Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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The warrior against the dragon [Tiamat Sinn]

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The warrior against the dragon [Tiamat Sinn]

Mensaje por Aglaia el Lun Nov 12, 2018 6:28 am

"Why this woman intervenes in a conversation of men?
Because only Spartans bring real men to the world."
.

La figura femenina desentona en ese lugar donde el Dios del Vino, Baco, es el protagonista, amo y señor de la taberna. Le ayudan en su empresa la Diosa Afrodita y algunos que otros dioses menores y ninfas permitiendo que las risas, los llantos, la camaradería y los estallidos de ir en algún lugar y momento, sean los sentimientos que predominen. Son lugares que la espartana evita la mayor parte de las veces porque no se siente tan confiada o tranquila. Aún así, trae oculta una daga por cada bota y en cada lateral de la cintura de los pantalones que está usando, haciendo un total de cuatro. Su camisa blanca es de corte masculino y el abrigo es inmenso para la delgadez de su cuerpo y su estatura de apenas un metro sesenta y cinco. Parece nadar dentro de la prenda, todo es parte del artilugio del anonimato para pasar desapercibida.

En cuanto da un paso dentro del sitio, los Dioses Baco y Afrodita le observan para acercarse a ella curiosos sin comprender qué está haciendo la espartana ahí, mirando hacia el Olimpo para espiar a Ares quien está entretenido en una batalla lejos de París. Si no es la guerra, sus miradas pasean del dios de la Guerra a la Diosa de la Sabiduría, acertando en sus suposiciones cuando Athenea sonríe con beatitud. ¿Información? ¿Conocimiento? ¿Alguna pista? ¿Sobre qué? Por puro recelo las miradas bajan de nuevo al sitio en donde la griega toma asiento frente al cantinero solicitando un licor común para no desentonar. Baco sacude la cabeza en un gesto negativo ¿Cómo se atreve la vampiresa a pedir algo que no va a tomarse? De antemano debería conocer que su cuerpo no absorbe el licor igual que un humano común. Es un desperdicio. Se siente ofendido golpeando su gordo vientre inflando los mofletes hasta que Afrodita le acaricia susurrando algo a su oído que le calma. En tanto el Dios del vino refunfuña, la Diosa del amor desperdiga sus dones e infla los libidos de los presentes para que al mirar a la espartana, se les antoje y beban más para mitigar sus ansias dando un tributo indirecto a Baco que asiente con complacencia.

Aguardando tranquila, removiendo el líquido en el vaso fingiendo que da un breve sorbo, la espartana espera paciente a que alguien se acerque. La corta cabellera ensortijada del color del trigo está oculta bajo una gorra pareciendo sólo un muchacho que apenas rebasa la pubertad. Son sus rasgos los que la delatan y esos enormes ojos azul claro los que llaman la atención. Nadie de momento se acerca como si tentaran el terreno, rodeándola como lobos a la presa. No conocen la magnitud del problema que tendrían en caso de saber su procedencia y entenderla. Sólo un hombre se atreve a abordarla, se sienta a su lado pidiendo el mismo licor para hacer la misma pantomima moviendo el líquido en el vaso - Baco estaría disgustado por ver cómo sus uvas son mal usadas - la contraseña está ahí, un dios griego. La propia frase es apoyada por el Dios que se cruza de brazos esperando que ella al menos se disculpe.

De reojo, la espartana mantiene sus ojos fijos en el vaso fingiendo dar otro trago. - Que perdone entonces mi osadía, le haré un tributo cuando salga de aquí - susurra como toda devota de los dioses que a pesar del tiempo, siguen estando presentes en sus oraciones. Baco sonríe y Afrodita le mira con esa expresión autosuficiente que se gasta todo el tiempo. Aglaia lleva el vaso lo justo para apretar los labios y dejar que el líquido los moje - el paquete será enviado a Roma. Le protegen varios inquisidores, entre ellos un hechicero - le susurra bajo en tanto Aglaia lo entiende. Esta misión será crucial para la cruzada de Loyd. Tendrán que hacer lo imposible para sacar del camino ese armamento antes de que llegue al Vaticano y sea reproducido por las hábiles manos de los tecnólogos. Asiente como si aprobara el licor. El hombre se termina de un solo trago su bebida para retirarse no sin antes, discreto, tomar el bolso de monedas que le pasan por debajo de las piernas como pago de su información y para que siga investigando. En ocasiones, tener espías dentro del Santo Oficio es beneficioso. - Manténme informada de cuándo se moverán o bien, si no dicen nada, continúa siguiéndolos, necesito saber la fecha - su voz dulce tiene un matiz malévolo.

En cuanto tengan fuera de circulación ese envío, podrá Loyd reproducirlo o bien, encontrar la forma de inhibirlo. Igual, tendrán que destruir la fábrica donde los producen para retrasar su producción. Una vez que se queda sola de nuevo en la barra, finge estar concentrada en sus pensamientos antes de levantarse para abandonar el sitio. Al menos, es lo que pretende, porque su pequeño cuerpo golpea con otro de mayor envergadura, altura y poderío. El contacto fuerza con fuerza es igualitario, por curiosidad al descubrir que el fortachón no es afectado por el golpe, alza la mirada hacia el rostro queriendo saber quién es el propietario de este probable candidato a guerrero. Sus ojos se encuentran con otros que en el pasado fuera un dolor de cabeza. - ¿Tú? - parpadea sorprendida por encontrarle ahí. Tan lejos de su región natal.

Y sobre todo, aún "vivo". ¿Acaso las malas noticias no tienen fin?


Última edición por Aglaia el Jue Dic 06, 2018 6:49 pm, editado 1 vez





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Re: The warrior against the dragon [Tiamat Sinn]

Mensaje por Tiamat Sinn el Sáb Dic 01, 2018 10:17 am

El pasar del tiempo era algo a lo que todo vampiro debía de acostumbrarse, sobre todo cuando se llevaba en las espaldas más de seis mil años de existencia por el mundo y haber recorrido este dando ya centenares de vueltas al mismo. Desde que me obligaron a abrazar la oscuridad mis días a veces se habían vuelto un tanto tediosos, lo que me obligaba a buscar algo de diversión que me mantuviera con el interés suficiente como para no buscar una diversión que sería sin duda más macabra, y mucho más violenta. El matar era algo que iba de la mano con los vampiros, la sangre era nuestro principal sustento y obtenerla era una forma demasiado fácil si sabías bien jugar tus cartas. Sin embargo, yo odiaba que todas las cosas fueran fáciles y que no tuviera apenas que chasquear los dedos para obtener lo que quería, ¿qué sentido tenía una vida fácil? Yo nunca había sido de ese tipo de personas, más bien era de las que le gustaba los retos y las complicaciones, que algo no me lo dieran tan abiertamente y que tuviera que tirar de todo mi ingenio para conseguirlo. La vida fácil era algo que odiaba por encima de todo, por eso siempre solía buscar nuevos retos que dieran algo de “chispa” a mi vida, porque tras tantas andanzas por el mundo se necesitaba un motor que hiciera que un vampiro no tuviera una existencia tediosa. Había oído casos de vampiros que se dejaban expuestos al sol para acabar con la misma, algunos jóvenes y otros más antiguos, cansados de siempre la misma oscuridad, de siempre lo mismo sin que nada cambiara y perturbara su vida... y yo pensaba que era porque no habían encontrado o descubierto todo lo que la “oscuridad” tenía por ofrecerlos. Yo, con tantos milenios tras mis espaldas, había sido testigo de cómo el mundo había cambiado y había evolucionado, los humanos eran interesantes de estudiar sobre todo cuando ellos mismos eran quienes construían y derribaban civilizaciones por el poder, cómo habían avanzado y evolucionado desde entonces y era interesante ver hasta dónde habían sido capaces de llegar, lo que me llevaba a preguntarme hasta dónde pondrían el límite y qué sería lo próximo que haría ese “salto” que siempre había precedido en la historia. Seguro que en unos siglos lo descubriría y yo estaría allí para ser testigo del mismo. Durante todo aquel tiempo un vampiro tenía demasiado tiempo libre y había que invertirlo en algo, yo me dediqué a conocer todas aquellas culturas que habían en el mundo y aprender de las mismas, pues aunque se tuviera los poderes para poder doblegar y dominar a una persona, nunca había nada más efectivo como conocer su cultura, sus mitos, sus leyendas y sus costumbres para poder dominarlos, y eso es lo que había hecho viviendo en cada uno de los lugares del mundo por un tiempo ilimitado, simplemente, hasta que me había cansado del lugar y había pasado a otro para aprender del lugar, de sus gentes y sus costumbres. Siempre había pensado que era la mejor forma de dominar a alguien sin necesidad de poderes, y lo seguía pensando tras todos aquellos milenios.

Tener todo aquel poder, no solo en habilidades sino también en riquezas, daba para mucho y a mí manera yo me consideraba un “rey”, un antiguo que tenía todo cuanto quería mientras veía cómo los humanos se destruían unos a otros sin necesidad de hacer nada, únicamente por el poder. Vivir a lo largo de todo el mundo daba para adquirir muchos conocimientos que algunos había puesto en práctica y sí, daba totalmente el poder que se quería sobre un humano. Sin embargo, a pesar de mi existencia, jamás había dejado que nadie se atara a mí porque un antiguo como yo tenía sus enemigos y nunca quise darles un blanco fácil para atacarme... ya fui una vez débil y me prometí, en mi nueva vida, que no volvería a serlo nunca. Tampoco había convertido a nadie ni había tenido ningún esclavo, eso significaba crear lazos y era algo que yo jamás hacía. Sin embargo sí que había una mujer que, en su época de humana, había sido la única que había convertido en vampira saltándome así mi propia norma. Yo jamás hacía nada sin pensar y tras todo aquel tiempo había aprendido hacía ya milenios a controlar mis impulsos como vampiro, y la convertí. Aunque ella jamás llegó a saber quién era su Sire, algo que siempre mantuve en secreto para ella y nunca le dije, no porque no quería que lo supiera y porque crear lazos no era algo que fuera conmigo. Ella, la que podría haber sido una reina de Esparta, se había convertido en la única “hija” que tuve, una relación bastante tormentosa que no había acabado bien y que ella había seguido su camino hacía ya demasiado tiempo. Sin embargo eso nunca quitó para que no la tuviera vigilada y controlada, sabía de cada uno de sus pasos, sabía siempre de su localización e incluso a veces habíamos coincidido en el mismo país, salvo que ella nunca llegó a saberlo. Como yo hice con mi Sire, ella también siguió su camino pero yo la tenía controlada para saber dónde se encontraba. Nunca le dije nada porque sería el blanco perfecto para mis enemigos, mi único “lazo”, mi única “debilidad”. Ahora sabía que se encontraba en la ciudad de París, ya había estado innumerables veces en esa ciudad y había visto el cambio en todo aquel tiempo... aunque sabía que se estaba convirtiendo en un hervidero entre los sobrenaturales que acudían a la ciudad atraídos como una polilla a las llamas, y la Inquisición que trataba de exterminarlos. Para un vampiro como yo, que buscaba emociones fuertes y con la curiosidad que tenía, era imposible no acercarme a la ciudad sabiendo que ella se encontraba allí, para además ver en primera fila la oscuridad que envolvía a la ciudad. La Iglesia siempre metiéndose para intentar mantener su poder e imponerse a los demás, aquello era una tentación que no pude resistir y al final acabé en París, en una de mis residencias que tenía a lo largo del mundo y que siempre estaban bien cuidadas para cuando yo decidiera aparecer sin avisar. Esa vez no fue la excepción y para cuando llegué todo estaba preparado, un par de días más tarde me encontraba en la búsqueda de la inmortal ataviado siempre con ropa elegante, y por supuesto, esa espada que siempre llevaba conmigo. En mi pecho el colgante de un dragón negro sujetando una gema rojiza, en la empuñadura de mi espada las garras de un dragón, porque eso es lo que era; inmortal, de carácter fuerte y con poder, lo mismo que era un Dragón. Seguir el rastro de la vampira para mí era demasiado fácil, no por nada llevaba mi sangre corriendo por sus venas y era por eso mismo que supe dónde se encontraba. En aquella taberna de mala muerte, con una capucha la observé en la oscuridad mientras una sonrisa ladeada se formaba en mi rostro, ella jamás querría verme de nuevo y yo siempre había aparecido por su vida de manera improvisada, no dejándola “libre” del todo, no porque yo era como la sombra de la cual jamás podría deshacerse. Ni siquiera había notado mi presencia y eso me hizo reír entre dientes, ¿habría perdido parte de sus facultades? Pronto lo averiguaría. Cuando se movió para salir del local vi mi oportunidad y me dirigí hacia ella cuando nuestros cuerpos chocaron, de haber sido una humana ella habría acabado estampándose contra la pared, sin embargo aguantó el golpe mientras yo quedaba de pie observándola. Para cuando sus ojos se alzaron hasta los míos, un “tú” salió de sus labios con cierta sorpresa, pero sin ninguna emoción en su voz de alegría por verme allí, y seguramente: vivo.



-Vaya espartana, pensaba que no ibas a darte cuenta de que nos encontrábamos en el mismo lugar –aseguré con un deje divertido en mi voz- quién iba a decir que la espartana ha perdido facultades, ¿para eso te entrené? –Chasqueé la lengua mientras me cruzaba de brazos- ¿tan sorprendida estás de verme por aquí, y vivo? Lamento arruinarte la diversión de pensar que había muerto, ya te dije que siempre sería tu sombra y en cierta manera tu peor pesadilla, no quería privarte de mí existencia sabiendo que no puedes alejarte de mí –comenté con una sonrisa ladeada, porque no sería la primera vez que expresaba sus pensamientos de quererme muerto, algo a lo que estaba acostumbrado y que no me afectaba en lo más mínimo- ¿tanto me echabas de menos que te has quedado, después de todo, sin palabras ante mi presencia? Podrías haber venido a buscarme de ser así, podríamos haber recordado viejos tiempos –tiempos donde ambos cazábamos humanos, destrozábamos y causábamos muerte y destrucción por donde íbamos, porque aunque al principio me odiara mi sangre fluyendo por sus venas siempre la enlazaba a mí, algo que ella no sabía pero que quizá se lo dijera, solo para ver su rostro ante el tamaño de tal noticia- tanto tiempo sin vernos, Aglaia.


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Re: The warrior against the dragon [Tiamat Sinn]

Mensaje por Aglaia el Vie Dic 07, 2018 9:55 am

Tenía una vida digna de una mujer espartana, tuvo un marido a quien le dio dos fuertes hijos, uno de los cuales llegó a ser un guerrero de valía en el campo de batalla y el otro, un gobernante de los que pocos pueden compararse por sus logros. Estaba destinada a ser reina y en lugar de ello, alguien le arrebató la vida en un acto de total cobardía dejándola sola a despertar a una existencia de oscuridad, sangre y soledad. Lo último fue auto-impuesto. Elegido por ella en tanto aprendía de esta nueva condición que los espartanos consideraron una maldición de los dioses y por otro lado, en la propia guerra desarrollada en enormes tierras, una bendición. Tal cual hacían con las mujeres, Aglaia fue entrenada desde muy joven para aprender sobre economía y administración, de igual forma, se le exigía tener una constitución física adecuada porque así tendría hijos sanos, fuertes y grandes, tal cual era su destino. Eso fue lo que le ayudó a salir adelante, a adentrarse en medio de las batallas para crear un desequilibrio con estas nuevas habilidades que le sirvieron a los espartanos y de paso, a los griegos en sus combates con Jerjes y los suyos.

Avanzó gracias a algunos personajes que se atravesaron en su camino, el primero fue Héctor, un griego que tuvo la decencia de enseñarle todo aquéllo que su Sire obvió al dejarla abandonada. Tras él, muchos más le tendieron la mano creando a la vampiresa que hoy es. Si bien es cierto que Tiamat tuvo sus puntos que podría agradecer, el que constantemente sea una piedra en la planta de su bota le quita los mismos buenos deseos. Esta vez aparece en París después de tanto tiempo sin siquiera presentarse. Deseó que estuviera muerto, es cierto, porque personajes como él, es mucho mejor tenerlos alejados de su ser. En cambio, está frente a ella, como si fuera un enviado de los dioses digno y con ese gesto en su rostro que es petulante y dista de ser agradable para la espartana a quien los altaneros, prepotentes y egocéntricos le sientan mal. Ya tiene suficiente con Héctor como para que Tiamat decida permanecer a su lado. - Hay momentos, en que sí, desearía que estuvieras muerto y enterrado boca abajo, porque presiento que eres capaz de revivir y si quieres salir, te hundirías hasta llegar al centro de la tierra para saludar a Hades y sus huestes - su griego no lo cambia por nada, sobre todo con personas como este vampiro que la comprende tan bien al hablarlo como un nativo.

Muchas veces le preguntó sobre su origen, sólo obtuvo evasivas en el mejor de los casos. En los peores, de vuelta ese gesto engreído que tanto la desquicia. Si tiene algo a favor el vampiro, es su habilidad de hacerla perder el buen juicio. - Oh sí, claro, existo para estar a tu lado, para lamer la suela de tus botas y ponerme de alfombra para que me pisotees - avanza con la intención de salir de la taberna. Le gusta su anonimato, a diferencia de él, dista de gustarle todo eso de llamar la atención. Con el paso del tiempo se convirtió en una forjadora de soldados, de ejércitos que lideró con mano dura, pero justa. Sus childs fueron pocos a comparación de los siglos a cuestas, pero sus ghouls fueron incontables y a todos entrenó con ahínco, buscando en ellos los valores y las habilidades que les hicieran cuasi perfectos, tal cual los espartanos hacían con sus recién nacidos. Eso, quedó en el pasado, si bien aceptó a una nueva ghoul con Amane, su estadía con ella será más que corta a diferencia de los demás que todavía le tienen para darles consejos.

Agotada la paciencia que le correspondía a Tiamat, tenerlo frente a ella es un martirio. Un suplicio que está corta de aceptar. Está dispuesta a echarlo de su vida a patadas de una vez por todas y que entienda que ya no lo acepta más. - ¿Alguna vez vas a madurar? No eres el centro del universo para que los demás estemos a tu alrededor. Lo que me enseñaste, lo pagué con sangre y heridas defendiendo tu cabeza contra tus enemigos, guardando tus secretos - está fastidiada de todo ésto, de su actitud, de su talante y sus exigencias. De que si no la entrenó así, de que debería cambiar algo más. - No eres mi sire para estarme reprendiendo. Vamos, ¡Ni Héctor lo hace! Y a mis ojos, él es mi sire - porque es así. No hay forma de que ella piense diferente y si supiera la realidad de Tiamat, seguro que su respuesta sería más mordaz que ésta, la cual sólo está cargada de leves atisbos de madurez y comprensión de sus propias actitudes, algo que pudo madurar al paso del tiempo que estuvieron separados, sobre todo de este último lapso.

Héctor le tendió la mano y por más que luego escapase dejando enemigos atrás para que la espartana lidiara con ellos, fueron más sus enseñanzas que las jugarretas que pueden ser vistas como la parte final de sus entrenamientos. Tiamat llegó mucho después a su existencia, con movimientos mucho más letales que los de Héctor, haciendo que a veces la espartana maldijera su sino al tenerlo en su camino. Los pasos de la fémina, le llevan a la puerta de la taberna, tiene cosas por hacer que sólo estar poniéndose al corriente con el vampiro. Y en realidad, está en una etapa de su vida en que la paciencia se le acaba y pronto. Puede tenerla con sus childs, incluso con sus ghouls, pero jamás con un vampiro tan milenario como Tiamat. - ¿Sabes? De verdad, no estoy para soportar tus comentarios, tu actitud y mucho menos tu presencia. Estoy en un punto de mi existencia en que ya es suficiente tanta estupidez y voy a tener una guerra digna de encontrar la hermosa muerte espartana. Así que, no te preocupes, mis fallas, mis defectos, lo que te disgusta de mí, está próximo a extinguirse. Puedes estar tranquilo, ya me cansé de todo tal cual querías. Que me fastidiara de esta vida de oscuridad, sangre y pelear guerras que no inicié, pero que debía terminar. ¿No era eso lo que querías? Ya lo obtuviste, ahora si me das espacio, prometo que en menos de tres meses, dejo de existir y podré ir al Hades a estar con los míos en el Infierno de la Violencia - es lo que está planeando.

Para eso, participa activamente en los movimientos de Loyd, para encontrar en la Inquisición a alguien que pueda darle muerte de una vez por todas, hastiada de la existencia monótona que ha llevado estos milenios. Para alguien como Aglaia, la vida dejó de tener sentido, por lo que sólo busca quien pueda matarla en una guerra digna de presentar la cara ante su abuelo Leónidas y decirle: "Vengo a contarte cómo fue que morí hermosamente". Esa, es la ley espartana. Y la vampiresa está dispuesta a seguirla a rajatabla le pese a quien le pese.





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