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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Mensaje por Estelle Sagnier Lun Nov 15, 2021 7:15 pm

Así fuera cliché esos juegos no los entendía, de hecho ni siquiera le gustaba verlos o presenciarlos, se le hacían extremadamente aburridos pero tenía que cumplir con su compañía discreta, sonriendo cada vez que la persona a su lado se alegraba de ganar algo. En algún punto de la noche incluso el hombre se dio a la tarea de querer enseñarle un poco de ese arte pero la cabeza de Estelle no estaba ni para eso ni para nada en realidad. El tedio que la había invadido en ese tiempo fue suficiente para que su rostro ya ni siquiera pudiera esconder que se sentía cansada. Aguantó probablemente algunas dos rondas más o menos antes de excusarse para ir a retocarse el maquillaje o peinado. Pasó sin curiosidad pero lentamente por todas las mesas, abanicándose del calor antes de encontrar el lugar ideal para refrescarse el rostro con agua y mirarse al espejo. No podía entender cómo sus “compañeras” podían tener tan buena actitud después de ver los mismo juegos, si las conociera más y si pudiera las admiraría por eso pero después pensó que tal vez ellas tenían más necesidad que ella aunque la idea no le convencía del todo.

Se obligó a volver, en teoría ese era el plan, pero una charola se cruzó frente a ella y aprovechó para pedir un poco de agua que llegó a su mismo sitió casi al minuto. Se la tomó como si no hubiera bebido en días y en vez de regresar a su acompañante decidió salir a dar un respiro del lugar, de la gente, de todo. No fue sorpresa que había personas que tuvieron la misma idea que ella, estaban reunidas para fumar, bromear o simplemente pasar el rato en un pseudo silencio.

No estaba interesada en hablar pero unos cuchicheos que se volvieron cada vez más fuertes le hicieron desviar la mirada a un grupo de personas, hombres y mujeres, cuya plática pasó de ser totalmente pasiva a un total caos en cuestión de segundos. Giró los ojos dispuesta a entrar nuevamente al interior del casino pero no logró a hacerlo, un empujón de quién sabe quién, entre hombres y mujeres la alcanzó lo suficiente para que se golpeara de lleno con un pilar de piedra. No iba a darle importancia de no haber sido porque una cosa llevó a la otra, no supo qué había pasado pero estaba presenciando mucho enojo justo en el centro de donde se estaba produciendo. Tuvo que meter las manos, pegar y arañar para defenderse del tumulto hasta que en tanta agresión la terminaron rasgando una manga del vestido y sacándola nuevamente de un empujón que la dejó en el piso.

Se levantó con trabajo viendo como alguien llegaba a dispersar el problema pero era muy tarde para ella ya, no podía volver dentro de esa forma e irse significaba problemas. Movió su muñeca izquierda al percatarse de un dolor en el antebrazo. Tenía un raspón comprometedor y seguramente una torcedura porque le dolía el solo mover la extremidad.

Estaba molesta y en más aprietos de los que pensaba, lo peor del caso es que dudaba si alguien quisiera socorrer su accidente por pequeño que este fuera.


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Mensaje por Ödinn Skarsgård Miér Dic 01, 2021 9:50 am

Hacía apenas unos meses que había tomado la firme decisión de abandonar no solo mi hogar sino también a mi gente, para viajar a París en busca de aliados que fueran contra aquellos que mataron a toda mi familia: la Inquisición. No en balde estuve buscando información antes de partir con apenas un par de hombres de confianza, dejando a la manada a buen recaudo con mi segundo al mando, consciente de que en caso de peligro sabría tomar las decisiones acertadas. Podría haber ido a cualquier otra ciudad Europea pero al investigar me di cuenta que en dicha ciudad se concentraba un gran movimiento de Inquisidores... y podría ser el lugar idóneo para empezar a tramar mi plan. Siquiera llevaba más que un par de semanas en la ciudad aunque me bastaron un par de días para darme cuenta de todo lo que ocurría en sus calles, por supuesto no pasó desapercibido la cantidad de sobrenaturales que se encontraba en la ciudad. Casi que era irónico porque la presencia de la Inquisición era más que notoria desde el primer instante que pisabas la ciudad, o quizás simplemente solo una mera casualidad el que tantos sobrenaturales se concentraran en París. Decidí que los hombres que me acompañaron al viaje fueran investigando un poco más para ver por dónde comenzar por lo que dudaba que tardase en encontrar quienes, como yo, buscaba venganza por los suyos. Aunque no todo iba a ser centrarme en esa venganza y me permití distraerme en alguna que otra ocasión con lo que París ofrecía, algo que en mi país era más complicado de encontrar o simplemente todavía no había llegado. Muchas eran las cosas que diferían entre aquella ciudad y mi tierra donde las culturas eran totalmente opuestas, no solo en comidas o bebidas sino también en algunas drogas que no había probado nunca. Por esa noche decidí probar algo nuevo y totalmente diferente mientras mis hombres seguían en la búsqueda, era notorio que llamábamos la atención entre las gentes no solo por nuestros ropajes más propios del norte, sino por la complexión de nuestros cuerpos, la altura y la particularidad del cabello claro acompañado de unos ojos azules como el mismo mar. Algo que por allí no había visto demasiado, pero sin duda los ropajes captaban muchas miradas indiscretas. Tampoco quería esconderme y era lo que era, no me avergonzaba de ello.

Llegué hasta el casino donde ya se encontraban varias personas no solo dentro sino también por el exterior fumando, con algunas copas en sus manos, y unos vestidos elegantes que distaban de los ropajes que llevaba. Desde el primer instante en que me adentré en el lugar pude sentir las miradas de varias personas que se posaban sobre mí a cada paso que daba, ya intuía que podría ser así y es que mi presencia podría acobardar o intimidar a cualquiera de los allí presentes. No pude sino esbozar una sonrisa ladina mientras me adentraba en el lugar y, como el resto, disfrutaba de los juegos que allí se ofrecían. No es que tuviera mucho interés pero me vendría bien para despejar mi mente por una noche y quizás ayudara para trazar nuevos planes, no estaba interesado en ganar más dinero como la mayoría de los allí presentes. Algo que tampoco me gustó fue el enorme ruido que había en el interior y del cual no estaba acostumbrado, mucho menos para un licántropo con sentidos aumentados, así que poco tardé en salir buscando un poco de aire y de tranquilidad. Agradecí el frío de la noche y la suave brisa en el ambiente para apartarme por unos momentos de donde saqué, de una bolsita que llevaba, algo del tabaco que había traído en mi viaje para fumar. No lo solía hacer siempre pero en algunas ocasiones me relajaba, apoyado contra una de las paredes con una capa de pieles que me abrigaba del frío, aunque no lo necesitara, me olvidé de todo por un momento contemplando el firmamento. Eso hasta que escuché algo de barullo a mí alrededor al que no presté atención, no al menos hasta que se hizo más notorio y me acerqué para ver qué ocurría. Ante mi acercamiento muchos se apartaban como si temieran que fuera a hacerles algo, lo que provocaba mi diversión, entre medio de todo el tumulto me fijé en una joven que se encontraba en el suelo con la manga de su vestido rasgado. Nadie de todos los presentes reparó en ella, nadie se acercó a ayudarla. Nadie salvo yo, que fui el único que se acercó para ayudarla mientras los demás volvían a sus quehaceres.


—¿Se encuentra bien, se ha hecho daño? —Pregunté observando el raspón que se veía al rasgarse la tela de su manga, colocándome frente a ella tendiéndole mi mano. Sabía que mis pintas distaban mucho de ser conciliadoras o fiables pero, a diferencia del resto, fui el único que se acercó para ayudarla. Esperé con mi mano tendida a que la tomara para de un leve empuje alzarla hasta quedar de pie— debería de llevar más cuidado —aunque no lo dije en ningún tono en concreto, solo una confirmación de los hechos ante su situación. Miré por un momento a mi alrededor a los hombres que bien vestidos y trajeados se desentendían de lo que pasaba, como si no fuera con ellos— si me permite un consejo; debería volver a su casa. Este no es un lugar para una joven como usted —comenté mirando a mi alrededor, podría tener la pinta más feroz de todos los presentes, pero mis acciones eran mucho más nobles que las de todos juntos. Con una última mirada comprobando que se encontrara bien, y sin decir mucho más, me giré para adentrarme de nuevo en el lugar al menos por un par de partidas.


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Mensaje por Estelle Sagnier Vie Dic 10, 2021 11:27 pm

El enojo e impotencia de no poder hacer nada se le reflejaba en el rostro. Si fuera cualquier otra mujer, de buen apellido o familia todo el mundo se hubiera preocupado por ella ¿Pero a quién le importa una prostituta? Miró al único hombre que le ofreció una mano amiga, no había reparado en él en medio de la pelea—Solo fue un pequeño golpehabía sido un poco más que eso pero no se sentía con ganas de explicarle todo lo que conllevaba estar en su situación. Le dio la mano ayudándose con esta a pararse y hacer contra peso hasta estar levantada—Siempre tengo cuidado pero no puedo decir lo mismo de los demás—se dio cuenta que de un momento a otro ya no había nadie más que ellos dos. Iba a dejar marcharse al hombre pero no pudo dejar escapar algo que le dijo. Antes de que él pudiera desaparecer por la puerta del casino Estelle lo interrumpió—¿Cómo sabe qué clase de joven soy? Nos acabamos de conocer, de hecho dudo que esto catalogue como que nos conocemos, diría que es apresurado que haga una suposición—acomodó el cabello rojo tras sus hombros y esperó a una respuesta que no llegó tan rápido como le hubiera gustado—Ahora tengo curiosidad—suspiró caminando unos pasos—¿Qué lugar sería el correcto para mi? O en otras palabras… ¿Cómo debe ser una joven como yo?—sinceramente no esperaba que le contestara y era obvio que solo estaba buscando un propósito para alargar su situación y evitar las consecuencias de haber quedado mal con un cliente.

Le dio risa, de nervios, todo aquello así que solo se dio la vuelta topándose de frente con un hombre que había llegado tan silencioso que no pudo advertirlo. Se fue hacia atrás cuando lo sintió envolver uno de sus brazos en contra de su nuca para aferrarse a sus cabello y jalarla hacía él. Conocía de vista al hombre, siempre se pasaba por el burdel para tratar de conseguir algo con ella y solo lograba obtener rechazos. No es que Estelle tuviera la capaz de decidir, eso era soñar mucho, pero incluso su padrote no la quería ofrecer a un hombre como ese y ella lo agradecía.

¿Crees que te ibas a escapar de mi por mucho tiempo?—le preguntó el hombre tan cerca que la pelirroja pudo casi contar todas las copas de vino que se había bebido—Vienes conmigo, quieras o no—Estelle peleó y se resistió lo más que pudo, llevándose algunos jalones de cabello de más. Al final, cuando la sobrepasó en el forcejeo se llevó una mano a la cabeza para protegerse y cedió a regañadientes—¡Iré! Suélteme—le dijo escupiendo las palabras entre sus dientes—Si me hace algo…—lo quiso amenazar mientras la jaloneaba y arrastraba pero no pudo decir gran cosa pues entre el estado de alcoholismo que presentaba y el enojo solo lo escuchó balbucear que ella no era nadie para amedrentarlo. Realmente nunca había tenido un encuentro así con nadie, aunque sus clientes fueran hombres en su mayoría indeseables ya fuera en carácter o físicamente al menos se apegaban a las reglas de querer tenerla en sus camas. A este hombre claramente le daba lo mismo mientras consiguiera lo que por mucho tiempo se le negó.

Tristemente la única que saldría pagando los platos rotos sería ella.
Sin pensarlo, como pudo, agarrando fuerza de algún lugar o por obra divina le atinó a dar un golpe en el rostro, aprovechando también a encajarle las uñas. El hombre gritó de dolor soltándola inmediato, fue ahí cuando Estelle pudo ver que le dejó una herida en el rostro roja por la sangre que brotaba de la piel.


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Mensaje por Ödinn Skarsgård Lun Ene 17, 2022 12:55 pm

Hice un mohín mientras ayudaba a la joven a levantarse con leves rasguños provocados por la caída, en realidad el único que se había dignado a prestarle su ayuda no había sido otro más que yo. Los hombres y mujeres que se encontraban en el casino por norma general no eran de los mejores elementos que te pudieras encontrar en la sociedad, más bien todo lo contrario. Casi que me hacía “gracia” que me mirasen todos únicamente por ir vestido con mis pieles, no trajeados como iban todos los presentes. Pero en algo se equivocaba y es que pese a que era cierto que no nos conocíamos sí sabía cómo era, solo faltaba ver su aura y lo mucho que se encontraba fuera de lugar de entre los presentes, como si no formara parte de ese grupo selecto de la sociedad. Incluso su alma era mucho más pura y brillante de los que a su alrededor se encontraban, aunque no la conocía como para saber si estaba en lo cierto o no… pero pocas veces me equivocaba. La verdad quedó reflejada al ver cómo la miraban tirada en el suelo pero nadie se acercó para tenderle una mano, aunque yo luego era visto como el bárbaro de allí. Mi consejo sabía bien que no lo tomaría pues en su respuesta ya dejaba claro que no la conocía como para saber si debía de estar allí o no, ella misma vio el ejemplo tras su tropiezo. No tenía mucho más que decirle así que simplemente me giré adentrándome de nuevo en el lugar para seguir apostando, necesitaba volver a despejar ciertos pensamientos de mi mente que me asolaban atormentándome como si no me dejaran tranquilo. Ese y no otro fue el principal motivo por el que decidí acudir al casino con tal de despejar mi mente, otros sabía que iban a los burdeles aunque yo no tenía esa costumbre –en mi tierra no precisábamos de pagar para mantener sexo- y no era un tema tan tabú como en la ciudad francesa. Algunas de las apuestas sonaron a mi favor obteniendo más ganancias de las que invertí en las apuestas, tampoco era una motivación ganar más pues no lo precisaba… todo cuanto me movía era la maldita venganza, como una enfermedad que me carcomía por dentro. Como un fuego que abrasaba todo a su paso. Ni siquiera llevé la cuenta de las ganancias aunque supuse que serían cuantiosas ya que, en los últimos minutos, más gente se arremolinó a mí alrededor con un interés que hasta la fecha no mostraron. Hipócritas. Todos en aquella ciudad me lo parecían pese a sus trajes caros y sus modales refinados, de no ser porque mi objetivo principal residía en dicha ciudad me habría marchado nada más llegar.

Obvié esos pequeños detalles tomando la decisión de marcharme sin prestar atención en las jóvenes que, de casualidad, centraban su atención en mí persona con un fin muy claro. No hice caso de nada saliendo por la puerta con un saquito de seda lleno de francos, serían bien invertidos para el fin que nos llevó hasta allí. Al notar la leve brisa dar en mi rostro encendí el tabaco que dejé a medias cuando vi a la joven en el suelo, de camino al hostal donde nos hospedábamos en la ciudad. El humo impregnó el aire y aunque alguno se quejó a mi paso nada más verme de inmediato cesaron sus críticas, imponía con mi aspecto pero además mi constitución y mi altura jugaban bien a mi favor. Salí dejando atrás a los ricachones que se lucraban con el juego sin pensar en nada o al menos intentándolo, pese a que mi mente era bastante traicionera. Fue algo en el ambiente mientras me alejaba lo que hizo que frunciera el ceño ligeramente pues reconocía demasiado bien ese olor, me acompañaba desde muy pequeño, era como una forma de vida: sangre. Con el olfato que tenía desarrollado al ser licántropo no me costó seguir demasiado el rastro que dejó en el aire como tampoco el pasar por alto los gritos, el hedor a alcohol impregnado en el aire, un grito de una joven que parecía estar en problemas. Tenía dos opciones frente a mí; bien podría pasar de largo ya que no era algo de mi incumbencia… pero era imposible hacerlo, cuando de pequeño mi padre me enseñó el arte de la espada y de la guerra hubo algo que también me inculcó; defender a los débiles o a los que, por cualquier circunstancia, no podían defenderse. Bufé acercándome hasta el lugar del que provenía la sangre viendo a la misma joven que cayó en el casino, siendo aferrada del pelo por un hombre el cual apestaba a alcohol. La ira me invadió en ese momento intentando que mis ojos no se tornaran dorados, odiaba las injusticias, ver a aquella joven aferrada del pelo por aquel desgraciado fue más de lo que pude soportar.



—Suéltala —mi voz sonó grave pero firme, llamando la atención de ambos. El hombre iba un tanto borracho pero enfocó su mirada en mi persona— suéltala si no quieres acabar mucho peor que eso —por lo general al ver mi aspecto solían echarse atrás, pero intuía que ese hombre no iba a ceder ni un ápice.
—¿O qué, eh? ¿Vas a defender a esta putita? ¡No vale para nada! —Tiró de su pelo sosteniéndola a su lado, provocándome, algo muy malo para él dado que no me importaba en qué estado acabase cuando terminara de golpearlo.
—O puede ser el último día de tu miserable  vida. Créeme, me importa poco cómo acabes o los convencionalismos de esta sociedad. Suéltala y puede que te deje con vida. Hazle un solo arañazo, y eres hombre muerto —era una amenaza que pensaba cumplir muy en serio.


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Mensaje por Estelle Sagnier Mar Ene 18, 2022 6:32 pm

Estelle no supo cuándo ni cómo la vida le había cambiado para mal. Más joven siempre creyó que crecería de forma prometedora y que tendría una vida buena ya fuera porque se casara con alguien que la quisiera o por el trabajo arduo de su familia. Su yo de 8 años estaría totalmente devastada y decepcionada al verla así, tropezando solo para levantarse y volver a caer solo que más fuerte que la primera vez. Seguía viva en parte por suerte y en parte por pura inercia, la vida en la capital nunca se detenía, no podía simplemente quedarse varada esperando o llorando su inmensa desgracia. Lo que en verdad no entendía es porque le había tocado vivir algo así, los últimos años había sido aplastante, no tenía respiro por ningún lado y su única distracción de ese mundo al que la metieron era saber de la existencia de otros seres que solo había escuchado antes en cuentos que ocupan las madres para asustar a sus hijos y a veces ni eso era suficiente como para que ella se sintiera motivada a pelear contra las injusticias que le pasaban.

Se defendió lo mejor que pudo pero después de haberle dañado el rostro al hombre este volvió a tomarla del cabello completamente fuera de sí. Si no lo hubiera golpeado y arañado la ira estaría mucho más medida pero nadie retrocedía el tiempo así que se aguantó la bofetada en la mejilla que la dejó con la mitad del rostro entumecido. Le pegó tan fuerte que la pelirroja no fue capaz de abrir los ojos enseguida si no hasta después que escuchó una voz medio conocida demandando la soltara. Era de nuevo ese hombre que antes la había ayudado ¿Acaso Dios se estaba compadeciendo un poco de ella y le había mandado un salvador? Chilló con miedo pues la valentía del desconocido no hizo retroceder a su agresor, todo lo contrario, lo alentó a sacar lo que parecía ser una navaja elegante, más parecida a un abrecartas que otra cosa y colocarlo en su piel, sobre canalillo de su pecho, en donde comenzaba el escote.

Por favor—le pidió con voz temblorosa, adolorida, sin ganas de moverse porque en cualquier instante podría encajar esa arma y ahí quedaría ella. Ya no iba a pelear. Levantó las manos pero miró al desconocido—No quiero meter en problemas a alguien por esto, tampoco quiero problemas para mi misma, en verdad lo agradezco pero es mejor dejarlo así… ¡Ah!—al parecer el hecho de que alguien más fuerte, alto y valiente retara al pobre desgraciado a soltarla fue suficiente para que el frágil ego quisiera demostrar poder. El tipo la aventó al piso, rasgándole un brazo con la navaja de paso y dándole una patada algo desviada por su alcoholismo pero que igual dolió aunque ella se hubiera cubierto con los brazos.

¿Quieres pelear por esta puta sin valor? ¡Adelante!—el agresor abrió los brazos lleno de confianza como si no se viera estúpido en sus ropas caras y ebrio, le pareció una imagen detestable—Quién gane puede hacer lo que sea con ella, hasta tirarla en el río después de usarla—la confianza con la que hablaba el hombre le erizó la piel a Estelle solamente por el simple hecho de saber verdaderamente cuales eran sus intenciones. Tenía tan poco valor para hombre como él que tirarla en el río sonaba razonable, sonaba normal, en su maldad. Esa idea le caló muy profundo tanto que decidió no dejar solo al hombre que intercedió por ella, adolorida como estaba, se acercó hasta el borracho y le dio una patada en la corva de la rodilla derecha para que el impacto lograra doblarlo hacia adelante. Al final volvió a retroceder por si volvía a querer agarrarla a la fuerza.

Lo que pasó después fue casi tan increíble como lo fue algo violento.

Tenemos que irnos—se levantó como pudo—No nos pueden ver aquí—le daba ya lo mismo lo que pasara después con su padrote prefería enfrentarlo a él que experimentar un linchamiento o algo peor.



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Mensaje por Ödinn Skarsgård Dom Feb 20, 2022 11:33 am

Si aquel hombre tuviera un mínimo de decencia o de sentido común se habría dado cuenta, incluso en su estado de embriaguez, que no era algo acertado el envalentonarse o intentar hacerle daño cuando le había advertido de una manera muy clara, y concisa, lo poco que me importaba cómo acabara o los convencionalismo de esa sociedad que no me interesaba en lo más mínimo. Nosotros teníamos unas costumbres y unos valores muy claros y para nosotros las mujeres era algo de suma importancia, no solo porque nos daban la vida, sino también porque muchas se convertían en grandes escuderas que luchaban con fiereza y valor a nuestro lado en la batalla... aunque con el tiempo esto fuera a menos, pero eran quienes llevaban la mayor carga de todas. De pequeño me habían educado para respetar a mis iguales, era cierto, pero también por respetar a las mujeres sin importar el qué por lo que ver a aquel hombre tratarla así con las claras intenciones que de seguro tenía... era más de lo que pudiera soportar. Aunque no lo quisiera no podía evitar que me recordara a mi mujer, esa que perdí hacía unos años a manos de aquel maldito Inquisidor... lo que propiciaba que  mi rabia creciera ya que eran situaciones que odiaba, y aquel hombre no parecía querer cambiar ni de opción ni de parecer. La joven la cual debió de haberse marchado en el mismo instante en que le dije que lo hiciera, intentaba mediar entre ambos para solucionarlo de manera pacífica pero yo sabía que eso no existía pues por la actitud de él, de su cuerpo tenso, mandaban un claro mensaje que entendí y para el cual estaba más que preparado. Para mí no cabía perdón alguno cuando alguien maltrataba a cualquier persona pero mucho menos a mujeres indefensas como ellas, aprovechándose de una condición de la que ellas no podían hacer nada, por lo que el destino de aquel hombre estaba más que sentenciado a su fin. Punto. No había otra forma de solventar la situación y yo desde luego que no iba a dejar pasar lo que estaba haciendo para, al menos, devolverle en parte de su propia medicina. Cerré mis manos en sendos puños cuando puso una navaja justo en su canalillo, donde comenzaba su escote, con la firma intención de hacerle daño si la ocasión lo requería...o más de lo que ya le había herido. Pese a que entendía la actitud de la joven yo bien sabía que de nada iban a servir sus palabras, ese hombre tenía una idea fija que no descartaría incluso con mi amenaza. Gruñí cuando la hirió al tirarla al piso donde pude oler más sangre que manó de una herida de su brazo, sus palabras me asquearon hasta tal punto que tenía suerte que no fuera noche de luna llena... cuánto me habría gustado destrozarlo entre mis garras y mis colmillos. Maldito desgraciado, iba a hacerle pagar muy caro por todo.


—Ya te lo he advertido, acabas de sentenciar aún más tu destino —mi voz salió baja y muy grave, casi ronca, porque me estaba controlando para no saltar literalmente sobre él y molerlo a golpes. Un borracho con una navaja no era ni una mera amenaza, me había enfrentado en peores condiciones. Debería de pensar en algo como el valor y el honor pero no podía soportar ese tipo de vejaciones, de superioridad de poder que ejercían algunos con un derecho que no tenían. Iba a lanzarme contra él cuando la joven inesperadamente se alzó propiciándole una patada en la parte trasera de la rodilla, haciendo que trastabillara por lo ebrio que iba lo que aprovechó para acercarse a donde yo estaba intentando en vano que nos marcháramos, algo que ni en broma iba a hacer— aprovecha y márchate ahora, no quiero que veas esto —en lo que el hombre intentaba levantarse como podía rodeé su cintura de manera suave, ayudándola a apartarse no sin antes clavar mi mirada en la suya— hazme caso esta vez, marcha y no mires atrás —la insté a que se marchara ya que no me preocupaba quedarme con él a solas, lo agradecía porque no le deparaba nada bonito— adelántate, luego te alcanzo —fue lo último que le dije antes de girarme clavando mi mirada que brillaba con la promesa en mis ojos de que no iba a ser bonito para él, viendo que aferraba la navaja con fuerza como si con aquella arma pudiera intimidarme. Me acerqué con paso firme cuando intentó lanzarme el primero golpe, sin embargo mi entrenamiento y el que estuviera ebrio hizo que no acertara pero yo sí apresé esa muñeca, apreté con tanta fuerza que le hice soltar la navaja aunque no solté mi agarre, seguí apretando hasta que mi otra mano cerrada en un puño se estampó contra su rostro. Pero no dejé que cayera al suelo, no porque quizás perdía el conocimiento y no lo quería, volví a darle otro puñetazo, y otro más, y otro más viendo que su boca ya sangraba y su nariz lo más seguro es que estuviera rota. Y era lo mínimo que se merecía porque de haber estado solo –la joven andaba cerca- lo habría reventado, sin preocuparme. Lo agarré del cuello y lo alcé levemente viendo cómo luchaba por sobrevivir en su miserable vida, lo solté dejando que cayera al suelo en lo que rogaba porque parara, porque lo dejara marchar— ¿ahora pides clemencia? ¿La misma que ibas a tener con ella violándola y tirándola al río? Eso tendría que hacer yo contigo; tirarte al río —espeté dejando una rodilla en su pecho apretando con fuerza, tomé una de sus muñecas y ni lo dudé; la rompí haciendo que gritara de dolor— eso para que nunca más pongas una mano encima a una mujer. Te mereces la muerte pero esto será mejor castigo —me levanté porque sus gritos alertarían a los demás y me alejé encontrando a unos metros a la joven, la cual al acercarme a ella tomé en brazos para ir más rápido— dime dónde puedo llevarte y curar esas heridas, sino puedo llevarte donde me hospedo. Y por esta vez, hazme caso.


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Mensaje por Estelle Sagnier Mar Mar 01, 2022 6:53 pm

Parpadeo mil veces intentando comprender porque el extraño desconocido le pedía que se fuera como si nada cuando en primer lugar por defenderla a ella podría meterse en problemas. Estelle no lo comprendía pero no era solo eso, no comprendía aún que hubiera personas que creyeran en lo justo o que le otorgaran un valor a ella que era tanto deseaba como despreciada en partes iguales. Así como le pasaban desgracias que se guardaba con llave en el corazón también, de tanto en tanto, alguien le recompensaba con ayuda incluso sin merecerlo. Las manos del hombre la guiaron unos pasos lejos del lugar pero ella seguía sin aceptar poder irse solo porque sí y él pareció entenderlo enseguida pues le prometió alcanzarla después ¿Después de qué? La pelirroja ya se lo imaginaba y no sintió lástima, ni un poco, nada cuando al alejarse le dedicó una mirada de odio en su estado más puro al hombre en el piso y es que personas como él no se cansaban de hacerle daño, de ser basura y después jugar a intachables hombres de sociedad. No se permitió ni un poco de pena mientras se alejaba lo suficiente hasta dar una vuelta a su izquierda y refugiarse en la pared de un edificio, un punto muerto que serviría como atalaya de su curiosidad. Se apoyó en la pared y fue asomando la cabeza poco a poco hasta ver lo que ocurría. Su mirada se mantuvo fija entre cada golpe y gota de sangre que evolucionó hasta convertirse en un charco rojo considerable a lo lejos, sus ojos estaban atentos a la acción, a cada balbuceo de misericordia y como su salvador se lo negaba, eso hacía algo en su corazón.

Abrió los labios para respirar, esperando, viendo todo como si fuera una puesta en escena con mucha producción, una que no se podía perder. Sus ojos se abrieron, las pupilas se dilataron cuando vio como su agresor perdía la batalla con una muñeca rota y mucho llanto. Pudo apostar cualquier cosa que en sus oídos se escuchó el sonido del hueso cediendo ante la presión antes de dejar la mano inservible, colgando de forma brutal, grotesca y como un estorbo que se movía a libertad, flácido. Salió de su escondite en donde había presenciado todo al encuentro del caos pero no fue el dolor lo que vio, se concentró en el hombre que intervino por ella. Atrás, era un campo de batalla de una persona, el cerdo se retorcía y chillaba de forma dolorosa. Era peligroso tanto ruido.

Se dejó tomar en brazos—Mi casa, no está muy lejos, por allá a la derecha—señaló con el mentón el camino hacia la avenida en perpendicular. Aprovechó la posición, como de princesa, para mirar una vez más todo el desastre bien merecido, descansando su rostro sobre el músculo trapecio y rodeando con su brazo por el mismo lugar para que el dorso de su mano le sirviera de apoyo. Miró todo el camino hasta que el hombre en agonía no fue más que una motita parecida a una mosca y luego nada ya que habían girado a la derecha perdiéndose de todo.

Lamento que haya tenido que hacer eso por una joven como yo—recordó las palabras que él le había dicho antes—Lo aprecio bastante—muy pocos se habrían detenido a mirarlo y la mitad de esos pocos a defenderla. Dio algunas indicaciones más entre el camino de calle y calle hasta que llegaron a su casa. No era elegante ni muy grande, era más como un pasillo largo bastante ancho para estar amueblado y dejarla pasar con libertad de dos pisos que básicamente dividían la sala, comedor y cocina y arriba su dormitorio con un baño, nada más. Le pidió bajarse de sus brazos para buscar en un bolso oculto de su vestido la llave del lugar. Abrió y lo dejó pasar primero, luego entró ella—No me presenté… Estelle—se señaló así misma, con una mano al pecho. Dejó su llave en un mueblecito pequeño dirigiéndose a prender alguna luz que los sacara de la penumbra—Me parece que no es de por aquí, espero que no haya arruinado sus planes de divertirse—un espejo de decoración le permitió ver su estado, no estaba muy mal herida pero tampoco se veía como cuando comenzó la noche.

Ya vengo, tengo material de curación—subió hacia el baño y tras poco minutos volvió a bajar con una caja bien surtida de muchas cosas que puso sobre su sofá. No explicó porqué tenía ese material y porque parecía que nunca debía faltarle nada de eso—¿Es común en usted defender a todo el mundo?—preguntó sacando unas gasas para limpiarle la sangre de las manos al contrario—Lo hizo dos veces esta noche, me pareció peculiar, cualquiera cantaría antes su precio—talló con cuidado esperando encontrar alguna herida o sección roja pero después de quitar las costras de sangre se dio cuenta de que él no tenía un rasguño, nada, ni siquiera el fantasma en los nudillos de que le hubiera caído a golpes a un desgraciado. Inspeccionó su mano y lo miró atenta intentando encontrar esa aura propia de los vampiros, no la encontró, él no era un vampiro. Negó su propia idea pensando que igual se trataba de alguien excepcionalmente atlético—Tengo agua, té… ¿Vino?—recordó tener dos botellas por ahí guardadas, no deseaba parecer una malagradecida.


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Mensaje por Ödinn Skarsgård Vie Mar 25, 2022 12:30 pm

Ya había advertido a aquel hombre lo que podría pasarle si no se callaba y dejaba de insultar a la joven que pese a advertirle que se alejara sin mirar atrás, todavía sentía cerca en los alrededores. De no haber estado ella cerca habría acabado con la vida de aquel miserable pues no se merecía otra cosa, no podía leer su mente pero con sus palabras me dejaba muy en claro lo que le hubiera hecho antes de acabar con su vida y tirar su cuerpo al río, como un desperdicio, cuando él único miserable y desperdicio era él. ¿Quién extrañaría a un tipo así? Suponía que nadie y aunque no era mi labor, ni mi cometido, libraría a la ciudad de una escoria como aquel hombre. Partirle la muñeca dejándosela rota era algo muy leve para todo lo que podría haberle hecho –sin contar con los puñetazos que destrozaron su rostro, desfigurándolo seguramente- pero un castigo para que nunca más se atreviera tocar a otra mujer, si es que alguna querría hacerlo tras cómo lo había dejado. Bufé cuando noté que la joven no se había marchado sino que se encontraba cerca y para ir más rápido, pues los gritos de aquel cerdo desgraciado se escucharían hasta en el fin del mundo, alejándonos de allí mientras me dirigía hacia dónde ir para llevarla a su casa y dejarla a salvo pues tras todo lo ocurrido era lo mínimo que podía hacer por ella. Aparte de haberla advertido al principio, de haberme hecho caso no se hubiera encontrado en dicha situación. Mientras la tenía entre mis brazos y ella me rodaba con los suyos quizás para estar más cómodo le eché un rápido vistazo cuando dijo que lamentaba lo que había tenido que hacer, ¿lamentarlo? Yo no lo hacía en absoluto, de hecho tras salir de aquel lugar lleno de falsa hipocresía me sentía mejor que nunca tras haber liberado tensiones y darle lo que se merecía a ese malnacido. Le habría hecho más pero se encontraba tan cerca –y de seguro que vió más de lo que necesitaba- que no quería sobrepasarme, pero de estar en mis tierras y en mi hogar no hubiera sobrevivido de esa noche. Guardé silencio mientras seguíamos caminando en lo que ella me indicaba hacia donde debía de dirigirme, asentí levemente para hacerle entender que me alegraba al menos que apreciara el gesto. En especial porque si le había hecho eso a aquel desconocido ¿qué no podría hacerle a ella? Otra en su situación se marcharía sin mirar atrás, pero se quedó allí. Minutos más tarde cuando de seguro ya habrían encontrado al hombre que dejamos atrás llegamos hasta una calle donde se encontraba la casa, la bajé para que pudiera abrir la puerta y cuando lo hizo me adentré deteniéndome en el salón sin querer entrometerme mucho más. Para cuando se presentó señalándose con el dedo como si no pudiera entenderla, aunque sabía que sí podía, asentí levemente con la cabeza para ver cómo dejaba la llave en un pequeño mueble. Eché un rápido vistazo aunque no dije demasiado hasta que sus ojos se pusieron de nuevo en mi persona, momento que aproveché para presentarme como hizo ella.


—Ödinn —fue lo único que dije para mirarla y elevar una de mis cejas, ¿arruinar mis planes de divertirme? Cierto que acudí al casino con dicha intención pero no encontraba el mismo placer, o diversión, que aquellos ricos apostando. Quizá porque venía de otro lugar y las costumbres en ese ámbito eran muy diferentes, prefería mil veces ir con los míos a una taberna a beber buena cerveza y jugar a diferentes cosas, que apostar como lo hacían ellos. Es más, encontré más diversión pegando a aquel hombre que dentro del propio casino— no, soy de unas tierras lejanas situadas más al norte. Soy de Noruega —aclaré por si sabía dónde se encontraba o le sonaba el lugar— la pregunta es, Estelle, ¿qué hacía una joven como tú en un lugar como ese? —Y no es que quisiera entrometerme en su vida, jamás lo haría, pero desde el principio había desentonado demasiado con los allí presentes. Iba a decirle que no hacía falta que trajera nada cuando desapareció dejándome allí a solas, para cuando volvió al poco traía consigo una caja repleta de todo tipo de utensilios que me llamó la atención ya que no era lo común. Pero de nuevo, no pregunté pues no era de mi incumbencia. Para cuando hizo aquella pregunta no pude evitar elevar ligeramente la comisura de mi labio en una sonrisa torcida— solo a aquellas que no pueden defenderse por sí mismas —respondí porque era lo que desde pequeño me habían enseñado, inculcado, a defender a los que no podían hacerlo por sí mismos. Algo que me representaba bastante. La dejé hacer aunque sabía que no encontraría herida alguna en mis nudillos pues por mi condición de licántropo estas se curarían rápido, y más que eso, mis manos estaban mucho más curtidas en batallas y en peleas como para hacerme más que algún leve rasguño. Las peleas estaban a la orden del día cuando salíamos a beber, éramos unos bárbaros en ese sentido— no cobraría por defender a aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos, al menos que me hayan contratado antes para eso. Me inculcaron desde pequeño que debía de ayudar a quienes más lo necesitaban, y es algo que tengo como valor por encima de muchas cosas —otras que no le contaría pues no eran necesarias, pero de dónde yo era mi familia siempre se había considerado algo así como “guardianes” o “protectores”. Se remontaba siglos atrás. Cuando la vi intentando buscar alguna herida como sino pudiera creer la falta de esta chasqueé la lengua— no vas a encontrar herida, estoy demasiado acostumbrado a las peleas. No ha sido nada —ella misma se dio cuenta de cómo rompí su muñeca sin apenas esfuerzo, la batalla era algo a diario en mi día a día. Para cuando ofreció lo que tenía hice un leve mohín— ¿cerveza? —Era lo que podía tolerar de la ciudad, algo que echaba de menos de mi tierra. Esperé a que lo trajera y después agradecí con un gesto de cabeza tomándolo en mi mano— ¿vives tú sola? —Pregunté ya que la casa me parecía algo grande para una sola persona, o quizás era mi percepción, solo esperaba que tuviera alguien que la cuidara— deberías de llevar más cuidado por dónde sales, puede que la gente vista de manera elegante pero sin duda sus almas están corrompidas y podridas —muchos se apartarían de mi lado por mi apariencia, mis ropajes, pero era mucho mejor que otros que vestían con elegantes trajes— eres demasiado joven y la noche es peligrosa para personas como tú. No siempre encontrarás alguien como yo que se preste a ayudar, y no querría ver que mi acción fue en vano —aunque no lo dije como reproche, más bien, como una advertencia a que aquel hombre era posiblemente lo más inofensivo para los sobrenaturales que había en la ciudad.


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Mensaje por Estelle Sagnier Sáb Abr 16, 2022 7:14 pm

Es un gusto—con todo y las circunstancias en las que se habían tenido que conocer en verdad le agradaba saber de alguien bueno—Nunca he estado en Noruega—había escuchado del país así como de Suecia y Dinamarca, en contadas ocasiones tuvo algún cliente que atender de por esos lugares pero fue una situación excepcional y pasajera. Le sorprendió lo poco que conocía el mundo y como este se hacía cada vez más pequeño con cada día que pasaba. El hombre no quería ni vino ni té, le pareció muy natural y carismática su petición sobre lo que prefería y ella recordaba tener una jarra dispuesta a ser bebida. La sirvió en un vaso alto pero en vez de solo entregar solo el vaso también dejó la jarra en frente de Ödinn—Me temo que no es la mejor cerveza de la ciudad—hizo un gesto de disculpa con los labios mientras se alejaba para prender otra luz ya que las primeras le quedaban a deber un poco en la habitación—Parece un lugar grande pero en realidad no lo es, vivo sola por comodidad. Nadie me molesta ni yo molesto a nadie—explicó. Para su padrote le resultaba mucho mejor tenerla aislada incluso de amigas potenciales, aquel hombre horrendo tenía pesadillas con un motín de prostitutas quemando su burdel de lujo—Las jóvenes como yo estamos acostumbradas a estar en lugares como en el que me encontró y a lidiar con personas vestidas con piel de oveja. Es un gaje del oficio—no le dijo explícitamente a lo que se dedicaba pero sus palabras estaban apuntando correctamente para llevarlo a esa conclusión—No hay muchos lugares para que una persona como yo pueda estar y no es que me moleste, me he acostumbrado—al decir esto no sonrió porque acostumbrarse no era la palabra, se había resignado y nada más—Le aseguro que su acción de hoy no será en vano—aseguró. Lo decía en serio pero tampoco estaba segura si algún día despertará viva ya fuera porque se cansó de la vida o porque alguien, con algún resentimiento, le puso fin a su miseria—Cargaré con un cuchillo la próxima vez—eran tantas veces las que había imaginado deshacerse de los hombres más nefastos con una simple navaja que ya había perdido la cuenta y nunca se animó a, de hecho, armarse. Eso solo serían más problemas para ella.

Resultó metido en una pelea por mi culpa, nunca lo voy a poder olvidar pero ahora ha despertado mi curiosidad con varias cosas—Estelle en el tiempo que llevaba en París se había ido apagando poco a poco, a veces se movía por un falso deseo por su reluciente profesión pero era casi todo mentira y mucha maña—No diría que le gusta apostar y no llevaba acompañante, por lo que veo tampoco buscaba encontrar y pagar por una… ¿Está buscando a alguien?—se sentó en un sofá pequeño que tenía cerca y lo invitó a que hiciera lo mismo en otro sofá idéntico—Vi lo que hizo allá afuera. Fue excepcional, nunca había presenciado algo tan horrible—había presenciado otra clase de atrocidades por ella misma, se las habían hecho a ella pero la pelirroja las pensaba como algo que no le pasó, algo que soñó o que solamente leyó. Era lo que hacía pues aceptar que fue testigo y víctima de violencia era como aceptar que había perdido todo valor y poder en la sociedad.

Con un movimiento de cabeza casi en complicidad se acercó a Ödinn. De los pocos gustos, si se podía llamar así, que había descubierto en ese mundo de sexo era que había vampiros caminando la noche y probablemente más seres así solo que su salvador no era uno y no sabía lo que era—Es usted un hombre muy atractivo con gran fuerza, no hay duda de eso, pero no me atrevo a decir que sus paseos se limitan a horarios nocturnos ¿No es así?—no es que buscara una confesión, no era lo que quería, pero si de pronto él necesitaba alguna especie de amiga o confidente de sus aventuras, cualquiera que estas fueran Estelle estaría más que feliz de escucharlo ¿Y por qué no? Ayudarlo.


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Mensaje por Ödinn Skarsgård Jue Jun 09, 2022 12:19 pm

Era la primera vez que me encontraba en una situación así en la ciudad de París aunque era algo normal ya que apenas llevaba un tiempo en la ciudad y, desde luego, los motivos que me orillaron a la ciudad distaban mucho de ser por el casino que había visitado esa noche. No encontraba la diversión que los hombres y mujeres que se encontraban en su interior disfrutaban al apostar o al beber las caras bebidas en su interior, vestidos como personas decentes cuando ya había comprobado que realmente no era así. La prueba fehaciente de ello era la joven que tenía frente a mí y a la que había salvado no en una, sino en varias ocasiones de lo que podría haber sido algo muy malo para ella al final de la noche... quizás hasta podría haber acabado muerta de no interrumpir a aquel hombre el cual se llevó su merecido para el resto de su vida. Odiaba ese tipo de hombres y de personas que no representaban para nada unos valores que me inculcaron desde pequeños, no salvé a la joven por lo que ella pudiera darme en compensación por ello... sino porque me inculcaron que era lo que debía de hacer cuando veía a aquellos que no podían defenderse por sí mismos. Ya le advertí que llevara cuidado porque a pesar de vestir con trajes elegantes muchos de ellos estaban podridos en su fuero interior que es lo que ocurrió con aquel hombre. Eso sí, de no haber estado en un lugar público con tantas personas de seguro que lo habría matado poniendo fin a su existencia... me tuve que contentar con romper su muñeca para que nunca más en su asquerosa vida volviera a poner la mano sobre una joven como Estelle. La cual se prestó a curar mis heridas cuando en realidad no había nada que curar pues apenas me hizo daño alguno, en realidad porque dichas heridas ya estaban más que curadas y pretendí hacerle ver que estaba acostumbrado al combate –como de seguro ya se habría figurado- por lo que intenté que no prestara debida atención a mis heridas. Tomé la cerveza cuando me la tendió sin importar que fuera o no la mejor de la ciudad, todo cuanto quería en esos momentos era el hecho de beber algo que calmara un poco la agitación que llevara por dentro ya que todavía no podía reponerme de lo que vi. Más bien, no podía reponerme de las ganas de acabar con la vida de aquel ser despreciable como me habría gustado en un inicio... calmarme era la mejor de las opciones y la cerveza quizás ayudara. Apenas hice un leve movimiento con mi cabeza cuando mencionó que no había viajado nunca a Noruega, lo veía lógico para la edad que tenía que no hubiera salido mucho del país aunque tampoco importaba o no. La miré por unos segundos cuando dijo que vivía sola más bien por comodidad que por otra cosa, pude indagar un poco más pero no era algo en lo que debiera de inmiscuirme. Sin embargo presté debida atención a sus siguientes palabras cuando dijo que las jóvenes como ella estaban acostumbradas a lidiar con hombres como aquel y estar en lugares como el casino, lo que sin decir mucho más me hicieron comprender el verdadero motivo por el que se encontraba en el casino. Y ni siquiera la juzgué por ello, ¿cómo podría cuando era algo que en mi hogar se veía sin ningún tabú? Me abstuve de preguntar si realmente se estaba refiriendo a lo que creía pero sí, tras pensarlo detenidamente durante un par de segundos, todo cobraba sentido. El motivo por el que estaba allí, la razón por la que no se marchó cuando la tiraron de un inicio... y por qué aquel hombre intentó sobrepasarse con ella. Todo cobraba una lógica y tras averiguar dicha realidad no hice gesto ni mención alguna con su profesión, aunque sí la veía demasiado joven para dedicarse a ello.


—Creo que para la tranquilidad de ambos sería mejor que portaras un cuchillo escondido entre tus ropajes. Si alguien volviera a intentar sobrepasarse solo tendrías que apuntar bien a su garganta, bien a sus partes nobles, y te aseguro que huirá como un niño asustadizo —hablé con franqueza tras dar el primer trago a la cerveza dándole una rápida e instructiva clase de lo que debería de hacer si volvía a encontrarse en una situación como la vivida esa noche, de hecho sin pensarlo demasiado llevé una de mis manos hacia mi espalda donde precisamente tenía un pequeño cuchillo –más bien una daga- que saqué de su funda para dejarla sobre la mesa. En el filo tenía unas inscripciones a modo de runas que yo mismo grabé cuando la hice, hacía ya varios años— quédatela, te garantizo que será mucho mejor que cualquier cuchillo. Está afilada por lo que cuando vayas a cogerla lleva cuidado, sería mejor que la guardaras en una funda —supe que iba a negarse pero alcé una de mis manos hacia ella, tomé una de sus manos y la dejé sobre la daga— insisto —y en mi tono dejaba implícito que no admitiría una negativa por su parte. En el siguiente silencio que reinó fue ella la encargada de romperlo alegando que desperté su curiosidad, lo que hizo que enarcara una de mis cejas sin apartar mi mirada de sus ojos claros. Me pregunté cómo es que terminó siendo prostituta con lo joven que era pero a veces la vida resultaba mucho más dura de lo que uno pudiera imaginar, lamenté que tuviera que hacer eso para sobrevivir— quería comprobar por mí mismo aquello que tanto les gusta a los parisinos, admito que no fue tan grato como pensé en un inicio. Y no, no necesité buscar compañía alguna —cuando me invitó a sentarme en un sofá frente a ella lo hice escuchando sus palabras, lo cierto es que me sorprendió que no se escandalizara cuando vio lo ocurrido con aquel hombre— podría haberle hecho más, mucho más, al menos si no hubiéramos estado en un lugar tan lleno de gente. Romper su muñeca habría sido el menor de sus males —y no me importaba el sonar tan duro admitiendo en mis palabras, o al menos dejando entrever, que podría haberlo matado de estar en una zona alejada. Se acercó restando la distancia entre ambos en donde permanecí quieto donde estaba observando, tan de cerca, las pecas que adornaban su rostro joven. No pude evitar que mi mente fuera a otro lugar y época muy lejano que en nada tenía que ver con la realidad o con el presente. Algo hizo que prestara atención cuando mencionó que mis paseos no se limitaban únicamente a la noche, obviando que me tildara de atractivo pero con el pensamiento de que era una joven hermosa que quizá no tuvo una vida fácil, pero centrándome en esa última parte. Fue lo que me hizo pensar que era posible que conociera la existencia de vampiros aunque, por lo pronto, no quería sonar precipitado— no, mis paseos no se limitan únicamente a la noche Estelle —quizás porque quise hacerle ver –si de verdad sabía de los vampiros- que no era uno de ellos. Aunque era una hipótesis que no sabía si quería corroborar o no— mis obligaciones me mantienen ocupado gran parte del día pero es de noche cuando disfruto de tiempo libre para mí, para despejar mi mente y olvidarme de las preocupaciones o tribulaciones cotidianas de la vida —simplifiqué bastante ya que los planes que me llevaron a París eran mucho más turbios y oscuros que eso, pero era algo que no quería que supiera— deberías de llevar cuidado con ese mundo, Estelle —una de mis manos sin saber bien por qué la llevé hasta su rostro apartando un mechón rojizo, del mismo color que el fuego más vivo, que la cubría parcialmente— puede ser mucho más peligroso que el hombre con el que te has encontrado. La noche es sinónimo de peligro y parece que te estás acostumbrando a este.


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En mi vida, a veces, no se decidir [Ödinn] Empty Re: En mi vida, a veces, no se decidir [Ödinn]

Mensaje por Estelle Sagnier Jue Jun 09, 2022 10:40 pm

Ödinn era un hombre astuto, se dio cuenta de ellos en cuanto tiró la indirecta sobre la profesión que ejercía pues la había entendido, ella lo sabía y si lo hizo tuvo el suficiente tacto como para no hablarle con lástima o notarse excesivamente curioso. La idea de portar un arma para defenderse era tentadora tanto que repitió en su mente con extrema atención la forma en que podía atacar. Su mano se extendió a la daga sin poder evitarlo acariciando el filo suavemente con su dedo índice en donde logró ver la inscripción en el metal ¿Runas? No eran egipcias. Preguntaría después. El repentino regalo había llamado mucho su atención pero Estelle bien sabía que no podía herir a nadie de gravedad ni siquiera por mucho que lo deseara así que su primera reacción fue negarse a aceptar el objeto pero Ödinn no se lo permitió ¡Bien! Si eso lo dejaba tranquilo no le haría mal quedarselo y tenerlo guardado—Nunca había recibido algo como esto—él podría no verlo como un regalo pero ella sí y este era diferente de muchos otros porque había nacido no porque quisiera algo de ella como su cuerpo o su atención a cada segundo sino por una preocupación de un ser humano a otro. Desde que se la habían llevado a la fuerza de Niza nadie le había mostrado tanta preocupación tantas veces seguidas—Lo voy a usar sabiamente—si es que se le daba la oportunidad o si el miedo de ser reprendida no superaba sus ganas por vivir porque siendo sincera a veces pensaba en que si moría tendría descanso por fin. Estaba tan cansada de todo que cualquier excusa para cerrar los ojos en los últimos meses era una buena razón para pretender dormir.

Los casinos no son la gran cosa en especial si no va acompañado, a mi en lo personal me parecen aburridos—iba a los casinos porque a sus clientes les gustaba asistir y era mucho más fácil ver cómo perdían dinero apostando unos con otros que fingiendo que eran buenos en la cama—En mi vida voy a olvidar eso. No sabe las veces que he soñado con que algo parecido le pasara a todos los hombres que son así… verlo en persona me dio una sensación de satisfacción enorme—era la victoria de todas esas ocasiones en que no había podido defenderse y de las que estaban por venir pues ya sabía que defenderse y matar solo le traería más problemas.

Sus pupilas se dilataron en cuanto Ödinn respondió a su pregunta a medias pero con la suficiente información como para dejarla a un paso de aclarar sus dudas sobre él. La advertencia no tardó en aparecer y solo la hizo emocionarse justamente por eso… El peligro pero no cualquier clase de peligro. El que ella buscaba era en el que se podía entregar por voluntad propia, no al que era arrojada sin voz ni voto. Ahí radicaba su interés en que ella se sometía al dolor consciente pues solo así reclamaba algo de poder y decisión sobre su cuerpo—¿Qué hay de malo con su mundo? Conozco algunos horrores por cuenta propia y se ven justo como ese hombre, a veces peor. Eso me da más miedo—colocó la palma de su mano sobre la de su misterioso invitado en un gesto cálido sintiendo el peso de esta sobre su rostro antes de tomar la daga que le había regalado y acercarla por debajo de su propia clavícula—Si no se limita a vagar por la noche puedo cortarme y no querrá morderme—apretó el filo apenas un poco sobre la piel para probar. Las expresiones de Ödinn no cambiaron así que dejó la daga y se acercó como para abrazarlo pero esta vez casi pegando la oreja en su pecho. Lo escuchó respirar, había un movimiento natural en su cuerpo cada vez que inhalaba y exhalaba, Xavier por ejemplo no respiraba porque no lo necesitaba.

¿Qué es usted?—preguntó yendo directo al grano y quitando cualquier duda sobre su conocimiento de vampiros—Considere que soy su compañía está noche al menos para hablar. No voy a cobrar por nada, solo quiero saber—.


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En mi vida, a veces, no se decidir [Ödinn] Empty Re: En mi vida, a veces, no se decidir [Ödinn]

Mensaje por Ödinn Skarsgård Dom Sep 18, 2022 12:33 pm

Desde que partí de Noruega tenía en mente unos objetivos muy claros sobre lo que quería hacer en la ciudad así como el verdadero motivo por el que decidí dejar atrás mi hogar, no solo era por una venganza sino también por silenciar esa quemazón que atenazaba mi pecho desde hacía varios años, desde que perdí a mi familia. Nunca llegué con la preocupación o con la idea de entablar amistades pues no lo necesitaba, más bien buscaba aliados que compartieran mi misma causa y quisieran unirse contra la inquisición para devolverles sino todo, una parte del dolor que nos habían infligido. Esa noche cuando acudí al casino para intentar entender cómo funcionaban las mentes de los parisinos no esperé toparme con aquella joven quien, desde mi punto de vista, parecía sacada de lugar como si no perteneciera a dicho mundo de la noche… no me equivoqué demasiado al respecto. Mi padre siempre me dijo que para entender al enemigo había que comprender, o estudiar, sus mentes para así tener un mejor perfil y poder trazar mejor los planes y por eso acudí al casino, ver cómo se entretenían, pero lo cierto es que no encontré nada gratificante ni el lugar ni el juego que al parecer a ellos les divertía tanto. Lo que sí “encontré” fue justo lo que no andaba buscando como era aquella joven y ayudarla dándole una lección -que sí disfruté- al hombre que intentaba abusar de ella. Era curioso cómo la vida te ponía en el camino aquello que no buscabas y parecía esconder lo que sí ibas buscando… ya que mi pensamiento no era acabar en la casa de Estelle, ni tampoco entregar la daga que siempre llevaba encima y cuyas runas yo mismo grabé en su filo, como tampoco el preocuparme por alguien que apenas acababa de conocer solo porque tenía la sensación de que se estaba metiendo en la boca del lobo. Y nunca mejor dicho. Ya ni siquiera me refería al hecho de que fuera prostituta a lo que no hice mención alguna, pero sí el que se adentrara en un mundo que era mucho más peligroso de lo que ella pudiera llegar a imaginar. Que lo peor no era aquel hombre que intentó abusar de ella -ese era el menor de sus males- que el verdadero peligro se escondía detrás de personas que no daban la sensación de ser peligrosos. Especialmente los vampiros ya que aprovechaban su condición para encandilar a los humanos que eran atraídos como las polillas con las llamas; incapaz de resistir la llamada. Quizás por eso le entregué la daga para que pudiera defenderse y así pudiera escapar… o quizás era que, de una manera inevitable, me recordaba a mi hermana pequeña. Ver en su rostro la sorpresa cuando le di la daga como “regalo” fue algo que me hizo saber que no había recibido las atenciones recibidas, casi como si se extrañara que alguien le diera algo sin pedir nada a cambio. Asentí levemente cuando aseguró que lo usaría sabiamente ya que al menos me quedaba más tranquilo, tendría algo con lo que intentar defenderse en caso de que una situación así volviera a repetirse. No mostré expresión alguna cuando dijo que no olvidaría lo que le hice a aquel hombre dándome además una idea de que había tenido que lidiar con tipos así a menudo, lo cual me provocó bastante rabia ya que yo no concebía esa necesidad de hacer daño a los demás y sobre todo a los que eran más débiles… no con los valores inculcados. Me hizo preguntarme cuánto habría tenido que soportar de hombres así que la abusaban solo porque se creían en la condición de hacerlo, porque no había nadie que les pudiera parar los pies… y es que dedicándose a su profesión de seguro que escoria como aquel hombre frecuentaba los burdeles porque no eran capaces de conseguir el placer de una mujer sin tener que pagar por ello. También me pregunté cómo es que Estelle con lo joven que era -porque parecía muy joven- se dedicaba a ese mundo, cómo aguantaba algo así… no quería ni imaginar el trato que en algunas ocasiones habría recibido. Antes de darme cuenta mi mano ya había tomado un mechón de su rojiza melena para apartarlo de su rostro, dejando ver sus pecas, para después dejar mi mano en su mejilla. A veces daba la sensación con sus palabras de que era ella misma quien buscaba esos peligros de los que yo trataba de avisarla, mucho peores que ese hombre, que podían hacerle mucho más daño que el que quiso hacerle él. Algo en ella me hacía sospechar que pudiera haber conocido ya esa parte oscura que se ocultaba en la ciudad de París, que parecía infectarlo todo, pues jamás había visto tal concentración de sobrenaturales en un mismo lugar.


一Lamento escuchar que has conocido algunos de esos horrores de los que trato de prevenirte, porque no son fáciles de reconocer y desde luego que lo que pueda haberte hecho ese hombre palidece en comparación 一un vampiro podría haber bebido de ella hasta dejarla sin una gota de sangre, eso siendo magnánimo, si no decidía antes jugar con su presa, si no sentías cómo la sangre te abandonaba en cada tirón. A la Inquisición no le bastaba más que falsas acusaciones para atrapar lo que ellos consideran “herejes”, bajo cualquier excusa o pretexto, y una noche de luna llena podía toparse con seres como los que yo era que sin raciocinio alguno la acabarían destrozando. Su mano se elevó hasta dejarla en la mía en lo que, sin duda, era el gesto más íntimo que había tenido en mucho tiempo. No pude reaccionar cuando con su mano libre tomó la daga y la dejó sobre su clavícula en una clara amenaza pero que, además, me dio la última pista que necesitaba; vampiros. Había tenido contacto con vampiros porque solo una persona que supiera de su existencia y tuviera algún contacto íntimo con estos podía decir esas palabras que decían demasiado, que hablaban más de lo que ella imaginaba. No hice movimiento alguno ya que bien podría haberle quitado la daga pero no quería que, de un mal movimiento o forcejeo, esta acabara por cortar la fina piel de su cuello. Me mantuve calmo y sereno sin apartar mi mirada de la suya para hacerle ver que eso no sería un problema conmigo, que no deseaba su sangre ni me volvería como un demente si se cortaba y sangraba. Ella misma fue la que apartó la daga dejándola en su sitio acortando la distancia entre ambos hasta el punto que, para cuando quise darme cuenta, quedaba recostada contra mi pecho en un semi abrazo con su rostro cerca de donde residía mi corazón, en lo que por unos segundos me quedé quieto sin moverme. ¿Cómo había llegado a ese punto? No lo sabía pero terminé por cerrar los ojos y rodear su cintura con uno de mis brazos, mientras mi mano libre iba a su cabello rojizo dejando que el silencio se adueñara de la estancia. Mi espalda quedaba contra el respaldo del sofá con ella recostada sobre mi pecho, hacía mucho tiempo que no tenía el cuerpo de una mujer recostado contra el mío para sentir su peso, la calidez que desprendía, o el que su perfume inundara mis sentidos siendo este suave y con cierto toque afrutado. ¿Qué tenía Estelle que hacía que bajara mis defensas? No lo sabía, pero lograba algo que nadie pudo tras perder a mi familia; me calmaba. Por qué razón lo desconocía pero sentí que mi cuerpo se relajó en lo que me dediqué por primera vez desde hacía años a relajarme y disfrutar de ese momento de tranquilidad, de calma. De paz. Su pregunta tampoco me sorprendió después de descubrir que no era un vampiro y que tenía conocimientos sobre los sobrenaturales, aunque quizá solo sabía de la existencia de vampiros… me pregunté cómo es que lo sabía. Quizá porque alguno de sus clientes lo fuera, era común que los vampiros frecuentaran burdeles no solo para obtener placer, sino una forma de alimentarse sin llamar la atención. Ella aseguraba que sería mi compañía para hablar por esa noche y que, a diferencia de lo que pudiera hacer con otros hombres, no me cobraría nada. De hecho jamás pensé en pagarle ya que al principio no sabía a qué se dedicaba, y tampoco lo había hecho para recibir un favor a cambio. Por unos segundos me pensé si responderle o no, en qué podría cambiar que supiera de la existencia de licántropos一 no un vampiro, desde luego 一apunté mientras mi mano seguía enredándose en sus mechones de fuego一 ¿por qué querrías saberlo, Estelle? ¿Acaso cambiaría algo tu percepción o llevarías más cuidado? Dicen que la curiosidad suele ser peligrosa, y algo me dice que en ti más 一callé por un momento buscando la mejor manera de decirle lo que era sin que llegara a asustarse, aunque sí conocía la existencia de vampiros dudaba que se asustara一 soy lo que llaman un “licántropo”, una ser mágico que se puede transformar en lobo las noches de luna llena. Solo durante esa noche dejamos que nuestra forma animal acuda a la llamada de la luna, durante toda esa noche nos convertimos en lobos grandes… muy grandes 一más que un lobo común al menos. Tampoco quería darle mucha más información sin saber antes cómo reaccionaría ante tales palabras, al saber que existía algo más que los vampiros caminando por el mundo y con apariencia humana lo que hacía que fuera complicado de detectarlos. Dejaría que ella preguntara lo que quisiera saber para así responderle, algo me decía que tendría varias preguntas que hacer al respecto一 dime, ¿desde cuándo sabes de la existencia de vampiros, como supiste de ellos? 一Porque los vampiros no eran muy dados a dejar que sus presas, sus víctimas, escaparan sabiendo lo que eran. En realidad todos los sobrenaturales nos cuidábamos de que los humanos no supieran de dicha existencia por lo que cuando alguien se enteraba, en especial por mano de un vampiro, no solían dejarlo con vida. Aparte que tener dichos conocimientos con la inquisición tan fuerte no era bueno tampoco para aquellos que lo sabían, pues de seguro que estos no dudarían en utilizarlos para sacar información一 debes de llevar cuidado a quien le dices sobre esto, Estelle. No es algo que se sepa a la ligera.


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Mensaje por Estelle Sagnier Miér Nov 23, 2022 1:07 pm

Estelle también lamentaba el rumbo que tomó su vida y se preguntaba a menudo si de haber hecho algo distinto algo pudo haber cambiado. Conforme fue pasando el tiempo y más cansada se encontraba de estar en ese mundo menos se dedicaba a pensar en diferentes escenarios que pudieron mantenerla a salvo de tanto mal, no tenía caso perder el tiempo en ilusiones que nunca iban a poder ser. Se mantuvo escuchando su corazón muy de cerca, la melodía extraña que este emitía intentando averiguar la magia que corría en él y cuando le aseguró que no era un vampiro abrió los ojos sorprendida de que de hecho existiera más seres increíbles—Ninguna de las dos. Solo encuentro fascinante su existencia a comparación de la mía—se refería a la de todos aquellos que no eran humanos del todo. Saber ahora un poco más de los secretos que ocultaba la noche la hacía sentir emocionada sin ninguna razón ya que hasta hace no mucho ella creía que todo era cuento de niños o leyendas que se inventaba la gente para hacer su vida menos aburrida. Estelle necesitaba saber más de Ödinn y el impulso de la adrenalina la sentó en el sofá tomándole una mano como si se tratara de una niña pequeña que esperaba algún regalo—Siempre pensé que eran solo inventos—y fue una tonta por pensar eso después de dejar que alguno que otro vampiro se alimentara de ella.

Mi trabajo me ha llevado a hacer muchas cosas—muchas de esas cosas le daban vergüenza pero otras no—Alguien llegó con mi padrote a pedir confidencialidad sobre un servicio, él creyó que era buena idea mandarme a mi y terminé dejándome morder. No podía negarme, por una parte ya habían pagado pero no fue tan malo como uno creería—miró a Ödinn segura de que no la iba a juzgar pero pendiente de la reacción—Desde ese momento digamos que se me ha hecho un poco más común donar sangre—explicó con el curioso término que ella había descrito para alimentar vampiros.

No le diré a nadie sobre su secreto, parte de las cosas que hago es ser discreta en más aspectos de los que se puede imaginar—tan discreta cómo se podía, la gente se daba cuenta de quién era una prostituta y quién no pero había una especie de etiqueta silenciosa a los que trabajaban y acudían a buscar servicios en esos ambientes: No divulgar nada que pudiera perjudicar el negocio. Desde los secretos más sosos hasta grandes revelaciones como la existencia de vampiros u hombres lobos, Estelle guardaría el secreto y lo trataría con la delicadeza medida aunque eso no quería decir que dejaría de buscar estar en contacto con ellos. Ahora mucho más que antes sentía la necesidad de entender más—¿Naciste como un licántropo o cómo fue que ocurrió? Imagino que la transformación debe doler bastante…—se levantó de golpe tras darse cuenta el tema de lo que estaban hablando. Todo parecía muy irreal—No lo puedo creer—volvió a girarse para mirarlo—¿Es cierto lo que dicen sobre su rivalidad con los vampiros? Si es verdad… No puedo entender cómo es que sabemos tanto y tan poco sobre ustedes—si lo pensaba con detenimiento la suposición era que tanto vampiros como hombres lobo se encargaban de difundir un poco sobre sus propias condiciones para provocar miedo a los humanos locales y así se fueron formando los cuentos e historias que hoy conocía.

Muchos habían sido suficiente cuidadosos para escuchar detenidamente sobre los peligros y luego estaba Estelle dispuesta a saltar directo hacia ellos—¿Hay muchos de ustedes aquí en París?—hizo, por fin, la pregunta más importante.


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Mensaje por Ödinn Skarsgård Lun Ene 23, 2023 12:36 pm

Después de la masacre que había sufrido donde perdí a mi familia era como si siempre llevara un escudo para evitar que la gente se acercara demasiado a mi persona, un escudo con el cual pretendía evitar mayores roces de los necesarios o más en concreto: que alguien pudiera hacerme sentir débil. Asumir la pérdida de aquellos a los que aún amaba era demasiado complicado y doloroso por lo que una vez sufrir por ellos, no veía la necesidad de permitir que nadie pudiera hacerme daño por lo mismo. En los años posteriores a la masacre erigí unas murallas de hielo que cada vez sentía estaban más y más altas, no permitiendo que nadie las traspasara como hice antaño, aunque siempre supe que era imposible mantenerlas por siempre en alza. Quién me iba a decir que en París, donde había acudido por venganza, encontraría en la joven que menos cabía imaginar que pudiera encontrar una sensación antaño familiar, pero ahora desconocida en cierto sentido. Que Estelle me transmitiera esas sensaciones era algo que no me convenía en absoluto pero una parte de mí era como si simplemente se rindiera, se dejara llevar por la calma y la paz que ella transmitía y contagiaba a mi cuerpo… aun cuando sabía que no era nada bueno bajar mis escudos, mis defensas. Quizás porque en Estelle veía el recuerdo de quien fue una vez mi hermana y eso hacía que fuera todo tan familiar con ella, o quizás fue el ver con mis propios ojos cómo aquel maldito desgraciado intentaba aprovecharse de ella y violarla -lo que de seguro habría hecho de no estar yo presente- sin importarle en absoluto cómo se sintiera ella, solo buscando su propio placer. Tampoco contaba mi historia o mucho menos revelaba el secreto que por años soportaba y el que me permitía poder defender a los míos, a mi pueblo, pues tras la muerte de mi padre fui yo el que se convirtió en ese “guardián” asumiendo el rol que le perteneció a él. En mi hogar la magia estaba demasiado ligada como para sorprendernos por encontrar a vampiros o licántropos, de hecho, de donde yo venía no existía una rivalidad entre ambas razas pese a lo que podía ocurrir en otros lugares como bien nos informaron. Esa era la diferencia entre construir y defender un hogar entre todos, siendo familia, a lo que se podía respirar en la capital francesa. Un motivo que hacía que no me gustara en absoluto y por lo que también pretendía acabar mi misión cuanto antes, eran muchas las cosas que no me gustaban de París ni del ambiente que circulaba por toda la ciudad… como un mal presagio, como si algo estuviera a punto de ocurrir y fuera inevitable. Mi intención siempre fue mantenerme al margen de todo pero los dioses parecía que tenían otro camino reservado para mí, solo esperaba no lamentar seguir sus dictados.

No pude evitar elevar una de mis cejas ante la confesión de la joven al decir que lo encontraba fascinante, ¿acaso no sabía el peligro que corría por estar cerca de vampiros? No todos sabían controlarse y no todos lo harían llegado el momento, para ellos Estelle no era más que una simple mundana de la cual alimentarse para saciar su sed, poco les importaba qué le ocurriera o cuál fuera su sino… así como poco les importaba matarla para alimentar su sed. Una parte de mí no le gustó que ella estuviera tan familiarizada con los vampiros o con el hecho de dar su sangre para alimentarlos, incluso aunque estos pagaran por sus servicios… no sería la primera, ni tampoco la última, que moría por complacerlos. No era quien para juzgar si hacía bien o hacía mal en dejar que la utilizaran de esa manera, lejos de que utilizaran su cuerpo por su… profesión, pero eso no quería decir que me sintiera tranquilo al conocer ese pequeño detalle. Nuestro pueblo no tenía ningún tipo de tabú con el sexo ni con aquellas que ejercían el oficio, no estaba mal visto, pero si me preocupaba de más que ofreciera su sangre sin reservas. ¿Habría probado alguna vez la sangre de un vampiro? Conocíamos bien lo que esta provocaba en los humanos quienes, tras varias dosis, terminaban enganchados como a la más potente de las drogas y hacían todo cuanto fuera necesario para conseguir un par de gotas. Esperaba, realmente, que Estelle no llegara a ese extremo. Que no perdiera su humanidad por juntarse con vampiros y darles de beber de su sangre, o que bebiera de ellos.



一No deberías de sentirte tan cómoda dando de beber de tu sangre, Estelle. Hay vampiros quienes necesitan de siglos para controlar sus impulsos, algunos incluso no llegan a hacerlo y matan a sus víctimas 一sonaba un tanto preocupado porque ella encontrara ese final, a esas alturas ya no necesitaba tener que fingir que no lo hacía一 no me gusta que te obliguen a ello 一comenté en voz baja, sin saber si ella me habría escuchado o no一 y dime, ¿alguna vez tú has… probado su sangre? 一Inquirí con cierto interés para ver hasta qué punto había llegado一 prométeme una cosa; que nunca vas a probar la sangre de un vampiro. Con el paso del tiempo te vuelves un adicto a ello como lo estaría alguien enganchado al opio 一la droga más potente en París, por lo que tenía entendido一 hay quienes bebe demasiado y se convierten en esclavos de sangre, los llaman ghouls 一era una forma de medir cuánto sabía ella en realidad, sus expresiones la delatarían si intentaba fingir no conocer o saber. Si había bebido de su sangre o no. Suspiré al ver que ahora su atención se centraba en mi persona o en lo que yo podía convertirme y me pregunté si habría sido buena idea decírselo, si el al prevenirla de posibles peligros no la estaba encaminando a uno de ellos一 no, no nací siendo un licántropo… me mordió uno 一hice una pequeña pausa al rememorar el momento exacto, tras aquella batalla en la que perdí a mi padre y convertido en licántropos tuve que tomar el mando de nuestros guerreros. Convertirme en un líder tan pronto, tan joven一 duele más de lo que pueda expresar con palabras, es como… sentir como te destroza por dentro 一mi mirada no estaba puesta en ella, para cuando volví a mirarla se había levantado y danzaba de un lado a otro de la habitación一 puede ser, de donde yo vengo no existe tal rivalidad 一me encogí de hombros restándole importancia. Quizás no era tan bueno que supiera tanto de los sobrenaturales y todo lo que concernía a estos, quizás estaba más segura sin saber nada一 porque no queremos que se sepa, porque hay quienes no nos ven con buenos ojos. Seguro que has oído hablar de la Inquisición, aquí tienen mucho poder por lo que he averiguado en estos días 一ya lo sabía de antes, porque fueron ellos quienes masacraron a mi familia一 hay una porción de la Inquisición que se dedica a cazar sobrenaturales. ¿Las quemas de brujas? Tan solo uno de sus muchos crímenes 一llevé mis dedos al puente de la nariz y negué levemente con la cabeza一 hazme un favor y prométeme algo Estelle; que no te adentrarás más allá de lo que has conocido. No quieras averiguar más, no quieras saber o encontrar más como nosotros porque cuanto más lo hagas más te estarás poniendo en peligro 一la miré de manera fija, seria por primera vez en toda la noche一 no le digas ni cuentes a nadie lo que sabes, o podrían tacharte de hereje. Intenta no tener contacto con vampiros ni darles de tu sangre, pero si no puedes evitarlo al menos evita, por encima de todo: beber de ellos 一no sabía qué le depararía el futuro pero cuanto más se alejara de los sobrenaturales mejor le iría en la vida一 y eso también me concierne a mí. No debería quedarme aquí por mucho tiempo.


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