Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Bathsheba el Jue Mayo 03, 2018 3:34 pm

El mar es un antiguo lenguaje que ya no alcanzo a descifrar.
Jorge Luis Borges

Prendió un cigarrillo, mientras observaba las gaviotas posarse en las embarcaciones. Ahora era una mujer casada, respetable, y debía comportarse como tal. Sin embargo, lograba huir de la mirada de todos, incluso de la de su verdadero esposo, y caminaba sin rumbo fijo antes de que el Sol se alzara por completo. Le gustaba la paz que se respiraba en aquel sector, donde se encontraban los barcos de menor envergadura y tenía un plano privilegiado de los buques más grandes. Había viajado en uno así cuando decidieron huir hacia Francia, y no iba a negar que la experiencia le había resultado cautivadora. Contrario a lo que le ocurría a la mayoría, que se mareaban y vomitaban como enfermos, Bathsheba había disfrutado de la caricia de la brisa marina y del crujir del agua, atravesada por el barco. Igual que en aquellos largos días, también se despertaba antes del alba, y disfrutaba de los momentos de libertad, aunque en esa época tenía a Emily a su lado. Su pequeña hija se aferraba a su mano y ambas planeaban un futuro mejor, sin opresiones, sin temores.

Apretó fuerte el puño libre y luego se secó las lágrimas ante el recuerdo de la niña de sus ojos. No la veía hacía una semana y media, y la ansiedad por el reencuentro la carcomía. Esa era la misma cantidad de tiempo que llevaba casada con el desgraciado Tristán, que le juraba amor eterno y la miraba con devoción. Le hubiera gustado corresponder a los sinceros sentimientos del licántropo, pero estaba marcada y podrida, y no podría jamás entablar un vínculo sano con nadie. Su rol en la vida era otro: obedecer. Mancillada desde que tenía memoria, había aceptado la sumisión como filosofía, y gozaba de los instantes de libertad, que creaba a la fuerza, como aquel momento. Tiró la colilla y la piso con el taco de su botineta negra, y se ajustó la capa, ya que un viento leve pero frío, le había provocado dolor de garganta.

Cómo me gustaría olvidar —murmuró. Aquella característica tan inusual, era su mayor tormento. Bathsheba jamás olvidaba. Todo lo recordaba con lujo de detalles: formas, olores, sabores, sonidos. Nada se perdía en el espacio que la rodeaba. Cerraba los ojos y recreaba situaciones de su pasado que le provocaban un enorme dolor, pero que eran parte de su alma, no podría desprenderse nunca, por más que se esmerase. Y la acompañaban a donde iba, y así sería por el tiempo que le restase en el mundo.

Sin embargo, en ese momento, evocó tal vez el recuerdo más hermoso, y se le contrajeron los músculos, repletos de memoria. El día que Emily llegó al mundo, Bathsheba supo que su vida ya no le pertenecía, y que haría lo imposible porque su hija fuera feliz. También supo, con vehemencia, que debía sacarla de aquel orfanato si no quería que la niña también fuera atravesada por sus mismas desgracias. Y así lo hizo, sin poder anticipar que le estaba vendiendo el alma de ambas al Diablo. Suspiró, resignada. Ya era tiempo de regresar a su hogar.



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Re: Stone free [Privado]

Mensaje por Aruna Lafrancq el Sáb Mayo 19, 2018 6:27 am

Pese a que tenía una casa que mantener con riendas firmes, Aruna Lafrancq solía sentir que le sobraba el tiempo al final del día; muchas veces se encontraba a media tarde con todo resuelto y sin saber en qué ocupar su mente hasta que su esposo llegase y se sirviese la cena. Bordaba con cuidado sus propios pañuelos y los de su esposo, incluso había adornado las telas que sus esclavas usaban en la cabeza. Cuando se cansaba se sentaba al piano para tocar las melodías que le hacían volver –por unos minutos insuficientes- a su tierra, a su niñez, al regazo de su madre que tanto extrañaba. Ocupar sus mañanas no era difícil, se levantaba muy temprano y en tanto su asistentas la ayudaban a vestirse, Aruna repasaba las tareas pendientes para la jornada. Antes del amanecer partía en el carruaje rumbo a la iglesia, le gustaba oír la primera misa del día en Notre Dame que podía juzgarse hasta íntima, pues eran muy pocos los asistentes, incluso algunos días se hallaba sola allí, solo acompañada por su esclava de confianza.

Ese día se levantó con ánimos pues en la noche recibirían la visita de la prima de Jean Lafrancq –su esposo- con toda su familia. La casa se llenaría de risas de niños, pues Caroline y Edwin tenían dos pequeños de cinco y seis años. Para ellos había preparado el ala oeste de la casa, misma que debía verificar ella misma en unas horas para asegurarse que todo estaba en condiciones. ¡Al fin habría emoción en sus días! Las tardes siempre grises y solitarias tendrían color durante al menos un mes, que era el tiempo previsto para que la familia de su esposo permaneciese de visita.


-Vamos, vamos –apremió a la muchacha que se ocupaba de arreglar su cabello-. Tenemos tanto que hacer… pero antes que nada debemos buscar la bendición de Dios para este día.

Así lo sentía ella siempre, ir a misa tan temprano era una forma de pedirle a Dios su bendición para el nuevo día que comenzaba. De modo que Aruna se enfundó en su abrigo más grueso y marchó –junto a tres mujeres más: su esclava y dos domésticas- hasta el carruaje que no tardó en alejarse de la zona residencial. En el camino dejaron a la asistente de la cocinera en el mercado y a una de las empleadas más antiguas de la casa en la zona comercial del puerto –allí donde se vendía el pescado realmente fresco que habían conseguido los hombres tirando al mar sus redes durante toda la noche-, ambas con el objetivo de comprar lo que la cocinera les había encargado.

-Ten cuidado –recomendó Aruna cuando la segunda mujer se bajó, ese lugar no le gustaba-, volveremos en una hora por ti.

Cuanto más se alejaban del lugar de comercio, el puerto se iba tornando solitario y silencioso, tanto que asustaba. Algunos hombres con mal aspecto –de maleantes diría Aruna si tuviese que ser sincera- caminaban con paso lento y a pesar de todo ella no podía apartarse de la ventana. Tras unos minutos, y mientras el sol comenzaba a aparecer para iluminar y calentar la mañana, sus ojos encontraron la figura de una mujer, inclinada sobre la barandilla. No tenía aspecto de prostituta, tampoco de ser pescadora –si acaso existían pescadoras, ese era un trabajo creado solo para hombres- por lo que Aruna creyó que podría hallarse perdida. El carruaje pasó junto a ella, pero Aruna pidió al cochero que se detuviera.

-Nesa, baja y pregunta a esa mujer si necesita ayuda –le dijo a su esclava-. Dile si desea que la llevemos hasta una zona más segura de la ciudad.

La muchacha así lo hizo, aunque en su mirada podían leerse algunos reparos. No era que Aruna no quisiese bajarse a preguntarlo ella misma, aunque sí era cierto que hacía demasiado frío para ella, amante del verano, pero aunque lo hubiese hecho -pese a que no correspondía- no habría podido comunicarse porque no hablaba francés con fluidez.




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Re: Stone free [Privado]

Mensaje por Bathsheba el Lun Sep 24, 2018 3:46 am

Le costó tragar, tenía la garganta como una lija. Maldición. El frío matinal le había provocado esa sensación tan insoportable. Frunció el ceño y pensó que llegaría a su mansión de casada, donde le pediría a una de las tantas sirvientas, un té negro con miel para ayudar a aliviar el dolor. Tal vez debería recurrir a un médico, estaba un poco mareada y, a juzgar por cómo comenzaba a debilitarse, debía estar afiebrada. Lo último que necesitaba era enfermarse, quedar postrada en una cama durante varios días, con el rostro de Tristán preocupado, mirándola, al tiempo que a ella la carcomía la culpa. Por primera vez tenía esa sensación. ¿Cómo haría para llevar a cabo su plan, si no podía siquiera acarícialo sin que el remordimiento la atormentase? Y a pesar de enfocarse en Emily, en su bienestar, no lograba encontrar una salida que no fuese acabar con el licántropo. Nunca contó con que aquel plan se trastocase de esa forma, él era tan…

Una esclava interrumpió sus cavilaciones. Bathsheba giró para mirarla y pensó en lo absurda que era esa institución. ¿Cómo podían esclavizar a las personas? Ella no era una analista política ni mucho menos, pero a lo largo de su vida, había padecido el yugo de los hombres, de aquellos que se creían y eran más poderosos, que se arrojaban el derecho a someterla sólo por ser, primero una niña y, luego, una mujer vulnerable. De cierta forma, se había sentido una esclava del sacerdote que abusó de su cuerpo infantil y, ahora lo era de ese joven al que había creído su salvador y se había terminado convirtiendo en su amo. Dejó de lado sus pensamientos e intentó entender lo que la muchacha le estaba diciendo. Era analfabeta, pero a los idiomas los comprendía gracias a su memoria. Alzó la vista cuando la negra le señaló el carruaje; dudó un instante, aguzó la vista y desde allí percibió la pureza del aura de la mujer que le ofrecía llevar a algún sitio. De no haberse sentido tan mal, habría denegado la propuesta, pero en ese estado no llegaría muy lejos.

Hizo unos pasos detrás de la joven esclava, que luego se ubicó detrás de ella. Era en vano aminorar la marcha, y pensó en que Reveur no tenía ninguna persona en esa condición. El servicio doméstico era personal bien pagado y bien tratado, y eso claramente denotaba la clase de persona que era el hombre al que debía estafar y, luego, asesinar. Subió la escalerilla que el cochero ubicó, y vio en aquel habitáculo a una verdadera beldad. La belleza de esa dama era arrebatadora para cualquiera, pero la tristeza de sus ojos sensibilizó a una Bathsheba que no era demasiado empática con la humanidad.

Merci —le dijo con un asentimiento de cabeza. Notó que la esclava le traducía, por lo que le preguntó qué idioma hablaba su ama. Le explicó que era una aristócrata española, y la hechicera recordó que en España su cabeza cotizaba en oro. Había vivido un tiempo allí, y si bien no manejaba el idioma fluidamente, sabía lo suficiente para un diálogo corto.

Muchas gracias, señorita —dijo, ésta vez, en el idioma natal de la señora, aunque pronunciado con mucha dificultad. —Mi nombre es Elizabeth Reveur, le agradezco su ofrecimiento —continuó, y dio las indicaciones de la casa de su marido ficticio. El carruaje retomó el paseo y el suave balanceo la relajó. Debía estar volando de fiebre.



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Re: Stone free [Privado]

Mensaje por Aruna Lafrancq el Miér Oct 03, 2018 1:24 pm

Tras unos tres o cuatro minutos, Nesa regresó acompañada al carruaje. Visto estaba, la mujer había aceptado el ofrecimiento de ayuda desinteresada, ayuda que cualquier cristiana brindaría. Aruna le indicó que se sentase frente a ella, y Nesa finalmente lo hizo como siempre, a la izquierda de su ama. Como siempre que estaba nerviosa hacía, Aruna apretó las manos de la negra que era su sostén hacía tantos años ya... no podía recordar exactamente la cantidad.

-Buenos días, sea usted muy bienvenida. ¿A dónde podemos acercarla? Nuestro cochero la llevará a donde le pida, indíquele sin vergüenzas –aseguró y, luego de que hablase, la esclava se dispuso a traducir sus palabras.

¡Qué felicidad sintió al ver que la mujer hablaba su idioma! Aruna no pudo evitar sonreír y ahora, sabiendo que la entendía, le dio la bienvenida nuevamente no solo con palabras, sino también con un apretón de manos.


-Mi nombre es Aruna, Aruna Lafrancq. Nesa, sírvele a nuestra invitada un poco de agua de frutas –le dijo a la esclava-. ¿Se encuentra bien? Luce algo pálida, querida. Aunque claro que puede deberse a la poca luz que hay esta mañana.

Vio como la esclava servía para ambas las copas y envidió la seguridad, la fluidez, con la que la mujer podía pasar de un idioma al otro para poder dar sus señas al cochero. La invitada y la esclava se parecían en eso, ambas eran capaces de hablar dos lenguas, pero Aruna no.

-Elizabeth, disculpe si sueno curiosa, pero ¿qué hacía aquí tan temprano? ¿Se había perdido? Estas zonas no son buenas, no para nosotras las mujeres, hay mucha violencia –acotó, en voz de confidente.

¿Dónde habría aprendido a hablar su lengua? También quería preguntarlo, pero temía quedar mal ante ella, lo mejor sería disfrutar de la inusual situación… No todos los días podía hablar su amado idioma, recordando su tierra. Estiró su mano para tomar la de su congénere nuevamente y la sintió demasiado caliente. Aruna abrió el cortinado para que el aire fresco de la mañana ingresase.


-¿Desea comer algo? ¿Ha desayunado bien? Podemos parar en la bizcochería del centro de la ciudad para comprar algo que la haga sentir mejor –le aseguró, preocupada por sus salud.




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Re: Stone free [Privado]

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