. En el instante en que el corazón se detiene, ella da dos tragos más antes de pasar la lengua por la herida borrando el rastro de sus colmillos, dirigiendo la mirada elocuente a la otra para que la imite. Nota la sangre en las mandíbulas, alrededor de la boca de la oriental, lo que le provoca una sonrisa dulce. Es una pequeña vampiresa, poco a poco aprenderá a controlarse y a beber con delicadeza para evitar esas manchas. - De nada, ahora lame la herida, borra tu rastro. Sólo un avezado podría saber que fue un vampiro el que atacó a este hombre. Mientras tanto, nadie echará en falta a un vagabundo - se pone en pie todavía mirando a su alrededor.

Una vez que la vampiresa la obedece, le señala con la cabeza una calle desierta - es mejor caminar, así nos alejaremos de la zona para que pocos puedan acusarnos. Y sí, puedo enseñarte. Sólo pido de favor una correspondencia, me encantaría aprender artes marciales, el arte de la katana. Me temo que mis enseñanzas son más griegas, más es eso lo que me gusta, aprender. Y no, me parece que la guerra contra la Inquisición sólo es una batalla más que pelear a comparación de la guerra que te comenté. Esa es mundial, no sólo sectorial - se queda pensativa cuando llegan a una enorme plaza con personas que van y vienen, ya muy pocas tomando en cuenta la hora de la noche.

Señala una banca más alejada de la luz - si gustas, podemos tomar asiento para platicar un poco, de todas maneras, tendremos que establecer cuándo podríamos vernos y dónde. Llamo demasiado la atención - señala lo obvio, el manto carmesí es el que más anuncia su presencia, muchos hombres y mujeres la observan extrañados, lo bueno es que no hay tantos en la calle. Aún así, como algún cazador conozca de la presencia de la griega o bien, algún inquisidor, empezará a irse de ahí. Mientras más pronto acuerde con esta vampiresa, mejor. Y los callejones son poco adecuados, es donde más problemas ha encontrado Aglaia. Es como si les dijeran a esos hijos de la inquisición que ahí es donde pululan los sobrenaturales.



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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Ayame Nanami el Mar Ago 21, 2018 10:54 am

Alguien me tendía una mano para ayudarme en la travesía que era la noche en la que ahora se había convertido mi vida, algo que no había pedido y con lo que debía de aprender a convivir porque no tenía más opción y no me quedaba más remedio que eso, afrontar en lo que me había convertido para así poder acostumbrarme lo más rápido que me fuera posible y saber llevar esa vida de vampiro que ahora me tocaba vivir durante el resto de mi inmortalidad, una palabra que sonaba demasiado eterna en esos momentos y en la que no quería pensar porque me daba cierto vértigo pensar en que ya no volvería a sentir más la luz del sol ni tampoco pasearía bajo su calor como hacía algunas veces en Japón, las cosas habían cambiado y aunque fuera diferente y extraño dicho cambio era la única opción que tenía y que me quedaba en esos precisos momentos. Había estado un tiempo practicando para cuando llegara el momento oportuno, actuar como se suponía que debía de ser como vampira pero...me había dado cuenta de que me era imposible hacerlo porque mis valores éticos y morales como humana seguían permanentes en mis pensamientos pese a que mi cuerpo había cambiado, así también como mis necesidades para esos momentos. Había intentado alimentarme de un humano solo para darme cuenta de que era una burda ilusión el pensamiento de que estaba preparada, no había podido hacer nada y al final había acabado frente al humano incapaz de beber de su sangre aun cuando esta manaba y fluía por la herida tentándome a que lamiera las gotas de carmesí que caían por la piel del hombre. No fue hasta que llegó la vampira que actué, movida por la vergüenza que me había producido tal acto en el que ella tuvo que enseñarme como si fuera una niña pequeña lo que debía de hacer en todo momento, paciendo como si no fuese la primera vez que hacía algo como eso.. aunque por sus palabras más tarde deduciría que había sido exactamente así. Me ofrecía su conocimiento, guiarme en aquella nueva vida que tenía por delante para enseñarme a ser la vampira que se suponía debía de ser, no quizás a matar como hacían otros pero sí a buscar la forma para poder alimentarme de aquellos que sí eran “aptos” para mi conciencia moral y ética, que no dañara ni quebrantara las leyes que como humana había tenido y que quizá como vampira debiera de abandonar porque no tenían sentido ni cabida, ya no era la persona que fui en “vida”, había cambiado por completo y cuanto antes asimilara eso mejor sería para mí. Tuvo que darme indicaciones sobre lo que debía de hacer como si fuera una niña pequeña, aunque tras saber luego que era antigua para ella era precisamente eso; una niña que acababa de llegar al mundo y debían de enseñarle cómo funcionaba y lo que debía de hacer. Yo sabía que matando jamás me alimentaría y me di cuenta que de su mano podía buscar otras formas y otras vías, algo factible para mí con lo que pudiera lidiar más tarde y no me sintiera mal por ello. Así que cuando buscó esa víctima supe que con ella podría aprender aquello que me faltaba para soportar beber de los humanos ya que era la única forma de alimentarnos. De su mano me guio para beber del hombre hasta que le dio un dulce final del cual no sufriría y jamás se hubiera enterado. Yo había observado cómo lo había hecho y en cierto sentido hasta encontré cierta belleza en lo que veía, quizá fueran lo gráciles que eran sus movimientos, algo que parecía mantenerte atrapado y cautivado hasta el final.

Sus palabras volvieron a sonar en aquel callejón donde aseguró que me enseñaría, que no había sido la única ni tampoco sería la última, eso hizo que me mordiera el labio inferior y me preguntara cuántos años tendría aquella vampira que por azares del destino se había cruzado esa noche en mi camino. Decía que con ella podría aprender cosas que, por mi cuenta, jamás lo haría así como mantener ciertas conductas, o tener un código ético, que al parecer pocos vampiros tenían. Desde luego que el que me había atacado aquella noche no lo había tenido y se había ensañado conmigo bastante, dejándome al borde de la muerte pero lo justo para aguantar el tiempo necesario hasta que mi Sire apareció y me dio la vida que llevaba ahora convirtiéndome en un ser de la noche. Me fijé en ella y me di cuenta de que su rostro estaba perfectamente limpio después de haber bebido del hombre, yo sentía la sangre todavía corriendo por mi garganta, paladeándola en mi boca que seguía manchada en lo que lamí mis labios en un intento por borrar todo rastro de sangre, su sonrisa fue como si le fuera familiar esa misma imagen y me indicó cómo proceder para borrar las huellas y que no supieran que había sido cosa de un vampiro lo que había provocado la muerte de aquel hombre, ¿se podía hacer eso? Hice lo que me pidió para ver que sí, así era como eliminaban el rastro delator que haría pensar a los humanos que había algo más ahí fuera. Me levanté tomando su mano y juntas salimos de aquel callejón como si no hubiera pasado nada, como sino hubiésemos matado a un humano dejando allí su cuerpo para que lo encontraran al día siguiente, nos alejábamos de la escena del crimen como si fuéramos dos amigas que habían decidido dar un paseo nocturno. Me sorprendió cuando dijo que a cambio de que ella me enseñara yo tenía que hacer lo mismo pero con algo bastante diferente; artes marciales. Desde pequeña mi padre me había enseñado y preparado para defenderme, en contra de su voluntad, pero que al final cedió tras tanta insistencia por mi parte donde me enseñó igual que a mis hermanos. En casa tenía varias Katanas guardadas y no me sería demasiado complicado enseñarle aunque sabiendo de dónde procedía, y las pintas que tenía, me era un tanto extraño el motivo por el que querría aprender ese tipo de técnica.



-Podría enseñarte si así lo quisieras, en pago o en compensación por tu ayuda y tus enseñanzas... como si fuera un intercambio –sonreí levemente mientras andaba junto a ella alejándonos del callejón donde nos habíamos alimentado- me traje de Japón varias Katanas que tengo guardadas, tengo un jardín enorme que convertí en mi patio de entrenamiento y podríamos practicar allí –mis ojos la recorrieron cuando se mencionó a las pintas que llevaba, ladeé la sonrisa y reí levemente entre dientes- sí, creo que llamas mucho la atención así... aunque yo con ropa francesa también lo hago por mis rasgos, no hay muchos orientales en París y si los hay yo no me los he encontrado últimamente -Llegamos hasta una plaza donde no había demasiado gente, aun así podía escuchar el bombear de sus corazones con clara nitidez y eso hacía que sin poder evitarlo la boca se me hiciera literalmente agua. Cerré los ojos unos segundos escuchando sus palabras, vi que señalaba un banco y si quería seguir adelante con aquello no me quedaba de otra que acostumbrarme a la presencia de los humanos. Asentí con la cabeza y nos encaminamos hacia el banco, preguntó sobre cuándo y dónde podríamos vernos para empezar con mis enseñanzas y vi que iba en serio, sino, ¿por qué tomarse tantas molestias?- Ahora mismo dispongo de más del tiempo que hubiera pensado en un principio, por lo que eso no es problema. El lugar.... tengo una casa en la zona residencial donde podríamos ir hacia las afueras de la ciudad y que me enseñaras, allí es donde tengo también el patio con las armas para poder enseñarte yo también ya que es lo suyo ¿verdad? Una cosa por la otra –hice un movimiento de cabeza y clavé mis ojos en los suyos- aún no sé cómo agradecerte el que llegaras, de no haber sido por ti ese hombre hubiera acabado desangrado sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo –mis ojos bajaron al suelo- sé que apenas estoy empezando siquiera a gatear en esto de ser vampira, me cuesta todavía estar cerca de gente y escuchar el latido de su corazón es más que suficiente para que mis colmillos afloren sin control alguna –hice una pausa y mordí mi labio levemente- ¿cómo lo haces? Quiero decir, ¿es tan frustrante y desesperante al principio cuando no controlas nada sobre ti misma? Es como si algo en mi interior quisiera brotar constantemente y yo luchase para contenerlo.


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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Aglaia el Miér Ago 22, 2018 9:40 am

Las inquietudes de la neonata son repetitivas para el oído de la vampiresa que la escucha sin desestimar cada una de sus palabras. ¿Por qué habría de hacerlo? Lo único que le llama la atención de sus confesiones, es que todos los cainitas que conoció o bien, ella misma, tarde que temprano, pasan por el mismo proceso de entendimiento. Como si fuera una escalinata inamovible. Puede ser que los escalones que vayan subiendo sean de en poco o de dos en dos. Tarde que temprano por más que el vampirismo sea una maldición de milenios a cuestas, los hombres tienden a desconocer la totalidad del mismo. Puede ser el hecho de que la humanidad tira por más que sus comportamientos sean sanguinarios y brutales, hay casos de asesinos que se detienen en un momento de sus existencias vampíricas. Hay otros que ni porque les persigan lo hacen, por supuesto.

- Prefiero la frase "intercambio de favores" que la palabra "pago". Deseo más que tus recuerdos de tus primeras noches sean más agradables que odiosos. Sé de mentes que se perdieron en la inmensidad de nuestra condición porque no hubo alguien que les guiara. Tienes honor, de los pocos hombres y mujeres que conocí del Oriente, es lo que más me agradó de ellos. Saben diferenciar entre el campo de batalla y la existencia ordinaria. Ninguno se quedó el tiempo suficiente para que pudiera pedirles lo que a ti, así que nos ayudamos y nos beneficiamos mutuamente - si algún espartano la escuchara, seguro que se molestaría. ¡Cómo una hija de Esparta pide que le enseñen! Su educación en la Agogé y en la guerra debería curtir todos sus movimientos. Es en ésto donde le da la razón a Héctor, el ateniense. El aprendizaje no está peleado con las enseñanzas previas, hay que superarse en cada aspecto de esta vida que les tocó. Para Aglaia, descolocar a un rival cuando pelea, es imprescindible. Y que la neonata le ayude en ello, es fundamental.

Medita en el sitio donde pueden verse, eso significaría que cualquier sujeto que la persiga, llegaría hasta el propio heaven de la oriental, le preocupa - eso es lo que me inquieta. Tengo demasiados enemigos, puede que alguno siga mis pasos, llevarle hasta tu hogar no sería lo adecuado ni conveniente. Pudiera ser que nos citemos en otro sitio, a pesar de los inconvenientes, si llegasen a atacarnos, tengo la habilidad de contrarrestar el golpe y podrías huir mientras me hago cargo de todo. Igual, cuando terminen las sesiones, podría disponer de algunos de mis childs para que limpien tu camino para que llegues sana y salva a tu heaven - propone pensativa - si te parece bien, la próxima vez que nos veamos, podría ser el sábado de la siguiente semana en las afueras del conservatorio de música de la ciudad. Te reconoceré enseguida, por lo que no importa dónde te encuentres, te encontraré. Así, empezamos tu educación y al mismo tiempo, la mía. ¿Te parece correcto? Si hay algo que trasladar al sitio, podría mandar a algunos de mis sirvientes a por ello y tras la sesión, hacer que lo devuelvan - propone para aligerar la carga a la neonata.

Este intercambio de favores puede ser beneficioso para ambas. Si bien la neonata tiene un sire, podrían lograr algo más. Lo último que Aglaia querría sería a un vampiro molesto por intervenir en sus métodos - un favor más. Me gustaría que tu sire viniera la primera vez o bien, que comprenda que no estoy entrometiéndome en sus enseñanzas. Me preocupa que sea territorial y considere que tú eres sólo suya. Eso sería malo para nosotras porque estaríamos en el eterno estira y afloja donde él no querría dar su brazo a torcer y coartaría tu libertad - mejor dejarlo claro como el agua para evitar cualquier error o mala interpretación. Sus ojos claros se fijan en los de la oriental, tan pulcros como el alma que en ellos se vislumbra. Es una buena mujer - no entiendo cómo es que te transformaron. ¿Qué te llamó la atención del vampirismo para elegirlo? ¿Estabas enferma? Disculpa mis preguntas, sólo que me cuesta entender cómo un ser tan puro como tú eligió este camino - es cierto. La mayor parte de las personas son transformadas por una ambición o superación egoísta. Pocas como ella, lo anhelan. ¿Por qué entonces?



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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Ayame Nanami el Sáb Nov 24, 2018 10:55 am

No podía entender todavía como es que había tenido tanta suerte encontrándome con Aglaia en aquel callejón, tendiéndome una mano para ayudarme aun cuando ella no me conocía en absoluto, no sabía quién era... y sin embargo había sabido ser paciente para darme las directrices oportunas como si supiera que la paciencia en esos casos era una virtud, dirigiéndome para así poder alimentarme como había estado a punto de hacer y que no había podido por esos remordimientos que tenía y que rondaban mi cabeza. Sin embargo tener un punto de vista como el suyo que me ayudara para alimentarme era lo que me vendría muy bien para seguir con aquella existencia  de la que no me quedaba más remedio que acostumbrarme. Porque una cosa era beber de un humano y acabar con su vida, y otra muy diferente era buscar aquellos puntos débiles, aquellos que no lograrían sobrevivir por mucho más para ahorrarles el sufrimiento. Ambos terminaban con la vida de una persona, pero al menos no eran el mismo caso y mi conciencia quedaría más limpia sin remordimientos de por medio. Tener una visión como la de ella, con tantísimos años a sus espaldas, era lo que necesitaba en esos momentos para seguir adelante. La vampira se mostraba bastante cercana y amable conmigo para no habernos visto nunca, no sabía qué era lo que podría ver en mí pero lo cierto es que yo lo agradecía porque andaba perdida y aunque no lo había querido reconocer en un principio así era. Intentaba dar pequeños pasos para acostumbrarme a la sed de sangre, a los pensamientos que surcaban mi mente, al hecho de que el bullicio me parecía demasiado comparado a cuando era humana y necesitaba espacio con la gente porque ese instinto que ahora formaba parte de mí debía de controlarlo para no atacar a nadie, no iba a ser fácil, pero tenía que lograrlo si quería sobrevivir y ver un nuevo amanecer. No me daba por rendida porque no era así como mi padre me había enseñado, nosotros éramos guerreros que no nos rendíamos incluso cuando peor estábamos porque siempre luchábamos por salir adelante, y eso es lo que haría porque sabía que mi vuelta a Japón para verlos cada vez parecía más próxima, y yo temía ese re-encuentro.

Escuché las palabras de la vampira y asentí con la cabeza cuando dijo que era más bien un intercambio de favores, aunque sabiendo quién era ella por su procedencia no entendía cómo es que quería que yo la ayudara cuando, seguramente, debía de ser una experta en la lucha. Ambas eran diferentes, pero ella no necesitaba que le enseñaran puesto que ya sabía luchar. Sin embargo, ¿quién era para negarme? Me estaba ayudando y si a cambio quería aprender con gusto lo haría. Asentí con la cabeza cuando propuso que sería demasiado peligroso ir a mi casa como había propuesto, allí tenía todos lo necesario para el entrenamiento así como las armas, en mi patio lo había adecuado para que fuera uno como el que tenía en Japón y pudiera practicar todos los días. Pero si ella decía que era peligroso es que lo sería, era antigua y por lo tanto era lógico que tuviera enemigos por doquier. Me quedé pensando por un momento donde estaba dicho lugar hasta que lo recordé, sería un buen lugar donde poder entrenar sin que nadie nos molestara por estar en las afueras y había un plazo hasta la fecha, lo cierto es que sí tendría que pedirle que algunos de sus sirvientes llevara algo de material allí, incluso yo misma iría para revisar el lugar y ver las condiciones en las que se encontraba. No se podía entrenar en cualquier lugar, nosotros entrenábamos más con la naturaleza para hacernos a los ruidos y a los sonidos de la propia, por lo que esperaba que el lugar fuera bastante adecuado.


-Iré antes a inspeccionar el lugar para asegurarme de que está en buenas condiciones, no se puede entrenar en cualquier sitio –o eso es lo que mi padre siempre me había dicho- cuando todo esté preparado y adecuado pueden venir a por el material y así para cuando llegue el día que esté todo preparado. No tienes que preocuparte de que me acompañen, con estos sentidos aumentados aunque todavía no los controlo sí puedo escuchar mejor cuando alguien se acerca por lo que puedo defenderme. Ahora, si temes igualmente no me negaré a que eso pase –era una guerrera, sabía defenderme como humana y lo haría mucho más como vampira. En cuanto habló de mi Sire me mordí el labio y desvié mi atención hacia otro lugar pensando en qué podría decirle- creo que en eso no voy a poder ayudarte –dije para luego mirarla cuando hizo las preguntas. ¿Por qué había querido ser vampira? Lo cierto es que no tenía nada que ver con eso, yo jamás lo quise, yo jamás lo busqué... pero el destino era así de caprichoso y mi camino se había torcido en la dirección en la que caminaba. Lancé un suspiro porque quizás para ella fuera lógico que yo quisiera convertirme, pero no era así- no te preocupes, es normal que tengas dudas –dije con una pequeña sonrisa- no elegí este camino y tampoco estaba enferma. Solo... –mordí mi labio una vez más- de camino a casa me topé con un vampiro, quise huir y luché por hacerlo pero era mucho más fuerte que yo y apenas lograba sacármelo de encima. Parecía bastante divertido como mi rebeldía y aunque luché con todo lo que tuve eso no frenó que no solo me golpeara, sino que además bebiera de mí –aún podía recordar ese momento, el miedo, el dolor, el frío cuando sabía que mi vida se escapaba tras cada sorbo que él daba- bebió cuanto quiso pero al parecer no lo suficiente para matarme, me dejó medio muerta tirada en mitad de un callejón sin apenas moverme, mientras notaba que la vida se me iba en cada toma de aire que daba. Y llegó, no supe de dónde pero apareció para intentar salvarme –hice una pequeña pausa- yo estaba inconsciente pero intentó salvarme la vida y la única opción que le quedó fue convertirme en vampira. Lo hizo él, decía que así había salvado a muchos y que los había acogido a todos ellos. Era un médico que trabajaba en el hospital, apenas llevo una semana sin verlo y cuando volví a buscarle decían que llevaba un par de días sin aparecer. Es extraño –dije pensando por un momento- era un reconocido médico del hospital que llevaba trabajando allí unos años, sé que quizás soy una ingenua al decir esto pero no creo que se marchara, más bien creo que le pasó algo –la miré durante unos segundos- así que supongo que ahora mismo no tengo Sire, lo que no será un problema –me encogí ligeramente de hombros- creo que debería de regresar ya, todavía me cuesta mucho controlarme aun cuando he aplacado la seddije acariciando mi brazo por unos momentos- ha sido una señal el que tú aparecieras justo en este momento, procuraré tener todo preparado para la siguiente semana donde empezaremos con nuestras lecciones. Gracias por ayudarme, por cierto, me llamo Ayame, un placer conocerte hice una ligera inclinación de mi cabeza como era típico en mi país para elevar mi rostro al suyo- nos veremos en una semana, en el lugar acordado –volví a inclinarme una vez más como despedida antes de partir hacia mi hogar donde podría descansar tranquila, encerrada bajo tierra. Había pedido a mis sirvientes que revisaran el lugar donde habíamos quedado para que me dijeran cómo se encontraba, yo misma la siguiente noche me acerqué para ver cómo estaba y mandar lo necesario. A la semana siguiente, el día acordado, al caer la noche a casa se presentaron varios vampiros de los cuales desconfié bastante pero que enseguida dijeron que los habían mandado para ayudarme, supe que había sido ella y relajé la tensión de mis hombros mientras les iba dando aquello que debían de llevar. Era hora de comenzar con una lección que marcaría el resto de mi existencia.


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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Aglaia el Jue Nov 29, 2018 7:58 am

La neonata es un alma muy pura en esta sociedad decadente. Su luz debe protegerse para evitar que se apague con cualquier evento desafortunado. Es una persona coherente y muy dócil, como la mayor parte de los orientales que conoció. Dócil no significa sin carácter. Reconoce que lo que más admira de ellos, son las pocas veces que pierden la calma. Su propia meditación les ayuda a ser mejores y durante mucho tiempo aprendió de ellos, llevando a su vida ordinaria esos momentos donde sólo está el cosmos la naturaleza y la espartana sentada en posición de loto relajando la mente para encontrar las respuestas que se escapan por sus propias emociones. Se sonríe cuando ella habla de hacer las cosas por su propio pie, que no es necesario que mande a nadie para resguardar su bienestar. Por momentos, quisiera hacerle caso, justo a su mente regresa el recuerdo de alguien muy tóxico: Tiamat. Ese ser es suficiente para hacer sufrir a esta pequeña. Sacude la cabeza quitándose así, las imágenes de lo que recuerda, es la diversión favorita del antiguo.

- Es correcto, tienes la habilidad de detener a cualquier humano, pero no a sobrenaturales. Y algunos de mis enemigos son incluso más antiguos que yo, taimados, astutos, pendencieros, traicioneros. Me preocupo por tu bienestar por lo que significan ellos en mi existencia. Incluso, hay uno que destaca de entre todos los demás. Si Tiamat se entera de que tomé una child bajo mi cuidado, querrá saber por qué. Es mi enemigo y al mismo tiempo, un aliado muy retorcido - se encoge de hombros porque no hay otra manera de describir la conducta del vástago. Le frustra su accionar, su actuar tendiente a sacar de balance a la espartana. Muchas veces lo logró, otras tantas el frustrado fue él. Va y viene como un búmeran. No sabe cuándo volverá a cruzar su camino con el suyo, mientras tanto, espera paciente.

Su historia es una de las tantas que Aglaia escuchó. Ese vampiro en particular, el que la atacó, es un monstruo como otros muchos a los cuales los hombres temen y por eso, la Inquisición aprovecha para crear una era de terror contra los sobrenaturales. Los hay de todo en esta tierra, los Dioses supieron distribuir bien sus dones con algunos, restando otros. La locura más bestial, es la provocada por el hambre. Le inquieta eso de la desaparición de su sire, investigará a su conveniencia para ver qué le pasó. A esta joven le hace falta una presencia marcada de alguna persona que pueda ayudarla sin que tema por alguna represalia. Se nota en cuanto dice que sigue inquieta. Es normal, son las primeras noches de una larga, muy larga existencia - de acuerdo, entonces nos vemos en una semana. Mi nombre es Aglaia, pero entre los hombres, uso el nombre de Vanessa. Así que si llegan mis sirvientes, te dirán que vienen de mi parte humana - se sonríe con cierta diversión.

Se despide de ella, perdiéndose en la oscuridad. De todas maneras, pone a un par de sirvientes en guardia constante de la neonata por si tiene alguna dificultad, le informen o la ayuden. Son ghouls entrenados para ello, con capacidades propias de guerreros y serviciales. Ellos son los que se presentan ante la oriental para llevarse las cosas que deberán transportar en una carreta cerrada para que ningún extraño vea lo que contiene. A la semana, Aglaia se despierta sentándose en la cama sintiendo todavía los resquicios de su enfrentamiento con ese cazador que descubriera ser tan astuto como temerario. Naxel, por lo que pudo investigar. Se cubre el cuerpo con sus prendas de entrenamiento, cuidando que las heridas estén bien vendadas. A pesar de su sanación acelerada, fueron profundas y magistrales para mantenerla incapacitada un buen tiempo. Espera que nada les interrumpa esta noche, porque de antemano, ella ya está tocada.

Se apresura para acudir al lugar de la cita. El manto carmesí es su signo de identidad. Ondea con el viento cuidando la cabeza y el cuerpo de quien lo porta con orgullo hasta que la vampiresa aparece. Sonríe de lado acercando su paso a ella - estamos listas entonces, ¿Alguna sugerencia? ¿Por dónde quieres empezar? Calentamiento no puede haber debido a que no corremos el riesgo de que nuestros músculos se rasguen. Cierto, ¿Comiste algo? - entiende que al entrenar con todas sus fuerzas, el gasto de la vitae es inevitable. Alarga la mano hasta su bolso para entregarle una botella de vino sellada con cera de abeja. - Comida, si sacas el corcho podrás beber. A veces es bueno tener reservas, les pago a humanos para que me den su sangre fingiendo que mi ghoul es un médico y que necesita de ésto para transfusiones. Nadie sospecha y el dinero es suficiente para que se mantengan callados - le guiña el ojo esperando a que ella la tome.

Una vez en sus manos, la espartana mira el sitio complacida. - Tú dices cuándo iniciamos. Por cierto, me tomé la libertad de hacer mis pesquisas con lo del vampiro que te ayudó. Me llama la atención que haya desaparecido sin dejar rastro, quizá la inquisición tuvo algo que ver. De todas maneras, en cuanto tenga algo, te lo informo - le comenta en tanto va avanzando hasta llegar al lugar para empezar la sesión. Le entusiasma ésto, tiene varios guardias en cada punto cardinal para informar si alguien se atreve a entrometerse. Un solo silbido y la espartana parará todo para resguardar a la neonata.



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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Ayame Nanami el Mar Dic 25, 2018 11:48 am

Para mí era algo bastante curioso que tras presentarme me dijera que tenía dos nombres, o que solía utilizar dos nombres dándoles uno a los humanos y eso me hizo preguntarme si todos los vampiros hacían lo mismo, o es que ella de alguna manera quería preservar su identidad para que no pudieran saber quién era realmente. O eso, o tenía algún que otro enemigo y era una buena forma de despistar con los humanos ya que nunca sabrían quién era realmente. No me pareció una medida demasiado extraña y aunque chocaba un poco con mi forma de ver las cosas era una forma de protegerse aunque contra los humanos no hiciera falta por el poder que tenía. Asentí con la cabeza cuando me recordó que los humanos que fueran en su nombre sería por el de Vanessa para que no me extrañara en lo que acordábamos vernos en una semana para poder disponer y prepararlo todo. Había acudido personalmente al lugar para ver en qué condiciones estaba, siempre me había dicho mi padre que el lugar de entrenamiento debía de ser cuidado y tener las características necesarias porque era donde un guerrero se entrenaba y se formaba, debía de ser fuerte y robusto como el bambú y es por eso que hice lo necesario también con su ayuda para acondicionar el lugar. Era la primera vez que entrenaría a alguien pero estaba convencida que con los años que tenía la vampira ella sabría defenderse sin lugar a dudas aunque nuestros estilos de lucha fueran diferentes, el mío a veces se enfocaba más a desarmar que a atacar aunque mi padre nos había enseñado ambos por igual, pero me resultaba un tanto curioso que una vampira con los años que ella llevaba tras sus espaldas me pidiera a mí que la enseñara, aunque también para mí era una forma de agradecer sus enseñanzas y lo que estaba haciendo por mí cuando no tenía por qué hacerlo, cuando para ella no era absolutamente nada y no tenía relación ninguna conmigo. Sin embargo veía a Aglaia como alguien que tenía paciencia para esas cosas y que no era la primera vez que pasaba por algo así, que con su forma de ver las cosas y con su ayuda podría llegar a controlar y a ser una vampira sin tener que pasar por esos juicios morales que tanto me autoimponía y que eran bastante típicos de mi lugar natal. Quizás por eso encontraba tanto impedimentos para adaptarme a ser vampiro, porque chocaban con lo que me habían enseñado y tenía esa lucha interna que pensaba solucionar porque ahora debía de sobrevivir de esa manera. Los días fueron pasando y tal y como dijo, algunos de sus sirvientes llegaron para poder trasladar las cosas y poder entrenar en el lugar que ya estaba adecentado para la ocasión, preparado y listo para poder entrenar. Como de costumbre bajo el abrigo largo llevaba las ropas que utilizaría para moverme por el lugar, los vestidos aunque me gustaban limitaban demasiado los movimientos y por eso llevaba aquel traje de entrenamiento de color negro con un cinturón dorado mucho más cómodo para poder moverme y tener libertad y amplitud. Para cuando llegué la vampira ya había llegado y sin lugar a dudas lleva ropajes adecuado para el entrenamiento logrando que sonriera de lado, ella también es una guerrera y como tal sabe de la importancia de los movimientos contra un enemigo, recordé entonces que la noche en que la conocí tampoco llevaba vestidos y me pregunté si no sería dada a utilizarlos.

Todo estaba preparado y el lugar solo para nosotras y disfrutar de un buen entrenamiento, hacía tiempo que no tenía ninguno en compañía y admitía que tener a una igual con la que no tendría que medir mi fuerza me gustaba porque todavía no la controlaba del todo, quizás con un humano se me podría ir de las manos pero con ella tenía la certeza de que podría dar todo de sí que no le haría el menor daño posible. Mordí mi labio cuando preguntó por dónde quería entrenar y se me adelantó al decir que no hacía falta que calentáramos pues nuestra constitución impediría que pudiéramos lesionarnos, algo que no había pensado y que le di su punto porque yo no había caído en eso. Tras pensarlo la mejor opción por la que opté era por ver cómo se movía ella, su estilo de lucha y de ahí partir en una base y en una dirección para empezar a entrenar. Volvió a sorprenderme cuando me preguntó si había bebido algo de sangre, lo cierto es que el día anterior había bebido un poco pero todavía me costaba, así que negué levemente con la cabeza cuando sacó una botella sellada con cera y cuyo contenido era sangre. Me resultó aún más interesante el hecho de que dijera que podía obtener sangre gracias a un ghoul que se hacía pasar por médico y que tomaba sangre de los humanos como si la necesitara para transfusiones, me pareció una forma bastante perfecta de obtener sangre y la cogí cuando la lanzó para guardarla agradeciendo el detalle con un gesto de cabeza inclinándome como era típico en mi país. También me sorprendió cuando me habló de Aqueron, lo cierto es que hacía tiempo que no sabía de él y su desaparición repentina era algo que me sorprendía porque algo debía de haberle ocurrido para que desapareciera de esa forma, no era algo usual en él y cuando dijo que había investigado y que no sabía nada la miré de manera fija por ello, yo no tenía demasiado conocimiento sobre lo que podría ser pero confiaba más en sus averiguaciones que en lo que yo pudiera obtener. Además de eso, no sabía muy bien cómo manejarme por las sombras y dónde tenía que preguntar así que dejaría esa información a ella que parecía más familiarizada con ello que yo y esperaría por noticias con la idea de que no lo haya cogido la inquisición porque de lo que conocía de ellos era más que suficiente para saber que nada bueno podía esperar.


-Me parece extraño que haya desaparecido sin más, no es algo común ni normal en él. Trabajaba en el hospital salvando a la gente y sé que allí la gente lo apreciaba mucho, era un buen médico con amplios conocimientos. Se preocupaba por aquellos a los que había salvado y que desapareciera repentinamente es algo que me choca bastante, sin embargo no tengo los medios y la manera de buscar tanta información como la tienes tú, así que en cuanto sepas algo por favor avísame, porque todo me parece demasiado raro y confuso
–aseguré tras dejar la botella guardada para no romperla por accidente- para empezar me gustaría saber tú estilo de lucha, tus movimientos y golpes así que podríamos empezar por un combate y después te enseñaré con lo que he traído –señalé a uno de los lados donde estaban las armas que utilizaríamos- además he dispuesto de blancos por el lugar para golpear o lanzar así que iremos por pasos, pero primero ¿un combate entre ambas? –Sonreí mientras señalaba donde estaban dispuestas varias armas para acercarme y coger una de las Katanas que había en el lugar, su funda negra y dorada con el dibujo de un dragón fue la que cogí para desenvainar y ver el acero perfecto, brillante y pulido, que sería capaz de atravesar a un humano- nuestros estilos son diferentes y no hay que enseñar por lo básico, será una forma de ver cuán diferentes son nuestros estilos de lucha –y no se aprendía de mejor manera que luchando y observando los movimientos de otros estilos, ella tenía habilidad ya de manejo de armas para no tener que enseñarle, sin embargo dudaba que en el cuerpo a cuerpo tuviera los mismos conocimientos que yo- ¿preparada? –Pregunté con el arma lista en mis manos, a una distancia la una de la otra, para comenzar el combate. Nuestra velocidad lo hacía todo más raudo, los impactos sonaban con fuerza en el lugar mientras nos movíamos con destreza por el lugar. A mi juicio, su forma de luchar era un tanto más raudo y algo caótica, menos grácil, de la que me habían enseñado desde pequeña. Su forma era más ruda con golpes fuertes que podrían tumbar a cualquier enemigo con una fuerza descomunal, aunque debía de decir que ambas estábamos igualadas.


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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

Mensaje por Aglaia el Jue Dic 27, 2018 9:08 am

La vida de Aglaia es un constante ir y venir de situaciones diversas en las que la mayoría le atrapan y en otras ocasiones, ella misma se deja caer para empaparse de lo acontecido. Su sentido de justicia es mayor de lo que se espera de la espartana. Esta vampiresa neonata es una de las tantas personas que le tocó apadrinar a lo largo de su existencia. Cuando Aglaia toma a alguien bajo su ala, es para darlo todo y si obtiene un beneficio, mucho mejor. ¿Por qué aprender a combatir a la usanza oriental? Porque los ropajes gritan que es griega, pero cuando cambie de técnica de combate, va a sacar de balance hasta el más experimentado y para ello, es que necesita a esta mujer. Le atiborrará de preguntas, como una forma de compensar las que ella le hace.

- Puede ser que alguien le persiguiera, por eso es que no sabes de él, pero me parece extraño que ni siquiera te haya avisado al respecto. Huyó con velocidad, puedo suponer. Sí, te informaré en cuanto tenga alguna noticia al respecto - promete porque también en ello tiene que cuidarla. Que esté tranquila y serena. Un neonato nervioso tiende a perder el control y eso es contraproducente en un sitio con la inquisición tan metida hasta las narices y ni contar a los cazadores o a todos aquéllos que se sienten justicieros. Asiente con la cabeza, le gusta la idea de demostrar lo que sabe, su técnica espartana que pulió con el paso de los siglos y algunas otras que aprendió para perfeccionar su combate. Se prepara sin dejar ninguna parte de su atuendo, ella combate así, porque no importa donde esté, alguien siempre viene a tocar las puertas y exigir una pelea. Como se distraiga quitándose lo que le estorba, puede resultar herida.

Se pone en posición, la diestra al frente haciendo la guardia interna y la siniestra en las espaldas con la guardia externa y alternaba con rapidez, fuerza y fiereza. Ella tenía movimientos más gráciles y cuidados, pero sobre todo, económicos que interesaban a la espartana en tanto la pelea seguía desarrollándose sin que hubiera heridas de gravedad. En un par de ocasiones, la griega rompe la guardia de la oriental, pero detiene la espada justo cuando va a morder la piel para que vea cuál fue su error y haga lo que sea para corregirlo. También Aglaia tuvo sus pormenores, asintiendo al aprender y continuar el entrenamiento hasta que a la otra le pareció suficiente. Se detiene asintiendo con algunas pequeñas heridas que sanarán rápido. - De acuerdo, vi mis fallos y un par de movimientos que me encandilaron. Me gustaría aprenderlos. Me parece que así desestabilizaré a mis enemigos. Esperan que pelee como te demostré, pero si logro cambiar la esencia de mi combate y enlazarlo con el tuyo, avanzaré a pasos agigantados en su contra - sonríe de lado guiñando un ojo.

Saca de su mochila otra botella de sangre, la destapa y bebe un trago para recuperar la que perdió durante el calentamiento. - Ahora sí, tú dices por dónde empezamos y qué debo cambiar para hacerme a tu técnica - la tapa y deja a un lado para regresar a donde la oriental, dispuesta a aprender como una alumna aventajada.



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Re: Take a sad song, and make it better [Ayame Nanami]

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