Victorian Vampires
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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Septimus el Lun Dic 24, 2018 2:03 am

El rastreo empezó a ser a grandes magnitudes, quizá demasiado grandes, tenía que escusarse ante Lucy para que supiera por qué pasaba X noches fuera de la mansión, su caza le demandaba, y ser quien era a veces daba ventajas y algunos privilegios, entre ellos acceder a archivos que fueron nombrados de confidenciales, pero aunque deber una a Tohrment no le hacía especialmente feliz, era algo bastante aceptable, despues con darle el pago que quisiera le valia, siempre y cuando no fuera cantando por ahí lo que ha leido, la caza era personal, demasiado personal, pero Septimus era un perro de presa a fin de cuentas, nunca lo negó, y pudo ver los archivos, la lectura le recobraba sentido, los Moncrieff....se esforzaron por hacerlos desaparecer, pero los vastagos se alzaron, de hecho se sorprendió cuando bastante, información confidencial, los De Louise....una niña...Loyd....maldito bastardo, es de sangre real, hijo de un Duque, Septimus estaba hasta impresionado, la cosa era que sabían los hermanos unos de otros, Loyd era más mayor...quizá el recordara, pero los otros eran más pequeños, pero entre eso y lo del pirata, el licántropo abria mucho los ojos azules, practicamente memorizando todo lo leido, si, le debe a Tohrment una gigantesca, una realmente enrome, maldito cabron, tendrá que besarle el culo si lo pidiera.


Jodido hechicero, le acaba de dar una llave que ni imaginaba, seguia las pistas, los hermanos, las ramas familiares todo, en los archivos y en datos que le dió la mano derecha de los espias, maldita sea, tenía todo delante, su plan empezaba a tomar forma, eso dibujó una maliciosa sonrisa en el inquisidor, que dejó todo en su sitio para que no se notara que había estado ahí husmeando, e iniciar los preparativos. Seguir el rastro de Annabeth de Louise era facil ahora, eso solo hizo que el lobo tuviera que trazar un plan, se mordió el labio solo de pensar que la presa estaba perfectamente preparandose, ahora si que le tocará los huevos a Loyd, el odio y el rencor le movía, quería hacerle pagar por haber osado desafiarle, escapar de sus garras y despues meter a los vampiros a destrozar la sede, maldito hereje.


Pero ahora era un lobo, encima ahora tenía la intención de enseñarle quien era el alfa aqui, el inquisidor era una voragine de odio hacia él llevado demasiado a lo personal, y lo peor de todo, es que le había prometido a Lucy no matarlo, y por mucho que le jodiese cumpliria su palabra, pero prometió no matarlo, pero no dijo nada de tocarle los cojones, y ahora sabía la verdad, pobres niños....pero esos ya no eran cachorros, y los trozos de bondad los tenía bien guardados, y era para su manada, para sus "hijas" y sobre todo para Lucy, por mucho que le tocara los huevos...era su pequeña y dulce debilidad, y el licántropo no podía hacer nada contra ello.


Respiró hondo, se tomo un tiempo de acecho, para conseguir saber los pasos de esa dulce presa de ojos azules, la pequeña de los Moncrieff...el lobo sacó un habano, encendiendolo mientras apoyado con la pared, vestido como todo un señor de alta cuna, observaba el cielo mientras esperaba, el olor de la presa se acercaba, el daba una calada dejando salir el humo lentamente por la nariz y los labios, de manera tranquila, es curioso como funciona la sociedad, cuanto mejor pinta tengas, más pasas desapercibido, siempre lo había sabido, aunque ahora echaba de menos a esa ratoncilla que le mandaban para enseñarla de Fleur, con el pirata fue divertido, pero aquí no lo soportaría, esto tenía una deliciosa naturaleza oscura que al lobo le hacia aullar por dentro.


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Mensaje por Loyd Granchester el Lun Dic 24, 2018 12:24 pm

La iglesia y la Inquisición:
los dos nidos de víboras más grandes
y para colmo, bendecidas por Dios.

Querida Annabeth:

Quizá para cuando encuentres mi carta entre todos los documentos que avalan las razones del por qué, te sientas frustrada e indignada por el actuar de nuestros padres.

Todo tiene una razón de ser y espero en Dios que los De Louise sean aquéllos con la mano suave y el corazón firme para educarte como la mujer que mamá quiso: de finos modales, elegante, con verdaderos valores y un sentido de la justicia más allá de cualquier amenaza. Y sobre todo, un bondadoso ser humano que entienda que la igualdad no es lo mismo que la equidad.

Darle a cada quien lo que merece, es señal de que no todos somos iguales como lo pretende la iglesia y sus seguidores. Si bien tu camino te aleja del nuestro, sé que podrás entender las diferencias y si no, confío en que Etienne y Gabrielle hagan que las comprendas. Son buenas personas, por eso es que callé cuando los eligieron.

Soy tu hermano mayor y como tal, puedo ver la situación con una diferente perspectiva. No, no te abandonamos a tu suerte, todo lo contrario. Queremos que sin importar cualquier acción que la iglesia emprenda en nuestra contra, tanto Charles como tú, salgan vivos de ésta. Me incluyo porque al ser el primogénito, recae sobre mis hombros una acusación peor: pensar que tengo las pruebas de sus fechorías y que quieran perseguirme hasta dar con mi paradero y fustigar mi cuerpo como es su costumbre, para que les diga dónde están las cartas y las pruebas que los acusan ante el santo padre, el Papa.

Ponemos sobre tus endebles hombros la titánica tarea de llevar contigo las pruebas de la inocencia de nuestra familia a ojos de los católicos. De demostrar que Francesco y sus hombres, están haciendo un desvío de recursos y un tráfico de influencias tal, que el santo padre podría sentir que la sangre le cae a los pies porque van tras su cabeza. Sí, Annabeth. En cuanto el santo padre muera, el siguiente Papa será Francesco y tenemos que evitarlo a toda costa. Espero que para cuando tengas conciencia, no sea necesario que intervengas.

Nuestros padres confían en algunas personas para salir avante. Yo soy más pesimista. Veo todo lo que se nos viene encima y dudo mucho que personajes como el vampiro Drakos o Morán, el licántropo, desaprovechen la oportunidad de atacar cuando los guardias se retiren. Muy a mi pesar, sé que es la última vez que verás a nuestros padres y para cuando yo me retire a Berlín, también será la última vez que comparta con ellos. No es pesimismo, es realidad.

Quiera Dios callarme la boca por insolente y creer poco en sus designios, pero lo que se ve, no se juzga. Llevas pues, dentro de tu muñeca favorita, los documentos más preciados que Etienne recuperará en cuanto lleguen a destino para sepultarlos en una de sus bóvedas y que cuando la tierra se asiente, podamos reclamar en el propio Vaticano. Mientras tanto, sé que la Iglesia y la Inquisición nos tacharán de traidores con las malas mañas de Francesco presionando o convenciendo a todos los que no tienen criterio, de que su verdad es la única.

Que seamos los Moncrieff el último y único bastión en Inglaterra para combatir a los herejes en nombre de la Iglesia y como inquisidores, será olvidado porque sólo quedaremos en la historia como una familia de traidores y herejes.

Si las cosas salen bien como nuestros padres quieren, te buscaremos. De lo contrario, Dios me perdone, Annie, pero estás mejor en manos de los De Louise que en las mías. No puedo darte los lujos y la vida que mereces, hermanita.

Perdóname por ser cobarde, pero prefiero que te mantengas sana y salva como una De Louise a que sufras por ser una Moncrieff. Lo que fue un apellido respetado en la iglesia y opulento entre la realeza inglesa, puede que se convierta en la mancha de la sociedad de la que nadie más hable.

No te mortifiques por el paradero de Charles, él estará bien a donde se le envió. Tiene que sacar la casta. Y en cuanto a mí, sé cuidarme. Soy tu hermano mayor, diez años de diferencia entre nosotros hacen que sepa lo que hago. ¿No crees?

Mi amor es para ti.

Bruce Moncrieff

Pd. No dudes en utilizar los documentos en caso de ser necesario, pero deberás dárselos al Papa en persona o bien, a su mano derecha Girolingio. Jamás digas que eres una Moncrieff, guarda bien para ti ese secreto, no sabes quién es espía y quién no.








Esa fue la carta que en su momento, le escribí a mi pequeña hermana. Hoy, mirando el pañuelo que tiene su olor, más de veintidós años después de nuestra separación, hago un recuento de todo lo que sucedió con mi familia. Los masacraron, por supuesto, de eso no hubo lugar a dudas. Morán le ganó a Drako y llegó primero a pesar de que no era luna llena. Les hicieron pedazos. Me contó Granchester, mi tutor y después quien se convertiría en mi suegro, que la sangre de las paredes era tanta, que apestaba el sitio. Y eso que la mansión del Duque de Devonshire era grande.

Después, no supe más de Charles quien fue enviado al norte, para ser un chico de clase media en compañía del hombre de confianza de mi padre. De mi hermana, sólo sabía que los De Louise se habían mudado de París, donde tenían su base de operaciones, a Italia. Desconozco qué parte, pero quizá cerca del Vaticano por si debían correr a dar las noticias al Papa. La Iglesia nos separó y quizá la Iglesia nos reúna.

Desconozco lo que puede venir a continuación, pero los vientos están cambiando. Unos en los que el olor a incienso y velas está combinado al de aquél que me tocara y transformara hace dos lunas llenas atrás. Lo que me preocupa es que su aroma pareciera perseguir el de mi Annabeth. Como si quisiera atraparla. ¿Por qué? Ella es inocente, pero algo en mi corazón me dice que por ello mismo es que le sigue la pista. Porque ella y yo tenemos semejanzas: la sabia del mismo tronco corre por nuestras venas.

Si está buscando vengarse tocando a la persona más indefensa de todas: mi hermana, me dejará desmadejado. Lo único que me mantiene lejos de Annabeth es pensar que a la distancia, está protegida. Como descubra que no es así, me presentaré para demostrarle a quien sea, que le cuido los pasos y que absolutamente nadie puede meterse con ella.


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Mensaje por Charles Moncrieff el Lun Dic 24, 2018 4:03 pm

So they dug your grave
And the masquerade will come calling out
At the mess you made.

Un golpe contra la pared deja marcas irregulares que abren el material con el que está construido. La violencia del impacto astilla la madera perforando la piel de los nudillos. ¿Qué lo provocó? Una sola frase emanada de la voz de Cinder: - encontré el rastro de tu hermana, el problema es que fue un charco de sangre en una casona abandonada en las afueras de la ciudad donde se decía que estaba embrujada. Y con ésta, hubo un olor de un inquisidor. Me parece que la seguía y se la llevó porque sus rastros se perdieron en una casona, pero como fue anoche luna llena, había demasiado olor a licántropo como para poder reconocer el del inquisidor - Charles escucha a medias. Lo único que su mente registra es que su Annie estaba herida. Siente todo el cuerpo en tensión, las ganas de masticar a alguien arrancando su piel de un solo bocado. Pasea las manos por sus cabellos echándolos atrás.

Y por primera vez en el tiempo que estuviera con Cinder, exclama con violencia un: - ¡FUERA! ¡FUERA Y DÉJAME SOLO! ¡LÁRGATE! - el siguiente golpe agranda el boquete y la herida en su piel. Otro golpe y otro más hasta que la rabia parece salir de su cuerpo. La vitae de Sabah que le da sustento como ghoul, hace efecto sanando las heridas. Se pasea la mano herida por la frente dejando un rastro rojizo que ignora por completo. Su mente piensa con rapidez: sangre de su pequeña. De su hermana. Annie está en París. ¿Dónde? ¿DÓNDE? La impotencia hace que volteé con un impulso violento golpeando de un solo envión con los puños haciendo fisuras a la mitad el mueble. Líneas irregulares que todavía no terminan de separarse se dibujan en la superficie. Se restriega frustrado el rostro con las palmas.

Ansioso, sale de su despacho en pos de la habitación cual energúmeno. Absolutamente nadie se interpone en su camino, cierra -azota- la puerta tras él buscando desesperado entre los objetos que trajo de Devonshire. Encuentra una de las muñecas de Annie, se retrotrae a una esquina sentado con la espalda contra la pared, las piernas flexionadas, los brazos sobre las rodillas y la cabeza apoyada en sus antebrazos mirando hacia abajo, donde en el piso dejara el juguete que huele a duras penas a ese aroma que recordara de los rizos oscuros de su hermana. Annabeth y sus ojos de cielo. Annabeth con su sonrisa perenne. Annabeth llorando cuando los separaron, subiendo al carruaje instada por un hombre intentando alargar la manita hacia Charles. ¡Sólo tenía cinco malditos años cuando la separaron de su vera! Y Charles, con sus diez años, no podía cuidarla.

Su mente se sume en ese maldito momento, en ese recuerdo, su Annie llorando desconsolada abrazando a su muñeca mientras se ponía de rodillas en el asiento del carruaje asomando la cabecita y le gritaba alargando una manita - ¡Charly, Charly, no quiero irme, no quiero irme! ¡Charlyyy! ¡No dejes que me lleven, no dejes que me lleven! - y por más que Charles intentó ir a por ella, los brazos de Bruce y de su mentor le retuvieron. Ni los golpes, patadas y gritos que emanaban de su rota garganta, fueron suficiente para que le devolvieran el trozo de cielo que para él, era su hermana. Terminó metido en un carruaje en dirección contraria, llorando de rabia, de ira, preguntando por qué y la respuesta fue brutal: - Tus padres hicieron pésimos negocios, están tan endeudados que la Corona exigió sus pagos. No tienen el dinero, así que vendieron a sus tres hijos. Tú me correspondes, pagarás con tu trabajo todo lo que hiciste. Tu hermana servirá en otro lado, así como Bruce - el color se le desvaneció de sus mejillas. ¿Qué? ¿Eran idiotas? - ¿Por cuánto tiempo? - bramó iracundo. - Diez años, después serás libre - y trabajó. Trabajó con ahínco y desesperación aún y cuando supo que sus padres habían sido muertos a manos de sus acreedores.

Ese día, sonrió como nunca. Fue cuando perdió un poco la cabeza y celebró en todo lo alto la muerte de sus padres. ¡Se lo merecían por separarlos! ¡Por alejar a Annie de sus cuidados! Si bien Bruce era el mayor y en muchas ocasiones su figura a seguir, era latente que los cinco años de diferencia causaban estragos. A veces hablaban como si procedieran de países diferentes. Y el que Bruce fuera la niñera de Charles y Annabeth, ayudaba poco y nada a ello. Charles en cambio, la adoró desde que nació. Sus lazos, sus vestidos, sus muñecas, su olor, todo para él era mágico. Sus risas, sus hoyuelos, sus ojos de cielo. Esos dos zafiros que le conquistaban y le arrebataban el corazón. Enamorado estaba de ella, no quería que nadie le hiciera daño.

Le tenía paciencia, la que jamás tuvo por nadie más. La ternura de sus gestos le hacía abrir los ojos cada mañana y levantarse. Impulsado por ese recuerdo, trabajó, viajó, maduró. Su obsesión por recuperar lo que le fue arrebatado hizo que aprendiera por su propia cuenta contabilidad, administración, economía. Tuvo a su lado un gran ejemplo con su tutor, pero quería más. Se empleó con una familia rica para ahorrar dinero y comprar un caballo con el afán de empezar su propio negocio. Las cosas no salieron bien. Y al final, casi muere de la golpiza que le propinó el aristócrata por haber puesto sus ojos en algo inalcanzable: su hija. Más tuvo la fortuna de que un amigo le reconociera y fuera a por él salvándole el pellejo. Fue la primera vez que probara la vitae vampírica. Pudo recuperarse de sus heridas y levantarse. La poca cordura que tenía, se esfumó esa noche y se dedicó a negocios menos éticos, pero que dejaban mayores ganancias.

Forjador de espectáculos para aristócratas. Secuestraba humanos y creaba una aventura para los ricos y así, podían disfrutar del arte del asesinato sin dejar rastros. Decir que se olvidó de su hermana, es cierto. Sepultó su bendito recuerdo en las profundidades de su alma en tanto se convertía en la bestia que ahora es. Perdió la empatía por los demás. Ignoró los sentimientos y las súplicas. Sólo hubo algo que estuvo firme en su mente: ganar dinero. Tanto, que pudiera costear la búsqueda de su hermana. Y así, lo descubrieron. A punto estuvieron de atraparlo, alguien metió las manos y llegó a París. Nadie podía llegar a su corazón. Ni siquiera Cinder puede preciarse de eso porque él jamás dirá que la ama, enloquecido por la idea de perderla, se negará a pronunciar en voz alta esas malditas palabras.

La suerte le cambió. Fue informado por su tutor que la Corona los buscaba a ellos, los Moncrieff. Y se presentó ante la nobleza. Se le dio el cargo de Duque y al mismo tiempo, descubrió una verdad que para Charles, fue peor que miles de cuchillos atravesando su carne: sus padres eran fieles a la Corona, pero también eran los últimos inquisidores en Inglaterra. Alguien los traicionó y les dejó a su suerte. Para que rescatar a su progenie, mandaron a sus hijos con tres familias diferentes. Su tutor confesó que Daniel Moncrieff, el antiguo Duque y padre de Charles, no tenía deudas con él. Fue la historia que se inventaron para que Charles detestara a su familia y dejara de pronunciar que era un miembro de ésta durante el tiempo adecuado para que todo volviera a asentarse.

La mansión de los Moncrieff en Devonshire fue una dura bofetada de realidad en el imbécil carácter de Charles quien observó atónito cómo las paredes del despacho de su padre y la habitación de su madre, estaban llenas de sangre sabiendo que los restos humanos que ahí descansaban, eran los de sus progenitores, regados y confundidos con los de sus sirvientes más fieles que también perecieron resguardando a sus señores. La mansión jamás fue limpiada por nadie porque creían que estaba embrujada y el movimiento de algunos objetos, sólo hacían que la miraran los habitantes del lugar con desconfianza. La venganza es un plato que se sirve frío y nadie mejor que Charles es experto en ello. Con todo el aprendizaje a cuestas, decidió buscar a sus hermanos y protegerse al mismo tiempo de cualquier ente que quisiera venir a terminar lo que inició.

Volvió a París, pero consigo trajo objetos que esperaba, fueran las llaves para abrir los candados de la búsqueda y sirvieran para rastrearlos. Se los entregó a Cinder y ella pudo, con sus poderes, decirle que había olido a uno. A Bruce en París. Y así, empezó a alargar las ramas de su ansiedad por encontrarlos, pero sobre todo, por hallar a su Annie.

Hoy, tras meses transcurridos en esta empresa, saber que Annie está viva, en París, pero sobre todo, herida, le revuelve las tripas. Echa la cabeza atrás recargando la nuca contra la pared mirando al frente. Si sus padres fueron traicionados, su hermana corre un gran peligro. Inquisidores, claro. La están buscando y seguro que no es para algo bueno. Como piensen que Annabeth es quien puede pagar por los actos de sus padres, significará que peligra su vida y Charles no está dispuesto a permitirlo. Primero tendrán que pasar por su cadáver para tocarla. Toma la muñeca mirando su rostro, le falta uno de los botones que hiciera de ojo. Si algo le gustaba a su hermana, era morder. Tenía una ansiedad oral que se volvió mortal cuando pudo hablar. Preguntaba siempre la razón y el motivo de todo. - ¡Charly, Charly! ¿Por qué el cielo es azul como los ojos de Annie? ¿Por qué vuelan los pájaros y Annie no? ¿Por qué papá tiene barba y Annie no? ¿Por qué la nana le dice a Annie que la luna es de queso? - se sonríe divertido y nostálgico.

- ¿Por qué no puedes estar conmigo, Annie? ¿Por qué el destino se empeña en separarte de mi vera? ¿Por qué sigues escondiéndote? Ya deja de jugar, Annabeth. Ya es justo que te atrape - se levanta con vigor. Devuelve el juguete a su lugar, en una caja dentro de su cajón. Se acicala frente al espejo recobrando la compostura, sale con una sola orden - ¿Y qué haces aquí informando sobre que encontraste un rastro de sangre de mi hermana y no estás yendo a recuperarlo, Cinder? Mueve el culo, yo me hago cargo del negocio. Y prepárate, si mañana termina la luna llena, quiero ir al amanecer a ver a Bruce. Dijiste que sabías dónde estaba, ahora es justo que nos reencontremos y suelte la lengua respecto de Annie o haré que se trague los huevos que le cuelgan de adorno, uno a uno - recuperado, el León de Devonshire ruge de nuevo. Va a recobrar a su hermana, le pese a quien le pese.


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Mensaje por Annabeth De Louise el Lun Dic 24, 2018 5:41 pm

"Y el señor dijo:
Ningún siervo puede servir a dos señores,
porque o aborrecerá a uno y amará al otro,
o se apegará a uno y despreciará al otro."

El sol iluminaba la ventana, con las cortinas abiertas, es incapaz de que pueda escapar de su destino: el despertar. No quiere, no lo desea. Hace sólo dos noches que se reencontró a ese inquisidor y todavía piensa que podría atravesar en cualquier momento el umbral de Phoenix y exigir respuestas. En cuanto llegó, intentó ocultar su rastro, un hechizo por aquí, otro por allá y listo. Espera que funcione en lo que se prepara para lo que viene a continuación que es quizá una de sus más grandes aventuras: ¿Pareja? ¿Pretendiente? ¿Enamorado? Pueden ser palabras fuertes, pero por lo que hizo esa noche con el inquisidor, tendrían sentido. ¡Ella no puede andar dejando que le metan la mano por debajo de las enaguas así como así!

Hunde el rostro en el almohadón de plumas gimiendo sin cesar reclamando a su propia locura por sus actos tan faltos de moral con el Condenado. Golpea un poco los almohadones más cercanos. Otro gemido al escuchar que la puerta se abre y entra Madame Violet con el desayuno - a ver si ya nos levantamos de la cama, mademoiselle y empezamos a trabajar, tiene correspondencia - la inglesa gruñe contra la tela. - Correspondencia, correspondencia, ¿Es que acaso no se acaba nunca? - la sonrisa de su ama de llaves se ensancha. - No. Y tiene algunos obsequios, recuerde que estamos entrando en diciembre y los regalos empiezan a llegar. ¿Para eso sí tiene tiempo? - la joven levanta la cabeza mirando a la mayor, sonríe díscola y se levanta sin dudar. - Sabes que me encantan los regalos, así que por supuesto que tengo tiempo - desayuna en la cama, se baña, se viste con un atuendo en color azul cielo y deja que le arreglen el cabello en un peinado elaborado y alto. Una vez lista, sale corriendo a ver la correspondencia para contestarla rápido y luego, se dedica a ver sus regalos.

Un libro de entre todos, le llama la atención. Es un compendio sobre la Grecia antigua, sus dioses, héroes, aspectos que a ella le encanta leer. Sonríe mirando a la ama de llaves. - ¿Qué tenemos pendiente hoy? - ella le da un listado de lo que debe hacer. Clasifica de lo más importante a lo que puede pasar al siguiente día. Y cuando lo hace, empieza a realizar sus labores terminando a las cuatro de la tarde y diez minutos. Sin dudar, se busca el sombrero, toma el paragüas por si le llueve, mete el libro en un bolso y corre a toda prisa a la entrada antes de que la vea Madame Violet y le grite que todavía no puede irse. ¡Es jueves y es la hora del té, puede irse, claro que sí!

Ni duda, se trepa al carruaje y ordena al cochero que la lleve de inmediato a su salón de té favorito que fue reconstruido hace poco porque hubo un extraño incendio. En el trayecto muerde su labio inferior con el colmillito izquierdo pensando en la navidad de hace seis años. Fue el día en que le llegaron las dos cartas informando sobre sus hermanos. Charles fue muerto en una pelea en Inglaterra. Y Bruce, en un linchamiento en Alemania. Eso de que en navidad se convive con la familia, es para la inglesa un pesar en su corazón. ¿Familia? No tiene ya a ninguno de sus miembros. Ni de los Moncrieff, ni de los De Louise. Es como si ambas familias estuvieran malditas por tener a Annabeth entre ellos. Los Duques, muertos por descubrir los malos manejos de Francesco, algo de lo que se enteró cuando los De Louise fueron exterminados en Florencia. Ese episodio todavía está en penumbras, ni siquiera el encontrarse con Dimitry y saber que él no tuvo nada que ver con la fga de información, le esclarece algo, todo lo contrario.

Durante años pensó que el inquisidor había sido quien abrió la brecha para encontrarla. Aclarado el punto, ¿Quién fue? ¿Quién los delató? Ambas familias fueron muertas por un soplón. Exhala un suspiro acongojado, quisiera haber conocido a sus hermanos o bien, recordarlos. Tiene en la memoria algunos flashazos de un chico de ojos azules, de gran sonrisa reclamando una y otra vez: - No, por favor no, no empecemos con los "por qué". Annie, por favor, mira, te llevo a comer fresas con crema, pero no de nuevo - no tendría más de once o doce años. Por lo que le dijeron, dejó de verlos cuando Charles tenía diez y Bruce quince. Cierra los ojos recordando los sobres que le entregaron cuando llegó a París. En ese entonces, Madame Violet era su dama de compañía, su nana y guardiana. El mayordomo de la mansión De Louise le presentó los documentos donde la joven descubría todo: que Etienne y Gabrielle no eran sus padres. Que le habían borrado la memoria de forma mágica para evitar que pudiera descubrir su origen a ojos de extraños.

A pesar de someterse a hechizos, no vovió a recordar a los Duques. Ni siquiera a Bruce. Charles era un borrón. Las cartas que descubrían el secreto del por qué, estaban en su poder. Seis años después, la inquisición volvía a poner el dedo en la llaga mandando a Dimitry tras su pista y puede estar segura de que lo hicieron porque era el único que podía encontrarla. Así como lo hizo, las fuerzas de Phoenix exterminaron a los cinco soldados que perseguían al Condenado para que no pudieran llegar a tocarla. El tiempo pasa demasiado rápido, ni siquiera el llegar, pedir su acostumbrada taza de té y el plato dulce del dia, le deshacen de la sensación de que esta navidad tendrá una diferencia con la de estos últimos seis años. La lectura que prometía atraparla es hecha a un lado, su mente viaja a su memoria, pero no. Nada puede recordar. Tan potente fue aquél embrujo que aún ahora, paga las consecuencias.

Frustrada, ni siquiera termina su pastel, se levanta tomando el libro, lo guarda en el bolso y sale distraída a caminar por las calles aledañas al salón de té para hacer tiempo y que el cochero venga a por ella. Distraída, no observa nada extraño hasta que alguien la empuja al pasar rápido. Annabeth le da peligrosamente la espalda a un hombre bien vestido en tanto mira quién fue el que la golpeó. Quiere continuar el camino, pero le es cortado de tajo. Así como su futuro inmediato, mañana no podrá terminar las tareas que dejó pendientes y mucho menos, contestar la correspondencia.


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Mensaje por Septimus el Mar Dic 25, 2018 5:17 pm

El cielo aun era azulado, mientras alzaba la vista observando el humo diluyendose según iba ascendiendo al ser expulsado por sus labios y su nariz, mientras estaba pensativo, recapacitando sobre lo leido, esa familia dió con un bucle de destrucción la iglesia, la inquisición y el poder chocaba, los que se interponían eran aniquilados sin piedad, siempre fue así, ¿habia compasión por ellos? en cierto modo, pero Septimus era perro de presa, y conseguir inquietar a Loyd era un gran placer, quizá una especie de dominancia, mantener las riendas de mando, y el inquisidor adoraba hacer sentir miedo a sus presas, Loyd se atrevió a resistirse, no solo no desveló donde se escondían los demás herejes, si no que con él vino esa vampiresa a la que había estado su compañero 10 años estudiendo como cazarla, seguro que Loyd estaba pringado con todo esto, esto era parte de un circulo vicioso al que el licántropo estaba dispuesto a poner fin de una maldita vez, le encantaba esa sensación de poder, como conseguir empezar a controlar los herejes, la iglesia le recompensará si hace una buena purga de herejes.
El licántropo sonrió de manera maliciosa, si, no importaba como, pero estaba haciendo exactamente lo que Dios quería y si para ello había que tomar el camino dificil, o algo violento, la inquisición sabía como ser drastica, estaba para ello, la rectitud era importante.


Sonrió de manera maliciosa, mientras apuraba su habano, terminandolo antes de mirar su reloj de bolsillo para quedarse apoyado en la pared, pensativo, con la mirada perdida en el cielo. A pesar del claro dia hacía realmente mucho frio, no le estrañaría que esta noche nevase, se mordió el labio inferior cuando un aroma llegaba a sus fosas nasales, ahí estaba ese olor familiar con cierta distinta esencia, pero era la misma base, la base de Loyd, la base de Karsh...y sin duda la base de cualquier Moncrieff, eso hizo que sus claros ojos se fijaran en la dama que aparecío caminando sola y distraida, y ahí estaba, tan dulce, tan indefenso cervatillo perdido frente al lobo, un resoplido fue suficiente para dar el pistoletazo de salida.


Fue entonces cuando el lobo dió una zancada, a velocidad rapida y totalmente en sigilo, se acercó a ella dandola un pequeño empujón metiendola en el callejón, golpeando su nuca para noquearla y dejarla caer entre sus brazos, el otro miembro de su manada les observó para cubrir la retirada mientras la metián dentro del carruaje, y ponerse en marcha, habría que mantener las apariencias, el observó a la desmaya joven acariciando su rostro con suavidad, si que tenía parecido leve a su hermano, el licántropo sonrió como si tuviera un contundente triunfo entre las manos, se recostó en el asiento manteniendo a la joven desmayada hasta llegar al destino de la santa sede.  Se bajó cargando con la joven, dos miembros de su manada le escoltaban, hasta llegar a su sala.


Dejó a la joven sobre una camilla de madera que solía usar para torturar, cerró la habitación con pestillo y se giró a volver con la joven, atando sus manos y y pies, la descalzó y quitó el vestido, dejando solo la vestimenta base, en cuanto el licántropo empezó a percibir que estaba despertando empezó a hablar. -Siempre me divierte alzar las enaguas de las damas, suelo encontrar calor bajo ellas, generalmente por que ella me lo ofrece, aunque en este caso me he tomado la libertar de descargarte de tu bonito vestido y de tus zapatos, ¡oh! no te preocupes no se arrugará sé lo importante que es para una dama ir guapa.- La guiñó un ojo mientras la observaba. - Veras, señorita Annabeth...¿es Annabeth verdad?, tengo asuntos sin resolver, y usted va ayudarme con ello, una venganza algo personal todo tirado de un hilo, pero una parte del tejido es usted...me tomed la libertad de librarla de ropaje, para evitar sorpresas inexperadas, es fascinante lo que las mujeres escondeis por el vestido o en un bolso, pero asi evitamos tentaciones.- Se mofó el licántropo.
-Bien preciosa, las explicaciones que estes aquí son diversas, puedo ser cruel, pero eres un daño colateral, una presa....si eso eres una presa de este lobo....no tengo constancia que seas una hereje, aunque a los de Louise no les haya ido nada bien....pero la cosa va a ser asi, y se que será un shock para tí cariño...pero tu hermano me tiene hasta los huevos y tu seguró serás un premio gordo y si, has oido bien pequeño angelito...he dicho tu hermano....lo sé todo, sobre ti, y tu familia....y ahora...tocan las suplicas y los gritos...a mi personalmente me encantan...o puedes hacerte la dura, para mí, ambos son correctos, solo cambia lo dura que me lo vas a poner.- Se rie de manera cruel mientras coje una afilada daga y un vial acercandose a ella. -Solo como consejo, no me hagas enfadar.- La vuelve a guiñar un ojo mientras la observa con atención.


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Mensaje por Annabeth De Louise el Jue Dic 27, 2018 4:54 pm

"Cuando crees que lo has visto todo,
llega la más pequeña a dar jaquecas en vez de dolores de cabeza."

Sumergida en una vorágine de pensamientos y recuerdos, no se da cuenta de lo que está pasando, tiene demasiados pájaros revoloteando en la cabeza como para ver las señales de advertencia y aunque las viera, su fuerza no se compara a la de un licántropo que busca ahora mismo hacer daño y lo hace, con ese golpe en su nuca que la aturde primero y luego, le mete en la inconsciencia. Muchos en Phoenix estarán enojados con ella cuando se enteren de lo que pasó. Otros estarán confundidos porque han puesto hechizos para que la líder de Phoenix no sea atrapada. Unos cuantos más decidirán entrenarla de nuevo para que no caiga en estos problemas llevándose entre las patas a todos. Cuando se elige a una líder, se procura que sea humana para que no dé preferencia a ninguna raza. Y siendo los humanos más moldeables, es mejor para Phoenix tenerlos entre sus filas.

La oscuridad se instala en la mujer. Al ir reaccionando, siente su cuerpo extraño, tirante y entumecido. Va abriendo los ojos, esos enormes pozos azules como el cielo vislumbrando el lugar en el que se encuentra. Parpadea con rapidez porque por supuesto no es el sitio que espera. Traga saliva antes de que el italiano frente a ella, sea el protagonista de esta locura. Le observa esperando respuestas y van cayendo una tras otra, como si al decir las primeras palabras, el varón no tuviera la prudencia de cerrar la llave y descontrolado, dijera todo. La expresión de fastidio cuando menciona lo de sus ropas y zapatos es tan idéntica a la de Loyd cuando le dijera Septimus que era un hereje, que parecería una calca con las diferencias propias de un rostro más curtido en él y más femenino en ella. ¡Será idiota!

Se mantiene en silencio, una venganza dice, ¿De qué? ¿Contra quién? Se queda expectante en tanto el hombre con ínfulas continúa hablando como perico. Es un lobo, ¿Licántropo? Quizá o cambiante. El olor a velas e incienso le pica el olfato, ahora comprende a qué se refieren los miembros de Phoenix con "aroma a inquisidor". De acuerdo, entonces ya tiene dos pistas valiosas. Es una presa porque como él dice, es un daño colateral, señal de que se va a vengar de alguien. A su mente acude Dimitry. ¿Será él quien originó todo ésto? Ladea la cabeza, el típico gesto Moncrieff se instala en su rostro haciendo tres gruesas líneas en el entrecejo cuando sus cejas intentan unirse por el centro. Abre los ojos desmesuradamente cuando le habla de que su hermano le tiene llenos los huevos, lo cual podría también interpretarse como que no sabe de qué habla.

¿Su hermano? Están muertos, el informe dice que están muertos ambos. ¿Y si no? ¿Quién de los dos está vivo? ¿Los dos? Traga saliva con el shock de este descubrimiento y el licántropo sigue hablando dando más razones a su azoro. ¿Que siguen las súplicas? Parpadea regresando al presente. El resto de la frase son condiciones que toma sin dudar para entender cómo tiene que ser ésto. Si se le pone dura con el sufrimiento, ¿Por qué va a darle el placer? Si nadie se entera de que desapareció y vienen a rescatarla, darle lo que quiere sólo alargará su tormento. Puede ser la opción para que tenga tiempo para que sus compañeros la encuentren. Lo mira tomar la daga y un vial, alza una ceja parpadeando con interés. - No sé qué hacer, si chillar como cerdo o qué - frunce los labios aspirando profundo, pero decide hacer una barbaridad. Dice que odia que le hagan enojar. Se sonríe de lado. - Bueno, bueno, al menos dime ¿De qué hermano hablas? No tengo ninguno. Si sabes que soy una De Louise, como que te dieron mal la información lobito, porque no sé de qué me hablas - le mira con inocencia. Si tanto le gusta el sonido de su voz, que siga hablando, le da más información que todo Phoenix reunido.

Y como insista en acercarse, le va a demostrar por qué debe mantenerse alejado de ella porque con pronunciar unas palabras, el lobo va a terminar estampado en la pared y de ahí sí, ninguna fuerza humana o sobrehumana le permitirá acercarse a Annabeth.

Ja. ¿Quién dijo que es la indefensa de los hermanos?

- No me hagas enojar, lobito, no me hagas enojar - le repite con tono tranquilo.


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Mensaje por Septimus el Lun Dic 31, 2018 1:53 am

El licántropo la observaba, odiaba ese comportamiento de los Moncrieff, mocosos malcriados, ahora que echaba la mirada a atras posiblemente hubiera visto al mediano a Charles Moncrieff, niño orgulloso que se negó a renunciar a su apellido, que al fin y al cabo Septimus cuando se lo propone le encuentra la pista a todo, mayormente gracias a Tohrment, pero tambien a la capacidad de rastreo de su manada o su segunda nariz favorita, su cambiante, sonrio de medio lado mientras oia como ella se mantenía con esa actitud que a la larga le saldría cara a Annabeth. -No hablo de los De Louise niña....- Comentaba el licántropo, mientras miraba todos los juguetes de tortura que tenia frente a él mientras se cruza de brazos. Se llevó su mano a arrascarse la barba de tres dias que ahora tenía mientras clavaba su azul mirada en la ajena, enarcando una ceja para dar una pequeña risotada.
-Niña, se muy bien el valor de la información, y se mucho de tí, y de tu historia...y te voy a contar un pequeño secretito, solo por placer....te mintieron...te mintieron mucho...- Comentó él disfrutando del momento. Tenía ganas de torturarla y no sabía ni por donde empezar a divertirse.


Se giró y la observó, sabía que las situaciones incomodas con las muchachas solía funcionar bastante bien, y el licántropo solia disfrutar de ello, que se retuerzan, que griten, le encanta cuando ellas lloriquean y le pide misericordia, por un segundo él las hace pensar que será compasivo, hablandolas suave, susurrandolas al oido, que todo ira bien, mientras las acaricia paternalmente, susurrando que confiesen sus secretos, y sea cual sea el resultado el termina en un autentica voragine de sangre, empezando a despellejarlas a desollarlas y devorarlas, aunque no por ser mujeres, si no por el hecho de ser herejes, con los hombres era más divertido, confesaban o una tira de piel iba fuera, dejando la musculatura al descubierto.


Desde luego a Septimus le encantaban ese tipo de cosas, las disfrutaba, pero a Annabeth no había que ensañarse tanto, quizá lo suficiente para por placer personal del lobo y en venganza a Loyd y su desfachatez y herejia, formar parte de las pesadillas más profundas de Annabeth, que se despierte entre gritos mirando al rededor comprobando que Septimus no esté cerca. Algo parecido a como ese maldito cabrón atormentó en el pasado a su dulce Lucy, pero en este caso a alguien que él quiere jugar, y divertirse, y eso nada de lo que ella diga o haga, la observa con desdén. - Portate bien...y seré suave..- Se mofó de una manera sumamente cruel, ¿mentía? pues no del todo, ella no era objetivo de caza, solo era un daño colateral, solo eso, y ser un juguete de una tortura de satisfacción personal, divertirse y jugar, tomandó asi la daga y el vial, observandola enseñandosela de manera para provocar algún tipo de reacción por ello.


El licántropo sonríe con malicia mientras desliza la daga entre sus dedos, observándola, le ha tocado los cojones y bien sabe que ella buscara provocarlo, parece algo innato en los Moncrieff, es entonces cuando el licántropo se acerca a ella mirando el brillar de la daga. -Yo que tú no tocaría mucho los cojones...lo vamos a pasar muy bien tu y yo pequeña.- Susurra ladino, inclinado sobre ella, la fría hoja de la daga se apoya en su pierna, empezando a acariciar con el filo la piel, apunto de cortar, sin llegar a hacerlo, la desliza por la cara interna del muslo, haciendo ese sonido metalico al acariciar la piel, rodea cerca de la intimidad cortando la tela que la oculta, pero sin quitarla dejando que la cubra aun subiendo al rededor del ombligo, cortando la tela que cubre su escote liberándolo un poco para pasar la daga por la delicada piel, arañándola de esa deliciosa forma haciendo el camino hasta la clavicula y finalmente haciendo un corte fino, poco profundo pero sangrante, acercando el vial a la sangre que emana. -Deliciosa.- Susurra contra su oído tapando el vial para alejarse dejándolo sobre la mesa.
Se volvió a acercar a ella a susurrar su oído. -Esto no ha hecho más que comenzar.- Muerde el cuello herido clavando sus dientes que se hunden lo suficiente para dejar surcos en la tierna piel del cuello. Dejando escapar un gutural gruñido mientras para soltarla pasando la lengua de manera lenta por su cuello hasta el oído de la joven.


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Mensaje por Annabeth De Louise el Sáb Ene 05, 2019 3:56 pm

Oh, Dios. ¿En realidad sus hermanos están vivos? ¿Cómo pudieron escapar a sus destinos? ¿Será que le mintieron? Phoenix no se equivoca, pero puede ser que haya pequeñas aristas que no vieron o descubrieron. En cuanto el hombre se queda en silencio, Annabeth se dedica a pensar en cómo podrían escapar. ¿Alguien les ayudó? ¿Un miembro de Phoenix? Porque por ello podría ser que la información está incompleta. Sería la única causa y si fue así. ¿Quién? ¡Maldito licántropo! Vino a alborotar un gallinero que estaba de momento asentado. Y ahora que recuerda, no es la primer persona que le dice algo así. La vampiresa, Sabah, cuando lo del Udyat, dijo que el mundo era un pañuelo y que no era la primera de su familia que veía. La voz del inquisidor le forma un hueco en el estómago cuando asegura que le mintieron y hace hincapié en que fue mucho.

Mira a su diestra intentando parecer relajada, pero su mente está a toda velocidad. Por un lado, agradece que la atrapase un lycan porque ellos no tienen el poder para leer su mente. Por otro, sabe que él puede olfatear su incomodidad, su incertidumbre y eso es incontrolable. Su mofa respecto a que será suave es de inmediato contrariada por la manera en que se sonríe. Claro y la tierra es cuadrada. Lo que le causa el vial y la daga es una mirada curiosa. ¿Qué pretende hacer con eso? ¿Qué quiere almacenar? ¿Para qué? El instrumento punzocortante se desliza por su cuerpo, cortando algunas de sus prendas provocando un sonrojo de incomodidad. ¡Ni Dimitry se permitió tales ligerezas! - Y se dicen hijos de Dios - desvía el rostro con fastidio y asco. Eso es algo que no comprende. ¿Por qué todos aquéllos que se dedican a cumplir las órdenes del Santo Oficio son tan ciegos de no ver que también son herejes como tanto tachan a sus víctimas?

El corte es suficiente para que las gotas de sangre resbalen y de inmediato, el licántropo las atrapa. Para eso quería el vial. Tiene un gran problema porque no puede dejar atrás algo tan importante como su sangre, en cuanto la vean, sabrán que tiene magia y el aura de Annabeth indica todo lo contrario. Los hechizos de los miembros de Phoenix que le fueron impuestos todavía hacen su trabajo. La palabra en su oído le provoca un estremecimiento de repulsión. Le mira dejar el vial en la mesa. Resbala su músculo bucal por los labios resecos por la incomodidad del momento. Septimus se acerca de nuevo. Otro susurro y ella aprieta los labios con fuerza intentando contener la espuma que amenaza con salir, pero viene algo que la descontrola y la hace rugir de rabia.

La mordida que el licántropo le propina, es brutal. Marca su piel, rasga su epidermis y de paso, la hace sangrar. No conforme con eso, siente su lengua recorrerla. No se contiene, la bilis se le sube por el tracto digestivo hasta la boca que se abre con una velocidad alarmante. Es el acto de vejación, donde se atreve a hacer algo que no debiera, porque su cuello es de Dimitry, su sangre es del vampiro. Y apenas comprende este sentimiento, se llena de una rabia mil veces peor, perdiendo la capa de humanidad, dejando que el pelaje, las garras y los colmillos de la leona Moncrieff aparezcan en sus conductas e instintos. Se siente tan ultrajada, tan pisoteada con este simple acto, que busca una correspondencia, un castigo de igual envergadura. Lo anhela, lo necesita, le urge el estremecimiento y temblor de todo su cuerpo porque este malnacido mancha su piel, toca su sangre, la absorbe cuando ella no lo autorizó. El punto es ese: no le autorizó tocarla. ¿Por qué lo hace? Y como tal, el castigo inicia.

Desvía la cabeza para encontrar la piel de la mejilla del licántropo y como si fuera una leona, aprieta los dientes en la carne apoderándose de un gran bocado. Lo retuerce de diestra a siniestra antes de jalar con la cabeza en un potente envión que le lleva dicho pedazo en la boca que sangra manchando su mandíbula y labios. Los ojos se abren con rabia e ira posándose en el rostro del inquisidor antes de sonreír con una malsana locura en lo profundo de sus pupilas al ver su obra. Ya le había advertido que no la hiciera enojar y como intente darle un golpe, terminará estampado contra la pared, puede sentir cómo la magia se agita en su espalda, la marca del Phoenix está lista para atacar y la inglesa no le pondrá freno.


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Mensaje por Septimus el Sáb Ene 05, 2019 7:35 pm

Y ahi estaba, en esa mazmorra, disfrutando de la presa, de la visión que ofrecia, mientras el cuchillo acariciaba la joven, podía oler todas las emociones que transmitia las acciones del licántropo. La incomodaba y eso le encantaba preciosa hereje, estaba metida en la boca del lobo y ahora Septimus solo tiene que cerrar la boca y masticar, su venganza se estaba cumpliendo, solo contaba su deliciosa recreación, que era lo que le estaba gustando más al inquisidor, que se estaba recreando de lo lindo, más las sensaciones que le estaba dando ella hacía que de manera involuntaria se relamiera, esa incomodidad, esa incertidumbre, pero nada se comparaba al delicioso aroma que soltó cuando paseó aquella daga que se traía entre sus dedos. Septimus notó ese rubor en las mejillas de la pequeña presa, como se ponía en esa ruborización, esa incomodidad, ese aroma le encantaba, incluso no pudo evitar soltar una risilla burlona, se mordia el labio inferior mientras sus ojos se mantenían encendido de lo excitado que el licántropo estaba poniendose.
Más las palabras de Annabeth hiciron que él se inclinara hacia atras soltando una carcajada de mofa, mientras sacudia la cabeza. -Hijo de Dios...- Repitió con suma mofa el licántropo mientras sacudia la cabeza riendose por ello, casi tomando la acción para que sintiera la mofa de él hacia ella.


-No mi pequeña hereje no...no soy el hijo de Dios, ¡¡Soy el perro de Dios!! es algo distinto, pero no voy a debatir esto contigo, no lo entenderias.- Comenta de manera socarrona mientras ladeaba la cabeza observandola, mirandole con descaro los segmentos femeninos, buscano puramente la ruborización maxima por parte de ella. Mientras se regodea en sus acciones impertinentes, sabe lo que provoca, sabe como se siente ella, y disfruta de ello, pues nada de estas acciones es para que ella disfrute, todo lo contrario, más le empieza a rondar la idea de sometarla de manera animal, por pura dominancia, achantarla tanto que sin atreverse a hacer nada fuera presa de la crueldad que puedera tener el lobo.


Más el momento más delicioso fue hundir sus blancos dientes en el cuello de ella, la marca realmente fuerte, dejando perfectamente visible la señal de la perfecta dentadura que tenía el inquisidor, para lamer su sangre, el delicioso sabor que tenía la joven que despertaba el ansia del depredador, el inquisidor está absolutamente ocioso cuando de repente la joven gira la cara clavando con fuerza sus dientes en la mejilla del inquisidor, que abre los ojos por surpresa, pero no es un grito lo que escapa de sus labios, no, un sobrenatural rugido que haría temblar a cualquiera,  el inquisidor se apartó mientras observaba con los ojos encendidos y la mejilla sangrando por la tremenda mordida, sus uñas crecían a la vez que sus colmillos.


-¡¡Zorra estupida!!- Rugió el inquisidor absolutamente fuera de si, su mente empieza a ir a toda velocidad, mientras la bestia interior empieza a sugerirle que hacer con ella. -Te hubieras portado bien...no habría ido tan mal, pero ahora....oh zorra, te prometo que vas a sufrir.- Si, ahora quería cobrarse la pieza, ella sonreía de esa malsana forma, al inquisidor le daba igual, totalmente embrutecido se lanzaba contra ella, llevandose por delante en su frenesi rabioso la mesa donde estaba el vial, haciendo que se resbalase por la sangre, el vial voló estrellandose derramandose, aunque en ese momento no le importaba en esceso, su intención era un golpe en el estomago para cortarle la respiración, ese era su plan para empezar, luego una mordaza, y despues ya veriamos.


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Mensaje por Dimitry L. Rudakov el Lun Ene 07, 2019 8:07 pm

"Lemon yellow sun, arms raised to the sky...
The dead lay in pools of maroon below".










La monotonía de las noches siguientes fue un escenario implantado en el inmortal, quien no hacía más que pasearse por la Santa Iglesia como un maldito sonámbulo. No le habían encomendado misiones hace dos noches, exactamente luego de "fallar" con la más importante según el mismo Francesco, aunque hasta a él fue difícil de convencer que realmente no había conseguido atraparla, excusándose de que tuvo aliados que le ayudaron a escapar, entre ellos Lycans e incluso vampiros traidores a su naturaleza. Pasó horas repitiendo la misma historia, incluso manipulando su propia mente y recuerdos para que nadie pudiera adentrarse en su cabeza. Y para ello, el bloqueo también le ayudaba.

Lamentablemente para él, luego de aquella acalorada conversación con sus superiores le recomendaron "descansar", como si lo necesitara. Dimitry sabía que buscarían mantenerlo alejado de esa búsqueda en particular, y se idearían la forma de que no se moviera de la Inquisición, pidiéndole que entrenara a los más débiles, ya que era interesante la cantidad de almas que habían atraído en unos cuantos meses. Se estaban fortaleciendo, y él lo veía cada día.

Esa noche buscó escabullirse de los entrenamientos y bajó a las mazmorras, recorriendo algunos de los cuartos que estaban siendo utilizados. La forma de conseguir información nunca cambió, hace siglos que se había creado, y luego de tan buenos resultados se implementó como pan de cada día.
Los alaridos y súplicas eran incalculables, sin duda el macabro musical que se creaba en tan lúgubre ambiente era digno de cualquier depravado. Sinfonía que por su parte también disfrutó en su momento, y ahora solo se había convertido en algo sin importancia. Un vacío que no podría llenar.

Se sintió satisfecho, estaba listo para salir de ahí, pero fue entonces que antes de dar un paso un aroma que podría reconocer hasta en el lugar mas recóndito, llegó a parar a su olfato, una mezcla de su sangre y la de ella. Bien podría considerarse un demente, realmente el encuentro con la humana le había afectado hasta el punto de hacerlo divagar, creando ilusiones demasiado reales.
Debía empujarse a salir de ahí, pero los gritos que vinieron luego fueron el golpe que le empujó hasta la última puerta, ya que conocía la voz de ese condenado en particular, y no podía estar tan errado, menos cuando cada paso que le acercaba más al lugar le regalaba más claridad a la hora de percibir el aroma que le trastornaba.

Las palmas del vampiro quedaron fijas en la madera, concentrado en lo que ocurría al otro lado, sus habilidades jamás le había jugado tan sucio, era real, veía al Lycan ultrajando a la mujer que de alguna forma se mantenía intachable, las marcas en su cuello no fueron pasadas por alto, se había atrevido a morderla, había profanado algo que le pertenecía. Todo lo que vino a continuación no fue premeditado.

La pierna de Dimitry se alzó estampando su bota contra el borde de la puerta, haciendo que ésta se abriera de golpe, permitiendo que tuviera una vista en primera de fila de como la bestia con quien trabajaba se encargaba de lastimar a la misma mujer que hace nada descansaba en sus brazos. Dos segundos bastaron para que el Inquisidor analizara la situación, si lo atacaba ella moriría, y luego de eso él tampoco alcanzaría a poner un pie fuera antes de que se viera rodeado. Debía ser inteligente, calculador, aún frente a tan visceral escenario, y no lo conseguiría si su mirada llegaba a cruzarse con la femenina, en lugar de eso viajó directo al rostro del bastardo.

Se plantó en el suelo a un par de metros de distancia y exhaló, recordándose a si mismo porqué no debía arrancarle la cabeza en ese instante. Mientras el condenado se volteaba a observarlo con los ojos ambarinos que demostraban como su fiera interna luchaba por salir a flote, fue aquel daño en su mejilla que captó su atención, al parecer sin importar nada, Annabeth le estaba dando batalla.
¿Qué carajo haces, Septimus? — la voz del vampiro resonaría fuerte pero dejando que la falsa tranquilidad disfrazara su tono. Mientras en su interior las entrañas se le retorcían y su cuerpo manejaba los temblores involuntarios al luchar con las ganas de destripar al Lycan.


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Mensaje por Annabeth De Louise el Lun Ene 07, 2019 10:06 pm

"Don't ask my opinion, don't ask me to lie
Then beg for forgiveness for making you cry."

Entiende que en el momento en que correspondió la violencia con el mismo ímpetu, se rompió la "cordialidad" entre ellos. Lo prefiere. Eso de tener que esperar a que el otro haga lo que le plazca con ella, lo considera una hipocresía. Si su plan es dañar su cuerpo, torturar su mente y provocar dolor, que inicie de una vez. Adiós las presentaciones, hay que entrar en materia. Ve la rabia iluminar sus pupilas, el brillo tan característico del descontrol haciéndose presente es indicativo de que va a terminar muy mal. No se sorprende de los arranques de ira del inquisidor porque los esperaba sin duda. Si lo que hizo fue justo lo que llevaría de estar en el preludio al completo desarrollo de la novela. Una historia que va a tener tintes rojizos en lo que se refiere a la humana. El "perro" de Dios como se hace llamar, hace aspavientos, se lleva en su estallido la mesa con el instrumental de tortura que tintinea al contacto con el piso cuando el mueble cae sin control regándose los objetos por doquier.

El crecimiento de uñas y colmillos es esperable. Si no fuera así, sabría que hay algo mal con él. ¿Que si se portara bien no le iría tan mal? Oh por Dios, ¿A quién quiere engañar? Si viva no la dejaría ir. En cuanto alguien se percate de su presencia y le informe a Francesco, Annabeth estará más hundida que un ancla en altamar. El golpe que amenaza darle, le tensiona todo el cuerpo, aprieta los ojos para no verlo, pero no sucede. Un estruendo en la puerta les alerta a ambos. Annabeth mira quién interrumpe y la palidez se instala en todo su ser.

Dimitry.

Dimitry Lukyan Rudakov en persona.

¿Qué hace aquí? Desvía de inmediato la mirada intentando que sus emociones no intervengan, que el licántropo sea ciego, sordo y mudo a lo que ella siente respecto al vampiro porque de lo contrario, Dimitry lo pasará muy mal. Debe desviar su atención de él, impedir que pueda notar un solo sentimiento hacia el vampiro, porque de lo contrario, serán dos los que sean torturados. De imaginarse la forma en que él esté tendido en una tabla, siendo lastimado, obligado a confesar, le produce más dolor que cualquier marca, mordida o lo que sea, que el licántropo pueda infringirle. Preferiría mil veces morir en la hoguera que permitir que Dimitry caiga en las manos de este perro. Le mortifica sobremanera la situación y más cuando nota algo que ignoró, su desnudez.

Quisiera cubrirse con una manta, que no vea el estado de sus ropas cuyos retazos apenas pueden ocultar unas franjas de su piel. Eso la apena, la abochorna y la hace sentir culpable. La rotura de sus prendas interiores dejan a la vista el muslo siniestro, parte del pubis. Desvía y cierra los ojos con fuerza intentando serenar un poco el latido de su corazón. Intenta no pensar en que el movimiento agresivo contra el licántropo al morderle para castigarlo, dejó que las prendas que precariamente se encontraban sobre su pecho, se cayeran dejando al descubierto sus senos. Aprieta los ojos. Intenta mantener la fuerza, la serenidad. Traga saliva aspirando profundo, procurando por todos los medios no llorar. Podía lidiar con este inquisidor, no le importaba lo que le sucediera siempre y cuando estuvieran solos. Dimitry vino a desestabilizar su balance. A cambiar su propia realidad. Escupe con fuerza al piso el pedazo de mejilla que todavía tenía en su boca. Aspira profundo queriendo que su realidad se modifique.

Nada cambia. Ni la presencia de Dimitry exigiendo respuestas al inquisidor, ni su semidesnudez. Aspecto que a ninguno de los dos hombres parece importar y a ella, como señorita de sociedad, la hace hervir de vergüenza. Lo único que atina es a cerrar los ojos y rezar por dentro, rogando a todos los dioses que puedan escucharla al menos un poco de coherencia y de serenidad. De resignación y al menos, una abertura, una oportunidad de salir adelante porque no encuentra la manera de estar mejor. - Sólo un poco más - ruega con todas las fuerzas de su alma buscando una esperanza, algo que le pueda ayudar a paliar este sentimiento negativo. Y como si la respuesta fuera inmediata, siente cómo le quema el tatuaje en la espalda. Traga saliva cerrando los ojos, concentrándose en lo que pareciera indicarle, pues mientras ellos discuten, alguien en su mente penetra preguntando y a cambio, ella le da una pequeña respuesta. "Me secuestraron, estoy en..." es todo lo que puede avisar pues siente cómo el hechizo se rompe y al mismo tiempo, un dolor la atraviesa arrancando un alarido de lo profundo de su garganta.

Bien se sabe que los hechiceros también son parte de la Inquisición y como tal, impiden con sus artes, el conjuro que pudo mandarle ayuda dejando su ser a merced del licántropo porque lo único coherente es que no va a arriesgar a Dimitry. No va a permitir que él se descubra ante sus pares como un traidor, aquél que la ayudó a escapar. No, los sentimientos que le genera el Condenado, son suficientes para que se sacrifique por él. No quiere que sea uno de los mártires que pague con su vida a cambio de salvar su pellejo.


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Mensaje por Septimus el Mar Ene 08, 2019 3:10 pm

Septimus rabiaba por la desfachatez,de la joven, por una parte mostraba un gusto de que la joven a pesar de su situación se atreviera a morderle, pero en ese momento estaba furioso por la desfachatez, y todo ese sentimiento que pensaría si estuviera calmo, no, por el contrarío estaba furioso, se atrevió a desobedecer, no se lo permitía ni a sus "hijas" como para que entonces permitiera más a otra, asi que dejó que su bestia interior se liberará a sus anchas, furiosa por aquel bocado propinado, mientras ella para coronar la situación sonrió con los labios y la barbilla manchada de su sangre, encima que él había sido tan cariñoso, o esa era la verdad para Septimus, lo cual que dejar escapar ese aterrador gruñido desde lo más profundo de su garganta, gutural sobre natural, sin duda ese gruñido era de la bestia y no de una persona, fue cuando sin conocimiento alguno, y arrastrado por la furia avanzó a por ella con ganas de dañarla, el olor a vampiro fue detectado segundos antes mientras avanzaba llevandose todo por delante rompiendolo todo, eso era debido a que la bestia estaba al mando, y entonces escuchó el golpe de la puerta lo cual su puño se frenó a apenas dos centimetros de impactar contra el abdomen descubierto de la chica.
Septimus, giró a mirar al intruso, apenas tardó un segundo el licántropo en recobrar la compostura y observar al otro condenado que había ahora en su estancia, mirando al nuevo invitado, generalmente no tenía visitas de otros inquisidores y menos mientras trabajaba, generalmente los unicos que se atrevían a hacerlo eran los gemelos y el chupasangre con los que hacía equipo.


Septimus sacudió su camisa y se limpio la sangre propia de la mejilla relamiendo los resquicios de sangre que quedaban en su gran mano, antes de observar al vampiro que le había interrumpido, más señaló a la joven que estaba atada y bastante descubierta, más Septimus alzó una ceja. -Oh...señor Rudakov ¿por qué ha irrumpido en mi zona de trabajo?- Preguntó con malicia acercandose al otro inquisidor mostrando sus rasgos lupinos mientras ladeaba la cabeza observandole. -Estoy trabajando en algo personal, y estoy sacando partido a ello, y no te molestes en replicar, me tienen permitido hacerlo siempre y cuando no descuide mis deberes...pero...¿que hago dandote explicaciones sanguijuela? ¿que haces tú aqui?- Preguntó Septimus mientras le gruñía de manera sobrenatural enseñandole sus colmillos crecidos, debido a que tenía a la bestia campando a sus anchas ahora mismo con total conciencia de ello.


Se acercó de nuevo a Annabeth, olfateandola, podía oler los cambios de sensaciones, como tenía el rubor de sus mejillas, parecía más incomoda ahora que antes, supuso por medio propio a por que sus segmentos femeninos estaban a la vista ahora de dos hombres, el licántropo sonrió de manera malicioso. Rodeó por donde estaba atada y expuesta ella sobre la tabla, Septimus miró al otro inquisidor con esa manera maliciosa. -Como ves estoy con una presa sumamente suculenta.- Dijo mientras con sumo descaro pasó su manaza por los senos descubiertos de esta masajeandolos de manera lasciva apretandolos ligeramente, acariciando con los dedos los pezones de la joven pellizcandolos ligeramente antes de volver a abarcarlos con la mano, en una burla a la ruborización de ella y mirando al otro inquisidor. -¿Tienes envidia? buscate tu propia presa, no sé por que demonios te han puesto a entrenar alos novicios, teniendo en cuenta tus habilidades....¿has enfadado a alguien?.- Preguntó con mofa dandole una pequeña bofetada al rostro de la humana de manera juguetona despues de haber masajeado sus pechos, para volver a acercarse al condenado vampiro con intención de echarlo.



Se plantó de brazos cruzados delante de Dimitry. -Bueno, ¿quieres algo o me dejas seguir trabajando tranquilo?- Bufó el licántropo mirandole de manera desafiante, mientras gruñía de esa sobrenatural forma que desvelaba, no le gustaba el olor del vampiro por defecto de licántropo, se estaba sintiendo incomodo, y sacó en conclusión que si el vampiro se había atrevido a interrumpirlo era por algo, si no...¿por que iba a entrar de esa forma dando una patada a la puerta? Septimus miraba a Dimitry como si esperara que se explicara, al menos de que irrumpiera asi, miraba de vez en cuando de reojo a la presa disfrutando de las reacciones de ella, que no les miraba por vete a saber que motivo, pero que Septimus asociaba simplemente a la vergüenza que sentia y más despues de ese masaje a sus pechos tan descarado.


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Mensaje por Dimitry L. Rudakov el Mar Ene 08, 2019 6:06 pm

"Please don't make any sudden moves...
You don't know the half of the abused".










Si las cosas en un primer inicio no le cuadraron, luego de entrar ahí mucho menos. Era evidente que las intenciones del Lycan no estaban siguiendo el "patrón" que debían, y aún peor ya que finalmente los deseos de Francesco por atrapar a la humana se habían cumplido, pero.. ¿Por qué Septimus no había dado aviso de su captura? La mención sobre tu trabajo personal dejaba entrever que la situación no se veía provechosa para la fémina, y tal vez, el haber caído en manos de esa bestia, sería peor de lo que él mismo había imaginado, puesto que sería una caída en cadena de muchas más cosas. Cosas que ni él había dilucidado aún.

Las dudas estaban haciendo malabares con su mente, ¿Cómo había conseguido él dar con su paradero? Era prácticamente imposible hacerlo a ciegas. Por su parte, el inmortal contaba con el conocimiento de su sangre, en conjunto con sus habilidades, ¿Qué tuvo Septimus? ¿Por qué ella precisamente? Aquello no fue un mandato de Francesco, ¿Qué mierda estaba ignorando?
Lo mínimo que puedes hacer es darme explicaciones, Septimus. Y no me vengas con tus putas falacias, tú y yo sabemos que esa libertad de hacer tu voluntad aquí... No corre.— le echó en cara, manteniéndose inalterable cuando el Lycan le amenazó de forma tan descarada.
Guarda tus colmillos conmigo, he matado más de tu clase que los que tú en toda tu insignificante vida.— continuó, necesitaba más información, poco importaba el hostil trato entre ambos, después de todo amigos, jamás fueron.

La mirada del inquisidor siguió los pasos del Lycan mientras se ubicaba tan cercano a la humana, como se inclinaba hacia ella y de paso y sin saber, desafiaba en control que mantenía hasta ese momento.
Una presa que no te fue encomendada, no es hechicera, vampiresa o una bestia como tú, ¿Por qué entonces? ¿Ahora gustas de torturar inocentes? Si los superiores se enteran te irá muy mal, Septimus.— amenaza que quedaría impuesta, podría delatarlo y terminaría con un severo castigo, de no ser porque esa mujer era la más buscada últimamente.
Los atrevimientos del varón no tenía forma de ser apaciguados, y en cuanto se atrevió a tocar su cuerpo de una forma que ni él mismo se había permitido, la sangre le hirvió, terminando por ponerlo en marcha por la habitación, pisando fuerte, rodeando la camilla a un par de metros, dejando que sus uñas se incrustaran en su carne al cerrar los puños. Nunca había deseado tanto acabar con alguien.

Ignoró las burlas acerca de sus nuevas encomiendas, puesto que ya lo había decidido. Solo había una forma de sacarla de ahí, y esa manera terminaría por desbaratar todo lo que había creado, lo que había sido su vida, tanto humana como inmortal. ¿Tanto valía esa humana para él?
Quiero que dejes de ser un imbécil, pero eso sería demasiado pedir.— respondió con sarcasmo, acercándose a las prendas femeninas que estaban en el suelo. De espaldas al Lycan, de frente a la mujer debía dar con el pequeño truco.
Bien sabes que si alerto de ésto llegarán por ti en menos del sonido de un silbato.— alzó una ceja, esperando que ella se diera cuenta que la frase iba destinada a sus oídos, y en cuanto sus miradas se cruzaron esperó que ella le hiciera un gesto para finalmente encontrar el silbato oculto entre su vestido, objeto que terminó en el bolsillo del vampiro, mientras los restos de la prenda volvían al suelo.
Espero que no te arrepientas de tus decisiones, compañero.— su voz danzaba entre la burla y la ira. Retomó la posición frente a él, y una sonrisa llena de cólera se implantó en sus labios.
Disfruta de tu presa."Disfruta, maldito hijo de puta". Los pensamientos quedaron suspendidos en su mente, despedida. Y antes de salir del lugar, se volteó para dejar que su mirada se entrelazara con la femenina.

Dejarla ahí sería lo más difícil que haría, pero debía actuar rápido, ir por esa vampiresa que le juró lealtad y ponerla a prueba, ya que debería revelarle la parte más importante de él, una que aún no conocía. En ese momento lo único que le importaba era sacar lo más rápido posible a Annabeth de ahí.
Con esa idea exhaló, articulando sus labios para hacerle una promesa silenciosa solo a ella. "Volveré por ti".


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Mensaje por Annabeth De Louise el Miér Ene 09, 2019 10:02 pm

"I'm no prophet or messiah
You should go looking somewhere higher."

La vergüenza se asienta en cada poro de su piel coloreándolo de rojo. De ser una casquivana, se mofaría de la pelea entre los dos gladiadores que está a punto de comenzar y todo por ella. Por su presencia en el sitio, la cual ambos quieren para destinos diferentes. En cambio, Annabeth es una mujer, una señorita de sociedad que cuida de su reputación, que tiene como regla que nadie la toque si no lo permite. Los desconocidos obedecen esa orden. Incluso su prometido llegó a hacerlo, igual Bernard y cuando se atrevió a llevar las cosas más lejos, fue ajusticiado con un tenedor clavado en el dorso de la mano. La inglesa no tiene la menor intención de que alguien la abuse y ahora mismo, parece una burla que este licántropo se tome demasiadas atribuciones porque se siente en el derecho de hacerlo. Nada más y nada menos.

La presencia del otro inquisidor, un ser que la humana conoce mucho mejor de lo que pudiera aceptar a voz alta en este sitio porque de hacerlo, caería en la inmundicia saca de balance el escaso control mental que la joven tenía hasta que irrumpió en la sala. De hacer visible que le conoce, Dimitry sería comparado a un hereje y por lo tanto, ajusticiado como tal. Eso es algo que no puede permitir. Mientras ambos sobrenaturales se miden, la joven intenta paliar el dolor que le causó el hechizo roto. Una invocación que hicieran con toda seguridad en Phoenix, para ubicar su paradero debido a que han pasado horas y ella no volvió a su casa. Eso es raro en Annabeth quien cuida de informar dónde se encuentra, de enviar mensajeros o bien, de pagar a un cochero para que lleve la noticia a su casa donde Madame Violet lo toma en cuenta para que los miembros de Phoenix sigan sus actividades. De lo contrario, será la propia Violet quien ponga en acción toda la maquinaria para ubicar a Annabeth tal cual lo han ensayado una y otra vez.

El aire se introduce por sus fosas nasales en una inspiración profunda que pretende detener el dolor o al menos, disminuirlo. Es imposible, el acto vil del licántropo manoseando su busto provoca otra corriente de dolor. La joven desvía a su diestra la cabeza, podría pensarse que es por la necesidad de que la suelte, de que deje de tocarla como sólo su esposo tendría derecho. Su virginal piel es abusada por las manos de un hombre que de santo no tiene ni el nombre. Las lágrimas de ira e impotencia, de dolor y castigo, amenazan con resbalar por sus sienes, pero las contiene con ese carácter tan fiero propio de los Moncrieff. No va a permitir que él se ría por su debilidad, por mostrar cuánto daño le hace con sus actos o palabras. Suficiente tiene con que Dimitry la vea así, postrada, vencida, desnuda, con una imagen que hubiera deseado mil veces que no tuviera.

La pequeña bofetada la saca del hoyo en el que se introdujo, uno que amenaza con comerla. Se resigna a ignorar los intentos porque la magia instaurada en su piel, surtan efecto. Será su hechizo una y otra vez desviado por las artes de los condenados que dominan la magia en esta institución. Aspira fuerte. Jadea abriendo los ojos, mirando al techo en tanto ellos siguen peleando. Mueve la cabeza a su diestra, justo cuando Dimitry emite una frase que le llama la atención. ¿Silbato? Y por inercia, mira hacia el bolsillo interno de su vestido dando la ubicación sin pensar. El hombre lo encuentra con facilidad, sabiendo ahora cómo es que ella oculta las cosas en sus prendas. Dos ocasiones lo vio, lo vivió en contra y ahora lo usa a su favor demostrando su inteligencia. Ve cómo guarda el objeto en su bolsillo sin que el licántropo lo note. ¿Llamará a Albrecht? No es luna llena, estarán en desventaja y desde hace dos noches que no sabe nada de Aglaia. Quien responda a ese llamado deberá tener un empuje mayor del que la media tiene. Será muy complicado, sobre todo porque tendría que creer en Dimitry y confiar en que no es una trampa.

Siguen los dimes y diretes. Por un momento, piensa en qué hará Dimitry. ¿Cómo es que lo solucionará? Si es que lo hace. Ella preferiría que se fuera sin mirar atrás. Se arriesga demasiado no sólo a él, Phoenix es lo que más protege. Y justo cuando se despide dando amplia banda al italiano para que haga con ella lo que quiera, sus ojos se encuentran con los suyos y es esa vocalización lo que la aterra. Niega con la cabeza porque es cierto, preferiría morir a que él se ponga en bandeja de plata. - Ni te atrevas, es demasiado para ti - dice en voz alta, lo que seguro Septimus se tomará a pecho, pero las palabras no son para él, son para el vampiro. - Preferiría morir - le deja en claro por si tenía dudas. Que él se arriesgue, que sea atrapado y después ocupe su lugar, sería un dolor demasiado profundo para la inglesa.

Sus ojos miran al licántropo con sonrisa torcida ignorando ahora los pasos del vampiro. - Nivel dos. Veamos de qué estás hecho. Y vuelvo a decirte, no me hagas enojar, lobito. Ya viste que tengo poca paciencia para ésto y la estás agotando muy rápido - aspira profundo porque la siguiente vez que la toque, se llevará una desagradable sorpresa. En esta ocasión está preparada. No tardará en hacerle ver que con ella, debería llevar las cosas más calmas o bien, mucho más agresivas. Cuidará su reputación, así sea lo último que haga. Le importa poco que tenga que responder con su vida por sus impertinencias como él lo dice. - Sacia mi curiosidad. ¿Cuál es el nombre del dizque hermano que te hizo tanto daño? - pregunta por saber y en parte, porque conoce el fino oído de Dimitry que seguro escuchará por más que esté caminando. Por si logra escapar o bien, por si muere. Al menos así, tendrá un nombre. Al menos así, sabrá quién fue el que huyó de la parca que parece ensañarse con cada uno de los miembros de la familia Moncrieff.


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Mensaje por Septimus el Dom Ene 13, 2019 7:47 pm

El vampiro entraba como Pedro por su casa, mientras el vampiro invadía su espacio de trabajo del licántropo que clavaba su mirada en este, mientras arrugaba la nariz en un claro disgusto de que aquel hubiera entrado sin preguntar ni perdir permiso, y no contento con eso, encima como si aquel fuera alguien empezó a exigir explicaciones de lo que estaba haciendo, lo cual provocó que Septimus enarcara ambas cejas clavando sus ojos naranja radioactivos en la figura del vampiro, mientras emitía un gruñido que nacía desde lo más profundo de la garganta. Molesto claramente por las exigencias de este, lo que provocó que en un movimiento brusco se presentara delante de él en un movimiento claro de intimidación, o por lo menos en una señal muy lobuna de imponer que no se achantaba ante la presencia de este. Ahí llegó la amenaza velada que el vampiro pronunció asegurando que había matado más licántropos que el vampiro.
-Vamos por partes chupasangre, primero tu habrás matado licántropos, pero yo he matado vampiros mucho más viejos que tú, asi que no toques los cojones.- Gruñó fulminandolo con la mirada, mostrando que el amo de aquel calabozo en ese momento era el licántropo, que era su celda de trabajo.



-Y voy a explicartelo para que te entre en tu cabeza hueca de sanguijuela. A mi me condenaron, me ¡¡sacrifiqué!! sí, me sacrifiqué, perdí mi entrada al cielo por la maldición del lobo para cumplir su santa voluntad y erradicar a los herejes, núnca, jamás me niego a ninguna misión, nunca la he dejado de hacer por nada del mundo, las santa misión de Dios.- Bramó enfurecido, fulminando con la mirada a aquel que rondaba por la habitación donde torturaba a sus presas, señaló acusatoriamente a Dimitry que seguía pidiendo explicaciones, por qué de todo esto, y Septimus estaba perdiendo la paciencia. -¿Quien te dice que es inocente?¿quien te dice que no es una zorra concubina? que no tenga condición sobrenatural no es indicativo de inocencia  y te recuerdo que mi pago a cambio de mi maldición fue que se me perdonarían los pecados, ¡¡todos!! era el trato, yo cumplo la voluntad, rastreo y cazo como un perro, y a cambio mis pecados son absueltos, ¡todos ellos! y si tengo algún capricho se me concederá, por que es el trato que me dieron por la condena, asi que cierra la puta boca.- Rugió totalmente cargado de razón.


Septimus observaba como la otra tenía ese comportamiento tan achantado, lo que hizo fruncir el ceño, y volver a mirar a Dimitry, mientras este seguía buscando provocación, para entonces las palabras de Annabeth hicieron que el licántropo se girara a mirarla. - ¿Que dices?- Dijo con desconcierto entrecerrando, antes de volver a mirar a Dimitry que le seguía tocando los huevos, él tuvo ganas de atrapar al vampiro por el cuello pero se contuvo. Enseñó sus dientes ante las palabras de él. -Pues corre Dimitry, corre  y pues ve de acusica, te lo he explicado ya, tengo el permiso, pero si quieres jugar a esto yo puedo decir que te escapa del deber de entrenar a los mocosos.- Sonrió de medio lado, ignorando que lo insultase, sacudía la cabeza y le miró. -Largate y deja de molestar...jodido chupasangre- Bufó molesto mirando como por fín el vampiro le dejaba libre y se largaba.
Septimus se movió raudo cerrando de un portazo emitiendo un gruñido de molestía, ese vampiro era un tocahuevos, él y sus cara de santurrón de yo lo hago todo bien. Y ahi le tenía instruyendo a los cachorros, a un soldado, bah, Septimus se giró a observó a Annabeth.


Su actitud cambio cuando el vampiro salió por la puerta, y entonces ella amenazó y provocó al licántropo, este observó a la joven entrecerrando los ojos. -¿Ah si?- Respondió con mofa, mientras acercaba a ella, la miraba de manera pensativa entrecerrando sus naranjas ojos y mirando la puerta por donde se fue el otro, volviendo a observarla acariciando con los dedos su barba de tres dias, como si algo no le encajase, más ni se molestó en responder a su pregunta, no le iba a dar esa satisfacción, fue con paso decidido buscando un golpe con fuerza medida al estomago de la joven, lo que quería era darle un golpe con la intención de sacarla el aire más que otra cosa, solo por hacer daño más que otra cosa.


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Mensaje por Dimitry L. Rudakov el Lun Ene 14, 2019 7:45 pm

"The worst torture...
Is an eternal war".










Si antes había tenido que realizar acciones de deslealtad, no se asemejarían ni de cerca a lo que estaba haciendo esta noche. Sentía como irse y dejarla a merced de ese desquiciado era la traición más grande que podría realizar, más luego de haberse prometido mantenerla a salvo y por sobretodo, alejada de la Inquisición. El inmortal sentía que le había fallado, y lo seguiría haciendo a cada segundo en que se alejara más del lugar, pero estaba contra el tiempo, y debía ir por la única ayuda que esperaba, se arriesgaría a su lado, aunque el sentimiento de culpa por ponerla en esa situación tampoco estaba ajeno.

Abandonó a pasos agigantados el santo oficio, buscando pasar lo más desapercibido posible, aunque dio explicaciones a sus superiores, excusándose que debía ir por unos documentos y no podría continuar al menos por esa noche con el entrenamiento de los jóvenes. Sin saber que no solo sería esa noche. De ahora en adelante, la decisión que estaba tomando sería el empuje que le mostraría las otras artistas del problema, del meollo principal del cual, él no tenía nada que ver, y por más que buscó mantenerse al margen, había terminado sumergido hasta el cuello por no saber manejar lo que que estaba sintiendo y como esa "simple" humana había desbaratado todas sus murallas.

Regresó a su residencia, sabía que la vampiresa estaría ahí y mientras el pensaba como explicarle de la mejor manera sin que cayera en un colapso, ingresó con rapidez, cerrando la puerta tras de si, dirigiéndose a la cocina en donde encontró a la rubia bebiendo de su vino como ya era costumbre.
¿Por qué no me sorprende? Comenzaré a esconder el vino de ti, o quizás te lo deje más a la mano si todo sale bien. Necesito tu ayuda.— buscaría hablar rápido, ya que después de la confesión que le haría, bastaría una milésima de segundo para que ella decidiera si continuaría o no a su lado.
Hay una parte de mí, una muy grande, que no te he dicho, porque supe de tu rechazo hacía la institución y no quería que desconfiaras antes, pero creo que la única forma de que puedas acompañarme ahora es diciéndote la verdad, ya luego si quieres salir corriendo por la puerta, lo entenderé.— finalizó el preámbulo y se acercó a ella, dejando una distancia prudente entre ambos.
Soy un Inquisidior, Arikel, es lo que he sido durante prácticamente toda mi existencia. Y sé, sé cuanto los odias, pero creo que los meses que hemos compartidos te habrán dejado ver que si hubiera querido matarte ya lo habría hecho, ¿No crees? Aprecio la lealtad que has tenido conmigo, aunque sepas exasperarme a veces, siento que has cumplido tu palabra.— la honestidad pintó sus palabras, exigiéndose que fuera más rápido, el tiempo corría y aún debía darle un segundo a ella para que asimilara las cosas.

Ocultó sus manos en los bolsillos de su pantalón y esperó, buscando un objeto que terminó paseándose entre sus dedos, mientras escuchaba a la vampiresa. No la culpaba por sentirse tan molesta con él, merecía cada escándalo que pudiera hacerle, y como tal, se callaría y la escucharía buscando que en el fondo, aquel aprecio que sintió por él y que se había fortalecido después de los meses juntos, sirviera para que ella dejara aquel terror hacia los hijos de Dios, y se pusiera de su parte. Necesitaba más aliados, pero debía hacerlos llegar en el momento prudente, de lo contrario esa batalla se volvería un riego de sangre y los cercanos a la humana terminaría despedazados. Serían diez contra cientos.

La mirada del inmortal viajó hasta una de sus capas que colgaba en el perchero de madera, y sin dudarlo se acercó para tomar la oscura prenda y la sostuvo en su antebrazo.
Si te confesé todo eso es porque necesito que vengas conmigo, debo sacar urgentemente a alguien que fue capturada por la Inquisición, y no podré hacerlo solo, si lo intento por mi cuenta lo más probable es que termine muerto con ella.— aquello era verdad, pero también lo usaría para doblegar la voluntad de la vampiresa, ya que si algo le ocurría a él, volvería a quedar sola y con el remordimiento a flor de piel.
La decisión es tuya; Si aceptas, ponte ésto, así camuflarás más tu aroma y no serás un centro de atención.— le aseguró, dejando la capa sobre la mesa de madera y sobre la tela depositaría la pertenencia de la humana.
Este silbato nos servirá cuando salgamos del lugar, estoy seguro de que la ayuda llegará, pero necesito que lo guardes tú. Te enseñaré como usarlo cuando sea el momento.— mintió, él sabía perfectamente que no conseguiría salir del lugar, pero al menos se aseguraría que ellas si lo hicieran, por eso le entregaba aquella responsabilidad.
Estaré en la puerta, te daré unos minutos para pensar las cosas, si no, me iré y tendrás la oportunidad de volver a tu vida, antes de conocerme. Lamento que te hayas enterado de esta manera.— murmuró con pesar y abandonó la cocina.

Exhaló, caminando hasta obligarse a esperar en el umbral de la puerta principal, barajando posibles ideas, improvisando otros planes que solo le involucrarían a él, todo en caso de que su confesión y luego la "misión suicida" que le había propuesto a la rubia, no hubiera sido suficiente. Era un egoísta, lo sabía, pero se había prometido protegerla, velaría porque ambas abandonaran las paredes de la inquisición, sanas y salvas.


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Mensaje por Arikel Voerman el Mar Ene 15, 2019 3:59 pm

Aprovechando la ausencia del vampiro Arikel aprovechaba para hacer de las suyas, aunque en este caso habia aprovechado para coger un vino afrutado el cual degustaba lentamente hasta que escuchó la puerta la cual miró a ella sorpresivamente por lo pronto que volvía el vampiro, la cual entró y la pilló infraganti, ella vestida con su vestido favorito negro con un corsé morado y pequeños adornos, desde que estaba en la residencia del vampiro solía esforzarse más en vestir como una damisela, sonrió de medio lado por el comentarío hasta que le escuchó decir que necesitaba su ayuda, eso borró la sorisa de la joven que ladeó la cabeza mirandole con interes esperando a que se explicara. Él empezó a hablar, rapido, tenía prisa, Arikel puso un semblante inexpresivo mientras él hablaba, clavando sus ojos azules en los ajenos, ladeando ligeramente la cabeza, inmovil como una estatua de no ser por sus ojos que le miraban con atención como estudiandole, examinandole, como si tuviera que memorizar su figura, el preambulo que pronunciaba provocaba que Arikel le mirara con más desconfianza si cabía, le notaba sumamente nervioso, con urgencia y eso en él era algo extraño.
Entonces el vampiro continuó con su monologo, descubriendo su mascara, contandole la verdad, Arikel abrió mucho los ojos ante el anunció, incredula, abrió la boca por la impresión mientras los celestes ojos de la rubia se empezaban a teñir de un rojo, ese rojo rubí que coloreaba sus iris mientras miraba al vampiro hablar.


Entonces Arikel se levantó, su primer impulso era darle una bofetada, pero no lo hizo, pero si dió un tremendo rugido sobrenatural mostrando sus colmillos. -¡¡Me has engañado!! me has estado mintiendo, todo este tiempo, ¿esta confesión? ¿se supone que es un premio? ¡¡¡por que no me lo contastes!!! ¡Por que no me lo dijistes!.- Le reclamaba mientras apretaba sus puños clavandose sus afiladas uñas, haciendo que la sangre goteé en el suelo, emitiendo ese gruñido sobrenatural que le daba la condición de vampiresa, tenía hasta su melena platina erizada de la furia que sentía. Más sus siguientes palabras la alterarón enormemente haciendo que arrugara su nariz mirando a Dimitry como si fuera a saltar sobre él y golpearlo con rabia. -¡¡¡Me lo confiesas por qué no te queda más remedio!!! si no me siguieras mintiendo, ocultandome lo que tú eres.- Chillaba fuera de si, totalmente furiosa, negaba con la cabeza rabiosa. -¿Por otra persona? ¡¿Tanto la deseas?! ¡¿Tanto la quieres?! ¡¿Y yo que?! ¡me lo confiesas por que no tienes más remedio, por que necesitas de mi! ¡¡si no, no lo harías!! - Gritaba rabiosa, agarrando la botella y lanzandola con una fuerza sobrenatural contra la pared haciendo que se rompiera en un montón de pedazos, estaba absolutamente histerica, con una sensación vertigo.


Dimitry llevó todo con bastante mano izquierda, el dijo que la esperaría unos minutos y salió fuera, Arikel estaba fuera de sí, quería golpearlo, gruñía y gritaba, sin saber como gestionar la voragine de sentimientos, maldita adolescencia permanente, pero tenía que comportarse como una vampiresa, una vampiresa de mil años, dió un grito agudo para desahogarse, y miró la capa colocandosela por encima, cogiendo el silbato guardandolo, y fue a su cuarto, buscó como una loca por los cajones un collar, un collar con una runa y con forma de cabeza de lobo que se puso y cogió la espada de su hermano guardandola.
Finalmente salió al encuentro de Dimitry que parecía haber perdido la esperanza de que lo siguiera. Arikel le miró y le señaló con su dedo palido y largo. -Ya hablaremos tu y yo.- Comentó mientras se puso la capucha que tapaba gran parte de su semblante de no ser por la mandibula, su rostro era serio y sus ojos brillan en un rojo demoniaco que ahora mismo no podía ocultar.


Ella seguía a Dimitry en un silencio sepulcral, mentiría si dijera que no estaba absolutamente aterrorizada, increiblemente rigida, andando junto al inquisidor, con la cabeza inclinada hacia abajo, buscando la calma, sosegarse, se iba a meter en la boca del lobo, Dimitry mencionó que era un suicidió, y Arikel estaba totalmente rigida, tensa, enfurecida y aterrada, no sabía que se iba a encontrar, pero tenía que marcarse sus mil años de experiencia, era el momento y ella se iba a portar como su condición lo imponía, nada de niñerías, nada de tontadas, no, no había tiempo para esas estupideces. La santa sede era el lugar del que ella siempre había huido y ahora iba directamente hacia ese lugar acompañando a Dimitry, una vez encontrada cierta paz. -Tranquilo, os sacaré a ambos de ahí, te lo prometo.- Dijo sería, fria, calculadora y sobre todo, muy tensa.


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Mensaje por Annabeth De Louise el Mar Ene 15, 2019 11:38 pm

"Don't forget that this is a choice
Pick your poison, live with remorse."

Desearía que Dimitry no fuera tan cabezota para hacer justo lo que le dije que no hiciera, pero por un instante siento la acuciante sensación de que se meterá de cabeza en el problema y no podrá salir de él con facilidad. Desearía tener la habilidad para escapar por mi propio pie. De tener la fuerza para salir adelante sin que otro me ayude. De cubrir mi desnudez al menos de forma parcial, pero tengo el leve presentimiento de que este desdichado piensa que es el dueño de mi vida, de mi futuro y piensa cobrarlo caro sólo porque le hicieron algún daño y el niño lloriquea berrinchudo intentando vengarse. Es por eso que los hombres en ocasiones son más dañinos que las serpientes. Al menos ellas actúan por instinto y porque se sienten amenazadas. El hombre lo hace porque quiere sentir en sus manos y ver con sus ojos, cómo sufre el que les lastimó.

Algunos tienen razón, pero si actuáramos igual, será un Ojo por Ojo y todos terminaremos tuertos. ¿Para qué hacer la guerra cuando la paz es el mejor estadio de la vida humana? ¿Es por eso que sigo manteniendo los documentos ocultos y no les doy uso? Si lo hiciera, sé que Francesco y los suyos caerían. ¿Y qué obtendría? Si mis padres pudieran revivir, entonces sí, lo haría sin dudar. Y sé que al mismo tiempo que los protejo, más gente sufre y mi gente puede caer bajo sus garras. Sin embargo, este ser, Septimus por como le llamó Dimitry, está demente. Eso significa que causa sufrimiento a ton ni son. Tengo que ser mucho más práctica para que el inquisidor no caiga en un accionar que tenga consecuencias mortales para él. Y en tanto el licántropo mira a donde desapareció Dimitry y luego hacia mi persona como si intentara entender algo, calculo que debo permitir que me haga daño, que desfogue todos sus bajos instintos para ver si así, me deja ir o bien, me mata lo más pronto posible.

El puñetazo que me busca, debería mandarlo muy, muy lejos. Y en cambio, bajo la cabeza rezando para hacer caso omiso del hechizo y que se hunda en mi vientre. El dolor que siento es soportable. Es más fuerte cuando Aglaia me utiliza para la tortura que llama "entrenamiento". Aspiro profundo, debo encontrar la forma de escapar de aquí. Aprieto los ojos antes de susurrar bajo por la falta de aire - ¿Entonces tienes ganas de matarme o lograré salir de aquí? - quiero tener claro ese punto porque de ahí depende qué es lo que voy a decidir. Si procuro que mi propia promesa a Phoenix me mate o bien, si lograré escapar sólo soportando el dolor que él me infrinja. En las dos opciones, no me irá bien, pero qué más puedo hacer. ¿Qué más?


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Mensaje por Septimus el Jue Ene 17, 2019 9:18 pm

Septimus entrecerraba sus ahora azules ojos, mirando como el golpe cumple su función solo la cortó la respiración, se mostraba extrañamente tranquilo, mirandola con atención, Dimitry le había hecho reflexionar, pero de una manera que no era lo que el inquisidor pensase, si no a modo de que esta tortura que dar unos frutos satisfactorios, el dolor fisico es tan util para el inquisidor, o más bien una forma de automotivarse, miró a su alrededor, se le había roto el vial de sangre cuando se enfureció y arrasó con todo, más se preguntaba como debería o mejor dicho que le apetecía hacer a continuación, era un mero entretenimiento, se le ocurrían muchos juegos de la respiración, algunos realmente crueles, cosa que arrancó una cruel sonrisa al inquisidor que ladeaba la cabeza observandola ahí atada, hasta que ella formuló la prefunta, una pregunta que no se esperaba, generalmente solo plantaban cara los de naturaleza sobrenatural, si no, ya los humanos suelen estar llorando y rogando que no los matase, cosa que eso provocaba que el inquisidor pusiera los ojos en blanco de puro aburrimiento.
Pero esta joven aguantaba e incluso tenía la desfachatez de preguntar si saldría de ahí o no, lo que hizo que el licántropo en completo silencio clavara su mirada en los azules de ella, mientras notaba como el golpe empezaba a marcarse en el abdomen ya que tras el golpe sus ropas rotas se abrieron más.


El inquisidor se acercó y señaló su mejilla que ya estaba practicamente curada y sonrió cruel. -Ya casi no queda marca.- Dijo como si eso tuviera que ser algo revelador para ella más observó con atención. -Me has llamado lobo...eso indica tu conocimiento sobre lo oculto...eso es herejia si no trabajas con la inquisición me temo...y no pareces ser una patetica cazadora.- Comentó él como si estuviera incluso complacido, haciendo más larga la espera de saber cual eran las intenciones reales del inquisidor, que paseaba de un lado a otro sus juguetes, pero entonces su mente estaba empezando a maquinar a gran velocidad, con cierta malicia, si, esa pequeña le estaba encendiendo su bombilla, acarició con la llema de los dedos donde le había dado el golpe que estaba algo enrojecido.


-Pues no, no pienso matarte, vas a salir viva de aqui, muerta no me vales.- Comentó él sonriendo mientras alargaba sus colmillos, y con descaro pasea la lengua entre ellos, y chasqueó la lengua. -No, viviras, pero tendrás pesadillas conmigo preciosa.- Sonrió mirandole guiñandole un ojo. Esa idea le excitaba tanto que casi podía notar como su miembro empujaba el pantalón amorcillandose, dejó escapar una carcajada mientras se inclinaba sobre Annabeth, pero esta vez sobre sus piernas, acarició la cara interior del muslo mientras la miraba de reojo. -Tengo unos planes muy divertidos para ti..- Alegó antes de acercarse de manera muy muy lenta a su pierna, mientras no apartaba la mirada de ella, abré la boca mostando los colmillos, despacio, su aliento calido como brasas se estrella contra la piel de ese lugar, si, va amorderla, y sabe bien cuan tierna es la carne de esa sensible zona, ella puede sentir como él de manera muy lenta empieza a rasgar la piel con sus afilados dientes de lobo, piensa morder todas las tiernas zonas de la joven.


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Mensaje por Dimitry L. Rudakov el Vie Ene 18, 2019 4:21 pm

"Another notch is carved away.
In the thoughts of mass decay...
Funny how things end up this way".










Avanzaba como un marginado condenado a muerte, pero al menos lo hacía en compañía de la vampiresa que más había conseguido afianzarse a él luego del tiempo que compartieron. Él conocía las habilidades de la rubia, a pesar de que su temperamento no era siempre el más apropiado, la había visto actuar e forma asertiva cuando algo realmente le importaba y el vampiro oraba porque esta situación tuviera el peso suficiente para impulsarla con más sabiduría.
Aunque no podía dejar de cuestionarse la gravedad de su petición, la estaba exponiendo a ella en algo que no debía ni siquiera acercarse a sus asuntos, y lo peor de todo, es que si él no podía garantizar su propia seguridad, mucho menos la de ella.

No fue capaz de dirigirle la palabra, estaba consciente de su molestia y tenía todo el derecho del mundo. De vez en tanto le observaba por sobre su hombro, asegurándose que se mantuviera cerca, más cuando estaban próximos a llegar a las primeras paredes del Santo Oficio, solo en ese momento se volteó para quedar de frente a la vampiresa y resopló.
Su nombre es Annabeth, fue capturada por un Lycan, otro inquisidor, y mientras nosotros estamos aquí, ese hijo de puta la está torturando ahí dentro.— su voz iba cargada de impotencia por no actuar más rápido, pero debería dejar marcados los pasos a seguir antes de lanzarse, literalmente, a la boca del lobo.
Ésto es lo que haremos; Ingresarás conmigo y asegúrate de mantenerte lo más cercana, te haré pasar por alguno de los novatos a entrenar. Una vez ahí, tendremos que seguir un largo pasillo y luego las escaleras hasta las mazmorras, yo sé que puerta es, ya lo importuné antes, así que mientras lo distraigo, debes sacarla, está atada así que...— metió la mano en su bota y le entregó una daga diminuta que podría esconder en su palma.
Debes hacerlo rápido, no sé cuanto tiempo pueda sostenerlo, y si se escapa dará una alerta masiva y vendrán a buscarnos. A todos.— mientras hablaba la preocupación crecía, el mencionar todo en voz alta lo hacía más real.

Antes de continuar, acercó su índice y rozó el puente de la nariz de la rubia, un gesto efímero que sirvió para sus siguientes palabras.
Usa esa rabia que tienes contra mí ahora, canaliza... De verdad lamento todo ésto, pero no tengo opciones.— buscaba crear el enfoque necesario para concentrarla, y en cuanto la mirada ajena le dio leves brotes de tranquilidad, suspiró.
Vamos, te prometo que cazaremos juntos cuando todo ésto termine.— le dio su palabra con una leve sonrisa, sabía cuanto le gustaba aquello, y lo mucho que debía batallar para recibir un "sí" del inmortal cuando era ella quien se lo pedía. Bien sabía Dimitry la deuda enorme que tendría con ella si conseguían salir con vida.

Fue todo, nuevamente se puso en marcha y cruzó las santas paredes y continuó avanzando, por suerte para él, la mayoría pasó de ellos, sin siquiera desviar la mirada para seguir sus andanzas, dentro estaba más vacío que de costumbre. Los humanos dormían y los sobrenaturales estaban cumpliendo con sus oscuras labores por la ciudad.
Avanzó por el pasillo hasta llegar a las escaleras que había mencionado, bajó un tanto acelerado y continuó, topándose con algunos que simplemente le dedicaban un asentimiento, a lo que respondía de igual forma, que fácil fue para él hacer como si nada pasara, mientras a su espalda, era palpable la tensión de la vampiresa.

Se detuvo en seco, quitándose el abrigo para dejarlo a un costado y arremangar su camisa hasta los codos, ya podía sentir el fino aroma de la sangre femenina, continuaba sangrando y los quejidos no eran menores, había continuado lastimándola.
Quítate la capa, solo te estorbará. Desde ahora no puedes titubear, será rápido y tú debes serlo aún más, entramos, salimos, no es más que eso. Una vez fuera, toma aire y sopla el silbato que te di como si estuvieras diciendo su nombre; Annabeth De Louise, ¿De acuerdo?— le interrogó tomando posición a un metro de la puerta, haciéndole un gesto para que se ubicara tras de sí.
Sin pensarlo más, dio un nuevo golpe a la puerta haciéndola crujir, dos patadas en poco tiempo y estaba próxima a ceder.
Aleja tus putos colmillos de ella, Septimus.— masculló, y en cuanto su mirada se encontró con la bestial ambarina, le lanzó una fuerte descarga de dolor para despistarlo y en cuanto retomara la consciencia, ya tendría al vampiro frente a su rostro, sosteniéndolo contra la pared.

Por un segundo volteó a ver a su compañera, esperando que ya hubiera terminado con su parte, pero no, estaba inmóvil, en el umbral con una expresión horrible en su rostro.
¡Maldición, Arikel, sácala ya! — le bramó, sintiendo como el contrario comenzaba a luchar contra el agarré, mientras las uñas del vampiro se incrustaban en su cuello y el hombro, sabía que no contaba con tiempo, y darse el lujo de desperdiciarlo no era un opción, y sería imposible matarlo tan rápido. Pero las coincidencias esa noche le jugaron en contra, sin saber que ella conocía perfectamente al Lycan, desconocía es parte de la historia, misma que ahora le había dado un talón de Aquiles a sus planes.

Así empezaría su batalla y su traición.
El inmortal rogaba que Dios inclinara la balanza a su favor.


Última edición por Dimitry L. Rudakov el Miér Feb 06, 2019 4:45 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Annabeth De Louise el Lun Ene 21, 2019 11:20 pm

"Your life in the daytime is over
There's eyes on you everywhere
You know that, right?."

En el instante en que se realiza el juramento para Phoenix, sus miembros empiezan a prepararse para toda clase de eventos que pueden llevarse a cabo con o sin su consentimiento. Uno de ellos, el más temido, es que alguien de la inquisición los atrape. Algunos de los veteranos utilizan a los jóvenes para aleccionarlos, pero ninguno está listo para una realidad como la que se cierne sobre Annabeth como una ineludible avalancha de miedo, dolor prometido y desesperación. En tanto el licántropo hace gala de su falta de humanidad, pretextando que él tiene derecho de dañarla por algo que hizo en el pasado y que gracias a ello, la Inquisición le perdona sus fechorías, la inglesa sabía que ésto no podía salir bien. Si le incrementa la presencia de Dimitry en el episodio, tiene una película de terror y suspenso que rompe los estereotipos y aminala el espíritu.

Y él se fue, así como todas las ilusiones vagabundas que intentaban alcanzarse con su imagen como referente, orientadas, por supuesto, al amor o lo que se asemejara a ello. Lo que ella le ofrecía, se pierde también. Tiene una pequeña opción, salir viva de esta pesadilla y si bien, el inquisidor lo promete, también hace la promesa de que este mal sueño será revivido en la mente de la humana una y otra y otra vez durante el resto de su vida. La líder de Phoenix podría morir ahora mismo, con sólo abrir la boca y susurrar las palabras que activarían el hechizo que pararía su corazón de inmediato. La muerte no es una escena agradable para algunos, pero para otros, es la única salida y la reciben de brazos abiertos. ¿Será el destino de Annabeth? En tanto sus pensamientos erráticos buscan un refugio, el hombre se acerca a la zona más íntima de la humana. Busca maltratar con sus dientes agresivos, recubiertos de saña. - Ojalá jamás toquen a alguien que ames, Septimus. Ojalá no pagues en carne propia lo que me haces y lo que has hecho a los que nunca te hicieron daño, ni tocaron a otros, quiera Dios ser benevolente contigo y no se cobre con la Lex Talionis tus actos - su voz apenas es un susurro que estalla de dolor, fracturándose al elevarse en el aire.

Y de verdad lo desea. La respuesta a sus peticiones es la incrustación de sus colmillos en la carne más sensible de todas. Pequeñas gotas saladas se forman en su cabeza, en su frente, recorriendo libertinas sus sienes hasta caer en un clavado hacia el mar de la bastedad. Las mordidas se continúan, una tras otra. Los labios de la mujer reciben el mismo tratamiento, pero por sus propios dientes que se aferran a la irrefrenable idea de que como llore, como gima o demuestre de alguna manera su dolor, eso le traerá más. Parpadea con violencia para evitar las gruesas lágrimas que cobardes, buscan escapar. El licántropo hace lentas sus acometidas y cuando se separa, sonríe al ver que su fuerza de voluntad es tan parecida a otro personaje que torturó en una instalación similar. Si de casualidad recordaran a los Moncrieff, sabrían que su primer característica como miembros de la familia, es su férrea voluntad inquebrantable.

Buscando nuevas formas de hacerle daño, el licántropo busca algo nuevo. Un paño, una jarra de agua, una vasija donde deja caer una cantidad adecuada del líquido para hundir la tela y chorreando, acomodarla encima del rostro de la joven. Es una estupidez el acto en sí, pero cuando te lo colocan, el peso del agua en las fibras del textil busca adaptarse a cada ángulo y poro de la superficie que cubre. Si le incrementa que Annabeth tiene que respirar, el resultado es lo que el licántropo espera: ahogamiento. Esa sensación indescriptible de ansiedad, de desespero por quitar el paño, sintiendo el calor de su exhalación que al ser inhalada, incrementa la incomodidad porque ahora no sólo se ahoga, también se sofoca. Abrir la boca sirve poco y nada. El paño también la cubre y la manera en que se adhiere a sus labios buscando colarse en el interior de su boca, es mil veces peor. Suelta una exhalación fuerte empujando la tela, apretando rápido los labios con la fuerza que se compara en cómo sus manos forman puños rasguñándose con las largas uñas las palmas. Los pies siguen el curso de sus manos.

Durante interminables minutos siente que morirá ahí a pesar de lo que él dijo. Como no calcule adecuadamente, su vida se le irá. El rostro está rojo cual tomate. Siente algunos cabellos que se enroscan en su cara. Después de un tiempo, en un ataque de locura, jala aire con violencia, se provoca una tos incontrolable que le aprieta el esternón con fuerza causando dolor y una mayor asfixia. Sacude la cabeza intentando deshacerse de la sensación, ansiosa por tener el aire en la cara. Las lágrimas se confunden con las gotas de agua. No puede colapsar, es su deber soportar todo ésto y por un momento piensa que es demasiado para una simple humana. Sacude las ideas, si fuera sobrenatural, sería peor el tormento. Estaría sangrando más que ahora. Y justo cuando el licántropo va a desprenderle de la tela entendiendo que se le está escapando de las manos, la magia de su tatuaje se condensa sintiendo en él la amenaza. Apenas toca la tela, estalla en una gran ráfaga de aire estampando al inquisidor contra la pared más lejana.

Es la última defensa que Phoenix puso en ella. Un recurso para que su enemigo terminara lejos de ella y poder escapar. Lo que no pensaron es que una vez atada de pies y manos, la oportunidad es imposible. Boquea con intensidad, aspirando con mayor fuerza, sin percatarse de lo que provocó, de la manera en que el gruñido del licántropo emerge de su pecho. De por sí ya había sido señalada como hereje por su conocimiento de los sobrenaturales, ahora era tachada de bruja. Por más que Septimus intente levantarse, la magia le obliga a permanecer sentado por espacio de diez largos y angustiosos minutos en los que Annabeth logra estabilizar su respiración. Desvía el rostro en un llanto silencioso que en lugar de ayudarle, le complica más puesto que la nariz se le congestiona. Su piel incrementa el rojo con los sollozos en tanto sacude la cabeza en constantes ocasiones. Por fin, la magia cede. El licántropo está fúrico y ella lo sabe, lo entiende, es la última vez que le tendrá compasión.

Tal cual, lo primero que hace es colocar un bulto de arena en su abdomen. Cinco kilos de peso extra que impiden una respiración profunda. Annabeth le mira con resignación. Traga saliva aspirando sus últimos instantes de aire puro. Cierra los ojos al ver que toma el paño de nueva cuenta y esta vez, una jarra de agua. No entiende para qué el contenedor de líquido, pero no puede ser bueno. Se sobreexige aspirando muy fuerte sintiendo la opresión en el vientre, en el estómago y de paso, en los pulmones. Está pidiendo de más. El paño vuelve a su rostro, intenta moverse, pero él le mantiene quieta la cara para colocarlo bien. Otra vez esa sensación que va in crescendo conforme pasa el tiempo. Aruña sus palmas haciendo que se queden marcas de sangre en éstas. Aprieta sus pies, mueve las piernas dentro de sus limitaciones. Suelta una micra de aire sintiendo alivio en su cuerpo, pero tarde que temprano necesitará inspirar, que no exhalar, aire fresco. Se remueve sin éxito y justo cuando realiza el primer movimiento, es como si le dijeran a Septimus que es el instante perfecto.

El chorro de agua que golpea nariz y boca es insoportable. La inercia está en desviar la cabeza, pero cuando la mantienen quieta, es imposible. Arquearía el cuerpo de no ser por los cinco kilos de peso en el abdomen. Y cuando se incrementa el lapso del golpeteo del fino hilo de agua contra su rostro, pues hasta eso, Septimus va vaciando de muy poco en poco el agua, es el instante en que logra la proeza de alzar la espalda procurando escapar sin éxito. La cabeza le duele, el agua penetra las fibras textiles escurriéndose por sus tabiques nasales y al llegar al entrecejo, el dolor es insoportable. Abre la boca en consecuencia recibiendo los centímetros cúbicos que buscan un canal para habitar y lo hallan en el interior de la boca femenina. Hace gárgaras con el poco aire que le queda, lo cual es fatal porque genera un descontrol que crea una falla masiva en todo su cuerpo. Cuando por fin la tortura termina, ella está al borde del desmayo, tosiendo agua, vomitando en ocasiones, procurando eliminar de su organismo el mortal líquido.

La presión de su vientre es eliminada, Septimus le quita el peso mientras ella suelta el primer gemido angustioso empezando a sollozar con violencia, pues es imposible controlar toda la aflicción. Se fractura su voluntad, aprieta las uñas penetrando mucho más en la carne y cuando Septimus la castiga con una mordida en la cintura con esa agresividad y saña, no puede más que gritar desesperada. - ¡BASTA, BASTA! - dándole la victoria al licántropo. Ansiando que todo ésto termine. Y como si la Providencia la escuchara, el golpe en la puerta es milagroso. Lo último que puede notar, entre las lágrimas desesperadas, es la figura de Dimitry que se lanza contra el inquisidor. Es lo último que podría soportar, colapsa por completo. Pierde los estribos, la confianza en sí, el entrenamiento se va al abismo porque ¿Quién puede exigir que un humano pueda resistir tal maltrato? Y la peor de todas las visiones se engloba en la figura de Dimitry sosteniendo al licántropo exigiendo a alguien más que se la lleve.

Y si bien, Annabeth tiene la voz rota por el llanto y la propia tortura, a ninguno de los tres presentes se le escapa cuando susurra con desespero - No, Dimitry, tú no. Tú no... - escupe algo de agua por la boca con una tos acuciante - deja que siga, deja que me mate, pero no te arriesgues, no tú... no soporto la idea de que te hagan daño - es lo último que podría esperar. Que él se quedara mientras a ella la rescatan, no está en sus planes. No lo estuvo, prefiere que Septimus siga ahogándola a pagar ese precio.


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Mensaje por Arikel Voerman el Jue Ene 24, 2019 6:57 pm

Arikel estaba aturdida por la información, aun estaba asimilandolo, le costaba asimilarlo, todo eso, ella había obedecido y no le había seguido, como en principio muchas veces había estado tentada a hacer, pero él so lo prohibió, de haberlo hecho lo habría descubierto antes, y no sabía bien como habría reaccionado, ahora mismo su condición en el momento de su muerte, hacía que su parte adolescente se resintiese, en una intensificación agobiante de sus emociones, que hacía que la vampiresa apretara los labios y diera vueltas al tema, luego por otro lado, su lado vampiro reclamaba aislar esa parte emocional que estaba quemando a la vampiresa por dentro, lo cual hacía que ella fuera con el ceño fruncido, mientras de reojo obsevaba como Dimitry caminaba en silencio, pensativo, sabía que algo le rondaba la cabeza, y para él tampoco debío haber sido facil entrar y pedirle ayuda a ella, había muchas cosas que paseaban por una aturdida mente que Arikel ahora intentaba ignorar.
Sabía que ahora no debía ponerse a chillar como niña chica, reclamandole, exigiendole, no..no era momento para ello, nada de esto era momento para dejar que una adolescencia de tara mental que contenía la mente de Arikel floreciera e hiciera estragos, mientras en silencio sepulcral acompañaba a Dimitry a la boca del lobo le ayudaría, eso prometió, eso haría.



El se frenó y se giró a ella, supuso que a dar las ultimas puntadas al plan, mientras que Arikel clavó su mirada en él, fria, calculadora, poco le faltaba para que los azules ojos de Arikel cambiaran a rojo, le miraba sería, mientrás él decía como se llamaba aquella joven y que había sido capturada por otro inquisidor al que denominó de hijo de puta, sin duda esa joven representaba alguien importante para él o no se metería contra los suyos, o asi pensaba Arikel, que mientras le observaba sin abrir la boca deshacía sus lazos negros de su pelo y empezó a recogerse mechones de pelo en unas trenzas, haciendo que su peinado reflejase claramente el que se usaba en las mujeres cuando iban a acompañar a los hombres a la batalla. Cuando Arikel estaba viva, mostrandose asi sus raices vikingas bien profunda y en cierta forma haciendole notar a Dimitry que comprendía donde se metía y que estaba lista a lo que fuera. Se puso la capucha y asintió cuando dijo el inquisidor que la haría pasar por aprendiz.


Él daba las instrucciones y ella le miraba callada, inexpresiva, cogiendo la pequeña daga ocultandola, ella tenía su espada oculta bajo el abrigo y estaba preparandose para lo que allí se pudiera encontrar, el que el vampiro dijera de contener al licántropo le preocupoó pero ella podía ser rapida, realmente rapida, se sorprendió por el gesto de cariño que le mostró cuando tocó su nariz, ella cedió un poco en su posición de enfado, más la promesa hizo que apretara ligeramente los labios y asintiera con la cabeza ante el hecho de decir que cazarían juntos. Nerviosa como no podía ser de otra manera entró en la santa sede siguiendo al inquisidor, con la cabeza gacha para ocultar su rostro en medida de lo posible, sobre todo por que desde que pasaran por el umbral de la puerta, ese olor a incienso, el olor tan caracteristico de inquisidor de manera tan potente para la vampiresa era demoledor. En un enorme esfuerzo en que sus ojos no destellearan de color rubí. A la orden del inquisidor Arikel se quitó el abrigó, su espada a la vista, tensa, sus colmillos asomando entre sus labios de lo tensa que estaba y sus ojos se coloreaban de un rojo tan brillante que parecían rubíes.


Dimitry pateó la puerta rompiendola, entonces escuchó aquel nombre, mientras Dimitry se avalanzaba atacandolo, Arikel abriá sus ojos como platos mirando con horror de quien se trataba, el lobo, el lobo...¡¡¡el lobo!!! le recordaba, no estuvo con ella pero le recordaba, con el vampiro hijo de puta al que Arikel odaba, el lobo, el vampiro y el hechicero, el maldito trio.-¡¡Tú!!.- Gruñó Arikel, Dimitry exclamó para despertarla de su horror, Arikel rugió de sobrenatural forma y se lanzó sobre la joven herida, que olía a sangre estaba herida, mordida.
Arikel agarraba las ataduras arrancandolas con su sobrenatural fuerza para liberar a la joven mientras miraba de reojo al licántropo que sin duda la reconoció pero ahora estaba más centrado en clavarse las garras el uno al otro para librarse de Dimitry. Liberada Annabeth de aquellas ataduras, se la echó al hombro para conseguir cargar con ella comodamente, Arikel gritó y rugió de sobrenatural forma para echar a correr con su velocidad sobrenatural por el pasillo atrapando de nuevo su abrigo al salir, habían llegado a la hora de cambio, pero según corría oia los gritos, rugidos y aullidos del lobo que sonaban con una soberana potencia.



-¡¡Mierda!!! ¡¡¡Mierda!!- Blasfemaba Arikel para salir de aquel lugar, pero había un terrible problema, estaba dejando a Dimitry atrás, no podía, no podía oia voces, no podía ser,  salió fuera con la mujer a sus hombros para a una distancia prudencial frenarse, y taparla con el abrigo. -MIERDA ¡¡¡DIMITRY!! NO, NO, NO ¡¡¡NO!!! Helvete, hvordan kan det være?.- Empezó a hablar en su lengua natal, lo hacía cada vez que su euforia, frenesí o estaba fuera de si. -Jeg kommer til å komme deg ut derfra, jeg skal ferdig med alle.- Se lamentaba, arropó bien a la mujer. Gritó histerica, rugiendo mientras desenfundaba su espada, miraba el silbato que le dió, daba puñetazos a un arbol agrietandolo de tremenda forma, necesitaba ayuda o entraria sola. -VOY A ENTRAR, VOY A ENTRAR ¡¡LE TENGO QUE SACAR!!!.- Gritaba desesperada desenfundando su espalda, aunque empezó a oler, más aromas aparte del de Annabeth, pero Arikel estaba demasiado histerica preparandose para volver a entrar.


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Mensaje por Stavros de Milo el Vie Feb 01, 2019 12:10 pm

Oh hush my dear
It’s been a difficult year
And terrors do prey on innocent victims.

Sabía que el perro tenía una nueva presa, me había asomado en algún momento a ver algo en las celdas de tortura cuando le escuché renegar con alguien. ¿Quién se entrometía en la santa labor del perro? Al asomarme vi a uno de los Condenados. Creo que se llama Dimitry, recién llegado -no tiene toda la vida acá como yo, so, es nuevo-  y ahora que recuerdo, algo dijo Tohrment de que un nuevito estaba en casa y que no hacía bien su trabajo, tanto que le pusieron a entrenar novatos. El último sonido de la voz de Septimus me deja claro que está desatendiendo sus obligaciones y que es Dimitry el infractor. Le miro pasar como alma que lleva el diablo. Algo no me huele bien. Me acomodo de nuevo en el marco de la puerta de la celda de castigo donde me oculté para no ser notado por el ruso. ¡Qué raro!

No me gusta nada que salga corriendo, me concentro en él y utilizo mi clarividencia para seguir sus pasos, observando que sale en lugar de irse a entrenar. ¿Qué diablos está pasando? Medito la idea, pero no encuentro solución. ¿Qué hacer, qué hacer? Pues lo primero, ir a comer porque si algo se está cociendo, mejor que sea con el estómago lleno. Y eso significa que me tarda como una hora u hora y media porque no me alimento si no es en un sitio seguro y donde nadie esté a mis espaldas intentando matarme o algo parecido. Cuando voy de vuelta, se me ocurre utilizar de nuevo mi clarividencia para ver qué está pasando. Y lo que veo hace que apriete con fuerza a mi Lucy. El maldito Dimitry no sólo está en las mazmorras golpeando a Septimus, está ordenando a la vikinga Arikel, mi presa, a desatar a la hereje y llevársela lejos.

Acelero mis pasos a todo lo que puedo, pero no llego muy a tiempo que digamos. En el momento en que estoy a dos metros de la puerta, sé que ya Arikel se largó, pero alguien no...

Dimitry está atravesando la puerta principal que separa el inmueble de la calle, creyendo que ha escapado, puede irse y nadie le seguirá, cuando le impacto a Lucy en toda la cara. El golpe suena tremendo, tanto que me hace reír a carcajadas. - Holly shit! ¿Y qué te creíste? ¿Me largo sin avisar ni saludar? ¡Ni lo sueñes! Lucy dice que le des un besito - Lucy ruge en el aire hasta encontrar su rostro con un sonido que me pone más eufórico aún. - No te irás tan fácil, traidor - rompo sus piernas, sé que no tardará en regenerarlas, pero tendré el tiempo justo para tenerlo ya en una celda de castigo.

Lo agarro por el cabello arrastrándolo hacia adentro, con Lucy en el hombro, justo cuando Septimus va llegando. - ¡Mira, te traje un regalito! Estoy pensando fracturarle la columna... ¿Qué digo pensando? - lo volteo de un solo movimiento, soy un griego, soy casi un espartano, soy un excelente guerrero, tengo fuerza para eso y más. El impacto de Lucy contra su columna es tremendo, puedo apreciar que se rompen dos o tres discos con la segunda y tercera repetición de las caricias de mi chica en este imbécil. - Para que aprenda que nadie se mete con la Inquisición y sale ileso. Para que aprenda que el único que puede ponerte de rodillas soy yo, perro - pateo al ruso para que quede boca arriba, sangra de las caricias de Lucy.

El rostro desfigurado de Dimitry por la rapidez con que actúa mi nena es una oda al salvajismo. El alambre de púas que tiene enredado ayuda en la masacre. Qué bueno que no respira porque de lo contrario, estaría ahogándose en sangre. Miro a Septimus. - Atrapaste un hueso duro de roer, ¿Verdad? Me dirás quién fue, porque si es tan importante como para que un inquisidor se convierta en hereje y la propia Arikel venga a por ella, tenemos que volverla a atrapar - no hay duda. Deberemos ir tras ella. - Tanto poder en una sola persona, no debiera existir si no está de nuestro lado - remato jugueteando con Lucy quien está muy entusiasmada después de todo este acto aleccionador.


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Mensaje por Septimus el Dom Feb 03, 2019 12:36 am

La tortura era recreada de parte del licántropo sobre la joven, que extremaba sus limites con ocio, incluso cuando ella dijo que olaja eso no ocurra a quien amase, hizo que el inquisidor carcajease de forma burlona, no quería ofrecer nada a la joven, solo satisfacerm ser su pesadilla, nada más, se lo dijo y se estaba encargando que asi fuera con ainco, deseaba sentir la piel de gallina de esa joven con la mera mención de él, eso si que le gustaba, incluso parecía una venganza tan deliciosa para su creacción accidental que de solo imaginarlo ya lo disfrutaba, ya lo deseaba, cuando se cruzaran de nuevo y ya que así lo sabía que se cruzarían susurraría el tormento para el hermano, ser licántropo se itensifican las emociones, y eso era una baza que él usaría a su favor, y asi estaba usando, igual que oler la agonia de la joven, que eso bien duro le ponía, sabía extremar sin pasarse, mucho tiempo torturando, midiendo, sabiendo como accionar el boton y cuanto, no en vano era un prestigiado y valioso inquisidor, aunque ahora la cosas estaban ciertaente turbias, pero eso era lo de menos.


Ahí seguía con su trabajo extremo, de ahogue, de poner peso en el abdomen de ella, disfrutando de todo aquello, pero entonces el sonido de la puerta le fue a interrumpir, sus ojos encendidos hizo que se girase realmente malhumorado, furioso, con ganas de sangre, entonces Dimitry arremetió contra el licántropo que le pillo absolutamente desprevenido. Le embistió contra la pared sujetandole, dandole ordenes a nombre que bien conoció, incluso observó a la joven aparente vampirea, Arikel, la presa de milo, maldita vikinga, enana albina, ¡¡le desataba su presa!! Septimus cruzó mirada con Dimitry rugiendo, clavando sus uñas crecida cual garras en el brazo del vampiro, empezando a dar tremendos bramidos y rugidos loco de furia, le soltaban su caza, su presa, esa zorra canija soltaba a su presa, ¡¡se la lleva!!
-¡¡Tú eres un cerdo traidor chupasangre!! ¡¡Y lo vas a pagar caro!! ¡¡no sabes lo que has hecho!!- Rugía a Dimitry con furia dando aullidos y rugidos, mientras forcejeaba con él dandole señores zarpazos donde allí pillara carne del contrario que le mantenía el agarre.


Este se terminó empujando a Septimus y girandose el vampiro para retirarse saliendo de allí raudo cuando Milo se plantó allí, sin duda la olió, y seguramente vió u escuchó al lobo bramar, ya que le quitó la retirada al condenado, para dar un beso a Lucy como bien mencionó, el ataque fue brutal Septimus recobraba la compostura cuando Milo lo arrojó de nuevo dentro, el lobo rió. -Buena pesca.- Admitió con tono burlón viendo como su compañero hizo buena cuenta de él, pero ahí fue la pierna de Septimus para impactar en el costado fracturando costillas del inquisidor, asi, que le lleve un rato regenararse. -Traidor.- Gruñe el lobo para ver como Milo lo dejó, escupe al lado de Dimitry con depreció y lanza unos cuantos zarpazos al torso de manera rabiosa, despues se levanta y se pasa con chulería la mano por el pelo. -Luego te cuento vampiro.- Respondió a Milo para agarrar bruscamente a Dimitry para empezar a amarrarlo, coge su cruz de plata potegiendose la mano previamente y aprovecha que el contrario está herido por el bastardo, para agacharse. -Bien Dimitry, toca pagar.- Sonrie para acercarle la cruz de plata y colocarsele en la frente, va a necesitar sangre si...para curarse todo eso, y eso le divierte, por que sabe que va a pasar hambre.


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Mensaje por Dimitry L. Rudakov el Miér Feb 06, 2019 4:26 pm

"And the rain will kill us all, Throw ourselves against the wall.
But no one else can see...
The preservation of the martyr in me".









Demasiado tiempo estaban perdiendo, tiempo que él no había presupuestado, y ahora entre contener al Lycan y de paso asegurarse que Arike consiguiera desatarla y comenzar la acelerada carrera fuera de las mazmorras. Todo se resumía a esa imagen, al dolor casi imperceptible que se concentraba en sus brazos que había comenzado a ser desgarrados por Septimus, estaba furioso, y con toda razón. No solo le había interrumpido se "diversión", de paso le dejaban sin ella en medio de una improvisada humillación. Bien sabía Dimitry que buscaría la forma de seguirles, y era por esa misma razón que no podría abandonar esas paredes tan pronto, le contuvo el mayor tiempo necesario, hasta que su propia clarividencia le permitió verla a salvo, estaban fuera.

Las manos del vampiro liberaron a su presa, no sin antes lanzarlo contra una de las paredes del lugar, logrando que crujiera producto del impacto, solo entonces comenzó su propio escape. Ella aún estaban cerca, pero si conseguía alcanzarlas, podrían escapar juntos, y fue precisamente esa idea que le nubló los sentidos, el continuar usando su habilidad, también consumía mucho de posición y fue ese el error que le detuvo en seco luego de sentir el golpe en su rostro. Terminó de costado en el suelo, entregado al siguiente estampa que le llevó a escupir una abundante cantidad de sangre, notando como zonas de su rostro se encontraban grotescamente abiertas.
Milo, solo él podía ser tan enfermo para atacarlo de esa forma, con su jodida obsesión por el bate que llamaba "Lucy".

Escuchó como los huesos de sus piernas cedieron, y un quejido ahogado escapó de su garganta, le habían frustrado todo intento de escape, sabía que su regeneración no sería lo suficientemente rápida y era lógico pensar que no le quitarían los ojos de encima.
Exhaló, llevando sus manos a sostener las ajenas cuando se enroscaron en su cabello y se vio siendo arrastrado de vuelta al santo oficio. De vuelta con aquel que acababa de atacar, y ahora se mofaba de que le estuvieran vengando. Al parecer había más complicidad entre ellos dos, al menos más de lo que normalmente se ve entre un Lycan y un vampiro. Y eso no pasó por alto a los oídos del inmortal que continuaba escupiendo la linfa de su boca, incluso su visión se nublaba de carmesí por las heridas en su frente.

El estremecimiento que vino luego, fue una descarga que atravesó su columna y supo que levantarse había dejado de ser una opción. Que descuido el no alimentarse mejor antes, que descuidado de pensar que las cosas serían más sencillas... Claro, como si los siglos que vivió ahí dentro le hubieran demostrado lo contrario, el vampiro conocía perfectamente el castigo que merecía por traicionar a la Inquisición, y lo recibiría sin pedir clemencia por su alma, después de todo aquella alma que le importaba ya estaba fuera de las garras del Lycan. Mismo que no tardó en darle algo de escarmiento, continuando con las fracturas en su cuerpo. Prácticamente había dejado de sentir el lacerante dolor, su cuerpo ya no respondía y era bastante esperado el desenlace que tendría luego de caer preso de ambos bastardos. Pagar, era lo mínimo que haría.

Su mente se alejó de ahí, cerró los ojos y esperó, concentrándose en la imagen de la humana, estaba herida, agotada, pero a salvo, y eso era todo lo que importaba. Por otro lado, la rubia estaba hecha un huracán, y mientras Dimitry rezaba porque no entrara nuevamente, observó con pesar como liberaba su espada, ya la conocía y aunque fuera contra todo pronóstico, más considerando el terror que sentía por los inquisidores, sería capaz de enfrentarse para volver por él. Que demente se veía, y de haber podido sonreír lo habría hecho.
No entres sola, Arikel, recuerda.— pensó con nostalgia, ella no tenía nada que ver con todo lo ocurrido, no debería arriesgarse más.
Por su parte se encontraba limitado, con múltiples fracturas que tardarían en sanar por la falta de vitae, y los traumatismos en su torso y cabeza, estaba jodidamente a merced del par. Y si bien, para él todo se veía oscuro, sabía que si se mantenían torturándolo, tardarían más en salir tras los pasos de la mujer. Buscaría ganar tiempo sin importar las consecuencias.


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