Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lo que nos dio el mar | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Sáb Jun 30, 2018 12:08 am

Blacktusk, que apodo que no le gustaba nada, no por algo en particular, sino porque había pensado en ese nombre noche tras noche sin poder ponerle rostro y sentía que ese hombre ya la había frustrado sin siquiera conocerse. Desde que había recibido la misiva –que había pasado a su vez de mano en mano, y por ende de barco en barco, solo sabía Dios por cuanto tiempo hasta llegar a ella-, Gavina había pasado por todas las emociones posibles. Había llorado, se había enfurecido, había bebido hasta el punto de no poder transformarse y luego se había sentido por un momento orgullosa de ser la elegida.

-Ya muévete, ¿acaso eres el dueño del puerto y vistes de roto adrede? –le dijo de mal modo al hombre que le cruzaba el camino y no la dejaba avanzar. Ella iba apurada.

Estaba en el puerto de París, el barco al que esperaba hacía más de tres horas acababa de atracar y Gavina no pensaba perder tiempo. Necesitaba subir y encontrarse con el maldito Blacktusk, quien fuere que él fuese, para decirle que se haría con el mando de la nave y la tripulación. Tan simple como eso, tan estúpido como eso… ¿Gavina capitaneando? ¿Ella que era dada a las peleas de puños, a las borracheras y las apuestas? ¿Qué tenía ella de capitana? Lo mismo que ese puerto de limpio… o sea nada. Pero su querido amigo -y el protector de sus años más críticos: los de la adolescencia- había muerto y le pedía que cuidase de su nave y de su gente, ¿cómo iba a negarse? Gavina se lo debía, aunque estuviese asombrada. También le aseguraba en su carta que podía confiar en Blacktusk, la instaba a que le pidiera consejos y los siguiera.


-Maldito seas, Ralph –susurró en cuanto puso un pie en el barco. ¿En qué problema la habían metido? Necesitaba volar, irse lejos… dejar que otro, el puto Blacktusk tal vez, se hiciera con el control porque cualquiera sería mejor que ella.

Sabía bien cuál sería su primer cambio allí: la seguridad de la nave cuando tocara puerto, ella había subido sin problemas... Ya estaba extrañándole que nadie la detuviera, por eso no se asombró cuando sintió una mano enorme y pegajosa que la tomaba del brazo. Gavina se giró y de mal modo habló:


-Te aseguro que en menos de una hora te arrepentirás de haberme tocado de esta forma. –Se deshizo del agarre y apartó su mirada de los ojos profundos del hombre para centrarla en el cartel mal tallado que había detrás: Black Aura. Al menos no se había equivocado de barco… Lo leyó detenidamente una vez más, porque eso de las palabras nunca se le había dado muy bien-. Llévame con Blacktusk ahora mismo, bonito… Me estás haciendo perder tiempo y tengo temas importantes que tratar, y las cosas importantes se tratan con personas importantes, no con simples lavadores de cubiertas como seguro lo eres tú –lo dijo y casi se rió al recordar que hasta hace unos años eso mismo era lo que ella había hecho: fregar cubiertas, repasar con pintura los mástiles y engrasar los engranajes del timón y los cañones.

Pero no le importaba quién había sido, tampoco quién era ahora, Gavina se centraba en quién iba a ser en cuestión de minutos: una de las pocas capitanas mujeres que había en los mares. El orgullo volvió a su pecho, por un momento olvidó sus dudas. Todos los que la conocían podrían decir lo pésima capitana que ella podría llegar a ser, pero ahí estaba lo bueno… en el Black Aura nadie la conocía y eso le daba la oportunidad de comenzar una nueva vida.




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Re: Lo que nos dio el mar | Privado

Mensaje por Karsh Lyonheart el Lun Jul 02, 2018 1:58 pm

- ¡PEDAZO DE MERLUZO! Dije que la carga iba a estribor ¡Y LA MANDASTE A BABOOOOOR! ¡LÁRGATE A LIMPIAR LOS PISOS!

Y con esas palabras, inicia la última parte de esta travesía del "Black Aura", con un Maestre por de más enojado cuando ve que todo lo que solicitó está al revés, con la tripulación corriendo, hecha un lío de verle en esas actitudes, con las manazas puestas en la cintura de sus pantalones, la expresión de mato-todo-lo-que-vea y sus narinas resoplando que si fuera toro en plena madrugada, echaría humo. Cuando dos piratas despistados, en su prisa por obedecer la orden se encuentran frente a frente golpeando los pechos para caer al suelo de culo, la mirada de Lyonheart se fija en el Contramaestre que tiene el atino de bajar la cabeza antes de llenarse de valor y empezar a gritar a su vez, espoleando a los presentes para que hagan esta vez bien las cosas. El maestre pasa la manota por el cabello justo donde está la coronilla apretando los rizos. Al paso que va, se quedará calvo antes de los cincuenta años con que el antiguo capitán empezara a perder el pelo y sólo le quedan quince para alcanzar esa edad. Sus pasos resuenan en la cubierta cuando va y viene por el barco, dando órdenes, asegurándose de que los demás están trabajando en esta última parte del viaje para llegar a puerto con bien. Sus ojos se posan en el mar que les está dando una despedida con bastante tranquilidad.

La Madre Océano sabe que el "Black Aura" no puede estar lejos de su seno, cual pequeño infante que se abraza a su madre, por lo que espera paciente a que tenga otro viaje donde le recibirá con brazos abiertos. Pasea por la cubierta, dirigiéndose a proa mirando cómo el barco abre el mar en dos avanzando hasta tierra firme. Ni siquiera necesita que lo griten para observar cómo a la distancia se van formando los montículos. Voltea para mirar el timón, extraña la figura de Ralph guiando al barco. La presencia de su Teniente ocupando ese lugar desde hace meses, es irreal. Sabe que su "padre" envió una carta dando órdenes, en cuanto lleguen a tierra, podrá tenerla entre las manos para leerla y enterarse de quién guiará al "Black Aura". Tiene ansiedad de ser él. Ver todo este grupo de marinos reunidos y trabajando día con día le provoca una necesidad de protección. Como sea alguien ajeno a la tripulación ¿Cómo se llevará? ¿Entenderá que Bockstrock tiene la necesidad de estar comiendo cuando algo le preocupa? ¿Las costumbres de Scraguer por estar limpiando la cocina a cada rato diciendo que si no, su mujer -ya muerta- le fustigará con la sartén en la mano?

Mentiría si afirmara que es por las necesidades de los demás cuando en realidad es por su propio ego y vanidad. Su ambición desmedida por capitanear. Pasea por la cubierta mirando a aquéllos que fingen trabajar para hacerlo con mayor dedicación cuando se detiene a pocos pasos sabiendo que su carácter es mil veces peor que el del Kraken y la serpiente de mar en su peor noche. Saca de uno de los bolsillos el habano para mordisquearlo y encender la punta con una de las teas que están todo el tiempo ardiendo. El humo que sale de sus pulmones pasea hasta que le cubre el rostro en una neblina grisácea. Alguien llama su atención, de reojo lo observa hacer para dar un rodeo y llegar a su lado con paso tan silencioso que pareciera gato - ¡RUFIÁN, ME ESTÁS DEJANDO MANCHAS DE JABÓN EN EL PISO! ¡LIMPIA COMO DEBES!

El más pequeño de la tripulación, el grumete, da un respingo al tiempo que se nota cómo el cuerpo salta del susto para esconder precariamente la fruta errando, haciendo que se deslice por la cubierta golpeando la punta de las botas del Maestre quien se agacha para tomar con su manaza la esfera redonda jugueteando con ella - ¡ASÍ QUE ROBANDO LAS COCINAS! - brama provocando que el chiquillo sacuda la cabeza de terror porque la pena por el hurto es la muerte. - No, no, me la dio Scraguer, me la dio Scraguer por haber ayudado en las cocinas, señor - susurra con voz de pito de tan aguda que suena. Karsh mira la fruta y luego al chiquillo, le alza por la precaria tela que le cubre, manchada de suciedad y oliendo a pescado para sujetar la nuca con esa mano que le abarca todo para guiarlo a las cocinas. - ¡Eso está por verse, grumete! - la voz del Maestre se alza en la embarcación cuando bajan las escaleras para llegar hasta donde Scraguer está limpiando con histeria hasta mirarlos.

En tanto el "Black Aura" toma puerto, la discusión de las cocinas termina con un grumete atrás de los muebles de madera tiritando de miedo y el grandote asintiendo con gesto comprensivo - prohibido dar algo sin avisar ¿Así cómo quieres que imponga el orden, pez de agua puerca? - regaña al cocinero caminando ahora hacia el camarote del Teniente. Al ser el Maestre, le toca primero su paga antes que a los demás que esperan haciendo una fila. Sólo tres están en la embarcación cuidando que nadie suba, más están tan ansiosos por recibir la bolsa de monedas que se dan la libertad de descuidar un poco. Bolsa atada en la cintura de los pantalones, "Blacktusk" emerge del umbral de las escaleras para admirar una nueva situación que debe ser controlada. Una chiquilla se pone al tú por tú con uno de los guardias, un nuevo que contrataran en otro puerto y que hasta ahora, hace bien su labor. La fémina se le revuelve como pez en red, intentando escapar dejando la retaguardia -una bastante redonda y firme, por cierto- al alcance del Maestre.

Las miradas intercambiadas entre los piratas son suficiente aviso. Sin que ella lo espere, la manaza le toma por la cintura pegándola a su cuerpo antes de subirla a su hombro como si fuera un costal de papas en tanto el grandulón aprieta el agarre para que no se suelte ignorando los golpes a su pecho y espalda, sujetando con la otra mano las piernas para que le sea imposible escapar, así va bajando por la madera hacia el puerto antes de dejar caer su peso -si a eso se le puede llamar el aventarla- contra unos sacos de granos apostados en la orilla del muelle como si fuera su peso de pluma. - ¡PROHIBIDO EL ABORDAJE DE MUJERES! Si esperas a alguien, que sea en tierra firme, grumete - brama con tono iracundo haciendo que muchos en tierra volteen a verlo. Los cuchicheos se escuchan elevarse a la distancia sin que haya frases completas: "Es la ley del marinero", "La Madre Océano es celosa", "¿Cómo piensa que puede subir?", "Mira ese tatuaje, ¿No es...?".

El Maestre da media vuelta para subir por el puente de madera mirando al guardián ignorando a todos los que están atrás susurrando como viejas de pueblo, hasta que al llegar al inicio de la tabla - ¿NO TIENEN ALGO MEJOR QUE HACER QUE ESTAR LAVANDO REDES AJENAS? ¡MUÉVANSE, PECES DE AGUA DULCE! - reprende con molestia. A pesar de todo, le molesta que alguien más critique lo que él ya sentenció. Tres pasos más le acercan al barco cuando una voz le detiene provocando que sus ojos de color miel saquen chispas - Ea, Maestre, ¡La sirena preguntó por usted! - mira al marinero que está recargado contra el borde de la cubierta masticando tabaco. "Blacktusk" voltea hacia la mujer - ¿Qué tengo que ver yo contigo? ¡Y no me vayas a salir con que soy tu padre porque la verga la meto más en hoyos de putas y menos en las que se dicen damas! - lo que le faltaba para hacer este día maravilloso. Que le busque una mocosa tan joven. Además, parecido no hay, su hija no puede ser.


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Re: Lo que nos dio el mar | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Dom Jul 29, 2018 2:34 pm

Estaba segura, aquello se arreglaría con una buena pelea. Ella, con la fuerza que nadie sabría allí que tenía, con su dominio de cuchillas… ni siquiera ese tipo con su porte podría ganarle. ¿Tirarla a ella como si fuese un saco de basura? ¿Tratarla de chiquilla? ¿Mirarla con deseo, pero hablarle con desprecio? ¿Ese hombre deseaba morir y no tenía pelotas para ahorcarse, acaso? Era lo único que se le ocurría porque nadie que apreciase su vida trataría así a Gavina.

-Así que eres tú el puto maestre… ¿Blacktusk? Puto maestre te queda mejor, va con tu rostro –le dijo, gritando sin importar que todos la estuviesen viendo. Gavina, rápida, volvió a subir a cubierta y llegó hasta él. Antes de continuar hablando lo miró con desprecio, sabiendo que iban a llevarse mal si él no cambiaba la actitud-: Claro que no soy tu hija –no era posible, puesto que debían tener la misma edad aunque ella siempre aparentase muchos menos años de los que tenía en realidad-, ¿quieres saber quién soy?

Se acercó a él todavía más en actitud desafiante, tenía ganas de deformarle a golpes ese rostro masculino de gesto todopoderoso… pero Gavina tenía que reprimir sus impulsos si quería realmente cambiar su vida y demostrar que podía llegar a ser una capitana de peso, inteligente. Apretó el brazo del hombre y tiró de él hasta conducirlo a un rincón de la cubierta, no era lo íntimo que le gustaría, puesto que podían seguir viéndolos, pero estaban a mayor resguardo de ser oídos.

-Ralph creía que podrías serme de ayuda, que harías de mi mano derecha –dijo, esperando que la mención del amigo mutuo hiciese mella en él. Se acercó al maestre, acorralándolo contra la madera gruesa y llevó su mano derecha a la entrepierna del hombre para apretar en el puño sus genitales a pesar de la tela del pantalón, se estaba cobrando con eso el que la hubiera levantado y arrojado contra los costales de maíz como si fuese un paquete inservible-. Es grande, sí. Que bueno que no soy tu hija... Soy tu capitana. Tremenda sorpresilla te ha dejado Ralph, ¿no crees? –lo soltó y se alejó de él unos pasos-. Maestre, quiero un informe detallado de la organización del Black Aura. Incluidos los nombres de los hombres y sus tareas, ¿cuánto tiempo nos quedaremos en este puerto?

Esperaba sonar poderosa, quería que su voz dejara ver su autoridad. En verdad no hacía más que imitar a su antiguo capitán, él la había alentado a tomar aquel desafío y era al único al que le había confiado que sería capitana ahora. Con paciencia le había enseñado algunas cosas, pero el tiempo apremiaba y Gavina se sentía insegura al momento de marchar tras la pista de ese barco, su barco.

-Condúceme a mi camarote. Me sentaría bien algo de beber y alguna puta rubia, pero con una botella de ron estaré bien para comenzar. ¿Qué te ocurre, puto maestre? Cambia esa cara, cualquiera diría que te acabo de arruinar la vida.




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Re: Lo que nos dio el mar | Privado

Mensaje por Karsh Lyonheart el Sáb Ago 11, 2018 6:47 pm

"Uhhh, la sirena tiene uñas y parece que sabe usarlas". Es el pensamiento que inunda la mente de Karsh cuando escucha que le insulta. Tiene agallas, ¿Cuánto le van a durar? Se cruza de brazos cuando la chiquilla se convierte en una fierecilla que parece dispuesta a defender lo que para ella es su orgullo. Si está en el culo, el marinero está dispuesto a dejar que lo haga. Si está en la cabeza, ya está perdida. ¡Mira que sentirse con los huevos de subir al barco de un pirata! Tal osadía deberá ser pagada con un juicio de la Madre Océano, por supuesto. Tirarla por la borda va a ser una actividad que esta vez, será placentera para el Maestre del "Black Aura". - ¡Mirad, la nena se siente con suerte el día de hoy! ¡Qué gritos! - se mofa en vivo y a todo color provocando las risas de varios de los presentes. Algunos de ellos, son los marinos que van bajando por el puente de madera que une al enorme buque con el puerto, dispuestos a gastarse las ganancias de este viaje en ron y por supuesto, mujeres. ¿De qué otra manera harían honor a su nombre de piratas?

El coraje de la mujer al regresar a la nave es para aplaudirse si no fuera Karsh un hijo de puta -un puto maestre como ella ha dicho con buen ojo, aunque no con esa intención- y le molestase su presencia en el lugar. - ¿Acaso no sabes que una mujer en un barco es augurio de mala suerte? - rezonga con el incordio en cada uno de sus poros. Por un lado, se alivia de que no sea su hija, ¡Bonito se vería con una mocosa en el barco que estuviera echando por tierra todo su buen nombre! Mejor que le corten los huevos y los tiren a los tiburones, así se asegura de que su semilla no sea mal utilizada en engendros femeninos con ínfulas de grandeza. - Me importa un calamar quién eres. Prefiero la pesca de la ballena asesina que seguir escuchando tu estridente voz, chiquilla - reniega porque sigue plantada ante él sin inmutarse porque pueda romperla en dos como si fuera un palillo. - Si diciéndome quién eres y satisfaciendo tu necesidad de hablar, puedo librarme de ti, que sea - la fuerza con que le toma el brazo dista de ser proporcional a su apariencia de frágil mujer.

¿Qué diablos? ¡Por las barbas de Poseidón! Está seguro que si planta los pies, aún ella podría arrastrar un poco su enorme cuerpo. Ésto es demasiado extraño y le pica la curiosidad. Ya se sabe lo que cuentan los marineros: "no hay peor espina, que la duda". Así que avanza a regañadientes cruzándose con alguno de los alfeñiques que le miran con asombro - ¡Jefe! ¿Tan rápido consiguió puta? - son algunos de los comentarios más decentes que puede encontrar en su camino. Un gruñido cual Kraken calla a todos los que intentan seguir la broma. Su mirada violenta como miles de tormentas en altamar, provoca que bajen la cabeza y prefieran irse a cualquier lado que no sea donde el Maestre se encuentra. Cuando ella encuentra un lugar "adecuado" -y los mil demonios del mar reunidos podrían asegurar que ese es el peor de todos-, abre la boquita de pez para hacer glu-glu y soltar toda el agua contenida. ¡Y vaya que está más que podrida! Al escuchar las palabras su gesto cambia como si estuviera oliendo esa agua del asco, ¿Que Ralph dijo qué?

La expresión le cambia por completo por obvias razones. El gesto de incomodidad cuando le atrapa sus huevos es supremo. Aprieta la diestra mano en un puño, dispuesto a soltar el golpe para llevarse a la chiquilla al piso con él encima en un total acto de descontrol cuando, en lugar de soltarle sus gemelos, vomita las tripas de pescado con cada frase provocando un agujeto del tamaño del impacto de un cañón en lo que antes era su estómago. ¿Que ella es su capitana? La indignación se muestra en el rostro del Maestre.

¡Ralph no pudo hacerle eso! ¡No a él!

¡A ÉL!

Ni siquiera aprecia cuando suelta sus estimados huevos, mucho menos cuando se aleja pidiendo los informes. Su cuerpo está sumido de cabeza en las aguas heladas del norte sintiendo que el mundo se le cae en mil pedazos. ¿Cómo pudo Ralph traicionarlo así? ¡Con una mujer! ¿Acaso no pensó en todo lo que implicaría subir a una mocosa como ella, dándole el rango de capitana en el "Black Aura"? Ella sigue hablando como si todo fuera correcto, como si tuviera todo el derecho del mundo de pisotear el trabajo de años que Karsh hizo, para que todo funcionara bien. El "puto" lo devolvió a la realidad. Cierra los ojos con fuerza así como los puños encajando las uñas en las palmas hasta que la sangre brota sin que él sienta el dolor de lo mucho que le afecta todo. Su boca se abre grande para absorber la mayor cantidad de aire con el fin de ¿De qué? Se mece la barba con la siniestra mano pensado a toda velocidad embarrando algo del carmesí líquido entre los pelos de la barba y la piel que se recubre con ella. Su propio prejuicio le impide continuar en un sitio donde no es requerido. ¿Ser su mano derecha? ¡Claro! ¡Y los tiburones vuelan! Ahora que lo piensa, vio uno volar cuando...

Sacude la cabeza con violencia - ¡Y una mierda! ¿Tú la capitana? Bueno, que sea. Busca tu camarote sola, que te acabas de quedar sin Maestre. ¡Renuncio! ¿Creyó Ralph que podía darme un cañonazo en plena cara sin consecuencias? ¡Primero gánate el puesto, capitana! Y luego, manda a alguien a buscarme, si es que algún marinero está convencido de seguirte. ¡Felicidades! Tienes barco, sólo que te falta la tripulación. ¡Te aseguro que ninguno de los que están aquí, ni siquiera el teniente, se va a arriesgar a zarpar con una mujer en el barco! ¿Has escuchado la superstición de que una mujer es una maldición? Vívelo en carne propia - le escupe las palabras con la rabia que le inunda el alma. Está herido como la serpiente marina durante un ataque y arremete contra todo lo que tiene enfrente. Y si eso es su nueva "capitana", que sea. - Ya encontraré otro barco en el cual servir aunque sea de grumete - se arranca el pañuelo que trae en la cabeza para echarlo a los pies de la mujer con odio. ¡Era SU puesto! ¿Acaso Ralph enloqueció los últimos años de su enfermedad? ¡ERA SUYO!


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Re: Lo que nos dio el mar | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Miér Ago 29, 2018 11:49 pm

Estaba de mal humor y que ese idiota asegurase que las mujeres traían mala suerte no ayudaba en lo absoluto. ¡Había navegado toda su vida! A Gavina la habían abandonado en un puerto cuando solo tenía días de nacida, los tripulantes de un enorme barco la habían hallado y cobijado… ellos le habían enseñado todo, la habían formado para ser quien era ahora y nunca jamás le habían dicho que ella daba mala suerte. Sabía que nunca llevaban al interior de los mares a prostitutas, tampoco a cocineras, pero sí a tripulantes mujeres pues aunque eran pocas Gavina había compartido con algunas –y matado a otras, para qué negarlo-, ningún barco en el que ella iba se había hundido de momento pero era evidente que aquel grandote no era muy inteligente y era una pena, porque nada la erotizaba más que un hombre inteligente.

-¡Qué desilusión! ¿Tan rápido se te encogen los huevos? –dijo y se inclinó para recoger el pañuelo que él había arrojado a sus pies, a continuación lo ató a su muñeca dándole tres vueltas, pues era grande-. Pobre Ralph, comprobar de esta forma que al final no eras un hombre de honor y palabra, según me ha dicho tú le juraste que me apoyarías y respaldarías… Al final parece que no solo eres un idiota, sino que también fallas a tus promesas. ¿Qué se puede esperar de ti? Mejor así, me gusta saber quién es quién y prefiero no tratar con traidores. Yo, a los traidores, los colgaré del mástil, quedan todos advertidos.

Miró detenidamente a todos los hombres que se habían congregado alrededor de ellos para ser testigos de la pelea. No conocía a ninguno, estaba completamente sola y si ese puto maestre le fallaba a Ralph hacía a su vez que Ralph le fallase a ella pues el viejo en su carta le prometía que no estaría sola, que un hombre de su más absoluta confianza la ayudaría… pero al final no era así y debería fijarse como se las apañaba para no acabar sola y en el fondo del mar con un barco enorme y vacío.

-¿Me dejarán sola? Bien, no tengo miedo. El barco es mío, Ralph me lo ha dejado. ¿Quieren seguir a este niñito llorón? Háganlo, pero fuera de mi barco ya mismo, no quiero traidores aquí, mucho menos gente que irrespete la memoria de alguien tan generoso como lo fue el capitán Ralph. ¡Fuera, vamos! –los instó con un movimiento de manos-. El que se quiera quedar es bienvenido, pero el que no esté dispuesto a jurarme lealtad puede bajarse ya mismo antes que me den ganas de cortar cuellos.

Lo miró por un momento con odio, con desprecio, pero también con una súplica. Lo necesitaba, necesitaba que cambiase de opinión. Mierda, debería haberlo retado a un combate limpio, sin armas, Gavina sabía bien que le ganaría.

-Mi nombre es Muela –le dijo un hombre joven, de cabello largo y rizado, demasiado delgado-, me quedaré con usted, le mostraré todo del barco. Soy grumete hace dos años y conozco cada rincón -se le acercó con disposición de guiarla.

Gavina no era estúpida y, además, podía ver el aura de las personas. Muela la acompañaba porque detestaba al maestre anterior y quería su puesto… pero en vistas de que era el único que se había ofrecido a estar bajo su mando no tuvo más remedio que seguirlo. Volvería en unos minutos, esperaba encontrar a varios hombres dispuestos a zarpar cuanto antes porque quería dejar a los traidores en ese puerto. Gavina no miraría hacia atrás.




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Re: Lo que nos dio el mar | Privado

Mensaje por Karsh Lyonheart el Jue Ago 30, 2018 7:45 am

Quiere matar a alguien, desea desenfrenadamente enroscar los dedos en el cuello de alguno de los presentes para darle la peor de las palizas jamás vistas o contadas en los siete mares. Siente cómo el pecho se infla de la tensión que está poniendo desde el cabello hasta la planta de los pies. Todo su ser está listo para dar una demostración de poderío pirata. Su rostro se congestiona de asombro y mal humor entremezclados cuando ella, sin tener un dedo de frente, le provoca acusando su orgullo de hombre. ¿Que se le encogen los huevos? ¿QUE SE LE ENCOGEN LOS HUEVOS? ¡Y una mierda de ballena! El deseo por encajar los dientes en el cuello de la mujer hasta desgarrar son tan potentes como el instinto asesino de un tiburón cuando huele sangre. Las manos forman puños, los orificios nasales se ensanchan y si fuera más temprano, seguro exhalarían vaho.

Resopla por boca sin caer en cuenta que con el aire, también van entremezcladas pequeñas gotas casi invisibles de saliva soportando las frases de esta bruja de los mares que, con cada palabra, provoca un pinchazo cual estilete hundiéndose en su estómago. ¿Que es idiota? ¿Que no sabe respetar su palabra? Los dientes se aprietan tanto los unos contra los otros dejando que un sonido se eleve en el aire, tan parecido a las redes cuando caen contra la cubierta llenas de peces que golpetean intentando escapar. En el caso de Karsh, es toda la furia contenida que el propio Poseidón temería. ¿Traidor? ¿Que es un traidor? ¡Maldita la hora en que esta merluza se sintió una serpiente de mar! Todo su cuerpo está en un proceso de temblor que muchos marineros -los que quedan y se acercaron al escuchar los gritos-, reconocen como el inicio del maremoto Lyonheart que pocos resisten y la mayoría prefiere evitar.

¿Niñito llorón? Encaja las uñas en las palmas hasta hacérselas sangrar. ¿Por qué no actúa dejando que toda la situación siga perdiendo coherencia? Porque de hacerlo, va a matar a esta mujer ante la vista de todos los marineros y lo último que prefiere, es ser reconocido por sus estallidos. Ya Ralph le había advertido de éstos antes de que se entremezclaran en una pelea donde perdió a varios tripulantes y al final de ésta, había recibido la mirada más triste del viejo capitán al unísono de sus palabras - Como sigas así, hijo. Nunca serás capitán - y como ahora, la mayor parte de los marineros presentes estaban escuchando en aquella decepcionante ocasión. Decepcionante para Ralph en tanto Karsh quedaba noqueado por las implicaciones que eso conllevaba. ¿Y ahora tenía una capitana? Entendía mucho del astuto pensamiento de Ralph, le estaba dejando la fórmula para provocar que se fuera del Black Aura. Una tan bien hecha, que contenía todos los ingredientes para que perdiera el control: le quitaba el dominio del barco, le ponía a una mujer a mandarlo y para colmo, a una mocosa. ¿Quería más? ¡Pues lo tenía! Era boquifloja, insolente, majadera e imposible de acobardar a pesar de todo lo que Karsh había dicho.

Siente que un dolor le atenaza el pecho, peor que cuando se vio ante un gran tiburón y temió morir entre sus fauces cuando se rozó con él. Y durante un inexplicable momento, sintió que algo le jalaba para observar a la mujer notando algo que le descolocó por completo. ¿Miedo? ¿Súplica? ¿Acaso ella temía todo ésto? E hizo recuento de daños. Su maldita mente regresó en el pasado hasta encontrar todas las frases que por su propia decepción, tiró al mar con los desechos de los peces atrapados y le dio sentido a esta realidad. Y para darle mayor realce a la situación, la enorme ancla cayó en forma de un aprovechado que, por supuesto, vio su oportunidad y quería agarrarla. Muela. Si seguía siendo grumete desde hacía dos años, era porque se le conocían los rasgos más temidos entre los piratas: cobardía, oportunismo, traición. Si Ralph quería darle una lección a su tamaño, le había mandado un cachalote que le aplastaba ahora sin oportunidad de salir, a menos que claudicara.

Muela. Muela. Muela. La sangre se le acumuló en la cabeza. Antes de que pensar fuera lo primero, el grito le ganó - ¡SOBRE MI CADÁVER TE HARÁS DEL MANDO DE ESTE BARCO, LO JURO POR EL MUERTO RALPH Y LA MADRE OCÉANO! - sus pasos son enérgicos cuando todo el timón va directo hacia su objetivo. Enfila sin cambiar el rumbo hacia Gavina con los ojos llenos de sangre y muerte, con ganas de destripar - ¿QUÉ DIJISTE? ¿ES MI OPORTUNIDAD? ¡VERÁS POR QUÉ SOY BLACKTUSK, MERLUZA! - la distancia se acorta hasta que llega a la fémina. A diferencia de lo que todos creen o piensan e incluso, a pesar de que la cambiante se prepara para la pelea, el enorme brazo de Karsh la hace a un lado con una gentileza poco creíble por su tamaño y actitud, para seguir su propósito. Los ojos de todos los marineros se abren como platos porque ¿Si no es a la mujer, entonces a quién amenaza? Hasta que lo descubren. El primer golpe es idéntico a un arpón hacia la ballena que está frente a él y a su alcance. Uno solo es suficiente para que Muela reviente la cabeza a un lado y caiga de espaldas antes de que el Maestre, cual tiburón, le dé un par de patadas - ¡DE MI CUENTA CORRE, QUE NO TE APROVECHARÁS DE ESTO! ¡QUE NO LE HARÁS LO MISMO QUE A MORRIS! - le alza por la ropa hasta dejarlo a su altura escupiendo las palabras sobre el rostro de Muela que sangra por nariz y boca del encontronazo que tuvo con el puño del Maestre.

El rictus de Karsh es idéntico al del Kraken en estos momentos. Sí, Ralph le ha pegado en lo más profundo, la diferencia fue ese gesto de Gavina pidiendo ayuda y sobre todo, que Muela se haya propuesto para aprovecharse. Todo en conjunto, desató la más primitiva rabia y el instinto de protección del Maestre quien azota al tripulante contra uno de los pilares del barco dejándolo caer al piso para tomarlo de los cabellos arrastrándolo por el piso de la cubierta, - ¡LO QUE ES DEL MAR...! - empieza a enunciar su sagrada ley, en tanto los demás marineros gritan al unísono entendiendo por qué está haciendo ésto, por qué la apoya. Así que el grito es contundente, fuerte y vibrante - ¡REGRESA AL MAR! - terminan la frase cuando Karsh avienta por la borda a Muela sin compasión. - ¡Que Madre Océano tenga piedad de ti! - le desea antes de mirar a Gavina.

Extiende el brazo señalándola con el dedo - ¿Quiere la capitana partir de este muelle? Tendrá la capitana que entender que acabamos de atracar, que la tripulación necesita pisar tierra firme para conseguir provisiones que escasean y algo de diversión para relajar los ánimos. ¿Quiere a su tripulación? Si está dispuesta a partir en tres días, yo seré su Teniente - si va a ayudarla, sacará el mejor provecho a todo. Y quitarse de encima a Fragan, sería lo mejor que pueda hacer. La gente ya no lo traga y Karsh tampoco. - ¿Quién conmigo? - mira a su gente y los piratas observan a uno, a la otra, a Fragan. Y casi al unísono, levantan los puños apoyando a Karsh. No por nada estuvo todo este tiempo ganándoselos. Ahora, puede que Gavina tenga el cargo más grande, la diferencia es que Karsh tiene la confianza de los hombres y va a deshacerse de ella con más rapidez que el tiempo que toma el ancla en caer al mar.


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Re: Lo que nos dio el mar | Privado

Mensaje por Gavina Verwaist el Sáb Nov 03, 2018 9:42 pm

En ninguna de las tripulaciones en las que Gavina había estado había visto tanta solemnidad pirata y estaba, francamente, un poco asqueada. ¿Acaso los había oído decir una frase al unísono al tirar al Muela al mar? Por favor, qué cursilería, si el gran Reinout los viera… ¡si el mismo Ralph los oyera! O Regina… ya podía adivinar el rostro de Regina –la única capitana mujer que conocía- si presenciase cosa semejante.

-Tres días me parece bien, teniente –dijo, meneando el cuello al pronunciar la última palabra-. Pueden ir a divertirse, pero sean juiciosos con el dinero –les pidió, porque ella misma era bastante tacaña.

Miró a cada uno de los hombres, se tomó el tiempo de detenerse en cada uno al menos unos segundos y último dejó a ese maldito arrogante. Si algo había aprendido en sus años en el mar era que el capitán y su mano derecha no bajaban del barco, en cualquier momento podrían robarles la nave… Además, algo que le habían enseñado era a tener cerca a las personas que no le inspirasen confianza, su teniente era el caso.


-Teniente, acompáñame. Quiero hablar en privado –dijo y se dio media vuelta para conocer su barco.

Caminó por el estrecho pasillo y descubrió una placa en la primera puerta que anunciaba que ese era el camarote del capitán, ingresó confiada y descubrió el lugar lleno de cosas y algo desordenado.


-Alguien ha estado durmiendo en mi camarote –dijo, con sorna-. Tenemos que hablar, maes… ¿Blacktusk? ¿Ese era tu nombre? –suspiró, intentaría tomarse en serio aquella charla.

Ah, pero le gustaba tanto jugar… Gavina revolvió un poco las cosas, que supuso que eran de él, hasta que dio con una camisa que parecía medianamente limpia. Se giró para enfrentarlo y comenzó a aflojarse la ropa. Después de todo casi no había llevado pertenencias, iba a necesitar robarle camisas a alguien hasta que confiara como para bajar en algún puerto a comprar ropa bonita.


-No confío en nadie, ni siquiera en ti. Por eso estaremos juntos todo el tiempo, hasta que nos conozcamos bien –le dijo con intención y se sacó la camisa, sin pudor de que él le viese los senos, para arrojarla sobre el catre-. No es prudente que el barco quede sin su capitana a bordo, supongo que eso te lo habrá enseñado bien Ralph –tomó la camisa que había encontrado allí y se la puso, aunque tendría que hacerle algunos nudos-, porque es lo que me enseñó a mí. ¿Tenemos hambre? Sí, seguro. ¿Deseamos gozar con alguna mujer? Claro, pregúntaselo sino al latido molesto en mi entrepierna, que aparece nada más pensarlo… pero no podemos bajar del barco, al menos no hasta que yo confíe en estos hombres.

Se sentó en el camastro y descubrió que era mucho más cómodo de lo que había imaginado. Acabó acostada de espaldas, con las piernas estiradas. ¿En qué estaría pensando ese hombre? Seguro que la odiaba.

-Quiero saberlo todo de estos hombres, todo de ti también. Así que habla… No me temas, soy mucho mejor de lo que te imaginas –le dijo, con aire sensual.




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