Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

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Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Joe Black el Jue Sep 20, 2018 9:18 am

Llegó la gran noche, había pasado todas y cada una de las horas de luz dándole vueltas a la cabeza, rememorando aquellas palabras que Dan pronunció cuando caminábamos hacía casa tras una noche de fiesta ¿secretos? Si, los tenía, infinidad de ellos. Centré mi mirada en el techo de aquella cámara hasta que adquirieron un tono tan rojo como el mismo fuego¿merecía mis silencios? ¿merecía al hombre con el que de aquí poco iba a contraer matrimonio?
¿estaba enamorado de ella? ¿tenía la capacidad de amar? Yo era un maldito monstruo incapaz de sentir mas que depravación pero por Dan había algo mas y aun así era incapaz de dejar de pensar en otras, en fiestas de mascaras..porque tenía necesidades, era un demonio y a los demonios no se sacian con facilidad.

Con el ocaso me puse en pie, mi traje estaba perfectamente planchado colgado en el maniquí, había quedado con mis hermanos directamente en el palacete donde celebraríamos aquella boda que con diferencia era el evento del año. La familia de mi prometida estaba eufórica, Dan creo que asustada, no la culpaba y mis hermanos con el culo apretado algunos porque se descojonaban de que fuera a cometer un acto tan estúpido y humano, otros porque simplemente se descojonaban por dentro la verme vestido de pingüino.

Frente al espejo acomodé la corbata alrededor de mi cuello, sentía como el nudo me oprimía la garganta, sentía calor y sabía era imposible porque estaba muerto, acabé aflojando el nudo con los dedos mientras mi camisa quedaba ligeramente entreabierta, necesitaba hablar con ella.
El carro me esperaba fuer,a dispuesto para llevar al novio y sin embargo tomé sin ensillar la pura sangre azabache del establo y cabalgué hacia aquel palacio donde Dan había pasado el día para poder prepararse tranquila rodeada de familia y damas de honor.

Subí las escalinatas de dos en dos y ni siquiera me detuve para saludar a parte de los invitados que aun faltando una hora habían empezado a dejarse caer para hacerse ver en tan importante celebración.
Seguí el aura de Dan hasta la habitación principal y abrí la puerta de par en par con los ojos abiertos como platos y el pelo ligeramente despeinado, así como el traje que si bien antes de la salvaje monta estaba perfecto, ahora estaba arrugado.
-No puedes ver a la novia -dijo una de las damas de honor con una sonrisa, pero yo no podía no verla, así que entre ignorándola, hasta la hice a un lado sintiendo mis colmillos emerger llenando de ponzoña mi lengua. Fue Dan la que pidió a sus amigas se marcharan, hundió en mis sus pardos y entonces vi dolor en esa mujer vestida de blanco.
-Si, tengo secretos, una colección de ellos, casi tantos como milenios acumulo en mi existencia, no voy a darte explicaciones de lo que hago o deshago, no puedes pedir cuentas al diablo, no era ese el trato, te protegeré de esta guerra, ayudaré a tu familia económicamente y nada te faltara, cumpliré cada palabra dicha, soy esclavo de las mismas.-hice una pausa esperando que asumiera mis palabras –soy un monstruo, pero eso creo que lo sabes desde hace ya demasiado tiempo, dueño de mis silencios, ahora ya puedo casarme contigo.
Iba a mantenerla protegida, no la perdería...





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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Askar Wolf el Jue Sep 20, 2018 9:19 am

Sonaba la melodiosa marcha nupcial en aquella pantomima de tipos de la alta sociedad de rostros desfigurados que sonreían sin parar para ver quien destacaba mas.
Mi manada apostada estratégicamente esperaba mi señal, mientras yo, copa de bourbon en mano, paseaba entre los corderos camuflando mi piel de lobo gracias al sello familiar. Mi aura no  resplandecía como lo haría la de un hijo de Galla, el primero que pisó la faz de la tierra, no uno mas, pues la magia de un poderoso aquelarre la bloqueaba.

Observé con mis lobunos ojos a Joe impertérrito en el altar, seguramente repasando en su cabeza aquellos votos que pronunciaría sin mas, falacia tras falacia uniendo su vida inmortal a la de una humana a la que doblegaría a voluntad.
El coro empezó a cantar, bellas voces angelicales acompañadas del soniquete celestial de las arpas, sin duda bella paradoja para el infierno que desataríamos esa noche.

Observé a la doncella andar, lo hacía sonriente tras una niña que lanzaba pétalos al suelo sin parar  y seguida por un séquito de damas de honor vestidas de celeste perfectamente uniformadas.
Una lastima tener que estropear tan idílico momento, mas, si algo había aprendido a lo largo de mi larga existencia es que hay que hacerse de notar y que mejor redoble de tambores que la boda absurda de un Black.
Con suerte lograría sacar a Kane de su escondite, esa garrapata llevaba demasiado tiempo creyéndose rey y señor de la tierra, ahora le demostraría que era tiempo de lobos, su hegemonía había acabado.

Joe recibió a su preciado juguete de frente le alzó el velo como si no la tuviera ya bastante vista y susurró lo preciosa que estaba como si eso engañara a su futura esposa que sabía sobradamente que la prefería enmascarada y desnuda.
El resto de Black sentados en las primeras filas aplaudían a la novia como lo harían en una magnifica obra teatral ¿se ganaría quizás Joe el futuro como actor?

Mi aullido bastó para que cuarenta licanos aparecieran en escena, sin necesidad de que se abriera el telón la matanza empezó, casi pude ver dibujada la sonrisa de Uttukki, siempre tan bélico parecía empezar a divertirse con esto de las bodas rojas y no celestes.
Los lobos no discernieron humanos, de sanguijuelas, pronto a mi alrededor se desató el caos, gente gritaba y corría llena de lagrimas y allí estaban los Black, en pie, batallando como los que mas, era una bonita estampa familiar, una lastima que me viera forzado a quebrarla sin mas.

Dos de los guardaespaldas se me acercaron para matarme, pobres ingenuos que no llegaron ni a rozarme, mis manos se hundieron en sus cráneos y estampé sendas cabezas hasta reducirlas a polvo.
Me sacudí la arenilla del traje negro mientras continuaba mi desfile legendario.
Assur ensangrentado luchaba contra 6 licantropos, tenia que reconocerle el merito, los destrozaba entre gruñidos, era un buen guerrero, digno hijo de su padre, pero...esta guerra no podía ganarla, no hoy, no ahora.

Yared, como siempre incapaz de medir al adversario decidió que yo era el indicado, craso erro que pagaría hoy.
Ambos bailamos el vals de la muerte, colmillos, garras y violentos golpes que terminaron con uno seco, el de mi mano abriendo su pecho.
Apreté su corazón mientras desafiante el Black mostraba sus dientes instigandome a hacerlo, a arrancarlo proclamando que ese acto sería mi fin.
-Demasiado pronto para matar príncipes -aseguré apartándolo de mi camino permitiendole vivir.

Limpié mi diestra en el bonito vestido de la novia. Dan luchaba desesperada intentando quitarle de encima a Joe a 10 de los míos, a los pies del monstruo de su futuro marido habían 6 muertos.
-Señorita, lamento la interrupción -susurré acariciando su oído con un deje de mofa - algún dia me lo agradecerá, mas ahora, ha de venir conmigo -concluí antes de con un golpe seco dejarla ko.

Aullé, ya tenía lo que quería, un motivo, un desafío y una presentación, era hora de irnos del gran salón.


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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Dom Sep 23, 2018 3:34 pm

Había llegado finalmente el día, tras todo el tiempo que había pasado y todos los preparativos que habíamos hecho, o más bien había hecho mi madre, el día de la boda llegó más rápido de lo que  me hubiera gustado admitir. Aún no podía dejar de pensar en aquella noche en la que mi padre, sin decirme nada, me llevó hasta el palacio donde tuvo lugar aquel baile donde el vampiro buscaba una mujer con la que casarse. De entre todas las que habían en el palacio, de todas las pretendientes que podía tener y que se afanaban en ganarse la atención del vampiro me había tenido que escoger a mí, a una cazadora con la que podría poner su vida en un jaque mate cuando él menos se lo esperara. Se había arriesgado demasiado al elegirme a mí y la primera noche no fue fácil para ninguno, yo me escapé de su lado y acabé llevándolo hasta mi mentor donde casi lo mató pero logré que no lo hiciera. Volvimos a la mansión y allí suponía que era donde había empezado todo aquel camino que habíamos recorrido juntos, uno que yo no esperaba para nada que fuera de aquella forma donde ambos habíamos compartido más que palabras, más que noches de caza; habíamos compartido nuestros cuerpos, nos alejamos varias veces pero siempre volvíamos a buscarnos como si fuéramos incapaces de permanecer alejados el uno del otro, algo que había quedado demostrado las últimas veces. Había salvado mi vida en una ocasión, había ido con él al maldito infierno para ayudarlo con esa maldición que compartía con Sun para que su vida no se acabara, nos habíamos casado en el barco antes de llegar a México, había intentado ver la verdad que escondía el vampiro logrando que este me golpeara para luego arrepentirse.... nuestro camino había sido tortuoso aunque últimamente dejábamos de lado aquello que sabíamos que nos llevaba a pelearnos para, simplemente, disfrutar como el par de demonios que éramos. Porque una parte en lo más profundo de mí se compaginaba con el vampiro, ¿el qué? No lo sabía del todo pero así me sentía con él cuando estaba a su lado, cuando jugábamos a esos juegos de perversión que nos gustaban a los dos y donde se ponían reglas porque el vampiro era muy suyo y se podía ver, pero no me podían tocar. No me creía que hubiéramos recorrido todo ese camino y que hubiéramos llegado hasta el día señalado porque, en un principio, yo solamente había querido deshacerme del vampiro y que la boda no se llevara a cabo... y allí me encontraba, en el palacio con las que eran mis amigas ayudándome a vestirme mientras yo no podía evitar estar nerviosa. ¿De verdad iba a casarme con el vampiro y a entregar mi libertad? Parecía que sí, que eso era precisamente lo que iba a pasar en cuanto diera comienzo con la ceremonia.

Mis padres estaban ya bajo con los invitados y mi hermano estaría con ellos mientras yo, arriba, estaba con las damas de honor y alguna amiga íntima de verdad que me ayudaban a vestirme, a peinarme y demás mientras yo no podía decir demasiado al respecto porque todavía no era consciente de lo que estaba a punto de hacer. Desde la sala donde estaba podía escuchar la música de bajo como lo había predispuesto y organizado mayormente mi madre. Últimamente me encontraba más cansada de lo habitual pero no le di demasiada importancia por el tema de la boda, mi madre agotaba a cualquiera cuando se empeñaba en hacer la boda del año pese a que yo había querido algo mucho más reducido y privado pero ¿cómo razonar con ella? Al final dejé que se encargara de varias cosas y yo lo haría de otras, todavía quedaba una hora para que comenzara la boda, de noche para que pudiera ir el vampiro así como sus hermanos de los cuales apenas conocía a un par y sentía curiosidad por saber cómo eran los otros, ya que Assur y Joe no se parecían demasiado físicamente. Absorta en mis pensamientos mientras dejaba que me terminaran de peinar fue cuando escuché la voz de una de las damas que decía que el novio no podía ver a la novia, fue entonces cuando me di cuenta de que Joe estaba allí extrañándome de su visita, lo miré tan solo un segundo para pedir a las demás que se marcharan y que nos dejaran a solas porque como contrariaran al vampiro y le denegaran algo que él bien podía conseguir fácilmente –como el hecho de verme- podría pasar a mayores. Esperé a que estuviéramos solos para mirarlo parada a unos cuantos pasos de distancia, por un momento pensé que iba a decirme que la boda se cancelaba y que no íbamos a casarnos, sino ¿por qué se presentaba allí una hora antes con la camisa abierta, y algo despeinado? No lo entendía así que esperé a que dijera lo que tuviera que decir, aunque francamente no esperé para nada que me soltara aquello cuando en el momento en que se lo dije él, como ya venía siendo costumbre en él, se quedó callado sin decirme nada. Enarqué una ceja por sus palabras porque no lo entendía, ¿por qué me estaba diciendo eso en aquel momento? Aunque claro, viniendo de él no es tampoco me sorprendiera demasiado. Acabé soltando una risa mientras negaba con la cabeza cruzada de brazos frente a él, alcé una de mis manos llevándola a mi rostro mientras seguía riéndome y negaba con la cabeza de una manera que le pudo pillar por sorpresa.


-Pensaba que ibas a decirme que la boda se cancelaba, y sin embargo, me encuentro con esto –aparté mi mano de mi rostro y dejé de reírme poco a poco mientras lo miraba de manera fija- eres un cobarde, Joe Black –fue lo primero que dije al respecto sobre sus palabras- siempre se te ha dado bien huir cuando te sientes acorralado, cuando sientes que eres presionado... no puedes negármelo porque yo misma lo he visto y lo he vivido contigo –dije llevando mis manos a mi cintura- siempre has huido, huyes y siempre huirás como el cobarde que eres porque prefieres huir a afrontar las cosas, ¿qué es lo que quieres evadir esta vez, tu adorada y ansiada libertad? Eso haberlo pensado antes de querer casarte con alguien, antes de realizar una maldita fiesta donde buscabas esposa, ¿acaso no pensaste que en tú egocéntrico pensamiento a mí también me cortabas las alas? No eres el único al que esto le repercute, pero claro, tú no eres capaz de mirar por nadie más que por ti –mordí mi labio mientras me dirigía a la mesa y llenaba una de las copas con el champán que había allí y me giraba para mirarlo- todo esto es porque tú lo querías, yo no quería casarme y aquí estoy... no te entiendo Joe, ¿qué es lo que quieres decirme con todo esto, que volvemos al principio donde solo es una transacción más de las tuyas y de las que tanto has tenido? ¿Es eso lo que quieres decirme? Básicamente, ¿Qué esperas de mí; que me quede en casa fingiendo ser la esposa perfecta mientras tú te vas fuera de casa para hacer lo que te venga en gana? ¿Ahora volvemos al principio de todo? –Mordí mi labio mirándolo- ¿sabes por qué seguía con todo esto? Porque mi familia sí que necesita de eso dinero, pero tú puedes comprar lo que quieras porque el dinero te sobra demasiado, ¿por qué no haberles pasado una suma de dinero y nos hubiéramos librado de toda esta farsa? Está claro que no quieres casarte, y sí sé que tienes secretos porque tú mismo lo has reconocido, y que eres un monstruo también lo sé, ¿pero sabes qué? Que yo también estoy aquí –dije plantándome frente a él- no hace falta que me cuides, ni que me protejas ni nada parecido porque me queda claro que para ti no soy más que alguien con quien divertirte y pasar tus ratos de perversión... si quieres volver al inicio ¿qué puedo hacer por impedirlo? Mientras ayudes a mi familia económicamente es cuanto necesito, y quiero, de ti –dije dando un paso atrás, no iba a dejarle ver lo que me jodía aquello, no cuando no se lo merecía para nada tras lo que estaba haciendo- y ahora puedes largarte, no te preocupes, fingiré como tú que no pasa nada pero a diferencia de ti no huiré –me giré para volver a sentarme donde estaba esperando que se largara, cabreada y furiosa con el vampiro porque no entendía nada, ¿para eso buscó esposa en esa fiesta? Era un cobarde y siempre lo seguiría siendo. Cuando entraron fingí, con esas máscaras que tan bien se me daba llevar, que no pasaba nada y que todo seguía adelante. La hora pasó y en el momento dado fue cuando bajé parándome en la entrada mientras la orquesta tocaba para que avanzara del brazo de mi padre. Me llevó hasta el altar y me dejó frente al vampiro quien, tras mirarme, murmuró que estaba preciosa pero sin embargo el gesto de mi cara no cambió en absoluto, ¿no se daba cuenta que con aquello también me condenaba a mí para no ser libre en mi vida? Él era un maldito vampiro que tenía todo el tiempo del mundo, sin embargo yo ahora estaba limitada y “atada” a esa vida que no había pedido. Sin embargo la boda no fue como lo habíamos planeado porque, de la nada, un aullido hizo que me pusiera tensa mientras miraba al vampiro de soslayo, ¿licántropos? Antes de que pudiera percatarme de lo que ocurría ya se estaba dando lugar una batalla en aquel lugar donde los vampiros luchaban contra los lobos, busqué con la mirada a mis padres que no sabían nada y sin pensarlo me acerqué a ellos para sacarlos de allí tomándolos a ellos del brazo mientras mi hermano me seguía- ¡corred, salid de aquí! –Dije mientras los empujaba y revisaba que no se acercara ninguno. Ellos, horrorizados sin saber qué pasaba me pedían que fuera con ellos... y mi mirada bastó para hacerles saber que eso no sería posible, que algo les ocultaba. Jamás pensé que sabrían que era cazadora de esa forma, pero no pensaba dejar que nada les pasara. Saqué del vestido teniéndolo escondido un par de dagas, ya que siempre iba armada, y los miré mientras las empuñaba con fuerza- yo estaré bien, los contendré pero necesito que os vayáis... prometo que os lo explicaré todo –el que parecía algo más lúcido era mi hermano así que le pedí que se los llevara de allí, cuando se fueron corriendo la puerta por la que habían salido la cerré atrancándola para que nadie pudiera entrar. Al girarme al baño ya estaba servido; sangre por doquier, vampiros luchando contra licántropos que intentaban matarlos. Uno de ellos se acercó a mí y pude rodar a tiempo para esquivarlo, mi daga de plata se hundió en su pecho en lo que manchaba mi vestido y lo rompía un poco. Al girarme intenté visualizar a Joe encontrándolo rodeado por muchos licántropos- ¡Joe! –Dije mientras iba en su dirección en lo que él mataba algunos, pero eran demasiados y no podía con todos, ellos que se afanaban al parecer en matarlo se olvidaban de que estaba tras ellos y conseguí quitarle un par cuando de repente sentí una presencia a mi espalda. Me giré con la intención de herirlo pero se movió con rapidez, lanzó mi daga lejos y aferró mi muñeca, su forma humana me decía que debía de ser quien mandaba- ¿qué haces? ¡Suéltame! –Pero no fue eso lo que pretendía- ¡no me pienso ir contigo a ninguna jodida parte! Suél....-apenas me dio tiempo a terminar la frase para avisar al vampiro o a liberarme cuando un golpe en mi nuca me dejó inconsciente, y todo lo que ocurrió después fue oscuridad para mí.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Askar Wolf el Mar Sep 25, 2018 12:59 am

Maxwel se encargó de acomodar a la joven en sus nuevos aposentos, un par de doncellas se encargaron de desnudarla para ponerla cómoda con un camisón de seda blanco mucho mas propicio para que la dama disfrutara su sueño, iba a necesitarlo.
No pedí cadenas, no las necesitaba bastó con que en su puerta hicieran guardia un par de los hombres de mi manada.
Una vez la eterna prometida despertó una de las doncellas salió corriendo para pedir que fuera avisado mientras regresaba junto a la otra para calmar a una muy alterada cazadora que exigía al parecer ser liberada.

Entre cruzando el umbral de aquel portón con una sonrisa ladeada.
-¿A que viene tanta prisa? Sois mi invitada, tomaros una tregua, no es mi intención reteneros contra vuestra voluntad por demasiado tiempo.
Era cierto, solo quería joder a los Black, dejarles claro que podía entrar donde se me antojara y tomar lo mas valioso de lugar sin que pudieran evitarlo -para tu tranquilidad te dejaré claro que tu prometido esta vivo.

Dan con sendos brazos a cada parte del cuerpo y con los puños tan apretados que bien podían sangrarle las palmas gruñó mirándome, no se bien cuantos improperios soltó por esa gran boca que se gastaba, pero la verdad no presté excesiva atención.
Caminé hacía el mueble bar y serví una copa de vino tinto que seguramente la joven necesitaría mas que yo.
-Toma, bebe creo que te vendrá bien para calmarte -dije esperando que se dejara de sandeces y razonara, peor de un manotazo la estampó contra la pared furibunda -bueno, bien ¿te importa si bebo yo? -pregunté sirviendo la propia para dar un sorbo.

La chica miraba la fina tela que cubría su desnudez, casi intuía lo que iba a decir, así que me adelanté.
-No, no te he visto desnuda, mis damas te han quitado el caro traje de novia para ponerte algo mas comodo dado que vas a pasar aquí bastante tiempo.
Me giré hacia una de las doncellas.
-Traer una bata para la señorita, no parece cómoda ante mi presencia.


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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Dom Sep 30, 2018 10:49 am

La boda se había convertido en un caos, ya desde el principio antes de que se iniciara me había quedado más que claro lo que había por parte del vampiro y lo que me esperaría a partir de ese momento. Volvíamos al inicio del acuerdo, volvíamos a estar como al principio en el que decidió elegirme como su prometida en ese maldito baile donde él lo hacía por... bueno, no entendía muy bien por qué lo hacía exactamente, y yo porque mis padres necesitaban realmente el dinero. Ya una vez cuando en esas veces que habíamos estado separados el vampiro y yo escuché la falta que hacía y la mentira en la que nos habían sumergido a mi hermano y a mí para que no nos enteráramos. Era lo único por lo que seguía adelante, aunque como bien le había dicho al vampiro podría habernos dado un cheque con una cuantiosa suma de dinero para cancelar todo esto y así poder disfrutar de la vida que llevaba. No sería la primera vez que me entregaba un cheque con una suma de dinero, aunque claro, las cosas habían cambiado desde entonces. Comprendía el motivo por el que su anterior prometida lo había dejado, era un cobarde incapaz de hacer frente a aquello que lo ponía entre las cuerdas y prefería huir a plantar cara. Bien, si lo que quería era una mera simple relación de “contrato” por el matrimonio es lo que tendría, al fin y al cabo, ¿no era eso lo que me había pedido con sus palabras? Pues se lo concedería, se acabaron muchas cosas porque no estaba dispuesta a complacerlo cuando no se lo merecía, me ceñiría a mi papel delante de la gente y pondría esas máscaras que tan bien se me daba y a las que estaba acostumbrada delante de la gente para que no pudieran ver nada. Sin embargo no esperé que la boda se torciera solo de esa manera, ni siquiera había dado comienzo cuando todo pareció derrumbarse y convertirse en un caos sangriento donde la gente trataba de escapar, los vampiros se enfrentaban a los lobos y mi familia asustada no sabía qué era lo que estaba ocurriendo. Ni lo pensé cuando fui a por ellos para salvarlos, ellos jamás deberían de haberse enterado del mundo oscuro que los rodeaba, ellos jamás debieron de saber que yo sí lo conocía y que además cada noche salía para cazar algunos vampiros y licántropos purgando y limpiando la ciudad de la infección que suponían. Sorpresa, miedo y desconcierto es lo que pude ver en sus miradas como si no supieran quién era yo, no estaban preparados para eso pero admitía que yo tampoco lo estaba para decirles la verdad, todo se había descontrolado y haría pagar al que había provocado todo aquel escándalo por hacer que mi familia se enterase. Al menos me quedaba algo más tranquila de que había hecho que escaparan por una de las salidas atrancando la puerta, maté a varios licántropos mientras mi vestido se manchaba del líquido carmesí y de fondo se escuchaban los gritos y los ruidos de la pelea. Traté de llegar al vampiro cuando lo vi rodeado y aunque comencé a luchar aunque, llegado un momento, alguien tomó mi muñeca parando mi golpe y para cuando me giré unos ojos azules me contemplaban. Gruñí intentando liberarme, se deshizo de mi daga y antes de que me soltara me dio un golpe en la nuca que me dejó inconsciente y donde la oscuridad se adueñó de mí.

Parpadeé abriendo los ojos notando la luz que entraba por la ventana y que me cegaba un poco con toda la claridad que había, me tapé el rostro con una mano para que no me molestara cuando, de pronto, caí en la cuenta de que no estaba en mi alcoba ni mucho menos en mi cama, ni en la del vampiro porque de lo contrario la luz lo habría matado. Abrí los ojos para fijarme en que la habitación donde me encontraba no me era conocida en absoluto, al incorporarme caí en la cuenta de lo que había sucedido en la boda, como si fuera en flashes todo lo que había pasado; las palabras del vampiro, el miedo y el desconcierto en la mirada de mi familia, la pelea contra los lobos... y él, ese maldito hombre que me había llevado a mi fuerza sin saber lo que había pasado al respecto. Escuché el ruido de la puerta y giré mi cabeza en la misma dirección, dos doncellas se apresuraron al ver que me había despertado aunque yo no las recibí de igual modo, busqué algo con lo que defenderme pero mi vestido ni mis armas estaban, atrapé a la primera de ellas para que me dejara salir de allí y me dijera dónde me encontraba, cabreada hasta el punto máximo y sabiendo que alguien iba a pagar por ello pero no ella, no una humana que no tenía nada que ver con aquel asunto. La otra salió corriendo y soltando a la primera busqué por la habitación mis cosas pero no estaban, ni rastro del vestido o mis armas mientras más me enfurecía. Iba a largarme de allí antes de que alguien viniera, no pensaba quedarme bajo ningún concepto, de hecho me giré para encaminarme a la puerta cuando de pronto apareció un hombre con paso seguro y firme mientras sus ojos azules me miraban, fruncí ligeramente el ceño porque lo recordaba y me resultaba familiar, pero ¿dónde...? Hasta que caí en la cuenta, era él, el mismo que me había hablado, el mismo que me había dejado inconsciente y me habría llevado a ese lugar sin mi permiso y sin mi consentimiento. Su sonrisa ladeada mientras me miraba no es que calmara ni apaciguara los ánimos, tampoco sus palabras donde me decía que era su invitada, que quería una tregua y que no sería retenerme contra mi voluntad mucho tiempo. ¿Se creía que iba a quedarme porque él así lo deseaba? Ni de coña, no sabía con quién estaba hablando.


-Tú –escupí con desprecio al reconocerlo, enseguida me dieron ganas de lanzarme a por él y darle la golpiza que se merecía- ¿quién te has creído que eres, eh? ¿Qué soy tú invitada? Oh, entonces puedo largarme en cuanto me de la gana –me encaminé hacia la puerta pero dos guardias, altos, corpulentos y con cara de muy pocos amigos me bloquearon el paso para que no me largara- apartaos de mi camino –dije con rabia- ¡qué os apartéis! –Intenté apartar yo a uno pero no dio resultado, como si fuera una roca permaneció inmóvil y de un empujón me volvió a meter en la estancia cerrando así la puerta- así que tú invitada, ¿no? –Pregunté con sarcasmo en la voz en lo que él decía algo sobre que bebiera de la copa que me tendía porque lo iba a necesitar, de un manotazo la copa se estrelló contra la pared en lo que él se giraba y se servía una para sí mismo. Apreté mis puños con fuerza mientras lo fulminaba con la mirada, reteniéndome en contra de mi voluntad sin saber qué era lo que quería de mí cuando yo no podría ofrecerle nada- ¿qué es lo que quieres de mí? Me parece que te has confundido de persona porque yo no tengo nada que pueda interesarte –me fije entonces en que llevaba tan solo un camisón fino, demasiado fino, y alcé mis ojos clavándolos en los suyos- juro que como me hayas visto desnuda te arrancaré los ojos –amenacé en tono bajo, frío que le daba a entender que no hablaba en broma. Aseguró que habían sido sus doncellas y les pidió que me trajeran una bata que me puse tapándome, al principio me había dicho que no iba a retenerme mucho tiempo, y ahora me decía lo contrario- ya veo que las mentiras no se te dan demasiado bien, pero si piensas que voy a quedarme aquí el tiempo que te de la gana estás equivocado. Antes de que te des cuenta me habré largado, de ti depende el número de bajas que quieras cuando me largue de aquí –aseguré observándolo, fue entonces cuando mencionó al vampiro y gruñí por ello recordando lo que me había dicho antes- ¿Y crees que me importa lo que pueda pasarle a ese vampiro? Qué equivocado estás –me reí un tanto fría, con esas máscaras que tan bien se me daba llevar puestas- es sólo un arreglo por conveniencia, ¿pensabas que secuestrándome ibas a herirlo? Pero qué ingenuo eres –esa vez fui yo la que se acercó para servirse una copa seguramente no esperándose que actuara con esa frialdad, como si no me importara en absoluto- ¿por eso me has secuestrado y me retienes aquí? Te has equivocado de persona, ¿acaso no sabes cómo son los Black con respecto a los sentimientos? No tienen, así que si me retienes por algún motivo relacionado con eso te digo que has fracasado estrepitosamente –di un trago al contenido de mi copa y ladeé la cabeza mirándolo- ¿y qué se supone que pensabas hacer conmigo hasta que vinieran a buscarme? Esto es toda una ofensa hacia su persona y no dudará en venir, te doy... ¿dos días como mucho? Si pensabas que iba a suplicar por mi vida, o a darte información sobre ellos vuelves a fracasar de nuevo... y me gustaría que tuvieras algo en claro –terminé la copa y la tiré al suelo sin importarme que se cabreara, que me diera un solo motivo más para matarlo- encontraré la manera de largarme de aquí, mataré a todo aquel que se interponga en mi camino y haré un baño de sangre tras mi estela como tú dejaste en mi boda. Pero óyeme bien –aferré su camisa entre mis dedos, con el tono frío y amenazador- como le haya pasado algo a mi familia, como les hayan hecho algo tus lobos juro que no habrá lugar en este mundo donde puedas esconder tú asqueroso y pulgoso trasero. Te arrancaré el corazón del pecho para que puedas verlo, y créeme, he aprendido del mejor demonio para hacerlo –lo alejé empujándole sin dejar de fulminarlo con la mirada. Sabía bien por qué me había secuestrado, cuáles podrían ser sus intenciones pero yo no le diría nada, hacerle ver que no me importaba en absoluto y ponerme esa máscara era lo mejor hasta el momento. Porque sabía que Joe no iba a dejar pasar lo que había hecho y vendría a por él. Yo de mientras no diría nada acerca del vampiro o de los Black y buscaría la manera de escaparme de aquel lugar.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Askar Wolf el Vie Oct 05, 2018 6:01 am

Admito que la cazadora era exactamente lo que esperaba, un perro rabioso que ladraba demasiado como para capturar presa. Ladeé la cabeza sin amagar esa media sonrisa que asoma a mis labios, picara, engreída que disfrutaba de los tiros ciegos que la dama por su boca lanzaba.
-¿Quien ha hablado de sentimientos? No, me decepcionaría que fueras tan tonta como para esperar de un corazón inerte algún tipo de “amor” Los Black tienen podrido el corazón, no te contaré lo que durante milenios han hecho a la raza humana, mas te aseguro que para ellos solo sois corderos, algo para usar y tirar.

El odió resplandecía en sus pardos, al menos ese sentimiento si era capaz del albergarlo, bonita mascara la que la dama portaba sobre su rostro porque los Black eran únicos para trasformar la verdad y doblegarla a su voluntad.
-No se que es eso que te ha prometido, pero duraras a su lado lo mismo que le dure su nuevo capricho, y créeme para los Black todo es efímero.

La vi servirse la copa, me relamí los labios paladeando el sabor de la propia, regocijándome de que hubiera osado acompañarme.
-De todos modos y para vuestra tranquilidad, os aseguro que mi intención dista mucho de remover un ataque de amor en vuestro prometido, de intentarlo yo sería el necio y soy muchas cosas pero no eso, no, no sera amor lo que lo mueva a venir a por su futura esposa, si no eso de lo que los Black van bien servidos, se llama orgullo y ninguno de ellos tolerara que una panda de “perros” se presenten en su la boda de uno de los suyos y se lleven a la preciosa novias vestida de blanco. No, no voy a remover su amor, si no su ego, eso es lo que traerá a tu “amor” a las puertas de este caserón.

Dejó caer el vaso con indignación, el mismo que se partió en mil pedazos como seguramente tenía ahora su frágil corazón.
-descansad, pronto estaréis en casa, os doy mi palabra -aseguré dándole la espalda para salir de su cámara.


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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Vie Oct 12, 2018 12:52 pm

Las cosas no habían salido como yo había previsto en un principio, los meses de preparación de la boda que habíamos hecho se habían quedado en la nada porque ni siquiera se pudo disfrutar de lo que se había preparado para los invitados ya que la boda solamente era un paripé, algo con lo que el vampiro pudiera quedarse tranquilo y la alta sociedad vieran que se había casado y tenía una esposa para que no hablaran de él y, en ese sentido, nadie pudiera fijarse demasiado y ver que conforme pasaban los años el vampiro no envejecía y seguía como siempre desde que lo conocieran. Con una esposa los de la alta clase, tanto que les gustaba hablar y criticar, ya no podrían decirle nada y así lo dejarían tranquilo en ese sentido. Todo era un paripé no solo para la alta clase, sino también era una forma de solucionar los problemas económicos que atravesaban mis padres y de los cuales yo no me había enterado hasta después de que Joe hiciera aquel baile para elegir prometida y donde comenzó toda aquella locura. Mientras los invitados pensaran que la boda se celebraba por algo totalmente ajeno a un matrimonio por conveniencia todo iría bien... sin embargo ninguno pudo prever que una manada de lobos interrumpiera nada más empezar la boda y se formara aquel caos que se formó en el lugar. Sobre todo jamás pensé que mi familia tuviera que enterarse de esa forma que había un mundo totalmente diferente, oscuro y peligroso, del que yo también formaba “parte” al ser una cazadora que salía a escondidas de la habitación para cazar precisamente lo mismo que era Joe; un vampiro. En mi mente no estaba formada la idea de que se enteraran de esa forma y menos viéndose tan expuestos como habían estado en el lugar, solo rezaba porque hubieran podido escapar y no los hubiera encontrado alguno de los licántropos que atacó el lugar y del que hacía culpable directo al lobo que tenía frente a mí que parecía ser el líder, el “alfa” de la manada. Como les hubiera pasado algo a mis padres, el más mínimo y leve rasguño juraba que no habría lugar en toda la faz de la tierra donde ese maldito y pulgoso chucho pudiera esconderse porque lo encontraría y le haría pagar muy caro lo que había hecho. Pero hasta que no saliera de aquel lugar no podría corroborar si mis padres estaban bien y de alguna forma, en lo que el vampiro tardaba en venir aquí, los hubiera puesto a salvo porque si no nada impediría que mi furia cayera sobre el vampiro y poco me importará en ese momento lo que mi parte oscura, ese demonio que parecía tener escondido y que solo salía a flote a divertirse cuando estaba él presente, se opusiera porque lo mataría como les hubiera pasado algo a mi familia. Lo mataría como debí haberlo matado en la misma noche en que lo conocí.

El lobo parecía complacido no solo con mi actitud cuando me vio sirviéndome la copa, sino que además parecía que le hacía gracia algo que veía en mí y que no lograba comprender ni entender qué era porque yo no me había mostrado de ninguna manera frente a él. No pensaba dejar ver ninguna muestra hacia el vampiro más que la indiferencia para que viera y pensara que no tenía sentido el que me hubiera secuestrado, porque ya me había quedado demasiado claro lo que el vampiro pensaba al respecto con sus palabras cuando vino a buscarme antes de que comenzara la ceremonia y por mi parte obtendría absolutamente lo mismo: no sería más que una transacción más y así es como debía de pensarlo. Sin embargo algo divertía al lobo mientras me miraba y bebía de la copa, mis amenazas también parecían divertirle porque se rió cuando le dije que acabaría con su vida arrancándole el corazón o cuando dije que dejaría un reguero de sangre igual que había dejado él en la boda con los invitados... pero oh, craso error el suyo si se creía que no sería capaz de hacerlo porque no me conocía en absoluto, de hecho no sabía bien a quién había secuestrado y lo que podría llegar a hacer. Mi amenaza estaba ahí y quedaba patente, la cumpliría y sabría que aunque fuera una humana no quitaba para que mis palabras no fueran cumplidas. Y aunque por un momento pensé que lo que le hacía gracia era precisamente eso, el que lo hubiera amenazado cuando yo era la secuestrada, me equivoqué totalmente porque su diversión iba hacia el vampiro. Por alguna razón que desconocía pensó que yo albergaba hacia el vampiro y que pensaba, como si viviera en un cuento de hadas, que vendría a buscarme movido por su amor... es más, lancé una sonrisa un tanto amarga porque si de algo me había quedado claro es que el vampiro era incapaz de sentir algo por nadie que no fuera lujuria, deseo, atracción... y si lo sentía como el cobarde que era se escondía tras sus máscaras para que nadie lo notara. Comenzaba a entender y comprender cada vez más por qué su anterior prometida lo abandonó, también por qué tampoco había curado esa herida y quería dejarla abierta como me dijo una vez. No me permití distraerme y me aseguró que Joe vendría movido por el orgullo, el mismo que se gastaban todos los Black y ese y no otro sería el motivo por el que viniera. ¿Se creía que no lo sabía, que pensaría otra cosa del vampiro? Se equivocaba, quizás pensara que me casaba por amor tal y como él lo aseguraba. Le lancé la copa que desvió casi sin esfuerzo haciendo que se estrellara contra la pared y se rompiera en mil pedazos, el lobo quería hacerme daño pero yo no dejaría ver mis heridas, ni mis fracturas o mucho menos un punto débil por el cual atacarme.


-Eres un hijo de puta, solo espero que pueda darte lo que mereces antes de que llegue Joe y te empale como estás deseando que haga –le espeté en lo que él se giraba y se dirigía hacia la puerta, triunfal tras haberme enervado y cabreado pero no dejaría que viera lo que él creía “ver”, porque si algo se me daba bien al igual que a Joe era a ponerme una máscara encima de otra. Gruñí furiosa dirigiéndome hacia a puerta para darle golpes e intentar abrirla pero no daba resultado, estaba cerrada con llave y por más que intentaba tirarla mis intentos eran en vanos y además tras la puerta me esperaban un par de guardias que había visto antes. Me fui hacia la cama sentándome en el borde rabiosa, furiosa y enervada por la situación con un ligero “tic” nervioso en mi pierna impotente por no poder salir de allí. Tenía un pequeño balcón en la estancia pero la distancia del mismo al suelo sería una caída demasiado desastrosa para mí, por un momento incluso pensé en trepar al tejado pero el desconocimiento del lugar hizo que me lo pensara porque quería bajar, no subir. Di un puñetazo con fuerza en la cama mientras la luz del sol se colaba por el balcón iluminando la estancia, sabía que todo se acabaría cuando llegara la noche porque el vampiro se presentaría en caer el sol pero... yo no podía aguantar estando allí encerrada sin saber qué había pasado pensando en mi familia. Fue entonces que se me ocurrió una idea, un tanto absurda, pero idea al fin y al cabo. Miré las sábanas de la cama y ni siquiera lo pensé, la deshice y busqué por la habitación hasta dar con otro cajón con más sábanas y sonreí de lado por ello: me largaba de allí. Até con un nudo las sábanas y fui hacia el balcón, en la barandilla até la sábana y la dejé caer viendo que no llegaba hasta abajo pero reducía bastante la distancia. Antes de irme me fijé en el espejo de la habitación, uno grande y ovalado, y ni lo pensé cuando le di un puñetazo haciendo que se rompiera clavándome algunos trozos de cristal en la mano pero no me importó, cogí un trozo de cristal grande y puntiagudo como en forma de triángulo y me dirigí al balcón para pasar mi cuerpo al otro lado de la barandilla y con cuidado descender por las sábanas que había formado para bajar. Un último salto y llegué al suelo con el cristal envuelto en un paño pero a mano, fue entonces cuando con sigilo y cuidado me moví por el exterior que era un inmenso jardín ya que el lugar era muy grande y parecía estar en las afueras de la ciudad porque no se veía nada en los alrededores. De hecho no me sonaba nada y me planteé la idea de si estaríamos en París o me hubieran movido a otro lugar diferente, de igual modo avancé hasta que tras unos minutos me topé con dos de los hombres que parecían patrullar el lugar ya que iban armados, me escondí pero no lo hice demasiado rápido porque uno de ellos me vio o quizás fuera por la sangre que manaba de mi herida, el caso es que tuve que correr para que no me alcanzara cuando los vi doblar por la esquina persiguiéndome. No sabía hacia dónde me tenía que dirigir cuando uno de ellos se lanzó para atraparme, caímos al suelo rodando y entre forcejeos y golpes para soltarnos el trozo de vidrio que llevaba lo clavé en su pecho donde estaba su corazón, acto seguido me soltó y yo rajé su cuello dejando que la sangre fluyera en lo que el otro me gritaba y se acercada, volví a correr manchada con la sangre dejando al hombre desangrándose en el suelo para tomar distancias intentando ver por dónde tenía que ir, no sabía dónde me encontraba y cuando vi en la pared un ventanal ni siquiera lo pensé cuando salté y lo atravesé cayendo en lo que parecía donde hacían sus labores las sirvientas, rodé por el suelo mientras algunas de ellas gritaban y al alzar mi rostro las vi que corrían para huir, me levanté rápida y atrapé a una de ella poniendo el cristal sobre su cuello y pegarme a la pared para que no me atraparan por la espalda. Cuando los dos hombres se presentaron en el lugar presioné el trozo de cristal contra la garganta de la humana- si os movéis le corto el cuello aquí mismo. Ya he matado a uno de los vuestros, si queréis sumar otro cadáver entonces acercaos y retadme –dije en un tono bajo, frío, sin dejar de apretar el vidrio contra su garganta... contra ella no tenía nada pero, en esos momentos, solo podía pensar en mí y en mi familia- llamad a vuestro alfa, decidle que su “invitada” exige hablar con él.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Askar Wolf el Sáb Oct 20, 2018 9:08 am

La “infame” prometida de Joe había escapado y sembraba el caos en mi mansión, admito que cuando me lo dijeron tuve sentimientos encontrados, el primero el de devastación ¿Como cojones una humana sembraba el caos con tanta facilidad en una manada de licanos? Por otra parte sentí diversión.

Caminé hasta el lugar en cuestión y fije mis orbes en los ojos inquietos de la joven del camisón, la chica quería verme y al parecer era incapaz de aguantar hasta nuestro próximo encuentro como una colegiala enamorada.
-Cuanta violencia ¿crees que es necesario amenazar a una de mis sirvientas? Me encogí de hombros ladeando la sonrisa -y yo que pensaba que erais vosotros, los cazadores los que os esforzabais en salvar a las ovejas de los lobos.

Ladeé la cabeza en un gesto muy lobuno, la chica temblaba entre las manos de la cazadora, el filo del cristal marcaba su tersa piel, miedo, olía a miedo, hedor que mantenía al resto de lso mios atentos esperando que la carnaza cayera para ser devorada.
Alcé una mano interponiendo así un poco de clama.
-Al parecer señorita Dan -hice una pausa -puedo tutearla ¿verdad? Al parecer se ha acostumbrado a nadar por demasiado tiempo en ese peligroso filo entre la moral y lo inmoral ¿ahora matar humanos esta bien?

Pude ver su duda, como furiosa me atravesaba con la mirada, estaba seguro que cuando decidió convertirse en cazadora fueron bondadosas sus intenciones, pero unirse a un Black la había llevado a perder el norte.
-entonces ¿esta mal matar humanos? ¿o solo depende de quien lo haga? Si es Joe para alimentarse ¿esta bien? Si eres tu para escapar ¿también? Algo falla en todo esto ¿no crees?

Me relamí los labios, podría acabar con esto rápidamente, solo tendría que acortar la distancia y arrancarle de la mano ese juguetito afilado que ostentaba pero mi intención era hacerle entender que su causa la llevaría a la muerte y no necesariamente de m imano.
-Os ha contado vuestro prometido que pretende dar a conocer al mundo la existencia de los vampiros? ¿te ha contado que pretende convertiros en su rebaño privado relegando a la humanidad a la nada?


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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Miér Oct 31, 2018 10:17 am

Para mí era imposible el hecho de contemplar quedarme encerrada en aquella habitación mientras tenía el mal presentimiento de que algo había pasado, no sabía por qué lo tenía, pero no conseguía desprenderme de ello mientras el licántropo creía que podía encerrarme como si fuera una joven sin capacidades o habilidades para escapar de aquel lugar. Parecía haberse olvidado de que era una cazadora y que tenía recursos para salir de esa situación e incluso de peores en las que me había visto inmersa por perseguir demonios en la oscuridad. Irónico había sido que precisamente tuviera que casarme con uno de esos demonios, pero mis padres desconocían por completo el mundo sobrenatural que se ocultaba en la oscuridad y para ellos no existían los vampiros y ni los licántropos más allá de la mera ficción y las leyendas. Si el lobo pretendía que me quedara encerrada el tiempo que él quisiera y me comportara después de que me había secuestrado en contra de mi voluntad, con el revuelo que había causado en la boda, estaba muy equivocado y al parecer me tomaba por una estúpida para no considerar que yo haría algo para escaparme. ¿Un par de guardias en la puerta? Eso habría bastado si no fuera por el detalle del balcón, una escapatoria que no dudé en utilizar tras sentarme en la cama a pensar cómo podía salir de allí y la respuesta había llegado al alzar mi vista y ver el balcón. Saltar normal hasta el suelo era una mala idea por la distancia, sin embargo habían sábanas que podía utilizar para bajar y restar la distancia con el suelo, me hice una “daga” o un intento de la misma rompiendo el espejo ovalado que había en la habitación y descendí por el improvisado de sábanas hasta saltar al suelo. Estábamos en un castillo en lo que parecía las afueras, sin embargo al estar en lo alto de una colina y mirar a la ciudad no logré distinguir algo que me sonara, parecía que no estábamos en la ciudad de París y algo me hacía pensar que era eso precisamente; que nos habíamos movido para no estar en la misma capital francesa. Eso no detuvo mis ganas por salir de allí y mientras me movía con sigilo a plena luz del día una patrulla de dos de los hombres del licántropo me encontraron, se habían dado cuenta de mi presencia y aunque me cargué a uno cuando me persiguieron en lo que caíamos al suelo peleando y le clavé el trozo de cristal en su cuello cercenando su garganta manchándome de la sangre, no paré y seguí corriendo atravesando un ventanal que daba a un cuarto donde las sirvientas realizaban sus tareas, algunos huyeron gritando al verme atravesar el cristal pero pude atrapar a una que amenacé con matarla poniendo el trozo de cristal en su cuello. Era algo así como mi “salvoconducto”, mientras exigía que llamaran a su líder porque quería hablar con él y que viera el caos que su “invitada” había formado en cuanto se había dado la vuelta y me había dado la espalda.

Unos minutos más tarde allí estaba, adentrándose en la estancia mientras contemplaba la escena; el suelo lleno de cristales, manchas en el suelo de sangre de lo que había caído de mi ropa al matar a uno de los suyos y varios de sus hombres a la espera de ir en mi dirección para seguramente matarme. La mujer temblaba notoriamente entre mis brazos mientras el filo del cristal no dejaba de presionar su cuello, sabía que la situación podía cambiar y tornarse en mi contra con ellos porque no dejaban de ser licántropos, pero sin el influjo de la luna llena solo tenían algo más de velocidad que yo y algo más de fuerza, no estaban en sus plenas capacidades. También sabía que el lobo no me dejaría ir así porque sí, pero le hacía ver que yo no iba a esperar a que él decidiera liberarme o en su defecto el vampiro viniera a rescatarme como si fuera una damisela en apuros, no lo era, no necesitaba de nadie para valerme por mí misma. Parecía divertido por todo mientras calmaba a sus hombres y les dejaba en claro que estuvieran quietos, sus ojos me observaban y yo lo fulminaba con mis castaños como si fuera capaz de atravesarlo con mil dagas... en mi mente lo hacía, y disfrutaba de ello. Claro que era necesario amenazar a una de sus sirvientas, porque con ello podía jugar a mi favor sin lugar a dudas, fruncí el ceño cuando dijo que éramos los cazadores los que nos esforzábamos en salvar a las “ovejas” de ellos; los lobos. Sin embargo yo no había matado a ninguna de las mujeres, el hombre que yacía muerto fuera era uno de sus licántropos y seguramente que también hubiera participado en la masacre de la boda, así que no era ningún inocente. Si pretendía enredarme y confundirme con sus palabras estaba muy equivocado, sabía bien lo que tenía que hacer y realmente para mí esa sirvienta no representaba ni era nada mío, me importaba poco su sino ya que si estaba junto a ellos era conocedora de lo que eran y del peligro al que ella misma se exponía. Gruñí cabreada cuando me tuteó porque no consentiría que lo hiciera, odiaba a ese hombre y dejar que me llamara por ese apelativo era algo que no dejaría que siguiera haciendo porque no quería que lo hiciera, no después de lo que él mismo había hecho.


-No, no puedes tutearme. Señorita Garnert, para usted –aseguré sin soltar el trozo de cristal de mi mano y sin dejar de rozar la piel de su cuello mientras ella sollozaba pensando que la mataría, se equivocaba, aunque poco me importaba en esos momentos su vida mi idea no era la de matarla. Ladeé la sonrisa un tanto cínica por sus palabras- ¿acaso eres tú digno de hablar sobre lo que es moral e inmoral? Tú, un licántropo que se transforma en luna llena y que también mata a humanos porque no es capaz de controlarse, ¿y me tachas a mí que no sé distinguir entre ambos? Qué hipócrita estás hecho, ¿con qué derecho te atreves a decirme eso cuando tú, junto a tu maldita y pulgosa manada, habéis matado a inocentes en esa boda? ¿Acaso vosotros hacíais distinción entre humanos y vampiros? –Intentaba hacerme el lío para que pensara como él, para que viera lo malo en todo aquel asunto pero se equivocaba, fruncí más el ceño cuando mencionó al vampiro y su intento de confundirme- está mal matar humanos, por eso existimos los cazadores; para proteger a la humanidad de vosotros. Yo no he matado a ningún humano, el cuerpo que yace fuera no es más que otro perro pulgoso. Sin embargo, es curioso que menciones todo esto y que emitas juicio como si tú estuvieras exento de culpa y fueras libre de pecado; tú también mataste a humanos porque lo vi, pero claro, como es un intento de venganza... ¿entonces ya está bien? –No lo había hecho llamar para entrar en ese debate, sin embargo él continuó mientras yo no dejaba de amenazar el cuello de la sirvienta con el cristal cuando hizo aquellos comentarios- me importa una mierda lo que pretendan hacer él y el resto de los vampiros, es lo que llevan intentando hacer por milenios y siempre nos hemos impuesto sobre ellos y esta vez no será la excepción. ¿Qué pasa, que tienes miedo de unos vampiros y por eso me dices todo esto? Eres patético –y era verdad lo que decía- me importa una mierda lo que intente hacer y cuáles sean sus objetivos, a mí solo me interesa ahora mismo largarme de aquí y volver con mi familia, porque te prometo que si les ha ocurrido algo a alguno de ellos los Black serán la menor de tus preocupaciones.... ya has visto cómo me las gasto estando encerrada y prisionera –y era posible que tuviera mayores amenazas que yo, pero era capaz de cumplir mis palabras y si algo les había pasado lo buscaría y yo misma me lo cargaría- ¿qué es lo que pretendes con todo esto? ¿Por qué me tienes aquí encerrada? Si pretendías llamar la atención de todos los Black enhorabuena, tienes una enorme diana pintada en tu espalda. Sin embargo, creo que se te ha olvidado un pequeño detalle: ellos no dejarán pasar tu afrenta por alto, ¿cuánto crees que tardará el vampiro en dar conmigo y encontrarte? ¿Esta noche? A lo sumo, te doy hasta mañana en la noche. ¿Qué harás cuando se presente aquí y no podías enfrentaros a él? Los licántropos tenéis vuestra parte negativa, a diferencia de los cambiantes no podéis transformaros por vuestra propia voluntad... y la luna llena queda muy lejos este mes. Te has sentenciado a muerte, en máximo dos días estarás muerto y cuando el vampiro llegue seré yo quien te arranque ese ponzoñoso y pulgoso corazón del pecho –solté a la sirvienta y la empujé contra sus hombres mientras sus lágrimas caían por sus mejillas. El trozo de cristal lo lancé en su dirección apuntando hacia su pecho, de un movimiento rápido lo esquivó pero precisamente sabía que haría eso y que no lo alcanzaría, lo había hecho con toda la intención. el cristal se rompió el mil trozos. Sin miedo y desafiando al lobo no apartando mi vista de él dio un par de pasos hasta quedar frente al mismo- ¿qué es lo que quieres de mí? Si es información, intentar confundirme o cualquier otra gilipollez más has errado de persona, porque has tocado lo que más quiero y me importa en este maldito mundo y no perdonaré jamás el que mi familia haya sufrido por tu culpa. Reza todo lo que sepas para que estén bien, porque el tener una familia milenaria de vampiros en las puertas de tu asqueroso maldito no va a ser nada comparado con mi venganza. Enciérrame, átame, encadéname... da igual lo que me hagas o donde me lleves, para mí ya has firmado tú sentencia de muerte –mi puño se alzó para estamparse en su rostro con fuerza descargando algo de rabia y de mi ira. Lo mataría, ese maldito licántropo estaba muerto.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Askar Wolf el Lun Nov 05, 2018 1:35 pm

Ladeé la sonrisa al escuchar las amenazas de la joven cazadora, sinceramente resultaban muy excitantes, escupía palabras seguramente motivadas por su juventud y también por el desconocimiento de la historia que me enfrentaba a los Black desde el inicio de los tiempos en un duelo son igual.
-¿y que te hace pensar que no soy consciente de a lo que me enfrento?

Mis ojos dibujaron su figura, el vampiro había visto en ella un precioso trofeo, pero no era muy ducha a pensar con la cabeza.
-Vaya, la cazadora que no caza me pregunta que me convierte en alguien mejor que ellos.
Los chicos que nos rodeaban se echaron a reír a carcajadas.
-Nada, nada me convierte en un buen hombre, porque no soy un hombre, soy un licantropo, hijo de Gaia y estoy orgulloso de serlo, de enfrentar a los muertos como Joe. Claro que conmigo no vas a casarte, supongo que eso pone la diana sobre el hombre que amas ¿no?

La chica acabó soltando a la pobre doncella y como esperaba me lanzó el cristal que esquivé con un leve movimiento de cabeza con total naturalidad.
Frente a mi Dan gritaba eufórica, fallaba en todo su planteamiento y admito que estaba disfrutando mucho con esto.
Deslicé un mechón de su pelo hasta colarlo detrás de su oreja.
-Tu hermano esta muerto -sentencie -¿vas a matarme? -pregunté relamiendome los labios mientras veía su mirada incendiarse -¿que te hace pensar que no espero el ataque de los Black? ¿que te hace pensar que soy un licano mas? Hay pequeña cazadora que no caza, debería entender que esto esta fuera de tu control y que estas en medio de una guerra que te destruirá.

Me di la vuelta ordenando a dos de mis hombres que la metieran dentro, mas pronto me di cuenta de que no estábamos solos, ladeé la sonrisa con cierta diversión.
-Vaya, vaya, vaya -dije con un deje de diversión al ver como Joe, Assur y Ferox aparecían como los jinetes del apocalipsis ante nosotros -os habéis retrasado, os creía con mas capacidades o quizás a sido el sol lo que os ha evitado llegar antes. Tu esposa ha sido una deliciosa compañía Joe -dije viendo como sus ojos se encendían y era Assur quien ponía su mano en el pecho de su hermano para detener su avance.

-Vamos a llevarnos a Dan, será a las buena o a las malas, decide como quieres que se haga Askar.
Ladeé la cabeza contemplando a aquel que se había erguido como el líder del grupo mientras mi afilada sonrisa se mostraba ladina.
-¿No quereis una copa? Se os ve estresados?
-Lo voy a matar -rugió un Joe furibundo antes de que Ferox lo atrapara de las solapas pidiéndole calma -no es el momento Joe.




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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Miér Nov 14, 2018 3:16 pm

Sabía lo que quería y lo que pretendía el lobo, desde el momento en que se había acercado en la boda en mitad de todo el revuelo y me había dado aquel golpe dejándome inconsciente para despertar en aquella habitación supe, sin lugar a dudas, que lo que pretendía era despertar la ira no solo del vampiro, sino de la gran mayoría de los Black. Porque era consciente de que no me mataba porque quería que fueran a por mí, que me buscaran y que él pudiera disfrutar de una manera oscura y retorcida de lo que provocaba al tenerme a mí allí. Por supuesto que al parecer el licántropo era consciente de cómo eran los Black, algo que yo también conocía de sobra, y bien sabía que si el vampiro venía a por mí no tenía nada que ver con el hecho de que sintiera algo por mí... sino más bien porque nadie tocaba lo que era “suyo”, nadie lo desafiaba y el lobo había metido su hocico demasiado en sus asuntos como para pasarlo por alto. Me había raptado y Joe vendría a buscarme como si fuera una damisela en apuras que necesitada ser rescatada, me valía por mí misma para irme y largarme de allí como había demostrado en aquel momento, capaz de burlar sus guardias para largarme de no haber sido porque me habían visto y sin saber dónde me encontraba había dado con el cuarto donde estaban las sirvientas tomando una como rehén. Bien sabía que lo que el lobo buscaba conmigo era que odiara a los Black, o al menos pretendía –esa sensación me daba- que odiara a Joe, porque era como si quisiera quitarme una “venda” como si yo estuviera equivocada con el vampiro o con lo que él creía que estaba equivocada en relación a la “relación” que teníamos. Sabía que él no vendría a buscarme por amor, o porque sintiera algo por mí... eso lo había dejado más que claro momentos antes de dar comienzo la ceremonia, no, venía porque ellos eran unos egoístas, porque nadie podía estar por encima de ellos, porque él me tenía como de su “propiedad” y si algo odiaba es que tocaran lo que era “suyo”, aunque fuera simplemente simulado y no lo fuera en realidad. Claro que vendrían, porque tenían un orgullo y un ego que no les cabía en todo su ser y era consciente de eso, lo supe desde el principio con el incidente con Matthew cuando casi lo mató delante de mí. Era posesivo y celoso, lo había demostrado en las fiestas, en los bailes de máscaras no dejando que nadie me tocara pero sí pudiera ver cómo me daba placer, cómo alcanzaba el orgasmo por sus caricias y por la forma de tomarme. Si el lobo pretendía llamar la atención desde luego que secuestrándome, en aquel momento, lo había logrado sin duda alguna. Pero eso no quitaba para que yo no quisiera largarme antes de que él llegara, porque no quería tener nada que ver con el lobo y mucho menos que siguiera divirtiéndose a mí costa como si pudiera ver a través de mí, algo que dudaba porque era la primera vez que nos veíamos. Todo lo que hacía le resultaba divertido, incluso el hecho de haber matado a uno de los suyos y pretender matarlo a él también porque se lo había dicho: había firmado su sentencia de muerte.

Pero él no se quedó solo en eso, aseguró que mi hermano estaba muerto de una forma contundente, mientras apartaba un mechón de mí pelo en lo que no tardé de darle un manotazo para que apartara su mano, que me hizo hervir de furia y de rabia... aunque luego me tranquilicé un poco al pensar que habían escapado y que era imposible que él supiera a ciencia cierta lo que había pasado. Sin embargo, como cazadora que era, tenía una extraña sensación y preocupación que solo desaparecería cuando pudiera ver a mi familia y me cerciorara de que todos ellos estaban bien y no corrían peligro. El lobo sabía cómo hacer daño y era lo que pretendía, así que no escuché sus palabras con esa sonrisa arrogante surcando sus labios, pero sí me atreví a acercarme y estampar mi mano con fuerza en su rostro dejándole claro que nada de lo que dijera iba a hacerme cambiar de opinión, que me iría de allí y que era un hombre lobo muerto porque si no lo mataban los Black, yo misma hundiría una daga de plata en su pecho buscando su corazón para atravesarlo y ver su expresión de horror. No le tenía miedo y se lo demostré frente a él, pero se divertía e intentaba hacerme ver algo que no me importaba en absoluto. Pidió a sus hombres que me llevaran de vuelta a mis aposentos cuando la puerta se abrió de golpe entrando por ella tres figuras, dos que conocía bien y la otra que había visto de pasada. Y ahí estaba, el lobo se reía divertido por la escena mientras Assur, Joe y uno de sus hermanos se mantenían firmes y desafiantes hacia el lobo. Los hombres formaron filas entorno a su alfa y uno de ellos me aferró del brazo, sin embargo libré golpeándolo para que me soltara aunque permanecía tras la “barrera” que habían creado para que ninguno pudiera pasar, pero siempre dejando que ambos bandos pudieran verse sin problemas. Era evidente que su retraso se debía a las horas del sol porque, de lo contrario, hubieran estado allí mucho antes... pero al parecer al lobo le gustaba burlarse de todo. Y su atención fue para Joe a quien le dijo que mi compañía había sido una delicia, porque sabía cómo era el vampiro y sabía qué decir y qué hacer para que saltara como sus ojos, de un tono burdeos, lo reflejaban. Fue Assur quien lo frenó por el pecho mientras yo miraba a uno y a otro enfrentados con la mirada puesta en el otro, desafiándose sin necesidad de palabras. Y como si yo no estuviera allí, o mejor dicho, no fuera una cazadora capaz de defenderse Joe habló haciéndole ver que me llevarían de allí a las buenas o a las malas, pero todos los de esa sala sabíamos que “a las buenas” no existía entre esos bandos rivales. El licántropo se divertía observándolos mientras yo quedaba tras los hombres del mismo y ellos parecían enfrentarse con la mirada a muerte, disfrutando al máximo se atrevió a ofrecerles una copa logrando que el vampiro se enervara más siendo parado por el otro que no sabía quién era de todos, solo conocía bien a dos de sus hermanos.


-¿No era esto lo que querías, Askar?
–Pregunté peleándome con uno de sus hombres para que me soltara, golpeándolo mientras echaba de menos mis dagas, mis armas que estarían guardadas junto con mi traje de cazadora. Lo aparté de un empujón fulminando a su hombre con la mirada para que me dejara tranquila, con la atención puesta en el ambiente tenso que se había creado en aquel momento. Licántropos y vampiros enfrentados, aunque no en una noche de luna llena precisamente- llamar la atención del vampiro, te tengo que felicitar por ello; lo has logrado a la perfección –dije sintiendo, por primera vez, las miradas de todos en mi persona con el licántropo mirándome con su rostro ladeado mientras yo aplaudía de forma irónica- has tenido que raptar a una humana para llamar la atención de un Black, vaya, ¡menudo logro! –Dije burlándome con tono frío y mordaz de lo que había hecho, ¿se sentía orgulloso por haber raptado a una humana para llamar la atención de sus rivales?- No dejo de pensar, y de imaginarme, cuánto habrás tardado en hacer un plan tan perfecto y elaborado con todo lujo de detalles como este... ¿cuánto te ha llevado; meses, años...? –Pregunté de manera incisiva y afilada, lo cierto es que me estaba cansando del licántropo y de tanta gilipollez que soltaba por su boca, mi único objetivo era volver con mi familia dejando esas rencillas para que ellos se apañaran. Por primera vez desde que entró en la sala mis ojos se encontraron con los del vampiro y, lejos incluso de lo que yo había pensado e imaginado, no supe exactamente qué fue aquello que me hizo sentir. Estaba cabreada, estaba enfadada con él por haber hecho las cosas de esa manera, en parte hasta decepcionada... pero jamás lo perdonaría como le hubiera pasado algo a mi familia. Tenía sentimientos encontrados en aquel momento en que no sentí nada, o lo sentí todo y no quería darle vueltas porque mi cabeza iba a mil por hora y la punzada de preocupación se instalaba en mi pecho de manera constante, aguda, como si me recordara que tenía que salir de allí y cuanto antes mejor. ¿Y lo que vi en sus ojos? Tampoco lo supe con certeza, miedo mezclado con alivio... porque él ya me había dejado las cosas bastante claras. Por unos segundos nos quedamos mirando de manera fija, con mil cosas entre ambos, hasta que uno de los licántropos me tomó del brazo apartándome mientras yo me revolvía contra él intentando soltarme cuando me cruzó la cara de un sonoro guantazo... y fue cuando el caos se desató por completo.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Joe Black el Vie Nov 16, 2018 10:13 am

Hundí mis burdeos en los de Askar, con gusto le arrancaría de un zarpazo esa sonrisa ladeada que se traía, todos eramos bestias, Askar no era inocente, si fue creado para combatir contra el mal, el mismo se convirtió en oscuridad. Dicen que solo un monstruo es capaz de enfrentar a otro.

-¡Sueltala! -rugí mientras Assur trataba de mantenerme junto al resto susurrando en mi oído que solo me estaba provocando -¿Desde cuando un Black pide algo hermano? -le pregunté fundiendo en sus rojos mis burdeos.

-No estamos pidiendo Joe, Ordenamos -puntualizó Feroz humedeciéndose los labios con un deje ronco en la voz.

Fue mi prometida la que tomó la palabra, estaba furiosa, Dan siempre se había gastado un carácter explosivo, pero esta gesta le quedaba grande.
Las palabras de Dan no cayeron en saco roto, la risa de Askar emergió entre el resto de voces al escucharla alegando que su inocencia era sumamente deliciosa.

-¿crees que los Black al completo están aquí, ante mi por ti? - negó oc la cabeza como si el chiste fuera de los mejores escuchados en los últimos tiempos y mira que tiempo había pasado de eso – están aquí porque irrumpí en vuestra boda, porque los ridiculice, porque si algo pierde a un Black es su orgullo y al secuestrarte frente a sus narices se lo he tocado, tu no dejas de ser la humana de turno que con suerte estarás unos años en la vida de Joe hasta que se aburra o se canse y te eche a un lado como el despojo que eres.

-¡Askar! -rugí enrabietado mientras los ojos de la cazadora plagados de odio se centraban en los míos posiblemente creyendo las palabras del lobo antiguo. No la culpaba, así durante siglos había sido.

Pero cuando esta trató de zafarse y un guantazo de uno de los licano la tiró contra el suelo abriéndole el labios, el disparo de salida se produjo.
Todos nos abalanzamos violentos contra ese pasillo de licanos, sangre, miembros cercenados, hundí mis garras en el cuello de uno de esos peludos malditos, atravesé la mandíbula hasta coger el cráneo, abrí la cabeza sintiendo la sangre resbalar por mi brazo.
. Yo era un Black, no pedía permiso, ni perdón, yo era un dios sádico.

Assur y Askar, ambos cuerpos impactaban de forma salvaje, sangre regaba el suelo y ninguno cedía un apice en el intento de alzarse victorioso del encuentro.
Ferox rodeado por seis licanos se batía en salvaje duelo, la risa de mi hermano retumbaba empujada por el viento al escuchar como a sus pies se acumulaban aquellos perros.

Yared había llegado hasta la cazadora, antes de que nadie la tocara la alzó rodeando su cintura y se abrió paso entre las fauces de las bestias para sacarla del escenario de muerte...



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Sáb Dic 01, 2018 1:51 pm

Era muy consciente de lo que Askar pretendía al haberme capturado justo el día en el que, supuestamente, iba a casarme con el vampiro. En ese enlace había de todos menos de amor, precisamente, porque no era sino una transacción más para el vampiro que se garantizaba al menos por unos años el tener una “esposa” para que en la alta clase no se fijaran demasiado en él y pasara algo más desapercibido frente a los demás. Sobre todo después de haberse expuesto como lo había hecho en bailes y fiestas, y aunque yo le había acompañado a algún que otro baile siempre en todos ellos había preservado mi identidad tras una máscara. Aún recordaba cuando me había enterado que tras prometerse conmigo se había dejado ver en una de esas fiestas con una prostituta de clase alta, el enfado que me recorrió al saber cómo me degradaría eso y cómo me tildarían tras aquel chascarrillo que correría como la pólvora entre la clase alta. Nuestro acuerdo se había acabado unos días más tarde aunque algo, en nuestro interior, siempre que nos habíamos alejado nos empujaba el uno hacia el otro... y en mitad de una cacería apareció como un ángel caído ayudándome contra unos licántropos, salvándome. Tras aquella noche las cosas no habían sido fáciles cuando él se intercambió por su hermano para recibir esa maldición que nos había obligado a ir a México, en aquel barco donde me pidió que me casara con él por temor a que no pudiera sobrevivir, por temor a no dejarme una compensación económica que mis padres necesitaban... y sin embargo tras la vuelta de México las cosas habían sido diferentes, igual de demonios los dos, pero todo quedó claro el día de la boda cuando en pocas palabras me dijo que no dejaría que me faltara de nada, que me protegería... pero que él era libre; libre para hacer lo que quisiera con otras porque era un demonio y como tal no era ese nuestro “acuerdo”. Askar no podía haber elegido un momento mejor y más oportuno para interrumpir la boda y secuestrarme, porque si me casaba tras todo aquello era simplemente porque sabía de la necesidad económica de mis padres, no por nada más. Y sí, me habían dolido sus palabras antes de la boda aunque jamás lo reconocería, ¿qué sentido tendría? Ninguno dado que él solo era un maldito cobarde que solo sabía huir cuando se sentía acorralado, por lo que mientras mantuviera la cantidad económica para con mi familia es todo cuanto quería y pedía de él; todo lo demás se había acabado. Las palabras del lobo resonaron con fuerza en el lugar asegurándome algo que yo, en el fondo, ya sabía: que Joe solo me querría mientras no se aburriera pero en cuanto lo hiciera se desharía de mí como había hecho otras veces. La tensión se vivía y se notaba con fuerza en el lugar mientras ambos bandos se contemplaban y yo era sujetada por uno de los licántropos, Joe bramó el nombre del licántropo para que se callara y este se ría sabiendo que el veneno ya había sido lanzado con un dardo, cuyo único objetivo, no era otra que yo. Bien sabía que no había ido a secuestrarme por mí, bien sabía que nada de esto lo estaba haciendo por mí bien... sino porque era el medio y el modo que tenía de joder el orgullo de los Black, no había más explicación que esa.

Mi mirada se encontró con la del vampiro por unos segundos lejos incluso de lo que yo había pensado e imaginado, no supe exactamente qué fue aquello que me hizo sentir. Estaba cabreada, estaba enfadada con él por haber hecho las cosas de esa manera, en parte hasta decepcionada... pero jamás lo perdonaría como le hubiera pasado algo a mi familia. Tenía sentimientos encontrados en aquel momento en que no sentí nada, o lo sentí todo y no quería darle vueltas porque mi cabeza iba a mil por hora y la punzada de preocupación se instalaba en mi pecho de manera constante, aguda, como si me recordara que tenía que salir de allí y cuanto antes mejor. En cuanto el licántropo que me sujetaba tiró de mí para llevarme lejos y yo me revolvía no dudó en darme un guantazo con fuerza, el mismo que me hizo caer contra el suelo mientras podía sentir el sabor férreo de la sangre en mi boca... y el caos se desató en el lugar. Ambos bandos comenzaron a pelearse entre ellos, los licántropos incluso sin ser luna llena no dudaron en arremeter contra los vampiros quienes luchaban contra ellos, el propio Askar luchaba contra el hermano de Joe en aquel caos formado. Me levanté furiosa por el guantazo observando al licántropo que me miraba con diversión en sus ojos ambarinos, limpié la sangre con el dorso de mi mano y justo se abalanzó para atacarme. Pero yo no era una humana cualquiera, era una cazadora que había sido entrenada para matar licántropos y en su forma de humano eran más fáciles que en su forma licántropa, mortalmente letales. Esquivé el primer golpe y mi puño se estampó contra su mandíbula aunque no paré de golpearle, sin arma alguna con la que atacar solo tenía mis puños que se estampaban cuando podía asestarle un golpe al licántropo. No reculé solo me movía, giraba y rodaba para esquivar los golpes hasta que cuando se lanzó a por mí con una daga en mano que había sacado de su cinturón, uno de los hermanos de Joe apareció para matarlo frente a mis ojos, fruncí el ceño porque estaba bastante cabreada en esos momentos, justo cuando quise alejarme sentí que sus brazos me rodeaban la cintura y me alzaban del suelo sujetándome entre sus brazos. A él no lo había visto cuando llegaron y seguramente se habría quedado en la retaguardia con una clara orden de Joe y con un único objetivo: sacarme de allí. Sabía que no dejaría que me quedara, sabía que me sacaría de allí pero yo no quería su ayuda, quería matar al hijo de puta de Askar por lo que había hecho y que el vampiro me lo impidiera no era algo que me gustara en absoluto.


-¡No, suéltame! –Grité pataleando mientras me sostenía, le di puñetazos aunque no parecía que le dolieran lo más mínimo y supuse que sería así en realidad- ¡bájame! ¡HE DICHO QUE ME BAJES! –Le gritaba furiosa, fuera de mí mientras intentaba por todos los medios que me bajara mientras se alejaba del lugar, más licántropos salían a su encuentro que él mataba o bien esquivaba conforme le convenía. Aproveché un ataque de un licántropo para escabullirme de su agarre y correr de nuevo hacia el lugar, uno de los licántropos que no había matado me salió al paso aunque no paré para golpearle, me tiré al suelo deslizándome por el mismo ante su sorpresa, una patada en sus partes nobles le hizo soltar la daga de su mano, misma daga que tomé para clavarla en su cuello manchándome de sangre, aunque eso no me impidió que me alzara para abrir de nuevo la puerta de vuelta al lugar donde la sangre manchaba todo el lugar, la batalla seguía y los cuerpos de los licántropos se amontonaban en el suelo. Los hermanos luchaban y pude ver a Joe como el demonio que era cubierto de sangre por completo acabando con uno de ellos sin piedad alguna, aunque mis ojos seguidamente fueron a mi captor- ¡Askar! –Mi grito no se lo esperó nadie quienes me hacían fuera del lugar, el lobo me miró con una sonrisa ladina en sus labios preguntando si es que ya lo echaba de menos y logrando que el vampiro rugiera por aquellas palabras- ¡te voy a matar! –Gruñí con la daga manchada de sangre y con una mirada asesina en mis ojos. Sin embargo el vampiro llegó de nuevo para cogerme, me alzó del suelo aunque yo seguía pataleando y me alejó de allí pese a que yo no quería que lo hiciera- ¡JOE! –De nuevo ese maldito vampiro me dejaba al margen de todo, Askar no había golpeado mi orgullo como le pasaba a él... pero sí había matado a gente que era inocente, gente que de no estar yo allí jamás se habría encontrado con todo aquello. Se merecían una venganza y yo quería cobrármela. Sin embargo Yared me sacó del lugar hasta que llegó a varios caballos que había fuera en la verja donde me dejó esa vez en el suelo y me bloqueó el paso- ¡déjame pasar! Voy a matarlo –aseguré aunque él no le costó demasiado quitarme la daga e impedirme el paso mientras me pedía que esperara al vampiro, golpeé su pecho cuando dijo eso mientras gritaba llena de ira, frustrada porque no se me permitía algo que por derecho también me correspondía; venganza.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Joe Black el Dom Dic 02, 2018 11:01 am

Las gotas carmesí resbalaban por mis labios, mi ropa estaba teñida de sangre y mis ojos centelleaban en un vivo tono burdeos cuando vi a Dan tratando de zafarse del agarré de Yared que se mantenía divertido ante la ingenuidad de la cazadora.
Me relamí atrapando la muñeca de la que era mi esposa para detener su enfáticas palabras, ansiaba venganza, no iba a negársela, mas no era el momento, no era el lugar, ahora debíamos retirarnos antes de que el astro impusiera su hegemonía y con ella el fin de la noche y el caminar de los Black sobre la faz de la tierra.

Montamos sobre los corceles, de un tirón la elevé a ella en el aire situándola delante y como el bárbaro que de algún modo era, rodeé su cintura con mi diestra para que no se escapara, poniendo rumbo a casa.
Sus insultos rozaron tantas veces mis labios como el viento acarició mi cara, me odiaba, no la culpaba, aquella noche había sido complicada y a estas alturas la perdida de su hermano con seguro la torturaba con saña, como explicarle que el dolor de su perdida a mi no me alcanzaba que era un monstruo incapaz de sentir como ella, que mis valores nada tenían que ver con la humanidad que yo ya no ostentaba.

Todos tomamos caminos distintos rumbo a nuestras casas, mi espectro atajó la distancia que me llevó a la mansión, Dan forcejeaba exigiéndome la llevara a casa, mas lo estaba haciendo pues aunque la boda no hubiera salido como queríamos ella me pertenecía ahora.
Los mozos se encargaron del caballo mientras yo tiraba con una mano de Dan hacía el interior de mi hogar, ella no dejaba de luchar, por supuesto sus golpes resultaban ineficaces, sus insultos no eran para mi tales pues no les faltaba un ápice de verdad, era una bestia, pero ahora era su bestia.

La tiré hacia el interior del comedor y la atravesé con mis ojos rojos como el mismo fuego que crepitaba a sus espaldas.

-Puedes calmarte Dan -pedí, casi exigí – el resto de tu familia a sido escoltada a casa, está sana y salva, esto no debió haber pasado, pero la gente muere, hazte a la idea.

Serví sendas copas acercándole una de ellas.

-Bebe, te ayudará a calmarte y a ver las cosas de otra manera.





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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Lun Dic 03, 2018 1:30 pm

Estaba cabreada, estaba más que enfadada cuando todo mi interior me pedía a gritos una única cosa: matar a ese maldito licántropo. En esos momentos era lo que más ansiaba porque no había nada en mí que me hiciera pensar lo contrario, quería matarlo de una manera lenta y agónica para que sufriera como habían sufrido los que se habían visto envueltos de una manera inocente en aquella batalla, en aquella guerra que parecía llevaba gestada por años, enemigos rivales con un odio profundo donde no les importaba en absoluto arrasar con todo lo que se encontraba en su paso con tal de obtener aquello que querían: acabar con el enemigo. Pero el lobo había hecho mal al elegir el momento de la boda porque yo me cobraría todo aquello que hubiera hecho, y dios quisiera que no ninguno de mi familia le hubiera pasado algo porque entonces nada me frenaría ni pararía para matarlo como estaba deseando. El vampiro no iba a ser el único que se cobrase venganza por eso, aunque bien sabía que lo que él quería era recoger los pedazos que le quedaban de su orgullo tras ser machacado y destrozado y que nada tenía que ver conmigo, porque como ya me había quedado claro; para él no era más que alguien con la que pasar el rato, desfogarse de una forma pervertida y oscura, mientras solo era una mera transacción para él como si fuera uno de sus tantos negocios. Poco le importaba lo que hubiera pasado en aquel salón del palacio, poco le importaba los que habían muerto por culpa de su maldita venganza y su lucha eterna... pero a mí sí me importaban, y como lo hacían, yo me cumpliría la venganza perfecta contra el lobo. Y si no era contra él, como le hubiera pasado algo a mi familia, encontraría la manera de dar con aquello que pudiera hacerle el mayor daño posible para que sintiera lo mismo que había sentido yo: dolor, rabia e ira. Pero no de venganza, sino de un modo muy diferente al que parecían que ninguno estaba acostumbrado porque los dos eran dos monstruos incapaces de pensar en nada o en nadie que no fueran ellos y sus malditas venganzas, me había quedado más que claro. Me pude librar del hermano de Joe mientras parada en la puerta contemplaba a escena, el lobo me miraba con una sonrisa ladeada como si lo echara de menos y gruñí plagada de ira, de odio, de un frío como jamás lo había sentido antes. Por segunda vez me alejaron del lugar y me sacaron de la mansión hasta la entrada impidiéndome el paso, por más que golpeé al vampiro de nada sirvió porque no se movió ni un maldito centímetro, no hasta que Joe hizo su aparición y mis ojos lo fulminaron, como dos dagas que se hundían en él llena de odio, de rencor, de ira... de algo muy oscuro que anidaba en mi interior y que salía a la superficie en eso momentos. Le grité, ni siquiera podía recordar bien todo lo que le había dicho pero desde luego que no fue nada bonito mientras él, sin importarle nada, montaba sobre su corcel y su brazo logró atrapar mi cintura para de un tirón elevarme sin costarle absolutamente nada colocándome justo delante de él, sentada de lado, mientras sus brazos se convertían en la cárcel que impedía que me bajara en cualquier momento.

Lo insulté, lo maldije mil veces, le dije tantas cosas como en ese momento se me pasaron por la cabeza de una forma cruel y retorcida como un medio o una forma para sacar todo lo que llevaba dentro. Golpeé su pecho tantas veces que ya no recordaba cuántas habían sido pero él no me frenó en ningún momento, tampoco lo necesitaba porque apenas podría hacerle verdadero daño. Le dije que era un monstruo tantas veces que incluso hasta le vi elevar la comisura de su labio como si le divirtiera, hecho que a mí más me enfureció y volví de nuevo al inicio repitiéndolo todo mientras nos alejábamos de la mansión ya que el sol se alzaría pronto y ellos no podían exponerse. No recordaba la de veces que le pedí que me llevara a casa, que no quería volver con él sin embargo el rumbo que tomó fue uno que conocía demasiado bien: rumbo a su mansión. Gruñí golpeándolo con mis puños mientras él se dejaba hacer hasta que llegamos a la mansión, me bajó del corcel a regañadientes y forcejeando cuando su mano tiró de mí con fuerza incluso haciéndome algo de daño hasta que me llevó al comedor mientras yo le seguía insultando de manera cruel, le seguía pegando con fuerza porque bien sabía que eso no le haría nada hasta que me soltó en el comedor y tras él cerró la puerta. Sus ojos de una tonalidad rojiza se clavaron en los míos mientras mi respiración era acelerada y mi pecho subía y bajaba con rapidez. Cerré mis manos en sendos puños notando cómo las uñas lograban clavarse en la palma de mi mano y, aun así, no la aparté porque necesitaba algo... algo para paliar aquello que me devoraba por dentro, una sensación extraña y difícil de explicar. Cuando me pidió que me calmara, con ese tono exigente que tenía, me reí de una forma irónica porque no pensaba hacerle el menor caso, ¿quién se creía que era para exigirme de esa manera? En esos momentos no era nadie y jamás lo sería, porque me importaba bien poco que mi familia necesitara el dinero, la decisión de anular la boda cobraba muchísima más fuerza después de todo lo que había pasado, después de lo que me había dicho. Porque no, yo no sería un juguete con el cual podría satisfacer sus oscuras necesidades y a cambio pagar a mi familia como si estuviera pagando por mis servicios pero no directamente a mí, para eso prefería ganarme el dinero de mil formas diferentes a recibir una sola moneda que viniera de su parte. Cuando sirvió sendas copas ante mi mirada y me tendió la copa ni siquiera duró dos segundos en mi mano cuando la lancé con fuerza contra la lumbre, el vaso se rompió y la lumbre se prendió más por el alcohol del contenido.


-¡No quiero ver las cosas de diferente manera!
–Dije para mirarlo- ¡Eres un puto egoísta de mierda! –Le recriminé tras lanzar la copa con la respiración agitada- no eres más que un monstruo al que no le importa nada más que su jodido y maldito ego, y todo lo que se lleve por delante o a quien utilice es irrelevante para ti... porque solo piensas en ti mismo y al resto que le jodan –espeté fulminándolo, cabreada como el maldito infierno- no quiero tener nada que ver contigo, no pienso aceptar ni una sola y podrida moneda de tu parte... se acabó, esto rompe y anula cualquier contrato que hicieras con mi padre –sentencié sin cambiar mi mirada de él, fría y oscura, llena de odio- ya lo dejaste bien claro el día de la boda ¿no? No hay nada más que hablar entre... –sin embargo sus siguientes palabras lograron cortarme mientras lo miraba frunciendo el ceño- ¿qué has dicho? –Había dicho “el resto”, ¿por qué decía el resto? Algo en mi interior me decía que tenía que irme de allí en ese mismo instante, en ese momento porque quizás no todo era mentira lo que había dicho el lobo... y sus siguientes palabras me lo confirmaron- ¿la gente muere, hazte a la idea? –Comenté en un tono bajo y peligroso, no hizo falta sumar para saber a lo que se refería... y la sangre se me congeló en ese mismo instante- ¡MIENTES! –Dije gritándole con el dolor que me carcomía por dentro pero, muy a pesar, sabía cuándo el vampiro mentía... y ese no era el momento- ¡NO! –Dije cayendo en la cuenta que era verdad, que era la puta verdad lo que me habían dicho... y yo no quería aceptarla. Grité llena de rabia y me comencé a romper aquello que me encontraba por el camino hasta acabar en la ventana, sin pensarlo, mi puño se estampó contra el cristal rompiéndolo en pedazos e incluso sentí esos mismos pedazos clavarse en mi piel haciéndome sangre... sin embargo no era suficiente, no lograba paliar el dolor que sentía por dentro. Me quedé de espaldas al vampiro apretando los puños con fuerza, notando la sangre resbalar por mi brazo y por mi mano manchando el suelo, algo cálido sobre mi cuerpo frío por la noticia- ¿la gente muere, Joe? ¿También dirás eso cuando muera Nimh? –Pregunté ladeando la cabeza para mirarlo- tendrás que hacerte a la idea, ¿no es eso? –Sabía que eso le dolería, pero era lo que buscaba, que sintiera algo del dolor que yo tenía porque sabía que poco le importaba. Alcé mi cabeza mirando al cielo para ver que el sol salía, y aun con los cristales en la propia ventana me apoyé en ella para saltar cayendo al jardín amparándome en la luz mientras él me gritaba y ordenaba que entrara- vete al infierno, Joe Black –es lo único que dije antes de salir corriendo aprovechando que él no podía salir a la luz del sol, ir a las caballerizas y tomar uno de los caballos para salir de allí sin que nadie pudiera pararme poniendo rumbo a mi casa, alejándome de esa mansión y del propio vampiro.

Para cuando llegué desmonté con rapidez sin importarme casi tropezarme, corrí hacia la entrada y abrí la puerta de golpe para encontrarme sentados en el salón a mis padres bastante afligidos y tristes, se levantaron cuando me vieron entrar y lo primero que pude distinguir en sus ojos fue un clara sentimiento: miedo. Miedo por lo que yo era, miedo por lo que había pasado, miedo porque iba toda ensangrentada y poco tenía que ver con el corte en mi mano por el cristal. Dieron un paso hacia atrás cuando yo fui hacia ellos y me paré mordiéndome el labio con fuerza, con tanta que casi logré hacerme sangre. Una de las sirvientas bajaba por las escaleras con paños manchados de sangre y la respiración se me entrecortó porque sabía lo que significaba. Sin hacer caso a los gritos de mis padres subí las escaleras para adentrarme en la habitación de mi hermano, y lo que vi me encogió el corazón: él, postrado en una cama, gravemente herido. Negué incapaz de poder hablar cuando su rostro se giró hacia el mío y fue el único, en esa casa, que me dirigió una sonrisa. Extendió su brazo como pudo llamándome y yo fui a su lado para tomar su mano, la herida no dejaba de sangrar y no habían podido ayudarle, no porque no conocían de médicos o de algún vampiro que le diera su sangre... y se moría, se moría frente a mis ojos. Y sin embargo no me culpó de nada, como pudo me dijo que ya sabía lo que yo era, el mundo que había fuera... y aun así nunca me desveló. Me dijo que no buscara venganza y sus últimas palabras; que fuera feliz. Había aguantado para poder verme y murió sosteniendo mi mano hasta que su cuerpo sin vida yació en la cama... y mi mundo se desmoronó por completo. Mis padres me culpaban por no decirles nada, por permitir ponerlos de carnaza, porque él había muerto por mi culpa... porque yo no era su hija. Fue demasiado, no podía soportarlo y salí de allí escuchando sus gritos y como todo caía sobre mi cuerpo, como todo me achacaba y devoraba por dentro. Monté en el corcel y me dirigí al único sitio donde podía estar y sabía que me relajaría: a la cabaña. Bajé del corcel llamando a Matthew mientras el corazón me latía desbocado y un pesar y un dolor me carcomían por dentro... pero no había nadie allí. Apenas habían muebles y el lugar estaba cubierto por una capa de polvo que hacía ver que allí hacía tiempo que no vivía nadie.... y todo mi mundo se rompió en pedazos. Estallé. Como una tormenta descargué todo en aquel lugar rompiéndolo entre gritos, nada quedó a salvo de mi furia y de mi ira, de ese frío que me atenazaba por dentro... e incluso con golpes en el cuerpo, la sangre cayendo de la herida abierta por los golpes en mano y brazo... no fue suficiente para paliar el dolor que sentía. Me dejé caer hasta el suelo y, por primera vez, lloré rodeando mis rodillas perdida, rota por todo lo que había pasado, sintiéndome que estaba muerta en vida.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Joe Black el Lun Dic 03, 2018 2:10 pm

No esperé otra cosa que no fueran insultos, me odiaba, no la culpaba, ese era el sentimiento que despertaba a cada uno de los pasos que daba, padre tenía razón, los monstruos no despiertan amor y por eso no deben procesarlo.
Ella había perdido a su hermano, yo había perdido tanto en el camino que ni siquiera recordaba ya sus caras, nombres u oficios.

Su pregunta fue intencionada, solo buscó hundir en mi corazón la mas profunda de las estacas, por eso no al detuve, porque al hacerlo supe que la había perdido y lo había hecho para siempre, si una vez esa mujer me admiró ahora solo me detestaba.

Le hubiera respondido, no era ella la única que esa noche había perdido, Nym estaba muerta, yo también perdí demasiado en estos días.
La dejé ir mientras mis ojos adquirían aquel tono burdeos que caracterizaba a la bestia, esa capaz de aniquilar hasta el ultimo eslabón de la cadena alimenticia, la dejé ir porque era mas seguro que se fuera a que se quedara.

El astro brillaba enérgico fuera, peor dentro de mi la bestia imploraba ser saciada, como el depredador que era mi cabeza se ladeo ligeramente al ver a la primera doncella, cuerpo flácido entre mis brazos cuando ni una sola gota de sangre quedó en su cuerpo.

A plomo cayó su cuerpo en los escalones que me llevarían a las habitaciones, solo había empezado la matanza, un humano tras otros, los destripé, los desmembré y para cuando acabé con aquel dantesco baile de cuerpos mutilados y deformes solo un corazón latía en aquella mansión, el de  Isa.

Frente a su puerta me detuve, tensé el gesto, una parte de mi quería acabar la obra, arrancar de cuajo su preciosa cabeza y emborracharme de visiones futuras, saciar mi dolor en su cuerpo, pero simplemente no lo hice, había perdido demasiado esos días. Dan era mía y la reclamaría, no se rompe un contrato con un Black, el para siempre, lo es hasta que yo dicto mi sentencia de muerte.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Lun Dic 03, 2018 5:24 pm

No sabía el tiempo que había pasado desde que había abandonado la mansión en busca de mi familia, de una verdad que no quería reconocer pero que era más que cierta por mucho que me pesara, por mucho que no quisiera pensar que eso solo era una pesadilla y que nada de eso había ocurrido, que había tiempo de cambiar las cosas y que podría pasar más tiempo junto a mi familia aun cuando el demonio había entrado en mi vida, o le había dejado entrar en cierta manera. Los minutos y las horas pasaban de diferente manera cuando una estaba sumida en la más profunda oscuridad aunque el sol brillara fuera, cuando el mundo se desmoronaba pieza a pieza hasta no quedar absolutamente nada que lo sostuviera y que además había dejado un enorme y profundo vacío que no podría llenarse nunca, que jamás sería curado. No dejaba de repetirme la misma frase en mi mente “mi hermano ha muerto por mi culpa”, torturándome aún más de lo que ya estaba atormentada y torturada, mi cuerpo presentaba síntomas de varios golpes y hematomas que no dolían, el brazo seguía sangrando pero nada podía compararse ni mucho menos paliar al dolor que yo llevaba por dentro, ese que me atenazaba y me destruía lentamente. Ya no me quedaba nada, nada por lo que seguir luchando, un sitio al que volver, una familia que me quisiera... porque sabía que mi presencia, mi recuerdo o el mero hecho de verme les recordaría la muerte de mi hermano y jamás me lo perdonarían. En una misma noche había perdido mucho más de lo que estaba preparada para asumir y aceptar, porque una cosa era irme de casa a llevar una vida de “casada” aunque sea de mentira, una mera formalidad, un contrato para que mi familia siguiera adelante... a perderlo todo; mi hermano, mi casa, mis padres.... todo cuando una vez había tenido se había esfumado en tan solo un chasquido de dedos delante de mí como una neblina que desaparecía tras aparecer para esfumarse del todo. No me quedaba nada, ni siquiera el que había sido mi maestro hacía ya unos años estaba para ayudarme, y en ese momento me pregunté qué era lo que me deparaba entonces, ¿qué me quedaba? Mis padres jamás dejarían que volviera porque verme sería recordarles la muerte de su hijo, de su primogénito, si no me veían el dolor sería menos... ¿qué era lo que podía hacer entonces? Volver era algo que no quería hacer, me había largado de la mansión del vampiro con la firme intención de no volver. Tan sólo me quedaba empezar de cero, era una cazadora, con mis habilidades podía realizar algún que otro trabajo en los barrios bajos de la ciudad donde sabía que los negocios turbios era lo que movía el lugar porque yo no estaba hecha para la clase alta, jamás había pretendido pertenecer a ella y si lo hice fue porque mis padres así me lo habían inculcado, así me habían enseñado lo importante que era para ellos y me tocó fingir aun cuando no me gustaba, portar mis máscaras como siempre había hecho para luego cuando nadie me viera escabullirme, cambiar mis vestidos elegantes y caros por las ropas de cazar y adentrarme en la oscuridad de la noche como siempre había hecho, al lugar que pertenecía realmente; la oscuridad.

Limpié las lágrimas de mi rostro mientras pensaba que era la mejor decisión, en cuanto arreglara mis asuntos y me asegurara de un par de cosas sobreviviría de lo que había aprendido como cazadora y me movería por la noche en el mundo de las sombras, donde me sentía más cómoda y a gusto. Atrás quedaría esa vida elitista que nunca me había gustado donde portar mil máscaras era lo que mejor se me daba hacer para que nadie me descubriera, o es lo que había pensado porque jamás supe que mi hermano lo sabía; que era una cazadora, que sabía de ese mundo y sabía a lo que me dedicaba. No podía dejar que eso me hundiera aun cuando el dolor era tan agudo que sentía una opresión en mi pecho, cuando fui a levantarme la presión y el dolor era tal que siseé llevando una mano a mi pecho... dolía, pero lejos de ser un dolor por haberlo perdido todo, más bien era un dolor físico como si fuera algo que naciera desde dentro. Era insoportable, como si algo intentara abrirse paso desde dentro y desgarrara... tanto era que apenas podía respirar, moverme era algo impensable y mientras quedaba de rodillas en el suelo con una mano apoyada en este y la otra en mi pecho mis labios quedaron entreabiertos intentando buscar por aire, pero hasta respirar dolía. Mi corazón bombeaba con fuerza y llegué a sentir tal dolor que pensé que quizás había llegado mi momento, empezó a remitir lentamente y tosí cuando pude respirar bien, pero al abrir los ojos me di cuenta de que había una mancha pequeña de sangre en el suelo y en mi boca sentía el sabor férreo de la sangre. ¿Qué narices había pasado? No lo sabía, pero fuera lo que fuera, debía de esperar. Me levanté apoyándome en la pared y al alzarme recargué mi espalda contra esta, cerré los ojos y con la mano en el pecho respiré mejor pero la sensación del pinchazo no se iba del todo. Abrí los ojos dándome cuenta de que habían pasado horas desde que había salido de la mansión, como pude hice una venda improvisada en mi mano para cortar la hemorragia y monté en el corcel, algo que me costó mucho más de lo previsto, para poner rumbo a un lugar al que no quería regresar pero al que debía de hacer porque me debía algo, y me lo iba a cobrar. Puse rumbo a la mansión de Joe, en ese momento no quería regresar pero necesitaba pedirle algo antes de marcharme, si es que me dejaba marcharme aunque no veía por qué no hacerlo, para él no era nada, por mí no sentía nada... ¿qué sentido tendría pararme? Ninguno. Para cuando llegué a la mansión todo estaba demasiado tranquilo, era de día y estaría en su habitación descansando pero ¿y el servicio? ¿Las sirvientas, aquellos que cuidaban de las estancias exteriores de la mansión? Era demasiado extraño, dejé el caballo y no salió nadie a recibirme, el silencio fue lo más inquietante de todo, y supe que algo había pasado desde mi marcha. Abrí la puerta de la mansión y lo primero que vi, nada más entrar, fue el cuerpo de una de las sirvientas con un charco de sangre en el suelo, sin vida... y no me hizo falta más para saber lo que ocurría: lo había hecho Joe. Era ya más de medio día de mi partida y aún quedaban unas horas de sol, intuía que el vampiro había notado mi presencia mientras caminaba por aquel panorama de destrucción, caos, sangre y muerte, nadie quedaba con vida, nadie al menos que fuera del servicio. Me adentré en el salón buscándolo pero allí no había nadie, la estancia estaba igual que yo la había dejado; con la ventana rota, la sangre en los cristales del suelo y la copa estrellada en la lumbre. No me hizo falta saber que el vampiro estaba en la misma estancia que yo porque sentí su presencia cuando entró, quedándose en las sombras, pero allí estaba. Para cuando me giré a mirarlo sus ojos burdeos destellaban con fuerza, sus ropas manchadas de sangre, sus labios y su barbilla también con restos de la sangre de las víctimas que se había cobrado.


-Joe –dije mientras lo observaba, si me preguntaran en ese momento qué sentía... no sabría explicarlo ni definirlo, demasiados sentimientos encontrados, la bestia me miraba de frente y yo aguantaba la mirada aun cuando el dolor por la pérdida seguía, igual que el pinchazo en mi pecho- mi hermano ha muerto –dije mientras los rayos de luz bañaban mi cuerpo, no podía acercarse porque él permanecía en la sombra- sé que te importa una mierda, sé que yo te importo una mierda ahora mismo... pero antes de irme quiero que hagas algo –y me lo debía, por lo que había pasado, por su comportamiento diferente en todo aquel tiempo hasta el maldito día de la boda. Aún sentía ganas de llorar, aún sentía que no era suficiente mientras el dolor me consumía lentamente- quiero..... quiero que borres de mis padres todo recuerdo de mi hermano –dije mientras lo miraba directamente a esos orbes burdeos, podría despedazarme, pero no estando en los rayos de sol- quiero que les borres todo recuerdo.... mío –no podía volver, los había perdido para siempre pero si podía hacer algo para que no sufrieran, si estaba en mi mano, aunque me olvidaran a mí no me importaba- pero mantendrás tú palabra –dije sin dejar de mirarlo, de intimidarme por él y muestra de ello es que aun sabiendo que podía matarme acorté las distancias para quedar frente a él, total, si me mataba ¿qué importaba? Me daba igual en esos momentos- les pasarás la cantidad al mes que acordaste con él para ayudarlos, yo no quiero tú dinero, pero ellos lo necesitan. Es lo único que voy a pedirte antes de irme –la decisión estaba tomada, nada me ataba a él puesto que no nos habíamos casado realmente- ¿vas a hacerlo? –Pregunté aguantando las lágrimas que pugnaban por salir, no era consciente del todo de lo que estaba pasando, de que lo había perdido todo... y sin embargo allí estaba, había vuelto a él aunque fuera por una petición y una necesidad- quiero que hagas lo mismo que hiciste con la prostituta; que elimines esos recuerdos de todos los que quedan vivos, que ni mi hermano ni yo.... existamos –era renunciar a todo y lo sabía, pero era la mejor salida por mucho que la perjudicara fuera yo. Al final el par de lágrimas escaparon a mi control frente a él, total, ya nada importaba- eres esclavo de tus palabras... no puedes negarte –algo que él me había dicho muchas veces por lo que sabía que tendría que hacerlo. Di un paso más acortando la distancia para mirar sus burdeos, ahora nada le impediría ser ese demonio y el monstruo que tanto proclamaba, de mientras yo enterraría todo lo que lo rodeaba; mis sentimientos y mi odio. Iba a decir algo más cuando de nuevo el pinchazo en mi pecho me atravesó, me encogí para intentar soportar más el dolor en lo que mi mano aferraba la camisa manchada de sangre del vampiro cuando sentí que me fallaba la respiración como si algo me atravesara desde lo más profundo de mí abriéndose paso.... y que me hizo perder la consciencia sin poder decir nada más, soltando el agarre de mis dedos mientras caía inconsciente



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Joe Black el Lun Dic 17, 2018 4:23 am

Luces y sombras, mi salón creaba una burda representación de mi vida, caos, destrucción y una oscuridad desmedida, acorralado a un lado de la misma fijé mis ojos burdeos en el cuerpo de mi prometida, se mantenía derrotada mas en pie en la zona iluminada por el astro sol, allí creyéndose a salvo del monstruo tuvo el valor de pedirme el olvido para los suyos y que la dejara escapar de mi lado.

Mis dos iris brillaron intensos como el fuego, nunca sería libre, no era ese el trato al que llegamos, no era necesario que me amara, podía odiarme hasta que la muerte la alcanzara, mas era mía y así seguiría.
Ladeé la cabeza al ver como la desesperación la llevaba a acercarse a mi, su petición era clara, casi una suplica un paso y otro me hicieron sentir su calor y yo me debatí entre arrancarle el corazón por su osadía o hacerla mía hasta que la noche sustituyera al día.

Mas los acontecimientos me hicieron olvidar mis intenciones pues la humana cayó desplomada en mis brazos, la mantuve allí, incapaz de socorrerla hasta que por fin llegó el ocaso y pude llevarla a una cámara y sobre el colchón recostarla. Pasaron horas hasta que volvió en si, para ese entonces la mansión había sido limpiada a conciencia y el servicio sustituido por nuevos trabajadores, la masacre quedaría en el olvido.

Estaba sentado frente a la lumbre con una copa de whisky doble en la mano cuando sus ojos me buscaron inquietos.

-Tus padre han olvidado a tu hermano, no recordaran nada de este, pero por contra saben de tu nacimiento, ahora eres su hija única, una que se ha casado hace poco en una boda que los ha colmado de alegrías. Assur se ha encargado de que todos los invitados olviden, nuevos recuerdos tienen ahora en su cabeza tus amigas, conocidos y familia -sentencié -sobre el dinero, cumplo siempre mi palabra, tu padre ya hace negocios gracias a mi financiación y sobre ti, no, no eres libre, eres mi mujer, me es indiferente si no es lo que quieres, me da igual si me odias, pero eres mía, ese es el pacto que alcanzamos aquella noche en la que te convertiste en mi prometida y si no cumples tu parte mataré a tu madre, a tu padre a tus amigas y a ese viejo cazador al que recurres cada vez que escapar de mi vida ¿ha quedado claro?




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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Miér Dic 19, 2018 1:59 pm

Si había algo que no quería hacer por encima de todo era sin lugar a dudas volver al lado de Joe por todo lo que había pasado, por su culpa mi hermano había muerto, por su culpa había perdido a mi familia y esta me había repudiado como si portara la peste y no se equivocaban demasiado, porque más que la peste, era la muerte lo que dejaba tras mi paso. No dejaba de repetirme en mi cabeza que las cosas podrían haber sido distintas si hubiera hecho caso de mi plan inicial, si tan solo me hubiera alejado del vampiro y cancelado la boda como en un principio yo había planeado... pero no, mi demonio interior quería salir a jugar con otro demonio que pudiera estar a su altura y mal que me pesara había sido precisamente con ese maldito vampiro. Ahora ya no podía dar marcha atrás y lo único que podía hacer era asumir lo que había pasado, algo que me estaba costando horrores pero que cuanto antes lo asumiera mejor sería para mí porque ya no podía hacer nada para cambiarlo, debía de aceptar que mis propias acciones habían acabado con la muerte de mi hermano y que buscaría al culpable de todo, Askar tenía que pagar por lo que había hecho y por mucho que Joe intentara protegerme y alejarme del licántropo al final lo acabaría encontrando, al final acabaría matándolo por lo que había hecho y yo así podría disminuir aunque fuera en una pequeña dosis el dolor que sentía. Sin nadie a quien recurrir, sin nadie en quien apoyarme no me quedó más remedio que volver con el vampiro para pedirle un par de cosas de las cuales no podría negarse; primero de todo era borrarle la memoria a mis padres sobre la existencia de sus hijos, no quería que sobre sus conciencias pesara la muerte de mi hermana por culpa de su hija, una cazadora que se había enredado demasiado en la oscuridad de un vampiro y que no había sabido mantener su palabra de cancelarlo todo y largarme. La otra era que siguiera con la compensación económica que les pasaría como había acordado en su momento con mi padre, ellos necesitaban de ese dinero y el que las cosas hubieran salido de esa manera no significaba que ellos tuvieran que pagar las consecuencias. Sabía que enfrentarme al vampiro conforme estaban las cosas no era lo mejor que podía hacer, de hecho, lo más probable es que quisiera matarme por haberme largado así sin darle opción a que pudiera pararme aprovechándome del sol ya que él no podía estar bajo la luz del astro sol. Volver era lo que menos quería en ese momento, pero no me quedaba más remedio si quería que al menos mi familia fuera feliz aunque eso me condenara a que se olvidaran de mi existencia y no recordaran nada, mejor eso que saber que por culpa de su hija su hijo había muerto a manos de unos licántropos, ellos no tenían por qué saber del mundo sobrenatural y si podía evitarlo haría todo cuanto estuviera en mi mano para que así fuera.

Cuando volví a la mansión todo estaba demasiado tranquilo, nadie salió a recibirme y cuando entré supe por qué; los cadáveres se agolpaban en el suelo, la sangre teñía el lugar y supe que había sido consecuencia del vampiro. Aun sabiendo cómo se encontraba fui hacia el salón donde habíamos estado horas antes consciente de que habría notado mi presencia y bajaría, me mantuve en el lado de la luz y supe que estaba en el salón cuando sentí su presencia observándome, sus ojos rojos brillaban en las sombras manteniéndose allí a salvo mientras yo lo contemplaba. Sabía que no le importaba al vampiro, había quedado más que claro antes de la boda, pero si algo sabía es que era esclavo de sus palabras y no rompería lo que tenía con mi padre... así que le obligué en cierto modo a cumplir con lo que quería; borrar la memoria y seguir pasándole el dinero mensualmente. Para él el dinero no era nada, solo cifras en su larga existencia que había ido acumulando y borrar la memoria no era la primera vez que tenía que hacer. También le dejé claro que me marchaba, no iba a quedarme allí con él porque no éramos nada, porque no sabía bien qué ganaba en mi interior en esa vorágine de emociones que me traicionaban, y porque irme era la única opción que encontraba. Allí no pintaba nada, entonces, ¿por qué quedarme? Acorté la distancia paso a paso hasta quedar frente a él, sus ojos brillaban de un tono rojizo que me hacía pensar que se debatía quizás entre arrancarme la cabeza o no hacerlo, mi cuerpo se mantenía en mitad de la luz y mitad de la oscuridad aunque me daba igual lo que me hiciera, total, ¿qué importaba? Ya no me quedaba nada, incluso hasta me hacía un favor si me mataba. Sin embargo no me dio tiempo a nada más cuando de nuevo aquel pinchazo en mi pecho como si algo quisiera abrirse paso a través de mi cuerpo, fue insoportable y aunque luché contra el dolor caí inconsciente en los brazos del vampiro. Lo que pasó después de eso fue algo que podía saber, para cuando abrí los ojos me di cuenta de que estaba en la habitación que solía ser del vampiro, había pasado allí un par de noches y reconocía la decoración. Me incorporé llevando mi mano al pecho cuando me di cuenta de que la lumbre estaba encendida, y sentado en aquel sillón se encontraba el vampiro con una copa en la mano. Sus ojos rojizos se posaron en los míos por unos segundos, siquiera antes de decir nada me dio el parte de que lo que le había pedido había sido solucionado. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? Aparté unos mechones de mi mente y me levanté acercándome hasta donde él se encontraba sirviéndome también una copa, lo miré cuando aseguró que había hecho tal y lo que le había pedido sobre mi hermano, pero no sobre mí. Ahora mis padres pensaban que era hija única, que me había casado y que además le seguiría pasando el dinero tal y como le había pedido así como borrarle e instaurar nuevos recuerdos a todos los presentes con la misma información que a mis padres; hija única recién casada. Apreté el vaso que sostenía entre mis manos y acabé por estamparlo en la lumbre provocando que, por el alcohol, la llama creciera iluminándonos a ambos de manera más intensa.


-¡Eso no es lo que te había pedido! Siempre haces lo que te da la puta gana... te dije que me eliminaras de sus recuerdos, ¡esa no era una decisión tuya! –Siempre igual, siempre haciendo lo que él quería sin pensar en lo que los demás le habían pedido... no le correspondía a él decidir dejarme en sus recuerdos o no, yo era su hija y yo era la que tenía la decisión de decidir si lo quería o no... pero sabía por qué lo había hecho, y eso no me gustaba- eres un egoísta de mierda –dije porque dejar mi recuerdo, y dejar el de la boda, era también una forma de atarme a él y eso lo sabía. Sin embargo gruñí apretando mis manos en sendos puños cuando dijo que no era libre, que era su mujer y que le daba igual si era lo que quería o no, si le odiaba o no... pero era suya, ya que ese fue el pacto que establecimos- ese no es el pacto que establecimos, fue fingir una boda y un matrimonio pero en el que ambos seríamos libres, tú serás libre y yo no me quedaré como una esposa sumisa mientras tú te diviertes en fiestas de máscaras y con tus furcias Joe... si querías una mujer sumisa haberte buscado una como tal –le espeté antes de que me asegurara que, si no cumplía mi parte, mataría a mi familia, a mis amigos... y a Matthew, alguien a quien él no tragaba en absoluto y que no tenía por qué decirle que ya no estaba en la ciudad- eres un bastardo hijo de puta, no te atrevas a amenazarme Joe porque tus amenazas para mí dejaron de tener importancia cuando tú te encargaste de que así fuera –sin embargo di un paso hacia él apoyando mis manos en cada brazo del sillón para mirarlo de cerca- ¿sabes por qué recurro a Matthew? Porque él me da lo que tú jamás podrás darme, lo que tanto te empeñas en negar.... así como tú tienes a tus zorras, yo lo tengo a él –sentencié para erguirme, sabía que se iba a cabrear pero poco me importaba- te olvidas de que solo dispones de la mitad del tiempo en un día, no puedes salir a la luz del sol y eso me da una ventaja para hacer todo lo que esté en mi mano para que tu amenaza quede en balde –sentencié y sonreí ladina- pero no, no soy tuya... no lo soy porque nunca nos hemos casado, no lo soy porque tú te has empeñado y esforzado en hacer que eso no pase –hice una pausa observándolo- ahora entiendo por qué Celine se fue y te dejó; porque ella supo ver lo que eras desde el principio, lo cobarde que eres que siempre te escondes... ella se dio cuenta, para mí fue demasiado tarde –aseguré dando un paso atrás- eres un cobarde incapaz de reconocer las cosas, te escudas en esa estúpida frase para no tener que decir las cosas y ya crees que con eso es suficiente... ¡pues no lo es! ¡Ni tus juegos de cama, ni tus citas pervertidas... nada! –Espeté cabreándome porque yo al menos no había negado nada, porque él tampoco había preguntado al respecto, llevé una mano a mi frente y reí de una manera derrotada- aunque debo de reconocer tú jugada, hacer que cayera en tu trampa y que dejara de odiarte... enhorabuena, porque lo conseguiste –miré un momento a la lumbre- ahora sé que te importo una mierda, quizás siempre fue así... esperaste hasta el último momento para decirme que nada importaba, que yo no te importaba y que querías ser libre para ir y venir –alcé mis brazos y lo miré- ¿no era eso lo que querías? ¡Pues ya lo tienes! Sin bodas, sin nada que te ate a mí más que un poco de dinero –di un par de pasos hacia atrás- tú te has encargado de matar todo lo que había, aunque eso ahora te importa bien poco... la idiota soy yo por pensar que después de todo no fueras un cobarde de mierda y dieras un paso al frente... pero no, el gran y malvado Joe Black es incapaz de dar un paso al frente porque tiene miedo –reí con cierta mofa- eres patético. Vuelve a tus capas, a tus máscaras que portas y a tus mentiras y guárdalas para alguien que las quiera, si es que encuentras a alguien que se preste a intentarlo cuando tú no haces más que apartar la gente de tu lado, porque eres incapaz de dejar de ser el monstruo que tanto anhelas –y no pensaba decir más al respecto, allí no pintaba nada y me giré con la intención de largarme de allí dejándolo plantado como él había hecho cuando se acercó el día de la boda para restar todo de un plumazo, él se había cargado todo, no yo. Sin embargo volví a sentir ese dolor en mi pecho, más agudo y pronunciado, que me hizo parar llevando una mano a mi pecho y otra a la pared para sostenerme. Respiré con dificultad mientras el pinchazo seguía, describirlo era como si alguien se intentara abrir paso a través de mi cuerpo, sentía como si intentaran rasgarme... y el dolor se pasó al corazón. Caí de rodillas incapaz de sostenerme llevando la mano a mi corazón, dolía con cada latido mientras intentaba respirar y era como si me faltara el aire- Joe.... –conseguí llamar al vampiro como pude, tosí encorvándome y unas gotas de sangre mancharon el suelo. Cuando más intentaba tomar aire más me dolía, sentí una quemazón en mi hombro y fue cuando sentí al vampiro al lado, no sabía qué era aquello pero se parecía o debía de hacerlo demasiado a las puertas de la muerte- yo no.... no puedo.... –alcé mis ojos vidriosos hacia los del vampiro, mi corazón parecía que iba a estallar de un momento a otro mientras sentía como si mi cuerpo se dividiera en dos partes, mortal y tremendamente doloroso. Aferré el brazo del vampiro con fuerza para acercarlo más a mí, si ese era mi fin al menos sentirlo cerca una última vez.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Joe Black el Vie Dic 21, 2018 3:31 am

El fuego prendió con fuerza cuando mi querida esposa estampó el vaso contra la chimenea, estaba furiosa, porque yo como de costumbre había hecho lo que me venía en gana y no lo que ella quería.

-¿y ahora te enteras de que soy un demonio egoísta? -pregunté antes de llevar el vidrio a mis labios con calma – eres mía, no creas que puedes entrar al infierno y después salir ilesa como si nada pasara.

Dan estaba fuera de si y de algún modo yo sentí vivir un dejavu lo que me hizo ladear la sonrisa con un deje de desprecio, creo que ninguna era capaz de entender que yo tenía 600 años, que había sido educado por un monstruo y que el tiempo pasa factura una que te convierte en un dios y los dioses no siempre son benevolentes ni justos, mas bien lo contrarío.
-¿quien dijo que tu serías libre Dan? No, no fue ese el trato, te dije que no necesitaba me amaras, puedo vivir sin tu amor y con tu desprecio, mas me perteneces y te haré mía cada noche tantas veces como desee porque yo te he comprado ¿que crees que hago dándoles dinero a tus padres a cambio?

Sabía que no le iban a gustar mis palabras, y quizás no del todo eran ciertas, porque si sentía cosas pro ella, peor no podía consentir que una humana me doblegara ¿por que diablos no lo entendía? Debería sentirse satisfecha y afortunada por ser mi esposa, puede que me follara a otras furcias ¿pero eso que importaba? Solo eran eso, putas que me abrían las piernas y donde me desfogaba, no había sentimientos, nada.

Mis ojos se volvieron fuego cuando mi mujer habló del maldito cazador, elevé el dedo señalándola amenazante, mis ojos bailaban entre las ascuas y el peculiar tono burdeos con el que la bestia dominaba el juego.

-Ten cuidado Dan, si ese hijo de puta aun sigue con vida es porque yo quiero, no me retes porque lo empalaré y te obligaré a mirarlo desde tu ventana

Me eché a reír con indiferencia al escuchar el nombre de Celine, era cierto me había abandonado seguramente porque había visto en mi al monstruo que era y no había soportado mirarlo a la cara.

-Tu eres una necia ¿que pensabas que iba a ser esto? Me importas, pero nunca te dije que mi capacidad de amar fuera la que tu querías, soy lo que ves, un monstruo y nunca te he engañado, los demonios y las sombras gobiernan mi existencia, te deseo, eres mía y te daré una buena vida, nada va a faltarte ni a ti ni a tu familia mientras cumplas las reglas, sonreirá, fingir o por contra amarme como has hecho hasta ahora, pero yo tengo mis necesidades Dan, no soy un cobarde solo soy un dios y como tal actuó para mi todo esta por encima del bien y el mal, solo hago mi voluntad.

Dan no era capaz de entender que yo no podía regirme por las mismas reglas que el Matt ese, porque no era un humano, ni siquiera un vampiro que llevara 600 años vivo, yo había vivido mas de 6000 años, había visto crearse y caer civilizaciones, aniquilar ejércitos, había visto demasiado como para ahora convertirme en ese hombre perfecto y enamorado que ella quería llevar de su mano.
Si tenia sentimientos por ella, eso era evidente, el problema es que también sentía cosas por otra y también tenía deseos carnales por otras tantas...¿por que frenar los deseos de un dios? ¿no era bastante que la hubiera convertido en mi mujer, que viviera bajo mi ala protectora y que las noches las pasara en mi lecho sintiendo mi brazo rodeando su cuerpo? Debería agradecer mi interés..

Dan se giró indignada seguramente dispuesta a abandonar la mansión.

-Bien , habla con tus padres, seguro que aceptaran que te divorcies de su benefactor, caerán en la ruina, por no hablar de...¿como decirlo? Te ha contado tu padre que esta enfermo? -mi sonrisa se ensancho con malicia -seguro que le va muy bien sin los cuidados del mejor medico que conoce el mundo...

Era mía y lo sabia, ella no podía huir de mi aun queriendo hacerlo algo que en parte dudaba pues en sus ojos veía el dolor de una mujer enamorada.
Fue entonces cuando su cuerpo se vino abajo, en principio pensé que solo era un mareo fruto de la tensión, mas cuando pronunció mi nombre de forma ahogada y gritó desgarradoramente corrí a su lado sujetando su cuerpo para que no se fuera de bruces contra la madera.

-¡Dan! - mi preocupación era mas que obvia y teñía mi mirada, la alcé entre mis brazos, por sus labios salían rastros de sangre fresca -¿que demonios le pasaba? -¡un medico! -urgí al servicio que se apresuro a llamar al que me servía con premura, de no hacerlo ya conocían como era mi ira.

La dejé caer en mi lecho con suavidad mientras apartaba de su frente el cabello perlado en sudor.

-Has de descansar, el medico vendrá pronto, dejemos esta conversación para cuando te recuperes, ahora solo descansa -susurré sin soltar su mano que estaba casi tan fría como las mías.
La arrope con las mantas, la habitación estaba caldeada así que esperaba fuera suficiente para que Dan entrara en calor.





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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Danerys Garnert el Mar Ene 08, 2019 1:23 pm

“No creas que puedes entrar al infierno y después salir ilesa como si nada pasara.”


Si algo tenía bastante claro es que esa frase era tan certera que ya podía empezar a notar sus efectos en mi propio cuerpo, o en mi vida y lo que acontecía en ella. Desde que había entrado en la vida del vampiro, o mejor dicho, había acudido a ese maldito baile al que fui llevada en mi contra por mi padre todo se había vuelto más oscuro como si la propia oscuridad del vampiro sacara la propia que llevaba dentro. Siempre me había mantenido en un perfil intentando pasar desapercibida para llevar la vida de cazadora al margen de lo que era mi familia y sus negocios, siempre manteniendo mil máscaras puestas para que nadie supiera la verdad de mi vida, de esa cazadora que de noche dejaba los vestidos y salía a cazar vampiros y licántropos purgando la ciudad de esas bestias, casi como si fuera “justicia divina” aunque nada tuviera que ver con la iglesia. Hasta que llegó aquella noche y aquel maldito baile... debí matarlo cuando tuve la oportunidad en varias ocasiones aquella noche, pude haber clavado una astilla en su corazón y de hecho lo hice, sin embargo cuando el vampiro casi arrebataba mi vida se la quité aunque no supe ni entendí el motivo, quizás porque aportaba algo de emoción a mi vida, quizás porque mi demonio interior se sentía en sinfonía e identificado con el vampiro y matarlo arruinaría su despertar como nunca antes lo había hecho. Por un tiempo incluso creí que ambos demonios se necesitaban como el agua o el aire para respirar los humanos, aunque quizás simplemente habíamos estado bailando de maneras diferentes donde él sin duda alguna interpretó su mejor papel para que la cazadora no lo matara. Si pretendía hacerme caer sin duda lo consiguió porque lo había logrado aunque yo no lo dijera y él no lo preguntara, pero claro, ¿cómo iba Joe Black a preguntar algo así cuando siempre me había rehuido de preguntas que presionaran más de lo que él quería? Siempre escudándose en su frase estrella para no responder y dejar el silencio como todo cuanto fuera a decir al respecto... no, claro que él jamás preguntaría porque no le convenía tampoco saber la respuesta, porque así podría seguir siendo el demonio egoísta que era que no le importaba nada más allá de sus propias narices. Solo cuando se hubo divertido bastante, cuando él sentía que la soga empezaba a presionar más de lo que le gustara en un principio cortaba de raíz y cambiaba las tornas de todo cuanto habíamos hecho, de todos los pasos que habíamos recorrido. Lo pasado quedaba como en un velo que no se podía borrar pero que ahí estaba, sin pena ni gloria, como una andanza que enseñaba el camino pero que no conducía a ninguna parte... nada de lo que se dijo o se hizo tenía ya importancia porque lo que hubiera quedado de esta él ya se había encargado de matarla el día en que íbamos a casarnos, el día trágico y fatídico. Porque sí, el monstruo que siempre alegaba que era tenía miedo en sus largos milenios de vida, miedo de una mortal porque pudiera hacerle daño... como si el tiempo no borrara, como si una huella no pudiera desvanecerse con el paso del tiempo y de los años. Era un cobarde por huir siempre, por no responder y afrontar las cosas como venían... pero no, él era experto en ponerse las máscaras y alzar unos muros que para mí ya no tenían misterio igual que podía ver sus mentiras, porque para mí estaba ya todo claro y solo lamentaba una única cosa: conocerlo.

Sabía que no dejaría pasar mis palabras en vano y que respondería de igual manera mordaz e hiriente como yo lo había sido, aun cuando ambos sabíamos que solamente la unión iba a ser una farsa pero que ambos seríamos libres, se empeñó en recalcarme de que yo no era libre, que me haría suya cada noche como si fuera una vulgar sumisa que tenía que obedecer a su amo y que por eso pagaba a mis padres. Ni siquiera lo pensé cuando mi mano se alzó estampándose en su rostro por atreverse a decir tal cosa, si quería una sumisa que hubiera buscado a una como tal para ello. Porque ese no fue el trato, pero claro, él de nuevo se escudaba en que era un demonio y tenía “necesidades” que satisfacer como acto que simplemente tenía por bandera tener una excusa para librarse de la realidad y poder hacer lo que le diera la gana. ¿Se pensaba que yo me quedaría de brazos cruzados mientras él se iba a fiestas donde sabía lo que hacía, porque él mismo me había llevado a las mismas, y quedar con prostitutas para follárselas? No sería una mujer que aguantara esas cosas, aparte de todo, porque no era nada suyo y nuestro enlace jamás se había producido como para que él me retuviera en mi contra. ¿Él buscaba fiestas de máscaras? Yo también las tendría. ¿Él buscaba otros labios y cuerpos donde satisfacer unas necesidades que, hasta el momento, había saciado conmigo? Pues si quería jugar a eso entonces seríamos dos los jugadores, porque bien conocía los celos que se gastaba el vampiro y si de hacer daño se trataba, podía ser tan mortífera y letal como el propio vampiro. Si tiraba la vista atrás se me hacía complicado el momento en el cual cambió su actitud, una que distaba mucho del principio donde me aseguraba que me necesitaba como el líquido carmesí para vivir... y ahora solo interponía distancias. Si quería un baile en el infierno, entonces Joe había acertado al elegir al demonio con el cual bailar porque todo lo que él me hiciera se lo devolvería con creces, porque él lo quería así. Sonreí ladina cuando al mencionar a Matthew su reacción fue más que evidente y disfruté de ello, porque yo también sabía dónde presionar y tocar para hacer daño. No le diría que se había ido de la ciudad, no era necesario porque solo nombrarlo conseguía ese efecto en el vampiro y si de joder se trataba, sabía bien lo que tenía que hacer. Me llamó ingenua y mordí mi labio con fuerza porque en cierta medida sí lo había sido, ingenua por pensar que él dejara a un lado esa gran cobardía que tenía pese a ser un vampiro y diera un paso al frente... pero solamente era otra fracaso más que sumar a su enorme lista. Reí con cinismo cuando dijo que era un dios y que todo iría bien si cumplía con las normas, ¿igual que las iba a cumplir él? Ya claro, si quería a un cordero que no hubiera escogido a una loba dispuesta a todo por no doblegarse nunca. No era ningún dios, pese a su milenaria existencia, él sangraba como todos y una maldición estuvo a punto de acabar con su vida... los vampiros morían, los dioses solo existían como una referencia literaria para que el hombre, el humano, tuviera algo que temer y siguiera los dictámenes de una religión que se basaba en el miedo a algo que no se podía demostrar.


-¿Un dios? No eres ningún dios Joe, pese a que tienes seis milenios puedes morir como otro vampiro cualquiera, me bastaría con clavar una estaca en tu inerte y pútrido corazón para ver como tu existencia se acaba en un suspiro... los dioses no existen, solo la representación literaria de algo mayor que no se puede demostrar para infundir miedo, y tú no me das miedo, dejó de pasar eso y dejé de temer tus amenazas cuando te encargaste de cortar el único hilo, probablemente, que nos enlazaba. No, tú no eres ningún dios... solo un vampiro engreído, narcisista, egoísta e hijo de puta que se cree con el derecho de estar por encima de los demás solo porque así lo ves, pero es mentira. ¿Dónde quedaba eso de que me necesitabas, Joe? ¿Dónde quedaba la verdad sobre que era tu alma gemela? –Lo fulminé con la mirada- sigues siendo el mismo cobarde de siempre, siempre huyendo cuando te sientes acorralado porque no puedes aceptar la verdad y piensas que con mentiras puedes evadirte, pero yo veo a través de tus vacías mentiras Joe... y donde antes me importaba, ahora solo es un vacío que tú te has encargado de agrandar cada vez más –no tenía mucho más que decirle y me giré dispuesta a largarme de allí, lejos de él y de sus ínfulas de dios que se gastaba cuando sus palabras me pararon. Quedé clavada en el sitio y apreté los puños con fuerza porque desconocía aquel detalle, es más, desconocía si era verdad o no pero era una baza que no jugaría de ser mentira porque bien podía descubrir la verdad- eres un grandísimo hijo de la gran puta –podría haberme censurado, pero era lo que pensaba. Sin embargo me giré y sonreí ladina para mirarlo, ¿se pensaba que iba a ganar en eso? Cuán equivocado estaba- me comprometí con un demonio con tal de salvar a mi familia, ¿qué crees que no haría por ellos? Es un hombre Joe, y como tal puede caer en la tentación si esta se le presenta en la manera y forma adecuada... como tú has dicho, pagas por follarme, ¿por qué él no podría tratar a mi padre por lo mismo? –Jaque, la reina movía la ficha sobre el tablero y ponía en un gran jaque al rey con mis palabras. Sin embargo aquel “perfecto” momento se rompió cuando al girarme de nuevo aquel dolor agudo que recorría mi pecho, me apoyé en la pared ante la presión en mi corazón y solo cuando llamé al vampiro de manera entrecortada y sentí que caería de bruces contra el suelo lo sentí allí, impidiendo que cayera mientras me alzaba en la habitación. Un dolor agudo y desgarrador como si algo se abriera paso a través de mí, no podía hablar y sentí en mi boca el sabor férreo de la sangre mientras me mareaba. Gritó que trajeran al médico y me colocó en la cama apartando unos mechones que se pegaban a mi rostro pidiéndome que descansara, aunque la habitación contaba con la lumbre encendida sentía mi cuerpo frío, demasiado frío para una humana, mucho más de lo habitual. En lo que para mí todo había pasado en unos segundos fueron minutos tras los leves lapsos de inconsciencia que tomó mi cuerpo, el sudor frío que me recorría y una sensación como si estuviera acercándome a las puertas de la muerte, y si no era así, debía de parecerse demasiado. Mi cuerpo temblaba y aunque las mantas eran lo suficiente gruesas como para hacerme entrar en calor mi cuerpo no cogía temperatura. Abrí mis ojos costándome porque los párpados me pesaba, respirar era una tortura y los pinchazos en mi corazón eran constantes haciéndome retorcer por el dolor. Sus ojos me observaban y no supe distinguir lo que veía en esos destellos rojizos, ¿incertidumbre? Podría ser, quizás con una leve pizca de miedo- ten...ten...tengo fri...fri...frio –mi cuerpo temblaba sin poder controlarlo- no t-te vayas –pedí como pude tomando su mano con la mía y por primera vez no la sentí helada como de costumbre. Sabía que algo estaba pasando y en cierto sentido me daba miedo porque así, de repente, ese dolor atroz... no debía de ser nada bueno. Caí inconsciente de nuevo y apenas fui capaz de permanecer despierta cuando llegó el médico, no distinguía bien lo que le decía al vampiro o si ya me había examinado. Pero él sí y fue testigo de todo mientras el médico me examinaba intentando encontrar la causa de la dolencia, el motivo de lo que ocurría.
-Lamento decirle señor Black que tras el examen no hallo la causa ni el motivo por el cual le pueda pasar esto. A mí modo de ver está sana, no hay hematomas ni tiene ningún síntoma de alguna enfermedad. No le pasa nada, al menos, que sea de este mundo –ni siquiera lo escuché porque no era demasiado consciente de lo que ocurría, y de nuevo la quemazón en mi hombro unido al terrible dolor que parecía que iba a desgarrarme, partirme en dos dejándome sin fuerzas.
-¡Que...quema! –dije mientras a mi mente aparecían imágenes fugaces como un delirio, un mal sueño o una pesadilla mostrando un hombre de piel pálida y cabello plateado, pero joven, que miraba con sus ojos vacíos en mi dirección y me señalaba, algo que me era familiar en algún lugar de mi mente- Joe.... él..... allí...... Joe –jadeé casi sin fuerzas, llegando a la conclusión de que por algún motivo que desconocía me moría, ¿qué otra cosa sino podría ser?



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

Mensaje por Joe Black el Jue Ene 10, 2019 10:44 am

Mi paciencia era limitada, eso era lago que sabía todo aquel que me conocía y el medico, no exento de hacerlo hablaba con su voz trémula asegurando que en una exploración simple a mi esposa no le pasaba nada, algo que me llenó de ira, mis ojos refulgieron como el mismo fuego, apreté la mandíbula mientras los dedos de Dan se paseaban por la palma de mi mano buscando seguramente insuflarse de valor con mi contacto.

-¿ves bien a mi mujer? -pregunté casi aullando.

El doctor negaba con la cabeza alzando las manos para que no lo matara.

-No, mi señor, yo buscaré el modo de..

-¿que cojones tiene mi mujer? ¿porque se esta muriendo? -rugí alzándome del lecho de golpe para coger al medicucho de la solapa alzándolo del suelo como un muñeco de trapo – mantén viva a mi esposa o juro que tu vida o tu muerte será el menor de tus problemas, creo tienes una hija muy bella ¿cierto? 17 años ¿verdad? Me gustan las jovencitas y juro que me divertiré con ella.

Solté al doctor que corrió al lecho para tomar las constantes vitales de Dan, calentándola como podía con las mantas, ordenó que trajeran agua caliente y todo lo posible para cuidar de ella, mientras yo cavilaba como cojones hacerlo.

La gitana, si alguien podía saber que le pasaba a la cazadora era la gitana, caminé hacia mi mujer y de un manotazo aparté al medico que casi rezaba arrodillado en el lecho para que se curara.

-Dan -la llamé dejándome caer en la cama a su lado -tienes que aguantar un poco, voy a por la salta cuerpos, has de aguantar ¿de acuerdo?

No es que estuviéramos bien, peor eso ahora quedaba en un segundo plano, para poder discutir l oque nos estaba pasando la necesitaba viva y a mi lado.
Saje mi muñeca y le di de beber, esperaba que eso le permitiera ganar tiempo.

-Bebe Dan, volveré pronto.



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Re: Esclavo de mis palabras, dueño de mis silencios.

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