Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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J'ai cherché; "Émèse"

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J'ai cherché; "Émèse"

Mensaje por Valcourt Blâmont el Lun Ene 07, 2019 11:40 pm


¡Es belleza! ...Ella es la maldición de la belleza emergente.


Desde que tiene uso de razón el Conciergerie, se ha ido envolviendo entre cadáveres de la fama, y sangre de la gloria infinita, limitado a un mundo lleno de cadáveres. Tanto ha progresado su enfermedad que no bastó con la colección grotesca de su más admirada creación, un arte que ha estado protegiendo y enriqueciendo por mero placer. El cual salvaguarda como si fuese su hija misma, a tal magnitud sus deseos han sido sobreprotegidos. ¡Que no basta! No le llena, aún un vacío permanece y es que nunca tiene fin su ambición.

Había decidido, pintar lo que en su mente divaga por noches seguidas, no era amor, ni sexo lo que su cuerpo pedía, no era el calor emanado de su Marie, o el cariño que su hija le brindaba. Necesitaba un fuego que le cegara, que le hiciera arder por dentro, que sean las llamas lo que sus pupilas afloren. Era un deseo aterrador para otros, pero, para él, era divino, el más sublime.

¡Maldita sea! ¿Dónde debía buscar? Tantos lugares ya examinados, tantas cosas antes vistas, pero ninguna de su jodido interés. Los días transcurrían, y solo el tiempo empleado para la pieza perfecta de su colección, era por las tardes, ya casi cayendo la noche. Esperando que estuviera ya de encontrarse con lo que buscaba.

...Era un aviso, lo que resonó en las calles, al principio creyó que era solo un vagabundo en su mediocridad, hundiéndose en su propia porquería, pero, seguía aquel escándalo, una persona vomitaba. Miro fijamente en el punto de encuentro, donde terminaba la luz del alumbrado, y donde empezaban las sombras. Y se percató de que aquella silueta le pertenecía a una mujer; sus largos cabellos. Eso era una debilidad, como le encantaba admirar a una mujer con los cabellos caídos, con su desnudez esplendorosa, siendo esta la gran diferencia, en ella, su vestimenta salía sobrando.

— ¿Se encuentra bien?.— Cuestionó, acercándose un poco más, pero no era por la ayuda lo que le hacía avanzar, sino, algo extraño comenzaba a agitar, como si le atrajera su vómito. ¿Acaso no era una absurda idea? Porque por más que lo pensaba, solo se enfoca en su boca, en la pálida piel que demostraba y el descolorido de sus carnosos labios.

Vil enfermo, sus anteojos le ofrecían una dimensión en ese acto, una oscura belleza que emanaba. Una ansiedad donde sus labios se abrieron, aspirando el perfume que soltaba. Mientras que su falange se fue alzando, queriendo tocarla. Era peligroso si alcanzaba su objetivo, pues no había un deseo más atroz, que aquel que está padeciendo. «Solo la belleza que posee, no puede ser encontrada en otro lugar, pues ¿Qué tipo de belleza es entonces? Es una que jamás nadie tendrá, una belleza destrozada.» Estaba plasmando esa imagen en su mente, hechizado por la sangre que en el suelo se deposita, y que en su boca se percibe.

Ya había encontrado lo que tanto ansiaba, más solo faltaba, arrebatarle sus labios, pues estos le recordaran que lo que arrojó, fue lo que le cautivó.


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Valcourt Blâmont
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Re: J'ai cherché; "Émèse"

Mensaje por Némesis Runninghowl Hoy a las 3:34 am

El viaje de Londres a París se le hizo casi eterno. Némesis buscaba una razón de ser, de vivir, de poder ser ella misma, lejos de su familia paterna. La casa de verano que tenían sus tíos era idónea para ella, para poder desplegar las alas y ser quien siempre ha querido ser en secreto. No obstante, su triste aspecto de niña le limitaba, por lo que su mayordomo y sirvientas le brindaban la ayuda que ella podía requerir.

La llegada a París, ciudad de muchos nombres, fue un canto de Dios para ella. Se instaló en su nuevo hogar y ahí empezó a hacer vida. Sentía que, en efecto, recobraba la juventud que le arrebataron con dos grandes tragedias. No obstante, a partir de la segunda semana en aquél grato lugar, una incesable tos seca apareció. Sus acompañantes no dudaron en llamar a un médico, quien le recetó unos medicamentos: le diagnosticaron gripe. Némesis no se sintió cohibida por ello, y siguió con su vida.

Una noche, cuando la hermosa luna llena resplandecía en lo alto del firmamento, se despertó por un escalofrío que le recorrió toda la columna. Tenía todo el cuerpo empapado en un sudor frío y desagradable. Su boca estaba seca, y sus extremidades debilitadas. Se levantó de la cama y fue a buscar agua para satisfacerse, pero algo en ella no le dejó volver a la cama: sentía que debía irse de ahí.

Arrastrando los pies, salió a la calle y, sin pensárselo dos veces, se adentró a los callejones parisinos. Su mente divagaba en sus recuerdos de Londres. Con su mano derecha se sujetó su rebelde cabellera y, pasos allí, apoyó la espalda en la pared y se deslizó hasta el suelo. Sus piernas flaqueaban, y su cuerpo, mediocre en aquél entonces, cedió al extraño cansancio que le invadía. Tenía presente que los caninos se alejaban de sus seres queridos antes de morir, ¿pero ella lo iba a hacer? En ese mismo instante la angustia azotó su estómago. Sus sentidos estaban nublados, y su mente se agobiaba.

Y ahí mismo lo expulsó todo. Vomitó lo que no comió, un líquido amarillento con un poco de sangre de por medio. Su cabello colgaba entre sus dedos, y sus piernas temblaban más que nunca. Es entonces cuando se dio cuenta. Todo encajaba. Se había contagiado de tuberculosis, aquella enfermedad que estaba azotando Londres antes de su partida. ¿Cómo había sido posible? ¿Cómo la había podido contraer? Su corazón latió fuerte por el horror de la situación. Nunca había pensado que esto le podría llegar a suceder.

Entonces, una voz lejana le habló. Némesis alzó la cabeza estrepitosamente, encontrándose con la mirada depredadora de un desconocido. Se maldijo interiormente por no percatarse de su presencia, pero por el aura que le rodeaba no era más que un humano, un humano normal y corriente. Intentó dibujar una sonrisa en sus labios, pero ya no era la misma de siempre: era melancólica, agotada e insaciable. En verdad, ella ya notaba la caricia de la muerte sobre ellos.

-No os preocupéis -alzó la mano derecha, dejando que su desaliñada cabellera se pegase a su cuello, aun empapado por el frío sudor. No era bueno aparentar ser una adolescente en medio un callejón-, me hallo bien. En breves retomaré mi caminata, mi destino no está muy lejos de acá.

Intentaba que el buen hombre no se acercase. Si lo hacía él también podría ser contagiado, y su bondad, su ética no le perdonaría tal tragedia. Hizo el amago de levantarse, pero aun no había reunido el suficiente coraje y fuerza como para hacerlo. En ese momento se encontraba en una encrucijada, ya que no sabía si seguir sus instintos y huir de su nuevo hogar o volver para morir como todo humano. Pero, igualmente, sonreía. Sonreía y entrecerraba los ojos para mentir.


Nunca creas lo que puedas ver



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Némesis Runninghowl
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