Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Under A Spell ~ Privado

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Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Sáb Jun 23, 2018 12:50 pm

Después de haberme dado el “sí quiero” con el vikingo y tras pedir un par de semanas libres para conocer el lugar de donde era él originario disfrutando del tiempo que habíamos pasado juntos tocaba volver a la rutina y a la vida normal y cotidiana. Nada de ir viajando por el norte disfrutando del paisaje y dejando atrás la ciudad para adentrarnos en la naturaleza pura, en la tranquilidad que despendía aquel lugar lleno de magia plagado de mitos y de leyendas. Había disfrutado mucho del viaje pero todo lo bueno se tenía que acabar rápido y el trabajo no se haría por mí por lo que cuando llegué del viaje al día siguiente tuve que volver a reincorporarme en el trabajo, tenía algo acumulado pero había valido la pena totalmente por el tiempo que había pasado viajando y despreocupándome del trabajo, de las presiones por las entregas y algo de estrés cuando las cosas se complicaban y no salían como a los jefes tenían pensado. Volver a París pero sobre todo a la rutina fue algo duro, por suerte para mí amaba mi trabajo y aunque los siguientes días fueron intensos había merecido la pena sin duda alguna. Tenía en el despacho varias cajas de últimas entregas que habían llegado al museo y que debía de examinar y catalogar, en un par de semanas querían hacer una exposición y como yo era la directora del departamento recaía en mí mayormente el peso del trabajo para planificar las reliquias y demás que se expondrían, de hecho tenía que entregarles como una exposición donde tenía que poner todo lo que se expondría ya que ellos tenían la última palabra y todo debía de estar a punto para la fecha acordada. El trabajo era tal que apenas tenía tiempo para hacer otras cosas y me pasaba la gran parte de los días de casa al trabajo, y del trabajo a casa, cuando llegaba solo quería relajarme y disfrutar de la nueva vida que había empezado junto a mi marido. Quién me iba a decir a mí que al final después de todo lo que había pasado acabaría encontrando mi camino, al hombre con el que había decidido pasar el resto de mis días y formar esa familia que siempre había soñado. Cuando lo pensaba una sonrisa asomaba en mis labios porque antes de que todo pasara había perdido la esperanza de realizar mi sueño, gracias a los dioses que pude encontrar mi camino como siempre había soñado. Por fin tenía la vida que siempre había deseado y me había deshecho de ese horrible pasado enterrándolo para siempre. Aunque no todo había sido malo, siempre decían que de entre todo lo malo sacabas algo bueno y yo sin duda alguna lo bueno que me había llevado había sido a la que consideraba como mi hermana aunque no tuviéramos la misma sangre corriendo por nuestras venas, la que siempre estaba ahí y no importaba el tiempo que pasáramos sin vernos, porque siempre sentía que había sido el día anterior aunque hubieran pasado meses.

Astrid, era pensar en ella y una sonrisa se formaba en mis labios al recordarla, desde la boda que no la había visto y es que con todo el trabajo del museo que absorbía la mayor parte de mi tiempo apenas tenía tiempo para quedar con ella... pero la añoraba mucho, la extrañaba y la echaba de menos, a ella y sus tardes de té poniéndonos al día, a ella y esa forma tan peculiar y única que tenía de ser en contra de todos los cánones que supuestamente debía de seguir y de ser una mujer, algo que siempre me había gustado de ella es que no se dejaba influenciar por los demás ni siquiera por la insistencia de su tía a que fuera una mujer como el resto cuando no se daba cuenta de que Astrid era única en todos los sentidos. Podía recordar la primera vez que me acerqué a ella y supe entonces que era diferente al resto y nuestra amistad no había sino hecho más que afianzarse con el paso del tiempo. Mordí mi labio pensando en las tardes que pasábamos juntas, en que siempre nos regalábamos un libro que la otra no había leído –o creíamos que no lo había hecho- y las tardes de confesiones que pasábamos como si el resto no existiera. La extrañaba muchísimo, de hecho iba a buscar el hueco y el tiempo para pasarme por su casa para ver cómo le iba y de paso hacerle una visita a sus tíos para ver cómo se encontraban, su tía siempre había pensado que yo sería una buena influencia para ella y que la “instruiría” en lo que una dama debía de ser, pero mi intención siempre había sido lejos de los deseos de su tía. Esperaba de verdad que algún día ella pudiera ser tan feliz como lo era yo, de hecho se lo merecía muchísimo y estaba convencida de que encontraría a esa persona que la llenara y la complementara... quizás ya la había encontrado y ella no lo sabía. Eso me hizo pensar también en Gael, hacía muchísimo tiempo que no lo veía y la última vez que nos cruzamos me había preguntado por ella, pero ya no sabía cómo estarían las cosas entre ellos y para qué mentir, sentía muchísima curiosidad al respecto. Lancé un suspiro mientras terminaba de recoger las cosas de la mesa y llevaba los platos a la cocina, había decidido leer un poco antes de irme a dormir para descansar así que cogí uno de los libros de la pequeña librería que tenía y me senté en el sofá donde mi perra Isis no tardó en subirse conmigo acomodándose a mi lado, entre mis piernas apoyando su cabeza sobre mi vientre en un ademán más que protector. Ubbe había salido y seguramente llegara algo más tarde, intentaría esperarlo despierta aunque lo más probable es que me encontrara en el sofá durmiendo. No fue hasta pasado un buen rato cuando mi perra levantó la cabeza mirando hacia la puerta del salón en dirección hacia la entrada, bajé el libro para mirarla y enarcar una ceja por ello.



-¿Qué pasa Isis? –Pregunté dejando el libro a un lado con la marca por donde me había quedado aunque me sabía el libro de memoria, había perdido la cuenta de las veces que me había leído “Las mil y una noches” y era como si pudiera escribirlo yo misma- ¿ya viene Ubbe? –Otra cosa no, pero mi perra sabía perfectamente cuando este estaba a punto de llegar como si lo oyera, o lo oliera más bien y siempre se ponía así y cuando estaba en la puerta antes de que él abriera esta se iba para recibirlo nada más entrara. Lo extraño de todo es cuando sonó la puerta al tocar esta, enarqué una ceja porque Ubbe solía llevar llaves e Isis hubiera salido a su encuentro antes de que abriera la puerta, pero al no moverse ella me extrañó aunque parecía tranquila y calmada. Bajé del sofá con mi perra siempre al lado acompañándome hasta la puerta hasta que finalmente la abrí, tras esta la joven que había llamado y que al recorrer su rostro no me sonó por lo que no sabía quién era- ¿sí, puedo ayudarla en algo? –Pregunté sin abrir del todo la puerta con mi perra al lado, extrañada porque estaba tranquila cuando siempre solía ladrar a desconocidos y a extraños.



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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Jul 22, 2018 2:10 pm

Naitiri.
Recuerdo haber pensado en ella antes de la transformación. Ahora, ante su puerta, me tiemblan las manos, las lágrimas amenazan con salir de mis ojos. Y es que pese a lo mucho que me he estado preparando para este momento sé que nada puede salir como he imaginado. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que pude abrazarla, el día de su boda estaba radiante y feliz, y aún siento que no pude corresponder a esa felicidad como me habría gustado. Demasida sangre en mis pensamientos, demasiado horror. Naitiri siempre ha sido un remanso de paz, fue mi escape de la realidad cuando necesitaba creer que yo aún era normal, que mi vida era simple y que los monstruos no habitaban bajo la cama. Ahora que conoce el mundo de las sombras no hay excusas para ocultarle la verdad de lo que nos rodea pero, sin embargo, siempre he sentido que debo protegerla con más fuerza. Si supiera que he hecho pactos para mantenerla con vida jamás me lo perdonaría. Me miro las manos, de dedos largos y estilizados, la piel pálida, manos ajenas. Aún no consigo acostumbrarme, nuca lo haré. Aún hoy, cuando cierro los párpados, recuerdo el dolor, el desgarro que supuso convertir mi cuerpo en otro, la dificultad para gritar, para todo.

Toco la puerta con suavidad, quizás para no alertarla, tal vez espero que no lo haya oído, así podré irme y creer falsamente que lo he intentado.

La puerta se abre y ahí está. Su familiar cabello azabache y su piel tostada, tan peculiar entre los mundanos de París. La egipcia me observa mientras siento a Isis olfatear el vuelo de mi vestido, sonrío para mis adentros al comprobar que quizás el animal me haya reconocido. Pero no es el caso de su dueña. Sé lo que ve. Una mujer pelirroja, de rasgos desconocidos, con un vestido de seda turquesa y un libro envuelto entre sus manos. Totalmente ajena, me digo, y al mirarla me consuela comprobar que lleva puesto el vestido lila que le regalé en uno de sus cumpleaños, mucho tiempo atrás. Dolorosa coincidencia.

Naitiri—digo simplemente, mi voz es diferente, un poco más grave de como era antes, pero conserva matices. No tengo fuerzas para repetir la mentira que he estado montando durante una semana, ni fuerzas para nada—Soy Astrid, Astrid Jane Bergès.-me anticipo a aclarar, como si de alguna forma, con las tres palabras de mi nombre, pudiese hacer que me crea. En su rostro la confusión es tal que comienzo a dudar de mi decisión, pero mi rostro se mantiene en una suave sonrisa, a modo de poder tranquilizarla. Una sonrisa que no es mía. —Antes de que digas nada, sé lo complicado que es de creer pero, por favor, permíteme explicarlo.
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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Jul 23, 2018 3:10 pm

La noche de nuevo había caído sobre la ciudad francesa, había preparado la cena con la intención o la idea de que Ubbe llegaría a tiempo para cenar como muchas veces pasaba, me había dicho que estaría fuera y que era posible que llegara algo más tarde pero yo igualmente en mi rutina había hecho algo también para él al mismo tiempo que lo preparaba para mí. Nada más que estábamos Isis y yo solas en la casa, ni el vikingo ni su pastor belga negro igual que el mío que le había regalado hacía ya un tiempo; Thor, estaban en la casa sumiéndola en un silencio que durante mucho tiempo fue algo constante en mi día a día. Tras la partida de Alessia siendo ya mayor para vivir su camino hacía unos años no me había molestado ni importado lo vacía y silenciosa que había estado la casa, acostumbrada al barullo y al ajetreo del vikingo y de Isis y Thor que al ser este más pequeño casi con un año pero siento todavía un cachorro se escuchaban los ladridos y los gruñidos cuando él se ponía en plan juguetón y mi perra algo más adulta pasaba de jugar con él y no le hacía caso. No era de extrañar escuchar cómo correteaba Thor tras mi perra hasta que al final la hacía enfadar y acababa mordiéndole sin hacerle daño para que supiera que la dejara en paz, algo que me hacía mucha gracia mirando al vikingo contemplando la escena porque a veces me recordaba lo que tenía que hacer yo con él para que pudiera estar un rato quieto. Ahora, las dos solas, parecía que la casa era mucho más enorme y grande de lo normal provocando que echara muchísimo de menos a esos dos que a veces a mi perra y a mí nos enervaban por sus acciones. Acaricié la cabeza de mi perra recostada entre mis piernas con esta sobre mi barriga, a veces me miraba y movía sus orejas pero no se apartaba en un ademán protector en el que había adquirido esa manía desde hacía relativamente poco, de normalidad se tumbaba a mi lado y poco más pero hacía un tiempo que se ponía de esa forma y me miraba para que la acariciara. Mis dedos se deslizaron por su negro pelaje en lo que con mi otra mano sostenía el libro que estaba leyendo en esos momentos y que me sabía de memoria de las veces que lo había leído, pero era un libro que me encantaba y del que nunca me cansaría; las mil y una noches. Podría jurar que era mi libro favorito pero me gustaban mucho las historias que le contaba Scheherezade al sultán Shahriar cada noche para que no mandara decapitarla como a las demás jóvenes. Lancé un suspiro sabiendo que Ubbe me encontraría durmiendo en el sofá cuando llegara algo más tarde, y me percaté de que mi perra alzó la cabeza mirando hacia la entrada del salón ya que era algo que solía hacer cuando este llegaba. Enarqué una ceja porque no se levantó para recibirlo como siempre hacía, quizás porque olía no solo al vikingo sino también a Thor y siempre se levantaba antes de que este abriera la puerta, sin embargo tocaron esta y me extrañó porque Ubbe llevaba llaves a lo que me levanté para abrir viendo que Isis iba la primera y que estaba tranquila, algo que no solía suceder de normalidad.

Para cuando abrí la puerta me encontré con una mujer de piel nívea frente a mí, ojos azules como el mismo cielo y el cabello de color fuego que contrastaba con su piel y sus ojos destacando todo mucho más de normalidad. Intenté reconocerla pero era la primera vez que la veía, aunque más sorprendida me quedé cuando mi perra quieta tras olfatear el vuelo del vestido de seda turquesa que llevaba se quedaba a mi lado moviendo ligeramente el rabo mirando a la joven, ¿no ladraba? Eso era de lo más extraño porque no solía estarse tan tranquila con desconocidos y yo no reconocía a la joven para nada, sin embargo si pensaba que ahí iba a quedar todo estaba más que equivocada; porque la joven tras mi pregunta pronunció una sola palabra que me hizo mirarla con más detenimiento y fijeza; me llamó por mi nombre. Algo raro porque mi círculo era bastante reducido y no podía decir que tenía muchas amistades por toda la ciudad, apenas un círculo pequeño y selecto de gente que me importaba, verdaderos amigos los contaba con los dedos de una mano y me sobraban dedos para repartir. Gente del museo sí que conocía, es más, por mi trabajo estaba acostumbrada a tratar con mucha gente que venía con alguna reliquia y para preguntar e informarse... pero no me tratarían ni me llamarían por mi nombre en una ciudad donde los modales, estaban a la orden del día. Todo era bastante extraño y además de todo es que había pronunciado mi nombre con familiaridad, como si hubiéramos pasado tiempo juntas y yo no la recordaba para nada. No me pasó por alto que llevaba un libro envuelto, o lo que parecía este por la figura y la forma, entre sus manos en lo que esperaba que continuara. Y lo hizo, y sus siguientes palabras me dejaron aún más confusa que la vez en que me había llamado por el nombre. No pude evitar fruncir ligeramente el ceño recorriéndola con confusión, ¿Astrid? La mujer que veía frente a mí nada tenía que ver con la joven que era mi amiga, casi como mi hermana, con la que había compartido tantas cosas y a la que hacía un tiempo que no veía... bien porque mi trabajo y mi nueva vida me tenía ocupada, bien porque ella con ser cazadora también estaría muy liada. Sinceramente tenía ganas de verla, es más, esa noche llevaba el vestido lila que me había regalado hacía ya unos años por mi cumpleaños, ahora que llegaba el buen tiempo para poder ponérmelo y que resaltaba con mi tono de piel. “Astrid Jane Bergés”, la misma que conocía desde hacía años y con la que había tenido la única y verdadera amistad de toda mi vida, un pilar importante en mi vida de apoyo... ¿y se suponía que era ella? Fui a abrir la boca pero ella, la que en teoría era Astrid, habló sin darme opción a decir nada pidiéndome que le diera una oportunidad para explicarse ya que era complicado de creer, ¿complicado decía? Más bien parecía una locura todo aquello.... sin embargo, después de todo lo que había vivido, lo que había visto, lo consciente que era del mundo que nos rodeaba, de ser testigo de lo que la magia podía hacer...¿por qué no era tan probable? ¿Quién se presentaría fingiendo ser una persona que no era, y que además, conocía tan bien como me conocía a mí misma? Sería jugársela mucho y aunque desconfiaba, por cosas que me habían pasado, no pude evitar pensar que una oportunidad se merecía al menos y si no me convencía siempre podía echarla.



-¿Astrid? –Pregunté recorriéndola con la mirada una vez más, un cuerpo ajeno que no conocía pero que si al final resultaba que era posible me preguntaba qué habría podido ocurrir. Mordí mi labio por ello pensando en la imagen que tenía de ella, la de siempre, una que contrastaba y diferenciaba mucho con la que ahora tenía frente a mí- Por Ra, ¿de verdad eres tú? –Pregunté todavía sin poder creérmelo, sin embargo que mi perra estuviera tan tranquila, calmada, y que incluso se acercara para que ella la acariciara como si la conociera... fue lo que me impulsó por dar esa oportunidad que pedía- voy a darte la oportunidad de que te expliques, en caso de que de verdad seas quien dices, porque todos no la merecemos. Pero, en el momento que vea que me estás mintiendo y créeme, voy a saberlo, no dudaré en echarte si hiciera falta –no era una mujer de peleas, me había peleado poco en la vida, y si de verdad era ella sabría que era más bien un farol pero tampoco podía permitir que se quedara en mi casa una impostora- adelante, puedes pasar –dije apartándome a un lado dejándole el camino para que entrara sin quitarle ojo, no porque no confiara que además no lo hacía, sino porque de ser Astrid de verdad me costaba visualizarla de esa manera acostumbrada a la otra forma- ¿el mismo té de siempre? –Pregunté cerrando la puerta tras su paso en lo que Isis iba a su lado como si nada, tranquila y normal como si fuera Ubbe, o Alessia, o incluso la misma Astrid... ese, y no otro, era el verdadero motivo por el que yo le había permitido entrar en casa- ahora vuelto, ponte cómoda –dije dirigiéndome a la cocina donde de uno de los armarios altos que tenía saqué una cajita, misma que ella me había regalado en su día, con varias bolsitas de té ya que al principio no me había gustado mucho pero me empezó a gustar cuando ella me invitaba a su casa. Dejé la tetera en el fuego y volví con un pequeño plato donde habían varias pastas que dejé sobre la mesita observándola, pareciéndome todo tan sumamente raro. Me senté frente a ella e Isis no tardó en acercarse tumbándose a mi lado en el sofá- bueno, vamos a escuchar la explicación que decías que me darías. Si eres Astrid de verdad, ¿qué es lo que ha ocurrido? –Y conociéndola tantísimo como la conocía, sabría si me estaría mintiendo.



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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Jul 25, 2018 1:51 pm

No podría haber imaginado una reacción como esa ni en un millón de años. Naitiri me observa, su mirada experimentada busca rasgos en mi rostro que la ayuden a confiar en mí. Isis me lame la punta de los dedos, pero no me muevo, me mantengo donde estoy a la espera de sus palabras. Nombra a uno de sus dioses, esos cuyos nombres jamás he conseguido memorizar, y asiento lentamente ante su pregunta. No sé qué decir en este instante, pese a que desearía llorar y lanzarme hacia ella, suspirar de alivio por esta pequeña victoria, me quedo donde estoy. Su voz suena más segura de lo que recordaba y es que, hace mucho que no comparto tiempo con ella, cuando habla cadapalabra está pronunciada con el toque justo de autoridad. Y es inevitable comprender que Naitiri, mi amiga, mi hermana, la humana, ya no es sólo eso. Ha aprendido a mirar más allá del espejismo que el mundo de las sombras crea ante nosotros, ese que pocos podemos cruzar.

Asiento de nuevo cuando me invita a entrar en su hogar y no puedo evitar sentirme como una completa extraña. Es como si fuese la primera vez que cruzo esta puerta y, en teoría, así es. Mi nuevo cuerpo jamás ha estado aquí. Sin embargo, todos los aromas y colores son familiares. Una extraña sensación que me ace sentir perdida y resuelta al mismo tiempo.

Sí, por favor—digo, quizás demasiado formal. Si es el de siempre será té negro con leche de almendras para mí, y té de frutos del bosque para ella. Sonrío deliberadamente por primera vez en mucho tiempo. Contengo el aire cuando Naitiri vuelve con Isis a sus pies y, aunque estoy sentada, siento que podría caerme de rodillas—Es una larga historia...

Pero sé que a ella eso no le importa, porque esas son la clase de historias que Naitiri adora. Me permito un instante de reflexión, para buscar entre los capítulos de mi mente la mejor forma de empezar, de encontrar mi voz, mientras observo la pila de libros sobre los estantes. Algunas cosas nunca cambian.

Quiero que me escuches y dejes las preguntas para el final—no me atrevo a tocar su mano para confortarla, no puedo—Lo que voy a contarte es... oscuro, una parte mí que jamás creí que debieras saber—coloco los mechones rojizos tras las orejas, con tal de encontrar algo que hacer con mis manos—Ha vuelto—comento, como si intentase recordar, nadar entre lagunas—El vampiro que me hizo su esclava años atrás. Ha vuelto y me ha encontrado—hago una pausa breve para que asimile la locura de mis palabras—¿Jamás te has preguntado por qué me hice cazadora?—de mis labios se escapa una leve risa amarga—No sé cómo no pude ver las señales, cómo pude estar tan ciega...por segunda vez—inspiro y la miro—Han pasado muchas cosas Naitiri, cosas horribles—a pesar de que sueno confusa, mi voz no tiembla—Hubo un enfrentamiento contra licántropos, nos atraparon y el resultado no fue bueno, el cazador... Eblan estuvo a punto de morir, ambos lo estuvimos. Escapamos—intento comprender porqué he empezado por aquí, quizás porque muchos de mis problemas comenzaron con Naxel—En ese entonces todo se torció con Gael, no nos encontrábamos el uno al otro, nada parecía tener sentido, todo dolía... Tú estabas amenazada por el gremio vampírico, te perseguían. Hice pactos para mantenerte a salvo y todo eso fue en vano—la última confesión debe haberla cogido por sorpresa, los pactos que hice con Naxel para proteger a Naitiri esa algo que aún a día de hoy siguen activos, pero es algo que prefiero obviar por el momento—Y yo no pude verlo. Estaba tan absorta en la caza, en el miedo de perder a las personas que me importan que ignoré todas las señales.

Me doy cuenta de que me he puesto en pie, no puedo quedarme quieta por miedo a petrificarme, no había conseguido decir éstas palabras en voz alta.

Como cazadora, siempre tienes la sensación de estar siendo observada—inspiro y suelto el aire, cortante—Pero no supe ver que en ésta ocasión todo era real. Al parecer he estado bajo una ilusión, así como mis damas de compañía y mi propia familia. El poder de su encanto evitó que notasemos las... marcas en mi cuerpo—me abrazo de puro instinto—Ese cabrón se ha colado en mi habitación cada noche, cada maldita noche y me ha arrebatado lo que me pertenece—me arde la piel y me doy cuenta de que jamás había hablado así ante ella, por muy rebelde que he sido, por muy harta que he estado, siempre he mantenido el temple—Me mordió por todo el cuerpo, brazos, piernas, cuello... mi pecho... A la mañana siguiente era como si nada hubiese pasado. Es un vampiro poderoso.

La tetera suena de fondo y me doy cuenta de que lleva un rato así pero ninguna se ha percatado hasta entonces. Miro a Naitiri por primera vez desde que empecé a hablar y descubro una mirada desencajada, asi indescifrable, una faceta en su rostro que nunca antes había contemplado. Siento la necesidad de pedirle perdón y decirle que nada de lo que acabo de contarle es verdad. Que todo está bien, que sólo es un juego. Pero sé que nada hará que olvide mis palabras.

Acudimos a un hechicero y ésta...—digo, abarcando con una seña mi nuevo cuerpo—fue la mejor solución.

Sé lo que parezco, diferente, distante, abatida. Irreconocible. Ni siquiera mi voz es la misma. No soy yo. Nunca lo seré.
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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Ago 20, 2018 11:50 am

Me parecía sumamente confuso que la mujer que tenía frente a mí, con esos rasgos tan diferentes, fuera la persona que consideraba mi mejor amiga, aquella que era una hermana para mí aun cuando no corría la misma sangre por nuestras venas pero que había aprendido que no era necesario algunas veces, pues algunos lazos iban más allá de los propios sanguíneos y eran igual de fuertes. Las casualidades de la vida habían hecho que conociera a Astrid en una de las fiestas donde sus tíos solían coincidir, la había visto un par de veces y ya me había llamado la atención por ser tan diferente al resto, por no importarle esa fractura en dichas fiestas sociales en las que se mantenía al margen siempre con un libro en sus manos, no prestando atención a aquello que parecía no le interesaba... no fingía y aparentaba ser lo que no era, algo que en fiestas de ese tipo la gente solía hacer demasiado. Quizá fue eso lo que me impulsó a hablar con ella, quizás fuera el libro que llevaba entre sus manos y del cual yo recité una frase sin pensarme siquiera por un solo segundo que aquello sería el principio de una bonita amistad, casi una “hermandad” entre ambas aun cuando éramos bien diferentes en apariencia física. Sin embargo ahora quien decía ser esa misma persona para mí, ante mis ojos, veía una completamente diferente a la que yo recordaba aunque me extrañaba demasiado que Isis estuviera tan tranquila y se comportara como si la conociera. Como era de dar una oportunidad, porque todo el mundo se merecía esta, dejé que entrara para que me explicara todo aquello en lo que yo ponía el té a preparar dejando las dos tazas fuera sacando las correspondientes bolsitas para cada uno, el mío de frutos del bosque para mí y de té negro para ella, siempre me había gustado que el té fuera algo más dulce. Dejé las bolsitas sobre la bancada y tras un par de minutos volví al salón dejando la bandeja con los pastelitos, Isis se sentó como siempre a mi lado y miré a la joven que tenía frente a mí pareciéndome alguien completamente ajena a mí y que no conocía de nada, sin embargo la curiosidad me podía en algo tan innato en mí y quise saber qué estaba pasando. Atrás había quedado la Naitiri ingenua que no sabía lo que pasaba realmente en el mundo, con un velo que cubría mis ojos y no me dejaba ver la realidad de las cosas... ahora era capaz de discernir cuándo había algo oscuro de por medio y trataba de descifrar si en esa ocasión era así o realmente me decía la verdad. Fuera quien fuera si era Astrid lo sabría, la forma de expresarse, los gestos que ella tenía eran propios de cada persona y aunque con un aspecto diferente no dejaría de ser ella, mi estrella, mi mejor amiga. Empezó a decir que era una larga historia y enarqué una ceja, teníamos todo el tiempo del mundo y aunque Ubbe finalmente llegara no habría ningún tipo de problema porque él confiaba en mí y se fiaba de mi criterio, bastaría para decirle quién era ella para que entendiera lo que pasaba por lo que el tiempo en ese momento era lo de menos. Quería toda la historia, y si ella me conocía sabría que no me importaba que fuera larga o corta, la quería entera y no esperaría otra cosa por su parte porque necesitaba saberlo todo para comprender mejor qué ocurría. En lo que se toma su tiempo para empezar, porque siempre soy a respetar los tiempos de los demás siendo consciente que cuesta, cogí un pastelito que mordí para darle ese tiempo que ella estaba buscando.

Mis ojos se elevaron hacia los suyos cuando dijo que quería que escuchara hasta el final y que luego preguntara, ¿acaso no me conocía? Sabía que iba a ser imposible que no preguntara pero aguantarme hasta el final... me costaría, pero lo intentaría. Asentí con la cabeza para hacerle saber que al menos lo intentaría, tanto como me fuera posible, hasta que acabara de terminar de contarme toda la historia. No había ni empezado cuando dijo que lo que iba a contarme era algo “oscuro” y que nunca debería de saber... empezaba a entender que ella siempre había querido evitarme esa “oscuridad”, pero mi vida había cambiado y ahora sabía lo que había y lo que realmente caminaba junto a nosotros, ese mundo sobrenatural que nos rodeaba y que sin duda sería la principal causa de que se hubiera cambiado de apariencia. Cuando dijo que había vuelto fruncí ligeramente el ceño sin saber a quién se estaba refiriendo, me dieron ganas de preguntar por quién se refería pero ella siguió su historia “el vampiro que me hizo su esclava años atrás, ha vuelto y me ha encontrado” una frase que me produjo un escalofrío enorme que me recorrió por entera, di un pequeño respingo en mi asiento y mi mente no pudo evitar volar hacia ese momento de mi vida donde fui secuestrada por un vampiro hasta el punto en el que casi llegué a perder mi vida, en el punto en el que me sentí la culpable de las muertes de las personas que más quería... una época oscura de mi pasado que fue el motivo por el que me fui de París y decidí cambiar radicalmente mi vida, a mí me había funcionado y ahora tenía todo cuanto había deseado; el trabajo de mis sueños y una persona con la que compartir mi vida, formar una familia y cumplir también ese deseo que siempre había tenido. Dejé el trozo de pastelito restante sobre el plato pequeño que había sacado centrando toda mi atención en ella, ¿qué era lo que estaba diciendo? Me había quedado quita en el sitio y no hablé por temor a romper la fuerza que había encontrado para hablar, a mí me costó demasiado superar esa fase de mí vida, vi como se colocaba los mechones tras su oreja en un gesto muy de ella pero me mantuve callada para dejar que siguiera. Su pregunta me hizo mirarla de manera fija, ¿Qué si me lo había preguntado? Millones de veces. Cuando lo supe me pregunté qué motivos la habían llevado a ella a ser cazadora, sin embargo esperé a que fuera ella misma quien decidiera dar el paso y me lo contara porque sabía que tras todo cazador, tras todo aquel que conoce el mundo de las sombras siempre es algo turbio y oscuro, frío, desgarrador y marcado por la muerte y la sangre. Asentí ligeramente con la cabeza cuando su risa amarga sale de sus labios, dice que no sabía cómo había estado tan ciega y yo me moría por saber qué era lo que pasaba. No entendí cuando dijo que habían pasado cosas horribles aunque pronto no tardó en decírmelo y abrí ligeramente mis labios cuando dijo que fueron atrapados por unos licántropos, que no fue bueno, me sorprendió también que nombrara a un cazador y ese no fuera Gael, no me sonaba de nada el tal Eblan que había mencionado, ¿alguna vez lo hizo? Si lo hizo en algún momento no diciendo su nombre. Abrí algo más mis labios cuando dijo que estuvieron a punto de morir pero que escaparon, ¿cuándo había pasado todo eso que no me había enterado? Mis preguntas sobre Gael, aunque realizadas en mi mente, obtuvieron respuesta cuando dijo que las cosas no iban bien con él, yo hacía tiempo que no lo veía tampoco y no sabía cómo se encontraba. Ella aseguró que las cosas eran complicadas en ese momento porque yo estaba amenazada por los vampiros, mordí mi labio recordando ese momento pero me extrañó todavía más cuando dijo que había hecho pactos para mantenerme con vida... aquello sí que no me lo había esperado para nada.



-¿Qué? –Pregunté incapaz de no decirlo totalmente sorprendida, sin saber muy bien qué decir porque no me lo había esperado para nada, ¿por qué tuvo que hacer esos pactos por mí? Ya la ponía en peligro sin siquiera yo saber lo que ocurría realmente. La vi levantarse y supe que lo peor solo había hecho más que comenzar, que venía la parte complicada y que ahora venía lo que más le costaría decir porque la conocía. Me fijé en ella y en su forma de andar, su apariencia no era la de mi Estrella pero sí sus gestos, su forma de hablar, sus movimientos... todo indicaba que sí y que supiera ciertas cosas... era más llamativo aún para creerla. Decía haber estado absorta y no haberlo visto, conforme iba hablando y me iba contando las cosas mis labios más se abrían a la par que mis ojos, ¿un vampiro se había estado colando noche tras noche, para morderla sin que ella se enterara? Sabía lo que era, por experiencia propia, que tomaran algo en contra de tu voluntad, que te sometieran de alguna manera... y no podía imaginarme lo que tuvo que ser para ella lo que había dicho, algo que jamás me había contado porque no supe nunca que una vez fue una esclava de un vampiro, y que este para su horror y el mío de paso había vuelto. Llevé mi mano a mis labios tapándolos ante el horror que describían sus palabras, ante lo que me estaba contando... el silencio se había instaurado en la estancia roto únicamente por la tetera que ya anunciaba que estaba lista pero era incapaz de moverme. Muchos sentimientos me recorrían el cuerpo y no todos eran buenos, recuerdos pasados que quedaron enterrados en la arena pero que ahora empatizaban con lo que ella había pasado porque la entendía... mejor de lo que ella se pensaba. Horrorizada, porque no podía sino describir de otra forma cómo me sentía, la recorrí con mis ojos casi al punto de llorar por saber lo que le pasaba, lo que había callado, lo que había pactado y tenido que soportar sin yo poder ayudarla con tal de protegerme. Terminó diciendo que su cambio físico era porque habían acudido a un hechicero y para que no la encontraran habían optado por eso. El silencio siguió presente en la estancia hasta que tras unos segundos en los que finalmente reaccioné, me levanté y sin decir nada acorté la distancia con ella con los ojos cristalizados a punto de llorar, y mis brazos la envolvieron pegándola a mí cuerpo- Oh, Astrid –dije abrazándola para reconfortarla como seguramente estuviera necesitando, había callado muchas cosas y ahora por fin las liberaba pero había más, mucho más que no me estaba contando. Mis dedos fueron a su pelo enredando mis dedos en sus mechones ahora rojizos- sí que eres mi pequeña As –dije sin separarme todavía de ella, notaba su calor, esa sensación cándida cuando la abrazaba y tenía cerca... ahora entendía por qué Isis se había puesto tranquila en su presencia. Tras unos segundos me separé para mirarla, acunar su rostro con mis manos y observarla a esos ojos azules que me contemplaban perdida esperando una reacción por mi parte- ¿por qué lo has callado tanto, Astrid? Entiendo que ocultaras que eras cazadora porque no sabía de ese mundo, pero luego sí... podías haberlo contado cuando tú quisieras –ambas sabíamos que las dos habíamos pasado por cosas oscuras, que podíamos entendernos mejor- no tenías por qué hacer pactos para salvarme, me da rabia haberte metido en todo eso por mi culpa... –mordí mi labio inferior- ahora no solo tengo a Isis, Ubbe también me protege pero ahora me preocupa el hecho de ¿quién te protege a ti? Necesitas protección más allá de esto, si ya se ha atrevido a hacer tanto... –un escalofrío me recorrió de nuevo- ay Astrid, me siento tan mal por haberme mantenido al margen de todo esto... sé que yo no puedo hacer mucho pero sabes que siempre vas a poder contar conmigo –tomé su mano con una de las mías- ese Eblan... ¿es ese? –Pregunté porque me habló de dos hombres, uno era Gael pero el otro ¿sería él?- No me quedo tranquila sabiendo lo que te ocurre, no me quedo tranquila sabiendo que ha entrado a tu casa... quédate, al menos esta noche. Ubbe no tardará en venir y no va a decir nada, sabe lo importante que eres para mí y lo respeta, te estima aunque no hayas tenido mucho contacto con él por la relación que hemos mantenido este tiempo. Quédate y hablemos, tranquilas y con calma, sabes que aquí no va a pasarte nada.



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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Sep 05, 2018 6:54 pm

Ni siquiera el silencio del bosque antes de la caza consigue ponerme tan nerviosa como el que hay ahora mismo entre nosotras. Me quema la garganta y todo mi cuerpo me pide, me ruega que salga de esta casa cuanto antes y finja que nada de ésto ha ocurrido jamás, que Naitiri no me está mirando como si lo hiciera por primera vez. Sin embargo, justo cuando estoy a punto de apartar mis jos de los suyos, algo en éstos despierta muy en el fondo, un brillo lejano y auténtico. Sabe que soy yo, pienso desesperada, me ve. Y como si de alguna forma una parte de mí hubiese estado esperando con total seguridad este momento, Naitiri, mi amiga, mi hermana, se acerca a mí y me abraza como tantas otras veces. Solo que ésta vez soy yo la que se rompe. Sólo soy consciente de que estoy llorando cuando me falta el aire en un intento vano por silenciar el llanto, siento alivio ante su calor, me siento como en casa cuando su perfume me envuelve. Pero el tacto es distinto, como si intentara recordar la forma en la que nuestros cuerpos se abrazaban. Y no la culpo.

Contártelo todo te habría expuesto más de lo necesario Naitiri—susurro, lárgimas surcando mis mejillas—Sé que eres consciente de los peligros pero hay cosas que es mejor mantener enterradas...

Inspiro profundamente antes de separarme un poco, encontrando por fin algo de la fuerza que últimamente he olvidado que poseía. Siempre fría, siempre ardiente. La tetera sigue sonando desde la cocina y el pitido comienza a desquiciarme, como si este nuevo cuerpo al que pertenezco detestase las sonidos continuos y agudos. Suspiro ante sus palabras, sé que por fin está a salvo, y ese es uno de los motivos por lo que puedo conciliar el sueño algunas noches.

Ubbe es un hombre honorable. Vikingo, pero honorable—río por lo bajo ante la deliberada broma, el marido de Naitiri y yo solíamos bromear sobre lo relativo del honor según culturas. Observo a mi amiga y me dejo llevar por el marrón de su mirada, chocolate, tierra, caramelo oscuro y embriagador. ¿Quién me protege? Bueno, tengo un ángel y un demonio de mi parte. Entonces hace la pregunta y pronuncia el apellido del hombre que me ha llevado al infierno. Aparto el pensamiento y simplemente asiento ante su propuesta, la sola idea de pasar otra noche sola, por primera vez, se me antoja aterradora. Despertar entre pesadillas cada vez se hace más insoportable—Me quedaré—Y ella sabe cuánto se lo agradezco.

La sigo hasta la cocina mientras pasamos por un pequeño pasillo decorado con detalles de todos esos viajes que Naitiri siempre quizo hacer y por fin realizó, fotos , postales, recuerdos de ella misma y Ubbe. Tan diferentes y tan similares al mismo tiempo.

Aún no conozco todos los detalles sobre Egipto...—comento, de forma suave y casual, intentando poner un poco de orden y normalidad. La observo mientras aparta la tetera y comienza a servir el agua hirviendo en las tazas, añade el té y los tapa para que reposen. Sé que debo contarle más, que mientras se encarga de preparar nuestras bebidas está esperando a escuchar mi voz. Naitiri siempre suele sacar toda la información que desea simplemente esperando. La paciencia es una de sus virtudes—He enviado a mis tíos a Gales, de vuelta a nuestra tierra natal. Aquí corrían demasiado peligro para mantenerlos a salvo yo sola. Él lo comprendió al instante, unas simples palabras bastaron para que comprendiera la situación—miro a través del ventanal, quizás esperando encontrar la forma de seguir adelante, por otro lado alerta a cualquier cosa extraña—La versión oficial es que he encontrado marido y me he mudado a Londres, por fin casada, convertida de una dama de clase alta. Mi tía lo creyó facilmente, demasiado fácil...—aún recuerdo su mirada, los grandes ojos verdes al borde de las lágrimas, feliz, aliviada, pero sé que parte de esa felicidad fue fingida—No es tan ilusa cómo parece, mi pobre tía, prefirió confiar en la mentira por miedo a conocer la verdad.

Me miro las manos, mis manos ajenas, tan pálidad que parecen haber perdido el color. Sé que Naitiri me está mirando. ¿Qué ve? ¿Quién soy para ella?

Lo difícil fue el cambio—comento, mi voz neutra—La idea no fue mía, por supuesto, sólo Naxel Eblan podría ser tan retorcido. Es un cazador despiadado, si quiere algo no duda en tomarlo. Cree que no tiene salvación pero yo no puedo dejarlo así... en la oscuridad—me encojo de hombros casi como si el smple hecho de pronunciar su nombre me ardiese, tantas imágenes acuden a mi mente que por un momento me desbordan. La sonrisa ladia de Nax me arranca un latido—El pacto que hice con él sobre tu protección sigue activo y no me pidas que lo retire—digo, antes de escucharla protestar, estoy segura de que no le gusta imaginarme en peligro por su causa pero es así y siempre lo será—Yo le proporciono información y ayuda en su... eterna venganza y él aparta las malas presencias de nosotras.

Acepto el té que me ofrece y dor un sorbo, el líquido me quema la lengua pero no lo evito, dispuesta a comprobar el rango de dolor que sorporta mi nuevo cuerpo. Reconozco que paso mucho tiempo así, poniéndome a prueba para conocer a fondo la caja de carne y hueso en la que estoy metida.

Gael no sabe nada, no sabe nada aún y me parte el alma pensar siquiera en reencontrarme con él—se me quiebra la voz en las últimas palabras—La última vez que lo vi fue hace una semana, sólo siete días Naitiri... y ya no soy la misma—la miro, algo desesperado se apodera de mí—Todo parecía estar tomando forma, nuestra unión por fin se estaba recomponiendo... Le dije que le amaba y el me correspondió. Pero mírame, la Jane que él conoce ya no existe, no soy yo. Ni para Gael, ni para Naxel, ni para ti.

Acerco la taza a mis labios de nuevo para ocultar el temblor de mis labios. No soy nadie.
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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Sep 16, 2018 11:12 am

Me había costado verlo pero al final había podido distinguir por los gestos, por forma de hablar y de expresarse a quien se “escondía” bajo aquella piel, esos ojos azules y el pelo rojizo contrastando con su pálida piel. Era ella, era mi pequeña As la que realmente estaba frente a mí aunque con una apariencia totalmente diferente que me había hecho dudar al principio, por suerte le había dado la oportunidad de explicarse y no la había echado como quizás hubieran hecho otros en mí situación. La conocía demasiado como para no identificar en ella los típicos gestos que tenía, la manera en la hablaba y gesticulaba cuando lo hacía... era ella, con otra apariencia, pero por fin había logrado verla y me alegraba enormemente de ello y de darle esa oportunidad. De dejar que se explicara y me contara los motivos por los que ahora lucía ese aspecto tan diferente al de ella, después de saberlo comprendía por qué Isis se había sentido tan tranquila y calmada con su presencia cuando ella de normalidad con los desconocidos se mostraba extraña, porque había reconocido la esencia de Astrid bajo esa apariencia. Sabía que tenía muchas cosas que contarme, sabía que venía porque algo le tendría que haber pasado relacionado con eso y yo la escucharía y la ayudaría en todo lo que hiciera falta, porque ella era como mi hermana y siempre estaría a su lado para apoyarla. Mis brazos la rodearon pegándola a mí tras todo aquel tiempo que no nos habíamos visto, ambas estábamos ocupadas y no teníamos tanto tiempo como el que nos gustaría pero aun así siempre que nos veíamos era como si no hubiera pasado el tiempo entre ambas, eso era lo que más me gustaba de nuestra relación. En cuanto mis brazos la rodearon fue como si todo el peso que llevara sobre ella se lo quitara, porque pude sentir como se iba relajando poco a poco escuchando un pequeño sollozo que me hizo saber que estaba llorando, sin embargo dejé que se aliviara de su carga acariciándole el pelo de manera lenta, reconfortándola de la única manera que podía, negué con la cabeza cuando me dijo que no contármelo era la única forma de protegerme, de no exponerme, y yo no lo veía así, entendía que quisiera hacerlo pero me sabía muy mal que tuviera que cargar con ello por mi culpa, por protegerme. Ahora tenía a Ubbe para que me protegiera y cuidara de mí por lo que no debería de seguir con lo que me había contado, es más, no quería que lo hiciera porque ya no había motivo alguno para ello con el vikingo en mi vida. Entendía que hubieran cosas que ella considerase que eran mejor no contarme, de hecho hasta lo agradecía, pero cuando se trataba de mi persona me gustaba saberlo y que no me dejaran al margen para que no supiera nada, esas cosas no me gustaban en absoluto. Para cuando se separó pude ver las lágrimas que surcaban su rostro, mis dedos las limpiaron antes de que llegaran a la barbilla y cayeran por esta mientras la observaba, de fondo se podía escuchar el ruido de la tetera sonando desde la cocina pero ahora mismo mi preocupación está puesta en ella, en saber que aunque su afán es proteger a los demás me preocupa quién pueda protegerla a ella, no me quedaba tranquila sabiéndolo y por eso fue que le pedí que se quedara en casa esa noche, conmigo, con Ubbe las dos estaríamos tranquilas y seguras y además sabía que no le importaría en absoluto que se quedara, él era más que consciente de la relación entre ambas y lo importante que era ella para mí, los dos se llevaban bien y aunque al principio a Astrid le resultó un poco chocante su aspecto al conocerlo se había dado cuenta, como todos, de que las cosas nunca eran lo que parecían. Reí levemente entre dientes cuando mencionó que era un hombre honorable, sobre todo vikingo, y negué con la cabeza con cierta diversión por ello.

Me relajé cuando aceptó el quedarse y de no haber aceptado la habría obligado, al menos por esa noche estaríamos ambas tranquilas porque con lo que me había contado no es que lo estuviera demasiado, ¿cómo había podido pasar aquello de nuevo? Lo lamentaba tanto por ella, tener que pasar por algo así de nuevo... yo sabía bien lo que era y por eso la comprendía tanto, sabía que ella no quería que me metiera pero debíamos de buscar una solución y si yo podía ayudarla no me quedaría de brazos cruzados. Decidimos ir hacia la cocina para preparar el té y le pedí que me siguiera saliendo del comedor y cruzando el pasillo hasta la cocina, por el pasillo la decoración había cambiado un tanto desde que vivía sola, ahora tenía recuerdos de viaje a Egipto y al Norte con el vikingo, fotos, postales, algún recuerdo que habíamos traído... es cuando llegamos a la cocina cuando escuché sus palabras mientras apartaba la tetera del fuego y cogía las tazas para el té, sonreí por sus palabras mientras colocaba las bolsitas en cada taza tras añadir el agua hirviendo, las tapé como ella me había enseñado muchas veces en esas tardes que pasábamos juntas para que reposara y me giré a mirarla, totalmente en silencio porque si algo sabía es que ese tipo de cosas era mejor que la otra persona hablara cuando pudiera, no forzar las cosas, dejar que todo llegara... era consciente de que ella misma se preparaba para la conversación y también que no le preguntaba y le dejaba su espacio porque la conocía y sabía que era lo mejor, cuando ella quisiera hablar lo diría y yo respetaba eso. La conocía demasiado como para respetar su silencio, aunque era una mujer demasiado curiosa y me moría de ganas por hacerle muchas preguntas, pero sabía que todo tenía su momento y que ella era la que debía de dar el paso. Mientras esperaba saqué de nuevo un par de pastas dejándolas en una pequeña bandeja mientras esperábamos a que el té se enfriara un poco, al menos a mí no me gustaba tan caliente. Decía que no conocía todos los detalles sobre Egipto y solo pude sonreír observándola, ella bien sabía cuáles habían sido mis sueños hacía años, la de tardes que le había dicho que quería volver a Egipto, volver a mi tierra y a mis raíces después de tantos años, estudiar la carrera siguiendo los pasos de mi madre, trabajar en el museo... y por fin lo había logrado.



-Sabes que puedes preguntarme todo lo que quieras acerca de Egipto, es una cultura con muchos matices, historias, leyendas... cuando quieras te doy una pequeña clase –dije divertida entregándole la taza con el té mientras esperaba a que hablara, y por fin lo hizo. Había mandado a sus tíos de vuelta a Gales seguramente con el fin de protegerlos del peligro, lo veía bien porque así ella se quedaba tranquila de que na les pasara. Cuando me habló de su tía me acordé de que siempre me decía que enseñara a Astrid a ser una señorita como mandaba la sociedad, eso me hizo esbozar una pequeña sonrisa- tú tía siempre quiso que te casaras y te comportaras como una señorita, siempre me decía que te inculcara esos valores –negué con la cabeza sin perder la sonrisa- creo que tu tía se creyó la mentira porque sabía que ocurría algo, era lo que siempre había querido para ti y supongo que pensaría que era la forma más fácil de que se lo creyeran todos... ya sabes cómo es la gente, sobre todo en la altas esferas –dije tomando la taza para añadir un poco de azúcar y removerla dejando que se enfriara un poco- me hubiera gustado verlos antes de que se fueran, hacía mucho que no los veía –sus tíos siempre me habían tenido mucho cariño, ninguno supo de mi pasado ni a qué me dedicaba, pero siempre me vieron como un ejemplo al que su sobrina debía de imitar. Alcé mis ojos de vuelta a ella cuando habló sobre el cambio sobre todo cuando habló del otro cazador que en su momento me había comentado, y me pregunté quién sería, mordí mi labio cuando dijo que era despiadado que creía que no tenía salvación y que ella no podía dejarlo así, en la oscuridad. Aquello me pareció algo que me descolocó un poco, y esa curiosidad innata en mí quería seguir preguntando al respecto- ¿y por qué quieres sacarlo de su oscuridad, Astrid? No me gusta que hayas hecho un pacto para salvarme, de hecho ya no sería necesario seguir porque está Ubbe, él ahora vela por mí...me preocupa más quién vela por ti, ¿acaso lo hace Naxel? –Hasta su nombre al pronunciarlo parecía tener un halo de oscuridad- ¿cómo es? ¿Cómo lo conociste? –Aunque seguramente hubiera sido en una noche de cacería- una vez me dijiste que tenías a dos hombres en tu vida, entiendo que él es uno de ellos ¿no? –Mordí mi labio recorriendo la taza con mis dedos- Nadie quiere salvar a otra persona si no es por un motivo, por un sentimiento. La última vez me dijiste que estabas confundida con tus sentimientos, ¿qué es lo que sientes por él que quieres llegar al punto de salvarlo? No me malinterpretes, pero la gente que vive en la “oscuridad” es porque lo han escogido ellos mismos. ¿Qué es él para ti, Astrid? –Debía de ser alguien importante sino no confiaría mi protección a su persona. Sin embargo ahora tocaba hablar de otro hombre en su vida; Gael. Hacía mucho tiempo que no lo veía ni sabía nada de él, de hecho ni le había contado a Astrid que lo había visto y que se habían solucionado un poco las cosas entre ambos. Entendía que para Astrid Gael era una persona demasiado importante, y para él lo mismo y aunque ninguno me hubiera dicho nada desde esa noche fatídica en la que los tres coincidimos supe que algo había entre ellos dos, me preguntaba si al salir yo de la ecuación su relación se había afianzado y estrechado- hace tiempo que no veo a Gael, la última vez fue hace bastante tiempo después de... –no lo dije pero sabía que ella me había entendido- hablamos las cosas, no sé si te lo dijo alguna vez, pero al menos pudimos hablar como adultos y lo arreglamos... después de eso no lo he vuelto a ver –sabía que había tenido algún que otro problema con su hermana pero no quise preguntarle a Astrid en ese momento. Fueron sus siguientes palabras lo que me dejaron un poco descolocada de nuevo, mis labios se abrieron ligeramente cuando dijo que le había confesado lo que ella sentía y que él le había correspondido. Podría decir que no me tomó de sorpresa porque, en el fondo, siempre supe que estarían juntos después de lo que vi esa noche, de cómo reaccionó Gael cuando habló de ella- en el fondo siempre supe que acabaríais juntos –dije mientras la observaba, para mí fue complicado y hasta en cierto punto doloroso... pero el tiempo todo lo curaba y cuando ya creía que no volvería a abrirle mi corazón a nadie aparecía el vikingo, poniendo patas arriba mi mundo, y colándose en lo más profundo para no irse nunca- me alegro por ti As, es un buen hombre y sé que sus sentimientos son puros –mi mano alcanzó una de ella para tomarla y sonreírle- mi pequeña As se hace mayor –comenté porque siempre habíamos hablado de hombres pero hasta ahora jamás me había mencionado nada de estar con alguien- nunca comprendí porqué te presentaste con él como Jane cuando es un nombre que no te gusta –dije recordando que me pareció chocante en su momento- sabes cómo es Gael, puede que al principio no lo entienda pero igual que te he visto yo te verá él, lo comprenderá y sabrá que es una medida de protección para que no te pase nada –la miré de manera fija tras sus palabras- eso no es cierto Astrid, puede que tu apariencia ya no sea la misma pero en el fondo y en esencia sigues siendo la misma persona que conocí un día y para mí esto no cambia las cosas. Sigues siendo tú, con tus gestos, tu forma de hablar y de expresarte, con ese rubor en tus mejillas y todo lo demás... un cuerpo no cambia nada As, no lo hace para mí –aseguré afianzando el agarre de su mano- esto es solo temporal hasta que todo se calme, sé que la situación es complicada pero coincido con Naxel en que es lo mejor para tu seguridad, así al menos no va a poder encontrarte tan fácilmente –mordí mi labio- me tienes preocupada As, no sabía nada de esto y ahora que lo sé... por Ra, no dejo de pensar en la forma de poder ayudarte aun cuando yo no sé pelear como tú –porque la había visto esa noche en el burdel, muy lejos de la apariencia de señorita que traía con sus vestidos- de momento puedes quedarte esta noche y si necesitas quedarte alguna más no dudes en pedírmelo, no quiero que te quedes sola por las noches ahora que no están tus tíos en casa, la habitación de Alessia está libre y sabes que eres bienvenida, que puedes quedarte las veces que desees. Esta noche dormidos juntas, Ubbe no creo que tarde mucho en llegar, y al menos esta noche descansas, ¿cuánto hace que no duermes bien, As? –Pregunté porque si yo supiera que un vampiro por la noche se cuela para hacerme eso no podría conciliar bien el sueño- dentro de un mes tengo que ir a Egipto a examinar unas cosas, si quieres puedes venir conmigo y así te enseño aquello... es muy diferente a París pero está plagado de cultura, de mitos y leyendas. Además vas a contar con la mejor guía de todos, quizás no te venga nada mal. Y no acepto un no por respuesta –le sonreí intentando cambiar un poco la conversación, sabía que teníamos que hablar de muchas cosas pero todo a su tiempo, con calma ya que teníamos toda la noche por delante.



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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Sep 30, 2018 9:52 am

El té me quema, aliviando y llenando de alguna manera el vacío que llevo dentro. Observo el vaho que desprende la taza y cierro los ojos al escuchar la voz de Naitiri, me reconforta tenerla cerca y puedo sentir cómo trata de llegar a rincones de mí que están bajo llave, de forma dulce y pausada. Suspiro porque no tengo otra cosa que decir ante la decisión que he tomado respecto a la mis tíos, mi única familia. Y el saber que ella está de acuerdo me tranquiliza, de alguna forma necesitaba que alguien me dijera sin necesidad de palabras que estoy tomando las decisiones correctas. Naitiri siempre ha puesto aquello que ama por encima de todo, y en eso nos parecemos tanto que la una moriría por la otra.

-El enviarlos a Gales era la mejor opción, el gremio de cazadores del país está en alerta máxima y los protegerán a toda costa. Al parecer "es lo menos que pueden hacer, le deben demasiado al general"-recito, tal y como recuerdo que estaba escrito en la respuesta recibida por el líder del gremio en Cardiff. Mi voz parece débil, un claro indicativo de mi condición-Me han asegurado que me mantendrán informada-me quedo con esas últimas palabras, pese a saber que las comunicaciones son lentas y cortas, pese al temor de que llegue el día en el que recibiré un mal presagio. Me gustaría decirle a Naitiri que mis tíos se acordaron de ella en su partida, pero sería mentirle, mi tía estaba tan asustada dentro de su chal de seda que apenas me dirigió la palabra, siempre mostrando la sonrisa de dama de la corte, siempre fingiendo que todo iba bien. Mi tío me besó la frente y fue lo último que recuerdo de él. Aún así sé que siempre la han tenido presente.

Naitiri me saca de mis pensamientos con la pregunta que esperaba no tener que responder. Había olvidado que la curiosidad de mi amiga compite con el tamaño del Taj Mahal y, de haber estado de humor le habría sonreído. La miro entonces a sus inmensos ojos verdes, tan claros y reales, buscando de alguna forma las palabras adecuadas, suplicando indirectamente por una aclaración. Una parte de mí no quiere hablar de Naxel Eblan, no después de lo que ha ocurrido, no ahora que realmente la oscuridad me ha consumido. El sólo pensar en su nombre me desgarra, a veces cierro los párpados y puedo verlo sonreír, de forma ladina y sádica. Suspiro de nuevo intentado quitarme peso del pecho mientras Naitiri ata cabos sueltos y comprende que Naxel es uno de esos hombres de los que le hablé. No parece complacida ante tal descubrimiento pero sigue en su propia investigación, como un gato curioso que rodea su presa, juguetona y decidida.

-Sé que Ubbe te protege ahora y agradezco a tus dioses y a los suyos por ello-sus dioses, porque el mío desapareció hace mucho tiempo-Pero en ese entonces no teníamos a nadie Naitiri, eramos nosotras solas contra el mundo, tú luchando contra tu propio dolor y yo queriendo mantenernos a salvo. No podía pedirle más ayuda a Gael, él peleaba contra sus propios demonios, así que Naxel fue la única y peor opción que tuve-entrecierro los ojos mientras sigo observándola, hace las preguntas exactas, siempre dando en el clavo. Carraspeo y me pongo cómoda en el alféizar del ventanal, decorado con cojines al más puro estilo Naitiri, cosidos con hilos de seda egipcia y otros con símbolos nórdicos que no consigo descifrar-Los recuerdos están borrosos... fue en una noche de caza en los barrios bajos, nos encontramos por casualidad, acabé con su presa antes de que pudiera torturarla y eso lo enfureció-miro hacia el exterior, como si aquella noche hubiese venido de vuelta a mí, hacía frío y él estaba hecho de sombras-Todo ocurrió muy rápido... buscábamos a los mismos licántropos, hubo una redada y salimos ilesos... él jamás lo admitirá pero era batalla fue el desencadenante, ojalá nos hubieras visto Naitiri, la similitud de nuestros movimientos, la compenetración en la lucha-una pequeña sonrisa orgullosa se escapa de mis labios-Esa noche hicimos el pacto que hasta ahora hemos cumplido, él te mantenía a salvo y yo le proporcionaba información.

¿Qué es lo que sientes por él que quieres llegar al punto de salvarlo?

"No puedes salvarme, Astrid, y no quiero que lo hagas".


La pregunta de Naitiri se responde con el eco de la voz de Naxel en mi cabeza. Siempre me lo ha dejado muy claro, jamás ha estado dispuesto a dejar que me acerque realmente a él. Es un demonio y así será para siempre.

-No lo sé...-mi voz se rompe, muy a mi pesar, mientras me acerco a ella y tomo una de las pastas con tal de buscar algo que hacer con mis manos. Extrañamente me sentiría más cómoda con una daga, pero eso es algo que aún no me atrevo a admitir delante de ella. Quizás ya lo sabe-No lo sé Naitiri, simplemente me niego a pensar que desea estar así, en la oscuridad, no puede estar perdido del todo- dejo la pasta de nuevo y me sitúo a su lado, mirando al frente mientras las palabras salen solas, intentando leer las respuestas en el horizonte de su cocina-En cierto modo me he rendido...-admito con el orgullo herido, agotada-He luchado demasiado y he visto el mal en sus ojos... he de aceptarlo pero cuando estoy dispuesta a alejarme descubro que hay misericordia oculta en sus actos, hay un dolor inmenso en él, una rabia antigua, nostalgia salvaje en sus besos-miro a mi amiga, mi hermana, casi desesperada y sorprendida por haberle contado todo esto, por escucharme así-No puedo verlo morir solo.

Lo he dicho. Cinco palabras que pesan como siglos. Me llevo una mano al rostro y presiono el puente de la nariz tratando de mitigar la confusión y el incipiente dolor de cabeza que comienza a nacer en la cien. Maldito Naxel Eblan y maldita su estampa. Maldito él y su eterna oscuridad. Está claro que aún no controlo este nuevo cuerpo que me tiene presa, porque aunque he creído sentir lágrimas corriendo por mis mejillas ninguna humedad desciende por éstas. Me quedo así por un momento, en parte aliviada por no haber derramado ni una lágrima por él, en parte porque debo procesar todo lo que acabo de admitir. No sé qué puede estar pensando Naitiri de todo esto, quizás una parte de ella se sienta herida al descubrir todas y cada una de las cosas que le he ocultado, todos los secretos que he tenido que ocultar. Así como sé que está asimilando toda la verdad que envuelve a Naxel Eblan, sé que las noticias que tienen que ver con Gael Luzt también la dejan descolocada. De haber estado en otras circunstancias me habría echad a reír descontroladamente al observar su rostro.
Asiento cuando me cuenta cómo fue su último encuentro, Gael llegó a contarme detalles y comprendí que ambos se habían quitado un gran peso de encima, un dolor que por fin había sanado.

-Al principio fue sólo una tapadera, siempre odié mi segundo nombre y no lo sentí como propio cuando me presenté así ante él…-admito, de forma tranquila-Pero pronto comprendí que me gustaba que Jane fuese algo sólo entre nosotros, esa parte de mí que tanto detestaba era sólo suya y sólo él podía sanarme.

Por fin Naitiri rompe su silencio, ahora cerca de ella puedo comprobar que no se está resultando fácil encontrar las palabras adecuadas o asimilar todo lo ocurrido. Me sujeta cuando susurro que no soy nadie, cuando le confieso que temo que todo lo que nos une a Gael y a mí termine por desmoronarse. Hemos sufrido tanto para alcanzar lo que ambos anhelábamos que ahora todo parece roto y perdido.

-Bien sabes que Gael es muy… pasional. Comprenderá la situación pero su corazón no lo aceptará fácilmente, esto es otro puente más entre nosotros-digo, haciendo un gesto hacia mi cuerpo. Miro nuestras manos unidas y me asombra el contraste, la piel caramelizada de Naitiri con la palidez de la mía, mucho más marcada ahora-Sé que es lo mejor, no lo habría hecho de no haber sido la última opción pero… es demasiado- apoyo mi cabeza sobre su hombro, cuando hacía cuando salíamos al prado a leer, en tiempo donde ambas éramos más ajenas a la oscuridad- No quiero romper más a Gael, no podría soportar verlo caer por mi culpa…-suspiro, al aroma de Naitiri siempre me relaja, odio verla preocupada-Me parece bien-comento-Hace mucho que no concilio el sueño y tenerte cerca me ayudará-me pongo frente a ella entonces, sujetando sus manos y mirándola-Todo lo que ha ocurrido no es culpa tuya Naitiri, así que espero que si es eso lo que estás pensado deseches la idea aquí y ahora. Eres mi hermana, y nos protegeremos siempre.

La abrazo sin más, Naitiri sabe que no suelo abrirme así ante nadie, que son muchas las ocasiones en las que he preferido el silencio a mostrar mis sentimientos, tan contradictoria, tan pasional y distante al mismo tiempo. Todo lo que he dicho hasta ahora se escapa de mis manos y sé que muchas otras preguntas saldrán de sus labios, pero al menos ahora conoce la verdad.

-¿Y bien? Me vendría maravillosamente un pijama, he venido con lo puesto…-la miro y hago un gesto, podremos seguir hablando, yo respondiendo a sus preguntas y ella contarme sobre sus viajes, pero necesito salir de la cocina y mantener la mente ocupada- ¿Qué tal Egipto? ¿Y la luna de miel?
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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Oct 09, 2018 1:12 pm

Una vez que ya sabía que era Astrid, mi pequeña As la que tenía frente a mí, todo era como si su cuerpo no hubiera cambiado y todavía tuviera la misma forma y apariencia que siempre, era consciente de lo que debía de costarle haberse presentado frente a mí de esa manera sabiendo que no podría reconocerla y el esfuerzo que había hecho para tocar a mi puerta, pero ella siempre sabía que podía contar conmigo en todo momento y que ahí estaba para ella como estaba demostrando, sobre todo ahora que la veía pese a su nueva apariencia y me hablaba de todo lo que parecía haber callado conmigo desde hacía mucho tiempo. No podía culparla, igual que yo no había tenido secretos con ella y había sido transparente entendía que no era lo mismo decir a lo que yo me había dedicado cuando nos conocimos a decirme ella que era una cazadora, que por las noches se ponía un atuendo muy diferente como ya había comprobado en una ocasión y que salía a matar vampiros y licántropos como si fuera algo normal que se hiciera todo los días y que la gente supiera de su existencia. No había tenido que ser fácil para ella callar tantas cosas, sobre todo cuando habría necesitado desahogarse y yo no había estado allí para ayudarla porque en esos entonces yo no sabía la verdad sobre el mundo sobrenatural y entendía que ella siempre hubiera querido protegerme, de haber sido al revés hubiera hecho exactamente lo mismo que ella y no habría cedido ni un ápice a que supiera la verdad sobre mi profesión ni a lo que me dedicaba por las noches. Ahora todo quedaba claro entre nosotras y me alegraba porque así podría también contarme aquello que no había hecho en años, quitarse ese peso de encima y apoyarse en mí como yo me había apoyado en ella muchas veces cuando me había hecho falta, a veces sin necesidad de decir nada, a veces con una simple mirada nos bastaba para entender y eso era lo bonito de nuestra relación. Incluso con aquel cuerpo diferente, con esos orbes azules, podía ver lo que la afligía y escondía tras su mirada porque seguía siendo ella aunque no lo viera de esa manera, para mí seguía siendo mi pequeña Astrid y nada cambiaría ese hecho para mí. Supe que se preparaba para la tanda de preguntas que iba a hacerle porque me conocía, era muy curiosa y lo que me contaba no hacía más que generarme preguntas que quería que me respondiera pero sabiendo que solo lo haría si ella estaba preparada. Durante la mayor parte del tiempo que había conocido a Astrid su relación con los hombres era algo que, por un tiempo, pensé que no le llamaba su atención... y de la nada me venía con la noticia de no un hombre, sino dos en su vida, ¿cómo no preguntar al respecto cuando tras aquel tiempo en que me lo había dicho por fin conocía algo más sobre el segundo misterioso hombre? Incluso su nombre tenía un pequeño halo de oscuridad que lo envolvía y lo hacía misterioso, no lo negaba, sin embargo me preguntaba los motivos que llevaban a mi amiga para querer salvarlo cuando él así no lo quería... no se salvaba a alguien si no había algo de por medio, y eso yo lo sabía bien por experiencia propia. Esperé mientras la veía sentarse en el alfeizar de la ventana junto a los cojines que había, representando mi cultura y la del vikingo con los bordados que llevaban y que había confeccionado mi padre a mi encargo para decorar la casa. En mi mente visualicé esa noche que me relataba pero fruncí el ceño cuando me habló del peligro, sin embargo la forma en la que me hablaba de él y cómo se compenetraron en la batalla viendo su sonrisa, algo me decía que no había sido todo oscuridad como ella relataba. Y para añadir a todo aquello, yo sí creía en el destino porque lo había experimentado de primera mano. El destino hizo que Ubbe se cruzara en mi camino cuando mi vida era monótona y rutinaria, llena de oscuridad, sin llama, sin chispa... y él lo cambió todo aunque no fue fácil, ¿quién no le decía a ella que podría pasarle lo mismo?

Decía que se alegraba porque Ubbe me protegiera pero que cuando hizo el pacto no teníamos a nadie, era una época diferente y mordí mi labio por ello porque supe del momento en que hablaba; cuando el vampiro empezó a rondarme antes de que me secuestrara. Sin embargo deseché esos pensamientos y la miré cuando siguió hablando intentando decirme por qué lo ayudaba, qué veía en él o qué tenía él, más bien; que sentía por él para querer ayudarlo pese a toda la oscuridad de la que me hablaba. Como si pensara en la respuesta volvió a sentarse frente a mí en la silla y yo di un sorbo a la taza de té disfrutando de su sabor afrutado, entendía esas ganas de rescatarlo de la oscuridad porque cuando alguien te importaba no podías verlo de esa forma aunque algo me decía que con Naxel era totalmente diferente y más complicado. Enarqué una ceja cuando dijo que se había rendido, la conocía y rendirse al igual que me pasaba a mí no estaba en nuestro vocabulario, pero dejé que se expresara. Ella no podía alejarse de él y entendí que se sentía atraída por lo que él representaba, algo que ella no había conocido y entendía que lo desconocido a veces atrajera demasiado, abrí ligeramente mis labios cuando dijo que algo en él la empujaba cuando se alejaba a que no lo hiciera como si en silencio pidiera una redención que sus palabras no decían, pero sobre todo abrí mis labios cuando mencionó sus besos... y que eran salvajes. Sonreí porque supe que estaba perdida, por completo, porque yo me había sentido así hacia lo desconocido cuando emprendí viaje con el vikingo para ayudarlo en Egipto y al final caí, ante algo desconocido para mí que era todo lo que él representaba, y un beso fue el principio de mi perdición aunque yo no lo cambiaba por nada. Sin embargo su situación era más complicada porque aunque Naxel representara el morbo, también estaba Gael de por medio. Cuando dijo lo que realmente no podía ver de él, que era dejar que muriera solo, llevé mi mano para dejarla sobre la suya y acariciarla mientras la dejaba asimilar esas palabras que había soltado como si le pesaran y le quemaran por dentro, como si necesitara decirlas y jamás se hubiera atrevido a hacerlo realmente por algo que no llegaba a comprender.



-Te conozco Astrid, sé cómo eres y por eso mismo sé que si él no fuera una persona que se mereciera ser salvada no lo harías, no te molestaría tanto que muriera solo o no te importaría sacarlo de su oscuridad aun cuando me da la sensación de que él no quiere que lo hagas –hice una pausa acariciando su palma con mi pulgar- a veces nos ofuscamos tanto en ver lo que creemos que es justo que no nos damos cuenta de que lo que tenemos delante es lo que deseamos. Sé lo que es sentirse atraída hacia algo que no logras comprender, hacia algo que rompe todos tus esquemas aun cuando intentas ordenar las piezas y cuando te crees segura de todo, y estás frente a esa persona; todo se desmorona frente a ti –aseguré mirándola esperando que sus ojos miraran los míos- no es malo, tampoco, confío en tu criterio y si te mandas esas señales es porque quizás no está seguro de lo que quiere o hasta que no os habéis encontrado no lo ha sabido realmente –mordí mi labio- no se puede comparar pero yo pensaba que llevaba una vida normal As, cuando volví tras recuperarme de lo que pasó creía firmemente que tenía todo cuanto había siempre deseado: mi casa, una vida libre, mi trabajo, tomar mis propias decisiones, andar el camino que yo quisiera... ¿y sabes de qué me di cuenta cuando conocí a Ubbe? De que vivía engañada bajo una mentira que me había puesto; me creí que la vida que tenía era la correcta... pero era una vida vacía, monótona, rutinaria y oscura donde realmente no se podía llamar “vida”, no disfrutaba y no apreciaba nada, nada me importaba y todo era más “frío”. Tuvo que llegar él para hacerme ver lo equivocada que estaba, quién sabe, quizás él con el tiempo también se de cuenta –sonreí levemente apretando su mano- él fue mi perdición y entiendo bastante de eso, él podría ser la tuya Astrid... es algo que nunca has conocido y que seguro que te llama la atención, al fin y al cabo, ya te has besado con él y sabes cómo son sus besos, ¡mírame a mí! Así empecé yo, con besos salvajes y mira dónde he acabado –terminé riendo levemente entre dientes quitando un poco de tensión al asunto para que comprendiera que no era tan grave, ni tan malo, lo que pensaba y sentía al respecto hacia el cazador. Aunque la entendía porque, por otra, también estaba Gael y aunque no sabía en qué punto se encontraba su “relación” si comprendía que pudiera sentirse en cierto sentido confundida, por lo que sabía ambos eran muy dispares y eso podría confundir a cualquiera. Sonreí cuando me dijo el motivo por el que le había dicho a Gael que se llamaba Jane y no Astrid, sonriendo de lado por ello- querías que fuera solo algo de vosotros, únicamente vuestro y además era como un bálsamo para ti –no dije nada porque la entendía demasiado bien. Asentí con la cabeza cuando me dijo que decirle a Gael la verdad podría abrir una pequeña brecha entre ambos, aunque yo no lo veía de esa forma- no tiene por qué Astrid, tomaste la decisión más acertada para protegerte y eso debe de entenderlo, sé cómo es pero también sé por eso mismo que lo comprenderá y lo entenderá –más bien lo que le dolería sería que no hubiera ido a pedirle ayuda a él, pero no dudaba en que entendiera los motivos por el cambio de su aspecto. Su cabeza se apoyó en mi hombro como si estuviera cansada y elevé mi mano para enredar mis dedos en sus mechones ahora cobrizos, dejé un beso en su cabeza para hacerle saber que estaba ahí y que podía contar conmigo cuando lo necesitara porque siempre iba a estar ahí para apoyarla, que siempre la vería aunque cambiara de aspecto porque siempre la reconocería como había pasado en esos momentos. Sonreí recordando los momentos en que había estado en esa misma posición otras veces y por unos segundos apoyé mi cabeza sobre la suya sin dejar de recorrer sus mechones- siempre voy a estar aquí Astrid, cada vez que necesites algo o simplemente quieras venir tú siempre vas a encontrarme, ya lo sabes –suspiré un tanto aliviada cuando aceptó quedarse a dormir porque se la veía cansada y me imaginaba que no había encontrado un buen descanso en tiempo, Ubbe no tardaría en llegar y con él sabía que estaríamos protegidas y seguras y que nadie podría perturbar su sueño, yo misma me quedaría con ella esa noche a su lado, sabía que el vikingo de contarle la situación lo entendería. Se irguió quedando frente a mí y tomó mis manos para hacerme saber que no tenía la culpa de lo que había pasado, y que si pensaba así, que lo quitara de mi cabeza provocando que mordiera mi labio mientras la observaba para acabar sonriendo- siempre –aseguré cuando dijo que nos protegeríamos porque eso era algo obvio y no hacía falta decirlo. Reí levemente cuando dijo que le vendría bien un pijama y me levanté con una sonrisa- ven, vayamos a buscarte algo –sabía que por el momento había sido un interrogatorio un tanto intenso y que le vendría bien despejarse, así que salimos al pasillo en dirección a las escaleras para subir a la planta de arriba. La miré de reojo cuando me preguntó por Egipto y por mi luna de miel- bien... ¿por dónde empiezo? Egipto sigue igual que siempre, a veces el museo me manda allí por alguna investigación pero la mayor parte lo hago aquí en París y así no dejo a Ubbe solo –dije mientras subíamos las escaleras y nos adentrábamos en mi habitación para buscar algo para ella- en cuanto a mi luna de miel... productiva –dije mirándola para ver su cara y, sobre todo, esas mejillas sonrojadas que me provocaron una leve risa mientras buscaba el pijama para ella- ¡no me mires así! Tú me has preguntado –dije mientras abría uno de los cajones- pero no es mentira, fuimos al norte porque quería que visitara a su familia y así de paso la conocía ya que solo conocía a sus hermanos y a su primo, pero no a sus padres. Me trataron tan bien As que me hicieron sentir parte de la familia desde el principio, desde que estudié por mi cuenta su cultura quise ir al norte y gracias a él me hizo de guía por todo el país, todo tan verde, tanta naturaleza, todo tan hermoso... muy diferente a París y entiendo perfectamente por qué le gusta tanto el norte, es muy comprensible –dije tras haber encontrado el pijama, omitiría ciertos detalles que habían pasado en el norte como la pérdida que sufrí estando allí al estar embarazada, bastante tenía ella sobre sus hombros como para decirle que había perdido al que sería mi primer hijo, recordarlo era doloroso y amargo para mí y no quería hablarlo, no todavía- he vuelto a casarme, As –dije cayendo en la cuenta de ese detalle mientras ella me miraba- él quería una boda con su familia y sus tradiciones en un lugar que para ellos es emblemático y... ¿cómo pude negarme sabiendo que iba a quedarse a vivir aquí conmigo lejos de su familia y su hogar? Sabía que para él era importante y... bueno, estoy doblemente casada –dije sonriendo mientras le entregaba el pijama y nos encaminábamos a la habitación de Alessia para preparar la cama- si vieras Astrid cómo me pidió que me casara con él –reí entre dientes y le enseñaba el anillo que me había regalado cuando me lo pidió por segunda vez- puede parecer un bárbaro, un tipo rudo y carente de sentimientos o modales pero... es tan cándido por dentro, un tanto parco en palabras pero lo hizo, no se lo digas porque seguro le da vergüenza pero me lo pidió de una forma tan bonita que lloré, fue algo precioso que no esperarías de un vikingo –reí porque la imagen chocaba con su apariencia, pero había sido un momento de los más bonitos- además, estamos intentando ampliar la familia y ser padres –sonreí llevando mi mano a mi vientre- es pronto todavía pero tenemos esperanzas y por Ra que ese vikingo pone empeño y ganas –reí por la broma ya que no era la primera vez que me oía hablar así- desde que lo conocí no sé por qué, pero me imaginé a mis hijos morenos y de ojos azules como los suyos. Así que puede ser que en un tiempo seas tía –le sonreí sentada en la cama hasta que vi que Isis iba hacia la puerta de la habitación moviendo el rabo mirando hacia abajo- creo que ya ha llegado, voy a decirle que estás aquí y que vas a quedarte esta noche, tú mientras cámbiate que ahora subo –dije saliendo por la puerta para dejarla en la habitación y encontrarme bajo con el vikingo que llegaba ahora, a grandes rasgos le conté que Astrid estaba allí y lo que había pasado; su cambio, por qué se quedaba... también le conté que no estaba segura de lo que le pasaba y que por eso se quedaba esa noche, sabiendo que estando allí con él no pasaría nada. Me preocupaba de verdad el tema del vampiro, mi experiencia no había sido precisamente buena en ese campo.



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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Astrid J. Bergès el Sáb Oct 13, 2018 11:36 am

Mientras Naitiri busca un pijama que pueda ponerme observo los detalles de su habitación, ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí y, si bien la presencia de Ubbe está presente, la esencia de mi amiga predomina. Mantas con bordados de seda egipcia, pinturas de paisajes lejanos, libros apilados, fotografías. Con una punzada me doy cuenta de que yo tuve que dejar eso mucho tiempo atrás, y quizás jamás podré recuperarlo. Acaricio el lomo de un libro y lo abro, a penas puedo distinguir lo que dice, el dialecto debe ser el de Naitiri y si hubiese puesto más esmero tal vez ahora mismo podría leerlo con fluidez. Tengo el ceño fruncido, y no porque esté concentrada en la lectura. No puedo dejar de dar vueltas a sus palabras, la forma en la que me miraba en la cocina mientras le hablaba de Naxel, como si ella ya supiera lo que yo no puedo ver. No es así. Sé que muchas de mis decisiciones me arrastran hacia él, sé que lo busco, que lo anhelo de una forma distinta en la que anhelo a Gael. Son la noche y el día. Y los necesito a ambos.

-Gracias-respondo, dejo el libro y tomo las prendas que me ofrece, son suaves y huelen a ella, un aroma tan familiar que había olvidado lo que era sentirse acogida-Qué recuerdos-me acerco la tela y aspiro el olor a jazmín. Aún estoy asimilando todo lo ocurrido hace un momento, cada una de mis confesiones y todas sus palabras, pero no consigo centrarme en un solo pensamiento así que llevo la concersación hacia ella, escuchándo atentamente todas sus aventuras sobre Egipto. No puedo evitar sonreír cuando se sonroja relatando su luna de miel-¡No me digas que te has vuelto tímida! El norte debe ser precioso, con tanto verde, seguro que se parece a Gales-me deshago de mis zapatos y suspiro de alivio, cómoda por fin-Cuánto me alegro Nai, sé que conocer a su familia y comprobar que te aceptan era muy importante para ti, aunque iban aceptarte de todas formas porque... ¿Qué?-la sorpresa ivade mi voz-¿Otra boda?-escucho el relato, la emoción con la que lo cuenta y lo agradecida que me siento porque quiera compartir algo tan íntimo conmigo. La sigo sigo hasta la habitación que en su momento fue de Alessia, pijama en mano, mientras la escucho. Me río por lo bajo al imaginarme al vikingo siendo un romántico, algo que para nada casa con su actitud altiva y salvaje, pero algo en los ojos de Naitiri me hace creer que es posible, que de verdad la ama con todo lo que tiene. Mientras ella coloca un par de almohadas extras en la que se será mi cama, yo desabrocho el corsé simple que llevo puesto, cuando me estoy poniendo la blusa de pijama suelta la bomba-Oh, madre mía, ¡madre mía! No me lo puedo creer, ¡un hijo!-me lanzo hacia ella y la abrazo, tal como si me hubiese dado la noticia de que estaba realmente embarazada-Si esto ocurre va a ser el bebé más sobreprotegido del mundo-me río y aparto un poco, mirándola-Serán unos hijos preciosos...

Un sonido en la planta baja me pone alerta de inmediato, mi semblante cambia y hasta que no identifico las pisadas de Ubbe mis hombros no se relajan. Sigo abrochando los botones de la blusa para restar algo de tensión a mis actos y asiento.

-Debería haber esperado antes de cambiarme y así podría haberlo saludado... agradece de mi parte su hospitalidad-y riendo añado-Aunque la que manda aquí eres tú.

En el fondo le doy las gracias también a Naitiri por no insistir en que baje con ella o hacer preguntas, estoy segura de que se adelantó a darme el pijama para causar esta situación y evitar que tuviese que dar la cara frente a Ubbe. Presentarme así ante él. Ante todas las personas que me conocen. Me muerdo el labio y doblo mi ropa, dejandola en un taburete cercano al armario de caoba. Algo en mí se siente fuera de lugar, como si perteneciera aquí pero estuviese muy lejos. Con un movimiento deshago la trenza que llevo y desenredo mi cabello, aún no me acostumbro al color entre mis manos, tan ardiente, tan poco común, naranja como un atardecer tardío. Me siento en el alféizar de la ventana, entre cojines y mantas, y espero pacientemente a que Naitiri explique lo sucedido a su marido. Su marido. Jamás pensé que la vería tan feliz, tan llena de vida, y si bien Ubbe despertó mi desconfianza al principio, verla así vale la pena. Una sombra capta mi atención en la lejanía, entre los árboles más densos del paseo y sé, sin necesidad de pensarlo dos veces, que Naxel Eblan está ahí. Me quedo quieta donde estoy, su silueta se recorta entre las luces de las farolas y la brisa adquiere a su sombra un matiz oscuro, tal y como a él le gustaría. No sé cuánto tiempo lleva ahí y, por un momento, todas mis alertas se encienden. ¿Estamos en peligro? ¿Y si no ha sido Ubbe el que ha entrado? Me pongo en pie enseguida dispuesta a coger la daga oculta en mi corsé, pero la postura estática de Naxel me frena. Se queda ahí, sin moverse, observando. ¿Qué hace aquí? Procuro calmarme y vuelvo a sentarme, recogiendo los pies para calentarlos bajo una manta fina sin apartar la mirada de exterior. Puedo sentir sus ojos puestos sobre mí, atento a cualquier movimiento extraño. No sé cuánto tiempo permanecemos así, él oculto en las sombras y yo descifrando su presencia, mirándonos, pero cuando Naitiri vuelve toda mi atención se centra en ella. Toco el cristal, como si me apoyase en él para levantarme, cuando lo que hago es despedirme. No sé cuánto tiempo estará ahí y está claro que no es una ruta que le quede de paso pero, muy en el fondo, me invade cierta tranquilidad. Los demonios también dan las buenas noches.

-¿Ha ido bien?-pregunto mirándola, algo me dice que sí pero quiero saber detalles. La noticia no debe haber sido fácil de aceptar por el tiempo que ha tardado en volver, pero la sonrisa en los labios de mi amiga me dice que quizás el vikingo estuviese demasiado feliz de verla-Entonces... ¿cuántos mini vikingos decías que quieres?-mi risa se funde con la suya y me siento en la cama, más cerca de ella-Hacía años que no pasábamos la noche juntas, acabo de darme cuenta de ello. ¿Estás segura de que Ubbe sobrevivirá a una noche sin ti?-me muerdo el labio y cojo un cojín, prometí que no habrían más secretos entre nosotras y, antes de que la noche avance más, debo haberlo-Naitiri, digo, mientras veo que se dispone a cambiarse también-Naxel está fuera. No sé cómo sabía que estoy aquí, pero lo más probable es que se esté cercionando de que todo esté bien-me aclaro la garganta-Quería que lo supieras.

-¡Cazadora espero que te hayan hecho un favor y seas más agradable a la vista ahora!-la voz de Ubbe se escucha al final del pasillo y corta la tensión ante la información que he dado sobre Naxel. Mis ojos se abren muchísimo y termino por tirarle el cojín a Naitiri, que tiene la misma expresión divertida que yo.

-¡Señora Zahir! ¡Controle a su marido!-la risa del vikingo se escucha de fondo y una puerta se cierra. Niego con la cabeza y me recuesto en la cama, tan cómoda que podría dormir cien años en ella-Esta vida es una locura, nada parece real, siento que estoy viviendo mil vidas... He decidido no contarle nada a Gael, no de momento. El gremio de cazadores está siendo juzgado y perseguido, muchos de nosotros estamos desapareciendo, algunos huyen... Gael tendrá la versión oficial de mí. Si sabe que sigo aquí jamás se irá, jamás abandonará París para ponerse a salvo-la diversión de hace un instante comienza a desvanecerse, según hablo me doy cuenta de que es algo que he estado pensando desde el cambio. Solo que ahora soy capaz de decirlo-Lo necesito a salvo y no cederá asta que crea que me he ido también. Se sentirá traicionado... o quizás entenderá que me marché con mi familia-las lágrimas amenazan con escapar de mis ojos, pero las mantengo donde están, nada dispuesta a llorar de nuevo-Mientras Joffrey Lemarc siga suelto y el gremio amenazado Astrid estará lejos y, con suerte, Gael me olvidará y se machará para sobrevivir.

No me puedo creer lo que acabo de decir. Lo egoísta y rastrero de mis palabras, pero hay algo de verdad en mi teoría, un atisbo de esperanza a la que aferrarme. Gael se merece vivir feliz, lejos de París y la oscuridad de esta ciudad, y mientras yo siga en su vida, eso jamás ocurrirá.
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Re: Under A Spell ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Sáb Oct 27, 2018 1:06 pm

Tener a Astrid allí era como un soplo de aire fresco en mi vida, hacía tiempo que no nos veíamos y aunque al principio me había costado verla en ese nuevo cuerpo y esa apariencia allí estaba; como de costumbre transmitiéndome todo ese calor, esa paz y tranquilidad tan propios de ella que me sacaba siempre una sonrisa. Mi pilar fundamental en los años que nos conocíamos, mi punto de apoyo que aunque no nos viéramos en un tiempo no quería decir que cambiara en absoluto. Aunque tenía a Ubbe, que era un pilar muy importante en mi vida, eso no quitaba para que As no dejara de serlo y continuara siéndolo de por vida. Me gustaba tenerla allí y poniéndonos al día, pero sobre todo, que dejara salir aquello que llevaba dentro como si pareciera que le pesara para compartir su carga y aliviarse, sin duda alguna habían pasado muchas cosas en la vida de mi amiga que no me había dicho desde la última vez que nos habíamos visto, sin embargo no la culpaba porque entendía que el mundo de los cazadores era frío y oscuro y lo más probable es que quisiera protegerme por eso mismo. No era la única que lo intentaba, Ubbe siempre estaba igual en ese aspecto en el que a veces no me decía las cosas para protegerme y no preocuparme aunque al final siempre acabara sonsacándoselo y sabiendo lo que ocurría... odiaba que me ocultaran las cosas porque cierto, no sabía defenderme, pero era fuerte a mí manera. Pero no iba a culparla por callar todo eso aun cuando yo le había contado siempre todo, porque entendía que cada cual llevábamos nuestros demonios por dentro y solo cuando nos sentíamos seguros lo contábamos a los demás y por ello jamás le recriminaría nada. Me alegraba que hubiera contado conmigo y me expusiera sus dudas para ayudarla, porque para eso era mi amiga y podía contar conmigo, para eso estaba allí. Sin embargo lo que no me dejaba para nada tranquila era el tema del vampiro que la estaba acosando, no me quedaba tranquila sabiendo lo que ocurría y aunque yo no podía hacer nada por ayudarla siempre que lo necesitara estaría ahí para ella. Ya en la habitación de Alessia tras haberle dado un pijama, y en lo que acomodaba la cama para pasar las dos la noche, fue cuando le conté y le respondí a sus preguntas sobre Egipto, sobre el norte y sobre mi luna de miel. Reí cuando me dijo si me había vuelto tímida y el caso es que no, ella sabía que yo no me cortaba especialmente para dar detalles desde que nos conocimos pero una cosa era hablar sobre alguien que ella jamás sabría quién era por mucho que se lo cruzara, a dar detalles de lo que hacía en la intimidad con mi marido... y no lo hacía no porque me diera vergüenza, sino porque ella se avergonzaría sin lugar a dudas. Mejor decirle que había sido productiva en todos los sentidos porque tampoco mentía, conocí el norte, me lo enseñó y recorrimos varias aldeas y ciudades, y sobre todo lo que ella no se esperaba para nada mientras la veía con la intención de cambiarse es que me hubiera casado de nuevo. Tras su sorpresa inicial me reí por la cara que había puesto porque sin duda era algo que no le había contado, siempre tuvimos la idea de celebrar dos bodas con nuestras familias y bajo nuestras culturas, por lo que casarme en el norte con sus tradiciones para mí no fue un problema, al contrario, me gustó. Podía ver parte de la incredibilidad en su rostro cuando le contaba cómo me pidió matrimonio, pero al final acabó esbozando una sonrisa seguramente por mis palabras, mis sonrisas y mi tono de voz.

Pero la bomba de todo, sin lugar a dudas, fue cuando le dije que intentábamos ampliar la familia y buscar ser padres. Se giró para mirarme en lo que se iba a quitar la blusa con la sorpresa en su rostro, pero acabó sonriendo y se acercó para abrazarme por la noticia como si le acabara de decir que estaba embarazada logrando que me riera con ella y yo también la envolviera entre mis brazos. Coincidía con ella en que iban a ser los niños más protegidos, porque entre Ubbe, Astrid, mis padres y los del vikingo todos sabían luchar, todos sabían protegerse y el tener a cuatro vampiros como nuestros padres ayudaba bastante... por lo que sí, estarían bien protegidos. Me reí cuando dijo que serían preciosos mordiéndome el labio, me imaginaba a Ubbe con un niño en brazos y admitía que la idea me gustaba demasiado, aparte sabía que tenía buena maña con los niños por lo que no tenía problema. Y como si mis pensamientos lo hubieran invocado acababa de llegar a casa, la miré para pedirle que siguiera cambiándose y que volvía en hablar con él. Le hice un movimiento con la mano restándole importancia al hecho de que habría sido mejor que bajarla a saludarlo y la dejé para que se cambiara en lo que bajaba las escaleras y lo veía en la planta de bajo seguido por Thor, un pastor belga negro igual que Isis que le había regalado hacía un tiempo. Tras saludar al animal salté a la espalda del vikingo riéndome dejando un beso en su cuello, ya en el suelo y frente a él besándome contento de tenerme por fin delante fue cuando le dije que estaba Astrid y que se iba a quedar esa noche. Al principio le pareció un poco extraño y fue cuando ya le conté, en un breve resumen, lo que había pasado y lo que ocurría... que por ello le había pedido que se quedara a dormir. Sabía que a él no iba a importarle porque sabía lo importante que era As para mí, mi hermana, y no oculté tampoco la preocupación que sentía por ella en base a lo que me había contado. Le dije que se sorprendería al verla por el hechizo que cambiaba su apariencia y que no la reconocería, parecía divertido ante la idea de su nueva imagen y yo reí negando con la cabeza dándole un golpe en el pecho.



-Sé que yo no puedo hacer nada pero... me preocupa mucho. Quizás haya alguna forma de ayudarla con lo que está pasando –dije elevando mi mirada al techo donde seguramente ya se habría cambiado. Me costó un poco conseguir que dejara irme porque se hacía el remolón y no quitaba sus brazos envolviendo mi cuerpo, sabía que estaba acostumbrado a dormir conmigo pero solo sería esa noche y al final tras unos minutos logré convencerlo, bueno eso y muchos besos para que cediera y me dejara ir solamente cuando había conseguido lo que quería. Para cuando volví arriba y entré de nuevo en la habitación ella estaba sentada en el alfeizar de la ventana observando por el cristal, pronto su rostro se giró hacia mi dirección y tras preguntarme qué tal había ido sonreí mientras me acercaba a la cama y cogía el pijama para mí- tranquila, he tardado un poco más porque le estaba explicando la situación por si mañana os cruzáis que sepa que eres tú –asentí con la cabeza cuando dijo que hacía tiempo que no pasábamos la noche juntas, y reí cuando me preguntó si Ubbe podría aguantar esa noche sin mí. ¿La verdad? Seguramente no, pero había conseguido algo a cambio- he tenido que negociar un poco con él sobre eso al respecto, pero no te preocupes, nada que me disguste o no esté dispuesta a hacer –reí levemente por ello y luego negué con la cabeza divertida cuando me preguntó cuántos hijos quería- ¿si fuera por él? Muchos. Lo ideal sería tener un niño y una niña, ya sabes; la parejita. Pero si fueran tres tampoco me importaría... no lo sé, lo iremos viendo con el tiempo de momento me tengo que quedar embarazada. Aunque me gustaría que uno de ellos saliera más como yo para poder enseñarle como mi madre hacía conmigo. Sea lo que sea será bienvenido y tú serás su adorada tía que seguro le consiente todo –reí por ello mientras me disponía a cambiarme cuando su voz de nuevo se alzó llamándome, mis ojos fueron hasta sus azules cuando me dijo algo que no esperaba oír y que me hizo mirarla de manera fija. No supe si la idea de que estuviera por mi casa aquel cazador me gustaba o no, pero saber que ella confiaba en él era motivo suficiente para que yo lo hiciera también. Me aseguró que estaba allí para cerciorarse de que todo estaba bien y mordí mi labio ante ello- está bien, supongo que no es nada malo que quiera saber que no te pasa nada... creo que eso dice mucho de él –dije mientras me quitaba la ropa y empezaba a ponerme aquel camisón- sin embargo es mejor que Ubbe no lo sepa, que quede entre ambas –y fue cuando su voz se alzó por el pasillo haciendo aquel comentario sobre mi amiga que me hizo reír porque así era el vikingo; directo y descarado como él solo. Me encogí de hombros cuando me dio con el cojín mientras nos reíamos y negué con la cabeza- ¿qué quieres que haga? Es incorregible hasta conmigo, controlarlo es un tanto complicado –mientras yo terminaba de cambiarme ella se recostaba en la cama, la miré mientras hablaba sobre la decisión que había tomado con respecto a Gael, sobre no contarle nada en lo que dejaba la ropa sobre la cómoda y me acercaba a la cama recostándome a su lado- ¿no crees que él podría ir a buscarte? –Pregunté mientras la miraba, mi mano fue a hacia ella para llevar su cabeza y recostarla contra mi mientras la acariciaba, consciente de que todo era demasiado y la enorme carga que debía de llevar en sus espaldas- yo creo Astrid, aunque respeto tu decisión, de que deberías de decírselo. No lo sé, si la persona que me gustara viera que se ha ido sin decirme nada... yo la buscaría, iría en su búsqueda para ver qué pasa. Puede que se sienta traicionado pero aunque cueste, aunque creas que no va a aceptarlo al principio deberías de decirle lo que ocurre, que sepa lo que pasa... si el vampiro lleva un tiempo así sabrá de tus movimientos, de tus conocidos.... puede que conozca a todo tu entorno ya. No lo sé, sé que es una situación complicada pero ¿tú no irías en su búsqueda? Porque si en algún momento Ubbe se fuera sin decirme nada lo buscaría, ya sabes como soy, hallaría las respuestas y después tomaría una decisión. Él es cazador y quizás pueda ayudarte, si Naxel te está ayudando él también puede hacerlo. Es tu decisión As, tomes la que tomes yo voy a estar aquí –dejé un beso en su cabeza enredando mis dedos en su melena- y hablando de los dos, ¿ambos son conscientes de la existencia del otro? Es decir, ¿Gael sabe de Naxel y viceversa? ¿Crees que podrían ser rivales? –Pregunté cayendo en la cuenta- ya sabes, me refiero por ti –aclaré mientras sonreía- ay por Ra no lo había pensado... ¡mi pequeña en un apasionante triángulo amoroso! –Medio reí para cambiar un poco el ambiente- no sé si lo habrás pensado pero, ¿qué pasaría si se encontraran y supieran a quién tienen delante?



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