Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Gavina Verwaist el Lun Abr 23, 2018 2:22 pm

¡Maldición! La habían atrapado como si fuese una niña estúpida y remilgada. Oh, pero qué dolor de cabeza… qué ganas de vomitar todo el whisky barato con el que se había embriagado. Iba tan dañada que ni siquiera había atinado a transformarse para escapar de la policía… y era una suerte porque no había nada peor que intentar volar estando borracha, Gavina ya lo había intentado en el pasado y se había chocado con los árboles mientras intentaba respirar.

La borrachera que cargaba era producto de haber conocido a uno de sus hermanos –el maldito perro asqueroso, esperaba que ardiese en el infierno pronto- y que le hubiera referido parte de la verdad sobre su madre; era algo que deseaba desde hacía tiempo -saber de ella-, pero para lo que no estaba preparada. En cuanto el barco en el que ella vivía tocó el puerto de París, Gavina se dirigió a los suburbios a encontrarse con su grupo de amigos franceses. Y era ahí donde había bebido sin decir basta, incluso recordaba que había habido una pelea en la que ella había participado… pero todo estaba confuso en su mente. Cuando atinó a pensar en lo que ocurría la policía ya estaba sobre ellos… la mayoría de sus amigos escaparon, pero no ella que acabó vomitándole en las botas al muchacho uniformado.



-No me toques así, sucio perverso –le dijo al agente que solo la agarraba del codo para conducirla a la celda, qué exagerada podía llegar a ser cuando estaba ebria-. Puedo caminar sola, estoy regia –balbuceó y se dio de frente con los barrotes. Al menos se regocijaba en saber que ese golpe se replicaría en su hermano, tomándolo por sorpresa como tantas veces le había ocurrido a ella misma.

El policía la arrojó al interior de la celda sin ningún cuidado, ¡pero claro! De seguro estaba molesto porque tendría que limpiarse las botas. Gavina pensó en gritar y quejarse del trato, pero prefirió acomodarse en el suelo frío y tirarse una siesta. El escándalo podía esperar unas horas, prefería dormir para no volver a vomitar.

No supo cuánto tiempo pasó, pero un chillido la sobresaltó arrancándola del sueño beodo que transitaba. Se volteó y vio que arrojaban a un hombre a la misma celda en la que ella estaba. No le importaba saber de él ni de nadie en esos momentos, podría ser el Papa pero ella prefería seguir durmiendo…



-¿Quién eres? –le preguntó con la garganta seca, parecía que había acabado de tragar arena-. Mierda, que voz horrible tengo –pensó en voz alta-. ¿Ya es de noche? No puede ser… ¿qué he estado haciendo? Oh, no me levantaré.

Se había pasado todo el día durmiendo, ahora le parecía evidente. Al menos se sentía recuperada. Gavina se sentó y apoyó la espalda contra la pared helada y húmeda, estiró su cuello hasta sentirlo crujir… Había llegado el momento de pensar en algo para salir de allí.




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Re: Somos prófugos | Privado

Mensaje por Georgiy Rachmaninov el Miér Jun 20, 2018 10:40 pm


¿Cómo un miembro de la familia real rusa había terminado detenido en una cárcel local de París? Era una gran pregunta, parecía el inicio de un buen libro de aventuras; por desgracia para Georgiy, esto era muy real.

Los hecho ocurriendo en este orden:

1. Georgiy fue al centro de la ciudad a ver quién podía darle un trabajo temporal, jamás se quedaba por demasiado tiempo en un sólo lugar.
2. Vio el letrero de “se busca ayuda” fuera de lo, supuso, era una taberna sucia.
3. Ingresó, pero se dio cuenta que la taberna era mucho más, y nada de eso le gustó. Al girar la vista, vio a un hombre con dientes podridos atacando a una joven que no sobrepasaba los quince años.
4. Georgiy ni siquiera llegó con el encargado para preguntar por el empleo, de inmediato defendió a la joven.
5. Se armó una revuelta.
6. Terminó ahí.

Nadie preguntó por los motivos, simplemente se lo llevaron a él y a otros tantos. El dueño del local había llamado a la autoridad y ésta arrestó sin mirar a quién. Fue pasado ante un juez, pero… ¿se interesó en escuchar al joven con marcado acento eslavo? Por supuesto que no. Y ahora era conducido a la celda donde estaría unos días, no sabía cuántos, aunque escuchó por ahí que al ser “un pleito de borrachos”, serían pocos. Joder, si su madre lo viera ahora.

Pensando en ella, fue empujado a la celda, cayó de bruces y se quejó, pero para cuando pudo ponerse de pie, el guardia ya se había largado. Entonces vio ese mugriento lugar, qué diferente era del Palacio de Invierno donde creció. Rio con ironía y se dio cuenta que no estaba solo. Era… ¿una mujer? Maldita sea, ni siquiera los separaba.

¿Qué? ¡Pero si yo no he dicho nada! —se quejó—. Ya es de noche, sí —respondió, aunque no sabía si las palabras estaban dirigidas a él.

No te levantes, es mejor —dijo, era mejor para no tener que lidiar con algo más, y le dio la espalda para mirar por la ventana huérfana y alta, con gruesos barrotes, que era su única vista al exterior. Sólo alcanzaba a ver el cielo nocturno. Estaba un poco nublado, pero algunas estrellas, las más brillantes, sí se veían. Entrelazó las manos en la espalda, qué lío. Esperaba sobrevivir sin tener que recurrir a su magia.

Bien podía, en ese instante, con un chasquido de dedos, abrir la puerta y largarse, pero no quería luego sentirse perseguido. De paso, podría ayudar a la mujer que le gruñó y que, esperaba, estuviera dormida nuevamente.


Flowers grow back, even after they are stepped on. So will I.
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Re: Somos prófugos | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Mar Oct 02, 2018 6:04 pm

Gavina lo observó. Era especial, había conocido a otros como él. No era común verlos en alta mar, pero alguno había viajado con ellos y ella sabía que los dueños de un aura como aquella eran poderosos y fuertes por lo general, por eso no entendía que estuviese tan tranquilo allí… ¿por qué no usaba sus poderes para salir de la celda? No admitiría que le importaba averiguarlo; ella sí usaría los suyos para irse en cuanto se pudiera mantener en pie. Además el hombre hablaba un francés extraño, no era malo, solo extraño. Le gustó y sinceramente era lo único que de él le gustaba.

-Yo puedo hacer lo que quiera –le respondió, viéndolo con sus aires altivos-, si me quiero levantar, me levanto. –Se puso en pie con dificultad, su espalda bien pegada a la pared. –Mírame, sígueme mirado, me gusta que me vean… Fíjate cómo me escapo.

Odiaba las noches en tierra firme, de hecho era la tierra lo que más odiaba. Gavina se sentía segura en el cielo, cómoda en el mar, pero detestaba la tierra porque allí solo ocurrían cosas malas. Intentó recordar cuándo habían dicho que su barco volvería a zarpar… pero no pudo dar con ninguna fecha, era como si esa parte se le hubiese borrado de la mente. Pronto sería capitana de su propia nave, pero hasta que llegase el momento de tomar lo que era suyo, Gavina debía obedecer.

-¿Tú no quieres irte? ¿No harás nada? –Se acercó a los barrotes, puntualmente al rincón que éstos formaban al unirse a la pared-. Cuando un sitio no me gusta… no me quedo, tengo cosas que hacer –mencionó, más para ella que para su eventual compañero.

Mientras tiraba de dos de las varas de metal para separarlas, Gavina iba armando un plan en su cabeza. Saldría de allí siendo lo que era, su naturaleza siempre la terminaba salvando… Con pesar –porque extrañaría sus pantalones favoritos-, se desvaneció en entrega a su esencia. La mujer dio paso a la paloma y ella emergió de entre las telas. Simplemente voló a través de la abertura de los barrotes y salió de allí.

La estación de policía estaba muy tranquila esa noche, Gavina decidió volar pegada al techo para no llamar la atención de los dos uniformados que fumaban y reían, pero lo hizo en círculos. Tardó quince minutos en notar que no tenía salida, todas las ventanas estaban cerradas y la puerta también. Necesitaba volver a su forma humana para abrir alguna, aunque eso sería delatarse y darle tiempo a los hombres de tomar sus armas.

Resignada, decidió volver junto al hechicero a la celda que habían compartido. Atravesó el mismo hueco y voló hasta quedar junto al hombre, cuando volvió a su forma humana, lo hizo de manera tal de quedar sentada a su lado.


-Necesitaré tu ayuda… todas las puertas y ventanas están cerradas y yo tengo que salir de aquí cuanto antes. Antes que lo preguntes –dijo alzando su dedo índice-, no tengo ningún otro plan. Te toca pensar a ti, a mí me duele la cabeza.




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