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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Tohrment Fairchest el Mar Oct 30, 2018 5:06 am

La vida te da sorpresas,
sorpresas te da la vida. ¡Ay Dios!

Salió de la habitación con la sorpresa todavía reflejada en las pupilas. En cierta forma, noqueado por la situación y la resolución dada por los altos mandos. ¿Él, mano derecha del líder de la facción de los espías? El rango le suena rimbombante aún. Eso significa que tendrá una nueva tarea mucho más enredada de lo que hasta ahora desempeñaba. Tiene que ser reconocido por todos como Tohrment, así que le han indicado que busque la manera de que pueda ser diferenciado de su gemelo. Eso es un problema con "P". Le gustaría saber la opinión de su gemelo al respecto porque ésto no sólo le afecta a él, si no a ambos. En tanto avanza por los pasillos de la organización, su semblante es serio.

Se acaricia la nuca por un momento sintiendo un gran peso sobre los hombros. Llega al que será su nuevo lugar de trabajo, una habitación bastante amplia que no se compara a la del Líder, pero no tiene quejas. Con un gran escritorio del lado diestro, una silla cómoda, un librero atrás de él y al frente, una pequeña sala. Más allá, detrás de la puerta, sabe que está la habitación de reuniones con una mesa grande de diez lugares. Ideal para cualquier reunión de equipo. Frunce los labios antes de hinchar el pecho aspirando la mayor cantidad de aire y soltarlo muy lento sin ruido alguno. Se decide poner manos a la obra. Y para ello, tiene que reunir a todos los locos, le parecería.

Manda a tres mensajeros con Sephirot, Milo y Septimus. Con indicaciones de que la mano derecha de los espías les requiere en su despacho. Seguro que los va a sacar de balance. Mientras tanto, él mismo se sienta en uno de los sillones esperando paciente en tanto bebe un poco de café servido por su secretario personal. ¿Un secretario personal? Pues sí. El cargo trae beneficios y el café es bastante bueno por lo que sus papilas están complacidas. Se queda esperando, deseando que no tarden demasiado los desgraciados porque tendrá pronto que atender sus asuntos y para ello, tiene que traer de su lugar de trabajo todos sus objetos personales y no desea que ellos entren y tengan una idea de lo que sucede. Impaciente, se levanta para ir a su lugar, al menos así puede organizar en lo que los tres llegan. Manda a uno de los inquisidores a informarle si ya están todos reunidos. En cuanto regresa con una afirmativa, se dirige hacia allá con paso relajado y tranquilo.

Aspira antes de entrar, les mira con gesto serio cerrando la puerta tras él. - ¿También les llamaron? ¿Por qué nos llaman a los cuatro? ¿Hicieron algo de lo que no me informaron? Dicen los rumores que la mano derecha del líder de mi facción trae entre ojos a cuatro inquisidores y que les va a acusar de algo... No me digan que somos nosotros - pareciera contrariado por la situación, es un buen actor. Ni siquiera ahí Sephirot puede desconfiar. Le ha colado varias y ésta, va a ser la mejor de todas. Se queda en silencio, cruzándose de brazos, apoyando la espalda en la pared, mirando qué hacen los tres desgraciados. A ver qué pecadillos confiesan.


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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Septimus el Vie Nov 02, 2018 5:21 pm

Esa mañana había ido a la mansión a las afueras de París a atender a las chicas, pues Xanandra y Wanda estaban alteradas y el lobo había tenido que ir a dejar claro quien era el alfa, y ese era él, más debido a pasar muchas horas con Lucy quizá se mostró más comprensivo, cosa que dejó a las dos hermanas igual algo sorprendidas, pero no por eso se dejó a subir a las barbas, las puso en su lugar, y calmó los animos, para despues volver a la sede de la santa inquisición, tenía una tortura que realizar, e iba a disfrutar mucho, tenía que desvelar el paradero que conocía de un aquelarre, y ese hereje enamoradzo le diria donde se escondían esas depravadas brujas, bajando a las celdas de la inquisición tenía habilitados para sobrenaturales y humanos, aunque eso no lo sabían todos, tenía que tener un rango especifico para que se te revelaran determinadas cosas, el inquisidor entró en la estancia, y cerró tras de sí la puerta mirando al hombre, que se encontraba encadenado, colgado de los brazos dislocados y los pies sin tocar el suelo, su unica ropa un pantalon de lino hecho polvo. desilachado y con manchones de sangre, el hombre tenía pequeñas y molestas heridas hechas unicamente para incomodar, no con otro fin, Septimus entró mirando al pobre desgraciado que había frente a el con una sonrisa cruel.
Besó su crucifijo de plata quemandose los labios por ello, pero no le importó, el hombre abrio los ojos con sorpresa preguntandose seguramente que era esa cruz que quemaba al contacto, aunque el inquisidor siempre llevaba normalmente guantes para tocarla.

Se quito al gabardina y los guantes, mientras no la tocara esta reluciría con orgullo en su pecho, se acercó al hombre. -Bien...vas a contarme todo...te lo aseguro.- Le desencadeno haciendo que cayera al suelo bruscamente y lo arrastrara hasta una mesa de madera, donde lo ató. -¿Donde se reunen?- El hombre le miró callado y escupio, el inquisidor, sacó un pañuelo de seda azul y se limpio.- Muy bien....buen provecho.- Él inquisidor sonrió maabro, si, disfrutaba mucho de esto, se escitaba torturando. Sacó un adilado cuchillo, y se dirigió al muslo del hombre, y sin miramiento empezó a cortar un cuadrado, y con un gancho levantó la piel dejando el musculo al aire, ante el tremedo aullido de dolor del hombre, Septimus no preguntó, de la musculatura cortó un trozo y ante los gritos y la horrorizada mirada del hombre se comió el trozo de musculo.


Le miró sonriendo, mientras volvió a cortar otro trozo que también devoró, solo tuvo que repetir este proceso dos veces más para que él hombre cantara, y vaya que si cantó, no se dejó ningún detalle. El inquisidor sonrió mirandole. -Muy bien hereje, has sido inteligente...muchas gracias...ahora habra que purificarte.- Dijo oscuro, para poner a su labor y empezar a despellar vivo al hombre, sus gritos cesaron cuando finalmente murió. -Que Dios se apiade de tu alma..- Se santiguó antes de ir a cambiarse, cuando se arregló para ir al despacho fue interceptado por un mensajero, que este resopló y asintió para ir en camino mientras iba repasando en un susurro citas biblicas hasta llegar donde estaban uno de los gemelos. -¿Que hermano tengo ante mi?- Preguntó directamente, antes de inclinar la cabeza a modo saludo.
-¿Hacer algo? unicamente la voluntad de Dios y que yo sepa no entré en conflicto con ninguna orden, al contrario las cumplo, lo mismo podría preguntar yo...¿Se metieron a algún lio?.- Se cruzó de brazos y ladeó la cabeza observando al hechicero para despues sonreir de medio lado.



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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Stavros de Milo el Mar Nov 06, 2018 11:46 am

Podría ser que no tenga nada qué escribir. Que las palabras mueran en la mente intentando sacar adelante el trabajo de entretener a alguien más con las historias que escribo en los informes que voy adaptando para que algunas palabras no sean tan fuertes y otras tan nimias como para que piensen que se me fue la mano con algún castigo. Veo adelante las imágenes de la cruz, de la Virgen y de mi campeón, la estatua de San Miguel Arcángel y me pregunto si él también tuvo que estar dando informes por escrito. Seguro que no, porque él trabaja y ya está. ¿No? Para eso es la mano de Dios. Además, como que hoy desperté con algo raro en el cuerpo que me pica. ¡Me pica! Estoy por aquí, escribiendo y pasándome las uñas por la epidermis para sacarme esa sensación. Algo se viene, tan malo como pocas veces y sé que nos atañe a los dos hechiceros, al perro y a mí. ¿Qué es, qué es? Si tuviera clarividencia podría verlo. No la tengo, ¿Eso es bueno o malo?

Lucy descansa sobre el escritorio, echada con cara de aburrimiento. Yo lo sé, yo lo entiendo, yo lo comprendo. Yo y ella. Ella y yo. No hay nadie más que pueda entender el vínculo que mantenemos, lo que nos ata y reúne. Vivir sin ella es imposible, sé que de lo contrario, ella podría hacerlo. ¿O no? Miro la pluma con aburrimiento, quisiera salir a hacer algo divertido y sé que Lucy me apoya. No sé, quizá ir a ver si el perro sigue ladrando a alguien o se lo está comiendo. Seguro que es lo segundo, ya le dije en incontables ocasiones que con la comida no se juega, pero toma mi comentario, se lo pasa por el culo y todavía quiere que extienda la mano para que me lo devuelva lleno de mierda con sus palabras estúpidas. ¿Cuándo va a comprender que lo que dice no me importa? Quizá él supiera cómo empezar a explicar por qué se me murieron dos de los herejes en el camino. El hambre es el hambre.

Justo alguien toca la puerta. Gruño en señal de bienvenida, son mis formas de invitación. El hombre que se asoma, me dice que me buscan en la oficina de la mano derecha del líder de la facción de los espías. ¿A mí? - ¿No te habrás equivocado? - el inquisidor le observa - ¿Es usted Stavros de Milo? - sí, es mi nombre, asiento con la cabeza - No, no me equivoqué. Es usted, dijo la mano derecha de mi facción que asista lo más pronto posible - se despide alejándose. Me rasco la cabeza. Miro a Lucy - ¿Y ahora para qué nos quieren allá? - la tomo poniéndome en pie para ir al lugar. Nadie se entromete en mi camino, justo cuando llego, está ya uno de los gemelos y el perro preguntando lo mismo que yo. Frunzo los labios quedándome en pie, al lado de la puerta por si hay que escapar, hacerlo rápido. Ésto me da mala espina, muy mala espina.

- Que yo sepa, no hicimos nada malo. Al menos yo no. ¿Qué hicieron ustedes? Además, ¿El de los espías? El único espía aquí es Tohrment ¿No? - miro al gemelo esperando que lo reafirme. Cuando lo hace, me rasco la cabeza - ésto me huele muy mal y no es el perro - expreso dando a notar que por supuesto que a duras penas soporto el tufo del licántropo, la raza enemiga de la mía por excelencia. Si trabajamos juntos es porque la iglesia lo pide, de lo contrario, seguro que estaríamos matándonos como poco. Muevo a Lucy inquieto, - ¿Qué falta para que el sujeto venga y nos diga de una vez por todas qué está pasando? - refunfuño. Tengo un mal genio y como me toquen las pelotas, me voy a vengar. Lucy tendrá mucha sangre para disfrutar como sea ésto una estupidez.


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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Sephirot Fairchest el Miér Nov 14, 2018 12:31 pm

Había sido unos días un tanto ajetreados, lo cierto es que tras todo lo que había pasado me encontraba en el despacho que ocupaba mientras revisaba unas informaciones que había obtenido y de las cuales podría sacar beneficio. Era un tanto meticuloso cuando se trataba de aceptar según qué misiones, no aceptaba todas aunque eso simplemente tenía que ver con el rango de peligrosidad. Cualquier misión se ejecutaba y cumplía como se pedía de nosotros, sin embargo casi siempre escogía las de alto nivel porque ya mis exigencias personales así me lo indicaban. Era un hombre que había entrenado bastante durante toda mi vida para estar en el lugar que ocupaba, es más, nuestro apellido estaba muy ligado a la Inquisición y era muy conocido entre los hombres que estaban dentro de la misma... había un pabellón algo que mantener y entre los dos nos encargaríamos de que así fuera. Mordí mi labio inferior mirando la última hoja que tenía entre mis manos, era una misión que no había aceptado nadie por el momento y estaba planteándome el hacerlo  yo aunque fuera complicada. A Tohrment no le gustaría demasiado pero siempre le pedía que investigara un poco más él que estaba acostumbrado a tratar más como espía, se sabía todos los trucos necesarios y muchas veces lo había mandado a una misión solamente para que recabara información que pudiera utilizar luego. Me gustaba jugar con esa doble moneda, ambos éramos tan idénticos que hasta a nuestros superiores les costaba diferenciarnos, algo que a mí me parecía de lo más divertido. Decidido, tomaría la misión aunque hablaría primero con mi gemelo porque dado los últimos acontecimientos con todo lo de la runa y nuestra vinculación –ahora convertido en algo a tres, por su brillante manera de hacer las cosas- estaba más preocupado que de costumbre y no quería que tuviera nada que decirme aun cuando era principalmente él quien volvía más herido de sus misiones.  Igualmente más tarde lo buscaría para decirle qué misión pretendía aceptar para que lo supiera, decírselo no cambiaría en nada ya que solamente era algo para informarle porque mi decisión estaba más que tomada en esos momentos, le gustara más o le gustara menos.

Dejando la hoja sobre la mesa salí para entrenar un poco, me gustaba hacerlo para relajarme y era algo que de norma había tomado como rutinario para mantener la forma los días que no tenía misiones, era una manera de mantener mis reflejos y mi forma siempre a tono para no perderla. Aproveché para repasar mis armas y afilarlas, a pesar de poseer magia no siempre utilizaba esta en todo momento y ser un guerrero era algo clave para las misiones. Fue a mediante entrenamiento cuando un hombre joven me buscaba, me giré con el rostro perlado en sudor y mi respiración subiendo y bajando de manera un tanto acelerada mirándolo con el ceño fruncido. ¿La mano derecha de los Espías? Eso no me lo había esperado, él personalmente nos había hecho mandar y pedía que acudiéramos al despacho para saber de qué se trataba. Bufé asintiendo con la cabeza y tomando una toalla limpié mi rostro, recogí las cosas y me encaminé hacia el lugar donde Septimus y Milo ya estaban allí esperando también. Enarqué una ceja por ello porque faltaba mi gemelo, seguramente lo habrían mandado llamar porque algo me decía que no era una casualidad que estuviéramos ahí los tres... no después del incidente con las vampiras.


-Vaya, parece que alguien nos quiere ver reunidos –dije cruzándome de brazos, justo fue cuando Septimus preguntó qué gemelo tenía ante él y ladeé la sonrisa sin pararme a contestarle. Tohrment llegó apenas un par de minutos y me giré para mirarlo y ladear la cabeza así como mi sonrisa por sus palabras- no sé hermano, parece que alguien quiere vernos y no podía esperar a encontrarnos uno a uno por los pasillos –hice una pequeña pausa escuchando lo que los demás tenían que decir, miré de manera fija a Tohrment porque él era de esa facción e intentaba averiguar con sus gestos si sabía algo, pero parecía que no era el caso- ¿algo de lo que no te hayamos informado? –Reí entre dientes cuando el lobo dijo que la voluntad de Dios, Milo siguió con que tampoco había hecho nada e hizo referencia a que mi gemelo era el único de todos los presentes ligados a dicha facción- resulta curioso que preguntes tú, hermano, ¿no hay nada que quieras confesar ahora que estás a tiempo? No lo sé... quizás algo sobre alguna mujer rubia –callé que era hechicera para hacerle ver que, de poder, podría decirlo, pero eso sería generar más revuelo entre los presentes y no quería- ¿cierto que no sabes nada de nada? Es tú facción, ¿no tenías ni la más ligera idea? –Coincidía con el vampiro, esperaba que no tardara en aparecer para hacernos ver qué quería- pues espero que no tarde demasiado –dije dirigiéndome hacia la mesa apoyando mi cadera contra la misma para tener una visión de todos- tengo una misión pendiente por aceptar –ladeé la sonrisa.



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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Tohrment Fairchest el Sáb Nov 17, 2018 9:40 am

Cierra la puerta tras él, después de hacer la pregunta, las reacciones no se hacen esperar. Desde Septimus, Milo e incluso, su propio gemelo, están irascibles por lo sucedido hace unos días. Su misión con las tres vampiresas que resultó en la escapatoria de las mismas cuando los quitaron de en medio. Eso es algo que puede investigar ahora con toda la tranquilidad usando su cargo a su favor. Entiende que los favores personales se cobran caro, en este caso, los tres ajenos a la facción de los espías, podrán tener su beneficio sin pagar más allá de unos licores en alguna taberna. Sí, son inquisidores, pero antes que nada, son hombres y como tal, les gusta estar en compañía de los demás y beber. Eso es algo indiscutible.

Analiza cada respuesta, desde el perro de Dios que es tan translúcido como el agua. Parece en calma la mayor parte del tiempo a pesar de ser él quien se descontrola con la aproximación de la luna llena. Por inercia, sólo por darse un gusto que después sabe, pagará caro por su osadía, le pregunta sin dudar. - Te recuerdo que tienes cola que te pisen. ¿Acaso vas a negar que tienes a dos sobrenaturales bajo tu ala? Deberían ser registradas y tomadas como inquisidoras, Septimus. Por cierto, ¿Qué tanto de verdad hay con que tienes a una mujer en tu casa que no es parte de tu manada? ¿Acaso piensas casarte ya y ni siquiera nos has invitado a la boda? - le restriega lo que por los pasillos se escucha. Alguno de sus hombres se ha ido de boca y también su comentario es advertencia de que sus pasos son seguidos con mucho cuidado. - Y de paso, supe que tienes un hijo. ¿Dónde están los puros para celebrar? - interroga para que también esté enterado de que los rumores corren. Que haya mordido a alguien es noticia en la Inquisición. Las preguntas son: ¿A quién y por qué?

Por otro lado, Milo es categórico. De todos los presentes, es el que menos cola tiene que le pisen en cuanto a faltas. Es tan lineal que asusta. Su afán de servir a la Iglesia es tan frenético, que más que fe, parece obsesión. Su única hebra de la cual puede jalarse, es respecto al objeto que trata con idolatría. - No sé para qué nos quieren. De todas maneras, me parece prudente que sepas que hay algunas esferas donde se dice que tu fijación por Lucy es equiparable a alabar a un dios falso. Ten cuidado con eso - sabe lo que va a despertar: la violencia inusitada del vampiro. En parte lo comprende porque está tocando lo que Milo venera y por otro lado, le parece que tienen razón aquéllos que susurran en los pasillos lo bizarro de la manera en que trata a ese palo de madera. Dista mucho de ser un objeto que hace pagar los pecados y parece más como una enfermedad mental que puede llevar a que el griego sea considerado como un hereje. Si lo supiera el vampiro, seguro que estallaría de rabia.

Y por último, su gemelo que le está echando una pulla tan fuerte, que el propio Tohrment le observa con una advertencia silenciosa marcada en sus ojos. Lo de la misión le causa curiosidad. Entorna los párpados dando señales de que ahora deberá responder a eso porque no piensa dejarlo pasar. - ¿Misión? ¿Otra vez te vas de viaje? Por cierto, suenan rumores de que tomaste justicia por propia mano con uno de los condenados. Ten cuidado con eso, el cambiante es todo menos un ser que deja pasar las oportunidades para ahorcar a los que están en su contra. Y dicen que fue por una mujer. ¿Algo que tengas que confesar? - se recarga en la pared esperando las respuestas de los tres antes de confesar la verdad. Se toma su tiempo, sabe que sus palabras tienen peso y más vale que ellos vayan comprendiendo que si bien será la mano derecha de su líder de facción, también deberán cuidar sus pasos porque no podrá ayudarlos como se manden una cagada.

Expectante, Tohrment se coloca a espaldas de la puerta cerrada. Impidiendo así que alguien entre sin que se entere. Quizá para ellos sea un desacato porque está evitando que la mano derecha pueda entrar a su propio despacho.


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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Septimus el Jue Nov 29, 2018 5:50 am

No habia nada como reunir al cuarteto para empezar a ladrarse los unos a los otros, Septimus miraba a Tohrment siendo el lobo el segundo en llegar preguntandose si habían hecho algo, concretamente a uno de los gemelos que ya estaba ahí mientras miraba como Milo no tardaba en aparecer por el pasillo, como era normal en él de malas pulgas, maldito vampiro egocentrico y encabronado, Septimus le observo de reojo mientras miraba al hechicero esperando que este hablase y empezara a soltar prenda, aunque no pudo evitar girarse mirando al vampiro cuando este comentó que esto holia muy mal y no era el perro, por supuesto la palabra perro no fue lo que le molestó pero miró a Milo buscando cruzar la mirada con él para que viera como el licántropo se acariciaba la sien con el dedo corazón dirigido al vampiro. -Mejor a perro que a muerto.- Le devolvió la gentileza sonriendo de maliciosa forma, para cruzarse de brazos con cierto nerviosismo, él no habia hecho nada...¿que motivo había para reunirles? si no había hecho nada posiblemente lo que buscaran era darles una misión o asi lo esperaba el licántropo.
Llegó el otro gemelo, pisando fuerte, aqui se iban a sacar los trapos sucios los unos a los otros por mera tensión eso estaba claro, miró como el gemelo se acercaba y observaba al otro con aire que al perro de Dios le sorprendió y provocó que alzara una ceja pensativo.


El gemelo vino reclamando al primero lanzando la primera daga voladora, directa a la cabeza del otro gemelo acerca de una mujer rubia. -Uhm....alguien aquí se le ha bajado el cerebro un metro y está con su inteligencia a la altura de la entrepierna o es que te has enamorado, tú, el hechicero frio y cruel.- Se burló Septimus divertido y en voz baja, para dejar escapar una pequeña risilla, no le parecía mal en realidad, pero aqui había mordiscos para todos, empezando el gemelo primero por él, empezando a mentar a sus dos niñas, lo que hizo que Septimus ladeara la cabeza. -Por que son mias, solo mias, ofrecen sus servicios a la inquisición por que yo se lo ordeno, pero yo mando a su destino, y las defiendo y yo respondo por ellas.- Gruñe el lobo cruzandose de brazos, más el hecho de que uno de los gemelos sepa lo de Lucy hace que le observe de manera fulminante. -Oh, es que me espias ahora hechicero...cuidado donde metes el hocico.- Ladra Septimus, sabe demasiado y también lo de Loyd. -No voy a dignificar esa pregunta con una respuesta.- Dice fastidiado.


Más el enfado no es mayor más alla de un fastidio de que el gemelo espia lo sepa absolutamente todo, más las palabras que dirige a Milo, hace que Septimus se ponga en guardia mirando al vampiro, Septimus sabe la adoración del vampiro por ese objeto, por eso teme que se lance a por el hechicero, Septimus mira al vampiro con atención dispuesto a interceptarle si este se pone violento no es momento ni lugar, pero el gemelo sigue con su dagas para todos atacando a su hermano sin compasión, lo cual hace que Septimus sonrie de medio lado con maldad y mirase a Tohrment enarcando una ceja, Septimus da un gruñido sobrenatural para imponrse y mantener el orden en aquella reunión.

-Bien, y despues de informarnos que nos espias a todos cuando estamos en el baño.- Dijo a modo burla por hacerle rabiar. -¿Que estamos esperando? tengo trabajo que hacer...TODOS tenemos trabajo que hacer. Asi que cachorro deja de sembrar discordia.- Reprimio a Tohrment como quien reprende a un niño que se ha portado mal. Esta impacinte, quiere saber que ocurre.



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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Stavros de Milo el Jue Nov 29, 2018 11:51 am

Desde que entra el gemelo estamos ya en problemas porque el otro está echándole habladas sobre una rubia. Y después, se desata el pandemonium. Dimes, diretes, idas y vueltas. Incluso, hasta pago los platos rotos porque me dice que piensan que lo mío con Lucy es paganismo. Resoplo con fuerza en tanto mis ojos se posan en el aura del lobo que está expectante y atento. Seguro que teme mi reacción física, pero debería controlar la verbal cuando suelto con tal desfachatez. - Mejor olor a muerto que a perro baboso y lleno de orines - le reviento de nuevo. Es normal entre Septimus y yo, que nos digamos una cosa y otra y otra y otra y al final, que nos encaremos con los ojos bien fijos para ver quién desvía primero la mirada. Hemos tenido incontables encuentros estos diez años juntos, que ya sabemos de qué pie flaquea cada uno como para saber que en un enfrentamiento de miradas, tenemos el mismo gusto que con golpes que sanan porque no puede el uno, matar al otro, so pena de muerte.

Después de ese pequeño roce, se nota que Septimus está más dolido que yo con las acusaciones porque de inmediato acribilla al gemelito ese con sus preguntas. Y muestra un lado que también comparto: si nos tienen tan en la mira, ¿Qué diablos entonces estamos haciendo mal para ser juzgados tan duramente? En cuanto termina el perro de hablar, tomo la palabra sin que nadie más me la conceda porque de lo contrario, moriré con tanto veneno que se me queda en el paladar. - ¿Paganismo? Una cosa es nuestro señor Jesucristo o el Espíritu Santo, la Virgen y los ángeles. Otra bien diferente, es estar creando santos de quien se les ocurre sólo porque pueden hacer "milagros". ¿Quien dijo que no eran hechiceros disfrazados? Y ahí tienes santos por doquier, como si la vaca que veneraran cuando el regreso a la tierra prometida fuera un espanto y los demás no - me cruzo de brazos indignado. ¡Eso sí es paganismo!

Igualar a un hombre a Jesucristo dándoles título de santos, es una reverenda estupidez. El lobo no deja atrás los comentarios porque también está que echa chispas. Y vienen los golpes para el otro hermano. Gruño con antipatía. - Si me hubieran dicho que iba a venir a que me echaran mis trapitos al sol, habría traído mis calzones más sucios para que al menos me los limpiaran bien. Estoy con el perro. ¿A qué viene todo ésto? - siento que mi mal carácter pronto hará que me suba por las paredes. Y el lobo me seguirá. Es bien sabido que cuando algo lo saca de control, se relaja haciendo eso en su forma de batalla. Mis brazos siguen bien cruzados y como no me digan de una vez qué pasa, Lucy va a salir a golpear a todo aquél que se interponga en su camino, sea el gemelo de mi ex-compañero, porque esa misión quedó atrás, o no.


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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Sephirot Fairchest el Lun Dic 03, 2018 10:47 am

Sabía que con mis palabras no había hecho sino que lanzar posiblemente el primer dardo al nombrar a la hechicera que mi gemelo debería de haber eliminado en una misión y, sin embargo, ahora parecía que estaba unida a nuestro destino por algo que no sabía bien qué había pasado y que por más que Tohrment y yo habíamos intentado dar con la respuesta no habíamos encontrado nada en absoluto. Admitía que eso me molestaba demasiado, ya nos cuidábamos los dos en las misiones para que no resultáramos demasiado heridos, aunque cabía decir que él siempre tendía a salir jodidamente herido en las últimas misiones que había hecho con una de las “hijas” del lobo, como para ahora también sumar a la ecuación una tercera persona que nos era totalmente ajena a nosotros, una hereje que debía de ser erradicada y no lo había hecho porque eso nos mataría también a los dos. No entendía qué estaba haciendo Tohrment al respecto pero ya había pasado demasiado tiempo desde entonces, ¡dos malditos años! Y aún seguía su marca en su hombro como la teníamos nosotros, unidos en un destino que bien podría acabar con los tres de un solo golpe. Por si eso no fuera el colmo de los colmos y no tuviéramos suficiente, ahora resultaba que a ella la buscaban para obtener sus poderes y debíamos de “protegerla”. Joder, no podía estar más cabreado con ese asunto y cuando mi gemelo estaba tan tranquilo mirándonos con sus brazos cruzados sobre el pecho preguntando qué habíamos hecho nosotros para que nos llamaran a los cuatro, no pude evitar lanzar el comentario que sí, iba envenenado para mi gemelo. Y él lo recibió porque su mirada se centró en la mía como si me pidiera en silencio que me callara, pero quizás estábamos allí porque se habían enterado de que él escondía a una hereje que debía de estar muerta y había presentado pruebas falsas para que no indagaran más, o al menos, es lo que me había dicho que hizo en su momento porque ella seguía viva y no sabíamos cuánto tiempo tardarían en darse cuenta de su mentira. Quizás, y solo quizás, estábamos allí por él en vez de por el resto quienes los demás le respondimos de manera un tanto tajante y seria mientras ahora yo observaba a los presentes y escuchaba sus palabras.

Se podría decir que ninguno nos librábamos, o al menos, quizás el vampiro y yo éramos los que más lo hacíamos. No sabía tampoco cómo es que el lobo podía tener a sus “hijas” y no haberlas registrado y uno a los Inquisidores, en algún momento seguramente le dirían algo y por más que alegara que “eran de su manada” poco le importaría a la Iglesia esas palabras. Sonreí ladino cuando mi hermano, un experto en el espionaje, sacó a relucir que había otra mujer conviviendo con él y silbé divertido por ello porque si él lo sabía, ¿cuántos no lo sabrían en la Inquisición? Desde luego que al lobo no le gustó demasiado que mi gemelo sacara ese tema y dejó claro que no se metiera en sus asuntos, así como dejar claro que su cerebro había bajado medio metro provocando que me riera entre dientes porque yo también lo pensaba, los Fairchest jamás nos doblegábamos ante una mujer y mi hermano ahora estaba jodidamente atado a una. Por otro lado estaba el vampiro, el que menos paciencia tenía de todos –y eso ya era decir bastante considerando que ninguno teníamos dicha virtud- para luego ser yo quien recibiera las preguntas de mi hermano a lo que enarqué una ceja. Era evidente que no le había comentado sobre la misión porque no sabía si aceptaría realmente, es más, lo más probable es que me ordenaran que lo hiciera aun cuando la mujer que estaba al cargo de las armas que debíamos de transportar fuera insolente, engreída y capaz de valerse por sí misma cuando no tenía ni puta idea de lo que estaba haciendo. Fruncí el ceño cuando mi gemelo, devolviéndome en parte la pulla que le había lanzado, habló sobre cierto asunto con un cambiante que sí, me tomé por mí mano porque yo lo había decidido... al parecer las noticias corrían como la pólvora y él no iba a ser menos de enterarse siendo uno de los mejores espías que había en la Inquisición. Como buen Fairchest.


-Nada más que un asunto que tenía que solucionar y que corregir, sé perfectamente lo que hace ese cambiante pero también debería de moderar su comportamiento con aquellos que son aliados con la Iglesia, ¿me vas a negar que no habías oído rumores de cómo los trata cuando los visita? No podemos perder aliados, no uno supuestamente tan valioso –hice una pequeña pausa y sonreí- sí, me voy de misión y aunque no puedo hablar de ella, seguro que bien sabes sobre un cargamento que tiene que salir –y no iba a dar más información, aunque conocía a los tres y especialmente a mi gemelo era secreto, no podía hablarlo con nadie. Negué con la cabeza- nada que declarar hermano, no soy yo el que está obsesionado con una mujer... o con tres –dije mirando al lobo- o con un bate con nombre de mujer –mi mirada pasó al vampiro- sin embargo, me parece demasiado extraño que siendo tú uno de los mejores espías, sino el mejor de todos, no sepas por qué nos han llamado a los cuatro a este despacho –fruncí el ceño mirándolo- ¿qué nos estás ocultando, Tohrment? Siempre estás atento a todo lo que acontece en la Inquisición, a todos los rumores que corren por los pasillos... ¿me vas a decir que no sabías nada? Suéltalo hermano, está claro que ninguno estamos aquí por las cuestiones que se han sacado a la luz –dije apoyado sobre la mesa- ¿qué es esta vez? ¿Rebeldía? ¿Herejía? Ya nos jodieron con las vampiras, por lo que no veo motivos por lo que nos sigan jodiendo.



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Re: Donde entran dos, entran cuatro [S-M-S]

Mensaje por Tohrment Fairchest el Vie Dic 14, 2018 9:31 am

Arrinconadas, las tres sierpes se levantan cada una dispuesta a atacar con una ponzoña diferente. Ahí tiene en Septimus a la áspid, rápida y certera, quien busca por todos los medios cobrar caro quien se atreva a tocar lo que para él, es suyo. O en Milo, cual mamba negra, abre la boca llevando a la oscuridad a todo aquél que se atreva a siquiera mencionar ese instrumento que lleva a todas partes. O a la cobra, en su gemelo. Quien está tan enojado porque Lynae sigue viva, que lo hace ver abriendo el capuchón como clara indicación de su malestar. Los tres, son imponentes. Solos, son letales y reunidos, hacen que muchos den media vuelta y busquen otro camino qué seguir esperando que su presencia no sea vista. ¡Tremendo nido tiene en su ahora despacho! Y se piensa en continuar con sus pesquisas, pero opta por mantener la calma o los tres se le echarán al cuello y puede que no sobreviva al ataque.

Recargado contra la pared, sonríe de lado. - ¿Siembro discordia o es que mis ánimos de pensar con la cabeza de abajo son contagiosos y hacen que también lo hagas, perro? - inicia la primera pulla mirando al licántropo. Sí, le incordió que se refiriera a él como el que menos piensa y se deja llevar por los impulsos cuando es el lobo quien lo hace en la mayor parte de las ocasiones. - Esos dos rumores, son los que afectan tu reputación, licántropo, así que muévete para darme razones por las cuales deberían dejarte en paz - sus ojos se van al vampiro. - En cuanto a ti, no importa a quién beatifiquen porque eso viene del Papa y el Arzobispado. Tal cual has dicho, ese es tu calzón más sucio y el que lo tiene que limpiar eres tú, házlo - su tono es duro, antes de mirar a su hermano negando con la cabeza. - Eso lo entiendo, pero estás metiéndote con un alacrán. Ten cuidado, porque así como recibe los golpes, pica con la cola. Ahora tendré que ir a hablar con un par de personas para que te apoyen porque se oye de una sanción disciplinaria por uso excesivo de la fuerza - se separa de la puerta.

Se acerca al escritorio para tomar asiento en la silla comprobando qué tan cómodo se siente en ella. Le ofrecieron cambiar todo lo que quiera y piensa aprovecharlo. Abre uno de los cajones para sacar hojas, tomando la pluma del tintero, hace un par de anotaciones. La silla, un nuevo librero en lugar del mueble que contiene toda clase de trofeos que para él, son banalidades y prefiere tener sus libros bajo llave, los más interesantes. Cuando termina, les mira a los tres. - Por supuesto que trabajo hay por hacer, Septimus. Quiero que me digas por qué la mujer está contigo. Se dice que está metida en una misión que la propia iglesia autorizó y quiero los detalles. En cuanto a ti, Milo, hay noticias de que te darán una misión interesante. Quiero que vayas con la cambiante de Septimus y sí, les estoy aquí avisando a ambos. Trae al sujeto vivo - toma una carpeta de entre otras que trajeron antes y se la pone señalando al vampiro, en la orilla del escritorio para que la tome y la revise. - En cuanto a ti, hermano. Necesito me indiques por qué la mujer es tan importante y qué tipo de cargamento es. Me dijeron que te preguntara y como tal, pido respuestas - se recarga contra el asiento, colocando los codos en los reposabrazos, entrelazando las falanges de ambas manos con aire inquisitivo.

Se sonríe al final - y para que no me digan que por qué tienen que darme todos estos datos, me presento ante ustedes, Tohrment Fairchest, mano derecha del líder de los espías, putos - se sonríe con arrogancia mirando sus caras y luego se ríe - ¿No querían investigar sobre Powell? Estoy en el lugar más adecuado, así pues, primero ayúdenme con lo que les pedí, después hablemos sobre qué tengo que buscar porque ahora, el estatus, me da las llaves para abrir todos los candados - no era la forma que pensó de informarles, pero a veces el destino se tuerce. - Primero el deber, luego el placer - sonríe con cierta maldad mirando un expediente a su lado, que toma y abre de par en par como una puerta. - Tengo en mis manos el expediente de las tres vampiresas, todo lo que anotaron está aquí. Lo pedí con la plena intención de revisarlo. ¿Alguien quiere participar? De antemano, todo lo que sepan de este caso, se lo callan. No quiero ver mi cabeza rodar - es un Fairchest, pero como miembro de la familia, utiliza todos los medios a su alcance para limpiar su apellido y la afrenta hecha a Sephirot la van a cobrar cara.


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