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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Sombras del pasado <Privado>

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Mensaje por Diane Lucas Lun Dic 13, 2021 3:24 pm

Participar en eventos como aquel era algo que no disfrutaba en absoluto. Vestidos pomposos, salones abarrotados de gente, ruido excesivo e hipocresía, eso era todo lo que Diane Lucas podía apreciar.

No siempre fue así.

Hubo una vez, hace no tanto tiempo, aunque a la joven le parecía que había pasado toda una vida, en la que realmente se regocijó en todo aquello que ahora odiaba, especialmente los bailes. Diane había sido conocida por ser una joven jovial y alegre, que siempre tenía una respuesta o anécdota graciosa para todo y contaba con una fascinante facilidad para conversar con cualquier persona, desde niños hasta personas mayores, desde otras personas amistosas hasta aquellos que eran considerados desagradables por muchos. Quien quiera que hablara con ella, terminaba encantado, eso era seguro.

¿Qué ocurrió para que cambiara tanto en sólo cinco años? La respuesta era más bien un “quién”. Magnus du Lac. Un recién llegado a la ciudad, nadie lo conocía bien o sabía mucho sobre él, todo a su alrededor eran especulaciones. Al principio su trato había sido algo extraño, fue el hombre más desagradable al que Diane trató alguna vez, pero su mirada, cada que la posaba sobre ella, aparte de enojo mostraba cierta nostalgia, siempre se preguntó el motivo de eso, pero nunca se atrevió a exteriorizar sus dudas. Fue un hueso duro de roer, pues parecía determinado a no dejar que ella le gustase, y Diane a todo lo contrario. Cuando finalmente logró sacarle una sonrisa, creyó que estaba progresando, pero la siguiente vez que se encontró con él fue totalmente diferente. La nostalgia desapareció de su mirada y sólo quedó el enojo, que parecía haber evolucionado a una rabia que llegaba a darle miedo. Por un tiempo más intentó volver a donde estaban antes, aquella extraña amistad en la que ella hablaba hasta por los codos y él simplemente la escuchaba, pero todos sus intentos fueron en vano.

Magnus no sólo rompió su corazón, también arruinó su reputación. Cuando se cansó de sus malos tratos y se alejó por completo de él, se encargó de hacer que todos creyeran sus calumnias. A estas alturas ni siquiera sabía qué era lo que había dicho, nadie se atrevió a decirle nada a la cara, simplemente comenzaron a mirarla por encima del hombro, con superioridad. Perdió a todas sus amigas, pues sus padres les prohibieron relacionarse con ella y, para completar el cuadro, su padre y sus hermanos ni siquiera le dieron el beneficio de la duda.

A partir de entonces fue tratada por todos como una paria, se convirtió en la deshonra de su familia, por lo que decidió abstenerse de asistir a cualquier evento social. Prefirió estar en casa que estar en compañía de aquellos quienes la juzgaron sin darle oportunidad de defenderse, especialmente cuando su padre enfermó poco tiempo después. Pasó entonces los siguientes años cuidando de su padre, haciendo las veces de enfermera mientras sus hermanos despilfarraban la fortuna familiar. Cuando su padre murió, tan solo unos meses atrás, sus hermanos vieron la oportunidad perfecta para deshacerse de ella a la vez que sacaban algo de dinero en el proceso, decidiendo obligarla a volver a los eventos sociales la siguiente temporada. Lo que Diane todavía no sabía, era que la intención de sus hermanos era comprometerla con alguno de los hombres a quienes debían una fortuna, hombres tan viejos que podrían ser su abuelo, a cambio de saldar sus deudas.

Por su parte, Diane tenía sus propios planes. Si bien no podía evitar el tener que ir a aquellos eventos, no quería decir que no pudiera esconderse por tanto tiempo como le fuera posible. Conocía sus opciones. A su edad, ya era considerada una solterona. Los solteros aceptables de la sociedad no buscaban una mujer tan mayor como ella, lo que la dejaba con los solteros no tan aceptables; de cualquier forma no se sentía capaz de volver a confiar en ningún hombre. Cada vez que pensaba en el tema, se inclinaba más por su idea inicial. Trabajar no era una alternativa tan terrible, al menos no para ella. Pero cuando mencionase el asunto a su padre y hermanos, se alarmaron a tal punto que la hicieron prometer olvidarse de ella. Obviamente no lo había hecho, y por ello sus hermanos no habían parado de recordárselo durante los últimos meses, desde que su padre falleciera.

Aun así, allí estaba ella. Escondida en un rincón oscuro de aquella mansión desconocida. Se había escabullido del salón principal y encerrado en la primera habitación vacía que encontró, siendo ésta un despacho. Pensó en encender una vela y distraerse con la lectura el tiempo que estuviese allí, en cambió terminó encogiéndose en el sofá frente al hogar, extinguido en aquella época del año, simplemente mirando a la nada en la oscuridad, sin querer pensar más en ese pasado que hace tanto había enterrado, y que ahora debía revivir gracias a la ambición de sus hermanos.

La idea de trabajar seguro resultaría aterradora para cualquier jovencita de su círculo social. Incluso para ella misma lo había sido muchos años atrás, cuando era joven y crédula. Desde entonces, lo único que la había aterrado era la idea de volver a confiar en un hombre y que este estuviese simplemente jugando con sus sentimientos para luego pisotearlos. Demasiado ingenua. Se lo habían dicho tantas veces, que había llegado a creerlo. Internamente ella sabía que la sociedad simplemente defendería al hombre sin importar qué hiciera, siempre y cuando no fuese un crimen. Lo único que ahora podía pedir era no tener que volver a ver el rostro de Magnus du Lac nunca más, un nombre que ni siquiera había querido recordar después de tanto tiempo.

Sus reflexiones se vieron de imprevisto interrumpidas por un halo de luz bloqueado por la sombra de un cuerpo enorme en el marco de la puerta, que había sido abierta y cerrada rápidamente, dejándola de nuevo a oscuras, esta vez con un hombre desconocido en la misma habitación. Contuvo el aliento, temiendo que si respiraba con normalidad el extraño repararía en su presencia. No quería tener que interactuar con nadie, por lo que rogó que quien fuera que interrumpió en su santuario temporal, se marchase pronto dejándola de nuevo a solas.




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Mensaje por Magnus du Lac Lun Ene 24, 2022 11:18 am

No era la primera vez que pisaba la capital Francesa en mis años de existencia pero si algo tenía claro es que aquella vez no sería igual que las demás, algo me decía que mi visita no sería como las anteriores y que quizás aquella vez estaría plagada de sorpresas. Con el paso del tiempo había contemplado cómo cambiaba la ciudad creciendo y expandiéndose en las diferentes épocas que la atravesaron, pero parecía que aquella era la que más “libertad” tenía en ciertos aspectos y que se podía notar en sus calles. Era común y normal encontrar a mujeres que ofrecían sus cuerpos en pos de hallar un placer en sus curvas y en sus carnosos labios, un suculento bocado tentador que era imposible resistirse cuando se ofrecían de esa manera tan liberal e insistente. Aunque había tenido en algún que otro momento algunos esclavos me había dado cuenta que el cazar, el perseguir a una presa y asediarla era mucho más divertido a que te sirvieran la comida en bandeja de plata. No negaría que había disfrutado mucho al tener esclavos que satisfacían todos mis caprichos y que se desvivían por luego obtener algo que solo yo podía darles; el mordisco. Creaba adicción así como los sumía en un éxtasis de frenesí que no podían encontrar ni siquiera con algunas drogas que se vendían, nada era tan real ni tan potente como el mordisco de un vampiro. Y es que en París podías encontrar muchas cosas y las veces que había ido de visita siempre me había sorprendido, seguramente aquella vez no fuera muy diferente a las anteriores. No sabía el motivo pero se había convertido en el centro, como si fuera un hervidero, de sobrenaturales que acudían atraídos por algo que no sabía identificar pero que los centraba a todos en el mismo lugar. Demasiado sobrenatural junto y eso de seguro habría llamado la atención no solo de la Iglesia y sus Inquisidores, sino también de un grupo de vampiros que se encargaban de cazar a otros para mantener un equilibrio... o eso es lo que decían. Y para más inri de todo mi gemelo, aquel al que no veía desde hacía ya muchas décadas de nuevo volvía a estar en el centro de toda la historia. No bastó con que en el pasado se quedara con Ginebra, no, ahora también tuvo que hacerlo con Diane… ya llegaba a pensar que lo hacía a posta, que intentaba averiguar qué mujer me interesaba para acudir él como un brillante caballero de dorada armadura y arrebatármela. Y ya me había cansado de ello. Era irónico como antes que no podíamos estar separados ni mucho menos enfadados, ahora, todo había cambiado e incluso nos distanciamos más de lo que jamás llegamos a pensar. Todo cuanto esperaba es tardar mucho tiempo en volver a cruzármelo porque la última vez decidí marcharme antes de hacer nada que llamara demasiado la atención, volví a sentir esas ganas de acabar con su existencia. En lugar de eso simplemente me retiré poniendo distancia, o al menos que pensaran que era justo eso lo que había hecho.

Muchos piensan que hace un tiempo me fui de la ciudad de París pero la verdad es que me escondo bajo sus calles, en las preciadas catacumbas que tan bien han servido a los que son como yo para pasar desapercibidos, y es ahí donde tengo un lugar solo para mí y para mí propio placer, para mí deleite. Es donde llevo a mis presas para tenerlas encerradas durante un tiempo y así poder jugar con ellas, por eso tengo esbirros que se encargan del trabajo y de subir a la “superficie” de la que tanto tiempo me he privado por unos motivos que no quiero recordar, que he intentado olvidar los meses que llevo bajo tierra. Debo reconocer que todo tiene un nombre de mujer ¿qué no lo tiene en realidad? En mis quinientos años de existencia como vampiro ya es la segunda vez que mi gemelo juega de una manera perversa, vuelve a interponerse entre una mujer y yo logrando siempre su objetivo... y es por ese motivo –el cual nunca voy a reconocer en voz alta- el que ha hecho que esté bajo tierra tratando de pasar mis días haciendo lo que más me gusta; beber de mujeres mientras las hago mías, torturar a cazadores que se atreven a bajar a las catacumbas en busca de algún vampiro. Oh, es el lugar perfecto para que nadie pueda escuchar los gritos, los llantos e incluso los gemidos que llenan las mazmorras. Pero una de mis gatitas se ha escapado y no puedo dejar que campe a sus anchas sabiendo quién soy y dónde me encuentro, pondría en antecedente la reputación que durante años me he forjado y no quisiera defraudar a mis súbditos. Pero las cosas no son como uno lo desea y de nuevo tenía que volver a la superficie y aparecer en público, unos amigos habían organizado una fiesta la cual estaba invitado y quizás fuera la ocasión perfecta para volver como si hubiera estado fuera de París. Aparte de eso en su mansión donde harían la fiesta se encontraba el “despacho” que yo solía utilizar cuando me quedaba allí, buena ocasión para recoger mis cosas. Nada más llegar a la mansión noté toda la gente que se encontraba en el interior, los dueños no tardaron en venir a preguntarme dónde había estado, qué hice… y otras cuestiones normales que respondí como si de verdad me marchara de París. La verdad es que nunca llegué a irme y las catacumbas se convirtió en un lugar seguro. Sólo estaba allí para recoger las cosas de mi estudio. Pasado un tiempo prudente desde mi llegada y con una copa en la mano decidí que era el momento de escabullirme para ir al estudio, fui sorteando a la gente que se encontraba en el lugar hasta que por fin llegué. La puerta debería de estar cerrada con llave pero no era así ya que, pude sentir desde el otro lado, una presencia. Fruncí el ceño ya que no sabía quién era ni por qué se encontraba en dicho lugar, uno que sus dueños debieron de mantener cerrado con llave, así que me dispuse a averiguarlo. Nada más abrir la puerta y pese a estar todo a oscuras supe de mi gran error al haber entrado; el olor de la persona que se encontraba allí me golpeó con tanta fuerza… y maldije en mi fuero interno. ¿Por qué, de entre todas las personas, debía de ser ella? Diane. El origen y la razón por la que me fui a las catacumbas. Donde no podía alcanzarme nunca, donde podría olvidarla. Apreté la mandíbula con fuerza intentando calmarme pues ella no se habría percatado que era yo, no sin luz, lo que me daba opciones. ¿Cómo debía de proceder? Una parte quería alejarla tanto como fuera posible, otra hacerle pagar que eligiera a mi gemelo –repitiéndose la historia- y otra… otra simplemente necesitaba sentirla. Besarla. Tomarla. Quizás así pudiera borrarla de mi mente.



—Este no es el mejor lugar en el que estar en una fiesta, señorita —comenté apoyando mi espalda contra la puerta, luchando contra las ganas de restar la distancia y… ¿y qué, exactamente? ¿Tomarla del cuello? ¿Hacerle pagar por elegir a mi gemelo? ¿Morderla? ¿Besarla? Joder, difícil elección. Lo que tenía clara era una cosa; si ella estaba allí era posible –muy posible- que mi gemelo rondara cerca. Era lo último que quería— es un lugar privado que debería de estar cerrado con llave, al que no debió entrar —podría haber seguido con la luz apagada pero ella ya habría reconocido mi voz incluso sin ver en la oscuridad, así que simplemente ya que no quería jugar demasiado con ella, encendí la lamparita que había a la izquierda de la puerta dejando la estancia con una leve luz tenue. Desde allí se podía escuchar la música que amenizaba la fiesta o incluso algunas conversaciones que se encontraban más cercanas, ninguna de ellas me interesaba. Para cuando se hizo la luz mis ojos se clavaron en ella y, sin poder evitarlo, la recorrí por completo fijándome en cada detalle: su pelo suelto que caía cual cascada dorada, el vestido que se ceñía a su cuerpo, su cuello donde palpitaba su vena… el latido incesante de su corazón— ¿qué haces aquí, Diane?


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Mensaje por Diane Lucas Dom Ene 30, 2022 11:52 pm

Diane dio un respingo al escuchar aquella voz. En la oscuridad, creyó reconocerla, esa voz no podía ser de nadie más que de Magnus du Lac. Pero el destino no podría ser tan cruel ¿Cierto? Lo único por lo que había rezado alguna vez para sí misma, era por no tener que ver de nuevo su rostro, por no tener que encontrárselo en lo que le restara de vida. El mundo era muy grande, ¿Era tanto pedir? Pero podría estar equivocada, se dijo en un intento por tranquilizarse, después de todo habían pasado muchos años desde la última vez que lo escuchase. Podría ser cualquier otro hombre y ella simplemente estaba reflejando su más grande temor en un desconocido.

Si era así, Diane debería estar más preocupada de que los encontraran allí, o incluso de que este hombre intentara aprovecharse de ella, en cambio, sólo pudo pensar en Magnus. Y se maldijo a sí misma en pensamientos tanto como a él. Después de todo el daño que él le hizo, la verdad era que todo lo que quería era saber ¿Por qué? ¿Por qué arruinarla si no la quería? ¿Qué le hizo ella tan malo para que él respondiera de esa manera? Ella simplemente intentó hacerlo sonreír, y él destruyó su reputación. No parecía justo. No para ella que nunca había lastimado una mosca siquiera.

Cuando el hombre volvió a hablar, sintió de nuevo los escalosfríos recorrerle el cuerpo. Si no era él, su voz definitivamente era demasiado parecida a como la recordaba: profunda, misteriosa, incluso un poco oscura. Con un pequeño toque de irritación ésta vez. En respuesta, simplemente asintió, mientras seguía allí sentada, simplemente mirando su silueta apoyada de la puerta. El hombre le decía que no debería estar allí, pero se interponía en la única vía de salida. ¿Qué se suponía que debía hacer? Diane no quería acercarse en esas condiciones.

La sombra entonces se movió un poco, apenas lo suficiente para alcanzar una lámpara cercana y encenderla. Al principio, la luz tenue de la vela le lastimó un poco los ojos después de estar acostumbrados a la oscuridad absoluta, pero cuando pudo adaptarse a ella y vio el rostro del hombre, creyó que se le había desencajado la mandíbula de la sorpresa. ¡Era él! El bastardo había vuelto a la ciudad. ¿Justo cuando salía de su encierro autoimpuesto? ¿Qué probabilidades había? Él debía saber, alguien tuvo que haberle dicho, ¿De qué otra manera podría explicarse esa situación?

Al lograr recomponerse de la sorpresa inicial, se puso de pie en un salto y, con el entrecejo fruncido, lo miró con odio aún en la distancia. – ¡Tú! – Había tantas cosas que quería decirle, quería gritarle, quería golpearlo, quería hacerle sentir aunque fuera una mínima fracción del dolor que él le provocó. No le bastó con romper su corazón, tuvo que destruirla por completo, convirtiéndola en un despojo, un objeto usado, a la vista del resto de la sociedad. En cambio, sólo aquella sílaba salió de sus labios.

Sus manos, encerradas fuertemente en puños a ambos lados de su cuerpo, temblaban por la rabia. Sabía que él era mucho más grande y fuerte, incluso si se lanzaba sobre él era improbable que lograse lastimarlo. De igual forma, no era partidaria de que la violencia pudiera resolver algo, así que simplemente irguió el mentón, muy digna a pesar de sus circunstancias, de las cuales él debía estarse riendo internamente.

Logró contenerse lo suficiente para no irse sobre él, pero seguía deseando hacerlo con cada fibra de su ser. – Imagino que después de todas las mentiras que esparciste sobre mí, no creíste volver a verme en una de éstas fiestas, ¿No es así? – Y no había estado, durante al menos cinco años. – ¿Qué haces tú aquí? ¿Te has enterado que participaría nuevamente y has vuelto para recordarle a todos que no soy digna? ¿Para burlarte de mí? – Sintió las lágrimas acumularse en sus ojos, pero se negaba a derramar una lágrima más por aquel hombre. Él no las merecía. Mucho menos frente a él.




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Mensaje por Magnus du Lac Miér Mar 02, 2022 10:50 am

Jamás diría en voz alta ni mucho menos reconocería cuál había sido el verdadero motivo que me había orillado a estar durante aquellos años lejos de la ciudad de París aunque, realmente, nunca había estado lejos como la gente creyó en un principio. Todo se debía justo por la mujer que ahora había encontrado en mi despacho como una maldita broma del destino, ¿no habían acaso más personas en la fiesta, que tenía que ser ella quien se encontrara allí? En mi despacho, ni más ni menos. Aunque de inicios tuve el pensamiento de alejarme antes de verla porque había estado evitando ese encuentro durante cinco largos años, esquivando todo lo que tuviera que ver con los humanos pero también precisamente lo que tuviera que ver con ella... y ahora, por azares y caprichos del destino, la tenía tan cerca que apenas entrar en la habitación e inhalar el aire del lugar me bastó para saber quién se encontraba allí, cuando aquel sitio debió de permanecer bajo llave como pedí a los propietarios de la casa. Pero ese no era el mayor ni el más grande de mi cabreo en ese momento, sino precisamente la persona que se encontraba escondida como si ¿intentara no encontrarla? ¿Acaso sabría que acudiría a la fiesta, o mi hermano lo sabría, y se querían burlar de mí? Oh, eso sería muy típico de él y de sus formas de actuar. Desde pequeños era cierto que siempre habíamos mantenido una rivalidad que se fue afianzando con el paso de los siglos, de las décadas, hasta tornarse algo en lo que ya no tenía marcha atrás... pero no pensé que volvería a hacerme la misma jugada, que se burlaría de mí a tales niveles robándome la única razón que por siglos había hecho que viera las cosas de otra manera, que quitara parte de esa coraza de hielo que erigí a mi alrededor para que nada ni nadie pudiera hacerme daño. Pero qué iluso había sido, ¡claro que tenía que estar tras todo aquello! Lejos de lo que muchos pensaran no era tan buena persona como les hacía creer, yo era quien tenía la mala fama y era quizás el más retorcido de los dos... pero él me ganaba por mucha diferencia. No pudo evitar volver a arrebatarme la única mujer que en siglos me había interesado y tuvo que apartarme, hacer que ella se centrara en él para burlarse como siempre solía hacer... no me quedó más remedio que, ante el descubrimiento que ella lo había elegido a él, partir lejos de ambos donde no pudiera verlos y quizás así me olvidara de ella, pudiera borrarla de mi mente. Ahora que la tenía frente a mí varias emociones bullían en mi interior sin saber qué debía de hacer con exactitud, pero consciente que si ella estaba allí mi gemelo no rondaría demasiado lejos. Clavé mi mirada fija en ella y fruncí el ceño mientras mi tono de voz salía bajo y grave, frío sin mostrar ningún tipo de sentimiento o emoción en mi voz, como un témpano de hielo en lo que esperaba su respuesta.

Una parte de mí quería restar la distancia y pegar mis labios a los suyos, fundirme en ella, quizás así pudiera quitármela de la mente más rápido que con cualquier otro método. Otra parte mucho más oscura tan solo quería hacerle pagar por su abandono, por haber escogido a mi gemelo antes que a mí... como ya pasó una vez hacía demasiado tiempo. Sin embargo quedé recostado contra la pared con los brazos cruzados sobre el pecho para esperar su respuesta, aunque no sabía si me interesaba en realidad lo que tuviera que decirme... no después de saber que podía mentirme, no sería la primera vez que lo hacía. ¿Debería yo de jugar con sus emociones, engañarla para hacerle creer una cosa y después darle el golpe de gracia? Sin duda se lo merecía, con mi gemelo ya arreglaría cuentas una vez tuviera todo hilado. La forma en la que se dirigió a mí con ese “tú” cargado de desprecio hizo que frunciera el ceño pero no aparté mi mirada de ella, no era quien más motivos tenía para sentirse así de los dos. No mera era demasiado complicado ver cómo su cuerpo estaba tenso, sus manos cerradas en sendos puños, o el gesto de su rostro donde denotaba que parecía bastante enfadada... ya, como si fuera a creerla. Había elevado su mentón en una actitud digna aunque no entendía el motivo cuando fui yo el mayor perjudicado, cómo debieron de reírse ambos cuando marché lejos dejándoles que su amor creciera entre ambos, que disfrutaran lo que debió de tocarme a mí esa vez. Apreté la mandíbula y aunque quise decirle que no era quién para sentirse ni mostrarse así guardé silencio, con el tiempo quizás hasta podría encontrar la forma de tornar la situación a mi favor y devolverles todo el daño que me habían hecho, la humillación que me hicieron pasar hasta el punto de tener que esconderme en las catacumbas solo para no sentirlos, para no verlos. La mente era demasiado traicionera y la mía era como la que más. Debía de admitir que sus siguientes palabras no las esperé en absoluto y aunque no quité ese rostro sin emoción alguna, no entendí qué estaba pasando. ¿Cuándo yo había dicho algo sobre ella? Nunca. Mucho menos para desprestigiarla como ella ahora quería hacerme creer... sin duda debía de ser obra de él, le había metido esos pensamientos en la cabeza. Dejé que continuara sin que me afectara ni una sola de sus palabras o del retrato de víctima que estaba utilizando, ¿cómo podía creerla después de lo que hizo? Aunque sus gestos parecían reales, el brillo de sus ojos que denotaba sus sentimientos –o sus posibles sentimientos- no parecían falsos... tampoco el ligero temblor de sus labios. ¿Estaría actuando de nuevo, querría hacerme creer que todo era verdad para después burlarse de mí?


—No sé de qué estás hablando, ni tampoco quiero saberlo, pero hacerte la víctima no va a funcionarte conmigo. No esta vez —mi voz seguía siendo dura y baja haciéndole ver que no estaba para bromas, que no iba a seguirle ese estúpido juego porque ya había aprendido la lección... ya me bastó con una vez. De seguro que mi gemelo estaría cerca disfrutando del espectáculo, de algo que él había orquestado sin problema— ¿para burlarme de ti? Querida, no mereces ni un solo minuto de mi tiempo y desde luego que, de tenerlo, no me haría falta burlarme de ti... tú sola te encargas de hacer el resto —estaba siendo duro con ella pero no había mucho más que pudiera hacer, que quisiera hacer, y me estaba conteniendo demasiado— la pregunta es; ¿por qué estás tú aquí en un sitio que es privado? —Aparté mi espalda de la pared y con pasos lentos pero decididos y firmes fui acortando de manera lenta, muy lenta, la distancia que nos separaba. No por ningún motivo en especial el acercarme lentamente a ella, quizás porque así podía medir mis acciones antes de llevarlas a cabo— ¿quién te dijo que vendría, que acudiría a la fiesta? —Volví a dar otro paso en su dirección— ¿es por eso que estás aquí, sabías que vendría a recoger unas cosas de mi despacho? —Otro paso más, un par más y estaría tan cerca de ella que podría sentir su aliento chocar contra mi rostro si estuvieran a la misma altura— ¿qué quieres esta vez de mí, no os bastó con la última vez que queréis reíros a mi costa, burlaros? Pues esta vez no, esta vez vengo preparado para devolveros el golpe —otro paso más— ¿dónde se ha metido esa sanguijuela cobarde? Dudo que te haya dejado por mucho tiempo sola, por miedo a que alguien pueda robarte de su lado —casi que quise reír por lo cobarde que era mi gemelo, mandarla a ella en vez de enfrentarme directamente— ¡contéstame! —Gruñí para que me respondiera antes de ir yo mismo en su búsqueda, no sería bonito lo que pretendía hacerle. En cuanto a ella... cuanta más distancia pusiera entre ambos, mejor para mí.


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Mensaje por Diane Lucas Vie Mar 04, 2022 12:09 am

La quijada por poco no se le desencajó ante sus palabras. Había que ser demasiado cara dura solo para pensarlo. – ¿Hacerme la…? Oh, tú sí que tienes coraje. Y ahora quieres que crea que además sufres de amnesia. – Diane no sabía qué clase de espíritu la poseyó como para darle la fuerza y voluntad de encararlo de aquella manera, jamás pensó que reaccionaría de esa manera, de hecho, habría creído que se echaría a llorar no más verlo. En cambio, allí estaba, lo más cerca que estuvo nunca de volverse una persona que usa la violencia para resolver un conflicto. Por si fuera poco, sus siguientes palabras la hicieron sentir peor que una cucaracha, como si ella no valiera nada en absoluto, como si hubiera sido sólo una roca en su camino. No debería sorprenderse, y aún así, el dolor que sintió en el pecho era prueba inequívoca de que, incluso después de lo que le hizo, su opinión le seguía importando. ¿Podría existir alguien más masoquista? Ni siquiera pudo responder a eso, su determinación flaqueó.

– ¿A ti qué te importa? – Pensaba añadir algo más, pero entonces lo vio acercarse y tuvo que dar un paso atrás. Para su desgracia, se encontró con el sofá en el que antes estuvo sentada impidiendo su retirada. Era quedarse de pie, haciéndole frente tan bien como pudiera, o caer sentada y encontrarse en mayor desventaja respecto a las estaturas de ambos. De por sí ya estaba odiando que la viera desde arriba, no soportaría si además se ponía en una posición en la que no le dejaba escapatoria alguna. – Ésta ni siquiera es tu casa, ¿Cómo iba yo a saber que tienes un despacho en casa ajena? – De nuevo sus palabras sonaron débiles, especialmente al notar que seguía acercándose, pero entonces se recordó a sí misma que nada de lo que dijo él era cierto, que su honor estaba intacto aunque su reputación no valiera nada, y volvió a alzar el mentón orgullosa. No se dejaría amedrentar por él.

Frunció el ceño, incrédula. – De haber sabido que vendrías, me habría mantenido tan lejos de aquí como me fuera posible. – Lo único que alguna vez la joven pidió a Dios de forma egoísta fue no tener que encontrarse con él, pero allí estaba. Algo debió haber hecho muy malo en su vida pasada, pues en esta lo estaba pagando con creces. Al menos eso pensó ella. De cualquier forma, ¿Quién podría haberle dicho algo? Nadie de su antiguo círculo social le dirigía la palabra a menos que se vieran obligados a hacerlo. Eso él debía saberlo perfectamente, así que no comprendió la pregunta. Claro que bien podría ser otra de sus crueles formas de recordarle que ya no le quedaba nada ni nadie.

Un paso más cerca, y Diane tembló. En el pasado había adorado la forma en que su cercanía la hacía sentir. En ese momento, lo odió. Sintió cómo las piernas de pronto le temblaban, y contuvo el aliento para no inhalar su aroma característico que recordaba demasiado bien. Quiso empujarlo lejos de ella, pero no se atrevió a tocarlo. Cuando se apartó de la sala de baile, jamás se imaginó que se encontraría allí con él, sólo quería un poco de silencio. En ese momento, sólo quería que ÉL la dejara en paz. Le encantaría saber porqué lo hizo pero, si bien nunca pensó que lo haría, ese comportamiento de él fingiendo que no sabía de qué hablaba la sobrepasaba. ¿Tan cobarde era? ¿Pensó que no sumaría dos más dos y se daría cuenta que fue él? Con la baja estima que le tenía, no debería sorprenderla si creía que no sabía leer o algo por el estilo.

No pudo contener el aliento durante demasiado tiempo. Más temprano que tarde tuvo que respirar y, tal como creyó, sentir su aroma de nuevo fue un golpe duro para ella. Especialmente porque sólo le recordaba los buenos momentos. Se estaba debilitando frente a él, lo sabía y no le gustaba pero, ahora que lo tenía enfrente, no sabía cómo luchar contra el sentimiento que durante tanto tiempo intentó enterrar. Bajo el dolor, pensó que se desvanecería. Obviamente no fue así. Incluso mirarlo dolía. No entendía esa expresión en su rostro, no le gustaba la dura y firme línea que formaban sus labios. ¿Dónde estaba ese brillo especial en sus ojos al verla? ¿Dónde estaban sus pequeñísimas sonrisas?

Sólo un poco más cerca, y Diane tuvo que sujetarse de sus hombros para no caer sobre el sofá, justo a tiempo para la pregunta más desconcertante de todas, seguida por un comentario que incluso le ganó al anterior. – ¿De qué…? ¿De quién…? – Intentó preguntar, sin entender nada en absoluto. Fue entonces cuando su demanda por una respuesta llegó y Diane dio un respingo. Sin energía para seguir discutiendo, simplemente respondió honestamente y con el tono más calmo que pudo. – Para tu regocijo, no hay nadie a mi lado de quien puedan robarme. Destruiste mi reputación. Mi única esperanza de casarme alguna vez es con algún anciano que fácilmente podría ser mi abuelo. – No pudo contenerlas más. Las lágrimas comenzaron a derramarse de sus ojos por sus mejillas, obligándola a bajar la mirada para que no la viera llorar.

En ese momento comprendió que él creía que ella le hizo algo, el problema es que por más que buceaba en sus propios recuerdos, no podía imaginar qué pudo haber hecho para ofenderlo de tal manera que la hiciera merecedora de ese castigo, esa venganza. – ¿Qué se supone que te hice? ¿Alejarme de ti cuando te comportaste como un completo cretino conmigo? ¿Qué esperabas que hiciera, que me quedara a recibir tus malos tratos y desprecios cuando era más que evidente que lo que querías era que me marchara? – Subió de nuevo la mirada, sin importarle ya si veía sus lágrimas. Necesitaba ver su expresión ante lo que iba a decir a continuación. – Sea lo que sea que creas que te hice. ¿De verdad fue tan grave como para que arruinaras el resto de mi vida? Me quedó perfectamente claro que no me amabas, pero de verdad pensé que al menos te agradaba. – Tuvo que morder su labio inferior para evitar que un jadeo provocado por el llanto saliera penosamente de sus labios.

Dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo, cansada del odio que había guardado por él durante tanto tiempo, derrotada de cierta forma. Se movió como pudo para alejarse de él en dirección a la puerta, y cuando tomó el pomo en su mano, se detuvo. Había una cosa más que quería decir. Se giró, para encararlo de nuevo. – Nunca te pedí nada, pero ahora te pido, por favor aléjate de mí. Lo único que deseo es no tener que volver a ver tu cara nunca más. –




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Sombras del pasado <Privado> Empty Re: Sombras del pasado <Privado>

Mensaje por Magnus du Lac Jue Abr 14, 2022 11:50 am

Comenzaba a arrepentirme al haber aceptado la invitación a aquella fiesta después del tiempo que había pasado encerrado en las catacumbas, donde no había tenido ningún problema y pude ejercer mi autoridad y dominio lejos de todo lo que sucediera en la superficie de la capital francesa. Tampoco es que me interesara demasiado lo que ocurría o enterarme de algunos eventos, para cuando tomé la decisión de bajar a las catacumbas por un tiempo no pensé en cuánto tiempo pasaría bajo los túneles que conectaban toda la ciudad. No es que me preocupara encontrar alimentación dado que tenía hombres que se encargaban de eso, de traer jóvenes que se quedaban por un tiempo en las mazmorras de las cuales nos alimentábamos. Si les dabas todo aquello que necesitaban así como la alimentación y sus necesidades básicas podían durarte años, cinco años bajo la ciudad de París no era nada en la vida de un vampiro y aunque quise quedarme más tiempo antes de volver a la superficie no pude eludir acudir a la fiesta, aparte me serviría para recoger las pocas cosas que tenía en aquella casa para borrar mi último rastro en la ciudad. Intenté no saber nada acerca de mi gemelo ya que eso no me iba a beneficiar en nada, ya hacía siglos tuve la tentativa de acabar con su existencia pero de encontrármelo lo más seguro es que acabara con esa idea. No entendía cómo pudo ser tan mezquino y tan ruin para hacer lo que hizo con Diane, o quizás es que entre ambos su único objetivo era burlarse de mí... como fuera ya estaba hecho y de encontrármelos no sabía bien cómo respondería. Decían que el tiempo todo lo curaba pero yo aprendí que no era del todo cierto, el recuerdo de Ginebra de vez en cuando rondaba por mi mente como si de un fantasma se tratara haciéndome daño... ahora con Diane la historia se repetía con un mismo final. No quise ir a aquella fiesta pero al menos tenía el pensamiento de que no los encontrara, sin embargo el destino no estaba de mi lado para esos entonces cuando sentí su presencia antes siquiera de adentrarme en el pequeño estudio. Siempre me había caracterizado por esconder bien mis emociones y sentimientos no dejando ver estos en mi rostro, impertérrito e inexpresivo, pero admitía que me era bastante complicado y difícil aguantar como lo estaba haciendo en vez de explotar como tenía ganas de hacer. Ahora que ya la tenía frente a mí no pude controlar decirle cuatro cosas –aunque cuatro más me hubiera gustado echarle en cara- aunque supe que no valía la pena, ella se defendería excusándose como estaba haciendo de que no sabía nada. Ese era el efecto que producía mi gemelo, llevaba toda su existencia jugando así con los humanos. No había notado la presencia de este en la fiesta pero si algo tenía claro es que no la dejaría sola, era demasiado celoso y posesivo para ello.

Sin embargo cuando creía que todo estaba según yo lo tenía pensado, según ocurrió en el pasado, sus gestos y sus palabras me confundieron por un breve momento en el que pensé que estaba actuando como la mejor de las actrices, representando el papel de no saber de qué estaba hablando. Y de hecho hubiera pensado que así era hasta que noté que no había mentira en sus palabras, era demasiado hábil para conocer las mentiras en los humanos puesto que habían signos y rasgos distintivos. Como por ejemplo el tono de voz empleado, cómo latía su corazón, su respiración... y esa mirada de no saber de qué estaba hablando mostrándose perdida, confusa. Eran signos que no se podían falsificar a la perfección y algo me hizo pensar que quizás no estuviera ejerciendo ningún tipo de papel, que quizá fueran ciertas sus palabras... y de ser cierto significaba entonces que había algo que no fue como realmente recordaba, que mi gemelo había jugado más de lo que imaginé en un principio. ¿Sería posible? No debía de descartarlo al menos hasta que supiera qué ocurrió realmente, porque si las palabras de Diane eran verdaderas quería decir que ambos habíamos sido fruto de un engaño pertrechado por la misma persona. ¿Con qué intención? Oh, bastaba con que eso me hiciera daño para que disfrutara mientras tanto... ¿sería posible que hiciera todo lo que ella me echaba en cara? Porque de lo contrario no tenía ningún tipo de sentido que me recriminara como estaba haciendo, que no supiera de quién hablaba o que simplemente desconociera qué le hice –como si yo hubiera hecho algo en realidad- para arruinar su reputación. Puede que yo no respetara los convencionalismos de la época o de la sociedad pues poco me importaba, pero sabía bien lo que significaba para los humanos y en especial el lugar que tenían las mujeres y cómo en la gran mayoría ellas eran las más afectadas. Si todo era cierto –y comenzaba a pensar que así era- significaba que no había sido la única víctima de mi gemelo, ella también. Gruñí ante ese pensamiento en lo que no presté demasiada atención a lo que me decía concentrado en mis propios pensamientos, con la rabia que notaba crecer en mi interior como aceros afilados cuya única intención era herirme profundamente. Aunque antes de tomar una decisión debía de comprobar todo, ¿quién no me decía que era algo maquinado por mi gemelo? Pero no lo sentí en la fiesta y si algo tenía claro es que no la dejaría sola, la exhibiría como el mejor de los trofeos, el olor de la sal de sus lágrimas se hizo patente en la estancia y aunque debió de afectarme de alguna manera no lo hizo. No pensaba dejarme engañar nunca más, no al menos hasta comprobar que todo era cierto. Debía de dejarle marchar para cuando se acercó hacia la puerta con la intención de irse, cuando escuché sus palabras que me pedía que me alejara de ella y que no quería verme. ¿Era en serio? Casi me dio por reírme aunque sí que puse una de mis manos en la puerta para impedir que saliera, había ciertas cosas que faltaba por comprobar.



—Y ahora resulta que no quieres ni verme, ¿tengo que creerlo después de todo lo que has dicho? —Enarqué una ceja con una sonrisa ladina en mis labios, no volvería a caer en sus juegos. No hasta saber qué pasaba en realidad y no tenía pinta de que fuera esa misma noche— si tanto te hice según tú... entonces eres más ingenua de lo que había pensado —no podía dejar que esa parte mordaz saliera de mis labios— pregúntale a aquel con el que decidiste quedarte. Qué pasa, ¿Qué no era suficiente o como lo imaginabas? Dime, ¿no te complacía como deseabas? —Estaba siendo cruel, lo sabía, pero era inevitable que esa vena saliera a flote en esos momentos— algo tuvo que hacerte para que cambiaras de opinión y decidieras dejarme de lado... estoy seguro que después de utilizarte se cansó de ti y por eso estás inventado todo esto. Tiene que ser eso —me reafirmé en mis palabras. Alcé mi otra mano y la llevé a su rostro donde tomé su mentón para hacerlo girar hacia mí con algo de fuerza, quizás presioné más de lo que debía para una humana frágil— quizás has obtenido lo que te merecías por jugar con los sentimientos de los demás, utilizarlos a tu conveniencia —espeté sin apartar mi mirada de ella, sin importarme que tuviera sus ojos cristalizados por las lágrimas que había derramado— ahora ríndele cuentas a quien te utilizó, pero me alegro que lo hiciera, así sabrás lo que se siente —si mi gemelo la había utilizado como ella me utilizó a mí, ya conocería como era ese sentimiento agridulce de traición— me pregunto qué habrás hecho para que se canse de ti —aunque lo sabía bien, nunca tuvo ninguna intención de estar con ella. Una vez cumplida su tarea ya no la necesitaba tras apartarme de su camino, tras jugar y hacerme daño— dile a la sanguijuela de mi gemelo, cuando lo veas, que le pienso devolver todo aquello que me ha hecho en estos últimos años. Seguro que a ti te escuchará más que a mí —fue todo lo cruel que pude en ese momento— y de paso pregúntale por qué quiso utilizarte, porque no eras más que la pieza en su tablero de ajedrez —fui yo quien le abrió la puerta mientras quedaba en el mismo sitio— ahora lárgate. No pintas nada aquí y tampoco deseo verte.


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Mensaje por Diane Lucas Lun Abr 18, 2022 12:55 am

Dio un respingo cuando, al intentar salir y alejarse de él tanto como fuera posible, la puerta volvió a cerrarse y lo que vio frente a ella fue su mano manteniéndola cerrada e impidiéndole salir. Se giró, sin saber realmente qué iba a decirle, de cualquier forma al darse vuelta, su mente se quedó en blanco. De nuevo demasiado cerca, ésta vez sin salida, literalmente entre la espada y la pared. Y su olor… Maldito fuera por oler tan bien. Por un breve instante, sólo deseó retroceder el tiempo, y volver a esos momentos simples, en los que se sentía cómoda con él, en los que sólo su presencia la hacía sonreír. Eso dolía incluso más que sus hirientes palabras, y eso era mucho decir. – ¿Por qué querría ver a la persona que arruinó mi vida por completo? – Preguntó sin creerse que incluso eso lo pusiera en duda.

Aunque sabía que sus palabras no eran verdad, de igual forma le dolían. Diane sabía muy bien que no jugó nunca con él o sus sentimientos, ¡Se había enamorado de él! Pensó haberlo olvidado, o al menos enterrado esos sentimientos bajo el odio y el dolor, pero entonces él la tocó y todo en lo que creyó durante tanto tiempo se puso en duda. No fue delicado al agarrarla del mentón, de hecho le hizo daño, pero de nuevo todo en lo que pudo pensar fue en la forma en que la miraba. ¿Por qué veía en sus ojos la traición que sentía? ¿Por qué podría sentirse traicionado por ella si no le hizo nada? ¿Podría ser que en medio de todo aquello que le decía y ella no entendía hubiera algo escondido?

Sin ser consciente de lo que hacía, una de sus manos ascendió con intención de acariciarle la mejilla, siendo detenida por sus siguientes palabras. – ¿Gemelo? – Preguntó, ignorando el resto de sus palabras. Por un minuto no entendió a qué se refería, pero cuando lo hizo, su reacción fue comenzar a reírse. Reía a carcajadas, como si le hubiera contado el chiste más gracioso que hubiera escuchado en su vida. En parte, así era, pues con eso indicaba que la pensaba lo bastante tonta para creer en esa excusa tan ridícula. Su rostro de nuevo se bañó en lágrimas, sólo que ésta vez eran provocadas por la risa.

– Déjame ver si entiendo… – Comenzó cuando logró controlar la risa casi histérica. – ¿Lo que quieres decir es que en algún punto de nuestra “relación” hace cinco años, tu hermano gemelo se metió entre nosotros? Al parecer, a ti te hizo creer que yo lo elegí sobre ti y a mí básicamente me arruinó la vida en tu nombre porque… ¿Quería que te odiara? – Aunque hacía asunciones, lo hacía basándose en todas las cosas que Magnus le había dicho esa noche, pensando que era una historia imposible, una parte más del engaño. – En todo este tiempo pensé muchas de ti, ninguna muy halagadora, pero jamás se me ocurrió que pudieras ser un cobarde. – Una cosa habría sido burlarse de ella por creer sus mentiras, pero ¿Tratarla a ella de mentirosa?

– Negar lo que hiciste es una cosa, pero ¿inventarte una historia tan absurda y hacerte la víctima? ¿Por qué? ¿Qué podrías ganar? – Lo peor de todo es que él parecía realmente creerse la historia. Eso la hizo dudar. – ¡No! Ahora me debes algunas respuestas. – Ahora fue ella quien cerró la puerta, y volvió a mirarlo como si fuera la primera vez en todo aquel rato. Comenzó a recordar el pasado, cómo era el Magnus de quien se enamoró, cuánto y en qué formas cambió, intentando descifrar en qué momento, si hubo algo que pudiera darle una pista, aunque fuese pequeña, de que no era el mismo hombre.

En ese momento recordó haberlo pensado en algún momento, que el hombre frente a ella, ese que la trataba horrible no podía ser el mismo que antes fue tan respetuoso, dulce a su manera. Incluso su olor había cambiado, de repente usaba demasiado perfume y le era imposible sentir su esencia natural. Peligroso como podía ser, Diane comenzó a dudar. – Tú nunca me dijiste que tuvieras un hermano, mucho menos un gemelo. – Lo acusó. Aunque, si todo aquello era cierto, era evidente que no se llevaban muy bien, y ella simplemente quedó en el medio de un conflicto entre ambos. Pero no, ¡No! No podía volver a confiar en él, no podía creerle. Se llevó una mano a la cabeza. Le había comenzado a doler al contemplar las posibilidades, y el dolor se hacía cada vez más intenso.

De pronto se sintió enferma, con ganas de vomitar. No quería creerlo, pero por fantasiosa que la historia pudiera parecer, era lo único que finalmente hacía sentido, lo único que podía explicar tanto el pasado como el presente. – ¿Qué te hace pensar que yo sé dónde está? El que yo pensé que eras tú, desapareció hace cinco años, justo después de arruinar mi reputación. Si no me crees, pregúntale a cualquiera en el salón de baile. Pregunta por mí, y verás lo que te dicen. – Eso sería suficiente para que comprobara su versión de los hechos. Incluso si era cierto y él no fue quien esparció todas esas mentiras, incluso si Magnus no tenía la culpa de lo ocurrido hacía años, sí que la tenía de las cosas que había dicho en los pocos minutos que llevaban en el despacho, se recordó a sí misma.

– Sea cual sea el juego entre tu hermano y tú, yo no quiero ser parte de él. Resuelvan sus problemas, o no lo hagan, no me importa. Pero tienes que restaurar mi reputación. ¡Tienes qué! – Demandó. Ella era inocente de todo aquello, y él iba a comprobarlo. Después de que lo hiciera, tendría que ayudarla, ¿Cierto? No podía ser tan cruel incluso después de descubrir que no había participado en el engaño, ¿Verdad? Eso era lo que quería pensar, pero realmente no conocía al hombre. Sólo podía esperar que la ayudara luego de ser parte de su destrucción.




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Mensaje por Magnus du Lac Lun Jun 13, 2022 11:15 am

Una de las características que nunca solía tener era la paciencia y que decían era una de las mejores virtudes, pero conmigo era algo bastante volátil y que siempre terminaba perdiendo. Pese a los siglos de existencia no había aprendido todavía a dominar o a ser paciente y ya me quedaba en claro que nunca lo sería, era imposible cambiar tras casi seis siglos de existencia. Me resultaba complicado sobre todo cuando tenía que soportar situaciones como aquella donde quizá debí quedarme en las catacumbas, hacía tiempo que no subía a la superficie y ya recordaba el motivo de ello. No pasó el tiempo necesario para quedarme tranquilo y desde luego encontrarme con Diane no era lo mejor de todo, pero ahora que sabía la verdad que se escondía tras lo ocurrido hacía cinco años... el único pensamiento que llegaba a mi mente era el de querer matar a mi hermano. Y en dicha ocasión lo haría para siempre, acabaría con su existencia y quizás así pudiera vivir la mía mucho más tranquilo. No le bastó cuando éramos humanos para joderme la vida y dejarme de mala manera... tuvo que hacerlo después de tanto tiempo con la única mujer en quinientos años que me interesó y llamó mi atención. Una parte de mí pensaba que no debía de matarlo porque podría acabar arrepintiéndome de cara al futuro, lo cierto es que era una hipótesis que rondó por mi cabeza en varias ocasiones... pero ahora, en ese preciso momento, no podía dejar de pensar en otra cosa. Quizá en un futuro –muy lejano- pudiera llegar a arrepentirme por romper una parte que era mi mitad y que siempre había sido así desde que nacimos... pero otra me pedía que lo hiciera porque así estaría más tranquilo. No quería encontrarme con Lancelot ya que de seguro acabaría por matarlo sin importarme lo que pudiera llegar a sentir en un futuro por ello. Era todo cuanto necesitaba. Quise que Diane se fuera ya que lo último que deseaba en esos momentos era escuchar cualquier cosa que pudiera decirme ya que, ahora que sabía la verdad, no quería ni verla. Pero como siempre pasa cuando se trata de mujeres ahora era ella quien no quería marcharse cuando hacía apenas unos minutos era todo cuanto deseaba... típico de las mujeres cambiar de opinión como puede cambiar el viento. Enarqué una ceja cuando me acusó de haberme inventado todo cuanto le había dicho y una parte de mí casi quiso hacerle ver, demostrarle, que no debía de meterse con aquellos seres que podían acabar con su existencia en un simple parpadeo. Gruñí a modo de advertencia porque el que la hubiera dejado marchar –o al menos pretendía hacerlo- no quería decir que estuviera a salvo, no al menos si me increpaba de engañarla. ¿Por qué debería de hacerlo? Podía entender su punto de vista pero la verdad es que no le hacía ningún bien el intentar echarme las culpas de todo, porque no era realmente así. Suspiré cuando hizo mención de que nunca le dije que tuviera un hermano y mucho menos que este fuera un gemelo, lo cierto es que nunca hubo la ocasión o la oportunidad para llegarle a decir eso de mi pasado... era algo de lo que me costaba hablar bastante, en especial teniendo en cuenta todo lo ocurrido en nuestro pasado.


—No tuvimos el momento o la ocasión para hablarte de mí gemelo, el cual por si no te has dado cuenta, no nos llevamos demasiado bien —puntualicé aunque supe que no era necesario pues era más que obvio que no nos llevábamos bien, hasta el momento siempre había sido yo el que caía preso de sus perversidades... pero ahora también decidió incluir a Diane y sabía que el único motivo por el que lo hizo fue porque yo mostré interés en ella, no por nada más. La miré por unos segundos en silencio escuchando que ella no sabía dónde estaba ya que desapareció hacía cinco años, admitía que jugó bastante bien sus cartas porque lo hizo de una manera en la que yo no pude prever sus movimientos. Y juraba que sería la última vez que ocurría algo así, nunca más. Casi que reí cuando dijo que no quería formar parte del “juego” que nos traíamos ambos... la verdad es que no había tal cosa, simplemente tuvo la mala suerte de que él se enterara de mi interés por ella y decidiera aparecer solo por joder. Ya que no había otra explicación, quedaba muy claro que no tuvo real interés en ella porque de haber sido así hubiera seguido. Lo que me llevaba a preguntarme por qué hacerle eso a ella ya que no tenía nada que ver, quizás porque bajo esa falsa apariencia se encontraba la forma malvada que tanto quiso esconder. La diferencia entre ambos es que yo me mostraba tal cual era sin medias tintas, pero él se empeñaba en ser no solo el mejor de los dos... sino también el más “bueno”. Chorradas. Con lo que hizo con Diane quedaba muy claro que no era tanto como él decía ya que sus acciones hablaban por sí solas, la verdad era mucho más oscura— te metiste en medio hace mucho tiempo al parecer, al seguirle el juego solo has permitido que él lograra pertrechar sus planes. Si lo hizo posible fue únicamente gracias a ti —aunque ella no lo supiera o no colaborara sabiendo lo que ocurría, pero si logró llevar a cabo fue realmente por ella— ¿yo? ¿Qué te hace pensar que soy yo el que debe de arreglar tu reputación? —Pregunté señalándome con el dedo ya que no entendía por qué me lo decía a mí— ¿acaso fui yo quien hizo que tu reputación se viera afectada, Diane? —Era más bien una pregunta retórica ya que la respuesta estaba implícita en la pregunta— creo recordar que yo no tuve nada que ver y, lo que quiera que hubiera hecho o dicho para perjudicarte... tendrá que ser él mismo quien lo arregle —aunque una parte de mí me impulsaba a ayudarla tras saber que no tuvo nada que ver, que no sabía la realidad... lo cierto es que no entendía cómo no pudo diferenciarnos. Lo que significaba que no me conocía lo suficiente como para saber que no era yo quien estaba con ella, que no supo diferenciar entre uno y otro. Y sí, podía adjudicarle el que al no saber que tenía un gemelo fuera complicado pero ¿no notó nada diferente? Más allá de la apariencia física en todo lo demás éramos completamente diferentes— no sé cómo vas a hacerlo, pero tendrás que buscar al que lo hizo para que restaure su desastre —me apoyé de nuevo contra la pared cruzándome de brazos— ¿qué ganaría yo ayudándote? —Quería hacerle ver que no podía ir exigiendo algo que no me correspondía o que no era el culpable, cierto que ella tampoco pero... todavía no podía entender cómo no se dio cuenta— todavía no puedo entender cómo no te diste cuenta de que no era yo cuando estabas con él —ahí sí que el tono fue algo más bajo y totalmente acusador— entiendo que el parecido físico te confundiera pero ¿realmente él actuaba contigo igual que lo hacía yo? Permíteme dudarlo —sobre todo porque lo conocía y desde luego que no teníamos las mismas formas o modales— dime, Diane, ¿te besaba igual que yo, te acariciaba igual que yo... te hablaba igual que yo? No entiendo cómo pudiste caer en su engaño —y sí, en el fondo eso era lo que más me había dolido de todo.


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Mensaje por Diane Lucas Mar Jun 21, 2022 7:58 pm

Con cada segundo que pasaba, Diane se sentía peor, tuvo que recostarse de la puerta para darse a sí misma un poco de estabilidad y un apoyo en caso de que las piernas le dejaran de responder. Por increíble que pudiera parecer la historia del hermano gemelo, comenzaba a creerla. Siendo sincera, esa era la pieza del rompecabezas que siempre sintió que le faltaba y, ahora que la tenía, podía ver el panorama completo de lo que realmente sucedió. Sin embargo, esa verdad, más que hacer que sus resentimientos hacia Magnus disminuyeran, sólo los reforzaron. Tal vez no fue él quien esparció los rumores, pero sí fue quien la destruyó al no decirle nada de su gemelo, al no confiar en ella cuando la vio con él… Y ahora, simplemente se lavaba la manos y hacía como que no tenía responsabilidad alguna.

La joven podía imaginar lo doloroso que debió ser para él creer que lo desechó sin decirle nada y que simplemente prefirió a su hermano, en especial por cómo veía que era su relación, pero ni eso le restaba responsabilidad en lo ocurrido, él guardó secretos, mantuvo para sí información que podría haber cambiado por completo el destino de ambos si la hubiera compartido.

¿Qué ganaría él por ayudarla? Podría haber reído de no ser porque no se sentía de ánimo para ello. Magnus sabía perfectamente que no tenía nada qué ofrecerle, su familia estaba casi en la quiebra, a diferencia de él que lo tenía todo. Lo único que podía ganar era algo que, por lo que parecía, no tendría ningún valor para él, aún así lo dijo, a riesgo de que se riera en su cara. – Mi respeto. – Simple y sencillo. Si tenía todavía una pizca de aprecio por ella, era lo menos que podía hacer, aunque en ese punto ya no tenía ningún tipo de fe en que él hiciera lo correcto bajo ninguna circunstancia. – Conoces mi situación, es la misma o incluso peor que hace cinco años, no tengo nada más. – Fuera de eso sólo le quedaba su dignidad y su orgullo, los hombres de su vida se encargaron de arruinarla por completo en todos los sentidos. Primero sus hermanos con sus apuestas, malgastando o perdiendo el dinero destinado desde el principio para educación y su dote, después él y su hermano, y por último su padre, quien al morir la dejó a merced de sus hermanos mayores y su ambición.

Ante los reclamos por no haberlo reconocido, por no distinguir entre un hermano y otro, bajó la mirada y la clavó en las puntas de sus desgastados zapatos, intentando ocultar de él el intenso rubor que le cubría el rostro, en especial por su última pregunta. – Lo sospeché. Recuerdo haber pensado con demasiada frecuencia que ese no podías ser tú, que el Magnus que yo conocía no intentaría sobrepasarse conmigo, que no podría ser tan cruel… – Sonrió sin fuerza, con la decepción reflejada en sus facciones. – Aunque es evidente que me equivoqué, al menos en lo último. Sí que puedes ser muy cruel. – Subió la mirada de nuevo y la clavó directo en sus ojos. – ¿Cómo podía haberlo sabido? Todo el mundo creyó que él eras tú, todos lo llamaban Magnus, decir frente a alguien más que ese hombre idéntico a ti no eras tú habría sido suficiente para que me llamaran loca, y entonces él no tendría que haber esparcido ningún rumor sobre mí, me habría destruído a mí misma, aún así… –

Los recuerdos del pasado eran demasiado dolorosos y, ahora que sabía la verdad, resultaban insoportables. Se dejó caer sentada en el suelo con la espalda aún apoyada en la puerta, sin importarle lo más mínimo que su vestido se ensuciara. Dobló las rodillas, apoyó de ellas los antebrazos y de ellos apoyó la frente. No lloraba, aunque se sentía peor que si lo estuviera haciendo. – No podía quitarme esa sensación. Supongo que esperaba ilusamente que en algún momento tú aparecieras y lo dejases al descubierto. Pero eso nunca pasó y me terminé convenciendo que simplemente dejaste de quererme y no sabías cómo decirlo, por eso buscabas que fuera yo quien terminara todo. Creyendo eso seguí esperando, esperé por ti hasta que no lo soporté más e hice lo que pensé que querías. Terminé con él. Aparentemente eso no le agradó mucho, pues fue entonces cuando hizo correr los rumores que terminaron arruinando mi reputación. – Suspiró, levantando la cabeza hasta dejarla apoyada hacia atrás.

Cerró los ojos intentando recordar la forma lenta y dulce en que sus labios solían buscar los de ella. Era un juego para él, la tentaba y se alejaba, la frustraba, pero cuando finalmente la besaba, Diane sentía que flotaba. ¡Qué tonta! Y luego… El que ahora sabía no era él, cada vez que tenía oportunidad intentaba meterle las manos bajo la falda, era brusco y se notaba que sólo buscaba una cosa, aunque nunca se lo permitió. – Respondiendo a tu pregunta: no, no creo que me besara nunca como tú lo hiciste alguna vez. – De nada serviría mentir en ese punto. Incluso aunque no debiera hacerlo, creía en sus palabras, creía en su versión de los hechos incluso si él no le creía a ella. – ¿Qué hay de ti? Tú también caíste en su engaño, ¿No es así? ¿Cómo pudiste creer que yo lo elegiría a él sobre ti? ¿Acaso tienes tan baja autoestima? – En aquel entonces, Diane sólo tenía ojos para él. Sin importar cuántos hombres pidieron su mano, ella sólo quería y esperaba una propuesta, y ésta nunca llegó.

Cansada de aquella conversación sin sentido, se puso de pie. Sabía la verdad, pero con ella no podía hacer nada. Magnus no iba a ayudarla, y su hermano gemelo seguro que menos. Por otro lado, su escondite había sido perturbado, así que sería mejor encontrar algún otro lugar donde esconderse de sus hermanos, si llegaban a encontrarla allí con él… Sería terrible. – Da igual, eso no cambiará nada ahora. Es muy tarde para lo que pudo ser. – Abrió la puerta con intención de marcharse pero, en lugar de avanzar para salir, dio un paso atrás. Sus hermanos, ambos, se encontraban al otro lado del marco. Seguramente la estarían buscando para llevarla a conocer a su anciano prometido. Para su buena fortuna, desde el ángulo en que se encontraban no podían ver a Magnus.

Al principio sólo comenzaron a gritarle por su ausencia en el salón, reclamando porque, si no se presentaba pronto, el anciano hombre podría echarse para atrás en el trato que hicieron. Luego, notaron su aspecto y le ordenaron que se acomode un poco. Al final, al ver que no obtenían ninguna respuesta de ella, pasaron a insultarla. – Si no te hubieras abierto de piernas tan fácilmente con aquel hombre, al menos valdrías un poco más. – Porque sí, creían en los rumores y, de cualquier forma, lo único que querían era venderla. Escucharlos decir eso no le disgustó ni un poco, ya estaba acostumbrada, pero sintió vergüenza de que precisamente Magnus estuviera escuchándolos también.




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Mensaje por Magnus du Lac Lun Jul 04, 2022 11:15 am

Todo lo que tuviera que ver con mi gemelo era algo que todavía me costaba ya que incluso con los siglos que llevábamos de existencia juntos, aun cuando nunca pensé que tras matarlo volvería a encontrármelo pero en dicha ocasión ya convertido en vampiro, no soportaba el estar en el mismo lugar que él o tener ciertas cosas en común más allá de la misma sangre que compartíamos al ser gemelos. Era el único lazo que quedaba de unión entre ambos aunque este ya se rompió hacía demasiado tiempo, ya desde pequeños éramos lo opuesto el uno del otro por lo que no era de extrañar que conforme fuimos creciendo la distancia entre ambos se hizo más y más patente. Lo ocurrido en nuestras últimas semanas siendo humanos fue lo que sin duda marcó nuestro destino como vampiros, la rivalidad no quedó exenta sino que se fue haciendo más y más entre ambos hasta el punto que fue insostenible. Teníamos ideales y pensamientos totalmente contrarios por lo que el que cada uno tomara su camino era sin duda la mejor opción de todas ya que, de esa manera, era posible que al final uno acabara matando al otro. Como ahora mismo tenía ganas de matar a mi gemelo por lo que no solo me había hecho a mí, sino también a Diane metiéndola en su juego retorcido solo por el único placer de hacerme daño. Durante todos estos siglos había estado sin encontrar a ninguna mujer que llamara tanto mi atención como para decidir acercarme, intentarlo, y tras encontrar a Diane lo cierto es que despertó todo lo que hasta el momento había quedado “muerto” en mi interior. No mentiría si dijera que perdí la esperanza cuando Ginevra me engañó para elegir a mi gemelo traicionando así a nuestro rey, el motivo por el que tuve que matarla y posteriormente a mi gemelo... me arriesgué con Diane aun sabiendo que podría volver a sentir ese dolor o rechazo como antaño en el pasado. Sin embargo fue todo diferente y supe que debía de llevar cuidado precisamente para evitar que ocurriera lo que mi gemelo hizo, ni siquiera supe que se encontraba en la ciudad hasta que me enteré más adelante que rondaba a Diane. Desde luego una obra maestra el engañarnos a los dos con sus mentiras y el veneno de sus palabras, al punto de que me hizo creer que Diane repitió los mismos pasos que Ginevra al rechazarme para quedarse con Lancelot... ese maldito desgraciado de seguro que disfrutó como nunca haciéndome pagar con creces matar a su amada. Más que eso, hacerle daño a Diane cuando ella nada tenía que ver con lo que aconteció hace quinientos años. Aunque tampoco podía culparle ya que quizá de haberse dado la situación contraria no podía afirmar que no intentara lo mismo, quizás para que viera lo que se sentía cuando eras reemplazado y rechazado... de seguro que lo hubiera intentado sin importar el coste que me llevara.

Pero una de las cosas que más me habían dolido fue que ni la propia Diane logró diferenciarnos, ¿tan parecidos éramos incluso en las formas de besar? Lo dudaba. Dudaba muchísimo que mi gemelo pudiera parecerse tanto en ese aspecto y sobre todo cuando de seguro que no sentía nada por ella. La miré cuando dijo que lo que podría ganarme de ella era el respeto, casi que evité reírme en lo que esperaba su respuesta al hecho de si no se percató de que no era yo quien estaba con ella... cierto que éramos gemelos y el parecido físico estaba latente, pero no así las maneras y las formas de comportarnos. Afirmaba que sospechó en algún momento que no era yo con quien estaba y aunque no podía negar en ningún momento que sentía rabia y cierta ira por ese hecho, también era cierto que comentarlo simplemente la habrían tachado de loca al pensar que pudiera haber otra persona tan parecida a mí cuando no sabía nada de mi gemelo. Admitía que Lancelot hizo un muy buen papel de mi persona aunque dudaba seriamente que se comportara de manera civilizada –o adecuada- con ella, teniendo en cuenta lo poco que le importaba la joven. Afirmaba que fue ella la que terminó con él la relación lo cual no le habría sentado nada bien a mi gemelo, para ese entonces yo ya me había alejado lo suficiente de ellos para no saber nada de ambos. Pero sí lo conocía demasiado como para saber que haría todo lo posible por difamarla, que alguien a quien no amaba y que hizo todo para separarnos lo dejara... de seguro que no le sentó para nada bien. La miré sentada en el suelo y apoyada contra la pared como si estuviera derrotada y ya no supiera qué más hacer, cuando afirmó que nadie la besaba como yo e incluso me recriminaba el haber caído en el engaño de mi gemelo. Suspiré porque ella no conocía la historia y cómo en los quinientos años se propuso hacerme pagar todo lo que hice siendo humano estando al servicio de nuestro rey, y contarle todo era demasiado complicado y tedioso como para empezar en ese momento. No tenía mucho más que decir por lo que cuanto antes se marchara de allí mejor para ambos, ya le había hecho saber que si quería su reputación restaurada que buscara a quien la había perjudicado... aunque sabía que no tendría suerte. Estaba a punto de marcharse abriendo ya la puerta cuando escuché entonces y caí en la puerta que había alguien al otro lado, dos personas para ser exactos, que no dudaron en recriminarle a Diane por estar allí a solas hablando sobre un anciano... ¿de qué estarían hablando? No fue complicado averiguarlo en cuanto siguieron hablando y una rabia me recorrió por entero cuando supe que pretendían casarla con un anciano para restaurar su reputación. ¿Abrirse de piernas? Cerré ambos puños con fuerza reprimiendo las ganas de matarlos pero no podía hacerlo sin delatarme ante Diane, ya que sabía que eso era provocado por mi gemelo. Ellos no podían verme así que conté hasta cinco –por si acaso- y decidí salir con aquel porte que me caracterizaba como si el mundo me perteneciera a cada paso que daba.



—Perdona por haceros esperar Diane y robaros vuestro tiempo para ayudarme a buscar los papeles, gracias a ti hemos podido terminar antes —dije con algunos papeles que pillé de la mesilla que se encontraba cerca sin saber bien lo que era, aprovechando la ocasión en lo que hacía que no los había visto. Alcé mi mirada para posarla en ambos pero manteniendo ese porte altivo que me caracterizaba para hacerles saber, sin decir palabra alguna, que deberían de medir esta así como todo tipo de acción que no pensaba consentir— buenas noches caballeros, ¿hay alguna razón por la que estén aquí insultando en mi presencia a esta joven? —Mi brazo rodeó sus hombros marcando una indirecta que de seguro captarían haciéndoles saber que deberían de llevar cuidado con lo que dijeran de ella, dejando claro que estaba bajo mi “protección”— Diane, ¿te están molestando estos hombres? —Había escuchado bien que eran sus hermanos pero poco me importaba, en especial cuando de seguro se habían esforzado por encontrarle marido aunque este fuera un anciano con tal de casarla con alguien— sé que aún te debo ese baile prometido por ayudarme, estaría más que encantado de pagar mi deuda a lo largo de la noche —esperaba que ambos hombres no dijeran nada pero, si lo hacían, que se abstuvieran a las consecuencias. Apreté ligeramente su hombro para que supiera que debía de seguir mis palabras ya que de lo contrario acabaría cediendo a los caprichos y deseos de sus hermanos.


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Mensaje por Diane Lucas Miér Jul 27, 2022 1:42 am

Su rostro enrojeció de ira y vergüenza mientras recibía en silencio los reclamos e insultos de sus hermanos mayores, luego perdió por completo el color cuando Magnus decidió que era buena idea intervenir. ¿No se daba cuenta que mostrarse sólo empeoraría las cosas para ella? Justo en el único momento que no debía defenderla, él decidía ser “bueno”, y terminó no solo delatando que estuvieron a solas en una habitación cerrada y prácticamente a oscuras, además mostró una cercanía que ya no existía entre ellos al rodearle los hombros de esa forma. – Por supuesto, tendremos ese baile, pero antes por favor permítame presentarle a mis hermanos. – Comentó, siguiéndole la corriente, pero respondiendo también a las miradas enojadas de sus mayores. En el pasado, si bien ambos lados estaban al tanto de la existencia del otro, nunca llegaron a conocerse formalmente.

– Ellos son Niel y Henry. Hermanos, él es el señor Magnus du Lac. – Tan pronto como aquellas palabras fueron pronunciadas, las bocas de sus hermanos se abrieron como platos por la sorpresa, reconociéndolo como el hombre que, supuestamente, la deshonrró y luego abandonó tras revelar su situación. Henry, el menor de los varones, fue el primero en reaccionar y responder. – ¿Magnus du Lac? ¿El mismo Magnus du Lac? – Preguntó incrédulo, mientras que Neil no tuvo una reacción tan pacífica. No dijo nada, pero su mano se movió sola queriendo abofetearla. Sin embargo, la de Magnus fue más rápida, deteniéndolo en el intento. Diane subió la mirada hacia su rostro, sorprendida, casi tanto como parecía estarlo él. ¿Acaso actuó por reflejo?

La joven colocó su mano sobre de su primer amor, queriendo tranquilizarlo, en caso de que ambos hombres hicieran una escena. Lentamente, Magnus lo soltó y relajó un poco, y Neil se aprovechó de ese instante de incertidumbre para hacer lo que quiso en principio, la golpeó con tal fuerza que la chica terminó en el suelo, llevándose una mano al área afectada y gimiendo por el dolor. En lugar de defenderse o hacer algo al respecto, le hizo una seña al único presente que no era su familiar, solo en caso de que pretendiese hacer algo. Que él la defendiera era algo con lo que soñó apenas desapareció, y nunca ocurrió. Ahora que parecía tener la intención, Diane no lo quería. Si fue él o no quien la arruinó, ya no importaba, dejó claro que no la ayudaría en lo que pedía, entonces no quería su ayuda en ningún sentido.

No con demasiada entereza, soportó los golpes y palabras crueles. – ¿No te bastó con una vez? El sujeto vuelve después de cinco años de haberte arruinado y tú vuelves a abrirte de piernas para él, ¿Por eso tu apariencia desaliñada? No eres más que una puta. Tal vez debimos venderte mejor a un burdel. – Diane, que ahora sabía que nada de lo que decían era cierto, aún sufría. Se suponía que ellos son lo que deberían protegerla, confiar en ella, pero ni siquiera la querían. Solo era un objeto de compra-venta para ellos. Durante un eterno minuto se quedó en silencio, sin poder creer que la historia se estuviera repitiendo. Los insultos fueron recurrentes a lo largo de aquellos largos años, pero los golpes fueron cuestión de un periodo mucho más corto.

Reunió toda su fuerza y su coraje para ponerse de pie y hacerles frente a sus hermanos por primera vez en su vida. – ¿Y qué si me abrí de piernas de nuevo para él? No es como que pudiera recobrar ya mi honor, ¿Cierto? – Los enfrentó, y todo lo que ganó fue un segundo bofetón, terminando de nueva cuenta en el suelo por la fuerza bruta con que la golpeó. – El burdel será, entonces. – Amenazó. Luego, antes de darle tiempo a levantarse, la agarró por el cabello, obligándola a mirarlo. Diane por su parte chilló por el dolor, haciendo lo que se esperaba de ella, de lo contrario sería peor. – Niel, ya basta, estás haciendo un escándalo. – Intentó interceder el menor, sin obtener ningún resultado. – Da igual, el anciano no va a quererla después de enterarse. ¿O crees que esta vez va a quedarse callado? – Dijo, refiriéndose a Magnus y a lo que suponía que había pasado.

– Si no te importa mostrarte desnuda frente a cualquiera, vamos a dejar que todos te vean. – El mayor llevó una mano a su escote con intención de romperle el vestido. – No, Niel. No, por favor. – Ya no pudo contener más las lágrimas por la humillación, mientras le rogaba por piedad a aquel que era sangre de su sangre. Cerró los ojos con fuerza, sin poder ver más ni la expresión furica de su hermano, y mucho menos el rostro inexpresivo de Magnus. No lo soportó más, y por primera vez realmente deseó morir en ese instante. El vestido comenzaba a desgarrarse, cuando, sin previo aviso, su cabello fue liberado y la fuerza por desvestirla detenida. Aún entonces no se atrevió a abrir los ojos, sólo se abrazó a su piernas en un intento por cubrirse el pecho.




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Mensaje por Magnus du Lac Dom Sep 18, 2022 12:17 pm

Podía mentir  tanto como quisiera pero lo cierto era que por mucho que intentara evitarlo todavía me costaba controlar mis emociones cuando estaba cerca de Diane. Una parte de mí me empujaba a mostrarme con ella con ese tono duro en que nada me importaba después de saber, de conocer, que no fue capaz de encontrar las diferencias entre mi gemelo y yo… ni siquiera en el trato recibido por nuestra parte. Sin embargo tampoco podía descartar que el hecho de no decirle que tenía un gemelo y que ella pensara en esa posibilidad, era algo de lo que no podía culparla pues como bien había dicho podrían haberla tratado de loca. Pero las diferencias entre mi gemelo y yo eran notorias y sí, una parte de mí estaba muy decepcionado con que no hubiera sido capaz de verlo… pero otra parte -la más racional- entendía que era algo descabellado pensar dicha posibilidad cuando no le dije nada. Eso no restaba para que el enfado y la decepción siguieran presionando con fuerza en mi pecho hasta el punto de que no me importaba que su reputación se hubiera visto afectada, ¿qué importaba eso cuando era un ser que tenía tantos siglos a sus espaldas? Absolutamente nada. No fui yo quien manchó su reputación y si quería recuperarla mejor que empezara a buscar a quien la mancilló en su momento, estaba cansado -muy cansado- de arreglar los destrozos causados por mi gemelo o ser el principal afectado por los mismos cuando en teoría debería de ser al revés. ¿No era yo el villano, el malvado de nuestra historia? Entonces iba a empezar a actuar justo como él decía que era; como el villano. Sin embargo en todo momento más bien daba la sensación que era él el villano y yo el daño colateral de todas sus acciones, ni siquiera en aquel instante conseguía que mi gemelo no estuviera presente en la conversación… siempre lograba ser el centro aunque no estuviera presente. Ya era suficiente, cuanto antes Diane se marchara mejor iba a ser para ambos para así poder continuar con nuestros caminos. Estaba totalmente convencido de ello o al menos eso creía hasta que al abrir la puerta aquellos hombres parecían sorprendidos de vernos a ambos juntos, no era necesario leer en sus mentes lo que pensaban pues el aspecto desaliñado de Diane y el aparecer de una habitación que estaba con la puerta cerrada era ya de por sí suficiente información para que sacaran sus propias conjeturas. Erróneas por completo, aunque ¿qué importaba ya? No tardaron en exponer mis sospechas y tuve que cerrar mis puños con fuerza cuando alegaron que, el viejo, la estaba esperando. Querían casarla con aquel hombre para restaurar su reputación pero no cejaron en hacer ver que era una puta que se abría de piernas y que por ello su “valía” quedó mancillada para siempre… cuánto odiaba esa frase y todo lo que implicaba. Quería matarlos pero sabía que no podía ya que Diane desconocía la verdad de lo que era, quería matar a mi gemelo porque todo aquello fue por su culpa como consecuencia directa de sus acciones… y ahora era yo al que le salpicaba. Hice lo que pude actuando como un mero humano pasando mi brazo por sus hombros para que me siguiera pues sabía bien la intención de sus primos, sin embargo ella prefirió presentarnos como si alguno de ellos me importara lo más mínimo. Entendía por qué lo hacía pero no había necesidad para ello y si quería no caer en las redes de su primo lo mejor era seguirme el juego y alejarnos de allí, algo que al parecer iba a ser más complicado de lo que pensaba. En cuanto dijo mi nombre no pasó desapercibido los gestos en sus rostros que delataba que no me tenían en alta estima, como si me importase, tan solo quería alejarme de ellos antes de que cometiera una locura. Enarqué una ceja ante la pregunta de uno de ellos sin moverme y con ese porte regio que me caracterizaba, sin embargo en cuanto vi el movimiento de la mano de su otro primo… no pude evitarlo y la frené antes de que esta tocara el rostro de Diane. ¿Por qué lo hice? Fue un acto reflejo que no pude controlar y que fue espontáneo… ni siquiera pensé en lo que estaba haciendo cuando mi mano ya se movía para frenar la suya. Vi el rostro de sorpresa de Diane y supe el motivo, después de la conversación que habíamos tenido lo último en lo que ella pensara que yo hiciera era algo así. Solo cuando noté su mano en un intento que me pedía calma -una que me costaba controlar- solté la mano de su primo… y ese fue mi primer error.

Este no dudó en aprovechar la ocasión y asestarle un bofetón que hizo que su cuerpo cayera al suelo por la inercia del golpe quejándose por el dolor, un bofetón que sonó con fuerza y que supe que habría sido doloroso. Sin embargo como si anticipara mis movimientos me miró negando con la cabeza para que no hiciera nada y me mantuviera en mi sitio, al fin y al cabo era lo “propio” de dicha sociedad e inmiscuirme no era algo que debiera de hacer. En silencio y con la mira y el porte más estoico y sin mostrar nada en mi rostro me mantuve quieto escuchando las palabras de su primo, vejatorias, que la tildaban de puta por lo que ellos creían que ocurrió en la habitación. Diane no se achicó ante sus duras palabras y se levantó para encararlo haciéndole ver que daba igual pues su reputación ya estaba mancillada, ganándose otro bofetón que la tiró otra vez al suelo en lo que yo mantenía la mirada fija queriendo evadirme solo porque ella dijo que no interviniera… pero me lo estaba poniendo complicado. Decidió que en vez de casarla la llevaría al burdel y apreté mi mano cerrándola con fuerza, ya notaba la presión de mis propias uñas sobre la carne en un intento por abrirse paso. La tomó por el pelo de manera ruda obligándola a que lo mirara mientras su otro primo pedía que parara, siendo ignorado por el primero, quien seguía cegado en su empeño por demostrar quién mandaba y quién tenía el poder. Sin embargo pese al autocontrol que ejercía sobre mi persona por no matarlo allí mismo delante de ambos sin importarme lo que ocurriera después, el tope llegó cuando comenzó a desvestirla empezando a desgarrar la tela para dejarla desnuda y así, como la puta que se suponía que era, mostrarla a todos los invitados. Suficiente. Ya tuve suficiente de toda aquella mierda y mi control desapareció en el momento en que su corsé se desgarró mostrando más piel de la que debería. Ni siquiera lo pensé cuando mis ojos se encendieron en ese tono burdeos peligroso que amenazaba con tormenta, con sangre, cuando llevé mi mano a la suya para que soltara su pelo y de un tirón hice que se alejara de ella para que no pudiera seguir rompiendo su vestido. Sin dudarlo y con una facilidad pasmosa rompí la misma mano que le propinó los dos bofetones, que le agarró del pelo, mientras con la otra tapaba su boca para que no gritara aunque la música seguía sonando y estábamos alejados por lo que no lo escucharían. Quería matarlo, quería romper cada uno de los huesos de su cuerpo y destrozarlo para devolverle con creces todas las vejaciones hechas hacia ella, todos los insultos, todas las amenazas… y todos los golpes. Porque no era un necio y me bastaba con ver la reacción de Diane como para saber, darme cuenta, que no era la primera vez que la pegaba. ¿Cómo lo supe? Porque no hubo sorpresa en su rostro cuando le dio el primer bofetón, porque vi que era algo a lo que estaba acostumbrada. Debería de matarlo, debería de quebrar sus huesos y prolongar su agonía tanto como me fuera posible, clavar mis colmillos y beber de él hasta llevarlo a ese límite en que se debatiera entre la vida y la muerte… pero no podía hacerlo, no sin delatar lo que era. Así que simplemente me limité en hacer lo que podía en unas condiciones “humanas” ya que incluso de serlo habría acabado con su vida sin problemas, tenía nociones de lucha. Sin embargo todo cuanto hice fue reducirlo dejándolo contra el suelo y en una posición nada cómoda en donde tenía mi rodilla contra su nuca para hacerle ver que, un poco de presión, y podría dejarlo o bien sin poder andar o bien sin su vida. Quería que sintiera el miedo, el terror de lo que podía hacerle eso sin dejar de retorcer su brazo -su mano ya estaba rota- para que no se moviera.


一Como vuelvas a ponerle una mano encima de nuevo te aseguro que la próxima te cortaré la mano que te queda. Vamos, lo estoy deseando 一mi tono era uno bajo, tosco y serio, que denotaba el enfado que llevaba así como la contención al mismo tiempo que ejercía sobre mi persona para no matarle allí mismo. Que ganas no me faltaban一 vuelve a llamarla puta y te convertiré en un eunuco por el resto de tu miserable vida y créeme; ni tú, ni nadie, podrá darte placer nunca más 一una patada a su ego machista era de las mejores amenazas para un hombre, su hombría era intocable y amenazarle con perderla de seguro le hacía pensar las cosas dos veces. Y si no… bueno, disfrutaría viendo cómo lo castraban al muy hijo de puta一 me encantaría romperte todos y cada uno de los huesos, golpearte tan fuerte que te parta la mandíbula… pero me has pillado magnánimo por lo que sólo te daré un aviso 一mi tono era veneno puro, destilaba esa oscuridad que me caracterizaba y que dejaba salir solo en momentos como ese. Dichoso podía darse que no le rompiera el cuello ahí mismo一 a partir de ahora yo cuidaré de Diane, me encargaré de ella y jamás volverás a verla.  Pobre de ti como me entere que has pronunciado su nombre en voz alta. Y lo sabré, oh claro que lo sabré 一apreté mi rodilla contra su nuca ejerciendo presión en lo que el tipo comenzó a implorar por su vida, rogando, y yo tenía tantas ideas creativas y maravillosas que era una pena desperdiciarlas一 que te quede claro que vives sólo porque yo así lo quiero, para que recuerdes lo mierda que eres cada una de tu asquerosa existencia. Porque no vales nada y nada serás 一presioné con mi mano contra su rostro para pegarlo bien contra el suelo, para que viera que no valía nada y que así era como debía de sentirse el resto de su vida一 si vuelves a interferir en su vida, si vuelves a aparecer cerca de ella o a saber de ella aparte de manco y eunuco te venderé al Molly House, así sabrás el verdadero significado de la palabra puto en tus propias carnes 一me levanté no sin escupir sobre su rostro para mirar al otro hermano quien reflejaba en su rostro el miedo, que no se atrevía a moverse一 tú podrás verla siempre que quieras. Te daré mi dirección para que la visites, pero solo tú 一su otro hermano mejor que no porque encontraba mejores castigos que el infierno. Tras darle una tarjeta que tomó con manos temblorosas me quité el abrigo y lo puse sobre los hombros de una Diane que todavía temblaba y lloraba a partes iguales一 vámonos Diane, la fiesta se ha terminado.


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Mensaje por Diane Lucas Sáb Sep 24, 2022 1:31 am

Durante unos minutos que parecieron larguísimos, Diane se mantuvo en aquella posición defensiva, con los ojos fuertemente cerrados, abrazándose las piernas. Ni siquiera escuchó los quejidos de su primo cuando Magnus le rompió una mano, lo único de lo que fue consciente fue del alocado latido de su corazón en el pecho, desbocado por el miedo, el dolor y la humillación. Se cuestionó cuál era el sentido de la vida, pues la suya durante los últimos cinco años no había tenido nada más que ofensas, insultos, golpes y burlas. ¿Tendría que seguir de esa manera? La joven mujer ya estaba cansada de sufrir.

Sólo reaccionó, abriendo los ojos y levantando la mirada para ver qué ocurría cuando escuchó la voz grave de Magnus pronunciar palabras que, aún sin haber presenciado lo ocurrido, la hicieron temblar. Al hacerlo, se encontró con que el mayor de sus primos se encontraba tirado boca abajo en el suelo con la rodilla de su salvador justo en la nuca. Un movimiento en falso podría ser mortal, Diane lo sabía. Debería detenerlo, debería pedirle que parara o luego sería peor. Él volvería a marcharse y ella recibiría peores tratos tanto de sus primos como del resto de sus familiares maternos, quienes solo esperaban que su padre exhalara por última vez para quedarse con ella y, especialmente, con su herencia.

A su padre no le quedaba mucho tiempo de vida, Magnus se iría de nuevo, y ella no tendría a nadie más. Ese era el único pensamiento lógico que consiguió hilar en el momento. Sin un esposo, ella quedaría legalmente bajo el cuidado de sus primos una vez su padre muriera, y sabía lo que le esperaba entonces. Pero, si debía ser honesta consigo misma, aunque le asustó el odio que brillaba en los ojos del hombre que una vez amó, no sintió ni una pizca de lástima por lo que le estaba haciendo a su propio hermano, y mucho menos remordimiento por no mover un dedo para detenerlo. Se lo merecía todo, y quería verlo sufrir tanto como la hizo sufrir a ella durante años.

Si bien cada nueva frase pronunciada por su viejo amor la sorprendía y aterraba más que la anterior, fue cuando dijo que sería él quien la cuidaría de ahora en adelante que se quedó completamente helada. ¿Había escuchado bien? Por supuesto que no, se convenció. Incluso si era así, seguro que tenía un concepto de “cuidar” muy distinto al suyo. Su reputación ya estaba bastante mancillada antes de que él volviera a aparecer, ¿Qué pretendía ahora? ¿Tenerla como amante? Porque si de algo estaba segura, es que él nunca la haría su esposa. Pero eso era algo que aclararía luego.

Por acto reflejo, al ver que Magnus se ponía en pie, también lo hizo ella, cubriéndose el pecho con los brazos y los trozos destrozados de su vestido. – ¡No! – Exclamó, alarmada, al ver que Henry recibía la tarjeta que él le ofrecía, y se apresuró a arrebatársela de la mano, para apretarla con fuerza en la suya, como si temiera que él intentara quitársela, y esperando haber sido lo suficientemente rápida como para que no hubiera logrado leer la dirección. Si luego lo buscaban queriendo venganza, si lo lastimaban… Negó intentando alejar aquel pensamiento.

El menor de sus primos, si bien no estaba de acuerdo con la agresión física y los escándalos en público, no era mucho mejor que Neil. Él la torturaba psicológicamente y en privado, fue precisamente él quien la hizo creerse que no valía nada y que no era más que un trapo usado. Tal vez, si solo hubiera enfrentado los golpes y gritos del mayor, la joven aun mantendría un poco de su dignidad y orgullo. Quizá el débil intento por evitar el escándalo logró confundir a Magnus, pero ella los conocía bien. Lo único que el menor quería era evitar que todos se enteraran de lo que creían que ocurrió para poder casarla y quedarse con el dinero, sólo por eso intentó detenerlo. De haber estado en casa de su abuela, ni siquiera se habría quedado a mirar.

Su salvador de aquella noche le cubrió los hombros con el saco de su traje y, viéndola aún temblorosa mientras las lágrimas seguían cayendo silenciosas por sus mejillas sin que ella pudiera hacer algo para detenerlas, se dejó guiar por él. Cuando comenzaron a alejarse, Diane sintió vergüenza solo de pensar que todos los demás invitados la verían en aquellas condiciones; sin embargo, casi como si le hubiera leído la mente, Magnus la llevó a través de algunos pasillos solitarios y, antes de que se diera cuenta, ya estaban en el exterior sin haberse cruzado una sola alma en el camino.

Aunque subieron a un lujoso carruaje que suponía era suyo, no comenzaron a moverse, el vehículo permaneció inmóvil. Y Magnus no se sentó frente a ella como habría pensado que haría, lo hizo a su lado, aún rodeándola por los hombros, e incluso le permitió llorar acurrucada contra su pecho, hasta descargar hasta la última gota de frustración contenida. Sólo entonces comenzó a tranquilizarse poco a poco y no lo suficiente, pues luego llegaron las dudas: ¿Qué significaba eso de que él la cuidaría? Magnus no pudo haber dicho aquello en serio, ¿O sí? No, no había posibilidad. Seguro lo dijo en el calor del momento. Él le dejó claro antes que no movería un dedo por ayudarla en lo que ella pidió, entonces ¿Por qué intervenía? ¿Por qué sus acciones y sus palabras nunca iban acorde?

– ¿Por qué? – Pronunció con voz baja pero firme. Su mente era un caos mientras intentaba darle sentido a todo lo ocurrido esa noche, en especial, al hecho de haberlo visto de nuevo después de tanto tiempo. – ¿Por qué ahora? – Continuó. A pesar de lo que él pudiera pensar, la pregunta no estaba en absoluto relacionada con lo sucedido con sus primos, eso se le olvidó tan pronto la última lágrima fue derramada. Sólo había alguien capaz de confundirla de esa forma, y ese era él. – Te esperé durante años. Te odiaba y aun así quería verte, aunque fuera desde lejos. ¿Por qué tenías que aparecer de nuevo justo cuando ya había aceptado mi destino? – Así era. Se había hecho a la idea de que iba a casarse con algún anciano, y sólo pedía que fuera un hombre amable y no uno abusivo como sus primos. Si antes sus opciones de matrimonio eran limitadas, ahora en verdad serían nulas. – ¿Por qué le dijiste eso de cuidarme a mis hermanos? ¿Acaso vas a casarte conmigo? – No, él no lo haría, al menos eso interpretó de su silencio.

Asintió, aceptando sus propias palabras como la verdad de él, y se apartó de su pecho para poder mirarlo a los ojos. – ¿Para qué vuelves si vas a marcharte de nuevo? – Su voz se quebró un poco en esta última pregunta, así que mejor cerró la boca y se quedó callada unos minutos. No quería que él siguiera viéndola llorar, y menos si era por él. – ¿Podrías dejarme cerca del club de mi padre? Perdona por causarte más molestias, pero… Con el vestido así no creo poder llegar muy lejos. – Le pidió al recomponerse de nuevo. No podía permitirse volver a quedar atrapada en sus redes. Esa obra ya sabía cómo terminaba, y no era un final feliz para ella, por muy bonito que hubiera sido el primer acto.




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Mensaje por Magnus du Lac Jue Oct 20, 2022 11:30 am

Era un maldito débil que no sabía controlarse cuando la ocasión más lo requería, de entre Lancelot y yo siempre había destacado por ser la “oveja negra” de mi familia con el comportamiento que tenía, algo que acepté de buen grado y que supe aprovechar en ciertas ocasiones. Me gustaba como era y para cuando fui convertido en vampiro exploté aún más esa faceta o esas características, sin embargo y lejos de lo que siempre había creído no era tan retorcido como aparentaba ser… o al menos no con las personas que más me importaban. Porque no podía mentirme mucho más después de lo que había visto, dicho y sobre todo hecho esa noche; estuve a punto de matar al hermano de Diane por todo lo que le había hecho o por cómo la había tratado desde el momento en que aparecieron tras aquella puerta, y no me gustó nada en absoluto. Siempre me había considerado como un hombre que sabía portar una máscara en los momentos que la situación lo requería e incluso me había convertido en un experto, para que nadie pudiera ver mis verdaderas emociones, pero esa noche había sido demasiado al punto que no me pude controlar. Ya bastante fue el conocer que mi gemelo -del cual ya sospechaba en inicio- tuvo algo que ver con lo ocurrido con Diane, conocer posteriormente lo que le hizo al abandonarla a su suerte como si nunca le hubiese importado. Y es que no, nunca le importó realmente Diane. Todo lo que hizo fue únicamente para devolverme lo sucedido hacía quinientos años y que sufriera en mis propias carnes por lo que él pasó… después de cumplir su cometido ya no le hacía falta Diane y la abandonó a su suerte. Todo una serie de catastróficas desdichas en la que los principales afectados no éramos otros que la propia Diane y yo. Bastante había sido el conocer todo eso como para luego enterarme de lo que sus hermanos tenían planeado para ella, por lo que había pasado estando a su lado y sus intenciones de casarla con un viejo solo para que su reputación se viera establecida. La de ellos obviamente, estaba más que claro que ella no les importaba en lo más absoluto. No pude aguantar y mucho menos ver cómo le ponían una mano encima y le hacían jirones el vestido dejando su piel al descubierto, su hermosa y perfecta piel, para que todos vieran lo “puta” que era. Suficiente, mi raciocinio ya cumplió su cupo y mi paciencia -que de normalidad era muy escasa- rebasó el límite por lo que acuté cegado por la ira y por la rabia, por la frustración descargando parte de esta en el hermano al cual habría matado de no ser porque estábamos en una fiesta y no quería que Diane viera algo como aquello, no al menos sin delatarme. A partir de ese momento yo me haría cargo de ella y no volvería a ver a su hermano en lo que le restaba de su existencia aunque, una parte de mí, deseaba que ese imbécil la buscara para cumplir todas y cada una de mis amenazas… joder si lo deseaba. Tras quitarme el abrigo y tapar sus hombros le di una tarjeta a su hermano para que pudiera visitarla, el único que al menos parecía no estar tan implicado como el primero, y salir de allí sin atender las palabras, las quejas o cualquier otro tipo de una Diane que parecía todavía no asimilar lo ocurrido. Al conocer aquella casa supe por dónde tenía que llevarla para salir por la parte que solía utilizar el servicio sin ser vistos, sin tener que pasar por todos los invitados y que la vieran en ese estado. Algo que no ocurriría con su hermano pero que, a esas alturas, me importaba más bien poco. Salimos a la calle donde tras doblar la esquina el carruaje que me llevó ya nos estaba esperando, la ayudé a subir todavía sumidos en un tenso silencio que era consciente pronto ella rompería, para sentarme a su lado sin apartar mi brazo de sus hombros. Notaba aún cómo su cuerpo se sacudía levemente y temblaba por lo que le concedí esos instantes dentro del carruaje, donde nadie podría vernos, para que se desahogara un poco antes de emprender camino. La primera pregunta no tardó en salir de sus labios en lo que yo todavía permanecí en silencio sin querer pensar en lo que había hecho, pero muy consciente de su significado. A decir verdad las palabras salieron por sí solas de mis labios y no pensé en lo que decía hasta que ya lo había dicho, hasta que ya era demasiado tarde. Vino seguida de otra pregunta más que fue cuando giré mi rostro para mirarla, sus ojos todavía acuosos por las lágrimas que descendían por sus mejillas y se perdían por su barbilla. Gruñí levemente ante toda esa retahíla donde, cómo no, me culpaba por aparecer de nuevo cuando ni yo mismo sabía que la encontraría en la fiesta… de saberlo jamás habría aparecido. Hubiera sido lo mejor para ambos.


一Y qué destino es ese, ¿casarte con un viejo, es eso lo que quieres? 一Pregunté en un tono bastante cabreado y enfadado aun cuando me prometí a mí mismo, hace cinco años, que no interferiría de nuevo. Que me mantendría al margen… pero era mucho más fácil decirlo que hacerlo. Notaba en sus palabras ese tono acusatorio y reprobatorio hacia mi persona pero tampoco me sorprendía, estaba dirigiendo su enfado hacia mí después de lo ocurrido. Bien, lo aceptaba. Podía con ello si ella quería lanzarme todo su odio y su rencor, no sería la primera vez que pasaba一 ¿y qué querías que hiciera, que te dejara con ellos para que te trataran como mera mercancía? ¿Para que te vendieran a un viejo como una puta se vende en un burdel? 一Mi tono también comenzaba a elevarse ante el cabreo y el enfado que bullía en mi interior, de saber todo lo que le habían hecho, de saber cómo la habían tratado. Cuando decidí marcharme de París y esperar un tiempo a que todo se calmara me fui consciente de que, al menos, quedaría en buenas manos y que sería atendida en todo lo que necesitara…. no pensé que el muy capullo de mi gemelo se marcharía abandonándola a su suerte y exponiéndola a una sociedad con unos pensamientos y valores críticos con las mujeres, con lo que una señorita y una dama debían de ser一 oh, si quieres puedes marcharte a casarte con el viejo. Seguro que es mejor partido 一fui mordaz e incisivo con esas palabras pero si estaba haciendo todo eso era por ella, porque era lo mejor para ella aun cuando yo era un desalmado hijo de puta. Ante su pregunta de por qué volvía si iba a marcharme de nuevo fruncí el ceño y gruñí, porque si me fui no fue por propia voluntad一 ya sabes por qué me marché y me fui, te recuerdo que no soy el culpable de tus desgracias aunque quieras que yo pague el precio 一di un par de golpes en el carruaje para que el cochero se pusiera en marcha y nos alejáramos de aquella fiesta que había trastocado todos mis planes, todos los esquemas que forjé durante esos cinco años. La miré de reojo todavía en silencio pensando que debía de estar loca si pensaba que la dejaría en casa de su padre, cerca de ese desgraciado para que volviera a tomarla con ella一 como he dicho vendrás conmigo, mandaré a alguien que vaya mañana por tus cosas 一supe que iba a replicar y a responderme, lo supe en el momento en que me miró de esa manera pero me anticipé a todo lo que pudiera decir一 no Diane, no voy a dejarte en tu casa para que él vuelva a ponerte una mano encima. Se acabó 一sentencié con rotundidad一 si vuelve a acercarse a ti cumpliré todas y cada una de mis amenazas, créeme que lo haré 一mis ojos brillaban con fuerza notando la ira que se adueñaba de todo一 no vas a volver con ellos, cuanto antes lo asumas mejor será para ti 一había tomado esa determinación y no pensaba abandonarla. El carruaje seguía su marcha hasta pasar por la zona residencial de la ciudad donde tenía una de mis casas que pese a no vivir allí durante los últimos años, siempre mantenía esta en condiciones óptimas con sirvientes que se encargaban de ello, por lo que tenía todo lo necesario para pasar allí la noche. Todavía no había pensado más allá de lo que vendría a partir de ese momento y siendo sincero tampoco quería hacerlo, ya tocaría llegado ese punto. Minutos más tarde el carruaje paró frente a una de las casas donde ya había un mayordomo esperando en la puerta al escuchar su llegada, de seguro sorprendiéndose aunque no lo denotara. Bajé el primero y le pedí que preparara una de las habitaciones de arriba con lo necesario pues a partir de esa noche, Diane se quedaría allí. Y sabía que eso suponía muchos problemas ya que ella desconocía lo que era, los peligros que existían en la noche一 vamos, te acompañaré arriba 一pedí para que me siguiera ya escuchando todos los pasos por la casa para tenerlo todo listo. Cuando llegamos a la puerta me paré en la entrada haciéndole ver que esa sería su habitación一 mañana tendrás todo lo necesario, si necesitas cualquier otra cosa pídesela al servicio. Mañana hablaremos de todo esto 一porque yo necesitaba desfogar todo lo que llevaba por dentro, alimentarme… y no podía hacerlo si ella estaba allí.


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Mensaje por Diane Lucas Mar Oct 25, 2022 4:26 pm

Que Magnus malinterpretara sus palabras no fue sorpresa, ambos estaban a la defensiva con el otro. Aunque la verdad hubiera salido a la luz, los sentimientos de esos cinco años no desaparecerían tan fácilmente. No respondió porque quería pensar un poco mejor las cosas antes de decirlas, para evitar echarle más leña al fuego. Por ese mismo motivo tampoco se negó a ir con él. En el club de su padre no tendría que lidiar con sus hermanos o su abuela, pero sabía que era el primer lugar donde irían a buscarla. Por una noche, tal vez no fuese mala idea dormir en otro lugar donde no pudieran encontrarla, al día siguiente podrían hablar más calmados respecto a lo que sucedería a partir de entonces.

Aunque estaba de acuerdo con hablar al día siguiente de todo lo demás, había una cosa que tenía que decirle en ese momento, no podía esperar. Lo detuvo entonces por la muñeca antes de que se marchase y lo miró a los ojos durante unos segundos que parecieron eternos. Por primera vez en mucho tiempo sintió que estaba viendo de nuevo al hombre de quien se enamoró hacía ya tantos años. Sin poder detenerse a sí misma, dio un paso hacia él y elevó una mano hasta poder acariciarle la mejilla. ¡Cómo había extrañado esa cercanía! Poniéndose de puntillas, depositó un beso demasiado casto sobre esos labios que una vez conoció demasiado bien.

Como si hubiera estado conteniéndose hasta ese momento y simplemente perdido toda fuerza de voluntad, Magnus arremetió contra ella, empujándola y encerrándola entre su cuerpo y la puerta mientras la besaba como podía recordarlo, con una pasión y un deseo incontenibles, y a la vez con una suavidad nada propia de su naturaleza algo más tosca, como si fuese algo precioso para él aun cuando sus palabras solían contradecirlo. Diane lo recibió con un gemido de sorpresa y deseo, sosteniéndose con fuerza de sus hombros, y respondió con la misma necesidad que él mostraba.

Los labios del varón descendieron hacia su cuello, y Diane se derritió en sus brazos como si no hubiera transcurrido un solo día desde la última vez que estuvieron de esa manera. – Magnus. – Suspiró la joven, extasiada al sentir su aliento cálido sobre la piel. No quería que se detuviera. Su reputación ya estaba arruinada, así que no había nada qué proteger. ¿Qué más daba si le permitía continuar? Al final, no estaría perdiendo nada. Pero Magnus parecía pensar diferente pues, como si necesitase poner distancia para poder respirar, él se apartó y comenzó a caminar alejándose de ella. – ¡Magnus! – Lo llamó esta vez con voz más elevada pero aún entrecortada. Él se detuvo un instante, como por reflejo, pero no giró a verla ni esperó a escuchar lo que tenía que decir, simplemente continuó alejándose sin detenerse, hasta perderse de vista.

Le prepararon un baño de agua caliente y le ofrecieron comida, dos cosas a las que en ese momento no tenía intención de negarse. Ya era muy tarde cuando estuvo lista para irse a la cama, pero cuando preguntó a una de las mucamas si Magnus había regresado, ella simplemente negó, dejándole saber que su señor siempre salía por la noche y se mantenía en casa durante el día. Un ritmo extraño de vida que Diane no comprendió, pero no pensaba cuestionar. Sin nada más qué hacer, se metió bajo las sábanas. No sabía lo agotada que estaba hasta que despertó a la mañana siguiente casi al medio día tras quedarse dormida apenas su cabeza tocó la almohada. Al principio se sintió confundida, no recordaba dónde estaba hasta que todo lo ocurrido durante la noche vino a su memoria como un sueño, pero todo había sido real, Magnus estaba de regreso en su vida.

No tenía un vestido qué ponerse. El que llevase la noche anterior fue hecho girones por uno de sus hermanos, y el camisón que llevaba ahora le fue prestado por una de las mucamas, así que en principio no supo qué hacer para poder salir. Sólo por curiosidad abrió las puertas del guardarropa, encontrando allí un único vestido del que colgaba una escueta nota que decía “úsalo”. No fue necesario preguntar de quién era, la caligrafía era indudablemente de Magnus. Aunque al principio le sorprendió, luego de pensarlo un instante no se le hizo tan extraño que Magnus pudiera saber la condición en que se encontraba, lo irreal es que se hubiera preocupado lo suficiente para conseguirle algo que pudiera usar.

¿En verdad era tan irreal? El hombre la defendió de sus primos, amenazó de muerte a uno de ellos, le impidió incluso ir con su padre, y todo esto para protegerla. Aun así… ¿Por qué sus palabras seguían siendo tan duras? ¿Por qué se detuvo cuando fue ella quien lo besó? Magnus seguía siendo el enigma más indescifrable al que alguna vez se enfrentó. Debía pensar con la cabeza en lugar de dejarse llevar por sus emociones. No debería estar allí, no debería haber permitido que se impusiera de esa manera, no debería haber aceptado quedarse bajo el mismo techo que él. Lo amaba, a decir verdad, quizá nunca dejó de hacerlo, y si él volvía a desaparecer no estaba segura de poder soportarlo todo de nuevo. Pero era solo una noche, se dijo. Al día siguiente volvería con su padre, y le rogaría para que no permitiera que sus hermanos se la llevaran de nuevo. Si volvía a la casa Rousseau, no estaba segura de que la dejaran viva después de lo que hizo Magnus. Neil sin duda querría sangre, y si no podía conseguir la de su atacante, seguro se conformaría con la suya cuando no lograse obtener de ella una dirección.

Se vistió con ayuda de una de las mucamas, quien atendió su llamado, y antes de pensar siquiera en comer, preguntó por su anfitrión y fue directo a su encuentro. Tocó la puerta de la habitación que le indicaron y, aunque no recibió respuesta, abrió la puerta. El lugar se encontraba completamente a oscuras, al punto que, desde fuera y con apenas la tenue luz de algunas velas en el pasillo, el interior parecía una cueva. Solo dio un paso dentro, esperando que sus ojos se acostumbrasen a la ausencia de luz, y ni siquiera pensó en cerrar la puerta pues, una vez dentro sería imposible ver nada. – ¿Magnus? – Preguntó, queriendo asegurarse de que se encontraba allí, pero no lograba ver algo. Sin previo aviso, una mano la haló internándola aún más en la habitación, al menos lo suficiente para cerrar de golpe la puerta, dejándolos a ambos en una oscuridad absoluta. Aunque la sorprendió, Diane no tuvo que volver a preguntar para saber que era él, sentía su tacto frío aun sosteniendo su mano.

Tenía tanto para decir en el momento en que llamó a la puerta, y ahora que lo tenía en frente ni una palabra le venía a la mente, solo se aferró a él como un ancla al mundo real, ya que no podía ver nada su contacto era la única prueba que tenía de que estaba despierta. – No te estaba culpando de mis desgracias. – Confesó lo que quiso decirle la noche anterior y él no le permitió. – Te estaba acusando de hacer que me enamore como loca de ti, una y otra vez. – Sólo él era capaz encenderla con pasión y hacerla rabiar de enojo, sólo él podía hacerla temblar de pies a cabeza con solo la perspectiva de un beso, sólo a él había amado en su vida y, a pesar de la forma en que la besó, no estaba segura de poder recuperarlo. Tampoco estaba segura de querer hacerlo, sin importar lo que sintiera en su corazón. Debía irse, pero quería quedarse, ¿Qué se suponía que hiciera?

– Cásate conmigo. – Sin importar cuánto se dijo que debía pensar cuidadosamente cada palabra antes de pronunciarla, ni siquiera fue consciente de aquellas hasta que se escuchó a sí misma decirlas en voz alta. Un matrimonio con ella tal vez era lo último que Magnus desearía, pero era la única forma en la que quedarse a su lado no significaba un conflicto interno para ella. No tenía que ser una ceremonia grandiosa, con cientos de invitados, con que su padre pudiera asistir y la unión fuese legal era suficiente para ella, no necesitaba a nadie más.




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Mensaje por Magnus du Lac Mar Nov 15, 2022 11:07 am

Había sido una noche más intensa de lo que esperaba en un principio para mi regreso a la sociedad tras esconderme por cinco años, lo que no esperé fue encontrarme a Diane ni tampoco conocer la verdad del motivo por el que mantuvo una relación con mi gemelo… el cual si algún día me encontraba de nuevo con Lancelot juraba que lo mataría por todo el daño causado no solo a mí, eso era algo que bien podía soportar como tantas otras veces, sino a Diane al jugar con sus sentimientos. En parte podía entender por qué lo hizo ya que de esa manera se vengaba por lo que le hice a Ginebra hacía ya más de quinientos años… pero la diferencia es que yo nunca jugué con ella sino más bien fue al contrario. Si, su destino final fue la muerte por no solo traicionar al rey sino también convertirse en la amante de un hombre que no le pertenecía… pero jamás pretendí jugar con ella en ningún momento. Lancelot solo aprovechó la oportunidad que se le brindó en bandeja para devolverme el golpe con un efecto mucho mayor que el que pudiera llegar a imaginar, uno que si bien no me gustaba encajé de la mejor manera que pude. Pero eso no sería suficiente como para aplacar mi furia cuando volviera a encontrarlo porque la vida y el destino eran una perra cruel y despiadada, siempre lo ponían en mi camino en los momentos menos esperados. Por si todo eso fuera poco enterarme de las intenciones que los hermanos -primos- de Diane tenían para ella y ver cómo la trataban frente a mí fue la gota que colmó un vaso que ya apenas soportaba una mínima gota. Nunca fui un hombre paciente pese a que decían que era una buena virtud, me consideraba más impulsivo y el tipo de persona que primero pegaba y luego preguntaba… y no pude aguantar por mucho más tiempo el ver cómo la trataban e incluso querían tildarla de “puta” frente a los invitados. Aún debían de dar gracias porque lo dejara respirando en su miserable existencia pero como volviera a acercarse a Diane, como osara mentarla en algún momento cumpliría con mi amenaza. Y estaba deseando llevarla a cabo. Por eso cuando llegamos a la mansión en un tenso silencio que podía cortarse fácilmente con un cuchillo supe que necesitaba calmar todo lo que bullía en mi interior y estando tan cerca de Diane, donde era demasiado fácil oler su perfume, su esencia o escuchar el cadencioso sonido de su corazón latir… era complicado. Mi prisa por llevarla a su habitación no era por alejarme de ella -que en parte así era- sino por calmar un estado que solo ella conseguía con mayor frecuencia que nadie. Necesitaba alimentarme, saciar mi hambre e incluso quizás buscar placer en un cuerpo ajeno solo para desfogarme como lo necesitaba. Estaba ya por marcharme cuando sentí el roce de su mano aferrar mi muñeca frenando mi avance, mi vista fue hacia ella observando todos sus movimientos mientras acortaba la distancia y depositó su mano en mi mejilla. Su calidez era reconfortante y trajo recuerdos del pasado, pude haberme apartado cuando ella se acercó mucho más a mí, pude haber girado el rostro cuando se elevó para depositar un beso demasiado casto en mis labios. Pude haberme apartado, debí hacerlo… como pude haber hecho otras tantas cosas pero al final con todo el cúmulo que llevaba fui yo quien acortó la distancia entre nuestros cuerpos. Mi cuerpo bastó para de un movimiento empujarla hasta dejarla contra la puerta y mi propio cuerpo, perdí la noción y la razón de todo incrementando la intensidad del beso. Fui algo brusco tras llevar tanto tiempo reprimiéndome por algo que era “mío” que simplemente me dejé llevar. Descendí mis labios por su cuello notando su vena que palpitaba con fuerza, apenas bastaría dejar que mis colmillos se saciaran para calmar la sed de sangre. Fue mi nombre susurrado de mis labios lo que me hizo ver dónde estaba y con quién, sabía que debía de parar porque de seguir por ese camino ¿qué me separaba de clavar mis colmillos en su dulce cuello? Nada. Y estaba en un punto clave donde o paraba o no sabía si más adelante podría hacerlo. Y lo hice, me separé y comencé alejarme poniendo tanta distancia entre ambos como me fuera posible. Cuando me llamó apenas paré mi avance aunque luego seguí sin querer escuchar su voz llamándome con una necesidad acuciante que necesitaba saciar, y como me parara ella sería la víctima.

Alejarme y poner distancia fue la mejor decisión que podría tomar por aquella noche ya que necesitaba despejar mi mente y estando ella tan cerca era imposible, por lo que decidí salir a alimentarme y saciar el fuego de mi interior que quemaba con fuerza. No tardé demasiado en encontrar una víctima que cumpliera con ambas condiciones y menos con la seducción que de por sí teníamos los vampiros. Saciar el fuego de mi interior fue algo fácil y descargué en aquel cuerpo toda mi frustración y rabia acumulada por esa noche, mis deseos más oscuros que volvían para hacer temblar toda determinación adquirida con los años. Que el rostro de Diane fuera el que apareciera mientras tomaba aquella joven fue algo que si bien no me sorprendió, sí produjo cierto “dolor” porque significaba que la herida no sanó como yo creí. Tras alcanzar el orgasmo no dudé en clavar mis colmillos en su cuello lo que la catapultó a su orgasmo e hizo que su sangre corriera más desaforada, perfecta para beber de ella. Una vez todo terminado y ya alimentado lo suficiente borrar su mente para que no recordara lo ocurrido era lo mejor que podía hacer por la joven, quizás matarla aunque otros más que ella se merecían la muerte. Volví en el límite de la oscuridad nocturna y me adentré en mi estancia dispuesto a dormir sin pensar en nada de lo ocurrido, no quería pensar en nada más por ahora. Sin embargo mi descanso se vio interrumpido antes de que la luna hiciera acto de presencia en el cielo ya que sentí la presencia de Diane en mi puerta, lo que me despertó casi al instante porque no sabía ni qué hacía allí ni por qué le dijeron cuál era mi habitación cuando mis sirvientes sabían que no debía de ser molestado antes de la noche. Al mayordomo le pedí que consiguiera un vestido para ella en la noche y avisé que no quería ser molestado -como norma que ya impuse al principio- hasta la noche, sin embargo allí estaba. Me levanté quedando en la puerta y cuando abrió esta tomé su muñeca y la interné cerrando de nuevo para que no entrara ningún rayo de sol, para adentrarla en la oscuridad de mi estancia. A esa escasa distancia podía ver a la perfección su bello rostro con esos ojos tan azules como el cielo, su pelo rubio largo que caía sobre sus hombros y por su espalda con el vestido escogido para ella.



一¿Qué haces aquí, Diane? 一Pregunté aunque en un tono brusco sino más bien sin entender qué hacía allí. El alimentarme y saciar el calor de mi cuerpo bastó para que ahora estando a solas en mi habitación pudiera permanecer tranquilo, a diferencia de la pasada noche donde todo fue demasiado intenso. Escuché en silencio lo que tenía que decirme de seguro aprovechando que no podía “verla” ya que ella desconocía lo bien que sí la veía, el nerviosismo en su rostro, el leve tic de su labio cuando se ponía nerviosa o su respiración irregular era lo que la delataba. Enarqué una ceja cuando me acusó de hacer que se enamorara de mí una y otra vez cuando no había hecho nada, puede que al principio cuando la conocí sí fueran esas mis intenciones… pero la pasada noche lo cierto es que actué simplemente por instinto. Por instinto y movido por unas emociones que solo ella era capaz de provocar en mí. Ni siquiera sabía por qué me estaba diciendo todo eso después de lo ocurrido entre ambos promovido por mi gemelo en su gran parte, pero la traición era algo muy grave para mí que no se solucionaba de la noche a la mañana. Seguía estando dolido por lo ocurrido aunque podía entender que ella se encontrara en la misma tesitura, de hecho ni siquiera supe por qué dije que yo cuidaría de ella, quizás porque no soportaría el saber cómo sus hermanos -primos- la tratarían vendiéndola como mercancía por sacar dinero. Me repugnaba esa idea y solo actué sin pensar en lo que decía一 ¿qué es lo que quieres de mí, Diane? 一Pregunté sin moverme observando su rostro y de todas las cosas que pudo responderme, de todas las contestaciones, admitía que aquella petición me pilló totalmente desprevenido一 ¿...Qué? 一Incrédulo por su petición no fui capaz de responderle nada mientras procesaba lo que ella tan solo acababa de sugerir como si tal cosa, como si no fuera algo a tomar o tener en cuenta… en especial porque yo no era un simple humano como ella imaginaba y pensaba, sino un vampiro que ya contaba con medio milenio a sus espaldas así como un rastro de cadáveres y de sangre, de una crueldad que ella no conocía en absoluto一 Diane… 一llevé una mano a mi rostro para echar hacia atrás algunos mechones de mi pelo intentando aclarar mis pensamientos, porque cierto que nunca contemplé la idea de casarme salvo quizás cuando era humano… pero eso quedaba ya demasiado lejos. La observé en silencio por un par de segundos porque no quería lastimarla con mis palabras, porque todavía quedaban muchos secretos que escondía en un armario demasiado grande一 ¿no crees que vamos un poco rápido cuando ni siquiera hemos intimado? 一Puse un tono algo adulador y seductor intentando reconducir la conversación sin querer responder a su pregunta, porque ni yo sabía la respuesta一 Sé que todavía quedan cosas pendientes entre ambos, en especial después del tiempo que ha transcurrido en que no nos hemos visto. ¿No deberíamos primero sanar viejas heridas, antes de dar un paso tan importante como ese? 一Elevé una de mis manos que ascendió recorriendo toda su figura desde la cadera hasta que la dejé en su nuca, enredando mis dedos en su dorada melena一 no voy a permitir que te pase nada a partir de ahora, prometí cuidar de ti y es lo que pienso hacer. Tus hermanos no van a volver a ponerte una mano encima nunca, ni vas a ser tratada como mera mercancía. Eres una mujer, una mujer joven y bella que debe ser tratada con el respeto que se merece 一acaricié su mejilla con mi pulgar, notando la calidez que desprendía一 démonos el tiempo que necesitemos Diane, apenas volvimos a encontrarnos anoche y aún muchas cosas pendientes entre ambos. No he sido capaz de olvidarte en este tiempo, ni siquiera cuando creía que estabas con mi gemelo 一mi pulgar repasó ahora su labio inferior y acabé apoyando mi frente contra la suya一 pero todavía me duele lo ocurrido 一admití porque no podía obviar ese detalle, todavía quemaba a fuego一 hay muchas cosas que no conocemos el uno del otro, démonos el tiempo para conocerlas 一tiempo para plantearme cómo decirle lo que era en realidad. ¿Sería capaz de afrontar la verdad que escondía desde hace quinientos años? ¿Soportaría el que fuera un vampiro sin causar estragos en la imagen que tenía de mí? Tenía que ir con cautela a la hora de dar el paso, aunque no iba a poder esconderlo mucho tiempo si se quedaba allí. Iba a resultar sospechoso que solo durmiera de día y no pudiera salir en las horas diurnas. Era revelar una verdad que podría cambiarlo todo.


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Mensaje por Diane Lucas Mar Nov 15, 2022 10:52 pm

En el momento en que Magnus pronunció su nombre de la manera en que lo hizo, quiso darse golpes en la boca por hablar sin antes pensar. Por supuesto que iba a rechazarla, ¿En verdad esperó algo diferente? Podía imaginarlo echándola de su casa en ese mismo instante; en cambio, sus palabras la hicieron ruborizar hasta la raíz del cabello, de forma tan intensa que podía sentir el rostro arder. Intentó contenerse, pero en este caso, incluso su parte más lógica le dijo que debía responder, especialmente ahora que entendía un poco mejor a lo que se refería con “intimar”.

– No sé en dónde estuviste estos cinco años, pero incluso antes de que te fueras, esa parte venía luego de la boda. – Expuso, solo por aclarar un punto, pues no tenía la menor esperanza de poder hacerlo cambiar de parecer. Sin contar con que la noche anterior pensó en entregarse a él sin tener ninguna certeza, pensando que ya no tenía nada que perder. Lo único bueno de esas palabras es que le dieron la seguridad de que no iba a echarla por su imprudencia, de hecho, lo que vino luego apaciguó un poco el rechazo.

Diane estaba desesperada por muchos motivos: quería estar a salvo de sus hermanos y su abuela, quería que las personas dejaran de verla con lástima, quería… Quería que todos los que la insultaron a sus espaldas se tragaran sus palabras. En cambio, Magnus, quien no tenía nada que demostrar o probar, podía ver la situación con una perspectiva más clara y racional. – Supongo que tienes razón. – Las viejas heridas aún no sanaban. Aunque hubieran aclarado lo ocurrido en el pasado con el gemelo de Magnus, si era honesta consigo misma, admitiría que todavía le costaba confiar del todo en él. Lo que era peor, aun le dolía el corazón al pensar en el pasado.

En la oscuridad, al no poder verlo, la tomó por sorpresa el sentir su mano libre tocarle la cadera, solo para subir lentamente hasta su nuca y enredarse allí en su cabello. Eso la desconcertó un poco, pues él hablaba de no ir tan rápido y sanar heridas del pasado, y un segundo luego la tocaba de esa forma que le hacía acelerar el corazón. Magnus hablaba de protegerla de sus hermanos, de que merecía respeto, pero… ¿Quién iba a protegerla de él? ¿De sí misma? Porque cuando la tocaba como lo estaba haciendo en ese momento, cuando le habla de esa manera, ella volvía en el tiempo a cuando era feliz solo con verlo. Y si además le decía que nunca pudo olvidarla… ¿Cómo podría no confundirse?

Sentir el roce en su labio inferior y luego la frente de Magnus apoyarse en la suya, fue la gota que rebasó el vaso. Por puro instinto, cerró los ojos, pues de igual manera no podía ver nada. Cinco años de dolor, y en ese momento se veían tan lejanos e insignificantes en contraste con lo fuerte y rápido que latía su corazón. Eso solo evidenciaba que sus sentimientos por él se mantenían intactos, porque pensaba en el Magnus del pasado; pero, así como ella lo hizo, él también pudo haber cambiado. ¿Se seguirían gustando tras descubrir en quiénes se habían convertido tras esa larga separación? – ¿Podemos hacer lo de conocernos sin tus manos confundiéndome? – Preguntó con voz temblorosa, esperando que fuese él quien se apartara, pues estaba tan nerviosa que no podía moverse.

Solo volvió a respirar de nuevo con normalidad cuando ya no pudo sentir su aliento sobre el rostro, y el único contacto que tenía con él era su mano aferrada a la suya. Y entonces también pudo pensar con un poco más de claridad. La idea de conocerlo sonaba maravillosa, pero… En el pasado él era tan esquivo cada vez que le hacía preguntas personales, que todo lo que llegó a saber alguna vez de él fue sobre su carácter, nada de su pasado, de su familia… La mejor muestra de ella es que ni siquiera supo que tuvo un gemelo hasta la noche anterior. – ¿Responderás a mis preguntas? ¿Me contarás sobre ti? – Solo quería saber si de verdad pondría empeño en cumplir lo que él mismo propuso, o si era una forma cruel de venganza. Ese solo pensamiento demostraba lo rota que estaba su relación, y que de verdad necesitaban tiempo. Pero debía asegurarse.

– ¿Dónde estuviste todo este tiempo? – Esta siguiente pregunta fue su forma de iniciar con el proceso, una pequeña prueba. No creía que fuese una pregunta difícil de responder, seguro estuvo en Inglaterra, país del que entendía era originario.




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Mensaje por Magnus du Lac Mar Ene 24, 2023 10:37 am

Las cosas nunca salían como una esperaba o imaginaba, no debía de sorprenderme ese pequeño detalle pues parecía ser un lema permanente a lo largo de toda mi existencia. Cuando decidí acudir a la fiesta lo último que pensé que pasaría era encontrarme con Diane pero, más que eso, conocer toda la verdad de lo ocurrido hacía ya cinco años. Para un humano podría ser un tiempo prolongado e incluso considerarlo que fue hace “mucho” tiempo, pero para un vampiro era apenas un mero suspiro en nuestra existencia… por lo que el dolor todavía era demasiado reciente, y las heridas no habían sanado ni tampoco curado. Para la mente de Diane pudiera ser que lo ocurrido hacía cinco años ya lo tuviera superado pero para mí era más complicado no solo por lo relativo del tiempo, sino porque me recordaba a lo ocurrido hacía quinientos años en una historia que se repetía como si fuera un ciclo. Inevitable, imprevisible. Lo cierto es que todo lo acontecido en la pasada noche era algo que por mucho que me situara o me imaginara la situación jamás pensé que terminaría pidiéndole que viniera a vivir conmigo, pero siendo sincero, era imposible no hacerlo en cuanto supe de las intenciones que tenía su familia para ella. Cierto que la sociedad parisina -y en general- tendía a ver como algo “mal visto” el que una joven estuviera soltera y sin ningún tipo de compromiso pues ya era algo que se hacía mucho antes de esta época… pero no pensé que Diane tuviera que sufrir o pasar por tal penuria, o que su vida se convirtiera en un infierno por ello. Todo gracias a las decisiones tomadas por mi gemelo quien nunca reparó en el daño que podría hacerle a la joven, tan solo buscaba hacerme daño a mí… y vaya si logró hacerlo. Cierto que de los dos el que peor carácter tenía era yo pero a veces, en muchas ocasiones, me planteaba si realmente yo debía de ser considerado como el “malo” entre ambos. Un título que no me importaba ostentar en absoluto y que me había acompañado a lo largo de mi existencia, pero si lo pensaba con perspectiva Lancelot no era mejor que yo. Tener a Diane tan certa era algo que me carcomía por dentro y me hacía pensar en lo idiota que fui al permitir que mi gemelo me engañara, pero sería la última vez que lo hiciera porque la próxima vez que nos encontráramos no tendría tanta compasión con él; pondría fin de una vez por todas a aquel lazo sanguíneo que nos unía. De una vez por todas.

Tener a Diane tan cerca en la oscuridad y soledad de mi habitación era sin duda una situación que, en otro momento, habría aprovechado de una manera muy diferente a la que ahora nos encontrábamos. Podía llegar a pensar que su impulso por pedirme matrimonio -porque era tan solo un impulso nacido de lo ocurrido- se debía a todas las emociones vividas la pasada noche, y que no era algo que pensara con claridad. Necesitábamos un tiempo para volver a empezar sin secretos de por medio, o al menos el menor número posible, ya que todavía ni siquiera había abordado el problema de cómo afrontar el decirle que era un vampiro. Necesitaba algo de tiempo para ordenar mis pensamientos así como mis sentimientos, aun cuando tenía muy claro que en esos cinco años no pude borrarla de mi mente y me acompañó todas y cada una de mis noches. Mis manos recorrían su cuerpo sin pensar siquiera en lo que estábamos haciendo hasta que ella puso algo de cordura, provocó que una pequeña sonrisa ladina asomara en mis labios para darme cuenta de lo ingenua e inocente que era. ¿Habría alguna vez un hombre tocado su cuerpo, mostrarle lo placentero que era sentir piel con piel? Algo me hacía pensar en que Diane no conocía dichos placeres y que su cuerpo era casto y puro, tanto o más como ella misma. Por su comentario todo me llevaba a pensar que la educaron para que no conociera el placer antes de contraer matrimonio, y una pequeña parte de mí se alegraba que así fuera. Pensar en que era virgen y ser el primero en tomar su virginidad era algo que me gustaba, que solo yo fuera el único, como un don que me regalaba. Ni siquiera pensé en contestarle porque no quería continuar con ese tema, ya tendría tiempo de averiguar si mis pensamientos eran correctos o no. Pero solo con escuchar el bombeo acelerado de su corazón todo me inclinaba a pensar que sí, lo era. Algo bastante común en la época. Emití una pequeña risa ante su petición de apartar mis manos que no hizo más que corroborar lo que ya sospechaba.



一No era mi intención confundirte, no al menos en ese sentido 一ella no podía verme pero en la oscuridad de la habitación yo podía apreciar cada pequeño detalle en su rostro, en su cuerpo, más allá de lo que mi oído le delatara. Decidí apartarme para darle su espacio pues tampoco quería turbarla, la necesitaba con la mente despejada para que entendiera o supiera en todo momento qué era lo que decía o hacía. Guardé silencio por los siguientes segundos al ver que al menos cedió ante la idea de casarnos ya que era algo precipitado, impulsado quizás por un temor a quedarse sola en el mundo, pese a que yo prometí que cuidaría de ella. En el pasado muchos fueron los secretos que ambos guardamos para el otro y aunque todavía tenía la duda de cómo lidiar con mi condición de vampiro, cómo hacer en los próximos días para no llamar tanto la atención… entendía su petición acerca de que le contara sobre mí. Siempre fui una persona bastante reservada y algo parco en palabras, era un hombre que se expresaba mejor con los actos que hablando… pero tras lo ocurrido veía bien despejar ciertas dudas o preguntas que ella tuviera, al menos tantas como fuera capaz de responder一 pregúntame lo que desees saber y, si está en mi mano, responderé 一quizás no era la respuesta que ella esperaba pero existían ciertas cosas que no podía contarle no porque no quisiera, sino porque ella no estaría preparada para escuchar la verdad. Como por ejemplo de dónde nació la “enemistad” entre mi gemelo o yo, por qué ese odio entre ambos o quién lo propició. No podía contarle sobre Ginevra, sobre que fue una mujer que estaba destinada a nuestro rey pero él se convirtió en su amante… como tampoco podía contarle que nuestro rey me obligó a matarla y yo lo hice frente a sus ojos. ¿Qué pensaría entonces ella de mí, cuando supiera toda la verdad? No estaba preparado para saberlo, todavía no. Aunque ella tenía también mucho que contar al respecto, al parecer一 está bien, ¿qué quieres saber? 一Su primera pregunta me parecía bastante lógica y aunque no era contarle la verdad pues no podía decirle que permanecí viviendo en la catacumbas de París, preferí adornar un poco la historia一 volví a mi hogar tras lo ocurrido, volví a Bretaña en un intento por alejarme de París. Allí poseo una finca familiar repleta de viñedos que es el negocio familiar, creí que retirarme de la ciudad sería algo beneficioso 一aunque no era del todo mentira, mucho antes de volver a París residí en Bretaña一 ¿has estado alguna vez allí? Seguro que te encantaría, no tiene algunas comodidades de París pero el clima es más suave, y desde luego no tan abarrotado como aquí 一pese a viajar por todo el mundo encontraba cierta tranquilidad cuando volvía al que fue mi hogar, quizás porque uno no podía olvidarse de sus raíces一 podríamos ir alguna vez si quisieras, te enseñaría los viñedos y las bodegas 一era un lugar donde se cultivaba mucho por su buena predisposición de la tierra y el clima, por su cercanía al mar一 antes de que lo preguntes volví porque pensé que cinco años habrían sido suficientes y que, además, París es lo bastante grande como para no tener que cruzarme con vosotros. Encontrarte en la fiesta fue una sorpresa que no esperaba en absoluto… acudí porque conozco a los dueños de hace años, desde hace generaciones tienen tratos con mi familia y compran bastante de nuestro producto 一eso tampoco era mentira, aunque la diferencia es que ellos sí sabían de mi condición de vampiro y Diane no.


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