Victorian Vampires
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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Perséfone Arthemis el Dom Jul 26, 2020 4:26 pm

Las decisiones que había tomado desde que empezó a ver el mundo como se expandía ante ella, muchos años habían pasado de esa epoca donde los dioses y los heroes habitaban, las leyendas, las representaciones de las deidades, aun recuerda su hogar, aun recuerda aquellos rostros que dejaron de exitir para siempre, salvo ella, su triangulo amoroso, su perdida de vida y como nació de la misma muerte, había vuelto de entre los muertos, había vuelto del inframundo, por eso Artemisa dejó atrás su nombre, y se puso el sobrenombre de la diosa Perséfone. Aunque esa historia había quedado notablemente atrás, apenas conservó su nombre cuando fue convertida en vampiro, incluso su creador la llamaba así. Pero tantos años distaban de todo lo acontecido, pues la oscuridad abrumadora que descubrió una vez siendo hija de la noche, privada del sol, y como otros vampiros habían querido asesinarla solo por ser abrazada por quien lo hizo. Por eso finalmente se había quitado de en medio, los problemas con otros vampiros siempre era un tema peligroso, sobre todo cuando todo estaba tan relacionado con la deidad. Si bien es verdad que en su momento pensarón que tenía que ver con el dios Zeus, y que disfrazado de su padre embarazó a su madre. Esa creencia traspasó tambien a los vampiros de la epoca, y que uno de sus pretendientes fuera un hijo de la noche y fuera quien la conviertiera sin permiso de otros formó un gran revuelo entre los vampiros.
Lo mejor para Perséfone fué retirarse, tras descubrir lo que realmente ella era, lo que podía hacer, el mundo de las tinieblas era un mundo cruel, donde reinaba los caprichos de los inmortales, y tras descubrir que podía hacer su santa voluntad, eso entro muy en conflictos con otros, terminó odiando a su Sire, su romance impuesto en el que ella al principio amaba, pues creia que era un emisario de Hades, hasta que se dió cuenta que sus espectativas no casaban con las suyas, como era de esperar con los años empezó a acusar a su creador de egoista, terminando por tomar rumbos distintos.

Finalmente Perséfone optó por un largo letargo para huir de todos los conflctos que se encontraba en aquella epoca. Cuando sus ojos se abrieron de nuevo..había perdido la noción del tiempo, cuanto había pasado, las cosas habían cambiado mucho, bastante.
Sin embargo, tras acechar a sus presas como normalmente lo hacía, mostrandose encantadora con aquellos incautos que serían quien fuera la siguiente comida vió a un joven, un joven que en él había algo que la llamaba la atención, había algo en él que hizo ver a quien buscaba, no hubo presentaciones, no hubo charla prevía, una única frase prometiendole que volverá hacia ella, si era su elegido, si era él volvería hacia ella, y el abrazo se hizo, no fue una buena Sire, pero era el primero que convertía y la inexperiencia hizo que su funcionamiento a la hora de acturar dejara que desear, pero ella se dejó llevar por esa corazonada que decía que aquel era a quien buscaba.

Ahora paseaba por las Parísinas calles, vistiendo elegantes ropajes un ceñido vestido negro, con un corsé rojo, le gustaba la moda francesa, con su melena alborotada y ondulada, con sus ojos ahora claros y sus labios de carmín rojo. Había asistido a la ópera aquella noche cuando detuvo sus pasos, se quedó pensativa, mientras se detuvo al notar esa sensación ese aura embriagador, la reconoció, era él, sí. Tenía que ser él. Apretó los labios mordiendose el labio inferior mientras caminaba hacia él, clavando su mirada en la ajena.
-Ven a mí.- Dijó al pasar a su lado, sabía que lo escucharía, le miró de reojo unos segundos para de manera lenta girar para meterse a uno de los callejones, sabía que el vampiro la seguiría, esa frase fue lo que le dijo cuando lo convirtió, seguramente era el momento de dar explicaciones, sonrió para sí misma de manera maliciosa. ¿cuanto había pasado, cuatro...cinco años? Él aun era un joven recien convertido, aun las eras no había expuesto su crueldad o de lo que era capaz como hijo de la noche renacido. La dama esperó observando si el vampiro la seguía. Era él estaba segura.


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Mensaje por Xanthus H. Vlahos el Lun Ago 03, 2020 10:46 pm

Golpeo fuertemente su frente con la palma de su mano, una, dos, tres veces seguidas porque esa voz. Esa maldita voz nuevamente. Hace mucho tiempo que no la escuchaba ¿Por qué ahora? Esperando el momento para poder salir a las calles parisinas, tenía una cita. Aun siendo lo que era, su cortejo seguía siendo excepcional. Hace dos noches que conoció a una mujer, le llamo la atención, le gusto el olor que desprendía de su ser. Él es un hombre atractivo, que a muchas damas lo desean, y no desaprovecharía la oportunidad, aparte esta noche le entro una sed por probar sangre humana y dicen que cuando un humano está a punto de tener su clímax, su elixir es mucho más fuerte, más delicioso para el paladar de un ser como él. Un vampiro. Se colocó sus mejores trajes. Iba completamente de negro, era un color que le sentaba de maravilla a su piel blanquecina, y con esa barba mucho mejor. Era un don que otorgaron. Sus antepasados tenían buenos genes. Y Xanthus se aprovechara de ello. Con las damas que lo deseaban.

Se olvidaría de su verdugo por esta noche, aparte, tiene un par de días en zonas francesas y no ha logrado localizarla. Deducía que no tendría éxito como siempre. Fracaso total. Sabía que estaba con vida, lo presentía parecía que estuviera ligado con su creadora. Nunca comprendería eso. Eso le daba más ganas de seguir buscándola, sería larga, lo sabía perfectamente pero la inmortalidad es su mejor regalo. Tardaría lo que tendría que tardar pero él no se ira de este mundo sin saber porque fue elegido por ella para ser un ser de la noche y no morir esa misma noche. No la quiere matar, nunca ha pensado eso, venganza tal vez, una batalla para desquitar todo el coraje que ha estado guardado por cuatro años. Ajusto el moño negro, para luego colocarse el sobrero del mismo color y por ultimo tomar el bastón, uno que mando hacer. Color ónix el contorno, y con un diamante rubí. Era más para impresionar que por lujo. No era persona que presumía, pero para las damas como la que tendrá la cita era muy superficial, por ello todo ese teatro.

Las calles parecían tan concurridas a esta alta de la noche. Parecía que los vampiros no eran los únicos que deseaban trasnochar. Porque olía a humanos, cazadores, licántropos pulular por las calles parisinas. El olor a vela derretirse de igual manera en los faros para dar luz y no perderse se extinguía, pronto tendrían ser remplazadas por otras nuevas. Tendría que ser un verdadero caballero para obtener su alimento esta noche, la gallardees que portaba era nato cuando se lo proponía. Lo único que tenía en mente era que pronto probaría esa sangre que tanto deseaba desde hace tres noches atrás. Sí, por fin. Lanzo el basto y cuando lo iba a tomar escucho esa frase “Ven a mi” que hizo que se agrandara sus ojos y no alcanzar a tomar el objeto escuchando el ruido, resonando varias veces hasta que se detuvo pero él se giró dónde provenía la voz, alcanzo a ver a una mujer perderse entre la oscuridad de unos de los callejones, esas tres palabras la tenía clavada como dagas en su cabeza.

Por un momento quedo pasmado, sin saber que hacer realmente. Porque era inesperado, parecía que su memoria estaba jugando con él, pero no. El olor a mujer, fue como sus piernas comenzaba a moverse por sí solas hasta ir más y más rápido. Olvidándose del bastón y de la mujer que lo esperaba a tres calles arriba. Troto un poco para lograr alcanzarla, quería gritarla que se detuviera, que finalmente la encontró, pero sus labios parecían estar sellados por un hechizo, hechizo que probablemente ella podría quitar al momento de verla, porque su rostro era borroso, pero oración era como una clave para ellos. Se detuvo justo cuando ella lo hizo. Estaban atrapado, no tenía escapatoria. Estaba atrapado o eso creía. Nuevamente avanzo, pasos lentos, precavido. –Finalmente te he encontrado. –Como pensó solo al estar enfrente de ella, fue que se rompió esa marca invisible para que pudiese hablar. –Dime ¿Quién eres y que quieres de mí? –Quería saberlo desde hace cuatro años atrás. Este lugar no fue privilegiado para que fuera iluminado. Solo el olor que desprendía la vampiresa fue como la localizo.

Después de tanto ambos se han encontrado. Xanthus la tiene finalmente enfrente suyo.


Última edición por Xanthus H. Vlahos el Lun Ene 11, 2021 7:09 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Perséfone Arthemis el Jue Ago 06, 2020 9:44 am

Sin duda para ella había sido una travesía de oceanos de tiempo, buscando por los años esa esencia, ese algo que la llamaba, que la atraía, y aquel hombre fue el señalado, él tenía esa esencia en el aura que era la que Perséfone había estado buscando sin exito, el letargo en el que había estado había hecho que su mente viajara entre las mentes cercanas para percibir lo que a su alrdedor ocurria, pero no fue hasta hace pocos años que paseó desesperada buscando a alguien, buscando a ese alguien, el cruzarse con ese por entonces mortal despertó en ella el instinto de querer poseerle, querer que fuera de ella, era su Hades, estaba segura, incluso le estuvo acechando por varias noches para observarle, para anelarle. Observando como el noble era un galan que sabía como hacer que las mujeres cayeran rendidas a sus pies. ¿Quien iba a resistirse a esa enigmatica personalidad que arrastraba el griego? Por más que la vampiresa le observaba más veía lo que buscaba en su interior, le era absolutamente intrigante que hubiera tardado tantos años en encontrarle. Solo deseaba que esa parte de él naciera, se mostrara, no podía estar equivocada, era el destino, siempre a su alrededor hubo muchos hilos de misterio, aquellos hechiceros que señalaban o decían cuando alguíen habia sido "tocado" por los dioses griegos y sus artimañas, pues eran dioeses y ellos hacían su voluntad, al igual que ahora ella era vampiresa y todo debía ceder a su voluntad.

Miraba el perfecto perfil del vampiro, sus palabras habían sido suficientes para alterar el rumbo, para atraerle hacia ella. Solo un susurro a pasar por su lado, desde que le convirtió en realidad jamás había perdido su pista, había velado y observado su comportamiento, solo buscaba el momento de mostrarse ante él, pudo sentir su sorpresa mientras ella se movía agilmente, con gracia. Esperandole en uno de los callejones donde la luz aun era más tenue si podía, aunque gracias a la visión de ser vampiros ella veía perfectamente, igual que él.
Él dijó que al fin la había encontrado, cosa que hizo que Perséfone mirara con avidez al otro, como se acercaba a ella, mientras ella se recostaba contra la pared, ladeando la cabeza ligeramente, mientras se mantenía quieta, mirandole de esa manera fija. -Yo núnca te perdí de vista..- Susurró la vampiresa con tranquilidad, no había por que seguír esquivandose, ella no soportaba más su separación de su obsesión que era él. Ese rostro cincelado como una escultura griega.

Las preguntas obvias llegaron, sin duda ella sabía que tarde o temprano haboa que responderlas, esa separación con él la dolía, la mujer mostraba ligeramente sus colmillos. Aunque en la oscurdad apenas se intuian. -Soy Perséfone Arthemis mi hades, he venido para encontrarme contigo, despues de atravesar los años buscandote.- Comentó con voz tranquila, mientras alargaba una palida y delicada mano hacia el rostro ajeno, acariciando su mentón, su barba mientras dió unos pasos para que su rostos se iluminara ligeramente, mostrandole con la tenue luz. -Te quiero a tí, desde que te ví, sentí que eras quien buscaba y la eternidad me separaba de ti, y eso no lo iba a permitir. -Era tajante, para sus ojos, el vampiro era suyo, ella le creó, pensaba que convirtiendole en vampiro despertaría a la parte dormida que había en él. Ella se acercó aun más, haciendo que apenas estuviera su rostro a unos centimetros del otro. -Yo te desperté de tu letargo Xanthus...- Susurró tenuemente, mientras su mano aun se deslizaba por el rostro ajeno, bajando a su pecho, mientras sus colmillos sobresalían, mostrando su naturaleza sin poder evitarlo, en cierta forma el desconcierto empezó a inhundar aquel callejón, ¿hasta que punto a él le valdrían las palabras de ella.? Sin duda era una incognita, más la vampiresa mantenía una mirada penetrante en él, mostrando cierto dominio sobre el neofito, pues a fin y al cabo ella le convirtió, era su sire.


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Mensaje por Xanthus H. Vlahos el Miér Ago 19, 2020 1:04 pm

Mucho tiempo desee este encuentro fortuito. Perdió las esperanzas cada vez que pisaba territorios nuevos y a la vez desconocidos. Conociendo su cultura, su gente, rastreándolo como un depredador y sin encontrar absolutamente nada, poco a poco perdía la fe, y la verdad al entrar en parís y establecerse como tal, como un ciudadano no espero esta gran sorpresa de su parte. Después de cuatro malditos años deseando verla por segunda vez, queriendo saber porque el exclusivamente y no sus acompañantes de esa vez. Fue el elegido por esa mujer inmortal y con una belleza considerada. Que al que puede apreciar es una adicción ante el ojo humano. El siendo lo que es se siente atraído por muchas razones; primeramente por ser ella su creadora. Las preguntas, las acciones que quería hacer que tantas veces repaso en su mente se esfumaron como las nubes esponjas y blancas del cielo. Como aparecen se van. Su boca se selló ante las pronunciaciones anteriores, en ese momento solo eso deseaba saber.

Quedo cercas de la mujer, no hizo otro movimiento más, no quería cometer errores. No la primera, que finalmente la tiene cara a cara. La puede ver, visualizar y podrá grabársela en su mente. Por si es la última vez que la puede ver, entablar una conversación y decide irse. Es capaz. Ella es más grande, más sabia. Tiene más tiempo de inmortalidad que él. Que todo esto es reciente. Aun llevando cuatro años siendo el mismo joven. Sin aparentar más o menos edad. Dio otro paso, por inercia y observo como se recostaba contra la pared. Las aletas de su nariz se movieron, escuchando su voz otra vez, algo en su cuerpo se activó, sus manos picaban, su cuerpo en sí. Apretó su mandíbula queriendo decir tantas cosas pero no salía nada. No sabía cuan efecto tenía sobre él ¿Sera porque ella lo convirtió? No comprendía. Los vampiros que ha conocido en este tiempo ni saben quién fue su creador. Y no le ha podido explicar en si como se siente cuando está enfrente del señor.

Quiso alejarse cuando ella estiro su brazo y toco rostro, su barba pero no lo hizo, de hecho se acercó más para que siguiera su recorrido ¿Sera reconocimiento facial? Puede. Cada palabra que decía era una pregunta nueva ¿Buscándolo? ¿Por qué? ¿Por qué le llama de esa manera que era muy similar a su nombre? El siguiente movimiento no lo esperaba que abrió los ojos de par en par parecía que cualquier momento iba salirse de su lugar, de igual manera no se alejó, se quedó quito clavando sus ojos en ella. Cerró sus ojos por unos escasos segundos al sentir la mano femenina sobre su rostro, cuello, pecho, para abrirlos y sonreír levemente. Recuperando sus sentidos y empujándola, fuera de él, fuera de su entorno. Retrocedió. –No se me acerque. –Quiera una barrera entre ella y él. Porque estaba haciendo estrago en su vida. Y no le apetecía. –Perséfone, finalmente se el nombre de la mujer que me desgracio la vida. Que sin importar que tuviera mi vida hecha y derecha, me convirtió en ser de la noche. Algo que nunca pensé que existía. He estado buscándola por mucho tiempo, con la esperanza de nunca encontrarla, pero mírese, finalmente se dignó aparecer enfrente mío ¿Cuatro años? O ¿Cinco? No recuerdo. –Sabían perfectamente cuanto tiempo, pero no quería verse tan desesperado por el encuentro.

Cruzo sus brazos enfrente de su pecho. –No peleare porque se perfectamente que perderé, aunque sea una mujer, tiene más años, más experiencia. No me voy arriesgar a morir en manos de usted. No dejare que me vuelva a quitar mi vida. –No era tonto. Era maldito, un hijo de perra, pero tampoco estúpido. Siente que ella lo controlada de una manera u otra y eso le pega duro en su egocentrismo, que una mujer lo gobierna de esa manera está mal. Es el hombre y ella la mujer. Tiene que dejar de verle porque si no, se doblegará ante Perséfone y será su peor error, se arrodillara ante ella, y le dará su vida, por segunda vez, y es algo que Xanthus no hará.


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Mensaje por Perséfone Arthemis el Lun Ago 24, 2020 9:39 am

Perséfone desviaba su mirada por el rostro masculino, permitiendose acariciar la fria y varonil tez del vampiro, que parecía no ser capaz de reaccionar ante las caricias de reconocimientos que le propinaba la vampiresa en aquel oscuro callejón, hacía tanto que no lo veía, esos años donde le había seguido pero sin acercarse los suficiente, aquel acto que hizo completamente egoista, completamente empujado por un institnto que objeto de capricho había visto en él a su Hades, ella había adoptado el nombre de Perséfone por ser la diosa del inframundo junto a Hades, que era como se sentía y más a traves de los años que habían pasado, preguntandose que destino habría corrido de haber coincidido en la misma epoca. Sería una situación oscura, atrapante y ahora mismo estarían los dos en el trono dominando posiblemente París. O quizá aun los dos en el letargo en el que ella se había sumido antes de despertar en una nueva epoca como era esa. La moda era tán distinta...las togas ya no se llevaban aunque a veces las echaba de menos ese ambiente. Aunque ahora iba vestida como toda una dama de alta cuna en la francesa ciudad. Y aunque hablaba muy bien en francés, se notaba perfectamente en su acento la procedencia griega que tenía la aparentemente joven, y como no....vió a Hades en los ojos del joven griego que tenía delante de ella, al cual miraba con tremenda ansia de poseer.

Le costó, pero finalmente el vampiro reaccionó empujandola, cosa que hizo que Perséfone frunciera el ceño y le mirara con sus ojos muy abiertos, sorprendida de lo osado que había sido por ese movimiento que había echo para alejarle de él, la vampiresa le miró de manera penetrante al vampiro mientras este finalmente se decidió a hablar, y como no a acusar a la vampiresa de la decisión que tomó a convertirlo, sin permiso, sin miramientos, desgraciando su vida como afirmaba el otro, lo cierto era que la vampiresa no lo veía así, pero se quedó callada mirando al vampiro, dejandole expresarse como gustara. Ella mantenía los labios apretados mientras seguía mirandole de penetrante mientras él daba conocimiento de que se percataba de que no podría ir contra ella, que le vencería, resultataba que el chiquillo no era tan estupido como otro cuando estaban recién convertidos, cuatro años había pasado, aun era muy joven como hijo de la noche. Pero el que hubiera sobrevivido estos años significaba que no se había equivocado en su elección, había sobrevivido a los distintos peligros que presentaba la noche y el mundo sobrenatural, eso era sin duda una buena señal, y que a la vampiresa complacía. Sin embargo aunque a ella le complacía que el vampiro se atreviera a plantar cara como su creadora no podía dejar que se creciera y que olvidara la situación.

La vampiresa bajó la vista unos segundos, cuando volvió a alzar la vista para mirar al vampiro sus ojos eran de un color rojo intenso. alzó la mano sujetando el mentón de el contrario, emitiendo un gruñido sobrenatural mientras aproximaba el rostro al de Xanthus. -Mide tus palabras querido, te quité la vida sí....pero te hice un regalo, aprende a verlo, te dí el regalo de la inmortalidad, de tener este mundo a tus pies, donde todos los demas son un rebaño, son ovejas y tu el lobo que los gobierna, te he dado poder, te he dado fuerza, eres un dios de la noche que se pasea con una envoltura mortal, eras un niño rico engreido que no sabía nada, pero yo despierto a quien llevas dentro, aun no eres Hades, pero lo serás, como yo ahora soy Perséfone.- Dijo ella en un tono amenazador, mientras sus colmillos eran visibles notablemente cuando ella hablaba.
Acercó su rostro al del vampiro, a su oido, rozando sus labios cuando hablaban al oido de este. -Soy tu creadora, quien te dió este don, pero hasta que despiertes...seguiras siendo Xanthus...y ahora que nos volvemos a encontrar...no puedes escapar de mí. Es el momento de estar ante mí, y rendir cuentas ante mí, así que sería inteligente por tu parte no enfadarme...¿lo has entendido amor?.- Dijo ella soltandole bruscamente no sin antes dar una suave mordida al lobulo de su oreja, para cruzarse de brazos y clavar su ahora roja mirada en él.


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Mensaje por Xanthus H. Vlahos el Sáb Sep 12, 2020 2:24 pm

El hombre desde su nacimiento y el modo que su padre lo educo fue que una mujer siempre debe de doblegarse a lo que diga el varón. Ellas deben de acatar las órdenes impuestas sin importar el estatus, la edad. Dios la hizo semejante para el único fin de obedecer y satisfacer la necesidad que requiere uno. Su madre es el ejemplo que siempre tuvo. Ahora que una mujer está haciendo de su vida como quiere no le ha gustado en absoluto. Nunca espero este encuentro, es tan inesperado que ahora al estar enfrente de ella no sabe cómo actuar, como escapar, porque sí, su mente le gritaba que huyera de ella, porque un solo movimiento provenir de la fémina seria su fin. Sabiendo que su muerte no llegara esta noche. Perséfone quiere algo de él ¿Pero qué? aunque no entendía las ganas de tenerla junto con él otro dilema que atraía la curiosidad. No era que sencillamente fuera su creado hace cuatro años atrás. No, era otra cosa que aún no comprendía. La mirada que le dio fue todo menos de compasión. Algo hizo que retrocediera, un paso a la vez pero fue retenido por la misma mano fría de hace un par de segundos, ahí no tuvo escapatoria, deteniéndose, dejándose guiar. Extraño. Su contacto en vez de molestarlo le gustaba, esta vez parecía que su cuerpo reconocía algo. No tuvo miedo, claro que no. Pero sus sentidos estaban alertas a cualquier situación inesperada que se presentara.

Ladeo un poco su rostro al escuchar sus palabras sin comprenderla aun. La mira, la reta, y sujeta esa la muñeca de Perséfone pero no la aleja, no aún. –Desgraciadamente me dio esta vida que nunca le pedí. Aprendí por mí mismo a vivirla. A sobrellevar algo que no desee. Que nunca imagine que existía, porque sí. Pensé que era un mito nada más, una leyenda urbana que los campesinos relataban para dar miedo a las personas y de ese modo no ser hurtados en su cosechas, o en sus pertenencias. Pero finalmente la verdad se vio reflejada en usted, esa noche. Esa terrible noche que fui mordido por una mujer que me dejo solo y no me llevo consigo. –La detestaba por no llevarlo. Por dejarlo a su suerte, quiso tener a su mentor, a su maestro para que le enseñara toda la vida de un ser inmortal. Un vampiro, tuvo que aprender tanto a la buena como a la mala. La última estofa de su canto fue que lo dejo en jaque, no comprendía del todo a que se refería. Manda su cerebro a que apriete el agarre, no puede dañarla, no él, un joven vampiro de apenas cuatro años de edad. Como quien dice es un crio, en comparación a la vampiresa.

Ni que le enseñara los colmillos, ni esa mirada rojiza le intimidaba. El miedo que al principio le tuvo se evaporo como el mismísimo humo en una hoguera o en una fogata extinta. Al contrario, una sonrisa ladina apareció en su blanquecino rostro mostrándole de igual manera su dentadura, aquella que ataca al humano para sobrevivir. La miro de reojo, al momento de acercársele, su cuerpo no reacciono al contrario deseo juntarse más y más, tenerla cercas es lo que más le apetecía en estos momentos, su mente decía una cosa pero su cuerpo hacia otra. Tenso la mandíbula al sentir esa mordida provenir de ella. –Primeramente no me diga mi amor. No somos nada, más que mi creadora. Es todo. Sencillamente. No es de mi agrado en primer lugar. –Claramente mentía Xanthus, no quiere que ella tenga el poder. –Lo único que deseaba saber era porque yo y no otro. Siento que me aclaro la duda. Pero no. Realmente me quede en las mismas. Soy un ser inteligente pero sigo sin aceptar el hecho de usted me convirtió para sus fines, fines que aún no sé. Como le comento. Señora Perséfone. –Las últimas palabras casi le escupe, retrocede, quería irse, no le interesaba estar más tiempo con una mujer como ella. Porque su cuerpo grita de desesperación por poseerla. Ella lo sabe, y de seguro su ego está bailando de felicidad por eso. Porque es la primera vez que siente una debilidad tan grande. Nunca, ninguna había tenido la dicha de enloquecerlo de una manera irracional.

Maldita Perséfone. Algo tienes, algo tienes que me vuelves loco que es.
Y de repente una voz, una lejana voz susurrándole en el odio le dice: Ella es mía. Siempre será sin importar el tiempo que trascurran. Siempre me encontrare contigo. Llego el momento, amor mío. He llegado para ti. Como vino, se fue esa voz, algo raro está pasando. Y la clave es la vampiresa enfrente de él.


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Mensaje por Perséfone Arthemis el Miér Sep 16, 2020 4:43 pm

La mirada de la vampiresa le estudiaba, medía las reacciones de otro, podía ver lo frustrado que se sentía, quizá lo confuso que todo esto le resultaba, al fin y al cabo se había mostrado despues de cuatro años, pero ella tenía sus razones para eso. Razones que a su momento revelaría al vampiro, sin embargo observaba los gestos que había en las perfectas facciones del vampiro, sin embargo su mirada se clavó en él cuando este empezó a recriminar la conversión que hizo sin que él lo pidiera, lo que provocó que Perséfone le observara con el semblante inexpresivo, salvo por que enarcaba una ceja mientras el vampiro seguía recriminandole que le convirtió y no le llevó con ella, cosa que hizo que la vampiresa apretara ligeramente los labios mirandole desafiante, las palabras de él eran escupidas con un rencor digno de alguien que en su interior tiene autentico fuego. La vampiresa chasqueo la lengua mientras le observaba, permitiendose el lujo de acariciar el pecho por encima de la ropa del vampiro. Sabia que esas acciones al vampiro lo quemaban lo provocaban sobre todo por que despues de encararle el estado de su condición, lo cual hizo que ella ladeara ligeramente la cabeza dejando que su espesa melena cayera por el lateral izquierdo, mientras de momento se limitaba a observarle, aun sin pronunciar palabra.

Sus ojos se abrieron como platos cuando rechazó el alago de ella refiriendose a ella como simplemente su creadora, y nada más, la vampiresa se mordía más fuertemente el labio inferior intentando contener la ferocidad que ahora invadía sus entrañas. Sus palabras la desafiaban, que cuando ella le bufó de esa forma y él sonrió seguro de sí. Pero tras las ultimas palabras y como se apartó de ella hizo que Perséfone siguiera mirandole de esa forma de depredador que tenían los vampiros, mientras retiraba lentamente la mano para dirigirla a sujetar la mandibula de Xanthus, acercandose tanto su rostro al ajeno que podía rozar sus labios al hablar con él.
-¡Silencio! Tus quejas te ahogan Xanthus, controlalas o caeras a un avismo mas hondo que el inframundo. No es lo que quiero...y mucho menos lo que necesito...lo que necesito de tí amor.- Remarcó esa ultima palabra indicandole que el que muestre disgusto a que ella le nombre así no le resultaría ningún tipo de impedimento para seguir empleandolo. Le miraba a los ojos, esos ojos cargados de emociones, aun era tan humano y a la vez no, era vampiro y a la vez no, y era un dios y a la vez no, eso lo percibía Perséfone de una manera tan fuerte, pero había alguo en él que hacía que le viera.
-Los dones no se piden, no soy alguien que pide permiso en nada...y te he observado...tu tampoco nunca has pedido permiso, se te dió. Pero yo soy la noche, y lo que deseo lo tomo al igual que te deseaba a tí, deseaba que tu esencia no muerese, no se marchitara, tenias esa esencia en tí tan poderosa, tu mismo con tus acciones me llamastes, tu mismo como vivias tu vida me invocastes, todo esto es un suceso de consecuencia de tus actos, como en su momento fue consecuencia de mis actos.-Recriminó ella rozando sus labios mientras sus ojos aun brillaban de rojo, aflojando el agarre a su mandibula.

Finalmente la soltó pero no se separó de él manteniendose tan proxima a él como sus cuerpos se lo permitían, mientras gruñía aun asi mostrandoles los colmillos. -Pero te diré algo, no te llevé conmigo por que quería ver si eras de verdad tú mi elegido, si no me había equivocado, ¿acaso habrías preferido que te trajera conmigo? ¿que te protegiera? ¿que te cuidara de los malvados que se cernieran? acaso no prefieres probar como eres...que eres duro...lo has sido...y no seas tan estupido...en realidad nunca te abandoné, siempre vigilé sin que me vieras...- Le confesó la vampiresa, mientras mordió levemente el labio inferior del vampiro antes de retirarse unos pasos hacia atrás. Mientras se cruzó de brazos mientras sonreía de medio lado de una manera algo cinica, con eso esperaba despertar esa sensación de dominio que él parecia necesitar.
Sin embargo sintió algo en él, algo que enseguida reconoció, cosa que hizo que la cara de Perséfone por un momento cambiara, no tuviera esa actitud de Sire frente al otro vampiro, si no que por un momento en esa mirada vió a quien sentía en él.
-Hades....
Susurró la vampiresa ligeramente mientras fruncia el ceño ligeramente, dejando escapar un suspiro. Pero despues de unos segundos la vampiresa vuelve a mostrar esa personalidad depredatoria con Xanthus, sabía que su vastago iba a ser duro de roer, esa personalidad era autenticamente demoledora.


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Mensaje por Xanthus H. Vlahos el Vie Sep 25, 2020 1:26 pm

Era la primera vez que escuchaba esa voz, era igual pero diferentes matices. Loco ya estaba. Es lo que produce la mujer vampírica, eso está completamente seguro. Tiene muchas ideas del porqué; Ya que es su creadora. Es una mujer sumamente hermosa o puede que sea las dos cosas a la vez. Hay algo más, un factor sumamente importante que está olvidando. Piensa. La llave la tiene prácticamente en sus manos pero no quiere usarla. Teme un poco si abriera esa puerta, porque sabe que no habrá retorno en el momento que cruce. Es lo que has estado esperando Xanthus, desde hace mucho tiempo. Sí, era eso, pero no. Ya no lograba retroceder, ni alejarla de su cuerpo. Algo impedía el hecho, que dejo de insistir, aunque no se doblegaría tan rápido, quería respuesta, sabiendo que ella las tenía en la punta de su lengua. Esperaría pacientemente, si lo hizo por cuatro años un poco más, no afectaría.  Necesitaba calmarse, porque sus nervios, su frustración y el enojo que nacía del interior de su estómago era mucho más fuerte, y como dijo con anterioridad. No estaba en busca de batalla porque perdería. Eso estaba al cien por ciento seguro.

Fue amenazando sin piedad, algo dentro de él se removió, como deseando salir, y ponerle un alto, el vampiro se resistía, debería de hacerlo, no sabía que iba a pasar si abriera el cofre que sin pensarlo tenía muy bien resguardado en las profundidades de su alma. Sus ojos se entrecerraron viéndole con odio por la forma en que lo tomo, lo trata y escupe esas palabras. Desea decirle tantas cosas pero calla, tiene que razón con claridad. Si no, esta noche pudiera ser su último día. Estamos hablando de una ser que tiene dobla, triplica o más la edad. Debe de ser coherente en sus acciones, en sus palabras. Debe de ser mucho más inteligente que el ser que lo está dominando. Como el cachorro que es guarda silencio. Debe de obedecer, después de todo es su creadora. Si fuera humano contuviera el aire, ahora simplemente guardia silencio como se lo han pedido.

¿Hades? ¿Quién es Hades? Se parece mucho a su nombre ¿Sera su hombre? ¿Tendrá alguien esperando en casa? Esa idea claramente le disgusto al vampiro. Cuando finalmente pensó que podría aclarar sus cosas otras se ingresan en su cerebro. Celos es lo que produce dentro de Xanthus ¿Por qué? Solo imaginar, pensar que puede estar en brazos de otros. Siente que es poseído por otra persona. Cierra sus ojos, debe de estar tranquilo para todo. Debe de… gruñe ante lo que su cerebro relata, aprieta los puños y sus uñas largas, afiladas como el monstruo que es, perfora su blanquecina piel. –No sé quién es Hades. Ni porque se parece mucho hasta podría decir que me estas llamando. Ni porque me has elegido, ahora comprendo, soy un mero capricho, sencillamente un experimento, que quieras saber cómo era crear alguien como tú. Ahora me lo has dejado en claro al momento de saber que me has estado vigilando a la distancia y sin poder detectarte. –Callo, lo comprendió todo mal. Lastima. Su enojo, sus celoso hacían que viera las cosas completamente diferentes.

Sus movimientos fueron más rápidos que su mente. Estuvo prácticamente sobre Perséfone. Su creadora. Tomo ambas muñecas, haciendo presión alguna. Con sus acciones la arrincono en la pared, es lo más recóndito de ese callejón tan oscuro. Tan alejado de las personas. En este momento solo eran ellos dos. Creado con su vástago. Su frente la recargo con la ajena. Su nariz se rozó con la perfecta de la vampira y sus labios prácticamente sobre los ajenos, quería abrir su boca y comérsela. Porque el roce que hizo con anterioridad solo hizo que se encendiera algo. Otra cosa que seguía sin razonar. Xanthus sabía que ella se liberaría sin ningún problema, pero sabe que no lo hará. Que le gusta este tiro y afloja. Solo es un juego. Ella juega con él. –Has arruinado mi velada con una estupenda mujer. Me tratas como tu títere, me provocas, me hablas sin poder entenderte con claridad. –Todo en su cabeza parecía un brebaje mal hecho, pero que debería de tomárselo después de todo, ya que es la única cura que tiene para poder quitar esa telaraña de su mente que poco a poco está siendo evaporada. Gracias a Perséfone, pero que aún tiene un gran trabajo, ambos. –Dime. Que quieres de mí, te lo daré para que me dejes en paz, maldito ser. –Gruñendo sobre aquellos labios, juntando su cuerpo, quería fundirse en ella. Provocarla como ella lo está haciendo. Perdió el razonamiento. Lo único que le interesaba era pagarle con la misma moneda. Y lo obtendrá, un siendo mayor o menor que él. Perséfone entrara en su juego aunque no se dé cuenta.


Última edición por Xanthus H. Vlahos el Lun Ene 11, 2021 7:18 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Perséfone Arthemis el Jue Oct 01, 2020 3:33 pm

La joven griega miraba a su vastago, mientras este era como una bestia indomable que intentaba revelarse, parecía que todo lo que ella dijera se escapara al entendimiento del joven, o quizá buscaba provocarla, sin duda a Perséfone se le mostraba fascinante todo ello, sin embargo las explicaciones que daba la vampiresa parecían ser insuficientes para él, y eso frustraba ligeramente a la griega. Sin embargo cuando percibió la presencia que buscaba en él fue cuando dejó de lado esa actitud dominante que ella tenía, pero eso solo fue un eco, solo un pequeño indició de que ella no había errado cuando detecto la presencia del Dios en él. Eso hizo que Perséfone de haber tenido corazón palpitante en su pecho le hubiera dado un vuelco. Incluso casi la reacción es morderse el labio pero mantuvo la compostura, pues la presencia fue efimera, pero la podía detectar en él, sin embargo las reacciones de él ahora parecían hostiles, incluso pudo ver su lenguaje corporal, parecía que al vampiro al oir el nombre de Hades despertaba cierto desagrado, o al menos detectaba cierto matiz a celos.
Eso hizo sonreir a la vampiresa de una leve forma efimera, no iba a mostrarle tan a la ligera que estaba llevando todo esto de una manera casi milimetrica, jamás dar puntada sin hilo, eso era algo que Perséfone había aprendido a lo largo de sus años de vida, y ahora no cometería el error de no hacer caso a eso solo por que se encontrase frente a su vastago donde ella se consideraba ama y señora, pues ella le despertó en la muerte.

Sin embargo las palabras que él pronunció la hicieron enarcar una ceja de manera leve, mientras ladeaba la cabeza prestandole atención, sin duda el joven vastago estaba siendo engullido por sus propias frustraciones o lo que su propia mente le hacía pasar mal en ese momento. La encaraba y replicaba que él era fruto de un capricho a lo que Perséfone simplemente se limitó a negar con la cabeza de una manera muy tenue, muy leve, no lo entendía, pero la vampiresa iba a tener paciencia, toda la que hiciera falta con el joven vastago.
-No estas entendiendo nada, debes tener paciencia, te puede tu propio instinto...habrá que aleccionarte.- Dijo ella de manera suave, y aunque había tintes de amenaza en su voz, lo cierto es que no era con intenciones de tratarlo como un niño, que no lo era. Sin embargo la cosa se puso más intensa si cabía, aunque conociendo como era su chiquillo no esperaba menos de él.
Los movimientos rapidos que apresaron su muñeca con avidez, el como acabaron en la parte mas oscura del callejón en apenas de un parpadeo, mientras la distancia entre ambos había sido totalmente anulada, el joven quería más, tenía hambre de más, eso era perfectamente visible para la vampiresa que simplemente no hizo nada, ¿podía hacerlo? si, pero no lo hizo, simplemente le observaba silente paciente. Sintió como su frente se juntaba con la de ella asi como el roce de la nariz suave, podía casi percibir sus labios junto a los suyos en ese momento, donde solo estaban ellos dos, ellos dos envueltos en el dulce manto de la oscuridad.

El seguía reclamando, se enfrentaba a ella, no se achantaba, quería respuestas y Perséfone se las daría, pero solo para iniciar un intenso juego que podría disfrutar. -¿Te aturden tus pensamientos querido? eres completamente delicioso.- Respondio ella con ese tono cruel que a veces empleaba, e incluso tentó más. -No tengo motivo para estropearte las veladas, pues conmigo es la velada que tienes que tener, no con otras que tanto tú mismo como yo, sabemos que no te satisfacen, no son suficientes para tí, nunca lo han sido, tú necesitas algo más fuerte, más intenso...ellas...jamás te lo daran, nunca te lo daran como sabes que yo puedo hacerlo ¿por qué engañarse? ¿solo por rebeldía?.- Provocó la vampiresa contra sus labios, haciendo que estos se rozasen demasiado tenue.
-¿Que me daras lo que quiero a cambio de que te deje en paz? sigue engañandote amor, eso jamás ocurrirá, no solo por mi parte, si no por qué tu me buscaras.....iras hacia mí como un instinto tan natural para tí, como el probar la sangre.- Susurró Perséfone mientras fijaba su mirada en él.
-Bien... seré mas clara, te elegí a tí por que había algo especial en tí, y aun está en tu interior....yo nunca dejo nada al azar, no has sido un esperimento, no seas tan ingenuo.- Dijo ella apretando los dientes, mostrando sus colmillos. -Y ahora he decidido que ya basta de mirar en la sombra.-Aseguró ella, para atrapar unos mechones de pelo oscuro con sus dedos y tirar ligeramente para que Xanthus mirará hacia el cielo, y ella deslizar tenuemente su nariz por el cuello como lo haría con una presa. Enseguida le soltó ese agarre pues si intención ahora no era intimidarlo, solo era su forma de hacerle saber que habia iniciado su juego.
-Si quieres respuestas...ganatelas.- Le retó finalmente la vampiresa juntando sus labios con los ajenos sin llegar a ejecutar el beso.


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Mensaje por Xanthus H. Vlahos el Mar Oct 13, 2020 12:26 am

Sus palabras, cada una de ellas acertaban en la diana. No lo diría abiertamente, la expresión que tenía el vampiro griego era más que suficiente para aceptar lo ya mencionado. No iba a gruñir como animal herido por decirle las verdades. Sencillamente calmaría ese coraje que se asomaba como si fuera a descubrir un buen relato. Al estar así con Perséfone parecía que todo su alrededor se calmaba, como si le hubiera inyectado la droga más exquisita del mundo. Pareciera que su convertidor era una pieza importante en si vida. Lo reconoce para sí mismo. No quería aumentar más el ego que profana la mujer. Tampoco la dominación que al parecer adquiere su cuerpo tan solo escuchar la dulce voz, no habla fuerte, es delicada, tan suave que podría arrullarlo y descansar. El toque que hacía era lo más estimulante para hombre, quiso alejar el rostro para que ambas bocas no se rozaran porque deseaba controlarse lo más posible. El cuerpo decía otra cosa, pero su mente era la que ganaba, esperando que siguiera de esa forma, fuerte, decidida y no flaquear en ningún momento. Era duro, de verdad. Ninguna mujer lo provocaba tanto como la vampiresa griega ¿Quién era realmente? ¿Por qué él? Más y más preguntas sin respuestas. Frustrado es como estaba.

Tenía razón. Al saber que está en París no la dejaría ir tan fácilmente después de buscarla por más de cuatro años. Ahora la tiene enfrente, en sus brazos. Era como su conciencia la mujer de los ojos rojos. Sus ojos negros como la mismísima noche quedaron prendidos en esa boca que no dejaba hablar, en cómo se rozaba con la suya cada vez que hacía. Xanthus comprendió una cosa; jamás podría cortar el hilo que ambos tiene. Es una conexión poderosa que conlleva muchos factores, sin pensar que desde hace siglos existe aquello, solo le falta despertar para que todas sus dudas se aclaren, al tener una neblina cubriendo sus recuerdos será imposible, en estos momentos no logra más que sentirse confundido. –Comprendo, me siento un poco más calmado al saber que no fui por un mero capricho de una vampiresa antigua o que solo deseaba experimentar y ver que sucedía con un pobre humano. –De verdad era lo que más lo atormentaba y era algo que ella, solamente ella debía de aclararle. Era cruel el vampiro, fue creando un nuevo hombre, con su ya antiguo carácter y ahora con su transformación es mucho más decidido. Solo utiliza a las personas para su beneficio y cuando le sirve las desaparece, las mata, las mutila con el único fin de no dejar rastro alguno. De hecho eso iba a hacer con su acompañante de esta noche. Al salir, esta erala tercera vez, ya no le era de su interés, iba a seducirle, y antes de que finalizara la copulación iba a matarla, hubiera bebido hasta la última gota de sangre, para después dársela a un animal hambriento, que gustosamente la devoraría, ver es un placer infinito. Que le excitaba. Y buscar nuevamente alguien que le sirviera.

Con Perséfone era otra historia. Vaya, nunca creyó ver el día que una simple mujer fuera más fuerte, más impulsiva, y que de ella dependiera su inmortalidad. Golpe duro para su egocentrismo, fue obligado alzar su cabeza, sus ojos quedaron fijos en el cielo oscuro que esta vez logró visualizar las pequeñas estrellas. Quiso contarla pero justo ella soltó su mechón de pelo. Sus manos quedaron firmemente puestas en la pared, no le gustaba estar tan cercas de ella. Sin más, se empujó para retroceder, poder alejarse de la tentación. Si, era una grande, cometería un fallo, resbalaría para entregarse completamente a la mujer y eso no estaba en sus planes. Ella tendría que venir hacia él. Ahora le tocaba buscarlo. Negó. La única pregunta que necesitaba respuesta fue respondida. –Ahora que lo pienso, tráguese sus respuestas. Ya tuve suficiente, de usted. La busque, la encontré. Logre ver quien me convirtió en esto. En un ser poderoso si se puede llamar de esta manera. –Saco el reloj de bolsillo, fino, de oro puro, marcaba una hora de retraso tal vez si se apurara la encontraría y tuviera la oportunidad de realizar lo que ha venido planeando desde hace días. Al cerrarlo se dio la vuelta, dándole la espalda. –Madame. Mi mujer me espera. Me retiro. –Ladeo su rostro, quería volver hacer el cruel vampiro oscuro. Sin remordimiento alguno, puede que sus palabras la lastimen. Después de todo ella fue quien lo convirtió y como menciono; era de ella, pero no dejara las cosas fáciles. Vaya mierda en lo que se ha metido. Ahora parece una mujercita. Cada vez la noche era extraña y sabía que esto duraría hasta el amanecer.

No dejara que una mujer estúpida lo domina, no importa cuántos años tenga. Ni ella, ni nadie tienen derecho para gobernarlo. De hecho, la que será adiestrada sería ella. Todo a su tiempo. Pasa la punta de su lengua por sus labios, aún sentía el sabor de ella en estos, la sed regresaba y no precisamente de sangre, no daría vuelta atrás. Retoma su camino sin decir ninguna palabra. Saliendo de aquel callejón, a lo lejos logro visualizar su bastón, que al llegar lo recogió para apresurarse y llegar. Perséfone a su hombre ya, al tal Hades. Y el a Samantha. La mujer que lo esperaba con ansiedad aun pasando una hora. Al reconocer la mujer pelirroja con un excelente cuerpo, la tomo de la cintura, los pasos de la vampira se escucharon. Ladeo su rostro al verle a una distancia considerada. El menciono que ella entraría en su juego y no viceversa y ahora es el momento justo para iniciar y mover sus fichas en el tablero. Sonriendo fue como avanzo, dándole una historia tonta, para una estúpida persona que se creía todo. Puede que todo sea una estrategia para que Perséfone salga de su zona de confort.

Jugando con el fuego, sabiendo que te daña, te mata. Mal.


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Mensaje por Perséfone Arthemis el Lun Oct 19, 2020 11:21 am

Regalarle algunas respuestas era un premio de consolación hacia su chiquillo, una forma de mantenerlo en el punto de atención que la vampiresa reclamaba, ladeó la cabeza ligeramente mientras le observaba con aire serio, esas gotas de esperanza para el vastago, de esa forma efimera de decirle que ella no daba puntada sin hilo, que todo lo que hacía no era un mero capricho, no siempre, aunque lo que empujaba a la vampiresa a dar más explicaciones pudiera ser que el tener la esencia de Hades en su interior la empujara a tener que dar más explicaciones. Solo era eso...ella bien sabía que de haber sido otro vastago o de haberlo creado no se tornaría en ese caracter tan piadoso por parte de ella. Le habría torturado y despues si no cumplia sus expectativas lo habría desechado, un juguete roto más, pero el haber estado en letargo tanto tiempo, y ahora estaba con ansias de hacer lo que se le antojara, y al descubrir a Hades enterrado en él, su esencia, su espiritu en él no pudo evitar darle ese abrazo oscuro y ese beso inmortal, para hacerle como ella, eterno. Sin embargo el joven que Hades eligió de recipiente era salvaje, buscaba ser indomable, buscaba quedar por encima. Buscaba ser quien mandase por su condición de hombre, pero Perséfone le enseñaría, le enseñaría que la condición inmortal estaba por encima de los generos, asi mismo como ella era poderosa por su edad. Y el que hubiera sido una mujer en su dia con la inmortalidad solo se convirtió como todos en hijos de la noche.
Sonrió cuando él afirmó estar más calmado despues de las palabras de ella, pues tambien fue con esa intención que le informó de el motivo de su creación como hijo de las tinieblas. Sin embargo una vez que el joven Xanthus se calmó parece que tambien puso sus prioridades en orden, pues su comportamiento volvió a ser pedante y engreido.

Pues escapó de las acciones de ella y se retiró ligeramente ante la mirada de ella que ya no era de color roja si no que mostraba unos ojos claros, que había tenído cuando aun tenía pulso, más había cierta mirada de curiosidad en ella, en saber por que él ahora no bajaba ni un apice su egocentrismo, a lo que ella arrugó la nariz unos segundos. Pero cuando este se volvió hostil en sus palabras, como aquel que ha obtenido lo que quiere y ya no le interesa nada más, eso volvió a encender el color rojo en los ojos de Perséfone, que le miró alzando levemente su labio inferior bufando mostrando los colmillos.
-Niño ingrato, arrogante, petulante y engreido, debería castigaros por esas palabras...no soy alguien indispensable, te he dado el don oscuro...y estás atado a mí.- Dijo ella de manera tajante mientras observaba como este se atrevía a alejarse de ella mientras la vampiresa se cruzaba de brazos con sus ojos clavados en él, con enfado, pero comprendió que todo esto no era más que pura provocación, solamente eso. Y ella ya estaba a la vuelta de esos juegos, tambolireó sus dedos mientras mantenía los brazos cruzados observando a Xanthus.
Sin embargo Perséfone se mantenió apoyada en la pared y aunque sus ojos estaban coloreados de ese rojo demonio desvió la mirada con disgusto, aunque la ultima frase pronunciada por Xanthus hizo que le mirará directamente mientras aun a sabiendas de que todo esto se trataba de una provocación la vampiresa reaccionó.

En un movimiento sobrenatural ya estaba enfrente de él, mirandole directamente a los ojos, mostrandole los colmillos, y con un rapido movimiento abofeteó el rostro de Xanthus, lo suficiente para que le doliera. Una sonora bofetada para despues señalarle con el dedo directamente. -Escuchame bien, cuida tus palabras, ¿una mujer? ¿tú? no me hagas reir....yo soy todo lo que necesitas...asi que no te confundas...crees que tener una "mujer" te hará alejarte de mí...eres tan ingenuo.- Dijo ella escupiendo esas palabras. Cerró los ojos calmando su furia, era un juego y al igual que a ella le gustaba jugar parece que a su vastago tambien. -Sabes que ahora que me has visto ninguna valdrá....disfruta de eso mi amor.- Sonrió divertida, mientras jugó con un mechon de su pelo envolviendolo entre sus dedos rizandolo con estos.
¿Quería jugar a dar celos? muy bien, esperaba que supiera él lo que hacía, la había conseguido enfadar, pero ella...no se iba quedar atras.
-Aunque ya que tu te vas con esa mujercita que te espera....veremos cuanto tarda en aburrite...tú y yo sabemos que eres demasiado exigente...sin embargo yo se disfrutar de los placeres carnales, quizá debiera asisitir a una pintoresca fiesta y divertirme mientras tu....bueno, tú juegas a ese solitario de insatisfacción.- Provocó descaradamente Perséfone mientras se reía maliciosa guiñandole un ojo por eso, mordiendose el labio inferior mostrando un colmillo al hacerlo.


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Mensaje por Xanthus H. Vlahos el Lun Ene 11, 2021 8:01 pm

El coraje que ha llegado a experimentar gracias a la aparición de Perséfone, cuya persona lo transformo en un ser de la noche fue inesperada, nuca creyó que llegaría el momento de encontrarse cara a cara. Luego lo hace caer una tentación divina, que si no se controlara iba a poseerla en aquel callejón asquerosamente repugnante, con olor espantoso, huyo, claramente no fue de su agrado pero era necesario poner una línea invisible entre ella y él. Al hacerle enojar a través de otra mujer era un plan perfecto. Sabiendo que un vampiro puede llegar hacer lo más tedioso, aunque claro, un ser humano también. Esta vez se trata de su creado y el neófito. Alcanzando a escuchar las palabras, los insultos hacia su persona, pero no le importo, no caería en un juego en donde, evidentemente, él perdería. Era necesario regresar a su estado normal, provocarla iba a hacer un placer divino, dos pueden jugar. Físicamente no peleara, pero verbalmente puede que gane, una batalla, dos o hasta tres ¿la guerra? Tal vez no, aunque sus antepasados fueran guerreros de elite en Grecia, pero dará batalla, por una mujer no caerá.

Sabía que iba a entrar en un vórtice sin retorno. Después de que la dejo con la palabra en la boca, sola en aquel lugar oscuro, ideal para ella. Estaba a la defensiva cuidándose de cualquier movimiento, al escuchar los pasos delicados y firmes de la vampiresa, quiere decir que está en constancia vigilancia. Lo suponía. Aunque nunca espero que se parase enfrente de él, encerrándolos y menos la abofeteada hacia su mejilla que hizo girarle el rostro, sus ojos se abrieron tanto que parecía que se iban a salir de su lugar de origen, apretando la mandíbula y soltando su acompañante fue como sus ojos se desviaron al de Perséfone, tragando saliva, no por el miedo, si no por el coraje que estaba subiendo por su esófago, quemando la garganta para salir del cuerpo de Xanthus. La pobre mujer humana estaba confundida ¿Quién era esa dama tan fina, tan pulcra y hermosa?  Y sobre todo ¿Por qué golpeo a Vlahos? ¿Sera su esposa? No, él dijo que no estaba casado. Envidia es como le tuvo, solo la miro y a la vez al hombre griego.

Con el temor de ser golpeada de igual manera retrocedió, definitivamente era algo de Xanthus, porque le reclamaba como si estuviera celosa, herida y con ganas de golpearle en los testículos ¿En que se había metido? Al escuchar las últimas palabras de ella “ir a una fiesta y disfrutar” vio que el rostro del varón se contrajo, apretando aquella mandíbula perfecta, confiado. Ellos se conocen perfectamente, son más que amantes. –No me voy a meter nuevamente en líos ajenos. –Fue cuando el vampiro reacciono al escuchar la otra voz que ya no le agrada. –Me retiro. –Tajante y decidida fue como se dio la vuelta y camino apresuradamente. Era la segunda vez que le pasaba. Hombres guapos, y ricos casados, por supuesto. Que mala suerte tiene. Al darse cuenta el hombre gallardo de que su presa se iba, en un rápido movimiento se abalanzó contra ella, desde atrás la tomo de la cintura, la otra en su rostro, riendo. –No, tú no te iras. –Estaba enojado, irritado por toda esta situación. La vela se echó a perder pero no su cena. La mujer gritaba para que la soltara, pero no hizo caso, acerco su boca al cuello ajeno, para lamer, y succionar la piel, mientras sus ojos no perdían ningún detalle de los gestos de su creadora.

La suerte estaba de su lado, nadie trasnochaba en esa calle. Perfecto, la mano desocupada descendió, pasando por los pechos de la humana, por el vientre sin ninguna intensión de detenerse hasta ir por debajo de la falda. La sangre sabe mucho mejor cunado la presa está completamente excitada. Era un sabor único. Todo el tiempo imaginando a la mujer enfrente. Sus palabras no iban a tener efecto en ella, sus acciones tal vez sí. Sonriendo sobre la piel caliente, y exquisita. Sin dejar de mover sus manos por debajo de la vestimenta ajena. Provocarla es lo que más deseaba que hasta su virilidad reacciono y no era por lo que le estaba haciendo a su acompañante. No, de solo imaginar que todo esto era hacia su creadora era que se excitaba sin ningún pudor alguno. La atracción de un vampiro es un pecado divino. Que se sirve como platillo principal.

El inicio este juego, ella le siguió provocando, y nuevamente el continuo con esto. El que ríe al último, ríe mejor.


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