Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Julianne MacFarlane el Dom Jun 24, 2018 9:18 am

Mihai jugaba, dueño de su alegría, correteando con torpeza en el césped. Perseguía palomas, mariposas y le regalaba flores a su madre. Julianne reía al observarlo, emocionada. Estaban celebrando su segundo cumpleaños. A la joven inglesa le pareció una buena oportunidad para salir del confinamiento y, a pesar de los nervios que le generaba que alguien la reconociera, no podía negar que el entusiasmo de su hijo suplía aquella sensación escalofriante que le recorría el cuerpo cada tanto. Había procurado armar el picnic en un sector alejado, bajo un enorme y florecido jacarandá, para asegurarse de que los vieran la menor cantidad posible de personas. Además, había solicitado el día libre de su trabajo, y aunque le hubiera gustado llevar a los niños que cuidaba, sabía que no era opción. Los haría correr un riesgo innecesario.

Ven, cariño. Toma un poco de limonada —le dijo, al tiempo que le servía un poco de la bebida que había preparado para llevar allí.

El nene se acercó, con sus cachetitos colorados, y aceptó la ayuda de su madre. Estaba muerto de sed, y bebía con fruición. Una vez satisfecho, Julianne lo despeinó, arrancándole una pequeña carcajada, de esas que le llenaban el alma y le hacían sentir que, pasara lo que pasara, siempre iba a estar bien por tener a Mihai. Él era la luz de sus ojos, su felicidad absoluta, y nunca se había sentido tan completa como desde el día que lo tuvo en sus brazos por primera vez. Valían la pena los suplicios y los sacrificios vividos, y también valía la pena el terror que experimentaba al pensar que Luca o alguien de su familia pudieran encontrarlos. Ella jamás permitiría que los separaran o que le hicieran daño.

Abrió la canasta en la que había llevado diversos manjares, tanto dulces como salados. Fue tan sólo un instante... Levantó la cabeza, con una sonrisa en los labios, y Mihai ya no estaba. Recorrió el espacio alrededor con la mirada, mientras el gesto de alegría iba desdibujándose a medida que los terroríficos segundos pasaban. Se puso de pie, y no le importó pisar los confites o tirar la limonada. Comenzó a llamar a su hijo, primero con tranquilidad; luego, la desesperación fue apoderándose de su voz. No podía haberse esfumado en cuestión de segundos, debía estar escondido. Lo buscó por los libustrines de alrededor, sin dejar de pronunciar su nombre bien alto. Se acercó a algunas personas, pero nadie lo había visto.

Mihai, hijo, ¿dónde estás? Por favor, ven —Julianne tenía en cuenta que su niño era un bebé, no podía correr tan rápido. Caviló cuántos segundos lo perdió de vista, y con lágrimas en los ojos, continuó el recorrido. Ya no importaba si se cruzaba a alguien conocido. Con la vista nublada y el corazón en la garganta, transcurrieron cuarenta minutos sin tener noticias. Se detuvo un momento. Apoyó una mano en un árbol y lanzó un grito desgarrador, que atrajo la atención de varios visitantes, que la miraron con desdén.



"Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma."

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Re: Lost in the Garden | Privado

Mensaje por Filippo Di Bari el Sáb Jun 30, 2018 6:40 pm

No era un hombre dado a los paseos al aire libre, no porque no le gustasen, sino porque nunca tenía tiempo para ellos. Se decía que cada cosa en la vida tenía su momento, que ya llegaría a la vejez y podría hacer a un lado las obligaciones del trabajo para dedicarse a pasear con sus hijas y los nietos que ellas le diesen.

Se encontraba en el jardín botánico porque se había entrevistado con una testigo, una mujer que podía darle datos precisos sobre la investigación que en esos momentos tenía entre manos. Había puesto demasiados reparos a la hora de verlo, no quería que fuese en la comisaría, tampoco en una cafetería, primero prefería encontrarlo amparada por la noche, luego había fijado una hora del día… Filippo había llegado a dudar de que en efecto el encuentro llegase en algún momento a efectuarse, pero había ocurrido y se habían visto allí mismo, en el jardín botánico. Finalmente tantas vueltas, tantos cambios de planes y cuidados excesivos –por parte de ella- habían valido la pena porque el inspector se iba de ese encuentro con la libreta llena de datos y con nuevos interrogantes.

Si la llegada de la dama había estado envuelta en condiciones, la partida no podía ser menos. Ella se retiró del jardín con el pedido de que Filippo no viese por qué puerta salía y el ruego de que esperase al menos un cuarto de hora antes de partir él también. Filippo así lo hizo, no porque le pareciese que estaba ante una idea brillante, sino porque aprovechó esos minutos para organizar la información de su libreta y en eso se le fue más que un cuarto de hora.

Se puso en pie justo cuando se levantaba un viento fresco, Filippo se ajustó la chaqueta y comenzó a andar hacia la salida, allí era donde había dejado a su caballo más temprano al llegar. Ya podía divisar la puerta cuando un grito desgarrador llamó su atención, sin tener que pensar nada Filippo corrió hasta la mujer que se apoyaba en el árbol y parecía necesitar ayuda.


-Señorita, ¿se encuentra bien? ¿Qué ha sucedido? –la sostuvo de inmediato, porque parecía que iba a caerse.

Miró hacia todos lados, nada inusual parecía estar ocurriendo y ella estaba sola allí. En principio no había ningún atacante a la vista, pero tantos años de profesión le decían a Filippo Di Bari que sí había peligro en el aire.


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Re: Lost in the Garden | Privado

Mensaje por Julianne MacFarlane el Mar Oct 16, 2018 10:44 pm

El mundo había caído sobre sus hombros, y el peso se le había desparramado por el cuerpo entero. No era capaz de mantenerse en pie, y a pesar de gritarle a sus piernas para que se moviesen, éstas la desobedecían. Debía continuar la búsqueda, debía revisar cada palmo de aquel enorme lugar. No pararía hasta dar con Mihai. Debía estar en alguna parte, escondido en algún arbusto, jugueteando, ajeno a la angustia de su madre. Tal vez, se quería convencer Julianne, el temor de perderlo había hecho que no lo viese en los lugares más obvios, cerca de donde estaban teniendo su picnic. Era menester regresar allí y retomar el rastreo, pero no lo consiguió. Pensó que iba a caer, pero unos brazos fuertes la sostuvieron. Por instinto, terminó apoyada en el hombre que le preguntaba qué sucedía, y se instó a recomponerse para poder darle una respuesta coherente.

Mi hijo —susurró. —Mi hijo —repitió, más firme. —No lo encuentro por ningún lado. No sé dónde puede estar. Lo estoy buscando, pero no… —Julianne no aguantó más y rompió en llanto. Necesitaba profundamente llorar, porque la sola idea de no volver a ver a Mihai estaba matándola. ¿Y si alguien lo había secuestrado? ¿Y si el propio Luca los había visto y había decidido que su venganza era esa? Pensó en su hijito en garras de ese monstruo, pidiendo por ella, extrañándola, y eso la obligó a separarse del amable hombre.

Ayúdeme a encontrarlo, por favor —le temblaban las manos, estaba muy nerviosa. —Se llama Mihai, tiene dos años. El cabello negro, los ojos verdes. Parece un poco mayor para su edad, pero es un bebé. Es mi bebé —para reforzar su última frase, se golpeó el pecho tres veces. —Aquí nadie ha querido ayudarme a encontrarlo. Le ruego que me ayude —a medida que hablaba, se secaba las lágrimas, que brotaban sin cesar.

No quería continuar llorando. Era perder el tiempo. Miró a su alrededor, buscándolo. Le llamó la atención un color diferente en un jazmín, y corrió hacia allí. Tomó lo que le parecía extraño y conocido, y se encontró con el zapatito de su hijo. Se dejó caer, completamente abatida. ¿Cómo había llegado allí? ¿Por qué a Mihai le faltaba su calzado? Miles de interrogantes se agolparon en su mente, y la cabeza le empezó a latir porque no podía acallar las preguntas que se suscitaban. El hallazgo le parecía poco menos que macabro.

Es de mi niño —el repitió al caballero que, al parecer, no iba a dejarla sola. Extendió el zapatito. —Mire, es de Mihai —le indicó, con la mirada algo perdida. Se restregó el rostro con las palmas. No podía caer en aquel transe, no podía dejarse vencer. Iba a encontrar a su hijo, costase lo que costase. — ¿Y si vuelvo a donde estábamos? Tal vez ya regresó… —hablaba muy bajo, a pesar de querer hacerlo en voz más alta, como una persona normal haría. No estaba lista para un momento así. Podía soportarlo todo, pero sólo si tenía cerca a su retoño. Sin Mihai, el mundo carecía de sentido.



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