Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Iain Scrymgeour el Mar Jul 31, 2018 4:37 am


“Gonna find another place, maybe one I can stand.
I move on to another day,
to a whole new town with a whole new way.”
— Modest Mouse, The World at Large


Le habían dicho que Anatole Verpilleux era el mejor médico que iba a encontrar en la ciudad, e Iain no dudó un segundo en mandarlo llamar cuando Nadia lo requirió. Todo el viaje en barco hasta ahí se sintió mareada, cosa que atribuyó al oleaje, luego, durante la fiesta que le había organizado pareció estar mejor, aunque siendo fieles a la verdad, se había desaparecido casi todo el tiempo con Isaura y prefería no rememorar los detalles de la escapada. Le había llegado el rumor de que habían visto a su esposa con su primo Horatio, ¿pero no era famoso acaso por su propensión a tener numerosas amantes? ¿Qué interés real iba a hallar en una mujer casada? Porque hasta un descarado como él debía tener esos límites, o al menos le gustaba creer eso a Iain, de todos modos, lo celos eran un sentimiento que desconocía cuando de Nadia se trataba. Es más, rogaba que llegara un hombre que la enamorara en serio y se atreviera a llevársela, aunque él se quedara solo y triste, señalado por la sociedad, incluso creía merecer dicho castigo.

Como fuera, en cuanto los malestares de Nadia regresaron, Iain no dudó un segundo, podía no amarla como de hecho no lo hacía, pero eso no significaba que iba a dejar que sufriera.

Estaba fuera de la habitación que Nadia había estado usando tras sus malestares, separado de él. Que Dios lo perdonara, pero lo agradecía; agradecía no tener que compartir la cama con su esposa aunque fuera por unos días. Había un taburete junto a la puerta donde se suponía debería estar sentado, la servidumbre para eso se lo había llevado, pero no podía, no podía quedarse quieto. Algo en su interior se constreñía con ansiedad, como si auguraba cosas terribles en el futuro inmediato.

Detuvo su caminata en el pasillo y alzó el rostro con un suspiro al notar que abrían la puerta. Verpilleux parecía tranquilo, pero eso no calmó a Iain.

Señor Scrymgeour, puede pasar —anunció el doctor y se hizo a un lado. Sobre la cama vio a Nadia, ¡era hermosa! Y ahí, así, le pareció etérea. Era una completa injusticia que no pudiera amarla y que ya estuviera tan condicionado que estaba seguro que jamás iba a conseguirlo.

Avanzó con cautela, casi miedo, hasta ella y se sentó a orillas de la cama. Le tomó una mano, estaba tibia, y lo tomó como símbolo que estaba sana y sonrió. Le acarició el cabello y le besó la frente.

¿Cómo te sientes? ¿Ya mejor? —le preguntó a su mujer.

Antes de poder decir algo más, Verpilleux carraspeó e Iain se giró para verlo. El médico sonreía. ¿Sonreía? Pues sí, eso hacía, con un gesto cómplice que no supo interpretar. Miró al doctor a su esposa alternadamente, buscando una explicación.

¿Me quieren decir qué sucede? —preguntó, sin soltar la mano de Nadia—. No es nada malo, ¿verdad? —cuestionó con aprehensión, y unos minutos más tardes iba casi a preferir que hubiera sido otra cosa, y no la noticia que le iban a soltar como sabueso hambriento, en pos de su cordura.


Proud people breed sad sorrows for themselves.
Words never said:


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Re: Good News for People Who Love Bad News → Privado

Mensaje por Nadia Scrymgeour el Sáb Nov 10, 2018 10:52 pm

Hay probabilidad de que ocurran cosas inesperadas
en cada segundo de nuestra frágil existencia.

Paulo Coelho



Nadia estaba muerta de miedo. Al casarse con Iain sabía bien que su vida cambiaba, que estaba formando una familia nueva y solo de ellos, pero jamás creyó que eso fuese a suceder tan rápido. Llevaban unos meses de casados, no habían compartido el lecho más que en unas pocas ocasiones, pero ahí estaba el doctor diciéndole que estaba embarazada. El cambio en la vida de ella sería irremediable y no podía evitar estar asustada.

La idea de ser madre le gustaba, siempre se había visto así cuando pensaba en el futuro. Lo que le aterraba era no entender lo que a su cuerpo le ocurría, no tener el control de sí, padecer lo que padecía cada mañana durante los próximos meses y no poder mantener la cordura a causa de eso.

-Debe descansar. Duerma más, coma mejor, beba más agua… ¿Ha tenido sangrados? –le preguntó y Nadia respondió que sí-. Debe cuidarse especialmente de no hacer esfuerzos ni actividades bruscas, las primeras semanas son muy importantes. Le dejaré un tónico que debe tomar en las mañanas, pero si algo ocurre pídale a su esposo que mande a llamarme y vendré a verla con gusto.

El hombre le hablaba, le daba sus recomendaciones, pero Nadia no terminaba de oírle. Se miraba el vientre y lo descubría igual que siempre… nada delataba cambio alguno.


-Oh, Iain –dijo, cuando el médico le permitió a su marido entrar al fin. Nadia intentaba sonreír, pero estaba tan confundida-. Ven, ven por favor.

Cerró los ojos por un instante para disfrutar de la caricia de su esposo y se movió ligeramente para darle lugar a que se sentase junto a ella. Nadia tomó la mano de Iain y miró un momento al doctor que estaba acomodando sus cosas, pronto a irse. El hombre la miró fijamente con una sonrisa, ¿cuántas malas noticias había dado ese médico en los últimos meses? Esa, la que le había dado a ella, era una bendición en definitiva.

-Estoy bien, Iain –dijo y volvió a sonreírle-. El doctor Verpilleux ha dicho que debo descansar, comer un poco más y tomar un tónico en las mañanas… Que no debo hacer demasiado esfuerzo porque –lo miró, pausando el discurso un instante- vamos a ser padres.

Le sonrió, buscando complicidad en el gesto de él, rogando que le diera algo de seguridad. Lo buscó para abrazarlo y recién ahí, teniendo el rostro escondido en el cuello de él, se animó a confesar lo que no quería que el médico oyese:

-Tengo mucho miedo, Iain –susurró-, pero es una buena noticia.




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Nadia Scrymgeour
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