Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Lamento del alma

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Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Sáb Dic 01, 2018 2:44 am

Jadeando aun cuando era consciente de lo inútil que era siguió corriendo, tratando de sentirse cansada, de volver a notar esa agitación en sus pulmones, el latido de su corazón desenfrenado por el ejercicio, el dolor en sus pantorrillas después de correr prácticamente por toda la orilla de la playa.

Nada, no podía sentir nada.

Gruñendo, se convirtió por un momento en su formal felina mientras sus patas se mojaban en el mar, incapaz de sentir su temperatura.
Apretando los dientes, siguió el resto del camino hasta el faro, observando la luz que hacía de guía a los demás antes de trepar por las paredes, llegando hasta la ventana donde tendría mejor vista de aquel inmenso océano que parecía no tener fin.

Retomo su forma humana, haciéndose corpórea para poder sentir las piedras entre sus dedos y su peso contra la orilla de la ventana, donde tomo asiento mientras su falda se balanceaba con el aire otoñal.

Estaba entrando en pánico y ella lo sabía. Lo que temía estaba sucediendo y ni siquiera Odette pudo tranquilizarla lo suficiente como para evitar que huyera de su casa, levitando cosas a su paso aun cuando no quería, asustando a más de algún pobre humano que llego a notar el extraño suceso.

Sus poderes eran inestables aun después de tres años. Sylvana sabia que en parte era culpa suya; la única característica que había fortalecido era la corporeidad, las demás hacían lo que querían con ella cuando perdía el control.

Pero no podía controlarse, no en ese momento después de la noticia que había recibido.

Aun no puedo—murmuro, su voz sonando demasiado desesperada a sus oídos mientras se abrazaba a sí misma, meciéndose levemente—. No pueden venir, no deben.

Esa tarde, cuando la carta de sus hermanos había llegado para informarle de las intensiones de ir a visitarla, hizo que liberara la energía que retenía en su cuerpo, tirando todos los cuadros de la habitación en donde estaba. Horrorizada se dio cuenta que, aunque mandara una respuesta para tratar de persuadirlos, esto no lograría nada. Los conocía lo suficiente como para saber que cuando mucho podría aplazar el momento, pero no hacerlos cambiar de opinión.

Se llevo las manos hacia su cara, casi hiperventilando aunque eso no fuera posible antes de alzar la vista, mirando hacia la luna menguante que le ofrecía cierta luz contra el oscuro mar.

Solo entonces noto el rastro de humedad en sus palmas, limpiando sus mejillas antes de sonreír de una manera triste y desgarradora.

Sylvana estaba casi segura de que había perdido la habilidad de derramar lagrimas. No había llorado desde la traición de Dean, y recordar aquel hecho en ese preciso momento solo le hizo sollozar con más fuerza, ocultando de nuevo su rostro empapado al rememorarlo con tanta claridad.

Sylvana no era alguien débil. Acepto el haber muerto con una entereza que no se creía capaz de mostrar, la tarea que ella misma tomo como informante la hacia feliz, por que de esa manera podría evitar tragedias como la suya. Acepto el haber sido traicionada y engañada, por que se repetía a si misma siempre que el del error había sido aquel cambiante, no ella. El proteger a su familia seria un plus una vez que lograra controlar de todo sus emociones y, sin embargo, la nostalgia que luchaba contra su miedo la estaban desgarrando poco a poco.

Extrañaba los campos de vinos y las risas de sus hermanos. Añoraba el calor de sus cuerpos cuando la abrazaban tanto como las bromas pesadas que se hacían. Quería ver sus rostros, pero al mismo tiempo el horror de sus reacciones le frenaban siempre de tratar de teletransportarse hasta el hogar donde creció.

Y ahora, con ellos tan cerca de poder venir la hacían sentir un ser extraño, algo que no debía seguir ahí, algo que solo les traería dolor.

Añoraba tantas cosas, tantos sentimientos, tantos gustos y tactos que simplemente no pudo seguir sosteniéndose por si misma. El sonido de los cascabeles y el aroma a lirios empezaron a inundar el ambiente mientras sus lagrimas resbalaban por su barbilla, esfumándose en el aire.


Última edición por Sylvana Di Angelo el Miér Dic 12, 2018 1:29 am, editado 1 vez



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Re: Lamento del alma

Mensaje por Balthasar Belmont el Mar Dic 11, 2018 12:59 pm


Balthasar había llegado al faro aquella noche por puro azar del destino. Generalmente no abandonaba su nuevo ducado y menos aun por la noche ya que siempre estaba ocupado dando las mejores fiestas pero aquella noche había decidido visitar a un viejo amigo que vivía cerca de la costa, en una casucha que se desmoronaba frente al mar. Él no podía llegar a comprender el por qué pero lo respetaba lo suficiente como para no meterse con su elección de vida. Había salido a dar un paseo, llevaba mucho sin cazar y tenía bastante sed por lo que sus ojos negros brillaban y parecían más profundos que nunca, denotando su hambre. Su amigo sabía perfectamente lo que él era por lo que tenía en el sótano un lugar para que el vampiro pudiera dormir durante el día, así que pasaría por la zona toda la noche.

Caminando por el bosque como un depredador acabó en un faro en lo alto de un peñón, aunque no buscaba nada en especial le agradó la visión de la estructura frente a sus ojos. Era hermoso y parecía inamovible frente a las inclemencias del tiempo y el oleaje agitado del mar. Aquel día el cielo estaba nublado y lo más probable es que estallara una tormenta pronto, si quedaba algún barco en el mar a esa altura desde luego tendría dificultades para atracar el puerto. Se avecinaba ya la lluvia y Balthasar lo percibía con cada uno de sus sentidos especialmente agudos, se arrastró lo que quedaba de camino hasta la puerta del faro y con fuerza la abrió. Allí probablemente no encontraría comida pero quería ver lo que podía encontrar dentro y si era algo de su interés.

El faro estaba congelado aunque para el vampiro la temperatura baja no era nada, ya que ni siquiera la percibía en el ambiente. Su boca no desprendía ningún vaho y aunque respiraba por costumbre y por fingir, no sentía frío ni necesidad alguna de cubrirse, aunque cualquier humano que entrara allí lo encontraría diferente. Las escaleras de madera parecían semi-podridas en ciertas zonas pero parecían aguantar. El vampiro las subió con ligereza, quería observar lo que se veía desde arriba y poder sentir la tormenta más de cerca. A veces las tormentas le hacían sentir extraño, la noche que su familia enfermó llovía y tronaba muchísimo, así que el ambiente de ese tipo solía despertar en él sentimientos humanos que intentaba extinguir de sus pensamientos al instante.

Balthasar esperaba encontrarse un faro viejo y vacío y se sorprendió tremendamente cuando arriba encontró una chica sollozando. Era sumamente difícil inquietar al inmortal y sin embargo tuvo que controlar su sorpresa porque es lo último que se esperaría ver en un faro, por la noche y con semejante tormenta amenazando el exterior.- Vaya... ¿Quién eres tú, jovencita? -preguntó mientras seguía parpadeando, sus sentidos le gritaron que no era humana, no olía deliciosa ni podía percibir el perfume de su corazón latiendo, chasqueó la lengua decepcionado, era hermosa y no podría llevársela a la cama para después beber de ella.




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Re: Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Miér Dic 12, 2018 1:27 am

La mujer alzo la mirada con pesadez, las lágrimas aun cayendo por sus pestañas y mejillas al enfocarse en la persona que estaba frente suyo.

¿Quién? —pregunto en un murmullo, alzando la palma de su mano para atrapar una lagrima que nunca cayo, sonriendo de lado en un gesto sarcástico al verla desaparecer de nuevo en el aire, sintiéndose especialmente furiosa de alguna forma—. Un error, tal vez —declaro casi escupiendo las palabras, golpeando el borde de la ventana con su puño, apenas sintiendo el impacto en sus nudillos.

Sin impórtale el rastro de agua en su cara observo con atención al sujeto frente a ella, tratando de controlar sus inquietas emociones. Aquel hombre no tenia la culpa de sus problemas, el desquitarse con él no le serviría de nada.

Siendo atenta a los detalles, podía notar en sus ojos una necesidad elemental y primitiva. La oscuridad que reflejaba la hizo sonreír, esta vez con cierta comprensión antes de ladear el cuello en su típico gesto curioso.

¿Estaba de caza, supongo? —pregunto la fantasma, descubriendo con cierta facilidad la naturaleza de su acompañante, sintiéndose de alguna forma identificada. Aquel vampiro se veía especialmente joven. Un hombre en pleno desarrollo cuyo crecimiento fue cortado vaya a saber por cual motivo y por cuanto tiempo ha vivido de esa forma.

Algo parecido a su caso, solo que con otros privilegios y dificultades.

Suspirando sin evitarlo aun cuando no era necesario, le ofreció un gesto de disculpa, inclinándose con levedad antes de reír con ciertas ganas, pero sonando en parte como un sollozo.

Es una lástima, pero como de seguro se dio cuenta mi corazón ya no late, por lo que no tengo nada que ofrecerle —dijo la fantasma, sintiéndolo de verdad de alguna manera, inclinando su cabeza un poco más—. Igual puede intentarlo si lo desea, seria algo curioso de probar ¿No lo cree? — pregunto con sarcasmo, sin importarle como sonaran aquellas palabras que normalmente no saldrían de su boca.

Sylvana era recatada con los hombres, incluso en algunos casos tímida e ingenua. Sus encuentros con el sexo opuesto habían terminado o demasiado bien o, por el contrario, en una experiencia pasajera llena de algunas conversaciones amables y ligeras peleas. Al ofrecerse así solo le hacía ser consciente de la poca voluntad que tenia en ese momento, importándole casi nada lo que le rodeaba.



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Re: Lamento del alma

Mensaje por Balthasar Belmont el Miér Dic 12, 2018 1:06 pm


El vampiro se echó a reír de forma natural pero escalofriante. Le parecía una situación de lo más absurda, había subido a un faro no esperando encontrar a nadie y cuando creía que podría cenarse a una deliciosa humana, resulta que no lo es. No le pasa desapercibido como las lágrimas que salen de sus hermosas mejillas desaparecen en el aire como si jamás hubieran existido. Es entonces cuando comprender que la mujer que tiene delante está muerta, como él, pero de forma completamente diferente y probablemente más incompleta. Al menos Balthasar había aceptado su nuevo estilo de vida con los brazos abiertos, se sentía un Dios entre hormigas, pero dudaba mucho que aquella muchacha que sollozaba en un faro vacío en medio de la noche se sintiera igual sobre sí misma.

El vampiro se acercó lo suficiente como para quedar justo frente a ella.- Nada en este mundo es un error... Todos tenemos un propósito, una razón de ser, ¿Es un error la tormenta que arrasará estas tierras en un momento, probablemente llevándose objetos y vidas? Lo dudo mucho. -contestó con todo divertido, no comprendía excesivamente el por qué de su pesar y le sorprendió que golpeara la ventana. Balthasar alargó un brazo, rompiendo la distancia con la muchacha y tomó la mano con la que acababa de golpear la ventana entre las suyas, sin siquiera pararse a pensar en sí el contacto era bien recibido o no, estaba acostumbrado a hacer lo que le placía y cuando le apetecía.

Ella no era humana, eso estaba más que claro, no tenía por qué sentir especial interés por ella ya que no le aportaba nada y sin embargo no podía controlar que la intriga se abriera paso en su cabeza. Con un simple sondeo intentó penetrar en sus pensamientos, averiguó entonces que ella era un fantasma y parecía lamentarse con pesar por algo del pasado, algo relacionado con una traición por la que debía haber muerto y con una carta de sus hermanos. Sus pensamientos se agolpaban confusos, su lectura mental no aplicaba como a los humanos, le era más complicado pero no desistiría.- No te lamentes querida, tu vida es como es y no sientas lástima por mi, soy mucho mejor ahora de lo que era en vida, te lo garantizo -dijo con un tono suavemente frío, no le gustaba recordar su humanidad y la persona que era antes de aquella aciaga noche en la que fue transformado, exactamente como ella, por un engaño y traición.

-Estaba de caza y pensé que podías ser una chica deliciosa a quien podría cenarme después de una buena sesión de sexo en la que te haría gritar mi nombre varias veces. Echo de menos como se vivía el sexo cuando eras humano, es cierto que no es lo mismo, pero lo sigo disfrutando mucho en la muerte -dijo sin rodeos ni tapujos, para él hablar de aquello era como hablar de comer o dormir. Ella se rió ante el hecho de que su confusión lo hubiera llevado hasta acabar frente a un fantasma, pero no se lamentaba por ello, tendría tiempo de cazar algún asqueroso animal más tarde si el hambre era demasiado intensa.

Él no separó su mano de la de ella, su aura era sumamente magnética pero sus poderes vampíricos parecían no funcionar adecuadamente en presencia de una joven fantasma. De vez en cuando siguió forzándose a leerle la mente, obteniendo poco más que algún vago pensamiento o farfullido sin ningún sentido.- Dime, seguro que no estabas aquí esperando mi mera compañía, ¿Qué hace un ser entre mundos como tú en un faro en plena noche? Me gustaría conocer la respuesta ya, generalmente con una ojeada en tu mente bastaría, pero mis poderes parecen resistirse a ti... Supongo que porque estás muerta, ¿Me equivoco? -preguntó siendo absolutamente directo y dejando claro, de nuevo, que para él la muerte no era un castigo o una penitencia sino el mayor de los dones que le podían haber concedido.





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Re: Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Jue Dic 13, 2018 7:04 pm

Volteando hacia el cielo de nuevo ante las palabras de aquel hombre, noto con sorpresa el cambio que empezaba a presentarse. La inminente tormenta le hizo sonreír un poco por un recuerdo particularmente cálido junto a aquel licántropo, las palabras de su acompañante resonando con mas fuerza en su cabeza.

No sabia del todo su propósito en ese momento, pero ella misma había tomado la tarea de informante y protectora de sus semejantes, logrando evitar trampas y emboscadas gracias a su condición de fantasma, algo que no habría logrado cuando era cambiante y por lo que, hasta entonces, esa naturaleza la aceptaba de buen grado.

Llevo una mano hacia sus mejillas, quitando los pequeños rastros de agua con delicadeza hasta que logro recuperar su temple, prestándole toda su atención al vampiro que tenía delante. Apenas notando como él tomaba su mano, haciéndole alzar una ceja entre curiosa y escéptica, preguntándose que tenían los hombres con tomar las manos de las jóvenes cuando quisieran.

Aun así, le dedico una pequeña sonrisa, esta vez verdadera antes de extenderla un poco mas por sus palabras. La expresión vida sonaba demasiado irónica para referirse a lo que ella tenía, pero mentiría si dijera que no le daba cierta paz el seguir ahí, intocable de alguna forma, para ver lo que el futuro tenia para ellos, siendo capaz de crear varios cambios.

Sin embargo, su siguiente declaración la tomo totalmente desprevenida, apretando la mano que cubría la suya en un reflejo involuntario.

¿Eh? —balbuceo sin poder evitarlo, mirándolo como si aquel apuesto hombre hubiera dicho algo incomprensible, sus poderes haciendo levitar un momento sus cabellos alrededor de su rostro por la impresión.

Nunca nadie había sido así de directo respecto a ese tema. La ligera pretensión y desapego que sintió antes ya no estaban en ella, volviendo a su estado natural de recato que la dejaba sin saber cómo responder.

Aclarando su garganta se llevo una mano a su boca, mirando aquellos oscuros ojos con algo de vergüenza, reconociendo que aquella necesidad que se hacia notar no era solo por querer saciar su sed.

Menos mal ya no soy una cambiante —murmuro muy quedamente sin poder evitarlo, aclarando de nuevo su voz para tratar de recuperar una tranquilidad que sabia era fingida—. Me imagino que así debe ser, si sigue buscándolo —fue todo lo que logro opinar, desviando la mirada hacia un lado mientras retiraba su mano, apoyando ambas en su regazo.

Ese era un aspecto en el que prefería no profundizar, recordando con cierta pena como nunca logro llegar tan lejos cuando estaba viva.

Cierto era que convivió un tiempo junto Dean cuando se comprometieron, pero ambos decidieron esperar hasta que la boda fuera realizada, apenas teniendo algunos encuentros subidos de tono que nunca concretaron a nada.

De haber sabido que era engañada —pensó sin poder evitarlo, su expresión volviéndose fría mientras apretaba los puños.

Aquello ya no tenía caso. En cambio, rió de buena gana ante la pregunta que todos llegaban a hacerle en algún momento, aun cuando esta era mas especifica a lo que le perturbaba esa noche, su risa sonando con más fuerza al saber que aquel vampiro trataba de descubrirlo por sí mismo sin lograrlo.

¿No es eso demasiado invasivo? —pregunto sin poder parar de reír, viéndolo con cierta diversión y malicia —Como usted sospecha, sus poderes no tienen efecto en mí al estar muerta, incluso me sorprende que lograra tomar ciertos pedazos de mi mente. Pero por ahora eso es todo lo que va a conseguir —afirmo aun divertida, llevando sus manos hacia su cabello para estar segura que ya no levitaba a su alrededor, jugando con uno de sus mechones de forma distraída.

Podría compartir sus problemas con un desconocido, claro que sí, pero el que tratara de meterse en su cabeza no le hacia del todo gracia, por lo que aun no estaba dispuesta a abrirse con él. Aun así, le volvió a observar, sonriéndole en espera de una respuesta, agradecida de alguna forma por, sin él saberlo, ayudarla cuando estaba a punto de romperse.



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Re: Lamento del alma

Mensaje por Balthasar Belmont el Sáb Dic 15, 2018 6:27 pm


El cielo comenzó a refulgir cuando los primeros rayos marcaron todo el cielo y se escucharon los truenos, que reverberaban en el mar, pronto tendrían la lluvia encima. Balthasar sentía una curiosidad inmensa por la chica fantasma y cada segundo que pasaba quería saber más. Se fijó en que se retiró las lágrimas de la cara y aquel gesto le divirtió en gran medida, porque al fin y al cabo las lágrimas desaparecían igualmente de su rostro cuando caían. Aun así decidió no comentar semejante detalle en voz alta pues no pretendía ofenderla antes de lo debido.

Cuando ella miró su mano entre la de él el vampiro sonrió dejando a la vista sus amenazadores pero hermosos colmillos, afilados y preparados para alimentarle en cuanto fuera preciso. Normalmente no abría la boca al sonreír para no descubrirse ante los demás, pero ella sabía lo que era así que daba exactamente igual.- Eres una chica de pocas palabras... Tranquila porque aunque pudiera no creo que me alimentara de ti, no me gustan las jóvenes atormentadas, prefiero más a aquellas qué... ¿Como decirlo? Las que bailan a mi son. -contestó admitiendo que le gustaba que las mujeres le suplicaran e incluso buscaran su atención. Aun así una vez la conseguía solía desecharlas con demasiada facilidad y precisamente por eso las que no se rendían a él despertaban con mayor fuerza su atención.

Balthasar seguía esforzándose por percibir sus pensamientos a pesar de que ella no parecía especialmente agradada por ello. Le daba bastante igual y solía hacer un poco lo que le apetecía y era una actitud que nunca le abandonaba. Pudo leer con mucha claridad la frase que pasó por su cabeza, que se presentó en sus pensamientos como agua transparente.- Cuéntame, doncella hermosa, ¿Quién te engañó y por qué? No hace falta ser un genio ni leer la mente como yo para deducir que aquel engaño fue el motivo de tu muerte. No soy un vampiro excesivamente paciente, pero te prometo que escucharé tu historia. -murmuró con tono altanero, pues para él el escuchar a otra persona suponía sacrificar su valioso tiempo por unas pocas palabras que la mayoría de veces ni le interesaban pero ahora... ¿Quién sabe? Una buena historia de engaños y traiciones tiene a cualquiera en vilo.

Le pareció curioso que jugara con su cabello y mantuviera tics como los humanos y le pareció sumamente peculiar pero no lo transmitió en voz alta pues esperaba pacientemente que ella le contara su historia. El vampiro seguía teniendo bastante sed y no podría irse a dormir al alba sin comer, pero les quedaba toda la noche y en eso estaba pensando cuando el cielo comenzó a descargar de lo más furioso y los truenos aumentaron de intensidad, haciendo un terrible eco en el mar y en el interior del faro.- Si tienes miedo puedes abrazarte a mí -dijo de forma arrogante, como si pensara que así podía ser.





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Re: Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Mar Dic 18, 2018 5:44 pm

La fantasma no pudo evitar volver a reír soltando el mechón de cabello con el que aun jugaba, empezando a hacerse una idea de la mentalidad de su acompañante. A lo largo de su vida había notado como a algunos hombres les gustaba ese juego del gato y el ratón, desechándolo apenas lo conseguían, algo de lo cual no entendía del todo.

No estaría del todo segura que sean aquellas las que desea más —opino la mujer, bajando al fin del borde de la ventana—. Usted parece ser aficionado a la caza, probablemente le guste más que se resistan al menos por un rato antes de que caigan ante usted —comento ladeando su cabeza, encogiéndose de hombros—. Sinceramente si ese es el caso, me parece un desperdicio de energía buscar algo que de todas formas va a desechar, pero yo no soy quien para juzgar a nadie.

Esperando que sus palabras no le ofendieran de alguna forma decidió cambiar de tema, acercándose un poco más hasta el vampiro que le acompañaba aquella tormentosa noche, alzando una ceja en señal en señal de ligera diversión, escuchando por primera vez la fuerza del mar y el cielo crear estruendosos rugidos que surcaban el aire junto al océano.

Me gustan las tormentas, por lo que no tiene que preocuparse de que salte aterrorizada a sus brazos, o en su defecto, flotar hacia ellos —dijo riendo con levedad, divertida por su propio chiste.

Viendo a aquel vampiro con total atención, debía admitir que si lo hubiera conocido antes aquellos rasgos la hubieran cautivado de alguna forma, sin tomar en cuenta aquella habilidad vampírica que poseían. Sylvana casi podría apostar que era algo más joven que ella, al menos en apariencia, y que estaba acostumbrado a hacer su voluntad.

Aun así, lo encontraba agradable. Tal vez recordándole un poco a sus hermanos cuando querían meterse con ella para molestarla. Aquella sonrisa, donde no le importo enseñar sus colmillos, le hizo sentirse en extraña confianza. Además, se estaba tomando su tiempo para que ella hablara, algo que parecía no hacer a menudo, por lo que decidió saciar al menos su curiosidad.

Es muy cansado de repetir —comenzó la fantasma, mirando una de sus manos. Hace mucho tiempo compartió uno de sus recuerdos con Odette sin poder evitarlo al tocarla en el hombro cuando practicaba su corporeidad, con la mala suerte de ser el momento exacto donde le disparaban en el pecho. La pobre cambiante había entrado en completa cólera y furia, para después encerrarse en su cuarto a llorar. Sylvana solo pudo escuchar sus pequeños sollozos junto con palabras de reprimenda hacia ella misma al no poder evitarlo.

Desde entonces Sylvana controlaba sus memorias para que no fuera capaz de mostrarlas a los demás. Sin embargo, estaba tan cansada de tantas emociones que prefería intentarlo antes de hablar de nuevo sobre aquel maldito evento.

Si me permite —continuo la joven, extendiendo una mano hacia el pecho del vampiro hasta que logro apoyarla—. Me parece que mostrárselo será mas entretenido para usted que oírme parlotear. Pero antes me gustaría presentarme —dijo mientras apoyaba otra mano contra el pecho del joven, empezando a concentrarse en aquel momento en especial—. Me llamo Sylvana Di Angelo, y este fue el momento donde todo en lo que creía se esfumo, así como las vidas y lugares que la tormenta se llevara esta noche.

Al poco tiempo su alrededor cambio con extrema rapidez, como si un manto cayera sobre ellos para proyectar un deteriorado reflejo, escuchando las palabras que el joven cambiante le decía al inquisidor casi como un lejano eco.

Él nos traiciono —murmuro Sylvana, observando con dolor aquella cara que aún no lograba difuminar, tan clara como la primera vez que lo conoció.

El recuerdo empezó desde ella siguiéndolo en su forma felina hasta aquel callejón hasta el momento donde observo con incredulidad como le entregaba una lista con nombres de todos los cambiantes, vampiros, licántropos, hechiceros y gitanos cercanos al área a cambio de que le dejara irse junto con su pareja, solo para descubrir momentos después de parte de aquel inquisidor que no solo la tenia a ella, si no también a otra cambiante de la cual nunca supo su nombre ni aspecto, haciéndole decidir sobre a cual terminaría salvando.

Mostro el momento cuando la cara de Dean se deformo en pánico al verla aparecer al quedarse solo, así como el golpe que le propino y las palabras que le dijo antes de ir a buscar al inquisidor, cortando la ilusión en el momento donde Dean gritaba su nombre, pidiendo que no fuera.

Yo no habría aceptado irme a cambio de vender las vidas de aquellos que son nuestros semejantes —dijo Sylvana en voz baja, separando sus manos del vampiro, bajando la cabeza para que no notara el temblar de sus labios—. Pero enterarme que no era la única para él fue otro golpe que no pude soportar aun cuando traté de suprimirlo. Porque para mí él era el único ante mis ojos, mientras que yo solo era una más en su corazón.



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Re: Lamento del alma

Mensaje por Balthasar Belmont el Jue Dic 20, 2018 4:46 pm


El vampiro no pudo evitar otra amplia sonrisa en la que dejó a la vista sus colmillos al percatarse de que la fantasma parecía bastante sagaz y que había comprendido su forma de actuar, así como la de muchos otros hombres, demasiado rápido. Era verdad que las presas fáciles siempre aportaban cierta complacencia al estar deseando que las tomara, pero las difíciles... Las mujeres que se resisten o que son diferentes son siempre habían llamado su atención tanto en vida como en muerte, pero mucho más ahora. Al final como ella había dicho, el mejor trofeo es aquel que cuesta ganarse y conseguir porque la victoria de obtenerlo es aún mayor.

-Eres una señorita muy inteligente... Como bien has dicho las presas fáciles acaban aburriendo mientras que las interesantes son aquellas que empujan a una mejor caza. Estoy seguro de que tu habrías sido una pieza difícil de conseguir en vida y yo lo habría intentado con todas mis ganas. -dijo continuando con ese tono altanero y pagado de sí mismo, aprovechando para acortar algo más la distancia entre ellos. Notaba que su presencia a veces la perturbaba y eso le agradaba, le parecía de lo más curioso que todavía mantuviera sus sentimientos y sensaciones intactos a pesar de haber abandonado la vida.

Balthasar observó brevemente la enorme tormenta que se había desatado y que descargaba con toda su furia sobre ellos y durante un solo segundo, a penas un movimiento imperceptible, cerró los ojos y disfrutó del olor de la lluvia y el mar entremezclados, casi como si realmente pudiera recordar la frangancia de cuando era humano.- Te aseguro que mis brazos te gustarían, tal vez quieras replantearte tu respuesta. -dijo sin poder contener una carcajada, habiendo dejado atrás aquel leve destello de melancolía que se esfumó en el aire como si jamás hubiera existido. No insistió en que ella hablara porque iba a hacerlo y como buen caballero que era se mantendría en silencio y la escucharía. Volvió a tomar su mano en un gesto más cortés que adulador, esperando que aquello la animara a hablar y nuevamente sin plantearse si ella quería tomársela o no, tampoco importaba demasiado.

Pero ella la alargó para tocarle el pecho.- Preciosa, se que soy irresistible pero sospecho que tu yo no podemos hacer esta noche nada interesante, ¿Me equivoco? -preguntó destilando más arrogancia en su voz, para él cualquier mujer querría acostarse con él y no le entraba en la cabeza nada diferente. Sin embargo su intención era mostrarle su muerte y sonrío. Sylvana, por fin podía ponerle nombre. Le despertaba una suma curiosidad saber qué iba a hacer ella a continuación pero permitió que le tocara.- Adelante, enséñamelo.

Balthasar se vio arrastrado entonces a un recuerdo del pasado en el cual, como la mayoría de historias de calibre en este mundo, el amor estaba implicado. Ella amó a un hombre y él no lo la traicionó si no que se planteo venderla. Le asqueó aquel hombre desagradable pues incluso él, un vampiro, parecía tener una brújula moral algo más orientada que la de aquel tipejo. Aun así, un hombre que está con varias... nada novedoso, por desgracia, muchos no son capaces de mantener su verga en los pantalones y aunque Balthasar jamás había entregado su corazón a nadie podía entender que hacerlo suponía también un sacrificio carnal. Si quieres tirarte a medio París es simple, no hagas creer a nadie que le amas.

-Los hombres somos así, Sylvana. Nunca amamos de verdad, solo buscamos a la joven que nos satisface en cada momento. Te aseguro que ese hombre no te amaba porque el hombre que ama mantiene su polla en su sitio. -dijo a la vez que no podía contener aquella palabra malsonante, tras haber vislumbrado lo ocurrido.- Aun así hay algo en lo que si estoy de acuerdo con este hombre, yo habría vendido hasta a mi mismísima madre si con ello me hubiera salvado -pronunció de forma fría, aunque en realidad no estaba diciendo la verdad completa pues jamás vendería las almas de sus hermanos a cambio de la suya, por ejemplo.





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Re: Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Dom Dic 23, 2018 4:27 pm

La fantasma soltó una risa amarga, negando ligeramente con la cabeza ante las palabras del vampiro. Le sorprendía la facilidad con la que empezaba a comprenderlo poco a poco, siendo la primera vez donde podía hablar de manera correcta con alguien de su raza sin comentarios totalmente sarcásticos o intercambios amables que no llevaban a ningún lado.

Usted sabe, puedo comprender la naturaleza de los hombres y su manía de buscar afecto en cualquiera que lo permita —murmuro Sylvana, sintiéndose de alguna forma derrotada—. Lo que no comprendo es por que jurar amor cuando son incapaces de sentirlo.

Encogiéndose de hombros, miro a los ojos del vampiro con una pequeña sonrisa, palmeando con delicadeza su mejilla en un gesto que aplicaba mucho en su hermana menor cuando decía algo que le divertía, sin saber de dónde venía aquel atrevimiento de su parte cuando normalmente era demasiado reservada. Tal vez tenia que ver con que parecía algo menor que ella.

De todas formas, él tomaba su mano cuando quería, podría considerarlo su revancha.

Puedo verlo fácilmente vendiendo aquellos que considere necesarios para salvar su propia existencia, aunque de seguro tiene sus excepciones ¿no es así? —pregunto casi segura de la respuesta, alejándose al fin de aquel vampiro para recuperar su espacio personal.

Observando la tormenta que se presentaba ante ellos, fue consciente que aquella noche seria bastante larga, por lo que entrelazo sus manos detrás de su espalda para evitar volver a ser atrapada de esa forma, algo avergonzada por las anteriores palabras de aquel hombre.

Sobre antes, depende de lo que para usted sea interesante…aunque ha sido bastante claro al respecto, por lo que tendré que declinar. Una charla amena es todo lo que puedo ofrecerle—. Ladeando la cabeza al darse cuenta de un gran detalle, le lanzo una mirada de disculpa.

Perdone mi falta de educación, nunca pregunte cual era su nombre —dijo la fantasma con sincera pena—. También lamento haberle mostrado una historia tan repetitiva. No es sorpresa este tipo de desengaños cuando uno ya ha vivido un tiempo —continuo riendo con levedad, sintiéndose un poco menos atormentada, un poco más libre al charlar con una persona tan directa como aquella. Le agradaba su franqueza extrema, aun cuando algunas palabras suyas la hubieran hecho sonrojarse notablemente si aun circulara sangre por sus mejillas.



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Re: Lamento del alma

Mensaje por Balthasar Belmont el Jue Dic 27, 2018 11:57 am


Balthasar no pudo evitar asentir, distraído. Era cierto que muchos hombres conseguían mujeres bajo la falsa promesa que suponía el amor, pero a él no le hacía falta para conseguir a una mujer. No mentía, no intentaba obtener de ellas más que placer físico y una vez lo hacía generalmente perdían su interés y las alejaba de sí. Pero a pesar de que esto pudiera parecer más o menos aceptable moralmente, jamás las engatusaba con promesas o ideales que jamás podría cumplir así que llegaba a entender lo que la joven decía y expresaba.

Pensó en como él mismo jamás había llegado a amar a nadie... Había tenido muchas aventuras amorosas en vida y en la inmortalidad, pero ninguna joven había conseguido cautivarle más allá del plano físico y comenzaba a impacientarse y a hartarse de conocer a mujeres hermosas pero con la cabeza absolutamente hueca. Y observó a Sylvana, absolutamente arrebatadora en su belleza pero que al menos parecía tener un mayor intelecto y sentido crítico que la mayoría de damas de su época, ¿Habría adquirido dicha sabiduría en la muerte?

-Tienes razón y topaste con un cerdo... Te diría que no todos somos así, pero, de una forma u otra lo somos y solo vamos a lo que nos interesa -comentó en voz baja. Se sobresaltó ligeramente cuando le tocó la mejilla, pero la sorpresa duró centésimas en sus ojos antes de proferirle otra sonrisa de esas con las que él piensa que puede derretir hasta a la dama más dura.- Empiezo a pensar que realmente no puedes alejarte de mi -dijo y con otro paso sumamente invasivo e íntimo, acortó más aún la distancia que había entre ellos.- ¿Que se sentiría si intentara besarte? ¿Quien es más frío, tu que eres un fantasma o yo que soy un muerto viviente? -preguntó con sorna, situándose insultántemente cerca de ella y haciéndole creer que le daría un beso durante un segundo, pero en el último momento se apartó y fingió estar terriblemente dolido, se llevo la mano al pecho con teatralidad.

- Así que me ves vendiendo a quién sea... Me ha dolido. -dijo dejando salir una suave risa, comedida pero auténtica.- Tienes razón, lo haría, al final la gente no merece la pena... Los seres humanos son despiadados, crueles e imbéciles. Pero tienes razón en algo, tengo mis excepciones. -no pudo evitar sentirse decepcionado por el hecho de que solo le ofreciera una charla, empezaba a gustarle aquella fantasmita interesante y perspicaz, además de que el hecho de que no pudiera oler su sangre o el latido de su corazón, aunque a priori tendría que haberle decepcionado, le llamaba más todavía la atención. Sin duda se estaba volviendo un kamikaze.

El vampiro frunció los labios antes de decirle su nombre. Es verdad que ella no se lo había preguntado pero tampoco le había importado el detalle, al fin y al cabo se lo habría acabado diciendo en cualquier parte. De todas formas el ser duque llama bastante la atención y se preguntó durante un segundo de curiosidad si ella sabría quién era él.- Balthasar Belmont... A tu servicio. -y acto seguido hizo una teatral y floripondiosa reverencia, tras la cual tomó la mano de la chica de nuevo y depositó un beso en el dorso de su mano, un beso de labios fríos pero suave y medido.




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Re: Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Lun Dic 31, 2018 6:15 pm

La mujer oculto la sonrisa detrás de su otra mano, sin evitar soltar una pequeña risilla por la manía de aquel vampiro.

Diría que quien no puede apartar sus manos de las mías es usted, Monsieur Belmont —comento con encanto, haciéndole mucha gracia la floreada reverencia, imitándola de igual forma al inclinar con exageración su cuerpo, llegando casi al piso mientras tomaba los extremos de su vestido entre sus dedos—. Un verdadero placer conocerlo. He escuchado sus hazañas en el campo de batalla, dignas de renombre —opino con sinceridad, siendo consciente en cierta medida los logros de aquel vampiro, ya que parte del trabajo que ella misma asumió era recaudar la mayor información de sobrenaturales de la zona. Lo que aquel vampiro había logrado llego a su conocimiento dos años después de su muerte, detalle que fue almacenado en su memoria.

Cuando Sylvana se enderezo por completo al terminar sus palabras se encogió de hombros, sonriendo con cierta incredulidad.

Sobre su anterior duda, parece que será una pregunta que nunca tendrá respuesta —dijo con diversión, dando pequeños golpes en su propio labio inferior con su dedo índice, ladeando su cabeza con ligereza, sin estar realmente alterada por el atrevimiento del hombre frente suyo, entendiendo que debía ser una broma cuando se acercó tanto a su persona—. No creo que sea de su tipo, de todas formas —completo, su expresión cambiando a ligera resignación—. Ni el de ningún otro —pensó, consciente de que nadie consideraría interesarse en ella de aquella forma. No sabia del todo sus limitaciones, pero entendía que el tener una pareja de su naturaleza no sería siquiera una opción.

Aun así, sonrió al recordar la suave risa que logro arrebatarle a su acompañante, tranquila de alguna forma al ver que no era la única que disfrutaba de aquel pequeño momento.

Claro que tengo razón —continuo Sylvana, el sonido de las campanillas acompañando levemente la pequeña risa que escapo de su boca —. Todos tenemos nuestras excepciones, aun cuando no queramos admitirlo —opino la fantasma, volteando a la ventana de nuevo para apoyar ambas manos en el borde de la ventana, viendo las mojadas piedras negras con cierta intensidad antes de observar detrás suyo con una media sonrisa—. ¿Cuáles serían las suyas, si me permite preguntar?



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Re: Lamento del alma

Mensaje por Balthasar Belmont el Miér Ene 02, 2019 6:47 pm


Sylvana definitivamente le gustaba, esa risa suave y ese absoluto desdén hacia su persona... No se cortaba lo más mínimo en pararle los pies y dejarle las cosas claras y eso le encantaba. No había nada más reconfortante para el vampiro que una buena sesión de verdad y sinceridad, sin adornos por su título o por el temor que pueda infundar en otros, claro que poco miedo puede darle a alguien que ya no pertenece al mundo de los vivos. Porque ella no parecía ni temerle ni tampoco estar especialmente impresionada por su persona... Tenía que hacer algo para cambiar eso, porque si que quería impresionarla en cierta medida. Chasqueó la lengua preguntándose el por qué.

-Has oído hablar de mí... Pues claro, no me sorprende en absoluto. -respondió con su habitual altanería y orgullo desmedido, demostrando que en su cabeza no cabía que hubiera alguien en el mundo que no le conociera. No por nada le habían entregado un ducado por sus proezas en la guerra, luchando para Francia.- Aunque lo que sí me sorprende es que lo sepas, las mujeres tenéis que manteneros lo más alejadas que podáis de las guerras... Nosotros estamos para protegeros. -dijo demostrando que no dejaba de ser un hombre cortado por el patrón de su época, en la que el sexo masculino creía ser el salvador del mundo... No lo dijo en ningún momento con mal tono o con condescendencia, sino como si fuera una verdad irrefutable y sencilla.

Ella se tocó el labio inferior en un claro gesto de provocación mientras le decía que ya nunca lo descubriría, Balthasar sonrió de forma felina, como el león que está a punto de abalanzarse sobre una presa indefensa.- Claro que si tu me dices que si lo intento sentiré algo... por supuesto que pienso probar -dijo de forma zalamera y sin embargo ella le dijo que no era su tipo y aquel cortazo le cayó encima como un jarro de agua fría, arrugó el labio contrariado y no pudo evitar soltar un leve suspiro de decepción, o al menos así lo hizo para que ella se sinitera culpable sobre sus palabras.- No juegue con mi corazón frío, señorita... Puede parecer que estoy muerto y así es pero tengo... -no pudo seguir, le dio un pequeño ataque de risa de lo más tonto y que hacía años que no tenía.- Me haces reír.

La tormenta fuera seguía haciendo estragos, casi parecía a momentos que el faro fuera a caérseles encima, Balthasar miró fijamente la tormenta antes de contestar, cuidando sus palabras mucho y perdiendo la diversión de forma automática. No le gustaba demasiado hablar de sus hermanos ni su pasado, así que su respuesta fue totalmente sincera pero a la vez terriblemente escueta y poco reveladora.- Mis hermanos... ellos eran mi excepción -dijo en tono neutro, no quería que a su voz llegara ni una sola emoción, una práctica que había perfeccionado con el paso de los años y con la que esperaba que ella no se percatara de absolutamente nada.




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Re: Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Sáb Ene 05, 2019 12:28 am

La mujer giro por completo su cuerpo hacia el vampiro, cruzando sus brazos sin poder evitarlo mientras alzaba una ceja, incrédula como divertida por su declaración. Sabia de donde venia su idea de cómo las mujeres debían ser protegidas por los hombres, un pensamiento muy típico del sexo opuesto y de la época en la que vivían, aunque inservible dada su experiencia.

Me temo que eso ya no aplica en mi caso —comento señalando su pecho, dejando que la herida de bala que aparecía en ocasiones desbordara en un torrente carmesí que mancho su vestido—. Nadie vino a rescatarme ni a pelear mis propias batallas. Solo yo y mis decisiones me llevaron a este final, y solo yo podre librar mis propias guerras.

Apoyando su palma en la herida abierta, se concentro de nuevo para hacerla desaparecer, suprimiendo del mismo modo la gran mancha de sangre como si nunca hubiera estado ahí, sonriéndole de todos modos con comprensión.

Aun así, es tierno esa forma de pensar, si me permite decirlo —dijo con cierta malicia disimulada, para después aclarar su garganta sin realmente necesitarlo, tratando de conseguir tiempo para encontrar las palabras correctas a su siguiente declaración.

Se le hacía inverosímil siquiera el considerar que aquel vampiro realmente se lo estuviera planteando. ¿Sería el morbo al saber que era una fantasma? Aquellas pequeñas provocaciones e ideas le hacían cuestionarse por primera vez que tanto podía sentir realmente estando en su estado corpóreo. ¿Sería cierto que podían hacer casi lo mismo que un humano? No sabía si la información en los libros que había conseguido de las bibliotecas de algunos hechiceros fuera del todo fiable.

Aunque siempre podría poseer a alguna persona por algunas horas…

Desecho la idea tan rápido como llego. Eso no pasaría nunca. Ella no tenia la voluntad para quitarle la libertad a alguien de esa forma, aunque fuera temporal, solo por sus propios deseos.

Todo cuestionamiento quedo reducido a nada cuando escucho la risa de aquel hombre. Le sorprendió en cierta medida, ya que él mismo termino interrumpiéndose al tener ese pequeño ataque, haciéndola sonreír sin poder evitarlo. Era diferente a las demás, esta parecía tan clara y sincera que casi estaba segura que no reía de aquella forma muy seguido.

¿Oh? Yo seria incapaz de jugar con su noble corazón, Monsieur Belmont —comento Sylvana, sin evitar la sonrisa ladeada y la ligera diversión que expresaba su voz—. Un corazón, aun sin latir y frio, es algo que tiene que cuidarse con esmero.

Con cierto pesar, noto como la risa se iba a apagando y la sonrisa se borraba de su rostro, para dar paso a una mascara que ella aun no perfeccionaba del todo pero que entendía su significado. Estaba encerrando sus sentimientos aun cuando la respuesta que le dio sonaba sincera.

Sus hermanos, así como los de ella, parecían ser fuente de su pesar y a la vez una memoria importante. Un tesoro irremplazable.

Un tesoro perdido.

Su expresión fue de entendimiento, asintiendo solo una vez.

Debian ser maravillosos como para que no quisiera venderlos en el primer mercado que encontrara —dijo con voz suave—. Yo una vez asuste a la menor de mis hermanos con que la metería en una jaula y la vendería en alguna tienda para que usaran sus plumas de adornos para mascaras si seguía robándose las uvas del viñedo —comento, luciendo algo apenada—. Puede cambiar a una lechuza blanca realmente hermosa, se espanto tanto que no se acerco a las vides por un mes.

Cuestionándose si estaba hablando demasiado guardo silencio, esperando que entendiera que no preguntaría más de lo necesario si él no quería, empezando a jugar con sus manos sin darse cuenta en claro gesto de nerviosismo, sus pulgares chocando uno contra otro en pequeños intervalos.



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Re: Lamento del alma

Mensaje por Balthasar Belmont el Dom Ene 06, 2019 5:52 pm


Balthasar no había conocido a un fantasma nunca así que admitió sentirse sorprendido cuando ella materializó en su pecho la herida con la que debió morir, parecía tan realista y la sangre también que sintió sus ojos negrecerse del hambre, así que tuvo que carraspear para recordarse a sí mismo que no era sangre real y que de todas formas no haría daño a Sylvana... al menos no físico, ya que de todas formas ya no se lo podía hacer pues ella no estaba viva. De sus labios se escapó un silbidito que bien habría podido ser de admiración ante el espectáculo, y más cuando la herida tan pronto vino como volvió a desaparecer de sus ropas como si fuera auténtica magia.

-No te rodeaste del hombre adecuado, eso seguro -contestó con más altanería todavía, un ego que a veces no le cabía ni en su propio cuerpo salió a flote imaginándose a sí mismo rescatándola, desde luego no habría muerto de haber estado el vampiro ahí... habría desgarrado el cuello del agresor en cuestión de segundos.- Una desgracia que yo no estuviera allí, tuve una época en la que me dio por... viajar. Aunque también te digo que las calles de esta ciudad cada vez son más inseguros, es asqueroso ver en lo que se ha convertido París, con tanto engendro sin control ni normas suelto -expresó arrugando la nariz de disgusto y obviando que su primer año de vida él fue uno de esos engendros asesinos y sin control, pero bueno, desde luego había tenido ya más de 50 años para aprender a controlarse lo suficiente como para no ir dejando cadáveres por la ciudad.

Cuando ella dijo que era una forma tierna de pensar Balthasar negó con la cabeza.- No hay nada de tierno en mí, encanto... Eso si te lo puedo asegurar -respondió de forma sincera y encogiéndose de hombros, al fin y al cabo así se veía a él mismo. Tampoco es como si hubiera entendido bien el sarcasmo detrás de su voz o la malicia, le había parecido genuino.- Mi corazón, vivo o muerto, es tan frío como un témpano de hielo... A veces me pregunto a mí mismo lo que debe sentirse al tener sentimientos como el amor y todo eso. Me refiero a algo más a parte de las necesidades carnales... -dijo, medio en broma y medio en serio, era difícil distinguir donde se hallaba el límite de la verdad en sus palabras.- Pero luego recuerdo que para tener sexo no hace falta amar y se me pasa.

El pesar había tomado su expresión por aquel breve segundo en el que habló de sus hermanos pero había desaparecido tan rápido de su cara que era difícil saber si había ocurrido o no. Un vampiro aprendía a ocultar sus emociones humanas y Balthasar se esforzaba con tanto ahínco en alejarse de la humanidad que a veces rallaba lo absurdo.- Tenía tres hermanos, todos increíbles y especiales a su manera... Mis padres nunca estaban, yo era el mayor de todos, cuidaba de ellos y también tuve que hacerlo cuando... -estuvo a punto de contarle como habían muerto sus hermanos pero la máscara de frialdad volvió a su expresión rápida y su voz se interrumpió. Una fachada de socarronería y falso ego volvió a su voz.- Suena a que fuiste todo un dolor de cabeza en la infancia, ¿me equivoco? -intentó sonreír, enseñar los dientes y cambiar de tema, pero todo quedó excesivamente tirante.




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Re: Lamento del alma

Mensaje por Sylvana Di Angelo el Mar Ene 08, 2019 10:33 pm

A la fantasma le agrado el darse cuenta que había impresionado de alguna forma al vampiro con su pequeño truco de la herida, aliviada en parte por no hacerlo sentir incomodo aun cuando sabia que eso no era posible. Sin embargo, sintió cierta culpa al ver como su expresión se volvía más seria y hambrienta, dedicándole una mirada de disculpa por olvidar por un momento aquello por lo que se habían encontrado.

Sylvana contuvo la sonrisa que quería dejar escapar ante la seguridad de sus palabras, imaginando por un breve instante con clara facilidad el siendo salvada al ultimo momento por aquel hombre.

Ciertamente es una pena —dijo la fantasma con sinceridad, su mirada reflejando cierta resignación ante la posibilidad perdida, pero recuperando una pequeña sonrisa traviesa—. Estoy segura que con solo notar la gran seguridad que tiene en usted mismo saldrían corriendo por sus vidas.

Suspirando sin poder evitarlo, aun sabiendo lo inútil del gesto, tomo un mechón de su cabello para enredarlo en su dedo índice mientras su mirada se perdía en algún punto de las negras rocas del faro.

He estado trabajando en que los sobrenaturales tengan un perfil más bajo cuando son recién iniciados para evitar, como usted dice, el que sean vistos como engendros sin control—comento con pena y cierta frustración al recordar sus intentos —. Se que varios de los incidentes recientes son por su impulsividad, ya que muchos no tenían idea de nosotros hasta que se los toparon de frente, así que es comprensible su manera errática de actuar en los primeros meses de cambio. —Apretó los labios en una fina línea antes de chasquear la lengua, cosa que hacía cuando estaba por completo molesta—. Algunos son unos necios que parecen disfrutar de la masacre que dejan a su paso, pero otros tratan con tanta fuerza el tener control de si mismos… —sus ojos se suavizaron con levedad, casi como si quisiera volver a llorar, cosa que no haría después del espectáculo inicial que había ofrecido—. La inquisición no nota distinción entre ninguno de nosotros, solo ven insectos que exterminar siguiendo ideales vacíos.

Sus cabellos se elevaron por un momento y el aire se lleno de la esencia de los lirios que tanto le gustaban, sacudiendo la cabeza para evitar que sus poderes hicieran lo que quisieran en su actual estado de pequeño descontrol.

Alisando la falda de su vestido azul aun sin necesitarlo ladeo de nuevo su cabeza en aquel gesto felino tan recalcado en ella, escuchando con atención a su acompañante, notando pequeños matices en su rostro y voz.

Entonces sonrió con calidez, riendo con tal levedad que apenas era audible sobre el sonido de las campanillas que la acompañaban, aun no teniendo del todo el control sobre sus poderes.

Bueno, para mi es lindo como trata de negarlo —opino encogiéndose de hombros, sin alterarse aun cuando resonó detrás suyo el estruendo de un fuerte trueno, el destello de luz adornando el cielo por un breve instante, dándole el tiempo de seguir hablando con algo más de suavidad—. Tal vez no ha encontrado la persona correcta —murmuro sin sentirse en el derecho de decir algo como aquello, carraspeando con cierta incomodidad—. Quiero decir, no es muy difícil estar con alguien para pasar un rato, pero amar… —se interrumpió a si misma, sintiéndose fuera del lugar y casi deseando morder su propia lengua— es algo que se llega a experimentar al menos una vez. Solo así podrá entender como todo lo que implica—concluyo de manera atropellada, sintiéndose algo torpe al decir algo así a alguien que claramente no tenía mucho interés en ese tema, además de su propio fracaso en la búsqueda del mismo.

Decidió dejar aquello por la paz para enfocarse en lo que le venia preocupando desde hace un momento. Su acompañante parecía querer suprimir con tanto esfuerzo aquello que aun podría conservar de humanidad que solo negaba una parte de lo que fue, refugiándose en la imagen de un inmortal lleno de ego y fanfarronería.

¿Usted era el mayor? —pregunto sonriendo, sin poder evitar recordar a sus dos hermanos mayores—. A como suena, debía ser un buen hermano —opino la fantasma, segura de que, así como ella, sus hermanos debieron tener una figura a la cual seguir con admiración.

Aunque quería saber lo que iba a decir antes de que se interrumpiera, prefirió esperar a que él quisiera contárselo, consciente que algunas cosas tardan en salir a la luz, sobre todo cuando la misma persona desea suprimirlo.

En cambio, decidió acercarse de nuevo al vampiro, alzando una de sus manos con un gesto de permiso antes de ser ella la que tomara su mano, apenas sujetando su dedo índice y medio para compartirle alguna de sus memorias.

Podría considerarme como uno, si le soy sincera —dijo con diversión, mostrándole pedazos de recuerdos tales como ella tomando las uvas del viñedo cuando era pequeña, cayéndose de manera estrepitosa cuando sus hermanos le perdieron de vista, con la mala suerte de crearse la herida que tenia en su ceja derecha y que terminaba cerca de la orilla de su ojo, corriendo bajo la lluvia para terminar llena de barro o asustar invasores en su forma de pantera negra.

Esperaba que con aquellos pequeños fragmentos Balthasar pudiera recordar los buenos momentos que paso con sus hermanos. Aceptar, aunque fuera un poco, el lado que tanto quería esconder dentro suyo, aunque solo fuera para sí mismo.



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Re: Lamento del alma

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