Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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De Ni Verdener ~ Privado

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De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Jul 05, 2018 2:20 pm

Los días habían pasado más rápido de lo que me hubiera gustado admitir realmente, habían corrido como la pólvora y tenía la sensación de que hacía apenas unas semanas habíamos llegado al norte para pasar un tiempo allí y que el vikingo disfrutara de su tierra. Es más, era como si apenas hiciera unos días que hubiéramos emprendido nuestro viaje por el norte en el que el vikingo me enseñó sus tierras y me mostró por qué las amaba tanto. Lo entendía, era fácil prenderse de la belleza del norte que nada tenía que hacer la de París frente a lo hermosa que era su tierra, toda la naturaleza salvaje, toda la vegetación, los bosques, los glaciares, esas cascadas que visitamos y que eran tan típicas de su tierra y de las que quedé prendada cuando las vi por la belleza de aquel mágico paraje. El norte estaba plagado de mitos, de leyendas y de historias que me gustaba escuchar ya que no solo me centraba en mis raíces y mi cultura egipcia, me gustaba aprender de las demás y desde que descubrí la nórdica podía decir que me gustó... pero tras aquel viaje me había encantado. Cada templo, cada pequeña aldea que habíamos visitado aportaba un toque mágico y único al lugar que no dudé en documentar en el diario que llevaba haciendo dibujos y bocetos no solo de templos y lugares sino también de naturaleza. Me había encantado el viaje y seguía pensando que había sido una de las mejores ideas que había tenido, nada como mirar al vikingo y ver su cara radiante de felicidad para darme cuenta de que necesitaba ese tiempo allí, aunque también me sentí un poco mal y de una forma egoísta por dejar y permitir que el vikingo se viniera a París conmigo, aunque le había prometido que volveríamos más veces al norte, tanto como él las necesitara, y además quería llevarlo de viaje por Egipto en alguno de mis viajes que tuviera que hacer con el museo, quería mostrarle el otro lado más calmado y mágico de mis tierras ya que cuando estuvimos allí apenas habíamos tenido un respiro entre la reliquia y los lobos que nos seguían constantemente. Nuestras culturas se parecían bastante y quizás eso era un símil de lo mucho que nos parecíamos el vikingo y yo, de lugares diferentes, pero que nos complementábamos tan bien que era como si hubiéramos sido hechos el uno para el otro, a veces lo pensaba y reí entre dientes negando con la cabeza por mis pensamientos. Lo que más me había gustado del viaje sin duda alguna –además de todos los paisajes, los lugares, la naturaleza, los mitos y leyendas- había sido cuando llegamos a Upsala y de una forma inesperada el vikingo me había propuesto matrimonio. No lo esperé y me sorprendió gratamente a la par que me gustó que lo hiciera de esa forma, porque lo hacía por mí ya que él no era dado a ese tipo de cosas, y también me encantó casarme bajo sus leyes y la mirada de sus dioses que bendijeron nuestra unión. Ahora sí podía decir el vikingo que estábamos casado bajo sus leyes, ahora sí era “suya” aunque en realidad siempre había pertenecido a él incluso antes de conocerlo, nuestros caminos y nuestras vidas estaban destinadas a encontrarse y a estar juntos, no tenía duda de ello. Tras la boda habíamos disfrutado de nuestra noche celebrándolo solos en aquel bosque que, según las leyendas, Freya bendecía a las parejas recién casadas con linajes y no se podría decir que el vikingo no me hizo suya y me tomó esa noche, porque lo hicimos tantas veces que el alba nos sorprendió entre gemidos de placer para acabar durmiendo abrazados descansando de aquella larga noche.

Esperaba de verdad que pudiera quedarme embarazada porque era lo que deseaba, pensaba en nuestro hijo y me lo imaginaba como el vikingo pero en una versión más pequeña y me quedaba embobada imaginándolo. O una versión más pequeña mía pero con ojos azules... siempre le había dicho al vikingo que nuestros hijos serían morenos con ojos azules y nadie me quitaría esa idea de la cabeza. Tras la boda pasaríamos unos cuantos días más en el norte, quería que el vikingo disfrutara de estar allí y no quería privarlo de estar con su familia ya que en realidad con el viaje y todo no había pasado mucho tiempo. Ambos sabíamos que el día de partir se acercaba y él pasaba mucho tiempo con su familia la cual me había acogido como una más, también se dedicaba a entrenar todos los días de los cuales había asistido un par de veces deleitándome de cómo se movía ese hombre y lo atractivo que estaba tras el ejercicio con las gotas perlando su frente y todo su pecho que al estar al sol lo hacían brillar. Me llevó a esa taberna donde iba con su familia y donde pasábamos el rato algunas noches entre jarras de hidromiel, piques, risas y contando anécdotas de cuando eran pequeños y hacían trastadas... luego acabábamos durmiendo abrazados en aquel enorme aposento que tenía para él, el cual se convirtió en testigo de nuestro amor, cualquier pequeña situación bastaba para desatar la llama de la pasión bien fuera en la enorme cama, como en la bañera, como frente a la chimenea. De nuevo abrí mis ojos cuando el sol había entrado ya por la ventana de la estancia, el vikingo dormía rodeándome con sus brazos pegándome a su cuerpo sintiendo su respiración en mi frente, su mano en mis nalgas que me hizo sonreír y la otra enredada en mi pelo, elevé mi rostro para contemplarlo y mis dedos recorrieron su pecho marcado por las cicatrices de batallas y de experiencias vividas que muchas veces le preguntaba para que me contara. Éramos felices, de hecho, era la vez que más feliz estaba y que mejor me encontraba, todo gracias a ese hombre que había interrumpido mi vida secuestrándome. Sonreí de lado al recordar cuando en nuestra noche de bodas me dijo que al ponerme esos camisones lo había hecho con el único fin de torturarlo, aunque no era así, si hubiera querido torturarlo realmente hubiera estado peor y habría acabado constantemente teniendo que masturbarse por ello, y eso él bien lo sabía. Ahora ya apenas dormía con algo de ropa y me preguntaba si era porque odiaba un poco mis camisones por lo que lo “torturé”, aunque más bien era porque ese hombre era insaciable y no se estaba quieto... sí, más bien era eso último.

Los rayos de sol iluminaban la estancia en lo que yo apoyaba mi rostro en su pecho y dejaba leves besos dejando que durmiera a gusto, sus brazos rodeándome pegándome a su cuerpo como si me temiera que me fuera aunque ¿dónde mejor que en sus brazos? Era mi sitio favorito del mundo. Alcé mis ojos para observarlo dormir plácidamente, era tan atractivo que era imposible que no llamara la atención sobre todo con esos mares que poseía y que tanto me encantaban, tenía demasiada suerte por tenerlo a mi lado. Él, un vikingo que había sido el único hombre en respetarme, en valorarme como realmente era y no ver solo el cuerpo bonito y exótico que sabía que tenía, él que había mirado más allá y había sido el único capaz de colarse en mi corazón y adueñarse de este, por Ra, lo amaba tanto que no imaginaba un solo día si no era a su lado. Su respiración calma con su pecho bajando tranquilo, relajado... y yo mordiéndome el labio deseándolo, ¿era eso posible? Con él siempre me pasaba, mis ganas jamás se saciaban; se acumulaban. Sonreí traviesa sin que fuera capaz de verme y queriendo divertirme un rato me moví apartando las sábanas bajando por su cuerpo hasta alcanzar su miembro que tomé entre mis dedos para lamerlo y recorrerlo, posteriormente llevarlo a mi boca viendo cómo se removía ligeramente y gruñía de forma placentera aún entre sueños. No paré y no tuve piedad tomándolo con mi boca hasta que llegó un punto en que se movía tanto por el placer que sus ojos se abrieron confusos, se clavaron en los míos y fue el momento de trepar por su cuerpo hasta dejar mi sexo sobre el suyo moviendo mis caderas, él ya se había más que activado y su mano fue a mi pelo cogiendo algunos mechones mirándome, la otra mano dejó un azote en mis nalgas premiándome a que siguiera mientras yo sonreía por haberlo despertado de esa forma. No quise torturarlo más y finalmente bajé mi cadera sintiendo cómo me llenaba arrancándome un gemido placentero por la sensación, por sentirme plena. Mi rostro inclinado hacia delante, mi pelo cayendo sobre su pecho como una cascada sin borrar mi sonrisa.



-Buenas días vikingo –dije sobre sus labios comenzando a moverme sobre él, no tardó en marcar el ritmo ayudándome a moverme hasta que acabamos culminando tras alcanzar el orgasmo juntos y caer sobre su pecho en lo que él acariciaba mi cuerpo con sus manos, nuestras respiraciones agitadas- no podrás quejarte de la forma en que te despierta tú preciosa y egipcia mujer –comenté con una sonrisa mordiendo su labio inferior para luego besar sus labios fundiéndonos en un beso que como siempre me dejó sin aliento y él sonreía, tonteamos en la cama retozando un rato entre besos, risas, caricias y confesiones hasta que el ruido del acero fue lo que hizo que parara como si de repente se acordara de algo, sonreí sentada sobre él y enarqué una ceja- oh, no me digas que se te ha olvidado el entrenamiento de esta mañana –comenté con una sonrisa divertida- ¿qué clase de general eres tú, Ubbe? –Reí entre dientes porque había sido la causante principal, y única, de que perdiera la mañana perdido en mi cuerpo y me apartó dejándome a su lado mientras veía cómo se vestía a toda prisa y me miraba maldiciéndome en su idioma por haberlo distraído y tentarlo de esa forma- amor, te entiendo cuando me hablas así ¿lo sabes, verdad? –Una mirada bastó para que riera entre dientes divertida- luego cuando termines podemos ir a ver a tus padres, o tomar algo en la taberna... lo que más prefieras –por suerte se le pasaba rápido o yo sabía muy bien cómo llevarlo- no te pases demasiado con ellos, ¿vale mi general? –Besé sus labios cuando se acercó para despedirse y yo me quedé en la cama descansando, cerré los ojos y envuelta en su olor dormí un rato más solo para despertarme antes de que él llegara, darme un baño y organizar un poco el lugar que parecía no haber sido organizado en bastante tiempo... supuse que el mismo tiempo desde que había partido en misión a buscarme. Entre las hojas y demás que estaba organizando una de ellas sobre la mesa del escritorio cayó al suelo en lo que me agaché para recogerla, inconscientemente mis ojos fueron hacia lo que ponía pero por sí solos se fijaron en la letra, una que me era conocida y que era de mujer sobre todo. Bajé mis ojos para ver de quién era y me sorprendí al ver que era “mía”, o al menos de mi yo vampiro y que estaba bajo algunos libros como si no hubiera sido leída. Con esa curiosidad innata que me precedía y caracterizaba leí aquella nota escrita para el vikingo, quizás no debí hacerlo pero no pude evitarlo. Me senté en el borde de la cama a los pies de esta leyendo lo que ponía, una declaración y una explicación de por qué se había ido. Me pregunté si Ubbe sabría de dicha nota y lo que ponía, no pude evitar sentirme un poco mal por el dolor que se reflejaba en sus palabras y para cuando me quise dar cuenta el vikingo volvía entrando por la puerta encontrándome con la nota en mis manos y un par de lágrimas cayendo por mis mejillas- Ubbe... –lo nombré limpiando mis lágrimas decidiendo si darle la nota o no pero ¿no lo querría saber de ser él? Tenía todo el derecho a saberlo, y aunque sabía perfectamente lo que ese hombre sentía no me preocupaba que leyera esa nota, así que en lo que él confundido por encontrarme a mí se acercaba yo me levanté para llevar mi mano a su nuca y besarlo, lento y sentido, solo separándome para mirarlo y negar con la cabeza- estoy bien solo... creo que deberías de leer esto si no lo has hecho –en ella una explicación de sus sentimientos, su partida y su cobardía por no decirle nada cuando la otra “yo” de esa época pensaba que su felicidad no pasaba por ella porque no podría darle lo que él deseaba, y afirmaba que al final acabaría enamorándose de la humana porque podía darle todo cuanto ella no podía, deseándole toda la felicidad que se merecía y despidiéndose asegurando que estaría bien allá donde fuera.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Lun Jul 09, 2018 12:50 pm

El norte siempre fue mi hogar y ahora se había convertido en el nuestro, allí me sentía pleno, feliz. Ella no dejaba de sonreír, encajaba con mi familia, se adaptaba a mi vida de entrenamientos de juergas y de largos paseos por tierras mágicas plagadas de leyendas que yo y mis primos le íbamos narrando.

Tras una noche en la que la tomé durante horas ambos acabamos sucumbiendo al sueño abrazados, no se bien cuando me encontró el alba, solo que mis caderas se movían de forma inconsciente y mi cuerpo excitado alzaba mi verga.
Emití un gruñido placentero acompañado de jadeos cuando abrí mis ojos, la egipcia implacable había decidido despertarme bien esa mañana y mi sonrisa se ladeó de inmediato con lso labios entreabiertos dejando escapar el resuello, mi diestra acortó la distancia hasta ese perfecto culo redondo azotando sus nalgas.
-No sabes lo mucho que me alegro de verte -susurré atrayendola sobre mi.

Nuestras bocas chocaron, colisionaban nuestras lenguas ansiosas en una danza peligrosa, hambrienta y plagada de deseo.
Nai sonreía moviendo las caderas sobre mi afilada espada, bañándola de su excitación, delatando la mía cuando con empujones ansiosos buscaba colarse en su centro.
Gruñí porque no me dejaba, quería jugar y yo montarla con esa impaciencia que me caracterizaba.

Nai tenía el don de perderme, de calentarme y solo aplacarme entre sus piernas.
La volteé entre rugidos embistiendo su centro con rudeza mientras ella se limitaba a sonreír y jadear ocntra mi boca consciente de que me tenía justo en ese punto que ella quería.
Nos emborrachamos del otro de la fricción de la piel, del perlado sudor de nuestros cuerpos hasta que ambos nos lanzamos por un acantilado en el que sus paredes estrangulaban mi palpitante falo.
-Si no te quedas embarazada con esto por Odin que no se ya con que -susurré contra su boca dejándome vencer sobre ella, claro que mi preciosa mujer lejos de permitirme el descanso del guerrero me recordó que estaba en el norte y que los muchachos me esperaban en el patio de armas.
-¡Joder! Rugí pegando un salto que la hizo reír.

Salí de su interior y me puse en pie buscando por la habitación los pantalones, la camisola mientras ella incorpora su torso dejando aquella cascada parda caer sobre su hombro.
-Cuando vuelva voy a castigarte -atajé atándome las botas -eres una niña mala.
Nai reía sin parar, aun se notaba mi verga alzada a través de los pantalones.
-Te quiero -aseguré besando sus labios -vuelvo luego y vamos con los chicos a la taberna, luego iremos a ver a mis padres ¿quieres?

Ella se acomodó en las sabanas y yo salí por la puerta a toda velocidad rumbo a cumplir mi deber como general.
Tras unas horas de entrenamiento regresé a la habitación, mas que nada para avisarla, los chicos nos esperaban en la taberna, pero me la encontré con una nota en sus manos, una que yo no había visto y que al parecer me dejaba la Nai de mi tiempo.
Tomé asiento a su lado devorando aquellas lineas, no puedo decir que no sentí nada, lo hice a fin de cuentas me había enamorado de esa mujer, pero estaba enamorado de la Nai humana y eso me impedía no darle la razón en lo que decía.
Cerré la carta dejándola caer en el regazo de mi esposa.
-La quería Nai, hubiera podido vivir sin hijos, es mas, viviría sin hijos si por lo que fuera tu no me los pudieras dar, peor admito que siempre me quedaría ese algo incompleto, no es que sería infeliz, eres cuanto quiero, peor no se...ser padre para mi es importante, dejar un legado y Nai vampiro fue francamente generosa conmigo, contigo porque es verdad, te quiero como a ella nunca la he querido...


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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Jul 11, 2018 1:43 pm

Me encantaba lo que podía provocar en el vikingo con tan poco, me gustaba la forma en que su cuerpo respondía al mío y se movía de esa forma mientras yo lo observaba viendo cómo se movía entre sueños mientras no dejaba de darle placer con mi boca. No quitaba la mirada porque quería ver su cara cuando se despertara y viera lo que le estaba haciendo, a pesar de que nos habíamos pasado horas haciendo el amor por la noche pero sin embargo no podía evitarlo, quizás fuera por la situación en sí, por lo bien que estábamos, porque estábamos disfrutando de aquel viaje en el norte, porque a él se le veía feliz estando allí y quería que se llevara un buen recuerdo de allí... yo sin duda con todo lo que habíamos viajado, su pedida y la boda me llevaba lo mejor que podían haberme dado en mi vida. Sonreí al ver sus ojos abrirse turbios por el placer, confusos por lo que sentía para ver como solo un par de segundos para que se activara, su sonrisa en sus labios gruñendo de placer por lo que le hacía. Trepé por su cuerpo sentándome rozando nuestros sexos, su mano en mis nalgas asegurando que se alegraba de verme haciéndome reír divertida, se notaba su impaciencia y sus ganas de tomarme aunque yo quería jugar y divertirme un rato con él viéndolo de esa forma, disfrutando de la forma en la que lo había despertado porque me apetecía muchísimo, porque le tenía ganas y lo deseaba de una forma tan intensa que me era imposible no tocarle, no tomarlo. Reí cuando me volteó tras besar mis labios de esa forma ruda y pasional que me dejaba sin aliento y que tanto me encantaba, mi espalda contra el colchón y no tardó en colarse en mi interior haciendo que gimiera con fuerza. Me encantaba esa sensación de sentirme plena, de tenerlo dentro. Se movió como si hubiera estado horas calentándolo sin dejarle hacer nada mientras sonreía, rozaba sus labios y gemía teniéndole justo donde quería. Nos llevó entre embestida y embestida a ese Valhalla que me prometía en cada encuentro arqueándome hacia él sintiendo cómo se corría en mi interior, su cuerpo cayó contra el mío y reí divertida porque se le había olvidado que tenía entrenamiento ya que lo había entretenido con mi cuerpo, con mis manos, mis caricias, mis besos... habíamos retozado un rato después de eso en la cama y cuando le informé que llevaba tarde maldijo entre dientes y de un salto se puso en mío dejándome sobre la cama, negué con la cabeza porque había dicho que si no quedaba embarazada así ya no sabía qué más hacer, pero aún era pronto. Me incorporé un poco en la cama apoyando mi codo observándolo moverse por la habitación con prisas vistiéndose yendo de un lado para otro, reí divertida con mi pelo cayendo por mi hombro tapando parcialmente uno de mis pechos sin dejar de reírme observándolo. Me maldecía entre dientes en su idioma por haberlo distraído de esa manera pareciéndome todo más divertido, aseguró que me castigaría luego en volver en lo que se ataba las botas mientras me decía que era una niña mala, hecho que provocó que me riera más y mis ojos bajaran a su miembro que se notaba en el pantalón, mordí mi labio subiendo mis desiertos a su mares.

Mordí su labio inferior cuando se acercó para besarme asegurándome que me quería, sonreí por ello enredando mis dedos en su nuca para profundizar algo más el beso. Me gustaba cuando me decía que me quería porque le salía muy natural, muy normal y sobre todo muy sincero, sobre todo viniendo de un hombre que le costaba expresar sus sentimientos y que mayormente decía más con gestos y acciones que con palabras. Asentí haciéndole ver que me parecía buen plan recostándome en la cama notando su olor en las sábanas, me acurruqué y dormí hasta que me levanté y tras un baño me puse a recoger las cosas encontrándome con esa carta de forma accidentada. Su contenido me produjo mucha tristeza y para cuando llegó el vikingo me encontró en la cama sentada con un par de lágrimas tras leerla, sus ojos confundidos por no saber qué pasaba me observaron acercándose para sentarse a mi lado, mis labios dejaron un beso en los suyos y sin dudar puesto que si estuviera en su lugar me hubiera gustado saberlo; le entregué la carta dejando que la leyera, viendo cómo sus ojos recorrían las mismas líneas y párrafos que había recorrido yo hacía apenas unos minutos antes. Mis dedos entrelazados jugueteaban en lo que él terminaba de leer dicha carta que dobló dejándola sobre mi regazo, no me reprochó que hubiera leído algo personal para él aunque tampoco lo había buscado. Mis desiertos se anclaron a sus mares para saber qué opinaba; más bien, para saber qué era lo que sentía tras leerla. Era evidente que no lo había hecho ya que seguramente habría partido a la misión de buscarme para que lo ayudara ya que desde que cruzó no había vuelto al norte hasta ahora conmigo... yo sabía y conocía sus sentimientos porque él mismo me los había dicho cuando aclaramos las cosas, es más, hasta hacía poco le había preguntado por ella y fue franco y sincero. No le reprochaba nada porque entendía su postura y si yo me pusiera en su lugar estaría igual que él. Dijo que la quería y a pesar de que lo sabía no sentí celos, bien podría haberlos sentidos, pero ¿cómo tener celos de “uno mismo”? Diferentes formas pero la misma persona al fin y al cabo, además conocía lo que él sentía por mí y de eso estaba muy segura. Lo miré llevando mi mano para tomar la suya cuando dijo que habría podido vivir sin hijos, que lo haría si yo no podía darle estos, pero que no sería lo mismo... y lo comprendía porque siempre había sido mi sueño el formar una familia y tener hijos, ya me había casado y ahora tocaba tener hijos morenos de ojos azules que se parecieran a nosotros, es más, me imaginaba a Ubbe sosteniendo a nuestros hijos y se me caía la baba... era una verdad como un templo. Asentí con la cabeza ante sus últimas palabras acariciando su mano con mi pulgar, mi otra mano subió a su rostro acariciando su mejilla para finalmente dejarla en su nuca, para él habría podido ser difícil leer esa carta pero si se la enseñé fue porque creí que merecía saberlo.


-Lo sé, yo también te quiero y espero que nunca lo olvides
aseguré acercando mi rostro al suyo para dejar un breve beso en sus labios- sé lo que sentías por ella porque siempre has sido franco con respecto a eso... pero quiero que sepas que no tengo celos o envidia de eso, me cuesta un poco dado que es hacia la misma persona –mordí mi labio sin quitar mis desiertos de sus mares- te he dado la carta para que la leyeras porque creía que merecías saberlo, saber sus motivos y el por qué se fue sin decirte que te esperaría... sé que lo pasaste mal con eso, por eso he dejado que la leas. Confío en ti Ubbe, confío en tus sentimientos por mí y los fuertes que son, más profundos de lo que sentiste una vez por ella... si no estuviera segura o confiara plenamente no te habría enseñado la carta ¿no crees? –Quería que entendiera que aquello no cambiaba en nada nuestra relación, no cambiaba nada de nada en absoluto- creo que fue muy valiente reconocer que no podía darte lo que tú tanto querías, ella sabía lo importante que son para ti los hijos y que ella no podía dártelo... pero yo sí podía. Tuvo que ser duro para ella aceptar que no podía hacer nada, darse cuenta de que podrías enamorarte de mí ya que junto a mí puedes realizar tu sueño –hice una pequeña pausa- sé que al final hubieras aceptado el hecho de no tener hijos por estar con ella, como sé que si algo me hubiera pasado a mí cuando me hirieron no por eso iban a cambiar tus sentimientos o me dejarías sin más... pero ambos sabemos que es uno de tus sueños como también es el mío, siempre nos faltaría algo por muy felices que seamos y lo entiendo, yo lo siento igual. Aún es pronto para saberlo pero estoy convencida de que seremos padres, no sé, es una intuición que tengo... llámalo intuición femenina –sonreí para volver a dejar un beso en sus labios- pero como digo es pronto, esperemos un mes a ver qué pasa pero con tus ganas insaciables sumadas también a las mías estoy convencida de que sí voy a quedar embarazada, no haces más que tomarte aunque yo te provoco e incito a ello también –sonreí divertida por ello apoyando mi rostro en su hombro dejando que me abrazara- no sé, pienso en cómo tuvo que ser para ella y me da tristeza... porque me pongo en su situación y no sé si hubiera podido ser tan valiente como ella y dejarte marchar –subí mi rostro de forma que mis labios rozaron los suyos sin dejar de mirarlo- Jeg elsker deg Ubbe, siempre –volví a besar sus labios ahora que todo seguía claro y las cosas no cambiaban. Dejó un azote en mis nalgas asegurándome que esa mañana había sido muy mala con él y yo me reía divertida por ello, me contó que nos esperaban en la taberna y que iba a darse un baño antes de salir para así quitarse el sudor. Asentí con la cabeza y me iba a tumbar en la cama para esperarlo pero se le ocurrió una mejor idea y alzándome como si apenas pesara, colocándome en su hombro dando un sonoro azote en mi nalga mientras se reía, me llevó al baño junto a él recordándome que iba a vengarse mientras se reía y dejaba azotes en mis nalgas, mi pelo caía y pellizqué sus nalgas para que me soltara pero era inútil; cuando me cogía así no había nada que lo hiciera cambiar de parecer. Me la devolvió con creces en el baño donde terminamos de nuevo enredados sucumbiendo a lo que sentíamos y al placer que nos dábamos, una vez cambiados nos dirigimos a la taberna donde nos estaban esperando, cómo no, le hicieron ver que llegaba tarde y para variar dijo que “una egipcia lo había tenido entretenido” mientras él me miraba con una sonrisa ladina, alguien le recordó que igual que esa mañana escuchándose las risas y entonces el vikingo me fulminó con la mirada porque había llegado tarde por mi culpa, me encogí de hombros- qué queréis que os diga, tenía hambre y es lo que tenía más cerca para hincar el diente -sonreí sentándome sobre su regazo porque había tomado esa manía y costumbre escuchando las risas del resto. Las jarras no faltaron así como tampoco las risas, los piques, la diversión y los retos en lo que tuve que frenarlo de varias ideas un tanto locas y suicidas porque me negaba en rotundo- acabo de casarme, por Ra, ¿queréis dejarme ya viuda? Una intentando quedarse embarazada para que vosotros queráis dejarme sin marido y a vuestros futuros sobrinos sin padre.¡ -sonreí de lado- Necesitáis una mujer en vuestras vidas que os haga sentar la cabeza, me pregunto quiénes serán las pobres desgraciadas que topen con vosotros –me sentía bien con ellos, me reía y bromeaba con esa confianza que me habían dado todos mientras las jarras volaban, igual que las manos del vikingo que apretaban mis nalgas totalmente a posta y me hacía mirarlo frunciendo el ceño con un “estate quieto” que podía leer en mis ojos pero él simplemente se reía y se encogía de hombros como si no pudiera evitarlo. Lo que ninguno esperamos es que a la vuelta de la taberna, un encuentro iba a cambiar las tornas con un giro que ninguno esperábamos.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Dom Jul 15, 2018 5:15 am

Tras un lujurioso baño en el que no pude evitar parar de reírme porque Nai no quería mojarse y yo la había dejado caer a la tina como un saco de patatas nos fuimos a la taberna. Mi esposa mordía mis labios enfadada cada vez que yo trataba de besarla, enredaba sus dedos en mi trenza para alejarme mientras yo revoloteaba a su alrededor divertido tratando de acariciar su culo llevándome manotazos varios.
-¿Y cuando mi preciosa esposa va a perdonar mi rudeza?

Una vez en la taberna, mi deliciosa Nai aseguró que mi tardanza al patio de armas había tenido que ver con ella, me limité a encogerme de hombros y morder mi lengua muerto de la risa, había sido el tema de esa mañana en el patio de armas, mi mujer y si fogosidad por la que todos los presentes golpearon la mesa con las jarras.
-¿No tendrás una hermana? -preguntó Einar muerto de la risa mientras Niels hablaba de Devon con Hakon, ella había aceptado venir al norte, dejarlo por él todo y eso lo convertía en un hombre mas o menos comprometido.

Bebimos, bailamos, mientras mis manos acariciaban sus muslos y ella me pedía que parara mientras yo negaba besando sus húmedos labios bañados en alcohol.
-Eres deliciosa egipcia.
Por mi la hubiera vuelto a tomar allí mismo, pero ella era rehacía a hacer el amor en esos sitios y yo cada vez estaba mas y mas caliente.
-Ubbe lo hemos hecho ya dos veces -dije entre susurros esperando que dejara de meterle mano por todas partes.
-Díselo a mi bastarda -repliqué empujando mi pelvis para que la notara alzada.

Mi esposa se reía porque según ella era incorregible, mordí sus labios y algo borrachos salimos de la taberna rumbo a casa, besándonos, acariciándonos haciendo mil paradas en cada esquina para recorrer su cuerpo con mis manos rudas.-Te quiero.
Reíamos de nuevo, no sabia ni si llegaría a casa y me colé en un callejón para tomarla, fue entonces cuando sentí allí una presencia extraña, una mujer morena, centré mi mirada en ella apartando mis engrosados labios de la boca de mi esposa.
-¿que quieres? -pregunté enarcando una ceja.

Aquel día en el patio de armas había notado algo extraño, no se lo dije a mi esposa paran o preocuparla pero la aparición de esa mujer de la nada me hizo dudar.
-¿que quieres?





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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Lagertha el Jue Jul 19, 2018 3:47 pm

Mi vida desde el momento en que fui concebida no es que fuera de la forma en la que mis padres habían pensado en un principio que sería, principalmente porque mi llegada al mundo suponía algo de lo que mi familia por generaciones había estado tratando de evitar a toda costa... pero el destino a veces es caprichoso, a la par que una maldita perra irónica, y había querido que yo naciera para que todo volviera al punto de partida: la deuda. Sí, una deuda que mi familia debía desde hacía generaciones engañados por un demonio que se aprovechó de su situación desesperada en la que querían el fruto de su amor, tener un hijo, para engañarlos y que así les debiera un favor que se cobraría de la forma que él quisiera sin que nada se pudiera hacer al respecto. ¿El pago por sus “servicios”, aunque estos fueran traicioneros? Una niña. Era lo único que el demonio había pedido y que ellos no podrían negarse para que no se la arrebataran, cuando una niña naciera en la familia el demonio cuando él quisiera la reclamaría como pago por haberlos ayudado. Sin embargo durante varias generaciones en mi familia se había procurado que no naciera ninguna niña, todo a base de magia y hechizos de protección, pero tras casi cuatro siglos más tarde nací yo, rompiendo con todos los esquemas que se tenían y quebrando una “paz” y tranquilidad de la que mi familia había disfrutado durante esos cuatro siglos en los que no había nacido ninguna niña. Según me habían contado mis padres, en el momento en el que yo nací, ellos pudieron escuchar una risa siniestra y malvada que parecía retumbar en el lugar aunque allí nada más que estuviera la familia, ellos no querían creérselo pero la marca en mi omoplato derecho con la que había nacido era la más marcada y patente de todas; se confirmaba que el demonio algún día vendría en mi búsqueda para saldar la deuda que por cuatro generaciones había estado esperando para cobrarla. Mis padres jamás me ocultaron lo que ocurrió siquiera antes de que ellos nacieran, me contaron el origen de la historia y yo crecí sabiendo que algún día mi vida se acabaría, que el demonio vendría para reclamarme sin que nadie pudiera hacer nada... y por ello se lo agradecía, al menos pude entender qué me pasaba mientras crecía hasta que ese día llegara. Mis padres me enseñaron a defenderme en todo momento, heredé la magia por parte materna y fue ella la que me enseñó todos y cada uno de los hechizos, a atacar y a defenderme con magia mientas que mi padre, un bravo guerrero vikingo, me enseñó a luchar cuerpo a cuerpo y a esgrimir armas por lo que pudiera pasar. Conforme fui creciendo y sobre todo cuando era pequeña, tenía sueños que yo tildaba de pesadillas porque siempre aparecía un monstruo en ellas, la misma figura, la misma voz, la misma sombra... una figura demoníaca que estaba siempre presente aunque el sueño cambiara, pero no así la presencia. Los sueños, o pesadillas cuando era pequeña, siempre variaban pero tenían un común denominador: la figura terminaba siempre atrapándome no importara lo que hiciera. Conforme fui creciendo comprendí que esos sueños no eran más sino lo que me esperaría cuando llegara el día señalado, la fecha que pondría fin a mi existencia sin que pudiera evitarlo.

Me di cuenta de que entre mis poderes tenía el don de ver lo que estaba próximo a ocurrir en forma de pequeñas visiones, algo que me sigue consumiendo la gran parte de las energías y que me deja agotada, pero comprendí que lo que siempre veía no era más que el día en que todo terminaría, ¿y por qué lo sabía? Fácil; porque siempre era el mismo día, el mismo lugar, el mismo momento en el día... cuando caía la noche, cuando las sombras empezaban a cernirse a mi alrededor. Era como un presagio y de hecho si el día llegaba, y lo haría, lo reconocería porque habían señales que durante toda mi vida había estado viendo. También sabía que eso sucedería cuando yo cumpliera los veinticinco años, en varios de los sueños la figura me había asegurado en repetidas ocasiones que esa era la fecha máxima antes de que me reclamara, apenas menos de un año para que cumpliera los veinticinco y si ese maldito demonio pensaba que no iba a luchar por seguir con vida estaba muy equivocado. Llevaba un tiempo pensándolo, quizás hubiera alguna forma de poder evitar mi aciago destino, quizás algo que nadie sabía podría hacer que escapara de ese destino que había sido firmado desde mi nacimiento... quizás los dioses, en su gran sabiduría, supieran qué era lo que podía hacer para liberarme de esa maldición. Ni siquiera lo dudé cuando una de las noches en las que el cielo estaba despejado, en el bosque hice una hoguera que iluminó el lugar igual que me iluminó a mí con su luz anaranjada y rojiza, tenía todo lo necesario para poder contactar con los dioses aunque sabía que quizás estos no me respondieran, pues cada uno teníamos nuestro destino y si había sido tejido así por las nornas, ¿por qué un mortal iba a poder cambiarlo? Sin embargo debía de intentarlo, tenía la sangre, el sacrificio, las hierbas y los demás ingredientes necesarios así que comencé con la ceremonia yo sola hundiendo la daga en el animal recitando unas palabras, la sangre manó de la herida llenando un cuenco con esta, mis dedos hicieron dos líneas en mi rostro sin dejar de recital las palabras. Las hierbas las mezclé con algo de sangre y las eché al fuego elevándolas a los cielos para que llegara a estos y así escucharan mi plegaria, la ayuda que les pedía para que pudieran guiarme.



- Å guder som hører min samtale, jeg reiser min stemme til himmelen for deg. Hør mine ord, hør på min bønn og hjelp denne dødelige finne veien –murmuré mientras las llamas se elevaban en el cielo y, con ello, lo que había echado al fuego que subía junto al mismo humo- Led meg med din visdom, du allmektige som vet alt, gi meg mine bønner, jeg spør deg under din beskyttelse for å hjelpe meg med å møte dette onde som håner meg –comencé a repetir como si fuera una invocación aunque era algo parecido, pronto comencé a entrar en una especie de trance en el que mis labios se movían por sí solos, mis ojos en blanco y mi cuerpo temblando mientras todo a mi alrededor daba vueltas y de lo único que fui consciente, fue de una mujer de dorado cabello cual rayo de sol, piel nívea como la misma nieve, labios rojos cual carmín y ojos de un azul intensos como la misma madre mar. Portaba un vestido blanco y extendía sus brazos en mi dirección repitiendo unas palabras que al principio no fui capaz de entender, pero que luego sí logré hacerlo “déjame ayudarte, permite que entre en ti”. Era lo que ella repetía, ¿quién era esa mujer? ¿Sería una diosa que había escuchado mis plegarias y había decidido ayudarme? ¿Podría tener tanta suerte? Ni siquiera lo pensé y cuando sus manos alcanzaron las mías al extenderlas... una fuerte honda sacudió todo mi cuerpo como si emergiera desde dentro, una honda poderosa mientras sentí que la mujer se adentraba en mi cuerpo como si quisiera tomarlo aunque era una parte más bien espiritual que corpórea. Vi una sucesión de imágenes, algo que no tenía nada que ver con mi caso pero sí que había dolor, sangre, culpa... y hasta una muerte; alguien vagando en pena en una especie de limbo, sin tener redención, sin poder ascender al Valhalla. Como si mis poderes se hubieran visto aumentados momentáneamente la visión duró algo más de lo esperado, pude ver a un hombre joven, piel pálida, ojos azules y una trenza que estaba acompañado de una mujer más morena en todos los sentidos, exótica y llamativa. Vi dolor, vi pesar, temor, miedo.... muerte; las imágenes se sucedían con tal rapidez que era casi imposible encontrarles sentido mientras la misma mujer que ahora ocupaba el interior de mi cuerpo como si se hubiera fundido con mi alma, o con mi cuerpo entero, gritaba por lo que podíamos ver. Desfallecida caí al suelo por la intensidad de lo sucedido, cuando desperté ya era de día y una palabra salió de mis labios cuando abrí los ojos- ¡Ubbe! –Extrañada por ello fruncí el ceño y recordé lo sucedido, me sentía extraña y cambiada de una forma que no sabía reconocer... hasta que la voz sonó en mi cabeza, clara, limpia y nítida. Una voz dulce y sosegada que me habló de lo que tenía que hacer, ayudar y avisar a dicho hombre del mal que se cernía sobre mí, esa era mi misión- ¿misión? ¿Y qué pasa con mi plegaria?  “Te será concedida en cuanto me ayudes a avisarlo, corre un grave peligro y a cambio de ello te ayudaré con el demonio” –la voz dulce sonaba en mi cabeza y pensé estar loca por un momento, que el ritual había salido mal y que todo se debía a lo que había consumido-  “No te pasa nada Lagertha, necesitaba tu cuerpo para materializarme en la tierra y en cuanto tú me ayudes a buscar y avisar a dicho hombre, yo te ayudaré con el demonio” Ya claro... genial, ahora me he vuelto loca
  “No Lagertha, ante ti tienes la posibilidad de salvarte. Soy una Dísir, alguien que puede ayudarte pero solo si cumples con una petición; avísalo. Ya has visto lo que pasará si no lo hago... no podía abandonar mi cuerpo y he utilizado el tuyo, sigues siendo tú salvo que ahora formo una pequeña parte de ti, una pequeña parte de mi alma se ha fundido con la tuya para que puedas ayudarme. Te necesito Lagertha, como tú me necesitas a mí. Ayudémonos mutuamente, a ti aún te queda un año por delante pero a él le queda poco tiempo. Te ruego que me ayudes, y a cambio, con mis poderes y mi sabiduría te diré cómo puedes librarte de ese demonio” -¿de verdad me lo estaba planteando, seriamente? No me quedaba de otra, sentía una presencia extraña en mi propio cuerpo y si decía ser una dísir podría ayudarme en un futuro, lancé un suspiro cerrando los ojos un par de segundos sabiendo que quizás podría arrepentirme de mis palabras- está bien, ¿qué es lo que tengo que hacer?





***********




Cuando pronuncié esas palabras aceptando así el ayudar a la Dísir jamás pensé que tendría que viajar hasta Akershus, al corazón de la fortaleza, para  encontrar a dicho hombre que por lo que ella me había contado –que no había sido mucho- era el general joven que había subido al cargo, uno de los Cannif que era conocido junto al resto en toda la ciudad por su lucha contra Randulf. Mi padre conocía bien a los Cannif y se habían ayudado mutuamente, yo por el contrario tenía algo menos de relación con ellos pero si sabía que mi padre había luchado junto a su tío y alguno más de su familia. La Dísir me había contado un poco su historia en el día que había tardado en ir hasta Akershus ya que me encontraba fuera de la ciudad, ella había querido avisarlo a él y ya lo hizo hacía un tiempo pero no había podido volver a establecer la conexión y no podía abandonar su cuerpo, alguien quería matarla y si se “proyectaba” hasta la tierra sería un blanco demasiado fácil para matarla. No siempre permanecía conmigo, solo cuando era importante o cuando necesitaba decirme algo... no me contó sobre por qué avisarlo pero si una Dísir, acude en persona para avisarte, es que algo grave pasaba. Una vez en la ciudad y tras pasar a la fortaleza no me costó demasiado dar con el general, allí era conocido y tras mi llegada a la ciudad siendo ya de noche con ayuda de mi magia era más que sencillo con un simple hechizo encontrarlo. Una invocación de la imagen de un pequeño zorro que pudiera atravesar la ciudad, con el objetivo de encontrarlo, y sería más que suficiente. No tardó mucho en encontrarlo gracias a la Dísir, no sentía que tuviera otro tipo de poderes pero quizás sí algo más de energía para utilizar mi magia era la única diferencia que notaba al respecto, quizás por esa pequeña parte de su alma fundida con la mía. Sonreí cuando vi al hombre en cuestión junto a la mujer morena que vi en mis visiones, confusas  y desordenadas que por mucho que lo intenté jamás conseguí reagruparlas, quizás lo mejor era no hacerlo del todo. Con la capa negra sobre mis hombros me coloqué la capucha y seguí el rastro mágico de la invocación del pequeño zorro, conforme me acercaba podía escuchar sus voces y sus risas y la verdad es que no me apetecía interrumpirlos y de seguro que no le hacía gracia, pero no me quedaba de otra. Finalmente los encontré, en un callejón con ella pegada su espalda a la pared y él pegado a su cuerpo, sus manos recorriendo el cuerpo de ella mientras se besaban como si no hubiera un mañana, quizás para él no lo hubiera en un futuro próximo. Notó mi presencia a unos pasos de ellos, su rostro se giró y pude ver el mismo que había visto en mis visiones; los ojos azules intensos, su trenza que caía por la espalda y que ella tenía enredada entre sus dedos, pese a su estado de alcohol su tono era bastante serio y amenazador como para comprender que no era momento de interrumpirlo. Sonreí de lado bajo la capucha, “Ubbe”, la Dísir volvió a aparecer de nuevo y era extraño porque parecía que su presencia incluso la notaba como si vagara entre la tierra y Asgard. Llevé mí mano para quitar la capucha dejando mi rostro al descubierto en lo que ahora tenía la atención de ambos puesta sobre mi persona, la de él mucho más amenazante que la de ella que me miraba con curiosidad e intriga.



-Te he estado buscando, Ubbe Cannif. O más bien, “ella” lo ha estado haciendo –sabía que ninguno entendería y que era el momento de cumplir con mi parte del trato para que ella hiciera lo propio- la Dísir, la misma que viste en esa visión en la aldea ha contactado conmigo, ha utilizado mi cuerpo para pedirme que vaya en tu búsqueda y te diga que corres peligro –cerré los ojos un momento, podía notar como si ella intentara apropiarse de mi cuerpo, apoyé mi mano en la pared y para cuando abrí los ojos yo ya no era dueña de mi boca aunque si podía ver y escuchar-  Ubbe, me alegro tanto de que estés bien –mi voz había cambiado, ahora la Dísir hablaba en mi lugar- no tengo mucho tiempo, pero corres un grave peligro. Te advertí aquella vez ¿recuerdas? Te dije que te salvaras aunque tú no lo entendías... el día ha llegado Ubbe, ¿recuerdas el árbol, Yggdrasil? Ve, búscalo y encuentra tu camino para salvarte –miré a la mujer que tenía a su lado- ayúdalo Naitiri, el uno sin el otro es como la noche y el día; no se pueden separar. Ahora estáis unidos y tú eres la única que puede acompañarlo, la única que puede ayudarlo en esta travesía... sé su ancla y no dejes que caiga y que sucumba. Vuestro valor, vuestra fortaleza y determinación serán puestos a prueba pero no olvidéis que juntos lo podéis todo.[/color]


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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Vie Jul 20, 2018 11:03 am

Podía afirmar sin lugar a dudas que no me extrañaba en absoluto el que el vikingo me la intentara devolver tal y como había jurado que haría antes de marcharse al entrenamiento al cual había llegado tarde porque yo lo había entretenido, sí, me consideraba la culpable y la principal causa de que bajara tarde para entrenar a los chicos y lo había hecho totalmente a posta consciente y conocedora de que le tocaba entrenamiento, pero no había podido evitar hacerlo y aunque no lo hice con plena maldad porque no era así la cosa, sino porque quería disfrutar de él un poco más en la cama tranquilos y no pensaba privarme de nada. Sabía que no se había enfadado, por mucho que me maldijera en su idioma entre dientes mientras se cambiaba y me lanzaba esas miradas que ya me conocía en lo que yo me reía, no me lo tomaba en cuenta porque no me podía decir que no había disfrutado ese rato en el cama que habíamos pasado desde que lo había despertado. Disfrutó y mucho, quería estar bien el tiempo que pasáramos en el norte antes de volver y sin duda alguna ese despertar sería complicado de olvidar por su parte, lo cual era totalmente lo que quería y buscaba. Tras su vuelta de entrenar un par de horas más tarde no me esperaba que al llegar encontrarme así de esa manera, pero si le había dado la carta fue precisamente porque confiaba en él y en sus sentimientos hacía mí y no tenía ningún tipo de duda al respecto, sabía lo importante que era para él y quería que leyera esa carta porque de alguna manera para él era como cerrar ese capítulo, ya podría saber lo que había pasado y el motivo por el que ella se fue y no le dijo que lo esperaría. Para él era importante y así se cerraba un círculo que ellos habían empezado pero que con mi presencia, o más bien cuando él fue a buscarme, se completó cuando nos encontramos como si estábamos predestinados a hacerlo, y después de todo lo pasado ya no me quedaba duda. Por si en algún momento pensaba que me iba a librar su venganza estaba equivocada, me alzó sobre el hombro de esa manera que tanto le gustaba y aunque le pedí que no me mojara me dejó caer sobre la tina empapándome por completo, y oh, podía jurar por nuestros dioses que se cobró el haberle hecho llegar tarde esa mañana en la tina en lo que disfrutó como si de un niño pequeño se tratara, para acabar tomándome de esa manera que me encantaba mojando el suelo con el agua que desbordaba de la tina por sus rudos movimientos hasta que los dos alcanzamos el orgasmo entre gruñidos y gemidos lanzándonos por el abismo del placer. Ya saciados, complacidos y con su venganza cumplida nos vestimos para ir a la taberna donde ya nos estaban esperando, por el camino el vikingo no dejaba de intentar besarme aunque yo no dejaba que lo hiciera, mis dientes apresaban sus labios no permitiendo que me besara, aunque él se reía revoloteaba a mi alrededor mientras yo lo apartaba haciéndomela enfadada con él, aguantándome la risa como si fuéramos dos adolescentes incapaces de estar quietos. Sus manos intentaban meterme mano, sobre todo a mis nalgas, pero mis dedos en su trenza lo apartaban mientras lo miraba todo lo seria que podía en esos momentos en lo que intentaba por Ra no reírme en la forma que me miraba. Le hice un mohín cuando me preguntó cuándo le iba a preguntar y le respondí un “nunca” que lo hizo reírse porque bien sabía que era mentira.

Finalmente llegamos a la taberna donde ya estaban todos y donde cómo no estaban bebiendo de las jarras que se habían pedido. Nada más entrar las miradas se posaron en nosotros en lo que las risas se escucharon de todos mientras no dejaban de mirarnos, enarqué una ceja divertida por ello porque los conocía y sabía en lo que estaban pensando del motivo por el cual habíamos llegado tarde... y no se equivocaban. De hecho no tardaron en comentarlo en lo que el vikingo divertido dijo que yo lo había entretenido echándome las culpas de todo lo que me hizo mirarlo sin parar de reírme negando con la cabeza por ello, ¡menudo fanfarrón estaba hecho! No sé bien quién fue, pero volvieron a decirle que igual que esa misma mañana que había llegado tarde donde el vikingo me fulminó con la mirada porque no le había gustado llegar tarde, pero sabía que no estaba enfadado porque pese a que me miraba de esa forma no había perdido la enorme sonrisa de sus labios. No reparé en hacerles saber, como si no fueran conscientes de ese detalle, que la culpa había sido enteramente mía por haberlo entretenido en la cama esa mañana haciendo que todos se rieran divertidos porque no tenía reparos –como ellos- de hablar de esas cosas en lo que Ubbe se encogía de hombros, sonriendo, pero lo veía que se contenía dejando que ellos siguieran a lo suyo en lo que golpeaban sus jarras contra la mesa seguramente con esas costumbres suyas con todo lo referente al sexo, sobre todo cuando yo no me cortaba tampoco a la hora de hablar como lo hacían ellos. No sé quién preguntó si tenía una hermana que me hizo reír entre dientes por el comentario dejándome más claro todavía el por qué golpeaban sus jarras contra la mesa, me di cuenta antes de sentarme que también estaba Niels y no dudé en acercarme para saludarlo. Me llevaba bien con todos, tenía buena relación con todos pero con Niels era algo... diferente. Quizás porque él y Ubbe están demasiado unidos, y me acerqué para saludarlo pasando un brazo por su cuello inclinándome y dejando un beso en su mejilla, felicitándolo por la noticia de que Devon al final acabaría quedándose en el norte aun cuando yo había tenido la esperanza de que se quedaran en París, sobre todo pensando en el vikingo y en que si estaba Niels las cosas fueran algo más diferentes para él. Me alegraba de verdad por él porque sabía que no era fácil, pero se veía lo mucho que se querían y el que parecía que siempre había dicho de Ubbe cuando se enteraron de que “se había pillado” por una mujer, ahora resultaba que Niels llevaba el mismo camino que habíamos emprendido el vikingo y yo, y no dudaba demasiado en que pronto hubiera una ceremonia por parte de esos dos. Saludé también a Hakon que estaba a su lado sonriéndole preguntándole dónde había dejado a Synnove, era una tarea complicada encontrar al uno sin el otro y me preguntaba cuando mi marido se daría cuenta de lo que los dos se traían entre manos estando juntos.



-Me alegro de que Devon se quede aquí contigo, aunque te voy a echar de menos Niels... no sé con quién me voy a meter yo ahora con su estatura –sonreí de lado porque siempre le había gastado la misma broma- aunque sé que él te va a echar muchísimo más de menos, en el fondo esperaba que te quedaras en París también como él –no dije mucho más sobre eso- pero vendremos a visitaros por lo que nos veremos a menudo –dije en lo que él no tardó en comentar que, de seguir así, la próxima visita aseguraba que yo habría “engordado” algo en lo que enarqué una ceja sin entender, hasta que su mano fue a mi vientre dando dos ligeros golpes haciéndome ver y comprender sus palabras en lo que no pude evitar reírme por la forma que tenía de decir las cosas- eres un enano un poco idiota, ¿lo sabías? –Pregunté riéndome en lo que negaba con la cabeza y Hakon se sumaba a esa afirmación que hacía su primo en lo que yo solo podía sonreír- ¡Por Ra!, ¿no fue eso lo que me dijiste que hiciera en París Hakon? Es lo que estoy haciendo, además, seréis tíos de niños y niñas preciosos que serán la envidia de todos... dicho queda –los dejé para volver con el vikingo sentándome sobre sus piernas en lo que él me preguntaba y yo rodeando su cuello con un brazo negaba riéndome- nada amor, debatiendo sobre nuestros preciosos futuros hijos, y que serán la envidia de todos –reí contra sus labios divertida cogiendo una de las jarras que él me había pedido, tuve que oponerme varias veces a que lo liaran para alguna idea suicida en lo que las jarras iban y venían, había pillado ese “puntillo” que tanto le gustaba al vikingo en lo que reíamos, bebíamos, jugábamos y bailábamos esa noche sin dejar de buscarnos, de encontrarnos, de rozarnos... era superior a nosotros la fuerza con la que nos deseábamos. Sus manos acariciaban mi cuerpo como si fuera incapaz de estarse quieto, y sabía que era incapaz porque yo me sentía de igual forma... íbamos animados de más y en ese estado éramos más peligrosos de lo normal. Reí cuando dijo que era “deliciosa” mordiendo su labio inferior, mi mano recorría su pecho subiendo hasta su nuca dejándome hacer, sus dedos se colaron por mi vestido dejando un ardiente recorrido por mi piel y mi pierna que me hizo jadear contra sus labios, morderlos con deseo mirándolo a sus mares de manera fija, con el deseo abrasando nuestros cuerpos- Ubbe... –lo llamé en un vano intento porque se calmara, pero ese hombre no conocía la calma y menos en ese estado- ¿no te ha bastado con lo de hoy, acaso quieres más? –Pregunté contra sus labios dejando mi aliento cálido sobre estos- eres insaciable –él me respondió moviendo sus caderas dejando que notara su miembro contra mi centro, mordí mi labio evitando el jadeo o al menos que no fuera tan alto enredando mis dedos en su pelo, pegándome a él llena de deseo. Le di un manotazo viendo de reojo que los demás iban a lo suyo- eres incorregible, si no te conociera tanto como lo hago no sabría que sé que estás pensando en tomarme aquí delante de todos... me pervierte usted, General –sabía que le gustaba que lo llamara así, sobre todo entre jadeos y gemidos que le ponían más, me levanté para su gruñido porque sabía que de seguir capaz de era de subirme sobre la mesa, dejarme al borde, colarse entre mis piernas y tomarme en ese lugar.... no sería la primera vez que lo hiciéramos así. Salimos despidiéndonos primero de todos tomados de la mano, besándonos, acariciándonos, parando cada dos por tres para juntarnos y supe que al igual que nos pasó en Egipto, y varias veces en París; no llegaríamos a tiempo. De hecho tras unos cuantos minutos más tarde y tras decirme varias veces que me quería sin dejar de recorrer mi cuerpo tiró de mí llevándome a un callejón, mi espalda chocó contra la pared y me reí cuando su cuerpo se pegó al mío sintiendo su miembro contra mi vientre- me vuelves loca Ubbe, tanto que me haces perder el sentido –mis dedos en su trenza, sus manos en mis nalgas apretándolas en lo que pronto sabría que me alzaría para que enredara mis piernas a su cintura brindándole mejor acceso- Ubbe –jadeé contra sus labios antes de que me besara de esa forma que tanto me encantaba, una que me dejó sin aliento en lo que cuando se apartó oí que hizo esa pregunta y yo abrí los ojos sin saber a qué se refería. Para cuando me quise dar cuenta vi que no estábamos solos, una mujer a unos pasos de nosotros que nos contemplaba y el vikingo lanzó la misma pregunta. Fue entonces cuando pudimos verla al quitarse la capucha dejando su rostro al descubierto, fruncí el ceño cuando dijo que “ella” lo estaba buscando... ¿quién era “ella”? Pero aún más extraño cuando dijo que la Dísir que vio en su visión en la aldea había contactado con ella, ¿Dísir? Miré al vikingo recordando lo que pasó en la aldea tras las visiones, él estaba un tanto alterado y no quiso contarme lo que había visto- Ubbe... –mi mano en su pecho aunque me alerté cuando dijo que corría un grave peligro- ¿qué clase de peligro? –Pregunté y luego miré al vikingo- sí que viste algo en la aldea... ¿por qué me lo ocultaste? Sabía que algo tuviste que ver –fue entonces que la voz de la mujer cambió aunque ella estaba frente a nosotros, ahora era la Dísir quien hablaba y le advertía que corría un gran peligro, mi mano tomó la suya sin soltarla en ningún momento mientras intentaba procesar todo eso con el alcohol que llevaba en el cuerpo, centrándome en lo que estaba pasando. Los ojos de la joven fueron hasta los míos aunque antes habló vagamente de la visión y de que lo había advertido, habló del árbol Yggdrasil que para ellos era tan importante y después se centró en mí, en que lo ayudara porque el uno sin el otro no tenía sentido... y lo sabía, porque cuando creía que lo había perdido por esa maldición pude sentir como si algo en mi interior “moría” al mismo tiempo, ya no conocía más camino que el suyo, ya no quería una vida que no fuera a su lado. Me pedía que lo acompañara y lo ayudara porque era la única que podía hacerlo, nuestras vidas estaban unidas y que era su ancla, que no dejara que se perdiera y sucumbiera- nunca dejaré que eso pasela interrumpí aunque, más bien, las palabras salieron solas porque no dejaría que eso sucediera nunca. Termino diciendo que juntos lo podíamos todo y mis ojos fueron al vikingo para luego mirarla a ella- ¿de verdad eres una Dísir? –Sí, era una mujer de lo más curiosa y no tenía remedio. Ella se rió entre dientes como si de alguna manera esperara esa pregunta y asintió que así era, que había bajado para avisarnos- ¿cuál es el peligro que corre? ¿Cómo podemos encontrar ese árbol? Sé que es un árbol importante pero si hay una forma de que sepas dónde puede estar dínoslo –apreté mi mano entrelazada con la del vikingo- no voy a perderlo, sea lo que sea que tengamos que hacer lo haremos porque no quiero una vida si no es con él a mí lado, no puedo perderlo... ya lo recuperé una vez, si tengo que hacerlo de nuevo y bajar al mismísimo Hel para que eso no ocurra lo haré –no había duda en mi voz, era capaz de eso de ser necesario- ¿qué es lo que le pasa? ¿Por qué has dicho que corre peligro, qué clase de peligro? –Necesitaba respuestas, no paraba de preguntar y de hablar con rapidez en un intento por saberlo todo, estaba algo nerviosa y terminé girándome para verlo tomando su rostro entre mis manos- ¿por qué no me dijiste nada, vikingo? ¿Por qué no me contaste lo que ocurrió? Por Ra Ubbe, no entiendo nada..



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Mar Jul 24, 2018 5:38 am

Enarqué una ceja cuando la mujer empezó a hablar, iba bastante borracho y para que mentir en este momento lo suficiente empalmado como para no necesitar grandes discursos, mis manos aun sobrevolaban como halcones de presa el cuerpo de mi mujer pretendiendo retomar lo que esa loca había interrumpido, mas cuando alegó con total seguridad aquello que no debería saber de no ser ciertas sus palabras me detuve centrando en ella mis azules turbios.

Era cierto, aquella noche en el poblado con las drogas recorriendo mis venas me vi muerto bajo el fresno, no mentía y si eso era una advertencia no la tomé en cuenta.
Las visiones eran difícilmente interpretables, en ocasiones eran simplemente dejes del destino, puertas que podrían o no abrirse o rayadas de una mente colocada ¿ por que preocupar a mi esposa en nuestro viaje de bodas?

Nai se detuvo, los besos ya no la complacían ahora quería saber, comprender cual era ese peligro que me había guardado, nos miraba a los dos como si poseyéramos una información para ella desconocida y no erraba, era cierto porque yo no le conté mi visión, al menos no al completo.
La Disir me pedía empezara un viaje por los nueve mundos, mas ¿para que exactamente? ¿salvarme? ¿como?
Los designios de los dioses no se cambian, quizás había llegado mi hora de partir hacía el Valhalla y de ser asi, queria tomar a mi esposa, luchar por el norte y traer ese hijo al mundo que Nai había visto.

Mi mujer insistió, ella estaba dispuesta a cruzar Hel, no contemplaba una vida sin mi, pero..¿estaba yo dispuesto a que me acompañara.
-Es peligroso egipcia, no quiero perderte, si lso dioses tienen para mi ese destino previsto sucederá, hace tiempo descubrí que solo somos peones sobre la tabla del destino.

Las nornas tejían el destino de los hombres y ese destino era inamovible ¿o no?
-Vi mi muerte, estaba tendido bajo el fresno que ata los nueve mundos Nai, no te lo dije porque no sabía si se cumpliría y en el caso de cumplirse ¿cuando? Moriré algún día, los guerreros que batallan tarde o temprano van al valhalla ¿ lo entiendes?

No, no parecía dispuesta a entender nada y ya preguntaba a la diser como poder llegar al árbol ese, negué con la cabeza porque mi esposa tenia muchas cosas peor rendirse no estaba en el vocabulario de mi pequeña luchadora.
-Brokk tiene un portal que le abrió Loqui para que pudiera cruzar el puente, no se como funciona y si se lo pido es posible que no me lo permita cruzar, a fin de cuentas es el mensajero de un dios, no me dejaría ir solo porque eso podría ponerlo en apuros...


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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Miér Jul 25, 2018 12:24 pm

La noche que tan bien había empezado había tomado un cáliz diferente al del principio y ahora las tornas habían cambiado por completo. Los dos habíamos decidido aprovechar el tiempo que nos quedaba en el norte hasta que volviéramos a París para seguir formando nuestra nueva vida juntos, yo tenía que volver al museo y seguir con mi trabajo, pero había decidido vivir y aprovechar esos días con el vikingo al máximo porque se lo merecía, porque en parte aunque ya lo hubiéramos hablando me sentía culpable de que tuviera que venirse conmigo a París, pero ambos habíamos hablado las cosas y habíamos tomado la decisión, eso no quitaba para que no visitáramos el norte y ahora que me había reafirmado más ante el pensamiento de que él se veía demasiado feliz cuando estaba en el norte iríamos con bastante frecuencia, o en su defecto, él vendría si yo estaba muy ocupada con trabajo. No habíamos vuelto hablar sobre ello y los dos nos limitábamos a disfrutar de esos días, de los dos juntos, de empezar una nueva vida con un proyecto de familia ahora que nos habíamos casado bajo sus tradiciones y sí podía decir en todos los sentidos que era suya. Jamás olvidaría ese tiempo en el norte como tampoco su pedida de matrimonio, la noche que nos casamos en Upsala, nuestra noche de bodas... era más de lo que jamás hubiera podido imaginar y todo había sido gracias a él, al que me había devuelto la vida. Sin embargo cuando yo pensaba que todo estaba en su sitio, que habíamos dejado atrás una etapa llena de peligros y dificultades... nos encontrábamos con ese contratiempo que me tenía bastante descolocada porque me había pillado completamente por sorpresa. No solo me había parecido extraño que la mujer nos interrumpiera en esos momentos íntimos, aunque estuviéramos en un callejón, dado que el sexo para ellos nunca había sido un tabú... pero sí me había parecido muy extraño sus palabras cuando tras dejarle claro el vikingo que se largara se quedó ahí parada. Todo lo que dijo hizo que perdiera la concentración en los labios de mi marido, de sus manos recorriendo mi cuerpo y activara ese interruptor de “lucidez” y “cordura” como si de un plumazo eliminara parte del aturdimiento que llevaba por el alcohol así como rebajaba la excitación que tenía centrándome en algo más importante tras escuchar sus palabras, centrándome en lo que estaba diciendo sobre la vida de mi marido y el peligro que corría... que ya le había advertido la Dísir en su visión y eso me hizo mirarlo de reojo prestándole toda mi atención a la mujer que yo ni había sentido cuando se acercó pendiente en el vikingo y en lo que me provocaba olvidándome de todo. Ahora toda mi atención estaba centrada en ella, en lo que tuviera que decirnos, explicarnos... y por supuesto en una posible solución para salvar la vida del vikingo, porque ni por asomo iba a dejar que algo le ocurriera o le pasara si podíamos poner remedio para ello. Ella hablaba sobre un viaje de cruzar el árbol Yggdrasil, ese que conectaba sus mundos y que bien sabía tenía tanta importancia para ellos pues eran los pilares fundamentales de cómo estaba construido su mundo, sin embargo aparte de que fuera un mito y una leyenda, ¿cómo podíamos encontrar dicho árbol? Ella decía que lo encontrara para empezar el viaje, decía que yo era la única que podía acompañarlo pues estábamos conectados y unidos y éramos uno solo, y a mí ni se me pasaba por la cabeza el hecho de no ayudarlo en todo lo que pudiera, pues bien sabía que yo no era guerrera y que en esos menesteres sería más una carga para él que un apoyo. Pero contaba conmigo, al completo, para todo lo que hiciera falta.

Ya podía notar que al vikingo no le estaba haciendo mucha gracia que yo le acompañara, para él todo lo que pudiera y fuera evitar que me metiera en peligros era como una prioridad inmensa para él, quizás porque yo no sabía defenderme peleando, pero estaba loco si creía que dejaría que partiera él solo para salvarse. Debería de quedarle claro que si me lancé a ese sueño aun a riesgo de perderme yo también, era porque no soportaba la idea de perderlo y mucho menos seguir mi vida con él porque lo necesitaba, era mi apoyo, mi otra mitad de la cual no podía vivir y no quería hacerlo. Si tenía que bajar a Hel para ayudarlo en lo que hiciera falta ni me lo pensaría; yo misma saltaría y descendería de ser necesario. Esperaba una respuesta por parte de la Dísir, que asintió riéndose entre dientes cuando afirmó que sí lo era, cuando escuché las palabras del vikingo que me hizo girar mi rostro para mirarlo. Como ya había pensado y vaticinado él no quería que fuera porque era peligroso, no le gustaba meterme en ese tipo de situaciones y si podía hacer que yo las evitara lo intentaba no importara lo que le costara, afirmaba que no quería que fuese por el peligro que entrañaba y del cual yo también era consciente aunque no lo dijera, pero entrecerré los ojos ligeramente cuando dijo que si los dioses habían dictado y escrito ese final para él no había nada que se pudiera hacer. Negué con la cabeza por eso negándome a aceptarlo bajo ningún concepto, él decía que había aprendido que solo éramos peones en una partida sobre un tablero y que no éramos nosotros quienes movíamos nuestros hilos, que nuestro destino estaba marcado... y yo eso no me lo creía. No podía dejar de preguntar a la Dísir esperando por respuestas para que nos ayudara, cuando él tomando mi mano viendo mi estado hizo que girara mi rostro de nuevo hacia él para esa vez, a diferencia de cuando estuvimos en la aldea y tuvimos nuestras visiones, decirme lo que había visto realmente. Por una parte entendía que no me lo dijera, yo misma había ocultado una información parecida sobre la mujer que había aparecido por no preocuparle, pero esto resultaba ser cierto y eso no me gustaba en nada. Yo había tenido otra visión, de él alzando en volandas a nuestro hijo, o hija, abrazándolo y sosteniéndolo a su altura y sabía que era él porque reconocería esa figura en cualquier parte del mundo con esa trenza que llevaba. Ellos, en esas costumbres que tenían y que les inculcaban desde pequeños, como bravos guerreros vikingos aspiraban cuando muriesen en ir al Valhalla, algo que sí comprendía pero que en esa ocasión cuando me lo dijo no compartía en lo que negaba con la cabeza, con su mano tomando la mía apretándola entre sus dedos sin apartar sus mares de mis desiertos. Mordí mi labio centrándonos el uno en el otro, olvidándonos por un momento de la Dísir, quien se mantenía al margen consciente quizás de que debía de meterse entre ambos.



-Ya sé que es peligroso Ubbe, ¿pero de verdad piensas que voy a dejar que vayas tú solo? Por Ra, me conoces de sobra como para saber que no vas a impedírmelo... dices que no puedes perderme, ¿acaso yo sí puedo? –Negué con la cabeza tras mi pregunta- yo tampoco puedo perderte Ubbe, si una vez me lancé de lleno a esa pesadilla en la que te habían sumido bajo una maldición aun a riesgo de perderme, no dudes en que iré contigo para salvarte incluso si tenemos que ir hasta el mismo Hel para ello –mi mano apretó la suya- yo no creo que sea así, puede que ellos sean quienes barajen las cartas del destino, pero nosotros somos los que decidimos jugar la partida, solo nosotros... por lo que hay opción; siempre la hay –o eso es lo que yo pensaba- si algo he aprendido viniendo aquí al norte es que nuestros dioses y nuestras culturas se parecen muchísimo, creo en ellos igual que creo en los tuyos porque si soy sincera, tengo la sensación de que son casi los mismos dioses pero con nombres y apariencias diferentes... si no hubiera una mínima esperanza, si no hubiera una opción de salvarte, ¿crees que una Dísir hubiera bajado para advertirte? Si realmente estuvieras condenado no bajaría puesto que no habría remedio, ¿no crees? Pero aquí está, ha bajado y te ha advertido... por lo que sí que hay esperanza Ubbe, y yo voy a aferrarme a ella tanto como pueda -Lo miré de manera fija cuando comenzó a decirme lo que había visto en su visión, alcé mi mano para recorrer su rostro y elevé el mío para rozar con mis labios los suyos- sé por qué no me lo dijiste, supe desde el momento en que esquivaste mi pregunta con ese comentario tan vago y una explicación sencilla de lo que habías visto que algo había pasado, pero dejé que fueras tú mismo el que decidieras contármelo y esperé por ello. Y tras escucharlo ya entiendo la promesa que me hiciste jurarte, que juntos íbamos a poder con todo... fue por eso, ¿verdad? Por ese motivo estabas tan raro ese día, lo noté pero no quise insistirte demasiado dándote tu espacio para que me lo contaras –mi otra mano fue a su nuca enredando mis dedos en su pelo- te lo dije esa vez y te lo vuelvo a repetir ahora; siempre vas a poder contar conmigo, siempre –recalqué mirándole rozando sus labios con los míos- pero no, sinceramente no entiendo tus palabras. Sé lo que eres, sé en lo que crees y en lo que has sido educado desde pequeño en el que te decían que si morías ibas a ir al Valhalla... pero ahora en el único Valhalla al que deberías querer ir, en vida o en muerte, debería de ser yo. Yo soy tú Valhalla Ubbe, ¿acaso no fue eso lo que me dijiste? “Mi Valhalla, dueña de mi vida y de mi destino” pues bien, lo reclamo todo y no dejaré que esa visión se cumpla –mis palabras sonaban contundentes, con fuerza, con determinación porque así realmente lo creía- además, te vi sosteniendo a nuestro hijo de unos tres años, así que no te quieras ir tan rápido porque esta Valquiria quiere que te quedes el resto de tu vida con ella –sonreí para quitar un poco de hierro al asunto, besando sus labios para dar una rotundidad a mis palabras y que le quedara claro. Ahora el problema estaba en cómo encontrar dicho árbol, y esa fue mi pregunta a la par que por qué corría peligro porque no había dicho nada, Ubbe habló sobre un hechicero que podía ayudarnos aunque quizás no pudiera hacerlo y pensé en qué podría hacer.
-A Loqui no le gustará que se utilice algo suyo para bienes ajenos, aunque lo utilice alguien que trabaja para él... sin embargo yo, como Dísir, puedo ayudaros a cruzar el Bifröst ya que será la única forma en la que podáis encontrar el árbol. Descendí a Midgar ocupando el cuerpo de una mortal porque quería ayudarte y avisarte Ubbe, por algo soy un espíritu guardián –sus ojos lo recorrieron por completo- ya lo estás empezando a notar, ¿verdad? Esa sensación punzante en tu pecho, la sensación molesta e incómoda de que algo te ocurre pero no puedes averiguar qué es lo que te pasa... la magia incluso no funciona para averiguarlo, ¿no es así? -¿Magia, de qué estaba hablando?- Pero yo sí puedo verlo, acaba de empezar y celebro que haya podido encontrarte antes de que vaya a más la cosa –nos miró a ambos mientras yo esperaba respuestas por su parte, pero al parecer ella de una manera enigmática no pensaba responderme del todo- dicen que el amor es el mayor poder que existe sobre todos los mundos... deberías de hacer caso y confiar Ubbe, puede que ella no sea una guerrera y temas por su vida pero su carácter y su arrojo la hacen de gran valía como sabes. Sois un tándem formando un equilibrio perfecto, y el uno no tiene sentido sin el otro. Solo juntos podéis superar este desafío que os pondrá a prueba, solo si recorréis el camino de la mano vais a superar todo. Hay salvación Ubbe, por eso he bajado –nos miró y nos sonrió como si intentara tranquilizaros- debo de prepararme para ayudaros a cruzar el Bifröst, os esperaré dentro de dos noches para ayudaros a cruzar. Hasta ese momento disfrutad juntos y preparaos, alcanzar el destino recorriendo su senda es peligroso… pero yo confío en vosotros y tengo esperanzas puestas en ambos. Nos vemos en el puerto en dos noches –y sin decir nada más, con un movimiento de muñeca, desapareció frente a nosotros sin poder preguntarle nada más.
-¡Espera! –Dije pero ya era tarde porque había desaparecido dejando tras de sí una neblina ligera como único recordatorio de que había estado allí. No había dicho mucho pero si que él lo había notado, mis ojos fueron hacia el vikingo- Ubbe... –dije aunque elevé mis brazos y acabé rodeándolo, abrazándolo pegándome a él sintiendo su calor. Había muchas cosas que no entendía y toda la información seguía siendo procesada por segundos en lo que había pasado esa noche con ella. Acabé separándome para mirar sus mares que tanto me gustaban- te quiero –dije porque todavía estaba un poco en shock por lo sucedido, pero quería que supiera que estaba ahí, y que ahí mismo iba a seguir estando si me necesitaba- vamos a poder con esto Ubbe, no tengo ninguna duda... solo es otra prueba más que debemos de superar, y juntos podemos con todo. Nadie va a arrebatarte de mi lado, porque tú eres mío y así lo has jurado ante tus dioses, por lo que siempre voy a reclamarte –mis labios buscaron los suyos para besarlo. Era mío, y ni el destino ni nadie iba a cambiar eso.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Jue Jul 26, 2018 5:54 am

Nai no era una guerrera, al menos no una escudera, sin embargo no conocía mujer mas fuerte que ella. Se había caído muchas veces, tocado fondo en su vida desde niña, se había creado a si misma a base de palos y fuego y allí estaba sujetando mi rostro con sus manos, acariciando mis mejillas sin reprocharme mi silencio, asumiendo mis tiempos.
Yo no era un hombre fácil de llevar, si ella era fuego yo era acero y hielo.
-No te lo conté porque no quería preocuparte, el viaje era para ambos, casarnos, disfrutarlos.
Acabábamos de perder un hijo, salvarme de ese sueño le trajo consecuencias irreversibles y un dolor inmenso y ahora de nuevo la metía en líos. Madre decía que los Cannif eramos una fuente de problemas, asumía que así era, pero la egipcia no lo merecía.
-Se que estas dispuesta a luchar, se que recorrerías Hel por sacarme de el y que enfrentarías a Hela para que me devolviera a tus brazos, pero necesito pensarlo Nai.

Posé mi diestra en su vientre, no lo entendía, si los designios de los dioses se habían cumplido, si la visión de ella era cierta, tanto moco la mía, en su vientre ya se gestaba mi hijo, mi linaje.
-No podría perder otro Nai, puedo perder mi alma, pero no a mi hijo -mis ojos brillaron frente a los suyos.
No era por alcanzar el Valhalla, era porque no podría soportar una vida sin ella.
Nai no era de las que se rendía, usando mis palabras reclamó todas y cada una de ellas, no iba a dejarme ir, me forzaba a cumplir mi promesa, ella era mi valhalla, mi principio y mi fin.
Deslicé msi dedos por aquella brújula que un día le tatue, en esa ocasión no me permitió poner mi nombre en su piel.
-Puedo marcarte -pregunté como si estuviéramos hablando de otra cosa.

Mi esposa negó con la cabeza tirando de mi trenza para que nuestras bocas chocaran como lo hacían nuestras miradas intensas.
-Dos días, eso nos da la disir, dejame dos días para amarte y hablaremos de esto la ultima noche. No soy un cobarde, esos agonizan muchas veces, les tiemblan las piernas ante la idea de la muerte, los valientes simplemente alzan la espada y no se enteran de que llega.
Nai me conocía lo suficiente como para saber que era terco en mis decisiones, no cambiaría de opinión, dos días le pedía para disfrutar de nuestro recién adquirido matrimonio, después tomaría la decisión de dejarla con mi linaje dentro e irme con honor o luchar a su lado hasta las ultimas consecuencias.
-No temo a la muerte Nai, soy un guerrero. Temo al tiempo, y ahora se nos escapa de los dedos, dejame disfrutar un día mas y mañana pensaremos como afrontar un día menos.

La decisión estaba tomada, la disir desapareció y solo quedamos los dos, ella temblaba, sentía miedo.
-No temas, no me iré hoy -dije con una ladeada sonrisa mientras me acercaba de nuevo a sus labios decidido a disfrutarlos.




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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Jul 29, 2018 1:31 pm

Si algo tenía claro en esos momentos es que bajo ningún concepto iba a dejar que el vikingo fuera solo a enfrentarse a su destino, no cuando el mío estaba unido al suyo y todo lo que le pasara a él significaba que también me pasaba a mí. Estaba decidida a ir con él por ese viaje que la Dísir nos había advertido para salvarlo sin importarme lo que mi marido tuviera que decir al respecto, porque si se pensaba que yo iba a dejar que fuera solo mientras yo quedaba esperando por su llegada estaba demasiado equivocado al respecto, mi decisión la había tomado en el momento en que supe todo y nada ni nadie me haría cambiar de idea. Seguía con la firma idea y pensamiento de que si la Dísir había descendido para avisarlo era porque teníamos esperanza, de que algo se podía hacer para salvarlo y yo mientras supiera que dicha esperanza existía no pensaba abandonar ni tirar la toalla, no me caracterizaba por tirar la toalla tan pronto y eso era algo que Ubbe sabía y conocía de mí, siempre había sido una mujer luchadora aunque distaba mucho de serlo de las mujeres norteñas; yo no sabía luchar cuerpo a cuerpo, yo jamás había alzado un arma y el mero hecho de pensarlo no me gustaba... sin embargo eso no quitaba para que no tuviera valor, coraje, arrojo y determinación, tampoco conocía el miedo porque este se había quedado en el camino y ya no me dejaba llevar por el, algo que había decidido hacía demasiado tiempo. Lucharía junto a Ubbe porque eso era lo que hacían las parejas, porque si podía ayudarlo en lo más mínimo no dudaría en hacerlo sin importarme lo que pasara, lo necesitaba a mi lado y necesitaba además tenerlo en vida ya que me había dado cuenta que sin él a mí lado nada tenía sentido. Pero sabía cómo era el vikingo y su pensamiento acerca de protegerme ante todo mal y todo daño, conocía y sabía lo que estaría pasando por su cabeza en esos momentos y la idea firme de no dejar que yo lo acompañara por miedo a que me sucediera algo, pero yo era incapaz de soportar la idea de saber que habría podido hacer algo para ayudarlo y sin embargo me había quedado de brazos esperando... no, lo acompañaría le gustara o no y además las palabras de la Dísir iban en la misma postura que las mías, ella decía que juntos superaríamos ese desafío que se nos presentaba en estos momentos, por muy mal que fueran las cosas yo jamás abandonaría al vikingo a su suerte. También entendía los motivos por los cuales no me había contado acerca de su visión, sabía que su intención había sido que disfrutáramos del viaje hasta Upsala donde nos casaríamos finalmente y bastante mal habían estado las cosas con la pérdida de nuestro hijo que no quería que volviera a recaer, y en parte le agradecía que no me dijera eso en ese momento, pero ahora que sabía que era cierto lo quería saber todo al respecto. Comprendía sus motivos, entendía sus silencios y lo que callaba a la vez que le había dejado su espacio y su tiempo para que pudiera contármelo cuando estuviera preparado y él fuera capaz de decírmelo. Sabía que no era un hombre fácil, que me había advertido infinidad de veces que la calma no era algo que iba con él, que siempre se metía en líos y problemas y que parecía tener una particular danza con la muerte que no me gustaba en absoluto... pese a todo eso lo había aceptado y asumido porque así era él, y como ya le dije una vez; lo amaba con lo bueno y con lo malo. Pero él era mío, se había entregado a mí y me había hecho la dueña no solo de su vida; sino también de su destino convirtiéndome en su Valhalla y lo había jurado por los Dioses, así que reclamaría a ese hombre como mío siempre y lo dejaría bien claro; me pertenecía del mismo modo que yo le pertenecía a él y no dejaría nunca que lidiara con lo malo porque por eso estábamos juntos; porque juntos éramos más fuertes.

Mis manos acunaban su rostro mientras miraba esos mares que tanto me encantaban y que decían tantísimas cosas con solo una simple mirada, veía la preocupación que lo embargaba, las dudas y el temor seguramente a perderme si lo acompañaba en ese viaje, dejé que expresara aquello que lo perturbaba porque solo así sería capaz de calmarlo como el bálsamo que era para él, su cura para todo. Él me conocía demasiado y sabía que estaba dispuesta a bajar hasta el mismísimo Hel por recuperarlo, enfrentarme a Hela de ser necesario para arrancarlo de sus brazos y que volviera conmigo... y eso era lo que más angustiado lo tenía, que sabía que era capaz de hacerlo y que desentrañaba mucho peligro. Lo miré de manera fija enarcando una de mis cejas cuando me dijo que tenía que pensarlo, ¿qué era lo que tenía que pensar? Si era la opción de acompañarlo o no todo estaba dicho por mi parte, nada había que pensar porque yo ya había tomado mi decisión y era demasiado terca, testaruda y cabezota como para que él me la cambiara.. si había hecho que ese hombre claudicara y pusiera la mesa así como hiciera la cena cuando él siempre se había negado, era más que claro que no me haría a mí cambiar de opinión. Su mano se elevó hasta dejarla sobre mi vientre mientras no apartaba sus mares de mis desiertos, entendía su preocupación y su miedo, lo entendí cuando me dijo que no podría soportar perder otro hijo y yo tampoco... me había costado mucho reponerme, más de lo imaginado en un principio, y si había salido fue gracias a él que estuvo ahí para levantarme cuando yo más hundida estaba. Decía que podía perder su alma pero no a nuestro hijo, y yo no contemplaba ninguna de las dos opciones a lo que negué con la cabeza mientras mi pulgar acariciaba su mejilla sin dejar de acunar su rostro y negué con la cabeza reclamándolo de nuevo, él era mío porque él mismo lo había dicho; jamás dejaría que fuera solo o que se enfrentara a este destino sin mí para estar ahí y ayudarlo. Él era mi todo y mi nada, como al mismo tiempo, sabía que yo era su todo y su nada, su perdición. Yo no tenía nada que pensar al respecto y le había dejado bastante claro que iría con él y recorreríamos ese camino juntos, afrontando todas las adversidades que nos encontráramos por el camino sorteándolas porque éramos un tándem y el uno no tenía sentido sin el otro, la Dísir lo había dicho y yo creía y confiaba en ella porque de no haber solución no habría bajado para advertirle y avisarle.



-¿Y qué es lo que tienes que pensar, Ubbe? Porque si es la opción de que te acompañe o no lo haga déjame decirte que no hay nada que pensar al respecto; he tomado mi decisión vikingo y no voy a dejarte ir solo. No vas a perder nada igual que yo no voy a perderte a ti, la Dísir nos ha dicho que juntos podemos solucionar esto y solo juntos podemos afrontar el mal que te acecha... juntos Ubbe, juntos. No pienses que vas a ir tú solo o que vas a tratar de convencerme porque no es así, por Ra, sabes de lo cabezota y terca que soy, que cuando tengo tomada mi decisión no hay nadie que me haga cambiar de idea y no vas a empezar en este momento. Te quiero, te necesito a mi lado y te quiero conmigo para formar nuestra familia, para ver juntos como crecen nuestros hijos, disfrutar el uno del otro... yo confío en mi visión Ubbe, puede que los dioses nos hayan arrebatado a un hijo pero no son tan crueles como para dejar que vuelva a suceder lo mismo, estamos bendecidos por Freya y te aseguro que tendremos a nuestros hijos, y tú verás y estarás presente desde el primer momento... sino, ¿con quién iba a tenerlos? –Sonreí quitándole hierro al asunto- tus dioses permitieron nuestra unión y tú juraste ante ellos que eras mío, que era tu dueña... pues bien, no pienso dejar que nadie me quite lo que es mío por derecho –lo contemplé esperando que esas palabras acallaran sus dudas, nada había que pensar y si teníamos dos días era los que teníamos para disfrutar. Sus dedos recorrieron la brújula que él había marcado una noche en Egipto, una brújula que siempre me guiaba hasta él, lo que hacía que él siempre me encontrara y no se perdiera nunca. Con sus mares observando el tatuaje que él mismo me hizo me lanzó esa pregunta que me hizo mirarlo de manera fija y ladear ligeramente mi cabeza, no era la primera vez que me decía algo como eso y aunque su comentario no tenía nada que ver con lo que estábamos hablando entendía el motivo de sus palabras, el camino que tomaban y lo que significaban- ¿marcarme? –Mi mano fue hasta una de las suyas enredando mis dedos con los suyos, sus mares se alzaron para contemplar mis desiertos y sonreí acariciando mi nariz con la suya dejando un beso en sus labios- pero si ya me has marcado Ubbe –la mano que tenía enredada con sus dedos la alcé para llevarla hasta donde se notaban los latidos de mi corazón dejando su palma para que los sintiera él también- me has marcado aquí Ubbe, ¿acaso no notas como late? Lo hace únicamente por ti –deslicé mi mano entre mi pecho dejándola ahí sin apartar mi mirada de la suya- estás marcado a fuego en mi alma, te dije una vez que sería incapaz de olvidarme de ti y así ha sido –aunque yo bien sabía lo que él quería con esas palabras y esa pregunta. Con mis dedos en su trenza tiré de él para que sus labios chocaran con los míos, necesitados de sentirnos y de disfrutar el tiempo que teníamos hasta que fuéramos al encuentro de la Dísir. Ubbe me pedía dos días para dejar que me amara pero quería hablar la última noche sobre todo esto, yo iría con él y nada me haría cambiar de opinión, pero sí concordaba en disfrutar esos dos días que teníamos el uno del otro. Sabía que él no era un cobarde, que su miedo residía en que a mí me pasara algo por ir por él y lo entendía, pero había sido horrible y desesperante cuando partió en busca de la reliquia... no sería capaz de aguantar de nuevo otra vez algo así. Temía también al tiempo, el poco tiempo que teníamos para disfrutar y que él quería aprovechar... me pedía un día para disfrutar y en la última noche que habláramos las cosas y enfrentáramos el problema, ¿cómo decirle que no cuando veía que eso lo perturbaba? Como si el tiempo no fuera suficiente, como si no hubiéramos podido disfrutar esos días estando juntos. Lo miré tras sus palabras de que no temiera y no dije nada porque sus labios tomaron los míos con desesperación, en un beso necesitado y ansiado sabiendo que dos días era el tiempo máximo que teníamos para disfrutar, uno que nos encargaríamos de disfrutar los dos juntos.



Las horas fueron pasando y tal y como me había pedido dejé pasar todo un día entero, y parte del otro, en el que ninguno de los dos hablamos sobre el tema principal en cuestión y tampoco dijimos nada al respecto. Nos encargamos de disfrutar del otro y como bien había dicho él se encargó de amarme en todas las formas posibles, pasábamos todo el tiempo juntos y aprovechábamos cualquier mínima oportunidad que estábamos a solas para entregarnos, para fundir nuestros cuerpos y caer en ese abismo placentero que tanto nos encantaba. Nos reclamábamos en cada instante, nos marcábamos a fuego como si quisiéramos dejar claro que éramos uno solo y que no importara lo que pasara porque siempre seríamos un vínculo unido, el hilo rojo que nos mantenía unidos sin poder separarnos. La primera noche apenas habíamos dormido entregándonos, habíamos decidido no decir nada a nadie para no preocupar y no sabía muy bien lo que quería hacer el vikingo al respecto sobre contárselo a alguien para que nos guardara las espaldas por haber desaparecido, quizás Niels sí sabía lo que ocurría y se lo hubiera contado porque entre esos dos los secretos no existían. Quedaba la última noche antes de partir la siguiente noche en busca de la Dísir, el día lo pasaríamos juntos organizando las cosas, con las rutinas de siempre y a la noche partiríamos al puerto para enfrentar nuestro destino. Esa noche tras pasar un rato en la taberna con su familia, cenando, bebiendo y bailando acabamos en sus aposentos donde nos dejamos llevar de nuevo por lo que sentíamos sabiendo que era la última noche que nos quedaba. Nos marcamos con besos y caricias recorriendo toda la piel del otro sin dejar un centímetro que marcar, que repasar con nuestros dedos, lamiendo la piel como si no supiéramos y reconociéramos cada recoveco del otro, grabándolo de nuevo para no olvidarnos. Él, subido sobre mi cuerpo, se movía con mis piernas enredadas en su cintura, con mi pelo sobre las sábanas contrastando con estas sin dejar de mirarnos, con nuestros rostros cercas sintiendo el cálido aliento sobre mis labios, rozando nuestros labios, embebiéndonos de nuestros gemidos. Había perdido la cuenta de las veces que me había tomado en esos días, de los orgasmos que me había dado y esa noche tras calmar nuestra sed insaciable del otro en lo que me tomó de esa manera ruda que tanto me gustaba, ahora marcaba un ritmo lento que sabía le costaba. Tomó mis manos que recorrían su cuerpo y las entrelazó poniéndolas a cada lado de mi rostro, nos mirábamos, nos besábamos hasta que alcanzamos el orgasmo y gemí su nombre arqueando mi cuerpo hacia él. Su cuerpo cayó sobre el mío después de hacerme el amor en lo que todavía lo sentía dentro, quedándose así unos cuantos minutos hasta que al final se separó y rodando me dejó recostada sobre él mientras recuperábamos el aliento. Sabía que estos días algo le había pasado que no quiso contarme, mi preocupación aumentaba y mi determinación se hacía más fuerte.


-Te quiero –dije sobre sus labios besándolo de manera lenta y sentida, profunda ahora que nos habíamos saciado del otro- sé que algo te ha pasado en estos días y que no has querido contarme, ¿qué ocurre? –Mis desiertos lo buscaron anclándome a sus mares- por favor Ubbe, necesito saber lo que pasa... no puedo soportar estar así contigo –mi mano tomó su rostro- dijiste que te dejara tiempo para disfrutar y que hablaríamos, pero no hay nada que hablar; voy a ir contigo. Lo pasé fatal cuando te fuiste a luchar para conseguir esa reliquia, no voy a poder soportarlo de nuevo... déjame ayudarte, la Dísir dijo que juntos podíamos superarlo y no vas a dejarme aquí, no pienso permitirlo –aseguré observándolo rozando mis labios con los suyos- voy a ir contigo a ayudarte porque así lo quiero hacer y porque lo necesito, estamos juntos en lo bueno y en lo malo, así que por favor no me lo impidas porque iré cueste lo que cueste. Sé que no estás bien, así que déjame ayudarte –mordí mi labio mirándolo- dijiste que querías marcarme, ¿eso es lo que quieres? Entonces márcame, te dejo que lo hagas como me pediste una vez en Egipto; yo también quiero marcarte a ti.... y aunque lo hagas eso no cambia mis pensamientos, voy a ir contigo incluso si lo haces. No me dejes fuera de esto Ubbe, no soportaría a idea de saber que pude estar contigo ayudándote y que me quedé como una cobarde, no lo soy, no huyo de nada, puede que no sepa luchar como algunas mujeres de aquí pero soy tan fuerte como ellas.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Vie Ago 03, 2018 10:30 am

La egipcia cumplió su promesa, dejar el tema aparcado durante esos dos días de tregua aun así, fui sintiendo como mis entrañas se iban retorciendo, mi lama me abandonaba, se escapaba efímera entre mis dedos aunque traté de simular que nada pasaba, aprovechar esos que podían ser los últimos momentos con ella.
Ya había arriesgado su vida para sacarme de aquel futuro ficticio en el que me sumió el brujo de Randulf, no quería que volviera a tener que arriesgarse por mi, no era una vikinga y seguramente estaría a estas alturas embarazada aunque era demasiado pronto para saberlo pues apenas había pasado una semana desde nuestros votos ante Freya.

Fue una tarde cuando sentí aquel punto de inflexión, el dolor me partió en dos y tuve que ocultarme en la biblioteca de la fortaleza para que nadie viera lo evidente, moría.
Apreté los dientes, apoyé mi diestra sobre una de las mesas mientras con al zurda aflojaba las correas de la armadura incapaz de tomar una brizna de aire.
Mis músculos tensos hervían y las venas quedaban marcadas sobre la tez justo antes de que todo se desvaneciera y yo me viniera abajo contra el suelo.

Fue la primera vez que durante no se cuanto tiempo permanecí inconsciente, aunque por suerte ella no había presenciado ese hecho y para cuando nos reencontramos yo volvía a estar “bien”
Nos amamos sobre el lecho, ya había caído la noche, la ultima que pasaría a mi lado y la tomé sobre nuestra cama, recordando su cuerpo, su sabor y la intensidad de sus besos.

Fue entonces cuando me venció el orgasmo contra su cuerpo y aun dentro de ella cuando sus dedos recorrieron mi columna me permitía marcarla algo que me llevó a ladear la sonrisa.
En Egipto no me permitió poner mi nombre, debía tener un aspecto horrible cuando ahora apiadándose de un hombre moribundo dejaba que lo hiciera.
-Tendré que estar al borde de la muerte mas veces para salirme con la mía -bromeé quitando hierro al asunto.

Me había pedido fuera sincero, le contara la verdad, necesitaba saber y era consciente de que tenia derecho, ella no iba a claudicar ante la idea de perderme, peor yo no tenía claro en esta ocasión querer luchar a su lado.
-Primero dejame marcarte y luego hablaremos.
Tomé la aguja, la botella de ron, la vela con la que quemé el hierro y la tinta .
Deslicé mis dedos sobre el monte de venus y empecé a marcar cada letra de mi nombre sobre su piel viendo como escurría aun mi semen por sus muslos.
-He perdido el cocimiento en la biblioteca -lo solté sin anestesia. La egipcia se removió inquieta para salir al encuentro de mis labios, de mi mirada marina -shhhh, no te muevas, o se correrá la tinta.
La tumbé de nuevo perdiendo mis ojos otra vez en su centro.
-estoy perdiendo el lama y con ella mi vida, pero..no quiero arrastrarte a Hel conmigo, lucharé, te doy mi palabra de guerrero que lo haré, no tengo miedo pero no puedo llevarte conmigo, quiero que te quedes, que cuides de lo nuestro, que mantengas la esperanza y que esperes mi llegada en el patio de armas. Por favor.
Esa era mi decisión.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Vie Ago 03, 2018 3:33 pm

Los días pasaban demasiado rápido y aunque la Dísir nos había dado dos días y medio para disfrutar el uno del otro, ya que al tercer día por la noche tendríamos que acudir al puerto donde ella nos abriría ese portal que decía nos ayudaría a cruzar para emprender ese viaje, realmente para mí habían sido como si solamente hubieran sido horas en vez de días. Habíamos exprimido al máximo aquel tiempo que nos concedió donde no dejamos de estar juntos en ningún momento, disfrutábamos del norte y de todo lo que este nos ofrecía a nuestro alcance. Pasamos horas con su familia disfrutando de esos momentos, no había hablado nada con el vikingo porque le había prometido dos días diferentes en los que no se tocaría el tema, sin embargo sí me preguntaba si alguien sabría algo e intuía que quizás al único que le hubiera podido contar algo debía de ser a Niels, esos dos se llevaban demasiado bien y parecían más hermanos que primos, se contaban todo, lo hacían todo juntos cuando entrenaban o se picaban o retaban –como con el resto- pero entre ellos se notaba que había mucha mejor relación y para qué mentir, me encantaba meterme con Niels ya que nos reíamos mucho. Yo no quería decir nada pero seguía con la firme idea e intención de acompañar al vikingo porque nada me haría cambiar de opinión, absolutamente nada. Estaba convencida de que es lo que haría y ni el propio vikingo podría pararme y detenerme porque si la Dísir nos había dicho que era posible si recorríamos el camino juntos no había nada más que pensar. Sabía que el vikingo no dejaría que lo acompañara, siempre se había empeñado en alejarme de los problemas y protegerme, lo entendía porque yo no era como las mujeres del norte, yo no sabía esgrimir un arma o siquiera defenderme... pero sí era igual de valientes y de fuertes que ellas y no me tiraba nada para atrás, mucho menos lo haría ahora que él me necesitaba, si ya fui en ese sueño cuando yo podría haberme perdido en este sin recuperarlo, ¿no iba a ir ahora que me necesitaba y que teníamos que hacerlo juntos? Hasta el mismísimo fin del mundo si hiciera falta, enfrentarme a mil demonios, verme las caras con Hela... cualquier cosa porque él era mío, y al igual que él luchaba por lo que amaba y creía yo luchaba por lo que era mío, amaba y quería a mi lado el resto de mi vida. Yo que era tan terca y cabezota dudaba muchísimo que pudiera convencerme y sabía que lo haría cuando habláramos, pero debía de respetar mi decisión igual que yo respetaba su opinión y no claudicaría, no estaba en mí dejar de lado a aquellos que me importaban y cuidaba de ellos por miedo a algo, si lo que precisamente más temía era perderlo a él ¿cómo dejarle ir solo? No sabía cómo explicarle o hacerle ver que me daba más miedo quedarme de brazos cruzada sabiendo que pude ir, que el hecho de acompañarlo. Confiaba en lo que nos había dicho la Dísir porque de no haber esperanza no habría bajado, y yo me agarraba a ella porque confiaba plenamente. Él era mío y si alguien se atrevía a decir lo contrario que se enfrentara a la furia de una egipcia terca y cabezota, a ver quién de los dos terminaba por perder la partida.

La última noche que pasábamos juntos supe que algo le había pasado en esos días y que no me había comentado, lo conocía demasiado bien como para saber que algo le pasaba y que se había callado quizás por no preocuparme, pero yo necesitaba saberlo porque no me quedaba tranquila sin saber las cosas, por malas que fueran, por muy mal que pintaran lo necesitaba. Sabía que no lo hacía a mal y que no lo hacía por ocultarme las cosas, él quería evitarme cualquier mal posible y eso lo entendía porque iba en su forma de ser, pero por eso mismo motivo después de disfrutar esa última noche juntos y que me tomara hasta acabar reventados y saciados el uno del otro qué era lo que había pasado, porque lo necesitaba y solo así podría quedarme tranquila. Ubbe no era un hombre de expresarse demasiado en sus sentimientos, de contar lo que le pasaba... pero una mirada me bastaba para saberlo, leerlo en sus preciosos mares que me tenían atrapada para darme cuenta de ello. Quería y necesitaba saberlo, por eso cuando una vez terminamos y nos calmamos recuperando el aliento tras marcarnos a fuego cada uno en esa última noche, grabar en nuestra memoria cada trazo de piel, cada beso, cada mordisco o lamida, cada gemido y gruñido pronunciando el nombre ajeno hasta que alcanzamos el orgasmo. Nuestros cuerpos perlados en sudor pero con él todavía notándolo dentro, había perdido la cuenta de las veces que me había tomado en todo aquel tiempo, de los orgasmos que me había dado... aunque hacía apenas una semana que nos habíamos casado y que habíamos hecho aquel sacrificio a Freya llevábamos un tiempo casi que de continuo, por no decir diariamente, porque ese hombre era insaciable... y reconocía que yo le había pillado muchas ganas y no conseguía saciarlas, como si el solo hecho de estar cerca de él o mirarlo ya se activara algo en mi interior. Y entendía, aunque no me lo dijera, que eso también le frenaba... me había dicho que no podría perder otro hijo pero yo no podía perderlo a él así que nada había que hablar al respecto, iría. Mis dedos recorrían su cuerpo pensando dónde iba a marcarlo, dónde iba a poner mi nombre ya que él iba a poner el suyo tras habérmelo pedido muchas veces en Egipto, desde que me hizo la brújula no me lo había vuelto recordar hasta ese momento, encontré las similitudes de ambas circunstancias aunque en momentos diferentes. Cuando me hizo la brújula partíamos a por la reliquia, eso lo llevaría  a volver a su tiempo y tener que tomar la decisión de volver con su familia o quedarse conmigo. Algo parecido le pasaba en ese momento cuando tenía que decidir –según él- si dejar que fuera con él o partir solo para salvarse. Era su forma de que lo “recordara”, pero como ya le había dicho había quedado grabado a fuego en mi corazón y en mi alma, jamás podría olvidarme de ese hombre. Mis dedos recorrían su piel cuando accedí a que lo hiciera, la situación entre ambos era muy diferente que en Egipto y sabía que era algo que había querido desde hacía tiempo, por lo que no me importaba ceder y que me marcara como él quería. Lo miré fulminándolo por esa frase que hizo, en la que intentó quitar hierro al asunto, pero que no me hizo ni gracia.



-No es eso Ubbe, y Por Ra, ¡no eres ningún moribundo! Sigues aquí y estás muy vivo, tanto que noto tu corazón latir bajo la palma de mi mano
–la tenía justo sobre su corazón mientras lo miraba- cuando me lo pediste en Egipto ni siquiera estábamos juntos, yo ni sabía lo que sentía por ti... es decir, me gustabas muchísimo pero renegaba de mis sentimientos y en esos momentos marcarme no era algo que tuviera claro. Ahora sin embargo no me importa que lo hagas, porque ya soy tuya tanto como tú eres mío y estamos casados, por dos veces, lo que te convierte en doblemente mío –sonreí buscando sus labios para besarlo, provocarlo para que me respondiera al beso de esa manera que tanto me encantaba. Mordí su inferior antes de permitirle que se alejara de mi cuerpo, saliendo de mí, para verlo alzarse en lo que yo quedaba de lado ligeramente dándole un azote en su trasero cuando se levantó mientras sonreía, repasándolo con la mirada sin poder ni querer evitarlo- eres un pecado tentador, Ubbe, te miro y no dejo de tenerte ganas –comenté repasando su cuerpo, lo alto que era, su cuerpo fibroso, los músculos que se notaban por toda una vida de entrenamiento, las cicatrices que contaban mil batallas y eran una cronología de su propia vida. Para cuando volvió con todo me encontró comiéndomelo con los ojos, como si no tuviera suficiente, y pensaba que nunca tendría suficiente de ese hombre. Reí entre dientes y dejé otro azote en su nalga solo para ser devuelto pidiéndome que me sentara bien y le dejara hacer a lo que me tumbé en la cama, tras los preparativos sus dedos acariciaron la piel justo encima de mi sexo como si lo reclamara, tomándolo como suyo- sabes que no hace falta que pongas tu nombre ahí para reclamarlo ¿verdad? Siempre va a ser tuyo –comenté dejando que empezara, siseé al sentir el primer pinchazo de la aguja en lo que le dejaba hacer, fruncí el ceño cuando me dijo que había perdido el conocimiento en la biblioteca soltándomelo así de manera que me removí por ello, por la sorpresa, con la inercia de querer ir hacia él para que me contara más y buscarlo. Sus ojos subieron a los míos conscientes de lo que acababa de decirme, de que intuía que no era solamente un simple desmayo y que algo tenía que ver con lo que había dicho la Dísir el otro día, sus manos frenaron el que me levantara pidiéndome que quedara tumbada para que siguiera con el tatuaje- ¿cómo puedes soltarme algo así, de la nada, y no esperar que reaccione? Por Ra Ubbe, esas cosas no se dicen mientras tienes una aguja marcando mi piel –gruñí por el momento que había escogido para hacerlo, aunque no era tonto, porque así se aseguraba que me quedaba quieta mientras él me tatuaba- termina rápido –le pedí para que siguiera hablando y me contara porque quería saber más detalles, todos ellos sin falta de ninguno- explícate por favor, ¿qué ha pasado? Quiero saberlo Ubbe, no puedes negarme eso –sus siguientes palabras no fueron mejores que las anteriores, ¿perdiendo el alma? ¿Cómo era eso posible, por qué no me había dicho nada? No solo su alma sino también su vida, se iba, se me iba y no me había dicho nada para no preocuparme y poder disfrutar de esos dos días juntos, yo sabiendo que algo pasaba y que lo había dejado estar porque entendía que él lo hacía todo a su tiempo y a su forma pero... ¿eso?- Ubbe... –murmuré sintiendo que mis ojos me picaban, notándolos cristalinos viendo de forma un poco borrosa al vikingo. Me pedía que me quedara porque no podía ni quería arrastrarme a ese viaje para ayudarlo, a algo que seguramente fuera peligroso, me pedía que me quedara para y que cuidara de lo “nuestro”, a lo que claramente entendí por el futuro y posible embarazo si lo que decían de las leyendas de Upsala y del sacrificio a Freya eran ciertas. Me pedía que esperara en el patio de armas, como la mujer de un soldado que partía a la guerra y no sabía si lo volvería a ver o no de nuevo... no podía, simplemente no concebía dejarlo ir solo y aunque era su petición, su deseo... por esa vez iba a negarme, rotundamente. Me sentí mal, me sentí demasiado mal sabiendo que algo le había pasado y que no había estado ahí para ayudarlo y apoyarlo, que lo había pasado él solo... ¿no se suponía que estábamos juntos en todo? Llevé mi mano tapando mis labios dejándole hacer mientras terminaba de marcarme en lo que las primeras lágrimas caían de mis ojos, en ese momento más que nunca me di cuenta de que lo perdía, se me iba, se me escapaba y él me pedía que no lo acompañara, mordí mi labio con fuerza aguantando las ganas de llorar que tenía en esos momentos, sintiéndome muy mal por él y por lo que estaba pasando, casi que no podía ni hablar y hasta que no limpió lo que me hizo que apenas fue siquiera algo doloroso para conforme me encontraba, que pude ser capaz de decir algo- no. No. No. No. no, no.... no Ubbe, no –claro, rotundo y conciso. Ya con el tatuaje terminado brotó el primer sollozo de mi pecho mientras negaba con la cabeza con cada “no” que decía, me moví acunando su rostro con mis manos acortando las distancias, rozando sus labios- no puedo Ubbe, no puedo dejar que vayas tú solo... no después de saber que... –mordí mi labio con fuerza en lo que un par de lágrimas surcaban mi rostro- ¿por qué no me dijiste nada? ¿Por qué te lo callaste? Tendría que haber estado ahí ayudándote, apoyándote... odio cuando me dejas de lado, vikingo –besé sus labios sin separarme de él- no puedo, no me pidas que te vea partir quedándome en el patio de armas como la última vez porque no voy a ser capaz, la otra vez de no ser porque fui a buscarte habrías muerto, ¿cómo pretendes que te deje partir sabiendo que juntos vamos a poder con todo? No, no quiero y aunque quisiera no podría... voy a ir contigo, no soportaría la idea de saber que pude ayudar y me quedé como una cobarde a esperar, puede que no sea una escudera como las mujeres de aquí pero ni valor ni arrojo me faltan, y que si se trata de luchar por ti hasta el final lo haría. No, no me voy a quedar y no puedes obligarme porque no lo voy a permitir, te quiero, te necesito en mi vida a mi lado, sabes como soy ¿cómo voy a quedarme otra vez aquí? Lo pasé fatal sin saber de ti, qué te pasaría, cómo estarías.... no, voy contigo y siento tener que negarte tu petición pero es que no voy a soportarlo, no otra vez. Nunca perdí la esperanza Ubbe, y no la voy a perder nunca. Mi decisión la tomé en el momento en que supe lo que estaba pasando, tras esto mi decisión es más firme y contundente: voy contigo. No me rebatas, no discutas porque mañana partiremos juntos, ¿no recuerdas que la Dísir nos dijo “juntos”? Eso me incluye vikingo, no te vas a librar de mí tan fácilmente e incluso contigo puedo cuidar lo nuestro –volví a besarlo de manera sentida, necesitada, profunda porque se me iba, no sabía por qué ni cómo había pasado pero lo estaba perdiendo y eso me dolía profundamente en el alma. Tras terminar me levanté para ver lo que había hecho, su nombre marcado y grabado en mi piel tal y como lo había pedido en Egipto, que ahora tras unir nuestras vidas para siempre había accedido a ello, me giré para mirarlo con una sonrisa- ¿marcabas territorio, Ubbe? No te preocupes, tú eres el único dueño de ese lugar –sonreí para acercarme a él, sentarme sobre su cuerpo y besar sus labios- quiero marcarte yo ahora, quiero poner mi nombre aquí –mi mano fue a su pecho justo sobre donde latía su corazón- para que aunque no estemos juntos por trabajo o cualquier otra cosa, siempre me lleves contigo –la decisión estaba tomada, él ya la sabía y solo quedaba marcarlo a él para terminar de disfrutar de esa noche y parte del día siguiente antes de partir al encuentro de la Dísir.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Vie Ago 10, 2018 9:21 am

Las lagrimas rodaron por sus mejillas, bien sabía que nada tenía que ver con el dolor punzante de la aguja marcando su piel, si no mas bien una herida mas honda y profunda, la que implicaba mi perdida, haber pasado por esto solo en la biblioteca sin sus caricias, besos o palabras.
-Por eso no te lo he dicho, quería disfrutar estos días, quería disfrutar este momento, no puedo verte llorar Nai.
Ella no lo comprendía yo era un vikingo, estaba acostumbrado al dolor, a la muerte, a la guerra y a enfrentarme a todo con valor, sin vacilar ni por un momento pues el Valhalla me esperaba.
No estaba asustado, solo la deseaba a ella, allí, feliz, entendiendo que esta era una prueba mas de mi destino, iría a por mi alma y regresaría a su lado dispuesto a amarla un nuevo día y así hasta el ultimo.
-Siempre enfrentare peligros, la mayoría podrán costarme la vida y también la de los míos, no lo entiendes Nai, conmigo siempre enfrentaras la muerte y como madre has de acostumbrarte a que así somos los vikingos.

Nai no era de las que cedía aseguró me acompañaría y mis negaciones de poco sirvieron cuando su lengua se colo entre mis belfos y entre lamidas y mordidas volvimos a enredarnos en un beso húmedo plagado de jadeos, de te quieros y de silencios.
-Se que quieres venir, se que crees que es lo correcto y se que la disir dijo que juntos podríamos vencer, pero... no puedo perder a nuestro hijo, es como si me pidieras ir a la guerra con nuestro futuro en tus entrañas, no voy a permitirlo, esta vez no.

Nai se alzó para mirarse en el espejo, la imagen que le devolvío fue un perfecto cuerpo curvilíneo, yo desde atrás acorté la distancia pegando mi pecho a su espalda y con mis dedos tracé mi nombre sobre su monte de venus.
-Eres miá, mi mujer, te quiero Nai -susurré en su oído mordiendo la ternilla de este -me excitas mucho esposa mía. Quiero una vida juntos, pero para eso no podemos perderlo -aseguré ascendiendo mi mano hasta su vientre.

Ella negó de nuevo.
-Ubbe no estoy embarazada -aseguró.
-No lo sabemos Nai, confió en mis dioses, en el rito, confió en nosotros.
Mi esposa se giro posando su mano en mi pecho, ladeé la sonrisa al escuchar donde iría su nombre.
-Es tuyo desde hace mucho tiempo -mordí sus labios con suavidad y de un tirón elevé sus nalgas hasta que sus piernas a mi cintura se enredaron.
Reculé hasta el lecho y me dejé caer con ella sentada sobre mi.
-Marcame, vendrás conmigo, siempre estarás ahí -aseguré.

Nai empezó a hundir la aguja en mi piel , mis ojos se centraron en sus pardos conociéndola estaba seguro de que estaba planeando la manera de convencerme para acompañarme en este viaje por los 9 mundos.
-tu cabecita hecha humo egipcia -bromeé con una sonrisa ladeada.
Mi gesto cambio al sentir de nuevo aquel dolor, apreté los dientes y gruñí, de nuevo el alma se revolvía en mis entrañas no dispuesta a abandonarme todavía.
Aullé de dolor, mi diestra se cogió a la bandeja donde estaba el velón, la tinta y las agujas y me cai de nuevo arrastrando conmigo todo ello.
Sobre el suelo caí inconsciente escuchando la voz de mi mujer histérica llamándome.




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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Ago 12, 2018 10:54 am

Sabía que algo había pasado ese par de días que el vikingo no me había contado para nada, que se lo había mantenido en secreto y que se lo había callado seguramente para no preocuparme en exceso y que no me pasara nada... pero eran precisamente ese tipo de cosas las que más me afectaban a mí y las que más me dolían, porque no podía soportar que me dejara al margen y eso me dolía porque por algo éramos una pareja, por algo estábamos juntos y sabíamos a ciencia cierta que la única forma de afrontar las cosas y pasarlas era estando juntos, demostrado había quedado en todas las ocasiones en las que juntos habíamos superado cada obstáculo, cada bache y que cada piedra en el camino que se nos había cruzado por más complicada que fuera la situación, solo juntos éramos capaces de pasarlo todo y así era como debería de seguir siendo. Por eso había tomado la decisión de acompañarlo e ir con él a salvarlo, a volver a recuperar su alma para que no lo perdiera porque no era una opción que contemplara bajo ningún concepto. Él era mío, y egoístamente hablando y pensando; se había entregado a mí, todo lo que él tenía era mío por derecho y con el mismo iba a reclamar todo y cada uno del vikingo; sus palabras, su vida, su alma... absolutamente todo porque yo era su principio y su final, su todo y su nada, su Valhalla donde siempre hallaría descanso, todo lo quería de él incluida esa alma que no sabía por qué la estaba perdiendo, sin saber qué había pasado porque no era algo normal que la estuviera perdiendo, ¿qué estaría pasando, realmente? No lo sabía y algo me decía que ni el propio vikingo tenía una respuesta para esa pregunta porque él tampoco lo sabía, pero la Dísir nos había ayudado al decírnoslo y yo no iba a perder la oportunidad de acompañarlo. La última vez me había pedido que me quedara y podía entender el motivo de ello; la última vez fue a una misión suicida donde se entregaría como rehén para que Randulf picara con ese engaño y así pudieran conseguir la reliquia que perdimos en Egipto, entendía que el que yo fuera podría afectar al vikingo porque si algo me pasara jamás se lo perdonaría, me quedé porque sabía que en esa guerra no tenía ni lugar ni cabida y que poco podría hacer yo para ayudarlo... pero si pensaba por un solo segundo que me iba a quedar como una cobarde estaba muy equivocado. Fui a por él a esa realidad en la que lo sumieron donde no me conocía de nada y donde luché con todo lo que tuve para recuperarlo aún a riesgo de perderme yo también en esa realidad, si podía luchar en esa guerra acompañándolo no iba a quedarme para ver como partía sin saber nada más de él, lo hice una vez pero si podía acompañarlo no teníamos nada más que hablar: iba a ir y nada que hiciera el vikingo iba a hacerme cambiar de opinión. Lo estaba perdiendo y esa idea me mataba por completo, me destrozaba y las lágrimas no caían por lo que él me hacía con la aguja en donde ponía su nombre en mi piel, sino por el dolor que me provocaba el saber que se me iba así de la nada, que había pasado por algo horrible él solo y no me había dicho nada, no había estado ahí para ayudarlo, consolarlo, apoyarlo y amarlo como hubiera hecho de estar en ese momento. No dejaría que se marchara y me dejara porque además había visto una visión en la que creía, en la que tenía puestas ilusiones y muchas esperanzas; a él sosteniendo a nuestro hijo.

Me mordí el labio cuando me dijo lo que yo ya pensaba; que su silencio había sido para no preocuparme y que disfrutara de aquel viaje tras nuestro matrimonio, pasar esos momentos juntos que para él podrían haber sido los últimos de no haber aparecido la Dísir. Decía que no podía verme llorar, algo que no era la primera vez que me decía pero ¿cómo contener las lágrimas cuando mi dolor era profundo? Lo estaba perdiendo, a él, al hombre de mi vida con el que apenas hacía un mes me había casado... era imposible no llorar cuando sabía que su vida se apagaba como lo hacía una vela tras haber sido consumida por la llama. Por fin terminó de marcar mi piel y me levanté para ver el resultado observándome en el espejo, su nombre grabado en ese lugar que me hizo mirarlo y ladear la sonrisa porque no hacía falta que lo marcara, era completamente suyo y de nadie más. Se levantó acercándose para quedar tras mi espalda en lo que yo era un poco más baja que él, nuestro contraste de pieles, mis ojos lo observaron por el espejo porque era imposible no tenerlo cerca y sentir las ganas que provocaba en mí. Sus dedos recorrieron las letras de su nombre y yo sonreí dejando recaer mi espalda en su pecho, mi mano ascendió hasta alcanzar su rostro para luego recorrer su trenza que dejé caer por delante de mi pecho, mis dedos acariciaron su brazo en lo que su aliento golpeaba primero mi cuello hasta subir a mi oreja donde tras unas palabras dejó un mordisco que me hizo morderme el labio inferior mirándolo. Sonreí observándolo viendo ese contraste entre ambos siendo notorio que éramos de dos lugares diferentes, pero que juntos éramos una combinación perfecta. Me encantaba cuando se ponía así conmigo y expresaba lo que sentía, también me encantaba cuando se ponía de esa forma protectora conmigo en cuanto a nuestro futuro hijo se trataba, lo veía un hombre que pese a sus rudas apariencias era amable, cariñoso, que iba a ser el mejor padre porque aún no estaba embarazada y ya se preocupaba por nuestro futuro hijo. Algo que él siempre había querido, algo con lo que yo siempre había soñado: formar una familia. Ahora tenía la oportunidad de hacerlo y si él me decía que no podíamos perder a ese hijo, y yo estaba convencida de que no porque confiaba en lo que me habían mostrado los dioses, yo tampoco podía perderlo a él porque si lo perdía ya nada tenía sentido, nos necesitábamos el uno al otro para tener esa vida juntos que queríamos y los hijos llegarían, de eso no tenía duda. Me gustaba que se preocupara aun cuando el embarazo no había empezado porque por fechas era un poco imposible, aunque no descartaba nada de forma contundente, podía ver sus ganas y la ilusión que le hacía y eso me gustaba verlo en él, ese afán protector mientras su mano subía a mi vientre y lo acariciaba como si ya se gestara el fruto de nuestro amor. Ladeé mi rostro para dejar un beso en su mejilla y nos quedamos así contemplándonos unos pocos minutos más con mis dedos recorriendo su brazo y mi otra mano acariciando su rostro. Yo es que no quisiera perder a otro hijo, porque lo había pasado sumamente mal, pero sí que no podría soportar perderlo a él... eso me mataría por completo.



-Aún es un poco pronto para saber si estoy o no embarazada, pero créeme, no tengo duda alguna de que lo esté próximamente –porque no habíamos parado, porque como él había dicho confiaba en los dioses, en lo que habíamos visto, en aquel ritual que habíamos hecho para que Freya nos bendijera, confiaba también en ambos- lo sé Ubbe, yo también confío en lo que hemos hecho con el ritual, lo que lo hemos intentado –sonreí porque no habíamos parado, me extrañaría que no quedara embarazada tras todo aquello- además confío en la visión que vi, esa donde sostenías a nuestro hijo, o a nuestra hija, en brazos mientras me mirabais ambos... no podía ver más que una figura negra pero sí sentí vuestras miradas puestas en mí como si me estuvierais esperando, y por eso sé que quizás puede que no esté todavía embarazada, pero no tengo dudas en que voy a estarlo, no te vas a librar de aguantarme esos meses de embarazo vikingo –sonreí y terminé por morder su cuello antes de girarme, mi mano ascendió por su pecho definido hasta dejar mi mano sobre su corazón, ahí era donde lo marcaría a él y lo tenía decidido, porque no se me ocurría otra sitio y por su sonrisa ladeada que puso cuando se lo dije me dio a entender que no tenía problema alguno en que lo marcara justo donde lo había mencionado. Sonreí cuando dijo que su corazón era mía desde hacía mucho tiempo y terminó por morder mi labio inferior para llevar sus manos a mis nalgas y alzarme como si no pesara nada donde enredé mis piernas en su cintura- yo también te quiero, Ubbe –dije enredando mis dedos en el pelo de su nuca dejando que me llevara a la cama de nuevo entre besos con nuestros cuerpos pegados, se sentó dejándome sobre su cuerpo y mordí su labio inferior para observarlo con una sonrisa, quién hubiera pensado que ese hombre que me raptó en el museo acabaría diciéndome esas cosas- tú siempre vienes conmigo aquí Ubbe –subí su mano hasta dejarla sobre mi corazón tocando mi pecho- aunque no me hayas marcado con tinta en ese lugar –sonreí divertida y dejando un último beso preparé las cosas limpiando la aguja con el ron, alcé mis desiertos a sus mares antes de que empezara a marcarlo con la aguja. Había apartado mi pelo que caía por un lado de mi cuerpo, sus manos recorrían lentamente mi cuerpo dejándome hacer sin molestar en ningún momento, me concentré en lo que estaba haciendo aunque de vez en cuando alzaba mis desiertos a sus mares y sonreía por la forma en la que me miraba- ¿sabes? Debo admitir que pensé que ibas a marcar otra zona de mi cuerpo... ya sabes, esa que tanto te encanta –reí entre dientes divertida siguiendo marcando su piel con mi nombre. Ya llevaba un buen rato y estaba casi terminando cuando sus palabras hicieron que alzara de nuevo mis ojos para mirarlo y sonriera- eso es porque estoy concentrada en poner mi nombre en tu cuerpo, no es que me haga falta para saber que eres mío, pero queda bonito –reí antes de terminar de poner mi nombre en su piel, limpié lo que lo había manchado sin decirle que tenía razón, aunque más bien estaba pensando en que iba a ir me dijera lo que me dijera- listo, ya puedes mirarte –fue cuando me levanté y giré para dejar todas las cosas cuando escuché que gruñía como si algo le estuviera doliendo, me giré para ver el gesto que tenía y que enseguida me preocupó porque sin decir mucho más supe lo que estaba pasando- ¿Ubbe? –Pregunté acercándome para ver que se aferraba a la bandeja y ni siquiera tiempo me dio para evitar que su cuerpo cayera al suelo llevándose la bandeja y todo su contenido con él en la caída- ¡Ubbe! –Lo llamé terminando por acercarme y arrodillarme a su lado para intentar que se levantara y que no perdiera el conocimiento- Ubbe no me dejes ahora... ¡no puedes dejarme! –Pero a pesar de mis intentos porque no cayera inconsciente no fueron suficientes; sus ojos se cerraron y el temor me embargó por completo temiendo que no nos hubiera dado siquiera tiempo a pararlo todo aquello, pero por otra parte la Dísir nos habría avisado de nuevo- no, Ubbe... ¡Ubbe! –Lo llamé pero no reaccionaba, sus ojos seguían cerrados y yo cogí su rostro entre mis manos acercándome a él- no voy a permitir que te vayas, ¿me oyes? Así que lucha... porque tú eres mío y no voy a dejar que te pase nada –aunque estaba histérica sin saber muy bien qué hacer, tomé su pulso y vi que estaba algo débil- no, no, no, no..... no te vayas ahora, ¡te necesito conmigo! –No sabía qué hacer, ¿llamaba para pedir ayuda? ¿Se pasaría solo? Por Ra que dudé un par de segundos hasta que finalmente me levanté recordando que tenía por allí algunas hierbas que quizás me sirvieran. No supe bien cómo lo hice ni cómo logré levantarlo, pero en varias tandas logré subirlo sobre la cama quizás ayudada por mi desesperación hasta que lo dejé en la cama, corriendo fui hacia el maletín donde tenía varias hierbas diferentes, cogí un bote y mojando un paño en agua del baño me puse en la cama apoyando su cabeza sobre mi regazo, le puse el paño en la frente y abrí el bote pasándolo varias veces por su nariz, dejé caer un par de gotas en su boca y esperé a que hiciera efecto, volví a tomar su pulso y este estaba algo más estable y parecía que iba volviendo en sí. Lo dejé tumbado en la cama y no me separé de su lado en ningún momento llorando en silencio rogando a los dioses porque nos dieran más tiempo y nos dejaran recuperar su alma, mantenerlo a mi lado. No supe el tiempo que pasó pero se me hizo eterna la espera hasta que noté que volvía en sí y que reaccionaba, alcé mi rostro para observar esos preciosos mares que tenía y aun con lágrimas en los ojos sonreí aliviada de tenerlo conmigo, de que no se hubiera ido y estuviera allí para luchar los dos juntos- Ubbe –lo llamé para elevar mi rostro y besarlo en lo que las lágrimas caían a su rostro mojándolo, había pasado miedo, había temido que se marchara y no había dejado de aferrarlo a mí en todo momento como si así lo hubiera retenido- estaba tan preocupada... –murmuré dejando mis labios rozando los suyos- voy a ir contigo Ubbe, no hay nada que hablar y después de esto me necesitas allí contigo, ¿y si vuelve a pasarte? No me voy a quedar tranquila y no me lo puedes prohibir, después de esto queda claro que tenemos que ir los dos juntos, me necesitas ahí contigo y yo no voy a fallarte –rocé mi nariz con la suya acomodándonos en la cama- antes me habías dicho que tenéis tendencia a enfrentar a la muerte, que enfrentarás peligros... si tengo que enfrentar a la muerte entonces lo haremos juntos, no temo a Hela, no temo a Anubis, no temo a nada salvo a perderte, ¿puedes entender eso? Sin ti mi vida no tiene sentido, sin ti voy a ser como un drakar a la deriva que no encuentra su puerto porque lo ha perdido... sin ti no hay futuro. ¿Sabes lo que más me enerva de todo? Que me dejes de lado vikingo, no soporto que lo hagas –confesé mordiendo su labio inferior- sé que quieres protegerme, pero también sé qué guerras puedo librar y en cuáles no puedo hacerlo... cuando partiste a por la reliquia me quedé porque no podía aportar nada, porque no soy una guerrera y el ir solo haría que te pusiera a ti en peligro por intentar salvarte... pero esto no es una guerra, ¿Qué va a ser peligroso? Sí, pero igual lo era cuando fui a ese maldito sueño en esa realidad y no lo dudé... soy fuerte Ubbe, a mí manera soy una guerrera pero lo que no soy una cobarde, no podré soportar el saber que te pude ayudar y no lo hice. ¿Cómo te sentirías tú si fuera al revés? Si yo fuera la guerrera y tú no supieras luchar pero sabes que puedes acompañarme para ayudarme, ¿no lo intentarías? ¿No te sentirías mal quedándote cuando supiste que podías ir y te quedaste de brazos cruzados sin hacer nada? No Ubbe, no lo voy a hacer porque hagas lo que hagas voy a ir contigo, confío en ti, confío en mí y sé que juntos vamos a poder con todo, ¿no fue eso lo que me hiciste prometerte? Que juntos íbamos a superarlo todo... pues voy a cumplir esa promesa, porque todo tú eres mío; tu cuerpo, tú corazón y tu alma... y nadie me quita lo que es mío.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Sáb Ago 18, 2018 6:36 am

Abrí los ojos, mi respiración entrecortada golpeó los labios de mi esposa que con lagrimas en lso ojos y tumbada a mi lado me pedía que despertara de nuevo.
Vi dolor, vi amor y vi esa sensación de perdida pintada en ojos de viudas que en Akershus quedaban.
Mi aliento con matices a barrica de ron atajó la distancia etéreo golpeando su boca antes de que la mía se adueñara con hambre de la suya.
No quería dejarla hablar, pero callarla era imposible.

Mis mares se perdieron en esos desiertos de fuego, ella estaba decidida o saldríamos juntos de Hel o moriríamos en él, era su decisión, solo que su decisión podía implicar el fin de mi linaje.
-Te quiero Nai, no quiero que vengas, no quiero que pierdas tu vida y la de mi hijo pero no voy a obligarte a llorarme en Midgard, no voy a forzarte a preguntarte cada mañana si podrías haber hecho algo mas que esperar.

Mordí su inferior como respuesta.
-No quiero que vengas, quiero ir solo, enfrentar y mi destino y volver si así lo quieren los dioses a tu lado y al de mi hijo, peor no decidiré por una mujer con el coraje suficiente como para hacerlo.
Eres mi mujer y por eso te respeto, se tomaras la decisión correcta, pero piensa antes de tomarla.
Llevé mi mano a su vientre con una sonrisa.
-Aseguras Nai que es pronto, pero yo creo estas en cinta, antes de tomar la decisión corroboremoslo, acudamos a una de las oráculos del templo, deja que te vean, que te digan la verdad de mis creencias y solo entonces toma la decisión que creas correcta, si es venir conmigo y enfrentar los peligros hagamoslo juntos, peor antes necesito sepas si solo arriesgas tu vida o por contra también la de nuestro hijo ¿estas de acuerdo?

Se que la ponía en una encrucijada pero era lo justo, necesitaba que antes de decidir, supiera la verdad y con todas las cartas sobre la mesa decidiera que perder a voluntad o que ganar.
-Te quiero Nai, pero te he visto llorar la muerte de nuestro hijo, no quiero que pases dos veces por lo mismo.


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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Lun Ago 20, 2018 10:23 am

Decir que había pasado miedo en ese rato enorme que se me había hecho eterno era quedarse francamente corta, había temido por la vida del vikingo, porque me lo pudieran arrebatar antes incluso de que pudiéramos ir a por su alma y rescatarlo de lo que parecía era el peligro del que nos había avisado la Dísir, aún no era capaz de comprender por qué estaba pasando todo eso o quién podría estar detrás de semejante maldad, apenas había pasado un mes desde que estábamos en el norte donde me había enseñado cada pequeño rincón de su tierra que me hizo comprender y entender más aún por qué la amaba tanto, por qué se sentía tan unido a esas tierras... lo mismo me pasaba a mí con Egipto, no importaba dónde me encontrara que siempre sentiría lo mismo por las tierras que me vieron nacer. El norte era impresionante y magnífico, allí él se sentía feliz y pleno y yo me había adaptado bien a esa forma de vida, a verlo entrenar, a ir a la taberna con él... no entendía cómo era posible que estuviera perdiendo su alma, o quién podría hacer algo tan retorcido y malvado como eso pero íbamos a ponerle remedio, no dejaría que nadie me lo quitara porque él era mío, frente a sus dioses había dicho unos votos el día de nuestra boda donde me entregaba su cuerpo, su corazón pero también su alma; todo de él me pertenecía y no dejaría que nadie me quitara lo que por derecho era mío y me correspondía, cuando se trataba de él no dudaba en sacar uñas y dientes de ser preciso y necesario y tenía claro que no dejaría que fuera solo después de haber caído inconsciente sin previo aviso, las horas que había pasado aferrándolo contra mi cuerpo como si así intentara retenerlo se me habían hecho eternas, las lágrimas habían brotado de mis ojos cayendo por mi rostro incapaz de contenerlas hasta que por fin noté que volvía en sí, que volvía a recuperar el conocimiento y me erguí para poder observar esos mares que tanto me gustaban, me encantaba la forma que tenía de mirarme, cómo sus mares me repasaban lento algunas veces como si de esa forma intentara grabarse mi imagen a fuego, el amor que desprendía con cada mirada, la sonrisa que se formaba en sus labios cuando estaba pensando en alguna cosa que seguramente me tuviera a mí como objetivo principal de dichos pensamientos... había muchísimas cosas que me gustaban del vikingo, por eso mismo me había casado con él dos veces, y no iba a dejar que ahora que había encontrado mi camino y mi felicidad por la que tanto tiempo había soñado y siempre pensé que no era para mí se alejara de mi lado, no estaba en mis planes ni en mis pensamientos. Sentí alivio cuando vi que volvía en sí y sus mares me buscaron, mis lágrimas caían sobre su rostro de lo aliviada que me encontraba en esos momentos, su aliento calcinó mis labios antes de que estos tomaran los míos en un beso sentido, profundo y devastador que me dejó sin aliento con sus dedos enredados en los mechones de mi melena sin que pudiera acortar distancia con él, sería una demente si lo hiciera. Cerré los ojos y suspiré tras el beso lamiendo mis labios, recreándome en el sabor que había dejado a él en mis labios, mis desiertos se encontraron con sus mares en lo que una de mis manos tomaba la suya entrelazando nuestros dedos, sabía que no había cambiado de idea o de parecer ni después de lo que le había pasado pero yo estaba más convencida que nunca: iría.

Sus palabras sonaron en la estancia y yo escuché todas y cada una de ellas dejando que hablara, sonreí cuando dijo que me quería porque me encantaba escucharlo de sus labios, escuché también lo siguiente que pronunció porque por una parte podía entenderlo, él sabía que yo aunque era una guerrera no lo era como las escuderas de allí, no quería verme en peligro, no quería que me pasara nada y perderme tampoco entraba en sus opciones, igual que el posible hecho de perder a nuestro posible hijo. No dije nada pero sí que me gustó cuando dijo que no me obligaría a que me quedara de brazos cruzados, porque él conocía mi fuego y mi carácter y si tenía que atravesar todo Hel y enfrentarme a Hela juraba por Ra que lo haría sin siquiera pensarlo, me conocía y como bien sabía cómo era no me obligaba a quedarme esperándolo sin hacer nada, porque ante todo él era incapaz de obligarme a que lo hiciera pese a que para él era lo que estaba deseando que yo hiciera. Él entendía, como yo, que de ser al revés tampoco se quedaría de brazos cruzados sin hacer nada si había una mínima opción de ayudar, en eso ambos éramos iguales y me gustó que me diera la oportunidad de decidir por mí misma aunque mi opción no fuera la que él quisiera, pero en eso se basaba también una pareja; en respetar. Yo respetaba su deseo de que me quedara y lo entendía perfectamente, pero me moriría de saber que pude hacer nada y me quedé como si fuera una vil cobarde... algo que no era, me lo estaría echando en cara y arrepintiéndome durante el resto de mi vida. Mordió mi labio inferior y mi mano libre recorrió su rostro perfilándolo, dejando que mis yemas se deslizaran por su piel e incluso por esa barba que tenía mientras lo dejaba hablar. Quería ir solo y entendía los motivos, pero también aseguraba que no decidiría por mí y dejé un beso en sus labios porque demasiado bien me conocía como para saber que como se me cruzara una idea no la soltaba hasta haberla visto realizada; en esta ocasión era ir con él. Como me respetaba también esperaba que tomara la decisión correcta, pero para mí desde que supe todo ya estaba más que tomada, sin embargo me pedía que lo meditara y enarqué levemente una ceja sin saber hasta que su mano fue a mi vientre, su sonrisa se extendió en sus labios y supe qué era lo que me quería decir. Él aseguraba que ya estaba embarazada aun cuando yo pensaba que era un poco pronto, no dudaba de lo que habíamos hecho en aquella noche con la ofrenda, no dudaba de nosotros porque no habíamos dejado de tomarnos día tras día, pero apenas había pasado una semana y yo seguía convencida de que era pronto para que eso pasara. Mi mano bajó de su rostro acariciando su pecho hasta dejarla sobre la suya que seguía en mi vientre, me pedía que fuéramos a una de las oráculos para consultar si estaba o no en cinta, que corroboraran lo que él creía que ya era y que así pudiera tomar una decisión... algo que no me dejaba muchas más opciones porque de estarlo era consciente de que no me permitiría acompañarlo bajo ningún concepto. Mordí mi labio observándolo porque había sido un buen movimiento por su parte, eso era lo único que podría frenarme y no iba a negarme a ir a ver a una oráculo, algo me decía que si la Dísir había dicho que fuéramos los dos era también por un motivo además del evidente.



-¿Eso es lo que quieres hacer? No tengo ningún problema en visitar a una de las oráculos y que nos diga si estoy o no embarazada, si es lo que quieres hacer para quedarte más tranquilo entonces iremos
–incliné mi rostro para buscar sus labios y rozarlos, era cierto que no me importaba aunque eso pudiera significar el que me quedara- sea la respuesta que nos den, ¿aceptarás la decisión que tome, sea cual sea? –Pregunté anclando mis desiertos en sus preciosos mares, él decía confiaba en mí pero algo me hacía sentir que si nos decían que estaba en cinta él haría alguna de las suyas para partir sin mí- prométeme que respetarás la decisión que tome, aunque esta no te guste –lo miré de manera fija, él decía que no podía perder de nuevo otro hijo... y yo tampoco, pero él no pensaba en que aunque me doliera en el alma perder otro hijo porque lo había pasado sumamente mal esa vez, con lo que sí que no podría era perderlo a él, eso me mataría sin lugar a dudas- no quiero perder nada Ubbe, no soportaría perderte a ti... sería un millón de veces peor que lo de perder a nuestro hijo, no lograría superarlo... ¿puedes entender eso? –Claro que él lo entendía, ambos estábamos igual en ese aspecto así que lancé un suspiro y apoyé mi frente contra la suya, decía que no quería que pasara dos veces por lo mismo y lo miré- lo sé –fue todo lo que dije al respecto porque ya estaba todo dicho, mi nariz rozó la suya en una caricia afectuosa sin soltarlo- mañana por la mañana iremos a esa consulta, tras lo que nos digan tomaré una decisión –mordí su inferior- ahora vamos a descansar lo que resta de noche, no te pienso soltar en ningún momento –sonreí sobre sus labios acomodándome sobre su cuerpo pegando el mío al suyo, aferrándolo entre mis brazos- abrázame Ubbe, no me sueltes nunca –dije antes de elevar mi rostro y besar sus labios de manera calma notando cómo me rodeaba y quedaba envuelta por él, algo que me encantaba. Tras un rato de caricias, de besos y de confesiones en voz baja nos quedamos durmiendo lo que restó de noche, para cuando el sol se alzó en el horizonte unas horas más tarde ya colándose en la estancia nos levantamos para visitar a una de las oráculos, nos dimos un baño juntos queriendo aprovechar el tiempo juntos al máximo, desayunamos como siempre en lo que acabé dándole la comida sentada sobre su regazo y partimos de la mano hasta uno de los templos. Este estaba en mitad de un bosque, rodeado entre montañas, tuvimos que subir unos escalones de piedra hasta llegar a la puerta del templo, sus dioses tallados en la piedra, columnas que adornaban el lugar y una puerta enorme que daba paso a la estancia. En su interior una fragancia agradable flotaba en el ambiente, en el lugar se podía respirar un ambiente tranquilo y vimos a varias jóvenes vestidas de blanco por completo donde una de ellas nos condujo hasta la oráculo, pasamos un par de salas donde en el interior habían pequeños estanques y fuentes que daban más paz y armonía al lugar y finalmente nos llevó hasta la oráculo. Esta estaba sentada descansando sobre un sillón frente a una enorme ventana por la que entraba mucha luz, de perfil aguardó nuestra llegada vestida de un blanco inmaculado, su pelo de un color ceniza pareciera que la hacía más mayor pero cuando se giró tras unos segundos vimos que se trataba de una joven. Mi sorpresa no fue solo esa, sino que la joven estaba ciega por sus ojos así lo mostraban, una sonrisa surcó su rostro y dejó el libro que tenía entre sus piernas para alzarse y encaminarse hacia donde nos encontrábamos.
-Os estaba esperando –dijo dejándome más descolocada, aunque sabiendo sobre aquellas tierras no debería de sorprenderme tanto- sé por qué habéis venido, así que por favor sentaos y poneos cómodos –con su mano abarcó un lugar de la estancia con unos pequeños sillones bastante cómodos, una mesita de cristal y una pequeña chimenea cerca que con sus llamas iluminaba la estancia. Miré al vikingo y este con sus dedos entrelazados en los míos tiró de mí siguiéndola ya que se movía como si pudiera ver lo que se encontraba en la estancia aunque suponía que sabría dónde se encontraba cada cosa, tomamos asiento y una de las jóvenes apareció con una bandeja donde había hidromiel para beber, tras servirlo se retiró volviéndonos a dejar a los tres solos- decime, ¿por qué habéis acudido a mí? ¿En qué puedo ayudaros? –Preguntó frente a nosotros, miré al vikingo y luego la miré a ella aunque esta no me devolviera la mirada, pero era como si supiera quién la miraba en todo momento.
-Hemos venido en busca de respuestas –dije en lo que veía que el vikingo tomaba la jarra con hidromiel, la oráculo sonrió casi divertida con mis palabras.
-Todos vienen en busca de respuestas, acuden a mí porque quieren saber qué es lo que los dioses les han deparado en su destino, cómo será su vida –hizo una pausa- el saber conlleva su precio, el sufrimiento que hay que soportar por dicho conocimiento... nadie puede saber el porvenir sin sufrir las consecuencias, yo quedé ciega por ello –sin embargo no lo decía como si se lamentara, más bien como si estuviera diciendo que el saber siempre conllevaba una carga- sé lo que queréis que os diga, lo que esperéis que haga... estoy aquí para guiar y ayudar a los míos, así que lo haré –dio un sorbo a su jarra cogiéndola como si pudiera ver y saber dónde se encontraba, dejándola sobre la mesa de nuevo y sus ojos se clavaron en mí persona- ahí hay un sofá donde puedes tumbarte, por favor túmbate boca arriba –miré al vikingo quien asintió con la cabeza y me dirigí hacia el lugar tumbándome mientras los observaba- Ubbe, ven tú también –enarqué una ceja cuando dijo su nombre sin saber cómo es que lo sabía- puedes sentarte a su lado si quieres, no demorará mucho –se levantó en lo que el vikingo se sentaba en el sofá y yo apoyaba mi cabeza en sus piernas para estar más cómoda, una de sus manos había tomado una de las mías como si intentara tranquilizarme y alcé mis desiertos para mirarlo, su sonrisa calmándome fue todo cuanto necesité para asentir con la cabeza- ¿podrías dejar tu vientre al descubierto? –Preguntó mientras preparaba algo y venía hacia donde estábamos, había una silla al lado del sofá donde ella se sentó con un pequeño cuenco en sus manos- toma, bébetelo, ayudará en lo que nos ocupasonrió con tranquilidad entregándome el cuento que tomé e incorporándome un poco bebí del mismo tal y como había pedido para entregárselo de vuelta- bien, mientras esperamos unos minutos ¿qué es lo que queréis saber realmente sobre vuestro futuro? Los dioses me dicen lo que tienen para cada uno de vosotros, sin embargo sabéis que solo responderé a vuestras preguntas y no a todas ellas... así que escoged bien –lo teníamos claro, habíamos ido allí con un objetivo.
-Querríamos saber si ya estoy en cinta o no, a mí no me importaría descubrirlo por sorpresa con el tiempo pero necesitamos saberlo –tampoco fue que dije demasiado, ella hizo un gesto y asintió con la cabeza.
-Lo sé, sé que la Dísir os ha visitado ya y os ha puesto en conocimiento lo que ocurre, suerte que llegó a tiempodijo para luego extender su mano hasta mi vientre ya que había subido el vestido dejándolo al descubierto como había pedido- solo será un momento –su mano fue hasta mi vientre dejándola por unos segundos, cerró sus ojos como si se concentrara y murmuró unas palabras en voz baja de donde su mano se iluminó tenuemente de color azul claro, permaneció así casi un par de minutos hasta que finalmente sonrió y apartó su mano de mi vientre- ya puedes taparte si lo deseas, ya tengo vuestras respuestas –hizo una pausa dejando que me colocara bien mientras la mirábamos, parecía esperar algo.
-Entonces, ¿estoy embarazada? –Sonrió y nos miró a uno y a otro como si realmente pudiera ver pero era algo imposible.
-Ambos estáis en lo cierto, y a la vez estáis equivocados –sus palabras no ayudaban a aclarar nada- Ubbe, ¿crees que los dioses son tan crueles como para arrebatarte a otro hijo? La pérdida del primero fue algo inesperado que incluso ni ellos quisieron que pasara, pero a veces la tinta se puede borrar aunque no siempre se puede hacer. Freya es benevolente y magnánima, hicisteis una buena ofrenda en vuestra noche de bodas y por ello os recompensará con lo que ambos tanto ansias y deseáis... pero también era consciente de que os aguardaba todavía una misión que cumplir, un viaje peligroso que emprender y no os iba a volver haceros pasar por lo mismo otra vez. Tus plegarias y tus deseos, los de ambos en realidad, han sido oídos por los dioses y ya tienen vuestra respuesta escrita. El castigo no es para aquellos que son fieles y creen en ellos, hacen sacrificios en busca de respuestas y plegarias... estas ya han sido escuchadas y pronto serán respondidas, mas no ahora -hizo una pequeña pausa, entonces, ¿qué quería decir?- Marchad sin temor y confiad el uno en el otro, el camino es complicado pero no imposible.... y no temais, tu visión se cumplirá muy pronto Naitiri, los dioses no os defraudarán y os recompensarán como estáis esperando -extendió su mano mostrando su palma como si esperara algo a cambio, algo de lo que había leído en varios textos; el pago.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Dom Ago 26, 2018 5:58 am

Nai aceptó mi propuesta, sabía que era la única salida pues de otro modo yo no cedería en que me acompañara, también sabia que aunque en su vientre creciera nuestro hijo no iba a dejarme ir solo porque no quería perderme y una estúpida idea la hacía creer que a su lado era inmortal.
Resoplé contra sus belfos y sonreí antes de atraerla contra mi boca de forma ansiosa, porque así la quería, guerrera, con ese fuego que ostentó al conocerla.

Pasamos la noche enredados, amándonos porque si el final llegaba, si tenia que perder mi alma dejaría el pabellón alto, dejaría claro porque la egipcia se caso conmigo, porque se enamoró de mi y no de uno de esos gañanes Franchutes con la verga corta e incapacidad para complacer a mujeres como esta.
Caímos sobre el lecho perlados en sudor, sus dedos jugaban con la trenza que me llegaba por el culo y no pude evitar sonreír contra su piel.
-¿quien te iba a decir que ibas a terminar con un vikingo que en tu tiempo acaba de nacer?

Tras unas risas, besos y manotazos sucumbimos al sueño para despertar al día siguiente y tras un copioso desayuno y mas besos y caricias llegamos al templo donde una de las oráculos nos esperaba.
Las preguntas eran clara,s dejé que mi esposa preguntara mientras yo me limitaba a escuchar las ambiguas respuestas.
Asentí cuando me pidió que me acercara y tomé su mano acariciando los nudillos de la egipcia que se dejo hacer bebiendo el contenido de aquello que prepararon para el rito.

No estaba embarazada, la diosa Freya cumpliría, pero aun no había depositado su gracia en el vientre de Nai y admito eso me desespero.
Tomé la mano de la oráculo y lamí su palma como pago antes de salir de allí airado.
Los dioses querían que me acompañara, la decisión parecía estar tomada y yo sentía no ser dueño de mi vida.

Rugí en la puerta encontrándome de frente con mi esposa que conociendo mi temperamento se paro delante besando mis labios, acariciando mi barbo mientras perdía sus desiertos en mis mares ahora violentos.
-No voy a ser padre -rugí con la mirada acuosa.
Tenía la esperanza de dejar un linaje, de si perdía mi alma no así mi nombre, tener un hijo para nosotros era mucho porque nadie garantizaba un mañana.
No temía a la muerte solo el olvido.
-No seré padre -susurré dejando caer mi frente contra la de mi mujer derrotado.


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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Dom Ago 26, 2018 12:32 pm

Había decidido acceder a su petición para visitar a una de las oráculos para que nos dijera, con certeza, si estaba embarazada o no para que saliéramos de dudas y pudiéramos tomar una decisión sobre si yo iba a acompañarlo o sino. Aunque mi decisión estaba más que tomada, no pensaba dejar que fuera solo bajo ningún concepto y mucho menos permitir que me dejara cuando eso me destrozaría porque sabía que podía ayudarlo, cuando sabía que podía librar ciertas batallas no iba a quedarme quieta pensando que podía haber ayudado a salvarlo, no iba a quedarme como la otra vez cuando fue a por la reliquia como otra de las tantas mujeres que esperaban a sus hombres cuando partían a la guerra, no era una opción a contemplar. La última vez me quedé porque supe que sería más un estorbo que una ayuda para ellos, que mi presencia solo complicaría las cosas ya que yo no sabía luchar ni defenderme, pero eso era una cosa y otra muy diferente era no acompañarlo en ese viaje sabiendo que me necesitaba, él no estaba bien por mucho que me mintiera y me hiciera parecer que sí lo estaba, el ejemplo lo tenía cuando había caído inconsciente dándome aquel susto por si el tiempo se nos había echado encima y no habíamos podido hacer nada por evitarlo. Iría con él, estando embarazada o no, y es lo que quería que entendiera aunque podía comprender y entender sus razones; ya habíamos perdido a un hijo y no estaba dispuesto a perder a otro en un tiempo tan corto. Entendía que para él el legado era muy importante, mis ganas por ser madre y poder formar una familia eran enormes y la verdad es que me sentía un tanto impaciente porque eso pasara, pero sabía que debía de confiar y todo llegaría en su momento. Pero si algo no podía soportar, ni ahora ni nunca, era sencillamente el perderlo... para eso no había nada para lo que me pudiera preparar y sabiendo cómo se encontraba no iba a dejar que fuera él solo. Yo no sería una escudera como la mayoría de sus mujeres, pero si algo no me faltaba era valor y arrojo por lo que no me echaría para atrás y quería que él entendiera eso, que mi decisión tendría que respetarla fuera cual fuese aunque no le gustara porque para eso era yo quien tenía la última palabra. Sonreí de lado cuando bufó sobre mis labios sabiendo que no me iba a hacer cambiar de opinión, que ya tenía una tomada, que era demasiado cabezota y terca como para que desistiera en mi idea por lo que solo le quedó sonreír y restar la escasa distancia que nos separaba para besarme de esa manera que tanto me gustaba y que me dejaba sin respiración. Como si él mismo fuera consciente de que esa noche era la última que pasaríamos así antes de emprender camino, porque yo iba a ir con él, no escatimó en recorrer ningún rincón de mi cuerpo, en tomarme y hacerme suya reclamándome en cada gemido amándonos, disfrutando de la noche que nos quedaba antes de que el nuevo día comenzara. Tras terminar y quedar sobre su cuerpo besándonos, riéndonos y acariciándonos, no pude más que reír cuando me hizo esa pregunta y al final acabamos durmiéndonos abrazados sin siquiera soltarnos, incapaces de hacerlo.

Al día siguiente tras haberse colado ya hacía un par de horas el sol por la ventana, y tras un desayuno entre caricias, risas y besos, partimos de la mano hacia el templo donde se encontraban las oráculos para que respondieran a nuestras preguntas. Que fuera no significaba que sus palabras me hicieran cambiar de opinión, aunque tenía muy claro que el vikingo con tal de protegerme era capaz de irse antes para que no lo acompañara, por lo que no pensaba dejar que se separara de mi lado en lo que restaba de día. Tras llegar al templo en un largo paseo nos adentramos por su enorme puerta, todo de inmaculado blanco representando la virginidad de las oráculos porque según lo que había leído, y lo que el propio Ubbe me había contado, si perdían su virginidad era como si perdieran el don. Allí todo era “puro”, o la mayoría de ellas lo eran conservando así ese don especial que le habían otorgado los reyes. Nos llevaron hasta la oráculo de ese templo atravesando varias salas, allí nos adentramos en una habitación bastante grande donde se encontraba la joven, piel pálida, vestida de blanco, con su dorada melena cayendo por su espalda en ondas... lo que más me llamó la atención es que fuera ciega. Ella parecía saber que íbamos a visitarla y no se extrañó de nuestra presencia, es más, nos estaba esperando. Tras sentarnos y ofrecernos unas jarras de hidromiel nos dijo que podíamos preguntarle sobre lo que quisiéramos saber, que los dioses le dirían las respuestas porque ellos le comunicaban todo, podríamos saber cualquier detalle de nuestro futuro si así lo quisiéramos. A nosotros nos interesaba una única cuestión así que cuando se lo hice saber esta sonrió, me pidió que me tumbara y le dijo al vikingo que fuera conmigo, dejé mi vientre al descubierto y tras beber algo que ella había preparado y que no sabía demasiado bien puso su mano en mi vientre unos segundos, la retiró al terminar y finalmente le hice la pregunta. Por un instante se hizo el silencio en el lugar y sus palabras, cuando habló, no es que fueran la respuesta que el vikingo estaba buscando. No respondía de manera clara ni directa a una pregunta, sino que lo hacía de forma ambigua para que nosotros la interpretáramos y encontráramos el significado. Aunque entendí perfectamente lo que quería decir, mi vista fue al vikingo que no dijo nada y cuando esta terminó con nosotros extendió su palma que él no dudó en tomar para lamerla, eso era algo que jamás había comprendido como moneda de pago, ¿por qué lamer la palma de la mano? Se levantó sin decir nada dejándonos a los dos a solas, ella aun ciega siguió sus pasos que se perdieron por el pasillo para luego mirarme a mí y dejar su mano en mi hombro, alentándome para tranquilizarme y que fuera a buscarlo. Que le recordara que los Dioses no estaban siendo crueles con él y que le concederían lo que tanto ansiaba, pero no era el momento oportuno para ello. Cerré los ojos unos segundos y me levanté para seguirlo, como últimas palabras me dijo que solo juntos íbamos a poder con todo, que el camino sería peligroso pero no imposible. Nos deseó suerte y solo pude asentir con la cabeza para salir por el pasillo en busca del vikingo a quien encontré en la puerta del templo esperándome, gruñendo porque no se había esperado esa respuesta y yo lo sabía. Corrí para adelantarme y colocarme frente a él parando su avance, ni siquiera se había percatado de que lo estaba siguiendo hasta que me puse delante, solo ver su rostro sabía cómo se encontraba y eso me hacía a mí sentirme mal por ello.



-Ubbe –lo llamé tomando su rostro entre mis manos acortando las distancias, mis labios buscaron los suyos para calmar y paliar lo que sentía, mi mano recorrió su rostro sin dejar de mirarlo a esos mares que denotaban cómo estaba; roto, derrotado por las palabras de la oráculo. Cuando dijo esas palabras y vi esos ojos, como si el mar estuviera a punto de derramarse, mordí mi labio con fuerza acariciándolo para aliviar su pena porque sabía lo importante que era para él tener hijos, descendencia. Volvió a susurrar derrotado, vencido, que no sería padre y dejó caer su frente contra la mía en lo que yo seguía acariciándolo, mi otra mano recorría su nuca y bajé por su espalda para rodearlo y pegarlo a mí todo lo que pudiera, que sintiera mi calor, reconfortarlo en la única manera que sabía y que tenía. Volví a buscar sus labios dejando un beso en estos y finalmente acabé por abrazarlo envolviéndolo entre mis brazos, pegándolo a mi cuerpo sabiendo que él esperaba una respuesta afirmativa, pero tampoco había recibido una negativa por completo. Me separé lo justo para poder observar su rostro y mirarlo a los ojos de manera fija, no soportaba verlo así- eso no es cierto Ubbe, eso no es lo que ha dicho la oráculo. Sabes que sus respuestas son ambiguas y que tienes que buscarle el significado, pero eso no es lo que yo he entendido de todo lo que nos ha dicho –hice una pequeña pausa dejando un beso en sus labios- sí, es cierto que nos ha dicho que no estoy embarazada... aún –lo miré al recalcar esa palabra- ¿sabes lo que he entendido yo? Que Freya sí ha escuchado nuestras plegarias, sí está complacida con la ofrenda que hicimos... pero el que no esté embarazada no es porque ella no quiera, es porque no es el momento. Ya lo ha dicho la oráculo, no iban a permitir que pasáramos por otra pérdida de nuevo, es como si supieran que esto estaba por ocurrir y sabiendo que yo debía de acompañarte, o en su defecto que iría sin importar qué para ayudarte, no nos haya concedido el milagro... Pero eso no significa que no vaya a estar embarazada, ya la has oído amor; cuando esto que tenemos que solventar se pase nos concederán lo que más deseamos, formar una familia. La oráculo ha dicho que mi visión se cumplirá y se hará realidad, te vi a ti sostener a nuestro hijo entre tus brazos, y él o ella alzaba su manita llamándome para que fuera con vosotros... ha dicho que sí tendrás lo que deseas, pero que primero tenemos que superar esta prueba, porque sí van a recompensar a aquellos que son fieles y creen en ellos –lo miré rozando su nariz con la mía- esto no es un no Ubbe, solo que quieren que primero te salvemos a ti para luego poder formar nuestra familia –alcé mi mano recorriendo su rostro- te lo dije amor, tendremos hijos morenos de ojos azules que serán preciosos y la envidia de todos. Formaremos nuestra familia, los criaremos juntos, los veremos crecer y los colmaremos de amor, les enseñarás a blandir una espada y de pequeños se creerán que eran como su padre que no tenía miedo a nada –mordí su labio inferior- sé que no es la respuesta que esperabas escuchar, o que querías oír de sus labios; pero por favor no pienses que no vas a ser padre porque no ha dicho eso, solo que ahora no es el momento de serlo y que cuando todo pase quedaré embarazada. Freya nos va a bendecir Ubbe, pero ha querido bendecirnos cuando tú estés a salvo y puedas disfrutar también de ser padre, de pasar esa etapa junto a mí, de ver por primera vez a nuestro hijo cuando nazca –mi aliento cálido rozaba sus labios, intentaba hacerle ver que la oráculo no le había dicho que jamás sería padre; sino que más bien lo sería en hacer ese viaje para salvar su alma y salvarlo a él- ¿y sabes qué más significa eso? Que los dos volveremos de recorrer los nueve mundos, que sí vamos a salvarte –mordí su labio inferior- te lo dije amor; nadie me quita lo que es mío y tú, por entero, lo eres –acabé acercándolo de la nuca para besar sus labios buscándolo, debía de entender que la oráculo nos había dado pistas valiosas sobre el futuro; que saldríamos de ese viaje los dos juntos, que al volver tendríamos nuestra familia- vayamos a por tu alma Ubbe, al volver de ese viaje Freya nos bendecirá con nuestra descendencia y tendrás que soportar esos nueve meses de embarazos de una Egipcia cabezota, terca, con mucho carácter y que no va a dejar de desearte a todas horas –sonreí para intentar animarlo, que viera las cosas igual que las veía yo- confía igual que lo hago yo, no tengo dudas de lo que nos ha dicho y creo en sus palabras, en que esto solo es un pequeño bache para alcanzar nuestro deseo de ser padres... y sino, confía en mí Ubbe, los dioses ya nos han avisado dos veces de que tendremos hijos y te vi a ti sin lugar a dudas, reconocería esa trenza y ese cuerpo a leguas –lamí su labio inferior- te necesito bien Ubbe, sé que querías oír que sí estoy embarazada pero quizás es mejor que pase cuando todo acabe, porque si algo queda claro también es que me necesitas contigo en ese viaje. Confía en mí por favor, por algo sé interpretar lo que quieren decir los “antiguos” –dije refiriéndome a los dioses por mi profesión- tenemos hasta la noche para partir al puerto, lo que resta de día es todo tuyo para que decidas lo que haremos, quizás sería prudente que avisáramos al menos a alguien para que sepa que es posible que tardemos en volver unos días –mi aliento golpeó sus labios, provocándolo, tentándolo- te amo Ubbe, no estaba equivocada cuando te dije que eras mi hilo rojo del destino y este jamás se puede cortar, los dioses nos juntaron y así quieren que sigamos; esto no va a hacer que nada ni nadie te separe de mí. Deseo pasar el resto de mi vida a tu lado, y deseo más que nunca poder darte aquello que siempre has querido; una familia. Cuando yo no te conocía de nada me pediste que confiara en ti aun cuando no sabía nada de ti, ahora te pido por favor que confíes en mí porque yo jamás perderé la esperanza Ubbe, aunque tenga que aferrarme a ella por los dos –tomé su mano para entrelazar mis dedos con los suyos, dejé otro beso en sus labios y tiré de él para andar de vuelta dejando atrás el templo- ¿qué es lo que mi vikingo quiere hacer hasta la noche? Te prometo que no pondré pega alguna –sonreí de lado dejando un beso en su mejilla, aferrando su brazo con mi otra mano apoyando mi cabeza en su hombro mientras volvíamos, quería animarlo un poco para que no estuviera decaído porque lo necesitaba entero para lo que nos tocaba enfrentarnos. Tal y como le había dicho dejé que fuera él, y no yo, quien decidiera pasar esas últimas horas juntos... más pronto de lo que me hubiera gustado admitir llegó la noche y con ella nos encaminamos de la mano hacia el puerto donde nos encontraríamos de nuevo con la Dísir para emprender ese viaje y salvarlo.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Dom Ago 26, 2018 1:11 pm

Me detuve para no arrollar a mi esposa, porque aun sabiendo que quería calmarme estaba furibundo, mi desazón crecía, sus caricias lograron que con los ojos vidriosos confesara por que no encontraba consuelo y aunque ella no había entendido eso, yo no creía en el mañana del mismo modo.
Para nosotros el futuro era incierto, lo tangible era le presente, el ahora y el mañana un regalos de los dioses, estaba cansado de enfrentar a mi sino y mas de arrastrarla conmigo.
Aseguraba que no estaba embarazada porque los dioses querían que pasáramos por esto juntos.
-Los dioses me maldicen, se ríen de mi en mis narices. Malditos sean todos ellos que me obligan a arrastrar a mi mujer a un viaje al infierno. No deberías haberte casado con un bárbaro, no deberías haber elegido a un hombre que no deja de ponerte en peligro.

Sabía que mis palabras dolían y cuando apoyó su cabeza en mi hombro sin rendirse, pidiéndome que eligiera donde pasar el resto del día dejé escapar el aire de forma cansina.
No quería ir a hablar con nadie, ni familia ni amigos, yo era así cuando me bloqueaba, necesitaba estar solo, padre daba un portazo y se iba, bueno antes de madre porque ella jamas lo dejo enfrentar solo a sus demonios y supongo que Nai hacía por mi exactamente lo mismo en este instante en el que los miso gritaban.
-No se donde quiero ir -confesé.

Fue ella la que acabo tirando de mi, arrastrándome a un lugar en el bosque que logro hacerme sonreír. Negué con la cabeza adentrándome en aquella casa de madera construida en el bosque con varias plantas.
-Padre, Höor y Ulf nos la construyeron cuando eramos todos pequeños, hacíamos tantas trastadas que pensaron que si teníamos un lugar donde jugar dejaríamos de ir a lanzarnos desde los acantilados.
Tiré de su mano para subir por las escaleras apartando un par de telarañas de la puerta.
-Recuerdo que Valeska soñaba que era una princesa. Synnobe y Fio eran sus caballeros andantes, no nos dejaban a nosotros salvarla, aunque la verdad preferíamos ser dragones. Yo era el Ragnarok, me divertía escucharlas gritar, Alrek Fenir, Niels siempre andaba detrás de lagunas faldas, así que invitaba a otras a la cabaña.

La noche precedió el día, como niños habíamos estado en la planta superior contándonos hazañas de otros tiempos apenas iluminados por unas velas viejas.
Como todo cuento llegaba el final y supongo que era hora de enfrentar el mio.
-Se que no va a servir de nada te pida que te quedes, así que no voy a pedir nada...Til døden skiller oss.
Así, de la mano llegamos ante la disir dispuesto a atravesar el puente bifrost, el viaje de nuestras vidas comenzaba.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Mar Ago 28, 2018 12:55 pm

Me dolía mucho ver a Ubbe en ese estado, sobre todo porque él había ido convencido de que la respuesta que nos dieran sería afirmativa y aunque no habíamos tenido un “no” como respuesta rotundo y contundente, sí nos habían dicho que no estaba embarazada pero que lo estaría cuando pasáramos aquella prueba, ese viaje que tendríamos que hacer para recuperar su alma y que no se fuera de mi lado porque eso sí que iba a ser algo de lo que no me repusiera. Él me consideraba fuerte, yo también, pero yo sabía en el fondo que no podría con su pérdida por mucho que lo intentara porque cuando se encontraba a esa otra mitad que te falta es complicado y difícil de desprenderse de esa mitad, y eso es lo que Ubbe era para mí sin lugar a duda: mi mitad; mi todo y mi nada. Podía entender cómo se sentía y de hecho yo estaba a la par un poco triste por la respuesta de la oráculo, pero sabiendo lo que nos tocaba enfrentar me iba algo más tranquila sabiendo que no ponía la vida de nuestro hijo en riesgo, porque bien sabía que Ubbe se las apañaría y se las ingeniaría para que yo no fuera con él y me quedara de alguna forma de estar embarazada, y yo no soportaría saber que pude ayudarlo y que me quedé como una cobarde, porque no lo era, porque dese hacía ya un tiempo había aprendido a luchar por aquello que quería y él sin duda alguna era lo que más quería en el mundo. Hijos también, pero si no era el momento todavía respetaba eso y hasta lo prefería así, porque ella había confirmado que mi visión se cumpliría y eso solo significaba que saldríamos los dos de este viaje y que al volver quedaría embarazada, que los dioses no nos abandonarían sino que simplemente nos concedían todas nuestra fuerzas para luchar, y estando embarazada no podría ser así. ¿Hubiera ido igualmente? Por supuesto, pero sabía que él se las apañaría para que yo no fuera y me dejaría lejos de todo ese peligro sin lugar a dudas, otra cosa no pero Ubbe era demasiado protector con los suyos, si ya de por sí lo era conmigo no me quería imaginar si hubiera estado embarazada. Tendríamos tiempo de todo, prefería tomarlo con calma sabiendo que se cumpliría a no ir corriendo y que nos pasara como la otra vez... fue un palo muy duro que superar, no quería pasar por lo mismo de nuevo. Él creía que sus dioses le habían dejado de lado, que no habían cumplido con sus peticiones, que no habían respetado las ofrendas y sacrificios que había hecho; que no se le respondía como el devoto guerrero que era... pero yo no lo veía así; no era el momento y así lo habían determinado. Entendía que para él era muy importante dejar un legado, era como dejar una huella, algo por lo que ser recordado y me lo había dicho en innumerables ocasiones, la importancia de tener descendencia y seguir con el linaje, algo por lo que ser recordado y no caer en el olvido... sabía que también le tenía miedo a eso. Podía entender su desazón, lo que le quemaba por dentro y lo ponía de ese estado pero también sabía que la única que era capaz de calmarlo era yo, podía leer en sus ojos lo que le pasaba, la tormenta que se desataba furiosa en sus preciosos mares, su cuerpo tenso, sus puños cerrados expresando así su rabia... lo entendía y lo comprendía, también sabía que a mí me escucharía, quizás fuera a la única que escuchara en esos momentos en los que se ponía así y se evadía del mundo como si lo necesitara, pero no quería que estuviera solo y no pensaba desaprovechar esas horas que nos quedaban juntos.

Sus palabras fueron un claro calco de lo que sentía por dentro, de cómo se encontraba y dejaba salir la rabia y la furia que lo embargaba, que lo estaría carcomiendo por dentro. Elevé mis manos para acunar su rostro con estas y mirarlo de manera fija, acaricié su rostro en lentas pasadas para intentar calmarlo, mi mano descendió dibujando su mandíbula, pasando por su garganta y cuello, notando los músculos definidos de su pecho hasta que dejé la palma de mi mano sobre su corazón que latía con fuerza, con su respiración algo agitada. Él decía que los dioses lo maldecían y que se estaban riendo de él, jamás había escuchado hablar al vikingo así de sus dioses y eso solo era una muestra más de cómo se encontraba, negué con la cabeza porque no lo veía de esa forma. También sabía que no quería que fuera con él, embarazada o no, y que su intención era que me quedara esperándolo pero yo tenía una decisión tomada de forma firme y no iba a cambiarla bajo ningún concepto. Mordí mi labio tras sus últimas frases, ahora me decía que no debería de haberme casado con un bárbaro, que no debí elegir a un hombre que me ponía en peligro... pero eso era decisión enteramente mía y yo no me arrepentía ni un solo segundo de haber tomado dicha decisión, por muchos peligros a los que él pudiera exponerme. Quería intentar hacerle ver que las cosas no eran así realmente, que para todo había una solución y que se podían ver las cosas desde diferentes perspectivas. Él ahora estaba en una fase negativa que no veía más que el que los dioses lo maldecían y se reían de él, pero yo no lo veía así aunque no comenté nada al respecto. Tomé sus labios besándolo para acallar sus palabras, para tomar el control del beso y hacerlo mío como muchas veces él hacía conmigo, sabía que me necesitaba en esos momentos y yo no pensaba soltarlo. Apoyé mi frente en su hombro y dejé un beso en el lugar, entrelacé mis dedos con los suyos pensando a dónde podíamos ir en esos momentos porque él afirmaba que no quería ver a nadie. Me acordé en ese momento de lo que Erlend me había comentado varias veces, antes de que él conociera a Adaline libraba sus demonios él solo y no quería más que soledad, pero con ella supo que era mejor pasarlo a su lado y yo no iba a dejar que el vikingo estuviera solo, confesó que no sabía dónde quería ir y recordé entonces algo que Adaline me había contado cuando estuve esos días con ellos, sonreí por mis propios pensamientos y alcé mi cabeza para mirarlo dejando otro beso para luego morder su inferior, sin apartar mis desiertos de sus mares en ningún momento, todavía podía ver esa tormenta que los asolaba y pensaba cambiar eso en la mayor brevedad posible.



-Y tú no debiste casarte con una Egipcia terca y cabezota –sonreí porque yo lo había dicho más a broma para quitar hierro al asunto, dándole a entender que no me haría cambiar de opinión- esa fue mi decisión Ubbe y no me arrepiento de ella ni un solo segundo, además, ¿cómo negarme a estar contigo cuando eres irresistible y tentador? –Mordí su inferior riéndome levemente para luego rozar su nariz con la mía- no le temo a nada si tú estás conmigo, no existe nada que no haría por ti –volví a dejar un beso en sus labios, aunque algo más tranquilo que el anterior enredando mis dedos en su pelo, recorriendo su trenza mientras disfrutaba de esos momentos con él, de lo que un simple beso causaba en mí- ven, sé un sitio que te va a gustar –tomé su mano tirando de él en dirección al bosque, Adaline me había contado cosas de cuando Ubbe era pequeño saciando así esa curiosidad innata que tenía, me acordé sobre una cabaña que dijo donde él, junto a sus hermanos y sus primos solían pasar de niños su tiempo y quizás eso le ayudara a sentirse mejor recordando viejos tiempos y contándome alguna que otra batallita que habían hecho. Por suerte logramos llegar a la zona y ya pude ver la sonrisa en sus labios cuando él reconoció el lugar, aliviada por verlo mejor. Dejé que tirara de mí mientras nos acercábamos mientras nos adentrábamos en su interior y él me contaba que la habían construido para que pasaran allí el tiempo y que evitaran, en la medida de lo posible, que no se metieran en líos- tenéis una manía por los acantilados que no lo entiendo, pero supongo que como medida no estaba tan mal para unos niños tan traviesos como lo erais vosotros –comenté siguiéndolo por aquel lugar que para él estaba tan cargado de recuerdos, dejé que se sumergiera en sus propios pensamientos mientras me contaba a lo que jugaban cuando eran pequeños y no pude evitar reírme cuando dijo que él era el Ragnarök y lo miré divertida- ¿por qué será que no me extraña que tú eligieras ser, precisamente, el Ragnarök? Siempre tendiendo a ser ese caos perfecto –sonreí divertida ya en la parte de arriba donde solían jugar- al menos estabais a salvo de lagos congelados, de acantilados, de osos... –lo miré para luego reír entre dientes por todo lo que me había contado que habían hecho cuando eran pequeños. Habíamos encendido algunas velas para iluminar la estancia y tumbados en una de las camas más grandes que había hablábamos disfrutando de ese rato de tranquilidad, viendo que estaba mucho mejor de cómo había salido del templo- me gusta verte así, tranquilo, sonriendo –mis dedos repasaron el contorno de sus labios- con todo lo que me has contado tengo la sensación de que voy a tener que preocuparme y estar muy atenta por lo que puedan hacer nuestros hijos... como sean la mitad que tú sería un milagro –reí porque parecía que iba con el gen Cannif no solo ser suicida, sino ser unos trastos de pequeños. Me acerqué a él y me senté sobre su cuerpo recorriendo su pecho, mi pelo caía cual cascada por uno de mis hombros dejando el tatuaje de la brújula verse con claridad- cuando todo esto pase nuestros hijos vendrán aquí igual que hacías tú Ubbe, espada en mano, creyendo que son Odín y que pueden enfrentarse contra un oso como si fueran igual que su padre –me incliné para restar distancias con su rostro- te quiero –dije antes de besar sus labios y seguir disfrutando del tiempo que nos quedaba, mas este no tuvo piedad con nosotros y la noche cayó más rápido de lo que me hubiera gustado admitir, nos levantamos y lo miré tras aquellas palabras que me decía, bien conocía para saber que no me haría cambiar de opinión y negué con la cabeza para dejarlo claro, sus últimas palabras me hicieron mirarlo con fuerza, elevar una mano a su rostro y acariciarlo para acortar distancias- Hverken døden kan skille oss –dije con determinación porque estaba convencida, segura y confiada de que volveríamos los dos juntos. Sus dedos se entrelazaron con los míos y así partimos hacia el puerto donde la Dísir nos había citado para enfrentar nuestro destino, para cuando llegamos ella ya estaba allí, llevaba una capa negra y una capucha tapaba su rostro. A apenas unos pasos de distancia se la quitó observándonos a ambos como si supiera algo que había pasado en esos días.
-Llegáis a tiempo, ya está todo preparado para que de comienzo con el hechizo... pero os lo advierto, crear el Bifröst es algo complicado y requiere de mucha energía por lo que nada más el hechizo de efecto y comience tendréis que correr y atravesarlo porque no podré contenerlo durante mucho tiempo, aquí no tengo todos los materiales necesarios para ello y aunque tengo más energía gracias a la Dísir sigue sin ser sus poderes, por lo que vais a tener el tiempo justo, ¿preparados? –Nos miró a ambos como si esperara una afirmación por nuestra parte y al asentir se dio la vuelta y comenzó a prender unas velas que había en el suelo con un pentagrama dibujado con tiza, se puso en medio y nos miró a ambos- la Dísir confía en vosotros y sabe que lo lograréis, os recuerda que confiéis el uno en el otro ya que juntos vais a entrar y solo juntos vais a salir: valor, coraje. Vuestro amor os liga y eso es vuestra mayor baza; aprovechadla para recorrer este viaje –tras sus palabras cerró sus ojos y comenzó a murmurar unas palabras que no entendí, las repetía como un mantra y poco a poco el tiempo fue cambiando drásticamente, las nubes anunciaban una fuerte tormenta y el mar embravecido parecía sacudirse con violencia. Un fuerte aire se arremolinó en el lugar provocando que las olas fueran más fuertes y más altas, las nubes oscuras empezaban a descargar sus rayos en lo que la Dísir entonaba con más fuerza las palabras, incluso podría decir que sentí la tierra temblar ante el estallido de energía que desprendió y que pareció rebotar como una onda expansiva. Los elementos chocaron y como producto de ello, tras unos minutos en lo que parecía que el mundo iba a acabarse y todo por la magia de la Dísir, así como la tormenta había llegado una luz cegadora pareció brotar del cielo, de esas nubes tormentosas y que para cuando abrí mis ojos frente a la Dísir donde terminaba el puerto parecía como un camino, un puente sobre el mar que llevaba hacia el otro lado donde se veía como un portal del cual provenía luz- ¡Ahora! –Fue todo lo que ella dijo, parecía que le costaba hablar y esa fue la señal que necesitábamos; teníamos el puente, teníamos el portal... así que juntos de la mano sin separarnos comenzamos a correr por aquel puente brillante que parecía hecho de cristal pero de múltiples colores, y de un salto atravesamos el portal que nos llevaría al comienzo de nuestro mayor viaje y aventura con un único propósito: salvar a Ubbe.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Dom Sep 02, 2018 10:14 am

Bifrost, ese puente de múltiples colores que utilizaban los æsir para viajar de asgard a midgard , surca el cielo desde la tierra hasta himinbjörg el castillo en el cielo, la residencia del dios guardián Heimdall. El dios que todo lo ve y que protege Asgard.
La disir nos hablo de que debíamos permanecer juntos, esa era nuestra mejor baza, mas el destino inicial tras cruzar el Bifros era Lyngvi, una isla que pertenece a Asgard pero está casi en las fronteras del mundo, está rodeada por el lago Amsvartnir de aguas oscuras como la noche, es un terreno estéril y neblinoso donde no existe el sonido y donde está atrapado y encadenado el lobo gigante Fenrir hasta la llegada del Ragnarök.

Apreté la mano de mi mujer atravesando el puente de colores, este viaje no iba a ser facil, llegar hasta la isla solo era el inicio de la aventura, mi alma parecía tener un precio y aun no habíamos descubierto quien quería apropiarse de ella sin que yo hubiera caído.
-Tenemos que ir con cuidado, cada uno de los reinos es peligroso en si mismo pero sin duda, deberiamos evitar de ser posible Reino de Nifleheim
Uno de los 9 Reinos. Es un reino primigenio donde habita el frío elemental de la creación que simboliza a la muerte, el olvido y el paso del tiempo, no hay viento, ni habitante alguno en este reino a excepción del dragón Níðhöggr.

Seguimos corriendo, ella aseguraba a mi lado no temer nada, peor aquel puente era enorme, intimidaba y por eso rodeé con mi brazo su cintura para ayudarla a seguir andando.
-No voy a dejar que te pase nada.
Necesitaba explicarle lo que no sabia si ella sabía. Era consciente de que era una mujer erudita en temas de culturas y la nórdica no le era desconocida, peor aun así, prefería recordarle lo que podíamos encontrarnos.
-El Reino de Muspelheim. Uno de los 9 Reinos. Es un reino primigenio donde habita el fuego elemental que simboliza la destrucción, la violencia y la voracidad. Es el dominio de Surtur el gigante que se uniría a los Jotun en el Ragnarök para aplastar a los Æsir exterminar a los seres de Midgard y quemar al Bifrost y las raíces del Yggdrasil y como no el Reino de Helheim
También conocido simplemente como Hel, es el reino de los muertos que no pueden entrar a Valhalla, los niños, las mujeres, los enfermos, las víctimas. Es un mundo oscuro y frio donde hay constantemente una espesa niebla. A veces es considerado como un reino aparte y otras veces el mismo está ubicado en el Reino de Nifleheim. Es gobernado por Hela la diosa de la muerte, hija de Loki y cuyo rostro esta en parte putrefacto como un cadáver





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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Sep 06, 2018 11:05 am

Sabía que el vikingo seguía pensando que no quería que fuera con él y que me quedara esperándolo, es lo que me había pedido que hiciera pero yo era incapaz de dejar que fuera solo porque no me fiaba de nada, porque si la Dísir nos decía ella misma que juntos era como podíamos superar aquel viaje no había mucho más que discutir. Aparte de todo eso era incapaz de quedarme esperándolo como había hecho cuando fue a por la reliquia, demasiada preocupación sin saber cómo estaría para hacer lo mismo en esos momentos, sobre todo porque yo sabía que en este viaje sí que podía ser de ayuda y en aquel momento cuando me pidió que me quedara lo hice porque sería un estorbo más que una ayuda, y si a eso le sumabas el hecho de que había visto cómo se desmayaba el vikingo de la nada y perdía la consciencia y que no era la primera vez que le pasaba entonces tenía mucho más claro que no iba a dejarlo solo para que le pasara algo, si volvía a perder el conocimiento al menos no estaría solo y yo podría ayudarlo en caso de que pasara algo, con eso me quedaba algo más tranquila. Él no había querido ver a nadie de su familia antes de que fuera de noche y tuviéramos que ir al encuentro de la Dísir, las últimas horas las pasamos en esa casa de árbol donde pasó gran parte de su infancia contándome anécdotas de cuando era pequeño, tumbados sobre la cama, abrazados, acariciándonos disfrutando de ese tiempo corto que teníamos antes de que se hiciera totalmente de noche. Con él el tiempo siempre pasaba más rápido de lo que me gustaría admitir y pronto tuvimos que partir hasta el muelle donde daríamos comienzo aquel viaje para salvarlo, porque en mi cabeza no cabía la opción de perderlo ahora que estábamos juntos y que oficialmente estábamos casados ante nuestros dioses, ahora que sabía que podía tener un proyecto de futuro y tener esa familia que siempre había soñado... no podía perderlo y si hacía falta que luchara con todo lo que tenía no me importaba en absoluto, no dejaría que nadie me arrebatara lo que por derecho era mío, porque él me había entregado no solo su cuerpo, sino su vida, su destino, su alma.... y lo que era mío no me gustaba compartirlo. Confiaba en sus dioses y en lo que tenían para nosotros deparados, la oráculo nos había revelado un dato muy importante y que me hacía ver que sí saldríamos de aquel viaje los dos juntos, que luego podríamos formar esa familia y me quedaría embarazada... era lo que había intentado inculcar en la mente del vikingo para que él también se centrara en ese proyecto y no se lamentara más porque no tenía sentido. De no haber salvación la Dísir no habría bajado, por lo que iba a aferrarme a ello tanto como pudiera y me fuera posible porque o salíamos los dos o no salíamos ninguno, yo no quería una vida que no fuera a su lado y solo pensarlo provocaba un pequeño vértigo en mi estómago; o todo o nada, eso era básicamente en lo que se resumía todo. Para cuando llegamos ante la Dísir esta nos estaba esperando, tenía todo preparado y pronto comenzó para abrir ese portal que nos llevaría directos a Asgard cruzando el Bifröst como nos había dicho, el tiempo se puso bastante revuelto y tras unos cuantos minutos apareció sobre el mar un puente bastante brillante, como si estuviera iluminado por muchos colores que llevaba a lo que parecía el portal que debíamos de atravesar para llegar al otro lado.

Cuando nos gritó que ya podíamos atravesarlo corriendo ni siquiera lo pensamos, su mano tomó la mía apretándola con fuerza y juntos atravesamos el puente que nos llevaría directos a tierras desconocidas, al principio del viaje para recuperar su alma y quizás averiguáramos en el trayecto quién era el que quería el alma del vikingo sin que este hubiera caído en batalla, quién o qué porque no teníamos nada claro, igual que los motivos que llevaban a porqué estaba pasando todo aquello y precisamente a él que no había hecho nada para enfadar a los dioses, aunque algo me hacía pensar que estos no tenían nada que ver y que había algo más de trasfondo en todo aquel asunto que ambos desconocíamos pero que pensaba averiguar por todos los medios. Las palabras del vikingo hicieron que lo mirara mientras me explicaba, por encima de todos, el reino que deberíamos de evitar adentrarnos en él porque allí es donde moraba el dragón, aunque siempre con esa curiosidad innata que me hacía querer saber y conocer acerca de todo hasta yo misma pensaba que sería una mala idea adentrarnos en ese reino así que solo asentí con la cabeza. Mientras seguíamos cruzando aquel enorme puente que intimidaba bastante debido, seguramente, a la importancia que tenía ya que era el punto de conexión de Asgard con la tierra, el brazo del vikingo rodeó mi cintura y yo lo miré sonriéndole en respuesta sintiendo su calor traspasar a mi cuerpo, ese brazo seguro que me rodeaba y sus palabras que me dejaban claro que no permitiría que nada malo me pasara en  lo que durara aquel viaje, algo que yo ya sabía porque el vikingo era muy protector y eso lo había visto en varias ocasiones. Le sonreí y dejé un beso rápido en su mejilla como agradeciéndole el gesto, sin embargo mi mirada le dejó más que claro que no pensaba que me fuera a pasar nada con él pero sobre todo que yo tampoco dejaría que nada malo le pasara si estaba en mi mano evitarlo. Nos íbamos acercando al portal que nos llevaría al comienzo de todo cuando su voz sonó de nuevo, me estaba explicando de manera rápida algunos de los reinos que había sobre todo centrándose en Hel, un lugar donde seguro que el vikingo no quería visitar y del que había leído y oído hablar porque allí moraba Hela, su diosa de la muerte, aunque si teníamos que dirigirnos al mismísimo infierno nórdico para salvar su alma ni me lo pensaba, iríamos de cabeza sin duda alguna. Conocía su mitología, conocía sus mundos y entendía por qué me decía eso pero si algo tenía claro era en que juntos podíamos, no había más que pensar.


-Yo tampoco voy a dejar que te pase nada Ubbe, confío en nuestros dioses que de seguro velan por nosotros, y sobre todo confío en ambos y en que vamos a lograrlo, averiguaremos qué es lo que ocurre y recuperaremos tu alma porque perderte no es una opción. Te quiero y te necesito, así que juntos vamos a poder con esto –aseguré justo apenas unos pasos de donde se encontraba el portal, ambos lo miramos y tras dedicarnos una mirada lo atravesamos sabiendo que la Dísir no podría mantenerlo mucho más tiempo. Nada más cruzar sentí un tirón algo parecido al portal que habíamos atravesado para llegar al norte, aunque algo más fuerte y violento como si estuviéramos dentro de un huracán que nos movía con fuerza. De pronto perdí todo contacto con el vikingo, su brazo dejó de rodearme la cintura y aunque intenté retenerlo a mi lado y aferrarlo el tirón fue demasiado fuerte como para poder coger al vikingo- ¡Ubbe! –Lo llamé estirando mis brazos para cogerlo pero no lo sentía ni lo encontraba, otro tirón hacia el lado opuesto a  donde él se encontraba mientras me mareaba por aquello esperando a que terminara pronto. Como si hubiera salido de la nada, otro portal se abrió en mitad de todo aquel caos y caí de manera un tanto brusca al suelo pero aterrizando por fin en la tierra. El golpe no fue demasiado duro al menos aunque sí tosí un par de veces en lo que me recuperaba y reponía del mareo principal, apoyé mis manos en la tierra un tanto húmeda incorporándome un poco quedando de rodillas, aparté el pelo de mi cara alzando mis desiertos esperando encontrar al vikingo a mi lado... pero no estaba allí conmigo. Extrañada por ello fruncí el ceño mirando a mi alrededor dándome cuenta de que estaba completamente sola, sin él a mí lado, aunque tampoco se veía demasiado bien por la neblina que había en el lugar- ¿vikingo? –Pregunté esperando que el vikingo hubiera caído cerca de donde yo me encontraba, sin embargo todo lo que obtuve por respuesta fue silencio, uno un tanto aterrador e inquietante que provocó que me mordiera el labio y terminara por levantarme del todo observando el lugar a mi alrededor. Intuía que debíamos de estar en Lyngvi, una isla que pertenecía a Asgard y por lo que me había dicho el vikingo situada en las fronteras de esta. Parecía que estaba en los lindes de un bosque y no sabía qué era lo que debía hacer, lo primero y primordial era encontrar al vikingo porque él sabía mucho más que yo  ya que él era el experto, después veríamos cómo llegábamos a Asgard pero lo que más urgía era encontrarlo. Pero, qué hacía, ¿me metía en el bosque, continuaba por otro camino, me quedaba quieta? Lo más sensato sería quedarme quieta y esperar a que él me buscara para no ir en direcciones opuestas, sabía que él siempre me buscaría aunque la idea de quedarme quieta no me gustaba demasiado- maldición –mascullé mirando alrededor, la neblina no dejaba ver demasiado y ese silencio no presagiaba nada bueno- voy a buscarte vikingo, espero que la brújula guíe mi camino –no iba a quedarme de brazos cruzados, no era así, y esperaba que los dioses nos echaran una pequeña mano con todo aquello. No empezábamos bien pero nadie dijo que fuera a ser fácil, era algo que ambos habíamos asumido. Que solo se oyeran mis pisadas era algo que no me gusta, demasiado silencio para un lugar como aquel donde solo parecía soplar una leve brisa. Sin saber qué guiaba mis pies como si algo me empujara por el camino que había tomado cuando escuché un ruido, como una rama partirse, y es que cualquier sonido allí se escuchaba con claridad con el silencio que había. Miré en la dirección de donde había venido el ruido, algo que parecía estar en el interior del bosque- ¿Ubbe? –Pregunté aunque algo me decía que no era él, sentía como si unos ojos vacíos y carentes de vida me observaran, siendo acechada, no sabía lo que era pero seguramente en aquel lugar nada bueno. Un gruñido que me hizo saber que no era nada humano, así que hice lo único que podía hacer en esos momentos: corrí. Comencé a correr alejándome con la esperanza de encontrarme con el vikingo para saber que no le había pasado nada, para que lo que hubiera gruñido no me alcanzara.



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Mar Sep 11, 2018 1:50 pm

La isla del silencio o isla de Lyngvi era el lugar donde acaba de aterrizar mi cuerpo, sin duda aquel portal nos había arrastrado hasta la peligrosa isla donde no existía el sonido y estaba tan llena de brumas que era complicado verte a ti mismo. La fuerza del portal nos había enviado a cada uno para un lado, Nai no sabía casi nada de mitología nórdica y mi desesperación fue palpable cuando con las manos traté de tocarla.
-¡Nai! -rugí desesperado como si no fuera mas que consciente que aun teniéndola al lado ella no me oiría.

Tenía que pensar en como dar con ella, solo esperaba que no se moviera porque en esa isla el mayor peligro no eran las brumas si no Fenir, aquí es donde había quedado encadenado por los dioses. Al principio sólo era un cachorro, pero conforme se le alimentó comenzó a crecer, y pronto fue tan grande que era imposible controlarlo. Dos veces fallaron los dioses en su intento por apresarlo . Los dioses del Asgard pidieron la fabricación de una ligadura irrompible a los enanos. Éstos les fabricaron una cinta liviana que sin embargo nadie podría romper. Lo encadenaron en la isla Lyngvi, en el lago Ámsvartnir. Sólo Tyr se ofreció a realizar la proeza.

Tenía que pensar, pensar rápido, aquella tierra era estéril, árida, pedregosa, tenía que encontrar la manera de lograr que mi mujer me viera y solo se me ocurrió una.
Desenvainé la espada ladeando la sonrisa, y sin pensarlo di un azote a la tierra con la hoja, muchas chispas emergieron pegando un buen fogonazo.
-Vamos -rugí -vamos pequeña, has de fijarte en la luz, ven hacia mi.

Seguí avanzando sin dejar de soltar chispas con cada golpe de espada, no podría verme, peor si escucharme, mi desesperación crecía sin parar hasta que en el ultimo golpe de espada noté un abrazo, era lela, no la escuchaba peor mis manso aferraron su cuerpo, hundí mi cabeza en su cuello arqueando la espalda.
-Te quiero, te quiero -mi aliento sofocado mecía su pelo -creía que te había perdido, te quiero.

Incapaz de soltarme permanecimos abrazados en silencio, bueno, si hablaba no podía escucharla.
-Tenemos que encontrar el lago Amsvartnir de aguas oscuras, navegarlo...las nornas eran nuestro destino y para eso debíamos bajar hasta las raíces del fresno. Las tres hermanas establecieron su residencia cerca del manantial Urdar.


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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Naitiri Zahir el Jue Sep 13, 2018 11:03 am

El viaje para ambos había comenzado y sin duda sería uno de los más peligrosos que tuviéramos que hacer en nuestras vidas, pero no él último y tampoco era el primero que hacíamos ambos. Esa vez el tiempo corría en nuestra contra y debíamos de hallar la manera para devolverle su alma, no sabíamos lo que había ocurrido ni porqué estaba sucediendo aquello, si alguien había hecho algo para quitársela pero algo muy grave debía de estar ocurriendo para que una Dísir bajara a avisarnos, de no haber sido por ella estaba convencida de que el vikingo no me habría dicho nada al respecto, se habría callado y hubiera emprendido camino él solo sin tan siquiera decirme nada para librar él solo sus batallas, pero no se daba cuenta de que ahora los dos éramos uno y que sus batallas eran también las mías, quizás yo no pudiera ayudarle en algunas porque no sabía pelear pero tenía claro que en ese viaje sí estaría porque me necesitaba. Sospechaba que algo, o alguien, pretendía arrebatarle su alma no solo para matarlo sino por algo más que no sabíamos pero que averiguaríamos por el camino porque no descansaría hasta saber qué era exactamente lo que pasaba. No me iba a quedar tranquila hasta solucionarlo todo y sabía que el tiempo corría en nuestra contra, como un reloj de arena que ya habían volteado mientras esta corría con prisa. Cuando todo estuvo preparado y la Dísir formó el puente cogidos de la mano lo atravesamos con la incertidumbre de no saber lo que nos encontraríamos al otro lado pero certeros en el hecho de que juntos podíamos con todos, nos necesitábamos mutuamente. Tras alcanzar el portal y cruzarlo fue como si nos encontráramos en el medio de una gran tormenta, nos movía con fuerza, mi pelo era movido a todas partes en un remolino y siquiera sin poder hacer nada por evitarlo en un momento dado sentimos un tirón tan fuerte que separó nuestras manos unidas, por más que intenté aferrarme al vikingo fue imposible por la fuerza de la sacudida. Mareada y confundida caí al suelo al abrirse de nuevo un portal y para cuando esperé a que el vikingo también apareciera este no lo hizo, el portal se cerró tras mi espalda en lo que yo me incorporaba del suelo alzándome. Sola, estaba sola en aquel lugar desconocido sin saber dónde me encontraba y sobre todo sin el vikingo a mi lado. En medio de aquel ensordecedor silencio, inquieto y perturbador, no se oía nada y mucho menos se podía ver algo por la neblina espesa que había en el lugar. Recordaba que el vikingo me había dicho que era el lugar donde el sonido no existía, eso daba sentido al que no se oyera el más mínimo ruido en todo el lugar que me rodeaba, entonces, ¿cómo iba a encontrar así al vikingo? Es más, ¿qué era lo mejor para hacer en ese caso? ¿Me quedaba quieta esperando que me encontrara, me movía para buscarlo? Me encontraba en un dilema porque no sabía muy bien qué hacer al respecto, mordí mi labio con fuerza intentando ver algo más allá a mí alrededor pero era imposible. Me desesperé porque sin oír y sin ver nada las posibilidades de encontrarlo disminuían, no tenía conocimiento del lugar y tampoco sabía en qué dirección tomar. Sin embargo si me movía era básicamente por la fe, por el hecho de saber que al final acabaríamos encontrándonos, porque todos mis caminos empezaban y terminaban en él... eso era lo que me daba esperanzas y rendirme no estaba en mi vocabulario por muy oscura que fuera la situación.

Al final opté por hacer caso a mi instinto, a esa intuición que muchas veces me había sacado de apuros y que me guiaba como si alguien me mostrara el camino, y comencé a andar porque quedarme quieta era algo superior a mis fuerzas, odiaba quedarme de brazos cruzados sin intentar poner una solución y como no iba a quedarme allí parada comencé a moverme despacio porque no veía nada, tampoco oía nada y eso dificultaba enormemente el encontrarnos. Pero también sabía una cosa: que el vikingo no cesaría hasta que no me hubiera encontrado, en eso los dos éramos completamente iguales y convencida estaba de que él hallaría una forma de poder verlo entre tanta niebla porque oírlo sería imposible. De esa forma podía escuchar con más nitidez el bombeo de mi corazón como si sonara justo en mis oídos con fuerza junto con mi respiración, mis pensamientos era lo único que me acompañaba y resultaba bastante extraño y algo incómodo andar sin escuchar siquiera una mínima pisada. No quería ni pensar en la opción de encontrarme con algo que pudiera vivir en ese lugar pero dudaba que hubiera algo, él había mencionado a Fenrir pero esperaba que no nos topáramos con el lobo ninguno de los dos. Mientras más andaba mi desesperación más crecía porque no sabía por dónde iba, qué rumbo o dirección debía de tomar sin dejar de pensar en el vikingo rogando por poder encontrarlo, seguro que él hallaba una forma de que lograra verlo porque no se rendiría como yo tampoco estaba dispuesta a hacer. Y fue entonces, casi de la nada, cuando una pequeña luz captó mi atención en aquel lugar sombrío del que apenas se distinguía algo más que la niebla que me rodeaba. Paré quieta observando dicho lugar, a los pocos segundos de nuevo ese destello a lo lejos que apenas duró unos segundos fijándome con detenimiento preguntándome qué era aquello. ¿Será el vikingo? Esperaba y deseaba que fuera eso, que fuera él haciéndome una seña ya que solo contábamos con la vista para que fuera a su encuentro. Cada vez el destello era más frecuente, cada vez se podía ver algo más claro y nítido así como grande... y ni siquiera lo dudé. Mis pasos fueron en esa dirección porque algo me decía que tenía que ir hacia allí, cada vez que me acercaba me daba más cuenta de que era el camino acertado y cuando apenas estábamos a unos pasos estiré mis brazos con la esperanza de tocar al vikingo. Mis manos dieron con un cuerpo cálido, parecía su pecho, y enseguida los subí a su rostro donde mis dedos rozaron su barba pero fui directa al rasgo característico que me haría saber si era o no: su trenza. Cuando la sentí entre mis dedos no hubo duda, lo abracé pegándome a él sintiéndome aliviada de que me encontrara en medio de aquel lugar, sus brazos no tardaron en rodearme y su rostro fue directo a mi cuello sintiendo su aliento cálido contra mi piel.


-Ubbe –lo llamé aunque intuía que no me oiría porque ni estando cerca había podido apreciar el sonido que provocó aquella luz, que ahora sabía que era su espada que sujetaba en una de sus manos hasta que la guardó para rodearme. Pegué mi cuerpo al completo contra el suyo no dejando apenas centímetro entre ambos, cerré los ojos y sonreí aliviada por haberlo encontrado y estar juntos de nuevo. Sabía que me estaba hablando porque notaba su aliento impactar contra mi cuello, pero no podía oírlo aunque eso no hizo que dejara de abrazarlo- temía que no me encontraras y perderte –sabía que no iba a oírme pero era inevitable no decirlo. Ahora algo más tranquila dejé que me rodeara entre sus brazos, envolviéndome, sintiéndome segura entre su cuerpo permaneciendo así por unos minutos, cuando alzó su rostro mis manos tomaron este para buscar sus labios y besarlo, como si dijera “estamos aquí, estamos bien” para poder seguir adelante. Ahora juntos la cosa mejoraba, solo quedaba avanzar para cruzar ese lago que nos llevaría ante las nornas. El problema era que no veíamos demasiado y eso era lo que primero debíamos de solucionar, la neblina no nos dejaría ver pero quizá si podíamos encontrar algo juntos para cambiar eso. Como no podíamos vernos ni escucharnos se me ocurrió una manera para hacerle saber lo que pensaba cono una palabra, mis dedos fueron a su piel y con la uña tracé la palabra “luz” letra por letra para que él pudiera entenderlo y saber lo que estaba pensando, con luz podríamos ver y aunque no nos oiríamos podríamos continuar camino. Pareció entenderme y pasados unos cuantos segundos en los que intuía que estaba cerca de mí haciendo algo la luz de una antorcha iluminó un pequeño espacio entre ambos, mis desiertos buscaron sus mares y le sonreí porque nos conocíamos tanto y demasiado que éramos capaces de entendernos sin hablarnos. Era hora de continuar camino y tomados de la mano seguimos avanzando juntos, pasado un buen rato conseguimos salir un poco de la neblina que nos rodeaba y comenzamos a ver cada vez más y más, el aire parecía más puro y limpio en lo que nos acercábamos a un lago que debía ser el que había mencionado el vikingo, sabía que las nornas custodiaban el árbol y que solo ellas nos concederían entrar por lo que suponía que tras cruzar el lago las encontraríamos. La pregunta era, ¿cómo íbamos a cruzarlo? Nuestras respuestas se vieron respondidas cuando cerca de la orilla de aquel oscuro lago, ya sin la neblina que nos rodeaba, había un pequeño drakar que era perfecto para cruzarlo... sin embargo algo me hacía pensar que no iba a ser todo tan fácil- no me fío, Ubbe –lo miré asombrada de que pudiera escuchar mi voz, no yo, sino él porque asintió con la cabeza dándome la razón y miraba a todos lados. Su espada estaba envainada pero seguramente pronto la desenvainaría porque ninguno podíamos fiarnos y él menos aún, mientras nos íbamos acercando a la barca de la nada apareció un pequeño fuego de tonalidades azules y verdes, ambos nos paramos en un principio por lo repentino que había sido aquello mientras aquel pequeño “fuego” flotaba en la nada del lugar. Un par de pasos más y aquella llama tomó forma aunque todo del mismo color, los bordes era como si fuera fuego también y enarqué una ceja curiosa por ello, ¿qué sería aquello? Extendió la mano hacia nosotros y entonces escuché una voz en mi cabeza, supuse que el vikingo también la habría escuchado igual que yo. La voz decía que hiciéramos un pago y que solo entonces nos dejaría utilizar la barca para cruzar el lago, de lo contrario ninguno seguiríamos camino. Alcé mis desiertos para encontrarme con sus mares, al vikingo no le iban los desafíos en absoluto pero ¿qué íbamos a hacer? Y de ser un pago, ¿qué sería?



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Re: De Ni Verdener ~ Privado

Mensaje por Ubbe Cannif el Dom Sep 16, 2018 11:26 am

Permanecimos abrazados entre la bruma un rato, acariciándonos, susurrando contra la piel del otro palabras inaudibles pero si cálidas pues el bello de mi nuca se erizó bajo el contacto de sus labios contra mi piel desnuda.
Sabía que teníamos que salir de allí, aquel lugar era peligroso, pero no lo haríamos sin saber donde pisar, no debíamos olvidar que Fenir estaba encadenado en aquella isla y bien podía estar ahora acechándonos y nosotros ni verlo ni oírlo.
Estaba tratando de dar con el modo de poder hacer luz cuando noté sus dedos escribir esa palabra en mi piel.
La egipcia era muy graciosa, ladeé la sonrisa y apreté sus nalgas porque francamente me había asustado al perderla y ahora necesitaba sentirla contra mi.

Le pedí que no se moviera y que esperara ahí, como si me oyeran, así que como ella antes hizo esta vez fui yo el que con la yema de mi dedo surque su piel marcando cada letra en un perfecto nórdico.
Conté los pasos para no volver a perderla y mientras tanteé con el pie el suelo, debía haber maderos pues la isla era boscosa.
No tardé en demasía en dar con un palo, rompí mi camisa y la anudé al extremo creando una especie de antorcha improvisada que hice arder con otra de las chispas de mi espada que soltó al ser golpeada repetidas veces contra las rocas.

El fuego pronto prendió permitiendo a la egipcia y a mi vernos nuevamente, mi esposa corrió a mis brazos y juntos caminamos en busca de las aguas del rio, ahora al menos eramos capaces de ver sobre que arenas nos movíamos.
Seguimos un rato a buen paso hasta que dimos con el rio, el problema era como vengarlo, duda que se solucionó en cuanto enfoqué con la antorcha una de las orillas para ver el drakkar, claro que no iba a ser tan fácil y pronto llegó la parte mala de todo aquello una especie de ser luminoso que exigía un pago, un tributo para permitirnos usarlo y salir de aquellas tierras rumbo a las raíces donde se encontraban las nornas.

Dejé escapar el aire despacio, no tenía nada que darle, tampoco la egipcia y sin embargo lago me decía que de no pagar el precio que valía las cosas se nos complicarían.
-Nai -susurré consciente de que ahora era capaz de escucharme -en esta isla hay un pozo lleno de sabiduría, aquí Odin perdió su ojo...cuando se le exigió un pago para poder acceder a las aguas de la sabiduría, así que..creo que el pago a de ser acorde a lo que nos prestan de lo contrario estaremos condenados a vagar por este lugar.

Acabé llevando mi diestra al cuello y de un tirón rasgue el cordón de cuero que sujetaba el martillo de Thor, lo tenía desde niño, padre lo pendió de mi cuello, no era un tributo barato del que no me costara desprenderme, mas bien todo lo contrario.
Lo deje caer en su mano esperando una respuesta...




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Re: De Ni Verdener ~ Privado

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