Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Amaneció Dulce Neisha - Privado

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Amaneció Dulce Neisha - Privado

Mensaje por Fergus Sinclair el Vie Oct 05, 2018 8:59 am

Cerré la puerta a mis espaldas y me quede ahí apoyado pensando en la locura que había cometido, una de las más bellas locuras que me había atrevido hacer, avance con lentitud con una enorme sonrisa en mi rostro a esas horas de la noche nadie podría verme así que no temía al sonreír ampliamente. Antes de pasar a mi habitación ingrese a la de mi madre, necesitaba que ella supiera de nuestra invitada y de todo lo que había ocurrido esa noche, sabía que me apoyaría pero también sabía que sus miedos aflorarían, a final nadie más que ella conocía mi historias de amor y desamor, ¿Qué estaba pensando? ¿Historias de amor? Volví a sonreí en silencio mientras me sentaba en el borde de la cama y comenzaba a moverla para que se despertara… Volví a cerrar una puerta a mis espaldas y suspire sintiéndome nervioso, ansioso de que amaneciera quería ver sus ojos, su esencia quería verla ya… camine a mi habitación y me tendí en la cama sin quitarme la ropa quede mirando el techo, mi madre había aceptado a la inquilina y estaba dispuesta ayudarla tanto como yo, me había regañado pero al final la hice entrar en razón cuando mencione la condición de la joven, ella sabía que la más feliz seria mi Abuela al ver a otra Cambiante en la casa. Ahí mirando el techo me quede en silencio con mi cabeza mientras cerraba los ojos inquietos…

El frio otoño de la mañana había logrado despertarme, era de esperar que sintiera frio estaba con la misma ropa con la que me había acostado, me senté en la cama mientras miraba el reloj de pared que colgaba frente a mi cama, las seis y treinta minutos, de seguro toda la servidumbre ya se había levantado, camine hasta el ventanal y corrí las pesadas cortinas aún estaba oscuro, pero podía ver como toda mi gente ya había comenzado con sus tareas diarias, a las siete ellos tomaban su desayuno para luego partir con los pendientes del día anterior, los que trabajaban en la casa se pondrían a preparar el desayuno, de seguro mi madre ya estaba en pie recogiendo naranjas para el jugo nutritivo de la mañana, mi ama de llaves, debería estar corriendo las cortinas para que todo se ilumine, mi chofer de seguro traía el Periódico y las cartas y encomiendas que deberían llegar hoy. Y yo ahí, mirando y saludando a la servidumbre como era de costumbre, salvo que esta vez estaba más feliz que ayer y tal vez menos que mañana. Al cabo de unos minutos entre al baño necesitaba asearme y enfriar mis pensamientos al menos por unos segundos, el agua fría ayudo a ello y mientras terminaba con el aseo matinal, me vestí con rapidez, sentí el golpe en la puerta y a continuación entro mi madre con su jugo nutritivo – Fergus, es hora de conocer a la joven – Su vos suave y pausada me tranquilizaba, no me dejo salir sin antes beber el jugo, además traía uno para Neisha, yo deseaba dejarla dormir más, pero mi madre era clara con sus órdenes y no podía decirle que no. Camine por el pasillo mientras mi madre esperaba en la bajada de la escalera donde se encontraba la otra mini biblioteca y había un sofá de lectura, en una mesa dejo el vaso de jugo. Toque dos veces la puerta de Neisha antes de ingresar.

Quede congelado cuando no la vi en la cama,  no quise decir nada, pero  todos mis temores se hacían presentes, ella había escapado, era lógico quizás no había soportado la idea de ser libre con todo lo que le podía dar, mi cabeza parecía explotar en ese momento e ingrese rodeando la cama y vi un tumulto de colchas en el suelo, algo se movía en su interior, me arrodille y con suavidad levante las colchas y mi sorpresa fue aún más grata cuando el pequeño animalito yacía durmiendo plácidamente, me quede ahí más de lo permitido moralmente viendo como dormía, tranquilo, en paz… tape al Mapache y acerque una de mis manos a su cabeza y con cuidado le proporcione una caricia sentí como el pelaje del animalito se tensó ante mi atrevimiento pero no me podía resistir. – Neisha, Dulce Neisha – susurre tan despacio, que no deseaba despertarla pero debía hacerlo. – No es un sueño lo que ocurrió anoche… - dije algo nervioso –Quiero que conozcas a alguien – susurre sin dejar de hacerle cariño en su pequeña cabecita.  


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Re: Amaneció Dulce Neisha - Privado

Mensaje por Neisha el Vie Oct 05, 2018 4:21 pm

El silencio de la noche envolvía cada rincón de aquella inmensa mansión en la que con el transcurso de las horas se habían ido apaciguando los ligeros susurros de sus inquilinos que, aunque imperceptibles para muchos, llegaban hasta mis sentidos como una especie de dulce melodía. Estaba tan acostumbrada a los gritos y malos modos de mis cuidadores en todo momento, que aquel sonido  rítmico me arrullaba como si de una nana para dormir se tratase, creando en mi interior una percepción de paz y tranquilidad que hacía mucho que no sentía. Casi podía volver a alcanzar esa sensación  de hogar que tienen todos los niños cuando son pequeños, cuando pensaba que nada malo podía sucederme y que estaba protegida por mis seres queridos.
Fue entonces cuando  inconscientemente  sonreí con timidez  al pensar en Fergus, mi ángel de la guarda, mi salvador, mi todo.  Y es que de forma totalmente irracional, el cazador había conseguido de mí aquello que no había vuelto a conceder desde mi primera transformación, la confianza en nadie. Sin embargo junto a él me sentía tan segura, tan yo misma, que hasta había sido capaz de poner mi vida en sus manos. Más no solamente era eso lo que me sucedía con respecto al joven cazador.

Una extraña presión se alojaba en mi pecho cuando, como en aquel momento en que nuestros caminos se habían vuelto a separar, se distanciaba de mí;  desapareciendo esa ansiedad que me producía no verle cuando aparecía de nuevo a mi lado. ¿Sería miedo de que me abandonase a mi suerte, como habían hecho mis padres? Negué con la cabeza, el miedo sabía lo que era, y aquel sentimiento era bien distinto. Sin embargo no era capaz de descubrir el qué; solo sabía que su sonrisa me resultaba  más necesaria que el respirar, y su presencia tan imprescindible como cada latido de mi atolondrado corazón.

Finalmente,  había conseguido encontrar la postura idónea para dormir en aquella nueva cama – o más bien debajo de ésta- , envuelta prácticamente entre colchas y edredones que hice míos,  haciéndome  un pequeño ovillo de pelo donde introduje hasta la cabeza para mantener las orejitas calientes. El gélido otoño comenzaba a hacer estragos por las noches, cuando los rayos solares se encontraban ausentes para caldear el aire, y aquella posición me mantenía más caliente que cualquier otra. Rememorando de nuevo cada detalle de aquella increíble velada, permití que poco a poco mi mente y mi cuerpo cayesen en los brazos de Morfeo, donde todo tipo de sueños más o menos rocambolescos aparecieron ante mis ojos. Mis viejos demonios aparecieron en éstos, instigándome a que todo era un sueño y que despertaría de nuevo siendo una esclava del circo. Más de nuevo, la aparición del cazador en mis sueños me rescató de mis continuas pesadillas.

Como si mi cuerpo todavía dormido  fuese capaz de intuir la presencia de Fergus en la habitación, fui despertando poco a poco de un sueño del todo placentero donde había descansado mucho más de lo que habría pensado en un principio por tratarse de un sitio nuevo. Las caricias del cazador provocaban en mí nuevas sensaciones encontradas, donde ligeros escalofríos frutos de la sensibilidad que me transmitían sus manos, recorrían todo mi cuerpo. Fui abriendo los ojos con lentitud, deseando alargar ese momento todo lo que fuese posible. Adoraba sus caricias, adoraba su olor. Sonriendo levemente me incorporé sobre mis patas, clavando mi mirada en la suya con cariño. La dulzura de su voz me confundía, provocándome una especie de remolino en la boca del estómago que parecía hacerme cosquillas. Tal vez fuese hambre, pensé ladeando ligeramente la cabeza.

Entrecerré de nuevo los ojos mientras el cazador continuaba con sus caricias, incapaz de cortar ese momento tan especial en el que de nuevo todos mis miedos desaparecían con su presencia. Alargué una de mis patitas, acariciando con suavidad su rostro con una de ellas, empapándome de su olor, de su inimitable aroma que deseaba llevar conmigo por si volvía a separarse de mí. Asentí con la cabeza, mostrándole que comprendía sus órdenes a pesar de mi forma animal, y con un rápido movimiento me introduje de nuevo bajo la colcha, transformándome en la humana que él había conocido.

Con timidez saqué la cabeza de entre las colchas, totalmente despeinada, esbozando una tímida sonrisa.- Buenos días, mi ángel guardián.- susurré quedándome de rodillas envuelta en la colcha, ocultando mi desnudez.- ¿Qué tal has dormido?- ¿Debería confesarle que le había echado de menos? ¿Qué lo pasaba mal si estábamos tanto tiempo separados? Negué de nuevo con la cabeza; debía acostumbrarme a esa vida, y a que el cazador despareciese cuando todo volvía a la normalidad.


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Re: Amaneció Dulce Neisha - Privado

Mensaje por Fergus Sinclair el Sáb Oct 13, 2018 5:27 pm

Aquella cambiante lograría siempre sorprenderme, lo sabía y más que nada lo sentía, no podía mostrar mucha emoción al saber que estaba ahí, que ya nunca más le pasaría algo, que siempre seria como ella lo había mencionado, su ángel guardián, ¿Qué me pasaba? No creía en el amor a primera vista, más bien creía que uno tenía que conocer a la persona para saber si en realidad le gustaba o no, pero ella… si ella había cambiado algo en mi interior, si ingenuidad me había hecho quererla para mí, y podía ser un pensamiento egoísta pero deseaba que solo tuviera ojos para mí, sonreí ampliamente con sus palabras, su voz tan suave y animada me hizo suspirar, estaba anonadado con ella, con su magia aquella que era animal y humana. Quería abrazarla, quería sentir su aroma, quería saber que ya no existía ese miedo que poseía, ella desde hoy ya no sería la mujer encarcelada sino más bien seria todo lo contrario. Mi corazón en ese minuto estaba acelerado lleno de júbilo y ella era la razón de aquello. Mi dulce Neisha.

Dormí plácidamente esperando que amaneciera para poder tener tiempo de hacer todo lo que tengo planeado -  aquella era una respuesta con una mentira encubierta, solo quería que amaneciera para poder verla a ella y al menos por hoy estar todo el tiempo que me fuese posible a su lado, enseñarle lo global para luego ir con los detalles, quería que todos en la casa la conocieran, porque ahí no le faltaría nada. – Mi Madre, está esperando para conocerte -  Sonreí mientras me levantaba y rodeaba el lugar con los ojos –Vístete, para que no la hagamos esperar y no tengas miedo ella puede ser un poco estricta a veces pero en el fondo es una mujer muy cariñosa y buena madre, no es cambia formas como mi abuela no nació con el gen -  añadí como dato curioso, en realidad quería deleitarme con la vista, sin ser pervertido ni mucho menos aprovecharme de ella, sino más bien todo lo contrario.

Quiero que hoy sea un gran día para ti, además creo que estaremos muchas horas juntos -  dije con una sonrisa divertida camuflando la ansiedad que sentía por que conociera todo de día, porque la libertad que le había regalado fuera disfrutada, quería llevarla de comprar, llevarla a un restaurant, a escoger zapatos, vestidos, todo lo que ella necesitara y si deseaba una cama para sus pequeños seres también se lo daría, de eso estaba completamente seguro, y aun cuando parecía yo tener un aspecto normal mi interior estaba de fiestas, y todo era por ella… por Neisha. – ¿Cómo has dormido tú? ¿No te gusto la cama por eso dormiste en el suelo? ¿Pasaste frio? ¿Necesitas más oscuridad?- de pronto lo que no había dicho al principio se alboroto en mi cabeza y las preguntas simplemente salieron, me puse a reír mirándola cubierta con las colchas de la cama– Tenia que preguntar-  dije rascándome la cabeza – Creo que eso fue lo primero que debí preguntar, pero tengo tantas cosas en la cabeza, tanto trabajo acumulado, tanto por hacer que se me van las ideas -  Mentí, solo tenía un trabajo al menos por hoy y era todo lo que había dicho que haría con ella. Realmente me detuve un segundo al menos en mi cabeza a intentar ordenar mis ideas, pero estaba desvariando, la emoción me estaba jugando una mala pasada. – Luego de que conozcas a mi madre iremos por el desayuno, un tour por la casa de día, y de ahí de compras… aunque… - dije esa última palabra al aire mientras pensaba que al parecer anoche mi madre había dicho que contactaría a una vendedora de ropa que traía productos a la casas para facilitar las compras de quienes vivían ocupados, eso era fantástico… pero tendría que luego preguntar si aquello seria o solo eran ideas mías… que en mi alocada cabeza iban y venían.–Nada no importa durante el día veremos como organizamos nuestro dia - termine sonriendo y alejándome hacia la puerta para darle espacio, y dándome vueltas para que se pudiera cambiar en privacidad.


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Re: Amaneció Dulce Neisha - Privado

Mensaje por Neisha el Lun Oct 15, 2018 5:32 pm

Tímidos rayos de un sol otoñal  se colaban sigilosos por las algodonadas cortinas que ocultaban sutilmente las ventanas de madera noble de color blanco que formaban parte del mobiliario de  la habitación intentando; rayos que me  acariciaban con una cálida suavidad  cada centímetro de mis hombros desnudos  descubiertos por las colchas que me servían de abrigo en esos momentos, proporcionándome esa pequeña calidez de una mañana de primavera. Entrecerré los ojos relajada,  dejándome llevar por ese momento tan mágico, único,  donde nada podía ser más perfecto. Y no solo por la calidez del hogar donde me encontraba, ni siquiera por la paz y la tranquilidad que me transmitía el ambiente,  sino por aquella sonrisa que tenía frente a mí y que había sido la razón de mi despertar aquella  mañana.

La sonrisa más hermosa de todas las que había visto en mi vida, aquella que me hacía sentir cosas inimaginables con solo verla feliz. Esa sonrisa por la que movería montañas y entregaría mi vida si fuese necesario. Más no era la sonrisa la que me tenía tan hechizada, sino el dueño de ésta, mi salvador, mi ángel de la guarda, Fergus. Sonrisa que acompañaba a una voz que sería para el resto de mi vida quien guiaría mis pasos, esa que esperaba que fuese la última que escuchaba por la noche y la primera que escuchaba por la mañana.

Instintivamente acaricié con la palma de la mano su mejilla mientras contestaba a mi pregunta, ladeando ligeramente la cabeza al escucharle. Imaginaba que tendría que hacer un millón de cosas aquel día, y que por desgracia nuestros caminos se separarían durante horas; él se debía a su trabajo, y debía comprender que mi presencia allí no podía entretenerle de sus quehaceres. Pero la esperanza de saber que cada noche volvería al hogar y podría volver a verle aunque fuesen tan solo unos minutos, era lo único que me daba fuerzas para aguantar el resto del día esperando su regreso.

Asentí al escuchar por segunda vez que su madre nos estaba esperando abajo, con la intención de conocerme. No podía negar que estaba muy nerviosa, ya que temía que me echase de aquel lugar por mi condición sobrenatural, más al parecer el cazador parecía tranquilo en este aspecto y yo traté de tranquilizarme siguiendo su consejo.  Mientras tanto  me puse  en pie tras él, todavía envuelta en aquellas colchas que me hacían de túnicas hasta que tuviese momento para vestirme, y avanzando unos pasos tras Fergus mientras lo escuchaba hablar.  Me resultó curioso que mencionase lo del gen; ¿quería decir entonces que tal vez algún otro miembro de mi familia biológica fuese también cambiante como yo? Negué con la cabeza. Para mí ellos estaban muertos, igual que yo para ellos.

Una enorme sonrisa de satisfacción se dibujó en mi inocente rostro cuando recibí la mejor noticia de todas.- ¿De verdad me prometes que hoy vamos a poder pasar mucho tiempo juntos? – apunté con una voz casi temblorosa e ilusionada, acercándome a él para abrazarlo feliz. Era la mejor noticia que me podía haber dado; especialmente después de pensar que no lo vería hasta la noche después de que hubiese resuelto todos sus asuntos. Aun con una sonrisa boba en los labios, y esperando que mi impetuoso abrazo no le hubiese importunado, di un paso atrás para ver el algarabío de colchas y sábanas que había por doquier, riéndome sin poder evitarlo.

- He dormido plácidamente bien, aunque me costó trabajo encontrar la postura en un colchón tan mullido y con tanta ropa de abrigo. Finalmente di con la forma idónea  y he decir que no podría ser todo más perfecto. Entiende que llevo años durmiendo sobre un duro colchón y un fina sábana tanto en las noches de frío  como de calor.- me encogí de hombros, mirando la preciosa cama que me había designado como mía.- Esto es el Olimpo de las camas para mí.- apunté con una sonrisa, acercándome de nuevo hasta él para darle un casto beso en la mejilla.- Muchas gracias por todo, mi ángel de la guarda.- susurré a su oído, dirigiéndome después  a un lado de la habitación para poder vestirme con mi vestido viejo, mientras se quedaba junto a la puerta para darme ese espacio de intimidad que necesitaba.

Segundos después, tras haberme vestido y acicalado lo mejor que pude el pelo con las manos,  con total sigilo yendo descalza, me coloqué a sus espaldas, depositando con suavidad mi mano sobre la suya.- Ya estoy lista…no me dejes sola, por favor.- supliqué en apenas un hilo de voz. Se abría un mundo nuevo hacia mí, y no quería tener que experimentarlo sola; lo necesitaba a mi lado. Necesitaba saber que siempre me protegería, que siempre estaría a salvo. Lo miré de reojo cuando salimos de la habitación, y tras una tímida sonrisa suspiré y le solté de la mano. No quería que se sintiese presionado a llevarme como si de una niña pequeña me tratase.


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Re: Amaneció Dulce Neisha - Privado

Mensaje por Fergus Sinclair el Sáb Oct 20, 2018 8:57 pm

Sería un día diferente, un día dedicado para ella aunque anhelaba que todos los días fueran para ella, mientras esperaba que estuviera lista, sonreía mientras pensaba en mí, en como todo podía cambiar de la noche a la mañana, en como las decisiones que uno tomaba afectarían un futuro para siempre y ahí estaba con la mejor decisión que había tomado, definitivamente había ido al circo en busca de una cabeza para cobrar mi recompensa, pero me había ganado algo mejor que lo que me esperaba en el cuartel policial. Neisha aun cuando no era un premio que ostentar en una vitrina sino más bien era alguien que valía la pena todas las decisiones… Solo esperaba que las cosas se dieran, que todo se cultivara de manera afable, lenta pero con grandes raíces, porque si en ese momento pensaba ya en todo mi futuro en uno en el que esperaba con ansias ella estuviera presente. Sentí su cercanía y volví a sonreír como cual niño cuando lo llevan a comer postres, su mano se aferró a la mía y la apreté con fuerzas, al parecer tendría que acostumbrarme que me tomara la mano así de improvisto. Avance por el pasillo – No te dejare sola, al menos no hoy… y si por hoy estaremos gran parte del día juntos… espero no te aburras, no soy un hombre muy entretenido. Es más soy muy serio, mal humorado y para nada juguetón – podría ser cierto, tal vez así lo era, pero que importaba si al parecer con ella podía ser alguien que ni yo mismo conocía. Me soltó la mano y me sentí muy nervioso en ese momento, con el tiempo me había vuelto un hombre un poco frívolo para las relaciones, no era que noma gustaran las damas… sino más bien que nadie había llamado mi atención… nadie excepto Neisha.

Caminamos por el pasillo hasta llegar a la mini biblioteca que había en el segundo piso a la subida de la escala, ahí entre libreros la mesa de centro un vaso de jugo y mi madre mirando por el gran ventanal hacia el jardín de atrás, toca suavemente para que notara nuestra presencia, le toque el hombro para que se diera vueltas y con su sonrisa amigable nos quedó mirando  - Madre… ella es Neisha de quien te hable anoche – iba a seguir hablando y mi madre se levantó de su lugar y puso sus hombros sobre la cambiante – Neisha, creo que mi hijo olvido decir que tenías un dulce rostro, una bella mirada y – se dio vueltas y me miro  arrugando el entrecejo – ¡esta niñita esta desnutrida!- dijo espantada, se acercó a la mesa y tomo el jugo de naranjas – Bebe Neisha que necesitas un golpe vitamínico para hacer que tus mejillas agarren más color y hay que alimentarte, de seguro donde te tenían poco o nada te daban… te hare una dieta especial, para que tu cuerpo se acostumbre a digerir y a consumir más de lo que te daban – termino por sonreír – Mi nombre es Juliâ, Juliâ Denoir… - Mi madre conservaba su apellido de casada, uno que mi abuelo se había encargado de cambiarlo para que mi padre nunca supiera donde realmente me encontraba – Me alegra de Fergus te haya sacado de aquel lugar, ahora los dejare porque tenemos que desayunar y tengo que dar instrucciones sobre tu alimentación – ordeno, no esperaba menos de mi madre, ella había aprendido a sobrevivir con un hombre que daba nada para la familia y su oficio de enfermera le había ayudado bastante, mas a mi cuando me dejaba todo herido por sus maltratos. – Fergus, sobre en el armario hay un vestido que era mío cuando era joven… es probable que le quede a Neisha, que se ponga ese y luego bajan – sonrió con calidez y me beso la mejilla mientras bajaba la escalera.

Mire  a Neisha, queriendo mejor dicho anhelando saber que pensaba, sabía que era mucho que procesar, pero al parecer los Sinclair teníamos un Don para ser mandones y dar instrucciones sobre la vida de los demás, - Como te dije… aquí todos te amaran por tan solo ser tu– tome su rostro entre mis manos y la quede mirando con una amplia sonrisa, me acerque a ella y le bese la frente para luego soltarla delicadamente dejando una caricia en su mejilla. Corrí uno de los libros y se abrió la puerta del armario que mencionaba mi madre ahí, yacían varios vestidos, tome uno verde uno que a decir verdad me gustaba, mi madre lo ocupaba cuando yo era muy pequeño estaba seguro que le quedaría bien a Neisha – Ahora y siguiendo órdenes, pasa al baño aséate y yo estaré esperando… aquí prometo no irme a ningún lado – sonreí mientras le pasaba el vestido.  


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Re: Amaneció Dulce Neisha - Privado

Mensaje por Neisha el Dom Oct 21, 2018 5:39 pm

Avancé  en silencio unos minutos por el tranquilo pasillo acolchado con una preciosa alfombra, dejándome llevar por su mano al tiempo que  escuchaba con atención cada dulce palabra que salía de sus labios. Su voz se había convertido en mi brújula, en mi guía… en la luz del faro en medio de una tormenta,  y mientras le escuchaba,  miles de incalculables posibilidades se formaban en mi mente sobre todo lo que podríamos hacer un día entero para nosotros; anhelando que los días venideros  siempre dispusiese de unas horas para pasar conmigo. Mientras pensaba el cambio tan radical que había tomado mi vida con nuestro encuentro,  mi pulgar jugaba suavemente sobre su mano, trazando pequeños círculos sobre el dorso de ésta a modo de caricia. Un extraño sentimiento de plenitud se instalaba en el centro de mi pecho cuando Fergus se encontraba a mi lado. Era como  si en ese preciso momento, al sentir  su cercanía, su olor, su calor…no me faltase nada más.

Soneí risueña antes de soltarle la mano al llegar a una parte del pasillo donde podrían vernos otros habitantes de la casa, y era consciente de que  ese gesto podría ocasionarle algún problema.- En lo poco que te conozco has forzado la entrada a una jaula para liberarme a pesar de los peligros que ello conllevaba si te hubiesen descubierto, roto grilletes, soltado a todos los animales salvajes que se encontraban confinados en un circo para ocultar nuestra desaparición; para después salir huyendo conmigo y fingir estar ebrio cuando un animalito peludo trepaba por tu piel para esconderse.- negué con la cabeza, divertida al recordar la odisea de la noche anterior, riendo con suavidad. Me acerqué a él unos centímetros, colocándome de puntillas para  depositar un suave beso en su mejilla cuando finalmente deslié nuestras manos.- Algo me dice que no me aburriré con vos. Tal vez seas tú quien con el tiempo te des cuenta que no soy tan especial como piensas.- le guiñé un ojo, antes de  continuar el camino que me marcaba para ir en busca de su madre.

Suspiré nerviosa cuando finalmente llegamos a una preciosa y acogedora biblioteca, donde por lo que pude percibir, una humana se hallaba sentada plácidamente disfrutando de la tranquilidad del lugar. Esperé a que Fergus avanzase primero, quedándome rezagada a escasos metros tras ellos, desconcertada, nerviosa…tentada a cogerle de nuevo de la mano para llenarme de esa calma que solo él conseguía proporcionarme con su contacto. Pero no podía, su madre podría malinterpretarlo y yo no quería ocasionarle más problemas al cazador. Me tensé levemente cuando la humana se acercó hasta mí, aunque su sonrisa esbozaba dulzura y bondad, la misma que su hijo, y su aura me indicaba que no había por lo que asustarse; así fui consiguiendo poco a poco relajarme.- Gracias.- apenas me dio tiempo a susurrar sonrojada al mencionar que tenía un dulce rostro, antes de que sus manos se pusieran sobre mi cuerpo y fuese consciente de que tal vez debería tener un poquito más de carne sobre esos huesos escualidos. Pero no era para tanto, siempre había sido de tamaño menudo y poco comedora. Miré a Fergus buscando una salvación, pero algo me decía que si su madre se empeñaba que en que tenía que comer, acabaría comiendo si o si.

Acepté el zumo que me tendía de buen grado, olisqueándolo inconscientemente antes de comenzar a darle pequeños tragos, manteniendo el vaso entre mis manos como oro en paño, temiendo que se me resbalase y se hiciese trizas. Hacía demasiado tiempo que no usaba útiles delicados para comer, y temía despistarme. –Gracias señora, le agradezco todo lo que están haciendo por mí. Tanto vos como su hijo son demasiado buenos conmigo. - me sinceré, depositando por último la mirada en el cazador, incapaz de desviar mis ojos hacia otros lugar. Me mordí el labio inferior nerviosa, bebiendo de vez en cuando de ese delicioso zumo, sintiendo que algo extraño sucedía en mi interior cuando la mirada del cazador y la mía se cruzaban por casualidad.- Me daban manzanas.- susurré como respuesta a sus dudas sobre los que me darían de comer, volviendo a centrar la vista en esa mujer enérgica que tenía más que claro lo que quería hacer conmigo.-  Pero mamá de Fergus, no quiero suponer ninguna molestia. Puedo alimentarme de cualquier cosa- apunté inocentemente con una dulce voz, encogiéndome de hombros. Sonreí ante el ímpetu de aquella mujer que parecía dispuesta a hacer cualquier cosa para ayudarme, siguiéndola con la mirada, mientras daba las últimas indicaciones a su hijo antes de marcharse.- De verdad que jamás podré agradecerles lo que están haciendo por mí.

El cazador se despidió de su madre mientras yo me quedaba absorta en mis pensamientos.  ¿Qué sucedería cuando viesen todas esas cicatrices y heridas todavía sin cerrar? ¿Y las decenas de golpes amoratados que recorrían todo mi cuerpo? Negué con la cabeza; tal vez todo desaparecería antes de que pudiesen verlos. La calidez de las manos de Fergus me sacaron de mi ensimismamiento, y durante unos segundos cerré los ojos dejándome llevar por su olor, por su calor.- Tu madre es encantadora, Fergus. Ojalá la mía hubiese sido así alguna vez. Tenéis mucha suerte de teneros, y yo tengo mucha suerte de que tu madre te inculcase unos valores tan nobles.  Así que imagino que no solo debo de darle las gracias por cuidarme ahora, sino por  permitirte existir.-  sonreí con timidez por lo que terminaba de decirle, abriendo los ojos de nuevo cuando tras su beso en mi frente se alejó de mí, provocando que un repentino escalofrío  recorriese toda mi espalda. Parecía que el frío y la desconfianza de antaño tratasen de llegar a mi corazón cada vez que él se alejaba.

Observé con atención cada uno de sus movimientos, suspirando tontamente cuando lo vi aparecer con un precioso vestido de color verde.- No tardaré, lo prometo.- susurré cogiendo con suavidad la prenda de ropa que me cedía, perteneciente inequívocamente a su madre por el olor del que éste percibía. Tras darle un suave beso en el cuello, marché hasta el cuarto de baño que me indicó, desnudándome por completo antes de vestirme. El reflejo que me devolvía el espejo era espantoso; ojeras y huesos marcados por todas partes eran parte de mi aspecto; el pelo desaliñado y un aspecto que jamás resultaría atractivo para un hombre. Y mucho menos para Fergus. Cogí una tinaja con agua caliente y jabón que había allí y comencé a asearme antes de ponerme el nuevo vestido que esperaba que me quedase la mitad de bien que a su madre. Mi cuerpo no era el mismo, y esperaba que algunas marcas de la espalda quedasen ocultas bajo mi cabello; que esta vez pude peinar con gracia y dejar medio recogido a la espalda.

Minutos después salía del baño con otro aspecto, limpia y con un vestido que no hubiese dicho cual había sido mi terrible pasado antes de encontrarme con Fergus.- Ya estoy lista, creo.- susurré a sus espaldas, con una tímida sonrisa.- ¿Crees que me queda bien?- pregunté dando una pequeña vuelta, antes de dar un paso hacia él, con un brillo inusual en la mirada que era difícil de no ver.- Tu madre nos estará esperando, y luego podremos disfrutar de ese día para nosotros solos.- apunté ilusionada, colocando esta vez mi mano en su antebrazo, como había visto hacer a otros humanos cuando caminaban paseando juntos. Imaginaba que ese gesto no tenía nada malo.


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Re: Amaneció Dulce Neisha - Privado

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