Victorian Vampires
Demon || Naxel Eblan ZZaNqS8
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Demon || Naxel Eblan

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Demon || Naxel Eblan Empty Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Nov 05, 2017 6:41 pm

Las últimas semanas han sido un completo desastre, me digo, mientras avanzo con paso firme entre la maleza. La espalda aún se queja a cada movimiento, pese a ello las heridas han curado lenta pero cuidadosamente. Recordar todo lo ocurrido me trae escalofríos de vuelta, tando dolor, tanto horror, tan irreal. El encuentro final con Naxel Eblan solo empeoró la situación, debería haberlo evitado a toda costa, haberme quedado en casa sanando y recuperando mi mente, pero la completa pérdida de raciocinio me llevó de vuelta a él. Jamás en mi vida había sentido tanta incertidumbre a costa de una persona. O demonio. La oscuridad del cazador es algo que aún no consigo descrifrar. Muchas han sido las noches en vela en su honor.

Aparto las ramas de mi camino y recoloco la bolsa de cuero, el peso comienza a ser una carga y el roce del asa sobre mi espalda una molestia. Después de un largo tiempo sin entrenamiento cualquier esfuerzo físico requiere de toda mi energía. Aún evito los encuentros con Gael. Retiro el pensamiento y su nombre de un plumazo, necesito claridad. Mientras avanzo recopilo todo cuanto veo, la primera vez que crucé esta zona del bosque la noche nos engullía, recuerdo la sensación de mis extremidades congelandose y el cazador imponente ante mi.

Ahí está, la cabaña. Su refugio.

He tardado varios dias y expediciones en dar con este lugar. Maldito Naxel y maldita su estampa. Después de la noche en el teatro jamás volví a saber de él, Alfred se encargó de hacer visitas contínuas de reconocimiento en su vivienda oficial, por el simple hecho de comprobar si seguía con vida. Nuestro último encuentro no fue fácil ni agradable después de todo. Siempre que nuestros caminos se cruzan, nuestras vidas peligran. La visión de un Naxel herido se queda tras mis párpados, la sangre empapando la camisa bajo el traje de gala, su rostro empapado en sudor, el dolor reflejado en sus párpados. Recuerdo haber posado mi mano en su mejilla en busca de un consuelo mutuo, uno que nunca sentimos.

La cabaña es mucho mayor que en mis recuerdos, tiene hasta cierto encanto con su chimenea humeante y los árboles rodeándola hasta casi dejarla oculta. Habría que mirar dos veces para poder encontrarla. Un claro reflejo de su habitante. Me guío por el sonido proveniente de la parte trasera, una pila de leña recién cortada me indica que Naxel está aquí. Por supuesto que lo está. Con cautela dejo mi bolsa a un lado y avanzo hasta quedarme al borde de la esquina, ni un paso más para no ser vista. Ahí está, entrenando. De espaldas a mi, descubierto, puedo apreciar claramente el estado de sus heridas, o al menos de aquellas que deberían estar aún curando. Su piel presenta claros sintomas de cicatrización, pero resultan heridas muy lejanas, casi invisibles. Yo estaba en lo cierto, el maldito embustero debe haber conseguido algún tipo de ayuda, si no, no me explico la agilidad de sus movimientos mientras golpea el saco que cuelga de un tronco. Los golpes son secos y certeros, podrían ser mortales si no se tratase de un objetivo inerte. Observo sus movimientos, el sudor perlando su torso y su cabello azabache absorbiendo el sol. Es inhumano. Con lentitud, cautelosa de donde piso, saco una de mis dagas, apunto y la dejo volar. Ésta se clava en el saco de forma directa, pero sé que él ha podido percibirla incluso antes verla venir. Sin decir nada salgo de mi escondite y vuelvo a lanzar otra, ésta impacta a pocos centrímetos de su pie derecho. Alzo una ceja, en un claro desafío, no he pasado días deseando romper esa bonita sonrisa para nada.

-Buenos días, cazador-sí, ese es el desconcierto que busco aunque, de algún modo, puede que haya estado esperándome.


Última edición por Astrid J. Bergès el Vie Ago 31, 2018 3:55 pm, editado 2 veces
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Demon || Naxel Eblan Empty Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Nov 11, 2017 1:01 pm

Habían pasado ya unas semanas desde que había acudido al recital de Liara, tal y como le había prometido acudí para verla tocar en aquel teatro donde tuvo lugar el recital. Verla tocar siempre era algo mágico, mi hermana tenía el don y la capacidad de sumergir a todos en la melodía que tocaba y dirigirnos por donde ella quería, las veces que la había visto tocar siempre había tenido el mismo efecto incluso en alguien tan frío y carente de sentimientos como lo era yo, pero ella lograba traspasarnos a todos como si su alma cándida y su calidez se fundieran con la melodía y nos transportara a todos a lugares lejanos. Lo que no había esperado en esa noche era haberme encontrado con Astrid, pero cómo no la señorita “voy a salvarte aunque tú no quieras” tenía que acudir a ese recital seguramente también intrigada por conocer a mi hermana, y eso era algo que era totalmente mi culpa, porque se me había escapado el día que desperté en su habitación y ella no había podido evitar la tentación de acercarse al teatro y a ese recital para conocerla. No me había gustado en absoluto que se acercara a algo tan íntimo y personal como era mi hermana, ya tenía bastante con alejarla de mi vida como para que conociera a mi hermana, tan distinta y tan diferente a mí. Podía ver como miraba a Liara con esa incredulidad en sus ojos cuando la conoció, quizás se había pensado que mi hermana podría ser como yo y conocerla viendo lo cándida que era le habría chocado. Quizás incluso le chocó verme así con ella pero Liara era mi punto más débil, aquel por el cual podrían hacerme muchísimo daño y hacer que perdiera la cabeza por completo. Era como mi ancla, la brújula que me mantenía en el norte y si la perdía a ella o si algo le pasaba... juraba que arrasaría con la maldita ciudad sin tan siquiera pensarlo. Ver a Astrid esa noche no me gustó para nada, ya le había dejado en claro que no la quería cerca de mí o que se metiera en mi vida pero ella, haciendo caso omiso de mis palabras, había acudido al teatro acompañándome al palco con las entradas que había comprado para ambos, ya le dije que la tentación del diablo era demasiado fuerte en ella y sí, pretendí burlarme y ser mordaz en todo momento, al final caería en la oscuridad y luego no podría echarme la culpa de las veces que le había dicho que se alejara.

Pero como siempre pasaba, como si ya fuera un tópico cada vez que nos veíamos, esa noche no podía acabar bien y sin ningún percance a la vista. No esperé que esa noche los vampiros atacaran, sobre todo cuando yo más débil estaba, cuando no me podía mover todavía bien porque aún me quedaban varias sesiones con Logan para que curara mis heridas del todo... y atacaron, y aunque estuve herido y apenas pudiera moverme, incluso aunque le había prometido a mi hermana una noche tranquila no se lo pude conceder. Me jodió enormemente tener que romper mi promesa pero cuando la vida de mi hermana peligraba perdía todo rastro de juicio, todo se torció y lo que más me jodió de todo es que fui herido en el pecho, una herida profunda que me dejó débil y sangrando frente a las dos mujeres que me habían acompañado esa noche. Pude ver el miedo y el terror en los ojos de mi hermana, pude ver la preocupación de Astrid en sus ojos castaños y aunque la quise apartar, aunque le di de manotazos para que se apartara y le gritaba que se largara porque si había algo que odiara más en la vida era que me vieran débil, no se fue y tampoco se apartó. Mi respiración había sido errática y mi frente se había perlado en sudor y aun así no se movió, siempre tan misericordiosa, siempre con ese halo angelical que poseía dejó su mano en mi mejilla como si intentara calmarme, pero ambos sabíamos que por mucho que intentara llevarme hacia la luz lo cierto es que la oscuridad nos consumía. Yo estaba acostumbrado, desde hacía muchos años vivía en una constante penumbra, pero ella no pertenecía a ese mundo y caería al frío de la oscuridad... yo lo sabía y ella se empeñaba en salvarme y llevarme a la luz cuando eso sería, más que nada, su perdición.

Me encontraba en la cabaña entrenando un poco después de haber tenido que volver a pasar por curarme, había tenido que llamar de nuevo a Logan, a ese maldito hechicero que aparecía cuando le daga la real gana y su sonrisa socarrona era lo que más me molestaba de todo, cuando me vio después de la noche del recital me soltó un “estás hecho mierda” que le hizo divertirse a mi costa y a mí gruñirle cabreado como el maldito infierno por su burla, pero necesitaba que me ayudara con la curación y con las heridas de la espalda. Tardó cuatro sesiones más de lo previsto pero finalmente me curó bastante bien las cicatrices, otro sin esa atención mágica seguiría sin poder moverse y yo odiaba el hecho de sentirme parado sin hacer nada, me desesperaba y mi humor que ya de por sí era intratable se ponía peor cuando no entrenaba o no me iba a de caza. Me dijo que esperaba unos días tras la última visita para recuperarme del todo y a primera mañana cumplido el plazo me fui a la cabaña a entrenar, necesitaba despejarme y alejarme de la ciudad y de lo que había pasado en ella recientemente. La intrusión de Astrid en mi vida me era un verdadero quebradero de cabeza, desde esa noche no la había visto y pretendía seguir sin verla, quizás con la esperanza de que se hubiera dado por vencida de una vez de que no la quería cerca, de que odiaba el hecho de que me viera débil –ella y cualquiera- y que su cercanía hacía que la odiara más de lo que ella siquiera pudiera llegar a saber, por cosas que ni de coña diría nunca en voz alta y tampoco las pensaría como si de esa forma las pudiera borrar de un plumazo, igual que intentaba olvidar de un plumazo a Astrid y su absurdo intento de salvarme del infierno y de la fría oscuridad en la que era mi vida... como si intentara salvar mi alma del diablo cuando no se daba cuenta de que yo era el diablo.

Había partido algo de leña para mantener la lumbre encendida, llevaba casi media semana en la cabaña mejorando día a día con los entrenamientos, el bosque era un buen lugar para entrenar y ponerte en forma sin que nadie se percatara de lo que estabas haciendo. Dejé la leña a un lado de la casa para ir cogiendo conforme me hiciera falta y me fui a la parte de atrás donde tenía varios blancos que había hecho para lanzar desde lejos y mejorar la puntería, y colgado de un árbol una bolsa para mejorar mis golpes, llevaba desde bien entrada la mañana entrenando y me había quitado la camiseta dejando mi torso al descubierto por el calor que tenía. Frente al saco mis golpes se sucedieron de forma seca y continua, me movía hacia los lados y pegaba golpes y patadas en diferentes ráfagas tal y como Keith me había enseñado, pero sobre todo quería entrenar la parte de arriba moviendo la espalda, Logan había hecho un trabajo muy bueno porque apenas notaba dolor y podía moverme bastante bien, las marcas de los latigazos se habían quedado en mi piel aunque menos visibles gracias a la magia pero estaban ahí, como un recordatorio de lo que tendría que hacerle a aquel hijo de puta, una que pensaba devolvérsela en cuanto tuviera la oportunidad. El sudor perlaba mi frente y hacía que algunos mechones se pegaran a mi rostro mientras seguía asestando golpes al saco, no me pasó desapercibido escuchar unos pasos que provenían de un lado de la casa, sentí la presencia de alguien y no me giré pensando que sería mi tío quien se había pasado a verme, ya me dijo que se pasaría y lo más seguro es que fuera él. Enarqué una ceja cuando sentí que lanzaba una daga en la dirección en la que estaba, clavándose en el saco, y sonreí de forma ladina dejando el saco quieto lanzando una risa corta.


-¿De verdad pretendías asustarme así, tío? Pensaba que eras mucho mejor en ese sentido y no tan pésimo como me acabas de demostrar –me giré mirando hacia el lugar de donde había sido lanzada la daga esperando a que apareciera- oh, ¿pretendes jugar? Vamos tío, ambos sabemos que puedo alcanzarte siquiera antes de que te des cuenta, ya no vales para esto – me crucé de brazos, lancé una pequeña carcajada irónica y miré al cielo cuando una segunda daga fue lanzada que impactó a unos pocos centímetros de mi pie y cuando alcé la vista para ver al que supuestamente había sido mi tío el que lanzó la daga, me encontré con esa mirada castaña puesta en mi persona, fruncí el ceño cuando la vi a ella parada a unos pocos metros de distancia de donde me encontraba, tenía una sonrisa pintada en sus labios y me miraba como si esperaba algo por mi parte, me dio los buenos días y yo le gruñí en respuesta. Lo cierto es que me había preguntado cuándo aparecería, había notado que su criado se había pasado alguna que otra vez por mi casa y supe que en algún momento aparecería, aunque esperaba en el fondo que no lo hiciera y dejara las tonterías que se traía en mente, con esas mariposas que le revoloteaban alrededor de esta y que no le hacían ver con claridad- ¿qué cojones haces aquí, Astrid? –Pregunté sin apartar mis ojos de los suyos, en una mirada fría y oscura manteniendo ese halo de oscuridad que siempre me caracterizaba en alza con ella, fue inevitable que todo lo que había pasado desde que la conocí surcara mi mente y eso me hizo enfurecerme aún más. No entendía por qué se empeñaba tanto en salvarme, no entendía esa maldita obsesión que se traía conmigo y tampoco quería entenderla- creí que todo había quedado claro la última vez que nos vimos –mis ojos brillaron con cierta furia ante el recuerdo, odiaba que la gente me viera débil, odiaba que ella me viera así- pero al final voy a acabar pensando que sí has caído tentada por el demonio –dije de forma mordaz cambiando el peso del pie de uno a otro- ¿tanto me echabas de menos que has venido a buscarme a mi cabaña? –Enarqué una ceja y sonreí de lado de forma ladina pretendiendo enervarla, me había lanzado aquella daga en un claro desafío y me agaché para cogerla, comencé a lanzarla al aire haciendo que girara- seguro que te ha costado encontrarla, ¿cuánto te ha llevado? –Pregunté porque dudaba que se acordara del camino de la vez que estuvo aquí. Me paré un momento a mirarla, con esa ropa de cazadora que siempre solía llevar, muy diferente del vestido con la que la había visto en el teatro, una imagen muy diferente de la cazadora donde apenas sí parecía ella, o quizás es que parecía más ella que nunca mientras que vestida de cazadora era como si portara una máscara, algo que yo sabía muy bien porque siempre portaba máscaras que hacían que no pudieran saber quién era realmente ni llegar a conocerme del todo. Llevaba el pelo recogido como si llevara un moño aunque llevaba unos mechones sueltos ondulados que enmarcaban su rostro, una blusa de color azul clara donde encima llevaba un corsé negro, los pantalones oscuros y las botas para cazar... dos imágenes de la misma persona pero que sin embargo formaban una sola, igualmente en ambas desprendía esa candidez y ese calor que la caracterizaba, el sol brillaba y daba directo a su pelo haciéndolo parecer algo más claro de lo normal y sus ojos castaños brillaban por la luz, sus labios ligeramente entreabiertos seguramente por la caminata. Tan ella, como siempre, como ese ángel misericordioso que siempre me había parecido que era. Comencé a andar en su dirección y me quedé delante de ella a tan solo un par de pasos en una distancia ínfima entre ambos, quería imponerle con mi altura y mi envergadura, imponerme sobre ella como siempre hacía para llevar el control de la situación. Bajé ligeramente mi rostro para dejarlo a su altura y la contemplé de cerca, sentía su respiración dar en mi rostro y sonreí de lado dejando la daga contra su pecho- tú daga, ángel. Seres como tú no deberían de llevar tales armas –apunté antes de bordearla y dirigirme hacia la entrada de la cabaña cuando me fijé en la bolsa de cuero que había en el suelo, supe que era de ella en ese instante y me giré a mirarla- ¿a qué has venido, Astrid? Si es con intención de quedarte te aseguro desde ya que en mi cabaña solo hay sitio para uno y para nadie más, si esa era tú intención puedes volverte por dónde has venido –hice una leve pausa mirándola- ¿qué quieres esta vez? Pensé que te había dicho que no volvieras a acercarte de nuevo y te encuentro aquí, seguro que tú criado te ha informado de que llevaba días sin estar en casa ¿no es así? No es que fuera muy discreto en su trabajo, supuse que vendrías como una polilla atraída por la llama... acabarás quemándote Astrid, me obligarás a que sea ese demonio porque me lo estás pidiendo a gritos.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Feb 21, 2018 3:51 am

Había caído. Había sido tentada por el demonio y éste llevaba sus ojos.

Naxel Eblan me observa con su característica sonrisa ladina en los labios, una mezcla de sorpresa y frustración en su mirada, como si hubiese descubierto al cervatillo en el claro y se hubiese olvidado las armas. Para qué negarlo, estoy saboreando cada segundo de haberlo dejado al descubierto. El sudor perla su piel.

-Buenos días a ti también, cazador- repito, las palabras salen perezosas de mis labios, cayendo en la cuenta de que en nuestros encuentro él jamás saluda, ni se despide. Viejas costumbres, supongo. Jamás admitiría que encontrar su cabaña me ha la costado más de lo que pensaba, pero menos de lo que él habría esperado, así que me limito a encogerme de hombros mientras avanzo hacia él con cautela - Se admiten apuestas... Te aseguro que no fue fácil, pero al final el camino se hizo predecible - capto el destello indignado en sus facciones, mis palabras se clavan en su orgullo - Deberías empezar a plantearte si no es hora de cambiar de madriguera, Sí una pobre e inexperta niña como yo puede rastrearte, ¿qué será lo siguiente que te encuentre? - una reverencia burlona por mi parte, aún la última de mis dagas jugando en la punta de mis dedos - Te concedo el sentirte agradecido, Naxel, hoy has tenido suerte.

Él no retrocede en su avance y por un instante todo mi cuerpo se prepara para su contraataque. Pero vuelvo a olvidarme de que el verdadero daño lo causa con las palabras. Me entrega la daga como quien devuelve la pelota a un niño, sin darle más importancia que la propia mención. Mi ceño se frunce ante su cercanía, pese a la distancia simbólica que siempre mantiene entre nosotros algo en su acercamiento es distinto. Quizás, como bien ha dicho siempre, está harto de mis intentos vanos por comprenderlo, tal vez mi presencia me haya convertido en una simple polilla orbitando a su alrededor. Todos sabemos que los insectos se aplastan. Sea como sea, es lo que siempre ha pretendido Naxel conmigo. Pero hoy es distinto. Hoy, bajo la sombra de los árboles que rodean la caballa, no soy más que una hoja para él.

Su respiración me roza la frente, remolinos de aire caliente acariciando mi piel. Por alguna razón recuerdo nuestro primer encuentro y sus manos sobre mi cuello, una ira ardiente en el fondo de su mirada, el deseo silencioso de la muerte en sus labios. Recuerdo que temí por mi vida y lo odié hasta el tuétano. Un recuerdo que ahora se me antoja muy lejanos, como si en el espacio entre nosotros aún existieran años y décadas y siglos por recorrer. Observo sus ojos oscuros, tan opacos que parecen negros, intentando descifrarlos como tantas otras veces, el calor que emana su cuerpo después del entrenamiento resulta familiar y a la vez asfixiante. Justo cuando creo que va a hacer gala de su humilde cortesía me sorprende con su indiferencia.

-Si Alfred hubiera querido ser discreto no habrías notado su presencia- lo sigo en dirección a la cabaña sin esperar una invitación, sus pisadas firmes sobre la tierra- Después de lo que ocurrió en el teatro desapareciste por completo, ¿cómo voy a apartarme si no dejas de darme motivos para acercarme a ti?- mi voz toma un desliz oscuro- Pero está claro que te las has arreglado bien en solitario, ¿cual ha sido el precio?- y sé exactamente que sabe a lo que me refiero. Sus cicatrices. Casi curadas, apenas unas líneas rosas sobre la carne maltratada, la mano ágil de un mago sin duda debe haber sido el causante de tal milagrosa curación. Tampoco me es indiferente la cicatriz en el pecho causada la noche del recital, casi curada. Niego levemente con la cabeza para apartar el recuerdo de un Naxel desplomado, de su sangre en mis manos y la mirada horrorizada de Liara sobre nosotros. Han sido muchas las veces queme he preguntado por si seguridad, pero he dejado los intentos por querer acercarme a ella sabiendo que Naxel se ocuparia de ella. Bastardo. Él sabe que mis heridas siguen encarnadas, estoy segura de que casi puede oler mi piel aún sangrante en las zonas más sensibles, y aún así… No debería sentirme molesta por tal cosa, al fin y al cabo, es Naxel Eblan, el demonio solitario.


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Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Mar 03, 2018 11:02 am

Si había algo que odiaba más por encima de todas las cosas era el hecho de que alguien me viera herido, para mí era un signo de debilidad y yo no tenía tales cosas... yo era un demonio forjado en las llamas del infierno que se había mantenido en la oscuridad con el paso del tiempo, que había prevalecido en las sombras y que había construido y erigido murallas de hielo en mi interior para que nadie pudiera acercarse o siquiera atreverse a indagar en mi interior, no podrían hacerlo porque estaba protegido por capas y capas de grueso hielo. Jamás había dejado que nadie ajeno a mi familia se acercara lo suficiente como para poder siquiera apreciar esos muros internos que tenía, pero como ya me había pasado algunas veces a lo largo de mi vida el destino era demasiado irónico y quienes manejaban mi destino debían de ser muy perras porque cuanto más quería que no se acercara ella más lo intentaba. Estaba cansado de sus juegos de niñas, de sus mariposas que revoloteaban en su cabeza y sus sueños de color de rosa entorno a mi persona... yo era un maldito demonio y me enorgullecía de ello, todo lo que me rodeaba era oscuridad y no dejaba que la luz entrara en mi vida porque no quería que entrara. Ya le había advertido de que se alejara y mantuviera las distancias o al final me obligaría a ser ese demonio que tanto le estaba advirtiendo, estaba jugando con fuego con un demonio y al final cuando menos se lo esperara acabaría quemándose en las llamas del infierno y yo, acostumbrado a arder, la vería sin hacer absolutamente nada porque ella se lo había buscado. Aunque ella no lo supiera había sido “gentil” dentro de mi rudeza advirtiéndole que se alejara, pero iba a tener que tomar medidas más extremas para que se alejara de una maldita vez y me dejara tranquilo. No quería tener nada que ver con ella, no quería que me siguiera rondando y que viniera con la idea de que podía derribar mis muros y aportar un rayo de luz en medio de toda mi oscuridad como si pudiera salvarme... yo no quería ser salvado, y al margen de eso, tampoco podía serlo. Vendí mi alma hacía demasiado tiempo al demonio y dejé que se la llevara a cambio de poder algún día cumplir mi venganza por la muerte de mis padres, estaba vacío por dentro y pretendía seguir estándolo por el resto de mi vida porque las emociones nublaban el juicio, porque la emociones te hacían débil y eso es lo último que quería.

Sin embargo pese a todas mis advertencias, que al parecer no las tomaba en serio, allí estaba frente a mí presentándose de improvisto en mi cabaña lanzando sus dagas como si fuera un reto, uno del que pasé olímpicamente porque no iba a entrar en su telaraña y no caería en su red, sin embargo ella aunque no lo supiera sí había caído en mi red y había sido tentada por el demonio... ah, ese angelical ser había caído en la trampa del demonio y había caído tentada, era como una polilla atraída por las llamas incapaz de permanecer lejos e incapaz de borrarme de su vida. Era irónico porque, desde un principio, quien quiso que me alejara había sido ella y sin embargo las tornas habían cambiado y ahora era yo quien quería que no me alejara. Yo no estaba acostumbrado a trabajar en equipo y la única vez que lo había hecho nos habían tendido una trampa para después.... gruñí al recordarlo, cada vez que ella estaba cerca de mí algo malo sucedía y no entendía como no había captado la indirecta. Yo sabía que iba a acabar quemándose, me iba a obligar a sacar a ese demonio y sin embargo parecía no importarle y aun así seguía intentándolo... con sus sueños rosas y sus mariposas, pero lo intentaba. De hecho había pensado cuánto tardaría en aparecer de nuevo aunque le había dejado muy claro que no quería volver a verla, después de lo del recital le había dejado las cosas muy claras y había sido franco, rudo y directo.... no la quería cerca de mí, no la quería en mi vida y en vez de aceptar eso volvía atraída por mis llamas y mi oscuridad. Al final acabaría siendo un ángel caído y luego no podría echarme la culpa de ello porque se lo había advertido muchas veces pero nunca me había hecho caso. Gruñí cuando me quiso picar y lanzar una daga imaginaria directa a mi orgullo dando de pleno, quería burlarse por haber sido capaz de encontrar la cabaña que utilizaba para llevar allí a mis presas, seguramente lo hizo con la intención de que me sintiera herido de alguna forma y la manera en que la miré y el gruñido que escapó de mis labios fue todo lo que necesitó para saber que lo había logrado.

Maldita desgraciada, no solo venía sin invitación alguna a mi lugar secreto, sino que encima venía en una actitud que distaba mucho de ser las que había tenido conmigo anteriormente. Las primeras veces que habíamos coincidido se mostraba más tímida, más intimidada por mi persona y mucho más insegura... sin embargo ahora cuando hablaba y cuando me miraba desprendía una seguridad que antes jamás había mostrado, derrochaba seguridad y confianza en sí misma y yo podía notarlo, su cuerpo estaba más relajado y ya no estaba tan tensa como antes, se atrevía a mirarme de forma más fija a los ojos y ya no apartaba la mirada avergonzada e intimidada como las primeras veces... y no me gustaba para nada. Desde que había pasado la noche de los lobos cuando nos emboscaron su actitud había cambiado por completo, cuando antes me temía ahora ya no veía ese miedo que desprendían sus ojos, era como si se hubiera acostumbrado y lo que pasó hubiera hecho que avanzara un poco más en mi dirección, como si se hubiera atribuido alguna especie de victoria en su cabecita llena de mariposas entorno a mi persona... y lo odiaba, por eso no quería que nadie me viera débil nunca, porque luego pasaban estas cosas. Igualmente cuando me acerqué a ella quise recordarle que era más alto y más fuerte que ella, que si quería podía derribarla y vencerla antes de que pudiera darse cuenta de lo que hacía y que, para mí, no me suponía ninguna amenaza. Por eso le devolvía la daga de esa forma como si no me importara, como si eso fuera un juguete para ella que no sabía ni podía utilizar aunque era muy consciente de que sí podía. Pero ahí radicaba todo; en no hacérselo saber a ella. Siempre desprendía esa calidez que me recordaba a Liara, ella era cándida y no entendía por qué seguía rondando a un demonio como yo. Siempre era mordaz e incisivo con ella para ver si se alejaba pero nada funcionaba, y ahora la tenía en la cabaña con una bolsa de cuero como si pretendiera quedarse por un tiempo aunque ni de coña iba a pasar eso. Después de haberle advertido que iba a ser ese demonio que ella estaba buscando que fuera, porque me estaba provocando para serlo, pasé de ella y me giré para ir en dirección a la entrada de la cabaña dejándola atrás. No era bienvenida y podía largarse por donde había venido, pero me giré a contemplarla enarcando una ceja como si creyera por un momento que su criado podía espiarme sin que yo me diera cuenta.



-¿Estás de coña, Astrid? ¿Crees realmente que tú criado podría haberme estado espiando sin que yo no lo supiera? –Me reí, sí, me reí de forma fría y sarcástica mientras negaba con la cabeza riéndome de ella y volviendo a andar hacia la entrada de la cabaña, de sus palabras y de sus patéticas ilusiones que tenía. Después de lo que había pasado con los licántropos había estado mucho más atento a todo lo que en cuanto a mi casa y demás lugares que frecuentaba se refería, si su criado me hubiera estado espiando sin dejarse ver tanto igualmente lo hubiera sabido... ya no dejaba ningún cabo suelto y además tenía a alguien que trabaja para mí en ese sentido, por lo que lo hubiera sabido. Me volví a parar de nuevo por sus siguientes palabras haciendo que me girara para mirarla de forma fija, con mis ojos brillando como si fueran dos dagas de hielo clavándose en sus castaños, un gruñido que brotó de mi pecho a pesar del matiz “oscuro” que tenían sus palabras- ¡Yo no te doy motivos para acercarte! –Porque nunca había querido que lo hiciera, porque siempre la estaba apartando constantemente- ¿en qué maldito mundo de color de rosa y lleno de mariposas vives, Astrid? Yo jamás he querido que te acercaras a mí porque siempre he estado apartándote, no quiero que revolotees a mi alrededor como si fueras un cachorro pidiendo por atención porque jamás te la voy a dar. Te lo dije, eres demasiado angelical para acercarte al demonio que soy... pero parece que es lo que te gusta porque no dejas de buscarme, te han informado de que he desaparecido un par de días de mi casa y te ha faltado tiempo para venir a buscarme en la cabaña... dime, ¿tan dentro estoy en tu cabeza? ¿Tan hondo he calado en tus pensamientos que la simple y absurda idea de que no me tengas controlado te haga venir hasta aquí para comprobar qué, que estoy bien? Pues déjame decirte algo –dije acortando la distancia con ella sin cambiar mi semblante- el demonio no necesita que nadie cuide ni vele por él, y más te vale alejarte Astrid porque al final acabarás siendo un ángel caído tentado por el demonio y la oscuridad te comerá y te envolverá. Y cuando eso pase, ángel, déjame decirte que no podrás echármelo en cara porque no pares de provocarme para que eso pase. Quédate en tú maldita luz y déjame a mí en mi oscuridad, seguro que puedes encontrar por ahí a alguien que si quiera y merezca ser salvado pero en lo que a mí respecta –me incliné para quedar mi rostro a su misma altura sintiendo su aliento contra mis labios, sus ojos fijos en los míos y en vez de haber dado un paso hacia atrás como hubiera hecho siempre se quedó quieta en su sitio como esperando a que dijera lo que tuviera que decir en esos momentos- me gusta ser el demonio que soy. Apártate de mí camino ángel, o te convertirás en un ser de oscuridad como lo soy yo. ¿Acaso quieres ser un cascarón frío y vacío? Porque si es así, entonces, vas por el buen camino –sonreí de forma ladina y me volví a girar para adentrarme en la cabaña de donde cogí un vaso de cristal y lo llené con un poco de bourbon para bebérmelo, no es que bebiera demasiado pero en ese momento lo necesité. Y como ya era de esperar mis palabras no fueron suficiente para que se marchara porque escuché sus pisadas adentrándose en la cabaña con la bolsa que dejó en uno de los sillones, giré mi rostro ligeramente para darme cuenta de que sus ojos se mantenían fijos en mi espalda como si no pudiera creerse que estuvieran ya casi curados y sonreí de lado. Claro que sabía a qué se había referido con su pregunta, a las marcas de los latigazos, a las heridas que había recibido cuando me cambié por ella... aún en ese instante seguía sin saber por qué lo había hecho- Magia –dije sin más aunque seguramente ella ya sabía la misma respuesta que acababa de darle- tengo contactos y gente que me debe favores así que simplemente me los he cobrado. Tú podrías haber hecho lo mismo o haber caído en la cuenta de que un hechicero, por un precio módico, podría haberte ayudado con tus heridas que entiendo que siguen curándose de forma tradicional y de forma lenta –comenté volviendo a llenar el vaso que llevaba en la mano salvo que esa vez serví otro y restando la distancia que nos separaba se lo entregué para que lo tomara, mi cuerpo rodeó el suyo pasando por su espalda donde deslicé uno de mis dedos de hombro a hombro de forma lenta- ¿por qué no acudiste a un hechicero, Astrid? ¿Acaso querías dejar que tus heridas sanaran de forma natural con tanto dolor para recordarte lo que no debes hacer, de que no debes de meterte con demonios? Quizás te convendría, un ángel como tú acabaría siendo devorada por cualquier demonio que se precie... en cuanto vieran tu aura angelical y misericordiosa serías como un bocado delicioso y apetitoso –mi cuerpo se quedó a su espalda aunque apenas había contacto entre uno y otro, pero estaba más como ladeado contra su hombro izquierdo quedando ella de perfil para mí, mi nariz fue a su pelo notando esa esencia que siempre desprendía y que me recordó a cuando estuve tumbado en su cama herido y sangrando, ese olor dulzón que era tan característico en ella y que siempre dejaba a su paso allí por donde iba, luego bajé mi rostro para que sintiera mi aliento en su oreja y en su mejilla- tan brillante –dije para subir mi mano a su mentón y girar su rostro para que quedara a mi altura observándola- tan pura –mis ojos se clavaron en los suyos dejando que mi aliento impactara en sus labios, bajé mis ojos a estos por unos segundos y me mordí el labio volviendo a mirarla con una sonrisa, preguntándome si sería realmente pura en todos y cada uno de los sentidos. La última vez que mordí su labio me había soltado un puñetazo así que esa vez solo rocé sus labios con los míos antes de separarme para beber del vaso acercándome a la lumbre- y dime, ¿a qué has venido realmente? Si era para saber si estaba bien podrías haberte ido en cuanto me hubieras visto entrenando. ¿Qué quieres de mí, Astrid? –Me giré para mirarla observando su figura que era lamida por las llamas de la lumbre otorgándole a su piel y a su ropa tonos anaranjados y rojizos, iluminando su piel que brillaba con diferentes formas por el movimiento de las llamas.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Mar Mar 06, 2018 10:40 am

He metido el dedo en todas y cada una de las llagas que Naxel pueda tener. Y me siento extrañamente orgullosa de ello. Soy muy consciente del efecto que tienen mis palabras en él, su expresión cambia pese a que sus movimiento se mantienen relajados, me observa de esa forma en la que miran las personas que se debaten entre las grandes decisiones. Se da la vuelta sin esperar respuesta por mi parte, aún sostengo la daga que me ha entregado con una sutil burla en los labios. Espero. Tiro un poco más de la cuerda que nos ata, del camino entrelazado. Y estalla.

Entre las virtudes y los defectos de Naxel se encuentra el hecho de que cuando el demonio se despierta no puede parar, todas sus palabras son hirientes, dagas quebrando mis esfuerzos por mantenerme entera ante él. Me desprecia, lo sé, y odio que no se dedique a disimularlo, lo remarca cada vez que se dirige a mi. Una niña en un mundo de mariposas. parece olvidar que las niñas crecen y las mariposas mueren. Me muerdo el interior de las mejillas para controlar el impulso de contraatacar sus palabras.

¿Tan dentro estoy en tu cabeza?

Buena pregunta. Se acerca en pocos pasos en un intento por intimidarme, su tono es oscuro y grave. Tiene razón, él no merece mi luz, esa luz de la que habla y que yo jamás he encontrado en mi misma. Gael siempre ha merecido mi luz. Y yo intento dársela también a Naxel, ilusa de mí, como si pudiera hacer algo real por él.

Me niego a apartarme cuando su respiración roza mi rostro, observo las marcas de cansancio y el leve sudor que humedece su pelo. No digo nada,de la misma forma en la que él me trató minutos antes le resto importancia a sus actos con el mero silencio. Por dentro estoy ardiendo. En cuando se da la vuelta me siento tentada a lanzar la daga contra él, probarlo, ver qué reflejos mantiene después de la curación y que demuestre lo mucho que me odia pero, sobretodo, quiero desafiarlo.

Sin ser invitada lo sigo hasta la casa ya que si realmente hubiera querido que me marchase se habría encargado él mismo de llevarme a rastras. El aroma de la cabaña resulta extraño, una mezcla del fuego de la lumbre y pastel de limón recién hecho, demasiado hogareño para el ser que la habita, la última vez que puse un pie aquí los olores eran completamente ajenos. Dejo mis pertenencias sobre el sofá sin ningún cuidado y me giro hacia él con los brazos cruzados, estoy claramente molesta y quiero explicaciones, pero no tengo que volver a preguntar cuando es él mismo el que habla.

Ya, un hechicero. Alzo las cejas remarcando lo obvio de su comentario, me toma por estúpida, se burla de mí.

-Sólo un hombre desesperado haría tratos con hechiceros-me encojo de hombros-Debo aprender de mis errores Naxel, y si eso implica quedarme con un par de cicatrices en la piel podré soportarlo-otro ataque sutil, de eso se trata la batalla entre nosotros. Porta dos vaso anchos en las manos y me ofrece uno a pesar de comentarle que no bebo, sujeto el recipiente y el líquido oscuro baila dentro. El contacto me produce escalofríos y sé que él es consciente de ello, no puedo esconder que su cercanía me despierta la piel, tentada y alerta. Mi mirada sigue posada en el liquor, no quiero mirarle porque sabrá que está logrando intimidarme, si bien antes eran amenazas en toda regla ahora todo en él parece una peligrosa invitación.

-¿Vas a devorarme?-susurro, apenas audible, porque él es hijo de demonio y yo voy a perder las alas. Tan brillante, susurra. No lo soy, Dios sabe que no. Mis labios se entreabren en un intento vano por decir algo tajante y apartarlo de mí, puedo notar cómo me respira mientras ladeo levemente la cabeza en un acercamiento involuntario. Tan pura, me dice, su mano en mi rostro y mis ojos sobre los suyos, se muerde la boca y mis pestañas siguen el gesto. Tiene tanto hielo en las pupilas que quema. Me doy cuenta de que estoy manteniendo la respiración en el preciso instante en que sus labios vibran sobre los míos, apenas un simple roce. Algo en mí esperaba que me mordiera como tantas otras veces para así poder apartarlo de mala gana, odiandolo. Vuelve a alejarse de forma casual y yo, sin pensarlo, doy un trago a la bebida, el sabor no es de mi agrado y mi garganta se queja.

-Al final va a ser el demonio el que cae ante el ángel-digo, está de espaldas a mí y no puedo leer su expresión pero sabe muy bien a qué me refiero. Otro sorbo para encontrar las palabras, me acerco a la ventana poniendo más distancia entre nosotros. Sin permitir réplica me adelanto a lo que sea que pueda decir-Mi tío fue un gran cazador y jamás precisó de curaciones mágicas, todo lo que hacía era por su familia y se aseguraba de recordarlo cada vez que observaba sus cicatrices- dejo el vaso en el alféizar y me apoyo en la pared, mirándolo-No quiero nada Nax, ¿es eso tan difícil de comprender? No estoy aquí porque quiera algo a cambio o por regalarte mi compañía. Te dije que cogeríamos a los licántropos juntos, y tú protegerías a Naitiri, fue un trato-anque eso suena ya muy lejano. Abro la bolsa de cuero y saco un saquito de tela, el olor a pan, queso y naranjas inunda el salón, saco un recipiente de madera, dentro está algo del guiso de anoche. Algunas armas quedan a la vista, junto con ropa limpia que he traído. Me encamino a la cocina-Además, en esta jodida cabaña no hay comida decente.

Cuando entro descubro que estaba en lo cierto, hay pastel de limón y eso puede implicar que Liara haya estado aquí aunque esa posibilidad me parezca remota. La hermana de Naxel es su bien más preciado, dudo que la haga testigo de tu verdadero ser. Al menos sé que ese pastel lo ha hecho ella, lo sé por la forma en la que olía su cabello cuando la sujeté para evitar que uno de los vampiros acabase con su vida en el recital. Dejo las cosas en la encimera y apoyo ambas manos para sostenerse y tomar aire. Mi iré pronto, cuando tenga respuestas, me digo. Siento el cansancio más pesado en mi, la espalda duele y tira y son más que evidentes mis ojeras. Comienzo a abrir los cajones buscando algo que pueda servir para un té improvisado, ignorando el hecho de que el dueño de la casa puede estar hecho una furia ahora mismo. No me giro pero detecto que está en el umbral de la puerta.

-La noche del recital me trataste como si fuera la peste- no pensaba sacar ese tema pero las palabras salen antes de que pueda controlarlas- Eres un hombre duro, lo entiendo, el vestido no pudo contigo- apenas un comentario para restar importancia mientras abro otro cajón y encuentro té de lilas. Sonrío despacio, incluso en la cabaña de los horrores Liara está presente- Sé que tu hermana corría peligro, todos lo estábamos. Hice lo que pude para mantenerla a salvo... Pero en tu mente no fue suficiente, crees que deberías haber sido tú el que la protegiese- pongo agua a hervir sin mirarle aún- Pero lo hiciste. Y cuando te estabas desangrando quise parar la hemorragia y me apartaste. Quise hacer algo por tus heridas y me apartaste- me doy la vuelta, lo miro, lo atravieso- Quise ponerte a salvo y elegiste la posible muerte a ceder ante mi.


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Mensaje por Naxel Eblan el Mar Mar 13, 2018 11:53 am

Odiaba que la cazadora siguiera con su incesante idea de que tenía que salvarme, de que viera en mí una luz que yo no tenía y que no poseía como si pidiera por ayuda y por auxilio cuando, realmente, lo único que hacía era alejarla más y más constantemente. Pero nada de eso funcionaba porque no se daba por vencida y al final es que acabaría por terminar de ser ese demonio que estaba buscando que fuera, que sacara la peor versión de mí y que al final le hiciera el daño que buscaba para que dejara de acercarse cada vez más, parecía que era lo que andaba pidiendo porque por más que le decía no me hacía ni puto caso... estaba jugando y tentando al demonio a que asomara tras la máscara de la que estaba escondido, yo lo retenía en su mayoría pero podía notar como en mi interior bullía por asomarse, por darle ese susto que tanto se merecía, por mostrarle toda la oscuridad que había en mí y alejarla de una maldita vez. Sí, mi demonio me pedía que arrancara la máscara y dejara tomar el control para cortar de raíz aquella estúpida idea fantasiosa que tenía la cazadora, tentada y atraída como lo eran las polillas a la luz y a las llamas y es que se acabaría quemando pero ¿qué más podía hacer yo cuando ya le había avisado varias veces? Perdería su luz y sus alas, caería en el abismo de la oscuridad más profundo y luego no podría echármelo en cara porque se lo advertí. Notaba las garras del demonio como si arañara el cascarón vacío que ocupaba y en el que me había convertido tras todos aquellos años, quería salir a la superficie y emerger frente a ella aunque yo lo controlaba, ¿por qué? Esa era una pregunta en la que no quería pararme en detalle ni mucho menos en pensar porque seguramente la respuesta fuera una parecida a la que tuve aquella noche de los latigazos. Yo me alejaba y alejaba más y más de ella, había ido a la cabaña en un vano intento de que se diera por enterada de que no quería tener nada que ver con ella pero no, tenía que aparecer con una bolsa de cuero irrumpiendo en mitad de mi entrenamiento, siguiéndome hasta la cabaña y encima reprocharme de alguna forma que yo llevara mi espalda curada mientras ella seguramente todavía estuviera curándose sus heridas porque no había pasado tanto tiempo y esas heridas en concreto tardaban más en curarse. Bueno, si a ella no se le había ocurrido la brillante idea de ir a un hechicero no era mía la culpa, cada uno velaba por sus propios intereses y yo no iba a quedarme así por meses esperando a que se curaran porque la paciencia tampoco es que fuera lo mío.

Mis ojos fueron a los suyos cuando me devolvió aquella pulla que yo mismo le había lanzado, mientras sostenía el vaso entre mis dedos llenos de bourbon la contemplé tras sus palabras mucho más envalentonada de lo normal. La primera vez que la conocí había temblado de miedo cuando mi mano se cernió sobre su cuello privándole del aire, esa noche pudimos escapar de los lobos por pura y mera casualidad y aunque le dije en claro que no quería tener nada que ver con ella apareció para seguir investigando. La siguientes veces se había mostrado con algo de miedo y algo de terror, eso le gustaba a mi demonio porque siempre quería tenerlo todo bajo su control obsesivo, y verla en ese estado era más que perfecto y maravilloso. Apenas si se atrevía a mirarme a los ojos quizás para no ver toda la oscuridad que anidaba en mi interior, sin embargo en esos momentos permanecía tranquila y serena frente a mí, cruzada de brazos me observaba de forma detenida mientras yo me preguntaba cuándo había adquirido tal confianza y se había envalentonado tanto ante mi presencia, un hecho que odiaba fervientemente porque eso a ella sin duda alguna le daría alas y esperanzas, unas que debía de cortar de raíz antes de que se hiciera ideas equivocadas. No la quería, ¿qué narices no entendía de esas palabras? No la quería cerca y ella se empeñaba en acercarse más y más cuando yo intentaba mandarla lejos... me enervaba, tenía esa facilidad aunque no pensaba dejárselo en claro, pero odié el cambio que había en ella porque si yo lo notaba ella no sería menos, notaría que en mi presencia estaba más segura y más firme, no titubeaba, me miraba a los ojos y aunque su voz a vez sonara trémula no se callaba las cosas como antes, me devolvía los golpes aunque yo siempre intentaba llevarlo todo a mi terreno para que no tuviera opciones. Como el comentario sobre las heridas y el hechicero, sabía que lo hacía a posta para meter el dedo en la llaga y que explotara, aunque no entendía muy bien por qué quería que lo hiciera, pero su comentario lo entendía la perfección como un ataque que, aunque sutil, pude apreciarlo perfectamente. Elevé la esquina de mi labio sin soltar el vaso de mis manos, lo acerqué para dar un trago mientras ahora que le he tendido el vaso esquiva mi mirada como si lo más interesante fuera su contenido, no tengo por qué darle explicaciones del motivo por el que he llamado a un hechicero, pero el círculo que rondan los licántropos cada vez lo van cercando más y no puedo permitir otro ataque como el último que me hicieron, no van a volver a pillarme desprevenido por segunda vez.



-Bueno, supongo que cada uno lleva sus cosas como más le apetece y más le place. Pero sí, te vendría bien acordarte que con los lobos grandes no deberías de meterte... aunque algo me dice que con los vampiros tampoco deberías, pero te empeñas en ello ¿no es así? Igual que te empeñas en otros absurdos menesteres –sí, ahí está el golpe que le devuelvo porque no puedo evitarlo, no está en mí dejar una pulla pasar sin que pudiera responderla, verbal o físicamente. Acorto las distancias mientras le advierto que debería de dejar de jugar, que al final será un ángel caído mientras mi cuerpo rodea el suyo en un intento por intimidarla. Las palabras que le digo no lo hago por herirla, es lo que realmente pienso de ella y lo que siempre me ha parecido: brillante y pura. Desde la primera vez que la vi fue el pensamiento que surcó mi mente y nadie va a poder cambiar eso de ella, todo lo que la rodea desprende ese halo de luz angelical y misericordiosa que la envuelve, su calidez, la forma en la que actúa... no está hecha para la noche y los horrores que esta alberga, pero si se quiere dar el batacazo al final caerá con todas las consecuencias. Tras su pregunta de si voy a devorarla una leve risa sale de mis labios sin que yo pueda evitarlo, me río porque es imposible no hacerlo cuando su rostro se gira para encontrarse con el mío, sus ojos evitan en esos momentos mirarme pero cuando muerdo mis labios veo que sus ojos bajan a esa acción. Sí, ¿por qué no podría devorarla? Quizás así se fueran todos mis males y acabaría por desaparecer todos mis problemas con ella, opté por separarme tras rozar sus labios y tomar algo de distancia para dar de nuevo un trago al vaso, la contemplo por sus palabras y no evito el reírme delante de ella ante sus palabras de que al final el demonio va a caer ante el ángel- ¿es eso lo que quieres, ángel? ¿Qué caiga ante ti? –Di un nuevo trago observándola- serías un bocadito, ¿podrías estar a la altura realmente de un demonio como yo? –Mis ojos la siguen cuando se dirige a la ventana y la dejo hablar para saber qué diablos quiere de mí, de nuevo vuelve al hecho de que su tío tampoco necesitó de hechiceros- ¿me lo estás echando en cara, ángel? –Pregunto enarcando una ceja por ello- yo lucho también por mi familia pero no puedo dejar que estando débil los licántropos estrechen el cerco y se acerquen a mi hermana, ¿cómo la voy a defender si no puedo moverme? Me vigila una manada de licántropos y no pienso dejar que me pillen por sorpresa una segunda vez, si para ello tengo que curar mis heridas con ayuda de un hechicero lo haré... haré todo lo que tenga que hacer para mantenerla a salvo, y me importa una mierda quién se interponga en mi camino –digo con tono frío y serio, si ella quiere seguir con sus heridas y con el dolor es cosa y problema suyo, cada cual lleva sus batallas y su vida como realmente quiere. Vuelvo a reír de nuevo por sus palabras y doy otro trago al vaso- todo el mundo quiere algo, consciente o inconscientemente lo quiere y lo busca... así que no, no creo que hayas venido aquí si no quieres algo a cambio. Suéltalo y así podrás largarte cuanto antes –recordé a la joven que había visto en su casa, aquella que había sido perseguida por vampiros y que juré que también protegería de estos mientras averiguábamos por qué la seguían, parecía alguien importante para la cazadora y el matar vampiros siempre me divertía así que ¿por qué no? La vi acercarse a la bolsa y sacar algo de comida, pasar por mi lado y dirigirse a la cocina donde había algo de lo que sobró de aquel pastel de limón que hizo Liara, lo había llevado a la cabaña para comérmelo porque no quería que ella viera esa parte mía, esa que con la cazadora no me importaba mostrar constantemente. Mis ojos se fijaron en su espalda recordando sus latigazos y gruñí por el mero pensamiento, luego escuché sus palabras cuando saca el tema del recital, tema que por cierto no me agrada en absoluto por lo que pasó- oh, ¿te pusiste ese vestido rojo que ensalzaba tus atributos quizás para que el demonio cayera esa noche? Admito que te ves distinta con ese traje, desde luego no pensara que bajo esa ropa tuvieras un pecho como ese –doy otro trago a la copa apoyado contra el marco de la puerta viéndola hacer, si fuera a detenerla seguiría igualmente así que espero que haga lo que tenga que hacer, termine pronto y se marche. Frunzo el ceño cuando dice que ella intentó ponerla a salvo y lo reconocía, pero claro que yo debí de hacer algo más para protegerla, era su hermano y juré que conmigo nada le ocurriría... había fallado mi maldita palabra y odiaba eso. Entonces es cuando dice lo que le molestó, que la apartara, aunque yo me pregunto ¿por qué cuando siempre la he estado apartando? Para cuando se gira y me mira ya estoy tras su espalda, tiene que elevar la mirada para encontrarse con mis ojos pero aun así no los aparta, se mantiene firme y me atraviesa con su mirada. Puedo ver lo que ese hecho le molesta, siempre le he dicho que es como un libro abierto que muestra demasiado, expone demasiado... algo que sin duda tiene que controlar- ¿eso es lo que realmente te molestó, Astrid? ¿El que te apartara de mí? ¿El que no dejara que me ayudaras de nuevo cuando estaba herido? –Se puede notar el odio y la ira que hay en mi voz, un tono oscuro que presagia la tormenta que hay en mi interior- entiende esto ángel; un demonio jamás va a ceder ante ti –digo para que entienda que jamás lo voy a hacer ante ella, ya lo hice una vez y siempre me reprochaba haber cedido al cambiarme por ella, era la única vez que se lo iba a conceder. Mis brazos fueron a cada lado de su cuerpo apoyándolos en la bancada de la cocina, mi cuerpo se pega al suyo y hago que este a su vez se pegue también a la bancada para arrinconarla, no tiene escapatoria y voy a ser bastante claro y conciso sobre ese tema- ¿eso es lo que más te molestó, que no te dejara ayudarme? Deberías de saber que no dejaré que lo hagas nunca, creí que eso ya lo tenías más que claro. No soy como tú y no pienso serlo nunca, jamás dejaré que me alcances con esa luz y desde luego que revoloteando como una polilla atraída por mi oscuridad no vas a hacer que cambie de parecer. Soy un demonio y estoy cómodo con lo que soy, yo lo elegí, yo lo preferí y no me arrepiento de la decisión tomada. Soy un cascarón vacío que no alberga nada así que no esperes nada de mi parte porque te adelanto que no vas a encontrar nada, solo frío y oscuridad –le digo para que lo tenga bastante en cuenta, me impongo sobre ella y la observo con mis ojos fríos, opacos que no dejan ver nada tras estos más allá de todo lo que le he dicho- así que déjate este estúpido juego que te gastas y dime para qué has venido para que puedas largarte de una maldita vez, no me creo que no hayas venido por un motivo porque todos queremos algo, incluido tú ángel –la miro de forma fija- a no ser, que hayas venido para finalmente caer tentada por el demonio finalmente –elevo una de mis manos y mis dedos se enredan en el mechón que ha quedado suelto- dime Astrid, ¿qué deseas de mí? –Mi voz ha bajado un tono, aunque mantiene ese matiz oscuro, pero es algo más ronco con la pura intención de que caiga a merced del demonio que soy tentándola. Mi rostro se inclina al suyo y mi aliento choca contra sus labios de forma deliberada, muerdo mis labios y veo que sus ojos no pierden ese detalle que hace que sonría de lado- ¿quieres que te devore? –Pregunto en un tono bajo y sugerente, tentador en el máximo de los sentidos. Mi dedo se desliza por su rostro y se pasa por sus labios de forma que dejo que se humedezca un poco al bajarle su labio inferior ligeramente, mi recorrido sigue por su cuello y baja por el centro de su pecho por sobre su ropa. Soy consciente de su cuerpo tenso contra el mío, su respiración que casi es inexistente porque contiene el aliento y eso me divierte, me hace preguntarme cosas sobre la pequeña cazadora- estás muy tensa ángel, quizás deberías de liberar tensiones –lo dijo sobre su oreja de forma tentador, con un claro deje de doble sentido aunque bien puedo referirme simplemente a eso: liberar tensiones entrenando o luchando- y bien, ¿qué será de todo? Vamos ángel, sé que no has venido solo a traerme comida... ¿tanto me echabas de menos?


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Miér Abr 18, 2018 6:51 pm

¿Es eso lo que quieres, ángel? ¿Qué caiga ante ti?

Quizás la respuesta siempre ha estado ante mi, fría, inquietante, prohibida. Sigo observándolo aún con los brazos cruzados mientras el agua hierve y el vapor roza mi espalda. Aún no puedo admitir que su comentario me ha herido, sería demasiado para mi orgullo, Naxel considera que no soy suficiente para él, solo una niña que juega y disfruta retándolo. Me muerdo el interior del labio mientras observo sus movimientos con astucia, siempre alerta ante su carácter voluble.

-Me alegra que fuese de su gusto, mi señor- respondo de forma sarcástica, haciendo un gesto a modo de reverencia. Es cierto que esa noche estaba fantástica, la tela se ajustaba a mi cuerpo y el rojo de la seda resaltaba sobre mi pálida piel. Recuerdo haberme mirado en espejo bucando las similitudes de mi humanidad en comparación con los vampiros. El pensamiento que cruzó mi mente fue tentador y terrorífico al mismo tiempo, y lo deseché como humo. Si me convirtiese en vampira dejaría de parecerme a mi misma en todos y cada uno de los sentidos. No me muevo cuando él corta distancias y apoya ambos brazos en la encimera dejandome entre ellos, su rostro muy cerca mientras me observa. Siento cómo el calor de su cuerpo embriaga el mío propio. Hago caso omiso a sus palabras, o al menos eso intento, estoy cansada del demonio, de su oscuridad y su ser frío y distante, estoy demasiado agotada de y crueldad como para querer darle importancia. Pero él siempre consigue que todo lo que dice duela perforándome la piel. Quiere que me marche. No quiere que me marche. Puedo notarlo, el Naxel de hace meses me habría sacado a rastras de su cabaña, me habría asustado hasta casi desear la muerte dejándome en la cuneta. El Naxel Eblan que tengo ante mi se debate internamente.

-No me molesta que me apartes de ti, Nax, me molesta que no seas capaz de admitir que tenerme a tu lado te hace sentir vivo- susurro, sus rostro se ladea, sus labios tentando la piel de los míos, se muerde el inferior en una clara invitación. ¿Cuándo se volvió natural tener a Naxel así de cerca? ¿Cuándo quedó atrás la muchacha que habría considerado esta situación como un insulto a la cordura?- ¿Acaso no lo ves? ¿No lo sientes? - Poso una de mis manos sobre su pecho para mantenerlo donde está, ni más cerca, ni más lejos - Tus pupilas se dilatan de exitación, me gritas que me vaya pero me acorralas ¿No te cansas de esto?- Quizás tengo las alas condenadas desde el principio. Puedo notar cómo mi mentón se inclina hacia él en busca del contacto, de la gran prohibición. Sólo unos centímetros y podría caer, esta vez de verdad, ante él. Su pregunta eriza cada uno de los poros de mi piel y me maldigo por ello. No, no es esto lo que quiero. No. No él. Mantengo la respiración como si el simple acto me causase dolor. Por una milésima de segundo el rostro de otro hombre se cruza tras mis párpados. Gael y Naxel son tan opuestos que jamás podría compararlos por completo. Noche y día. Ambos en los extremos de una balanza que yo me empeño por mantener. Pensar en él me llena de angustia. Si supiera que me encuentro en compañía de Naxel o mejor dicho, que he venido voluntariamente a él, algo se rompería entre nosotros. Ambos conocen de la existencia del otro, que lo acepten es otra historia. Naxel es un peligro para mí, para todos -Aparta- comento, mi voz un fino hilo, un suspiro se escapa de mis labios delantando el esfuerzo que me supone la petición -Es suficiente. Apartate, Naxel- a modo de eco la tetera comienza a sonar por la presión. Veo duda en él y sé que se plantear el tentarme un poco más, sabe que está cerca de conseguir su objetivo, sea cual sea, pero antes de permitirle si quiera pestañear clavo mi puño en uno de sus costados y la sorpresa hace que su brazo se aparte. Es obvio que no le ha dolio, pero ha sido suficientemente rápido como para apartarlo. Maldigo por lo bajo y con un acto frustrado aparto la tetera del fuego, podría romperla en mil pedazos. Intento recuperar la corduda, centrar todas las ideas- Vamos a entrenar.

Salgo por la puerta antes de recibir respuesta, pero sé que va a seguirme. Arranco la daga que quedó en el marco de madera en mi ataque sorpresa de antes, preparo mi cuerpo estirándolo los músculos mientras avanzo hacia el terreno frente al porche. Algo me roe las entrañas, quiero destrozarlo todo, quemarlo todo. Al girarme puedo divisar su silueta por el ventanal de la cocina. No debo, pero mi mano es más veloz y la daga estalla contra el cristal y se clava en alguno de los muebles, muy cerca de él.

Ahora sí he captado su atención.


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Mensaje por Naxel Eblan el Dom Abr 29, 2018 11:12 am

De algún modo u otro sabía lo que hacía Astrid en la cabaña del bosque aunque ella no quisiera decírmelo, incluso hasta había esperado el momento en que apareciera porque sabía que tarde o temprano lo haría, aparecería como una polilla atraída por las llamas para acabar quemándose de una forma lenta, tentada por el demonio que yo era haciendo que el ángel probablemente se convirtiera en un ángel caído en el que la oscuridad lo devorara todo a su paso y arrasara con la luz que ella siempre parecía tener rondándole en todo momento, con esa calidez que desprendía y que muchas veces le había dicho que algún día sería su perdición porque contra el mundo en el que ella luchaba no había nada que pudiera hacer, los seres que moraban en la oscuridad eran expertos en arrebatar dicha luz y ella al final acabaría apresada entre las fauces del lobo, ya se lo había advertido y para cuando eso pasara no podría decirme que no la había avisado porque desde que la vi se lo había estado repitiendo, pero ella era tan obstinada y con unas fantasías viviendo en un mundo de color de rosa donde se pensaba que el bien vencía al mal, y eso en las historias de hadas y de fantasía quedaba demasiado bien, pero la realidad era una bien distinta y muchas veces el mal triunfaba frente al bien. Hasta en cierto sabía que, muy en el fondo, ella ya había sido tentada aunque dijera lo contrario y por ese mismo motivo estaba en aquel momento en mi lugar más personal y privado, el lugar que yo consideraba como un refugio y donde no quería que nadie se acercara al menos que yo le hubiera dado el permiso para que así lo hiciera. No quería pensar en esa pequeña libertad que ella se había concedido pero que lamentaría haber venido porque en algún momento haría que así se sintiera, no podía entender cómo todavía seguía volviendo para buscarme después de todo lo que le había hecho, después de todas las cosas que le había dicho para mantener la distancia y que se alejara de mí... pero ella siempre volvía, como si fuera un efecto “búmeran” que acababa de nuevo cerca de mí mientras yo la odiaba por eso. La odiaba también por muchas cosas en las que no quería ni pensar porque entonces las cosas podrían acabar muy mal, ya bastante había sido con todo lo que había tenido que pasar junto a ella como para encima recordarlo y que mi ira y mi cabreo fuera tan elevado que dejara salir al demonio que llevaba dentro, aunque pensándolo por otro lado quizás debiera de darle la lección que tanto ansiaba ella y hacer que de una vez por todas se alejara de forma definitiva y que no volviera de nuevo rondándome, porque parecía eso, como una polilla que me rondaba atraída por mi oscuridad y por la tentación que representaba para ella y que al parecer no había conocido en otra persona más que en mí. Yo siempre tenía bien altos los muros erigidos, las capas de hielo que no podía hacer que nada las atravesara y con ella siempre mantenía los escudos en alzas para que no me alcanzara nunca porque sabía que en el momento en que sus pensamientos y sus teorías de mariposas dieran su resultado y ella se percatara de ello... entonces ya no tendría salida posible y más lo intentaría.

Mientras solo pensara que no tenía efecto alguno sobre mí no había problema alguno y yo tenía que hacer que así fuera por mucho tiempo, mi objetivo entre toros era apartarla y ya pensaba de forma seria en sacar al demonio que llevaba dentro para asustarla del todo y que no le quedaran ganas de acercarse de nuevo a mí, aunque sabiendo lo cabezota y testaruda que era me preguntaba si eso daría el resultado esperado. Mientras tanto lo que estaba haciendo frente a ella era tentarla, ponerla nerviosa porque sabía que mi cercanía la ponía tensa y nerviosa aunque menos que las primeras veces cuando nos habíamos conocido. No sabía qué había pasado exactamente pero desde hacía un tiempo la notaba más segura de sí misma en mi presencia, sabía exactamente cómo mantenerse firme y no ponerse a temblar como había hecho en los primeros encuentros. Antes era incapaz de mantenerme la mirada durante unos minutos, sin embargo eso ahora no pasaba y me la mantenía de una manera seria aunque su cuerpo tenso delatara que no estaba del todo segura de sí misma y que un resquicio de duda asolaba su cuerpo. La imponía con mi presencia y a veces conseguía anular la seguridad que desprendía, pero yo quería mucho más y quería que volviera de nuevo a cuando era incapaz de mantener la mirada y su voz temblaba cuando me hablaba. Sonreí de lado cuando me dijo que se alegraba que el vestido fuera de mi gusto, lo cierto es que había notado la diferencia a cuando llevaba la ropa de cazadora con la que siempre la había visto, aquel vestido había remarcado demasiado sus curvas acentuándolas aún más cuando con la otra ropa apenas se vislumbraba con certeza, el escote también había sido algo diferente a la ropa más cerrada que llevaba en las noches de caza y el semi recogido había dado a su rostro un toque diferente, como más fino, con más luz... la misma que ella desprendía. Verla con el vestido había reafirmado de alguna forma la mujer que era y que con los ropajes oscuros apenas se apreciaba. Aunque mis palabras siempre iban con la misma intención que siempre: herirla. Porque esa era una de las formas que mejor se me daban para alejar a la gente, porque aunque en mi mente pensara y repasara su figura con aquel vestido y pensara que había estado hermosa, mis labios jamás dirían esas palabras y mi intención sería puramente abrir una herida en ella, un motivo más por el que no quisiera permanecer a mí lado y alejarse en todo momento. Pero ella pese a todo ahí seguía, y si al principio mantenía la boquita cerrada por el miedo que me tenía y no decía nada eso también había cambiado y ahora, gracias a esa confianza que no sabía de dónde sacaba y se gastaba, me replicaba sin callarse lo que pensaba. Mis ojos bajaron hacia la mano que había dejado en mi pecho para luego subir mis orbes castaños a los suyos frunciendo levemente el ceño por sus palabras, ¿Qué su presencia me hacía sentir vivo? Como siempre ella y su mente fantasiosa plagada de mariposas que revoloteaban por todos lados, como si esto fuera un cuento y ella fuera capaz de hacer que el demonio que yo era, la bestia que moraba en mí, pudiera sentir algo de calor ante el frío y el vacío que desprendía en todo momento. Mordí mi labio inferior mientras mi dedo se deslizaba por su rostro perfilando su mandíbula, mi dedo bajó apenas un poco su labio inferior dejando estos entreabiertos sintiendo su aliento cálido, quiero volver a ponerla nerviosa y sentir cómo temblaba en mi presencia y por ese motivo la encierro y acorralo contra la encimera de la mesa, mis brazos como una cárcel que le impiden moverse. Sentí sus ojos en mis labios cuando me los mordí y sonreí ladino porque sé que, por mucho que se resista, está más tentada que nunca a caer en la tentación que supongo para ella... y en cuanto lo haga no habrá marcha atrás, será su completa y absoluta perdición. Ella sigue preguntando mientras mi dedo ahora baja por su garganta sintiendo como traga con fuerza por mi toque, hasta dejar mi dedo en el centro de su pecho mientras mi mirada, intensa, escudriña la suya en busca de las señales que quiero ver en ella.



-De nuevo, ángel, te equivocas por completo en todo –sonrío de forma ladina porque aunque es ella la que intenta reconducir la situación y llevarla a su terreno yo, que soy el demonio, veo sus intenciones y me adelanto varios pasos a su jugada- no puedes hacer que algo se sienta vivo cuando ya está muerto –quiero dejarle claro que sus intentos son en vano, que no tienen efecto en mí aun cuando siento la palma de su mano en mi pecho y noto el calor que esta desprende, pero es algo que ella jamás en toda su vida sabrá- ¿qué he de notar, qué he de sentir? No sabes nada ángel, te quedan demasiadas cosas por aprender en este mundo lleno de oscuridad... como por ejemplo, que el diablo siempre tienta de una forma en la que cuando quieras darte cuenta ya has caído... las trampas perfectas para que la víctima no note lo que pasa... ¿acaso lo puedes notar tú? –Reí por sus siguientes palabras negando levemente con la cabeza porque ella lo veía de ese modo, pero era totalmente diferente a lo que se pensaba- me gusta tener a mis presas bajo mi control y mi poder, me gusta ver la forma en la que se siente intimidades e imponentes por mi presencia... me gusta sentir el miedo que mi presencia les provoca –un susurro para que ella puedo oírlo, un susurro mientras no dejo de sonreír haciéndole ver que soy el mismísimo diablo y que ella está cayendo en la trampa que he elaborado para ella- me excita ver tus dudas, tus titubeos y tu miedo, ¿no te das cuenta de que te estoy presionando justo de la manera en que yo quiero presionarte, ángel? –Fue justo decir esas palabras y nota como ella levantaba el mentón en busca de un roce como si me buscara, su respiración se contiene por un momento y pienso que al final va a caer en la tentación y justo cuando la tengo ahí, a unos centímetros de distancia en el que tan solo me basta inclinar la cabeza para rozar sus labios se aparta y yo, como depredador, sonrío de lado ante su petición de que me aparte- ¿ahora me quieres lejos, Astrid? –Pregunto con cierta sorna buscando precisamente eso, hacerle daño para que no vuelva querer acercarse de nuevo, para dejar claro que no debe de volver a mí. No hago caso a su petición y solo me aparto cuando sin esperarlo me da un golpe con su puño en el costado de mi cuerpo, no me ha hecho daño pero basta para apartarme y dejar que se gire ya que la tetera nos hace saber que todo está listo y la contemplo apartado un poco a su lado para ver como la aparta del fuego. No me aparto porque no quiero dar el espacio que ahora, en ese claro momento, necesita ya que quiero que mantenga esa sensación mientras yo no borro la sonrisa de mis labios, sé que ha estado cerca y su cuerpo tenso me lo hace saber en todo momento. Se gira con un “vamos a entrenar” y la sigo con la mirada apoyado en la bancada de la cocina, veo que coge la daga y una pequeña risa sale de mis labios al ver que la pequeña cazadora quiere entrenar conmigo, pues bien, no pienso ser gentil o contenerme porque es ella si quiere un entrenamiento conmigo... va a morder el polvo varias veces. Voy a moverme cuando de pronto la misma daga que ha tomado del marco de la puerta atraviesa la ventana atravesando el cristal para clavarse cerca de donde estoy yo, miro la daga que arranco y llevo en mi mano mientras con pasos grandes y rápidos me planto fuera donde ella me está esperando. Lanzo un par de veces la daga al aire contemplándola y ladeo ligeramente mi rostro- vas a tener que pagar por el cristal roto, llévate cuidado ángel, no voy a ser indulgente contigo solo porque vayamos a entrenar –cojo por última vez la daga al vuelo y la lanzo hacia uno de los tocones donde suelo entrenar clavándolo en una especie de diana que tengo, perfectamente clavada en el centro- así que quieres entrenar ¿eh? –Río por lo bajo mientras salgo de la casa y me voy acercando hacia donde está ella- ¿puedo quitarme la camisa o crees que será demasiado para ti luchar conmigo semi desnudo? Da igual, me la quitaré porque no quiero luego reclamaciones cuando hayas perdido –no le he dado tiempo a responderme y sí, mi comentario es frío y mordaz mientras me posiciono frente a ella y la contemplo con una sonrisa ladeada, no voy a contenerme por ser ella y quizás hasta le venga bien que alguien no lo haga por primera vez en su vida- ¿empezamos, ángel? –Pregunto preparado para su ataque mientras busco de alguna forma provocarla, tentarla para que caiga de una forma diferente y sacar la ira y la rabia que lleva dentro, esa tensión que he notado en la cocina y que ha hecho que terminara por salir fuera de la casa. No tarda en hacer el primer movimiento y se lanza contra mí, pero le veo venir las intenciones y paro el golpe con mis brazos, cojo su muñeca, la giro un poco y la aparto de un empujón aumentando la distancia a la par que al girarse le hago un gesto para que venga a por mí. Vuelve a atacarme de nuevo y yo vuelvo a esquivarlo otra vez con una sonrisa ladeada pintada en mis labios, sé que es capaz pero en ese momento no es capaz de pensar y sus movimientos son previsibles como si fuera un libro abierto, su mente cegada quizás por todo no la deja pensar con claridad y eso hace que pueda leer cada movimiento que va a darme, paro otro de sus golpes y la giro de forma que su espalda choque contra mi cuerpo en una llave para retenerla- así no vas a conseguir darme, despeja tú mente Astrid. Espera aquí –la suelto y me doy la vuelta para buscar dos palos largos de madera en forma cilíndrica y le tiendo uno a ella mientras me preparo- ahora ataco yo –digo y no le doy tiempo a asimilarlo cuando ya le estoy atacando, mis golpes son fuertes, duros e implacables y alguno que otro le da en el cuerpo, pero no deja de intentarlo mientras el sol cae sobre nosotros en esa mañana, nuestros cuerpos se mueven por el lugar y los golpes se suceden uno detrás de otro mientras los palos chocan con su sonido característico. Se nota también que sus heridas no están igual de curadas que las mías, su movimiento es algo un poco más restringido mientras que el mío es algo más libre- ¿Qué pasa Astrid? ¿Acaso el otro cazador es incapaz de enseñarte nada? –Mi pregunta va con tono mordaz y con todo el veneno que puedo desprender con mis palabras, quiero cabrearla y que saque todo lo que lleva dentro- ¿qué haces cuando estás con él, jugar a las casitas? Pensaba que al menos te tendría algo más preparada... ya veo por qué acudes a mí –mi risa suena en el lugar mientras mis ojos la contemplan, el sudor empieza a perlar su cuerpo y sus mejillas están algo sonrojadas. Ella misma me comentó que estaba entrenando con un cazador cuando la acusé, una de las veces, que no sabía nada... claro que ella apenas me había comentado algo de manera muy vaga, pero yo sí sabía quién era él y estaba convencido de que no le gustaría en absoluto que ella estuviera conmigo en esos momentos, me había ganado una fama en las calles y entre algunos cazadores de la que me enorgullecía de ello- si pretendes demostrarme lo que sabes con todo esto, te diré que está siendo decepcionante –sí, mis palabras son hirientes pero sé que tiene mucho más por sacar y que solamente así va a poder hacerlo- ¡deja de pensar Astrid, y atácame bien de una jodida vez! –Mi golpe es algo más fuerte y duro, pero busco una reacción en ella que espero que llegue con mis palabras- tanta luz no es buena en un mundo de oscuridad, demuéstrame que me equivoco.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Jun 24, 2018 10:15 am

Pagar un cristal roto es el menor de mis problemas ahora mismo. Observo a Naxel Eblan recortando la distancia entre nosotros, sus pasos en los escalones de la entrada son firmes, tranquilos. Tiene el arte de sacarme de quicio, su voz no me permite concentrarme, siempre hiriendo y desviando mi atención. Procuro permanecer atenta a sus movimientos y no pierdo el tiempo, mis primeros intentos por atacarle se quedan en gestos vanos, nada determinados. Él me frena sin esfuerzo y entonces sé lo predecible que estoy resultando. Solo quiero golpearle, me da igual cómo. Cuando me sujeta y mi espalda choca contra su torso suelto un quejido, apenas está haciendo fuerza en la llave que ha utilizado en mi muñeca y ya duele. Me muerdo el labio frustrada, sabiendo que no estoy haciendo nada bien. Esto no es propio de mi. Sus palabras me frustran más de lo debido y antes de poder quejarme ya me ha soltado, un momento después me lanza la que será nuestra arma improvisada. No me da tiempo de detener el primer golpe.

El entrenamiento se extiende más de lo esperado, Naxel es incansable y, aunque el sudor perla su frente y su torso, no parece inmutarse. La espada de madera me permite mantener distancia entre nosotros, pensar con más detenimiento los movimientos que realizaré, leer su expresión. El calor comienza a ser asfixiante pese a que una leve brisa nos envuelve, nos encontramos danzando en círculos, golpe breves de nuestras armas en una desesperante sincronía. Sin detenerme amplío el espacio que nos separa y con la mano libre comienzo a desatar las ligas del corsé que presiona mi tórax y hace que el contacto con las heridas sea incómodo. Muevo los hombros para liberar tensión y vuelvo a mi posición. La sola mención de Gael, por muy indirecta que sea, hace que el rostro me arda y las manos se cierren con más fuerza sobre la madera.

-Me enseñó a dar puñetazos, ¿recuerdas?-claro que sí, no podría olvidar el momento en el que mi puño cruzó su rostro, meses atrás y la sangre brotó de su labio roto-¿Cómo puedes concentrarte con esa voz tan irritante que tienes?-doy un paso largo y arremeto contra él de nuevo, esta vez proyectando todo la fuerza en lo brazos. Le golpe, por fin, en el brazo derecho y sé que el daño está hecho, pero antes de poder disfrutar de mi pequeña victoria Naxel cambia la vara de mano y me golpea en el muslo haciendo que mi equilibrio decaiga. Me incorporo tan rápido como puedo, la madera choca de forma constante, no hay pausas mientras él intensifica la fuerza de sus movimientos. Descubro que estoy gritando con cada impacto pero me escucho muy lejos. Y entonces encuentro el momento, la fisura. Me agacho deslizándome, un leve giro para conseguir impulso, y golpeo con todas mis fuerzas la parte trasera de sus rodillas provocando que pierda el equilibrio. De haber sido un oponente real habría golpeado de frente para partirlas. Un toque sobre sus omóplatos, justos donde sé que las cicatrices se curan, es lo que me hace falta para hacerlo caer del todo. Alzo mi espada de madera sobre él, mirándolo desde arriba con el pulso a punto de explotar- Jaque mate-un toque en su costado-Hablas demasiado cazador, resultas exasperante-procuro evitar la mueca de dolor ya que, ahora que estoy quieta, puedo sentir todos y cada uno de los lugares donde me ha atacado con certeza, sin piedad-Si admites que ha sido divertido yo admitiré que me encanta tenerte así-coloco la punta sobre su pecho para frenarlo y con el pie derecho presiono sobre la mano que sujeta la vara de madera-Tu problema es que no admites un no, y desgraciadamente nos parecemos en eso, te niegas a aceptar que quiera ayudarte sin pedir nada a cambio. Hicimos un pacto, la protección de Naitiri por mi ayuda contra los licántropos. Lo quieras o no, somos un equipo-presiono un poco más-Lo quieras o no, estoy aquí. Siempre encuentro la forma de llegar hasta ti. No te tengo miedo, Nax-inspiro profundamente saboreando por una vez su silencio, observo su torso contraerse, la tierra sobre él, sus ojos fríos, odiándome-¿Por qué te cambiaste por mi aquella noche?-no suena a pregunta. Ni siquiera sé porqué he dicho esto, esa noche es un recuerdo que prefiero tener ahogado. Ahora soy yo la que se queda muda, expectante. Por una vez, queriendo escuchar su voz-Responde, Naxel.

Necesito saberlo, simple y llanamente. Sé que hubo algo que le hizo despertar, estoy segura de que algo de luz hubo dentro de él para haber tomado esa decisión, interponer su vida por la mía. Pienso en ello constantemente, en su mirada suplicante y sus gritos ahogados. En sus labios gritando mi nombre. Casi morimos aquella noche.
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Mensaje por Naxel Eblan el Dom Sep 16, 2018 9:10 am

Por más que intentaba alejarla ella se empeñaba últimamente en no hacerme ni puto caso, le decía las cosas y era como si ella misma las pasara por alto y no escuchara lo que yo le decía por más que insistía, ¿cuándo había dejado de temerme para ahora tener la confianza suficiente como para venir a mí cabaña y desafiarme de esa forma? Ya no veía el miedo titilando en sus ojos cuando me acercaba a ella para intimidarla, para imponerme sobre ella con mi altura y corpulencia, no sabía cómo pero esa mujer había cambiado eso desde quizás el último encuentro que habíamos tenido con los licántropos cuando nos atraparon y pasó todo aquello que yo quería olvidar a toda costa, momentos así para mí debían de ser eliminados de mi mente porque sabía que me había mostrado un tanto débil esa noche, ni siquiera había intentado ni molestado responder las preguntas de mi mente acerca de esa noche porque prefería evitarlo, hacer como que nunca había pasado y seguir mi camino. Le había advertido, incluso amenazado, a la cazadora que se alejara de mi persona pero ella se sentía como una polilla atraída por las llamas del infierno y no podía evitarlo, por mucho que me dijera algo me hacía pensar que había caído en la trampa del demonio y que al final acabaría sucumbiendo a la oscuridad porque por más que le advertía no me hacía caso alguno, recorría la senda de la perdición y para cuando quisiera dar marcha atrás sería demasiado tarde y no podría hacer nada por salvarse porque ya estaría condenada. Se atrevía a venir a mi casa a exigirme unas respuestas que no iba a darle bajo ningún concepto, pero sobre todo me dejaba claro que algo en ella era diferente con respecto a mí porque ya no temblaba cuando me tenía cerca, sus ojos no mostraban ese miedo de antaño del principio sino que se mantenía serena con el porte erguido, sosteniéndome la mirada con ideas y pensamientos fantasiosos que nunca jamás ocurrirían, ¿qué me hacía sentir vivo? No sabía ni lo que estaba diciendo porque no era así, yo era un demonio frío y carente de sentimientos que se dedicaba única y exclusivamente a una venganza que cumpliría tarde o temprano, con el fin de proteger a mi hermana y que no pudieran alcanzarla nunca. Ella se cruzó en mi camino aquella noche y debió de hacerme caso en su momento, debió de huir porque ella no estaba hecha para ese mundo tan oscuro cuando brillaba de esa forma, un ángel como ella no debía de andar un camino plagado de demonios porque se la merendarían tarde o temprano... pero claro, eso ella no quería verlo empeñada en que me tenía que salvar cuando yo no le había pedido dicha salvación, cuando yo me encontraba demasiado cómodo y a gusto con la forma de ser y de vida que llevaba, siendo de esa manera interponiendo un muro erigido hacía ya años para que nadie pudiera hacerme daño, para que nadie pudiera traspasarlo y me hiciera ser débil. La única persona que estaba conmigo, detrás del muro, era mi hermana Liara y bien sabía que podría ser un blanco perfecto para atacarme por donde más me dolía, por eso llevaba tanto cuidado con ella y aunque se pensara que no la veía tan a menudo por decisión propia en realidad la estaba protegiendo al no aparecer tanto por su casa. La vida del cazador no solo era peligrosa, también consistía en hacer sacrificios y yo hacía el mío por el bien de mi hermana, por eso yo me entregué al demonio para hacer un pacto con él y llevar a cabo mi venganza.

Pero Astrid estaba equivocada si pretendía que yo tenía salvación, cuando se hacía un pacto con el diablo este era hasta el fin de existencia y después mi alma sería suya por toda la eternidad... yo ya era el demonio que había pedido ser y no quería su luz porque, con mi oscuridad, me era más que suficiente y me bastaba. Tenía que hacerle ver que erraba por completo conmigo y que si sentía la necesidad de salvar a alguien que se buscara a otra pobre alma que sí lo quisiera para que así me dejara en paz. Como siempre ella y su mente fantasiosa plagada de mariposas que revoloteaban por todos lados, como si esto fuera un cuento y ella fuera capaz de hacer que el demonio que yo era, la bestia que moraba en mí, pudiera sentir algo de calor ante el frío y el vacío que desprendía en todo momento. Y bien sabía cómo podía hacerle caer antes de que ella intentara de nuevo salvarme con esa idea estúpida que tenía en la cabeza; podía hacer que cayera en la más absoluta perdición con mi persona. La había visto morderse el labio cuando estaba a centímetros de ella, como sus ojos no habían perdido detalle de mis dientes apresando mi labio inferior, incluso había alzado su rostro para acercarlo al mío aunque no hubiera pasado nada... algo me hacía pensar que mi presencia no le era indiferente y si quería caer en la tentación bien podría ayudarla en eso. Claro que no se lo dije porque sabía lo que me diría, ¿quería entrenar conmigo? Pues que se preparara para morder el polvo porque no iba a ser clemente con ella ni a tenerle piedad, no sabía cómo entrenaba pero mis sesiones eran duras, arduas y muy exigentes como para bajar el ritmo ahora conmigo. Pronto comenzamos con la pelea de entrenamiento pero sus pasos eran demasiados predecibles, sabía dónde iba a atacar y paré la mayoría de sus golpes sin costarme demasiado. Chaqueé la lengua mientras le decía que no pensara porque, si lo hacía, era más fácil saber dónde iba a tacarme. La dejé viendo que respiraba con rapidez y traje dos palos con los que podríamos seguir el entrenamiento y no nos haríamos daño, o ella me pudiera hacer daño en el caso de que me diera. Ni siquiera le di un respiro y cuando le pasé el palo el primer golpe se sucedió con rapidez que no pudo ni esquivarlo, fui descargando golpe tras golpe para ver cómo reaccionaba, midiendo sus capacidades y sus reacciones. Se separó tomando un poco de distancia y pronto comenzó a desatar los nudos del corsé dejando así más libre sus movimientos, aunque estaba convencido que igualmente las heridas que ella tenía y que no se había curado como yo le dolerían con cada movimiento brusco. Pude ver el gesto de su cara cuando mencioné al otro cazador y sonreí ladino por ello, sabía que entrenaba con otro cazador y estaba convencido de que ella no le había dicho nada al respecto sobre que me conocía, tenía cierta reputación y de saberlo no le gustaría. Pero si esos eran todos los entrenamientos que tenían, conforme ella me demostraba en la lucha, era normal que viniera a buscarme para que yo la entrenara. Reí entre dientes cuando me dijo que le había enseñado a dar puñetazos, recordaba el primero que me había dado cuando huimos de los licántropos que nos perseguían y acabamos en la cabaña, me había acercado a ella y acabé mordiendo su labio inferior que su respuesta fue un puñetazo.



-Parece que lo único que te enseñó fue a eso, dar puñetazos... pero en este mundo oscuro por el que estás empeñada en moverte no será suficiente –moví el palo girándolo entre mis manos mientas hacía tiempo para que atacara- mí voz es pura tentación ángel, llévate cuidado porque al final acabarás cayendo ante mí como te hable de otra forma distinta –sonreí de lado por ello porque seguro que esa respuesta no se la esperaba- ¡venga vamos! O pensaré que realmente me tienes miedo, ángel –y nada más decirlo, como si hubiera dado en el lugar correcto, fue ella la que arremetió contra mí atacando esa vez cambiando las tornas mientras yo me defendía de sus golpes. Atacó con tanta fuerza que por el impulsó consiguió darme por primera vez en la noche en el brazo, mi mirada cruzó la suya y sin darle tiempo a disfrutar de haberme alcanzado tras todo aquel tiempo cambié la vara de mano y raudo le di en su muslo haciendo que perdiera el equilibrio, le dio el tiempo suficiente para incorporarse de nuevo y parar mi siguiente golpe. Se escuchaba el ruido de ambas varas chocando en cada golpe que dábamos, cada vez yo imprimía más fuerza en mis golpes que eran más contundentes para ver si así lograba que sacara todo lo que llevaba dentro y despertara, como si de alguna forma supiera que llevaba en su interior algo que la pesaba y no la dejaba moverse con fluidez. A cada golpe que daba ella lanzaba un grito como si se desquitara de algo, seguramente le dolieran las heridas en su espalda, las tres marcas de latigazos que le habían dado esa noche y las sintiera tirantes a cada movimiento... sin embargo no claudicó y siguió luchando mientras nos movíamos por el lugar arremetiendo, defendiendo, moviéndonos en un baile donde las maderas chocaban fundiéndose con las respiraciones y los sonidos de fondo. Tras unos cuantos minutos fue cuando en uno de mis movimientos para atacarla ella, en un movimiento raudo, se agachó y se deslizó de manera que quedó tras mi espalda y con la vara golpeó la parte trasera de mi rodilla haciendo que perdiera el equilibrio, la punta de la vara golpeó en mi omoplato donde tenía también marcas mucho mejor curadas que ella y gruñí ante el dolor porque algo quedaba todavía por curar y que me hizo caer sin poder recuperar el equilibrio chocando mi espalda contra el suelo. Sus dos palabras provocan un gruñido brotar de mi garganta, dejó un golpe en mi costado en lo que ella ahora sintiéndose vencedora de aquel entrenamiento mientras yo seguía en el suelo. Mi intención no fue otra que levantarme para hacerle saber quién de los mandaba y seguir con el entrenamiento pues ella también había caído antes y era la que más golpes se había llevado en su cuerpo, pero ella parecía leer mis intenciones porque colocó la punta de la vara en mi pecho impidiéndome que me levantara y su pie fue justo a la mano donde tenía la vara haciendo presión para que no la utilizara. Gruñí cuando me pidió que admitiera que había sido divertido y que, de hacerlo, ella admitiría que le encantaba tenerme así conforme estaba- oh ángel, para eso no hace falta que admita nada... sé que te gusta tenerme y que además has fantaseado con esto en el tiempo que no nos hemos visto, ¿me equivoco? –sabía que no lo iba a reconocer pero no era necesario, venía a mí como una polilla atraída por las llamas y al final acabaría quemándose. Ella aseguraba que como yo no aceptaba un no por respuesta y eso era lo que le hacía venir una y otra vez en mi búsqueda, que ella quería ayudarme sin pedir nada a cambio y yo eso no lo aceptaba porque todos de forma directa o indirecta siempre pedíamos algo a cambio... y yo no quería deberle nada. Aseguraba que éramos une equipo de esa manera que ya me cansaba aquel pequeño juego que se traía, ella no estaba hecha para andar en la oscuridad y sin embargo se empeñaba en caminar al lado de un demonio. Me recordó que teníamos un pacto, ella me daba información y yo a cambio protegía a su amiga de lo que pudiera acecharle- hace tiempo que dejaste de cumplir tu papel, se podría decir que el pacto se ha terminado –cuanto más lejos de mí mejor, cuanto menos la viera mejor... ya no sabía cómo hacer para que no viniera en mi búsqueda y pensaba en plantearme seriamente en quitarle esas ganas, o esa curiosidad, que parecía tener sobre mí para que siguiera con su camino.

Ella aseguraba que estaba allí y que siempre encontraba la forma de llegar hasta a mí, y eso, era lo que más me jodía de todo porque en cierto sentido sabía que era cierto... que había encontrado el único y minúsculo hueco que había y ella pretendía colarse, algo que no dejaría que hiciera. Aseguraba también no tenerme miedo pero algo, en el fondo, sí que debía porque era imposible que su temor hacia mí lo eliminara todo de un plumazo... debía de haber algo y yo tenía que encontrarlo para volver a alejarla, no podía permitir que siguiera acercándose tanto. Mis ojos se clavaron en ella en el breve silencio que hubo entre ambos, mi pecho subía y bajaba sintiendo la presión de la vara en este, su mano no cesaba en su presión en mi mano, ella callada me observaba sin saber bien qué esperaba de mí... hasta que llegó su pregunta. De nuevo volvía al tema de aquella noche que yo tanto me había empeñado por esquivar y eludir, ¿por qué siempre tenía que volver a ello? ¿Por qué se empeñaba tanto en querer saberlo cuando ni yo mismo era capaz de concebirlo? Es más, directamente no quería pensar en ello y tan solo quería olvidarme de esa maldita noche, de lo que había sucedido, de lo débil que me mostré, del cambio... absolutamente de todo. Sin embargo ella no pensaba dejar que me olvidara y había sacado el tema a colación de nuevo, me instó a que le respondiera y lo que obtuvo por mi parte fue silencio porque no pensaba decirle nada más. Estaba cabreado con que volviera a sacar esa noche de nuevo, estaba cabreado porque no sabía qué cojones hacer para que no volviera a buscarme, me presionaba y yo no es que respondiera bien a esas presiones a las que no estaba acostumbrado pero ella parecía estar empeñada en saberlo y eso me cabreaba, todo a decir verdad. Gruñí dejándole claro que no me gustaba para nada aquello y de un movimiento raudo con mi mano libre tomé la punta de la vara, la hice a un lado para que dejara de presionar mi pecho importándome poco si dolía o no y tiré de esta hacia abajo mientras con mi pie barría el suyo para que perdiera el equilibrio y cayera hacia delante, sin embargo en vez de dejar que cayera sobre mi cuerpo giré aferrando su brazo en lo que ella caía para dejarla bajo mi cuerpo y que su espalda quedara contra la tierra y yo permanecía arriba. De un tirón le quité la vara y la arrojé lejos para que no pudiera utilizarla, mis manos apresaron sus muñecas y las coloqué cada una al lado de su rostro haciendo presión para que no pudiera moverlas, ahora ella era la que quedaba bajo de mí y yo me alzaba como el vencedor. Mi mirada, como dos dagas de hielo, se clavaron en sus castaños mientras respiraba algo acelerado por el enorme cabreo que llevaba encima sin entender por qué trataba siempre de sacar el mismo tema, ¿qué interés podría tener? ¿Qué cambiaría para ella el saber el motivo por el que decidí cambiarme? Cada vez más me arrepentía de haberlo hecho y si hubiera sabido que me hubiera llevado estas consecuencias habría dejado que le dieran de latigazos, que me presionara de esa forma no era algo que me gustara en absoluto.


-¡Cállate maldita sea, cállate! –Rugí cabreado, enfurecido porque volviera a repetir lo mismo y recordara esa noche que tanto quería olvidar- ¿y qué te importa a ti, Astrid? ¿Qué cambiaría el saber el motivo por el que me cambié por ti? No lo sé joder, ¡no lo sé! –Rugí apretando sus muñecas con fuerza presionando contra la tierra en un intento por calmar lo que llevaba dentro, pero era imposible- no sé por qué me cambié por ti y de saberlo ten por seguro que no te lo diría... ¿por qué insistes tanto, por qué te empeñas tanto en saberlo? Sucedió y ya está, logramos salir con vida y no hay que darle más vueltas –no entendía qué podía ganar ella con eso, mi voz era fría y oscura, en un tono bajo que dejaba ver lo cabreado que estaba- no eres más que una maldita niña que quiere jugar a ser una cazadora pero que no tiene ni puta idea de a lo que se enfrenta, y de haber sabido que te pondrías así créeme que hubiera dejado que te dieran esos latigazos –apreté la mandíbula porque, igualmente, pensar en ese recuerdo hacía que mi interior hirviera de rabia y odio por ello, aun cuando solo era un recuerdo- no sé a qué estás jugando conmigo pero estás equivocada, un ángel como tú no debería de adentrarse en mundos tan oscuros y sin embargo te empeñas en volver en busca de un demonio que solo puede traerte dolor, maldad y oscuridad... ¿por qué vuelves Astrid? ¿Por qué te empeñas en intentar salvarme cuando yo no quiero? –Las gotas de sudor caían por mi frente bajando por mi nariz hasta acabar goteando sobre su rostro, mi respiración agitada daba contra su rostro y apenas separaban unos centímetros nuestros labios, podía sentir su respiración agitada impactar contra mis labios mientras hablaba, su cuerpo permanecía bajo la cárcel del mío y seguía apretando sus muñecas para que no pudiera moverse- ¿qué es Astrid; curiosidad lo que sientes por mí? Te advertí que no te acercaras o acabarías sucumbiendo, acabarías tentada... ¿es eso lo que te ha pasado? Admítelo, te tienta demasiado lo que yo soy que no puedes evitar acercarte a mí aun cuando te digo que no lo hagas, ¿no puedes alejarte, verdad? Ya has caído en la trampa del demonio y te resulta tan irresistible que te sientes cautivada, por eso vuelves y vuelves –incisivo y mordaz, así es como eran mis palabras- bien, si es eso lo que te pasa solucionémoslo de una jodida vez y así podré seguir con mi vida; al final el ángel cayó bajo la tentación del demonio –sin siquiera darle tiempo a responder, o a reaccionar, mi rostro bajó restando la distancia como si de alguna forma pensara que eso es lo que haría que ella dejara de buscarme, saciar su curiosidad para que dejara de venir una y otra vez. Mis labios rozaron los suyos en una provocación digna de un demonio, tentándola, mi aliento golpeó estos antes de presionar con más fuerza, mi lengua lamió el inferior hasta que finalmente acabé por besarla en lo que sin duda alguna no se lo esperaría para nada. Sobre su cuerpo, en la tierra, con mis manos en sus muñecas puestas a cada lado de su rostro mis labios besaban los suyos para hacerle ver que ella había caído y que, por eso, venía a buscarme. Mi lengua se coló entre sus labios en lo que ella parecía todavía asimilando lo que estaba ocurriendo, mi lengua encontró la suya y me hice el dueño de su boca y de aquel beso feroz pero, al mismo tiempo, pasional y salvaje. Solté una de sus muñecas y mi mano bajó hasta su pierna en un lento ascenso pasando por su muslo, elevándose hasta su cadera deteniéndose allí para de un tirón pegarla a mi cuerpo y sintiera mi peso, mi calor, dejarla que se embriagara de mí mientras nos besábamos, mi mano siguió ascendiendo recorriendo todo su costado hasta colarse entre los mechones de su pelo, llegar a su nuca y acariciarla para presionarla más contra mi boca teniéndola subyugada por completo, en lo que yo me hacía el dueño de su boca y pretendía hacerme el dueño de todo con la firme de idea de que, así, su curiosidad sería saciada.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Dom Sep 16, 2018 3:31 pm

Toda victoria parece haberse esfumado. Por mucho que sea yo la que lo mantiene expuesto sobre la tierra, con la vara presionando un punto en su pecho que, dehaber sido un arma real, podría haberlo matado. Es él quien lleva las riendas mientras espero sin apenas esperanza por una respuesta. Tan sólo una. ¿Qué hay de difícil en ello? Intercambiarse por mí aquella noche tuvo que ser aún más complicado, en ese momento hubo mucho más en juego, nuestras vidas pendían de un hilo. Ahora mismo lo único que está en desventaja es su orgullo, y eso parece pesarle más que cualquier otra cosa. Frunzo el ceño cuando dice sin más que dejé de hacer mi papel hace ya mucho, ¿significa eso que ha decidido romper nuestro acuerdo? ¿Acaso no he recolectado suficiente información para él? ¿Luchado contra licántropos por él? Me muerdo el interior de las mejillas para obligarme a guardar silencio para no desviar el tema de mi pregunta y su respuesta. Algo en mi interior me dice que todo está ahí, mis esfuerzos por comprender a Naxel Eblan radican en la decisión que tomó esa noche, en sus actos, en las palabas dichas bajo los efectos del dolor y los sedantes. Había luz en la forma en la que gritó mi nombre, o en la manera en la que dormía sobre mi cama.

Le sostengo la mirada pese a sentir que debo retroceder, porque si no lo hago ahora dudo poder volver a llegar a este punto jamás, no cuando es tan hermético, tan suyo para todo. Quizás solo debo presionar un poco más... Justo cuando mis labios se abren en una pregunta silenciosa, Naxel tira de mí y en cuestión de segundos estoy sobre la tierra, ante la brusquedad en sus movimientos mi cabeza golpea el suelo y mis ojos se cierran fuertemente para mitigar el dolor. Siempre desprevenida, Astrid. Suelto un improperio por lo bajo al tiempo que escucho cómo gruñe, nada conforme la situación, seguro. Lo miro entonces, y todo comentario burlón que pudiera tener en la punta de la lengua se extingue al visualizar el hielo en sus pupilas.

En el momento en el que vuelve a hablar me arrepiento, tal vez no quiero de verdad saber sus motivos, conocer la respuesta que me ha quitado el sueño tantas noches. No viniendo de Naxel. La presión en mis muñecas se incrementa a medida que sus palabras lo inundan todo, siento el peso de su cuerpo, el sudor y el asfixiante calor que emana de éste. Me tiene atrapada y está a punto de explotar. Intento zafarme de su agarre y quitármelo de encima ya que cualquier cosa que pueda decirme la afrontaría mejor estando a una distancia prudente. Así, tan cerca, tan imponente, consigue hacerme pequeña como tantas otras veces, y eso es algo que he estado evitando a toda costa. Dejo de forcejear a medida que sus palabras me atraviezan, como puñales desgarrando mi piel, fríos y certeros. Ha dicho en voz alta lo que yo muchas veces he sospechado y es que, de seguro Nax se arrepioente de haberme salvado la vida. Podría haberme dejado morir desangrada ante los licántropos, podría haberme convertido en un trofeo para ellos y él habría seguido con su vida, sin más, y yo solo habría sido una sombra. Me arde la garganta, porque es la respuesta que esperaba y duele más que haberla imaginado. La forma en la que me habla, con desprecio, sin calidez alguna, comienza a pasarme factura y siento las lágrimas al borde de mis pestañas. Gruño, casi como un grito ahogado, y vuelvo a intentar deshacerme de su agarre cada vez más tortuoso. Si me quería así, lo está consiguiendo, todos mis avances para mostrarme impune ante él se están viniendo abajo, todo el cúmulo de situaciones sufridas entre ambos, todas sus palabras, mis esfuerzos por mantenerme entera, derramados aquí y ahora, ante él, sin siquiera tener la opción de oponerme.

-Suéltame, Naxel-casi escupo las palabras, pero él no me escucha, la ira que desprende tan sólo es el comienzo. ¿A qué juego? ¿Cómo es posible que crea que estoy jugando? Odio cuando me llama niña, lo odio de verdad-¡Maldita sea, suéltame!

No dice nada que no me haya dicho antes, cree que caeré, o más bien que ya he caído, cree que la luz va conmigo y la perderé si sigo a su lado, que no tiene salvación, que los demonios no merecen ser escuchados. Yo también lo creo así, jamás he negado lo contrario. Quizás no quiero salvarlo y tampoco quiero caer, tal vez sólo quiero comprender cómo alguien decide convertirse en un monstruo y dedicarse a cazarlos a la vez. He visto demonios de verdad, y Naxel Eblan no es uno de ellos.

Me atraviesa con la mirada y yo hago lo propio en él con la mía, una batalla constante en la que no hay ganadores. Está dispuesto a acabar conmigo, lo sé, siempre lo he sabido. Su rostro está perlado por el sudor del entrenamiento, al igual que el mío, los labios entreabiertos, sus ojos feroces, como uno animal dispuesto a dar el primer mordisco. Puede que esta sea la primera vez en mucho tiempo que Naxel vuelve a asustarme. Mi cuerpo tiembla en una mezcla de incertidumbre, exitación y frustración. ¿Por qué vuelvo a él? Mientras me debato ante su pregunta, sus siguientes palabras me crean un agujero en el estómago. Al instante sus labios están sobre los míos y su respiración errática creando un compás desquiciante.

-No lo hagas-susurro contra sus labios, ante esto su lengua acaricia la carne de los míos. Pero Naxel jamás hace lo que le pides. Su boca devora la mía sin pedir permiso, ignorando por completo mis palabras y las lágrimas que amenazan con caer. Me quedo petrificada sin saber identificar lo que está ocurriendo, mi cuerpo se queda en una relajada tensión, como si en el fondo cada trozo de mi piel hubiera esta esperando el contacto. Mi mente podría explotar en cualquier comento, no lo comprendo, me digo, mientras su lengua se hace con la mía, no entiendo nada de él. Una de mis manos se libera pero soy incapaz de moverme mientras la presión de su cuerpo se hace más palpable y real, tanto que su torso presiona mi pecho y mi rostro arde. El gemido que se escapa de mi garganta cuando su mano se coloca en mi cadera y me acerca a él es ajeno, no puede ser mío. No puedo haber gemido ante su roce. No puedo estar deseando más, de debo desear más. Sin ser dueña de mi cuerpo, mi mano sube hasta su cuello, asciente hasta su cabello y se queda ahí, entrelazando mis dedos con los mechones rebeldes y, al sentir el gruñido erótico que suelta, mi agarre se hace más firme y respondo con gemido más intenso, quizás para mantenerme aún cuando no puedo hundirme más allá del suelo. Mi espalda se arquea en busca de un contacto más duradero en cuanto nuestros labios se separan, como si simplemente estuviese jugando y me permitiese tomar aire antes de volver a someterme. Siento sus dedos firmes de nuevo en mis muslos, pasando por mis glúteos, agarrándome, pegándo a él, me erizo ante la tensión de su cuerpo y al notar cómo algo en él lucha también. En el instante en que se mueve sobre mí un jadeo choca contra sus labios y mi cuerpo se tensa de nuevo. El sabor de su boca es ajeno y familiar, cálido y firme, tan contrario a la frialdad con la que me trata, algo en ña forma en la que me besa me pide que me quede, que corresponda cada tentación, sin embargo todo indica a que no vamos por caminos paralelos. Me besa para alejarme. Le correspondo para quedarme. ¿Así es cómo planea deshacerse de mí?

No sin esfuerzo golpeo su costado con todo el impacto que me es posible y, aprovechando que su agarre sobre mi otra muñeca es más débil, pongo la mano en su cuello y presiono para hacerlo retroceder. Es más la sorpresa que mi fuerza, pero consigo que se aparte y puedo ver en su rostro que le divierte y enfurece a partes iguales. Presiono tanto que a la sádica que llevo en mí no le importaría asfixiarlo. Me levanto con dificultad y dándole un último manotazo para darme espacio.

-¿De verdad tienes que ser tan despreciable?-no puedo esconder el tono herido en mis palabras-¿Solucionar de una jodida vez el qué? ¡¿Te crees que soy una hembra en celo?!-cojo la vara que minutos antes ha lanzado lejos de mí y se la lanzo, acertando-Eres tan narcisista, tan asquerosamente ególatra que has creído que es tu cuerpo lo que ansío, que vengo a ti porque quiero que me poseas, ¿QUE ME HAGAS TUYA?-mi voz se ha alzado tanto que cualquiera a un kilómetro a la redonda podría escucharme, y me da igual, todo mi cuerpo arde, de exitación, de vergonzoso deseo, de rabia, de odio hacia él-¿Quién te crees que soy? ¡Cabrón engreído! ¿Tanto me desprecias?-doy una patada sobre la tierra en su dirección haciendo que ésta lo impregne, el polvo se adhiere a su piel a causa del sudor, ensuciándolo por completo-No soy ninguna cualquiera Naxel Eblan, te jactas de querer alejarme pero me besas, ¡me deseas! Si te arrepientes de haberme salvado tienes la respuesta ante ti ¡MÁTAME! ¡LÁNZAME A LOS LOBOS!-se me desgarra la voz-Es una solución más duradera que ofrecerme tu cuerpo, al fin y al cabo ¡las niñas que sueñan nunca aprendemos!

Se hace el silencio, uno en el que sólo nos miramos, confusos, rabiosos, estimulados. Mi respiración está tan desbocada que es incontrolable y, justo cuando estoy lista para gritarle más y más hasta quedarme sin voz, justo cuando él parece haber salido de la sorpresa ante mis alegaciones, unos aplausos rompen la tensión que nos tiene presos.

-¡Vaya, vaya!-la voz se acerca tras de mí y yo me doy la vuelta lentamente, con furia en los ojos-Si las palabras matasen ya estarías enterrado, Naxel-el hombre que se acerca a nosotros camina desenfadado, bien conocedor de la tierra que pisa, sólo tardo unos segundos en unir las piezas y poner cara por fin al hombre al que Naxel a nombrado alguna que otra vez en mi presencia. Keith, su tío. El parecido está ahí, no tan cercano como el de padre a hijo, pero sí lo suficiente para encontrar matices familiares en su sonrisa despreocupada y la picardía de su mirada-No te detengas chica, le encanta que le hablen así-su risa, que bien podría ser contagiosa en otras circunstancias, no hace más que emporarlo todo-Extrañas, esas cicatrices chiquilla- murmura el tío de Naxel mientras pongo los ojos en blanco y con un gruñido me doy la vuelta hacia la cabaña, sin dirigirle la palabra al hombre o mirar de vuelta a Naxel. Si él también pretender burlarse de las marcas de mis latigazos prefiero tenerlo lejos. Siento la mirada de ambos sobre mi mientras atravieso el porche, los cristales de la ventana de la cocina se clavan en la suela de mis botas. Solo consigo respirar otra vez cuando desaparezco en e umbral de la puerta.
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Demon || Naxel Eblan Empty Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Mar Oct 09, 2018 11:40 am

Seguía en mi firme idea en que necesitaba mantener a Astrid lejos de mi vida, lejos para que no pudiera seguir por el camino que ella empeñada había decidido tomar en lo que a mí se refería. No podía dejar que siguiera acortando distancias y que se acercara tanto porque, al final, acabaría viendo la única e imperceptible fisura que tenía en mis máscaras, en mis murallas y en mis corazas y querría seguir atravesándolas hasta llegar al final del camino, porque parecía empeñada en querer hacerlo aun cuando yo le había dejado claro que no era lo que quería ni mucho menos lo que deseaba que hiciera. Seguía convencida en la fantasiosa idea de querer salvarme aun cuando yo le había dejado más que claro que no quería que me salvara porque no era algo que quisiera que hiciera, me gustaba mi vida tal y como la tenía y además me gustaba sobre todo la forma en la que la oscuridad me rodeaba, yo mismo la había elegido y yo me sentía demasiado cómodo con ella como para que ahora llegara ella con esa luz angelical y lo cambiara todo a su paso. No estaba dispuesto a dejar que eso pasara, y cuanto antes la sacara de mi vida antes sería mejor para mí porque yo no podía tener debilidades, ni fisuras, no podía dar a entender que había algo en mi vida con lo que pudieran atacarme porque entonces encontrarían el punto débil y lo explotarían, al final la cazadora acabaría siendo cazada apresada bajo las fauces del lobo y no podría entonces decirme que no había sido avisada de ello. Ya tenía suficiente con Liara y con protegerla, ella era mi punto más débil y por el cual podrían hacerme el mayor daño que jamás pudieran hacerme en la vida, y las cosas con ella no estaban demasiado bien como para ahora tener que añadir a Astrid a esa pequeña y reducida lista formada únicamente por mi hermana como punto débil hacia mi persona. Me negaba, cuanto antes la sacara de mi vida menos preocupaciones y problemas tendría, porque ella seguía empeñada en salvarme y no se daba cuenta que además de que no quería ser salvado en el camino ella acabaría sucumbiendo a la oscuridad, acabaría convirtiéndose en un ser de oscuridad y es lo que pasaría como no dejara ya esas absurdas ideas que tenía en su cabeza. Sin embargo, ¿qué más hacer para que no volviera de nuevo a buscarme? Porque cuanto más le dejaba en claro que no quería nada de ella más parecía convencerse y aparecer de vuelta una y otra vez aun cuando no la quería rondando cerca. Como esa tarde en la que se había atrevido a acercarse hasta mi cabaña, ese lugar que solo era para mí y que nada más conocía Keith –y ahora ella, por la vez que la traje aquí cuando huíamos de los licántropos la primera noche que nos conocimos- con unas preguntas para las que no tenía respuestas, y si las tenía jamás se las diría porque de mis labios no saldrían pronunciadas. Algo en ella había cambiado y la veía con más confianza y seguridad frente a mí, ya no temblaba como antes cuando nos encontrábamos y eso tampoco me gustaba, que ganara confianza no era algo que me gustara en absoluto y debía de hacer que volviera a sentirme intimidada en mi presencia, solo así yo podría crecerme y actuar como el demonio que era para hacerle ver que no quería nada de ella, algo que no parecía posible porque no escuchaba... era como si hubiera caído ya en la tentación del demonio y no pudiera resistirse y eso me hacía preguntarme, ¿y si le dejaba probar lo que anhelaba, acabaría por no aparecer de nuevo?

Era una posibilidad que cruzaba mi mente ya que había intentado todo por mi parte para que no se acercara ni me buscara, pero ella parecía no entender razones y volvía como una polilla atraída por las llamas siempre de nuevo a buscarme, ¿por qué? Era algo que no sabía pero que tampoco quería preguntar porque seguro que era algo que tenía que ver con “salvarme” y esos cuentos rosas que tenía en su cabeza de cazadora. Cansado de que no funcionara nada por mi mente cruzó la idea de hacer algo que ni ella se iba a esperar, ahora que la tenía bajo mi cuerpo mirándome de esa forma quizá es que lo que necesitaba era caer totalmente en la tentación del demonio para así ya no sentir curiosidad y no venir a buscarme, si, ¿por qué no intentarlo? Con mis manos apresando sus muñecas y su cuerpo bajo el mío en una prisión de la que no podría librarse, acorté la distancia con su rostro dejando que mi aliento impactara en sus labios para que supiera cuáles eran mis intenciones. ¿Se sonrojaría como había hecho otras veces cuando me había acercado? ¿Intentaría apartarme? ¿Me correspondería? Solo había una manera de averiguarlo y quizás así saciaba su curiosidad y de una maldita vez me dejaba en paz. Ella me pedía que la soltara, se revolvía intentando librarse en vano de mi agarre mientras yo la miraba con la sonrisa ladeada porque no pensaba hacerlo, no cuando esa era la única opción que me quedaba para que dejara de venir en mi búsqueda, quizás saciada toda su curiosidad ya no fuera más en mí búsqueda y me dejara tranquilo de una jodida vez. En un susurro bajo me pidió que no lo hiciera sin embargo no hice aquello que me había pedido, mi lengua recorrió su labio inferior en una tentación provocadora y finalmente acabé restando la distancia para tomar sus labios apoderándome de estos. Su cuerpo quedó quieto en un estado medio entre la relajación y la tensión aunque no hizo movimiento alguno por separarme, tampoco me siguió el beso aunque no me importó demasiado y yo seguí aquel beso aunque solo fuera yo quien moviera mis labios, o mi lengua fuera la que se adentrara en la humedad de su boca buscando su lengua para provocarla, tentarla, jugar con ella para ver cómo respondía la cazadora. En cierto sentido, hasta sentía curiosidad por saber cómo reaccionaría y qué haría. Liberé una de sus manos al apartarla de su muñeca aunque no hizo amago de apartarme, tampoco de acercarme, mi pecho hizo más contacto con el suyo presionándose ambos donde podía sentir sus pechos contra mi firme musculatura, tampoco reaccionó a ello, donde sí lo hizo fue cuando mi mano que había soltado su muñeca fue a su cintura dando un pequeño tirón hacia arriba para juntar más su cuerpo con el mío, pegando más su cadera a mí. El gemido que salió de sus labios hizo que ladeara la sonrisa en lo que me atreví a intensificar un poco más el beso, jugar con su lengua y provocarla para que me respondiera. Su mano libre ascendió hasta mi nuca y cuando pensé que iba a apartarme, siguió ascendiendo hasta enredar sus dedos en mi pelo manteniéndose ahí, no apartándome. Un gruñido escapó de mis labios y su agarre se intensificó de manera inmediata, no me apartaba, se quedaba y se aferraba a mí dejándose hacer como si quisiera ver hasta donde era capaz de llegar, pero ¿y ella? Se mantenía en un estado “plano”, casi lineal diría yo donde era como si solamente estuviera esperando a que yo diera los pasos, a que yo avanzara en cada movimiento mientras ella solo se dejaba hacer y disfrutaba. Su boca era cálida y casi podría afirmar que su sabor era adictivo, como si tuviera un toque celestial, puro... o esa fue la sensación que me dio mientras la besaba.

Su espalda se arqueó ante el roce buscando más como si no fuera suficiente, como si no pudiera separarse ahora que nuestros cuerpos habían encajado el uno sobre el otro, ladeé la sonrisa y separé mis labios para dejarla respirar viendo sus mejillas sonrojadas por lo que estábamos haciendo, sus ojos cerrados como si disfrutara de cada caricia que le otorgaba, de lo que sentía en esos momentos. Mordisqueé jugando con pequeños besos y mordiscos en su rostro bajando lentamente por su cuello permitiéndole tomar aire notando su respiración agitada, algo acelerada por lo que estábamos haciendo. Envalentonado porque no me separara, viendo que era lo que quería, mi mano atrevida dio un paso más y se deslizó de manera suave y lenta de su cadera pasando por su muslo, sintiendo su firmeza bajo la yema de mis dedos, llegué hasta sus glúteos donde de un tirón la pegué por completo a mi cintura y, en ese momento, justo cuando me muevo sobre ella rozando creando una fricción entre ambos con mis caderas como si ligeramente golpeara su centro, es cuando un jadeo mayor escapó de sus labios y yo reí ligeramente sobre su piel porque aunque de ser otra mi mano ya se habría colado bajo su ropa para recorrer su piel, con ella era como si algo me dijera que había que ir con calma, despacio, disfrutar de cada roce y cada jadeo que emanaba de sus labios como si fuera un regalo. No supe qué cambió en ella, pero dio un golpe en mi costado y consiguió interponer distancia en lo que yo gruñí porque quería saborear más de su piel, besar más sus labios y llevarla a un estado en el que mi nombre fuera elevado entre gemidos mientras la tomaba y hacía que llegara al paraíso, como si mi demonio quisiera más de su ser por un motivo que desconocía y me había quedado con todas las ganas. Su mano en mi nuca alejándome mientras me miraba como si no esperara aquello por mi parte, tal intensidad, hasta que de un manotazo se apartó y se alejó quedando de pie a unos pasos de distancia. Con un movimiento ágil me puse en pie mirándola lamiendo mis labios todavía sintiendo su sabor en estos, un pequeño gruñido escapó de mi garganta porque quería volver a sentir ese sabor, ir a más, ¿por qué? Ni yo mismo lo sabía, pero así me sentía en ese maldito momento.  Ella parecía cabreada y no pude evitar ladear la sonrisa porque, al final, había logrado en parte lo que me había propuesto con aquel beso aunque ahora quisiera averiguar por qué esa pureza, por qué no reaccionó como las demás, me intrigaba pero también quería sentir más, saborearla por completo. Me lanzó la vara enfadada y reí entre dientes y me crucé de brazos observándola cuando dijo todo lo que era, ¿acaso yo le había mostrado que no era así, que erraba en sus pensamientos?


-Nunca demostré que fuera lo contrario, siempre te hice ver el demonio que era Astrid, ¿sorprendida por ver que mis palabras eran ciertas? –Pregunté ladeando la comisura de mis labios- ¿qué más podrías querer sino? No podría ofrecerte nada más que mi cuerpo, todo lo demás no lo ha conseguido nadie y tú no serás la primera –respondí a sus palabras y luego enarqué una ceja cuando preguntó si tanto la despreciaba, viendo la rabia y el dolor que impregnaban sus palabras. Dio una patada al suelo levantando algo de tierra que se pegó a mi cuerpo y que me hizo ladear mi rostro para que no me diera en la cara, luego la miré con un brillo en mis ojos- oh, ¿acaso eso que veo y oigo en ti es... pudor, vergüenza? –Pregunté con una sonrisa ladina- ¿por qué, pensabas que no te gustaría tanto que un demonio te tocara? Pues imagínate lo que podría hacer cuando me dejaras indagar más, esto apenas ha sido un calentamiento, ángel –fruncí el ceño ante sus siguientes palabras mientras seguía cruzado de brazos, observándola, con sus mejillas sonrojadas, su pecho subiendo y bajando con rapidez, su voz se elevó en el lugar de tal forma que cualquiera que estuviera cerca podría escucharla, aunque no me gustó lo que dijo y mi mandíbula se tensó por ello cuando dijo que la lanzara a los lobos para que la mataran ya que era una mejor solución a largo plazo. La fulminé con la mirada como si fueran dos dagas que se hundían en ella mientras ahora el silencio reinaba en el lugar por unos segundos, un silencio que solo era el preludio de lo que podría ser de nuevo una tormenta porque sabía que todo no había acabado ahí, que aún tenía más para decirme y yo o bien para callarme, o responderle como siguiera llenando el vaso y me cabreara en extremo. Sin embargo unos aplausos sonaron en el lugar y fruncí el ceño al darme cuenta de que no me había percatado de que no estábamos solos, de entre los árboles apareció una figura conocida que se acercaba a la cazadora aplaudiendo divertido por lo que acababa de pasar. Fruncí el ceño mientras él se acercaba restando la distancia y se jactaba de las palabras de la cazadora alegando que, si mataran, estaría muerto en esos momentos. Keith tenía el don a ves para aparecer cuando menos me lo esperaba, aunque sí sabía que iba a acudir a la cabaña no pensaba que nos pillaría en mitad de aquella tormenta y apareciera de esa manera con aquella entrada, para colmo la alentó a que siguiera porque me gustaba que me hablaran así en lo que gruñí levemente en advertencia para que no se metiera en algo que no le concernía en absoluto y que no iba con él la cosa. Sus palabras solo lograron que la cazadora se fuera airada tras mencionarle las cicatrices, algo que me hizo mirar a mi tío de manera fija por aquello, fulminándolo mientras él sonreía divertido por aquello aunque estuviera también sorprendido por ver allí a una mujer siendo mi lugar secreto, aquel solo ambos conocíamos. Solo cuando Astrid se alejó fue que tras seguirla con la mirada volví a clavar mis ojos en mi tío- tienes el don de aparecer cuando uno menos se lo espera, ¿tenías que abrir la bocaza de esa forma? –Dije a lo que él solamente sonrió de lado mirando el lugar, las varas en el suelo y la tierra removida justo donde habíamos estado besándonos.
-Así que... ¿esa es la famosa cazadora de la que me hablaste alguna vez? –Preguntó como si la respuesta no fuera obvia para él, ni siquiera le contesté porque él sabía demasiado bien leer mis silencios sin necesidad de que hablara. Sus ojos se fijaron en el lugar donde se había ido ella y se mordió el labio- me dijiste  que habíais sido atacados por licántropos y que os dieron latigazos... pero no me dijiste que llevaba también esas marcas tan características, y además, parecen recientes –fruncí el ceño porque no sabía a qué se estaba refiriendo mientras ahora sus ojos se clavaron en mi como si buscara unas respuestas pero no sabía qué era lo que debía de responderle.
-¿De qué estás hablando? Nos apresaron los lobos y nos dieron latigazos sí, pero ella es tan sumamente ingenua que no ha pensado en curarse las heridas con magia como he hecho yo... de ahí que tenga las marcas recientes –él negó con la cabeza mientras sonreía levemente, ¿qué le hacía gracia?
-No hablo de esas marcas, muchacho –odiaba cuando me llamaba de esa forma, sin embargo, no entendía de que estaba hablando... sino eran las marcas del látigo, ¿a cuáles se refería?
-Espera aquí –fue lo único que dije moviéndome antes de que pudiera decir algo más, seguí los pasos de la cazadora sabiendo que había entrado de nuevo en la cabaña con el cuerpo tenso por lo que había pasado, lamí de nuevo mis labios sintiendo su sabor en estos y las ganas de mi cuerpo por continuar por donde lo habíamos dejado. Quería decirle lo que antes no le había dicho, contestarle, empujarla de nuevo hacia ese precipicio al cual la había llevado y verla caer para ver si así de esa forma se alejaba del todo. Quizás decirle que hubiera sido mejor lanzarla a los lobos terminara por destrozarla y ya se olvidara de volver a buscarme, cayera en la cuenta de que no tenía salvación y no la quería tampoco. Mis botas pisaron sobre los cristales de la ventana que me había roto y que, como le había dicho, me pagaría o arreglaría y me adentré abriendo la puerta con fuerza buscando con la mirada a la cazadora, una que vi al fondo del salón con la mochila que había traído sobre la pequeña mesita con la intención de cambiarse de ropa, apenas había desabrochado un par de botones de su blusa ya que se había quitado el corsé en el entrenamiento. Su rostro se giró fulminándome con la mirada como si pudiera leer un “lárgate” pintado en sus ojos, sin embargo avancé sin pararme y cuando la tuve frente a mí la cogí por el brazo con fuerza y la giré para que me diera la espalda, mis manos se colaron por su blusa que estaba un poco abierta a la altura de los hombros y la bajé lo suficiente para ver las marcas en su espalda, y no solo las marcas que había esperado encontrar de los latigazos que estaban ahí, esas tres marcas en donde sentí que la rabia bullía por mi interior buscando venganza, cobrar lo que le habían hecho a su nívea piel, sino marcas que como mi tío había dicho características en un solo sentido: marcas de colmillos- Astrid, ¿qué cojones es esto? –Pregunté enfadado, cabreado por ver las marcas en su piel en lo que claramente era un vampiro por lo evidente de los colmillos y sus orificios en la piel- ¿a qué es lo que estás jugando cazadora? –Mis dedos tomaron su mentó para girar su rostro y que me mirara, estaba cabreado, ¿cómo es que podía haber consentido tal cosa? Iba a darme explicaciones y no la dejaría salir hasta que me dijera la maldita verdad de todo- ¿desde cuándo permites que un vampiro te marque con sus colmillos en la piel, y dejas que beba de ti? Se supone que eres una maldita cazadora y que esa no es tu misión como tal –le espeté cabreado, enfadado, ver esas marcas había hecho que gruñera con fuerza acortando la distancia con ella elevando su rostro para que pudiera verme bien, escuchar bien lo que tenía que decirle- como encuentre al hijo de puta al que le has permitido esto lo mataré, y me importa una mierda que intentes pararme. Eres mía –gruñí contra ella fulminándola con mi mirada, cabreado, enfadado, lleno de ira y de rabia por saber que un vampiro la tocaba, bebía de esa piel nívea, esa piel de porcelana suave e inexplorada dejando mis dedos en su nuca sintiendo el calor que desprendía su piel y dándole más énfasis a mis palabras al acortar distancias y no dejar que se moviera, para que viera que iba totalmente en serio.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Mar Oct 09, 2018 6:58 pm

Mis pasos hacen eco en la estancia, o al menos así los siento, firmes, acelerados. Doy vueltas por la habitación tratando de respirar hondo y aclarar la mente, me siento embriagada, casi fuera de mí, como si mi cuerpo se hubiese quedado en el claro aún debajo del suyo. Tardo unos segundos en descubrir que el eco constante de mis pasos no son otra cosa que los latidos de mi corazón galopando dentro del pecho. Inspiro profundamente mientras me apoyo en el marco de la chimenea, el calor de las brasas aún candentes se cuela por mis muslos y se mezcla con el mío propio, convirtiendo la sensación en un suplicio extraño. Me paso las manos por el rostro. Esto no ha ocurrido, no con él. No con Naxel. Aún siento sus manos sobre mí, explorando, acariciando sin miedo rincones que jamás debería haberle permitido catar, haciéndome estremecer con un simple movimiento de cadera. Mi piel reacciona a la memoria y extrañamente avergonzada me doy cuenta de la dureza de mis pezones bajo la tela de mi blusa. Un gruñido se escapa de mis labios, nada parecido a los gemidos traicioneros que he susurrado en su oído minutos antes. Con un simple vistazo al exterior compruebo que ambos cazadores permanecen donde están y puedo observar aún de lejos la similtudes entre los dos. No pueden negar que son familia, incluso el porte que tienen es igual. Quizás es mi momento para recoger mis cosas y marcharme, apartarme de una vez por todas de Naxel y de este lugar, de todo lo que lo rodea. Es lo que él quiere. Mi orgullo herido aún se rebela ante tal pensamiento. ¿Cuándo me he rendido yo?

Rebusco en mi bolsa de cuero, aparto alguna de mis armas y saco una blusa de repuesto, de un rosa muy débil. La que llevo está arrugada y llena de tierra, empapada del sudor de ambos.

"Pues imagínate lo que podría hacer cuando me dejaras indagar más, esto apenas ha sido un calentamiento, ángel".

Tengo que apartar el pensamiento fugazmente de mi cabeza. Sus manos en mi pecho, la presión de su cuerpo sobre el mío, su aliento quemando en mi piel, sus dedos explorando mi ser. No debe ir a más. No debo desear más. Es Naxel Eblan. Es un demonio, o al menos es lo que quiere hacerme creer.

Desabrocho las últimas ligas del corsé de forma desesperada, como si el tacto me oprimiera y lo dejo caer al suelo, también me quito las botas como puedo, sin saber porqué. Me sobran capas de ropa y piel. Estoy ardiendo y necesito recuperarme. No es la primera vez que un hombre me toca, maldita sea. Desabrocho los botones superiores de la blusa que llevo puesta con dedos tensos. Me asearé y me marcharé. Se acabó. Fin a todo.

Como si hubiese escuchado mis pensamientos Naxel hace acto de presencia y la mirada que le dirijo no es de recibimiento. En este instante lo deseo y detesto a partes iguales, y jamás en mi sano juicio admitiré lo primero en voz alta. Estoy a punto te gritarle que se vaya, aún cuando soy yo la que está invadiendo su casa, quiero que se aleje de mí cuanto antes. Quieres que te toque y que te posea, dice una voz muy débil y muy, muy lejana dentro de mí.

-¿Qué demonios haces, Naxel?-le increpo cuando con sólo dos zancadas se postra ante mí y me sujeta de forma férrea. El corazón me da un vuelco, mi cuerpo reacciona en un estremecimiento, aún deseoso de más con el simple contacto. Pero algo no marcha bien, algo en sus ojos me lo indica. Me pone de espaldas a él e intento impedírselo sin saber muy bien qué está ocurriendo, porqué ese cambio en su comportamiento donde ya no hay ningún atisbo de pavonería. Un jadeo sale de mis labios cuando sujeta la blusa y la prenda se desliza por mis hombros, el movimiento es tan brusco que rompe un botón y tengo que sujetar la tela para mantener mi pecho oculto-¡Pero qué...!-sus preguntas me confunden, ¿se está riéndo de mí?-Marcas de latigazos Naxel, marcas de latigazos que se curan. No todos tenemos la puñetera suerte de tener a un brujo que...-mi voz, que se había tornado en gritos se corta de pronto. Siento su mano sosteniendo mi rostro para dirigir mi mirada hacia él, escucho sus palabras pero no termino de encajarlas en ningún lugar de mi mente-¿Vampiro?-la palabra casi se me atraganta, la sóla mención me quema en la garganta. Naxel Eblan se ha vuelto completamente loco. Lo observo, me sumerjo en sus pupilas con la esperanza de comprender qué está diciendo cuando lo que verdaderamente deseo es que se aparte, su aura, todo él emana una oscuridad diferente. Un ira a punto de estallar. Cuando vuelve a hablar lo hace despacio, como si quisiera que captase todas y cada una de sus palabras.

Eres mía.

El peso de esa afirmación hace que miles de cristales dentro de mí se rompan. Eres mía, me dice, y en el fondo siento cierto placer, una extraña e inesperada tranquilidad, un alivio prohibido, un deseo anhelante. Observo sus labios olvidando por completo todo lo demás, queriendo ignorar todo lo que acaba de decir salvo esto. Soy suya.

No tiene sentido, ¿un vampiro? ¿bebiendo de mí?

Eres mía.

Me doy cuenta de que he dejado de respirar, paralizada, completamente helada. Ya he escuchado esas palabras antes, me han perseguido desde la noche en la que perdí a mi familia. La nota sobre el cuerpo de mi madre, el último aliento de mi hermano. Joffrey Lemarc, el hombre que asesinó y arrasó con todo cuanto amé, el hombre que cambió mi vida para siempre y me convirtió en sus esclava de sangre. Un vampiro.

Con un jadeo ahogado aparto a Naxel, lo empujo con toda la fuerza de la que soy capaz y avanzo con la mirada desorbitada hacia la ventana, buscando mi reflejo, tratanto de comprender aún sabiendo, muy en el fondo, lo que voy a encontrar. Marcas de mordiscos. Marcas que hasta este instante no habían estado sobre mi piel aparecen y desaparecen como si estuvieran ocultas por una cortina de humo, como si mi concienca no fuera capaz de asimilarlo. Deslizo la punta de mis dedos sobre la piel y allí donde pasan algunas marcas aparecen y vuelven a esconderse, como huellas en la arena borradas por las olas.

-No puede ser...-susurro, no es real-No, no puede ser...-todo el color que hubiera en mi rostro se esfuma como si me hubieran drenado, mi voz permanece neutra, mi cabeza va a mil por hora. Una pieza acaba de colocarse en su lugar, todo encaja. Rápidamente desabrocho los únicos dos botones que quedan intactos y tiro la prenda. Mi piel desnuda reacciona a la brisa que se cuela por la ventana, me observo pálida y pequeña, las marcas vienen iban y descubro horrorizada que ocupan casi todas las superficies visibles. Mis hombros, mi cuello, mis brazos, mi pecho-Nax...-murmuro, hay un timbre aterrado en mi voz por mucho que procure evitarlo-Naxel, yo no... No comprendo... no puede ser...-Trato de encontrar la forma de expresar mis sospechas, porque realmente sé qué ha ocurrido pero no soy capaz de ponerle voz a tal aberración-¿Cómo no he sabido verlo? ¿Cómo no me he dado cuenta antes...?-paso una mano sobre mi cuello marcado y guardo silencio mientras trabajo para enterrar el terror que siento en este momento, dejando que la parte racional de mí misma tome las riendas, con mucho esfuerzo. Sólo hay silencio, de repente la estancia parece muy oscura y, de no ser por su respiración podría haber afirmado que Naxel me había dejado sola. Quizás sería mejor que me dejara sola. Me giro hacia él, buscando sus ojos, algo que pueda ayudarme a comprender, algo a lo que aferrarme. Estoy semidesnuda ante él y, si bien podría haber sido tentador minutos atrás, ahora sólo me siento como un destrozo, mancillada, minúscula y débil. Mi pecho sube un baja, tersos por el frío que siento a pesar dela calidez de la tarde, mi respiración agitada, mis dedos temblando.

-Nax.
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Mensaje por Naxel Eblan el Vie Nov 09, 2018 1:05 pm

Mi tío había llegado en el momento más oportuno, lo reconocía, había llegado justo cuando la cazadora me plantaba cara de nuevo de una forma que nunca antes lo había hecho porque nunca, jamás, había tenido la necesidad de hacerlo aunque eso no era del todo cierto. La verdad es que se estaba envalentonando cada vez más en mi presencia y no sabía el motivo, quizás porque el miedo inicial que ella tenía cuando nos conocimos había quedado relegado a un segundo plano con todo lo que había pasado entre ambos, sobre todo desde aquella noche que para mí lo había cambiado todo y había hecho que tomara la decisión de alejarme más de ella porque no podía ser, no podía dejar ni consentir que se acercara tanto a mí y que intentara llegar a esos lugares donde no había dejado que nadie, salvo mi tío y Liara pero especialmente esta última, llegara con anterioridad. Sabía que la cazadora no me convenía y para mí el modo más fácil de alejarla era decirle que precisamente caería y se convertiría en un ángel caído de alas negras, que la oscuridad la atraparía y que al final sería engullida y devorada por esta porque era lo que pasaba con cazadoras como ellas con tanta luz; en un mundo plagado de oscuridad por el que se movían acababan siendo completamente devoradas. Era la forma que tenía de alejarla, además, no entendía por qué cuanto más la alejaba ella más se acercaba y no se daba por vencida, ¿qué era lo que esperaba conseguir de mí? ¿Qué era lo que quería? Porque si era salvarme ya le había dejado más que claro que no quería que lo hiciera y además no llegaría a hacerlo porque simplemente yo no quería ser salvado, me gustaba el mundo de tinieblas y de oscuridad por el cual me movía y la luz me parecía tediosa y aburrida... por eso había erigido murallas en torno a mí persona, por eso llevaba tantas corazas puestas: principalmente para que nadie se colara por ellas y me diera un punto blanco por el cual atacarme, una debilidad con la que podrían hacerme daño... bastante tenía con mantener lejos a Liara como para dejar que alguien más me diera un punto débil, algo que odiaba a cotas insospechadas. Sin embargo y a pesar de convencerme de ello siempre trataba de darle otros motivos para alejarla, por ejemplo, el que quería mi cuerpo. No nos conocíamos demasiado como para saber qué era lo que había hecho la cazadora o no, tampoco me importaba, pero por lo que había visto de ella y las reacciones que había tenido ante mi cercanía me decía que no eran demasiadas sus experiencias como para no achantarse con eso. De ahí que tirara también por esa vía, si lo que sentía era curiosidad, si lo que quería era mi cuerpo... bien, ¿por qué no dárselo y así que se quitara esas fantasías que revoloteaban por su cabeza constantemente? Fue por eso por lo que pasó ese beso entre ambos sobre la tierra tras el entrenamiento, y aunque me gustaría decir lo contrario lo cierto es que una vez que había empezado –y lo había hecho por la sencilla razón de darle otro motivo para mantenerla alejada- y lo había hecho por fastidiarla, una vez continuamos lo cierto es que yo mismo había querido más, más de sus besos, tomarlos a mi antojo mientras ella me seguía como podía, mis manos marcaban las curvas iniciales de su cuerpo, sus glúteos que repasé con mis dedos hasta alzar su cintura moviendo mi cadera contra ella, sus pechos bajo el tacto de mis manos... era perfecta, de una forma que no me había dado cuenta hasta el momento.

El rubor de sus mejillas, los jadeos que escapaban de sus labios junto a esos trémulos gemidos que intentaba contener, ¿a quién pretendía engañar ella? Lo deseaba, y aunque me hubiera gustado hacérselo ver debía de callar porque yo no era diferente en ese aspecto con ella. Y de nuevo volvió a resurgir alzándose para dejarme claro que no era una vulgar ramera, claro que no lo era, pero herirla era mi modo de alejarla de mí porque ya había probado la manzana de la tentación y un mordisco no le sería suficiente, ya no. Y mi tío hizo su aparición estelar seguramente disfrutando de lo que ella me decía, del tono de sus palabras, de los mordaces que eran mientras yo cruzado de brazos la observaba. Se alejó manteniendo unas distancias que necesitaba y no fue hasta que Keith habló que me hizo fruncir el ceño cuando habló de las marcas. Sí, sabía de sus marcas porque estuve presente en el mismo jodido momento en el que el látigo chasqueó la fábrica y mordió la carne de su espalda lacerándola... recordarlo hacia que mi furia, mi ira y el demonio de mi interior rugieran con fuerza. Fruncí el ceño cuando dijo que no se refería a esas marcas, ¿entonces? Le pedí que esperara y seguí los pasos de la cazadora que se había adentrado en la estancia para cambiarse la ropa, seguí hasta llegar a donde se encontraba para ver que su intención era cambiarse y seguramente irse por lo que había pasado... sin embargo ahora mi intención era retenerla y averiguar de qué hablaba mi tío. Y fue entonces cuando lo vi, las “marcas” que él había mencionado quedaron expuestas, claras y nítidas, frente a mis ojos descubriendo la verdad. Algo estalló en mi interior al verlas, algo rugió con fuerza desde mi pecho y resté la distancia girándola aun cuando en sus ojos podía leer un “márchate” bien claro. La increpé, le recriminé sobre dichas marcas, los colmillos de un vampiro marcados perfectamente en su nívea piel, pura e inmaculada como ella, como eran los ángeles... eso no se suponía que debía de hacer un cazador, y eso me enfureció más de lo que en un principio había pensado. Rugí, le gruñí cuando intentó excusarse con sus marcas haciéndome creer que eran del látigo pero lo que veía en su espalda eran unas marcas muy distintas. Que intentara engañarme de esa forma me enfureció todavía más, tanto, que aunque la había girado para que me diera la espalda mi mano fue a su rostro para tomarla del mentón, girarla, y que quedara frente a mí alzando así este para que viera bien mis ojos. Las palabras salieron de mis labios sin apenas controlarlas, furioso, cabreado, más sentimientos oscuros que se asemejaban demasiado corrían por todo mi cuerpo mientras dos palabras clave salían de mis labios. Un “eres mía” que pareció marcarla porque así era, ella era mía y como me enterara del hijo de puta que la estaba mordiendo, manchando con sus asquerosos y necrófilos colmillos su inmaculada piel... iba a matarlo. Mejor aún, lo torturaría para dejarlo expuesto al sol e ir quemándolo progresivamente para que sintiera el máximo dolor posible que un vampiro pudiera experimentar.

Su pregunta sobre el vampiro me hizo fruncir el ceño y no soltar su agarre, no porque algo en su rostro cambió, algo en su mirada pareció dudar como si no supiera de lo que estaba hablando quedándose momentáneamente paralizada. La observé esperando sus palabras cuando lo que hizo fue apartarme, se alejó mientras yo no quitaba mi vista de ella para buscar el espejo que hay cerca y mirarse en este buscando las marcas que yo había mencionado y que había visto en su espalda. Susurró que no podía ser y yo fruncí más el ceño sin entender nada de lo que estaba diciendo, ¿acaso ella no había visto esas marcas? Eran demasiado claras y nítidas como para no verlas en el espejo de su habitación, sin embargo sus gestos, el tono de su voz y lo pálida que se vio en cuestión de segundos me hizo saber que en realidad ella no sabía nada y se daba cuenta ahora de que esas marcas estaban en su cuerpo. Eso me preocupó porque, ¿cómo una cazadora como ella no va a darse cuenta de que un vampiro la ha mordido? Y casi como si hubiera lanzado la pregunta, obtuve la respuesta de manera inmediata: porque no lo sabía. Era demasiado extraño que ella, sabiendo de ese mundo, no se diera cuenta de esas marcas y el hecho de que supiera en ese momento frente a mí que las tenía... quería decir que ella, antes, no las había visto. Se desabrochó la blusa queriendo comprobar hasta donde llegaba el alcance de las marcas, algo que yo no quería saber realmente, pero al final la prenda cayó dejándola semidesnuda a unos pasos de mí. Crucé mis brazos sobre el pecho y gruñí al ver las marcas en su espalda, pero por el reflejo de ella en el espejo, pude ver que no solo se extendía hasta su espalda sino que iba hasta su cuello, su clavícula.... gruñí y aparté mi mirada porque de saber más iba a volverme más enfurecido de lo que estaba y acabaría por romper todo lo que había en la cabaña, reduciéndolo a pedazos como quería hacerle a ese maldito desgraciado. Fue su voz llamándome otra vez por ese diminutivo que solo Liara empleaba, ese terror y miedo en su voz, lo que hizo que la mirara de nuevo. Estaba aterrada, asustada porque no llegaba a comprender lo que había pasado y buscaba respuestas en mí, unas que había obtenido solas tras mi pegunta en mi cabeza porque conocía a los vampiros, y sabía lo retorcidos que podían ser. Ella se preguntaba por qué no había podido verlo antes, y la respuesta era demasiado evidente, tanto que incluso daba hasta miedo: porque así lo había querido el vampiro. Uno seguramente especializado en la mente, en alterar la memoria para que ella no se acordara y además algún tipo de habilidad o hechizo que hiciera que no viera sus marcas, pero ahora que yo las descubría salían a la luz y eran visibles para ella. Y se giró, y la maldije mil veces en mi fuero interno porque no quería verla, inevitablemente mis ojos repasaron cada una de las curvas de su cuerpo; mis ojos fueron a sus pechos expuestos para observarlos aunque lejos de lo que cualquiera pudiera llegar a pensar no lo hacía de una manera lasciva, lo hacía con furia e ira por ver hasta dónde ese hijo de puta se había atrevido a llegar y apreté mis puños con fuerza, de haber tenido algo en mi mano lo habría roto en mil pedazos. Espalda, cuello, clavículas, brazos, su pecho.... hasta en su pecho tenía esas malditas marcas y si antes era hombre muerto ahora juraba que no lo mataría; lo torturaría hasta que yo me muriera y me encargaría de dejarlo en un lugar encerrado, abandonado y sin posibilidad de que lo encontraran para que se muriera de hambre. Mis ojos se alzaron hasta encontrar los suyos y aunque me había visto contemplarla semidesnuda en nada se podría haber comparado a cómo la hubiera mirado diez minutos atrás de haber pasado. Su piel nívea, sus pezones rosados en contraste... pero solo podía leer furia en mi mirada, furia y una ira asesina.



-Maldito hijo de puta –ladré sin evitarlo, con la ira fluyendo por todo mi cuerpo y la mirada oscurecida no por el deseo, sino por el instinto asesino que había nacido de mi interior. Su voz llamándome de nuevo hizo que la mirara a sus ojos de manera fija, la sentía perdida, asustada como una niña pequeña en mitad de una fuerte tormenta que no entendía lo que pasaba y necesitaba una explicación, necesitaba a alguien que la apoyara y estuviera ahí para ella... a mí. Y yo no era de ese tipo de personas, yo rehuía cualquier cosa que tuviera que ver con todo eso, con los lazos, con profundizar más en una persona... y sin embargo y contra todo pronóstico resté la distancia caminando con paso firme y seguro que resonó sobre la madera del piso hasta quedar frente a ella. Incliné mi cabeza para poder mirarla bien dejándola casi a su altura y actué sin pensar, por inercia: mis brazos se liberaron de estar cruzados y la rodearon cubriéndola, envolviéndola para pegarla a mi pecho y que apoyara su cabeza en ese lugar. Mis dedos se enredaron en su pelo y apoyé mi barbilla en su mejilla para cerrar los ojos, temblaba ligeramente y no tenía que ver con el frío del exterior, sino por lo perdida, asustada y atemorizaba que estaba. Algo me hacía pensar que ella ponía nombre a ese maldito vampiro, algo sabía y no había hablado todavía. Sus brazos se alzaron para rodear mi espalda y aunque evitaba ese tipo de cosas, por esa vez, dejé que lo hiciera. Su piel rozándose con la mía directamente se sentía cálida, a tal punto que podría llegar a obnubilar con esa luz que ella desprendía. Su pecho pegado contra el mío mientras acariciaba su espalda y de alguna forma la reconfortaba, aunque yo no sabía mucho sobre eso- no va a hacerte daño Astrid, no ahora que lo sabemos y que eres consciente de lo que pasa –dije cerrando los ojos un momento tomando aire, aquello era un nivel y una barrera que yo nunca había querido cruzar ni llegar- te prometo que daré con ese hijo de puta y cuando lo encuentre va a haber lamentado enormemente haberte mordido –el tono de mis palabras era claro; frío, bajo y cortante en una promesa de muerte que cumpliría- no va a pasarte nada, no mientras yo esté contigo -¿por qué esa maldita mujer se empeñaba en derribar los muros que tan fuertes y altos había construido? No lo sabía, pero se empeñaba y empeñaba y me daba en cierto sentido miedo que no cesara nunca... y llegara a lograrlo- seguramente tenga poderes relacionados con la mente y te ha hecho olvidar todo, ha creado una falsa ilusión para que no puedas verlo... por eso no te habías dado cuenta antes –la separé para tomar su rostro entre mis manos- escúchame Astrid; no va a pasarte nada –aseguré mirándola para asegurarme de que entendía esas palabras- no voy a dejar que se acerque de nuevo a ti, no ahora que lo sabemos. Es vampiro muerto, lo reduciré hasta que no queden ni sus cenizas –aseguré gruñendo lleno de rabia y de ira, de pura furia. Ella seguía temblando, allí semi desnuda plantada en mitad de mi cabaña y lancé un suspiro para tomar una manta que había en el sofá y cubrirla para tapar su cuerpo, la alcé entre mis brazos porque parecía que le costaba reaccionar y la dejé sentada y tapada para que no siguiera expuesta, no ahora, no así. La observé apartando unos mechones de su rostro y alcé su barbilla con mis dedos- ¿qué es lo que sabes y no me estás contando, Astrid? Si no me cuentas la verdad no voy a poder protegerte. Tú sabes mi verdad, es hora de que yo sepa la tuya –demasiado extraño viniendo de mí pero... incluso hasta yo estaba sorprendido- sé que puede ser complicado y difícil, sé que puede costarte pero... necesito saberlo todo para entender a qué me estoy enfrentando, por qué tú, por qué poner un hechizo de ilusión sobre ti –los vampiros rara vez atacaban así a un cazador- sabes quién es, lo sé por la expresión de tu rostro y el miedo en tus ojos, no es un miedo que se tenga a algo desconocido –aseguré porque de eso entendía bastante- quiero ayudarte, así que necesito que me digas lo que ocurre y que me cuentes quién es y por qué un vampiro haría tal cosa a un cazador –podía parecer que estaba tranquilo, pero por dentro era totalmente lo contrario. La miré y callé para que hablara, pero mi calma y mi nula paciencia harían acto de presencia si no decía algo y me contaba lo que sucedía. Ella era mía, y por lo tanto nada ni nadie iba a tocarla, solo yo.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Mar Nov 27, 2018 4:57 pm

En cuanto me toca me encojo al instante. No sé descifrar sus movimientos ni su cercanía, con Naxel nada jamás es casual, nunca se ha acercado a mí con otra intención que no fuera tentarme y, por eso, su abrazo me deja desprotegida y agradecida al mismo tiempo. Tardo algunos instantes en atreverme a corresponderlo, casi impactada por el calor de su piel y la fortaleza de su cuerpo, Naxel arde y todo me dice que ese fuego nace dentro de él. Llamas frías, de muerte. No me doy cuenta de que estoy temblando hasta que me sujeta con más fuerza. Mentiría si dijera que no tengo miedo. Jamás había vuelto a experimentar un terror tan atroz. Me ha encontrado, después de años de cautela, después de tanto tiempo en la sombra. El ser que me hizo suya en un vínculo más íntimo y oscuro que el carnal me ha vuelto a convertir en su esclava sin apenas saberlo.

Comprendo ahora, como un golpe, el motivo del cansancio constante, las lagunas en mi mente y la sensación de sentir que jamás conciliaba el sueño. El dolor, agudo y punzante, sobretodo el dolor. Y por mucho que lo intente no consigo recordar su rostro cerca de mí, ni olerlo en mi habitación. Ningún rastro que indicase que jamás hubo alguien en mis aposentos.

Mis manos se aferran tan desesperadamente a su espalda que termino clavando las uñas en su piel, pero no puedo evitar, ni siquiera controlo mis extremidades, como si me hubieran sacado de mi cáscara para dejarme sin protección.

-Naxel...-repito, porque no se me ocurre otra palabra que pronunciar. Tengo que salir de aquí, me digo, debo huir de nuevo, desaparecer cuanto antes y no mirar atrás. Es lo mejor. Sin embargo, sus caricias en mi espalda, rozando las cicatrices, me piden que me quede. Que me deje guiar, al menos, en este instante. No comprendo su actuar y es otro añadido a mi confusión. ¿Por qué esta forma tan inaudita en él de tratarme? ¿Por qué se atreve a prometer tales cosa? Tengo mil nudos en el pecho y muchos llevan su nombre-No sabes lo que estás diciendo...-murmuro, pero él prosigue, nublado por la ira, frustrado quizás, tando como yo por no habernos percatado de algo tan simple como unas cicatrices. Mientras lo escucho intento poner atención a sus palabras y verdaderamente creerlo. Oh, claro que tiene habilidades mentales, es uno de los vampiros más poderosos que he conocido jamás. Miro a Naxel por fin, al cazador de hielo, y no me gusta lo que veo. Algo en él se ha quebrado, algo que no debería haberse tocado jamás. Debería sentir satisfacción al mirarlo y descubrir que aún hay humanidad en él, pero no es eso lo que siento. Es miedo. Se ha abierto la caja de pandora y no estoy segura de poder controlarlo. Por un momento quiero apartarme para darnos espacio, aún en shock apenas asimilo que mi pecho está rozando su torso, que estamos solos en una habitación en medio del bosque y que nada de esto está bien. Parece pensar lo mismo que yo porque termina por cubrirme con una manta de lana, la tela huele a leña y lleva impregnado su aroma, siempre indescifrable para mí, como su mente. Me toma en brazos con una facilidad incomprensible y reposo sobre el sofá.

Quiero irme. Debo irme. Las preguntas comenzarán ahora y no estoy preparada para otorgar las respuestas. Intento recordar si Naxel sabe tanto de mí como yo de él y, sorprendentemente él responde a mi pregunta interna. No.

-¿Por qué ibas a querer protegerme?-espeto, casi con furia, una que no debería estar destinada a él. Atacarlo es mejor que asimilar la verda. Mi voz suena quebrada, no es mía, mi mirada se clava en la suya, tan cerca que duele-El despiadado cazador. Oh, por favor Naxel-me cubro mejor con la manta pero el frío ya se ha instalado en mi cuerpo-No quieres ayudarme, sólo pretendes que te cuente la verdad para así conseguir un objetivo y con suerte un juguete nuevo.

Pero él se mantiene en silencio, sé que le cuesta un gran esfuerzo por la furia en su mirada y verlo callado me hace querer golpearlo, porque sé que no se moverá hasta que me escuche decir lo que quiere oir. Sólo Gael sabe la verdad de mi pasado por mis labios. Ni siquiera mi tío, gran cazador del gremio original, sabe los detalles de la noche que marcó mi vida para siempre. Confesar la verdad a Naxel Eblan podría llevarme de cabeza a la tumba. Me muerdo el labio y mis pupilas se quedan en las suyas. No puedo contárselo.

-Joffrey Lemarc-digo, como una sentencia. Hacía muchos años que no pronunciaba ese nombre-Aunque es muy probable que ese nombre ya no le pertenezca-todos mis instintos me piden que no siga hablando, pero lo hago-Es el vampiro que asesinó a mi familia y redujo mi hogar en llamas-detente, Astrid. Deja de hablar-Es el vampiro que me torturó y convirtió en su esclava de sangre.

Y en cuanto las palabras salen por mi boca siento arrepentimiento y alivio a partes iguales. Se hace el silencio y cierro los ojos, no puedo mirarlo a la cara, no cuando creía que todo este dolor ya estaba enterrado. Siento una lágrima descender por mi mejilla y, estúpidamente, me consuela que sólo sea una. Me duele todo el cuerpo, como si ahora conocedora de toda la verdad el peso de los mordiscos por fin fuese real.

-La estúpida niña que cree en cuentos de hadas no parece tan inocente ahora, ¿no crees, Naxel?
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Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Dic 22, 2018 11:25 am

Si de algo estoy seguro al cien por cien es que voy a matar al hijo de puta que se ha atrevido hacerle eso a Astrid, a entrar en su habitación de noche, a dejar esos mordiscos por toda su piel nívea e inmaculada que debe de ser intocable para alguien más que no sea yo. Y es que cuanto más me iba contando más rabia y más oscura era la desesperación que se aglomeraba en mi interior, más era la desazón y la sensación de querer arrancarle los colmillos a ese hijo de puta para que no pudiera volver a hacerlo de nuevo. Estaba muerte. Reducirle a cenizas era lo que más satisfacción le daría después de arrancarle todos y cada uno de sus malditos colmillos, después de arrancarle la piel a tirar y echar sal sobre sus heridas para que no pudiera curarse, desearía no haberlo hecho nunca y el infierno sería poco comparado con el tormento que le causaría por lo que había hecho. Su sentencia de muerte ya estaba escrita y firmada, en cuanto lo atrapara iba a hacerle pagar por todo lo que había hecho, por haber jugado con ella de esa forma y creer que podría salirse con la suya. No contaría con que un demonio rondaba en la vida de la cazadora, o más bien, era ella quien rondaba a un demonio que por más que le decía que se alejara ella más hacía lo contrario y más se acercaba a mí como si no pudiera evitarlo, pues bien, iba a conocer que tener a un demonio en tu vida traía consecuencias y nada me frenaría en matarlo, despellejarlo vivo y darle la más retorcida, dolorosa y oscura de las muertes que pudiera haber en toda la historia. Entre mis brazos la sentía más pequeña que nunca, casi temblando seguramente porque no habría esperado que yo la rodeara con mis brazos y la pegara a mi cuerpo, su pecho desnudo se pegaba al mío y donde quizás en otra ocasión hubiera hecho constancia de eso ahora no había sentido alguno para hacerlo porque temblaba por el miedo, por haber sido descubierta de nuevo, porque ese maldito vampiro volvía de entre las sombras de su pasado para atormentarla y yo lo evitaría tanto como fuera posible para que eso no volviera a suceder de nuevo. Le costó pero a los pocos segundos su brazos rodearon mi espalda, mis manos acariciaron la suya y noté las heridas de las cicatrices en su espalda aun sin curar a diferencia de las mías que se encontraban en un estado bastante avanzado de curación gracias a la magia de cierto hechicero que conocía. Acabó clavando sus uñas en mi espalda, ni siquiera hice gesto alguno al sentir la presión de estar ejerciendo un leve pero suave dolor en mi espalda, porque cuando uno se acostumbra al dolor incluso el más leve de ellos le resulta placentero. La sentía más perdida que nunca, y aunque no entendía bien porqué yo actuaba de esa manera solo podía pensar en matar a ese desgraciado por lo que le había hecho, no podía pensar en nada más. Siendo consciente de que estaba semidesnuda tomé una de las mantas y la enrollé en su cuerpo para elevarla y dejarla sobre el sofá para que se sentara, necesitaba escuchar la verdad de sus labios, necesitaba información para saber qué era lo que estaba ocurriendo y por qué un vampiro se atrevía a jugar así con un cazador cuando no era lo normal. Algo se escapaba y por sus ojos, por el miedo en su voz supe que no era un vampiro normal y corriente lo que acechaba a la cazadora y que ya lo conocía, que no era la primera vez que lo veía.

Me quedé frente a ella en lo que le pedía que me contara su historia y la verdad, yo le había contado la mía y sin embargo aunque mucho insistía ella jamás me había dicho acerca de su propia historia. Ella sabía de mi venganza, sabía de mi pasado y el motivo por el que quería atrapar a esa pareja de licántropos a toda costa... pero ella siempre se había mantenido en un segundo plano acerca de lo que era su historia y de lo que le había pasado, de lo que le había hecho convertirse en cazadora. Sabía que sería reacia a hacerlo y que no hablaría tan fácilmente, incluso cuando ella tiende a ser más partidaria de hablar que yo, pero algo me hacía saber que no lo diría por mucho que yo insistiera, pero mi silencio bastaba para que ella supiera que no me iba a dar por vencido, obvié sus palabras porque sabía que su dolor y su rabia nacían de dentro y soltarlo era la única forma quizás que tenía de aliviar su carga. La dejé porque había conocido lo que era eso, había sido testigo y presenciado peores palabras que las suyas y eso no me haría cambiar de opinión respecto a que quería que me contara. Era evidente que esa era su forma de sacar lo que llevaba dentro, pero parecía obviar y olvidarse que trataba con un demonio y que estaba preparado para recibir todo eso y más sin que pudiera afectarme. No dije nada, no hice mueca ni comentario alguno mientras mi silencio hablaba por sí solo y hacía la presión necesaria para incitarla a que hablara y se dejara los juegos y las tonterías. Al final pronuncia un nombre, el nombre del vampiro que le había hecho eso y que ahora al parecer tras tiempo resurgía de entre las sombras para volver a atormentarla de nuevo, pero no era conocedor de que un demonio podía hacerle frente y acabar con sus pasos para siempre. Esperé con la poca y nula paciencia que me caracterizaban para saber qué era lo que tenía que decir, asentí aunque lo hice mentalmente cuando dijo que quizás hubiera cambiado de nombre y con los vampiros era lo más probable porque su larga existencia les hacía llevar varias identidades, igualmente, eso no significaba que fuera menos fácil de rastrear y de encontrar. Le costaba seguir hablando pero quizá llevada por todo, o simplemente por la firme presión de mi mirada que continuó para hacerme saber que fue el causante de la muerte de su familia, de que redujeran su casa a cenizas. No era la primera vez, ni sería la última, que un ser sobrenatural se encargaba de aniquilar todo trazo de vida de una familia sin importar las consecuencias, pero si para algo no estaba preparado era para sus siguientes palabras. “El vampiro que me torturó y me convirtió en su esclava de sangre”. Esas palabras se clavaron como puñales en lo más hondo, gruñí como si fuera una bestia salvaje por ello notando una quemazón en el pecho, notando al demonio que quería salir para arrancarle la cabeza de cuajo por lo que había hecho. La había tocado y no solo eso, la había mancillado con su asquerosa sangre. Di un golpetazo a la mesa, tan fuerte, que rompí el cristal de la misma notando que algunos cristales se incrustaban en mi piel y abrían pequeñas heridas en mi palma que no sentí apenas, no cuando todo en lo que podía pensar era en destriparlo, en sangre, en muerte y en destrucción. Si antes estaba sentenciado ahora lo estaba aún más que antes, no podía soportar ver sus lágrimas aunque fuera solamente una la que cayó por su rostro y si antes algo se había roto en mi interior, con esa confesión, se había roto aún más. El demonio quería tomar su lugar y salir a jugar, contenerlo era costoso pero lo hice porque me lo cobraría todo llegado su debido momento. Aparté su lágrima sin decir demasiado y cerré los ojos un par de segundos buscando una calma que no existía en mí porque todo mi interior ardía, bullía de manera oscura y salvaje.


-Sigues siendo una estúpida niña que cree en cuentos de hadas, ángel –comenté cuando pude controlar un poco la rabia de mi voz, incluso así, esta se notaba oscura y fría como un presagio de muerte- lo mataré Astrid, no quedará de él nada salvo la ceniza cuando acabe con él y le ponga fin a su miserable existencia –aseguré porque de eso daría fe, lo haría sin importar el coste- ahora lo que tenemos que hacer es hallar la manera para que no te encuentre, tendrás que cambiar de lugar de residencia y temo que eso no sea solo suficiente –comenté levantándome un momento y poniendo distancia, mi parte más oscura clamaba por salir y contenerla era complicado- se conoce tus movimientos, se conoce el lugar donde resides... no puedes volver, no así –dije mientras pensaba, mientras mi mente intentaba hallar una forma para ganar tiempo y que no pudieran encontrarla- por un tiempo tendrás que dejar de ser quien eres, lo sabes ¿verdad? –Pregunté para girarme y mirarla, era obvio que con esa apariencia física la encontraría en cualquier lugar, es más, los vampiros eran unos cabrones retorcidos y si se conocía su lugar y a su familia podría utilizarlos en su contra- tendrás que “desaparecer” para que no pueda encontrarte, y eso también incluye a tu familia. Sabe dónde vives, se sabe todo acerca de ti y si no obtiene contigo lo que quiere lo hará a través de tu familia... vas a tener que mandarla lejos por un tiempo –me acerqué a ella sentándome a su lado- no es lo que quieres, pero si quieres salvarlos de que los utilice en tu contra es lo que vas a tener que hacer –sonaba duro, pero solo así podría entender el alcance de la situación- es más, tendrás que cambiar tu apariencia –apunté tras cruzárseme la idea en la cabeza- conozco a un hechicero que podría hacerlo, de esa manera con tu familia lejos podrás pasar desapercibida y no te encontrará, lo aprovecharemos para encontrarle y darle caza –giré su rostro para que me mirara- ¿me has entendido, Astrid? Dejarás de ser tú por un tiempo para que no pueda seguir aprovechándose de ti, lo buscaremos y lo cazaremos... de eso te doy mi palabra –y cuando yo juraba jamás lo hacía en vano- nadie toca lo que es mío, y él pagaré por todo lo que ha hecho –y mi sentencia ya estaba hecha, era vampiro muerto.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Sáb Dic 22, 2018 4:09 pm

Tristemente sonrío muy a mi pesar porque el hecho de que me llame ángel no me salva de caer. Estoy perdida, aún tratando de comprender cómo ha podido pasar, cómo no he sido capaz de ver las marcas en mi propia piel. Incluso ahora por mucho que observe mis brazos la neblina oculta el verdadero desastre, como si el bloqueo mental siguiese activo contra mi voluntad. El golpe sobre la mesa auxiliar me sobresalta arrastrándome de vuelta a la habitación. Observo el puño cerrado de Naxel sobre los cristales, su expresión estática, sus pupilas inundadas de rabia. ¿Qué es lo que lo enfurece? ¿El no haberle contado mi historia antes o mi verdadero dolor? Con Naxel nunca estoy segura de lo que piensa.

-No hagas promesas que quizás no puedas cumplir-susurro, porque no me hace falta hablar en voz alta, está tan cerca que podría besarlo. Frunzo el ceño de pronto ante el pensamiento repentino y me digo que no tiene importancia, que sólo estoy débil y perdida. Busco desesperadamente algo a lo que aferrarme. No aparto mis ojos de los suyos mientras su nudillo aparta la lágrima de mi mejilla y el gesto me produce un nudo en la garganta. No quiero llorar, maldita sea, no puedo permitirme estar así ante él.

Asiento cuando procede a analizar las opciones que tenemos, su mente calcula fríamente todos las variantes. Sé que tengo que desaparecer, poner a mi familia a salvo a toda costa. Me percato de la sangre que emana de su mano cuando se aleja, lo moverse inquieto, pensando.

-Alejar a mi familia no será fácil, pero no imposible-intento hacer visualizar lo que podría ocurrir de ahora en adelante-Mi tío ha sido cazador, comprenderá lo que ocurre sin necesidad de demasiadas explicaciones... Aún poseo tierras en Gales fruto de mi herencia-me escalofrío me recorre. Otra vez se repite la historia, otra vez debo huir-Lo sé, tendré que estar más alerta, ocultarme y... ¿Qué?-lo miro de reojo, ahora estando a mi lado en el sofá las marcas de expresión en su rostro son más marcadas bajo la luz del ventana. Su preocupación es palpable. Aún así lo que acaba de decir me deja descolocada, me produce rechazo-Un hechicero...

Me guía con su mano para mirarlo de nuevo y no me resisto, me siento como una marioneta sin voluntad alguna, tratando de recuperar fuerzas. Me asombra lo mucho que lo miro normalmente y lo poco que me fijo en él. Tiene marcas oscuras bajo los párpados, fruto del poco descanso y su postura delata que las marcas, por muy curadas que parezcan, aún han dejado restos de dolor. Sin darme cuenta he posado mi mano sobre la suya, quizás esperando comprender que todo esto es real. Me soy cuenta de que es el primer contacto que tenemos donde uno de los dos no quiere acabar con el otro. Lo observo mientras uno las piezas. Por un momento, Gael cruza mi mente y reprimo el dolor en mi pecho.

-¿Pretendes utilizar magia oscura?-mi tono me delata-No es una vía segura, Nax... Es demasiado arriesgado, un riesgo muy alto-me aparto de él lentamente y me pongo en pie, asombrada de no haber perdido el equilibrio a causa del temblor constante que se ha apoderado de mí. Sujetando la manta recojo la blusa con la que minutos atrás me estaba vistiendo y la sacudo. Está fría-Sé que tienes razón, que es una medida necesaria y no pongo en duda tu capacidad para... protegerme-se me quiebra la voz en la ultima palabra, ya que admitirlo en voz alta me resulta extraño, lejano. Esperaba encontrar rechazo en él ante todo esto y me he encontrado lo contrario-Pero tiene que haber otra opción-de espaldas a él suelto la manta y la dejo caer, me pongo la blusa abrochándola con dedos temblorosos, ya sin darle importancia a mi desnudez.

-Los hechiceros siempre piden una modena de cambio y lo que pedimos es algo inusual-me giro entonces mientras me coloco las mangas-Podría no salir bien. ¿Y si aún así me encuentra? Quizás sepa que estoy aquí en este preciso momento. Huir sería lo mismo, podría simplemente abandonar París pero me pides que me quede, que me... que me transforme literalmente en otra persona y sirva de señuelo. Me estas pidiendo renunciar a mí misma-hago un gesto extendiendo levemente los brazos, abarcándome entera-Podría no volver a ser yo jamás, Naxel.

Escucho sonidos en el exterior y recuerdo que el hombre al que ha llamado "tío" sigue fuera, quizás esperando a que demos señales, probablemente conocedor de que algo no va bien. Nos miramos durante un instante, hay muchas cosas que quiero preguntar, muchas decisiones que temo tomar. Con un suspiro vuelvo a coger la manta aún impregnada de mi esencia y en tan solo dos pasos me coloco de nuevo ante el sofá, de rodillas y tomando la mano herida de Naxel sin dejarlo rechistar. La observo detenidamente y aparato dos cristales que tiene incrustados en la piel. Absurdamente utilizo el acto para sopesar mis opciones y ninguna es de mi agrado. Necesito tomar una decisión aquí y ahora, y sé que él me mira esperando por una respuesta. Por suerte o por desgracia son fragmentos de tamaño considerable y puedo apartarlos con facilidad. Si le duele no dice nada, y nos mantenemos en silencio el tiempo que tardo en romper un trozo de la tela y vendarle de forma improvisada la mano. Su piel está ardiendo.

-Dime que hay otra manera.
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Demon || Naxel Eblan Empty Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Vie Ene 18, 2019 11:11 am

Sabía que la solución que estaba pensando para poder ayudar a Astrid no iba a gustarle a la misma, era más que evidente que necesitaba moverse antes de que el vampiro se percatara de que ella sabía la verdad y pudiera seguir apareciendo por las noches en su habitación, lejos de ser importunado para hacer con ella lo que quisiera como había estado haciendo últimamente. Lo mataría, era una amenaza que cumpliría porque no permitiría que volviera a salirse con la suya y tuviera en una dominación a ella, a toda su familia. Debía de ser un vampiro capaz de tener habilidades mentales para poder darse el lujo de hacer todo lo que había hecho, algo en la forma que tenía ella de mirarme me decía que era peligroso como si me advirtiera de que no lo hiciera pero ¿cómo no hacerlo cuando ardía de la rabia? Me era imposible no pensar en matarlo cuando mi mente como una cruel y retorcida tortura mandaba imágenes de él en su cuarto inmaculado, de lo que recordaba del mismo había algo que cabía destacar por encima de todo lo demás: el color blanco. Blanco impoluto, blanco impecable, blanco de pureza.... blanco del color que se les otorgaba a los ángeles llenos de luz, como lo era ella. Imaginarme a ese ser de oscuridad en medio de aquel remanso de luz y pureza, campando a sus anchas por su casa, observándola mientras dormía sin saber lo que le deparaba aquel monstruo... ardía de la misma rabia que me provocaba esa escena. Estaba muerto y lo reduciría a cenizas cuando lo encontrara, porque quisiera ella o no, no iba a dejar que siguiera en su existencia por mucho más tiempo sobre la faz de la tierra. Y bien sabía que el coste a pagar que tendría que hacer ella sería alto, le tocaría hacer sacrificios si quería pararlo y poner a salvo a su familia porque ese maldito desgraciado se conocería todos sus pasos, tendría a todos vigilados y de descubrirlo algo me decía que amenazaría a alguien cercano a ella, alguien que pudiera manejar sin dificultad, para hacerle daño y que cediera a sus peticiones. No costaba demasiado pensar como un demonio cuando se era uno, bien sabía quién podría servirnos de ayuda para lo que tenía pensado y que no iba a gustarle en absoluto, la magia negra siempre tenía un coste adicional y algo me hacía intuir que ese maldito hechicero me pediría algo mayor por lo que tenía pensado que hiciera. Cambiar el aspecto físico de una persona era una ardua tarea y no hubiera pensado en Logan Tisdale, el hechicero que me ayudaba siempre con mis heridas, de no saber lo bueno que era ese maldito hechicero. Su forma de pagar era un tanto retorcida también, no pedía dinero porque para él era algo que le sobraba ya que ostentaba el título de Conde en Escocia, pero sí pedía algo que fuera importante para la persona que solicitaba sus servicios porque le gustaba regodearse del dolor ajeno, la magia siempre tenía un precio y no precisamente eran monedas de oro. El hechizo tendría que ser permanente de alguna manera, no algo temporal hasta que pudiéramos encontrar al maldito vampiro y matarlo, ella tendría que cambiar de una manera radical su forma de vida si quería salir adelante y si pensaba acabar con aquella pesadilla, y de eso yo sabía demasiado. Cambiar de aspecto, de esencia y de nombre le concedería el tiempo para buscarlo y acabar con el vampiro, que se volvería loco intentando buscarla sin resultado alguno. Pero también conllevaba alejarse de su familia y no como ella pensaba, tendría que mandarlos lejos para protegerlos por mucho que le doliera, por mucho que le costara... porque solo así podría saber que sus pasos estaban bien encaminados.

La sorpresa en su rostro se hizo evidente en cuanto le dije lo que tendría que hacer, mis dedos habían alzado su mentón para que me mirara y comprendiera mis palabras, las analizara una a una y fuera consciente de la magnitud de las mismas. Sus dudas crecían en sus ojos y podía darme cuenta de estas que la iban carcomiendo por dentro mientras entendía la magnitud de los hechos, de lo que le estaba proponiendo. Se apartó de mí mientras aun con la manta entorno a su cuerpo se agachaba para recoger la blusa a la vez que hablaba, para ella era más fácil poder huir lejos y poner distancia como si eso solucionara las cosas, como si el hacerlo fuera lo mejor para que todo se acabara y el vampiro dejara de buscarla, de jugar con su mente. Gruñí por ello apretando mi mano cerrándola en un puño por sus palabras, desde luego que no había pensado que dijera algo sobre huir porque yo jamás huía de ella, aunque en eso mentía descabelladamente porque sí huía de algo; de ella. Y sin embargo allí estaba en mi cabaña del bosque abrochándose la blusa dándome la espalda mientras todo cobraba un cierto sentido y ella asimilaba que, la opción que le había dado, era su mejor baza para poder atraparlo y acabar con él de una vez por todas. Le haría pagar todo lo que había hecho, cada herida, cada marca, cada gota de sangre que le había dado a la cazadora.... ella era mía y no consentiría que le tocara un pelo de nuevo mientras yo estuviera cerca, o vivo, para evitarlo. Ella no estaba convencida del todo de que la magia oscura fuera lo mejor a utilizar para su situación pero ¿qué otra cosa más hacer? Ese maldito la tenía controlado, su esencia la conocía para encontrarla allá donde estuviera, ella creía que era arriesgado pero no había más opción que esa. No ponía en duda mi capacidad para protegerla pero yo lo dudaba porque parecía que no terminaba de estar segura del todo, o era eso o era por la parte del hechicero. No dije nada observándola mientras terminaba de vestirse, sus palabras y sus dudas eran evidentes pero se olvidaba de que si yo lo decía era porque podía salir bien, si se lo comentaba era porque no había otra opción más que esa. No era demasiado extraño para ella que dudara y que incluso tuviera miedo, pero yo lo tenía muy claro y confiaba plenamente en el hecho de que todo saliera a la perfección. Sí, en cierto sentido le estaba pidiendo que “renunciara” a ser ella, pero solo de una manera temporal para que la tormenta pasara y todo volviera a su cauce. Extendió sus brazos abarcándose a sí misma cuando dijo que podría no volver a ser ella de nuevo, mis ojos la recorrieron en silencio como si intentara grabar en mi retina su imagen, su pelo castaño, esa piel nívea e impoluta que tenía, los mechones que caían de su pelo en pequeñas hondas, incluso el perfume de su piel y los matices que tenía. Mis ojos se centraron por unos segundos en sus ojos cuando sin decir mucho más acortó la distancia, aún con la manta se acercó arrodillándose frente a mí que estaba sentado en el sofá, escuchamos pasos fuera y por un momento me había olvidado que mi tío había acudido allí y que para hacer debía de ser porque algo hubiera pasado. En completo silencio tomó mi mano ensangrentada para observarla, tenía algunos cristales incrustados en mi piel de donde manaba la sangre y ella sin decir nada fue la que se encargó de quitarlos. No había dolor en aquello, de peores heridas me había enfrentado y además la rabia y la ira me cegaban por completo dejando de lado el dolor que pudiera sentir por la herida. Limpió la sangre de mi palma y con una venda la enrolló para que dejara de sangrar sumida en sus propios pensamientos, sabía que era mejor no decirle nada aun cuando quería presionarle para que me contestara y me diera una respuesta, pero yo lo tenía todo pensado y quisiera o no lo llevaríamos a cabo, huir no era nunca una opción y no permitiría que lo hiciera. Me pidió mientras terminaba de vendar mi mano que le dijera que hubiera otra manera, fruncí el ceño ante esa insistencia que tenía cuando ambos sabíamos que, de haberla, ya se la hubiera comentado. La magia negra era lo único que la ayudaría a enfrentarse al vampiro, ganar tiempo y poner a salvo a su familia y cuanto antes lo asimilara mejor sería para ambos.



-De haber otra opción, Astrid, ya te la habría comentado –atajé sin decir mucho más porque no era necesario, era la verdad y no había más opción que la de acudir a Logan y que nos ayudara con la magia y su cambio- sé lo que hago ángel, sé en quién puedo confiar para pedir algo así y no debes de preocuparte por ello, es un conocido que me ha ayudado otras veces y es quien ha curado las heridas de mi espalda –dije solo para hacerle ver que podía fiarse, que no había motivos para temer- no te perderás si es lo que te preocupa, pero sabes tan bien como yo que es la única opción que tienes si quieres salvar a tu familia, esconderte o huir no servirá de nada... te hacía más valiente como para salir corriendo cuando el peligro se cierne sobre ti –puntualicé intentando buscar algo en ella ahora que había terminado de vendar mi mano sintiendo sus dedos todavía sobre mi piel- hablaré con él y quizás en uno o dos días podamos llevarlo a cabo, mientras tanto correrás peligro y deberás de ser precavida, avisar a tu familia para que se vayan lejos y quizás Gales no sea una mala idea. Busca otro lugar donde quedarte hasta que todo pase, porque solo así conseguirás encontrar al vampiro y terminaremos con la pesadilla –estaba convencido de ello, mientras yo me encargaría también de investigar a dicho vampiro- no hay otra manera, no hay otra opción –negué con la cabeza cuando alzó la suya para mirarme y por unos minutos nos quedamos de esa manera, en silencio, observándonos con mi pulgar acariciando levemente su mejilla cuando escuchamos unos pasos que provenían de la entrada de la cabaña, la intromisión de mi tío Keith rompió esa pequeña atmósfera y fruncí el ceño porque no sabía a qué se debía la misma, o por qué nos habíamos quedado así.
-Lamento interrumpir este emocionante momento muchachos, pero tenemos que hablar –sus ojos pasaron de uno a otro para clavarse finalmente en los míos, sabía que algo debía de pasar y por eso estaba allí, además de todo eso, conocía demasiado al hombre que me había entrenado desde pequeño y el aura seria que desprendía me decía que era de vital importancia. Bufé cerrando los ojos un par de segundos mientras pensaba en todo lo que tenía que hacer, tras masajear ligeramente el puente de mi nariz fue que abrí mis ojos para clavarlos en mi tío.
-Está bien, ¿qué es lo que ocurre? –Pregunté porque no me gustaba dar demasiados rodeos y cuanto antes lo soltara, mejor. Miró por unos segundos a Astrid y centró su atención en mí, lanzó un suspiro y se preparó para decir las siguientes palabras.
-Me ha llegado información que creo debo de compartir contigo –se adentró en la cabaña hasta estar frente a la mesita pequeña que había, quedando uno a cada lado- me pediste que si me enteraba de algo te avisara en cuanto lo supiera –fruncí ligeramente el ceño porque, de alguna manera, sabía por dónde iba- ha habido movimiento, por las informaciones que me han llegado en estos momentos se la ha visto a ella merodear por tierras Escocesasapreté mi mandíbula por ello, “ella”, la beta de aquel licántropo que había jurado matar desde que se atrevió a asesinar a mis padres. Cerré mis manos en sendos puños y me levanté comenzando a andar mientras lo escuchaba dándole la espalda, tenía la mandíbula apretada, el cuerpo tenso mientras por mi mente pasaba la idea de ir y aprovechar el momento- tiene a varios de la manada con ella, pero el alfa sigue en la ciudad bien escondido... desde vuestro encuentro creo que está reforzando su manada porque sabe que en algún momento le darás caza –y con eso Astrid podría saber, perfectamente, de qué estábamos hablando. La ira se adueñaba de mí y parecía que era la protagonista de aquel día, primero con la cazadora y ahora con la información de mi tío- se desconoce por qué está allí, pero solo quería que lo supieras –hizo una leve pausa antes de continuar- tened cuidado los dos, y Naxel, haga lo que hagas... no vayas solo –aclaró delante así mis intenciones de ir hacia Escocia para darle caza aprovechando que su alfa no estaba, darle un golpe como él me lo había dado hacía ya años matando a mis padres. Gruñí preso de la rabia y di una patada a una silla que salió despedida por unos metros mientras respiraba de manera acelerada y agitada. Lo tenía claro, iba a ir a por esa loba en cuanto hiciéramos lo de Astrid, la buscaría, le daría caza y una vez encontrada... oh, la torturaría para despellejarla viva y después ofrecerle su cabeza al alfa. Sonreí de manera siniestra por mis pensamientos cuando sentí que Astrid se movía, no supe qué era lo que iba a hacer pero me giré raudo para llevar mi mano y apresar su muñeca parando su avance, lo más seguro es que quisiera irse tras todo lo que había pasado.
-Quédate –dije cuando mis ojos se encontraron con los suyos, sabía que tendría que preparar a su familia pero también que el vampiro podría atacarla esa misma noche. Además, algo me decía que me preguntaría sobre la licántropa y mis intenciones para con la misma.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Sáb Ene 19, 2019 2:17 pm

Su mano arde entre las mías y me aferro a la esperanza de dejar de temblar si lo sujeto con suficiente fuerza. Frunzo el ceño aún sin mirarlo, sintiendo extraño mi nombre en sus labios, normalmente pronunciado con ímpetu y rabia. Me llama ángel y descubro que puede que se haya convertido en una costumbre para él. ¿Soy un ángel? Dudo tanto, tantísimo, ser semejante cosa para él. Los ángeles son puros y yo tengo mis manos manchadas de sangre. Los ángeles podrían salvar a todos cuanto amaran y yo sólo traigo problemas, destrucción y dolor a los demás. No, no soy un ángel y, si alguna vez lo fui, he perdido mis alas.

Alzo la mirada al sentir la suya, mi rostro debe ser un libro abierto en este momento, demasiados sentimientos rotos. ¿Qué ve cuando me mira? Mi primer instinto es apartarme cuando su mano acaricia mi mejilla pero me quedo donde estoy, de rodillas ante él, perdida. No sé en qué momento estar cerca el uno del otro ha dejado de ser extraño, sin embargo, puedo sentir la incertidumbre en la boca de mi estómago, nunca sabiendo cuando bajar la guardia o cuando aparecerá el demonio. Puedo ver en su rostro toda la ira y la promesa de muerte ante la criatura que me ha estado atormentando, pero también distingo la determinación de que no hay otra opción ante mi destino.

-No temo perderme...-ya no, me perdí hace tiempo. Asiento simplemente pero la mirada que le devuelvo cuando mete el dedo en la yaga, reviviendo las ganas que siempre parezco tener de partirle la sonrisa. Asiento simplemente tratando de encajar todas las piezas y no juzgar al supuesto brujo que nos ayudará a salir adelante. Jamás me he fiado de la magia, por muy atrayente y maravillosa que sea, siempre exige un precio, siempre hay sangre de por medio. Debo estar preparada para cualquier cosa que pueda exigir el hechicero.

En cuanto escucho los pasos en la puerta me incorporo lentamente a causa del entumecimiento de mi cuerpo, por algún motivo la escena se me antoja extraña, casi como si nos hubiesen pillado haciendo algo incorrecto. El tío de Naxel no repara en sus palabras, sin duda debe haber perdido demasiado tiempo  fuera de la cabaña, preguntándose porqué su sobrino tiene visita en un lugar que se supone recóndito. Por la mirada que me echa, quizás tiene demasiadas preguntas que tendrán que esperar, o tal vez ya sabe más de lo que cabría esperar. Escucho todo cuanto dicen y, aunque mi cabeza y mente están muy lejos de aquí, intento prestar la mayor atención posible. "Ella". Puedo sentir como cada uno de los músculos del cuerpo del cazador se tensan con la simple mención de la palabra. Por un instante me cuesta seguir el hilo de la conversación, hay un trasfondo que ninguno aclara, pero pronto comprendo que hablamos de la manada de licántropos a la que nos enfrentamos, la manada que nos marcó la piel de por vida. Recuerdo que el lobo beta de la manada era una hembra, y si la información de Keith es cierta, Naxel podría estar más cerca que nunca de atrapar y conseguir su venganza. Alazo las cejas cuando su tío deja claro que sabe lo que nos ocurrió con la manada, sin duda no esperaba que Naxel le hubiese dicho que en esa ocasión estuvo acompañado. Alargo la mano deliberadamente para tocar al cazador de ojos fríos y tratar de calmar su ira, pero el movimiento se queda en el aire y decido que no debo inmiscuirme, no ahora. En su mente deben de estar ocurriendo muchas cosas en este momento y ninguna buena.

-No lo hará-respondo con firmeza a Keith, encontrando en su rostro similitudes familiares con su sobrino. Mis palabras dejan claro que no permitiré que Naxel Eblan se encamine directo a su tumba, no irá solo, y no aceptaré un no. Pero no digo más para evitar que todo arda.El golpe en la silla e sobresalta a pesar de que lo he visto venir. Su furia me produce escalofríos que se unen al propio temblor que ya acarreo. Keith murmura algo y no llego a escuchar si se trata de una despedida o simplemente se ha marchado a otra habitación. Me paso las manos por los brazos y no siento las supuestas marcas que debería tener, ni siquiera logro verlas con nitidez. Es hora de marcharme. Necesito salir de aquí y poner en sobre aviso a mi tío, él comprenderá sin necesidad de demasiadas explicaciones el peligro que corremos. Necesito encontrar un lugar y esconderme hasta que llegue el día en el que nos encontremos con el hechicero... Tengo demasiadas cosas en la cabeza. Cojo mi corsé, que ha estado en el suelo todo este tiempo, y lo meto en mi bolsa de cuero. Para una mujer es una locura si quiera salir a la calle con mi aspecto pero me digo que no tengo tiempo de perder, ya me cambiaré antes de llegar a la ciudad. Cierro la bolsa con energía, Naxel aún está de espaldas, puedo ver sus hombros tensos, su respiración controlada al milímetro. Está tramando algo oscuro y ni yo ni nadie podremos pararlo. No tengo intención de despedirme, por algún motivo no creo necesarias más palabras. Cuando paso a su lado siento frío.

Su mano aferra mi muñeca y una única palabra consigue detenerme.

-No debo-susurro-Ahora que sabemos la verdad no puedo perder más tiempo, mi familia está en peligro-pero no me muevo y él sólo me mira. "Tú también estás en peligro" puedo leer en sus pupilas. Naxel no me suelta y está claro que no lo hará hasta que yo no ceda-Se supone que no me querías aquí. No puedo quedarme Nax, yo...-tengo miedo. Quiero decir. Tengo tantísimo miedo que no quiero admitirlo y dejar que me vea así. Pero sé lo que pretende. El vampiro volverá esta noche a comprobar si duermo y, cuando lo haga, me atacará otra vez. No sería raro que una noche cualquiera la pasase fuera, no es la primera vez. Una noche, quizás, no levante sospechas. Me debato un largo minuto, sin apartar mi vista de él. Al final suelto el aire-Sólo por esta noche.

Y me suelta.

Dejo caer la bolsa al suelo y suspiro, llevándome las manos a la cara aún sin creerme todo lo que está sucediendo. Murmuro que voy a hacer té, como siempre que hago cuando todo se me viene encima, sin saber si quiera si el cazador tiene dichas hierbas en su cabaña, ya que antes al llegar no logré encontrarlas. Encuentro cristales en el suelo de la cocina consecuencia de nuestro anterior enfrentamiento y me doy cuenta de lo absurdo que fue. Mi vida acaba de cambiar completamente, otra vez. Echo un leve vistazo arrepentido al ventanal y me pongo a rebuscar entre los muebles y descubro un sobre de papel con algunas hojas de limón y palitos de canela. No cabe duda de que se trata de algo hecho por Liara, y me consuelo sonriendo ante el detalle. La presencia de su hermana es palpable incluso aquí.

-Deberías ir a Escocia-digo, porque sé que puede oírme-Esto que me está pcurriendo no debe frenarte en tu propia venganza. Yo me presentaré ante el hechicero que nombras y haré lo que sea necesario, una vez cambie mi... mi cuerpo, será más fácil pasar desapercibida, me uniré a ti en las Tierras Altas, donde quiera que estés y te ayudaré contra la licántropa.-preparo el agua para hervirla y meto las hierbas en la tetera-No pretendas apartarme de esto. Nuestros caminos están entrelazados desde el principio, si pretendes dar caza a mi vampiro, yo daré caza a tu loba-no me giro hacia él porque podría encontrar una negativa mayor. Incluso Keith sabe que si su sobrino emprende el viaje solo, será su perdición. Siento náuseas por todo lo que está ocurriendo pero por suerte ya no tiempo. Ilusamente la idea de quedarme aquí esta noche, por raro que parezca, me tranquiliza. Recuerdo que la primera vez que estuve aquí pude dormir sin miedo-¿Qué ha sido de Liara?-pregunto, más para apartar la atención de nosotros por un momento. Hace tiempo que dudo en si presentarme ante la puerta de la hermana del cazador sería una buena idea sin tener su consentimiento. Después del recital su imagen se ha quedado en mi memoria y mi preocupación por su bienestar es angustioso-Me gustaría saber si se encuentra bien, sé que lo ocurrido debió de ser... traumatico en cierto modo. Quizás, antes del cambio podría visitarla y...

Me quedo callada de pronto. Naxel jamás permitiría algo parecido. Sé que me quiere muy lejos de su hermana y comprendo porqué. El peligro e sigue a todas partes. Niego con la cabeza mientras pongo la tetera al fuego, sabiendo perfectamente su respuesta. Cuando me giro lo único que puedo hacer es mirarlo, ahora mismo me daría igual que me tentase, me instase a luchar o me gritase. Sólo necesito dejar de pensar.

-¿Se supone que voy a dormir contigo?- digo, sin pizca de gracia, intentando restar hierro a todo lo ocurrido. Y de pronto me siento estúpida.
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Demon || Naxel Eblan Empty Re: Demon || Naxel Eblan

Mensaje por Naxel Eblan el Sáb Feb 16, 2019 7:40 am

Sabía que la llegada de mi tío Keith no era algo inesperado o que él no hubiera previsto de ser completamente necesario, me conocía demasiado como para saber que cuando necesitaba alejarme de todo y de todos no esperaba visita alguna aunque ese día tuve la sensación de que eso iba a ser diferente, a que iba a presentarse y en parte hasta lo esperaba, por eso había confundido a la cazadora con mi tío cuando llegó y desde luego que su visita sí que no la esperaba. Al menos, no en parte porque algo me decía que a pesar de decirle que no la quería cerca, que no quería volver a verla ella no estaba por la labor de hacerme caso y no entendía el motivo por el que ahora me buscaba y quería permanecer cerca de mí. Al principio las cosas no eran así, al principio siempre había querido que me alejara de ella y no podía determinar con exactitud en qué momento preciso y exacto fue que ella decidió cambiar las tornas y buscarme más como estaba haciendo últimamente. Quizás se debía a su cambio de comportamiento conmigo, a que la veía más segura de sí misma y más valiente de lo que se había mostrado conmigo en otras ocasiones. No lo sabía con certeza pero algo en ella había cambiado porque ya no veía el mismo miedo danzar en sus ojos, algo en ella despertó haciéndola más fuerte en mi presencia, más constante y segura de lo que jamás se había mostrado conmigo y aunque no quería pensarlo una parte de mí estaba convencido de que fue a raíz de aquella noche donde los lobos nos atraparon. Recordar esa noche era algo que no quería pero de vez en cuando venían escenas a mi mente, sobre todo cuando la tenía delante y podía acordarme por sus gestos que llevaba en su espalda la marca de tres latigazos que se llevó, yo me llevé muchísimos más que ella pero yo tenía a un hechicero que me ayudaba con las heridas previo pago pero ella debía de pasar esas heridas sin cura alguna y cicatrizando lentamente. No entendía por qué quería acercarse más a mí cuando yo quería alejarla, pero la única opción que me quedaba es que había sido tentada por la oscuridad y ahora quería más de esta, y la única forma que tenía de obtenerla pasaba por mí. Si no quería mi cuerpo, ¿qué otra cosa más podía querer de alguien como yo que era un completo demonio? No creía que fuera posible la opción de ayudar a alguien desinteresadamente sin esperar nada a cambio, así no funcionaba el mundo y por mucho que ella lo dijera para mí no tenía sentido. Sin embargo allí estaba y como de costumbre –o como se estaba convirtiendo últimamente- cada vez que ella estaba presente el tema de los licántropos surgía de nuevo. Intuía que Keith no había ido allí sin motivo o razón alguno por lo cual esperaba que algo me dijera bien de Liara, bien de mi vida con la que no estaba en acuerdo en ciertos aspectos, así que cuando dijo que teníamos que hablar y mientras lo hacía algo me hizo pensar que se estaba refiriendo precisamente a la manada y que venía para darme información. En eso habíamos quedado siempre él y yo, él tenía más contactos de los cuales obtener información valiosa y en cuanto supiera algo sobre ellos debía de darme la información casi de manera inmediata para no perder tiempo porque podían cambiar de opinión o parecer, siempre lo habíamos hecho así y esa vez no era menos el motivo de su visita que nada tenía que ver con mi persona, sino con mi venganza.

Con su información me daba la oportunidad de romper la pareja que formaban el alfa y la beta, esa loba también había sido la culpable de que perdiera a mi familia y lo cierto es que no pensaba dejar que se salvara porque fuera una mujer cuando también vi, siendo pequeño, cómo se abalanzaba sobre mis padres antes de que ya no pudiera ver nada más. Desequilibrar la pareja sería una baza muy importante a mi favor, despojado de su beta el alfa se vería mermado y debilitado, roto por su pérdida y no podía desaprovechar la oportunidad que esa información me daba. La rabia me consumió lleno de ira con el demonio que brotaba en mi interior, mi cuerpo se tensaba y mis manos ansiaban degollar, destripar o matar algo para saciarme y calmarme. Preso de la rabia por pensar en ellos, aunque las palabras de mi tío me daban un pequeño respiro y una oportunidad para vengarme, era pensar en mis padres le di una patada a la silla que se desplazó hasta chocar contra la pared. Me levanté dándoles la espalda a ambos en lo que podía escuchar a mi tío que decía algo más y sus pasos que se alejaban, él sabía perfectamente cómo me quedaba cuando hablaba de esos lobos y ahora que no estaba solo con la presencia de la cazadora seguramente pensaría que allí ya había cumplido su cometido. A mis espaldas quedaba ella mientras yo apretaba mis manos lleno de furia, de ira y ansias de venganza contra ellos, mi respiración agitada subía y bajaba de manera desenfrenada, mi vista fijada en un punto aunque no era capaz de ver nada en absoluto cuando mi mente funcionaba a mil por hora y ya pensaba en lo que tenía que hacer: viajar a Escocia. Aprovechar que la beta estaba allí para darle caza, lanzar su cabeza a su alfa para que supiera que si se trataba de dar golpes yo también podía hacerlo y que no era el único pese a que nos había tenido en bandeja de plata aquella ocasión... darle yo el siguiente golpe equilibraría la balanza y nos dejaría más o menos a la misma par. Ni siquiera supe por qué reaccioné dentro de mi propio éxtasis mientras pensaba despellejar viva a la beta con una sonrisa siniestra en mis labios, que mi mano se movió para atrapar la muñeca de la cazadora cuando supe que se marchaba. Y entendía por qué lo hacía, debía de preparar a su familia para el cambio y debía de organizar muchas cosas antes de que quedáramos con Logan para que nos ayudara. Sin embargo, como ya pasaba con ella últimamente, me giré para pedirle una cosa que jamás había salido de mis labios hacia cualquier persona que no fuera mi hermana; que se quedara. Algo totalmente inusual en mí mientras fijaba mis ojos en los suyos, podía ver duda, podía ver cierto atisbo de curiosidad aunque también parecía desconcertada por todo lo que le estaba pasando y no era para menos, en pocos días su vida cambiaría por completo dándole un giro todo para poder salvar a su familia.

Era cierto cuando alegó que su familia estaba en peligro que debía de marcharse por ese motivo, que no debía de perder tiempo porque este era crucial para que los planes salieran adelante pero también era cierto que ella estaba en peligro, que era a ella a quien el vampiro buscaba y no a nadie más, que solo la quería a ella... pero esa noche no la encontraría, y de eso daba buena fe. Muchas cosas habían pasado en tan poco tiempo en aquel día; enterarme del vampiro, de que fue una esclava, de que la acechaban por las noches y luego... que una parte de mi venganza podía ser cumplida si viajaba a Escocia. Volver a mis tierras era algo que no había hecho desde que salí de estas para irme con mi tío. También era cierto que no la quería allí conmigo pero los últimos acontecimientos había hecho que las tornas cambiaran, quedarse allí conmigo suponía que el vampiro no la encontraba y no podía hacerle nada por la noche... era una forma de estar segura. No solté mi agarre hasta que no supe y aseguró que se quedaba por esa noche, solo entonces solté su mano en lo que ella dejaba caer su bolsa al suelo, murmuró que iba a hacer té y yo la dejé hacer mientras quedaba apoyado contra la pared de la cocina con mi mente en mil cosas diferentes, la veía moverse por la cocina pero realmente no la veía porque andaba pensando en lo que debía de hacer. Sabía que tenía que ir a Escocia, aprovechar la oportunidad que teníamos pero tampoco quería dejar que la situación del vampiro siguiera adelante permitiéndole hacer lo que quisiera, para ello debíamos de cambiar su apariencia en dos días y ese era el tiempo máximo que esperaría para partir hacia Escocia.  Y como si pudiera leer mis propios pensamientos habló para decirme lo mismo que yo pensaba, no dije nada al respecto en lo que la escuchaba y fruncí el ceño cuando dijo que se presentaría sola ante Logan, ni de coña iba a dejar que eso pasara porque ella no sabía con quién estaba tratando. Gruñí cuando ella, toda convencida, aseguró que se reuniría conmigo luego de su cambio. Ni siquiera escuché bien lo que dijo de Liara porque pensar en ella me provocaba dolor, nuestra situación no iba bien ahora que sabía la verdad y me consideraba un monstruo... algo que jamás quería que pasara. Para cuando se dio la vuelta a mirar nuestras miradas chocaron, ella seguramente porque me opondría a que viera a Liara pero lo cierto es que ¿importaba ya? Al único que no quería ver era a mí porque la había decepcionado, me había convertido en ese monstruo cruel, sádico y horrible que la gente hablaba... frente a sus ojos que nunca me vieron de esa manera.


-No te presentarás tu sola ante Logan, no lo conoces Astrid y no creo que puedas aceptar el pago por su magia... incluso dudo que te vea a ti sola cuando hable con él –lo conocía, era un hechicero poderoso y peligroso y no la dejaría a solas con él bajo ningún concepto- se hará cuando yo esté presente, yo te llevaré ante él y después de eso si has ordenado todo en tu vida, si has puesto a salvo a tu familia y todo está en condiciones partirás hacia Escocia conmigo. Sé que te diré que no vengas y harás lo que quieras, te he dicho mil veces que te quiero lejos y sin embargo aquí estás –sabía que no iba a poder hacer nada porque no fuera a Escocia, pero se haría con el cambio de su cuerpo y ahí no iba a claudicar- No sé nada de Liara... ella sabe la verdad de algo que hice en el pasado y ahora para ella soy ese monstruo del que todos conocen y saben que soy –no quería hablar de Liara y no seguí hablando de ella, por lo que la cazadora podía interpretar mis palabras como quisiera porque hablar de Liara era hablar de dolor, un dolor profundo en mi interior que no pensaba compartir con nadie y no iba a empezar a hacerlo esa noche frente a ella. Cerré los ojos y apoyé mi cabeza contra la pared pensando en todo, en cómo mi vida se había convertido en un tornado o en un huracán que lo había revolucionado todo poniéndolo patas arriba sin que yo lo quisiera realmente, pero así estaban las cosas y no me iba a lamentar por ello porque eso no era de fuertes, sino de débiles. Abrí los ojos cuando preguntó si iba a dormir conmigo, ladeé la sonrisa clavando mis ojos oscuros en los suyos pareciéndome un tanto divertido la manera en la que tuvo de preguntarlo. Me separé de la pared en lo que comencé a andar hacia ella con pasos seguros pero lentos en su dirección- ¿es que no lo estás deseando, ángel? –Pregunté con cierto deje divertido en mi voz en lo que restaba la distancia- solo tengo una cama y no pienso dormir en el sofá o en el suelo, si esas son tus preferencias entonces yo no tengo pega alguna –frente a ella agaché mi rostro dejando su cuerpo encarcelado entre mis brazos apoyando mis manos en la bancada de la cocina, con la tetera que seguía al fuego- ¿te da miedo dormir conmigo, pequeño ángel? –Pregunté acercando mi rostro hasta que estuvo a la altura del suyo, mi nariz rozó levemente la suya mientras dejaba mi aliento sobre sus labios- pensaba que te quedabas por eso, para dormir conmigo –aseguré sonriendo de lado- mi cama es grande como para dormir los dos, salvo que tengas miedo de caer en la tentación que te supongo –mi mano se enredó entre los mechones de su pelo y, de un ligero tirón, alcé más su rostro para dejar su cuello expuesto y su rostro alzado- si dices que no me quieres por mi cuerpo, ¿por qué debe de importarte dormir conmigo? Salvo claro que no te refieras a “dormir” –mis labios se deslizaron por su cuello sintiendo que se estremecía, que su vello se erizaba allí donde mis labios o mi respiración caía sobre su piel- ¿qué es lo que quieres de mí, Astrid? –Porque no la entendía, no sabía qué pensaba encontrar o esperar de mí pero que no se pensara que podía ser algo bueno porque no era una opción, yo no era bueno y no había bondad en mí. La tetera seguía en el fuego mientras se hacía, mis labios ascendieron para dejarlos sobre los suyos y mis ojos miraron los suyos, parecía que una parte de ella se debatía entre alejarme o no como si se viera sobrepasada por todo. Mi otra mano descendió por su costado hasta dejarla en la cintura, mis labios se rozaron con los suyos y al final acabé tomándolos como una opción a dejar de pensar, a evadirme de todo y dejarme llevar por un momento. Como pasó fuera fui yo el que marcó el ritmo con ella aprisionada entre la bancada y mi cuerpo, lamí su inferior y mi lengua salió al encuentro de la suya. Unos minutos fue lo que duró el beso cuando la tetera comenzó a sonar advirtiendo de que ya estaba lista el agua, solo entonces me separé para sonreír ladino sobre sus labios- el té –fue lo único que dije para separarme de ella y dejarla hacer en lo que cogía las tazas y las dejaba sobre la bancada- tranquila que no te quitaré la ropa, ni me abalanzaré sobre ti, a no ser que tú me lo pidas ángel –dije sobre su oreja en un murmullo ates de alejarme unos pasos para darle espacio. No debería de jugar con un demonio porque al final caería tentada, aunque a veces parecía pedirlo a gritos.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Sáb Feb 16, 2019 3:24 pm

Son muchas las cosas que me inquietan. No saber cómo afrontar todo lo que está por venir es algo a lo que ya debería estar acostumbrada, pero cada paso que doy hacia el adelante es un metro más hacia el abismo. Quiero poner a mi familia a salvo, son mi mayor prioridad y aún así sé que en este momento no sería capaz de poder salvarnos de mi propio horror. Todo cuanto amo acabará cediendo conmigo.

Frunzo el ceño cuando vuelve a hablar, a veces me sorprende que pueda utilizar un tono normal, sin desafío, sin rencor. Con el tiempo he terminado aceptando que Naxel lleva veneno en la lengua. El hechicero sobre el que habla, Logan, nos pedirá algo a cambio y me temo que será algo con un pago exesivo, la magia siempre tiene un precio. Sin embargo, sé que estaría dispuesta a pagar lo que fuese por poner a los míos a salvo, estaría dispuesta a sacrificarme por mis tíos, Naitiri, Gael... incluso por Naxel. Sacudo levemente la cabeza para diluir las imágenes que se amontonan en mi mente.

Mis cejas se alzan cuando acepta a llevarme con él y no me molesto en esconder mi sorpresa. Esperaba un sermón por su parte, un largo etcétera de motivos por los cuales no debería partir con él hacia Escocia, o una negativa más directa como: los demonios viajamos solos. Quizás, me digo, mantenerme lejos de París es otra vía para seguir con vida. Una leve sonrisa se queda en mis comisuras pese a todo, porque tiene razón. Por mucho que me cueste admitirlo acabo de prometer a su propio tío que Naxel no se enfrentaria solo a su destino. Lo quiera o no, estaré ahí. Siento calidez del fuego tras de mí, el aroma que empieza a desprender el contenido de la tetera y me concentro en eso, pasandome las manos por el pelo mientras echo un vistazo hacia fuera. Anocherá pronto y la sola idea de la caida de la noche me da escalofríos. ¿Y si la bestia irrumpe en mi casa y decide atacar a los míos al no encontrarme?

Cuando nombra a Liara de nuevo sé que no debo hacer más preguntas, por una vez decido mantenerme al margen. Quiero saber más de ella pero tengo claro que las respuestas que busco tendrá que darmela la mismísima Liara en persona. Por algún motivo siento que ambas encajamos, tiene algo roto en la mirada. Observo a Naxel entonces, apoyado sobre el marco de la puerta, su expresión teñida de sombras las los párpados cerrados, puedo sentir cómo trata de ocultar la controversia que le crea la sóla mención de su hermana. Por un momento, casi parece vulnerable. Casi.

-¿Qué hiciste?-pregunto en un susurro contenido, sabiendo que no es una respuesta que vaya a darme en este momento. Sin embargo, debo parecerle un chiste porque no tarda en seguirme la corriente, tal vez en un intento por suavizar todo lo ocurrido hoy. Naxel vuelve a situarse frente a mí sin dudar en sus movimientos, está en su casa, en su terreno, y siempre lleva la voz cantante-Creo que me conformo con el sofá-comento copiando su gesto, salvo que yo no puedo sonreir. No parece escucharme, se acerca aún más y por un instante vuelvo a esta mañana, al momento en el que aparecí en la cabaña y casi nos prendemos fuego en nuestra propia ira-¿Por qué iba a tener miedo? No temo lo que puedas hacerme, Naxel, lo sabes bien-oh, pero ese susurro ha sonado a mentira. Está muy cerca, me digo, mientras su mano asciende hasta mi cabello y atrapa algunos mechones ejerciendo presión. Mi cuello se estira, mi boca se entreabre levemente. ¿Por qué últimamente acabamos así? Siento su tacto sobre mi piel y por un momento dejo de respirar sorprendida en parte del efecto que su simple acercamiento tiene sobre mí, incapaz de aceptar que son muchas las ocasiones en las que lo espero. No debería, no debo. Hay una línea que jamás debemos cruzar y siempre he tenido claro que el gremio no acepta las relaciones entre cazadores, es un deber moral. Primero el gremio, después todo lo demás. Ya cometí ese error y Gael y yo lo hemos pagado muy caro. Pero Naxel jamás ha tenido el menor interés por las normas, la moral o lo correcto. Sus labios se quedan posados sobre los míos y, aunque mi mirada se mantiene baja para ocultar mi incertidumbre, sé que él me mira evaluándome.

¿Qué quiero de él?

Pero no deja espacio a la duda. Me besa y una parte oscura de mí quería que lo hiciera. Me duele allí donde me sujeta, sus dedos rozan un punto en mi costado que escuece y eso me hace pensar que, ahora que sé que mi cuerpo está lleno de cicatrices, de mordiscos, el dolor de las mismas es más real que nunca. Su lengua invade mi boca, caliente y poderosa, pero no me resisto, acompaño sus movimientos, dejandome llevar por el placer que me produce el solo roce de sus labios. El sonido de la tetera lo despierta y termina con el beso, o lo que quiera que sea esto, y el comentario y el tono grave en su voz parece burlarse del momento, una broma interna de esas que sólo Naxel entiende. Me muerdo el labio con contención tratando de no parecer tan descolocada como me siento, ni siquiera lo miro cuando me giro entre sus brazos para coger separar la tetera del fuego y tomar las primeras tazas que encuentro. Su comentario hace que algunas gotas se derramen fuera de los recipientes mientras sirvo.

-No sé qué clase de mujeres frecuentas Naxel Eblan pero no todas se mueren de deseo por ti, no todas esperan tener tu cuerpo-me vuelvo hacia él con las tazas ardiendo en mis manos, pero el calor no me importa, estoy harta de sentir dolor. Cuanto más me tienta más temor me abrasa y descubro en mi propio comentario la verdad. Naxel puede haber estado con otras mujeres, pero yo hace ya mucho tiempo que no comparo lecho con otro hombre. Después del secuestro todos los encuentro con otras personas fueron nefastos. No sirvo para esta clase de cosas-Eres tentador pero algunas preferimos... tomar los placeres con calma. Siento decepcionarte.

Dejo que tome la taza y yo doy un sorbo a la mía y salgo por la puerta poniendo espacio entre ambos, sintiendo inmediatamente que el aire vuelve a su temperatura habitual. Las últimas luces comienzan a desvanecerse y en cuanto salgo al exterior la brisa se enreda en mi pelo y, sin más abrigo que la blusa, mi piel se eriza pero dejo que la sensaión me tome. Necesito sentir frío y aclarar las ideas. Disipar el miedo por todo lo que está por venir. Me siento sobre un escalón del porche y sujeto la taza tan fuerte que podría romperse entre mis manos. No puedo dejar de pensar en que debería marcharme, avisar a mi familia cuanto antes, salir de caza, atrapar al vampiro. Pero la parte racional en mí me pide paciencia.

No sé cuanto pasa hasta que decido volver al calor de la cabaña, pero cuando estoy segura de que ya no hay lágrimas en mis ojos me atrevo a entrar. Bajo los brazos porto algunos trozos de leña, esos que Naxel cortaba en el momento en el que llegué, y los dejo al lado de la lumbre, metiendo uno dentro para avivar el fuego. No me había dado cuenta hasta ahora de que estoy tiritando, y sé que tiene que ver con los nervios y el frío. Encuentro a Naxel en el dormitoro con el pelo húmedo después de buscarlo por la cocina y descubrir que los cristales rotos del ventanal ya no estaban esparcidos por el suelo. La luz es tenue y hay cierta calidez, por algún motivo esperaba un ambiente más frío y comprendo que mis recuerdos de la primera vez que estuve aquí son muy difusos.

-El hechicero, Logan-comienzo, descubro mi voz algo ronca pero pese al cansancio hay cosas que debemos tramar desde ya-Querrá algo a cambio. Un precio. Lo conoces mejor que yo, ¿qué clase de trueques exige?-no puedo distinguir su expresión-Sea lo que sea lo pagaré, pero quiero estar preparada.

Me cruzo de brazos sin atreverme a entrar en su propio dormitorio sin ser invitada a pesar de haber estado en él antes. Por algún motivo, es lo más íntimo que he visto de él y me algo en mí quiere respetar esa parte. Comienzo a sentir los músculos resentidos y la cabeza turbia. Quiero un baño caliente y dormir. Pero esas cosas ya no son posibles.

-¿Nax?

Por un instante, su silencio me inquieta.


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Mensaje por Naxel Eblan el Dom Mar 17, 2019 12:52 pm

Si algo me quedaba claro es que no iba a dejar ni a permitir que Astrid fuera sola a que Logan haga su hechizo mientras yo estuviera en Escocia, la información que me había dado Keith era una muy importante y a tener en cuenta, sin embargo conocía demasiado bien al hechicero y no iba a permitir que ella estuviera sola en su presencia porque lo conocía, sabía cómo era y seguramente es que al pedírselo yo fuera tan retorcido como él solo podía ser que solo quisiera hacer el hechizo si estaba yo presente. De hecho intuía que haría algo así y que solo ayudaría a la cazadora si yo estaba presente pero de no estarlo no haría nada, Logan era demasiado retorcido en ese sentido y no dejaría escapar esa oportunidad. Por más que Astrid me preguntara qué podría pedir el hechicero no estaba dispuesto a decirle absolutamente nada, sabía que Logan no le haría nada per sé pero dejarla a solas con él no era algo que me gustara demasiado. Conocía al hechicero como para saber la clase de pagos que se gastaba, nada que fuera monetario pues el hechicero ostentaba el título de Conde y el dinero era algo que no le era demasiado importante, siempre pedía objetos de valor personal y sentimental de la persona que requería sus servicios, era evidente que algo así pediría cuando necesitáramos sus hechizos porque no lo dejaría estar ni pasar por alto. No respondí a su pregunta directamente y lo dejé estar mientras ponía la tetera al fuego y hacía algo de té, cada vez que nos encontrábamos en alguna residencia siempre hacía algo de té y en eso me recordó a Liara, de hecho dejé que mirara por la cocina porque era consciente de que mi hermana me había dado en alguna ocasión alguna cajita con bolsas de té para que me la llevara, tenía una en casa y otra la había llevado allí aunque lo que yo hiciera en la cabaña distara mucho de relajarme. Liara no conocía la existencia de dicha cabaña y no quería que lo supiera porque era un lugar bastante alejado con el hecho de que mis víctimas no pudieran escapar con facilidad y nadie pudiera escuchar sus gritos mientras las torturaba, pero no era un lugar donde iba para alejarme de la ciudad y relajarme, ni mucho menos. Sabía que esa noche la cazadora se quedaría a dormir, mejor que se quedara allí donde el vampiro no pudiera encontrarla y yo la tuviera vigilada a dejar que de nuevo ese maldito hijo de puta la encontrara e hiciera con ella lo que quisiera. Quizás para ella el punto clave residía en que solo había una habitación con una cama, una en la que ya ella ya había descansado la primera vez que escapamos de esa manada de licántropos que nos persiguió, esa vez la dejé descansar a ella pero esa noche no iba a pasarla en el sofá. Ella aseguraba que no se moría de deseo por mí, que no era como las demás mujeres y que le gustaban las cosas más lentas... sin embargo había comprobado con las últimas veces que sí que había caído en parte tentada por el demonio que era, de ser las cosas como eran antaño me hubiera apartado de un puñetazo cuando siquiera me hubiera acercado a ella demasiado, ahora no me apartaba, ahora hacía exactamente lo contrario a apartarme de ella como si su mente se viera turbada cada vez que mis labios la buscaban, cada vez que nos besábamos. Estaba cayendo y lo sabía sin lugar a dudas, solo era cuestión que ella también reconociera lo evidente de la situación.

Cuando preguntó qué le había hecho a mi hermana mordí mi labio con fuerza, de haber apretado con un poco más de fuerza hubiera provocado una herida en mi labio aunque solamente quedé callado sin responderle a su pregunta. No quería hablar de Liara, no quería decir qué era lo que había hecho porque eso inevitablemente me llevaba a recordar la última vez que la había visto, recordar sus ojos y el miedo que hubo en ellos cuando se enteró de la verdad, cuando pareció darse cuenta del monstruo que era su hermano y lo que había hecho en un afán egoísta solamente para protegerla. Guardé silencio porque yo no era de contar lo que me pasaba, yo no era de abrirme a los demás y exponer aquello que sentía o que guardaba en lo más profundo de mi oscuridad y en ese momento no iba a ser ni la primera vez ni la excepción a la regla. Miré hacia otro lado en lo que ella terminaba de preparar las tazas con el té y cuando tomó la suya y salió fuera no la paré, entendía que debía de analizar lo que tendría que hacer cuando el sol saliera por el horizonte, la nueva vida que debería de llevar para mantener a su familia a salvo, los secretos que tendría que guardar para protegerlos a todos y que el vampiro no pudiera seguir haciéndole daño. La dejé estar porque yo en momentos así prefería la soledad, necesitaba unos momentos y se los di. En lo que ella estaba fuera aproveché para recoger los cristales de la ventana que había roto, uno que ya le cobraría en su momento a la cazadora, y tras beber la taza de té que habría preparado fui hacia la habitación para ordenar un poco la cama y colocar otra manta más para después adentrarme en el baño y tomar uno limpiando así mi cuerpo del entrenamiento y de la suciedad. Mi mano seguía vendada conforme ella la había dejado, para cuando salí con ropa limpia y el pelo mojado mientras sacaba otro conjunto más de ropa para ella fue que noté su presencia en el marco de la puerta. Alcé mi mirada hacia el cristal que tenía justo frente a mí y que me permitía observarla parada sin entrar como si no se atreviera. Fue entonces cuando me preguntó por Logan, no hice comentario alguno mientras terminaba de sacar la ropa de los cajones viendo algo que no le quedara excesivamente grande ante su cuerpo tan menudo en comparación con el mío mientras ella seguía hablando. Preguntaba qué tipo de pago querría el hechicero por sus servicios, pero bien sabía que como era algo que le había pedido yo –y eso era algo que él detestaba, que pidieran para los demás- estaba convencido de que el pago lo tendría que dar yo. Ella insistía como si fuera algo que necesitara saber como si tuviera que prepararse para eso, sin embargo, era lo que menos tenía que preocuparse a esas alturas porque Logan no querría nada de ella, se lo cobraría de mí y bien sabía lo que tendría que llevar para que hiciera un hechizo como ese. No por nada era el mejor hechicero que conocía.


-No hace falta que te preocupes por eso ahora, conozco a Logan demasiado y sé que no te exigirá pago alguno... no a ti al menos –dije mientras me giraba cerrando el cajón de la cómoda con aquel conjunto de ropa- no voy a hablar más de este tema contigo Astrid, el que no lo haga no va a cambiar en absoluto lo que él pida y a quién lo pida –dije para que entendiera que no dependía de ella, ni de mí, sino del retorcido hechicero al que íbamos a acudir- ten, puedes darte un baño y cambiarte de ropa –dije tendiéndosela para tumbarme en la cama con uno de los libros que tenía allí sin mirarla, sin embargo esta se había quedado tal donde estaba y eso hizo que enarcara una ceja dejando el libro a un lado- ¿es que no vas a entrar? No es la primera vez que estás aquí –comenté apoyando mi espalda contra el cabezal de la cama- salvo que tengas miedo de lo que pueda hacerte –sonreí ladino sabiendo que era lo que bastaba, y necesitaba, para que entrara de una vez y se dirigiera al baño para cambiarse. Volví al libro hasta que pasada casi una media hora salió del baño con el pelo mojado y medio ondulado, mis ropas no le quedaban tan grandes porque ya tenían unos cuantos años y la vi parada en la puerta del baño, ¿tenía que darle cada instrucción?- Vamos Astrid, ahora que sé que no sientes deseo por mí y que quieres las cosas lentas... no te haré nada –bien sabía que lo primero era mentira, aunque también tenía claro que lo segundo podría ser bien cierto- no te voy a comer –aseguré dejando el libro sobre la mesita que tenía a mi lado para tumbarme y darle la espalda quizás, en un intento, porque así se quedara más tranquila. No tardé en sentir que su peso hundía el colchón y se tumbaba en la cama, aunque no me moví pude sentir su aroma envolverme y su calor llegar hasta mi cuerpo, ella de manera educada me dio las buenas noches y yo le devolví un “hum” que pretendía decir exactamente lo mismo que había dicho ella. Solo cuando pasaron los minutos, que fue bastante rato, hasta que sentí su respiración normalizada que me giré para contemplarla. La luz de la luna entraba levemente por la ventana iluminando la estancia, su figura se perfilaba de manera clara y nítida, mis ojos la repasaron de manera tranquila hasta apartar un mechón de su pelo que se había pegado a su rostro. Sabía que el conjuro me saldría algo caro, pero era esencial y vital para mantenerla con vida- buenas noches, estrella –dije mirándola por un segundo para girarme de nuevo dándole la espalda y acabar cerrando los ojos conciliando por primera vez en muchísimo tiempo un sueño algo más tranquilo y apacible.







Habían pasado ya dos días desde que Astrid se había quedado a dormir en la cabaña, para cuando desperté con los primeros rayos de sol ambos nos habíamos movido en la cama y habíamos cambiado las posiciones. Su cuerpo estaba más cerca del mío y yo estaba girado quedando de cara a ella, mi brazo había pasado por encima de su cadera como si la rodeara aunque por suerte ella seguía durmiendo para cuando yo me moví tomando algo de distancia. Le pedí que arreglara todo entorno a su familia mientras yo localizaba a Logan y le pedía que nos ayudara con el hechizo, cité a Astrid en dos días en el puente nueve para ir los dos hasta la mansión que Logan tenía en las afueras de la ciudad. Conmigo llevaba en uno de los bolsillos interiores de la cazadora negra de cuero que llevaba el pago que debía de darle al hechicero por sus servicios, ya me había pedido lo que sería y tal y como había pensado tendría que pagarle yo, y no ella. Era retorcido en todos los sentidos e incluso hasta en eso lo era. Estaba apoyado contra la baranda del puente con las manos en los bolsillos mientras la gente pasaba, todavía no era de noche pero como íbamos de cara al buen tiempo la gente se animaba a salir más por la noche y aprovechar que no hacía tanto frío. Miré un momento al cielo viendo los colores del atardecer mientras esperaba que la cazadora apareciera, solo esperaba que tuviera todo listo para el cambio que iba a dar su vida tras aquella noche.


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Mensaje por Astrid J. Bergès el Lun Mar 18, 2019 12:13 pm

Acordamos encontrarnos en el puente nuevo al atardecer del segundo día.

La casa que ha quedado a mi espalda se ha quedado vacía. Una simple mirada y un par de palabras bastaron para que mi tío, antiguo representante del gremio de cazadores en París, comprendiera la situación. Su primer impulso fue negarse a abandonarme aquí a mi suerte, quiso volver a vestir el negro y entregarse a la caza, hacer lo posible para mantener a su sobrina a salvo. Pero ambos supimos sin necesidad de palabras que su tiempo en la caza quedó atrás hace mucho. Todo lo que pude contarle es que, ahora que el gremio está siendo perseguido, necesitaba ponerlos a salvo lejos de París, en nuestra ciudad natal de Gales. Cuando le prometí que estaría allí con ellos antes de que se diesen cuenta, que tenía asuntos que resolver antes, decidió creerme. Y sé por atisbo en su mirada que mi promesa no fue suficiente para él. Su abrazo supo a despedida, a un adiós definitivo, y puede que así fuera. Mi tía fue más fácil de convencer, aceptó el viaje como una especie de misión personal para encontrarme marido en nuestras tierras. Quizás así, dijo, cedería a casarme. No le dije nada, prefiriendo que se aferrase a ese pequeño aliciente para mantenerla lejos del peligro. Antes de partir volvió a asomar su rostro por la modesta ventana del carruaje y pude comprobar en sus ojos que conocía la verdad.

La residencia Bergès está actualmente en venta, uno de los empresarios más cercanos a mi tío ha conseguido mover los papeles necesarios y llamar la atención de las personas indicadas para agilizar el proceso. La unica condición ha sido mantener la discresión, ningún cartel, ningún aviso. Una subasta privada para vender el que ha sido mi hogar al mejor postor y al mejor precio posible. Hasta hoy sólo sé que la subasta se realizará dentro de dos semanas. Quizás para entonces todo se haya solucionado, quizás...

Encuentro a Naxel a los pies del puente, y podría haberlo reconocido entre la multitud con los ojos cerrados. Me recoloco el cuello del abrigo al sentir un escalofrío, pese al buen tiempo y los días más largos, yo tengo frío. Verlo quieto, mirando al cielo, resulta más un presagio que un simple momento. Avanzo despacio y repaso mis armas. Bajo el abrigo de terciopelo negro se esconde mi Lancaster, mi pistola personal, y una de mis dagas de plata, ambas armas en sus fundas de cuero atadas a mi cintura. El vestido que llevo es de vaporosa seda azul, tan oscuro que parece negro, y es lo suficientemente ligero para permitirme correr y moverme sin resultar aparatoso. No volveré a cometer el mismo error que en el recital donde conocí a Liara Eblan. Aquella noche nos atrapó el horror y no pude cumplir en mi deber de cazadora como me habría gustado, sintiéndome torpe y lenta por haber sucumbido a las obligaciones sociales. Pasan los días y sigo sintiendome culpable por lo ocurrido.

Inspiro profundamente y llego hasta Naxel, la brisa mece alguno de los mechones mas rebeldes de mi modesto recogido. En ocasiones como esta, cuando me visto de forma mundana, soy más consciente de nuestras diferencias, de lo débil que parezco con mi modesta altura que, aun siendo más alta que la media, no se compara ante la embergadura del cazador. La última vez que lo vi estaba despertando a su lado, el calor de su cuerpo casi rozaba el mío propio y su respiración acariciaba mi rostro. No supe si fue consciente, pero me fui antes de verlo despertar con el rubor en las mejillas y el corazón desbocado aún cuando el cuerpo me pedía quedarme.

Estoy lista—le digo, y sé que no necesita más explicaciones. Estoy segura de que Naxel no quiere ni necesita escuchar lo que ha supuesto para mí reorganizar mi vida en tan solo dos escasos días. De hecho, aún me cuesta asimilar que esté dispuesto a ayudarme en esto, que sea él el que ha buscado una posible solución a lo que me atormenta. El Naxel Eblan de hace meses me habría dejado a mi suerte o, peor aún, me habría entregado él mismo si con ello pudiese remediar un peligro mayor para él o para su círculo. Ahora, frente a mí, no sé qué pensar, ni qué creer. Sólo sé que el demonio es mi último resquicio de esperanza.

Asiente al verme, nuestras miradas se cruzan y por un momento agradezco si silencio, ese que normalmente me inquieta. Comenzamos a caminar y tomo su brazo imitando a las demás parejas de transeúntes que pasean por el canal, un simple gesto para no levantar sospechar, para parecer, por una vez, normal. Caminamos varios minutos en silencio y varias calles después llegamos hasta una plaza concurrida, los carros vienen y van y Naxel termina dirigiéndonos hacia uno negro con grabados en plata. Los caballos se mantienen pacientes, sus crines negras brillan como la noche. El cochero nos abre la puerta y nos recibe con una eduación exquisita. Solo cuando estamos dentro y las puertas están cerradas, el vehículo se pone en marcha.

Permanezco en silencio durante todo el viaje y mi mirada fija al exterior, dejo la cortina entreabierta para poder visualizar el paisaje y permito que el frío impacte en mi rostro. Por un instante podría sentir que estoy en Gales, en sus parajes fríos y vírgenes. Por un momento casi podría haber huido de esta locura. Lo que va a acontencer esta noche es magia oscura, un precio que no sé si seré capaz de pagar. Aún en mi mente permanecen las palabras de Naxel.

"Conozco a Logan demasiado y sé que no te exigirá pago alguno... no a ti al menos"

Una leve mirada hacia el cazador me crea más angustia que alivio, algo que no sé distinguir se implanta en mi pecho y amenaza con no dejarme respirar. Algo me dice que Naxel está utilizando toda su paciencia y fuerza de voluntad en este momento, que me oculta algo, que no quiere dejarme dar un paso hacia él, esta vez, con más distancia que nunca.

Severos minutos después el carruaje se para y la puerta se abre. Naxel sale primero y me tiende su mano para ayudarme a bajar, el tacto de su piel es fría y sus ojos oscuros desprovisto de vida me atraviesan. Si no fuesemos camino al peligro, casi podría haberle acariciado el rostro para aliviar su expresión.

La mansión que se extiende ante nosotros es inmensa y procuro controlar mi asombro a medida que avanzamos por los jardines que llevan a la puerta principal. El sol comienza a caer tras nosotros y la luz lo tiñe todo de dorado. Por un momento la realidad de lo que ocurre cae como una lluvia de agua helada sombre mí.

Es aquí y ahora cuando mi vida cambia para siempre.


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Mensaje por Naxel Eblan el Mar Abr 16, 2019 10:09 am

Ya habían pasado dos días desde que habíamos acordado hacer aquel cambio que cambiaría por completo la vida de la cazadora, era la única manera que habíamos encontrado para que el vampiro no pudiera seguir rastreándola, amenazándola y utilizándola sin que ella lo supiera porque ambos sabíamos perfectamente lo que el vampiro buscaba; convertirla en su esclava. O peor aún, convertirla en una vampira como lo era él para tenerla siempre por toda la eternidad. No había más opción que cambiar su apariencia física con un hechizo lo suficientemente potente como para ocultar no solo su apariencia física, sino también su aura y su olor para que él no pudiera encontrarla mientras le dábamos caza. Porque oh sí, juraba que le daría caza a ese maldito desgraciado chupasangres y acabaría con su existencia de una manera lenta y dolorosa por todo lo que le había hecho pasar a la cazadora, por la forma en la que se había aprovechado de ella, por la expresión que surcó su rostro perdida y frágil cuando se dio cuenta de los mordiscos que tenía repartidos por todo su cuerpo. Recordar ese momento era volver a sentir la misma rabia y la ira que sentí en el momento en que ella se dio cuenta de lo que había pasado, del engaño en el que vivía y cómo parecía ser una marioneta la cual utilizaban sin que ella pudiera saber nada al respecto. Lo mejor era abandonar todo cuanto conoció una vez y emprender una nueva vida, esperaba que hubiera arreglado sus asuntos antes de ir hacia el encuentro de Logan para que comenzara con el hechizo. De esa manera evitaríamos que el vampiro la buscara y la encontrara de nuevo mientras, en las sombras, nos encargaríamos de encontrarlo y darle caza porque no ansiaba nada más que despellejarlo y hacerle pagar todos y cada uno de los mordiscos que ella había recibido por su causa. Había acudido al día siguiente al encuentro de Logan aprovechando que tenía que verme para curar las heridas que me hizo aquel maldito hijo de puta, ese alfa que había jurado matar y que no descansaría hasta que no lo consiguiera. Sabía que el hechicero no lo haría gratis porque él no hacía nada gratis, siendo un conde y con el patrimonio que tenía nunca le había interesado el dinero ni recibía como pago monedas de ningún tipo, no, el hechicero era más retorcido que eso y se aprovechaba de la debilidad de los demás cuando iban a pedirle ayuda que siempre pedía, como pago, algo muy personal y privado de aquel quien pedía por sus favores y sus conocimientos mágicos como pago. Siempre había sido así y aunque a mí con las heridas no me había pedido nada a cambio porque ambos nos beneficiábamos mutuamente de un acuerdo que habíamos hecho hacía tiempo, sí sabía que a ella sí le pediría algo... y tendría que pagarlo yo. Ya me lo había dicho cuando le comenté lo que quería, sabía que él mejor que nadie para hacer tal hechizo y no me fiaba de ningún otro hechicero para dejar algo tan importante en manos de un desconocido. Logan no era para nada barato pero el pago bien valía la pena, tampoco había más opciones así que mientras la esperaba apoyado contra el muro del puente con mi mirada alzada hacia el horizonte porque como de costumbre llega tarde, noté el pequeño peso del objeto que envuelto en un pañuelo descansaba en mi bolsillo dispuesto a pagar el precio.

Mi mirada bajó cuando ella se acercó y la tuve a escasos pasos de distancia, me había percatado antes de que se estaba acercando sin embargo no descendí mi vista a ella hasta que no habló para hacerme saber que estaba lista. Sabía lo que implicaban esas palabras y simplemente asentí con la cabeza mientras comenzaba a andar en dirección donde nos esperaría el carruaje que nos llevaría hasta la mansión de Logan. Me había percatado de que ella no tenía un buen aspecto quizá porque no había dormido demasiado en los últimos días con todo lo que tenía por delante, yo tampoco dije demasiado y dejé que el silencio reinara entre ambos porque siempre me había sentido demasiado cómodo con el silencio y nunca me había importunado. Su brazo tomó el mío mientras nos movíamos por el puente en dirección a una de las plazas y aunque tuve el pensamiento de apartarla no sería algo demasiado adecuado con la gente que paseaba por el lugar, con más parejas que paseaban animadas hablando y riéndose disfrutando del buen tiempo que hacía últimamente. Sabía que bajo esos ropajes que llevaba se esconderían sus armas así como también se escondían las mías bajo mi abrigo, jamás salía a la calle sin arma alguna y esa ocasión aunque fuéramos a visitar a Logan no iba a ser diferente. Ninguno dijimos nada mientras aparentábamos ser algo que no éramos hasta que llegamos hasta la plaza, allí un carruaje que reconocí enseguida nos aguardaba para llevarnos ante la mansión del hechicero que se encontraba en las afueras de la ciudad. Montamos para emprender camino sentados uno frente al otro, ella miraba por la ventana de manera distraída mientras yo también lo hacía aunque del lado contrario, a veces podía sentir su mirada fija puesta en mí pero no me giraba para contemplarla. Sabía lo que significaba para ella, el esfuerzo que estaría haciendo para dejar todo atrás pero era necesario, si quería salvar a todos y salvarse a sí misma era lo que tenía que hacer. Tras unos cuantos minutos de camino por fin llegamos hasta donde vivía el hechicero, fui el primero que bajó para abrir la puerta y tender mi mano para ayudarla a bajar aunque no le hiciera falta, pero sabía que estaba nerviosa porque se le notaba aunque tratara de disimularlo, y yo me mantenía distante porque ya estaba haciendo más de lo que realmente debería. Atravesamos el jardín mientras las últimas luces del sol nos daban directamente hasta que llegamos ante la puerta de la mansión, un mayordomo nos dio paso para que lo siguiéramos y nos llevara hasta donde se encontraba el hechicero que esperaba en su gran salón nuestra llegada. Un enorme salón decorado con todo lujo de detalles y que me conocía casi de memoria, por no decir que me lo conocía por entero, con muebles blancos con toques dorados, una gran y enorme estantería en uno de los lados, una gran mesa para dar un buen banquete, la lumbre encendida y él sentado en uno de los sillones con una copa en una de sus manos. Al vernos su sonrisa se extendió ladina y supe, de algún modo, que aquello iba a estar recordándomelo por la eternidad conociendo al hechicero.



-Logan –dije mientras me adentraba y este se levantaba cortés acercándose hacia nosotros- diría que es un placer pero ya sabes que estaría mintiendo –alegué observándolo por un momento, hacía muchos años que conocía al hechicero y aunque fuera de casualidad el hecho de ser ambos escoceses nos había llevado a tener algo en común. Luego nos dimos cuenta de que ambos podríamos beneficiarnos de las habilidades del otro, a veces él quería cosas que solo yo podía obtenerle y a cambio él me ayudaba con algunas heridas de mis noches de cacería. Él nos contempló a ambos por un momento aunque su mirada se centró más en la cazadora que en mí, sonrió ante algún pensamiento suyo y después alzó su mirada hacia mi persona.
-Tan encantador como de costumbre, para mí sí es un placer verte Naxel... ya sabes que me encantan tus visitas –su tono no cambiaba en absoluto y sabía que se divertía con aquella situación- ¿quieres que revise tus heridas o prefieres que vayamos al momento clave de la noche? –Su mirada se centró en la cazadora más de lo debido, conocía a ese hombre para saber qué estaba pensando- Logan Tisdale, señorita, todo un placer poder ayudarla – dijo tomando su mano para dejar de manera muy galán un beso en su dorso. Bien sabía que, en lo de placer, no se equivocaba en absoluto y fruncí el ceño observándolo.
-Logan –dije en un tono bastante serio para llamar su atención y hacer que el hombre se riera entre dientes divertido como si le restara importancia.
-Tranquilo cazador, no pretendo quitarte a tu... presa –maldito desgraciado- por favor, pasad y poneos cómodos –dijo mientras señalaba hacia donde él se encontraba antes sentado. La mirada que le lancé al hechicero bastó para advertirle que no se le ocurriera pasarse, ya le había advertido al respecto con la cazadora.


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Mensaje por Logan Tisdale el Vie Abr 19, 2019 12:23 pm

Hacía exactamente dos días que el cazador había venido a mi mansión para que volviera a curarle la espalda de las heridas que llevaba, la primera vez que vino con tales heridas por una noche de cacería de la cual no me había contado demasiado porque era parco en palabras, pero de la que había deducido que había salido todo de control, no pude más que decirle desde un primer momento “estás hecho una mierda”. Era algo evidente aunque no sabía que tan profundas eran las heridas hasta que no las traté y las vi cuando se quitó la camisa que traía puesta, profundas y lacerantes propias de alguien que había utilizado un látigo para infligir tal dolor y provocar que la herida fuera profunda, el corte indicaba que había sido con un látigo y no era la primera herida que veía así... pero sí tantas. Supuse que algo en sus noches de cacería se había torcido para que él acabara así, del tiempo que llevaba ya en París Naxel había sido un cliente “recurrente” en algunos momentos en el que venía para que le tratara heridas como esa, o incluso peores. Manteníamos un trato de pura conveniencia en la que ambos nos beneficiábamos, nuestro encuentro había sido una casualidad y que ambos fuéramos extranjeros y además Escoceses había propiciado crear un pequeño y minúsculo vínculo entre ambos que había llevado a que nos viéramos de vez en cuando, pero ninguno nos inmiscuíamos en los asuntos del otro. Él me ayudaba con algunas cosas que yo necesitaba y requería para mis negocios, y a cambio yo le ayudaba a curarse de heridas de sus noches de cacería como pago en favor. No es que tuviéramos lo que pudiera decirse una “amistad”, pero nos tolerábamos bastante y habíamos llegado a un acuerdo donde ambos éramos beneficiados en consecuencia de ello. Nos tolerábamos bastante y aunque conocíamos aspectos del todo, como por ejemplo los motivos por los que estábamos en París y lejos de nuestro hogar, aunque supiéramos las razones de nuestras venganzas –porque eso nos hacía estar bastante en sintonía- no nos metíamos en la vida del otro y nos respetábamos. Sin embargo era algo inusual en él y que se salía de lo normal cuando vino hacía ya dos días para no solo pedirme que lo curara de sus heridas, sino para pedirme un hechizo para alguien que no fuera él, sino una mujer. Debía de reconocer que al principio me sentí bastante confuso porque si algo sabía de ese hombre frío, calculador, despiadado y con ese humor tan propio como el que yo tenía, es que fuera para una mujer. Siempre había sabido que el cazador actuaba solo, de hecho, su insistencia a esquivar a todo el mundo y su tendencia a tenerlos bien lejos había provocado que enarcara una ceja por ello mirándolo sin entender qué podría querer para alguien que no fuera él mismo.

Lo que me había pedido no era nada complicado para un hechicero como yo, acostumbrado a la magia oscura y a la magia de sangre no me resultaría demasiado complicado llevar a cabo tal hechizo. Sin embargo no sería nada barato porque aunque los pagos por curarlo eran “gratis”, a cambio de favores que yo también le pedía aquello era algo... que se salía de lo acordado. Él tendría que pagar el precio si quería que llevara a cabo un hechizo como ese, el cambiar el aspecto físico de una persona y que perdurara por un tiempo indefinido. No me había contado demasiado, solamente lo principal que debía de saber, y para llevarlo a cabo tendría que hacer algunas modificaciones para que el hechizo no solo ocultara su apariencia física, sino también su aura e incluso su olor. Tendría que ser un cuerpo nuevo en todos los sentidos, y eso no sería para nada barato de pagar. Él conocía los riesgos y el costo, una vez curado sus heridas en dos días tendría todo lo necesario, acordamos que un carruaje lo recogería en la misma plaza de siempre y los esperaría en la mansión hasta que llegaran. Para llevar a cabo el hechizo utilizaría un colgante como guía, de esa manera siempre podría ocultar su esencia y su aura del vampiro que la perseguía, de otra manera aunque se efectuara su cambio si no modificaba ciertas partes podría encontrarla igualmente. Sin embargo el hechizo tenía sus limitaciones que debía de explicarle a ella cuando llegara, ya estarían a punto de llegar mientras sentado en mi sillón tomaba una copa de bourbon con la chimenea encendida, una vez llegaran le explicaría en qué consistía y me prepararía para realizar el hechizo. A mediante copa fue cuando el mayordomo llegó anunciando su llegada, me levanté justo cuando entraban por la puerta y me acerque a ellos mirando primero al cazador y después a la joven que tenía a su lado. Sonreí ladino recorriéndola, era la primera vez que lo veía con alguien o que hacía algo por alguien y me tenía intrigado. El comentario de Naxel solo me provocó una sonrisa ladina en mis labios, tan encantador como de costumbre, y tras verla a ella entendía por qué la ayudaba; rostro angelical, ojos castaños, pelo que caía por su rostro enmarcándolo, labios carnosos y un aura que llamaba la atención y que chocaba demasiado con el cazador, como polos opuestos.


-Tan encantador como de costumbre, para mí sí es un placer verte Naxel... ya sabes que me encantan tus visitas –dije mirándole con una sonrisa ladina en aquel tono que empleábamos ambos- ¿quieres que revise tus heridas o prefieres que vayamos al momento clave de la noche? –Mi mirada se centró de nuevo en la joven cazadora que nos observaba a uno y a otro conforme hablábamos, era atractiva y tenía algo que llamaba mucho la atención aunque en ese momento no sabía decir con exactitud qué era- Logan Tisdale, señorita, todo un placer poder ayudarla –cortés y educado como me habían enseñado tomé su mano para alzarla, mi rostro se inclinó y mis labios se posaron en su palma para galán dejar un beso a modo de presentación. Que mi nombre saliera de los labios del cazador en ese tono de amenaza, de advertencia más bien, fue algo que me pareció sumamente gracioso. ¿Acaso me consideraba como una amenaza? Vaya, jamás lo había sido para él pero cuando la joven estaba delante parecía sacar sus armas a relucir- Tranquilo cazador, no pretendo quitarte a tu... presa –sonreí ladino por ello- por favor, pasad y poneos cómodosextendí mi brazo para que se sentara en el sofá que había- ¿queréis tomar algo? –Pregunté volviendo a mi copa de bourbon sentado en mi sillón observándolos. Tan dispares, tan diferentes, tan distintos... pero allí estaban- Astrid –dije sabiendo ahora su nombre tras haberse presentado- Naxel me ha comentado qué es lo que querrías y aunque intuyo que ya lo sabes voy a explicarte brevemente lo que sería –di un trago y dejé la copa sobre la mesilla- de normalidad un hechizo para un cambio de apariencia solo cambia eso; el físico. En tu caso he tenido que modificar ciertos aspectos para que no se modifique solamente eso, sino todo en general –sabía que no estaba entendiendo así que maticé- al ser tu caso para una ocultación cambiará tu físico sí, pero también tu aura y tu esencia con la finalidad de que no te encuentren. Básicamente será como tener un nuevo cuerpo, para que me entiendas bien –dije observándola para ver sus reacciones- eso sí quiero dejar claro; el hechizo tiene un límite que puedes romper cuando quieras; si tres personas saben quién eres realmente el hechizo se romperá, ¿eso queda claro? –Pregunté para ver si lo había comprendido- entonces si no hay más preguntas, si no tienes dudas, procederé a preparar todome levanté para mirar al cazador y extender mi mano con una sonrisa- el pago –dije porque no realizaba trabajo alguno si no tenía el pago. El cazador me tendió de un bolsillo de su abrigo un objeto envuelto en un pañuelo, al entregármelo lo abrí para ver su contenido y sonreí ladino- bien, podéis esperar aquí. Tardaré unos minutos mientras preparo lo necesario –no dije mucho más en lo que los dejé a solas para tomar las cosas y prepararme.


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