Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Giuseppina Borghese el Dom Ago 19, 2018 4:27 pm

Era todo tan vertiginoso allí… la gente la buscaba para hablarle, querían saber de ella, pero Giuseppina no creía correcto hablar con personas sobre sí misma si no lo hacía con su madre. ¿Algún día lo haría? ¿Ocurriría tal milagro? Giuseppina no perdía las esperanzas al respecto, pero comenzaba a tener dudas. Orsolina no la miraba más que por seguir las normas básicas de cortesía y los temores de la muchacha crecían. No era amada, eso ya lo sabía, pero ahora descubría que tampoco era aceptada.

Había ido a oír misa muy temprano por la mañana, acompañada por sus fieles damas. Allí, los servicios eran mucho más largos y aburridos pero se privó de comentarlo, ni siquiera a Donatella y Nicoletta les dijo su parecer pues debía ser muy cuidadosa allí, un comentario como aquel en oídos ajenos podía darle problemas. Sabiduría era callar, aun con ellas dos que tenían su misma edad y habían sido su compañía desde que era una niña, Giuseppina las contaba como sus amigas más que como sus asistentas.


-El verde oscuro estará bien –dijo cuando hubieron llegado a las habitaciones que ella ocupaba allí. Tenía ante sí seis vestidos hermosos y delicados, debía elegir el mejor porque al mediodía se encontraría en los jardines con su tío: nada más y nada menos que el Rey de Italia.

-Creo que por tus ojos el azul sería el mejor, caerá a tus pies –acotó Donatella, queriendo persuadirla.


-Ya he dicho que el verde oscuro, yo no pretendo enamorar al Rey –dijo, algo molesta por el comentario. ¿Acaso se había vuelto loca su dama de compañía?-. Qué descarada te ha vuelto vivir aquí… Empecemos, que quiero llegar puntual.

Se entregó durante la siguiente hora y media a las mujeres que la peinaron y ayudaron con el vestido –el verde, tan como había elegido-, llevó las joyas que su madre le había enviado como regalo en su cumpleaños número catorce, hacía dos años, y una enorme cruz colgó a su cuello. Pesaba como si en realidad fuese un mueble y le traía dolor de nuca cada vez que la usaba, pero era tan hermosa que valía la pena ser lucida ante el Rey.

Cuando acabaron, Giuseppina siguió a los hombres que ya la esperaban en la puerta de su recámara para guiarla a los jardines del palacio, a su vez a ella la seguían sus dos damas de compañía. Giuseppina estaba nerviosa, podía sentir un cosquilleo intenso y molesto en el vientre que recrudecía con cada paso que daba. Sabía que estaban llegando temprano, y eso era un alivio, al menos sería ella quien tuviese que esperar… pero se equivocaba, a pesar de que faltaban diez minutos para la hora acordada, el Rey de Italia ya estaba allí y al darse cuenta de aquello Giuseppina enrojeció de la vergüenza.


-Majestad, que bendición es volver a verlo. Lamento tanto haberlo hecho esperar –dijo, mientras hacía la conocida reverencia ante él.


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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Ischirione Della Bordella el Miér Ago 29, 2018 9:40 pm

“Con ella fue una cosa vaga al principio
Un cosquilleo sin motivo
Un deseo efervescente de serle generoso
Hasta que se alternaba la dicha con la pena
Y quería hablarle en voz baja”
Ischirione Della Bordella


Acababa de encomendar la renovación de varios puestos del ejército cuando llegó la hora acordada. Sólo tenía unos momentos antes de regresar a sus quehaceres, pero tendrían que bastar. Giuseppina había sido lanzada a la boca del lobo, y no podía contar con Orsolina para no ser devorada. Le correspondía a él quitarle de la cabeza ese cúmulo de distracciones que obstruía su concentración y total dedicación a asimilar su hábitat. Sólo a él, porque no le confiaría su familia a un tutor que, sin importar si fortalecía a la dinastía o no, cobraría su sueldo de todas maneras.

Se instaló en el lugar acordado antes de la hora, queriendo comprobar qué tan bien preparada estaba Giuseppina. Pasando su prueba, se presentó antes. Un gesto de aprobación fue lo que la joven recibió.

Veo que crecer en un convento no enclaustró tu lógica, Giuseppina. Buen trabajo. — asintió saludando con cortesía. — Mantén ese hábito, o incluso mejóralo. Cuando un rey te convoca, siempre debes asistir al menos veinte minutos antes, o puedes arriesgarte a hacerlo esperar. Será perfecto para la próxima.

Se quedaron viendo un buen rato en silencio, sumidos en reflexiones que, Ischirione imaginaba, debían ser muy semejantes. Fue entonces que se fijó su vestimenta; con tal lujo y combinación, se desprendía que había sido meticulosamente seleccionada. Apreció este gesto, pues le daba seriedad a lo que iban a discutir, sin desmerecer la lozanía de la joven.

El rey ofreció el brazo a su sobrina con propiedad. Sus labios se movieron como para decir algo, mas luego se arrepintió y pensó mejor en cómo iba a comenzar a indagar en el siguiente asunto. Andaban despacio, evidentemente poco cómodos: ninguno de los dos tenía ganas de llegar a ninguna parte. Pero Ischirione era el adulto; tenía que ser él quien se acercara.

Comienza por contarme cómo dormiste luego del recibimiento de tu madre. Sí, te lo pregunto a propósito. Si hubieras visto a la Orsolina que me insistió que te trajera y a la que viste en tu bienvenida, pensarías que hay una impostora entre las dos. Quisiera darte la buena nueva de que es así, pero no lo es. Mi hermana es un misterio hasta para nuestra madre. — dijo a modo de introducción, para que no se sintiera luchando sola contra el mundo. — Pero no quiero hablar de ella si no es hablando de ti. Reconozco esa mirada ensimismada. Pensando en exceso, probablemente. Es lo que te ha hecho dar pasos en falso, muy pequeños, pero que pueden convertirse en problemas mayores si no despejamos tus conflictos. Todos los tenemos; se puede vivir con ellos, pero acumulados son fatales. Date la oportunidad y garantizo que éste será un buen comienzo de independencia. El que estés aquí, enfrentándote a tu madre, aunque el resultado no sea lo que esperas, te formará carácter. No hablo de imponerte como si tu palabra fuera la última, pero sí de que no seas alguien que se pueda olvidar con facilidad, porque habrás dejado huella, para bien o para mal. Tal vez tú te libres de llevar una vida rigurosamente pauteada. Yo no lo conseguí.

Admitiendo sin pudores, así se fue abriendo el monarca. Una de sus leyes de vida era que la corona elegía al rey. Y Giuseppina estaba por averiguar qué clase de fascinante destino se le avecinaba.




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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Giuseppina Borghese el Jue Sep 20, 2018 6:35 pm

Admiraba a ese hombre, tanto como le temía, y uno de los principales motivos era el nivel de detalle que tenían sus observaciones. Era el rey, tenía muchísimos asuntos entre manos, miles de personas dependían de sus decisiones, y sin embargo él le daba importancia a alguien como ella, citándola para hablar de cosas que de seguro no le importaban.

Mientras caminaba de su brazo y oía sus consejos, una idea comenzó a formarse en su mente: tal vez a su tío le interesaba por fines estratégicos, ¿tendría algún matrimonio ya pensado para ella? Giuseppina cuando era una niña había estado prometida al hermano menor del rey de Portugal, pero el muchacho –que por esa época era doce años mayor que ella- había muerto en la guerra y ya ningún otro compromiso había sido pactado para ella. A veces cavilaba en que era mejor así, tener dieciséis años y no estar prometida no era tan malo, al menos ella no estaba sufriendo a causa de eso.


-He dormido bien, aunque me costó hacerlo –dijo, porque no podía mentirle-. Tal vez el cansancio de mi cuerpo y de mi espíritu hizo que, aunque me hallase sumida en la tristeza, no me costase tanto conciliar el sueño.

La angustiaba el desprecio que había visto en los ojos de su madre, era algo inesperado. El rey era su hermano, seguro le guardaba un profundo cariño, pero lo ocurrido la noche anterior era insoslayable, todos habían notado el modo desapegado en el que Orsolina había tratado a su única hija. Agradeció que estuviesen caminando a la par, pues si su tío estuviese plantado frente a ella habría descubierto que los ojos se le llenaban de lágrimas. ¿Eso lo incomodaría? Era el rey, seguramente muchas personas habían llorado ante él.

-Lamento los errores cometidos ayer, Majestad. Podría culpar a mi inexperiencia, a mi juventud, pero no lo haré. Hay mujeres que con mi edad ya son madres de príncipes. –Era cierto, bastaba con ver las grandes casas monárquicas de la Europa-. Sé que ha sido por su generosidad que me han dado trato de princesa siempre, pese a que no lo soy. He aprendido de grandes maestros, aunque ayer no haya honrado sus enseñanzas.

No entendía a dónde conducía el rey la conversación, sí sus palabras –que hallaba muy ciertas-, pero no cuál era la verdad oculta tras ellas.

Varios eran los confesores que le habían hablado de su carácter endemoniado y altanero, pero Giuseppina creía que desde que había llegado allí lo había ocultado bastante bien, se había revestido con sumisión y humildad para ocupar el lugar que le correspondía: no era más que la sobrina del rey, pero tampoco menos.


-¿Puedo ser completamente sincera con usted, Majestad? –le pidió, sin estar del todo segura de decir lo que diría-: Tiene razón, en este mundo al que acabo de arribar es importante ser inolvidable, todos lo buscan con desespero y pocos lo logran. Pero, ¿qué mujer puede permitirse no tener su vida pautada ya? Las reinas y las cautivas tienen eso en común, otros deciden por ellas. Eso es algo que nos une –se aventuró a marcar-, usted no puede ser libre por ser el rey de Italia, yo no puedo serlo por ser mujer. Y mi madre… supongo que ha vivido momentos muy duros, me gustaría creer que ella no elige ser así conmigo.


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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Ischirione Della Bordella el Jue Oct 04, 2018 10:22 pm

¿Qué estaba diciendo Giuseppina? ¿Lo había aprendido de sus tutores? Ischirione examinó el rostro de su sobrina un tanto estupefacto. No halló exageración ni mentira. Ella realmente creía que las mujeres no elegían.

Quisiera que fuera cierto. — murmuró el Rey con fastidio, como si Giuseppina no estuviera allí.

Se hubiera molestado menos con aquella afirmación si Giuseppina no tuviera un carácter tan dulce y ecuánime y si no estuviese rodeada por un aura de determinación para hacer las cosas bien. Demasiado dependiente de la opinión de sus parientes, demasiado correcta, necesitada de la aprobación negada.

Esperas que lo que te ha apartado de los tuyos no haya sido decisión de a quien más amas. Que la esperanza no te ciegue, Giuseppina. Tu vida entera ha sido esculpida por las manos de una sola mujer. Y aunque fue mi aprobación la que te permitió ingresar a la Corte, no hubieras asomado una sola pestaña de no haber sido por esas mismas manos, que trajeron el asunto a mi mesa de forma imperiosa. Sabrá Dios con qué propósito, pero estuvo en sus intereses, no en los míos, que pisaras aquí. Será porque nos paren que son maestras en emociones humanas. Somos tan naturales a sus ojos que no nos damos cuenta de que estamos siguiendo sus planes. Es más fácil perder la cabeza a los pies de una mujer que a los del dinero o el poder. A veces ni siquiera basta con manipular a uno y extienden sus redes para obtener lo que quieren. No termina ahí, porque si algo sale mal, no lo pagan ellas, sino quien actuó por ellas.

Permaneció en confortable silencio luego de expresar su opinión, la cual manifestó como si fuera un nuevo mandamiento. Es que no podía aceptar que las mujeres fuesen arrastradas por su destino. No, imposible. Tendría que cerrar los ojos ante su historial familiar. Debía ser una estrategia para hombres fracasados el quebrar la confianza de sus mujeres, para que no recordaran lo poderosas que eran. Pero no dejaría que contaminaran a su sobrina también.

Impulsado por el sentimiento de justicia, Ischirione le transmitió tranquilidad a Giuseppina ubicando su mano izquierda sobre el hombro más próximo. Si había cometido algún error, estaba a tiempo no de repararlo, sino de torcerlo a su favor.

Llegó la hora de que dejes atrás tus antiguas enseñanzas. Te mintieron. Eso que señalaron como una atroz debilidad es tu mayor fortaleza. Úsala. Y más importante aún… — dijo bajando el volumen, por si alguien oía — Cuídate de las mujeres, Giuseppina. Son mucho más peligrosas que los hombres. Y no olvides que la más letal de todas ellas siempre será a la que tú llamas madre.




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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Giuseppina Borghese el Sáb Oct 20, 2018 11:24 pm

Nunca lo había visto así y -aunque meditaría en aquello en la tranquilidad de sus aposentos, cuando estuviera a solas en la cómoda cama- por el momento no creía que pudiera dejar a un lado sus ideas y no era por obstinada, sino porque –pese a sus dieciséis años- Giuseppina ya había tenido oportunidad de comprobar la veracidad de sus pensamientos. Había visto a muchas mujeres sometidas y ella misma era una de ellas. ¿Qué le decía el rey entonces? Para ella no tenía sentido porque había vivido otras cosas diferentes y no se había sentido dueña de decidir jamás nada. A duras penas podía elegir, a veces, qué vestir.

-Nuevamente me permito serle sincera, Majestad –dijo, con voz dubitativa-. Ya he visto con mis propios ojos que hay verdad en lo que le he dicho, hay verdad en mi afirmación: las mujeres no somos libres de elegir, al menos yo no lo he sido. Aun así, no quiero pecar de necedad, por eso le prometo que meditaré a conciencia sobre lo que hoy me ha dicho. Tal vez pensarlo haga que cambie el modo de verlo todo.

Que su madre había tenido que ver en lo que Giuseppina era, en lo que que hacía allí y en lo que le depararía el futuro, estaba fuera de toda discusión. Ella ya había presentido que así era y rara vez se equivocaba con sus corazonadas, el cura confesor que la había visto crecer y que le había dado su educación cristiana, solía decirle que Dios la había bendecido al darle el don de poder ver un poco más de lo que las personas o las situaciones mostraban.

Y, pese a todo, ella no podía dejar de adorar a su madre, de desear que tan solo le diera una oportunidad. Giuseppina se había quedado prendida de una idea, la idea de su futuro… Sabía que en eso su madre estaría muy presente, que haría oír su voz, pero ¿era su decisión la definitiva? ¿El Rey haría lo que Orsolina deseara también en eso? No tenía hijos, lo único con lo que podía comerciar con el resto de las monarquías era su sobrina.


-Majestad, tal vez este sea tema para tratar en otro lugar, pero ¿tendremos otro encuentro como éste? Quizás ni siquiera vaya a responderme, pero debo preguntar –anticipó, mirando a su tío a los ojos, unos que le parecieron bellísimos no por el color, muy parecido al de ella, sino por el marco que las cejas le daban-. ¿Qué sucederá con mi futuro? He considerado casarme con Cristo –le dijo, omitiendo que solo lo haría si le disgustaba mucho el prometido que los adultos le fueran a elegir-. ¿Eso es algo que decidirá usted? ¿O lo hará mi madre? Le confieso que es algo que me tiene nerviosa, me da temor –bajó la mirada y apretó sus manos, nerviosa-. ¿Por qué usted nunca se ha casado? ¿No ha querido hacer alianzas matrimoniales con otras coronas?


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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Ischirione Della Bordella el Jue Nov 08, 2018 8:07 pm

Una vez más, Ischirione fijó la vista en su sobrina, casi invasivo. Para terminar la conversación, repuso:

Dentro de algunos años, ambos habremos aprendido una valiosa lección. Si tú estás en lo cierto, ganarás seguridad y yo humildad. Si resulta que quien está en lo cierto soy yo, llegará a ti una nueva sabiduría y a mí la tranquilidad de haberte propiciado herramientas que pronto entenderás para qué sirven.

Ichirione escuchó a sus preguntas atentamente, en silencio. De Giuseppina se desprendía una extraña luz de una llama esencial sometida a elementos hostiles, atrapada, contravenida. En gran parte, vivía en soledad para sí misma, estudiando, dejando pasar así los días, esforzándose en agradarle a su madre, procurando aprehender virtudes con su comprensión. Pero debajo de ella, en las sombras, algo ocurría. Algo en ella quería hacerla despertar, soltar amarras.

Si no es este el lugar, ¿cuál entonces? No esperemos otro festín, Giuseppina.

Detuvo el paso bajo la sombra de un álamo y miró a su sobrina. No había mayor pecado que una monja joven y hermosa. Pensó que Giuseppina era encantadora, infinitamente encantadora, con su suavidad, con la exquisita riqueza de su juventud y la delicadeza de sus facciones. Había en ella algo contenido, un ímpetu no explotado. Ischirione percibió, igual que si lo sintiera, el sufrimiento de Giuseppina, y le preguntó:

Aborreces esto, ¿verdad? — lanzó como asumiendo que ella entendería, prosiguiendo sin esperar respuesta —. Este mundo oscuro, increado, hostil, pero sobre todo inestable. La Iglesia es todo lo opuesto a la incertidumbre a la que has sido expuesta. Parece la solución a tus problemas. Nada que el claustro y las oraciones no puedan curar. No hace falta ser un genio para percatarse de que Orsolina ha sembrado esa exposición en ti, incluso hoy. Me das la sensación de que podrías aceptar un destino como aquél, y no resistirte, pero hay algo que amas por sobre Jesucristo, ¿o me equivoco? No necesitas un hábito; necesitas con urgencia sentirte unida a tu madre. — dijo con seguridad. ¿Cómo no iba a saber él lo que se sentía, si casi le parecía estar viendo su huérfano pasado?

Pero para desgracia de Giuseppina, su madre era perversa. La hacía a un lado, siempre se las arreglaba para quitarse de encima a Giuseppina, desde su nacimiento. Cuanto más se esforzaba ésta en agradarle, más la rechazaba Orsolina. Y llevaban años en aquel tira y afloja. Nadie podía participar continuamente de un juego como eso sin cansarse y hasta fastidiarse. Pero, a pesar de todo, se veía que Giuseppina seguía teniendo fe en sí misma. Le constaba que Orsolina no la quería cerca, pero Giuseppina aún tenía fe en su capacidad de retenerla, creía en su superior juicio. Los conventos no habían sido creados para guarecer frustraciones. Tampoco el matrimonio.

Matrimonio... Alianzas...

Parece el inevitable próximo paso, pero no estoy dispuesto a hacer ni el más mínimo esfuerzo para darlo. — dijo cómplice —. No ahora. No es el momento. Podrás notar que mi juventud se ha marchitado y que no hago sino poner nerviosos o ansiosos a ciertos grupos de la Corte, pero si hago caso a sus peticiones precisamente ahora, no causaré más que mayores perjuicios a los que ya suscito sin un heredero al trono. Podría comprometerme y con eso bastaría para formar una alianza, pero tendría que dar una fecha, de la cual carezco. Algo tengo que hacer. No puedo darte mayores detalles, porque son asuntos de gobierno, pero basta con decir que tanto mis acciones como mis omisiones van dirigidas al bienestar de este reino.




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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Giuseppina Borghese el Mar Nov 20, 2018 9:45 pm

No podía decir que aborrecía aquello, pero sí que era muy difícil, que a veces le costaba demasiado ser lo que todos querían que fuese. ¿Cuántas veces había discutido con el padre Mauro, su confesor, que le decía lo mala cristiana que era? Sucedía que Giuseppina tenía que intentar obedecer a su madre pese a la distancia, ser buena anfitriona cuando algún visitante llegaba a la casa en la que había vivido casi confinada toda su vida, cumplir con las reglas y modales, y, como si fuese poco todo eso, ser una buena cristiana. No, no aborrecía su vida, pero solo porque aborrecer era una palabra demasiado fuerte, pero sí que le gustaría que fuese un poco menos intensa.

-Es inestable e intensa, pero no odio mi vida. A veces me gustaría nacer de nuevo, de otro vientre, pero... –Fue tarde, pero cuando cayó en cuenta de lo que había dicho se llevó los dedos de la mano a los labios, pero ya de nada servía.

Notaba que había bajado la guardia. En los últimos minutos, al poder expresar con libertad sus ideas, había entrado en una confianza sumamente indebida. Que le compartiese sus pensamientos y consejos no hacía que ese hombre dejase de ser quien era… ¡el rey! Apuesto, interesante y muy amable, pero no dejaba de ser el rey de Italia.

Tenía momentos de inestabilidad. Había días en los que necesitaba sentirse unida a su madre, como bien decía él, pero también otros en los que se permitía odiarla y desear ser huérfana de madre también. Era horrible y a nadie se lo había dicho, ni siquiera al padre Mauro. Rezaba para calmar la culpa de su alma, pero seguía pensándolo.


-Usted es joven todavía, además es el rey… Aunque fuera viejo y feo, que no lo es, cualquiera querría unir su reino al de usted, cuando quiera casarse va a tener muy buenas opciones entre las que elegir –comentó lo que le parecía obvio-. Veo que nada me dirá acerca de mi futuro. Lo comprendo, es lo que corresponde. Quisiera atreverme a hacerle un pedido –aventuró a modo de preámbulo-, cuando me elija esposo piense en mí y no solo en el reino. ¡Soy tan egoísta! Pero no quisiera estar unida a un hombre malo, ya he sufrido mucho.

No creía que él se fuese a fijar en eso a la hora de hacer sus alianzas, pero nada perdía –excepto la decencia- con mencionarlo. Ya había pecado de sincera, ¿qué mal hacía al decir una vez más lo que pensaba si toda la conversación había sido en el marco de la franqueza?


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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Ischirione Della Bordella el Lun Dic 03, 2018 6:09 am

Lo extraño de Ischirione era que mantenía una protocolar distancia con su Giuseppina, y al mismo tiempo buscaba inspirarle confianza. Hay que guardarse de las mujeres jóvenes, criaturas que recién empiezan a averiguar lo que desean, pero que, una vez que lo encuentran, son capaces de llegar hasta los últimos extremos, de cruzar cielos e infiernos de ser preciso, para hacerse con su objetivo. El rey estaba intrigado con la solicitud de su sobrina, porque con la suficiente autoconfianza, podía convertirse en demanda.

Haces bien. Mantén un puñado de ese egoísmo contigo. Sólo un puñado. Te cuidará de las trampas. — reconoció Ischirione antes de darle una mala noticia —. Ahora bien, me temo que lo que me pides es algo difícil de asegurar, incluso para mí. Si tu madre quisiera casarte con un italiano, no tendría impedimento en rechazar dicha unión; se trataría de alguien con poder e influencias, pero de una jerarquía inferior a la mía. Sin embargo, si se le ocurriese comprometerte con un príncipe vecino, aunque se tratase del ser más vil y libidinoso, un desaire de esa índole pondría en riesgo gatillar una apatía entre las dos naciones. Daría la oportunidad de que formasen alianza con otro reino, uno que no guarde simpatía por nosotros. Los estaría invitando implícitamente a invadirnos. Déjales que firmen uno o dos pactos y los verás marchando en la frontera. Así, paso a paso, se construye una guerra. La chispa de la desavenencia es más que suficiente para encenderla. No tendré vástagos de mi sangre, pero soy padre de Italia. Y si tengo que entregarte para proteger a mis hijos, lo haré. Tu deber será velar por los intereses de la tierra que te vio nacer e impedir que tu marido nos declare la guerra. Esa será tu tarea. El resto del peso de la dinastía reposa principalmente sobre mis hombros, y debo cargarla con éxito para que la resista el siguiente. Es injusto, Giuseppina. Es totalmente injusto, pero es mejor que lo oigas de mi boca, que no tiene interés en usarte para conseguir mis objetivos; quiero que descubras los tuyos. La realeza vive siempre al borde; a un extremo la gloria, y al otro, la muerte.

Ischirione abandonó el hombro de la chica y ubicó su mano bajo la mandíbula. Necesitaba autocentrarse cuando pensaba en profundidad. La miró desde lo alto, con extraños ojos de luz ensombrecida, pero con una esperanza camuflada en el fondo.

Es cierto que no puedes cambiar las reglas del mundo en el que naciste, pero tú podrías elegir con quién te casarás, si en verdad eso te preocupa, porque no creo en ese paradigma de la planta arrastrada por el viento. Odio esa teoría. — dijo con un toque de desprecio, porque de haber seguido ese camino, hubiera acabado en una zanja junto al orfanato —. Te enseñaron historia. Alejandro Magno, Genghis Khan, Julio César, todos tienen fama hasta el día de hoy por sus triunfos en batallas. Y no fue porque manejaran los números más grandes o abundancia en recursos. Sus estrategias marcaron la diferencia. No eres sobrenatural, pero tampoco lo fueron ellos. Puedes torcer ciertos caminos, si sabes cómo proceder en cada adversa circunstancia.

Él iba a ayudarla, porque le hubiera gustado que alguien le hubiera tendido una mano amiga cuando la necesitó. Había tomado una decisión

Hablaré con tu madre, pero no lo haré solo. Tú vendrás conmigo. Yo sólo daré el punto de partida, abriendo el diálogo, pero tú tendrás que terminarlo. Tu meta será comunicarle a Orsolina que, si te entrega a la persona equivocada, habrá consecuencias. Nada más. Si tú no intervienes, tampoco lo haré yo. Puede que un rey no necesite de esta clase de coacciones para conseguir un propósito, pero tú sí lo necesitas. — dijo con énfasis, porque buscaba aleccionarla. Pero todavía faltaba el plan B —. Si así y todo no conseguimos encausarla, tendrás que hacer algo que dependerá únicamente de ti: elegirás a tu marido. Así, sin más. A un hombre cuyo único requisito será que su posición se equipare con el prestigio de tu nombre. El resto lo decides tú. Ni siquiera me lo debes comunicar. Es más: puede que no sea recomendable que lo hagas. Tú lo sabrás. Lo que quiero es que desarrolles tu criterio y lo pongas a prueba. Así, aunque en teoría sea tu madre la que decida por ti, te asegurarás de que nada de lo que manifieste no lo hayas deseado tú en primer lugar. ¿Puedes hacerlo?




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Re: So Wise | Privado

Mensaje por Giuseppina Borghese el Sáb Dic 22, 2018 9:45 pm

Aquel hombre le estaba mintiendo y pocas cosas le chocaban tanto a la muchacha, pese a que sabía bien cómo discimular. ¡Era el rey! ¿Cómo podía decirle que su matrimonio lo arreglaría su madre y no él? Simplemente no tenía lógica aquello, Giuseppina sabía bien que el poder sobre aquella decisión la tenía él, no solo porque era lógico -siendo ella de la familia real- sino también porque así se lo habían dicho desde que era pequeña.

Era sumamente inteligente, ella podía verlo tejer y tejer ideas para convencerla, para direccionar sus pensamientos hacia donde él quería… pero ella no era una niña tonta y fácil de llevar de las narices, tenía pensamientos propios y muy claros, y aunque él le dijese que tendrían una reunión con su madre para debatir su futuro, Giuseppina se determinaría a que tal cosa no ocurriese. Quería a Orsolina bien lejos de las decisiones que involucrasen su futuro, porque tenía una sola vida y no iba a ponerla en las garras oscuras, de intensiones dudosas, de su madre.

Suspiró, sin poder controlarse, cuando el rey le tocó el rostro para sostenerle el mentón. Más allá de su agilidad mental, Giuseppina no dejaba de ser una muchacha virginal a la que por primera vez un hombre tocaba de esa forma, aunque no hubiese segunda intención en el gesto.


-Entonces, en caso de que mi madre no quiera comprometerse con la idea de buscarme esposo sería yo quien tendría poder de decisión. Y, siendo así, Su Majestad aceptaría mi decisión siempre que el hombre no representase una amenaza para nuestra tierra, estuviese a la altura de nuestra familia y fuese un gran aliado –repasó, mientras una idea descabellada cruzaba por su mente-. Agradezco que me dé su beneplácito respecto a esto, ha sido muy amable conmigo, más de lo que había imaginado cuando me dieron la noticia de que me trasladaría al palacio. Confieso que le tenía miedo, a usted y a este lugar.

Sus damas de compañía se acercaron, escoltadas por dos soldados. Giuseppina pudo leer en su rostro que el encuentro debía de terminar, que el tiempo que el rey podía dedicarle a su sobrina había llegado a su fin. Sintió que había sido muy poco, pese a que habían hablado mucho.

-Gracias por los minutos que me ha dedicado, por sus consejos y por regalarme cierta libertad, aprecio que confíe en mis criterios y también cada recomendación que me ha dado. Prometo meditar en ellas –retrocedió un paso e hizo una reverencia de despedida ante él.



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