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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Saoirse O'Shea el Miér Jul 22, 2020 5:13 pm

Empezó a andar por el camino, la luz diurna empezaba a ocultarse ya entre las nubes rollizas que desfilaban lentamente por el cielo, aun así el sendero se veía perfectamente con todas sus curvas y ondulaciones, los colores tan brillantes que pintaban las tiendas y los edificios, enormes vigías, algunos tan viejos que sus muros parecían derrumbarse en cualquier instante. Las palabras que cruzaban las personas, flotaban de un lado a otro, creando un ligero bullicio, vio un par de niños corriendo por la acera y por unos segundos se remontó a su niñez. Caminaba rápido y con vigor, apenas perturbada por sus recuerdos, casi mareada por la nostalgia que le provocaba evocarlos de esa manera, percibió el aroma del aire y apresuro el paso para poder llegar antes que anocheciera por completo. Esa época donde se quedó sin más en el mundo y decidió tomar un rumbo diferente para poder sobrevivir en su entonces realidad, la misma que le había abofeteado de manera sorpresiva dejándola sin más. Suspiro y se quedó sumergida en pensamientos antiguos, evocó momentos de su pasado y de manera involuntaria no se dio cuenta en qué momento ya había puesto un pie dentro de esa jungla de oscuridad..

Sin embargo cruzó por su mente alejarse por unos segundos, lejos de la realidad que la vida le estaba mostrando estos últimos días. No sabía moverse en esos terrenos y no estaba de humor para pasar una noche terrible otra vez, miró a su alrededor y contemplo que estaba demasiado lejos de las comodidades de la ciudad. Las luces se extinguían y las moribundas estrellas apenas se mostraban vacilando, fingiendo mostrarle un sendero. Era una muñeca de fantasía perdida tal vez, perdida en un jardín salvaje llamado Paris. No prestó atención a nada en particular. Sus pasos eran lentos pero seguros, si había algo que Saoirse poseía era una tremenda fuerza de convicción, había perdido mucho quizás al separarse de tal modo de sus hermanas y su madre, pero podía dormir en paz sabiendo que ninguna de ellas sería juzgada por poseer habilidades sobrenaturales. El aroma salino que las olas desprendían llegó hasta sus sentidos y entonces se detuvo, justo a unos metros del enorme vigía que alertaba a los navegantes. Suspiró y abrazo su propio cuerpo con los brazos.

La brisa ondeaba sobre sus prendas y coqueteaba ligeramente con sus cabellos cenizos. Apartó un par de ellos y recargó su peso en un árbol. Fue inevitable no dirigir sus ojos cerúleos hacia las olas, a lo lejos donde las embarcaciones libraban batallas contra el mar. El rugido estruendoso no le atemorizaba, al contrario pensaba que era su padre en la distancia, porque ella no había perdido la esperanzada de verle nuevamente. La luna regía en lo alto y mostraba un ligero claro sobre la espesura de la maleza donde ella se hallaba. Consciente era que más de un peligro la podía acechar a esa hora, dados sus conocimientos sabía que los vampiros y los licántropos rondaban esas zonas con frecuencia, pero nada le importó. Cambió la dirección de su mirada taciturna, estrellándose contra la espesura del cielo donde los astros argentos y diminutos brillaban. Parecía que le susurraban secretos o solamente le hacían creer que a lo lejos su madre y sus hermanas, su padre incluso le daban las buenas noches, cerró los ojos momentáneamente y permitió perderse, sola, a solas contra el mar.


Última edición por Saoirse O'Shea el Sáb Jul 25, 2020 2:38 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Zhark Nóvikov el Jue Jul 23, 2020 4:30 pm

Al salir del hotel Zhark no tenía buen humor, pero tampoco lo demostraba era un experto en ocultar sus emociones. No le apetecía nada ir a la hacienda del prometido de Galya, como le decía en su mente, pero en voz alta era; Condesa o mi señora. Debe de tenerle respeto, sobre todo porque es conocida de su Zar. En carruaje era mucho más rápido. Mientras el montaba a caballo vigilando desde atrás fue como llegaron a la hacienda en donde se quedarían hasta que regresaran a su nación. Debe de hacerlo. El escolta se bajó, para después abrir la puerta para que bajara su señora. Se vía hermosa con esa cabellera pelirroja suelta, y ese vestido azul claro, le sentaba de maravilla su piel de porcelana. Quiso sonreír pero el futuro esposo de ella llego. El simplemente se hizo un lado, llevando sus manos hacia atrás, esperando indicaciones.

Camino detrás de ellos, respirando profundamente, apretando su mano contra su propia muñeca, se estaba conteniendo al verle tan junto a ese hombre franceses, nadie notaba como estaba su temperamental, su rostro simplemente reflejaba una paz exterior, pero por dentro parecía un volcán apunto de hacer erupción, sentía enviada ante aquello, porque él deseaba ser el prometido, su futuro esposo, pero sabe que nunca podrá obtener aquello. Todos los días se auto regaña, recordando que solamente es el escolta, que el conde pido, el mejor, el capacitado, el fuerte, el que pueda proteger con su vida a su hija mayor. Tiene que hacerlo, sobre todo por el bien de Galya.  

Se detuvo al darse cuenta que francés lo hizo, volteo a verlo. –No es necesario que esta noche se quede haciendo guardia, mí prometida está en buenas manos conmigo. Mi hacienda está siendo vigilada las veinticuatro horas del día. Le doy la noche. –Su nariz se movió por el enojo, y volteo a ver a Galya para que le diera indicaciones, el solamente recibe órdenes de la Condesa de Rusia, no de un sujeto que no sabe ni su nombre, con su mirada le decía todo, no quería dejarla sola en un lugar desconocido, pero al ver que afirmaba Galya, tuvo que aceptar, haciendo una reverencia antes de retirarse. –Buenas noches. –Sin más se dio media vuelta para alejarse de la casona, de hecho fue buena idea que lo despacharan, sentía que le faltaba el aire, y que sus manos picaban para golpearlo. Si Zhark hiciera caso a sus impulsos hace mucho se hubiera robado la mujer de cabello de color fuego. Porque en su mente era suya y de nadie más.  

Esta noche la tenía libre ¿A dónde ir? Se encogió de hombro, y tomo las riendas del caballo, montándolo, y dejando que esté fuera su brújula, era noche como cualquiera, afortunadamente no era luna llena. Si no, alguien cometería un asesinato. Un par de minutos escucho como el mar era más cercano. Así que este caballo le gusta la calma. Elevo su rostro y miro el gran faro, que iluminaba el lugar, el guardia, de seguro estaba quedándose dormido. Aunque claro, olía a granos de café, la mejor medicina para el sueño, claro, para algunas personas, a otras, como a él no le funcionaba la cafeína. Y también capto otro olor, era una humana, así que no era la única persona que deambulaban por la noche, vaya dímela. Bajo del caballo, y lo sujeto a un árbol. –Ahora vengo, amigo. –Paso sus manos por cabeza de este, para encaminarse, con cuidado. No quería espantar a la mujer. El faro tiene una visita espectacular, como se muestra el mar. –Buenas noches, perdón por interrumpir su paz. –Comento, como si nada, colocándose a su izquierda. – Maravillosa vista ¿No cree? –No era de entablar conversación, pero esta noche no quería pensar, quería olvidar, y que mejor que platicar con alguien externo, con alguien que no conoce. Conocer gente era a veces buena terapia.


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Mensaje por Saoirse O'Shea el Sáb Jul 25, 2020 2:37 pm

El corazón de la mujer latía con suavidad, acompasado. Su cuerpo experimentó esa paz que solo estar a solas con el mar traía consigo. Amaba su libertad como a ninguna otra cosa, ella pensaba que aunque se tuviera todo el dinero y los acervos materiales, ambas cosas carecían de validez si no se es libre. La soledad le sentaba bien y aunque en ese instante no pedía otra cosa, su memoria le jugaba malas bromas cuando acarreaba a su presente los recuerdos de antaño. Saoirse era una estatuilla de sal varada en medio de la maleza, cerró los ojos entonces y apenas pudo notar la presencia ajena, un ligero sobresalto en su cuerpo fue la reacción al escuchar las palabras de aquel desconocido.


—Monsieur —susurró apenas audible. Se apresuró a negar con la cabeza—. Descuide, siempre se agradece el tener una buena compañía.

Ella creía en la gentileza de los extraños, encontraba la belleza en cosas tan simples, su madre siempre le dijo que era una chica inusual. Asintió de inmediato aunque con su comentario previo estaba dando por hecho que estaba de acuerdo con la aseveración ajena. Saoirse hubiese preferido quedarse a solas unos minutos más, la joven neerlandesa no era conocida por ser egoísta mucho menos incorrecta, de este modo aceptó de cierto modo dar un poco de su tiempo al joven que seguía de pie a unos cuantos metros de ella.

—Sin lugar a dudas lo es, la bóveda esta despejada y nos permite apreciar en su esplendor la danza de las olas con el astro argento —Una ligera sonrisa se perfiló en sus labios. Así era Saoirse, natural y directa, puesto que cada vivencia le marcó de sobremanera a atesorar los momentos que la vida le regala, sean buenos o malos y estaba convencida también que las cosas sucedían por algo—. ¿Acaso también se siente atraído por el mar? No lo culpo, es de los tesoros más hermosos que nos regala París.


Soltó con un poco más de confianza cuando el joven se aproximó a ella.


—Saoirse ¿Y su nombre es? —Ladeó ligeramente la cabeza, esperando a conocer el nombre de su interlocutor—. Aún no me responde ¿Qué es lo que le atrae de este lugar? Serán los susurros del océano, escuché. ¿O acaso el aroma salino que llega desde lejos? —No pudo evitar cerrar los ojos y suspirar. Después de hilar aquellas preguntas, entonces cayó en la cuenta que quizás estaba siendo demasiado insistente. Y antes de permitirle responder se aventuró a preguntar una vez más.


—¿O serán los astros que brillan en lo alto? ¿Ve cómo danzan entre sí? Cómo forman un camino que se pierde en lo infinito de la oscura bóveda que cae sobre nosotros. Pareciera que cada noche recorren el mismo sendero y aun así, aunque la escena sea repetitiva no deja de ser mágica, única. Si su respuesta es sí a cada una de mis preguntas, no lo culpo, este lugar posee un encanto único, que creo no necesita que se lo describa —
Hablaba con razones de peso, porque ella conocía a la perfección el embrujo que los mares desataban, como cada hombre perdía la vida en sus viajes al embarcarse hacia lo desconocido, su padre en más de una ocasión le narraba sobre ese mito que encerraba todo aquel paraje. Ella quería creer que el joven tenía más de una razón para asistir a tan singular escena.

El silencio se estableció entre ambos extraño. Saoirse se limitó a perder sus ojos soñadores en el horizonte una vez más.


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Mensaje por Zhark Nóvikov el Vie Jul 31, 2020 11:23 am

Si no fuera por los animalillos nocturnos o el movimiento del mar, este lugar reinaría el silencio, que en estos momentos le viene como anillo al dedo al lobo. Es lo que necesitaba, paz, silencio, y solamente escuchar sus pensamientos, claro, eso fue lo que pensó antes de descubrir que no estaría solo. Tampoco es que se daría la vuelta, claro que no. No es egoísta en compartir la zona, aparte, el invasor es el hombre ruso, no la dama que está a su lado, que sin pensarlo se quedó estático. Tal vez la compañía le vendría bien, con o sin plática. Siente un poco de paz al escuchar que no le molestaba su presencia. Quedo callado, no era persona de entablar una conversación con alguien extraño. De hecho batalla mucho para relacionarse con otros individuos. Espera que esta noche no sea desagradable ni para él, ni mucho menos para la fémina. El interés que obtuvo hacia la joven fue raro, porque no conocía ni su nombre, solo sabía una cosa; ella era humana completamente. El olor la delataba

Como si ella leyera su mente, instantemente escucho el nombre de la mujer, Saoirse. Extraño pero único nombre, en su vida lo había escuchado, y aquí viene en donde él debe de ser participe. Le costaba. Pero lo hará.  –Zhark. –Asintió varias veces y sus dedos golpeando su costado, nervioso. Pero a la vez una alegría, claro, sin demostrarlo en su rostro serio, pero sereno. Ella esperaba una respuesta de su parte. Seria grosero si no se lo daba, era reservado, pero esta noche no. Tenía tantas cosas en la cabeza que por un momento le apetecía olvidar, olvidarla. Olvidarlo. Y las ganas de gruñir como el animal que según es. Celos. Es como se llamaba. Soltó un poco aire, viéndole de reojo.

Soy un extranjero, que está explorando los lugares de las tierras francesas. Es la primera vez que aprecio tales maravillas. En mi ciudad no podemos visualizar este espectáculo, pero claro, como el individuo, hay algo que lo diferencia y lo vuelve especial. Como por ejemplo el mar. –Callo un poco para mojar sus labios y continuar hablando. –Que nos muestra son medir consecuencias esta danza, este choque entre pequeñas olas, que hace que tenga un pequeña de espuma, gorgorea. Es esplendido, como una obra de teatro. –De ese modo Zhark es como observaba, deducía el mar. Le gustaba, sí, no era tan amante, pero lo que sus ojos miraban era único. Arqueo una de sus cejas al escuchar conversar como si fuera una vieja amiga. No apenas una persona que acaban de conocer hace ¿Cuánto? ¿Un par de segundos o minutos? Extraño, a decir verdad.

Nóvikov no creía casi en las casualidades de la vida, pero esta vez puede que si lo crea. Es raro que ambos pienses igual pero con diferente contexto.Veo que usted piensa igual. Si. La tierra madre nos regala algo excepcional pero lamentablemente la humanidad, el hombre hace un desastre. Acabamos con lo que nos regala. Todavía nos enojamos cuando no obtenemos lo que deseamos, culpando algo que no tiene ni voz, pero siempre hace algo la naturaleza para decirnos que está al tanto de todo, que está a favor o en contra de lo que se hace en su hogar. Porque nos presta los terrenos, los lugares, las estancias ¿Y qué hacemos nosotros? Destruir, porque mire. –Extiende sus brazos para mostrar el contorno. –Esto es único y no muchas personas puede apreciarlo. –Baja sus brazos bufando, en parte porque tiene razón, en otra porque se siente culpable, ahora que lo piensa. –Perdone, me he excedido, pero ¿Usted que piensa sobre esto? –Le interesa a decir verdad lo que la humana piensa. Puede que de aquí salga una interesante conversación, un debate sin ser desastroso, solos dos personas con pensamientos diferentes sobre la naturaleza o cualquier cosa. Solo entablar una mena conversación.


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Mensaje por Saoirse O'Shea el Lun Nov 09, 2020 4:50 pm

Paris distaba mucho de ser lo que lo que su natal Irlanda era y en una muy humilde opinión de la joven no había tierra o frontera que se comparara con la belleza de las praderas donde vivía con sus hermanas y su madre. Sin embargo, en ese espacio amplio y alejado del bullicio encontró un poco de calma y solaz. Y ahora cuando su oyente tomaba la palabra y expresaba una idea similar sintió cierto alivio. La fachada adusta y portentosa que el hombre mostraba era quizás solo un espejismo después de todo, ya que su retórica estaba llena de misticismo, de evocaciones puras nacidas del corazón. Algo que Saoirse valoraba en demasía era el coraje de un hombre para hablar desde la sinceridad de su alma, sin demasiado ornamento en sus palabras, solo la expresión más clara de lo que realmente pensaba.

Normalmente era una mujer que gustaba de una buena charla, Saoirse no reparaba en el hecho de conocer o no a las personas que hablaban con ella. Si bien su madre era una hechicera con muchas habilidades sobrenaturales, la joven no había heredado sus dones, pero si una magia interna que atraía a más de uno cuando se le escuchaba hablar.

—Bienvenido a Paris joven Zhark, también soy una extranjera que se ha dejado cautivar por la magia que habla – dijo sin mirarle directamente, sus ojos se perdían en la inmensidad del océano, aquella mancha donde la navegación de su padre se perdió años atrás y de donde no regresó nunca.

Cuando el hombre hizo mención de todo aquello que la tierra les heredaba a sus hijos, fue inevitable no pensar en su madre y en sus enseñanzas. Aileen inculcó en Saoirse el amor por la naturaleza y por la magia que se podría aprender de ella, de modo que lo que Zhark mencionaba solo reafirmaba esa ideología. No era la única con un pensamiento similar. La luz nocturna era escasa, así que aprovechaba las emisiones del reflejo que el faro le proporcionaba para poder conocer un poco más sobre la fisonomía de su interlocutor. Era atractivo, aunque Saoirse nunca se fijaba en las cosas artificiales. Y era, quizás, una de las razones por la cuales no encajaba del todo en el ámbito parisino.

La irlandesa era una poetisa, una soñadora, una mente salvaje que cabalgaba la noche mientras escuchaba con detenimiento el susurro del viento o los secretos que el mar tenía.

—Mi hogar está en algún lugar a lo lejos –dijo señalando con el dedo índice la extensión del paraje—, crecí en Irlanda, Dublín para ser exactos, mi madre siempre me decía que la naturaleza nos provee de lo necesario para sobrevivir, ni más ni menos, mi padre era pescador –sonrió al evocar su imagen en su memoria—, navegaba todos los días en busca de sustento y el día que no volvió, supimos que algo malo debimos haber hecho para enfurecer al mar. De modo que cada acción tanto mala como buena que hacemos en la tierra se nos cobra de una forma u otra. Dígame joven Zhark, ¿lleva mucho tiempo en la capital? ¿Hay algún otro lugar en esta capital que pueda igualar este espectáculo? Porque si lo hay, me gustaría conocerlo en alguna ocasión.

Los ojos de Saoirse por primera vez se posaron de lleno sobre la estampa del hombre.


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Mensaje por Zhark Nóvikov el Vie Ene 08, 2021 2:25 pm

Era justo lo que necesitaba el ruso, tener otro enfoque su vida. Raramente sale de su zona de confort, pero tampoco negara lo emocionante que es encontrar detalles inesperados. Como esté caso, al pasar por el lugar no imagino que encontraría alguien a estas altas de la noche, menos siendo una mujer. Aunque a decir verdad, las costumbres van caminando a lo largo de los años. Quedo callado, tampoco apresuraría a que la pequeña dama contestara algo. No era de hostigar a nadie. Sabría cuando fuera el momento de retirarse sin necesidad que fuera mencionado. La luna está vez estaba oculta, era bueno para Zhark, no era necesario irse tan rápido. Si no, ella estaría en peligro, sabe perfectamente que no ha logrado dominar aquel poder lupino. Lastima. Espera dominarlo algún día, así puede proteger tanto a su líder como a su condesa y nuevamente llega a su mente esa mujer. Su delirio, la persona que puede obtener pero a la vez no, que se escapaba de las manos como si fuera agua. Quiso reír ante aquellos pensamientos divinos y a la vez pecadores. Porque sí, era un pecador por desear a la mujer de otro. Podría sentirse culpable, pero no lo hace.

Era la primera persona que le daba la bienvenida a tierras francesas, educada la muchacha es lo que es. Le agrado solo un poco al escolta. De reojo es como la miró, detallándola, queriendo no olvidar un rostro juvenil, y que al parecer, pensaba lo mismo que él. Maravilloso. Puede que algún momento de la vida se vuelvan a encontrar. El destino puede ser caprichoso de vez en cuando. Solo conoce Rusia de pies a cabeza y ahora está en París, otras ciudades es nulo de conocimiento, Irlanda, había escuchado de aquellas tierras pero no le interesado descubrir sus costumbres, puede que pida prestado un libro geográfico o de historia universal para estudiar un poco. Si, aparte, tendrá tiempo para hacerlo, ya que sus servicios se han visto nulos. Lo sabía, pero no le apetecía aceptarlo, la realidad es como una patada en las costillas. Fuerte. –Bienvenida entonces usted también. Coincidencia que ambos seamos de otras ciudades. –Quería decir lo mismo. No por compromiso, sino porque lo deseaba. Acabo de llegar prácticamente, creo que es mi segundo o tercer lugar que he conocido desde mi corta estancia. –Encogió los hombros al entender que a veces vivir un poco más es relativamente importante, aparte fue a la escuela, pero aprendió a escribir y leer gracias a su majestad. Aprendió modales gracias a su madre. Aunque no lo contará, ella no está para saberlo y él no está preparado para decirlo.

-No tengo un conocimiento tan amplio acerca de otras ciudades. Soy de Rusia, un país que su vegetación puede morir por las bajas temperaturas que hay. Puede que una persona que está acostumbrada a un clima templado, llegara ocasionarle problemas ¿Por qué? porque no tiene esa resistencia que el nacido de ahí o quien se acostumbra a un clima de esa magnitud. La nieve es lo más maravilloso, tan blanca, tan sedosa que se te disuelve entre los dedos. Por ejemplo mi cuerpo está entrando en facturar por un clima un poco caluroso, aunque estemos en primavera. –Callo. Regreso la vista hacia el océano. Era música relajante. Suspiro. –Cuente mente más sobre Irlanda, me interesa. –Quería animar a la mujer para seguir conversando, y de ese modo el registrar más en sus memorias. Comenzó a flexionar sus piernas y por último se sentó en el césped, estirando las piernas y apoyándose en sus brazos. –La invito a sentarse junto conmigo. Así puede que la conversación sea más a gusto. Pero si quiere permanecer parada está en su derecho. –Elevo su cabeza hacia el cielo, viendo la oscuridad que invadía, solo las estrellas aparecían, parecían diamantes recién pulidos. Nunca ha tenido uno, pero cuando era escolta del Zar muchas veces lo miraba de la madre Zarina. Eran bellos, pero inalcanzables para uno de su clase.


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Mensaje por Saoirse O'Shea el Sáb Ene 09, 2021 2:57 pm

No era común hallar alguien que compartiera dicho sentimiento, la añoranza de estar pisando un terreno ajeno, inhóspito, pero no por ello menos bello y misterioso. La conexión en la charla surgió de inmediato, ya sea por la nostalgia que ambas figuras compartían al ser extranjeros en un mundo de fantasía como lo era Paris, o porque las circunstancias empujaron a ambos a conocerse en un punto medio de la capital. Un punto oculto de la suntuosidad y lo apabullante que resultaba ser en ocasiones la ciudad. En más de una ocasión, la joven se disculpaba con los transeúntes cuando tropezaba incidentalmente con ella, por soñar despierta al admirar la arquitectura, pero no era eso lo que realmente le atraía, buscaba algo más, siempre persiguiendo la beldad de lo que consideraba esencial.

Estando de pie junto al joven comprendió que no existía mejor dicha que ser escuchado por alguien más. Durante su tiempo en el encierro, en aquellas catacumbas de la inquisición se aferró a la idea de hablar consigo misma, muchos la hubiesen tildado de loca, puesto que incluso ese privilegio era calificado como un acto de maldad incluso de posesión. Lo cierto era que Saoirse disfrutaba de hilar poemas, canciones y versos en su mente salvaje, había sido privada de esa dicha por mucho tiempo, así que ahora se comportaba como una chiquilla quizás, incapaz de comprender el mundo por completo que se movía por los preceptos forjados por el hombre.

—Gracias joven Zhark, realmente lo es –dijo con educación.

El universo había puesto a ambas figuras en ese mismo sendero, uno que nadie más apreciaba de la misma forma como lo hacían ambos extraños. Aun así, el espíritu indómito de la irlandesa se dejó llevar esa noche, a través de la brisa salina que de vez en cuando soplaba de lleno en su rostro níveo. Después de mantenerse unos minutos de pie escuchando atenta a Zhark y al relato sobre su tierra natal, cerró momentáneamente los ojos dando ligeras pinceladas de esos escenarios en su mente salvaje, el viento frio y la pureza de la nieve cubriendo todo, una estampa realmente imposible de reproducir del todo pero confiaba en la voz grave y el acento de su oyente para que fuesen su guía en el relato.

—Es sin duda un lugar único, nunca he visto la nieve caer, mi madre solía contarnos muchas historias a mis hermanas y a mí, pero jamás había escuchado algo parecido –asintió después ante la invitación del hombre.

Cedió a su cuerpo un descanso ligero, posándose sobre las rocas, encogió las piernas llevando las rodillas hacia su pecho rodeándose a sí misma con los brazos. Desde esa nueva perspectiva mantuvo su atención en la retórica de su acompañante. No necesitaba ser una sobrenatural como quizás su madre lo era para adivinar que el sentimiento plasmado en las palabras de Zhark era genuino.

—Como bien sabe, Irlanda es una isla, rodeada siempre de un impetuoso océano que cubre sus costas con agua cristalina, el sonido que emite en cada ola chocando contra las rocas nos recuerda el poder que ostenta sobre los seres humanos y lo frágiles que podemos ser. También tenemos planicies verdes, donde se puede correr y ser libre, espacios abiertos llenos de vegetación que bien podrían decorar algún fresco de las mansiones más adineradas de esta ciudad. Y por último pero no menos importante hay leyendas rondando los castillos y construcciones, que nos hablan de seres de oscuridad y otras criaturas que acechan la tranquilidad del hombre –detuvo su relato para mirar a su oyente— ¿Usted cree en la existencia de dichos seres? ¿Ha escuchado hablar sobre ellos? ¿Cree que puedan estar ocultos realmente o que incluso caminan entre nosotros?

Saoirse siempre se mostraba franca y directa en sus discursos, de modo que aquella pregunta era solo el parte aguas hacia algo más profundo.


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