Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Balthasar Belmont el Dom Nov 25, 2018 9:07 am

NOVIEMBRE, EN TORNO AL 1800 Y ALGO, MANSIÓN BELMONT

Balthasar estaba sentado en un enorme sillón lujoso que había hecho llegar al salón de su enorme mansión desde los reinos árabes. La pie morada era de exquisita calidad y los bordados del sofá estaban labrados en oro, así como toda la estructura de la silla. No pensaba escatimar gastos en la decoración de su nueva “casita”. Como Duque de Francia sentía que tenía que dar ejemplo, demostrar que efectivamente es rico, muy rico. Todo ello fruto de las guerras en las que ha participado y en las cuales se ha enriquecido, tampoco es que le importe mucho la razón por la cual ha atesorado esa pequeña fortuna pero sí que el mismísimo Rey de Francia le concediera el título de duque.

Aquella tarde Balthasar daba una fiesta, una de las mayores que se iban a ver en París en todos los tiempos. Había contratado bailarines, números circenses, cantantes de ópera, comediantes y en definitiva a un montón de gente. Eso sin mencionar que había triplicado el servicio para que toda la noche hubiera comida y bebida abundante por toda la sala. Le encantaba dar fiestas ostentosas que dijeran que ahí estaba él y sobre todo usarlas para impresionar a los pobres e insignificantes humanos, que en muchas ocasiones miraban todo casi embobados. Había invitado también a todo aquel que significaba algo en la sociedad parisina, por supuesto no a plebeyos ni gente de baja calaña, no los quería en sus fiestas dando mala imagen.

Daba órdenes concisas y autoritarias sin levantar la voz al servicio de su casa, no lo necesitaba, le obedecían como el perro que obedece al amo que le ha dado los palos suficientes. Esperaba encontrar aquella noche otra suculenta jovencita a la que convencer para tener una velada de lo más interesante y si había suerte y la joven era lo bastante estúpida o estaba lo bastante sola, tal vez podría probar un poco de su deliciosa sangre. Sin duda ella acabaría pidiéndoselo al final de la noche y él procuraría complacerla como el caballero que era. Su posición llamaba la atención y no duda en aprovecharse de ella.

Balthasar se había puesto sumamente elegante aquella noche, como acostumbraba a hacer. Su cabello estaba impecablemente peinado y su cara limpia, angulosa y sumamente pálida. Era un joven atractivo y su nueva condición inmortal lo había acrecentado. A veces escuchaba a sus criados decir que parecía un fantasma y eso le hacía mucha gracia, un fantasma él… Vestía con un lujoso traje de terciopelo color vino tinto y lleno de brocados negros, sus colores predilectos en vida y en muerte. Él era un vampiro que si bien era relativamente joven en la especie podía llegar a tomar algo de bebida sin sentirse mal y le gustaba especialmente tomar vino, aunque muchas veces pareciera que lo tomara sin serlo.

Así que de esa guisa estaba, sentado en su trono como si se creyera más aún que un duque, perfectamente arreglado y con una copa de vino rojo como la sangre en la mano, porque realmente no era vino lo que estaba tomando en aquella copa laboriosa. Los primeros invitados comenzaron a llegar a la mansión y pronto la sala se llenó de personas que se acercaban para saludarle, algunas haciendo una leve reverencia, cumplidos irreverentes e incluso ofreciéndole algún regalo que otro de lo más inútil y banal.


traje:


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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Dom Nov 25, 2018 1:40 pm

Dime de qué presumes y te diré de qué careces.
Tengo mucho sentido común y soy muy obediente
de lo que mis mayores me indican. Ah, ¿No era así?.

Otra fiesta rimbombante, hombres a quienes evitar, mujeres a quienes saludar. Entre los coloridos atuendos, la rusa se mantiene con un perfil bajo, lo cual para su acostumbrada dinámica es de sospechar. En cambio, viaja de un lado a otro con el abanico sobre el rostro, dando un aire de morbosa curiosidad por saber quién es tan enigmática mujer. Esta vez, su atuendo dista mucho de llamar la atención. Todo lo contrario, al ser las prendas tan sencillas y faltas de sofisticación, los presentes la desestiman, dando oportunidad a que Aleksandra viaje de un lado al otro por el salón, en busca de lo que quiere. De la persona que le citó en esta fiesta dándole la invitación para pasar desapercibidos. A lo lejos, sus ojos captan el movimiento, la silueta se desplaza hasta introducirse en uno de los balcones. Los ropajes le distinguen. Ambos acordaron de vestir negro y rojo. En parte como un símbolo de bajo rango y ser ignorados por la mayoría de los presentes y también, para evitar confusiones.

Con una copa de vino burbujeante en la mano, Aleksandra va evitando a las figuras que siguen hablando. En concordancia con la música, sus voces tienen que subir el volumen. Las parejas bailan en la pista creada ex profeso para ello. El Duque, por algún lugar debiera estar de esta grandiosa mansión donde se huele la eficiencia y el miedo disimulado de los sirvientes. Un ojo perspicaz como el de la rusa, nota de inmediato esos pequeños detalles que se cuidan tanto en los canapés, la bebida y el estado del inmueble. Los sirvientes muestran espanto en los modales cuando algo sale fuera de lo que es la generalidad de la etiqueta. La servidumbre es una calca de lo que es el dueño de esta casa, noble recién proclamado. Para una cerrada sociedad, el Duque tendrá que ser eficiente y bueno en sus fiestas, reuniones, modales y presencia porque de lo contrario, la nobleza se reconoce por meterse el pie constantemente. Ojalá este nuevo noble no termine en la horca, como mejor castigo por su inocencia.

Se desliza en el interior del balcón, cerrando la puerta tras ella para intercambiar la información y los documentos que tendrá que llevar a con otro personaje de gran poder más posicionado en Europa Central. Se toman el tiempo para informar al otro de los movimientos que están sucediendo alrededor, de los grupos belicosos que se forman tanto en París como en otras urbes de mayor conglomeración. Las aguas están revueltas y ya se sabe que la ganancia es de los mejores pescadores. Las preguntas se responden, algunos comentarios extra y él sale primero del lugar en tanto Aleksandra guarda los documentos en el fondo de sus enaguas. Utilizando el elástico que rodea su siniestro muslo para que sea imposible que se suelten. Del otro lado está la pistola de reserva. En uno de los bolsillos ocultos del vestido, está la principal. Es imprescindible que esta noche regrese a casa sola. Lo cual hará en cuanto vaya a saludar un poco más para guardar las apariencias antes de retirarse.

Con la copa en la mano de nueva cuenta, regresa al salón principal asegurándose de que nadie la vea salir de la habitación. Vaga de un lado a otro para hacer tiempo, que la vean disfrutar es parte de la charada por si alguien la reconoce, no sospeche de que viene por otras razones. El abanico le da un instante de frescura. Alguien alarga la mano sujetando el brazo de la rusa que por instinto, aprieta la copa de licor. El caballero en cuestión se nota entrado en años, con un tufo propio de quien ha estado bebiendo de más durante la fiesta. - Sasha, te creía muerta. ¿Por qué me dejaste?  ¿Por qué me mentiste? - lo que le faltaba. Que Vladislav Koslok la encontrara. Un ex algo, que se obsesionara con ella. Tiene que deshacerse de él rápido, se pone de puntitas para alcanzar su oído y dejar algunas palabras que le subyuguen. En cuanto sus miradas se encuentran, el hombre sonríe asintiendo - te esperaré, no me hagas esperar - se aleja con paso presuroso en tanto la rusa alza una ceja con lástima porque por supuesto que le va a dejar esperando toda la noche.

Se dirige hacia la puerta para irse de ahí, una vez se asegura de que Vladislav está lejos de mirar lo que hace. Tiene cosas más importantes qué hacer que ir a que la manoseé un idiota como él. - Es una pena que sigas siendo un falto de carácter - se le ocurre susurrar justo cuando un hombre está a su lado. Cuando voltea, se encuentra al anfitrión, frunce los labios porque su escapatoria está comprometida, en cambio, hace una reverencia propia del cargo del noble. - Su excelentísima, es un gran placer conocerle. Espero que su camino esté plagado de éxitos rotundos, con su permiso - no pueden echarle en cara que ignoró al anfitrión, pero sus pasos se apresuran para irse de ahí.




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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Balthasar Belmont el Dom Nov 25, 2018 3:19 pm


Balthasar se movía aquella noche por la fiesta como si fuera un enorme tiburón blanco en el mar, él era el rey del océano y estaba rodeado de pequeñas criaturas que le servían como distracción y alimento, pues así era como él los veía y nada más. En alguna ocasión un humano lograba atrapar su atención de alguna forma, le gustaban especialmente los que se resistían a sus encantos o a sus dotes persuasivas. Pero aquella noche no había ni un solo reto, las damas de alta alcurnia abarrotaban el salón, muchas acompañadas y otras no, pero para el anfitrión aquello no era un inconveniente pues depositaba besos en el dorso de varias manos allí y allá, entablando conversación solo con aquellas personas a las que consideraba merecedoras de su atención o de su estatus.

Diversas muchachas enrojecían, hacían cumplidos o movían sus abanicos de forma seductora ante su presencia, demostrándole enseguida lo aburridas que eran y por ello pasaba a la siguiente sin absolutamente ningún tacto o cortesía. Aquella era su casa y él se sentía el dueño y señor de la velada, aunque su cargo de nobleza a penas tuviera unos meses ya se había ganado a la gran mayoría de la clase alta por aquellas enormes fiestas. El "duque fiestero", le llamaban, si supieran todo lo que en realidad escondía el cascarón de Balthasar... Era taaaan fácil complacer a los humanos y ponerlos del lado de uno que no había supuesto ningún reto ser aceptado en un corto periodo de tiempo y menos con el nombramiento directo del mismísimo rey de Francia. Había aprovechado para seducir a unas cuantas jovencitas en aquel periodo pero ninguna le había satisfecho demasiado y las había desechado con insultante facilidad.

El joven vampiro paseaba por la sala con una dama del brazo, una jovencita morena de ojos oscuros a la que esperaba poder invitar a pasar la noche más tarde, su cuello tenía un aroma delicioso y podía percibir la vena que palpitaba casi como si ya la tuviera en su boca. Una dama algo mayor que él, claramente en un momento de confusión, le dijo que no tenía ningún carácter. Era posible que le hubiera confundido con otra persona pero Balthasar río estruendosamente, divertido por la ocurrencia de que aquella dama acabara decir a la cara de un vampiro y nada menos que de uno que es duque, que tiene menos carácter que un árbol.- Disculpadme madame, pero creed que si me conocierais jamás diríais que no tengo carácter. Es posible que tenga incluso demasiado, ¿Vos que opináis Selene? -dijo aludiendo directamente a la dama que iba de su brazo, la dama enrojeció ligeramente cuando se dirigió a ella y habló con voz casi apagada.- Opino señor, que vos tenéis mucho carácter, sin duda la dama no os conoce lo suficiente.

Él río cuando la joven contestó, por supuesto que tenía carácter, poca gente le había visto realmente enfadado y los que lo habían hecho jamás habían osado enfadarle otra vez. Tomó la mano de la mujer y la escrutó con interés, fijándose en sus rasgos y en su marcado acento que parecía del este.- Madame, es un placer tenerla ante mí. Pero oh, no puede marcharse todavía, ni siquiera nos ha dicho su nombre y la fiesta aún no ha llegado a su mejor momento -dijo guiñando un ojo con picardía, con un gesto de mano sencillo despachó a Selene, que se marchó a otro lugar y centró su atención en aquella humana a la que no parecía agradarle su fiesta y tenía genuina curiosidad por conocer el por qué. Todo el mundo acudía en masa a las fiestas que celebraba, cada vez más locas y ostentosas pero ella parecía querer huir de allí cuanto antes. Como la mujer hizo el ademán de marcharse Balthasar se movió hasta colocarse directamente delante de la puerta, en un gesto de lo más casual e imperceptible, bloqueando la salida- ¿Acaso mi fiesta no es de su agrado?


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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Jue Nov 29, 2018 12:49 pm

Todo hombre sabe cuándo perseguir a una mujer.
¡Patrañas! Siempre llegan cuando menos se les desea.

De vez en cuando conoce a un noble con dos dedos de frente, inteligencia, astucia, habilidad y un algo que le incita a continuar la velada a su lado. El Duque Belmont no es uno de ellos. La carcajada estridente, llama la atención de los presentes y por ende, se centra también en las personas que están alrededor del noble que lograran congraciarse al obtener tal muestra de alegría, es decir, en ella. Ya tiene un punto en contra en la mente de la rusa que quería pasar desapercibida y con ésto, es más famosa que la cantante de Ópera más melodiosa. Los ojos de los ajenos, pasean por la figura poco arreglada de Aleksandra que tiene a bien sujetar el abanico procurando que pocos puedan apreciar sus facciones al completo y entre ellos, el noble arribista. Por primera vez en la vida, se muerde la lengua para no soltar las palabras que amenazan con salir a borbotones, lo cual de seguro iniciará una disputa verbal en la cual ambos saldrán mal parados. Él, porque la fémina es capaz de señalar todo lo obvio y ella, porque seguro que termina en algún calabozo o bien, en el mejor de los casos, echada de patitas a la calle.

La repetición de las palabras del hombre por la tal Selene, es acompañada por un rodar de los ojos de la rusa que observa a su diestra para no reírse en la cara de la joven. - Pudiera ser, Su Excelentísima, es una pena que no pueda comprobarlo ahora mismo - intenta irse, en lugar de permitir que se retire, el Duque despide a su acompañante como lo haría cualquier hombre con su perro faldero que mueve la cola muy contenta en tanto llega con otro grupo de descerebradas tanto o más histéricas que ella. Él toma su mano para saludarla, en cuanto la suelta, Aleksandra la lleva a su sien para controlar la migraña que le provoca. - No creo que pueda tener su fiesta los condimentos necesarios para que mi estancia sea agradable, Su Excelentísima - el abanico impide que pueda observar sus rasgos, la mueca tensa que sus labios crean y que llega hasta sus ojos. Se siente incómoda en el lugar, va a retirarse, pero su movimiento es interceptado con la pared de carne y huesos de este hombre. ¡Es más terco que Vladislav! ¡Cierto, Vladislav! Su mirada recorre el sitio. Atrapa su figura saliendo del balcón a donde le mandó, ese gesto significa que está airado y celoso por deshacerse de él para "coquetear" con el joven, lo que en consecuencia, significa que enfila como un toro directo hacia ella.

La desvergüenza de Aleksandra no tiene fin, sonríe al Duque cerrando el abanico, sus ojos son dos brillantes esmeraldas que reflejan la maldad absoluta de sus actos cuando se acerca al noble colocando ambas manos en sus hombros, acercando su cuerpo al suyo, siendo consciente de que Vladislav la observa exacerbando su ira.- Su Excelentísima, para que esta fiesta sea de mi agrado, necesitaría menos perros falderos y perras en celo y más gente inteligente e interesante. Ya se sabe que el "Duque de los excesos" es un apodo que le asignaron, lo que significa que sólo se le puede reconocer por ese rasgo. En su lugar, me habría gustado que el Rey de Francia decidiera mantenerme como su consejera y que le gustara mi presencia. Así, sabría que el Conde Robespierre, falsifica su contabilidad y por lo tanto, los impuestos no los está enterando a la Corona. O que el señor Montesquieu tiene un grupo muy particular de hombres bien entrenados para secuestrar las diligencias que vienen del puerto hacia el castillo de Su Majestad, haciéndose de todos los botines obtenidos en los mares - se separa limpiando con interés una mota inexistente de polvo del hombro del Duque antes de alzar la mirada, dejando caer una sonrisa divertida.

- Así, aprenderá que todo tiene un costo, Su Excelentísima. Y el mío, viene en camino - se sonríe haciendo una reverencia, girando el cuerpo para quedar a espaldas del noble justo cuando el imbécil de Vladislav encara al noble golpeando su siniestra mejilla con un guante blanco. - ¡Ésto es una afrenta, señor! ¡Exijo el pago en compensación de estar tocando a mi... a mi... a Sasha! ¡Elija a sus padrinos y las armas que usaremos! - la rusa se sonríe divertida, Vladislav será muerto esta noche si es que el Duque tiene la habilidad para ganar el duelo. De lo contrario, será un noble menos para el costo de la Corona. Sus pasos se vuelven ligeros cuando intenta, de nueva cuenta, irse de ahí a toda velocidad. Intentando ocultar su partida entre todos los sorprendidos. Mejor, no pudo hacerlo Vladislav, porque así, la escapatoria está asegurada.




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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Balthasar Belmont el Vie Nov 30, 2018 2:57 pm


Balthasar encontraba de lo más divertido que aquella mujer no solo no se sintiera ni remotamente atraída hacia él sino que pareciera desear salir corriendo de su fiesta en cualquier momento, un sondeo rápido de sus pensamientos le bastó para saber que él no le agradaba en absoluto, pero aquello lejos de enfadarle le hizo sonreír. Se esforzaba por taparse el rostro con el abanico pero Balthasar se limitaba a observar los rasgos que podía ver de ella con inusitada atención, preguntándose por qué una mujer acudiría a una fiesta como la suya con el simple deseo de pasar desapercibida ante todo el mundo. Porque lógicamente los ojos del vampiro no pasaron por alto que se puso de lo más tensa en cuanto la gente a su alrededor comenzó a observar la escena. Así que él, haciendo un nuevo ademán de la mano, deshaciendo y haciendo como quería en su propia casa y en su fiesta, indicó a todos los curiosos que más valía que se marcharan pues esto no era asunto suyo.

Los nobles circundantes obedecieron y fueron desapareciendo para volver al comedor, al salón de bailes o a cualquier otro lugar en el que ellos pudieran tener una conversación sin ser molestados por nadie. Sin embargo que hubiera alejado a la gente no implicaba ni por un segundo que fuera a dejarla marchar de allí, siente curiosidad y la mujer no se irá hasta que él no desee que se vaya. Se acercó a ella de forma suave, a penas se le oía cuando caminaba, como si fuera un gato y susurró en su oído.- Quédate, por favor -claro que en realidad aquello no era un susurro ni una petición, se trataba de una orden en toda regla con la que pretendía retenerla en contra de su voluntad. Y así sería, ella tendría que quedarse hasta que él hubiera satisfecho su curiosidad.

La mujer realiza un cambio de actitud prácticamente repentino que a él no le pilla por sorpresa, lee todo lo que cruza su mente por lo que sabe de ante mano todo lo que le va a soltar, aun así aguarda mientras esa sonrisa arrogante no abandona su cara ni por un instante, inalterable, como si fuera un bloque de hielo, escuchó todo lo que decía y cuando ella acabó de hablar una carcajada tan espontánea y sincera salió de su mismísimo pecho, sin embargo colocó su mano delante de su boca. Un gesto que podría parecer de educación pero que escondía la presencia de sus colmillos. Él sin duda fingía respirar, pero casi sintió que lo había hecho con aquella carcajada.- Vaya, sois una dama de lo más particular, nadie a mi alrededor se habría atrevido jamás a hablarme como acabáis de hacerlo. Y eso me complace, ya le digo que lo hace. Debe creer usted que el título de "Duque de los excesos" es para mi alguna clase de insulto, pero nada más lejos de la verdad, es un apodo que me he ganado con mucho esfuerzo y que me honra usted al nombrarlo -dijo con un altanero guiño de ojo- En cuanto a los asistentes a mi fiesta, no subestime usted a todo el mundo pues la arrogancia es un pecado que yo también padezco. Aquí hay mucho perro y perra, como usted ha gustado de llamarles, pero eso no significa que no se pueda enseñar a un perro a ser sumamente útil y leal cuando se le necesita -dijo sin un ápice de maldad en su voz, para él era la cadena natural de la vida. Los vampiros estaban por encima y los humanos por debajo, tan sencillo como eso- Aun así veo que maneja usted información valiosa relacionada con la corona, lo cual me lleva a preguntarle qué hace en mi fiesta, pues aquí no creo que haya venido por el placer de mi compañía. Y no me mienta por favor... lo sabré.

Se sintió irritado cuando un hombre vino a interrumpirles, no le gustaba lo más mínimo que se le acercaran si él no quería. Y no solo eso, encima le dio con un guante blanco en la mejilla. Balthasar parpadeó estupefacto, era raro que alguien le sorprendiera y desde luego no esperaba que un imbécil como aquel deseara enfrentarse a un duque y menos a él, que podría matarle en cuestión de segundos con sus propias manos. Aquel pobre infeliz no sabía donde se había metido ni con quien.- Buen señor, yo no he tocado a nadie pero no soy un hombre que se eche atrás ante un duelo, así que elijo mi sable como arma y rechazo un padrino, yo solo me basto -aquello había acabado de llamar la atención de todo el mundo, que ahora si miraba lo que acababa de ocurrir entre el duque y aquel hombre que se llamaba Vladislav. La gente se acercó, un duelo era algo digno de ver pero aquel sería insultantemente rápido y quería terminarlo cuanto antes para poder volver a su fiesta. No le pasó desapercibido que ella pensaba aprovechar la ocasión para volver a intentar escabullirse así que usó de nuevo su mejor voz y se acercó a ella- Tu vienes, querida -y nuevamente no tuvo más opción que acompañarles a fuera, donde se enfrentarían en duelo.




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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Sáb Dic 01, 2018 11:39 am

Aleksandra, ¿Cuándo aprenderás lo que es la prudencia?.
Cuando los demás dejen de ser imprudentes.

Sus pies se negaron a irse, fue la primera apreciación que tuvo de que algo estaba mal. La segunda, fue la necesidad de quedarse, todo lo contrario a su deseo principal. La zorra en el interior de Aleksandra, se erizó de inquietud. La búsqueda de respuestas empezó, ¿Por qué de pronto echaba sus instintos por tierra ansiando obedecer a este noble? A recapitular se ha dicho. Recorre los pasajes de su memoria buscando hebras en los lugares apropiados para jalar y armar la madeja de este misterio. Se reconoce interesada en este tipo de sucesos que delimitan sus actos. Su visión interna se moviliza, descartando y resaltando las acciones del Duque hasta llegar a la respuesta principal: las personas hacen todo lo que él quiere, el miedo en las miradas de los sirvientes, la piel fría bajo las manos de la mujer al quitarle la mota de polvo. El ronroneo en su oído ya lo sintió antes en otro personaje. Uno que dista de ser alguien adecuado para las personas. ¿Será que...?

Sus pies reafirman esa hipótesis, pues se niegan a separarse del Duque quien se regocija del apodo que le dieran y por el que, dice, trabajó con ahínco. - Distamos mucho en cuanto al criterio del por qué ser reconocidos ante la Corona - porque ella busca estar en el incógnito por más que le reconozcan de diferentes lugares debido a su carácter revolucionario y hasta bélico. - ¿Subestimarlos? Por favor, los tengo medidos a todos y cada uno. Sé lo que pueden hacer - en eso concuerda. Entre más lamebotas son, mayor es el riesgo que corre de ser reconocida y perseguida por sus enemigos. Con tal de quedar bien u obtener beneficios, la humanidad es capaz de las peores atrocidades, cuanto más de denunciar a aquéllos que consideran una piedra en el camino de sus ambiciones. La pregunta respecto a sus verdaderas intenciones, queda en el aire. La sentencia de que sabrá si miente o no, es otro punto a favor de la anormalidad de su anfitrión, si se le puede llamar así.

La escena que montase Vladislav, le da el tiempo para calcular el resto de las variables. La ofensa hacia el Duque debería ser lavada con sangre y por supuesto, al ser quien es -se refiere a la "anormalidad"- desdeña tener un padrino que termine el trabajo. Interesante. Se mantiene en silencio sin dar oportunidad a que él pueda escuchar sus razones sobre su estadía tan corta. De esta manera, no está mintiendo y le permite hacer con Vladislav lo que quiera. Si bien el ruso es un buen soldado, diestro en las armas, Aleksandra quiere ver la última prueba de sus sospechas para llegar a una conclusión sólida sobre la condición del francés quien la alcanza para volver a pronunciar las palabras que con esa voz y la connotación que impide su partida, le terminan de recordar a cierto vampiro de su pasado.

En tanto, el ruso asiente con esa fiereza propia de los osos de la helada patria. De no ser porque es un incordio, Aleksandra admiraría esa valentía. - Que sea, señor. Indique dónde será el duelo - exclama con seguridad en la voz de que podrá salir airoso pensando en su limitado conocimiento, que éste, es otro noble cualquiera al que podrá derrotar como lo hiciera en las Rusias. Desde ahí, ya está muerto porque a un enemigo no se le desmerita. Los pasos de la fémina siguen al anfitrión cubriendo de nueva cuenta el rostro con su mejor amigo, ese abanico que funge como guardián de su identidad. Las mujeres están ansiosas y excitadas porque el joven duque va a defender su honor y eso significará que alguna querrá colarse en la cama del sobrenatural. Porque lo es, es un sobrenatural. La esencia del mismo le deja en duda porque ya alguna vez se equivocó al juzgar a alguien.

Se queda a la vista del Duque, obedeciendo sus órdenes de permanecer en el sitio, más se mantiene alejada de los demás, observando en silencio cómo se desarrollará el duelo que significa la muerte del camarada. Es una pena, dentro de lo que cabe, Vladislav es un buen soldado que sirve a la Rusia con honor. Es su falta de sentido común lo que le matará, pero eso ya había sido advertido por sus superiores, haciendo recomendaciones de que olvidara su afición a los duelos, pero el ruso es terco. Quizá piense que así Aleksandra le dará su tiempo. Error. Ella no regala su tiempo a inútiles, mucho menos a los faltos de visión. Si sigue ahí es por la orden del vampiro, porque mientras él siga comportándose así, ella seguirá en sus trece de dejar la fiesta. Le aburren los hombres que se consideran dioses cuando en realidad, sólo son babosas.




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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Balthasar Belmont el Dom Dic 02, 2018 5:42 pm


Balthasar percibía perfectamente como la mente de su acompañante divagaba de un pensamiento a otro y supo que ella sabía, en cierta medida, que él no era un estúpido humano del montón. Le agradó mucho que su ingenio fuera lo suficientemente rápido como para sospechar que algo ocurría con las órdenes que él le daba, por supuesto era una humana corriente que no podía hacer absolutamente nada contra él en ningún sentido, pero se sentía francamente impresionado por ella. La mayoría de gente obedecía y él mandaba escudado por su estatus social y por su presencia, ciertamente intimidatoria, pero aquella mujer parecía ver entre el velo que cubría lo sobrenatural.

-No se preocupe, su criterio es tan válido como el mío, salvo que yo tengo contacto directo con el rey de Francia -dijo con una leve sonrisa que ocultaba sus dientes, de lo más arrogante. No tenía intención de confirmar sus sospechas tan pronto, tal vez si se lo ganaba lo haría. Claro que eso despertaba un claro dilema, si ella averiguaba qué era él tendría que decidir si la mataba a no. Se dijo que permitiría que el curso de la noche avanzara antes de tomar la decisión, tal vez ella tuviera alguna utilidad que él no comprendía, al fin y al cabo. Así que volvió a centrarse en el hombre que acababa de interpelarle y desafiarle a un duelo.

El infame bastardo llevó el duelo hasta el final de sus consecuencias y él no pensaba dudar ni un momento en matar a un gusano borracho. La gente estaba ya aglutinada alrededor del duque, algunas muchachas le miraban y el sonrió con gula y pereza, como un felino que imagina ya cómo va a comerse a su presa. Sin duda la pobre tonta que se dejara engatusar por su demostración de poder acabaría aquella noche en su sábanas con algo más que buen sexo.- El duelo será aquí, en mis jardines y ahora mismo -expresó con voz melodiosa. Deseaba volver a su fiesta cuanto antes, aunque reconocía estar divirtiéndose por aquel gordinflón. Hacía tiempo que no mataba a un hombre usando armas pero su sable estaría encantado de arrebatar parte de la sangre que manaba por sus venas vivas.

Ambos hombres cogieron sus respectivas armas, Balthasar mandó a un sirviente a por su sable a la armería del palacete y regresó raudo con ella. El joven vampiro la enlazó en su cinturón y con un gesto de lo más cordial y frío invitó a su contrincante a que salieran al jardín, donde se batirían en duelo. Una gran masa de gente les seguía de cerca, claramente deseosos de ver como se desarrollaba el combate. Los humanos, violentos e imbéciles, se dejaban llevar por el deseo de sangre con insultante facilidad, pensó él. La mujer rusa le seguía como él había ordenado, aunque se mantenía a cierta distancia. No importaba porque no podría irse aunque quisiera, además ella misma había provocado en cierta medida que aquel hombre fuera a morir aquella noche, pero no parecía importarle en lo más mínimo. Balthasar se acercó a Aleksandra y susurró en su oído- Prometo que seré rápido, a penas notará mi sable atravesándole. Claro que... sospecho que a vos os importa poco el destino de este hombre al que ciertamente acabáis de condenar. Qué frialdad -dijo complacido, para él aquella frase no era un reproche sino uno de los mejores cumplidos que podía hacerle a alguien.

Balthasar nombró a un barón calvo como un huevo el supervisor del duelo. El contaría de 3 a 1 y declararía al ganador. Claro que aquello no llegaría a ser ni siquiera un combate, disimularía y se movería lo suficientemente despacio para que la masa pensase que solo era un luchador sumamente diestro y acabaría con él de un solo golpe. Cada hombre se situó en el centro de un pequeño patio dándose la espalda, el duque de lo más elegante ni siquiera se había cambiado, no tenía intención de que sus ropas se mancharan. Y entonces el barón contó.- 3, 2, 1... -y ambos hombres se dieron la vuelta. El ruso borracho, en un acto de lo más predecible, se lanzó hacia él con la espada en las manos y una mirada llena de rabia. No había hombre más fácil de ganar que aquel que se dejaba influir por sus emociones... Así que Balthasar esquivó con ligereza su ataque, dio una vuelta sobre sí mismo mientras se agazapaba lo suficiente y con su mano derecha hundió limpiamente su sable en el pecho de su contrincante, al que acababa de atravesar el corazón. El sable resonó en el aire cargado de pesado silencio, hundiéndose hasta atravesar la espalda del hombre. Y éste, que chorreaba sangre por la boca mostró una expresión de lo más sorprendida antes de caer desplomado al suelo, muerto.





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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Aleksandra Kurdaliova el Lun Dic 17, 2018 11:58 am

Aleksandra tiene una pésima reputación con aquéllos que la conocen y la trataron. Es fría como la misma Siberia, nada que puedan hacer los demás le generará un sentimiento de culpabilidad, ni siquiera este hombre que intenta "salvar su honor" o cualquier otra tontería típica de los varones que consideran el duelo un acto con el cual lavar sus pecados. Para la rusa, es una demostración de lo poco que se puede llegar a un acuerdo con palabras y es por ello que el sexo masculino le parece decadente. En lugar de ser el sexo fuerte, es más bien una oda a lo que no se debe practicar. Recargada contra uno de los pilares, observa desde lejos al par de "valientes" que se encararán por limpiar el honor de una mujer cuyo único pecado fue susurrar algo al oído del noble. Las armas se reparten, los combatientes se miran fijamente demostrando quién de los dos la tiene más larga o peor aún, se siente mejor que el otro y el duelo inicia a la cuenta de tres.

La castaña observa los movimientos hasta que el cuerpo de su compatriota cae al piso entre estertores que le llevan a la muerte ante el estupor de la mayor parte de las mujeres que jamás habían visto una escena parecida y la sonrisa de los hombres que ven a su campeón alzarse con la corona. Tedio es lo que le provocan. La muerte es como una compañera en su existencia, la mira pasar sin que le resulte interesante. Si para el duque le resulta extraño que una mujer considere la muerte como algo consuetudinario, debería conocer a historia de Aleksandra para hacerse un mejor juicio sobre su persona. En cuanto deja de moverse Vladislav, la rusa da media vuelta buscando qué hacer en el interior de la mansión a sabiendas de que los demás volverán a adentrarse para seguir la fiesta como si la vida de su compatriota no fuera más que otro de los espectáculos que el Duque ofrece a sus invitados. Puede incluso apostar a que alguien va a decir que el noble lo hizo como entretenimiento y que la próxima fiesta habrá dos enemigos a batir.

Toma una de las copas que le ofrecen, el vino espumoso brilla a la luz, lo acompaña con un canapé que mastica con lentitud oculta en una de las esquinas invisible para aquéllos que no sepan apreciar el arte de la observación. Para el Duque, que aparte de todo es un sobrenatural, será fácil ubicar su imagen. Lo mira regresar rodeado de mujeres que le alaban, lo cual suponía y fue ésta la razón del por qué no se quedó a esperarle en el otro recinto. Mastica con lentitud hasta triturar a la perfección el bocado e ingerirlo con un movimiento. El borde de la copa es llevado a sus labios al tiempo que una figura se posa a su diestra. No necesita voltear para saber que es el Duque. - Tal parece que todo salió tal cual esperaba. ¿Qué hará con el cuerpo? ¿Lo mandará a su casa o lo echará a la fosa común? ¿Al menos avisará a sus sirvientes? - pregunta para comprobar la clase de persona que es.

Los sobrenaturales tienden a pensar que son mucho mejores que los humanos por el hecho de que tienen una habilidad mayor que éstos. Los miran por debajo del hombro y es por ello que muchos son perseguidos por los cazadores e inquisidores. Por creerse non plus ultra cuando distan mucho de ser perfectos. - ¿Qué es lo que quiere? Y le sugiero que deje de utilizar sus poderes para hacer que me quede. ¿Acaso es que sólo puede mantener mi interés con sus habilidades? ¿Es que sólo con ellos sería capaz de que quiera estar a su vera? Piense, cada vez que me obliga a quedarme, me hace despreciar su presencia - da otro trago a la copa con movimientos relajados y pausados.





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Re: Mansión Belmont / [Privado +18]

Mensaje por Balthasar Belmont Ayer a las 3:37 pm


El vampiro observó con pasmosa indiferencia como el cuerpo de aquel humano caía al suelo de forma sonora, completamente muerto. La muchedumbre ahogó un grito pero rápidamente hubo aplausos y felicitaciones hacia él. Realmente veía muchos rostros atemorizados pero como era el duque... no le desagradaba lo más mínimo que pretendieran complacerle con falsos halagos, porque en aquella ocasión había matado a aquel humano en cuestión de un minuto. Hizo un gesto al servicio para que guiara a la muchedumbre a la fiesta, un cadáver empañaba la diversión y no quería que la gente se concentrara demasiado en mirar aquel cuerpo flácido. Su atención regresó de pronto a la mujer que, como él sospechaba, era tan indiferente a aquella muerte como él.

-Enviaré su cuerpo a sus parientes y que ellos decidan qué hacer con él. Aunque no lo parezca querida no soy un monstruo -siseó de forma burlona pues si que se veía a sí mismo como un monstruo, al fin y al cabo. Con otro chasquido de dedos llamó a dos sirvientes a los cuales informó de lo que quería que hicieran con el cadáver y se pusieron manos a la obra. Balthasar limpió el sable lleno de sangre aunque bien le habría gustado hacerlo con la lengua habría sido una clara declaración de intenciones frente a aquella humana que solo tenía conjeturas y 0 pruebas sobre él, pero no le pasaba desapercibido que sus pensamientos corrían a hilar elementos. Dos hombres fornidos se llevaron el cuerpo del ruso con una sábana vieja y cumplirían las órdenes que el Duque había dado.

Se quedaron los dos solos en el jardín cuando la gente volvió a la fiesta. Tendría que regresar pronto pero podía dedicarse unos minutos a solas con ella en los jardines y como ella bien sospechaba, aunque hubiera querido marcharse no podría hacerlo.- Te quedas aquí porque yo deseo que te quedes, y no hay más. Me gusta que la gente obedezca cuando le pido algo... -dijo nuevamente con tono socarrón, el desprecio de un humano no significaba para él mucho, de hecho casi comenzaba a gustarle aquella humana esquiva y directa, la gente que no le adoraba por donde pasaba eran algo refrescante y necesario en ciertas ocasiones.- Y mientras yo lo desee permanecerás a mi lado, especialmente porque todavía no me has dicho quién eres o qué hacías en mi fiesta. Y además... ¿Poderes? Mi persuasión es mi mejor poder -dijo en tono firme y sencillo, diciendo la verdad pero a la vez ocultando que no se trata de ser meramente habilidoso al hablar o convencer.- Tu desprecio no me preocupa, pero si obtener respuestas, así que antes de volver a la fiesta me gustaría escucharte.

Dijo, y en tono zalamero se acercó a ella. No pretendía seducirla ni intrigarla, había visto suficiente en su mente como para saber que no sentía esa clase de interés por ella, pero si que quería descolocarla y hacerla sentir pequeña, porque tenía que comprender que las decisiones en aquel momento las tomaba él y nadie más.- Además... Creo que quieres quedarte a mi lado -susurró de forma imperativa, empleando sus poderes para insuflar en su alma y su cabeza semejante deseo con una simple órden, tan absolutamente contrario a lo que ella pensaba. No duraría mucho pero tal vez lo suficiente como para que se sincerara.

Aclaración:
La última frase es una órden usando el poder vampírico "Persuasión".





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