Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

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No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Smerenda W. de Brancovan el Lun Dic 10, 2018 3:56 pm

Aquel día estaba resultando algo surreal, pero tremendamente agradable para Smerenda. Jamás  hubiese llegado a imaginar que una  persona podría ser capaz de hacerte ver las cosas de una forma completamente distintas. Mientras se dirigía a recoger a la cita para beber el té que había pactado con su amiga pese a ser otoño había notado la tarde más iluminada, el ambiente menos sombrío. Ahora, mientras  viajaba en el coche rumbo a la zona comercial, las calles habían parecido más animadas, más coloridas, a pesar de que eran las mismas calles de siempre. Mientras  su coche avanzaba  ella se sentía inesperadamente animada y despreocupada. Pero aquella era una sensación agradable. Una parte de Smerenda aún estaba recelosa, supuso que era la parte que no quería volver a perder a alguien importante. Por otro lado, otra parte de Smerenda, una que había ocultado durante tanto tiempo, se sentía chispeante y feliz, casi eufórica. Ella estaba dejando que esa parte se hiciera cargo. Gracias  Lorette, se había dado cuenta de que estar recelosa, desconfiar de todo y de todos, estar siempre  expectante y lista para atacar, no era algo lindo, no era llevar una vida digna. Al portarse como solía hacerlo antes, solo dejaba que su pasado la dominase, que aun estando libre algo la atase, significaba que dejaba a los malos ganar ¿De qué le servía estar libre y a salvo (al menos por ahora) si no lo disfrutaba?

En cuanto el coche se detuvo, Smerenda observó el local a través de la ventanilla. Parecía que aún era tal y como lo recordaba de su niñez, un local pequeño de  estilo gótico, cuya fachada estaba pintada de tonos pasteles. Smerenda descendió con cuidado con ayuda del cochero, y se quedó observando embelesada el local. A través de los amplios ventanales del local podían observarse muestras de los pastelillos, postres y dulces que se ofrecían en el menú. Cuando el viento frío otoñal  caló hasta sus huesos se decidió a entrar de una vez. Probablemente el sencillo vestido de lino de un tono rosa pálido con adornos de encaje que había decidido usar no era la elección más acertada para aquella época del año, pero el chal marrón de lana que había decidido llevar consigo de último minuto lograba abrigarla lo suficiente.

En cuanto entró al local, el aroma del té y los dulces invadieron sus sentidos. Una mujer algo mayor de cabello oscuro,  ataviada con un sencillo, pero bonito vestido en tonos marrones recibió a Smerenda con una sonrisa amable y se hizo cargo de su chal. Después la guio a una mesa  para dos que estaba cercana a uno de los ventanales cuando Smerenda le informó que  esperaba a una amiga. Jamás habría adivinado, que ese simple comentario, decir que esperaba a una amiga, la emocionase tanto, que se sintiera tan bien. Un grupo de tres mujeres sentadas en el extremo opuesto, la única otra clientela que estaba en el local,  llamó a la mujer, así que esta le dijo a Smerenda que volvería en un momento más con un vaso de agua y la dejó allí sentada.

Para ella estaba bien, igual esperaría a que Lorette llegase antes de pedir cualquier otra cosa. Mientras esperaba Smerenda observó a detalle el lugar. Era un lugar pequeño con una decoración sencilla, donde reinaba la madera y los colores pastel. Pero no por eso el lugar era menos acogedor.  Todo parecía estar muy limpio y en orden y la habitación estaba iluminada naturalmente  gracias a los amplios  ventanales. También le agradaba que fueran poca la clientela, pues eso les daría a más privacidad.  El dulce aroma de los dulces hizo que el estómago de Smerenda gruñese con bastante fuerza a pesar de que había tomado una ligera merienda no hacía más de un par de horas y a pesar de estar sola  y de que probablemente nadie hubiese escuchado, Smerenda se sonrojó hasta la punta de su rubio cabello.

La sonriente anfitriona regresó con el vaso de agua que colocó delante de ella y Smerenda suplicó que no reparase en su sonrojo, lo cual, por desgracia para ella no fue el caso –Señorita ¿se siente usted bien? ¿Acaso quiere que la lleve a otra mesa donde pueda respirar aire fresco con más facilidad?- las amables palabras de la mujer sólo lograron hacer que Smerenda se sonrojase aún más –No, yo, está bien. Solo me ha mareado un poco el viaje en coche. Es usted muy amable- susurró ella con voz suave y trató de sonreír lo mejor que pudo a la mujer, como para demostrarle que no tenía de que preocuparse y mentalmente suplicó que Lorette apareciese pronto.


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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Lorette D. Lefoy el Mar Dic 11, 2018 7:20 am

Lorette había salido aquella tarde mucho antes de trabajar. Tenía una cita con Smerenda y no podía salir a las mil como otros muchos días, así que solicitó permiso a la junta y se lo concedieron sabiendo que la mujer dedicaba a la dirección muchísimas más horas de las que se esperaban para el cargo. A ella le gustaba hacer las cosas bien y si quedarse suponía que el trabajo fuera más adecuado así lo hacía, el perfeccionismo era parte de su carácter y sacrificaba lo que fuera necesario para que el College atendiera con la mayor eficacia a su alumnado y a su plantilla. A veces echaba de menos el contacto directo con el alumnado como cuando era profesora adjunta de historia, sin embargo la dirección le aportaba otras cosas en la vida igual de interesantes.

Había corrido a casa para cambiarse para su encuentro, su tía ni tan siquiera estaba, probablemente habría salido a hacer compras o dar un paseo con alguna de sus amigas así que no la encontró. Acarició la cabecita de Bibou, que saltó de su cojín en cuanto la vio aparecer para que le diera mimos. No tenía mucho tiempo pero siempre había una caricia y un besito para su bichón. Subió las escaleras para dirigirse a su cuarto y el perro la siguió, se metió en el cuarto y se aseó y peinó un poco, dejando sus rizos sueltos y recogidos detrás de la cabeza con un sencillo pasador. Después se puso un vestido de tonos grises y tejido gordo pues el frío ya asolaba París y la nieve había llegado rauda e imparable. Ese vestido además de hermoso abrigaba, así que era perfecto. Se calzó sus botas con cordones y las anudó a toda prisa, había solicitado al servicio que llamaran a un coche y le habían dicho que llegaría enseguida.

Antes de lo que pensaba el servicio avisó de que el coche estaba abajo. Lorette se levantó rápido de la cama y tuvo que sujetarse a un poste porque se mareó terriblemente. Llevaba unos días así y aunque lo achacaba al exceso de trabajo empezaba a preguntarse si no habría caído enferma. Su cara estaba pálida pero se repuso, acarició a Bibou y bajó las escaleras sin demora para dirigirse al coche que esperaba fuera. El viaje fue relativamente corto y pronto se encontró ante el local, que a simple apariencia parecía de lo más humilde pero que dentro contenía el cielo de los postres y los dulces. Solo vio un poco por el escaparate y ya le pareció el cielo.

A través de la ventana buscó la figura de Smerenda pero no la vio, así que entró en el local y una campanita sonó anunciando su presencia y haciendo que una mujer mayor elegantemente vestida se acercara a recibirla y le preguntara si venía sola.- No, he quedado con una amiga, una muchacha rubia y hermosa -dijo, esperando que Smerenda hubiera llegado antes que ella y así debió ser porque la mujer pareció saber enseguida de quién hablaba y con eficacia la condujo a una mesa donde pudo distinguir la figura de su amiga, vestida de rosa claro y pareciendo una visión salida del cielo en aquel momento.- ¡Sme! -exclamó con alegría mientras se acercaba a la joven para depositar un afectuoso beso en su mejilla, momento que aprovechó también para quitarse los guantes y un pesado chal que la mujer llevó a un lugar a parte. Lorette se sentó entonces frente a su amiga con una sonrisa.- Has llegado antes que yo, qué puntual eres... Y qué cálido es este sitio, ¿Cómo te encuentras?

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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Smerenda W. de Brancovan el Vie Dic 14, 2018 2:19 pm

Para fortuna de la azorada Smerenda, la campanilla del lugar la había salvado de la inquisitiva (y aunque bien intencionada) mirada de la anfitriona que más que reconfortarla la hacía sonrojarse aún más aunque sabía que no había hecho algo por lo cual debiese avergonzarse, al menos no en la última hora ¿Acaso era un pecado que su estómago gruñese como el de cualquier humano común? La verdad es que ni ella misma sabía porque había tenido aquella reacción, jamás había sido el prototipo de perfecta dama de sociedad. Pero tal parecía que aquella reacción un tanto ¿infantil? era otra de las pruebas de gracias a Lorette comenzaba a ser otra vez ella, sin la capa de frialdad y absoluta indiferencia que la había caracterizado antes. Era un tanto ridículo, que haber reaccionado de esa forma tan boba la hiciese sentir ¿feliz? Pero la verdad es que lo disfrutaba, sentir, hacer cosas y actuar de formas (por muy bobas o ridículas que pareciesen) que jamás se hubiese imaginado.

Perdida como estaba, en su soliloquio mental no se percató de que era Lorette quién había entrado al establecimiento y notó su presencia hasta que su estimada amiga pronunció su nombre en voz alta -¡Lorie!- dijo con una genuina sonrisa que iluminó su rostro en cuanto la vio, hermosa, pulcra y elegantemente ataviada frente a ella. Se puso de pie, la saludó besando su mejilla y al último se contuvo un poco, para no terminar estrechándola entre sus brazos, pues pensó que quizás esa fuese una reacción exagerada y simplemente se sentó nuevamente.

-Te ves hermosa Lorie, sin mencionar que tú sentido de la moda parece ser mucho mejor que él mío. Tu vestido es bellísimo, eso color armoniza perfectamente con tu tono de piel- expresó su sentir genuino, pues la verdad era que la consideraba una de las mujeres más hermosas que había conocido –Estoy feliz de que estemos juntas ¿tú cómo te encuentras? ¿Te han permitido descansar apropiadamente tus obligaciones?- le dio un sorbo al vaso de agua que habían colocado delante de ella – Debo admitir que se podría decir que no soy una persona precisamente puntual la mayoría del tiempo, pero me hacía demasiada ilusión la idea de estar aquí. Cuando se trata de ti, entre más tiempo esté a tu lado mejor, así que procuro ser la persona más puntual del mundo. Me alegra que te gustara el lugar- recorrió lentamente, el interior del lugar con la mirada –La verdad es que es mucho más lindo de lo que imaginaba, además el aroma es delicioso, ahora sólo espero que después de descubrir este sitio la historia de los vestidos que se vuelven pequeños después de tantos postres no se vuelva a repetir- una sonrisa fugaz iluminó su rostro otra vez al imaginar que aquello bien podría sr una profecía más que un comentario gracioso.

La mujer mayo regresó, entregándole a cada una un menú escrito a mano, en un papel bastante sencillo pero con una caligrafía estupenda. La mujer les indicó cuál era la especialidad de la casa: Un tipo de brioche relleno de nata montada y un té especiado de las indias orientales y las dejó para que pudiesen decidir que ordenar –La verdad es que yo podría pedir cada uno de los postres y devorarlos todos, pero no creo que eso sea lo más sensato- dijo sonriendo mientras leía con cuidado la carta –Ahora que lo pienso me doy cuenta que aún no se muchas cosas sobre ti Lorette- levantó la vista del menú y la posó en el rostro de su amiga –No se por ejemplo si te gusta el té o cuál es tu tipo de té favorito, si lo bebes solo o con leche. Tampoco sé si prefieres el chocolate oscuro y fuerte o suavizado con leche y vainilla- Lorette era la primera amiga real de Smerenda, no tenía mucha idea respecto a cómo funcionaban las amistades aún, pero se imaginaba que detalles como esos eras los que descubrías poco a poco cuando te volvías amiga de alguien –Creo que, de ahora en adelante, me gustaría saber más cosas sobre ti, pero también me gustaría que tú sepas más cosas sobre mí- miró a Lorette con una sonrisa dibujada en los labio – Eres en quién más confío Lorie, quizás la única persona en la que confío y he decidido que de ahora en adelante no guardaré más secretos, así que, quiero que sepas que tiene la libertad de preguntarme lo que desees, cuando desees y te prometo que siempre tendrás una respuesta honesta de mi parte- Smerenda extendió su mano a través de la mesa, para tomar la mano de Lorette entre las suyas –Gracias Lorie, por devolverme la fe en las personas-


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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Lorette D. Lefoy el Dom Dic 16, 2018 9:58 am

La francesa observaba maravillada todo a su alrededor en cuanto entró en el agradable local. Olía a deliciosos dulces y a té caliente y dentro hacía tanto calor que se estaba sumamente a gusto. La dueña o camarera del negocio parecía de lo más atenta para con las visitas y enseguida estaba pendiente de lo que alguien quería. Cuando escuchó su nombre en boca de su amiga sonrió afectuosamente, nunca se acostumbraría a la sensación de contar con una mujer que la quisiera tal y como era así que el hecho de tener a Smerenda frente ella siempre le maravillaba sumamente, como si un deseo hecho realidad se hubiera cumplido para ella y en parte así era.

Observó a su amiga, siempre tan bonita y haciéndole cumplidos a ella, cuando la propia francesa palidecía a su lado. Generalmente en gustos también eran muy diferentes pues Smerenda solía llevar prendas alegres y hermosas mientras que Lorie buscaba con mayor ahínco la discrección y la sobriedad, como sus ropas mostraban.- No seas tonta, el tuyo es perfecto Sme, aunque espero que hayas traído un abrigo porque si no vas a quedarte helada -dijo Lorette con una suave risilla, fuera de la ventana podía verse el cielo encapotado y la nieve, que ya era de un grosor considerable, empezaba a acumularse en las calles y en los alfeizar de las ventanas. Lorette se removió inquieta ante su pregunta, no le gustaba mentir a su amiga pero no sabía como contarle que últimamente, debido al agotamiento del trabajo, se encontraba mal.- Bueno... el trabajo sigue siendo muy agobiante pero ya llegan las vacaciones de Navidad y podré descansar un poco -dijo, sin entrar más en detalles de momento.

Cuando dijo todas aquellas cosas bonitas sobre la amistad Lorie le tomó la mano entre las suyas con afecto. No dijo nada pero Sme ya sabía que para ella la amistad era igual de importante y valiosa, no sabía ya que haría si no la tuviera en su vida.- Las curvas son hermosa Sme, no te preocupes que unos dulces no van a suponer una gran diferencia en las caderas pero si en el corazón... -dijo echándole un ojo a la mesa de al lado en la que unas damas comían postres con una pinta de otro mundo. No pudo evitar fruncir los labios, sintiendo que le hacía falta pedir cuanto antes, nuevamente aquel antojo tonto de dulce y especialmente de chocolate que parecía traerla loca desde hacía unas semanas. La mujer les trajo enseguida la carta así que Lorette no tuvo que fantasear mucho más con lo que pediría y eligió rápidamente: un delicioso pastel de 3 tipos diferentes de chocolate y tomaría una agradable taza de té de melocotón sin leche, su favorito.

-Pues la verdad es que en mi casa tomamos té de muchos tipos pero el de melocotón me pierde, generalmente lo tomo solo porque el sabor es más intenso. Y el chocolate... ¿Puedo decirte sin temor a que te rías que me gusta de todos los tipos, formas y sabores existentes? -dijo mientras le salía una carcajada muy natural del pecho, solo con Sme se atrevía a confesar esa clase de cosas por las que otras personas la mirarían con cara extraña. Era una amante del cacao y no podía evitarlo.- ¿Y el tuyo? Dime tus gustos sobre comida y bebida y después seguro que te pregunto más cosas -dijo escuchando con atención, bebería todas y cada una de las palabras que ella le dijera, absorbiendo dicha información. Se removió un poco en la silla cuando su amiga le dijo que sería completamente sincera con ella, recordando otra vez que había cosas que ella no le había contado y se sintió culpable, un brillo que se reflejó rápido en su voz y en sus ojos.- Sme... me tienes en demasiada estima. Me hace enormemente feliz que confíes en mí pero sabes que yo jamás te forzaré a contar nada que tu no te sientas lista para compartir, pero si hay algo que te haya pasado últimamente que quieras decirme soy toda oídos. En mi caso es igual, tienes mi absoluta y plena confianza pero me da miedo que si te cuento ciertas cosas yo ya no sea la Lorie que conoces y aprecias -finalizó mordiéndose el labio con fuerza, como le solía pasar cuando estaba nerviosa, o se mordía el labio o retorcía cosas con las manos.





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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Smerenda W. de Brancovan el Jue Dic 20, 2018 2:10 pm

Ella jamás había estado tan relajada y feliz como en ese momento. La verdad es que nunca hubiese llegado a imaginar que algo tan banal pudiese ser tan placentero. Aquel instante, sentada junto a Lorette, en aquel sencillo lugar estaba resultando ser más interesante y agradable que cualquier fastuosa fiesta de la realeza. Recorrió con la vista el lugar, intentando guardar en su mente cada detalle de aquel día para siempre, dejó que sus sentidos se inundasen con el dulce aroma que flotaba por todo el local. Los musulmanes peregrinan a La Meca para estar en paz, los cristianos a Jerusalén, los hindúes viajan a Uttar Pradesh con el mismo objetivo, pero al parecer ella no tendría que viajar tan lejos para encontrar su refugio sagrado, la paz la embargaba en aquel pequeño local.

Smerenda se sintió feliz al conocer un poco más sobre Lorette, aunque fuesen detalles pequeños. Hacía mucho que ella no se había interesado por otra persona que no fuese ella misma y tampoco nadie se había interesado en conocerla de esa forma. Saber que en un futuro alguien la recordaría que existiría alguien que supiese aquel tipo de detalles sobre ella le causaba un extraño sentimiento de satisfacción. “La meta de un hombre en vida debería ser lograr que otros lo recuerden después de muerto, después de todo, si nadie te recuerda cuando te vas es como si nunca hubiese vivido” eso es lo que ella había leído en uno de los diarios de su padre y ahora le encontraba sentido a aquello y le agradaba saber que ahora había una persona que la recordaría si algo llegaba a suceder.

Ella dejó la carta sobre la mesa, pues no le costó mucho decidirse por probar una taza de una mezcla de té verde y jazmín y los bollos con nata que la mujer había sugerido, si aún tenía estómago suficiente al final probaría alguno de los chocolates ofertados, después de todo Lorette tenía razón, las curvas eran hermosas -En Rumanía la mayoría de gente no bebe té. Prefieren las cosas de sabores fuertes y especiados. La mayoría de la gente prefiere el café, supongo que eso se debe a que hay mucha influencia otomana y turca en la región. A pesar de eso yo siempre preferí el té, especialmente si es de algún tipo floral. Supongo que en ese sentido el lado francés de mi madre ganó – dijo sonriendo ligeramente -El té de jazmín es mi favorito pero también me gusta la socată, que es un tipo de té que se hace con flores de sauco, extraño mucho beberlo, el sabor es bastante particular, difícil de describir. Todos decían que mi padre también era un fanático bebedor de socată- no pudo evitar que su sonrisa se desvaneciera, como siempre que por casualidad mencionaba a su padre. Ella no podía explicarse cómo hablar sobre alguien a quien ella nunca había conocido y quién había muerto hace tanto lograba hacer que sintiese una curiosa, aunque fugaz opresión en el pecho.

La ligera sombra de pena que oscureció el rostro de Smerenda se evaporó, pero fue sustituida por una mirada de preocupación en cuanto vio el nerviosismo que el rostro de Lorette mostró de repente –Por supuesto que te tengo en alta estima Lorie, porque eso es lo que te mereces- ella trató de mostrar una sonrisa amable para tratar de calmar a su amiga –Sé que tú jamás me presionarías y esa es una de las razones por las que me siento tan cómoda a tu lado. Quiero que sepas que cada palabra que sale de mis labios es por mi voluntad, así que si te he contado algo es por decisión propia, porque quiero hacerlo, porque me hace feliz hacerlo- ella volvió a tomar la mano derecha de su amiga y la presionó con fuerza –Créeme Lorie, cuando te digo que no existe nada ni nadie en el mundo que pueda hacer que yo deje de apreciarte. Pero te entiendo, porque a veces me siento de la misma forma, siento que si te cuento ciertas cosas tú dejarías de quererme y yo te perdería para siempre. Pero tú siempre dices que diga lo que diga tus sentimientos no mutarán y sé que eres honesta, sé que lo dices en serio. Yo también te lo digo en serio, yo soy igual de sincera que tú- ella volvió a sonreír con indulgencia – Créeme Lorie, lo que sea que quieras contarme, por más terrible que sea para ti no sería capaz de escandalizarme. Pero también quiero que sepas que no te presionaré. Si tú quieres contármelo, sabes que estaré siempre dispuesta a escucharte. Pero si no quieres hacerlo, respeto eso, no me molestará ni me lastimará de ninguna forma. Solo quiero, Lorie, que sepas que estoy aquí y que cuentas conmigo sin importar que-


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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Lorette D. Lefoy el Vie Dic 21, 2018 11:30 am

La francesa también estaba feliz y contenta por encontrarse en aquel local con su amiga del alma. Nunca había visitado una tetería pero no comprendía que fuera con nadie más que con ella su primera visita. La mujer volvió rauda con sus pedidos y depositó en la mesa lo que ambas habían ordenado, que además tenía una pinta de lo más deliciosa. Lorie observaba fijamente a Smerenda esperando que ella en cualquier momento le hablara sobre sí misma pues le encantaba escuchar historias de su país, una tierra que le sonaba apasionante y que jamás había tenido la suerte de visitar. Pero más que el hecho de saber cosas sobre Rumanía le gustaba saber cosas sobre ella, especialmente cuando fue consciente de lo difícil que había sido para la rumana abrirse a su amistad.

-Algún día me encantaría visitar tu país... He leído tantas cosas apasionantes e interesantes sobre él, pero lo verdaderamente hermoso en la vida no siempre aparece en los libros y hay que disfrutarlo por uno mismo. Tal vez sea demasiado osado pedirte que alguna vez me lleves contigo, pero si el té me anima lo bastante tal vez lo haga al terminar la tarde -comentó risueña, la perspectiva de viajar con una amiga se le antojaba casi un sueño maravilloso en el cual aunaría dos de sus cosas favoritas, viajar y compartirlo con alguien querido. Se centró en saber más de sus costumbres y asintió con la cabeza, memorizando cada dato que ella le daba con insultante facilidad. Las ventajas de llevar años estudiando.- La verdad es que el café es delicioso y se que en los países sureños lo apreciáis con mayor fuerza, yo sigo deleitándome más con el té, la verdad. Creo que tu parte francesa es adorable, pero también la que no lo es, tendrás que llevarme a probar un auténtico socată.

Estaba sinceramente intrigada por tomar dicho té, especialmente porque ella era muy tradicional y en su casa se solían tomar los típicos. Solo el de melocotón, que venía de países como Inglaterra, era un pequeño capricho que le gustaba disfrutar y que se alejaba de lo que se consideraban los tés de toda la vida. Recordaba perfectamente aquella vez que lo tomó por primera vez y sus ojos se llenaron de sorpresa por lo delicioso y suave que estaba. Su tía Anissa le solía decir que le gustaba el té de melocotón por que era como ella, discreto pero dulce y eso le hacía mucha gracia de pequeña.- Me alegro tanto de que me consideres merecedora de tu confianza... Nunca tendré suficientes muestras de afecto para que comprendas lo importante que eres para mí y puedo apreciar que también lo soy para ti, pero... A veces siento que si te contara algunas cosas tu concepto sobre mí cambiaría y tal vez tu afecto. Me duele sumamente pensarlo pero si no te lo cuento jamás lo averiguaré y el miedo no puede ser lo que guíe nuestras acciones siempre. Contigo he aprendido a ser más valiente así que lo seré a partir de ahora. -dijo parando para tomar aire y de paso tomar la mano de su amiga, en un gesto con el que pretendía tranquilizar sus propios nervios.

-Cuando tenía casi 18 años estuve a punto de prometerme a un hombre que conocí hace tiempo y con el que mantuve una relación sentimental. Sobra explicar dado que puedes ver mi anular vacío, que el compromiso jamás llegó a ser tal -paró un momento, el dolor de la historia todavía estaba bastante reciente y tenía miedo de que Sme la juzgara duramente pero si lo hacía tal vez es porque se lo merecía.- La cuestión es que tras 7 años sin vernos, volví a encontrarme con él en una fiesta por azares del destino y más adelante se me invitó a pasar la tarde con él y su patrona. Puedes suponer que el reencuentro fue bastante inesperado y que ni yo pensaba que volvería a verle ni él a mi. La cuestión es que le abrí mi corazón y aclaré con él todo lo que no había sido hablado hacía tanto tiempo y entonces... entonces sucumbí -dijo con vergüenza, tapándose los ojos y sintiendo como sus mejillas se encendían. Su autoconcepto de sí misma estaba muy bajo en aquel momento. Se había vuelto a entregar al hombre que siempre había amado y nuevamente había salido fatal, con mentiras de por medio.- Mantuve... mantuve relaciones carnales con él y aunque yo entonces no lo sabía, averigüé que estaba prometido y no me lo había dicho. Te juro que de haberlo sabido no habría pasado y me avergüenzo enormemente de mí misma por aquello -finalizó en voz baja, para que solo su amiga lo escuchara y entonces sus ojos se empañaron ligeramente, ni siquiera entro a describir el dolor que le había supuesto aquella situación, pero ella lo vería en sus ojos.




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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Smerenda W. de Brancovan el Jue Dic 27, 2018 8:04 pm

Un ligero sentimiento de nostalgia se instaló en el pecho de Smerenda cuando los comentarios de su amiga la hicieron evocar recuerdos del país donde había vivido por tantos años. Ni siquiera había notado cuanto extrañaba pasear por los inmensos y quietos bosques, el sonido del viento entre los árboles, el silencio inmenso, el dulce aroma de los árboles. Era lamentable que no pudiese volver, al menos no por ahora - Sería genial regresar a casa y más si me acompañas, apuesto a que sería estupendo y estoy segura de que podremos hacerlo cuando es propicio- a pesar de sentirse algo triste limitó a sonreír ante las sugerencias de Lorie.

Guardó silencio cuando la anfitriona llegó con sus pedidos y los colocó en la mesa. De inmediato el aroma inundó sus sentidos, reconfortandola. Bebió un sorbo del té, cálido, fuerte y especiado y sintió como si el calor alejase un poco los malos sentimientos, se relajó y se sintió calmada, al menos hasta que escuchó la preocupación de Lorette, lo que ella tenía para contar.

Al principio ella se sintió algo confusa, no de una mala manera. En realidad aunque consideraba a su amiga como una mujer moderna, de un criterio amplio y una mente despierta, en el fondo siempre había creído que Lorie era un poco tímida y tradicionalista. Que revelara aquellos detalles no la escandalizaba, pero la sorprendía. Smerenda sonrió suavemente, no con ánimo de burla, si no para intentar reconforta a Lorette, mostrarle que no estaba molesta u horrorizada.

-Lorie, querida, lamento que te hayas tenido que topar con un imbécil como él. Lamento que se haya provechado de tus buenos sentimientos, lamento que te haya lastimado de esa forma y te juro que si alguna vez llego a toparme con él le propinaré la bofetada más fuerte de su vida- la ira que sentía era real y aunque no conocía a esa persona podía decir con toda la certeza del mundo que ya lo odiaba y sin poder resistirlo más se levantó de su asiento y estrechó entre sus brazos a Lorette.

- En serio Lorie, no tienes porque avergonzarte por hacer algo por amor. Tú no hiciste nada malo- ella intentaba comprender a su amiga, alguien que había sido criada bajo la doctrina cristiana por una familia de clase alta. Ella podía comprender porque su amiga se sentía tan avergonzada, pero quería convencerla de que no tenía porque sentirse así - Lorie, amar a alguien y entregarte a un persona por amor no te vuelve mala. Yo sé, que desde que eras pequeña todos te dijeron que eso estaba mal, que es un pecado pero no es así ¿Acaso no es peor yacer con alguien solo por deber, teniendo el corazón vacío? Los nobles, los ricos, los sacerdotes ¿Acaso crees que ellos no sucumben a los placeres carnales?- soltó a Lorette de su férreo abrazo y la miró con dulzura.

-Lo único por lo que debes lamentarte es por el hecho de que tu corazón le pertenezca a un mentiroso que no te merece. Pero el amor es así Lorie, no entiende de razones y a veces nos hace actuar como unos tontos. Sin embargo no debes dejar que el dolor se apodere de tu vida por mucho tiempo. No te digo que no llores o no te la entes, debes hacerlo, vivir tu luto y seguir adelante. Te lo digo por experiencia- suspiró al sentir una ligera opresión en el pecho cuando sin querer recordó parte de su pasado y se quedó en silencio algunos segundos - Yo jamás te juzgaría y mucho menos por algo así. Yo alguna vez... Estuve en una posición más o menos similar, así que creo que puedo comprender como te sientes y quiero que sepas que estoy aquí para ti, que no te juzgaré- ella tomó las manos de Lorette entre las suyas, sin saber muy bien si había logrado reconfortar a su amiga - Yo también estuve enamorada Lorie. De alguien de quien no estaba permitido. Jamás te juzgaría, sería una hipócrita si alguna vez lo hiciera, así que te ofrezco mi hombro para llorar. Pero no lo hagas demasiado, no por alguien que definitivamente no te merece- miró con preocupación a Lorie, jamás había consolado a nadie antes, así que no sabía si había dicho las palabras correctas, si lo había hecho bien. Había dicho lo que su corazón sentía y esperaba que eso fuera suficiente, que hubiera logrado que Lorie se sintiese mejor.


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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Lorette D. Lefoy el Sáb Dic 29, 2018 10:52 am

Lorie se sintió muy aliviada cuando soltó todo aquello que tenía dentro a alguien a quién consideraba su amiga. No sabía si ella pensaría mal, pero el simple hecho de contarlo y sacárselo de encima ya era bastante curativo y reconfortante. Lorette había sido criada en un ambiente religioso, como la mayoría de damas de alta cuna de París y el hecho de haber yacido con un hombre que se ha comprometido, que va a reafirmar unos votos tan sagrados como el matrimonio, era algo que le reconcomía terriblemente más que el hecho de acostarse con alguien sin estar casada o algo así.

Lorette tomó su tarta de chocolate y se llevó un trozo a la boca, disfrutando el bocado de forma intensa y acompañándolo con un sorbo de té. Se instaló el silencio entre ambas unos segundos mientras las dos mujeres degustaban sus manjares. La francesa esperaba pacientemente a que Smerenda escuchara todo lo que le contó y a que reaccionara en consecuencia. Estaba tan nerviosa que comenzó a retorcer el mantel mientras hablaba, jamás le contaba nada relacionado con su vida personal a nadie y se preguntaba qué le había empujado aquella tarde a hacerlo con su amiga, tal vez que todo aquello pesaba tanto en su interior que necesitaba el consuelo o el alivio de una cara amiga, que no la juzgara o que al menos comprendiera que ella no sabía bien lo que hacía.

-No Sme por favor... No deseo que le guardes ningún sentimiento negativo. Es cierto que sufrí, pero también él sufre enormemente y se que aquello fue tan responsabilidad mía como suya. Te pido que no le guardes ningún tipo de rencor porque yo estoy bien, he perdonado, aunque perdonarme a mí misma es más complicado... -dijo con voz sincera pero en tono bajo, no deseaba que nadie más que Sme se enterara de lo que estaba diciendo. Cuando ella se levantó para darle un abrazo respondió al mismo con efusividad y afecto, mentiría si dijera que no le había reconfortado terriblemente que ella no se escandalizara. Se la imaginaba ya marchándose de allí para no volver a verla nunca y eso le retorcía el estómago, pero no... Además le daba un abrazo. Era un tesoro, Sme era un tesoro auténtico en la vida de Lorette.- Mi pesar no es por haber yacido con alguien a quien amo, mentiría si dijera que eso me pesa. Pero si que me pesa haberlo hecho con alguien comprometido a otra mujer, principalmente porque para mí el compromiso es algo que se debe respetar y honrar... Se que soy una mujer de contrastes, moderna para unas cosas y terriblemente tradicional para otras, pero no me puedo imaginar estando comprometida a alguien y que esa persona se acueste con otras mujeres sin decírmelo. -explicó, pues en parte su reacción se debía a que su mentalidad sobre el matrimonio y el amor era clásica, pero sobre todo le había dolido no saberlo.

La empatía que sentía hacia otras personas era brutal y en su mente se imaginaba a la mujer rubia sintiendo el dolor amargo de la traición por parte de alguien a quien amas y has decicido comprometerte. Claro que Lorie descubriría después que simplemente se trataba de un matrimonio acordado, aunque para ella eso no implicaba que hubiera que faltarle al respeto de todas las formas. Se acordó de que sus padres querían buscarle un prometido por conveniencia y se preguntó como iría ese asunto y esperaba que acabaran por rendirse del todo y la dejaran tranquila. Sacudió la cabeza para no pensar más en eso y volver al planeta tierra, donde su amiga pareció afectada por lo que contaba, tal vez recordando algo propio.

-Eres sabia, amiga. No dejaré que el dolor se apodere de mí, mi vida tiene que seguir pero te lo quería contar porque realmente sentía que necesitaba soltárselo a alguien... Esperaba que me rechazaras e incluso que te marcharas, pero sigues aquí y yo no puedo estar más agradecida por eso. -dijo tomándole la mano otra vez con afecto y sintiendo el picor de las lágrimas en sus ojos, últimamente estaba de lo más sensiblera y llorona por absolutamente todo. Escuchó que ella también había estado enamorada y acarició los nudillos de su amiga, dos mujeres tan diferentes pero que parecían haber sufrido de maneras similares en el amor.- Sabes que yo jamás te insistiré a que hables de nada de lo que no te sientas cómoda pero si en algún momento crees que tu corazón puede agradecer el contárselo a alguien, aquí estoy yo. Y te aseguro que será con las mismas condiciones, absolutamente ni una pizca de temor hacia ti y sin juzgar absolutamente nada. Siempre serás tú.


Última edición por Lorette D. Lefoy el Lun Dic 31, 2018 7:26 am, editado 2 veces




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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Smerenda W. de Brancovan el Sáb Dic 29, 2018 7:08 pm

Smerenda se sintió aliviada. Quizás era algo egoísta pero ese era el nombre correcto para describir lo que sentía, se sentía aliviada por saber que Lorette confiaba en ella, aliviada porque había dicho lo correcto para reconfortarla. Lorie siempre era quién la reconfortaba, quien le brindaba apoyo y saber que ella, por primera vez había hecho algo para corresponder, para devolver un poco de todo lo que había recibido se sentía bien, la hacía sentirse útil, la hacía sentir como si fuese una buena persona.

A pesar de eso, no podía dejar de sentirse apesadumbrada por Lorie. Ella era una persona maravillosa y bondadosa, un ángel y era una injusticia, un crimen que alguien la lastimase de cualquier forma, nadie se merecía sus lágrimas. Aunque Lorette le pedía que no guardase ningún tipo de rencor hacía él hombre que le había causado tanta pena, aquello era prácticamente imposible, sin embargo, tal y como Lorie lo querría no lo dañaría, aunque se lo hubiera ganado, con creces. Tarde o temprano todo lo malo que hacemos se invierte y regresa a nosotros y ella estaba segura de que tarde o temprano aquel inepto recibiría su castigo o quizás ya lo estaba recibiendo, tener el rechazo de alguien tan bueno como Lorie probablemente era un castigo justo.

-Lorie, el haber perdonado da muestra de la magnanimidad de tú espíritu. Juro por mi vida que lo que me haz confesado jamás se sabrá por causa mía y también juro que no haría nada contra el hombre que te ha lastimado tal y como lo pides. Procuraré no albergar más rencores dentro de mi, aunque creo que él merece tu repudio y el mío- miró las lágrimas que se arremolinaban en los ojos de Lorette y se sintió un poco impotente al no ser capaz de detener las, pero a veces llorar y desahogarse también podría ser bueno.

-No tienes nada que perdonarte, no hiciste nada malo. Tú actuaste movida por el amor. No sabías que había otra mujer. Estoy segura de que de haberlo sabido no habrías sucumbido. Así de buena eres, siempre piensas en los demás antes que en ti y pones los sentimientos de los demás antes que los tuyos. El te engañó, el fue un mentiroso, la omisión de información también es una mentira ¿Porque crees que él no te habló de su compromiso? Porque te conoce y sabía que no lo habrías aceptado. Yo... - ella jugueteo con el anillo derecho, meditando con cuidado sus siguientes palabras - Yo creo que no es necesario que hagas algo para calmar tu conciencia, porque considero que no has cometido falta alguna. Pero creo, que si consideras necesario redimirte deberías hablar con él, exigirle que confiese su falta ante su futura esposa. No quiero ser una entrometida Lorie, pero tampoco quiero verte triste ni un minutos más. Quiero que sepas que sepas que cuentas conmigo, sea cual sea tu decisión- nuevamente sujetó la mano de Lorie, tratando de reconfortarla, tratando de hacer que las lágrimas se alejasen.

-Yo no desconfío de ti Lorie, jamás de ti. No sabes la bendición que eres para mi. Jamás, ni en mis más alocados sueños habría imaginado un día contar con la amistad de alguien como tú. Cada que hablo contigo, cada que te cuento algo es como si una lápida muy pesada se eliminase de mi corazón. Yo, quiero contarte tantas cosas, quiero que conozcas todo de mi, así que ya que me has confesado algo, yo quiero hacer lo mismo- bebió un sorbo de té, dándose una pausa para aclarar sus ideas, buscando la mejor manera de explicar lo que guardaba en su mente y en el fondo de su corazón -La primera vez que me enamoré de alguien yo tenía quince años. Lo conocí a él una noche en el faro, me gustaba escapar de casa de mis abuelos y huir hacia el faro, a contemplar las estrellas- ella no pudo evitar sonreír al recordar aquella noche - él me dio mi primer beso, me protegió como nunca nadie lo había hecho, me hizo sentir segura, me devolvió la fé, me hizo sonreír. Pero él no era rico, ni un noble... De hecho él ni siquiera era humano- dijo aquella última frase en un tono bajo, para segurarse de que nadie a parte de Lorette escuchase su confesión, luego guardó silencio y miró a su amiga, fijamente, tratando de evaluar la reacción de su amiga ¿Qué pensaría ella? ¿Eso ayudaría a que Lorie se diera cuenta de que ella jamás se atrevería a juzgarla porque ella había hecho cosas peores? No había hablado mucho con Lorette respecto a la opinión que su amiga tenía sobre las otras criaturas no humanas que habitaban París, aunque apostaba que gracias a su crianza católica seguramente no sería precisamente buena. Pero ya no habría marcha atrás, no ocultaría nada, al menos no de Lorette, ya escondía tanto de todos que algo dentro de ella exigía liberarse de su carga.


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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Lorette D. Lefoy el Mar Ene 01, 2019 3:55 pm

Ella no pudo evitar negar con la cabeza repetidas veces cuando ella dijo que era buena por perdonar... pues no se sentía así en absoluto, además que la situación entre ella y Éferon era tan sumamente complicada que sabía que su amiga pensaría que entre ellos las cosas no estaban bien y aunque en parte era verdad eso solo se trataba de una versión reducida y simplista de su historia. Pero no quería aburrir a su amiga con los entresijos de su vida desamorosa o sus dramas personales así que decidió dejar de lado el asunto una vez que parecía sentirse mejor tras habérselo contado. Su comida estaba deliciosa y durante unos segundos se centró en disfrutarla.

-Lo siento tanto Sme... Sabes que no soy dada a aburrirte con mis batallitas tontas pero me ha venido bien contártelo, creo que me siento algo mejor y aunque las cosas no desaparecen de la nada ni el perdón a uno mismo llega tan fácil, procuraré no martirizarme ni pensar en ello más de lo que deba -comentó con una sonrisa, esperando con ello infundirle que se encontraba bien y que la charla había sido suficiente consuelo, eso y su compañía comiendo dulces, por supuesto. Lorie suspiró cuando ella le dijo que deberían hablar porque era totalmente cierto, independientemente de lo que pasara entre ellos a continuación tenía que hacerlo.- Sí, te prometo que lo hablaré con él... No albergo en mi corazón deseo de quedarme con eso dentro de mí... Así que tranquila que tendremos la conversación y después no podremos ser más que amigos, no deseo perderle, ha sido alguien muy importante en mi vida. -explicó, tonta ella pues no sabía todavía todo lo que se le venía encima en a penas unas cuantas semanas, si lo hubiera sabido teniendo la conversación con Smerenda...

Lorie hizo lo propio y dio un sorbo a su té, ya casi no le quedaba tarta pero mientras su amiga estaba hablando dejó todo lo que estaba haciendo, no bebió ni comió y se centró única y exclusivamente en escucharla con atención. Cualquier cosa nueva que supiera sobre Smerenda era más que bienvenida y sobre todo el saber que ella también había tenido una historia de amor la hacía sentir que el vínculo entre ellas era más estrecho o que por lo menos ambas podían compartir una pequeña parte de su tormentoso pasado con la otra. Cuando escuchó que había tenido un romance con un sobrenatural le sorprendió levemente pero no le extrañó lo más mínimo, ella en sí era extraordinaria y seguro que su historia también lo había sido.

-El amor cuando eres adolescente... Parece que el mundo se detenga y que solo exista el amor que se siente por la otra persona. Es tan mágico y bello, solo con oírte hablar de la situación me imagino lo especial que debió ser, la verdad. -comentó bebiendo de las palabras de su amiga, preguntándose también por qué habría necesitado de la protección de un ser sobrenatural pero esperando pacientemente a que ella misma se lo contara cuando quisiera, sin hacer preguntas sobre su sobrenaturalidad, solo comentando su descubrimiento con sincera curiosidad y afecto.- El amor no entiende de títulos o riquezas... -confirmó absolutamente segura de ello y sabiendo que él ni siquiera tenía ya una fortuna, hecho que le daba exactamente igual.- ¿No os habéis vuelto a ver desde que os encontrasteis hace tantos años? ¿Te gustaría volver a verle?




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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Smerenda W. de Brancovan el Jue Ene 03, 2019 3:25 pm

Ella admiraba a Lorette, mucho más de lo que jamás había admirado a otra persona en el mundo. A veces creía que su amiga no era capaz de apreciar la grandeza de su corazón, la magnanimidad de su espíritu. Alguna vez, cuando había sido muy pequeña y ansiosa por salvar su espíritu había asistido a una celebración eucarística en la catedral de Notre Dame había escuchado al sacerdote hablar sobre el perdón, como el perdón es casi una cualidad divina y como el perdón aligeraba el peso de un alma oscura y la acercaba más a Dios. Si aquello era cierto, Lorie era un ser de lo más divino. Y también podía decir que el sacerdote había tenido la razón, pues su amiga parecía ser la dueña de un alma, ligera, pura, sublime y brillante, cuyo brillo era tan intenso que parecía brotar de cada uno de sus poros e iluminar a todo aquel que estuviese cerca.

Smerenda jamás podría llegar a retribuir de manera adecuada todo lo que Lorie le había ofrecido, pero lo intentaría. La protegería como todo lo hermoso que ella alguna vez había atesorado y esta vez no fallaría. Protegería a Lorie de ella misma y de los demás y quería que ella lo supiera, que lo sintiera. Quería brindarle la paz que ella le había brindado, el confort que necesitaba, quería que supiera que no estaba sola y que había alguien en este mundo que jamás la juzgaría, quería que Lorie se sintiese tal y como la hacía sentir a ella –Lorie, quien quiera que sea él, el que ganó tu corazón, no sabe la suerte que tiene. Aunque creo, creo que puedo comprender tu sentir, el porque no quieres tomar represalias, es simplemente porque lo amas. Y a veces, tener a alguien, aunque no sea de la forma en que lo necesitas, es mejor que no tenerlo en absoluto- dijo dejando de lado su relato por un rato y enfocándose en reconfortar a su amiga, no quería ser egoísta, pues aún podía ver la turbación de Lorette reflejada en sus ojos y aborrecía aquello –El amor nos vuelve ciegos y algo irracionales y sabes, somos humanas, tenemos todo el derecho del mundo a cometer errores, a no ser perfectas. Incluso el hijo de dios, fue tentado y cuando estuvo cerca de su final, en su última noche estuvo cerca de sucumbir a sus deseos, a sus sentimientos, a ceder a su lado humano e imperfecto el control ¿no fue así?- habló gentilmente, tratando de aliviar de alguna manera la carga de Lorette –No te arrepientas por lo que hiciste y mucho menos si fue por amor, jamás lo hagas si actuaste movida por un sentimiento tan noble. No te agobies demasiado, todo tiene solución en esta vida y tú no estás sola. Lo que sea que llegue en un futuro, las consecuencias que se te presenten, tú no estás sola para afrontarlas, tienes a tu tía y me tienes a mí, siempre, incondicionalmente y estoy segura que hay más gente en este mundo que te ama Lorie, escucha mis palabras, yo no tengo el don de la profecía pero estoy segura de que todo saldrá bien ¿Sabes porque lo sé? Porque dios no desampara a sus hijos buenos- dijo con una sonrisa en el rostro, tratándole de infundir ánimos. Aunque ella no creía, Lorette lo hacía y trató de usar eso para reconfortarla.

-Y bueno, amiga mía, tienes, como siempre, la razón- sonrió con complicidad, tratando de relajar un poco la atmósfera, de infundirle ánimos a su amiga –Me he enamorado varias veces, al menos creo que si ha sido amor, aunque puede que lo esté confundiendo con lujuria o con pasión pero nunca ha sido tan intenso como aquella primera vez. Probablemente, el hecho de que fuese una adolescente ignorante de la vida y aún más de los hombres me hizo caer rendida ante el hechizo de Eros. Probablemente el hecho de que en ese tiempo aún creyese en los cuentos de hadas y los milagros y que él llegase como un caballero oscuro y siniestro, dispuesto a salvarme hizo que cayese rendida a sus pies- se encogió de hombros y bebió un sorbo de té frío – Lo nuestro fue prohibido en tantas formas que seguramente estábamos malditos- Smerenda sonrió con diversión al recordar, que ella misma fue la que había sugerido aquella posibilidad hace tantos años atrás - Él era mayor que yo, un hombre con siglos de experiencia y yo una quinceañera boba. Como sea, hui con él y sí viví con él ¿Te imaginas todo el escándalo?- ella volvió a sonreír con diversión, como para demostrar que aquello no le importaba demasiado -¿Pero sabes qué Lorie? No me arrepiento, no importó lo que mi familia terminó por hacerme, no importaron los rumores. Esos tarde que temprano se olvidan y quizás el hecho de que yo viviese refundida en un castillo en medio de la nada ayudó a que los rumores no llegasen a mí, quién sabe- guardó silencio, saboreando sus recuerdos, las cosas que jamás se había atrevido a revelar a nadie más y que nunca pensó que llegaría a decir en voz alta, cosas que parecían tan distantes que solo podrían ser las memorias de alguien más y en realidad lo eran.

-Incluso me cambié el nombre para huir, el me dio un nombre distinto. Fue extraño e intenso, pero fue de las mejores épocas de mi vida. Claro que, como verás, ya que estoy aquí aquello no resultó muy bien- se encogió de hombros con resignación –Mi corazón se rompió en tantos pedazos, que creí que yo moriría o que mi corazón permanecería roto para siempre. Pero aun así, si se me presentase la ocasión creo que lo volvería a hacer, afortunadamente no le he vuelto a ver hasta ahora o creo que volvería a caer entre sus redes. Así de masoquista e idiota, así de perversa me vuelve el amor – ella volvió a sonreír con desgana –Aunque, debo de confesarte, que el amor ahora me parece aterrador, precisamente por la manera en que me hace actuar, por el poder que tiene sobre mí. Cuando me he enamorado, me dejo llevar tanto, que ahora que lo miro en retrospectiva, me doy cuenta que he dejado que los hombres tomasen demasiado de mí. Me da miedo, porque sé que si se presenta la ocasión volveré a caer y cuando he estado enamorada he hecho tantas cosas que…- ella dejó esa frase al aire, a medias, segura de que a lo mejor no era la mejor de las ideas que Lorie se enterara de todo lo que ella había hecho por sus amantes y de lo que había orillado a sus amantes a hacer –Bueno, no quiero agobiarte más, estas aquí para que yo te consuele y te haga sentir mejor y tal parece que estoy fracasando. Así que, creo que deberíamos hacer un brindis, por el amor y por los hombres ingratos que habitan este mundo- ella sonrió y levantó su taza semivacía de té –Brindemos por el amor, porque nos siga empalagando la pupila y endulzando los oídos. Y por los hombres ingratos, para que se alejen de nuestro camino- habló con aire solemne, hasta que no pudo contener la risa por demasiado tiempo y chocó su taza delicadamente contra la de Lorette, luego, bebió el poco té que le quedaba de un solo sorbo.


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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Lorette D. Lefoy el Mar Ene 08, 2019 9:49 am

La francesa seguía removiéndose incómoda en el sitio, no acostumbraba a hablara de sí misma con frecuencia y era la clase de persona a la que le gustaba mucho escuchar a los demás pero que encontraba una mayor dificultad en hablar de sus sentimientos propios. Con el tiempo estaba aprendiendo a expresarse un poco más y a mejorar en todo eso de hablar de sí misma, pero a vece seguía sintiendo que molestaba a la gente que quería y por eso había decidido que era el momento de que Sme hablara, de todas formas tampoco tenía mucho más que contarle ya, se había dicho a sí misma que la actualizaría con algún cambio al respecto pero no aquella tarde, ahora era el momento de su amiga de expresarse y ella escucharía con la mayor de las atenciones y con el mayor de los respetos.

-Supongo que sí... No voy a negar que me desgarra el corazón que no podamos estar juntos, pero es complicado y sinceramente creo que el universo ya nos ha dicho suficientes veces que lo nuestro no está destinado a tener un final feliz sino más bien uno triste y desgarrador, cuanto antes lo asuma será mejor -dijo ella con resignación, no había ni una pizca de amargura o arrepentimiento en su voz pero si el comprender que las cosas son así y que muchas veces el desear que algo sea diferente no basta para cambiarlo. Lorie asintió cuando ella habló de Dios, ella era cristiana y sabía que su amiga intentaba ayudarla por medio de la religión y agradeció el gesto apretando su mano y sabiendo que ella no lo era.- Gracias Sme, no puedo negar que alivia mi corazón tremendamente saber que pase lo que pase cuento contigo en mi vida sin ningún juicio de por medio, te lo prometo, no sabes lo muchísimo que significa para mi todo esto. No creo que pueda encontrar nada en este mundo con lo que pudiera compensarte por ser como eres pero creo que algo intentaré buscar o pensar para que sepas que mi gratitud es absoluta y completa... Doy gracias todos los días a Dios porque te tengo conmigo, tu eres la prueba de que él existe, porque estás aquí conmigo aunque yo no me lo merezca. -insistió asintiendo con la cabeza y mirando a su amiga y escuchando su historia de amor.

Lorette podía imaginarse a una Smerenda de quince años escapándose con un sobrenatural... perfectamente. Sabía del carácter osado y la valentía de su amiga, que siempre habían hecho de ella una mujer extraordinaria y que no dudaba de que era parte del encanto natural de la joven rumana. Ella no pudo evitar apretar aun más su mano, pensando que la historia podía resultar difícil de rememorar pero a la vez los primeros amores tienen siempre una parte hermosa, cautivadora y mágica que nunca nos abandona por completo y que siempre se queda entre nosotros, como había ocurrido con su propia historia con el joven italiano.- Hiciste lo correcto Sme, al ignorar rumores y habladurías, la gente nunca tiene nada mejor que hacer que opinar negativamente sobre las vidas de otros pero yo te digo tras haberte escuchado que fuiste muy valiente y que actuaste por amor verdadero y esa clase de amor es aquel por el que merece la pena luchar... Tal vez yo sea una ilusa, pero siempre lo he creído así.

-Conozco la sensación de pensar que tu corazón se ha roto de tal forma que nunca volverá a estar completo... Y así lo sentía en mí, como un enorme vacío, como si ese pedazo se hubiera marchado con alguien e imagino que es exactamente como te sientes también, ¿Verdad? -su amiga hablaba de cosas terribles por amor pero acaso, ¿Había alguien que no las había hecho? Los crímenes más terribles, las guerras más crueles, todo aquello se hacía siempre en nombre del amor o de lo que los humanos piensan que es el amor...- No eres masoquista ni idiota, eres una mujer que ama exactamente como yo amo y como yo he caído al volver a verle. ¿Como podría juzgarte cuando a mi me ha pasado exactamente lo mismo? Tu eres una mujer fuerte Sme, pero tienes debilidades, todos las tenemos... Y si él es una de ellas es porque se ha ganado ser tu debilidad, no tengas miedo de entregarte a alguien que valga la pena, pero tenlo si esa persona no te merece -respondió la francesa a la vez que alzaba su vaso de té, escuchó su brindis y le salió una risa suave.- Por el amor verdadero -dijo ella sencillamente, cochando su vaso contra el de su amiga y llevándoselo a los labios para terminarlo.




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Re: No hay mal que cien años dure, ni pena que el chocolate no cure [Privado]

Mensaje por Smerenda W. de Brancovan el Vie Ene 11, 2019 12:56 pm

¿Quién hubiera podido adivinar la alegría y calidez que compartir una simple taza de té podría traer a una persona como ella? ¿Cómo es que una simple acción cotidiana podía convertirse en un recuerdo a atesorar cuando se estaba con la persona correcta? Y es que quizás ese era el punto, que todo parecía ser especial porque Lorette estaba a su lado. Algunas veces aún se asombraba la forma tan rápida en que le había tomado tanto cariño, lo fácil que había sido depositar toda confianza en ella. Sabía que más allá de las “habilidades” particulares con las que Lorie estaba adornada, era la dueña de un encanto natural, irradiaba una Luz que atraía y reconfortaba a todos a su alrededor. Quizás eso era lo que la había atraído como una polilla desde el inicio y había llegado a la conclusión de que sin importar lo que pasara sería muy difícil alejarse de Lorie y pensar en aquello la ponía triste ¿Qué pasaría si ella tenía que salir huyendo nuevamente? ¿Se merecía su amiga aquello, que la lastimase con su partida?

Smerenda procuró alejar aquellos pensamientos algo turbios de su mente y se limitó a brindar, a sonreír con Lorie, a disfrutar de su compañía y a tratar de animar a su amiga, la única cosa que podía hacer por ella –Quien sabe si hice lo correcto, quién sabe si tú lo hiciste, pero no se puede dar marcha atrás a lo que ha pasado, sólo nos quedan los recuerdos y decidir si aprendemos de ellos para luego almacenarlos en nuestra memoria o los mantenemos presentes en nuestra mente a cada día, sea para bien o para mal- sonrió, cuando le vino a la mente la imagen de quién hacía muchos años le había dicho esas mismas palabras –Solo hay algo que quiero pedirte Lorie. No dejes de confiar en ti misma, no dejes de confiar en el amor. Tarde o temprano yo sé que encontrarás a alguien que te merezca, que te ame con locura tal y como tú eres. Quizás tú corazón justo ahora esté desgarrado y sientas que has perdido una parte que jamás vas a recuperar. Probablemente sea verdad, porque cada persona que conocemos, que amamos, ocupa un lugar en nuestro corazón y cuando se marcha deja ese lugar vacío. Pero, no te preocupes Lorie- ella sonrió con dulzura, tratando de reconfortar a Lorette –A lo mejor alguien nuevo llegará y ocupará un espacio que ni siquiera tú sabias que estaba vacío. Cuando eso suceda, será más fácil olvidar, los recuerdos serán más fáciles de sobrellevar y el dolor que ahora sientes oprimiendo tu corazón desaparecerá-

Ella jugueteó con su taza, agitándola para remover los pequeños trozos de té que quedaban en el fondo –Quizás Lorie y sólo quizás también queda otra opción y estás equivocada en algo- dijo después de un rato, como si hubiese estando meditando con cuidado lo que diría – A lo mejor tú y él si están destinados el uno al otro. Están destinados a estar juntos y ser felices, pero no justo ahora. Shakespeare, dijo una vez que el viaje se termina cuando los amantes se encuentran, pero yo no creo que sea verdad. Creo que es junto cuando se encuentran que su travesía se inicia. Como en todo viaje a lo mejor habrá tormentas y toda clase de personas y objeciones interponiéndose, a lo mejor ambos se separan, pero si a pesar del tiempo, la distancia y de todo lo demás que se interpone ustedes siguen encontrándose ¿Quizás no sería justo decir que es porque su destino así lo dicta?-

-Hace mucho aprendí que a veces el destino es cruel, que le gusta jugar con nosotros. Pero sé también que al final siempre nos da lo merecemos, aquello que nos esta inevitablemente destinado. También confío plenamente en que aunque cruel, el destino, la naturaleza o como quieras llamarle es justo ¿Por qué entonces si tú también confías en que dios es justo porque no te terminas de creer que a la mejor si es tú destino? Dicen que a un periodo de felicidad antecede uno de desdichas. Quizás para equilibrar la balanza del destino, otros dicen que porque la felicidad no se disfruta si no hay dolor y otros más dicen que simplemente se disfruta y aprecia más cuando consigues algo por lo que te esforzaste y sufriste- ella volvió a posar la mirada en Lorie evaluando la reacción que sus palabras provocaban en Lorie, para saber si debía o no continuar hablando.

-Quizás no deberías tomar tan en serio lo que te digo, después de todo, mi experiencia en el amor no me da el derecho para guiarte con sabiduría. Sólo tú lo conoces a él y te conoces a ti misma lo suficiente para saber si es sano seguir aferrándote a él o dejarlo ir. Simplemente te digo que no te niegues la oportunidad de ser feliz si es que la hay, no digas que no te lo mereces. Y aunque, no puedo negarlo, por lo poco que me has contado sobre él, por el hecho de que te mintió no goza demasiado de mi simpatía, supongo que no debería juzgarle de forma tan arbitraria. Después de todo desconozco de su situación y a lo mejor él está tan desesperado como tú- ella volvió a mirar al fondo de la taza, pensando en las muchas desdichas que todos se podrían evitar si tan solo tuvieran la forma de conocer con precisión su futuro, pero como siempre llegó a la conclusión que una vida teniendo el conocimiento de lo que sucedería sería insulsa y terrible - Por favor Lorie, sabes que no quiero presionarte, en absoluto. Pero, si estás de acuerdo, me gustaría pedirte un favor. Dime que me dirás lo que has decidido, lo que planeas hacer. Me gustaría saber que estarás bien, que esto no te afectará más de lo que debería. También me gustaría ayudar de alguna manera, si es que tú consideras que hay algo que yo pueda hacer. No quiero sonar como una entrometida, pero es que me preocupas, es simplemente eso, aunque tampoco me ofenderé si decides mantenerte eso para ti misma-


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Smerenda W. de Brancovan
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