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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Trevor LeBlanc el Mar Mayo 05, 2020 3:37 pm

El hechicero era ágil de mente, pensaba rápido cuando se veía en problemas siempre sabía qué hacer, como reaccionar, en casos como esos siempre tenía la cabeza fría para poder analizar mejor la situación, era claro que debían guardar la mercancía, poco sabía que era valioso o que no, así que pesco de todo lo que pudo. Vio el rostro de Iñigo, se sintió mal por aquel, pero en ese momento no podían llorar sobre la leche derramada, ya habría tiempo para poner ese lugar en pie, Trevor estaba decidido en ayudar, como fuera, si tenía que ir hacer fuerza bruta lo haría. Nadie se merecía aquello y más si tenía un don tan especial como el de la creación de perfumes. Salieron del lugar, el temporal no daba tregua, el hechicero señalo la dirección de la taberna y espero a que Iñigo se adelantara Que nadie pase el umbral más si no es el dueño quien ha de ingresar – saco del fondo de su bolsillo una hilacha que colgaba de ahí la anudo como pudo con gran dificultad debido al aguacero que le caía encima y dejo metida entre la puerta y el exterior, un pequeño hechizo para que nadie más que su amigo pudiera ingresar.

Apresuro el paso alcanzando a Iñigo, no sabía si le había visto o no, esperaba que no, en ese momento no quería dar tanta explicación, la visibilidad era escasa ya que la lluvia más que caer, golpeaba los rostros, el viento corría fuerte y los truenos y relámpagos se encargaban de darle a todo un aire más dramático - ¡por aquí! – le tomo del brazo para que doblara en una esquina, hasta que vio a lo lejos la entrada lateral del edificio, conocida como la entrada residencial ya que a la vuelta por la ingreso principal estaba la entrada a la Taberna. Ingreso al hall del lugar y se encontraron directamente con u pasillo, que unía el edificio con el local de Trev. El hechicero paso su mano sobre el rostro para sacar el exceso de humedad, y sacudió su mano riendo – Al menos el techo no se caerá aquí – le cerro un ojo  -Vamos en el tercer piso estaremos más cómodos - ¿Cómodos? ¡¿COMODOS?! Arrugo la frente mientras se pensaba lo que había dicho y comenzaba a subir las escaleras dando vueltas a su palabra.

El tercer piso era un lugar completamente diferente al primero, tras subir las escaleras una puerta se plantaba sin espacio a nada, Trev menciono algunas palabras  muy suaves y abrió dando paso a un espacio abierto e iluminado con lámparas a cera aromáticas, Trev le gustaba el aroma a lavanda y siempre pensó que su hogar debía oler diferente que la Taberna, el lugar era completamente abierto, se podía ver la cama en una esquina cerca de unos inmensos ventanales en la otra esquina y mirando a la cama había una chimenea que humeaba y mantenía el lugar abrigado, luego un comedor pequeño, un gran sofá de tres cuerpos, una cocina amplia con muebles empotrados a la pared, el baño estaba oculto en una pared y la única que había en el lugar, daba vista a una gran bañera el retrete y un lavamanos. Algo que poco a poco Trevor fue adquiriendo gracias a su trabajo. En el ingreso había un colgador  y una alfombrilla donde dejo la manta con las cosas que había rescatado del local – Pasa, siéntete como en casa – menciono mientras iba en busca de toallas para que se pudieran secar. Avanzo quitándose los zapatos, fue hasta un ropero y saco dos, se acercó a Iñigo – Ten, para que seques tu risos – pensó dos veces en las próximas palabras, lo miro y levanto el dedo, volvió al ropero y saco una especie de pijama de franela – Toma, necesitamos poner a secar la ropa, para que no enfermes ya  después te ayudare con tus planes para poner en pie tu perfumería – No aceptaría un No como repuesta así que le dejo ahí las cosas y él fue por lo mismo, busco ropa para cambiarse y detrás de un biombo que apenas se veía se cambió a algo más liviano, dejando el regalo para su hermana en una repisa,  volvió – Si quieres puedes cambiarte por allá – señalo el mismo lugar donde él se había puesto otro pijama, con las prendas casi estilando las dejo cerca dela chimenea.

Tomo uno de los almohadones de los sofás y los tiro cerca de la chimenea, tomo asiento, su cuerpo estaba helado y quería entrar en calor luego, le dio espacio y privacidad a su acompañante, todo había ocurrido muy rápido y de seguro Iñigo querría hablar, o tal vez dormir… o irse… o Trevor pensó de todo en ese momento. Dio un suspiro mientras miraba el fuego que había dejado prendido antes de irse. En ese momento cayo en cuenta que era primera vez que traía a alguien a ese lugar, a su espacio.


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Mensaje por Íñigo Sánchez-Gijón el Lun Mayo 11, 2020 6:35 pm

Repasó con detenimiento la oferta de Trevor y durante el trayecto a la taberna continuo pensando en su retórica para responderle. Sus únicas armas eran los conocimientos que su abuela le heredó en vida y sería la base para construir desde cero lo que minutos previos había perdido. Íñigo era un perfumista y ayudaba por las tardes en el jardín botánico era todo lo que poseía. No obstante sabía salir avante de las adversidades y esta no sería la excepción. Se mantenía aún incrédulo a creer que estaba huyendo de cierto modo, pero no existían muchas alternativas por el momento, cuando el hombre le alcanzó se dejó guiar por el hasta internarse en el edificio. Con ayuda de la manga de su abrigo secó su rostro y el cabello y sonrió ante la broma que Trevor hacía. Era verdad. No tenía caso lamentarse por más tiempo así que tomó la situación de la mejor forma posible y asintió.

—De acuerdo—

Suspiró con un ápice de nerviosismo al saber que estaría a solas con él, quien bajo cualquier circunstancia seguía siendo un extraño.

—Trevor, yo… —su frase quedó a medias al aspirar el aroma tan fresco y dulce, de forma instintiva pensó de inmediato en las posibles combinaciones y fórmulas que conllevaban a una nueva posible creación. La mente del español trabajaba de ese modo y era inevitable que fuese de otra forma, poseía el don.

—Gracias —susurró al tomar la toalla mientras quedaba apenas asombrado por la comodidad de la habitación. Cada objeto y cada pieza que conformaban ese espacio eran únicos, no había tenido la fortuna de estar en un sitio así con anterioridad, era muy distinto a lo que él conocía por hogar. Reparó entonces que a pesar de la ayuda que le estaba brindando Trevor no tenía la obligación de hacerlo y ese gesto era algo que Íñigo agradecía de sobremanera. Mientras hacía lo propio secando su cuerpo no pudo evitar dirigir por unos segundos sus ocelos hacia el biombo, la homosexualidad que aún se mantenía reprimida de cierta forma en él le orillaba a incursionar en ese tipo de actos voyeristas dando como resultado un par de palpitaciones aceleradas en el joven perfumista.

Sonrió nuevamente cuando le vio cambiado y con una ligera reverencia se apresuró al mismo sitio a hacer lo suyo. Notó que las prendas ajenas le quedaban ligeramente grandes, aunque el aroma que estas desprendían era por demás agradable, detalles posiblemente insignificantes para otros pero no para el español. Caminó descalzó hacia donde Trevor había colocado los pequeños frascos, eran pocos, pero ninguno era similar al otro, pensó por unos instantes cual sería mejor y se decidió por el ejemplar que se asimilaba al aroma lavanda que inundaba la habitación. Colocó su ropa a un lado del fuego para que esta empezara a secarse.

—Trevor no pude agradecerle con anterioridad su invitación, pero antes que otro diluvio caiga encima —
rió ligeramente —quiero que sepa que buscaré la forma de pagar lo que hace por mí, créame que le retribuiré, —suspiró —Sé que esto no lo compensa del todo pero quiero que lo acepte por favor.

Entregó al hombre el pequeño frasco cuyo aspecto reflejaba un tenue color lapislázuli.

El ambiente del lugar se mantenía fresco con la caída de aquella lluvia torrencial que los había atrapado en ese momento, sentados frente a la chimenea. Íñigo miró de reojo la poca mercancía y hasta ese entonces se permitió descansar de aquel peso.

—Pensará que soy alguien obsesivo y no lo culpo, cualquiera diría lo mismo es solo que dentro de mis habilidades, hacer perfumes es todo lo que tengo o tenía hasta hace unos momentos —volvió a reír —Sin embargo aprendo rápido y yo podría trabajar para usted en la taberna.

Se aproximó a Trevor para pasar sus dedos por el pequeño frasco —Este perfume es una de las primeras muestras que logré cuando llegué a Paris.

Entonces notó que estaba a centímetros del joven contrariamente a lo que su cerebro le dictaminaba no hizo amago de moverse.


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Mensaje por Trevor LeBlanc el Sáb Mayo 23, 2020 10:53 pm

Trevor no hacia las cosas para buscar alguna retribución o para recibir algo a cambio, le nacia hacer actos buenos, como también realizar actos malos, era un humano ordinario salvo por la hechicerías, por sus dones naturales los cuales había comprendidos y manejados desde pequeño, su padre le había enseñado lo que pudo, era el legado que tenia de el. Suspiro mirando las llamas de la chimenea, perdiéndose por unos instantes en el movimiento del fuego, en el anaranjado de las brazas encendidas, aguardo completo silencio, sin pensar en nada mas liberando los pensamientos que inundaban su cabeza. ¿Qué hacia un hombre en su hogar?

Al escuchar su nombre el hechicero sonrió mirando a Iñigo, quiso detenerlo pero al final dejo que se expresara, estiro la mano para agarrar el frasco que le daba, lo abrió e inspiro profundamente, llenándose del aroma de aquel liquido lapislázuli – Tienes un don Iñigo y con ese don llegaras muy lejos si te lo propones – tapo el frasco con cuidado y lo mantuvo entre sus manos. Espero que el joven perfumista se sentara y sonrió ante lo que mencionaba – Si hacer perfumes es todo lo que tienes, es a lo que deberías dedicarte a tiempo completo, créeme que a Paris le hace falta un perfumista emprendedor que vaya mas allá de lo que se conoce como perfumes – No entendía mucho de fragancias, pero reconocía las características de una persona cuando tenían las capacidades de sorprender con lo que hacía. – Me hace sentir honrado – giro su cabeza para mirar directo a aquellos ojos cafés, noto la cercanía pero no se alejo ningún centímetro, se quedo ahí, donde podía sentir la respiración ajena – Recuperaras tu perfumería – le cerró un ojo sonriendo mientras se alejaba solo un poco.

Tenerte trabajando en la Taberna Iñigo seria perder el tiempo, pero veo que eres obstinado y prefiero saber que recibirás una paga justa por lo que hagas – pensó que podría mandar hacer a Iñigo, sabía que ningún trabajo seria digno para él, al menos eso era lo que pensaba pero tampoco quería subestimar al joven – Actualmente me falta un cajero, alguien que lleve las cuentas cuando realizan los pagos, alguien en quien pueda confiar las ganancias de una noche. Normalmente lo hago yo, pero también hago de cantinero y a veces es complicado hacer muchas cosas a la vez – lo había resuelto solo necesitaba la aprobación del joven Trabajarías por turno, en el mismo turno que yo trabajo, ya que el contra turno ya tiene un cajero, un primo que si bien no es el más digno de confianza mantiene las cifras en alza – Trevor solía confiar muy poco en las personas por el color de sus auras, pero lo que veía en Iñigo no lo había visto en nadie, ahí recaía todo lo que se estaba permitiendo hacer por el – Y ganaras lo mismo que Luis, Ciento cincuenta francos por noche y trabajaras tres noches por semana – hizo una pausa y se volvió acercar al perfumista apoyando su mano libre muy cerca del cuerpo ajeno - ¿Qué dices? – levanto sus cejas esperando respuesta, mirando directamente a los ojos ajenos con una sonrisa suave en sus labios.

El hechicero, sentía una leve gota de nerviosismo por la cercanía, por lo que estaba ofreciendo y pensándolo bien, no quería que trabajara Iñigo en ningún otro turno que no fuera en el mismo que el, ya que quería “cuidarlo” por decirlo de alguna forma, así el joven perfumista podría tener tiempo de ir a trabajar al jardín botánico que había mencionado y así juntar dinero para levantar su perfumería. Se volvió alejar  – También, puedo arrendarte el piso de abajo para que te acomodes, es un espacio más reducido que este pero tiene cocina, baño y una habitación que tiene una cama. Por si no tienes donde vivir – dijo ¿Qué estaba haciendo Trevor? Ni el mismo sabia por que había hecho la última oferta – Así podrías traer lo que rescatemos mañana de la perfumería y dejarlo ahí, claro si quieres – con lo ultimo la ansiedad había subido, se sentía un poco inquieto -¿quieres beber algo? – dijo cambiando de tema y levantándose del lugar, fue hasta la cocina y destapo una botella de vino, tomo dos copas y aun sin esperar respuesta le tendió la copa sonriendo.


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Mensaje por Íñigo Sánchez-Gijón el Miér Jun 10, 2020 3:21 pm

Sonrió después de aquel gesto, consciente estaba de sus limitantes y del hecho de saber que la sociedad marcaba como algo imposible el relacionar a un varón con alguien de su mismo sexo, no obstante existía cierta complicidad en el lenguaje corporal de ambos que poco a poco los orillaba a un terreno inhóspito para ambos. Íñigo jamás había experimentado algo más allá de un coqueteo por parte de otro hombre, pues su atractivo y peculiar personalidad le habían hecho blanco fácil de uno que otro adjetivo, sin embargo con Trevor fluía de forma natural hasta cierto punto, dicho de otro modo, el español suponía que su homólogo disfrutaba de su compañía y del tenerle cerca.

—Yo también espero que así sea —respondió confiando en que llegarían días mejores.

La propuesta de Trevor era lo único que tenía, aceptarla conllevaba a mudarse a su edificio y por ende convivir con él mucho más tiempo de lo que esperaba. Un par de horas atrás, era tan solo un cliente que la casualidad le había enviado y en ese momento, estando tan cerca de él sentía un extraño nerviosismo y tranquilidad que no había experimentado con anterioridad.

—Me alegro que acepte la muestra de perfume, estoy seguro que será de su completo agrado.

Asintió de inmediato cuando escuchó la oferta de trabajo. Con ese ingreso y sumado lo que percibía en el jardín botánico estaba seguro que podría echar a andar el negocio una vez más. No es que no agradecía el gesto del caballero, simplemente quería saber que en algún momento podría retribuir todo lo que hacía por él.

—¡Claro, acepto! Entiendo que es un trabajo arduo y que es difícil llevar ambas partes, pero estoy en la disposición de aprender y apoyarlo de la misma forma que lo hace conmigo —respondió convencido.

Escuchó con detenimiento la oferta de poder rentar el otro piso, el rostro del perfumista novel se vio tenso. Arrugó ligeramente la frente dejando una pequeña marca de desconcierto, su mente trabajo de inmediato haciendo cifras, buscando la forma de acomodar sus gastos y no quedar mal con su anfitrión.

—Trevor, es, mucho lo que ya ha hecho por mí, muchas gracias —murmuró. Pues aunque hubiese preferido buscar algo por cuenta propia, aceptó porque la premura de iniciar a laborar era grande.

Recordó que el antiguo local, solo un par de cosas habían quedado resguardadas en las vitrinas, pero ya dispondría de toda la mañana para poder ir por ellas. Los ojos del joven se perdieron unos instantes en el vaivén suave del fuego en la chimenea, el crujido de la madera era el único sonido que armonizaba la velada, afuera lo que había iniciado como una gran tormenta, era tan solo una pringa de lluvia, apenas visible cuando el viento le hacía remolinear estrellando las diminutas gotas contra los ventanales.

—Por supuesto —dijo con seguridad, aunque nunca había probado una gota de alcohol en su vida—. Merci —sujetó con firmeza la copa.

—Hago un pequeño brindis, porque ambos tengamos un mejor futuro a partir de hoy —sonrió y bebió un poco del líquido.

El sabor era agradable, aunque no algo a lo que estuviera habituado a beber, el efecto que traía consigo, empezó a causar una sensación extraña para Íñigo mientras la velada transcurría haciéndole hablar de más en ocasiones.

—Se preguntará, que demonios hace un joven español en Paris —rió de forma natural —Verá, mi abuela era francesa y su madre le enseño el arte del cuidado de las flores, ahí nació su obsesión por preservar su aroma y de ese modo fue creando muestras propias, supongo que es algo nato que poseo desde niño aunque poco recuerdo de esa etapa.

Bebió un poco más y con una mirada pesarosa tuvo el valor de preguntar esta vez.

—Trevor ¿Usted siempre  ha vivido en Paris? ¿Tiene alguna aspiración? Un hombre como usted debe tener muchas, aunque con los medios que posee, seguramente tiene el mundo a sus pies, bienes, una familia, una pareja tal vez —se detuvo cuando cayó en la cuenta que eran preguntas demasiado personales—. Lo siento, de verdad siento mucho si le he incomodado.


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Mensaje por Trevor LeBlanc el Jue Jul 02, 2020 7:42 pm

Crecer en una familia grande  a Trevor le había enseñado siempre a compartir lo que tenia, teniendo en cuenta que su hermana melliza era un verdadero fastidio, tanto como su hermana mayor, las adoraba con el alma, su hermano menor era la gota de lluvia que siempre uno esperaba ver en cada amanecer, su madre una mujer ama de casa, encargada de velar siempre por la calidad de vida y de educación de sus hijos, conocía los secretos del apellido LeBlanc, una ligada a la hechicería, todos sus hermanos compartían aquel gen venido de su padre difunto, mas su madre era una simple humana que los cuidaba más que nada en el mundo, obviamente sus razones tenia. Miro al joven a su lado, siempre había pensado que la vida era dura, pero escuchando todo lo que aquel había pasado y que prácticamente estaba solo en Paris, le causaba cierto aire de regocijo, Trevor siempre lo tuvo todo, y por la misma razón quiso independizarse y ver el mundo de otro modo, gracias a sus contactos, a su trabajo y dedicación había conseguido sacar a flote la taberna, algo que no era tan fácil como se veía, pero a final de cuentas tenía otras intenciones con aquello.

Porque el futuro nos sonría – levanto la copa para hacerla chocar con la ajena y continuamente bebió, le gustaba el sabor de un buen vino en la boca, primero un poco acido pero luego dulce. Suspiro mientras escuchaba con atención lo que Iñigo decía, el ambiente era cálido, mientras afueras la tormenta continuaba, de vez en vez se escuchaban y veían  los truenos y  relámpagos. – Siempre he vivido en Paris, con mi familia… tengo tres hermanos mas,  dos mujeres y un hombre… una de ellas es mi melliza, ella estaría encantada en comprarte todos los perfumes  – bromeo mientras continuaba tomando – Y la que hoy esta de cumpleaños que me odiara por no llegar, pero el clima no me ha dejado ir -  ¿el clima? ¡¿EL CLIMA?! Sonrió ante su pensamiento, miro directo a los ojos de Iñigo su última pregunta era difícil de responder pero, Trevor claro que tenía una respuesta – Mi aspiración  – soltó un suspiro, no acostumbraba hablar de aquello, se sirvió un poco mas de vino e hizo lo mismo con la copa ajena – Encontrar respuestas a la misteriosa muerte de mi padre  – bajo la mirada – Creo que lo mataron por información – levanto lo hombros y los dejo caer – Pero esa es una larga historia que tal vez algún día te la cuente – sonrió con suavidad. – Aunque tengo los medios no creo tener el mundo a mis pies, luego de que me independice ha sido difícil salir a flote, pero me doy cuenta que en Paris hay tantos alcohólicos que siempre la taberna tiene números azules –  bromeo, aunque era cierto, no había noche que aquel lugar no estuviera apestado de gente, las ganancias se mantenían a flote y eso le ayudaba para aportar a su casa, para que nunca les faltara nada y también para ahorrar,  Trevor no era un hombre ambicioso y tenía claro que si podía ayudar y compartir lo haría. – ¿Pareja?  Creo que asumí que no tendré una…   - bromeo, en realidad aquel era otro tema delicado del cual no entraría en muchos detalles, al menos no por el momento - No te preocupes, tienes permiso para preguntar todo lo que desees – le cerró un ojo y bebió otro sorbo de la copa.

¿Cuánto tiempo llevas en Paris, Iñigo? – se atrevió a preguntar, no quería ser descortés ni tampoco imprudente - ¿Quizás algún día podrías enseñarme hacer un perfume?  – levanto los hombros y se rio con suavidad, podía notar como el alcohol se le subía a la cabeza, no había comido nada en todo el día, por que se suponía que iría al cumpleaños de su hermana y ahí devoraría todo a su paso, pero el destino había querido otra cosa – Lo único que sé hacer es destilar alcohol –  dejo la copa a un lado y alcanzo a tocar uno de los dedos del español y rápidamente saco su mano de ahí ¿Qué me pasa? Pensó mientras no podía dejar de mirar al perfumista.


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Mensaje por Íñigo Sánchez-Gijón el Sáb Jul 25, 2020 2:51 pm

El alcohol estaba realmente afectando su raciocinio, podía notarlo porque su hablar era menos pausado y se atrevía a cuestionar e invadir un terreno demasiado personal en sus preguntas. Después de todo era la primera vez que ingería semejantes cantidades de alcohol. No obstante aun podía vérsele en un estado de aparente sobriedad, prestaba atención con sumo detalle a cada palabra que el hombre desgranaba en su relato. Los ojos oscuros del español de vez en cuando se perdían en los labios ajenos, la forma en que se movían al hablar y su lenguaje corporal.

Movió ligeramente la cabeza para concentrarse.

—Que afortunado, una familia numerosa debe ser un regalo —respondió poco sabedor del tema—. Cuando todo mejore, por favor dígale a su hermana que sus perfumes tendrán un precio especial —sonrió un poco más relajado—. Siento mucho el que no haya podido llegar a su evento, en realidad no esperábamos que el clima resultara ser un inconveniente. —Respondió de inmediato. Bebió un sorbo más del líquido y rodeo sus propias piernas con los brazos tratando de regular la temperatura en su cuerpo.

Estando frente a Trevor se dio cuenta que existía un pasado en realidad complejo en su vida, uno que no muchos imaginarían tomando en cuenta su posición social. Íñigo había crecido con la idea de que solo  a las personas menos pudientes les sucedían cosas inexplicables, comprendió que no siempre era así. Caviló un par de minutos, pensando en una respuesta ante la confesión de su oyente, hablar de pérdidas y muerte resultaba ser algo complejo para el pelinegro. Sonrió disimuladamente cuando vio su copa llena nuevamente.

—Siento mucho su perdida Trevor, separarse de un ser querido es algo que no se le desea a nadie —pausó y negó con la cabeza—. Descuide, no tiene que decírmelo en este instante.

Dio un sorbo nuevamente a la copa y pudo sentir la tibieza del líquido pasando por su garganta. Con ese último, parpadeó un par de veces para poder centrarse nuevamente en su realidad. Ladeó la cabeza posando sus ojos completamente en el hombre que se confesaba con naturalidad durante su relato. Era extraño que le tuviera es confianza y un más extraño que Íñigo mantuviera la atención de alguien más. La mayoría de las personas que cruzaban palabras con él le hallaban como alguien disperso.

—Tiene mucha suerte entonces, nunca falta alguien que busque una buena copa de alcohol —bromeo a la par del hombre y rió con naturalidad al escuchar la mala suerte que tenía en el amor, el accionar de Trevor tomó por sorpresa al español cuando le guiño el ojo y en respuesta bebió un trago generoso de vino sin medir las consecuencias, como un acto reflejo al coqueteo previo.

—Un año aproximadamente, mi abuela se encargó de mi educación. Al igual que usted, conozco el significado de perder a un ser amado y es por eso que reafirmo que es afortunado al tener una familia consigo —El pasado del español era un caso digno de estudio y se limitó a decir una pequeña mentira para no asustar a su oyente, nadie creería que alguien pudiera perder la memoria por más de diez años y viviera una vida completamente distinta sin recordar parte de su pasado—. Seguro, no es tan difícil cuando comprendes el proceso, supongo es algo similar cuando se destila alcohol, verá… —su explicación se vio interrumpida por el roce del otro, curiosamente Íñigo lejos de verse asombrado, dejó que su instinto hablara por él. Tomó la mano de Trevor con cautela pasando las yemas de sus dedos por encima.

—¿Tuvo una especie de incidente? Esta cicatriz parece reciente —susurró mientras colocaba la mano en su sitio—. Perdón, es que a mí me pasa lo mismo —pausó—. Me refiero a que constantemente tengo percances en las manos cuando trabajo en el jardín botánico.


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Mensaje por Trevor LeBlanc el Jue Jul 30, 2020 6:50 pm

No estaba en su mente que pudiera conocer a alguien nuevo con quien sentirse cómodo y que hasta podía hacerlo olvidar con todo lo que debía cargar diariamente. Trevor era un hombre ocupado o al menos asa se mantenía, hilando los sucesos que había llevado a la muerte de su padre, haciéndose de conocidos de los cuales pudiera obtener algo mas, favor con favor se paga, siempre había pensado que tener a las personas de amigos o en buenos términos era mejor que estar enemistado, hasta ahora no conocía a nadie que tuviera problemas con él, o al  menos eso creía. Escucho aquello de lo afortunado que era con una familia numerosa, en realidad su familia era un gran pilar en todo, eran muy unidos aun cuando eran todos muy diferentes – No, a mi hermana le cobras lo justo y un poco mas… ella tiene como pagar lo que vale tu trabajo nada de regalías para ella – soltó una carcajada animosa, pensar en un recargo extra para su hermana, ella no era tonta pero si pagaba lo justo por lo que creía. – Las pérdidas se superan, manteniendo el recuerdo vivo en la mente – no era ajeno al dolor y lo lamentaba, pero no podía lamentarse eternamente – Lamento tu perdida Iñigo – ambos sabían aquel dolor, quizás lo llevaban de maneras diferentes pero al final era lo mismo.

Solo… solo separo… - se quedo callado cuando el joven perfumista tomo su mano e hizo aquello con la misma, normalmente hubiera sacado la mano muy rápidamente pero en esa ocasión no, hasta se le había olvidado lo que estaba hablando, tomo la copa de vino y la bebió de un sorbo, sabía que su cabeza podía ser engañadora pero no veía peligro – Separando a unos ebrios en la taberna me enterraron un trozo de vidrio en la mano, pero ya está mejor – dijo y se acerco para tomar la mano de Iñigo, invadió todo el espacio ajeno, buscando lo que él decía sobre las manos maltrechas – Para ser un hombre que trabaja de jardinero tienes manos suaves – dejo una caricia y se acerco aun mas al joven para tomar la copa que estaba a un lado del cuerpo ajeno, con la cercanía pudo sentir un aroma diferente, Iñigo tenía su propio aroma, no sabía si era algún perfume o no, se corrió hacia atrás y vio que la botella estaba vacía y se levanto buscando otro vino de dulzor semejante, destapo la botella y sirvió un poco.

Volvió a tomar asiento con la copa en la mano e introdujo un poco mas de vino, olfateo profundamente y probo – Este te gustara mas –  sonrió ampliamente y  por un haz de segundo le quedo mirando aun con la copa en la mano no dijo nada mas, inclino la botella y dio un sorbo de la misma, no lo pensó dos veces y se acerco al cuerpo ajeno, muy cerca  - Es dulce – susurro mientras no le quitaba la vista de encima y se acerco, acotando el espacio, dejo la botella a un lado y estiro un poco la copa para que la alcanzara, mientras Iñigo tomaba la copa se acerco mas y le dio un beso corto, en los labios. La embriaguez lo desinhibía, pero tampoco quería contenerse o aprovecharse, pero no pudo aguantar las ganas de besarlo – Disculpa, lo siento.  – corrió el rostro, pero no lo lamentaba, claro que no.

No se sentía avergonzado, pero sabía que el vino estaba causando un efecto diferente en su cabeza y en su cuerpo, tomo la botella y sirvió su propia copa para bebes un poco mas, se situo a un lado de Iñigo y dejo que su mirada se centrara en la chimenea en el crepitar del fuego, que abrigaba aquella noche de tormenta…


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Mensaje por Íñigo Sánchez-Gijón el Mar Ago 25, 2020 8:06 pm

No supo en que momento el haberse topado incidentalmente con aquel extraño había terminado en la intimidad de su habitación, sentados frente al calor de la fogata navegando entre confesiones a medias. Situación que resultaría irrelevante si el evidente atractivo físico que Trevor poseía no causara la tensión que tomaba el control de la razón del español. El alcohol estaba causando estragos evidentes en su accionar tan atípico, pues aunque Íñigo estaba consciente de sus preferencias, jamás se había atrevido llegar a tanto con alguien a quien apenas conocía. Su estancia en el jardín botánico era limitada y era principalmente por dicha razón que no tenía tiempo para observar con detenimiento a algún otro chico, no obstante con Trevor, la casualidad se estaba encargando de todo, encausando los detalles hasta un punto donde no habría marcha atrás, la casualidad y el alcohol.

Ante la reacción ajena, Íñigo se limitó a sonreír cuando supo la causa de aquella cicatriz y agradeció de cierto modo el que su atrevimiento no se tornara en algo incómodo, sentir el roce ajeno y el acercamiento del otro provocaba reacciones inevitables en cierta parte de su cuerpo, pero trató de conservar la cordura lo mejor posible.

—Quizá sea porque llevo poco tiempo en el jardín botánico, es todo –se limitó a responder y sostuvo la respiración, de modo que cuando Trevor le soltó y se separó de él, se permitió liberar el aire y respirar una vez más en un intento por acomodar sus pensamientos.

Los ojos del perfumista apenas le mostraban que regresaba ya con una botella diferente, movió con suavidad la cabeza buscando claridad nuevamente. La necesitaba si la velada continuaba del mismo modo.

—Es usted un experto en seleccionar los vinos –
rió permitiendo que la copa se llenara una vez más. Sus ojos se clavaron de forma inmediata en los labios de Trevor al escucharle pronunciar la palabra «dulce» en ese perfecto tono francés que sonaba encantador cuando lo pronunciaba, fue en ese instante cuando todo parecía pausarse y a través de su mirada nublada y la tibieza que la hoguera provocaba pudo sentir el propio calor corporal del otro, su aroma característico al que parecía empezar a habituarse y la sensación que causaba cuando se aproximaba demasiado a él, su diestra tomó la copa que el entregaba y fue en cuestión de segundos de su distracción que pudo experimentar la sensación de los labios ajenos, los mismos que había estado observando recatadamente toda la noche.

Cerró los ojos brevemente dejando que el beso fluyera de forma natural sin moverse de su sitio, sin aproximarse de más. Se quedó callado sin hacer contacto visual directamente con su oyente aquello le tomó por sorpresa y si bien quizás buscaba ese acercamiento de forma eventual, no estaba preparado para reaccionar prontamente.

—Descuide, no tiene por qué hacerlo, en realidad yo –susurró apenas audible, evitando que Trevor escuchara lo que estaba diciendo—. En realidad yo…. —miró su copa unos segundos y bebió un poco más, no era algo que normalmente hiciera—. En realidad yo… estaba esperando que sucediera.

Sonrió en la penumbra de la habitación y al sentir el cuerpo de su acompañante un poco más cerca recostó su cabeza sobre el hombro ajeno, no estaba seguro de hacia dónde conllevaría lo que estaba sucediendo, puesto que de aquí en adelante tendrían un poco más de contacto. Aceptó trabajar en la taberna porque no tenía muchas opciones, de no verle nuevamente hubiera sido menos cobarde quizás y se hubiera atrevido a regresar el beso, pero prefirió conservar aquella imagen y aquella sensación en su memoria.


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Mensaje por Trevor LeBlanc el Sáb Oct 24, 2020 11:16 pm

Estaba esperando que sucediera” aquellas palabras retumbaban en su cabeza como un cincel picando una piedra, no pudo evitar sonreír de medio lado, mientras no quitaba la mirada de la chimenea, el temporal afuera parecía más agresivo, la lluvia chocaba en los ventanales, los truenos y relámpagos se hacían escuchar y ver respectivamente y ahí estaba el con calma mirando el fuego, como la madera ardía y se tornaba de un color rojo casi anaranjado, un poco de tranquilidad para esa noche tan ajetreada, mañana seria otro día y tendría que dar muchas explicaciones, pero por el momento quería disfrutar de su atrevimiento.

Trevor, siempre había sido un hombre atrevido que daba el primer paso, al menos con mujeres siempre había sido así, con hombres también pero las malas experiencias le hacían pasar de largo, pero con aquel perfumista todo parecía diferente, desde el encuentro hasta… todo. ¿En qué momento las cosas habían llegado hasta ahí? – No quiero que te sientas incomodo – dijo en un susurro mientras acercaba con cuidado su nariz a la cabellera ajena que posada sobre su hombro estaba. Inspiro suavemente y sonrió de medio lado – Hueles a frutas y césped recién cortado – se atrevió a mencionar mientras empinaba su copa y bebía lo que quedaba de vino. Sabía que no podían seguir tomando, ya que eso solo traería una mala resaca y prefería recordar la noche que perder la conciencia por el alcohol ingerido.

Con cuidado comenzó a pasar su diestra por el hombro ajeno hasta bajar a su brazo, realizaba aquel movimiento con suavidad, casi sin tocarlo. Se detuvo de golpe y se levantó para echar más leña al fuego – No queremos que el fuego se apague, porque el frio puede tornarse insoportable – sonrió cuando termino de hacer aquello y se giró para ver al español ahí sentado, podía intuir que estaba más o igual de embriagado que él. – No más vino por esta noche – dijo a modo de broma y volvió a sentarse pero esta vez, tomo la barbilla ajena y mirándolo a los ojos se perdió en el reflejo del fuego en ellos y lo beso, comenzó suavemente metiendo su lengua con cuidado, saboreando el rastro dulce del vino, levanto su mano para afirmar el cuello ajeno y se quedó ahí besando los labios ajenos, sin pensar con claridad, dejándose llevar por el calor del momento. – Yo quería hacerlo desde que te vi – hasta ese momento no había pensado que desde que entro a la perfumería había sentido esas ganas de besar y morder esos carnosos labios  – Creo que ahora no puedo parar de hacerlo - mordió el labio inferior del español para volver a besarlo de nuevo, sin disculparse, sin censurarse solo dejándose llevar.
           


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Mensaje por Íñigo Sánchez-Gijón el Dom Ene 10, 2021 12:53 pm

Aunque la lluvia caía sin dar tregua a las afueras del inmueble, el calor provisto por las brasas de la chimenea daban suficiente comodidad para ambos aun portando prendas ligeras, aunado al calor que el alcohol generaba en sus cuerpos conforme los minutos pasaban resultaba una atmosfera por demás agradable y atrayente. No supo en que momento dejó caer el peso de su cuerpo sobre el hombro ajeno, el olor que emanaba de Trevor era único y nuevo para los sentidos del español quien pronto se sintió cómodo en la cercanía del otro. Le escuchó hablar nuevamente y sin temor a querer arruinar el momento se limitó a susurrar sus respuestas.

—No para nada –dijo y sonrió cuando el otro describió con tal particularidad su aroma.

Pasar tanto tiempo dentro del jardín botánico le causaba cierto regocijo, se movía como pez en el agua en lugares como ese, de modo que el empleo en la taberna sería algo completamente distinto pero no por ello imposible, sus preocupaciones pasaban a segundo término cuando Trevor se acercaba de ese modo. Nada de aquello estaba planeado sin lugar a dudas, pero, podría ser que estaba destinado a ser desde que sus miradas se cruzaron en la perfumería, todo pasaba tan rápido ¿Era real? Pronto el calor corporal del hechicero era lo que rodeaba el cuerpo de Íñigo. Su vida había pasado de la tragedia al olvido, en ese lapso donde parecía que la luz se había apagado por completo y repentinamente, la luz al final del túnel le indicaba que las cosas podía mejorar. Su soledad era lo único que conocía, consciente de la curiosidad que despertaba en él la belleza masculina y de las prohibiciones y los cánones que la sociedad marcaba, pero de igual forma quería conocer aquello que tanto deseaba, adentrarse en esos terrenos peligrosos de la atracción hacia alguien como Trevor.

Negó con la cabeza.

—No, no más alcohol –dijo y sonrió de medio lado— Estoy perdiendo el juicio como podrá haberlo notado, mi vista y mi razón están completamente fuera de sí y creo que, me he quedado sin argumentos.

La voz del español cayó al contacto de la boca ajena, apenas pudo escuchar las intenciones de su anfitrión y las oraciones que desgranaba intercaladas entre los besos que le arrancaba de forma desmedida. Sin responder de forma sonora hizo lo propio respondiendo a los mismos, el sabor del vino en los labios ajenos era un poco más dulce aún, el crujir de las brasas era lo único que acompasaba el momento. En cuestión de segundos Íñigo experimentó una ligera erección debajo de su ropa, sus brazos se apresaron del cuerpo de Trevor y fue inevitable que un gemido escapara de su boca. Estaba deseando realmente conocer al hombre más allá del trato amable que mostró con él desde un inicio, pisaba un espacio peligroso pero ambos estaban cediendo a sus instintos y difícilmente podrían parar. El español se atrevió a besar con más intensidad tomando la nuca de Trevor para bajar cuidadosamente por su cuello, besaba el mismo con devoción, sintiendo lo áspero de la barba y al mismo tiempo aspirando el ya característico aroma del otro.

Tomó la iniciativa de despojarse de la camiseta y hacer lo mismo con suavidad en Trevor, las manos del español eran hábiles y en el proceso no pudo evitar acariciar el torso desnudo del hechicero. Las caricias eran pausadas, lentas, buscando abarcar la anchura de su anatomía, se aproximó una vez más para besar con exquisitez su pecho probando cada centímetro de su piel, una vez más subió a la boca y beso con un poco más de fuerza, en ese instante, sus ojos oscuros se perdieron en los ajenos que refulgían por el fuego que la chimenea les brindaba, no hizo más que acariciar el rostro ajeno, lejos del contacto físico fue ese instante donde Íñigo comprendió que estaba dispuesto a bajar sus defensas para adentrarse en la naturaleza del hechicero.


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