Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Abraxas el Dom Jul 22, 2018 4:09 pm

Siempre me ha causado cierta curiosidad ver cómo, a pesar de que conocen los riesgos, los auténticos peligros que se esconden en la oscuridad, acechándolos, los humanos no parecen tener muchos reparos en mostrarse abiertamente y de forma tan vulnerable ante la oscuridad de noches como esta. Desde hace una semana, las noticias y los rumores acerca de una serie de crímenes cometidos en los barrios bajos no han hecho más que incrementarse en frecuencia. No solamente el número de víctimas ha ido en aumento, sino que lo ha hecho la crueldad con la que son asesinadas. Por supuesto, el responsable de semejante masacre soy yo, en mi afán por recaudar el mayor número de almas posibles para Dios, pero aunque sepa más detalles de los asesinatos que cualquiera, resulta bastante interesante escuchar las impresiones ajenas al respecto. Presenciar en primera persona cómo el miedo comienza a instalarse en sus vidas, a manifestarse en sus rostros y sus acciones, es francamente gratificante. Sembrar el pánico entre ellos, después de todo, es también parte de mi trabajo en la Tierra.

Por eso mismo, porque soy consciente del miedo que poco a poco se va despertando en las gentes de París, me parece tan extraño que pese a todo, pese al pánico que sienten, a la amenaza inminente que supone que uno de ellos pueda ser el siguiente, sigan saliendo al exterior a horas tan intempestuosas. Si bien es cierto que no son realmente conscientes de que la bestia que los acecha es, en efecto, una bestia en el sentido literal de la palabra, ¿acaso la posibilidad de ser brutalmente mutilado no es suficiente para quitarles los deseos de exponerse? No es que me agrade especialmente tener que buscar a mis víctimas de forma concienzuda -siempre he pensado que la improvisación es un buen recurso, especialmente teniendo en cuenta que no necesito calidad, sino cantidad-, pero un poco de suspense, de necesidad de esforzarme, seria un gran aliciente para alguien que, en esencia, lleva toda la eternidad profundamente aburrido. De no ponérmelo tan fácil posiblemente mi forma de acabar con ellos sería menos cruenta y dolorosa para ellos. No es que me queje, pero me preguntaba cómo es posible que no sean conscientes de su propia estupidez.

Como de costumbre, mi búsqueda de víctimas no me lleva más de diez minutos. Un grupo de jóvenes con aspecto refinado, conversando de cosas triviales que a nadie le interesaban, caminando despreocupadamente por un barrio del que es evidente que no proceden. Están fuera de lugar, destacan, lo que me lleva incluso a plantearme que tal vez sientan deseos de convertirse en la presa de alguien. Quizá eso añadiría emoción a sus patéticamente monótonas vidas. Me acerco sigilosamente a las tres féminas, amparado por las sombras de calles y callejones, y justo cuando voy a avanzar dispuesto a hacer acto de aparición, uno de los míos se interpone, y en menos de unos segundos, acaba con las que iban a convertirse en mis sacrificios. Observo la espalda del inmortal con cara de pocos amigos. Esto no va a quedar así.



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Re: Demons in the making

Mensaje por Éride el Vie Ago 24, 2018 9:51 pm

Su última conquista de la semana había resultado ser menos excitante de lo esperado. Tras una noche en la que, después de halagos y comentarios nada elegantes que hacían referencia a tener un momento íntimo, y/o marcharse a un lugar en el que estuvieran solos, la rubia había accedido a la propuesta sin pensárselo demasiado, en parte porque no tenia nada mejor que hacer, y en parte porque le gustaba jugar con el corazón de esos patéticos hombrecillos que buscaban hundirse en ella como si esa fuera la respuesta a todos sus problemas. ¿Y por qué no hacerlo? Abandonarse al sentimiento hedonista, al deseo incontrolable de dejarse llevar por el placer... No era especialmente su tipo: demasiado viejo, demasiado poco dotado, y con las manos demasiado largas, pero poseía una fortuna considerable y, al final, la trataba exactamente como se merecía. Como una auténtica reina. O al menos, así había sido al principio. No hay que pensar demasiado cómo reaccionó cuando, tras esa primera noche en que se dejaron llevar por los instintos, el hombre perdió prácticamente todo el interés en ella, como si una vez conseguido su objetivo principal, nada más le importara.

Decir que estaba furiosa es quedarse bastante corto. Una vez de regreso a la mansión, tras haber intentado, sin éxito, recuperar la chispa de curiosidad en los ojos de aquel mequetrefe, estaba tan enfadada que fue destruyendo todo lo que se topaba en su paso desde la entrada hasta la alcoba, incluyendo también a los sirvientes que tenían la mala fortuna de captar su atención. Su brote de histeria no duró mucho, sin embargo. Al llegar a su habitación y cerrar la puerta tras de sí, comenzó a pasearse de un lado al otro, con una mano en la barbilla y otra en la cintura, postura que solía adoptar cuando estaba tramando algo. Algo que, normalmente, significaba provocar un gran dolor a alguien. Por su mente pasaron una larga serie de ideas, a cada cual más terrible. Empezando por arrancar de cuajo el flácido miembro de aquel malnacido, y terminando por abrirle la cabeza y servir sus sesos en una fuente, a la vista de todos. ¿Cómo se había atrevido? La lista de pretendientes sedientos por su atención era interminable. ¿Y tenía el descaro de tratarla como una simple puta, un agujero en el que satisfacer sus deseos, para luego desechar sin concederle un segundo vistazo?

Haría que se arrepintiera.

Descubrir que el interés inicial que había mostrado en ella, una muchacha que tenía casi treinta años menos, no le fue muy complicado. Su obsesión por una de sus hijas, la mediana y más hermosa, era evidente a ojos de todos. Una obsesión que rozaba lo enfermizo, pero que nunca llegaría a nada más porque no cruzar la línea del incesto era probablemente el último atisbo de moralidad que le restaba. No le importaba usar a otras como sustitutas para tratar de calmar sus enfermizas pulsiones. Lo había hecho en el pasado, usando a chicas más jóvenes y, por entonces, más parecidas a su hija. Ahora le había tocado a ella, pero para su desgracia, Éride era muchas cosas, pero ser una más no estaba entre sus planes. Ella no encajaba en esa categoría. No lo habia hecho cuando aún era humana, ahora que había trascendido y se había deshecho del lastre de la mortalidad, no iba a permitir que la pisotearan. Su poder era aún más grande, así como sus ansias por utilizarlo.

Tras pagar a un espía para que vigilara a la joven, esperó unos días para que éste se ganara su confianza, y así la atrajera justo hacia donde la vampiresa la necesitaba. Por suerte, la muchacha también era de moralidad más bien laxa, ya que no le costó mucho tiempo acceder a las más que indecentes proposiciones del hombre. Una chica de clase alta, rondando por las zonas más pobres, vestida sugerentemente y usando únicamente a unas amigas de la misma edad como acompañantes. Nadie iba a sospechar, pero sí iban a inferir que, tal vez, se lo había buscado. Las malas compañías solían tener consecuencias, especialmente con lo que había estado pasando en esas partes de la ciudad últimamente. Una vez llegaron al lugar indicado, no fue el atractivo desconocido quien se interpuso en su camino, sino una mujer de cabellos rubios y mirada gélida, que tras partir el cuello de sus acompañantes, le prometió a la chica que, sí, definitivamente, iban a pasar "un buen rato".

La sonrisa del demonio es blanca, reluciente, y capaz de helarte la sangre en las venas.


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Re: Demons in the making

Mensaje por Abraxas el Vie Nov 09, 2018 5:32 pm

No ocurre demasiado a menudo que alguien trate, y mucho menos consiga, arrebatarme una presa delante de mis narices. Quizá por eso mi primera reacción, más que ser de enfado, es de sorpresa. La gente normal no se interpone entre una bestia y su comida, mucho menos cuando el monstruo al que estás plantando cara ni siquiera puede morir. Entonces me doy cuenta de que quien acaba de entrometerse entre mi persona y mis prometidos tentempiés, resulta ser nada más y nada menos que uno de mi misma condición. ¡Casi que peor! En mi experiencia, los vampiros son demasiado estúpidos e impulsivos, especialmente aquellos cuya humanidad aún sigue presente, los más jóvenes. Y la mire por donde la mire, la vampiresa que ahora amenaza a la última de las humanas, rezuma juventud por cada poro. Y no en el buen sentido. Sus ansias de sangre son perceptibles, no solamente en su aura, sino simplemente con fijarse en su expresión, y en el modo que tiene de moverse. Bufo por lo bajo, lamentándome por la sangre desperdiciada. ¿Qué clase de vampiro asesina a las víctimas antes de desangrarlas? Uno estúpido, desde luego. No hay placer alguno en beber sangre de una presa que ya está muerta. De hecho, ni siquiera creo que sea recomendable.

Tan perdida está en esa nube de rabia y odio injustificado, que no se percata de mi presencia, ni del hecho de que me he ido acercando a ella poco a poco, dispuesto a arrebatarle a la última de las mujeres. No voy a permitir que desperdicie más alimento, ni que me quite a otra de las que pensaba convertir en sacrificios para mi Dios. Eso es un sacrilegio, uno que no estoy dispuesto a dejar pasar, y mucho menos por una neófita desconsiderada y fuera de control. No soy capaz de escuchar exactamente lo que le dice a la muchacha antes de inclinarse para morderla, pero lo poco que identifico son las palabras "venganza" y "padre",así que me puedo hacer una idea. Justo cuando los colmillos de la inmortal están a punto de rasgar la yugular de la adolescente, las separo de un tirón, lanzándola a ella contra una pared colindante, y quedándome con la muchacha en los brazos, temblorosa, con la mirada cargada de terror, pero también duda y agradecimiento. Pobre ilusa. Ha pasado de ser objetivo de una fémina enfurecida, a la de un demonio con todas las letras. No envidio su suerte, la verdad.

- Es muy poco acertado por tu parte armar semejante espectáculo en medio de la nada. Y mucho menos por algo tan burdo como los deseos de venganza. ¿Acaso te crees digna de la sangre que corre por sus venas, del don que se te ha concedido? No me hagas reír. La expresión de rabia y soberbia que tienes plantada en la cara habla por sí sola. Te falta experiencia. Y fortaleza. Ahora lárgate, antes de que corras la misma suerte que estas mujeres a las que has desperdiciado. Neófitos jugando con comida... Patético. -La humana luce desconcertada: no la culpo. No es fácil aceptar que se es ganado para criaturas superiores a uno mismo, especialmente si siempre te has creído en la cima de la cadena alimentaria.



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Re: Demons in the making

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