Victorian Vampires
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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Tiphanie Jouvet el Lun Nov 09, 2020 4:56 pm

Recostada aún sobre el tálamo se volvió para cubrir su desnudez con la sabana. Su cliente en turno arrojó con desgano el dinero sobre la pequeña mesa de noche que se hallaba a su lado para después tomar sus pertenencias y abandonar la habitación azotando la puerta de golpe. La pelirroja permaneció en silencio un par de minutos tratando de soportar esa angustia. No obstante la lucha se volvía insoportable cada vez más. Llevó su diestra a su mejilla, la cual aún ardía debido al golpe propinado por aquel sujeto. Estaba habituada ya a ese tipo de tratos. Sujetos descarados y explosivos que mantenían la cordura por unos minutos para después descargar su ira en contra de las jóvenes que ahí trabajaban. Como si el mero hecho de ser tildados con el nombre de prostitutos les diera al resto de los residentes el derecho de tratarlos como escoria de la capital. Como personas despreciables que debieran ser ocultos de la belleza edificada por otras clases más privilegiadas.


Lo cierto era que no todos poseían el mismo carácter y el mismo temple para soportar dichas eventualidades, algunos por obligación, por reparación de daños o por el mero gusto de regalar su cuerpo a extraños se hallaban aun atrapados en esa misma realidad. Tiphanie poseía una ambición ferviente que le empujaba a continuar sobre ese sendero. Conseguir la información necesaria para llegar al trasfondo de aquella organización que se dedicaba a vulnerar a menores de edad. La joven falsamente gala nunca se había interesado en la artificialidad de lo material, sus sueños eran más tangibles y menos ostentosos. Suspiró apenas recobrando las fuerzas para vestirse nuevamente. Dentro de una pequeña caja aún conservaba un par de cartas escritas y otros documentos que incriminaban a reconocidos políticos y figuras de renombre en Paris, aunque había hecho un excelso trabajo hasta ese entonces, su lucha se vería consumada cuando aquellos hombres fueran enjuiciados, era verdad, no podía sola con aquella afrenta pero, sentía que de alguna cambiaba al mundo.


Se dirigió a la barra del lugar y pidió un trago. No acostumbraba beber, sin embargo haría uso de cualquier herramienta para mantenerse con vida en esa jungla sombría de perdición. El líquido amargo avanzó por su garganta ahogando apenas los deseos de rendirse. Suspiró nostálgica al contemplar el cuadro que le rodeaba. ¿Valdría la pena realmente mantenerse ahí? En el mismo sitio donde había conocido a incontables espías, asesinos, escoria francesa y de otros lugares que se reunían para saciar sus más bajas pasiones. No obtendría una respuesta pronta. Era aún temprano para regresar a su mansión donde falsamente era una Jouvet, nieta del reconocido político y bancario Honoré Eugene Jouvet. Esa era la careta que había elegido para poder moverse entre las altas esferas y  hasta que le fuera posible, mantendría esa imagen. Giró su cuerpo un poco al escuchar que la puerta se abría y al colocar su vaso nuevamente sobre la barra, sonrió con agrado por primera vez al topar su mirada lánguida con la de un rostro conocido.


Última edición por Tiphanie Jouvet el Sáb Ene 09, 2021 3:06 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Giona Loren el Dom Ene 03, 2021 5:06 pm

Me encantaba el Póker. Eso de mentir descabelladamente delante de alguien se me daba de vicio. Lo decía mi viejo cada vez que me escaqueaba del restaurante familiar. La suerte también era importante, y de eso, yo tenía un rato. Los tipos con los que jugaba eran de lo más pintorescos. Uno llevaba un bigote naranja con las puntas rizadas hacia arriba y las cejas en el pelo. Parecía un contable. La barriga le asomaba por encima de la mesa. Bebía Whisky escoces y fumaba un puro que olía a mierda seca. De vez en cuando tosía y murmuraba algo, vete a saber qué, no se le entendía ni torta –otra– eso lo entendí, pidió carta. El otro tipo, por el contrario, era muy menudo, llegaba a la mesa de puto milagro, parecía un duendecillo, pero me extrañó que tuviese una olla de oro bajo la mesa. Tenía cara de no llevar ni una triste pareja y no paraba de beber –Otra– pidió carta. Yo también robé. Sobre el tapete había dos entradas para la ópera y un puñado de billetes y monedas. ¡Sí! ¡La Opera! ¡Qué maravilla! Las luces, la música, la teatralidad. Y si era italiana mucho mejor, escuchar mi lengua materna, las expresiones, los gestos… todo me recordaba a Calabria. Dicen que tener nostalgia de tu tierra es normal, pero últimamente la echo más de menos. Esta mañana me preguntó una vecina por mis escarceos amorosos y le dije que salía con una tal Calabria, preciosa, de grandes ojos, hasta ese nivel. Supongo que es cuestión de espíritu.

Aquel día mi principal objetivo no era ganar una partida de póker, aunque nunca estaba de más –Paso– el menudo tiró las cartas contra la mesa y pidió otra copa –Full de reyes– dijo el gordo. El granuja se relamía y le vibraba la tripa en cada aspaviento –Escalera de color– y después de aquello se le descompuso el rostro –¿CÓMO?– volví a repetirlo, alto y claro, vete a saber si también era sordo –¿CÓMO?– no lo diré dos veces. No me jodas. –¡usted es un…!– a ver con qué sale –Es un…– arranque, o lo que sea, dígalo ya, me han llamado de todo menos bonito, pensé acabando mi Bourbon sin quitarle la vista –¡Es un tramposo!– tantas expectativas para… ¡eso!. Estos parisinos no saben insultar –Oiga, no tengo la culpa de que lleve unas cartas de mierda– murmuré con el cigarrillo en la boca y extendí los brazos para acercar el botín hacia mi –Mañana será otro día– intenté animarle, ¡faltaría más! para que luego digan... no se puede ser mejor jugador. Le habría dado la mano, pero no le vi por la labor. El chiquitín estaba demasiado beodo como para atinarla.

Cuando hube recogido mis cosas, me senté en la barra y pedí otro Bourbon. A un metro de distancia estaba mi verdadero objetivo. Le miré de reojo y observé sus ropajes de la alta sociedad. Emperifollado es poco. Los fruncidos de los puños un tanto pachuchos. Mi madre, que era sastre, se los habría hecho muchísimo mejor. En uno de esos vistazos nuestras miradas coincidieron. Yo sabía que detrás de aquella cara afable pero ladina, se escondía un puto vampiro. A mi no me la daba. Le llevaba siguiendo toda la noche y acabamos en el burdel. Luego me puse a jugar a las cartas y aquí estamos ahora, con dos entradas para la ópera. Esperando. Volví a mirarle de reojo y me sorprendió encontrarme con su otro par. Esa sonrisa torcida… no te la robo. Los dientes puntiagudos como cuchillos. Si no fuera porque soy poco engreído, diría que está coqueteando. ¡Vamos! ¡No me jodas! Que yo respeto, lo respeto todo, pero a mi no me van esas mierdas modernas. ¿Te puedes creer que me giñó un ojo? No sé que cara puse. El Bourbon empezó a sentarme como un tiro, algo se me estaba revolviendo dentro y no sabía ponerle un nombre. Incómodo de narices. Lo más increíble es que una joven se interpuso entre ambos, pidió algo de beber, y el tipo empezó a inclinarse hacia atrás y hacia delante, es decir, buscando mis luceros verde aceituna. ¡Hostia, qué… descaro! Y qué malos modos. Mis conocimientos como cazador no eran de lo mejorcito pero había oído que podían embotarte el cerebro con una sola mirada. ¿Era eso lo que pretendía? ¡Pues conmigo, no! ¡no, señor!

–Disculpe, señorita ¿Le importaría acompañarnos al caballero y a mí a una zona más privada?– Qué cabronazo. Y cómo odiaba esa manera de hablar, con tanta floritura, como si sus intenciones fueran buenas. ¿Caballero? ¡Mis cojones! No dije nada. Me limité a sonreírles y a seguirle el juego. Era cuestión de tiempo que terminara bajo mi machete.  Ahí sí que iba a reír.
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Mensaje por Tiphanie Jouvet el Sáb Ene 09, 2021 3:05 pm

Cuando su mente distraída marchaba hacia rincones inhóspitos de su reminiscencia se mostraba frágil y apacible como sin en la inmensidad de ese paraje desolado en sus evocaciones hallara el único solaz que le mantenía con cordura. Si bien nunca se había mostrado como una mujer de conflicto, solía callar antes que soltar alguna acotación precipitada. La sonrisa apostillada en los labios de la francesa era autentica y no era para menos, aquella efigie misteriosa que se adentraba en el perímetro de mala muerte resultó ser un caballero que había conocido un par de meses atrás. Apenas habían cruzado un simple saludo en ese entonces, pues ella se dirigía siempre hacia un plano superior en sus investigaciones cuando se enredaba con ese tipo de personajes. Solo una mirada y una sonrisa habían sido suficientes para atraerle la primera vez.

Pudiera estar equivocada, pero Tiphanie difícilmente olvidaba un rostro. Ese que ahora parecía estar sumergido en una especie de ensueño mientras contempla el líquido embriagante servido en el vaso de cristal. Al parecer no era la única que cedía de vez en cuando a las caricias del alcohol.

—Buenas noches Monsieur –susurró apenas audible para que el la escuchase, ladeó ligeramente su anatomía para quedar frente a él y dedicándole un gesto afable volvió a pronunciar— Tal vez no me recuerde, la última vez que nos vimos usted iba llegando acompañado de una bella dama. Yo iba de salida. Supongo que frecuenta este tipo de lugares por el trato que le brindan, aunque podría estar equivocada adelantándome a mis conjeturas.

Levantó con sumo cuidado el vaso.

—Salud por usted caballero, porque su visita en este lugar le sea agradable y tenga una mejor velada que aquella cae sobre muchos otros ingratos en este lugar –sonrió una vez más al otro desconocido.

A su alrededor, el ambiente era pincelado por retratos de caballeros ruines quienes maldecían y sujetaban con fuerza los cuerpos de aquellas féminas con quienes compartía el mismo oficio. Un par de horas atrás ella experimentó esa sensación de vacío al dedicar palabras vacías a oídos del sujeto que había terminado por golpearle. Significaba un detalle únicamente que había aprendido a sobrellevar, parpadeo un par de veces para despertar de ese ensueño. Él otro hombre que no había hablado hasta ese entonces, en apariencia mostraba una diferencia marcada al resto de los hombres ahí reunidos. No entendía entonces, el porqué de su visita. ¿Soledad? ¿Pasatiempo? O quizás el lujo que una persona de su status podía darse de vez en cuando. De alguna forma Tiphanie había aprendido a leer algunas actitudes y movimientos de los hombres que normalmente se pasaban a esas horas. De modo que para no nada en contra corriente asintió a la pregunta.

Caminaron fuera del burdel solo un par de pasos cuando el hombre intentó un movimiento inesperado sobre el cuerpo de Tiphanie, eso era lo que esperaba justamente puesto que desde un inició supuso que sus intenciones no eran buenas, la reacción de la mujer permitió cortar con la daga de plata que yacía en su ropa el abdomen del mismo, ni siquiera se inmutó y sintió el golpe que la arrojó contra la pared, no perdió la consciencia pero el golpe había sido fuerte, apenas reaccionó para esquivar el otro golpe y ver como el otro hombre se encargaba del monstruo de una forma poco ortodoxa, en efecto, no era humano y a esas alturas del partido ella había dejado entrever que no era una chica del todo ordinaria.
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Mensaje por Giona Loren el Sáb Ene 09, 2021 6:58 pm

Antes de meternos en materia, haré varios apuntes. Antes de irnos a donde quiera que fuésemos, y te puedo asegurar que a mi machete iba a darle igual donde, se clavaría de todas formas; se susurraron algunas cosas. Lo que mi oído logró alcanzar, y mis ojos, fue la cara de lelo que puso. El tipo no se acordaba de ella, ni media, ni siquiera de una rodilla, y las tenía bonitas. Pero volviendo al asunto, para él todas las mujeres o las prostitutas, no sé, debían ser iguales. ¿Gilipollas? Subnormal perdido. La gente tiene espíritu, creencias, aspiraciones, personalidad. Los vampiros sin embargo sólo tienen una cualidad; hambre. Y este tenía mucha.

La chica parecía moverse como pez en el agua. No la tembló ni una ceja. Acojonante. Yo me había puesto nervioso. Ya te lo conté. Incluso tuvo unas palabras para mí. No la acompañé en aquel brindis ficticio pero tampoco la dejé sola. Me limité a sonreír una vez más. Si mi abuela estuviera allí diría que borrase esa cara de idiota.

Me pregunté en qué estaría pensado la chica. Curiosidad. Otra cualidad humana. Estamos llenos de matices por mucho que se empeñen en demostrarnos que no. Ya sabes a qué me refiero. Esas peroratas que sueltan como si estuvieran dando un discurso en un puto congreso. Si somos tan básicos por qué cojones se esfuerzan en definirnos, ¡Absurdo! Son ellos los rancios. Yo no me pongo a definir un filete ni le cuento un cuento. Me lo como y punto. Te diré en qué estaba pensado él. En zampársela. En comerme a mí. En nada más. ¿Nos íbamos? ¡Estupendo! Ya tenía ganas de borrarle del mapa.

Les seguí de cerca, el último de la fila. El tipo continuó hablando, traía un buen saco de mierda –La noche ¿no es maravillosa? – A mi me parecía igual de azul que ayer –Encapotando la ciudad como un cuervo con sus grandes alas, y nosotros aquí, simples mortales, sin saber si algún día esas alas caerán sobre nuestras cabezas arrancándonos el último aliento – Pero qué cojones… intenté no exaltarme –Oiga, ¿Usted fuma pipa? – a qué venía todo eso. Que si consume, yo respeto. Pero no me pagaban por oírle.

De repente atrapó a la chica dejándola sin salida. No pude prever ese movimiento. El condenado era rápido. Yo me limité a sacar el machete y lo agarré como si fuera un bate de béisbol. No sabía muy bien lo que estaba pasando pero no podía dejar que se la comiera delante mía.

Agarré decidido el mache apretando fuerte el mango y bateé justo en su cuello mandando la cabeza por los aires. La sangre empezó a salir a borbotones y el cuerpo cayó al suelo. Yo no podía creerlo. ¿Lo había matado? Aquel líquido rojo se extendió por el suelo alcanzándome las botas. Sí. Lo he matado. Mi primer vampiro. Subí los brazos victorioso por una cuestión de segundos. Imaginé los aplausos aunque no hubiera ni un alma. Debía ser nerófito, ferófito, neófito… algo así lo llaman. Pero no me quito mérito. ¿Y la chica? Ella estaba bien, no le dio tiempo a morderla. Menuda impresión al encontrármela con un cuchillo en la mano. También goteaba. Toda una caja de sorpresas. Me acerqué poco a poco buscando su rostro con una mano y alzándolo –¿Te encuentras bien? – busqué alguna señal, quizás un arañazo pero poco más. No sabía como calmarla en caso de que estuviese aún nerviosa y lo único que se me ocurrió fue  –Si nos preguntan, diremos que fuiste tú– bromeé concediéndola el mérito.
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