Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Guardianes de piedra (privado)

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Guardianes de piedra (privado)

Mensaje por Bellamy Menier el Lun Dic 03, 2018 7:01 am

Impertérrito veía pasar el tiempo desde una de las torres de la catedral de Notre Dame, construida en 1163 habían pasado siglos en los que la guerra entre la luz y la oscuridad danzaba frente a mis ojos. La leyenda cuenta que la noche en donde a Juana de Arco la quemaron en la hoguera, las gárgolas despertaron de su sueño de años y arrasaron la ciudad por la noche. Los monstruos alados y cornudos contemplaron desde lo alto la muerte de una inocente; por ello, decidieron vengarla. A la mañana siguiente, cuentan, aparecieron cientos de cadáveres de personas por las calles de París, esa fue la ultima vez que fuimos despertados, después nos sumimos nuevamente en nuestro letargo.

Aquella noche de nuevo las palabras en arcano retumbaron en nuestros oídos, mi piel pétrea empezó a corromperse capaz de adquirir movimiento y así mis alas se sacudieron. Caminé con firmeza hacía el centro de la torre, allí una mujer arrodillada en un circulo lleno de runas sujetaba el amuleto capaz de gobernarnos a todos, solo una condición, jamas dañábamos a los humanos, siempre defendíamos las causas justas.

Me acerqué bajo la atenta mirada de los míos, yo era su líder, me dejé caer hundiendo una de mis rodillas en el piso y bajé la cabeza en señal de respeto.

-Mi señora ¿que necesita? -pregunté alzando la mirada hasta hundirla en sus dos orbes oscuros.

La morena se alzó del circulo con una sonrisa ladeada, caminó hacia mi posición situándose justo frente a mi para observarme de cerca.
Todo aquel que nos despertaba tenían sed de venganza, la mayoría eran personas buenas con necesidades nobles, así que esperaba que este fuera el caso de mi nueva dueña.

-Levanta -me pidió con la voz firme.

Obedecí poniéndome en pie para quedar ahora de frente.

-Mi señora...


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Re: Guardianes de piedra (privado)

Mensaje por Yennefer Lothbrok el Miér Dic 05, 2018 2:43 pm

Aún podía recordar con nitidez y claridad, debido a la memoria eidética que tenía, el momento exacto en el que mi madre atravesó la puerta malherida dejando un rastro de sangre tras ella, mis ojos enseguida la recorrieron y apenas alcancé a ayudarla cuando cayó contra el suelo sin apenas poder hacer nada para que la sangre que había perdido fuera restaurada y regenerada, yo, una hechicera que con mi edad ya llevaba cuatro años dirigiendo uno de los aquelarres más importantes del norte sin poder hacer nada por ayudar a la única familia que me quedaba: mi madre. Y aunque ninguno de los dos fueron cariñosos conmigo les agradecía que me hubieran hecho de piedra, porque eso me ayudaba a aceptar mejor las cosas y que no me afectara como al resto; más eficiente, más perfecta para llevar a cabo los peores planes jamás pensados. De sus labios apenas sin fuerzas mientras taponaba la herida y pedía ayuda a los miembros del aquelarre que allí se encontraban en una pequeña reunión –solo con los siguientes que podrían obtener algo de “cargo” dentro del aquelarre- me contaba lo que había pasado, cómo había encontrado a ese enemigo que por años había estado buscando y con el cual había mantenido luchas donde ninguno de los dos era el vencido, pero tampoco el que salía victorioso. Ella, una excelente guerrera y una licántropa con experiencia en las luchas había perdido a manos del que era su enemigo y se había encontrado en el norte por pura coincidencia; un Black. Apenas llegó a contarme lo sucedido, apenas pudo darle tiempo para decirme quién era cuando su cuerpo se apagó para siempre desfalleciendo sin vida entre mis brazos... y ahí empezó todo. Mi ira estalló, mi energía se descontroló y una onda expansiva lanzó a todos varios metros en la estancia mientras respiraba con rapidez, apretaba los labios y miraba el cuerpo inerte de mi madre incapaz de haber podido salvarla, incapaz de haber podido con toda la magia que poseía como legado familiar que no pasara aquello. Y supe, en ese mismo momento, que mi venganza se cumpliría contra aquel que había osado arrebatarme a mi madre de esa manera  y yo terminaría su obra, esa que ahora había asumido yo tras su muerte, iría tras el Black y le daría caza para luego matarlo de la manera más cruel posible, porque la venganza era un plato que se servía frío, y además, era el manjar más sabroso condimentado en el infierno.



“Has destrozado mi vida, y ahora yo ahogaré tu ambición en sangre”



También recordaba las palabras que dije justo tras la muerte de mi madre y juré venganza, vengarme por ella y matar a aquel que había osado hacerlo. Con el nombre que me había dado y un aquelarre del que era líder no fue demasiado complicado buscar información sobre la persona en concreto y así fue como es que todo me llevó hasta la ciudad de París, en Francia. Allí había estado varios años cuando era pequeña pero cuando la iglesia intensificó su caza contra lo que ellos llamaban “herejes” mis padres decidieron volver al norte, ahora la ciudad que era un hervidero mayor que cuando yo vivía era donde me encontraba buscando información, porque el Black se encontraba en la ciudad también. Decir que fue difícil encontrar información sobre él sería estar mintiendo porque al parecer no solo él, sino su familia, estaban causando un revuelo en la ciudad por lo que era más sencillo conseguir información si sabías dónde buscar. Pasados ya unos días sabía perfectamente los movimientos del Black, con un hechizo de ocultación se podían descubrir muchas cosas y ni siquiera un vampiro milenario podía detectarme con un poder como ese que me protegía... fue interesante lo que descubrí en ese tiempo que los espiaba, y supe que para llevar a cabo mi venganza tendría que recurrir a un antiguo poder que había perdurado con el paso de los siglos y que pocos humanos conocían. Gracias al colgante que me había dado mi abuela y que siempre portaba en mi pecho, fue mucho más fácil descubrir aquello que podría ser una baza más que importante e interesante en mi lucha contra el Black, o contra los Black porque parecía que donde iba uno entraban los demás. Con el colgante en mi cuello, la piedra brillando en tonos azules y rojizos, y un libro en la otra mano me dirigí hacia la catedral de Notre Dame para llevar acabo el ritual que invocaría a los que, sin duda alguna, serían mis “herramientas” para acabar con los Black y mandarlos al infiernos más profundo y oscuro. En la parte superior de la misma mientras la ciudad se extendía en el horizonte llena de luces y de vida, hice un dibujo en el suelo de con un pentagrama mientras con el amuleto en mi mano, las velas encendidas repartidas por el pentagrama lancé aquel hechizo que despertaría a unos seres que habían prevalecido al pasar del tiempo, aquellos que servían a la humanidad para ayudarles. Poco a poco lo que parecía ser una estatua con la piel de piedra se fue resquebrajando, el cielo se tornó oscuro como una tormenta, los rayos cayeron en el lugar y un viento se levantó mientras seguía recitando el hechizo hasta que por fin despertaron de su letargo, un ejército para comandar en mi venganza. El colgante era lo que me permitiría controlarlos, bajo mi poder nada podría pararme ni hacerme frente, ni siquiera vampiros milenarios. El que debía ser el líder se acercó hasta donde estaba y clavó una rodilla en el suelo mientras mi sonrisa se extendía en mis labios. Respetuoso su cabeza se agachó reconociéndome como aquella que los había despertado de su letargo, la encargada de comandarlos. Preguntó qué necesitaba y simplemente sonreí mientras sus orbes se clavaban en los míos más claros, me acerqué para contemplarlo mejor y lo rodeé observando cada detalle de aquel ser magnífico que me llevaría a cumplir mi venganza.


-Levántate –mi voz sonó clara y firme en una petición más que sencilla, sin refutar apenas terminé de decir las palabras se alzó cuan alto era para contemplarme y sus palabras, llamándome por lo que era lograron que sonriera de lado- sí, soy tú nueva señora... aquella a la que servirás el tiempo que sea necesario –sabía que tenían unas condiciones claras como, por ejemplo; no dañar a humanos... pero no había ningún humano entre los Black- te preguntarás por qué habéis sido despertados de nuevo, por qué vuestra piel ya no es de piedra y cobráis de nuevo vida –dije mientras daba un paso más, mi mano se alzó para sentir que pese a los seres que eran su piel estaba caliente, respiraban e incluso un corazón latía bajo su pecho izquierdo- fascinante –dije deslizando mis dedos por su cuello mientras él solo podía esperar por mis palabras y mis órdenes, mis dedos se pasearon sobre su mejilla, su mentón terminando en sus labios notando que parecían tan humanos como cualquier otra persona... si no fuera por sus alas, por ejemplo- desde hace siglos habéis permanecido en la catedral para todo aquel que os busque en pos de ayudar a la humanidad, ahora yo con el colgante en mi poder os convoco de nuevo para salvar a los humanos de una amenaza que podría acabar con todos, diezmados, esclavizados –claro que si le decía mi propósito de primeras sin darle a entender que los Black debían de ser erradicados de la faz de la tierra podrían negarse, según tenía entendido, sus causas por las que decidían ayudar eran “nobles”- ahora yo os he despertado y os reclamo para que me ayudéis no solo a cumplir una venganza por la muerte de mi madre, os reclamo porque de dejar que sigan sus andares diezmarán a los humanos para convertirse en los dueños del mundo, y todos seremos esclavos y comida que cazar –mis ojos azules se fijaron en los suyos claros también- es hora de alzarse y cumplir con vuestro deber, jurad que me ayudaréis en esta causa y juntos salvaremos de nuevo a la humanidad –extendí mi mano esperando el juramento, siendo consciente de que no podía negarse porque yo no dañaría a ningún humano, que mi venganza era justa y que con erradicar a los Black la amenaza desaparecía- ahora estáis bajo mis órdenes, solo responderéis ante mí; Yennefer Lothbrok, decidme vuestro nombre y jurad por mí.
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Re: Guardianes de piedra (privado)

Mensaje por Bellamy Menier el Miér Dic 19, 2018 1:22 pm

Guardé silencio mientras mi señora hablaba y yo escuchaba, la amenaza de los seres oscuros había reinado por milenios en esta vida y las siguientes, no era nada nuevo, la batalla de la luz contra la oscuridad, los riesgos de ser mortal.

La humana me observó con detenimiento, acarició con la yema de sus dedos mi piel cálida, mis labios carnosos, seguramente preguntándose como ahora mi corazón latía tras ser piedra durante siglos.
A simple vista era un mero humano mas, excepto por las enormes alas que emergían de mi espalda y que ahora se sacudían ante la mirada intensa de mi dueña.

-Te serviré

Esa era mi sentencia, ahora ella era nuestra dueña, sus ordenes serían ejecutadas sin ser discutidas o cuestionadas.
Me relamí los labios, sus ojos brillaban, había conocido muchos dueños, había conocido muchos puros y castos con bondad en su alma y otros que pretendieron corromper nuestro acuerdo ¿quien sería ella?

-¿cual es vuestra primera orden mi señora?

Ladeé la cabeza en un gesto lobuno sin dejar de contemplarla, su aura era la de una hechicera, a simple vista oscurecida seguramente pro la venganza, había hablado del peligro que los inmortales para la humanidad representaban.

-¿Matar a todo vampiro de París? ¿es esa la orden mi señora?

Contemplé su mirada oscurecida, no tenía pinta de ansiar tan gran masacre, mas bien solo en su mente retumbaba el nombre de una familia.

-Chicos, hoy es vuestro día libre, id, beber, comer, disfrutar de las mujeres, nos encontraremos aquí cuando la luna corone de nuevo el cielo.

Los chicos merecían una noche y un día antes de la batalla.





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Re: Guardianes de piedra (privado)

Mensaje por Yennefer Lothbrok el Sáb Ene 05, 2019 10:39 am

Parecía que las cosas iban tomando su forma como debía de ser, parecía que todo se iba poniendo en su lugar y que mi venganza estaba más próxima a poder cumplirse de lo que había siquiera pensado e imaginado en un principio. Desde que había fallecido mi madre a manos de aquel vampiro en todo en lo que podía pensar era en encontrarlo y matarlo, sabía que no iba a ser una tarea fácil ni sencilla teniendo en cuenta que él era un vampiro milenario y que mi madre había sido una de las mejores guerreras que conocía, aparte su condición de licántropo le daban habilidades y atributos para poder medirse con un vampiro y tras años de persecuciones al final se había cerrado su capítulo... solo para que yo ahora tomara el relevo y quisiera vengarme por su muerte, destrozar a esa maldita sanguijuela por haberme arrebatado a lo único que quedaba de mi familia, ahora solo yo podía continuar con el legado de mi familia y aparte de eso me encargaría de que se hiciera justicia por lo que había pasado. El viaje hasta París fue sencillo y lo complicado fue encontrar información sobre el vampiro aunque tras indagar un poco me había dado cuenta de que era sumamente fácil dar con información acerca no solo de él, sino de su familia porque ellos mismos se estaban encargando de ponerse en el punto de mira. Fue bastante sencillo recabar todo tipo de información acerca de ellos que luego pudiera utilizar en su contra, sin duda alguna me daban las herramientas necesarias en forma de información para poder trazar un mejor plan y poder atacarlos. Sin embargo no era estúpida y sabía que yo sola no podría contra una familia de vampiros milenarios, para ello necesitaba de apoyo y al haber acudido sola a París las cosas se ponían en ese aspecto un poco en mi contra. Por otro lado había dado con cierto Inquisidor que, tocando las teclas adecuadas, podría ser que me ayudara ya que había descubierto cosas interesantes en relación a los Black y a todos los que estaban en sus vidas y su alrededor... aquellas mujeres que estaban en sus vidas y que eran un blanco perfecto, nada como indagar en lo más oscuro, profundo y bajo de la ciudad para encontrar lo que realmente necesitaba. Pero lo que haría que la balanza se equilibrara más en mi favor era el colgante de mi cuello, la piedra con la que podría despertar a unos seres que se igualarían a los vampiros y podrían darles problemas: gárgolas.

Ni más ni menos que las mismas gárgolas de la catedral de Notre Dame que durante eones habían custodiado y vigilado a la humanidad para ayudarlas cuando se les requiriera, tenía los medios para hacerlas despertad y no dudé en como muchos otros antes que yo despertarlas para que me ayudaran en mi venganza. Parecía que no pero poco a poco el grosso de mi “ejército” crecía y pronto podría enfrentarme a los Black, buscar a Assur y vengar la muerte de mi madre como estaba deseando hacer. Con el conjuro preparado, el círculo dibujado en el suelo, el cielo oscuro y la luna brillando conjuré las palabras para que el hechizo de nuevo los despertara y cobraran vida. Apenas unos minutos escuché como la piedra se resquebrajaba rompiéndose para dar paso a aquellos que me serían fiel y lucharían por mí, por mi causa. El primero de ellos se alzó, majestuoso e imponiéndose, para acercarse hasta donde me encontraba y clavar su rodilla en el suelo rindiéndome tributo como fiel siervo que era. Una vez juró que me sería fiel se alzó quedando frente a mí, mis ojos lo recorrieron despacio y las yemas de mis dedos se pasearon por su piel notando lo cálida que estaba, lo humano que resultaba y parecía si no fuera porque sus alas tras su espalda dejaban claro que no era un humano. Su pregunta sobre cuál era mi primera orden me hizo ladear la sonrisa, aún faltaba para dar el primer paso porque tenía que asegurar otra parte que nos ayudaría en la batalla, terminar de colocar las últimas piezas para dar posicionarnos y poder enfrentarnos a los Black. Sus ojos me recorrieron esperando mis palabras mientras yo lo examinaba queriendo probarlo, saber si era cierto que ahora su fidelidad estaba puesta en mí, que lucharían por mi causa porque yo era su dueña. Los vampiros eran una amenaza para la humanidad, siempre lo habían sido, pero ahora los Black querían alzarse como si fueran los dueños del nuevo mundo y eso era algo que no podíamos dejar que pasara y que además me daba un motivo y un pretexto para que las gárgolas me siguieran fieles a mi causa. Sonreí ladina por su pregunta y sin decir nada lo bordeé examinándolo, sus enormes alas ahora replegadas caían desde sus omoplatos que era donde salían hasta el suelo, hermosas, las contemplé viendo cada detalla de las mismas hasta que acabé de nuevo frente a él y negué con la cabeza por su pregunta.


-Los vampiros siempre van a existir, los vampiros siempre van a ser una plaga para el mundo de los hombres... pero hay una familia que se sienten con el derecho de alzarse como los “reyes” del nuevo mundo y convertirse en los dueños y amos de todos los que hollamos la tierra... no podemos dejar que eso ocurra. Ahora están en París y planean iniciar una guerra, nosotros los detendremos porque no dejaremos que ningún Black se crea con el derecho de ser el dueño de todo y de todos. Los Black son la amenaza y es a ellos a quienes debemos de matar –mis palabras sonaron con fuerza y determinación clavando mis ojos castaños en los suyos. Su líder tras escuchar mis palabras y sin girarse habló a las demás gárgolas que le seguían fieles para pedirles que disfrutaran de aquella noche antes de ir hacia la batalla, pronto el batir de alas fue todo lo que en aquella azotea se escuchó y contemplé cómo se alzaban en vuelo para alejarse y disfrutar tal y como les había pedido su líder. Mi mirada se encontró de nuevo con la suya ya que seguía frente a mí, observándome, sin moverse como si esperara algo más de mí- ¿no vas a ir con tus hombres, gárgola? –Pregunté una vez nos quedamos solos en aquella azotea frente a frente- te he preguntado tu nombre y no me has respondido, ¿es así como piensas servirme? –Fruncí ligeramente mi mirada, ahora yo era su dueña hasta que todo terminara, después volverían a su estado rocoso hasta que alguien más fuera en su búsqueda- ¿no vas a disfrutar antes de la batalla? –De nuevo volví a bordearlo para recorrerlo quedando a su espalda, esa vez mi mano se alzó para acariciar el hueco que había entre sus alas tocando la piel caliente y suave de su espalda. Mis ojos contemplaban las alas y sin poder evitarlo mi mano fue a su ala derecha que se movió ante el inesperado roce como un acto reflejo. Era la primera vez que veía algo como eso, eran criaturas magníficas y excepcionales- la maldición que cargáis es fuerte, anclaros a ese estado de piedra por toda la eternidad hasta que alguien os despierte... –terminé de acariciarlo y me puse delante para mirarlo- me preguntó qué os habrá llevado a estar en esta situación... ¿no te cansas de vivir en un estado de piedra constante? ¿No desearías estar siempre despierto, gárgola?


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Re: Guardianes de piedra (privado)

Mensaje por Bellamy Menier el Jue Ene 10, 2019 11:04 am

Mis hombres alzaron el vuelo, tras una eternidad hechos piedra merecían una noche de disfrute perdidos en cuerpos femeninos, su aleteo enérgico retumbo en Notredamm evidenciando de nuevo ante la catedral del poder de las gárgolas.
La hechicera caminó a mi alrededor de nuevo, preguntándome si yo no pensaba disfrutar como el resto, porque no volaba junto a ella, sus dedos se deslizaron cálidos por el inicio de mis alas logrando que estas se movieran solas por un acto reflejo.

Guardé silencio mientras la chica me escrutaba con calma, yo le pertenecía y tenía derecho a observar su obra.

-Mi nombre es Bellamy, mi señora -respondí dejándole claro que pensaba servirla, ese era el pacto ,ella portaba el amuleto que nos había dado la vida – la primera noche que recupero la vida voy al cementerio mi señora, mientras mis hombres beben y encuentran un poco de paz yo enfrento mis propios demonio -confesé con sinceridad.

Pude ver en su mirada como se despertaba un atisbo de curiosidad por mis palabras, se detuvo frente a mi alzando la mirada hasta golpear mis ojos con fijeza con la ajena.

-No siempre hemos sido gárgolas, fuimos malditos por una gitana y anclados a esta torre en su construcción, así quedamos anclados al colgante que tu ostentas con la finalidad de proteger a la humanidad por los siglos de los siglos. Siempre que uséis vuestro poder con benevolencia os serviremos.

Habíamos visto a los Black alojarse en Paris, eran demonios milenarios, mas antiguos que nosotros mismos, la batalla sería complicada, la lucha encarnizada y no por ello nos rendiríamos aunque este fuera nuestro ultimo vuelo.

-¿Necesitáis algo mas mi señora? -pregunté sin apartar mis ojos de los ajenos -os complaceré en lo que me pidais.




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Re: Guardianes de piedra (privado)

Mensaje por Yennefer Lothbrok el Lun Ene 14, 2019 11:58 am

Frente a mí estaba aquella gárgola que se alzaba majestuosa recreando una verdad que muchos consideraban como una mera leyenda, cuentos e historias antiguas que se contaban sobre la catedral pero que jamás llegaron a pensar que se basaban en una realidad. Las gárgolas habían estado en Notre Dame casi desde su inicio, ancladas por una maldición a sus murallas y sus torreones, convertidos en piedra durante el día para cobrar vida de noche y proteger a la ciudad de sus males mientras los demás pensaban que eran simples mitos, ajenos a la verdad que se encerraba tras los campanarios de la catedral. Las gárgolas habían existido por eones defendiendo a los humanos bajo una noble y justa causa protegiéndolos del mal que pudiera acecharlos, dormidos durante siglos esperaban la llegada de un nuevo amo que con el colgante que yo tenía en mi poder, y que había puesto en protección bajo hechizos para que nadie pudiera quitármelo, despertaban para cobrar vida y defender de nuevo a la humanidad, así en un bucle y en un círculo vicioso que no hallaba fin alguno. Ahora me pertenecían, el ejército con el que pretendía destruir a los Black y cobrarme una venganza, los vampiros se habían expuesto demasiado y seguramente para ellos que observaban petrificados desde lo alto de la catedral se habrían dado cuenta de la maldad que encerraban sus actos, de lo peligroso que era que siguieran su existencia y cómo condenarían a toda la humanidad si se alzaban como ellos deseaban hacer desde hacía tiempo. Mi venganza no era sino el puente que hilaría todo y que juntaría las piezas que llevarían a la destrucción de los Black para siempre, porque yo también estaba moviendo mis hilos para hallar más aliados ya que no era una necia, no con las gárgolas podríamos vencerlos y por ello cuanto más pudiera sumar a mi causa mejor sería para la guerra que se avecinaba, puede que los Black no supieran de la amenaza creciente que se extendía por la ciudad, de la sombra oscura con la que se pretendía acabar con sus largas noches, porque cuanto menos se lo esperaban atacaríamos con la intención de aniquilarlos y borrarlos de la faz de la tierra, eran un peligro para todos y la gárbola, cuyo nombre era Bellamy, aceptaba servirme porque seguramente habría visto la maldad de aquellos seres y el peligro que corríamos todos de dejar que se hicieran con el poder absoluto como ellos querían. Aún me quedaban unos pasos por dar antes de la batalla, aún faltaban unos pocos días para que esta diera comienzo y el plan ya estaba en marcha, el primer paso había sido despertar a las gárgolas y con eso cumplido solo quedaba junta las piezas para obtener así las alianzas necesarias para poder acabar con ellos, y ese pensamiento era inevitable que no provocara una sonrisa ladina en mis labios mientras las gárgolas alzaban vuelo y disfrutaban de esa noche tras su larga guardia en lo alto de Notre Dame.

Sin embargo que él se quedara era algo que me causaba curiosidad, no estaba exento de haber estado convertido en piedra como el resto y, a ser sincera, la maldición que los encerraba me provocaba curiosidad y querer saber más acerca de su historia, saber por qué se habían convertido en gárgolas, qué habían hecho para que terminaran así, por qué el colgante era lo único que podía devolverles a la vida y cómo podrían liberarse si es que, de esa fuerte maldición que pesaba sobre ellos, había una forma de obtener la libertad. Mi curiosidad me llevó a bordearlo para recorrerlo con mis ojos así como con mis dedos, tan humano que de no ser por las alas pasaría por otro ciudadano más de la ciudad francesa, sus alas se movieron por inercia ante mi toque y acabé frente a él preguntando por qué no disfrutaba como el resto. Al parecer mientras sus soldados disfrutaban él iba al cementerio a librar sus propios demonios, sin embargo, a mi entender eso no restaba para que él no disfrutara también como lo hacían los demás. No tendría por qué haber sido sincero, me servía pero eso no lo obligaba a responder a todo lo que yo le preguntara porque no era así como funcionaba; él solo obedecía mis órdenes pero por lo demás era “libre” de responderme o no a mis preguntas. Fue inevitable el pensar cuántos amos no habría tenido hasta toparse conmigo, cuántas veces no habría luchado por defender a la humanidad, cuántas veces no habría despertado de un largo sueño convertido en piedra... sí, las gárgolas eran ejemplares bellos, magníficos y hermosos dignos a estudiar si se tenía la oportunidad de dar con uno de ellos, ahora frente a mí tenía al líder de aquel ejército que me servía fiel porque los había despertado. Cierto poder se sentía cuando eso ocurría, una sensación que te recorría como si tus propios poderes aumentaran, pero solo era la sensación pasajera que provocaba y que se desvanecía lentamente como si fuera neblina, hasta quedar en la nada. Sus palabras solo hacían que sintiera más curiosidad al respecto y mordí mi labio sopesando la opción de obligarle, o no, a que me contara más... y aunque pudiera hacerlo, no lo haría porque no quería ser malvada con ellos, no era eso lo que quería dirigir hacia ellos y mi maldad solo sería reservada a mis enemigos, a los Black. Sus palabras me hacían pensar en que una vez fueron humanos, debieron de serlo pero, ¿cómo acabaron realmente así? Una gitana les había lanzado la maldición, las gitanas eran poderosas y conocían magias antiguas que solamente pasaban de generación en generación, debió de ser alguien muy poderosa para anclarlos de esa forma y alto intuía de que el colgante era el catalizador que permitía que la maldición siguiera su curso. Muchas preguntas asolaban mi mente sobre ellos, sobre él, mientras sus ojos se clavaban fijos en los míos.



-Curiosa manera tienes de disfrutar de tu primera noche de libertad, la batalla no será mañana, será en unos días y tus hombres hasta entonces gozarán de la libertad que la noche les brinde cuando vuelvan a la vida bajo la luz de la luna –dormían de día, vivían de noche... casi como los vampiros- permites que tus hombres disfruten, gocen y encuentren paz, sin embargo no buscas eso para ti, ¿por qué no? –Pregunté observándolo, su aura desprendía una fuerza que no era comparable a la que muchos pudieran tener- ¿acaso cargas tú con el peso de todos los demás? –Porque yo era lo que entendía que estaba haciendo, precisamente eso- ¿por qué no te permites aliviar dicha carga, Bellamy? –Quizás porque hubiera algo tras todo que a mí se me escapaba, quizás porque había algo por lo que él quería redimirse. Sonreí de lado cuando preguntó si necesitaba algo más y que me complacería en todo, su mirada fija en la mía podría intimidar a cualquiera, pero no a mí- ¿lo harás, aunque no sea algo de tu agrado? –Y esa era la fidelidad de las gárgolas, sometidos al poder del colgante que los hacía ser esclavos del mismo y del dueño que lo portara- siento curiosidad Bellamy, pero aunque me seas fiel, eso no significa que obligatoriamente tengas que responderme ya que en eso eres totalmente libre –di un paso hacia él, mi mano ascendió por su pecho notando lo cálido de este, sus músculos definidos así como el corazón que latía con vida en su pecho izquierdo bajo mi palma- quiero saber más, de vosotros, de vuestra maldición, del motivo que os llevó a ser convertidos en gárgolas, el pecado que cometisteis para que una gitana os maldijera, ¿qué fue lo que hicisteis, Bellamy? –Mi rostro estaba alzado para mirarlo debido a que era más alto que yo, obligándome a que si quería mirarlo tener que alzarlo- me pregunto por qué el colgante, me pregunto por qué no habéis buscado la manera de ser libres, ¿acaso no añoras la libertad? ¿Por qué seguir viviendo la mitad de tu existencia convertido en piedra? –Ladeé mi rostro ligeramente mordiéndome el labio sin dejar de mirarlo- dices que siempre acudes al cementerio, está bien, llévame al cementerio –y eso sí era una orden comparado con el resto- quizás los demás dueños no les importaba qué, o quién, había tras esa coraza de piedra... pero yo siento curiosidad. Iremos al cementerio como siempre sueles hacer, después ya veremos cómo termina la noche –mi dedo se alzó para recorrer su labio inferior.


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Re: Guardianes de piedra (privado)

Mensaje por Bellamy Menier el Lun Ene 14, 2019 12:26 pm

La dueña del amuleto seguía allí, frente a mi, podía leer la curiosidad reflejada en su mirada, como trataba de estudiar al hombre de piedra que ahora le pertenecía, era cierto había enviado a mis hombres a divertirse, a desfogarse con mujeres, mas yo no merecía lo mismo, quizás no quería lo mismo.

-Porque yo haga lo que haga no encontraré paz -respondí con sinceridad.

Mi respuesta era ambigua, no por ello no era certera, mi historia se remontaba al inicio de los tiempos cuando Notre Dame se construía.
La morena acarició la musculatura de mi pecho, estiró la palma sintiendo el incesante latir de mi corazón, seguramente le resultaba sumamente extraño que una estatua pudiera ahora ser carne, hueso y vida.

-Mi historia me pertenece -respondí cuando esta me habló de la curiosidad que le suponía conocerme -quizás no deberías querer intimar conmigo, es mas fácil mandarme a la muerte si no lo haces.

Tampoco me faltaba verdad en esa afirmación, si conocía a la familia Black sabía que esa guerra era una que no sabía si podría ganar.
Asentí finalmente, su petición era una orden, no me obligaba a contarle mi historia, peor si a que la llevara conmigo al cementerio, así que acabé cediendo a sus peticiones.

Acorté la ínfima distancia que nos separaba, mi brazo rodeó su cintura con firmeza, mas también ocn suma delicadeza.

-¿Estas preparada? - mi aliento meció su pelo, fueron sus ojos los que me encontraron salvajes, hambrientos antes de que alzara el vuelo.

La dama se aferró a mi cuerpo seguramente asustada en inicio pus sus pies dejaron de tocar el suelo, cerró los ojos con cierto vértigo, pero con el tiempo su cuerpo se relajó y al volver a mirarla, pude ver como sonreía observando una iluminada París desde los confines del cielo.

-Es bonito ¿verdad?

No tardamos demasiado en llegar la cementerio de Montmartre, descendí aterrizando en uno de los pasillos, a los laterales lapidas de piedra blanca, hermosas figuras talladas con formas de ángeles y espadas, mas donde me detuve fue frente a una humilde lapida, sobre ella una inscripción sencilla.
Esmeralda y la fatídica fecha en la que perdió su vida.
Guardé silencio mirando aquellas letras que para mi estaban grabadas a fuego, he ahí mi penitencia, mi condena y mi sepultura.


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Re: Guardianes de piedra (privado)

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