Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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La vida pirata // Privado

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La vida pirata // Privado

Mensaje por Faye el Lun Oct 08, 2018 7:41 am

Acababan de regresar de su viaje al Mar de las Promesas. La pirata había recueperado la audición, pero había sido algo progresivo y confuso. Aún le costaba comprender algunas voces, pues todo parecía hacerse eco en su cabeza y entremezclarse con extraños sonidos que nada tenían que ver con los verdaderos ruidos que la rodeaban. Aún así, consideraba aquel hecho un milagro y apreciaba enormemente a William y su amigo Valiont por haberle sugerido que se dirigieran a ese lugar para conseguir cumplir uno de sus deseos. El precio a pagar no había sido bajo, pero toda la tripulación se había volcado en ayudar, algo que hizo que Faye les cogiera más aprecio aún del que ya les había cogido durante las semanas que tardaron en llegar a su destino. El retorno había sido más complicado, porque el tocar cosas del oído le había provocado inestabilidad en el equilibrio y había acentuado gravemente las náuseas ocasionales por los cambios en las mareas.

El Sleipnir había llegado a puerto la noche anterior y todos los piratas habían salido a celebrarlo, emborrachándose hasta quedar casi inconscientes en distintas tabernas de la ciudad francesa. La rubia se había quedado descansando en el camarote del Capitán, alegando necesitar reposo después de tantos altibajos físicos. Esa estancia la compartían El Perro, Gauldr y Faye, un extraño reparto que el propio William había organizado. A la ex prostituta le había parecido bien, ella no tenía problemas en desnudarse delante de otros hombres y Bones se había convertido en un buen amigo y protector inseparable. Se sentía segura con él a su lado y el gran tamaño del de la sangre de gigantes, le hacía también reconfortable. No solía conversar mucho, pero su sonrisa era afable y eso a la rubia se le contagiaba de algún modo inexplicable.

Estaba recostada en su catre, boca abajo, abrazada a la almohada. Escuchó un grito en cubierta y se despertó de sopetón, alzándose sin pensar y se dio un golpe en la cabeza, porque ella ocupaba el lado más bajo de la cabina, el del techo en cascada. -Joder...- Gruñó, frotándose allí donde esperaba no terminara por salirle un chichón. Giró sobre el colchón, apoyó los pies en el suelo y con la camisa grande que usaba para dormir, agarró el cinturón con los pistolas y descalza como estaba, subió a toda prisa los escalones, abrochándose el cinto. Se detuvo antes de llegar arriba y observó desde allí lo que alcanzaba a ver desde aquella posición. No había nada, lo que le hizo fruncir el ceño. Ascendió otro peldaño, asomándose un poco y miró a ambos lados. Aún nada.

A punto estaba de regresar al camarote para continuar durmiendo, cuando escuchó de nuevo aquel quejido. Por un impulso, seguramente contagiada tras varios meses de convivir con alocados piratas, de un salto salió a cubierta, dando una especie de voltereta sobre los tablones, porque si no había visto nada delante ni a los lados, la única posibilidad restante era que quien fuera o lo que fuera, estuviera detrás. Aterrizó girada, con una rodilla hincada en el suelo y la otra flexionada. Las manos a las culatas de sus pistolas. Lo que vio le hizo arquear las cejas, mas no desenfundó. -¿Gauldr?-


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Re: La vida pirata // Privado

Mensaje por Corbin Lockwood el Mar Oct 09, 2018 5:41 pm

Corbin se dejaba llevar por las mareas y por el Sleipnir, su moral se había convertido al gris, después de tanto tiempo conviviendo y siendo cómplice de las fechorías de William Bones era imposible no verse manchado por ello. Nunca se había considerado un alma pura, todo lo contrario, pero pensaba que sabía distinguir lo que estaba bien de lo que estaba mal. Cuantos más días pasaba al lado de la alocada, aunque fiel, tripulación más se daba cuenta de que iba perdiendo los escrúpulos. No sabía cuánto le había afectado a su forma de ver la vida, pero lo que estaba claro era que él había cambiado, para bien o para mal. La fea verdad era que se había echado al mar con la esperanza de morir de una buena vez, no era cobarde para quitarse él mismo la vida, pero así como era incapaz de infligir daño físico a los demás a él mismo tampoco..Patético, pero cierto.

Sin embargo nadie de la tripulación lo sabía, solo Williams, de todos era sabido que el gigantón era bastante pacífico pese a su aspecto, por fortuna la mayoría de hombres se pensaban muy mucho el provocarle por miedo a la reacción que él pudiera tener, el tamaño de sus músculos imponía fueran funcionales o no lo fueran. También gozaba de una paciencia santa, equiparable a la lealtad que sentía hacia William y hacia el Sleipneir, cualquier hombre podía sincerarse con él, no provocaba altercados, era de los que calmaban la situación y veía el lado positivo a todas las circunstancias, pero no escatimaba en castigos si era necesario o en prevenir una catastrofe si alguno de los tripulantes era muy problemático, hasta el punto de comprometer la unidad de esta.

Por otro lado, era un ser taciturno, parecía alegre y participaba en algunas chanzas y comentarios populares, pero por lo general disfrutaba del trabajo en silencio y se recocía en una soledad que solo existía en su mente. Se perdía a menudo en sus propios recuerdos y había algo triste en su forma de mirar, a pesar de sonreír o fingir que todo estaba bien. Un dolor profundo, que no tenía nada que ver con el cuerpo. Si uno se plantaba a pensar seriamente sobre qué sabían de Gauldr, la realidad era que él no se abría a nadie.

La llegada de Faye al barco fue un verdadero shock para él, pretendía huir de su pasado y de lo que era, hacerse un nuevo Corbin, convertirse en otra persona con un pasado promedio de madre prostituta y padre borracho que era el gran resumen de la vida pirata en general, pero encontrarse con una compañera de profesión le asustó. No quería que confraternizaran porque no quería que Faye se diera cuenta de lo que fue una vez, no confiaba en ella, porque había aprendido a que los secretos expuestos no eran más que una puerta abierta al dolor y a la vergüenza. No se sentía cómodo con ella, aunque lo fingía y como buena prostituta, fingir se le daba excepcionalmente bien.

Compartir el camarote con Faye y William trajo todo tipo de discusiones entre el licántropo y el gigante, pero como él mismo se negaba a que Faye durmiera con el resto de los hombres, finalmente accedió a dormir todos en el mismo lugar...Durante una noche, en cuanto la rubia se desnudó la primera vez así sin más, se dio la vuelta y bajó voluntariamente a las hamacas a dormir con el resto de los hombres. Los comentarios sobre el capitán echándole para poder echar un polvo a gusto todavía flotaban a modo de chanza en el ambiente pero después de unas semanas le fue importando menos. Que los hombres pensaran lo que quisieran, la única verdad era que se sentía incómodo cuando alguien se desnudaba, el sentimiento se multiplicaba si esa alguien era Faye. De hecho, era el más vestido de la tripulación, salvo por el hecho de ir descalzo, siempre iba con la camisa puesta, daba igual el calor que pudiera hacer, lo desgastada, rota o sucia que pudiera estar la prenda, él siempre llevaba los botones abrochados y las mangas ceñidas a las muñecas.

Aquella noche no podía dormir, se preguntaba cuál sería el siguiente paso del capitán, que siempre solían ser una locura, pero cuando era consciente al menos se sentía más tranquilo. Podrían ir hacia el infierno pero con los ojos bien abiertos. La noche era cerrada y las estrellas brindaban muy poca luz sin la luna, los ronquidos y el crujir del navío eran los únicos sonidos, no había posibilidad de leer pese a la quietud así que decidió hacer lo que mejor se le daba: Transportar cargas.

Ahora que volvían de haber recuperado el oído de la mujer, las semanas habían pasado volando al igual que las provisiones, pero las cajas se acumulaban a menudo y todo se entremezclaba, a medida que pasaba el tiempo, aumentaba el desorden, pese a que él era exageradamente pulcro, no todos lo eran y creía en dar treguas a los hombres cuando estaba claro que todos necesitaban un descanso. Volverían a la mar, como todos los marineros, pero necesitaban pisar tierra para no volverse locos y matarse los unos a los otros. Así que recogió varias cosas, moviéndolas con toda tranquilidad, sintiéndose mucho mejor ahora que tenía algo con lo que matar el tiempo y los recuerdos. Hasta que se resbaló con algo viscoso.

No era especialmente torpe, pero cuando un pie desnudo se posa sobre algo baboso y deslizante con todos los kilos de un cuerpo del tamaño de Corbin más los kilos de las cajas que transportaban, los resultados nunca podrían ser buenos.

Se resbaló perdiendo el equilibrio, la desesperación por recuperarlo le hizo tambalearse para no perder las cajas mientras se deslizaba escalón a escalón de la popa hasta perder completamente la noción de arriba y abajo y acabar con la cabeza metida entre la barandilla de las escaleras del otro lado, con la enorme caja a unos cuantos metros y otra totalmente reventada con los peces aun vivos saltando por la cubierta del barco en un desesperado intento de conseguir oxígeno.

Al principio lo único que sentía era correr la sangre por uno de sus ojos, no sabía ni dónde estaba, pero se había metido tal leñazo como para "volar" por encima de una de las barandillas de las escaleras y aterrizar en la otra, astillando parte de la madera en la que había aterrizado. Se quejó por el dolor, sin ser consciente de que había gritado al resbalarse. Si no había echado abajo la barandilla de la escalera era por simple milagro.- Ooggh..--Volvió a quejarse, pensando que se había partido la cabeza. Cerró los ojos en busca de tranquilidad, respiró profundamente varias veces esperando que el dolor se aliviara y poco después apoyó las manos donde pudo, apartando trozos de madera de la caja y peces por igual, intentó levantarse y se dio cuenta..De que se había quedado completamente atorado entre las barandillas..Que no podía sacar la cabeza.

Empezó a entrar en pánico, no podía tener tan mala suerte..¿Cómo cojones había metido ahí la cabeza? ¡Si tenía un cebollón enorme! Intentó hacerlo por la fuerza, echándose hacia atrás, en el tercer intento escuchó la puerta del camarote de William abrirse de golpe y se quedó rígido. Escuchó una especie de trote por la cubierta, luego silencio. En la mente del gigante solo había un mantra: "Que no sea Bones, que no sea Bones." Y entonces escuchó la voz de Faye y apretó los labios.- ....Ni una..Palabra.




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Re: La vida pirata // Privado

Mensaje por Faye el Lun Oct 15, 2018 11:00 am

De todas las cosas que se le podían haber pasado por la cabeza a la rubia que fueran originarias de aquellos quejidos, ninguna se asemejó en momento alguno a lo que llegaron a ver sus ojos en aquel instante. El grandullón, el descendiente de gigantes, con la cabeza atorada entre dos barrotes de madera de la barandilla de cubierta. Ni siquiera pensó "¿Cómo habrá ocurrido?" o "¿Estará bien?", sencillamente parpadeó un par de veces y, sin aún levantarse siquiera, sino que, al contrario, hincando la otra rodilla en el suelo, se cubrió el rostro con ambas manos y se echó a reír con todas sus fuerzas. Cualquiera en su lugar hubiese hecho lo mismo, sin dudarlo, bueno, tal vez Gauldr fuera la única excepción a aquella lógica aplastante sobre lo gracioso de la situación. Justamente aquel que era la víctima de lo acontecido. Mas Faye no era de las que se callaba las cosas ni de las que ocultaba los sentimientos y aquello era tronchante, así que dio rienda suelta a la risa que le entró hasta que se le saltaron las lágrimas.

Cuando ya hasta le faltaban fuerzas y empezaba a dolerle el abdomen, doblada sobre sí misma con la cabeza casi tocando al suelo con la frente, tomó una profunda bocanada de aire y se secó el rabillo de los ojos con los dedos índice de cada mano. El melenudo la miraba de manera intensa, algo que era la primera vez que veía la pirata. Le pareció interesante verle ofuscado, porque siempre se presentaba como el impasible e imperturbable Gauldr y, sin embargo, algo tan simple como una metedura de pata en la que había sido pillado, le había hecho bajar la guardia y perder, ligeramente, las formas. -Ay...- Dejó escapar un largo suspiro, sin perder la sonrisa y se levantó aún acariciándose el vientre con una mano. La musculatura estaba algo tensa por tanto carcajearse. Se aproximó al preso de la barandilla y se le acuclilló al lado. -¿Cómo has metido la cabeza ahí dentro?- Se inclinó ligeramente hacia un costado, observando el ángulo y la posición del hombre que se encontraba atascado. -¿Quieres que te ayude?- Sabía que había personas muy orgullosas que no soportaban que nadie les echara una mano, que se empeñaban en salir ellas mismas de los problemas en los que se metían aún y cuando tenían el agua hasta el cuello, en aquel caso la barandilla. Y por lo cerrado que era justo quien tenía allí con ella, no tenía nada claro qué clase de persona era. Por ello preguntó mientras iba pensando en maneras de rescatarle si es que se dejaba.

Vio las orejas echadas hacia delante porque él seguía intentando sacar el "tapón" que se había creado y eso hizo que a la rubia se le escapara la risa de nuevo, escupiendo sin querer un poco. Se cubrió la boca con la mano e intentó concentrarse en aparentar seriedad, hasta cierto punto al menos. -¿Lo de ninguna palabra era porque no quieres que se entere William?- Sonrió ladina, porque sabía que contárselo sería de lo más divertido, pero ella tampoco era una chivata o acusica y era consciente de lo mal que sentaba hacer el ridículo. Aunque podía chincharle un poco con decírselo, si él no quería no se lo diría nunca a nadie. Sería su pequeño secreto, su "as" en la manga. Si Gauldr conociera a Faye como lo hacía el Capitán, ni se le pasaría por la cabeza que ella le delatara. Pero no era el caso y seguro que el gigantón tenía muchas dudas.



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Re: La vida pirata // Privado

Mensaje por Corbin Lockwood el Vie Nov 09, 2018 5:08 pm

La risa le atravesó el alma tan fácilmente como un cuchillo cortaba mantequilla. Se encontró cerrando fuertemente los ojos y apretando los labios hasta convertirlos en una fina linea continua y hubiera sido un gesto de absoluto enfado de no ser por la cantidad de sonrojo que empezó a subirle por todo el rostro hasta cubrirle las orejas y el cuello, completamente rojo, como si estuviera a punto de estallar. Por un momento se sintió aliviado al tener la cabeza metida en la barandilla y librarse de una mirada directa de la mujer, su risa fue tan fuerte que dudaba mucho de que alguien en toda la soberana nave siguiera despierto. Maldita sea su estampa.

No tuvo suerte en ocultar su sonrojo cuando la mujer decidió dar la vuelta en torno a él, mientras Corbin permanecía muy quieto como si eso impidiera que alguien pudiera entender qué estaba pasando, vamos como si a esas alturas pudiera pasar inadvertido. Empujó un poco de nuevo hacia atrás, para ver si así conseguía salir de ahí de una vez y ahorrarse el tener que aguantar esa imagen de Faye riéndose en su cara, pero en vez de eso notó el esputo que le salpicó la cara cuando volvió a reírse después de intentar contenerse. Levantó la vista entonces para mirarla fijamente con clara amenaza, a esas alturas ya le daba bastante igual que le echasen un poco más de mierda encima pero ser el hazmerreir no le agradaba, era el orgullo lo que le hizo marcharse, a pesar de haber sido lo que fue..Tenía dignidad, la poca que le quedaba.

- Cállate.- Gruñó, pero desde esa posición no parecía nada aterrador. En cuanto escuchó el tonito de la pregunta levantó una ceja y volvió a mirarla como quien partiría cráneos por mucho menos, pero Corbin no era así, aunque ganas no le faltasen...- No, lo he dicho para que no se enteren los dioses..-Soltó, con ironía, obviamente era para que William no se enterase.- ¿Me vas a pedir algo a cambio del silencio o qué? Sácame ya de aquí..-Y miró hacia abajo, conteniendo la vergüenza, pero su rostro, todavía tan rojo como la grana, no le ayudaba en nada.

Lo último que le faltaba era que la tripulación le viese así, sería lo justo para perder toda dignidad, la gente le respetaba y eso era lo que le servía para poder hablar con todo el mundo y enterarse de lo que hablaban los hombres, sin eso perdería toda autoridad..Ante William le daba lo mismo porque se habían conocido pelando patatas dentro de un calabozo de modo que..Qué podía ser peor que eso. La dignidad entre ellos dos se daba por sentada, pero había cosas que él prefería ocultar: Este desastre, estaba la segunda de su lista de secretos oscuros.




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