Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The Enchanted Wolf

Mensaje por Alitzée Fairfax el Jue Jun 28, 2018 1:25 pm

” He knows when you slumber because that’s his domain
he feels your fearful blunder
in darkness he remains”.
"The creeper man"
Dawn Kurtagich.


La inocencia era una cualidad tierna y enternecedora en una ciudad como aquella. Pero no en manos de alguien como Alitzée, que se había internado en la boca del lobo, enjaulado entre sus fauces y envuelto con su espesa y ardiente lengua. El lobo, o en este caso, el conejo blanco, si decidía ser hora de tragarla y engullirla lo haría sin mirar atrás. Pero la pobre muchacha, no se percataba de que, ante la mirada opaca de la bestia, apenas era una endeble brizna de hierba. La podía moldear y someter cuando se le antojara, y aún así, ella se empeñaba en provocar al temido Rémi Quincampoix, sin ser si quiera consciente de ello. Los movimientos del Señor de la casa eran impredecibles, pero a un nivel distinto a los de ella. Rémi su marido, era complejo, la mayor parte del tiempo ella lo trataba como a cualquier persona corriente, sin embargo, había ciertos momentos en los que tras un grabe escarmiento que le hacía temblar cual hoja de papel, Alitzée se encontraba a si misma como un cachorro fiel siguiendo la sombra de su dueño, esperando cualquiera de aquellas caricias condescendientes que calmaban falsamente el aterrorizado traqueteo de su corazón. Las carantoñas farsantes de su príncipe. Y que pésimo que la muchacha olvidara tan fácilmente tan horribles episodios, cual infante, tan pronto como su mente se tranquilizaba, las barreras se difuminaban hasta desaparecer y volvía a cometer un error que la dejaba sin cenar o comer.

Y Cheshire…Ay, Cheshire no la había vuelto a visitar, como si supiera que era mejor no acompañarla en aquel viaje. Alitzée lo había llamado una y otra vez en las oscuras noches de su habitación, pero el felino nunca había acudido al sonido de su voz. Estaba comenzando a ponerse nerviosa, y es que llevaba una preocupante temporada sin tomar el té. Estar encerrada le asfixiaba, necesitaba tocar el césped con los pies desnudos, y dejar sus pensamientos volar.

Para ello, llevaba alrededor de una semana tratando de despegar una suela especialmente rígida de uno de sus zapatos. Cuando al fin lo había conseguido, escondió la fina lámina y noche tras noche, trató de forzar la cerradura de su habitación con el único fin de disfrutar de una de sus incursiones nocturnas. Sin embargo, no era tan sencillo, no conseguí su objetivo y era más difícil de lo que lo pintaban. Pero aquella madrugada se sorprendió cuando el chasquido del pestillo anunció la apertura de la puerta. Alitzée sonrió ampliamente y dio una palmada al aire, que para su fortuna no despertó a nadie. Se desplazó cantarina por el pasillo, cayendo ligeramente sobre las alfombras con sus pies desnudos. Paso frente a un alto portón de madera de roble. Detuvo sus pasos un segundo para contemplar la puerta. Había visto a Rémi entrar allí más de una vez y Alitzée hubiese mentido si aquello no hubiese picado su innata curiosidad. Tal vez podría tomar el té y respirar aire fresco más tarde, ahora era momento de investigar. Silenciosa, giró el pomo y se internó en la habitación, cuyos altos techos y oscuros ventanales hicieron que se encogiera ligeramente sobre si misma.

La mirada nerviosa de la joven recorrió el lugar hasta posarse sobre el bulto de la ostentosa cama; era su castigador príncipe. Y su victima princesa, se arrodilló frente a su cama, pestañas alzadas pupilas hundidas. Estaba dormido, su respiración tranquila y mansa. Alitzée perdió la noción del tiempo mientras lo estudiaba. Ni si quiera parecía él, su expresión era una que nunca había visto, tal fue su influencia sobre ella, que la joven sintió como si la tranquilidad del mar la meciera. Murmuró un sonido complaciente y de pronto sus dedos se vieron entrelazados con sus cabellos.

Y allí estaba la endeble brizna de hierba, arrodillada frente a la bestia, sin percepción alguna del peligro que corría.





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Re: The Enchanted Wolf

Mensaje por Rémi Quincampoix el Jue Jul 05, 2018 6:22 am

“Mi cuerpo te buscaba
Mi mente te comía
Nunca supe si mi sangre te llamaba
Por ardor o por cruel ironía”
Rémi Quincampoix


Qué fastidio el alargue de los días, desde que Alitzée vivía bajo su techo. El aire pesado, la comida insípida. La casa tenía un extraño dentro, y no estaba seguro si se trataba de él o de su mujer. Era ella, ¡tenía que serlo! Y como no podía matarla sin premiarla, fantasiaba con destruir aquella castaña mirada. Por la misma razón, su matrimonio seguía sin consumarse. La acertada decisión de dormir en cuartos separados bajaba sus niveles de estrés, pero no conseguía calmarlo, y mucho menos de noche.

Maldita noche, que no transcurría sin ella. Tenía a Rémi como un demente, durmiendo y despertando varias veces en una misma velada, dando vueltas sobre su cama impiadosa, que siempre le había sido tan apacible. Se había hecho costumbre salir abruptamente de su descanso con fuego en la piel. Patético. Juntaba tanto coraje dentro de sí, que no podía gritar. No quería intentarlo, porque no importaba cuánto maldijera, una mujer dormía a metros de su cuarto. Y él no era de fierro. Nunca nadie había sentido algo así: odiar tanto a alguien que deseaba su cercanía.

Basta ya. Esa noche, Rémi Quincampoix se dirigió a su lecho decidido a no dejar que el sueño cayera hasta que la imagen de su mujer se difuminara. Pedía una tregua, para dormir en paz. El cielo había muerto; Alitzée lo había matado.

Las sábanas se cerraron en él. Ya no hubo escapatoria. Y soñaba con ella porque necesitaba apresarla en tantas dimensiones como le fuera posible. ¿Por qué? ¿Por qué no sólo la forzaba y ya? Nada se lo impedía; bastaba con llegar hasta el otro cuarto. Podía hacerlo sin darle a su esposa una pizca de placer, lujo que ella no merecía. Saciaría su fuego carnal y volvería a ser un hombre con mediano autocontrol. Es que no podía. Algo le faltaba, una pieza clave. Estaba ignorando algo importante cuya identidad desconocía. Algo que podía cambiar el proceder de las cosas e, incluso, su curso. Y si decidía perseverar en ignorarlo, el castigo podía ser para él. Otra vez.

¿Hasta cuándo? ¿No había sido suficiente? Su ensoñación se burló de él cuando le ofreció la cínica imagen de Alitzée bailando sobre las rosas de su jardín, tornando las rosas blancas en rojas, y preguntándole burlona qué podía hacer por él.

¿Puedes devolvérmela, inmunda? ¡Contéstame!

La adrenalina se apropió de Rémi cuando se descubrió despierto, sujetando fuertemente la mano que, instantes antes, acariciaba su cabeza. Su corazón se deshacía en latidos, su piel en humedad, y los ojos en auténtica sorpresa.



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Re: The Enchanted Wolf

Mensaje por Alitzée Fairfax el Jue Ago 02, 2018 5:21 pm

Tan solo con una caricia se rompería el hechizo y el príncipe despertaría. La expresión esquirlada de su Señor se derritió al completo bajo el fuego de su mirada; ira. Sentimiento que la cabeza de la muchacha fue incapaz de procesar. Simplemente parpadeó y dejó de respirar, arropándose por sus instintos, los cuales tan solo le pedían que se levantase y se marchase de aquel lugar. Lejos. Fuera de las profundidades de la opaca madriguera.

La zarpa mano del conejo blanco la tomó y dobló sus dedos endebles. Alitzée fijo sus pupilas en las ajenas, como dos imanes que variaban de cara de cuando en cuando. Repulsión. Atracción. Repulsión. Atracción. Y es que por mucho que no lo comprendiera, su estancia con Rémi, su severo rostro y viles palabras la empujaban a complacerlo, a mostrar un fuerte deseo de hacer que se sintiera orgulloso de ella, de que la aceptara... Cuerda ella hubiese huido de aquel desconocido sentimiento. Sin embargo, Alitzée simplemente sonrió, una sonrisa gentil, deshecha en adoración hacia su marido. Esperando poder mitigar su fuego y estabilizar su hielo, despegó los labios:

Dime, ¿qué puedo hacer por ti? ─preguntó, como si hubiese echado un rápido vistazo a su pesadilla─. Sin duda no debe de haber sido un sueño bonito. Puedo preparar un té para descanses la mirada y que el ángel regresé.

Oh, que extraño que nombrara al ángel, pero no podía ser de otro modo. Cuando Rémi dormía, su expresión estaba en paz, serena como la de un ser celestial.

La curiosa pretendió levantarse y preparar lo anunciado, sin embargo, la mano del lobo de su marido seguía arropando su muñeca con una dolorosa mordedura. Alitzée se detuvo; había electricidad en el ambiente que erizó el cabello de su nuca. Esto hizo que no consiguiera ponerse en marcha, sus pies echaron raíces y su aliento desapareció. Como cualquier criatura frente a un depredador mayor, Alitzée trató de hacerse pequeña por puro instinto, pero su sumisión no fue satisfactoria que el miedo la abordó, arrancando sus raíces de cuajo y haciendo la retroceder hasta que las garras del lobo se vieron alejadas de su muñeca.

Iré a por té rojo ─anunció.

Miedo. Sensación que hasta la fecha desconocía, parecía rondarla constantemente cuando se encontraba cerca del conejo blanco. Alitzée sin embargo, había conseguido asociar la sensación con la necesidad de ignorarlo, permanecer inmóvil o por el contrario retirarse lentamente, como en aquel momento. Y debía de huir lentamente, porque si lo hacía rápido quizás despertara los instintos del depredador.

Tic, tac.


La habitación había encogido o ellos habían crecido.




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Re: The Enchanted Wolf

Mensaje por Rémi Quincampoix el Miér Dic 19, 2018 6:12 am

¡Zafada! Tenía suerte de haberse librado, porque de otro modo le hubiera quebrado su muñeca. La distancia era aliada de ambos, aunque lo ignorasen. Tocarse era motivo de guerra. Sin embargo, Rémi lucía alterado en su cama, como si acabase de comenzar a librar un combate. Su mujer era un ser absurdo, pero intoxicante.

Se quedó inyectado en la cara de Alitzée, de tono mate y facciones cuadradas, y en sus ojos, en los que existía esa enajenación mental. Rémi se llevó la mano a la ardiente frente, para examinar mediante el tacto si acababa de volverse tan loco como ella. Su odio se sentía tan místico como su sufrimiento. Si seguía soñando o no se había vuelto irrelevante.

Reaccionó cuando ella se empezó a mover otra vez, tan cauta como un pajarillo. No suscitó violencia, pero sí un importante deseo de contenerla, de encarcelarla entre sus dedos hasta que dejara de luchar.

Quieta ahí. No irás a ningún lado. — ordenó firme, descubriendo las sábanas que lo abrigaban.

Caminó hacia ella con lentitud, poseído por todos sus demonios. La acechaba como si le hubiese robado algo mientras dormía. Y sí, a lo mejor guardaba bajo las capas de ropa la clave para ser libre de su tormento. Fue por eso que, cuando se detuvo frente a la joven, no reparó en su mirada, sino en la garganta descubierta. Aquel trazo de piel desnuda fue como la revelación de una verdad. Rémi se preguntó qué tanto escondía, y con la voluntad difuminada se atrevió a palpar el pecho de su esposa por sobre la ropa. Primero fue un roce, apenas acercándose, pero pronto no supo distinguir cuándo fue que comenzó a dibujar las curvas sobre su escote.

Cuando se vio en la necesidad de tocar más, Rémi alzó la vista, miró a los ojos a su prisionera, y dijo:

Fuera de mi vista. No caeré en tu trampa, arpía.

Veía lo que planeaba esa zorra. Quería despertar sus bajos instintos para, en lugar de darle su merecido castigo, le brindase placer. Terminaría ganando, quedándose con todo. No tenía pudor en despojar a los desposeídos. A simple vista, a Rémi no se le podía quitar nada más, pero él empezaba a entender que su cordura era un bien preciado a los ojos de Alitzée. Quería volverlo tan loco como ella y eso aumentaba los niveles de odio.

La vio dejar el cuarto con ojos parecidos a los de un búfalo semental, sumergidos en adrenalina, y dirigiendo la energía hacia su propio interior. Respiraba cólera. Y cómo le raspaba.



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Re: The Enchanted Wolf

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