Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Eric Hamilton el Miér Ago 29, 2018 10:57 pm

Sé que te vas a las nueve, sé que me muero a las diez.
NTVG



El día tan deseado llegó más rápido de lo que Eric había imaginado, en su mente se había hecho la idea de que lo que mucho se desea mucho se espera. Tal vez la cantidad de trabajo y de ensayos tuvieron mucho que ver, quizás el pensar a cada instante en ella la había vuelto más cercana… nunca lo sabría y tampoco importaba pues ya la tenía frente a sí.

El carruaje iba veloz, pronto llegarían al teatro donde esa noche se presentaba una excelentísima compañía de ballet, pero Eric sentado frente a Yvette –y a su dama de compañía- quería decir algo interesante, aunque no se le ocurría qué. Estaba confundido, no sabía cómo actuar pues no había estado en situación similar antes.


-Permítame el atrevimiento de decirle que jamás he tenido más bella compañía, señorita Yvette –pronunció lentamente su nombre, como si quisiese que le durase un poco más en la boca.

Ese día se había preparado desde temprano, pensando qué regalos llevarle a la madre de Yvette –eternamente a punto de dar a luz a su hijo-, finalmente compró confites de fruta para la dama pues temía pecar de exagerado, después de todo la mujer no era su suegra todavía… Todavía. Qué locura era todo aquello, todavía no se lo creía... haber sido correspondido por ella era mucho más de lo que él podía pretender alcanzar, pero allí estaban.

Llegaron al teatro al cabo de cinco minutos de incómodo silencio. Eric tenía mucho para decir pero la presencia de la dama de compañía lo incomodaba. Cuando bajaron del carruaje, Eric le ofreció el brazo a Yvette para que ella lo acompañase entre la marea de gente que no se decidía a entrar tan pronto… pero él, por el contrario, gustaba de llegar siempre antes al palco. Podía culpar de eso a su alma de cantante pues sabía acerca de estar en escena más de lo que sabía de cómo ser un buen espectador.

Algunas personas lo detuvieron para saludarle y él les habló con cortesía pero queriendo llegar a su objetivo. Varios fueron los que miraron sorprendidos a la pareja y a Eric le dolió saber qué era lo que ellos estaban pensando… ¿qué hacía Eric Hamilton acompañado de una señorita? Los esquivó con educación pero mucha determinación. Afortunadamente la escalera que conducía a los palcos no estaba concurrida aún, era demasiado temprano.


-Señorita Yvette, ¿me permitiría su abrigo? –dijo cuando los tres estuvieron ya en el palco, acomodándose-. ¿Quiere beber algo? Nos han dejado agua de frutas y brandy.

Se sentía observado por la otra mujer, sentía su mirada sobre él constantemente y sabía que todo lo que hiciese y dijese sería reproducido por la dama a la madre de Yvette, por eso Eric se comportaba con estudiada amabilidad y sin acercarse más de lo prudente a la dueña de sus suspiros, aunque bien sabía Dios que nada deseaba más él que volver a disfrutar de sus labios.


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Re: One and Only | Privado

Mensaje por Yvette Béranger el Jue Sep 20, 2018 1:49 pm

A Yvette, la espera se le hizo larga, muy larga. Habían sido pocos los días que tuvo que esperar, pero la vida rutinaria a la que estaba sometida no permitía que el tiempo pasara rápido. Nada más regresar de la ópera —cuando fue a ver a Eric a su camerino—, Yvettte le contó a su madre que el cantante la había invitado a una actuación de ballet. La mujer se había emocionado casi tanto como su hija, no así Arnaud, que, aunque no había hecho comentario alguno, sí había torcido el gesto. La joven se dio cuenta, pero estaba demasiado emocionada con sus planes del sábado como para darle más importancia de la que merecía.

Se pasó toda la mañana eligiendo el vestido que se pondría. Había seleccionado unos cuantos, los más bonitos y elegantes de todo su armario, y se probó esos pocos una y otra vez hasta que dio con el que más le gustaba. Aún así, no se sentía del todo cómoda, porque todos tenían algo que no le terminaba de convencer: o un escote muy pronunciado, o unas mangas que la tapaban demasiado, un tejido feo y sin gracia… El que escogió era de color morado oscuro, con dibujos hechos con el propio hilo de la prenda, de manga larga y escote cuadrado, ni muy abierto ni muy cerrado. Tanto los puños como el borde del escote y la cintura estaban decorados con ribetes de un tono cobrizo no muy llamativo, pero que rompían con la monotonía de la prenda.

Estuvo lista justo para la llegada de su cita, pero, aún así, se demoró un poco en bajar al salón en lo que tardaba en revisar su atuendo frente al espejo. Comprobó que los pendientes estaban bien colocados, que su cuello estaba adornado con la gargantilla a juego y que su peinado era perfecto para la ocasión. Descendió las escaleras y salió al encuentro de Eric, que conversaba con su madre —llenándolo de halagos— y Arnaud. Le costó un poco que lo dejaran marchar, pero, cuando lo consiguió, se subió al carruaje deseando llegar cuanto antes al teatro.

Gracias, monsieur —contestó, con las mejillas sonrosadas y agachando la cabeza—, es muy amable.

Le hubiera dado otro beso, pero la compañía de Annette —esa vez, Julia, la joven que siempre la acompañaba, no se encontraba bien— le impedía ser ella al cien por cien. Por eso, porque se sentía cohibida por llevar a su lado a la mujer, fue que no habló en lo que restaba de viaje. La espera, sin embargo, valió la pena.

Descendió aceptando la mano de Eric y se tomó de su brazo en cuanto pisó el suelo. Notó que muchos los miraban y eso la incomodó, pero supuso que era lo normal; iba del brazo de un cantante famoso, así que la atención debía estar puesta en él y su entorno. Lo miró de reojo y se centró en él hasta que el grueso de la gente se disipó.

Claro, permítame que busque mi pañuelo —contestó, metiendo las manos en los bolsillos—. ¡Oh, no! —Se tocó el cuerpo para palpar dónde podía estar, pero no lo halló—. ¡Se me ha debido caer en el coche! Annette —llamó a la mujer, que se acercó diligentemente—, ¿podría ir a buscar mi pañuelo al coche? El cochero estará aún abajo, pero no tardará en marcharse.

La mujer dudó, pero Yvette insistió con la mirada.

No se preocupe, monsieur Eric me hará compañía en su ausencia. Es un caballero y estamos rodeados de gente, no pasará nada.

Annette miró al joven, asintió y se marchó rápida. Yvette se quitó el abrigo y lo colgó ella misma en el perchero que había en una esquina antes de volver al lado de Eric.

Julia no ha podido venir, ella es mucho más manejable y discreta, no habría dicho nada. Annette no es así, y cualquier cosa extraña que vea se la comunicará a mi madre. —Alargó una mano para sujetar los dedos de él entre los suyos—. Aún así, sé que será una velada perfecta.

Lo miró a los ojos y sonrió. Estaba verdaderamente feliz.



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Re: One and Only | Privado

Mensaje por Eric Hamilton el Mar Oct 02, 2018 5:51 pm

Bendijo en un susurro el instante en el que Anette se marchó, incluso la acompañó con la mirada, asomándose al pasillo antes de cerrar la puerta para dejarlos en una falsa intimidad. Si bien parecían estar a solas, todos los que estuviesen ya ubicados en los palcos de en frente podrían observarlos y Eric Hamilton era muy consciente de eso. Aunque lo deseaba no se acercaría de más a la muchacha.

Volvió junto a ella y se quitó la chaqueta. Estaba luciendo una camisa blanca de botones de oro, era especial para la ocasión, la habían hecho a su medida con la más suave seda de Milano mientras estuvo allí la última vez. Cinco meses había cantado para los milaneses, noche tras noche con infrecuentes días de descanso. No lo extrañaba en lo absoluto.


-Déjeme expresarle los vivos deseos que tengo de volver a besarla, señorita Yvette –susurró, disfrutando del tacto de su mano entre las suyas-. Pero claro que eso no sería apropiado, no aquí. Solo me contentaría con saber que este deseo no es solo mío, sino que es compartido.

Así, tomados de la mano, la guió a que ocupase el primer asiento del palco, él se sentó a su lado y Anette tendría que conformarse con estar junto a él, a la derecha. No dejó de acariciarla, aunque en silencio observaba como se iba llenando la sala. Eric estaba acostumbrado a estar del otro lado, a esperar en camerinos y salir solo cuando la música ya sonaba y el recinto se hallaba pleno.

-No me caben dudas de que así será, perfecta, pues está usted aquí a mi lado. La última vez todo salió mal porque estábamos sentados frente a frente, creo que de aquí en adelante deberíamos sentarnos uno junto al otro –se rió de su propia frase-, así evitaríamos todo mal.

Esperaba que hubiese muchas veces más, Eric ya soñaba incluso con una boda grande y llena de invitados importantes. Aunque, ¿qué buena familia le permitiría a su hija desposarse con un castrato? Aquello era su bendición –pues le debía su tono tan agudo de voz a la cirugía que le habían realizado cuando tenía once años- y su maldición a la vez.

Poco a poco se fueron apagando las farolas, el olor perfumado de las velas los envolvió, haciendo que el acercamiento pareciese ser más intimo de lo que en verdad era. Eric notó que la dama de compañía de Yvette aún no había regresado y le pareció que no estaba mal, por el contrario: era perfecto todo, pero por respetarla no se atrevía a besar sus labios allí, aunque la penumbra les sirviese de cómplice.


-¿Necesitas algo, querida? ¿Todo está bien? –le preguntó solícito y se llevó la mano de Yvette a los labios para besarla.


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Re: One and Only | Privado

Mensaje por Yvette Béranger el Lun Oct 22, 2018 2:12 pm

Feliz no era palabra suficiente para expresar la mezcla de emociones que bullían en su pecho. Se sentía pletórica, casi extasiada, pero la fina educación que había recibido durante su no tan extensa vida le impedía demostrarle al hombre junto al que compartiría su velada tales sentimientos. Una señorita de bien tenía que ser modesta, discreta y refinada, y saltar para rodear el cuello de Eric Hamilton con los brazos no era la mejor manera de comportarse en ese momento. Por eso se limitó a darle la mano en la discreción del palco, ocultos todavía por las butacas, y a entrelazar sus dedos con los de él.

Le aseguro que ese deseo es compartido, monsieur, pero entiendo que ahora no es el mejor momento.

Miró a su alrededor un segundo sólo para comprobar que, efectivamente, había muchos ojos observando ese palco. Yvette estaba segura de que no la miraban a ella; o quizá sí, pero no por ser quien era —una muchacha anónima en mitad de un gran teatro—, sino por quién estaba a su lado. Desde que había salido del coche que los había llevado, la joven sintió cómo cientos de ojos se clavaban en ellos, curiosos, y los seguían en cada paso que daban. Allí, en la intimidad de aquel palco, las cosas no serían mucho más distintas, y ambos lo sabían.

Se dejó guiar hasta el asiento, el mejor de los tres que había, y se sentó sin soltar la mano de Eric. Sentía las caricias de los dedos de él sobre su mano y un cosquilleo le recorrió el cuerpo. Miró el escenario y, después, fue llevando los ojos por el resto del público hasta que terminó girando la cabeza para mirarlo a él. Estaba tan apuesto con aquella camisa blanca, el pelo rizado perfectamente peinado, la barba incipiente arreglada con esmero y esos ojos tan maravillosos que, de pronto, la miraron.

Espero que tengamos más oportunidades de sentarnos uno junto al otro; me alegraría que así fuera —confesó—. Eric, llámame Yvette, por favor. Sólo Yvette —le pidió, apretando su mano—. Annette no está, cuando ella llegue tendré que ser la señorita Yvette de nuevo, pero aprovechemos hasta entonces.

Las luces se fueron apagando hasta que el público entero se quedó en penumbra. Eric le besó la mano y ella disfrutó del gesto, pero llevaba demasiados días esperando aquel encuentro como para conformarse con un simple beso en el dorso. Valiéndose de la confianza que la oscuridad le había brindado, y aprovechando que Annette no había regresado aún, se apoyó en su reposabrazos y estiró el cuerpo para besar la mejilla de Eric rápidamente.

Así está mejor —susurró en respuesta a su pregunta.

Volvió a sentarse en su butaca con la mano de Eric bien sujeta entre sus dedos. Cuando los primeros bailarines salieron a escena, la doncella entró en el palco, obligando a los jóvenes a soltarse rápidamente. Annette se colocó junto a Yvette y se agachó para susurrarle en el oído:

Señorita, he recorrido dos calles hasta dar con el cochero y dentro no había nada. ¿Está segura de que se le cayó ahí?
No lo sé, Annette. Puede que me lo haya dejado en casa —contestó Yvette, moviendo a la mujer ligeramente para poder mirar el escenario—. No importa, tampoco lo necesito ahora. Gracias.

La mujer rodeó los asientos para sentarse en el que quedaba libre. ¡Vaya tarea le había asignado la señora! Cuidar de su insoportable hija, como si no tuviera cosas mejores que hacer. Además, tenía que ir a ver un espectáculo de ballet, con lo aburridos que le parecían… La mujer cabeceó en el asiento y se cubrió la boca para ocultar un bostezo. Yvette se dio cuenta, pero no la miró de manera muy descarada para no alertarla. No obstante, cuando apenas llevaban media hora de actuación, la respiración profunda y tranquila de Annette se volvió audible para ambos jóvenes, y en ese momento Yvette aprovechó para volver a buscar la mano de Eric.



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Re: One and Only | Privado

Mensaje por Eric Hamilton el Sáb Nov 03, 2018 11:18 pm

¿A qué estaba jugando, por Dios del Santo Cielo? Tomaba la mano de Yvette y se permitía fantasear con que eran prometidos, dos amorosos prometidos prontos a casarse en pocos meses, soñando con una gran boda llena de seres amados que rebozaban felicidad por ellos dos. Acariciaba con adoración los dedos suaves y delgados de Yvette y sentía que jamás se había sentido tan feliz en su vida, pero tampoco tan miserable.

El beso de ella lo tomó por sorpresa y mucho más lo conmovió su osadía. Quería abrazarla, decirle que serían felices, que no se separarían, que pronto hablaría con su madre y el esposo de ésta para pedirle permiso formal de cortejarla, quería poder visitarla en su casa como hacían todos los festejantes de las señoritas en edad de entregar su mano.

Entregar su mano… Eric bajó la mirada para fijarla en la unión de sus dedos entrelazados con los de la señorita Yvette Béranger. Ella ya le había entregado a él su mano, eso bastaba para Eric aunque de seguro no para la madre de la muchacha.

La escena siguió sin que él le prestase especial atención, perdido estaba ya en sus pensamientos y no había quién lo salvase… al menos eso creía porque se sobresaltó –aunque logró que se note mínimamente- cuando la dama de compañía regresó. Oyó el intercambio que mantenía con Yvette y no se metió, no correspondía.

Caballeroso, se puso en pie hasta que la mujer tomase asiento a su derecha y luego volvió a hacerlo él, tras inclinar a ella su cabeza. Annette no se preocupó en disimular su aburrimiento, sino que en cuanto pudo se relajó hasta dormirse y en ese momento Yvette volvió a tomarle la mano, provocándole una sonrisa. Eric volvió a llevarse esa mano a los labios para besarla y luego se inclinó a su oído:


-¿Estás cómoda, querida? No imaginas cuanto me gustaría que estemos solos, siento deseos de abrazarte prolongadamente. –Apretó otra vez su mano. –Creo que el deseo se me cumplirá, pues mira esto… hasta hace unas semanas que me acompañases hoy aquí también era un sueño, mas ahora es real.

Esperaba poder contar con el receso a su favor. Ojalá en ese momento la dama de compañía siguiese durmiendo para que él pudiese estrechar en un abrazo, sin ningún tipo de miedo, a su amada.


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