Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Netanya Itzik el Vie Oct 12, 2018 12:17 am

Abrió los ojos para luego emitir un leve pero agudo quejido. Sentía el cuerpo entumecido, adolorido, y tan pesado que tuvo que hacer un gran esfuerzo para levantarse del lecho. Se desperezó notando cómo todos los huesos y articulaciones le crujían al unísono. Habían clientes muy molestos, como el último que había tenido la noche anterior. Las marcas provocadas por las cuerdas que hasta hacía algunas horas lo mantenían cautivo permanecían en su piel en forma de múltiples magulladuras. Algunas rojizas, otras amoratadas. Todas igual de dolorosas. Arrastrando los pies llegó hasta el destartalado tocador, y se miró al espejo con un suspiro. Una mueca de disgusto apareció en su rostro poco después. Su piel estaba plagada de pequeñas gotas, de lágrimas azuladas, procedentes de las velas que antes habían formado parte de la escena que su cliente le había obligado a representar. No estaba seguro de si prefería aquel tipo de "castigo" a los golpes. El escozor era bastante molesto.

Se sacudió las costras de cera quedando así visibles las diminutas quemaduras. Recorrió aquella constelación rosada con las yemas de los dedos. La mayoría se concentraban alrededor de su pecho. Otra de las aficiones de aquel desagradable caballero era jugar con sus pezones. Hacía algún tiempo desde que Netanya había aceptado que su cuerpo no se iba a convertir nunca en el de una mujer. Pero eso no evitaba que aquellas personas lo trataran como a una. Su sensibilidad había mejorado considerablemente, pero ésto únicamente lo hacía sentirse aún más miserable. No podía evitar preguntarse por qué ciertos individuos disfrutaban al verlo así. Jamás lo entendería.

Si realmente encontraban hermosa su piel tan extrañamente pálida, ¿por qué se emocionaban tanto al marcarla? Es como si quisieran dejar sus marcas personales en aquella carne inmaculada. Ese pensamiento le resultaba sumamente desagradable. Como si fuera posible para él olvidarse de ellos. Aunque quisiera hacerlo, no podía parar de recordar. Sus horas de sueño estaban plagadas por las pesadillas procedentes de esos recuerdos. Ser consciente de que su vida tenía un precio tan bajo, y que por ello debía satisfacer los deseos de ese tipo de personas, era una agonía de la que dudaba que pudiera deshacerse nunca.

Cubrió su cuerpo con una camisola que le venía grande. Era todo cuanto tenía disponible. En aquel cuartucho, adornado con el aroma de las noches en vela y el sudor de sus clientes mezclado con el suyo propio, había sólo una cosa de valor, y eso era su propia persona. No tenía nada más, ni nada menos. Así que podrían preguntarse ¿por qué no huía? A lo que él respondería, que a dónde. No había escapatoria. El mundo era complejo, terrorífico, y él no tenía un sitio en el que encajar. Ni siquiera en aquel burdel era reconocido como nada más que un trozo de carne a la que sacarle partido. Lo miraban por encima del hombro, clientes, encargados, y el resto de prostitutos. Porque incluso aunque se dedicaran a lo mismo, él era demasiado distinto a todos los demás.

Ni siquiera se molestó en asearse antes de salir por la ventana. A aquellas horas, siendo tan temprano en la mañana, todos los que vivían en aquel sitio estarían descansando antes de comenzar con las preparaciones para la tarde y la noche. Ese era el único momento en el que podía escabullirse. No para escapar. No para tratar de poner distancia entre sí mismo y aquella miserable vida. Sino para buscar un lugar en el que el aire estuviera menos cargado.

Desde el primer momento en que llegara a la ciudad, el bosque fue lo primero que buscó. Descalzo como estaba, la hierba le hacía cosquillas en las plantas de los pies. Era agradable. Los tímidos rayos de Sol que ya despuntaban en el horizonte, comenzaban a colarse entre las ramas de los árboles, decorando el paisaje boscoso con un sinfín de luces y sombras. Sus largos y rubios cabellos ondeaban al compás de la brisa, y por un levísimo momento, se permitió olvidarse de todo, y simplemente disfrutar de aquella libertad ilusoria.

Allí no era un esclavo, sino parte del todo que era la naturaleza. Al cabo de un rato, cuando ya se había adentrado en el bosque un buen trecho, se dejó caer al suelo y se estiró sobre la tierra. Estaba fresca, y los hierbajos y florecillas desprendían un aroma agradable. Tomó una entre las manos y la olfateó, con una leve sonrisa, para luego cerrar los ojos dejándose abrazar por Morfeo.


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Re: · Dream a Little Dream of Me ·

Mensaje por Jaecar Babenberg el Lun Oct 29, 2018 12:47 am

La vida es un simple acantilado; con la vista más hermosa y peligrosa a la vez.  Con peligros que te hacen sentir vivo porque al final nada dura en los recuerdos más que la intensidad de un momento. Aunque, ¿vivo sería lo correcto? No, más bien, recordarle lo muerto que está, inanimado e inerte. Cambiando estados emocionales para experimentar en esa absurda existencia en el que se pregunta del porqué de todo. Pero hay límites, y Jaecar ya ha llegado a la línea que dibujó y se impuso así mismo por su cordura y control que jamás debió superar. Él quien siempre ha llevado la frente en alto, avanzando en cada obstáculo presentado y sin sucumbir a los pecados ni a la debilidad que le compromete a destruir su autocontrol y valoración de la fuerza mental y física. Hasta que, alguien le hizo caer a un enigma, el querer comprobar sus decisiones era lo que le orilló a comenzar a vivir un mundo distinto al que está acostumbrado, y solo porque quizás era la manera de alejar los perversos pensamientos que tiene para con su hija política. Tenía que comenzar a conocer bestias, monstruos que le hagan despertar para que no desee convertirse en uno de ellos, aunque realmente ya era uno, y peor.  Por ello, ha estado actuando de distinta manera que suele hacerlo. Justo en ese mismo momento; una vez que el último rayo de luz se escondió, salió del castillo en dirección al bosque, quería cazar, exponer su agresión para con la víctima, debía descargar todo lo que lleva dentro para seguir ese mismo camino, ya que se torna a veces placentero y eso, eso debía enterrar en sus confines de su ser si necesitaba continuar siendo quien antes era.

Siendo escasos minutos en los que se dedicó a indagar por el bosque, entre pisadas y acompañamiento de la noche y los sonidos de los animalillos, había hallado la manera de continuar una velada tranquila, algo distinto a lo que había deseado, pero fue rápido decirlo, pudo percibir un aroma peculiar, casi desconocido para él pues el inmortal siendo como es, los burdeles eran los únicos lugares jamás antes pisados por Jaecar, —además sabiendose que siempre fue de una sola mujer; su difunta esposa: Cordelia—. Por lo que esa mezcla de esencias era totalmente desconocida, más algo tan común conocía: sus latidos, ese encantador corazón le tentaba y se podría decir que hasta lo guiaba a él, como una atracción compleja, actuando como un imán para ir hacia este. Que entre mas se iba acercando, más era penetrante ese perfume, estaba vivo, respirando con una envidiable tranquilidad, y cuando llegó, le sorprendió aquella escena: Despreocupado, ensoñando el humano estaba, nada de preocupaciones, con una vida plena que le encaraba lo agradable que era estar de esa manera. Sintió un deseo de acompañarlo, protegerlo mientras yace dormido, porque el mundo es vil y traicionero, y al menos podía tener paz en ese acto. Tomando su capa va hacia él y le cubre su cuerpo con esta, le observaba y no sabria cuando tiempo ha permanecido de esa manera. Estando descalzo, con una belleza igualitaria a la de una fémina, sorprendente le seguía observando, llegando al grado de tomar asiento a su lado, le interesaba saber de él, porqué de su semblante ya que su cuerpo lo contradecía.. ¿Quién era él? Y el poseer una cabellera rubia, no debía de ser cualquiera.

Y el ver la manera en cómo lo hace, no es sano, pero tampoco es lujurioso, se reserva pero vestido de un pantalón, con camisa blanca, un calzado de botas, y su cabello recogido, se notaba lo aristócrata y lo criticado que seria si lo vieran de esa forma, de igual manera la rectitud de sus rasgos, detonando su fuerte carácter y la palidez que siempre porta como inmortal, ¿qué pensará el humano de él?



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Re: · Dream a Little Dream of Me ·

Mensaje por Netanya Itzik el Lun Nov 12, 2018 2:13 am

Nunca hubiera sospechado que su agotamiento, tanto físico como mental, hubiera llegado a tal extremo de perder el conocimiento y quedarse dormido durante tantas horas seguidas. Su tiempo para dormir solía ser limitado, puesto que normalmente nunca salía del burdel, los ruidos circundantes siempre le interrumpían, eso, y el temor implícito e inherente a aquellas cuatro paredes, donde día sí y día también, sus peores pesadillas se veían cumplidas. Así que quizá fuera la ausencia de esos sonidos, y de esas sensaciones; o la presencia de un aire limpio y fresco, no viciado de aromas que le recordaban a noches, clientes, gritos y lágrimas; o la tranquilidad que acompañaba a la naturaleza, con la que era capaz de fundirse casi sin darse cuenta. O una mezcla de todo lo anterior, pero las horas se fueron expandiendo, y Netanya nunca despertó. Ni cuando el aire comenzó a hacerse más frío, ni cuando el Sol volvió a esconderse. El sueño lo mantenía atrapado. Un sueño tranquilo, sin sobresaltos, en el que no había imágenes, ni recuerdos, ni pensamientos, ni palabras. En su mente, sólo oscuridad y brisa, nada que perturbara su calma. ¿Y acaso no era justo eso lo que necesitaba?

Los primeros animales nocturnos salieron de sus madrigueras y escondites sin que él se percatara, y como era costumbre, se acercaban a él sin temor alguno, con curiosidad incluso, como si el joven fuera realmente uno más entre todos ellos. Y quizá lo era. Hacía tiempo que sentía que no era igual a otras personas, y no solamente por aquello de sentirse en un cuerpo equivocado. Era por algunas emociones que a veces se despertaban en su mente, y que no sabía bien identificar. Emociones simples, pero que no tenían mucho sentido si se veían desde la perspectiva de una persona. El deseo de cazar, de correr y de trepar. La presencia de un vínculo mucho más estrecho e intenso con el bosque, con la naturaleza, un magnetismo que lo llevaba a desear estar en ese terreno húmedo y rodeado de vida. No lo comprendía, pero dudaba que los monstruos que lo rodeaban sintieran nada parecido. Una persona equilibrada no tendría pulsiones que le empujaran a querer hacer daño a otros. Y aunque Netanya no se consideraba la gran cosa, no era precisamente amenazante, al menos no hasta el punto para que otros lo despreciaran tanto. Nada de eso le preocupaba, sin embargo, en esos instantes.

Incluso cuando la consciencia le fue regresando, lentamente, sin demasiadas prisas por despertar de todo a su cuerpo, todas esas preocupaciones se mantenían en un segundo plano. Ese era el efecto que tenía el bosque, un efecto sanador, sin duda. La capacidad de borrar de un plumazo todo aquello que normalmente lo lastimaba hasta el punto de perder el norte, y el sentido de su mismísima existencia. Cuando abrió los ojos, por segunda vez en aquel día, ya no se sentía cansado, ni dolorido, y supo instantáneamente que muchas de sus heridas ya se habían curado. Cómo o por qué, no lo sabía. Quizá también fuera cosa del bosque.

Aún con las brumas del sueño nublándole el raciocinio, se desperezó, arqueando el cuerpo sobre la tierra, estirándose como un perezoso felino recién levantado de una siesta, no fue consciente de que había alguien más, a su lado. Al menos no hasta que notó el peso de una capa cubriéndole, y se percató de que, desde luego, eso no era algo que él hubiese puesto allí. Se incorporó de golpe, sobresaltado, y mirando con los ojos muy abiertos al desconocido que estaba sentado justo a su lado. ¿Quién era? ¿Acaso era uno de los hombres que su Dueño había mandado a buscarlo, por haberse demorado? La última vez que tuvieron que arrastrarlo de vuelta el castigo no fue en absoluto agradable, así que realmente no tenía deseo alguno de repetir la experiencia. ¿Pero qué debía hacer? Se debatió entre salir corriendo y esperar que no le atraparan, o suplicar clemencia. Pero no pudo hacer ni lo uno ni lo otro, porque el miedo lo dejó paralizado y tembloroso en el sitio. Súbitamente consciente del frío, de la oscuridad, y del silencio circundante. - lays maratan 'ukhraa , min fadlik* -Musitó de forma inaudible, más para sí mismo que para nadie.



*lays maratan 'ukhraa , min fadlik - ليس مرة أخرى ، من فضلك --> No de nuevo, por favor.


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