Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Brighter — Privado

Mensaje por Horatio Coxon el Jue Jul 12, 2018 11:18 pm


“She smiled and her face was heartbreaking.”
— Ernest Hemingway, The Garden of Eden


Había viajado desde Praga sólo para ver a su primo. No, mentira, había viajado para cerrar tratos con Amancay y lo de ver a su primo era sólo un agregado. De todos modos, le pareció una grosería que Iain no estuviera por ahí. ¡Era una fiesta para él! Y el maldito no se aparecía, tampoco es que Horatio tuviera algo concreto que decirle, era simplemente que el día de su boda lo vio tan desdichado, y con esos poderes que él tenía y el rubio no, logró ver lo triste de su aura.

Se mantuvo recargado sobre un muro, no hablando con nadie, aunque estaba mirándose insistentemente con una mujer joven, como en edad para casarse. La jovencitas eran las que más debilidad tenían por él, y Horatio le sonreía y le hacía amagos de brindis. Por eso su hija lo odiaba, caray, porque no sabía comportarse. Qué bueno que no llevó a Alya, aunque mostró interés en el viaje. Pero la chica no podía saber a lo que realmente se dedicaba, ni cómo curaba el dolor de su viudez con una amante y con otra. Era mejor así.

Pero aquel intercambio se vio interrumpido cuando Horatio logró ver a la flamante nueva esposa de Iain. Si él no sabía comportarse, parecía cosa de familia, ¿cómo era posible que abandonara a Nadia así nada más, sin importarle las habladurías? No era que a Horatio le interesara mucho la opinión de otros, pero sabía que los Scrymgeour eran más dados a esas formalidades. Fue hasta allá y con delicadeza, la tomó del codo para llamar su atención.

Hola —dijo con casualidad, quizá demasiada; sonrisa en los labios y ojos azules muy despiertos—, Nadia, ¿no es así? Nos conocimos en tu boda, soy Horatio, el primo de Iain —explicó, no esperaba que la mujer recordara a todos los invitados de aquel día.

¿De casualidad no sabrás dónde está tu esposo? Quiero hablar con él, y no me queda mucho tiempo más en la ciudad, debo regresar a Praga, mi hija me espera. A ella también la conociste aquel día —dijo, trató de sonar sereno, pero sobre todo, comprensivo, sin darle a entender que siendo recién casado, el tonto de Iain había decidido dejarla ahí y así, frente a los invitados.

Pareces un poco… tensa —entonces apuntó. Usó cuidadosamente sus palabras. «Tensa» no era la palabra, su aura lucía más bien perdida, y no supo si sería precisamente por la ausencia del susodicho—. ¿Estás bien? —preguntó y se dio cuenta, al apretar un poco más su mano en ella, que no la había soltado. Lo hizo en ese instante.

Ven conmigo, Iain puede esperar. —Ofreció su brazo—. Tus invitados también. —Decidió ayudarla un poco con ese estrés que no podía ser sano, a saber si su primo era el causante, no le interesaba tampoco. Quién lo diría, un contrabandista de armas, tan preocupado por una recién casada descuidada por su marido.


Última edición por Horatio Coxon el Mar Sep 18, 2018 9:12 pm, editado 1 vez


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Re: Brighter — Privado

Mensaje por Nadia Scrymgeour el Jue Ago 09, 2018 10:38 pm

La felicidad que había sentido en un principio, desde que había sabido de aquella fiesta en honor a Iain, se había esfumado por completo porque nada estaba siendo como Nadia había imaginado que sería, se había puesto su vestido más bello -el rojo que le quedaba perfecto a su piel-, usado las joyas que su esposo le había regalado y cambiado tres veces de peinado hasta dar con el indicado... pero ahora se sentía vacía, incompleta y olvidada. De nada le servía que todos la mirasen, que la halagasen, si a Iain le daba igual lo bonita que ella estaba.

Isaura le había parecido muy agradable y cálida, principalmente con Iain, algo que no había podido apreciar el día de su boda por obvios motivos, su cabeza no estaba abocada a juzgar a la mejor amiga –casi hermana, según muchos la definían- de su esposo ese día, pero eso ahora había cambiado, ya no tenía los nervios de aquel día.

Le hubiera gustado poder observar un poco más de la dinámica con la que se relacionaban ellos –Isaura e Iain-, pero no pudo. Solo fue un momento de distracción, correspondió a la charla de Francine Huxley que la invitaba a ser parte del círculo de damas al que ella pertenecía –en donde se compartían, entre otras cosas, rondas de bordado, muestras de arte y beneficencia-; en cuanto Nadia terminó de hablar con la adorable muchacha y se giró para volver junto a su esposo, éste ya no estaba y no pudo hallarlo en largo rato. Pero quien sí la encontró a ella fue Horatio.


-Oh, Horatio, qué placer encontrarte aquí, es una grata sorpresa –dijo y le tendió la mano. Lo decía por compromiso, aunque no era del todo falso porque ver un rostro conocido, en medio de la gran cantidad de invitados, le resultaba confortante-. Envíale mis saludos a tu hija, por favor. Y dile que será nuestra invitada si así lo desea, al parecer permaneceremos aquí una larga temporada –lo decía feliz porque nada le gustaría más, pero tampoco estaba segura de aquello pues esa decisión dependía de Iain y todavía no estaba tomada.

De pronto se sintió incómoda allí, en medio de tanta gente, sola y aparentando tener un futuro seguro en París cuando ni siquiera sabía qué había decidido para ellos su esposo. Le molestaba demasiado no tener certezas, pero al parecer debería acostumbrarse a aquello, no todo iba al ritmo que a ella le gustaría.


-Me encantaría saber dónde está tu primo, me ha dejado sola y perdida aquí. Qué suerte ha sido encontrarte –le sonrió, pero no estaba siendo sincero ese gesto-. No, no me siento bien, no estoy cómoda –le confió, después de todo eran familia-. ¿Podríamos salir un momento a los jardines? Creo que aquí falta el aire, Horatio.

Se tomó del brazo del hombre, su primo político, y se llevó inconscientemente la mano al vientre. Definitivamente necesitaba aire fresco y tal vez, con un poco de suerte, pudieran encontrar a Iain allí afuera.




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Re: Brighter — Privado

Mensaje por Horatio Coxon el Mar Sep 18, 2018 9:42 pm


Frunció ligeramente el ceño al escucharla decir que se iban a quedar ahí por una temporada. Iain nunca le pareció el tipo de hombre que pudiera separarse de la tierra paterna por mucho tiempo, pero qué iba a saber él; entonces rio y negó con la cabeza, abierto y genuino como siempre era él. Horatio resultaba tan afable, tan encantador, tan comedido incluso, que era imposible imaginárselo como un peligroso contrabandista de armas, y esa era su mejor coartada.

Oh, no le des ideas. Está en esa edad en la que le molesta todo lo que hago —respondió, refiriéndose a Alya y ya tomando a Nadia del brazo para salir de ahí.

Aunque la mujer le dijera algo, él sabía que mucho de ello no era verdad. No podía leer mentes, y si tuviera esa capacidad, no se metería en la cabeza de su prima política de todos modos, pero podía leer el aura, conocer las emociones de una persona a través de ella, y en este caso, tampoco hacía falta, bastaba con ver cómo se estaba comportando la flamante nueva señora Scrymgeour para llegar a la conclusión de que algo la molestaba, o incomodaba, al menos.

Sin palabras la acompañó hasta el exterior. De algún modo, sonriéndole y enfocándose en ella, trató de impedirle que volteara a su alrededor, para tranquilizarla o lo que fuera. Horatio solía decir que era muy malo lidiando con esas cosas, pero resultaba mejor de lo que quería darse crédito. Una vez fuera, se detuvo, se giró y tomó a Nadia de ambas manos, sin dejar de sonreírle.

¿Mejor? —preguntó con delicadeza—. Las reuniones sociales suelen estresarme mucho, así que te comprendo. Conmigo estás segura —continuó, pero se calló pronto. Si bien sus ganas de ayudarla eran reales, estaba siendo el Horatio usual, el que flirtea a la menor provocación, y por Dios, era la esposa de su primo de quien estaba hablando. La soltó y rio ligeramente. Se rascó la sien y algo más llamó su atención.

Algo en Nadie era distinto y ahora que estaba solo con ella pudo notarlo, aunque no supo el qué. Le recordó mucho a su esposa Calla cuando estaba embarazada de Alya. ¿Sería eso? Vaya, a pesar de lo cabrón que estaba siendo en ese instante, Iain al parecer había cumplido como marido y la idea lo divirtió.

Habla conmigo —le dijo de pronto—, es bueno mantenerse distraído. O no, tampoco puedo obligarte. ¿Quieres solo mirar las flores? Eso podemos hacer. —Arqueó una ceja y se giró para observar el bonito jardín que esa casa tenía; la residencia que al parecer albergaría a su primo y a su esposa por un tiempo. Aunque era bueno saber eso, la ubicación de Iain y Nadia, incluso cuando en ese instante, Horatio no supo precisar por qué.

Cuando su madre le enseñó sobre la magia que corría por sus venas, le dejó en claro que muchos eventos en nuestras vidas son decisivos, y podemos sentirlo de algún modo, aunque no les encontremos explicación y Horatio supuso que era uno de esos retazos de su viaje: esa conversación, la compañía de Nadia.

Lamento lo de mi primo —continuó hablando y se llevó las manos a los bolsillos—, eso le viene de la parte escocesa, te lo aseguro, los Coxon somos… peor. —Soltó una carcajada.


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