Victorian Vampires
Noche y fuego (priv John P. Mulholland) ZZaNqS8
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Noche y fuego (priv John P. Mulholland)

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Mensaje por Robert McLean el Vie Sep 11, 2020 9:35 am

Los días pasaron volando. Robert necesitó descansar de sus tareas durante aquellas dos semanas para cicatrizar bien. En ese tiempo pudo conocer un poco mejor a John, le gustaba pasar tiempo con él aunque a veces ni hablaran, ambos se sentaban a leer en el jardín y a veces comentaban su lectura.

Había aprendido mucho con su anfitrión sobre cosas de las que no sabía nada. A veces paseaban por las calles de Paris entrando a tiendas o hablando con caballeros con los que Robert nunca habría hablado. Le gustaba quedarse callado y observar como John se desenvolvía en los negocios a los que iban o como hablaba a los hombres con los que se encontraban.

La relación con el servicio también iba mejor, trataba de dar el menor trabajo posible y a veces ayudaba a las criadas a mover cosas que estaban o demasiado altas o que pesaban mucho. Alguna le hacía ojos cuando le veía pero Robert no parecía darse cuenta, no estaba interesado.

como había prometido a John, aquella tarde le informó sobre la festividad de la noche y le ayudó a prepararse. Le hizo ponerse bastante informal, si es que John tenía ropa de ese tipo. Al menos todo lo informal que pudiera ya que era probable que aquel traje acabara con quemaduras o manchas que no iban a salir. Robert mismo se puso como siempre el kilt de los McLean y solo una camisa de lino por encima con el cuello abierto. Como siempre iba armado, no se separaba nunca de su espada, ni siquiera para festejar.

Estaba feliz, más feliz de lo que John le hubiera visto, recordar de aquella manera a los que se habían ido siempre le llenaba de emoción.

Litha era la festividad del Solsticio de Verano, prendían hogueras para quemar todo lo viejo y espantar a los malos espíritus. En su castillo se habría hecho una enorme hoguera donde todo el mundo podía echar algo, escribir sus malos pensamientos y quemarlos y esperar que los Dioses purificaran sus vidas.  Era común que se hicieran hogueras mas pequeñas donde la gente bailaba, cantaba, comía y bebía sin parar y algunos se atrevían a saltar por las llamas.

Fueron en carruaje hasta las afueras de Paris donde Robert se encontraba en su elemento: el bosque y a pesar de que estaba atardeciendo le guió con soltura hasta la laguna donde ya había gente reunida. Litha era también la noche de San Juan y se celebraba de la misma manera como muchos de los rituales que Robert había conocido.

Había música, bebida, comida y gente de clase media o baja junta disfrutando unos con otros mientras bailaban, tocaban instrumentos o cantaban. -Litha es una de las festividades que más sencilla es de celebrar, es la noche de San Juan, así que la Iglesia la incentiva- dijo sin separarse de él, no quería abrumarle, asi que se quedaron un poco alejados- mi gente cree... creia que en estas festividades la barrera entre los mundos se debilita y los dioses pueden escucharnos con más claridad-.

Sacó un saquito de dinero y pidió dos cervezas, tendiéndole una a John con una sonrisa- en las hogueras puedes quemar los malos pensamientos, o pedir favores a los Dioses. Fuera lo viejo, dentro lo nuevo- dijo contento mientras señalaba como había gente que tiraba flores u ofrendas atadas.- Es una noche con magia en el ambiente- dijo sonriendo, aunque cuando se refería a “magia” no solo se refería en el sentido poetico de la palabra.

Alguien como él podía sentir la magia en el ambiente, su piel se erizaba un poco cuando alguien con poder pasaba cerca de ellos, casi todos buena gente del asentamiento gitano y quizá algún hechicero que no lograba identificar entre el tumulto de gente. Él no tenía la capacidad de ver como otros el aura de los seres para diferenciarlos, pero si que tenía pequeñas sensibilidades a los cambios de poder. Sobre todo aquella noche. Festividades como esa eran peligrosas. El poder de todos los seres se intensificaba y a veces aprovechaban para atacar.

Robert sacudió  un poco la cabeza y se centró en John y su cerveza, riendo- ¿otra? ¿vamos a por ofrendas? ¿o prefieres comer algo? Yo necesito emborracharme un poco más para comenzar a bailar, me temo- dijo riendo.


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Mensaje por John P. Mulholland el Dom Sep 20, 2020 4:29 am

La convivencia con Robert estaba resultando sorprendentemente liviana para alguien como él, acostumbrado a vivir solo y a recluirse entre las cuatro paredes de su casa a la menor oportunidad. Continuaba con sus reuniones y con su rutina habitual, pero en cuanto regresaba a su hogar por las noches tenía alguien con quien compartir la mesa. Era una agradable novedad, aunque tampoco pasaban todas sus horas libres juntos. Ni John lo habría soportado ni el escocés lo demandaba, en ocasiones salía y Mulholland no siempre sabía a dónde había ido. Tampoco le preguntaba. Seguía existiendo entre ellos cierta distancia debido a que se conocían desde hacía poco tiempo, pero al inglés no le molestaba que se quedara por allí mientras todo siguiera igual. No sentía invadida su intimidad en lo más mínimo, aunque a eso también ayudaba el tamaño envidiable de su morada.

Ambrose, Mabel y el resto del servicio parecía disfrutar de tener al joven McLean por allí. A diferencia de su señor, el huésped les daba algo más de conversación. Lo encontraban un caballero muy educado, que no molestaba, apenas daba trabajo y en cambio se aseguraba de que tuvieran siempre carne fresca en la mesa sin consentir que le pagaran por ello. John estaba ahorrando un poco más y lo agradecía. Si bien era cierto que no necesitaba escatimar los francos nunca estaba de más dar algo de holgura a su cuenta corriente. Quizá las familias numerosas que vivían en pisos pequeños estaban hartas de verse las caras todos los días, pero para ellos la sensación era casi la de ser vecinos próximos. Entre sus habitaciones había un pasillo muy largo, y la biblioteca seguía siendo el refugio casi exclusivo del dueño de la casa porque al otro rara vez se le veía por allí.

La noche de Litha se dejó convencer porque le pareció que sería de mala educación rehusar la invitación. No las tenía todas consigo, para no mentir, puesto que el jolgorio y las aglomeraciones eran todo lo contrario a su ambiente idóneo. No obstante se vistió con algo más relajado de lo que acostumbraba y dejó atrás sus inseparables sombrero y bastón. Le seguía pareciendo exótico eso del kilt, pero Robert lo llevaba con tanta soltura que en él se veía algo natural. Escuchó las explicaciones que le dio su guía y miró a su alrededor, algo abrumado por tanto estímulo. Por todas partes se veían hogueras y grupos de gente que bailaba y reía. Antes de que pudiera darse cuenta tenía en la mano una jarra de cerveza fresca y amarga. Le dio un trago y se preguntó cuándo era la última vez que la había probado, no consiguió recordarlo. - Creo que debería poner algo en mi estómago. - Se decidió finalmente. - De lo contrario tendrás que llevarme a casa en brazos. - Miró su bebida apenas empezada cuando McLean le preguntó si quería otra y sonrió sin poder evitarlo. - No me extraña que la gente empiece a creer en magia si bebe a ese ritmo.



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Mensaje por Robert McLean el Dom Sep 20, 2020 12:53 pm

La noche prometía y Robert le llevó entre la gente hasta donde servían comida. Por un momento Robert temió que quizá era demasiado para John, ahí nadie comia con cubiertos y lo más seguro es que si no encontraban sitio tuvieran que comer de pie. Se volvió a John riendo, - bebe por mis antepasados, esta es una noche para recordarlos y honrarlos- dijo señalando su jarra- ¿Quién sabe? Quizá esta noche estén escuchando desde el más allá -.

La comida se cocinaba en unas parrillas enormes que estaban puestas sobre brasas, desde pescado a carne, los olores se mezclaban de manera increíble, era un espectáculo que hacía que se le abriera el apetito mil veces.

Pidió unas chuletas a la parrilla para ambos y pagó por más bebida, justo cuando una pareja se levantaba para seguir bailando así que ambos pudieron sentarse a degustar aquel maravilloso asado. Robert no podía borrar la sonrisa de su cara: comida, compañía, bebida y música, no se podía pedir más.

Tomó una de las chuletas con las manos comenzando a comer cuando les pusieron una bandeja con patatas asadas justo al lado y Robert sonrió ampliamente a la joven que le guiñó un ojo, - ¡la casa invita!- dijo la joven antes de alejarse dando saltitos contenta.

Robert tomó una de las deliciosas patatas e hizo un gesto de aprobación- ¡qué amable!- dijo sin darse cuenta de que habían intentado filtrear con él. Bebíó de su jarra, regando toda aquella comida, había ahorrado mucho dinero desde que vivía con John e iba a devolverle el favor aquella noche, quería que de un modo u otro pudiera llegar a experimentar la cortesía y la hospitalidad McLean.

- ¿hay algún pensamiento que no te guste? ¿algo de lo que quieras deshacerte para que los Dioses lo purifiquen?- preguntó curioso y señaló las hogueras, en concreto una muy pequeña, a penas brasas que los niños con ayuda de sus padres saltaban - después iremos a saltar una hoguera para pedir buena suerte, tienes que saltar conmigo una, aunque sea la pequeña- dijo sonriéndole.

Robert aún no estaba ni muchísimo menos borracho, le faltaban un par de jarras en ese plan para comenzar a reírse por todo- Yo voy a pedir a los dioses que le digan a mi familia que no los olvido - dejó el hueso pelado a un lado y tomó otra chuleta del hueso más largo.- Me gustaría saber si ellos aún me quieren-.


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Mensaje por John P. Mulholland el Miér Sep 23, 2020 2:58 pm

Para John aquello era lo más exótico y peligroso que había pisado desde la cuna. De pequeño siempre iba acompañado por niñeras que cuidaban de que no se manchara la ropa, y de adolescente su padre contrató un sinfín de tutores cuya misión era curtirlo. Huelga decir que sus lecciones de vida, que incluían manejo de armas de fuego y cabalgatas interminables, nunca dieron los frutos deseados. En vez de convertirse en el hombre que habría enorgullecido a sus progenitores acabó por cogerle miedo a todo lo que hiciera ruido o se moviera demasiado, con lo cual el resto de su existencia - ya de adulto - había transcurrido generalmente en el entorno seguro de su hogar. Como mucho se permitía paseos en carruaje, que se podría considerar actividad de riesgo dado que su cochero era un septuagenario medio sordo, pero nada ni remotamente parecido a aquella especie de... campamento gitano.

Siguió a Robert como si fuera su sombra, demasiado abrumado para separarse de él. Le pareció descortés seguir dando largas a su jarra de cerveza cuando el escocés le pidió que brindara por sus ancestros, así que terminó dando tragos a un ritmo demasiado veloz para su gusto. El sabor amargo no era santo de su devoción, pero tampoco le parecía un brebaje horrible. Iba con cuidado de no verter el líquido por ahí porque la gente se apretujaba junto a las parrillas y en cualquier momento se podía llevar un codazo. Agradeció poder sentarse. - ¿Se supone que...? - Se calló en cuanto vio que McLean comía con las manos y se propuso imitarle. Había estado a punto de preguntarle si no tenían cubiertos, pero comprendió que aquella fiesta y las costumbres de la gente que la constituía se alejaban mucho de su Inglaterra natal. Se propuso tratar de relajarse y dejarse llevar por una vez por la música y la alegría desbordante que parecía desprender todo el mundo.

No le pasó desapercibido el gesto de la joven, que se alejó sin dejar de mirar a Robert mientras éste permanecía ajeno del todo a lo que acababa de ocurrir. - Creo que a esa muchacha no le importaría recibir tus atenciones a cambio de las patatas... - Dejó caer, mientras se le escapaba una risita un poco tonta que fue el primer signo de que la cerveza no había caído en balde. Ya sabía él que no debía beber con el estómago vacío, se le subía a la cabeza. ¿Y de dónde había salido esa segunda jarra? Por todos los santos, si todavía no se había terminado la primera... Ni en cien años podría seguirle el ritmo al escocés. Cogió una chuleta con cuidado de no mancharse más de lo imprescindible y le dio un bocado algo temeroso. Si su madre le viera llenarse las manos de grasa le diría que podía irse a dormir al establo con el resto de animales. - Tendría que pensarlo. - Si pudiera deshacerse de algo... - Quizá me gustaría dejar de preocuparme en exceso por cosas que no puedo cambiar. - Resumió. Sí, ese era un buen propósito.

Miró las hogueras y luego devolvió la vista a Robert con el horror plasmado en los ojos. - No pretenderás en serio que yo salte sobre el fuego... - Se escandalizó. - Soy muy torpe. Me voy a caer de bruces encima de las llamas, ya verás. Y no querría arruinarte la diversión. - No lo decía por falsa modestia, tenía dos pies izquierdos. Parecía que toda la habilidad se había ido a su cerebro y no había quedado nada para sus músculos. Tampoco es que fuera un genio, pero sí bastante agudo para las finanzas. Mientras comía escuchó el deseo de McLean y de nuevo sintió que su capacidad de empatía le jugaba una mala pasada, se enterneció con las penurias de su acompañante como si fueran propias. Dejó a un lado la chuleta a medio comer y le dedicó una mirada cargada de comprensión. - Seguro que si hay otra vida te esperan allí, y te echan de menos. - No sabía mucho de sus ancestros, pero si su padre le había tenido tanto cariño como decía apostaría algo a que le habían amado mucho.



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Mensaje por Robert McLean el Miér Sep 23, 2020 3:58 pm

Una parte de Robert, realmente impulsada por el alcohol sonrió sin maldad ante el apuro de John al comer con manos y bebió de su… ¿segunda? ¿tercera? Cerveza. Pasó su mirada por la gente que estaba comiendo volviendo a encontrarse con la mirada de la joven que no dudó en tirarle un beso.

El apuro de Robert fue tal que no sabía donde meterse. Rojo como un tomate clavó la mirada en la mesa y negó sin saber como tomarse aquello- No se que hacer con las mujeres- admitió apurado y era hasta cómico.- solo me besé una vez con una pastora en Dunnotar y fue… una pesadilla- admitió gesticulando de más- me perseguía a todos lados diciendo que quería casarse conmigo y tener hijos ¿te lo puedes creer?- añadió bajando la voz.- No podía deshacerme de ella. ¡Se metió desnuda en mi cama! estuve durmiendo un mes en las cuadras para que no me pillara en mi habitación-. Observó como John se reia y acabó por reir también- hey, no te rias, no poder dormir en tu cama por que te vayan a arrancar la ropa sin consentimiento es un problema grave… al menos a mi me lo parecía. Mi padre se estuvo riendo todo aquel mes cuando llegaba a desayunar apestando a caballo ¿te lo puedes creer?-.

Toda aquella comida después y varias jarras de cerveza también, ambos estaban más entonados para disfrutar de la fiesta. Robert llevó a John hacia las ofrendas, escogiendo una para si mismo donde escribió algo y lo ató, esperando a ver si John quería participar en aquello.

Robert le sonrió y se acercó a la hoguera tirando su ofrenda con el papel atado y cerró los ojos, orando porque aquello fuera escuchado. Solo había escrito una palabra “perdón”, era lo único a lo que aspiraba tantos años después, ojalá supiera que ellos no le guardaban ningún rencor. Retrocedió un poco respirando hondo, abrumado por los recuerdos y sus hombros chocaron suavemente con los de John.

Sonrió a su acompañante sincero – gracias por venir conmigo-, murmuró de repente, chocando una segunda vez su hombro con el de John, muy suavemente- gracias por ser mi amigo…- dijo volviendo sus ojos a las llamas y le tomó de la mano para que no escapara- hora de saltar una hoguera-.

Ambos estaban suficientemente borrachos como que a Robert aquello le pareciera la mejor idea de todas. No es que fuera peligroso. No iba a dejar que John se hiriera bajo ningún concepto, pero de todos modos entendió que no debía ser avaricioso y aunque le gustaría saltar una hoguera más grande decidió empezar por algo abarcable para ambos.

Sabía que John había vivido envuelto en algodones, quizá le estaba pidiendo demasiado, o quizá ahora envalentonado por el alcohol estaba dispuesto a emprender aventuras. Robert fantaseó incluso con enseñarle a bailar sobre las espadas como se hacía en Escocia.

Aquello le arrancó una sonrisa y en su mente se imaginó bailando de nuevo rodeado de guerreros en Dunnottar rodeado de sus hombres, no había bailado desde entonces, y no sabía si aquel día sería el primero en varios años que lo haría. Quizá si John vencía sus miedos, él también lo haría.

Le llevó arrastrando casi hasta la más pequeña, de apenas medio metro donde los niños, ayudados de sus padres pasaban por encima unas simples brasas y Robert se colocó a un lado de la hoguera tendiéndole los brazos para que le usara de apoyo- Es una zancada, yo te cogeré, no te vas a quemar- aseguró con una sonrisa.


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Mensaje por John P. Mulholland el Dom Sep 27, 2020 7:22 am

La historia de Robert le dio tanta vergüenza que incluso se tapó la cara con las manos mientras el chico la relataba. Ni siquiera podía imaginarse estar en una situación parecida sin que le subieran los colores, debió de ser horrible. ¿Al establo? John se habría ido a otra ciudad. Afortunadamente para él nunca había llamado mucho la atención del sexo opuesto. Durante su infancia y adolescencia había sido el típico jovencito larguirucho, flaco y soñador con aspecto de no enterarse de lo que sucedía a su alrededor. No diría que tenía una cara horrible, pero tampoco era un hombre guapo. La frente demasiado alargada, las orejas prominentes... Nunca lo había pensado en esos términos, pero se alegraba de no ser un Adonis. Eso le mantenía a salvo de las mujeres.

La cerveza le subió pronto a la cabeza, pero al menos le ayudó a adquirir soltura con su cena. Aprendió pronto cómo comerse aquellas chuletas que parecían de mamut sin usar los cubiertos, y de algún modo consiguió no mancharse la ropa. Era una habilidad perfeccionada a lo largo de los años, ya de niño odiaba estar pringoso y sucio. Nunca entendió qué afición le encontraban los otros chicos a revolcarse por el barro y subir a los árboles. Cuando se levantó para seguir al escocés a su aventura de las hogueras el mundo se tambaleaba peligrosamente a su alrededor. No recordaba haber consentido explícitamente a aquello, pero de pronto estaba delante de unas llamas que se le antojaron abrumadoras y jaleado por un montón de niños. - Dios mío, claro que me voy a quemar... - Murmuró para el cuello de su camisa.

Miró al fuego y luego sus pies, como si no comprendiera el mecanismo mediante el cuál los segundos podían vencer al primero. Robert le tendía los brazos como un hermano mayor desde el otro lado, y los críos que habían estado jugando por allí se acercaron a curiosear. Probablemente nunca habían visto un adulto tan acobardado por una hazaña que a ellos se les antojaba poca cosa. - Vamos, señor, seguro que puede. ¡Yo he saltado cuatro veces! - Una niñita rubia que apenas levantaba un metro del suelo le estaba dando ánimos como si se hubieran cambiado las tornas. John decidió que no podía decepcionar a los infantes, así que se arremangó la camisa y saltó sin pensar mucho. Trastabilló al caer y por poco se le torció el tobillo, pero llegó al otro lado sano y salvo. - ¡Lo conseguí! - Exclamó, en el primer grito que Robert le habría oído probablemente desde que compartían techo. - ¿Me has visto? - Los niños aplaudieron.



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Mensaje por Robert McLean el Dom Sep 27, 2020 10:28 am

Sabía que John iba a saltar impulsado por su deseo de vencerse a si mismo y cuando lo hizo, Robert no dudó en cogerle para que el aterrizaje fuera más liviano, aún así casi cayeron los dos, lo cual no empañó la euforia de John.

- ¡¡Lo has hecho!! ¡¡John el saltador de hogueras!!- dijo eufórico y sonrió ampliamente dándole un suave golpe en el pecho de colegueo y él mismo saltó la hoguera ágilmente hacia el otro lado- ¡Ven! ¡Vamos a bailar!- dijo riendo espoleado por el alcohol y rodeó los hombros de John con un brazo, riendo- Cuando alguien te diga que no puedes hacer algo, restriégales que tu saltaste una hoguera en Litha y ellos no, a ver que dicen, ¿Quién es el valiente ahora?- dijo riendo, emocionado por su éxito.

Llegaron a una hoguera con música donde había menos gente y Robert desenvainó la espada, dejandola en el suelo, puso la funda labrada en perpendicular a la espada, formando un cuadrante de cuatro espacios y sonrió ampliamente- John, domador de la bolsa, saltador de hogueras ¿te atreves a bailar como los McLean?-

Le mostró los pasos lentamente, a pesar de su borrachera era algo que nunca se le olvidaría. El juego era sencillo, la música cada vez iba más rápido así que había que ejecutar los pasos cada vez más rápido. No había mucho que hacer con los brazos, aquello solo consistía en un juego de piernas y no debía pisar ni la funda ni la hoja de la espada.

Un hombre que tocaba el violín al verle bailar comenzó a tocar al son, sabiendo que tipo de baile estaba practicando Robert para John. No era la misma música, pero serviría ya que iba al ritmo de los pasos. - ¿Te gustaría intentarlo?- preguntó a John, momento en el que pisó la funda de su espada y se resbaló cómicamente, dando con su trasero en el suelo.

Robert no podía parar de reir ante su propia caída, se tumbó en el suelo riéndose incapaz de levantarse. Dios estaba muy borracho.


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Mensaje por John P. Mulholland el Mar Oct 06, 2020 2:27 pm

Dudaba mucho que su gran hazaña de saltar una hoguera le diera mucho para presumir, pero en ese momento se sintió invencible. No le gustaba normalmente beber alcohol porque tener la cabeza en las nubes le daba demasiada sensación de descontrol, pero entendía por qué algunos utilizaban la bebida para desinhibirse. Hasta el más tímido como él podía saltar sobre el fuego con ayuda de una jarra de cerveza, así que no era de extrañar que los que generalmente se veían limitados por su falta de don de gentes se sirvieran del licor para derribar sus propias defensas. No obstante la conciencia del inglés seguía ahí en alguna parte, adormecida pero viva, recordándole que cualquier tontería que hiciera la recordaría con vergüenza la mañana siguiente. Y además tendría como regalo un bonito dolor de cabeza, ya lo estaba biendo.

Le hizo mucha gracia su título nobiliario. - Domador de la bolsa. - Repitió mientras se ajustaba bien la cintura de los pantalones para evitar una sorpresa en el momento menos pensado. - Lo voy a grabar en mis tarjetas de visita. - Trató de mirar con atención los pies de Robert, pero fue totalmente incapaz de aprenderse aquel baile endemoniado. Si McLean, que era el experto, había acabado en el suelo poco se podía esperar de él. Sin embargo se atrevió a intentarlo. Al principio le pareció una buena idea, pero pronto se percató de que se estaba inventando completamente todos los movimientos. Terminó resbalando también con tan mala suerte que se llenó de barro la ropa. - ¡Qué desastre! Tengo que limpiar esto... - Miró a su alrededor y divisó la laguna.

La orilla estaba bastante más despejada porque el jolgorio de la fiesta no llegaba hasta allí, aunque quedaba cerca y las hogueras la iluminaban de forma tenue. La música se seguía oyendo y no parecía que ningún peligro acechara detrás de los juncos, así que se le ocurrió una idea estupenda. - Espérame aquí, voy a lavar la ropa. - Y después de soltar aquella frase lapidaria se dirigió resolutivamente hasta el agua. Ni corto ni perezoso se zambulló en ella hasta que le llegó al cuello, y luego se puso a nadar de un lado a otro concentrado en sus brazadas como si se jugara los Olímpicos.



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Mensaje por Robert McLean el Dom Oct 11, 2020 2:07 pm

Seguía tumbado en el suelo riéndose hasta que se dio cuenta de que John no estaba a su lado. Se levantó rápidamente sintiendo que la borrachera se le disipaba rápidamente. Tomó a Dionach del suelo y se la colocó enfundada en la espalda. Su mente aún estaba aletargada a pesar de sus esfuerzos por mantenerse alerta.

Caminó entre las hogueras buscandole, había ignorado durante todo ese tiempo que las cosas, buenas y malas, aprovechaban esas noches de umbrales débiles para hacer valer sus poderes.

No muy lejos de allí, la chica que había estado tratando de ligar con Robert se acercó a John que estaba en el agua del lago. Observó como el hombre nadaba y se metió lentamente en el agua junto a él, deshaciéndose de la ropa en el proceso.

La joven se puso en mitad del camino de las brazadas de John para que forzosamente tuviera que pararse y le sonrió encantadoramente- usted es el que estuvo comiendo en el puesto antes, el que iba con aquel joven tan encantador ¿Qué hace aquí solo?- dijo poniendo sus brazos sobre los hombros de John.

Si algo le quedó claro a John con aquel movimiento, era que ella se encontraba desnuda, absolutamente desnuda y que olía increíblemente bien. Como hombre que apreciaba la belleza femenina, sin duda encontraría los rasgos de su cara armoniosos, sin duda encontraría la palidez de su piel bellísima como la porcelana de un jarrón.

La joven le sonrió suavemente, y con aquel movimiento John pudo atisbar la punta de sus colmillos- ¡Tendré que conformarme contigo y después buscar a tu delicioso amigo- ronroneó  antes de sujetarle con una fuerza absolutamente inusitada, arrastrándole hasta la orilla donde le tiró contra la arena como si no pesara nada.

Se abalanzó sobre él mostrando sus colmillos y una apariencia que no era para nada la que había visto minutos antes, la joven era un vampiro, poseida por aquella sed de sangre no parecía para nada la hermosa chica que había sido segundos antes. Había estado camuflada tras un disfraz inocente para ocultar sus verdaderas intenciones. Nadie sospechaba de alguien hermoso.

Algo impidió que sus colmillos llegaran a rozarle, Dionach, la espada de Robert estaba con su filo grabado de runas interponiéndose entre ellos. La vampiresa retrocedió y Robert se puso, muy serio, entre John y la criatura. Sin quitarle los ojos de encima trató de tocar a John para asegurarse de que estaba bien y solo desvió unos segundos la mirada- regresa al gentío- dijo mirándole a los ojos para asegurarse de que entendía lo que le decía- si no regreso al alba, estaré muerto, márchate sin mi- ordenó.

La vampiresa, aún desnuda, se incorporó y se relamió los labios, pensando en el festín que iba a darse. Robert por su parte tomó a Dionach con ambas manos para tener mejor agarre y preparó su cuerpo para luchar a muerte con aquel ser. Carecía de datos sobre si era longeva o no y no sabía como de fuerte podía llegar a ser. Pero iba a proteger a John.


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Mensaje por John P. Mulholland el Lun Oct 12, 2020 6:05 am

A pesar de estar borracho como una cuba seguía siendo John, así que tampoco se desmadró demasiado. Dio unas vueltas por la laguna como si esuviera en la bañera de su casa y cuando consideró que su ropa ya estaría lo bastante limpia volvió a la zona donde no cubría. Hizo pie, se mesó los cabellos para arreglar el revuelo en la medida de lo posible y miró a su alrededor. La orilla seguía llena de luces y música a cierta distancia, pero no reconoció los árboles que había allí. ¿Se habría alejado de su punto de partida lo suficiente como para no encontrar el camino de vuelta? Con la serenidad que le daba el alcohol consideró que tampoco sería una tragedia, desandaría sus pasos hasta encontrar a Robert. O más bien hasta que Robert le encontrara a él.

No había salido todavía del agua cuando se percató de que una joven se le acercaba. No tardó en reconocerla como la muchacha de la bandeja de patatas, la que había tratado de atraer la atención del escocés sin conseguirlo. No reconoció en primera instancia lo que hacía porque estaban en penumbra y su percepción se veía algo nublada a causa de la cerveza, pero tan pronto como le puso las manos en los hombros observó que iba tal y como su madre la trajo al mundo. - ¡Se-señorita! - Exclamó, ruborizándose de golpe y tratando de quitarse la chaqueta para cubrirla. Después de unos cuantos tirones a su propia camisa le resultó evidente que se había dejado la chaqueta en algún otro sitio, así que trató de mirar para otro lado mientras se quitaba a la chica de encima. - Pues he... he venido a... la ropa... - Aquella muchacha tenía algo que le inquietaba profundamente.

Más allá del hecho obvio de que le estaba viendo todos los encantos su aspecto había mutado en cierto modo. Seguía siendo la misma joven rubia de antes, pero mientras el inglés la miraba iba tomando más rasgos de las pinturas renacentistas, como si alguien estuviera puliendo todos los detalles de su rostro y transformándolos en una obra de arte. Su cabello caía con el peso de los hilos de seda y le enmarcaba la cara, que se tornaba en una escultura nívea sin defectos. Y sus ojos... sus ojos eran dos pozos hipnóticos a los que Mulholland se vio abocado sin remedio. Solo cuando ella mostró los colmillos, demasiado afilados para tratarse de una humana normal, su alarma interior se puso en marcha y le disparó los reflejos de huida. Pero ya era tarde. Ella lo arrastraba hacia tierra firme con una fuerza insospechada y en menos que canta un gallo lo tenía acorralado contra el suelo.

Lo siguiente que notó fue que alguien había acudido en su ayuda, y menos mal porque se había quedado paralizado como un simple insecto segundos antes de que la bota de un hombre lo aplaste. - ¡Robert! - Exclamó. En toda su vida se había alegrado tanto de ver a alguien. Se incorporó aprovechando el margen que el escocés le había dado y miró alternativamente a su amigo y a la mujer, que ahora siseaba con furia. El cerebro racional de John no podía comprender lo que veía, y eso mezclado con los efectos de la bebida lo convertían todo en una pesadilla inexplicable para él. - Pero... ¿muerto? - Repitió. Sacudió la cabeza y pequeñas gotas de agua lo rociaron todo a su alrededor. Salió corriendo, pero no pensaba abandonar a McLean tan fácilmente. Salvó a trompicones los metros que le separaban de la hoguera más cercana, cogió uno de los troncos que allí ardían y regresó a donde se disputaba la batalla dispuesto a ayudar. No tenía ni idea de combate cuerpo a cuerpo, pero agitó el leño prendido frente a la chica como si fuera un lobo al que pretendiera ahuyentar. - ¡Largo de aquí!



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Mensaje por Robert McLean el Lun Oct 12, 2020 7:00 am

Al ver como su amigo salía corriendo sabía que tenía el camino libre para enfrentarse a aquella criatura pero antes quería darle la oportunidad de marcharse sin más problemas. Bajó unos segundos la espada y fijó la mirada al frente pero sin mirarla, evitando caer en su encandilamiento. – Vete por donde has venido, deja a esta gente en paz- dijo serio.

La joven sonrió y apoyó su peso en una cadera esperando que Robert fijara sus ojos en su cuerpo desnudo- Se me ha antojado la sangre de ese chico tan apuesto y la tuya, me temo que no es negociable, ¿qué vas a hacer tu?- dijo riéndose estridentemente.

El cazador no necesitaba más. Alzó la espada al ver como ella se movía, al principio como una humana, luego con una velocidad que solo una criatura no humana podía igualar. Pero Robert no era un cualquiera, su clan le había mostrado como luchar contra aquellas criaturas. Paró varios golpes y comenzó a adivinar un patrón, no podía mantener aquella velocidad durante mucho tiempo seguramente por la falta de sangre.

Cuando Robert pudo entender que la velocidad aminoraba esta vez le estaba esperando y no para defenderse. Dionach cayó sobre ella con todo su peso. La vampiresa le miró con horror en la cara cuando entendio que Robert no solo tenía una espada bonita, si no que sabía usarla. Aprovechando aquel momento de estupor donde a penas la rozó pero sentó unas bases, Robert volvió a alzarla en un tajo ascendente y esta vez si que la alcanzó.

La sangre les salpicó a ambos y la vampiresa emitió un horrible chillido mientras retrocedía y contraatacaba. Cuando John volvió a la escena pudo ver que a pesar de que Robert tenía una espada, aquel ser le contraatacaba sin problemas, parando sus estocadas con unas uñas imposiblemente largas y los colmillos desnudos, listos para morder.

El fuego entró en el campo de visión de Robert y miró a John con estupor, no solo no había huido despavorido si no que… había vuelto a plantar cara a aquel ser- ¡Detrás de mi!- gritó.

La vampiresa aprovechó para dar un golpe a Robert y tirarle hacia atrás. El escocés acabó con la cara contra la tierra y resopló mientras se ponía de pie, apoyándose en la espada. La vampiresa debía sentir mucha sed de sangre ya que se volvió hacia John que representaba un blanco más fácil.

Con la fuerza que solo la adrenalina te daba Robert recogió la espada y echó a correr, placando sin dudar a la vampiresa y ambos rodaron por el suelo. Dionach estaba cerca de John y Robert se encontró a puños desnudos contra aquella criatura. Trató de usar su peso para mantenerla bajo su cuerpo pero fue inútil.

De una patada le mandó hacia atrás y mordió el cuello de Robert de manera salvaje. No era la primera vez que le mordían y no estaba preocupado por convertirse en un vampiro, pero si le debilitaba lo suficiente no podrían hacer mucho. Las heridas de la vampiresa se curaban a ojos vista de John.

Robert trató de apartarla mientras buscaba la espada desesperado- ¡John! ¡La espada!- logró gritar ahogadamente.


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Mensaje por John P. Mulholland el Lun Oct 12, 2020 11:08 am

John no entendía nada lo que estaba sucediendo. No era solo por el alcohol, cuyos efectos parecían disiparse a pasos agigantados ante la amenaza de un peligro tangible, sino porque su cerebro no podía catalogar lo que estaba viendo. Sus ojos estaban abiertos y enviaban señales inequívocas, pero el pensamiento racional de un hombre que no sabía nada sobre la existencia de las criaturas sobrenaturales rechazaba de pleno el procesamiento de esas imágenes. Era como si le hubieran puesto delante una escena de la obra de teatro más extravagante del mundo y le estuvieran pidiendo que creyera que era real. Aquella mujer, si es que se la podía llamar así, se movía de un modo inexplicable. Lo primero que pensó el inglés es que estaba enferma, poseída, afectada por alguna enfermedad infecciosa o mental que imponía a su cuerpo aquellos movimientos sobrehumanos, como una especie de convulsiones. Pero ella los miraba y se reía, se relamía y reclamaba su sangre. ¿Una bruja? Durante siglos habían vagado de boca en boca historias sobre hechiceras con poderes mágicos capaces de cualquier proeza. Muchachas que volaban en escobas, que hablaban con sus gatos y que invocaban al Maligno.

Saltó instintivamente hacia un lado cuando Robert atacó con la espada. ¿Cómo podía coordinar sus movimientos de esa forma? Había bebido incluso más que él, y se le veía tan delgado... Desde luego no podía negar que estaba bien entrenado, seguramente le habría enseñado su padre. Le había contado que era un Laird de las tierras del Norte. Comparado con él, John era un torpe de mucho cuidado capaz de tropezar con su propia sombra. Se le enredaron los pies en las raíces del árbol más cercano y a punto estuvo de caer sobre el madero que sujetaba, pero consiguió enderezarse en el último momento y azuzar de nuevo con la llama de su antorcha a la criatura que ahora se volvía hacia él.

Por fortuna el escocés fue más rápido, y una vez más evitó que John se convirtiera en la cena de la chica. Ambos cayeron al suelo en un revuelo de puños y dientes, y por el alarido que soltó McLean poco después el inglés supuso que ella había logrado su objetivo. - ¡No! - Exclamó. Miró a su alrededor con desesperación. Estaba empapado después de nadar en la laguna, tenía frío, miedo y la cerveza le embotaba la cabeza. Aun así fue capaz de alargar la mano libre para empuñar la espada de su amigo y ponérsela al alcance. Blandió una vez más el tronco trazando un arco con intención de golpear a la joven en la cabeza, con cuidado de no acertarle a Robert por error.



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Mensaje por Robert McLean el Lun Oct 12, 2020 11:40 am

Al ver que John reacionaba y le acercaba la espada Robert sacó fuerzas para pegar en el estomago a la mujer al tiempo que el leño de John acertaba en su objetivo. Una lluvia de pequeñas ascuas cayó sobre Robert pero lo importante es que la vampiresa retiró sus colmillos de su cuerpo.

Retrocedió en un siseo, mirando a John al tiempo que sus heridas se regeneraban por la sangre fresca ingerida y antes de que pudiera hacer nada Robert atravesó su corazón con Dionach. La joven se retorció y se puso gris como la ceniza. Después poco a poco, fue deshaciéndose como polvo, como si nunca hubiera estado ahí.

Robert al verse a salvo se dejó caer en la orilla unos segundos para recuperar el aliento, lleno de heridas y magulladuras pero la más importante estaba en su cuello, tenía la zona destrozada, como si una bestia salvaje le hubiera pegado varias dentelladas. Se incorporó, algo mareado pero consciente y presionó su herida con la mano, no se desangraría aquella noche, pero aquello iba a dejar marca.

Hizo un gesto para que John se acercara a él y le tomó la cara con una mano, acariciando dulcemente su mejilla- podria haberte matado- susurró ronco por los daños en su cuello y garganta- has sido un insensato….- sonrió suavemente para él, las situaciones así eran normales. Un día más en una cacería más. Nunca había visto a nadie echarle las narices que le había echado John, era algo realmente digno de admirar- gracias a eso estoy con vida…- dijo riendo con suavidad.

Se incorporó con trabajo y fue hasta la ropa que la joven se había quitado antes de entrar en el agua, cortando su falda y se colocó la tela en forma de paño doblado y con otras tiras largas envolvió su cuello aplicando presión sobre la herida. Iba a necesitar un medico, pero lo primero era John. Se acercó de nuevo al joven, capaz de examinarle con ambas manos, revisó su cuello, sus manos, su cabeza- ¿Te duele algo? ¿estas herido?- dijo haciendole mirarle.

Podía ver el horror en la mirada de John y durante unos segundos no sabía como iba a reaccionar su amigo. Sintió que la culpa le abrumaba, no debería haberle llevado allí, no debería haberle perdido de la vista,  John estaba seguro antes de conocerle y desde que había entrado en su vida solo le había molestado. Ahora John sabía lo que podía hacer, que no eran bandidos o animales con los que a veces peleaba. Que compartía techo con un asesino.

No fue capaz de hablar, sentía un nudo en la garganta que nada tenía que ver con la herida. No sabía que decir, no sabía que iba a pasar.


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Mensaje por John P. Mulholland el Lun Oct 12, 2020 2:19 pm

Podía ver cómo las heridas de la mujer se cerraban ante sus ojos. Sacudió la cabeza incrédulo sin atreverse a cerrar los párpados ni aunque fueran dos segundos, tenía miedo de lo que ella podría hacer aprovechando aquella breve ventaja. Se movía a una velocidad mucho mayor que la de los gatos callejeros, y eso era algo que desde luego los humanos normales no solían hacer. Abrió la boca como si fuese a gritar cuando Robert encontró el margen suficiente como para lanzar la última estocada, pero la voz se le congeló antes de llegar a los labios. Se estremeció entero cuando la hoja de Dionach se hundió en el pecho de la chica y luego ésta desapareció. Lo único que pudo hacer él, como un autómata, fue señalar con un dedo tembloroso la planicie de hierba sobre la que un instante antes había estado acostada.

Tartamudeó algo inteligible y se quedó parado sin ser consciente del paso del tiempo hasta que el toque del escocés le devolvió de nuevo al mundo de los vivos. Le miró como si le atravesara y se quedó allí quieto escuchando sus palabras sin oírlas realmente. Se escurrió lentamente hasta el suelo en cuanto McLean se acercó al agua para limpiarse la herida, y en cuanto el otro volvió lo encontró ahí sentado. Estaba temblando ligeramente a causa del frío que le provocaba su ropa mojada, pero parecía no darse cuenta. Con una mano se echó el pelo hacia atrás y dejó un rato los dedos sobre su cabeza, todavía en estado de shock. Finalmente se recompuso lo suficiente para formular la primera frase con sentido. - ¿Qué era eso? - No podía referirse a esa criatura como ella porque en su mente no la reconocía como mujer. Ese ser tenía poco que ver con el resto de muchachas normales que se divertían en la fiesta, ajenas a lo que allí acababa de ocurrir. John oía sus voces, sus risas, y le parecía que todo eso pertenecía a un universo diferente.

Robert se había llevado las ropas de la rubia, así que ahora Mulholland ni siquiera podía asegurar que todo aquello hubiese sucedido de verdad. Cerró los ojos y aspiró hondo por la nariz, dilatando sus aletas antes de espirar por la boca con cansancio. Dios, estaba muy ebrio, parecía que toda la cerveza le había vuelto a nublar el cerebro de golpe. - Está muerta. - Dijo, más para convencerse a sí mismo que para informar al otro. Clavó las pupilas en la cara de McLean por primera vez desde el altercado, y en su cara se veía más confusión que espanto. Simplemente no era capaz de registrar nada de lo sucedido como un hecho real, y se notaba que sus neuronas estaban trabajando a toda máquina tratar de dar sentido a aquel galimatías. Reparó de pronto en la sangre en el cuello del escocés y alargó un dedo para tocar su improvisado vendaje. - ¿Estás bien? Te ha mordido.



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Mensaje por Robert McLean el Mar Oct 13, 2020 1:31 pm

Joder, John estaba tiritando, no sabía si de miedo o de frío… o ambos. Visto que su amigo no se movería si no hacía algo, le alzó y le hizo caminar hasta las hogueras.

En la fiesta todo seguía como si nada, ellos pasaban por un par de borrachos más. Sentó a John cerca del calor del fuego y le hizo mirarle, desdeñando su propia herida-  no importa, estoy bien, ¿estas herido? ¿llegó a morderte o a hacerte daño?- volvió a preguntar, eso era lo importante, todo lo demás podía esperar.

Robert tenía mala cara, estaba bastante pálido y a pesar de sus esfuerzos tenía el vendaje teñido de rojo. No se atrevía a cambiarse el vendaje allí por si llamaba la atención, así que simplemente añadió otra tira de la tela que había cortado al vendaje existente y volvió a apretar. No se estaba desangrando y pararía pronto. Una de las particularidades de un vampiro es que su mordedura cicatrizaba rápido, pero claro, aquella joven no le había mordido como un vampiro  normal lo  haría. Había sido una mordedura bestial, había desgarrado parte de su carne.

Durante un momento entornó ligeramente los ojos y parecía que iba a desmayarse pero se espabiló rápidamente-  ¿te sientes mejor? Tengo que comer algo y descansar- informó-  es la manera más segura de que estemos bien esta noche, no se si hay más de los suyos por aquí pero entre el gentío estamos seguros y dejarán de ser un problema al alba- sonrió suavemente para calmarle.

Se incorporó con trabajo y se mareó, a punto de volver a caer, pero se logró sostener, tendiendo la mano a John para levantarse. Se sentía terriblemente culpable. Él sabía lo que podía pasar en noches así, pero… nunca habría esperado que eso sucediera ¿Cuántas posibilidades había? Se sentía tan avergonzado que no podía ni mirarle.

Caminó apoyado un poco hasta un puesto de los muchos que había de carne, pero esquivaron el puesto de la joven, aunque nadie parecía echarla de menos. No sabía como abordar el tema con John pero decidió ser directo-  Mi familia ha protegido las tierras altas de Escocia de criaturas como esa durante muchos años- dijo suavemente-  Vampiros, licántropos, cambiaformas y hechiceros oscuros. Todos reales, John. Algunos de ellos desean vivir en paz, otros… no- dijo sencillamente-  estoy entrenado para proteger a los humanos de cosas que no pueden ni imaginar. Hay sitios en Paris donde puedes conseguir información, cazar esas presas, ese es mi cometido. Nadie lo sabe y no es necesario, necesito que guardes el secreto- pidió.

Robert nació en un clan donde eso era una verdad, no necesitaban ocultárselo, había conocido a gente muy buena que formaban parte de esas razas mencionadas, y su padre le había hecho entender que la maldad se encontraba en cada individuo y no en la raza, pero… el ser humano no estaba preparado para admitir que había semejantes seres sueltos por el mundo.

Les pusieron de nuevo un plato de carne grasienta lleno hasta los topes y Robert no dudó en comenzar a comer, cuanto antes se repusiera de la perdida de sangre, mejor.


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Mensaje por John P. Mulholland el Sáb Oct 17, 2020 12:05 pm

Conforme Robert le contaba todo aquello John iba sintiendo cómo en su cabeza se creaba una extraña sensación de irrealidad. Sabía que no tenía explicación para lo que acababa de suceder, pero aun así su mente se esforzaba en encontrarla. Las palabras del escocés parecían un cuento para niños, y en otras circunstancias se habría reído y le habría pedido que dejara de tomarle el pelo. Sin embargo, hacía escasos minutos, una muchacha había intentado morderles a ambos y había acabado convertida en cenizas después de que la espada de McLean le atravesara el corazón. A pesar de estar sentado junto al fuego no conseguía sacarse el frío de dentro. Paseó la vista a su alrededor como si esperase que en cualquier momento fuesen a ser víctimas de otra criatura sorprendente, pero todo el mundo parecía ajeno a lo que acababa de suceder.

Se preguntó cómo podía su amigo comer en esas circunstancias, pero se dio cuenta de que si su discurso era cierto debía de estar acostumbrado a aquella clase de contratiempos. Se fijó en su vendaje y se percató una vez más de las diferencias que había entre ellos: él era incapaz de cortarse el dedo con una hoja de papel sin marearse y el otro caminaba por ahí con un mordisco sangrante en el cuello como si nada. Se frotó los ojos con una mano, arrepentido a más no poder de haber bebido tanta cerveza. Solo había una cosa que le daba vueltas y vueltas en el cerebro con una cadencia obsesiva. - ¿Todo esto es real? - Quizá estaba soñando, aunque en ese caso Robert no se lo iba a decir porque formaría parte de su fantasía.

Había otra opción. Una que le daba mucho más miedo... ¿Y si estaba perdiendo la razón? Sí, era tentador creerse la historia del escocés y asumir que el mundo estaba plagado de criaturas mágicas y malignas con poderes sobrehumanos, pero en el fondo sentía que no podía ser cierto. Era como si Robert le acabara de decir que si se concentraba podría saltar de una azotea y echar a volar. Por más serio que se lo dijera, a John no se le ocurriría tirarse del tejado para intentarlo. A sus veinticuatro años ya era un hombre adulto, demasiado mayor para creer en esas tonterías. Todas sus neuronas se cerraban en banda a aceptar aquel cúmulo de sinsentidos. Pero entonces... ¿qué era aquella joven rubia que había estado a punto de beberse su sangre? - Me voy a volver loco. - Gimió, llevándose las manos a la cabeza y apretándose las sienes como si así pudiera detener el flujo de sus pensamientos. - Creo que deberíamos ir a casa. Llamaré al médico, te examinarán, y mañana... estará todo más claro. - ¿Qué era lo que estaría más claro, por amor de Dios? Nada. O cedía a aquella locura y empezaba a admitir que esa leyenda absurda pudiera ser cierta o tendría que rendirse a la evidencia: estaba majara.



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Mensaje por Robert McLean el Sáb Oct 17, 2020 1:21 pm

Sintió un nudo en la garganta al ver a John en aquel estado. En cuanto racionalizara lo que había pasado le echaría de su casa y no querría saber más de él. En parte Robert se sentía aliviado, si él no estaba cerca John podría volver a su vida normal, sin tener que estar en peligro por la actividad de Robert.

No pudo más que asentir y comió lo que pudo antes de levantarse e ir a por un carruaje, lo pagó de su bolsillo, no le importaba y estuvo todo el camino con sus sentidos agudizados. Nada les molestó y el traqueteo del carruaje resultaba hasta… tranquilizador.

Cuando se alejaron de la fiesta y del ruido no hubo más palabras entre ellos. Robert estaba al borde del colapso pero solo cuando estuvieron entre las calles parisinas se permitió bajar la guardia y se acomodó en el asiento, cerrando los ojos. El mordisco le dolía y la perdida de sangre, a pesar de la comida, estaba haciendo que cada vez le costara más moverse una vez el chute de adrenalina se había acabado.

Bajaron en la puerta de la casa de John, Robert calculaba que serian casi las cinco de la mañana y fue con John, unos pasos tras de él para darle su espacio. No sabía que decirle, no había nada que decir. Caminó por los pasillos de la casa en silencio mientras a su alrededor todo se hacía irreal. Conocía la sensación. Su cerebro dejaba de procesar el sonido solo unos segundos antes de que… perdiera el conocimiento.

Logró alcanzar su habitación y durante un momento pareció que iba a controlar su cuerpo y mente, ya que logró quitarse la espada de la espalda y dejarla apoyada en una silla pero solo fue una ilusión. Robert se desplomó de lado en el umbral de su habitación, no se moriría si recibía atención medica, pero estaba bastante debilitado, lo suficiente como para pasar un par de días inconsciente.

Su pelo revuelto manchado de sangre ocultaba su cara y el kilt también estaba sucio por la sangre propia y ajena, respiraba y se podía ver claramente en como subían y bajaban sus hombros.

Robert soñó. Había una pira y estaban quemando a un guerrero, Bruce, el mejor amigo de su padre. Tenía 13 años, había sido una de sus primeras salidas a campo abierto. Un licántropo les había acorralado a Bruce y a él, Robert estaba demasiado asustado para hacerle frente y retrocedió hasta que una rama le hizo tropezar.

El licántropo se abalanzó sobre él y lo siguiente que Robert recordaba era el gesto de profundo amor de Bruce “mi Laird”, dijo antes de que el licántropo le arrancara un brazo y con la siguiente dentellada, ya no hubo más palabras.

Había sido su culpa y lo sabía mientras el cuerpo, lo que quedaba del cuerpo, era consumido por las llamas. Se quedó ahí hasta el amanecer, sentado frente a la pira. Cuando se acercó no era el cuerpo de Bruce, era el cuerpo de un joven inglés en perfecto estado. El joven Robert del sueño reconoció a John y… se despertó gritando.


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Mensaje por John P. Mulholland el Dom Oct 18, 2020 3:35 am

No fue muy consciente de cómo llegó a su casa, pero se recompuso como pudo para entrar sabiendo que el ama de llaves estaría esperando. Quizá se las arregló para sonreír y formular un par de frases vagas, pero hasta que se metió en su habitación y se dejó caer sobre la cama no fue recuperando un estado de alerta más o menos normal. Había estado un rato dando vueltas sin parar a lo sucedido, pero luego su cerebro había llegado al máximo de su capacidad y se había saturado por completo. El viaje de vuelta lo había hecho como un autómata, enterándose solo a ratos de que Robert le subía en un carruaje y le hacía bajar en su propia puerta. Ahora que estaba algo más calmado podía rememorar todo lo que había ocurrido intentando de nuevo encontrarle un sentido.

Se estaba bañando en la laguna cuando de pronto una muchacha había venido hacia él. Hasta ahí estaba seguro. La chica se había quitado la ropa, lo cual ya no era muy normal, pero teniendo en cuenta el ambiente... probablemente era otra víctima del alcohol, como él, que estaba teniendo una noche de locura. Luego habían empezado los fenómenos extraños, como su aspecto. Al principio no tenía nada fuera de lugar, su rostro seguía siendo el de una humana, pero le había resultado de pronto muy atractiva. John no necesitaba a sus veinticuatro años que nadie le viniera a volver la cabeza del revés, sabía perfectamente que - para su desgracia - las mujeres no le suscitaban el menor interés. Y sin embargo, aquella chica... Y luego los colmillos... Ahí era donde todo se complicaba, y seguía sin tener la menor pista de cómo desenredar el embrollo.

Suspiró y se puso en pie, percatándose de que había dejado una mancha de agua sobre la colcha. Maldijo por lo bajo y se quitó la ropa. Era tarde para darse un baño, o demasiado pronto según se mirase, así que se puso un camisón de dormir y un batín encima. Seguía mareado pero el efecto de la cerveza empezaba a disiparse, y aunque pudiera parecer lo contrario eso no ayudaba. Antes se escudaba en que podía ser todo una alucinación ebria, pero ahora que intentaba analizar los hechos con la mente despejada se encontraba con que no estaba más cerca de resolver el misterio que al principio. Se estremeció al recordar la escena, aquella joven convertida en un monstruo e intentando moderles, y de hecho había estado cerca de dar un triste final al pobre Robert.

Al acordarse del escocés John se puso de pie de un salto. ¡Su herida! Salió a paso raudo hasta el ala del servicio y llamó con los nudillos a la puerta. Ambrose apareció pronto con los ojos todavía hinchados de dormir, pero su señor no le dio mucho tiempo para espabilarse. En menos de quince minutos el chico de los recados había salido con una carta urgente para el doctor Marceau, que vivía a veinte minutos a caballo de allí. Mientras esperaba puso un cazo al fuego, y cuando tuvo agua caliente preparó té y se acercó a la habitación de McLean. No sabía si dejar la bandeja fuera, pero en ese momento oyó un grito y entró sin llamar. Su educación inglesa le instó de todos modos a carraspear con discreción para hacerse notar. - ¿Robert? ¿Estás bien? Te he preparado una taza de té. El médico viene de camino.



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Mensaje por Robert McLean el Dom Oct 18, 2020 5:19 am

Se encontraba débil pero el sueño le había hecho volver a la realidad, estampándose de plano contra el duro suelo. Bueno, no exactamente, ya que estaba en el suelo. Su mente no procesaba lo que John le estaba diciendo, ni siquiera sabía que estaba ahí. Poco a poco, como si tuviera que centrarse en cada movimiento, rodó para apoyar sus manos en el suelo, tras resollar se incorporó usando los brazos hasta quedar sentado.

Su cuerpo le respondía a medias y amenazaba con volver al mundo de la inconsciencia si se le exigía demasiado. Con lentitud se apoyó contra un mueble para usarlo de punto de apoyo para levantarse y estuvo a punto de caerse. Con un gruñido se mantuvo estable y se acabó por poner de pie.

Fue entonces alzó la voz para que John le escuchara, pero lo que salió fue algo más alto que un murmullo – Creo que…. Me voy a volver a desmayar- sentia la boca pastosa. Caminó sujetándose a los muebles hasta donde tenía sus cosas y cogió su petate para curarse. Se quitó la camisa y las botas, quedandose solo con el kilt y fue hasta donde estaba la jofaina tratando de echar un poco de agua, pero derramó más fuera que la que puso dentro.- no pases… hay mucha sangre- trató de advertirle- no quiero que…. te... manches- sus ojos se cerraron y se apoyó contra el mueble mientras su consciencia iba y venía.- Ya... te he dado suficientes problemas...-.

Con disciplina trató de seguir con lo que tenia que hacer: limpiar la herida, suturarla y su no podía, vendarla y descansar. Se quitó los vendajes improvisados y aunque no sangraba a chorro, la herida seguía sangrando. Mojó un paño en agua y se lo pasó por la herida para limpiarla. Contuvo las ganas de gritar de dolor y apretó un puño. Suturarlas en su estado era algo imposible así que trató de vendarlas lo mejor posible y fue hasta la cama arrastrando las piernas. Trató de extender una de sus mantas, ajada pero limpia, sobre la cama. No quería mancharla. Logró extenderla a medias antes de que su cuerpo dijera “hasta aquí”.

Cayó a plomo, de boca contra la cama. Y esta vez no se despertó.


Noche y fuego (priv John P. Mulholland) Sin-t-tulo-1
Robert McLean
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Mensaje por John P. Mulholland el Dom Oct 18, 2020 7:35 am

Al principio, con la habitación a oscuras, John no sabía dónde estaba Robert. Daba por hecho que lo encontraría en la cama, así que se dio un buen susto cuando lo vio levantarse del suelo. El otro parecía muy débil y tenía un aspecto horrible, así que dejó la bandeja con el té sobre la mesita y se encaminó a la ventana para descorrer las cortinas. En cuanto las primeras luces del alba entraron tímidamente en el cuarto la escena se le antojó todavía peor, con sangre por todas partes. El escocés se afanaba en limpiarse la herida en la jofaina, y la visión de la piel desgarrada y la sangre que todavía manaba estuvo a punto de hacer que el inglés también se desmayase. - Holy Christ. - Solo recurría a su lengua natal cuando las emociones le desbordaban, como en aquel caso. Quiso ayudar a su amigo a volver a acostarse pero se desplomó antes de que pudiera acomodarle las sábanas.

Se asomó a la puerta y dio una voz, pronto oyó pasos apresurados por el pasillo. Seguramente los criados estarían pensando que les gustaba más su amo cuando se dedicaba a sus libros, su vida enclaustrada y les dejaba a todos tranquilos. ¿Qué podría reprocharles si se lo echaran en casa? Él también estaba disgustado con cómo se había dado la noche. No acostumbraba a salir, y para un día que había decidido comportarse como alguien acorde a su edad y distraerse un rato con un colega acababa a un paso de estrenar parcela en el camposanto. Volvió a la orilla del lecho, subió las piernas de McLean sobre el colchón e intentó sin éxito que se despertara. Al menos seguía respirando, aunque débilmente.

El bueno de Ambrose se puso manos a la obra tan pronto como llegó. Mandó llamar al mozo de la caballeriza, que al parecer tenía mano ayudando a parir a las yeguas y no se alarmaba ante la visión de unos cuantos trapos manchados de rojo. En la cocina se pusieron a hervir agua, la chimenea del cuarto se prendió pronto y en breves había compresas empapadas de vinagre en la frente del convaleciente. John, sintiéndose poco más que un inútil, no pudo hacer mucho más que recibir al médico cuando finalmente se presentó en la casa con su maletín acostumbrado. - Doctor Marceau, menos mal, venga pronto... Hay un caballero herido, el señor McLean. Le atacó un animal y le mordió en el cuello. - El galeno pidió más detalles, pero Mulholland se excusó diciendo que no estaban juntos cuando ocurrió y que esa era toda la información de la que disponía. ¿Qué podía decirle, que le había mordido una muchacha con colmillos que luego se había convertido en ceniza?

Robert le había hablado de vampiros, licántropos y no sé cuántas fantasías más. Quizá fuesen ciertas o quizá no, pero en ese momento no disponía de ninguna otra explicación plausible. No era muy religioso, pero como casi todos en aquella época creía en la existencia del Más Allá y anhelaba depositar su fe en la idea de un Dios benévolo que velaba por todos. Rezó lo mejor que supo mientras el médico le suturaba la herida al enfermo y le ponía unas cataplasmas cicatrizantes.



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