Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Expectations [Héctor Lebeau-Fortier]

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Expectations [Héctor Lebeau-Fortier]

Mensaje por Annabeth De Louise el Lun Oct 08, 2018 2:25 am

Tiene conocimiento que muchas cosas que pasan en el mundo son inexplicables, que otras tienen un razonamiento más rebuscado, más tras su último encuentro con un objeto que poseía su madre antes de morir y la cadena consecuente de investigación hasta encontrar al final, que era el ojo de Horus, la obliga a pensar que quizá, sólo quizá, los dioses existieron. Se niega todavía a reconocerlo porque eso significaría tener que reescribir la historia y para alguien como Annabeth, es un caos muy grande como para aceptar hacer tal lío. No sin fundamentos al menos. Y cuango Aglaia llegó a su mansión diciendo que traía un regalo de cumpleaños, pensó que podría ser un vestido, una espada conociendo a la espartana, quizá un libro. Y no. ¡Oh no!

La vampiresa decía que le tenía una entrevista con Héctor Lebeau-Fortier, la inglesa pensó que quizá era un nuevo historiador, un agente de la inquisición que buscaba ponerla en jaque, quizá con el mismísimo Papa o quizá con el Rey de Francia. ¡No! Cuando Aglaia regalaba algo, se preocupaba porque fuera épico. Todavía tiene la boca entreabierta de cómo se siente cuando piensa en ello. Le consiguió una entrevista con Héctor Lebeau-Fortier, vampiro y el mismo Céo, el Titán del Conocimiento. ¡El titán del conocimiento! ¿Y qué se hace para ir a ver a alguien así? Primero investigar todo lo que se puede de él para no llegar con cara de circunstancias. Informada es lo primero. Segundo, buscar qué regalarle. Es un Titán, no cualquier hijo de vecina. ¿Qué darle, qué darle? Y tuvo que sumergirse en las profundidades de Phoenix para encontrar un obsequio a la altura y de paso, uno que no fuera peligroso, por Dios.

¡Y por supuesto, que tuviera cierta información porque si resultaba que la vasija que le diera era la que sacaba a los Titanes de su confinamiento, crearía el fin del mundo!

El tiempo para preparar la entrevista no fue suficiente, nunca lo serían, por supuesto. Al menos, no para el gusto de Annabeth quien esa noche, ya en el carruaje llevándola a su destino, se había vestido con sus mejores galas de la época, intentando que su maldito griego funcionara lo suficiente para agradar al Titán que ya Aglaia le había dicho que le gustaba recordar viejos tiempos y con el obsequio que, esperaba, fuera agradable a sus ojos. No quería ser sentenciada a ser una imbécil el resto de su existencia y no sabía a ciencia cierta, qué tanto era verdad que había perdido sus poderes al salir del Tártaro y se convirtió en vampiro. A ella, eso le provoca miedo por lo menos.

Aglaia había prometido acompañarla, más esa noche, envió una nota para indicarle cómo llegar, pidiendo que la disculpara con Héctor porque estaba en un asunto "de vida o muerte". Ni siquiera se atrevió a renegar, se subió al carruaje y se dirigió hacia allá. Justo cuando el lugar queda a su vista, siente que las piernas le tiemblan. ¡Por los Dioses, que conocería a Céo! Corrección, ¡Por Gea! Sí, mejor así porque si se le ocurría invocar a los dioses, no sabía cómo reaccionaría el Titán. Se baja del carruaje arreglando su vestido antes de tomar su bolso con la pequeña caja dentro. Se presenta en la entrada y anuncia su llegada tocando la puerta, espera paciente en el umbral, intentando no parecer demasiado nerviosa. En cuanto aparece, es como si tuviera un resorte que de inmediato la hace ponerse rígida.

Hace un saludo con la cabeza susurrando con el mejor griego que ha cultivado en años - buena noche, mi nombre es Annabeth de Louise, me dijo Aglaia que la disculpara, pero que no podría estar aquí por un asunto urgente. Es un placer conocerlo, señor Lebeau-Fortier - agradece su divina y cuasi perfecta memoria, de lo contrario, se habría quedado mirándolo con la sorpresa en los ojos porque en algo tenían razón todos los historiadores: no hay mejor prototipo de belleza masculino, que el griego.


Última edición por Annabeth De Louise el Jue Oct 25, 2018 9:27 am, editado 1 vez



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Re: Expectations [Héctor Lebeau-Fortier]

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Mar Oct 23, 2018 3:18 pm

Si se hubiera tratado de cualquier otra visita, habría ordenado a cualquiera de sus acólitos que la acompañase desde la puerta hasta la biblioteca, donde él se encontraría, disfrutando de un libro y de una copa de vino tinto. Pero aquella visita era especial. Era una mente ávida de conocimiento, un cerebro ágil dispuesto a absorber todo lo que él pudiera o quisiera mostrarle. Y para alguien que valoraba tanto el ansia de conocimiento, ese detalle hacía que mereciera la deferencia de que él saliera de su santuario que olía a papel, cuero y leña ardiente, y fuera a recibirla a la entrada.

Ataviado con un traje de chaqueta gris oscuro, con chaleco y la camisa blanca, con la barba bien recortada y pulcramente peinado, Héctor abrió la puerta de su mansión para dejar paso a la muchacha. La observó de arriba a abajo con ojo crítico, oculto tras esa encantadora sonrisa que se volvió más natural cuando la escuchó dirigirse a él en su lengua natal.
-Me ha hecho usted el mejor de los regalos, señorita -dijo con su característica voz de barítono, en un mundano francés, dominado desde sus inicios, mientras dejaba un beso en el dorso de la mano de la joven. El cambio de idioma se debía a que pensaba que ella se sentiría más cómoda hablando de forma más cotidiana-. Escuchar una voz tan dulce hablando la lengua de los dioses es el mejor obsequio que podía otorgarme.

Pero aceptó igualmente el detalle material, porque era altamente interesante y pensaba desentrañar sus secretos poco a poco. Con un gesto de la mano, la invitó a pasar y recorrer el camino hacia la biblioteca.
-Aglaia está más que disculpada. ¿Me acompaña, por favor? ¿Puedo ofrecerle algo para tomar?

Todo en el vampiro irradiaba su personalidad. Soberbia y peligrosa. Bajo esa cuidada amabilidad y esos perfectos modales, se escondía un ser que podía ser desalmado y cruel. Voluble y caprichoso, Ceo podía perder el interés en aquella mujer con la misma velocidad con la que éste había nacido. Pero igualmente podría mantener esa relación eternamente si ella le resultaba lo suficientemente atrayente, como en ese momento en que todavía desconocía su verdadero potencial y se fiaba de las palabras de la espartana, a la que tenía en mayor consideración de la que le reconocería.

Se detuvo a la entrada de la biblioteca, de ese pequeño templo de conocimiento que tenía en su mansión. Una pequeña muestra de todos los tomos que había tenido entre sus manos a lo largo de los siglos.
-Adelante, señorita. Póngase cómoda.

Abrió la puerta para ella y le cedió el paso. En el interior de la sala, la chimenea crepitaba, arrancando reflejos anaranjados de las estanterías repletas de libros y pergaminos enrollados. Sobre el escritorio había un juego de pluma y tintero, varios papeles, perfectamente ordenados y listos para escribir. Junto a la mesa, una bola del mundo de madera noble.


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Re: Expectations [Héctor Lebeau-Fortier]

Mensaje por Annabeth De Louise el Vie Oct 26, 2018 8:57 am

¡Por Gaia! Al menos pudo pasar el umbral de la puerta después de depositar en su mano, como si fuera un infante llevando un recado, la caja que contenía algo que a él le parecería curioso. Eso ya es un rotundo éxito. Lo que pase después, será por su propia mano porque lo primero que Aglaia le advirtió es que si Céo la descalificaba en la primer vista, hacerlo cambiar de opinión sería imposible. La sonrisa genuina del hombre le relaja un poco. Lo suficiente para recobrar las riendas de su conducta y personalidad sonriendo con agrado al recibir el beso en el dorso de la mano como acostumbra la sociedad. Esas son las pautas que reconoce y a las que se adapta con facilidad. Lo que parece que él también domina, entonces tiene otro punto a favor. - No tiene por qué agradecer, el griego es una lengua que por sí es evolución. Sobre todo, si consideramos que el actual está impregnado por las variantes lingüísticas provenientes de su paso desde la koiné o griego común, hasta el griego medieval, no puedo darle el gusto de hablar la lengua de los dioses con propiedad. Para eso, necesitaría un mentor que me enseñara los cuatro dialectos básicos que formaron el griego oriental y el occidental en el período pregriego, es decir, el jónico y aqueo para la primera rama y el dórico y eólico para la segunda. Aunque propiamente lo que debiera aprender sería el ático, que fue el que primó durante la época de la Grecia clásica por encima de los demás dialectos, aunque se aprecia que Sófocles, Platón y Aristóteles tenían una fuerte influencia del jónico y... - se le para la lengua cuando lo observa de pronto.

Su colmillito atrapa su labio inferior con fuerza haciendo que guarde silencio en tanto sus mejillas se tiñen de carmín - lo lamento, usted ya sabe todo eso, en ocasiones no puedo refrenar la lengua, tendré cuidado de ser prudente con mis opiniones - siente la opresión en el estómago que se niega a irse. Baja la mirada para apreciar la caja que dejó en su mano como obsequio, antes de decir nada, asiente con la cabeza - le acompaño donde guste, una copa de vino tinto estaría bien, por favor - le sigue con paso medido, cuidado y controlado. Aprieta los dientes para no decir nada más inoportuno. A veces, la boca la pierde. En cuanto le permite entrar a su terruño, sonríe al ingresar mirando todo lo que tiene con la prudencia de mantener los pies en su sitio. Sería muy grosero, tras su discurso, ir corriendo a ver los libros que un ser como Céo podría tener. - Sí, gracias - se acerca a uno de los sillones, poniendo el bolso a un lado y toma asiento con recatados movimientos.

Sus ojos incansables, recorren cada tomo, entornando a veces los párpados para fijar mejor la mirada y ver los títulos. - Esta biblioteca es un sueño hecho realidad. ¿Algunos de los tomos son auténticos? Es decir, ¿Son copias o bien, originales? Ah, cierto - su mirada vuelve a la mano del Titán, señalando con el índice - su obsequio viene en camino, lo que le dí, es la llave que abre el cofre que lo contiene. Me disculpará, pero tuve que enviar a por él y por cuestiones de clima, tardarán al menos media hora más en entregarlo. Espero no le moleste que haya dado su dirección, las personas que lo traen son de confianza y en cuanto se vayan, olvidarán que lo trajeron aquí - promete esperando ser cordial y no invasiva. - Lamento si soy muy impertinente, hace poco descubrí que Odín existe, al igual que Horus y Seth. Eso abre una brecha en mis conocimientos de forma inexplicable. ¿Por qué si existen, dejan que el dios católico esclavice a la humanidad? ¿Acaso es cierto lo que dice la Biblia, que ustedes eran paganos y por ello, él tenía mayor poder y los sometió? Si parece impertinente mi pregunta, me disculpo, sólo que me es incomprensible - se encoge de hombros.

El conocimiento es poder, nadie mejor que Céo podría entender lo que significa. Para una humana como Annabeth, tanta potestad enterrada y oculta, es como una pesadilla. Pudiendo hacer de este mundo algo mejor, dejan que los humanos se revuelquen en una religión que pugna por la oscuridad del conocimiento. Se sabe que Zeus así lo quería cuando castigó a Prometeo por darles el fuego a los hombres. Propiamente no fue el fuego, si no el don de la tecnología y el aprendizaje científico. Cualquier ser humano estaría satisfecho con saber que el mundo es de una manera, sólo que la inglesa dista de conformarse con eso. Como estudiante y descubridora de nuevos textos, le gusta pensar, analizar y concluir. - Sé que dicen que el conocimiento no es para todos y me considero quizá indigna de estar en su presencia. Sólo soy un mortal y agradezco el tiempo que me concede, señor - así sea sólo media hora, es suficiente para ella. Es cumplir su más grande sueño: alguien con aprendizajes ilimitados que le dé al menos una respuesta a sus preguntas metafísicas.



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Re: Expectations [Héctor Lebeau-Fortier]

Mensaje por Hector Lebeau-Fortier el Jue Nov 08, 2018 5:00 am

Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no echarse a reír a carcajadas cuando la muchacha comenzó a hablar sin parar de los orígenes lingüísticos del griego actual y cómo había evolucionado desde aquel que hablaban en el Cosmos. Aunque no pudo ocultar la diversión genuina que asomó a sus ojos. Estaba gratamente impresionado con ese despliegue de conocimiento. Había esperado a una chiquilla sabihonda y que se regodeara en su propio e insignificante conocimiento. Pero tenía ante sí a una mujer que hablaba con pasión, que destilaba reverencia y curiosidad por la información, una muy, muy grata sorpresa.

-Oh, por favor, no lo sea. Ya tengo suficientes mentes pobres dispuestas a decirme lo que creen que quiero escuchar a cambio de negocios favorables, rédito social o político o cuestiones más… privadas. No caiga en ese error, señorita de Louise. Si le he abierto las puertas de esta casa y del conocimiento que alberga es precisamente porque Aglaia me dio a entender que podríamos dialogar y discutir opiniones contrapuestas en igualdad.

Sirvió las bebidas y le ofreció una de las copas, de fino cristal, con el pie alto y delgado, de líneas limpias y elegantes, sin más recargo y ostentación que la propia de los brillos que arrancaba el fuego del cristal.

-Algunos tomos son auténticos, sí. Otros son copias que he conseguido bien porque los originales pertenecían ya a museos y otras entidades y no me pareció oportuno despojarlos de ellos, bien porque el estado de los originales no permitía su manipulación. Elija uno esta noche, puede llevárselo, con la condición de que lo devuelva en el mismo estado cuando lo acabe.

Se acomodó en su sillón, lo bastante cerca de Annabeth para que la conversación tuviera un ambiente confiado, pero sin llegar a la intimidad. Probó el vino y lo paladeó un momento, como si usara ese tiempo para meditar una respuesta adecuada.
-Los dioses, todos ellos, los nórdicos, los clásicos, los actuales… hemos existido desde siempre y siempre lo haremos. ¿No ha encontrado la cantidad de similitudes entre unas historias y otras? Dígame, ¿qué diferencia hay entre Odín y Zeus más allá de las historias sesgadas que cuentan los mortales? ¿Qué separa a éstos del actual dios cristiano? Apenas unos siglos y un cambio en el mundo mortal. Antes, los hombres encontraban gloria en la guerra y rendían tributo a Ares o a Atenea. Marte o Minerva, si lo prefiere. Sólo cambia el nombre con el que los mortales los llaman. Exactamente igual ocurre ahora, los humanos toman un dios y le dan forma según sus necesidades. Si quieren tener uno solo, dejan de nombrar al resto y concentran todos los atributos en un solo ser al que culpar de sus desgracias. Si quieren tener varios, tienen cientos de panteones diferentes para elegir. Pero la verdad total y absoluta, mi querida señorita, es que los Dioses habitan en el Cosmos, todos, sin excepción, y jamás va a saber si ése al que llaman Odín es el mismo al que otros llaman Ra, o Zeus. Podrían ser la misma esencia, adoptando diversas formas a la hora de mostrarse ante los mortales. O podrían ser realmente tres deidades opuestas y diferentes, repartiéndose el mundo a trozos. La pregunta no es si somos o no los mismos, si nos sucedemos o nos cambiamos de nombre para seguir dominando a los mortales una edad más. La pregunta es ¿qué quiere creer usted al respecto? ¿Cuál es la verdad que le permitirá dormir cada noche sintiéndose a salvo porque, cuando muera, el dios en el que crea la espera para llevarla a un lugar mejor?


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Re: Expectations [Héctor Lebeau-Fortier]

Mensaje por Annabeth De Louise el Lun Nov 12, 2018 7:57 am

Aglaia fue muy categórica cuando le habló de Héctor, le advirtió que a él no le iban las personas soberbias porque no hay ser más soberbio que él. Decir que la amedrentó con cada frase que le dijo de él, es poco. Annabeth siente que pisa un suelo pantanoso al menos en esta primera vista. Si se da un contundente éxito, ya en las siguientes reuniones puede ser que se sienta mejor, pero ahora está justo en la línea de lo que quiere hacer, lo que debe y lo que teme. Tiene un punto a favor, esa mirada divertida con lo del lenguaje, le relaja un poco y sus palabras a continuación, hacen lo suyo. Recuerda lo que la vampiresa le dijo: "Sólo sé tú y listo". Como si fuera tan fácil estando en presencia del ser más enigmático de todos, el que deseara conocer con todas las fuerzas de su ser y ahora que está frente a ella, no sabe cómo empezar.

Toma la copa, el objeto es tan simple en sus líneas que es más que elegante y distinguido. Comprende lo que alguna vez le dijera su padre sobre las personas. No se necesita poner más adornos en alguien que por sí brilla. Y Héctor lo hace por sí mismo. Aparte de ser un hombre demasiado atractivo, tiene una mente aguda y si hay algo que a Annabeth le guste, es eso: una persona que entienda lo que es conversar y no discutir sin bases. El ofrecimiento la deja con la boca abierta, que de inmediato es sustituido por la más grata sonrisa. - No sé por dónde empezar, tiene tantos tomos interesantes - se sonríe contenta. El vampiro se coloca a su lado, dejando una distancia prudente entre ellos, lo cual agradece porque así podrá admirar su forma de hablar. Dicen los poetas que cuando Céo hablaba, el firmamento se abría para escucharlo. Y tal cual, ella abre los sentidos para apreciar las palabras de alguien que por experiencia, sabe lo que hay en el interior de las deidades.

Se queda pensado con las preguntas - tiene razón. Hay similitudes entre ellos, como también rasgos discordantes. Zeus jamás fue tuerto en su apariencia divina, ni se le daba la sabiduría como parte de sus atributos. Aunque si se contempla que Athenea nació de su cabeza y por ello fue la diosa de la sabiduría, se podría concluir que Zeus fue el que detentó ese atributo hasta el nacimiento de su divina hija, pero eso fue en el panteón griego - su voz es suave, a un tono bajo para un humano, perfecto para un sobrenatural dando nota de que está acostumbrada a dialogar entre ellos. Observa la copa - si hablamos de los dioses romanos y los egipcios, ahí sí son una calca de los griegos. Ya se dice que los griegos fueron a Egipto y tomaron los atuendos del lugar siendo ellos quienes enseñaron al pueblo egipcio y lo cuidaron. O que los romanos sólo atinaron a cambiarle los nombres, por eso Júpiter tiene las mismas características de Zeus - se encoge de hombros.

Se queda meditando durante unos instantes - lo cierto es que para mí, no hay un dios como lo indican los católicos. No hay a quien acusar de mis desgracias porque considero que cualquier dios podría susurrar al oído de un humano, pero para eso los dioses les dieron el libre albedrío. Podrán abogar, aconsejar o instigar, pero quien decide es el hombre. ¿Por qué voy a considerar que toda la culpa de que oculten del conocimiento es porque usted no mueve un dedo? Sólo que el dios católico, Javeh, Jehová o como le quieran llamar, tiene ahora una influencia en la humanidad que es aclamada por el oscurantismo. No me refiero a aquélla época pasada, si no a la predisposición a tachar de satánico todo conocimiento. Ya se sabe que han quemado a científicos todo porque tienen artes diabólicas cuando sólo es ciencia. Y la propia Inquisición tiene entre sus filas a tecnólogos. La diferencia es que ellos sirven a la obra de Dios, pero en ningún momento las tablas de Moisés o bien, Jesucristo dijeron que los hombres no debían aprender y avanzar. Sólo pedían que fueran devotos a su dios. Ahí es donde el intelecto del hombre se entromete y se siente divino - chasquea la lengua.

Se pone en pie dando un pequeño trago a la copa ahora que le han dado rienda suelta a sus impulsos. - Con su permiso - , quizá sea contraproducente para un ser como Annabeth, que se acerca a los libros con el dedo índice paseando por los tomos más cercanos al escritorio, buscando uno que se note esté más manipulado porque seguro que es esa una de las lecturas favoritas del Titán. - ¿Qué importa si las valkyrias, las furias o los Halaku vienen a por mí cuando muera? Celebro a cada Dios celta, vikingo, griego, romano, egipcio, incluso al católico. Lo que no celebro son las prácticas humanas donde lo divino deja de tener ese carácter para convertirse en algo vulgar - elige un libro, el más usado para mirar a Héctor con una sonrisa tenue - ¿Por qué esta lectura más que las otras? ¿Qué tiene para que le atraiga tanto? Me causa curiosidad entender en mi limitada psique, cómo alguien tan omnipotente en el conocimiento, elige una lectura para considerarla su favorita - explica sus intenciones con interés genuino. - Si el Titán del Conocimiento todo lo sabe, ¿Qué le atrae de un autor humano? - es eso lo que le interesa. ¿Cómo un ser divino se interesa en alguien tan vulgar como un hombre y sus ideas?



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Re: Expectations [Héctor Lebeau-Fortier]

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