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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Yennefer Stenberg Dom Dic 13, 2020 12:49 pm

Hacía ya varias semanas que habíamos llegado a París, que Sigurd me hubiera sugerido y propuesto que lo acompañara era algo que no me había extrañado en absoluto teniendo en cuenta que él estaba arraigado a unas costumbres muy antiguas, incluso hablaba en un nórdico antiguo que ya estaba casi extinto del que nadie se acordaba y que yo había tenido que aprender para adaptarme un poco. Pero pensar en aquel hombre suelto por la ciudad de París que sin duda es tan diferente a Suecia, a Upsala que es donde residimos, con tantas cosas modernas... me producía cierta risa. Estaría perdido de no ser porque yo lo acompañaba e incluso le enseñaba hasta ciertos modales que debía de aprender si quería estar en la ciudad, no podía actuar como ese vikingo bárbaro que todo lo solucionaba con peleas, con sangre y con muerte... la sociedad parisina no funcionaba así y daba gracias a los dioses de que estuviera a su lado para controlarlo. Además, Sigurd tenía un carácter bastante rudo y fuerte como para ir controlándolo en cada cosa que a él no le encajaba –que en su mayoría era casi todo- y hacerle entender que no todo se regía de una misma manera sino que tenía sus leyes, sus normas y sus costumbres. ¡Y por Odín que era agotador! De no ser porque tenía esa conexión con los dioses, en especial con la Dísir que me daba sus fuerzas, no estaría allí teniendo que controlar a un vampiro que era medio vikingo y que se había quedado anclado hacía más de mil años en un mundo mucho más evolucionado que el suyo. Pero a veces me divertía al ver sus expresiones, ¿quién iba a decirme que iba a ser tan divertido ver las caras que ponía al tener que usar cierta ropa de cama para dormir? Claro, porque para nosotros el ir desnudos era lo más normal y corriente pero en esa sociedad no, al menos que vivieras de tu cuerpo y quisieras ofrecer tus servicios. Pero sabía que para él era importante estar allí y aunque me había costado muchísimo enseñarle ciertos modales merecía la pena, mi cruzada y mi camino parecía estar ligado y unido al suyo incluso más allá de la voluntad de los dioses, lo necesitaba de la misma medida en que él me necesitaba a mí y por eso formábamos un tándem un tanto extraño, pero perfecto. Él desde que había llegado a Upsala me había dado un trato de favor y preferente con el resto e incluso hasta podría decir que confiaba más en mí que en nadie de su clan... no por nada yo tenía esa conexión con los dioses que tanto le hacía falta y necesitaba. El camino no había sido fácil pero allí donde estuviera él, iba yo. Aunque tenía muy claro que en París iba a tomarme unas libertades que estando en Upsala no iba a poder tener, sobre todo, porque Sigurd era demasiado controlador y exigente con la idea de alguien calentando mi lecho... a veces me enfadaba que se pusiera tan estricto en ese sentido pero, otras, recordaba que para ellos alguien con mi conexión con los dioses era como “sagrado” y no debía de ser tocado. Y ahora que estaba entretenido con sus propios asuntos... era mi momento.

Como quería experimentar nuevas emociones y sobre todo unas que en Suecia no iba a poder encontrar tomé la decisión de informarme acerca de lo que París podía ofrecer y entre toda la información que me habían proporcionado había algo a lo que sentía bastante curiosidad e interés; el opio. Hallé todo lo que necesitaba saber sobre dicha planta así como sus efectos en los libros de la biblioteca, siempre se podía encontrar grandes cosas en un libro y eso lo había aprendido desde que mi conexión con la Dísir –que todavía no había podido descubrir su motivo ni a qué se debía- apareció de manera extraña. Conocía cómo era la planta y los efectos que esta causaba por lo que me interés al saber que había un lugar en la ciudad donde se podía consumir de manera legal y tranquila, especializado en que los clientes disfrutaran sin preocupaciones solo dejándose llevar, abandonados a sus propios sentidos. Sigurd iba a estar más que ocupado el tiempo que estuviéramos en París y yo quería aprovechar ese tiempo así que era hora de dar un paso más y atreverme a experimentar en mi propio cuerpo los efectos del opio, si era tan adictivo como decían, si embotaba tu mente y tus sentidos mientras lo fumabas y ya que en Suecia no iba a obtener algo parecido. Mientras recorría las calles de la ciudad hasta donde se encontraba el fumadero más me reafirmaba en mis pensamientos que era algo que quería hacer. Cuando llegué al lugar que me habían indicado el edificio en sí no daba la impresión de ser lo que era o quizás es que yo me había hecho unas expectativas diferentes, daba la sensación de ser un edificio de comercio más pero para cuando me acerqué a la entrada y traspasé esta me fijé en que la decoración era diferente, había un pequeño recibidor con un mostrador donde tras este había un joven que enseguida posó su mirada fija en mi persona, una puerta cerrada de caoba oscuro a la derecha de donde se escuchaba una música relajante y unas pocas voces aunque no lograba escuchar con demasiada claridad. Me acerqué bajo la atenta mirada del joven que esbozó una sonrisa como si notara mi leve titubeo, de ser mi primera vez, y pronto llevó la conversación igual que de seguro lo habría hecho otras miles de veces. Fue él mismo quien me pidió que lo siguiera hasta la puerta de color caoba con toques en dorado hacia un amplio salón dividido en diferentes zonas, alguna zona privada con ciertas cortinas para darle un ambiente más íntimo. No se podía ver del todo a los que estaban allí ya que la luz era algo tenue pero el olor llenaba todo el salón en conjunto con la melodía. Me llevó hasta una de las mesas que también tenía un diván para mayor comodidad y brevemente me explicó el servicio que ofrecían que, para sorpresa, variaba bastante. Frente a mí en la mesa una cachimba del cual fumar el opio y no tardaron en servirme una copa de alcohol para completar mi iniciación con el opio. A pesar de que en aquella zona estaba yo sola ya que las voces se escuchaban al otro lado no pude dejar pasar la sensación que había tenido durante todo el día, una que lograba erizar mi piel con un mal presentimiento que no lograba desprenderme. Sabía que en París había una oscuridad latente como si estuviera a la espera de despertar, sabía que aquel viaje podría traerme consecuencias aunque mis pasos siempre habían sido guiado por los dioses por un motivo.


—No gracias, así estoy bien por el momento —respondí a una joven que se había acercado ligera de ropa a ofrecerme sus servicios, parecía que aprovechaban la más mínima oportunidad para su oficio pero no había ido allí con esas intenciones. Las primeras inhalaciones del opio habían sido intensas y con una sensación que no había experimentado nunca, mientras exhalaba el humo dejando que este se elevara para luego desaparecer a los pocos segundos. Tumbada en el diván disfrutaba lentamente y sin prisa de la copa que me habían servido y del opio que, pese a que llevaba unos minutos sin haber vuelto a fumar, empezaba a notar sus efectos dado que era la primera vez que lo consumía. No quería propasarme demasiado mientras mi mente comenzaba a relajarse o al menos es lo que podía comenzar a notar, me envolvió una sensación de paz que hacía demasiado tiempo que no sentía y que noté hasta extraña pues mi vida siempre había estado en constantes emociones que se mezclaban con el vínculo con la Dísir. Y fue entonces cuando lo percibí, como si mi cuerpo tratara de advertirme sentí esa sensación de peligro inminente –y que tan bien conocía- a mi alrededor cada vez aproximándose. Como una sombra que crecía acercándose hacia aquel lugar y que hizo que mi cuerpo se estremeciera sin saber muy bien lo que podría ocurrir a partir de ese momento. Sentí su fuerte y poderosa aura que parecía ensombrecerlo todo a su alrededor como si lo engullera, y supe entonces que quien fuera el portador de dicha aura era lo que había estado temiendo desde que llegué a tierras francesas.


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Mensaje por Stryker Apholos Mar Dic 29, 2020 1:50 pm

Lo bueno del trabajo al que me dedico es que los contactos siempre se generan con el tiempo. Sin mencionar que otros buscan mi favor o de mi grupo. Mis chicos lo hacen bien, se nota que tienen dos dedos de frente. Aunque algunos de los jóvenes aun están un poco verdes. Era lo triste de las nuevas generaciones, que se ven impuestos a la época nacida. Por suerte algunos cambiaban librándose de esas ataduras tras convertirse, los que no, siempre acababan muertos bajo mi espada. Ya que no aceptaba errores ni la desobediencia.

No era de mi gusto el ejecutarlos pero así era la vida. No siempre teníamos lo que nos merecíamos. Era aun temprano para mis hombres, pero la maldición del sol no me afectaba como a ellos. Para pasar desapercibido entre los mundanos, cambie mi apariencia para parecer un hombre decente. De cabello corto pero con barba, con un atuendo negro pero elegante, pero sin ser demasiado llamativo. Ya que no me interesaba llamar la atención aunque difícil por mi altura. Me había venido a buscar un mensajero, alce la mano mientras avanzaba, viendo la nota del club de opio.

Habían diferentes tipos de locales como esos. Desde los barios bajos hasta los más ricos. Ese era uno de clase media casi alta. Según la información, era un club con normas y que daba un servicio de lo más completo para satisfacer a sus clientes. No era la primera vez que tenia tratos con ese lugar. Ya que algunos clientes solicitaban a uno de los míos para algún trabajo en esa intimidad… en otros momentos ahí estaba el objetivo. Más vulnerable que un corderito a punto de ser ejecutado y sin siquiera saberlo. Claro que el local se había ganado algún que otro extra por ello, siendo una red de comunicación de lo más provechosa.

Por suerte ninguno de mis chicos se alimentaba ahí ya que la sangre cambiaba de sabor y daba un efecto extraño según algunos que lo intentaron años atrás en oriente. Y eso que ahí la droga era más fuerte que aquí. No era sabio dejarse distraer por drogas cuando la cabeza de uno pendía de un hilo con tantos cazadores e inquisidores por la ciudad. Y yo no pensaba salvarles el culo si cometían una estupidez de tal calibre. Pero hoy la cosa era diferente. La nota era para avisarme concretamente a mí.

Habían visto a cierto sujeto que estaba en su lista de caza. Para que volviese al local implicaba a que no era demasiado listo, ya lo sabía y por ello ni caza le di en su día. Ya que un día u otro iba a volver como idiota que era. Claramente sonreí por la gran evidencia. Uno no necesitaba ser un genio para predecir cosas de gusanos como ese. Y yo no era de perdonar. Por lo que me encamine tranquilo hasta ese local, nada más traspasar la puerta el recepcionista me reconoció, con un ligero asentamiento de cabeza que me dio, pase a su lado viendo a quien me aviso. Era el joven que solía guiar a quien visitaba el local.

Saque de mi atuendo unas monedas, las cuales le di sin pena alguna. El dinero no significaba nada para mí la verdad. Al tomarlo se alejo tras darme las indicaciones pertinentes. Cuando se dio la vuelta, me dirigí hacia el lugar señalado. Sin prisa pero sin pausa. Ya que sabía que no se iría a ningún lugar al estar puesto de opio. Entre en la estancia cuando me plante en la puerta. El olor era desagradable ya que no solo notaba el del opio, sino el de cada ser que estaba ahí… era intoxicante pero hacia ya años que aprendí a controlar mi olfato. Por lo que avance hasta uno de los divanes, el tipo parecía estar en el nirvana, mejor para él.

Me senté en el borde a lo que el abrió los ojos viéndome, tardo unos segundos en reaccionar mientras yo con suma calma alzaba la mano para ponerla sobre su hombro, lo más cerca del cuello donde coloque mi pulgar y apreté, notando como de tenso se ponía y su corazón latía con fuerza. — shhh… tranquilo, solo ando cumpliendo mi palabra — le obligue a silenciarse con mi poder, recordándole con suma calma y tono bajo que cumplía siempre mi palabra. Mis ojos no se apartaron de los suyos mientras apretaba más y mas. Los huesos y cuellos humanos eran como cristales en mis manos… un poco de presión y se rompían. Oyendo y sintiendo eso nada más apretar un poco más.

El tipo siquiera pudo gritar ni nada al estar mudo por mi culpa. Murió ahí mismo sin más. Una suave sonrisa se planto en mi rostro cuando de pronto algo me distrajo, era como una extraña corriente en el aire… electrizante… alce mi rostro para contemplar a la joven que estaba más cerca, en otro diván. Reconocería esa sensación en cualquier lado… era una hechicera. Podía notar como algo se encendía en mi interior… pidiéndome que destripara a la chica. Pero pude controlarme. Ya que ella quizás no fuese una de esos malditos… pero tenía algo extraño. había algo diferente en ella… ¿seria que al fin encontré a uno de esos desgraciados?


Última edición por Stryker Apholos el Vie Mayo 07, 2021 6:45 am, editado 1 vez
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Mensaje por Yennefer Stenberg Miér Abr 28, 2021 10:12 am

Desde hacía mucho tiempo había tenido la sensación de que en algún momento de mi vida iba a darme de bruces con aquello que la Dísir había intentado comunicarme, mostrarme de manera vaga con aquella “premonición” que lo cambiaría todo en mi vida para siempre. Mientras estuve en Suecia pensé que mi destino era estar al lado de Sigurd ya que la Dísir así lo quería, por eso me había enviado a su lado para que lo ayudara en su camino, sin embargo ahora que me encontraba en París tenía el presentimiento de que aquello oscuro que siempre había amenazado mi vida, lo que pondría en jaque todo cuanto había conocido, se encontraba en la ciudad francesa y quizás pronto nuestros caminos se cruzaran. Lo que había aprendido es que no se podía dar nada por sentado y en cualquier momento la situación podía dar un giro brusco de acontecimientos, pero no pensé que en apenas una semana en lo que llevaba en París intentando disfrutar un poco de libertad –o al menos sin que Sigurd estuviera tan pendiente de mí- para ver qué podía mostrarme la ciudad y sus pequeños placeres. Como por ejemplo estar en el fumadero de opio donde ya sentía mi cuerpo mucho más liviano y mi mente un poco embotada, intentando olvidarme de todo para solo centrarme en relajarme y disfrutar de aquel colocón que nunca antes había experimentado. No iba a negar que había oído hablar sobre el libertinaje que existía en la ciudad y todas las cosas que se podían hacer que, de seguro, no encontraría a mí vuelta en Suecia. Pero no pensé que aquel momento de colocón y relajación tendría su punto de peligro y de oscuridad porque en cuanto aquel poderoso ser se adentró en el lugar lo pude sentir, cómo se erizó cada vello de mi piel y un escalofrío me atravesó entera como advirtiéndome, poniéndome en alerta, para que no bajase la guardia. ¿Sería aquel ser oscuro y poderoso el que había estado temiendo encontrarme desde que pisé tierras francesas? Todo mi cuerpo y mis sentidos me gritaban que tuviera cuidado y que me preparara porque sí, la respuesta era que por fin había topado con lo que más me había estado preocupando desde que la Dísir, hacía años, me advirtió de que ese momento llegaría. Jamás había dado pista alguna de cuándo podía ser o de cómo sucedería, ni siquiera cuál era su rostro, pero todas las alarmas saltaron cuando tuve aquella premonición antes de partir de Suecia... y estas jamás se equivocaban. Una oscuridad se acercaría y me consumiría, esta acababa de encontrarla.

Todos mis sentidos se pusieron alerta cuando la presencia estuvo muy cerca de donde me encontraba, para ser más exactos, justo en el otro reservado que tenía al lado del mío. Su fuerza, su poder y su oscuridad eran tan notorias que casi parecía ejercer pequeñas ondas que delataban su peligrosidad, el no acercarse a menos que quisieras la muerte. «Huye». Sí eso es lo que debía de hacer en aquel momento; huir. Sin embargo debido al opio mi cuerpo no reaccionaba ni respondía, me sentía tan pesada y con la mente embotada que era complicado poder ponerme de pie para marcharme de allí. Los divanes estaban separados por cortinas de tul blancas que daban algo más de privacidad, pero cuando esta se movió al paso de uno de los trabajaros al rozarse con esta pude ver la imagen de aquel ser cuya mirada estaba clavada en una cosa; en mí. Un escalofrío me recorrió y tuve el impulso de levantarme pero mis piernas flaquearon todavía con el embotamiento del opio, esa relajación que se extendía por todo mi cuerpo. Quedé con mis piernas en el suelo pero apoyada contra el diván mientras él permanecía en aquel lugar, observándome, como si sintiera curioso acerca de cuáles iban a ser mis siguientes movimientos. Pero no quería que se acercara y tenía un gran hándicap en mi contra, no podía moverme o siquiera estabilizarme debido al colocón del opio. Así que hice lo único que podía en esos momentos para ganar tiempo; crear una barrera a mi alrededor para que aquel ser no pudiera traspasarla.


—No te acerques ser oscuro —dije mientras intentaba alzarme pero no estaba en plenas facultades para hacerlo, quizás había llamado más aún la atención de aquel ser oscuro aunque mis sentidos no fallaban. Jamás había topado con un ser tan poderoso como aquel que tenía a escasos metros de distancia, tampoco entendía como todos los de alrededor no huían despavoridos por ese aura que desprendía cargado de peligro.


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Mensaje por Stryker Apholos Vie Mayo 07, 2021 6:45 am

Solté el cuello dejando aquel cuerpo sin vida. Una pena no haber podido disfrutar más de aquello pero ya era tan secundario que me había hasta olvidado de él por culpa de aquella mujer. Daba igual cuanto ocultase su cuerpo aquellas telas, su poder… su esencia la podía notar aun entre toda la pestilencia. Ahora que mi objetivo había sido eliminado, que pude percibirla… curioso que no al entrar. Eso me pasaba por haberme centrado demasiado en mi venganza. Un fallo que no volvería a cometer. Ya que eso en un futuro podría costarme la misma vida. Pero era divertido ver que tras años de vida, podía errar. Claro que no era tan gracioso si eso me pasara en medio de una lucha.

Note el movimiento, el corazón agitado y también otra mescla de emociones que por desgracia era difícil de predecir que era por culpa del opio que ella había ingerido mas el del ambiente. Era un verdadero asco. Por ello que me incorpore a lo que de pronto pude oír la voz de la joven. Si, una joven. Pude verla cuando un trabajador paso haciendo que se agitaran aquellas telas finas. Ella ahí sentada intentando con todas sus fuerzas moverse aun bajo los efectos del opio… eso era admirable pero estúpido. Tomar esa mierda era una evidente declaración de suicidio.

Sentí un evidente placer por sus palabras. Ya que tentaban a hacer cosas malas solo para molestar. Pero debía tener cuidado, podía ser que ahora la chica fuese inofensiva pero el opio no era eterno. Pero la verdad sea dicha, eso no freno mis actos. Avance por esa estancia para así atrapar la tela que nos separaba y sin más tire de esta arrancándola para luego dejarla caer como si nada. Viendo así más nítidamente a la joven hechicera que me había apodado “ser oscuro” ¿Qué veía ella al contemplarme? Eso era intrigante ya que hasta ahora ningún hechicero había usado tal apodo sobre mi persona.

¿Qué no me acerque? Creo que acabo de hacerlo — una sonrisa se planto en mi rostro, no una amable, sino una un tanto maliciosa pero sin ser exagerada — ¿y qué piensas hacer? Si ni siquiera puedes ponerte en pie y menos defenderte — señale lo obvio. Me acerque más a ella, acortando la distancia justa para que casi mis pies tocaran los suyos — podría matarte aquí y ahora… y tu no podrías hacer absolutamente nada… ¿y por qué? Por un simple colocon — sí, me burlaba de ella, pero también le advertía de su futuro si seguía con eso. No necesitaba ser yo quien acabase con ella, en un futuro podría ser esa droga u otro ser que la pillase. Así era la vida… donde el más fuerte y listo ganaba siempre.

Entrecerré mis ojos, si, podría ser fácil matarla y mi instinto decía que lo hiciera pero necesitaba respuestas. Eso era más importante que mi necesidad. También era evidente que hacer algo en contra de un hechicero era algo arriesgado pero quien no arriesgaba… no ganaba. — pero tranquila, no pienso matarte — al menos no aun — pero sí que hay algo que quiero de ti — sin pedir permiso, se inclino para así agarrarla y tomarla en brazos, cual novia de bodas. — pero hablemos primero y fuera de aquí — dicho eso, me encamine por el lugar sin preocuparme de no pisar a alguien o algo, para así salir con paso decidido de ahí. El abrir una puerta no era nada ya que con un solo brazo podía sostenerla sin cambiar mucho la pose, y cargándola salimos sin importarme como me mirase el resto de personas, incluyendo trabajadores. De seguro que era la primera vez que veían tal espectáculo.

Claro que no iba a salir con ella del edificio ya que podría haber algún inquisidor o condenado rondando y pasaba de encontrarme con quien no debía justo ahora. Por lo que subí las escaleras a la planta de arriba que era más zona sin usar, y aunque me viesen los empleados, era evidente que ni uno pensaba hacer un solo movimiento para detenerme, quizás pedirme más dinero luego pero eso era ínfimo para mí. Por lo que me plante frente a la primera puerta que encontré y la abrí aun cargándola, viendo que era una sala bastante despejada con sofás y algunos muebles, quizás usaran eso para algún evento privado, me daba igual, al menos estaba ventilado y con la luz justa. Por lo que entre cerrando la puerta tras mía para así dejar a la joven sobre el sofá — cuando se te pase el colocon… que no será en mucho, podremos hablar con mas lucidez, al menos tu — dije sin más, para así ir al sillón más cercano frente al sofá y me deje caer deshaciendo la ilusión de mi apariencia elegante para dejar a la vista mi traje negro junto a mi larga melena. — y te aviso, ni se te ocurra huir, no tendrías ni una posibilidad


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Mensaje por Yennefer Stenberg Lun Jun 28, 2021 11:54 am

Aunque había tomado la decisión de aprovechar aquella estancia en París y disfrutar lejos de la mirada de Sigurd, mientras atendía sus propios asuntos, aquel fumadero de opio no había sido tan mala idea aun cuando tras llevar allí un tiempo y sentir cómo los efectos de la droga empezaban a hacer mella en mi persona... no me arrepentía de haber ido aunque después la situación se tornara peligrosa y mortal para mi persona. Siempre supe que habría un ser oscuro y peligroso el que me seguiría para acabar con mi vida arrebatándome mis poderes, al menos si es que tenía “compasión” y me concedía la muerte, pero no por ello iba a vivir en una jaula con miedo a lo que pudiera pasar sin vivir lo que la vida tuviera que ofrecerme. ¿Habría cambiado de parecer de saber que aquel ser aparecería por el fumadero de opio? Quizás no ya que si algo tenía claro es que en algún momento u otro ese encuentro se daría, era imposible evitarlo así como era imposible evitar la muerte aunque te convirtieras en vampiro... seguirías estando muerto en vida. Desde años atrás tomé la decisión tras mi vínculo con la Dísir que no iba a privarme de nada pese a que mi destino pudiera estar ya escrito, al menos disfrutaría tanto como pudiera sin importar el final. Pero no por ello significaba que el miedo no recorriera mi cuerpo al saber que aquel ser estaba más cerca de mi persona y que, además, me había detectado como si al entrar lo hubiera hecho reparando directamente en mi presencia. Era consciente de que por mucho que le exigiera que no se acercara era un ser tan poderoso, con tanta oscuridad, que mi petición no le valdría en absoluto sino que impondría su propia voluntad haciendo todo aquello que quisiera en todo momento. De hecho con solo ver aquella sonrisa ladina que tenía extendida en sus labios supe que iba a hacer exactamente lo contrario porque, ¿qué motivo tendría para no acercarse? Yo misma sabía que no cumpliría con mi petición porque de los dos era él quien más poder y peligro tenía, yo solo era una simple hechicera a su lado que podía matar con la misma facilidad con la que se mata a una hormiga. Un gigante sin lugar a dudas en comparación con ambos, y mis sentidos mermados no ayudaban para utilizar mis poderes si quería escapar de allí... aunque sabía que por mucho que corriera jamás lograría escabullirme, aquel ser antiguo del que tanto se hablaba en los mitos y leyendas tenía sus trucos y sus habilidades para atraparme fácilmente. Porque sabía que no era un vampiro ya que estaba acostumbrada a estar rodeada de estos y conocía las auras que emitían, la de aquel ser... cualquier la viera podría estremecerse de miedo por lo oscura y fría que era, casi tan negra y opaca como la misma oscuridad. Se burlaba de mí y casi que bien merecido me lo tenía por estar en aquel estado cuando apareció él, pero de estar en mis plenas facultades dudaba que pudiera salir airada de la situación. Quise darle la razón porque la tenía pero no lo haría por un principio de orgullo, se mostraba divertido consciente de que tenía la situación justo como quería.


—El efecto no va a durar eternamente —y ambos lo sabíamos porque sí, el colocón estaba en su punto más álgido pero también iría descendiendo en la medida en la que había subido progresivamente. Sin embargo hizo caso omiso e inclinándose me tomó en brazos como si fuera una novia recién casada alejándose de allí para, según él, “tener una conversación”— ¡suéltame, no me toques! —Pero patalear o intentar soltarme era una completa idiotez pues su fuerza sobrepasaba con creces a la mía. Incapaz de hacer nada para soltarme sintiéndome frustrada por ello observé cómo se alejaba de los reservados de la zona del fumadero para subir a la planta de arriba donde no sabía qué me encontraría, quizá él ya hubiera estado allí antes en otros momentos y supiera lo que había. Poco me importaba porque en mi cabeza miles de ideas y de hipótesis se formaban sin control pensando qué podría ocurrir o qué podría querer un ser como él de alguien como yo. ¿Sería este mi verdugo que se apiadaba de mí alargando mi vida un poco más? Era lo más posible y en cuanto hubiera tomado todo aquello que quisiera de mí me mataría, al menos era un pensamiento que me azotaba con fuerza. No quería vanas ni falsas esperanzas que alimentaran algo que no pudiera ocurrir, prefería la verdad por muy dura y cruda que esta fuera. Me dejó en un sofá en lo que aseguraba que cuando se pasara el colocón mantendríamos dicha conversación y se alejó para dejarse caer en el sillón, fue entonces cuando la apariencia que tenía cambió por completo revelando a aquel ser con un traje oscuro y una melena más larga que caía sobre sus hombros. Hice una mueca tras chasquear la lengua cuando me avisó que no tratara de huir, podría estar colocada por el opio pero no era estúpida ni mucho menos una necia— ya que pones tanto interés en querer hablar conmigo me quedaré —respondí intentando calmarme pues el destino estaba escrito, las nornas ya habían tejido en su telar qué era lo que me depararía por lo que no se podía cambiar. Reposé la cabeza y cerré los ojos para tranquilizar mi respiración ya que no quería mostrarme atemorizada frente a aquel ser, decía que quería algo de mí por lo que me tenía levemente intrigada. Además luchar contra el efecto del opio que adormecía mi mente era un tanto complicado y para nada fácil, tenía la sensación como si flotara aunque parte de ese “viaje” –como muchos lo llamaban- lo había quitado de un plumazo con su presencia, pero quedaban aún reminiscencias del mismo— eres un ser antiguo y poderoso, decidme, ¿qué es exactamente lo que queréis de alguien como yo? —Estaba convencida de que conocería a gente igual de poderosa que él, o puede que no, pero le servía para algún cometido que desconocía... y quería averiguarlo. Centré mi mirada en su apariencia consciente de que tenía otra más aterradora que muchos tildaban de “monstruo” o al menos en los mitos y leyendas así era. ¿Sería verdad? Algo me decía que pronto lo averiguaría.


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Mensaje por Stryker Apholos Miér Jun 30, 2021 3:17 pm

Muchos inmortales con los años se volvían impacientes por qué detestaban perder ese tiempo. Pero en cambio a mi me daba igual perderlo, la paciencia era una gran virtud y estaba grabada a fuego en mi. Había esperado pacientemente milenios en los que perdí a demasiada gente y familia. Por unos minutos u horas no me matarían. Además, con paciencia todo se daba. Por lo que me “relaje” en aquel sillón mientras mis instintos me avisaban de los cambios que se gestaban en el interior de ella. Prevenir ataques era mi especialidad, y tomar ventaja de todo también.

Todos intentaban lo mismo, mentir para salir vencedores del encuentro pero solo encontraban una muerte de lo más lenta y dolorosa. ¿Ella me intentaría mentir? Seguramente. Pero si ella era lista, ni lo intentaría. Podía verla recostada para despejarse, oír su sangre moverse para limpiarse mientras sus órganos trabajaban para tal labor. Sabía que habían vampiros que disfrutaban de un sorbo de sangre con opio, lo que les provocaba un ligero colocon. Pero a mi ver eso era estúpido e inútil. Lo único que conseguían era volverse más tontos y presas fáciles para sus enemigos. Pero era evidente que todos eran débiles ante placeres así.

Pocos aprendían de los errores. Yo aprendía rápido. Centre mi atención no solo en ella sino en todo el edificio por si había movimiento fuera pero los trabajadores habían sido listos y ni se acercaron a la puerta. Ya que como solía decir el dicho, la curiosidad mato al gato. De pronto la joven me hablo, era evidente su orgullo, ya lo había notado cuando intento zafarse de mi agarre. Algo un tanto inútil pero aplaudía internamente su intento. Alguien dócil era de lo más aburrido, tanto como presa como enemigo. Quizás habría sido más divertido todo aquello si ella no estuviese puesta de opio, pero ya el tiempo lo diría.

Ahí que ella volvió a hablarme, mencionando mi “condición” pero sin revelar mucho ¿realmente sabría ella lo que yo era? lo dudaba. Todos nos tachaban de seres extintos o inexistentes. Meros mitos en la oscuridad. El hombre del saco.

te lo diré cuando se te baje ese colocon del todo — sabia que la curiosidad de los hechiceros era bien notoria y ahí estaba la prueba, aunque el ser humano de por si era curioso. Y alargar su curiosidad era en parte mi ventaja. Ella podría irritarse pero aun así se quedaría para oír lo que yo tenía que decirle. Como un juego del gato y el ratón.

Ya que lo que tenía que tratar con ella era algo bastante “delicado” si es que se le podía poner un titulo, y mi instinto no solía fallar. Este me decía que la matase pero era por eso mismo que mi curiosidad había aflorado. Pocas veces iba en su contra y solo porque ella era una hechicera. Quizás ella podría tener alguna pista de lo que más anhelaba yo. Pero sabía que eso no me saldría nada barato. Los hechiceros también tenían la fama de ser codiciosos y no hacer favores gratuitos. Y mis años me habían enseñado lo verídico de ello.

Pero primero me vas a responder unas preguntas — dije de pronto, ya que si ella quería saber, pues debía pagar a cambio con otros datos. Por suerte su colocon había disminuido y quizás con suerte no me mentiría — si me mientes, lo sabré, así que no te lo recomiendo para nada — ¿una pequeña amenaza? Porque no. — dime tu nombre y si estas en un aquelarre, y si lo estas, el nombre de este — ya que no solía verse hechiceros solitarios, pero si los había. Pero necesitaba datos para descartar a ciertos individuos de mi lista. Ya que si ella pertenecía alguno…


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Mensaje por Yennefer Stenberg Miér Jul 28, 2021 10:44 am

No podía decir que la noche estaba siendo lo que yo había esperado o pensado cuando decidí ir al fumadero de opio, en mi mente se dibujó la idea de descubrir ese colocón que muchos mencionaban y pasar allí gran parte del tiempo aprovechando que Sigurd tenía otros asuntos que atender de mayor urgencia lo que me daba bastante libertad. Supe que algo pasaría cuando llegara a París porque lo presentí, aunque no pensé que sucediera tan pronto ya que apenas llevaba un par de semanas en la capital francesa y la mayoría del tiempo las había pasado enseñando al vampiro cómo desenvolverse por la ciudad. Nada hizo que pensara que iba a toparme con aquello que sabía desde hacía tiempo vendría en mi búsqueda, mucho menos que me encontraría en una situación en la que apenas pudiera defenderme... pero si ese era el destino que me tenían preparado los dioses no podía hacer mucho por evitarlo. Con el colocón recorriéndome el cuerpo poco pude hacer para evitar que me tomara –pese a mis intentos de soltarme- y me llevara a la parte superior del edificio donde estábamos solos. No me costó demasiado saber que era una persona peligrosa, lo que quisiera que fuera, porque podía percibir su poder y la oscuridad que lo envolvía como si todo lo consumiera a su paso o simplemente lo abarcara en su totalidad, una oscuridad que podría acabar fácilmente con mi vida. Todavía no me había atacado aunque de seguro que hacerlo le sería relativamente sencillo, así que quizá pudiera tener una posibilidad para salvarme si es que tenía opción alguna. No parecía demasiado interesado en acabar con mi vida o ya lo habría hecho, quería que me despejara para hablar aunque no sabía qué podía querer un ser tan poderoso como él de alguien como yo. Sin embargo aprovecharía eso para salvarme así que no dejaría que el miedo me venciera en absoluto, que no me dominara porque no quería que él viera todas las ventajas que tenía sobre mi persona, añadir el miedo a la lista no era una opción. Estaba en desventaja, sí, pero no significaba que no existiera la opción de salir por esa puerta con vida si hacía lo que él quería, o accedía a lo que pidiera. Lo cierto es que había pasado gran parte de mi vida entre vampiros y estaba acostumbrada a estos, pero aquel ser no lo era y eso me hacía preguntarme con qué estaba tratando. Por suerte para mí mientras estaba en aquel sofá medio recostada el colocón fue bajando considerablemente, ya no sentía mi mente turbada con esa neblina lo que podía concentrarme mejor en la situación. Por sus palabras algo me hizo pensar que estábamos en una situación de “quid pro quo” donde ambos nos dábamos información, no parecía querer responderme a la primera a mis preguntas y en realidad tampoco tendría por qué hacerlo. Quizás si lo hacía yo él también estableciera esa reciprocidad para contestarme, eso si no conseguía lo que quería de mí y después me mataba. Ambas opciones eran válidas.


—No es como si estuviera en la mejor de las condiciones para hacerlo, ¿no te parece? Desde el momento en que te has acercado has dejado en claro que aquí pareces ser tú quien “mandas”, y no soy tan necia como para lanzarme de brazos a la muerte —porque si de algo estaba convencida es que toda esa oscuridad que desprendía estaba plagada de sangre y muerte, una sensación conocida de haber estado tanto tiempo al lado del vampiro. Sin embargo las diferencias con un vampiro podrían no ser a simple vista notorias, pero aquella aura jamás la había visto en toda mi vida rodeada de estos seres. Él me había amenazado con sus palabras pero, incluso con el opio, no era tan tonta como para hacerlo. Además sabía que algunos vampiros tenían el poder de leer la mente y quizá, aquel ser, también lo tuviera y por ello la amenaza que me había lanzado... si le mentía podría saberlo por mis pensamientos. Me extrañó la petición ya que no entendía qué podía serle de utilidad que le dijera si estaba en un aquelarre o no, lo cierto es que nunca en toda mi vida había pertenecido a uno ya que desde hacía bastantes años estaba con el clan vampiro Hring, y solo estaba yo de hechicera ya que el resto eran vampiros. Me parecía extraño la petición pero tampoco quería hacer, o decir algo, que le hiciera tomar la decisión de acabar con mi vida— me llamo Yennefer Lothbrok, y no, no pertenezco a ningún aquelarre ni tampoco lo he estado nunca —y no era mentira, pertenecer a un clan de vampiros más o menos sí pero la única humana era yo. No sabía si mi respuesta iba a gustarle o todo lo contrario ya que quizás buscaba hechiceros que pertenecieran a algún aquelarre, pese a lo que muchos pensaran que un hechicero fuera por su propia cuenta era algo bastante común en los tiempos que vivíamos, antiguamente sí habían más aquelarres para intentar ayudarse mutuamente cuando estos eran más perseguidos— y ahora que parece hemos establecido este “quid pro quo” creo que te toca responder a mí pregunta; quién eres y qué quieres de mí —quizá otra persona en mi situación no se hubiese atrevido a ello pero tampoco tenía nada que perder, solo me quedaba tranquilizarme y si hacía todo lo que pedía pues hasta podría irme de allí pronto— si estás buscando a algún aquelarre te adelanto que no conozco ninguno aunque sé de la existencia de algunos de ellos. Como verás no te estoy mintiendo en absoluto —le estaba dando paso a mi mente para que viera que era cierto, así no tendría ningún tipo de problema— ahora que ya me he librado del colocón, hablemos. Sé que podrías matarme sin problema y no es lo que quiero que ocurra esta noche, haz lo que tengas que hacer pero después dejarás que me marche. Viva —si él podía poner condiciones, ¿por qué yo no? Tomada la decisión de no mostrarle miedo solo tenía que ponerlo en práctica.


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Mensaje por Stryker Apholos Jue Ago 19, 2021 10:35 am


Por las palabras de la chica, era evidente que tonta no era. Incluso accedió a colaborar, eso al menos me ahorraba el tener que ir amenazándola a cada segundo. Cierto que pude simplemente leer su mente y encontrar todo aquello que buscaba, pero sondear una mente no era algo sencillo y aunque tenía experiencia. Era más fácil si ella sin saberlo me guiaba. Ya que por las preguntas hechas es que ella pensaba en lo que quería. Así me ahorraba el buscar. Aunque en su presentación pude percibir algo. Algo que no era normal… una joven hechicera rodeada de vampiros sin siquiera ser una esclava de sangre. Una cosa realmente peculiar.

Pero por ahora al menos decía la verdad. Ningún aquelarre… implicaba a que no estaba contaminada por sus leyes y costumbres. Pero también significaba que su conocimiento era desconocido para mí. ¿Quién la instruyo? ¿Cuánto poder tenia? Pero antes de poder seguir respondiendo que ella pidió de vuelta eso. Una sonrisa ladina se planto en mi rostro. ¿Realmente andaba con eso? Bueno, si resultaba ser inútil moriría, si es lo contrario… debía tener cierto cuidado. Pero habían cosas que si podía decirle.

Soy Stryker — el apellido no lo usaba desde hacia milenios. Ya que solo era un recordatorio vago de quien fue mi padre. Y al cual yo aborrecía. — de ti en concreto no quiero nada, de un hechicero si — le aclare ese detalle — ando en busca de uno que sea capaz de hacer una cosa por mi — quizás ella siquiera sea capaz, pero por intentarlo… me incorpore de mi asiento para así ir hacia ella, acortando nuevamente la distancia que nos separaba. Me senté a su lado importándome poco su espacio personal y tome su mano — y ahora voy a comprobar si eres quien busco o no — dije mientras mis ojos estaban posados en ella, alce mi mano libre hasta mi camisa atrapando la tela donde el cierre para abrirlo sin más. Algunos botones cayeron a saber donde, dejando a la vista la parte superior de mi torso, y lleve su mano a donde estaba mi corazón.

Sabia por los milenios que algunos hechiceros podían percibir la maldición que había padecido cuando era mortal. Aun ahora había un pequeño resquicio. Yo ya no tenía salvación pero si los linajes que protegía. Si ellos quedaban al fin libres… podía centrarme en otra cosa, ya que con una vida tan larga, uno generaba demasiadas cosas a hacer, solo que mi principal prioridad era esa… la maldición que lo inicio todo. — ¿notas algo? — pregunte serio viéndola. ¿Y si no la notaba pero era capaz de romperla? Eso sería soñar demasiado. Pocas probabilidades habían en eso. Era más fácil si la percibía ya que podía trabajar a raíz de ello…

Aunque dudaba que esa maldición fuese fácil de romper. Llevaba milenios acechando a mi gente, quedaban ya tan pocos… que temía no conseguirlo a tiempo. Pero ningún hechicero quería prestarse a romperla por su antigüedad y elaboración. Era como si temieran que al romperla, los matase a ellos o como si fuese una amenaza para los hechiceros que la percibían… ¿temían acaso que el hechicero que la lanzo apareciese para vengarse? O quizás crearían que la maldición se debía a algo… como si lo mereciéramos. Y eso no era verdad. Lanzada injustamente contra inocentes… esa era la verdad. La marca de la maldición estaba justo donde la mano de ella me tocaba, así era más fácil para ella poder intentar leerla… si es que tenía suficiente poder.



*perdón por ser tan corto T_T no me salía nada mas...


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Mensaje por Yennefer Stenberg Mar Sep 28, 2021 10:45 am

Desde que tenía uso de razón toda mi vida había estado marcada y precedida por la magia y por la oscuridad que era atraída por esta, mis poderes habían despertado muy pronto cuando era pequeña aprendiendo día a día a saber utilizarlos pero el momento más importante fue cuando hice aquella conexión con los dioses en un intento por descubrir, o entender, las visiones que tenía. Como resultado de eso parte de mi poder había quedado enlazado con el de una Dísir poderosa que era además el motivo principal por el que sabía que vendrían a buscar el poder que albergaba en mi poder concentrado en el medallón que llevaba siempre puesto, colgando en mi cuello, contaba la leyenda que un gran poder se albergaba en su interior y que estaba precedido por una oscuridad que me alcanzaría llegado un momento... tenía la sensación de que dicho momento había llegado y quizás pudiera conocer de qué trataba ese misterio que por años no tenía para nada claro. El ser que se encontraba frente a mí desprendía tal oscuridad que no era necesario siquiera mirar su aura para comprobarlo, ya se notaba en el propio ambiente que lo enrarecía como si lo sobrecargara, y pese al peligro que exudaba en ese bello cuerpo –porque no estaba ciega ni mucho menos- no quería que él pudiera notarlo y así concederle otra ventaja aparte de las que ya tenía. No sabía qué intenciones pudiera llegar a tener o qué quería exactamente de mi persona por lo que ese “quid pro quo” lo veía más que necesario si quería continuar con vida cuando terminara la noche, si hacíamos un trato quizás consiguiera que lo cumpliera aunque nada me daba las garantías de ello. Mientras le fuera de utilidad conservaría mi vida y sabía que esto era así porque lo había visto incontables ocasiones cuando había permanecido al lado de Sigurd, el vampiro solía ser bastante tradicional y “antiguo” en ese aspecto rigiéndose por la norma en la que mientras le sirvieran para sus propósitos mantenían su vida... parecía que era algo común en seres antiguos y milenarios. Sabía que el hombre frente a mí no era un vampiro y si las leyendas eran ciertas debía de tener cuidado con lo que decía o hacía, mi mente me lo recordaba como una señal de alerta a cada segundo, con el instinto de supervivencia en su pico más alto. Por eso le había concedido paso a mi mente para que pudiera comprobar por sí mismo que no le mentía y que le estaba diciendo la verdad, que no pertenecía a un aquelarre como tal pero sí a un clan de vampiros donde el líder de estos me necesitaba para contactar con los dioses siendo ese vínculo entre ambos. Las condiciones que le había pedido tampoco es que fueran demasiado descabelladas como por ejemplo saber quién era, qué quería de mí y la promesa de que una vez terminado saldría con vida de nuestro encuentro... lo veía bastante justo a pagar. Su nombre no me dijo nada en absoluto porque era la primera vez que oía uno como tal, aunque teniendo en cuenta que toda mi vida la había pasado en Suecia era normal que muchos de los nombres no me sonaran, aunque tenía la sensación que no era francés sino que sonaba a algo mucho más antiguo. Enarqué una ceja cuando dijo que no quería nada de mí pero sí de un hechicero, lo que afirmaba mis pensamientos que se trataba de mis poderes. ¿Sería aquel hombre el presagio que por años había estado esperando? ¿El verdugo que pondría fin a mi vida? Pronto lo descubriría. Quería que alguien hiciera algo por él pero tampoco me decía el qué. Observé sin moverme todavía de aquel sofá cómo se acercaba restando la distancia hasta acabar sentado a mi lado, no solo eso sino que tomó una de mis manos entre las suyas. Pude sentir su piel fría contra la mía en un contraste al que estaba acostumbrado con los vampiros, pero tenerlo tan de cerca con la oscuridad que desprendía chocaba bastante.


—Tengo la sensación de que estás acostumbrado a invadir a la gente aunque no lo quiera y tomar lo que quieres de ella —comenté cuando elevé una de mis cejas por su atrevimiento sin importarle nada en absoluto, claro que no era él quien tenía nada que temer. ¿Comprobar? Fui a decir algo ya que no sabía a qué se refería cuando con su mano libre abrió su camisa con los botones que salieron despedidos hasta repiquetear por el suelo de madera, desperdigándose por la habitación, dejando su torso al descubierto. Raudo sin decir nada llevó mi mano hasta colocarla sobre su corazón sintiendo de nuevo ese frío que desprendía toda su piel, propia de seres como ellos, sin notar nada en absoluto cuando debería de sentir los latidos de su corazón golpeando su pecho bajo la palma de mi mano. Por unos segundos me tensé sin saber qué era lo que quería o esperaba de mi persona, nada pasaba en absoluto y tras observar mi propia mano sobre su pecho elevé mi mirada buscando la suya. ¿Qué era lo que tenía que sentir? Y fue entonces cuando la ráfaga de imágenes se sucedieron agolpándose como una tromba una tras otra, casi no era posible detectar lo que veía en cada una de ellas pero sí me había algo en común: él salía en todas las imágenes que pasaban por mi mente. Sucedían de manera inconexas y bastante rápidas ya que eran como flashes, uno tras otro, además donde podía notar ciertas emociones que se traspasaban a mi persona. Pude verlo a él aunque en una época muy antigua y lejana bajo los rayos del sol, después vi una muerte rodeada de sangre y de caos, donde la oscuridad nació creando al ser que se había convertido. Luego la magia comenzó a tomar protagonismo en la sucesión de imágenes donde pude ver dolor acompañados de marcas oscuras como si fueran runas, pero diferentes. Un aquelarre, eso es lo que había podido ver en uno de esos flashback en lo que suponía debía de ser lanzando algún hechizo contra aquel ser, lo demás solo eran pedazos de lo ocurrió tras ese momento hasta el que nos encontrábamos. Un dolor empezó a recorrer mi cuerpo mientras permanecía con los ojos cerrados en lo que las visiones se continuaban, pero no quería seguir viendo más— ¡Para!.... ¡suéltame! —gruñí presa del dolor intentando que soltara mi mano y alejarme de las visiones que seguían pasando por mi mente, al final logré soltarme y retrocedí alejándome interponiendo distancia entre ambos ya que lo necesitaba bastante. Mi respiración se había hecho rápida e irregular así como unas gotas de sudor perlaban mi rostro, me sentía un poco agotada como si el ver esas visiones hubiera tomado parte de mi energía— no sé lo que andas buscando... pero no creo que... —y algo que jamás pensé que llegaría a suceder ocurrió; el colgante que había heredado de mi madre comenzó a emitir un leve brillo algo que nunca había hecho. Sabía que existía un poder oculto en su interior y que alguien vendría en su búsqueda para obtenerlo, pero no sabía qué tenía que ver con él.


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Mensaje por Stryker Apholos Miér Nov 03, 2021 2:09 pm


Vengo de una época en que eso era el pan de cada día y soy fiel a mis raíces — aparte de que el tiempo me enseño a que era una estupidez hacer lo común de la época cuando esta cambiaba constantemente, pero las costumbres parecían ir en bucle repitiéndose cada cierto tiempo. Sujetando su mano que me quede observando a la joven cuando su piel toco la mía. No solo eso, sino que también estaba atento a cada sensación suya, como el latir de su corazón, y mente. Cualquier señal de que veía algo me diría si era la elegida, otra cosa es que no percibiera nada… eso sería una pérdida de tiempo total y solo encontrarían su cuerpo sin vida en aquel lugar ¿me ganaría la enemistad de otro vampiro? Que más daba, era algo común y ni me quitaría el sueño –si es que tuviese-.

Al inicio parecía que no pasaba nada, ¿acaso había errado? El instinto no solía fallarme pero cierto que había pasado demasiado tiempo y quizás solo mi incesante deseo era el que me controlaba en momentos así cuando se trataba de un hechicero, eso sería una verdadera decepción. Y mala suerte para la joven. Pero cuando iba a soltar su mano para romper esa unión, fue cuando percibí algo proveniente de ella, aparte de verla con los ojos cerrados parecía haber entrado en trance ¿acaso veía la maldición? Intente entrar en su mente para ver que veía pero era imposible… era evidente que la maldición no me permitía ver… pero si pude percibir su marca, así que ella no fingía, realmente la veía…

Eso me lleno de cierta esperanza que sabía que no debería albergar, ya que una cosa es que el hechicero la vea, otra muy distinta que esté dispuesto a romperla. Ya me había pasado a lo largo de los años en que los hechiceros que la veían no querían saber nada de esta o que incluso acababan atacándome o matándose… era realmente un misterio de lo que veían estos al tocar la marca para reaccionar así… era un asco que tuviesen que tocarla para poder romperla… aunque yo tampoco sabía cómo era como para explicarla, solo sabia los efectos que daba pero no su anatomía… su diseño… y eso solo podían percibirlo los hechiceros capacitados. Los cuales con los años parecían ser menos… pero a saber cómo iba a reaccionar la joven.

Podía percibir su agitación y una mezcla de emociones que yo hacía siglos que ni sentía, fue ahí que ella comenzó a forcejear queriendo librarse, no pensaba romperle la mano para que mantuviese el contacto ya que aun desconocía todo aquello que había visto. Dejándola alejarse para recuperarse o al menos calmarse, pase totalmente de arreglar mi ropa ya que la desnudez o al menos el mostrar mi torso no era algo que me preocupara, estando toda mi atención más centrada en la joven. Era evidente que había visto algo o más… quizás incluso más que cualquier otro hechicero del pasado con el cual me tope. Pero la gran pregunta era si ella estaba dispuesta a ayudarme… aunque bueno podía obligarla pero preferiría que eso saliera de ella. Cuando ella comenzó a hablar que note crispar mis nervios ¿otra negación que se avecinaba? mi paciencia la verdad era ya inexistente con este tema pero entonces paso algo inesperado…

Pude percibir un poder extraño y antiguo junto a la luz que se iluminaba en el colgante de ella que me erizo el vello del cuerpo. ¿Qué era eso? o más bien… ¿Quién era ella? un poder semejante hacia milenios que había desaparecido. Y sentí en mi fuero interno que debía ser mío a cualquier costo. Ni lo pensé cuando alargue mi mano de nuevo atrapando la suya para de nuevo acortar la distancia, al acercarme que note aun mas aquel poder, como si uno se acercara casi al sol. Era doloroso pero estaba seguro que era lo que había anhelado toda mi vida… sentía que mi búsqueda había al fin llegado a su fin. Mire fijo a los ojos de la joven. — Yo creo que si — firme fue mi voz igual que mi toque, no pensaba dejar que se echara para atrás ni huyera — ese colgante tiene el poder para concederme lo que tanto tiempo he anhelado y tú me ayudaras — sonaba a exigencia pero es que darle opciones era algo que no estaba ahora mismo en mi mente.

es eso o la muerte, y algo me dice que prefieres seguir viva — algo demasiado evidente, pero no era tan cruel como pedir algo de gratis — pero tranquila que si me concedes lo que deseo, yo hare lo mismo por ti, cualquier deseo que mas anheles, por imposible que sea, y te aseguro que mi palabra es mi ley ¿Qué me dices? — ahí estaba, la decisión más difícil y quizás lo que acabe por condenar o salvar a mi gente… solo esperaba que la chica fuese inteligente y decidiera sabiamente el seguir con vida. ¿Y si me pedía ser su esclavo por el resto de su corta vida? Aunque me jodiera lo cumpliría, un corto periodo siendo su lacayo a cambio de salvar a mi gente era aceptable aunque me jodiera recibir órdenes… pero lo cumpliría, por ellos lo haría.



cc2d2d -- Stryker habla.


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Mensaje por Yennefer Stenberg Dom Ene 09, 2022 1:16 pm

Cuando partí a Suecia seguida por las premoniciones que me guiaron hasta el clan de vampiros al que pertenecía, no pensé que el colgante que me entregó mi madre en algún momento pudiera tener su efecto o siquiera fuera relevante en algún momento de mi vida. Cierto que conocía el poder que se albergaba en su interior y que celosamente protegía, entre otras porque entendía que en algún momento alguien aparecería para acabar con mi vida y obtener el poder que con tanto empeño mi familia se había encargado de proteger. Siempre me había preguntado cómo es que me lo entregó mi madre siendo tan joven, pero con la vida que había llevado yo misma podía responderme; porque así lo querían los dioses y el destino. Claro que era complicado pensar que dicho colgante tendría su valor y su importancia lejos de Suecia donde llevaba años viviendo con el clan de vampiros, que sería frente a un ser poderoso y tan antiguo como el mismo tiempo el que le dotara de una luz y una energía que daba la sensación había perdido con el paso de los años. Y qué equivocada que estaba, esa noche mi don de las premoniciones o visiones parecía haberme abandonado porque en ningún momento vi venir lo que sucedería en el instante en que ingresé en el fumadero de Opio. En un principio incluso hasta pensé que ahí se terminaba todo y que mi vida acabaría aquella noche con aquel ser que me había encontrado, otro error más de mi parte porque aunque intimidaba bastante ya con su sola presencia, por no hablar de la oscuridad que anidaba en su alma, no parecía tener la sensación de querer hacerme daño. Por el momento. No debía de olvidar que si estaba viva era porque quería algo de mí y aunque no entendí en un principio qué podría querer un ser como él de una hechicera como yo, pronto las respuestas aparecieron en cuanto su mano tomó mi muñeca para dejar mi palma en su pecho sobre su corazón, un órgano que debería de sentir palpitar bajo mi palma pero que solo encontraba silencio al otro lado. Y ahí perdí el control de lo que ocurría y de lo que pasaba porque mi don, o mi magia, respondió a la marca que parecía verse en su pecho al desabrocharse la camisa y entonces la sucesión de imágenes fue descontrolada, imparable. Vi mucho más de lo que nunca llegué a imaginar o siquiera más de lo que me hubiera pasado en otras ocasiones, como si él hubiera abierto una válvula a sus recuerdos más antiguos y me dejara ver todo lo acontecido en su vida. Tanto dolor, tanta muerte, tanta sangre... era normal por qué su alma estaba tan oscura como la percibía. Más que eso, si pensaba que ya había sido suficiente cuando pude separarme agotada por la pérdida de energía que suponía utilizar la magia de esa manera, el colgante que siempre había estado ahí comenzó a emitir una luz que jamás había visto. De la que nunca me habían hablado. Y fue entonces que comencé a sentir como si todo fuera a cámara lenta porque, si brillaba de esa manera, algo iba a ocurrir o era el principio de un camino que todavía desconocía pero que comenzaba... lo que no llegaba a saber era si para bien o para mal pues todo lo que me habían dicho es que quien quisiera el poder acabaría matándome. ¿Significaba eso que aquel ser me mataría para obtener el poder antiguo que anidaba dentro del colgante? No lo sabía y me daba miedo, miedo a que el momento que tanto había temido por fin se hubiera presentado ante mis ojos sin darme cuenta, y de ser así, ¿por qué siquiera la Dísir no me había avisado del peligro que corría? ¿Era ese mi sino, morir a manos de aquel ser ancestral y peligroso? Pero otra sorpresa estaba más en camino cuando aseguró que era lo que llevaba tanto tiempo anhelando y que yo lo ayudaría, en principio no lo entendí pero si me quisiera muerta poco le bastaría para lograrlo. No pude evitar enarcar una ceja porque no tenía más opciones, o lo ayudaba o moría. Sin embargo siempre supe que moriría porque alguien querría quitarme el poder, y si no era él... ¿quién sería?


—No me dejas muchas más opciones, me parece. Por mucho que me negase es como si hubiera estado esperando que este momento pasase, aunque he de decir que no es como me había imaginado —porque la opción a seguir con vida no estaba presente, y era algo a lo que pensaba aferrarme. Uno de los inconvenientes que tenía era que no sabía bien qué podía hacer aquel colgante o cómo utilizar su poder, no venía con un libro que me diera unas instrucciones a seguir o una guía que despejara las dudas... iba totalmente a ciegas— no sé qué es lo que crees que es, ni por qué piensas que puede ayudarte, pero creo que vas a tener que averiguarlo —callé por unos segundos tras sus palabras donde me ofrecía por su ayuda que le pidiera aquello que yo más quisiera, incluso por muy imposible que fuera... y aunque tenía alguna que otra opción en mi mente no sabía a ciencia cierta cómo iba a quedar todo. Si recapitulaba me quedaba con que un ser peligroso, antiguo y poderoso me obligaba “amablemente” a ayudarlo con el poder que residía en el colgante ya que según sus propias palabras “era lo que llevaba tiempo buscando”. No es que me dejara mucho en lo que discrepar pero si algo podía sacar de aquella situación era que, si de verdad era cierto... podría utilizarlo a mi favor mientras le ayudaba. Estaba claro que negarme no era una opción puesto que bien podía matarme, pero empezaba a pensar que solo con el colgante no llegaría demasiado lejos ni le sería de mucha ayuda. Me necesitaba viva para utilizar mi magia por lo que, en ese sentido, estaba salvada. Quizá mientras todo pasara el verdadero verdugo apareciera para intentar matarme y obtener el poder, si estaba aquel ser cerca y lo necesitaba... podría ser el perfecto guardián hasta que todo terminara. Puesto que mi sino volvía de nuevo a estar sellado iba a tener que sacar partido de alguna manera y por el momento no veía otra, tendría que esperar a ver cómo iba todo para decidir qué le pedía— a ver si lo entiendo, estás diciéndome que a cambio de mi ayuda ¿tu harás algo por mí sea lo que sea que te pida? —Lo miré en silencio por unos segundos y finalmente suspiré, estaba tan metida en el fango y dentro de las fauces del lobo que era como si pudiera sentir ya los pinchazos de estos en mi cuervo, clavándose lentamente— ahora mismo no sé qué podría pedirte pero te tomo la palabra, lo haré cuando haya pensado en algo. Mientras tanto deberíamos de tener una serie de normas claras, entre ambos, porque aunque te ayude no significa que vaya a ir a ciegas. Quiero saber quién eres y lo que quieres de mí, por qué dices que llevas buscando lo que alberga el colgante —hice una pequeña pausa— y por si lo estás pensando; no funcionaría si me matases. Tú quieres algo de mí y yo querré algo de ti, es un quid pro quo.


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