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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Aslan Khan Miér Dic 15, 2021 8:22 pm

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Este tema presenta contenido +18. Si se desea leer, será bajo su responsabilidad; las partes involucradas manifiestan pleno consentimiento sobre los temas aquí tratados y reconocen que este contenido se rige en el marco exclusivo de la ficción.



Eran puntualmente las ocho de la noche cuando Aslan llamó a la puerta de la residencia de su prometida, tal como había indicado una semana atrás. Vestía de forma casual, con pantalón beige y camisa blanca, sin corbata ni chaqueta, para los planes de esa noche quizás estaba demasiado vestido. Lo que tenía pensado para esa noche era incluso más informal que aquel primer encuentro que, al final, no había salido tan bien, y no quería que el único recuerdo que tuvieran en la playa fuese de aquella manera, no cuando le gustaba tanto el mar. En esta ocasión se sentía optimista, al menos lo suficiente como para decidir olvidarse del resto del mundo aunque fuera sólo por esa noche, por unas horas se olvidaría de los apellidos Khan y Osman, de inquisiciones y órdenes, de vampiros y otras razas.

Esperaba que Gevherhan pudiera hacer lo mismo, no sabía qué tan difícil sería para ella dejar de lado los títulos y deberes y ser sólo una joven común y corriente simplemente divirtiéndose con su futuro esposo. No es que quisiera que siempre fuese así, su ambición era mucho más fuerte que eso, pero sabía separar las cosas cuando debía hacerlo. Su joven prometida, por otro lado, parecía no saber cómo tener un poco de sana diversión, y él había planificado aquella salida estrictamente para eso. Por eso mismo, desde el momento de hacer la invitación, dejó claro que sería algo sólo para ellos dos, aunque no dudaba que ella intentaría llevar al menos una de sus damas de compañía con ella. Para evitar eso, su medio de transporte esa noche no era un carruaje, sino un único caballo, un frisón negro azabache, sin silla, sólo una manta sobre el lomo del animal, y con las bolsas de la alforja llenas a rebosar con parte de lo que sería su sorpresa para Gevherhan.

Tan pronto le abrieron la puerta, lo invitaron a entrar, ante lo que se negó cortésmente, prefiriendo esperar en el exterior hasta que la joven salió, no mucho después. Se acercó a saludar pero, a diferencia de lo que había hecho hasta el momento en esas ocasiones: inclinarse a besar sus nudillos, en esta ocasión besó su mejilla. No era algo común, especialmente en la cultura de ambos, pero era, probablemente, una de las cosas más decentes que haría esa noche. Tal vez su definición de “sana diversión” no concordaría con las de Gevherhan, pero ya tendría tiempo luego para lograr que lo perdonara si es que llegaba a enojarse. – Lo siento. Estás tan guapa que no he podido contenerme. – Se disculpó, aunque fue una disculpa vacía, pues ni sus ojos ni su voz mostraron el menor atisbo de arrepentimiento, era una cordialidad y nada más.

– Espero no le moleste montar a pelo. – Dijo poco después, antes de girar su cuerpo en dirección al animal, ignorando por completo a la joven que venía un par de pasos tras su patrona y que parecía espantada ante la idea de dejarla ir sóla con un hombre, aunque este fuera su prometido. Sin esperar respuesta, la tomó de la cintura y levantó en vilo hasta dejarla sentada de medio lado sobre el lomo del animal. Una vez estuvo seguro que no saldría corriendo, se dirigió a la dama de compañía. – No se preocupe, la traeré sana y salva. – Tras verla dudar, colocó una mano en su hombro, intentando infundir confianza. – ¿Acaso no conoce a su padre? Si llega siquiera a sospechar que he tocado un sólo cabello de su hija me cortará la cabeza. – Hizo una expresión de espanto tal que la joven terminó sonriendo.

Victorioso, montó finalmente, de un salto, quedando a horcajadas sobre el animal, para luego atraer a Gevherhan hacia su cuerpo, de manera que estuviera segura durante el corto trayecto, rodeándola con ambos brazos para poder sostener las riendas. – ¿Cómoda? – Consultó, dando un golpecito en las costillas del caballo, con el que le indicaba que debía comenzar a caminar.


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Mensaje por Gevherhan Osman Lun Dic 20, 2021 10:59 pm

Desde que aceptó la conveniencia del matrimonio con Aslan no había podido dejar de pensar en eso. Por un lado quería un motivo para odiarlo y detestarlo el resto de su vida y por otro realmente no tenía ninguna objeción por la cual podría comportarse de forma despreciable, entre más buscaba razones para que no le agradara más se daba cuenta que no era ni un mal hombre, ni un mal padre ni un mal partido. Le estaba poniendo la situación muy complicada y nadie en su familia estaba ayudando al respecto. Jamás había recibido tantas cartas de su madre y su abuela como en ese período de tiempo, incluso tuvo noticias tanto de Beyhan como de Zeynep, Fatma y dos de las esposas de sus padres felicitándole y queriendo saber si ya tenía pensadas cosas para la boda. No sabía si estaba malhumorada o solamente abrumada. Si ella estaba sufriendo por la repentina emoción entonces también lo haría sufrir a él así que esperó devotamente a que dieran las ocho de la noche para que Aslan pasara por ella.

Se miró una vez más al espejo de un corredor antes de salir. No iba para nada pomposa, ni siquiera llevaba adornado el cabello, solo recogido y de joyas nada más su anillo de compromiso y el extra porque ella nunca sabía. Sus damas de compañía estaban muy nerviosas pero ella no lograba comprender la razón. Al llamar de la puerta con una mirada mandó a abrirla con una de las chicas, ella fue segundos después notando que su futuro marido estaba más que listo para salir de ahí. Un pequeño gesto de duda le pintó el rostro antes de que pudieran encontrarse cara a cara con un beso en la mejilla peculiar que negó pero que no supo si era correcto contestar o no. Le echó una mirada terrible a Eycan que bajó la cabeza y la mirada volviéndose casi invisible en medio de la escena—No juegues conmigo, no es necesario—aunque fue directa no lo hizo con mala intención o en un tono negativo así que esperaba que él lo tomara bien.

Se acercó al caballo para acariciarlo omitiendo por completo que no había otro medio de transporte. Fue hasta después de la pregunta que comprendió todo aunque fue muy tarde, ya estaba montada como princesa sobre el caballo. La cara de sus ayudantes era de verdadero horror pero ella guardó la calma—Está bien, no se preocupen, cenen algo y descansen, vayan al hamán si desean—les aseguró con firmeza pero segura de lo que decía. No podía negarse a esas alturas.

La cercanía con su prometido era algo que era extraño pero no dudó ni por un segundo en rodearlo por la cintura para no sufrir un accidente en el trayecto una vez que él subió al caballo y pusieron marcha—Siendo sincera prefiero montar de la manera regular—no es que lo hiciera mucho pero había acompañado a su padre en algunas campañas e inspecciones a regiones que requerían cabalgar de forma más normal—Planeaste todo para deshacerte de mi personal ¿Estás seguro que no quieres estrangularme hasta la muerte o aventarme del caballo?—le miró desde su posición—Por cierto, me gusta… ¿Cuál es su nombre?—se distrajo notando el camino que Aslan había tomado. Era el mismo que ella recorrió cuando se encontró por primera vez con él.

Ahogada será—era claramente una broma y aún así el hecho de que no sabía nadar le pareció más aterrador estando de noche—¿Por qué este lugar? No es que no me agrade pero nuestros términos no eran los mejores en ese momento—se fue soltando poco a poco cuando el caballo perdió velocidad tras un viaje que fue increíblemente corto—Debes saber que todos están emocionados por la boda—rectificó haciendo un gesto con los labios—Bueno, no todos, algunos están emocionados, ya están pidiendo detalles—bufó como si ella tuviera la mitad de decisión sobre el evento y sus procesos extravagantes—¿Y tú familia?—.


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Mensaje por Aslan Khan Dom Dic 26, 2021 5:14 pm

Aslan comprendía la relación de Gevherhan con sus empleados, confiaba en ellos y les tenía aprecio, por lo que esperaba mucha discreción de su parte. Lo entendía porque era similar a su relación con sus propios empleados. Algunos de ellos conocían los secretos familiares, y preferirían morir antes que revelar detalles de la vida privada de sus patrones, era una cuestión de lealtad que iba en ambos sentidos, y le agradaba sobremanera que fuera de esa forma. Por eso no le extrañó la mirada severa de la joven ni la respuesta de su dama de compañía. Para una mujer como ella, en muchas ocasiones, sus damas se convertían en sus mejores amigas, a veces incluso más cercanas que sus propias hermanas, y no decía que fuera el caso pero no le sorprendería si así fuera.

Ante sus palabras directas y expresión seria, el inquisidor no pudo sino responder de la misma manera. – Si lo que te preocupa es que me esté burlando de ti, puedes quedarte tranquila, no lo hago. Me divierte jugar contigo, es cierto, pero no lo hago con mala intención. – Fue honesto. No quería ningún tipo de malentendidos entre ellos en ese punto, cuando el compromiso estaba concertado y en marcha, ambas familias estaban más que emocionadas y él… Él estaba satisfecho.

La idea de verla montar como amazona usando vestido era tentadora, tendría una visión encantadora de sus piernas y la forma en que sus cuerpos encajarían sería sin duda mucho más erótica, pero al pensar que no sería el único testigo pues cualquiera en la calle que los viera pasar tendría el mismo privilegio ya no le atraía demasiado. Por supuesto, si lo decía de esa manera podría obtener el resultado opuesto al deseado, así que se limitó a responder: – Ir en caballo fue una precaución de último minuto, la próxima vez te avisaré con tiempo de modo que puedas llevar pantalones de montar. – Tan pronto lo dijo, se hizo una imagen mental de ella en pantalones y decidió que no habría una siguiente ocasión, con ésta debería ser suficiente para que tanto ella como sus empleados confiaran en él y no tuviera objeciones a la hora de que quisiera pasar un momento a solas con su prometida, entonces ya no tendría él ningún problema con buscarla en carruaje.

Por respuesta a su primera pregunta simplemente sonrió al no encontrar nada apropiado para responderle en el momento, lo que pensó entonces era que de nada le servía matarla cuando aún no se habían casado siquiera, pero sabía que eso no lo ayudaría en su misión de hacer que confiara en él. En cuanto preguntó sobre el nombre del animal, dudó un instante, distrayéndose con la cercanía de su cuerpo y su rostro, antes de responderle. – Se llama Pegaso. – La miró un momento antes de sonreír y volver la vista al camino. – Onur lo nombró. Poco antes de comprarlo le había contado historias de la mitología griega y, aunque insistí que el Pegaso original era blanco, estaba decidido a tener un caballo que se llamara como el de los dioses. – Se encogió de hombros, era más que evidente que haría cualquier cosa por su hijo, incluso si no era suyo de sangre.

Aunque era consciente que todo el tema de querer matarla era, al menos parcialmente una broma, no podía evitar preocuparse por el porcentaje de duda que percibía en su voz, y aún así, no pudo contener la carcajada cuando notó en donde estaban y comentó que su forma de matarla sería ahogándola. A esa distancia le sería muy fácil besarla, sólo tendría que inclinarse un poco y tendría total acceso a su boca. Quizá sería la única forma de hacerle comprender, internalizar, que no pensaba deshacerse de ella, pero había prometido no hacerlo antes de la boda a menos que Gevherhan se lo pidiera, cosa que no había hecho hasta el momento, así que no tuvo más opción que contenerse, pero ésta vez tuvo que responder. – ¿Qué ganaría yo matándote? – Aunque estaban solos y nadie escucharía lo que le dijera, se inclinó levemente sobre ella hasta susurrarle al oído. – Para lo que quiero hacerte, te necesito viva. – Dependiendo de cómo se interpretase, su comentario podría ser tomado como algo malo; en ese punto, esperaba que ella lo conociera al menos lo suficiente para saber que debía interpretarlo como un juego morboso de su parte.

– Precisamente por eso he elegido este lugar. A los hombres Khan nos encanta la playa, así que es bastante probable que vengamos con frecuencia, especialmente en verano. No quiero que te quedes con los malos recuerdos de este lugar. – Mencionó antes de bajar del caballo. De pie frente a ella, la tomó nuevamente de la cintura para ayudarla a hacer lo mismo. Ató a Pegaso a uno de los postes, removió la alforja y se la colgó un hombro antes de tomar la mano de la joven para caminar hasta quedar más cerca de la orilla. Sacó una manta de uno de los bolsos y la tendió sobre la arena dejando posteriormente la carga sobre ésta. La ayudó a sentarse y la imitó luego, comenzando a sacar el resto de las cosas de los bolsos, omitiendo alguna que otra, las usarían más tarde.

Mientras ella comentaba sobre la emoción de sus familiares respecto a la boda, Aslan se preguntaba a sí mismo si entregarle o no algo que había traído especialmente para ella. Ruslan le había sugerido tener un gesto romántico con ella, como llevarle flores. Ese tipo de cosas nunca habían sido lo suyo, era del tipo práctico y directo, aunque la sugerencia se quedó clavada en su mente al punto que se encontró a sí mismo un día llegando a la casa de Gevherhan, esperando que no estuviera en ese momento para poder interrogar a sus damas hasta dar con cuál era su flor favorita. No fue fácil para él hacer la pregunta, a su pensar nunca se sintió más incómodo y avergonzado en toda su vida. Eso, claro, hasta que se vio a sí mismo entregándoselas a ella. Un bonito ramo de peonias rosadas que tuvo que guardar con extremo cuidado para que no se maltrataran. Jamás se imaginó haciendo tal cosa, ni siquiera a su madre había regalado flores hasta ese momento.

Sin darle tiempo de decir nada al respecto, respondió a su pregunta mientras sacaba los sandwiches, rellenos de un delicioso jamón español, que serían la cena. – De mi familia, puedo decir con total seguridad, que están todos emocionados. – Aunque entendía el motivo por el que no todos en la suya lo estaban, no quiso arruinar el momento con comentarios que terminarían siendo más políticos que personales. En cambio, decidió darle un giro al tema de conversación. – ¿Confías en mí, Gevherhan? Parcialmente lo haces, si has venido hasta aquí a solas conmigo. – Más si, al mirar a su alrededor, notaba que no había una sola alma en las cercanías. Por supuesto, su pregunta tenía un sentido de ser, pero necesitaba primero conocer su respuesta. – Necesito que sepas, sin lugar a duda, sin importar lo que nadie te diga, que jamás te haría daño intencionalmente. – Como pareja era importante pero, de su parte, además estaban aquellos secretos que no podía compartir con ella, al menos no todavía. Como hija del sultán ya corría ciertos peligros, pero como su esposa existían muchas otras amenazas, algunas incluso más letales.


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Mensaje por Gevherhan Osman Mar Dic 28, 2021 7:42 pm

Una de las tranquilidades que le daba a Gevherhan el hecho de que Aslan fuera a convertirse en su esposo es que sabía que era buen padre. No hacía falta pasar las veinticuatro horas del día en la residencia parisina Khan para saber aquello. Desde la primera vez que se encontró con el pequeño Onur y vio cómo se desenvolvían uno con el otro le quedó una paz indescriptible de que no importaba el número de hijos que le diera, él los querría. Odiaba la sola idea de que en su nueva familia se formará rivalidad o celos como la de los Osman, simplemente era algo que no podía soportar, porque sabía de las consecuencias, aunque ella misma fuera parte de ese ambiente hostil entre sus hermanos. Él no lo sabía pero le quitaba un enorme peso de encima—Eso es adorable—y lo era, porque los niños eran inocentes y buenos.

A Aslan le parecía gracioso lo que dijo, eso le hizo sonreír aunque probablemente él ni siquiera se dio cuenta pues debía ir concentrado en el camino. Por mucho que estuviera más relajado y menos a la defensiva que las primeras veces en que lo vio no pudo ocultar su gesto de molestia por la broma. Sabía que a él le gustaba jugar con ella con temas que no comprendía en su totalidad pero entre que sabía lo suficiente y entre que no lo que sí le quedaba claro es que ese nerviosismo y reacciones eran parte de lo que él quería y por lo que seguía insistiendo con los comentarios—¡Claro! Primero nos casamos, me matas y después heredas mis millones—le sonrió jugando totalmente con esas palabras.

Es muy considerado de tu parte, lo más cercano a la playa en Constantinopla es el Bósforo pero no es lo mismo—se dejó ayudar una vez llegaron, mientras que él preparaba todo ella se dedicó a acariciar al caballo antes de que el hombre volviera a llamar su atención tomándole de la mano. Esas cosas eran muy nuevas para ella, no estaba segura si eran más por tratar de ser romántico o por simples costumbres que quería poner a prueba del mundo occidental. Sobre la manta tendida hubo un momento en el que sintió como si a los dos se los hubiera tragado un silencio algo incómodo, él había adoptado una posición rara y ella también esperando a que algo pasará sin saber muy bien qué era. El gesto de las flores fue rápido, apresurado, ella no lo vio como que él se sentía fuera de lugar. Había sido inesperado pero Gevherhan lo agradeció incluso más que el anillo con el diamante negro las peonias le hicieron sonreír de verdad, eran muy bonitas y difíciles de conseguir fuera de Eurasia—Gracias—susurró sin que él la escuchara acercándoselas al rostro para rozarlas con la punta de su nariz.

Las colocó a un lado con cuidado, cerca de ella, y comenzó a extender los brazos para ayudar a colocar lo que sería su cena de esa noche en lugares estratégicos para que ambos pudieran alcanzar las cosas.

Había logrado irritarla por unos segundos antes de volver a ponerla de buen humor y después confundirla con su pregunta y posterior aseveración—No estoy segura de lo que quieres decir—sus ojos avellana fueron de aquí para allá y sin pensarlo se volvió a aferrar a las flores—¿Por qué alguien diría que me quieres hacer daño? Sé que siempre estoy propensa a salir lastimada, vine aquí a Francia sola sabiendo eso pero ¿Acaso no todos lo estamos? Sé que no me lastimarías, mi padre confía en ti y sé que esto es algo que hubiéramos querido distinto—al menos ella en el fondo si hubiera querido un matrimonio por amor—Pero has sido honesto conmigo, lo valoró demasiado—se inclinó un poco hacia él, volviendo a alejar un tanto las flores para no estropearlas, a poner su mano derecha sobre la izquierda contraria. Le dio un pequeño apretón de confirmación—Si estás hablando sobre herir mis sentimientos con alguna situación extramarital esa será tu decisión y no planeo hacerme responsable de eso—tal vez a Aslan le preocupaba querer o poder tener amantes regadas sin “ser nada” pero Gevherhan supuso que mientras guardará su discreción y no fue sinvergüenza al darle la cara a ella podrían vivir una vida buena. No era lo que ella quería pero tampoco había mucho lugar para donde moverse.

Hizo una mueca antes de sonreír. Después lo pensó con un poco más de detenimiento, algo cruzó por su cabeza de repente, una idea. Arrugó el entrecejo y ladeó la cabeza después miró hacia arriba como cuando recordaba algo o ataba cabos sueltos, al final lo miró directo a los ojos.

De hablar de un daño más físico… no lo harás, lo sé. No me harías daño, yo tampoco te haría daño—dijo muy segura dejando la puerta abierta a que tal vez con otras personas ella no eran tan permisiva—Y suponiendo que lo hicieras en un momento exageradamente grave o violento, como lo quieras ver, siempre hay una puerta de escape para mi, no te preocupes—hizo una pausa para buscar el vino que él había traído en recipiente que no se podía romper—Confío en ti—eso era cierto y era otra de las cosas que la dejaba en calma—Si no te refieres a nada de esto entonces es mejor que elabores un poco más tu pregunta o me des una pista—Estaban en eso juntos y solo le quedaba la confianza para cualquier cosa como estandarte de ese matrimonio.


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Mensaje por Aslan Khan Miér Ene 12, 2022 9:28 pm

– No, no es lo mismo. – Ni de cerca. Pero desde muy joven tuvo la oportunidad de viajar por el mundo con su padre, incluso a América, en donde conoció algunas de las mejores playas que había visto hasta el momento. Pensando en ello se le ocurrió el lugar perfecto para la luna de miel, pero haría algunos arreglos antes de siquiera mencionar la idea a su joven prometida. No quería llenarla de ilusiones cuando no sabía si su trabajo le permitiría una luna de miel lo suficientemente larga para hacer el viaje.

En cuanto comenzó a responder a su pregunta, notó que había arruinado ligeramente su buen humor, esperaba poder repararlo en un momento, pero antes… – Tengo muchos enemigos, Gevherhan. Algunos políticos, y otros incluso más peligrosos, que serían capaz de decir cualquier cosa con tal de herirte, incluso sacarte información. – Se tensó ligeramente cuando ella dijo que había sido honesto con ella, era una muestra de confianza que no merecía del todo, pero que pensaba reparar en el futuro cercano. – He sido honesto, pero no puedo negar que tengo secretos que no puedo compartir todavía contigo. Lo haré en su debido momento, eso te lo prometo. –

Una carcajada fue su respuesta más instintiva a su comentario respecto a “situaciones extramaritales”, no pudo contenerla. Cuando pudo calmar el instinto, la sonrisa permaneció en sus labios mientras respondía. – Querida. Mientras no me niegues el acceso a tu cama, no tendrás nada de qué preocuparte en ese sentido. – Ser fiel no era uno de sus atributos más notables. Le gustaba el sexo y no le importaba tener que pagar por él, pero suponía que podía hacer algunas concesiones si ella también las hacía. Con su anterior esposa, ese trato no se logró, pero Inci no era una mujer posesiva, así que tenía sus libertades.

La dejó terminar, y cuando comentó que si no era ninguna de las anteriores tendría que elaborar más su pregunta, se puso de pie y extendió su mano hacia ella para ayudarla a ponerse de pie. – Ya lo verás. – Una vez la tuvo frente a frente, le dio la vuelta para que le diera la espalda, dejó las manos sobre sus hombros y se inclinó para depositar un breve beso en la base de su cuello. – Confianza, en todo sentido. Necesito que confíes en que, incluso cuando sepas que podría hacerte daño, que podría aprovecharme de ti… No lo haré. – Bajó suavemente ambas manos hasta el inicio de su vestido, para alcanzar el pequeño lazo que mantenía los cordones tensos y cada prenda en su lugar, y lo soltó sin deshacer aún la presión en caso que ella se negase. – Dime, ¿Puedes confiar tanto en mí? –


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Mensaje por Gevherhan Osman Sáb Ene 15, 2022 6:25 pm

La forma que Aslan tenía de meter en su cabeza pensamientos o ideas sin darse cuenta era totalmente apabullante. Primero con lo que se suponía que debía pasar estando casados, la había dejado en ascuas, después con su confesión de que tenía muchos enemigos lo cual no era sorpresa a diferencia de que quién sabe cuánto tiempo debía esperar para que confiara en ella con esos secretos. Pensar constantemente en lo que no sabía o no podía saber le resultaba cansado y angustiante porque eso quería decir que no había forma de que planeara cosas a futuro en una situación urgente—Te estás preocupando en vano—no deseaba tornar esa salida en algo serio pero deseaba dejarle cosas en claro—No importa lo que digan, preferiría morir antes que dar información de cualquier cosa—si algo valoraba mucho Gevherhan era la lealtad, a su familia, empleados y ahora a quién sería su esposo y mientras le correspondieran de la misma manera ella haría cualquier cosa por protegerlos—Algún día me contarás cuando estés listo—tenía curiosidad pero no iba a presionar, entendía que había cosas que por un tiempo debían ser omitidas del conocimiento de otra persona y ese parecía ser el caso.

Lo que le parecía divertido a Aslan a ella no tanto o no de la misma forma—¿Por qué tengo la sensación que el acceso a mi cama no sería impedimento?—preguntó—Lo que quiero decir es que si deseas tomar ese camino no te detendré, será solo tu decisión y no la mía o la de ambos—ella no quería tener nada que ver con eso ni que se le echarán culpas, en caso de que ocurriera infidelidad y es que le resultaba un dolor de cabeza pelear por un hombre sobre todo si el dichoso hombre honestamente no tenía interés en ella. Toda su vida vio a las mujeres de su padre pelear por su atención y llegó un punto en que se volvió repetitivo, aburrido y hasta sin sentido. Ellas nunca entendieron que la atracción o el afecto no se puede forzar—Siempre y cuando no me involucres y seas discreto todo estará bien, no deseo problemas adicionales—se lo hacía dicho, no planeaba hacer ese matrimonio difícil y tampoco le impediría tener amoríos pasajeros mientras estas se mantuvieran como eso… algo pasajero. No era tonta y desde ya sabía que por la conveniencia de esa unión habría expectativas que no podría cubrir por más que quisiera y que él no veía en ella.

Suspiró mirando hacia el mar solo para regresar a él. Estudió sus expresiones sobre todo para ver si es que no le había molestado su sinceridad sobre que a ella no le importaba si a él no le importaba el matrimonio en un futuro.

Se levantó tras él olvidando el último tema. Quiso voltear sobre su hombro derecho pero contuvo sus ganas. Aslan no tenía límite al demostrar que podía tocarla y que lo hacía de vez en cuando. Se acarició el brazo derecho después del beso en el cuello puesto que le había erizado la piel y era no solo vergonzoso si no un poco molesto. Se llevó las manos al escote del vestido cuando sintió el agarre del mismo ceder cuando le soltó el lazo del corsé—Tienes formas muy extrañas de probar mi confianza—la retaba, desde que se conocieron y ella no podía solo ignorarlo, le resultaba naturalmente imposible. Respiró calmada—Confío en ti, te lo he dicho, no podría hacer nada de esto si no lo hiciera—eso era cierto, confiaba en él y sus capacidades, también por ende confiaba en su madre así como en la decisión que la obligó a tomar.

No entendía la diversión de Aslan por jugar así con ella, era obvio que disfrutaba poniéndola nerviosa. Le seguiría el juego esa ocasión. Gevherhan haría que los roles se voltearan en algún momento, se iba a asegurar de eso y lo planearía meticulosamente. No sería la única con cara de duda en todo ese proceso de la boda. La situación que se había imaginado después de darle implícitamente consentimiento se presentó ante ella de forma rápida. Le pareció medio chocoso que el mayor fuera tan rápido al momento de soltar los cordones y dejarla rápidamente semidesnuda.

No pudo ni pensar en reaccionar. Se quedó ahí parada abrazándose y queriendo sostener las prendas frescas de lino blanco que le llegaban debajo de la rodilla y le cubrían apenas como una manga delgada en los hombros, parecían más bien un vestido, convenientemente ligero, para dormir que ropa interior para cubrirla. Dio un paso adelante saliendo del círculo que dejó su ropa como excusa para separarse un poco. Comenzó a asustarse cuando entendió las intenciones de Aslan—No quiero entrar, no sé nadar—lo miró sin permiso, y sin saber si él también se estaba poniendo cómodo o no, tensándose por el frío negó varias veces—Preferiría no acercarme—.


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Mensaje por Aslan Khan Sáb Ene 15, 2022 10:06 pm

Notó de inmediato la curiosidad de la joven respecto a esos secretos que mantenía de ella. Quiso decirle de inmediato que no era una cuestión de confianza de su parte, sino su forma de protegerla de ellos. Al notar que respetó su silencio, prefirió callar. Si le decía que podía ponerla en peligro sólo al contárselo, le generaría aún más curiosidad y probablemente algo de ansiedad. En este caso, la ignorancia era el mejor regalo que le podía brindar. Por supuesto que haría todo lo que estuviese en sus manos para evitarle un mal momento pero, llegado el caso en que cayera en manos malintencionadas, sus enemigos tienen el poder de saber que ella dice la verdad al negar su conocimiento de cualquier tema relacionado a él en ese aspecto, y tendría más posibilidades de sobrevivir a ello.

En cuanto a sus inseguridades respecto a sus posibles infidelidades, por eso eran, incluso aunque se lo negara a sí misma, su respuesta fue tomarla con firmeza pero sin hacerle daño por los hombros, haciendo énfasis en sus siguientes palabras. – Gev. Escúchame. Tienes razón, si quisiera podría hacerlo, ahora o cuando estemos casados, y sí, te juro que no te enterarías de ello a menos que contrataras un detective privado que siga cada uno de mis pasos. Pero hablo en serio cuando te digo que no lo haré en las circunstancias ya mencionadas. Tampoco te culparé a ti si un día no me quieres más en tu cama, asumiré totalmente la responsabilidad de mis actos. – Aunque lo que decía era serio, la sonrisa no desaparecía. Le causaba gracia que se sintiera amenazada incluso antes de la boda, especialmente porque ambos llegaron al acuerdo de que su matrimonio sería sólo de ellos dos, y que no haría de su hogar un harén con múltiples esposas, experiencia que ella vivió en el hogar paterno.

Tras el beso que depositó en su cuello, la notó incómoda. De haber podido ver su expresión, tal vez habría podido distinguir si era de una manera positiva o negativa para él, pero en su posición actual le fue imposible saberlo, por lo que no tuvo más alternativa que preguntar, especialmente tras sus palabras. – ¿Te disgusta que te toque o te bese? – Susurró contra su piel, muy cerca del oído. – ¿Preferirías que fuera frío y te tratase con todos los honores que tu título te otorga? – Rozó con la naríz el nacimiento de su cabello, dejando que su aliento tibio cayera sobre una sensible zona de su cuello. – Podría hacerlo si eso deseas. – Admitió, aunque sabía bien que eso lo haría perder el interés rápidamente. Aslan podía ser frío y calculador en cuanto a los negocios y sus trabajos paralelos, pero con las mujeres dejaba de lado todo eso, y se convertía en un ser ardiente, al que le gustaba jugar, tentar y experimentar. Incluso con una joven tan inocente como lo era Gevherhan. Si dejaba eso de lado, su relación no sería más que lo que se veía desde afuera, un acuerdo de conveniencia.

Que dijera que confiaba en él y le permitiera quitarle el vestido le daba una pequeña esperanza, pero no se confiaría únicamente de ello. Con Gevherhan había aprendido que aunque sus palabras le indicaran una cosa, sus acciones a veces respondían en distinta dirección, pero en ese caso particular necesitaba su confirmación. De cualquier manera, ella tendría que aprender más temprano que tarde a decirle directa y honestamente exactamente lo que quería.

Al verla de pie frente a él, con sólo el camisón cubriéndole el cuerpo, pudo confirmar lo que incluso con todas esas capas de tela había sospechado. Tenía un cuerpo esbelto y curvilíneo muy atractivo que se moría por probar. Pero todo en su momento. Sus planes de esas noche no involucraban ningún peligro para su castidad. – Shhh. Tranquila, confía en mí. – Insistió, aún con todas las prendas en su lugar, aunque esperaba que eso cambiara pronto. Le tomó ambas manos, evitando que se cubriera con los brazos, y la acercó un poco más hacia él, invitándola a apoyar sus manos sobre su pecho, allí donde la hilera de pequeños botones que mantenían cerrada su camisa iniciaba. – Dije que te explicaría cómo se hacen los niños, ¿Recuerdas? – Sonrió con un toque de malicia. – No te preocupes, no llegaremos a la práctica. Sólo quiero mostrarte algunas cosas. Pensé que sería menos incómodo para ti en el agua. – Especialmente porque con la oscuridad de la noche, sería más difícil para ambos ver lo que ocurría bajo la superficie. – No iremos muy profundo, podrás tocar el piso en todo momento y, en caso de que te sientas insegura, estaré contigo en todo momento. – Añadió ante su negativa a entrar al agua.

Le daba la opción del agua para que no se sintiera tan incómoda, pero igual lo dejaba a su elección. Independientemente de que ella aceptase entrar al mar o no, el resto no era opcional. – Desabotona mi camisa. – Le pidió, dejando caer sus manos a ambos lados de su cuerpo, ésta tarea era exclusiva de ella. Claro que podía hacerlo él pero, ¿Qué gracia tendría de esa manera? La notó dudar un minuto, antes de ponerse manos a la obra, con una concentración tal que Aslan dudó si estaba estudiando cada botón o si simplemente estaba en verdad avergonzada por lo que estaba haciendo. – ¿Alguna vez has visto a un hombre desnudo, Gev? – Se atrevió a preguntar, esperando que concluya con esa tarea antes de asignarle una que le gustaría mucho menos. Hacer lo mismo con su pantalón.


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Mensaje por Gevherhan Osman Dom Ene 16, 2022 12:30 pm

Sin quererlo habían llegado a otro acuerdo sobre su matrimonio, ella no sabría nada en caso de tener amantes y las amantes jamás llegarían a nada más, le pareció sólo lo más justo y correcto que pudieran entenderse. Otro peso menos o del cual preocuparse para Gevherhan. Ahora su única situación en ese momento era no estar aterrada por el agua y al mismo tiempo mantenerse tranquila con las distintas formas que Aslan tenía para ponerla nerviosa—¿No es lo mismo? Para besarme debes tocarme—para compensar lo que no sabía Gevherhan siempre se había valido de todo el peso que su posición y títulos le brindaban, él ya se había dado cuenta pero la hacían sentir segura—No es sorpresa que me gusta el respeto o el miedo pero no creo que incluso diciéndolo vayas a hacerme caso—ella podía nunca en su vida haber experimentado algo como eso pero ¿Era algo que le causaba asco? ¡De ninguna forma! Y en el fondo le gustaba, comenzaba apreciar que no la vieran como una niña o una herramienta a ciertos miedos, daba igual si Aslan la deseaba sinceramente o no.

El tema que le había estado quitando el sueño salió a relucir ¿En serio le enseñaría o simplemente estaba jugando? E independientemente del escenario ¿Eso qué implicaba? Descansó las manos cómodamente sobre el pecho de Aslan a veces queriendo cerrar los dedos como modo de defensa—Estás justificando todo esto con la explicación, no lo entiendo—tragó saliva—Hubiera sido menos trabajo darme un libro y no digas que sería menos divertido—él lo estaba disfrutando demasiado y para ella el camino hacia el supuesto conocimiento estaba siendo muy complicado. No le quedó de otras más que confíar en él más allá de cualquier pensamiento trágico.

Gevherhan no estaba acostumbrada a ser ordenada, sus padres lo hacían porque eran sus padres pero de otra persona apenas y lo toleraba. Incrédula de la pequeñísima forma de decirle que lo desvistiera se contuvo mordiendo su labio inferior y comenzó a hacer lo que él le dijo. Movió sus dedos a cada botón sintiendo que las articulaciones le dolían por la agitación, conforme la tela de su camisa comenzó a abrirse secciones de piel se fueron descubriendo frente a ella. No sabía en dónde poner los ojos, continuar mirando por donde ocupaba los dedos o estudiar un poco su piel y músculos bien trabajados. El no se parecía nada al hombre de su segundo matrimonio y muchísimo menos al primero—Tú sabes bien que no, nunca estuve con mis maridos—Al terminar retiró las manos para que él no viera que temblaba un poco.

¿Qué?—la siguiente tarea comenzaba a acercarse peligrosamente a algo todavía más desconocido. Las ideas en su cabeza estaban funcionando como nunca, creando situaciones variadas. Con una cara de póker increíble pero muerta de la vergüenza por dentro hizo lo que pidió, se deshizo de los botones del pantalón más rápido que con los de la camisa y al terminar lo miró presumiendo orgullo de que no había sido nada.

Honestamente creo que esto no está funcionando, no sé qué quieres probar, estoy asustada del mar y tengo frío—se dio la medio vuelta empezando a andar unos pasos hasta tocar con los pies el agua salada—Si enfermo será tu culpa—lo responsabilizó de inmediato de lo que pudiera pasar en el futuro—Me quiero ir—se cruzó de brazos esperando alguna palabra o sonido al no obtener nada se medio giró hacia él viendo que había llevado el extremo eso de meterse al agua—No lo puedo creer ¿Qué estás haciendo?—preguntó con alarma en otro idioma que no fue francés. Estaba roja como un tomate básicamente por tenerlo desnudo. Giró de nuevo para no verlo, era una imagen seguro muy tentadora en especial para quién supiera de los placeres de la carne pero a Gevherhan solo le causó inseguridad de no saber nada, jamás haber besado a alguien y no sentirse ni un poco confiada cuando su bandera por la vida siempre había sido el orgullo o la confianza.

Me voy—le avisó. Ya llegaría ella a su casa de alguna forma, caminando o pidiendo ayuda. No lo necesitaba, para nada… esa noche. Se acercó a la manta que él había colocado y eso sí, tomó su ramo de flores.  Al erguirse y dar un paso hacia atrás perdió el equilibrio, no tuvo a dónde meter las manos así que terminó en la arena con una ola pequeña golpeando uno de sus costados. No había forma de que esa cita cambiara a un mejor rumbo.


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Mensaje por Aslan Khan Dom Ene 16, 2022 10:14 pm

Aslan pudo haberse exasperado, incluso haber iniciado una discusión, pero sabía que si lo hacía no terminaría nunca. Además, con su respuesta vaga, pudo apreciar lo que realmente quería decir aunque no se atreviera a hacerlo en voz alta. Era la forma en que respondía cada vez que se negaba a admitir algo, al menos eso lo había aprendido ya. Gevherhan no tenía nada de qué quejarse, la trataba con todo el respeto que merecía cuando la ocasión lo ameritaba, pero estando solos ella no era la princesa y él no era un simple plebeyo, ella era su prometida y, cuando se casaran, en la cama no iba a hacerle cortesías ni besarle los nudillos, al menos no sólo eso.

Sonrió burlón con sus palabras, sin llegar a reír aunque le hiciera gracia. Ella sabía cuál sería su respuesta y aún así argumentaba en su contra. Al menos, podía apreciar, también comenzaba a conocerlo. – Yo te enseñaré a mi manera. Pero, si no te gustan mis métodos, puedes pedirle a tu madre o, mejor, a tu padre, que te lo explique. – Oh, sí, eso le gustaría verlo. Casi podía ver el rostro de Mehmet ponerse de todos los colores al tener que explicarle a una de sus hijas menores esa intrincada ceremonia que era el sexo, algo que él había tenido bastante con sus muchas esposas.

De acuerdo a como ella iba descendiendo por la hilera de botones y su iba quedando al descubierto, notó que aumentaba su ansiedad y el temblor en sus dedos. No lo recalcó para no ponerla aún más nerviosa, pero le encantó saber que la afectaba por más que se negara a admitirlo. Eso no evitó que le expusiera su siguiente tarea, la cual ejecutó en igual silencio mientras él terminaba de sacarse la camisa. ¿Sabía ella lo adorable que se veía con el rostro enrojecido y esa expresión entre orgullosa y enojada? Lo dudaba.

Sí, sabía que ella nunca había estado con sus maridos, pero… ¿Realmente nunca había visto a un hombre desnudo? ¿Ni a sus hermanos aunque fuese por error? ¿Sus sobrinos, siendo bebés? ¿Qué demonios le enseñaba Mehmet a sus hijas? Esa última pregunta no era la primera vez que se la planteaba, seguro como que el infierno ardía, llegado el momento, presentaría su queja. No que fuera a servir de mucho pues la mayoría de sus hijas ya estaban casadas, pero realmente era una crueldad enviar a esas niñas en total ignorancia a la cama de hombre. Que lo pensara él ya era bastante decir, considerando que no era conocido precisamente por su bondad.

Cuando ella se dio la vuelta haciendo lo que él reconocía como uno de sus berrinches, sin siquiera haber logrado que el pantalón bajara de sus caderas, rodó los ojos mientras terminaba de quitárselo y se lo dejaba colgado en el hombro junto a la camisa. – ¿Ya terminaste? – Preguntó, obteniendo una negativa indirecta con sus palabras en la lengua materna de ambos. Si antes había enrojecido, en ese momento su rostro se tornó tan rojo que pensó por un momento que se desmayaría. – No es para tanto. Mírame. – Le pidió, en cambio, ella se giró de nuevo sin mirarlo y prácticamente corrió hacia la manta, como si la persiguiera la mismísima muerte en persona. Soltó el aire contenido en sus pulmones y se agachó a recoger el vestido justo a tiempo antes de que una ola lo mojara por completo.

Estaba tan afectada que pensaba irse en camisón y, ella podía irse, era su derecho decidir hacerlo, pero no lo haría de esa manera. Sobre su cadáver. Para cuando se irguió y comenzó a caminar hacia ella, se encontró con la situación más torpe que había presenciado nunca. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por no reír, y lo hizo sólo porque presentía que ella estaba al borde de las lágrimas. De cualquier forma, al ver cómo quedó tras el “incidente”, de lo que menos ganas tuvo fue de reír. Tras caer de espaldas aparatosamente en la arena, una ola la alcanzó por el costado, mojando al menos la mitad del camisón que, además, se le había subido a la mitad del muslo. Al instante, la tela se hizo prácticamente transparente, dejando más a la vista que a la imaginación lo que la ligera prenda ocultaba. Las flores habían caído, aunque honestamente no le importaba en donde.

Se acercó a ella como depredador a su presa y, luego de lanzar el vuelto de ropa, con prendas de él y ella mezcladas, lo suficientemente lejos para que no las alcanzara el agua, se arrodilló en medio de sus piernas y se inclinó sobre ella posando ambas manos a cada lado de su cabeza, dejándola presa de su cuerpo sin siquiera tocarla, pero ella sí que tendría que tocarlo si quería escapar de él. – Aquí será. – Le dijo con malicia, su voz sonando más grave que de costumbre, y sus ojos brillando con un fuego que hasta el momento ella no había presenciado. Indefensa y a su merced, Aslan tuvo que hacer un esfuerzo enorme por no inclinarse a besarla, y mucho más para no ejecutar el único movimiento que necesitaba para hundirse en su interior. Luego de eso, le tendrían que erigir una estatua pues casi se podía consagrar como santo. – Esta es una de las muchas posiciones que pronto se convertirán en tu pan de cada día. – O más bien de cada día, noche, mañana o tarde, pero eso eran sólo detalles.

– Maldita sea, Gevherhan. Mírame. – Sus rostros estaban frente a frente, tan cerca que podía sentir su respiración agitada. – Sé que tienes miedo, sé que no entiendes, y sé que no soy el hombre más gentil del mundo, especialmente con la forma en que intento explicarte esto. Tampoco soy un santo, eso siempre lo has sabido. Pero voy a ser tu esposo, no intento hacerte daño, mucho menos burlarme de ti. Lo que quiero es evitar que cosas como éstas ocurran en nuestra noche de boda. – Incluso con el enojo, la excitación no disminuyó, incluso aumentó. Ella era calculadora en muchos sentidos, pero en otros, como aquel, era demasiado inocente. Algo que nunca lo atrajo, hasta ese momento, especialmente porque la veía luchar contra sí misma, sus prejuicios e inseguridades en el tema.

Se quedó apoyado en una sola mano, y con la otra buscó de ella para hacer que lo tocara. Con su palma en pecho, el fuego en su mirada se intensificó, pero no la apartó de la de ella. – En nuestra noche de bodas ambos estaremos desnudos, no sólo yo. Y mucho más que eso sucederá. ¿Quieres saber o esperas a averiguarlo? – La retó. Claro que si ella decidía esperar, esa noche no sería tan paciente como lo estaba siendo en ese momento.


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Mensaje por Gevherhan Osman Lun Ene 17, 2022 7:45 pm

Nunca antes le había pasado algo tan estúpido como eso y estaba ardiendo furiosa porque fuera justo con él con quién le tuviera que ocurrir algo así. Una vez en el piso, derrotada por la ola, mojada y hecha un desastre no pudo no verlo porque ya sabía que solo se enojaría más y es que casi podía escuchar la mente de Aslan reírse de ella por la graciosa caída que había tenido. A ella no le causaba gracia, estaba indignadísima, pero para añadirle un toque incluso más cómico sin querer cuando vio que sus flores estaban siendo arrastradas por la marea estiró un brazo para recuperarlas y ponerlas a salvo rápidamente en la manta del picnic arruinado haciendo de paso que la tela que cubría sus piernas jugueteara con el agua hasta exponer sus muslos. En ese punto no le importaba estar mojada o que la tela blanca se transparentara lo suficiente para exponerla incluso siendo de noche.

No lo vio llegar a ella, debió haber sido muy rápido y derrapar hasta hacerse a su lado pues solo bastó que pestañeara una vez para tenerlo desnudo cara a cara. Se empujó hacia atrás, pero el shock era mucho, queriendo poner distancia y eso fue lo que llamó su perdición. Sabía que no se iba a aprovechar de ella como tal pero indirectamente lo estaba haciendo según él por el bien de enseñarle. Lo miró a los ojos evitando salirse de sus orbes verdes porque sería muy peligroso. Todo lo que había estado evitando que pasara estaba pasando, ella mojada, cerca del mar, con él encima y casi sobre ella. Solo se mantenía medio firme apoyada de sus antebrazos. Toda la imagen de Aslan había cambiado, tenía un brillo diferente en los ojos y una sonrisa que podía reconocer como que estaba teniendo aunque fuera un poco de lo que había planeado, y eso porque era muy parecida a la sonrisa de su mamá cuando hacía algo muy digno de ella. Espantada no estaba pero igual no comprendía porque respirar normalmente ya no le estaba siendo suficiente, tenía los labios entreabiertos, esperaba que así pudiera tomar el aire suficiente para no desmayarse pero seguía igual.

Le dio un vuelco al corazón cuando le dijo prácticamente que esperara eso todos los días de su vida ¿Bueno que no se cansaba? ¿Y por qué estaban tan alteradas? No. Se tenía que concentrar. Exhaló profundo y cerró los ojos para evitar los contrarios solo que él no la dejó al demandar que lo mirara. Dio un brinco por el tono de voz y esa vez sí que lo miró con el ceño fruncido y los labios algo apretados del coraje ¿Quién se creía que era para hablarle así? ¿Sabía con quién estaba tratando? El corazón le iba a mil por hora.

Lo que ella tenía no era enojo, vergüenza quizá, enojo no, estaba excitada solo que ni siquiera sabía que eso pasaba así que no tenía con nada para comparar la sensación—No tengo miedo genio—reclamó relamiendo sus labios extrañamente hinchados, o esa sensación le daban. Él tal cual no la espantaba ni le provocaba temor simplemente no saber qué estaba pasando le ponía muy mal—Claramente no parece que me tomas en serio, aprovechas cada situación para burlarte—si ella quisiera ya se hubiera quitado pero igual en el fondo la curiosidad mató al gato así que mantuvo la posición cerrada aunque tensa. Ya no iba a ceder a sus tontas formas de jugar con ella así que en el breve silencio que hubo le sostuvo la mirada permitiéndose a ella misma tocarlo sobre el pecho con algo de cuidado. Estaba caliente y a diferencia del agua parecía que hervía. La vida con Aslan independientemente de que fueran aliados, compañeros, amigos o solo socios, pintaba a ser una constante lucha de probar quién podía dominar al otro.

Al escucharlo le zumbaron los oídos pero entre que estaba más llevada por lo que sentía que por lo que pensaba una idea se le metió de repente y como no podía dejar pasar un reto, lo tomó. Deslizó la mano con la que tocaba su piel hasta su pecho y lo jaló hacia su rostro, no lo besó, pero lo forzó a mirarla tan cerca que se aprendería de memoria cada una de sus facciones—No tienes que contarme lo que es obvio pero ¿Es por eso que haces todo esto? ¿Es la verdadera razón?—estaban tan cerca que un poco más y no existiera espacio—Una vez me dijiste que anhelaría que me besaras hasta que sucediera o hasta que te lo pidiera pero no lo voy a hacer, tú vas a desear que te lo pida y vas a pensar en eso desde esta noche hasta que nos casemos—fue ladeando su rostro y acercándose a su oído.

¿O eres tú él que no puede esperar hasta la boda? Si es por eso que has armado toda una historia solo tienes que decírmelo—le susurró aún afectada por los latidos de su corazón—Si te mueres por saber solo tienes que decirlo ¿Tanto me deseas o te gusto?—por fin alejó su rostro con un poco de pesar—¡Claro que no! Solo quieres esto porque no sabes esperar, porque nunca te han dicho no y porque soy yo y no una esclava sin derechos o una prostituta, crees que es muy divertido tenerme en esta situación—lo empujó, casi queriendo no hacerlo, tan fuerte que sintió el peso liberarse de encima de ella. Aprovecho el momentum para moverlo hacia su lado izquierdo, lejos del mar, y subirse sobre de él, apoyando las rodillas en cada lado sin sentarse en su regazo pero inclinándose apoyada en su pecho—Vas a esperar y no vas a poder dejar de pensar ya sea en mi o en tenerme en tu cama—se alargó cuando larga era sobre la zona de cita cogiendo su ramo de flores y se lo tiró con dolo en el pecho antes de quitarse de encima de él para ir a buscar su ropa.

Estaba decidida a dejarlo así que comenzó a vestirse de una forma apresurada, medio torpe por no tener a Eycan cerca, y de mala gana—¿Quién te crees? Estás hablando conmigo, con Gevherhan, no con otra…  soy tu futura esposa—murmuró irritada en su lengua natal más para ella misma y su desahogo que para que él lo escuchara.


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Mensaje por Aslan Khan Vie Ene 21, 2022 6:56 pm

Sólo por un breve instante, deseó mostrar una expresión incrédula antes la ferviente afirmación de que no tenía miedo. No la creyó hasta que un segundo después se relamió los labios y comprendió exactamente lo que ocurría. Una sorpresa grata que logró excitarlo aún más si es que era posible. Especialmente cuando ella lo haló para dejarlo más cerca de su rostro. En aquella posición debía hacer mucha más fuerza para que su cuerpo no rozara el de ella, estaba haciendo todo lo humanamente posible para no besarla, para no tomarla en ese lugar y en ese momento, y ella todo lo que tenía era inseguridades, vergüenza y cosas que echarle en cara, acusándolo sin saber todo el autocontrol del que hacía uso y que comenzaba a agotarse, junto con su paciencia.

Estaba cansado de luchar contra ella, de intentar demostrarle que tenía buenas intenciones, ella sólo pensaba lo peor de él cada vez. Al menos confiaba lo suficiente para saber que no la mataría, pero eso no era suficiente viniendo de una futura esposa a su futuro marido. No tuvo siquiera oportunidad de hablar, ella lo tumbó colocándose sobre él de forma tal que sintió el repentino tirón de dolor en su entrepierna. La necesitaba con tanta fuerza que pensó por un minuto en olvidarse por completo de quién era su padre y tomarla como suya. ¿Qué era lo peor que podría pasar? Ya estaban comprometidos. Adelantar la fecha de la boda sólo le haría un favor.

Así como su excitación, su enojo también iba creciendo, especialmente al haber sido dejado solo sobre la arena. Quería ponerla de rodillas y darle un par de nalgadas si era necesario para que dejara de comportarse como una cría, al parecer, a Mehmet se le olvidó ponerle un poco de carácter. Se puso de pie tan rápido como pudo y la siguió, para encontrarla intentando torpemente ponerse el vestido. – ¡Precisamente! – Fue su única respuesta, también en su lengua natal, cuando se quejó de que estaba hablando con su futura esposa. Y entonces no pudo detenerse. La giró de golpe, la tomó de la cintura con una mano y del cuello con la otra, atrayéndola contra su pecho a la vez que el vestido volvía a caer sobre la arena, y la besó profundamente. Un beso cargado de rabia, de frustración, pero también de un increíble deseo.

Durante un rato tuvo que hacer fuerza para impedirle alejarse, soportando sus golpes y empujones el tiempo suficiente hasta que comenzó a rendirse y relajarse en sus brazos. Sólo entonces bajó también la intensidad del beso, convirtiéndolo en una caricia íntima y permitiéndose saborear cada rincón de su boca, hasta que finalmente se separó de ella, jadeante, apenas lo suficiente para recuperar el aliento. Dejó su frente apoyada contra la de ella sin abrir aún los ojos. – Me moría por saber. – Le dijo, usando sus propias palabras en su contra, sin burla, sólo deseo. – Tienes razón, nunca me han dicho que no, pero no estaba preguntando ni pidiendo permiso, como has podido ver, no lo necesito. – Sonrió, engreído, sabiendo que ella lo había disfrutado tanto como él, incluso si lo negaba. – No pretendía besarte aún, pero no me has dejado más opción, te estás comportando como una niña y no como una mujer que va a casarse. –

No aflojó el agarre ni un poco, sabía que si lo hacía, ella podría volver a intentar otra huída, y la tercera sería la vencida, no volvería a ir tras ella si decidía marcharse tras lo que iba a decirle. – Sí que te deseo, me encantaría poder tenerte en mi cama esta misma noche si fuera posible. Pero te respeto lo suficiente como para no pedirlo siquiera. Y no, no voy a poder dejar de pensar en ti hasta que finalmente seas mi esposa. – Comenzó, teniendo que tragar con fuerza para poder continuar. – Pero no, mi intención no fue seducirte y aprovecharme de ti. Quizás mis métodos no sean precisamente ortodoxos, y tal vez disfrute demasiado verte incómoda y avergonzada, pero no voy a forzarte a hacer algo para lo que claramente no estás preparada. – Sólo entonces la soltó y volvió a mirarla.

Agotado de tener que estar explicando cada una de sus acciones y que ella siguiera sin confiar en él, y lo peor, que dijera que sí lo hacía, pensó que lo mejor era que ella volviera a casa. – Eres bienvenida a marcharte si no me crees. Puedes llevarte a Pegaso, no tengo problema en caminar de regreso a casa. – Tras esas palabras se dio la vuelta se metió al agua, él tenía que arreglar un “pequeño asunto” antes de poder pensar en volver.



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Mensaje por Gevherhan Osman Vie Ene 21, 2022 8:25 pm

Gevherhan tenía un don que ya fuera que se diera cuenta o no usaba muy a menudo por azares del destino y eso era básicamente sacar lo peor y mejor de las personas. Su padre era el mejor ejemplo del segundo caso, todos sabían que Mehmet amaba más a Gevherhan que a sus esposas y que al imperio junto, y ahora Aslan se había convertido en la demostración de lo primero. Nunca pensó en llevarlo a ese extremo, no de forma consciente al menos, pero hasta eso la había soportado tanto que fue normal su forma de actuar. Estaba muy metida en lo suyo para escucharlo o voltearse a mirarlo, no pudo ni siquiera disfrutar del hecho que la volvió a perseguir, se sordeo hasta que él la volvió a tomar a la fuerza para girarla hacia él y, con el mismo enojo que seguro ella sentía, besarla de forma arrebatada. Como él bien lo había dicho, nunca nadie la había besado así, ni por asomo, él era el primero y pudo sentir todo lo que él experimentaba, más lo propio de ella misma, de ida y de regreso.

Dejó caer la ropa por el asombro y también para intentar separarse con algunos golpes cosa que no funcionó pues ni siquiera por no saber como se daba un beso pudo evitar responderle el gesto. Estaba ardiendo en todo el sentido de la palabra, tenía ganas de golpearlo, pelearle y discutir todo lo posible pero se dio cuenta que esas mismas ganas también las tenía para no querer separarse del beso. Lo odiaba un poco por asegurar que sería el mejor que le dieran en su vida porque en una noche le demostró que tenía la boca llena de razón.

Dejó de pelear, cansada, cuando él se separó de ella, le gustaba demasiado la sensación que le quedaba bailando por los labios o en el cuello así que no se movió demasiado mientras lo escuchaba, como apenada por la situación a la que lo había llevado. Al darle la espalda, sola entonces sintió lo que él había sentido pero peor ¿Por qué se estaba enojando de nuevo y al mismo tiempo se sentía mal, culpable? ¿Por qué no la podía besar de nuevo y ya? Lo había arruinado con su carácter. Giró los ojos rendida comenzando a medio vestirse de nuevo, caminó lento hasta Pegaso pero justo cuando su orgullo le daba palmaditas en la cabeza por toda la situación, se dio la vuelta, tirando la pobre ropa en la arena de nuevo y caminando sobre los pasos de Aslan hasta la orilla del mar.

El agua le cubrió los pies pero así como había llegado no supo de inmediato qué decir—¿Eso es todo?—preguntó gritando hacia su dirección. Se sentó sobre la arena para mirarlo unos momentos, estaba bastante adentrado con el oleaje, se le veía un poco más abajo del torso pero poco a poco eso fue cambiando—¿Vas a dejar que me vaya?—le preguntó esta vez en voz baja, decepcionada, antes de levantarse y comenzar a ir mar adentro con el miedo arraigado en el pecho y hecho bolita en su puño derecho. Estaba desmesuradamente asustada pero avanzó como si fuera ciega poco a poco. Él ni siquiera la veía, o a lo mejor fingía ignorarla, así que se detuvo a unos tres metros de él, viendo con pánico que en verdad estaba haciendo sola lo que jamás pensó posible por él.

¿Qué más quieres que haga? ¿Cómo quieres que te demuestre que confío en ti?—ella que no estaba acostumbrada a disculparse con esa carga de emociones le resultó incluso más difícil hacerlo en ese momento—Te estoy hablando, al menos mírame—se acercó otro poco y le tocó el hombro con la mano sintiéndose inmediatamente mucho más segura aunque solo hubiera cambiado la distancia y que se sostenía de él—No te estás comportando diferente a mi ¿Es eso por lo que está pasando todo esto? Parece que el que no cree en mí eres tú—aprovechó el movimiento del agua para moverse con facilidad hasta rodearlo con los brazos y aprovechar para besarlo, ilusionada con que no la iba a apartar pero requiriendo el tacto complejo de ambas bocas.

En ese momento estaba tranquila, en apariencia, por dentro era como agua turbulenta moviéndose en lo profundo—Si estás muy molesto… me puedo ir, esperaré hasta la boda o hasta que se te olvidé el mal momento. Dime algo.—ofreció sin realmente sentir aquello.


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Mensaje por Aslan Khan Vie Ene 21, 2022 9:57 pm

Cuando se adentró en el agua estaba tan excitado que ni siquiera el frío logró bajar de inmediato la erección. Decir que estaba enojado y frustrado sería quedarse corto, esa mujer iba a sacarle canas antes de los 40, estaba seguro de ello. Intentaba maldecirla en su mente, pero tal como había dicho, en todo lo que podía pensar era en ella, en su cuerpo delgado y curvilíneo, en su boca que, incluso torpemente, había respondido a sus besos con la misma pasión que él. Si respondió de esa manera sólo con un beso, no podía esperar a tenerla bajo su cuerpo, a introducirse en su interior y ser testigo de cada una de sus expresiones, escuchar cada uno de sus gemidos. – Maldita sea. – Pensó, mientras intentaba darse a sí mismo el placer suficiente para poder llegar a casa sin mostrarle a todo el mundo la “situación” que tenía entre manos. O entre piernas.

En eso estaba cuando escuchó el grito femenino desde la lejanía. – Maldita sea. – Repitió en su mente, pero no respondió, ni siquiera se giró hacia ella. Gevherhan no entraría al agua, si pensaba que no la había escuchado lo más probable era que se marchara.

Ni siquiera en eso pudo hacer lo que esperaba de ella por una vez. En cuanto escuchó la voz femenina, tan cerca que podía jurar tenerla justo detrás de él, todo el cuerpo de Aslan se tensó de nueva cuenta, con reforzado deseo. Con todo y que no sabía nadar, que le tenía miedo al mar, ella llegó hasta allí sólo por él. Se estaba ablandando, pero entonces recordó lo furioso que había estado cuando la besó a la fuerza, y prefirió mantener su postura. Además, sabía que no se disculparía ni que la partiera un rayo, pero él podía hacerla sufrir un poco más con la culpabilidad. Cuando lo tocó, su cuerpo ardió deseando esa mano en otra extremidad de su cuerpo, tuvo que cerrar los ojos y morder con fuerza ante el escalofrío que le recorrió.

Cuando finalmente lo rodeó para plantarse frente a él, con el deseo brillando en sus femeninos e inocentes ojos, no hubo marcha atrás. A la vez que Gevherhan se lanzó sobre él, Aslan lo hizo sobre ella. La tomó de los muslos y, quedándose en medio de sus piernas, la levantó lo suficiente para que su miembro no la tocara, quedando ella por encima de su altura mientras se besaban por segunda vez. Incluso con el sabor del agua salada de por medio, el sabor de sus labios y de su boca lograron embriagarlo, definitivamente no estaba seguro de cómo soportaría los meses por venir, después de haberla besado pero sin poder tocarla más allá. Era una pesadilla con la que tendría que vivir pero, al menos, esperaba que no se pusiera remilgada con los besos a partir de ese momento.

Antes de separarse de ella, le mordió suavemente el labio inferior en medio de una sonrisa triunfante. – ¿Quieres te diga algo? Muy bien… Sabía que no podrías vivir sin mis besos durante mucho tiempo. – La molestó. Quizá demasiado pronto, pero ya estaba dicho, así que simplemente sonrió con picardía, de la misma forma en que hacía Onur cuando hacía una travesura y creía que nadie lo descubriría. Y volvió a besarla. Una, dos, tres veces. Hasta que perdió la cuenta y se le comenzaron a nublar los sentidos, entonces supo que debía parar o no podría detenerse. Pero era masoquista. Cuando se apartó de su boca, bajó a su cuello, besando, lamiendo, mordiendo e incluso chupando aquella zona.

Su cuerpo se movía por voluntad propia, y comprendió lo que estaba haciendo cuando sintió la cálida piel femenina rozar contra su miembro. Gimió y volvió a subirla un poco más. – Maldita mujer. – Aunque sus palabras eran rudas, no lo era su tono. Sonaba, de cierta forma, desesperado. Teniéndola de aquella forma, dejó caer la frente contra uno de los delgados hombros femeninos el tiempo suficiente para poder aferrarse de nuevo a su autocontrol. En el transcurso, le pasaron por la mente pensamientos de lo mucho que le alegraba que ella no hubiera consumado ninguno de sus matrimonios anteriores, e incluso que Hanzade lo rechazara, ambas cosas las guardaría para sí.

Cuando sintió que tenía de nuevo la suficiente fuerza de voluntad para no hacer exactamente lo que dijo que no haría, volvió a mirarla. – Me estás volviendo loco, ¿Lo sabes? – No era reclamo, era acusación. Sabía que no había forma de que ella lo estuviera haciendo adrede, pues la seducción no era algo que aprendían las hijas de Mehmet Osman antes del matrimonio, lo que además lo advertía del peligro que corría con esa mujer una vez descubriera su propia sexualidad. Pero vaya, estaba anhelando todo ese peligro.

Le besó la punta de la nariz antes de bajarla para que tocara el suelo con los pies. – Es evidente que ya has aprendido algunas cosas. Pero todavía falta lo más importante: ¿Cómo se hacen los niños? – No que tuviera muchas ganas de abordar el tema en ese momento, pero ya que habían llegado tan lejos, no desaprovecharía la oportunidad. Todo era por el bien de su noche de bodas, se recordó. Su sufría ahora, tan pronto se hubieran casado, podría disfrutar de ella como quisiera. La alternativa hubiera sido llegar a esa noche y tener que enfrentar todo esto en ese momento.



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Mensaje por Gevherhan Osman Sáb Ene 22, 2022 10:40 am

No lo demostraba de buenas a primeras, o eso creía ella pues la verdad era que se le veía desde lejos lo excitada, asustada y otras miles de cosas más, pero se alegró y pudo relajarse un poco más al ver que Aslan no había rechazado su acercamiento, lo había correspondido con la misma intención que ella. Se amarró a su cuerpo con las piernas casi necesitada de cualquier muestra de que no le era completamente indiferente, que la encontraba al menos atractiva y que no solo sería una especie de productora de hijos. Él siempre tuvo razón, los besos eran adictivos, Gevherhan se preguntó si así sería con todo el mundo o solo con él le pasaban esas cosas a ella en específico, recordó las muestras simples de afecto de sus otros esposos, y ya fuera por la edad o porque era una niña al momento de llegar con ellos a unirse en matrimonio, siempre fueron contados, fingidos, insulsos y no le provocaban ninguna emoción más que algo de incomodidad. Ahí mismo en donde estaba no le importaba también estar probando algo de sal, no quería separarse de él, deseaba seguir probando su sabor por otros largos segundos aunque se le fuera el aire.

No supo respirar con tranquilidad una vez que se separaron, estaba ahí con él pero también en esencia estaba por todo el lugar, igual que su corazón acelerado. Lo escuchó y le aventó agua directo al rostro medio molesta, la capacidad que tenía para hacerla enojar, desesperarla y frustrarla en cuestión de segundos era directamente proporcional a la forma en que se sentía atraída hacia él—Di lo que quieras, yo gané, tú confesaste primero y lo que pase después es irrelevante—apretó los labios. Era obvio que a ninguno de los dos les gustaba perder pero perder así no estaba tan mal. Se inclinó en busca de todos los besos que ambos pudieran darse hasta él bajó por la piel de su cuello dejándola con ansias visibles de que explorará otras zonas.

Le dio poca relevancia a que la hubiera maldecido en medio del frenesí del momento, incluso de haber sentido como una parte de él rozaba la piel de sus muslos internos, lo que estaba era un poco decepcionada de que justo en ese momento ya no quisiera sentirla tanto como ella a él. Acarició su cabello, dejándolo ser sobre su hombro de lo que sea que estuviera pensando en su hombro. Reacomodó su peso para tomarle del rostro con ambas manos y pegar su nariz a la de él—Eso es bueno, así si en algún momento piensas que tener aventuras te hará sentir lo mismo que conmigo sabrás que te estarás equivocando. Lo único que te volverá loco, si llega a pasar, es entender que cometiste un error—dijo, dándole un pequeño besito en los labios. No era un consejo, ni algo que ella creía que iba a pasar, era una advertencia pasivo agresiva y es que podía entender un poco más a su madre y a todas las mujeres de su papá. Si no eran muy bonitas debían de tener personalidad y ser astutas, si no eran lo segundo entonces al menos tenían que ser bellas. Al estar ella un punto en donde sabía que su matrimonio no era precisamente por cariño se debía construir y mantener firme, al menos, por influencia y deseo… o atracción física de algún tipo. Gevherhan iba a proteger eso a toda costa pues nunca en su vida volvería a tener una experiencia así.

Tuvo un momento diminuto de pánico cuando al bajarla no pudo sentir la arena pero el pequeño beso en la nariz le reafirmó que todo estaba bien. El tema de los hijos volvió a relucir pero Gevherhan no estaba muy atenta a eso, se encontraba embelesada, con la vista fija en la imagen masculina de Aslan en el agua, en la forma de sus hombros y en cada pequeño surco o elevación de los músculos en sus brazos, en las gotas de agua que se le habían quedado pegadas. Lo miró contrariada—No lo sé… Muéstrame—por curiosidad o simple deseo de hacer las cosas, abrió sus brazos para recibirlo entre ellos. Acercó su rostro a él para besarle en la comisura de los labios hasta que poco a poco se fue moviendo por su mejilla izquierda donde también dejó otro beso y solo se detuvo cuando encontró en su cuello una especie de escondite perfecto para esconder el rostro pegando su nariz.

En el proceso en el que estaba aceptó por fin que tenía un problema de conocimiento—Seré lo que quieras menos tonta, sé que de uno o diez besos no nace ningún hijo pero no lo entiendo—movió su nariz suavemente contra su piel. Olía delicioso. No podía describir con exactitud qué era ese aroma pero le provocaba querer pasar la lengua por el punto más cálido de su cuello.

No requiero permiso pero…—comenzó hablando casi en secreto—¿Puedo tocarte? Quiero saber—las ideas se le cruzaron al hablar pero creyó haber sido lo suficientemente explícita para darse a entender. Con todo el pesar del mundo dejó su nuevo lugar seguro para en son de convencimiento besarle el cuello, los hombros, las clavículas y toda la parte del pecho que no estaba cubierta por agua. Había intentado no tocarlo de más todo ese tiempo pero se animó a meter las manos bajo el agua—Quiero que me digas todo—sus dedos, sintiéndose raros por el agua, descendieron por el torso con un poco de nervios normal en alguien que no sabía nada de reproducción sexual más todo lo incoherente que vio en casa—Dime, Aslan… ¿En donde puedo tocarte? Necesito saber lo que te gusta o cómo te gusta, la apatía contigo me cansa, no deseo eso—sí necesitaba convencerlo la mejor forma era, a idea de Gevherhan, otro beso en los labios, y como ya le había encontrado no solo el gusto sino la gracia, se permitió el lujo de que fuera suave pero no contenido ni superficial, iba al ritmo de sus manos que se toparon con la delgada linea que dividía su torso y la parte inferior de su cuerpo.


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Mensaje por Aslan Khan Sáb Ene 22, 2022 11:35 pm

La respuesta de Gevherhan a su comentario fue exactamente la que esperó, por ello no pudo sino sonreír cuando le aventó agua al rostro. En ese momento no se daba cuenta porque no estaba pensando en ello, pero era la primera vez que se divertía con una mujer de una manera no sexual. Claro que la tenía prácticamente desnuda entre sus brazos, y que la deseaba con todas sus fuerzas, pero ni así estaba pensando en tomarla. Cuando le dijo que la respetaba y que esperaría, lo dijo en serio. Por más que la molestase, por mucho que le divirtiera provocar esas pequeñas arrugas en su entrecejo cada vez que se disgustaba tontamente por algo que dijera, ella iba a ser su esposa, madre de sus hijos, no podía no respetarla.

Las palabras femeninas, por otro lado, sí que lo sorprendieron y le provocaron curiosidad. – No sabía que estábamos compitiendo. Aunque, de ser así, encuentro interesante tu lógica de que por haberme “confesado” primero, tú ganas. Pero puedes seguir diciéndolo tanto como quieras, yo gané en el momento en te besé, pues ahora no podrás impedirme hacerlo. – Y pensaba hacerlo con tanta frecuencia como pudiera.

– Vaya, vaya… Ya sabía que eras celosa y posesiva, princesa, pero ¿Debería preocuparme? – Preguntó, medio en juego, medio en serio. En realidad no podía culparla, a él también le enojaba la simple idea de que pudiera estar con otros hombres. No era lo mismo, claro, especialmente en su cultura. El hombre tenía el derecho de tener cuantas mujeres deseara, mientras que las mujeres eran asesinadas a pedradas si se les descubría alguna infidelidad. No era justo, pero era la realidad. Más allá de eso, que otro hombre pudiera probar su boca, su piel, provocarle placer… Quería ser el único para ella. Era egoísta, pero nunca dijo que fuera perfecto. – Sólo deja que llegue nuestra boda, entonces seré yo quien te vuelva loca a ti, pero de placer. – Susurró contra su oído. Era una amenaza, pero a ella le encantaría cuando la cumpliera.

Ella le pidió que le mostrara, que le enseñara cómo se hacían los niños, pero inmediatamente lo distrajo con sus caricias que, aunque inocentes, lo llenaban de una sensación nueva y diferente que, por lo desconocida, decidió que tenía que ser placer. ¿Qué otra cosa podía ser? La chica estaba hablando, lo sabía, pero realmente no prestó atención a ninguna de sus palabras. Sus besos y sus carician tomaban absolutamente toda su atención, se sentía tan bien que ni siquiera podía pensar con claridad. Fue cuando sus manos rozaron la piel de su cadera que, en un movimiento rápido la tomó de las muñecas para evitar que siguiera bajando. Si lo hacía, no podría explicarle nada. – Espera, espera… – Murmuró con la voz notablemente enronquecida. – Si me tocas así no puedo pensar. Déjame decir lo que tengo que decir y luego podrás vengarte todo lo que quieras. Tendrás mi permiso para ello, incluso, te enseñaré a torturarme. – Sí, allí estaba, el peligro que había previsto. Esa mujer sería su perdición.

Se aclaró la garganta y puso sus pensamientos en orden durante un minuto antes de hacer la explicación más rápida que se hubiera dado alguna vez sobre la reproducción. – Lo maravilloso de la naturaleza, Gev, es que tan diferentes como somos los hombres de las mujeres, todo tiene un motivo, todo encaja de alguna manera. – Comenzó. – De lo que yo puedo dar, tu puedes recibir, y lo puedes transformar en un hijo. – Sí, un poco vago, pero ya iba al detalle del asunto. – Para fines reproductivos, esta parte de mi cuerpo… – Llevó la mano femenina hasta su miembro, haciendo que lo tocara, pero si demasiada distracción o perdería nuevamente el hilo. – Debe introducirse en esta parte del tuyo… – Guió entonces la otra mano de la chica a su propia entrepierna, incluso bajo el agua y sin poder ver, le mostró con sus propios dedos que había una abertura en donde podría encajar perfectamente.

– Hay dos cosas importantes aquí. La primera, y principal motivo por el que quería que supieras esto antes de la noche de bodas, es que la primera vez puede ser dolorosa para ti. Es así como pierdes tu virginidad, como dejas de ser “pura”. Algunas mujeres sólo sienten una pequeña incomodidad, otras un dolor horrible, pero quiero que sepas que tendré mucho cuidado. La segunda, así como los besos, sólo introducirme en tu interior tampoco va a producir un hijo, de hecho, se puede evitar que suceda. – Por algo Aslan no tenía doscientos hijos, aunque al parecer a Mehmet no le dieron esa clase. – Se puede tener tener placer sin tener hijos pero, al menos en el caso del hombre, no se puede tener hijos sin placer, pues es cuando llega al punto más alto de este, que produce lo que muchos llaman “la semilla”, si esa semilla va termina en tu interior, puede producirse un hijo, pero los hombres podemos retirarnos antes y derramarla fuera. – Hizo una pausa, queriendo ver si ella estaba comprendiendo, pero prefirió dejár las preguntas para el final. – ¿Por qué le dicen de esa manera? Bueno, es como decir que intento sembrarte un hijo. En el caso de sembrar una planta, algunas veces las semillas se dan en la tierra, otras veces no. Lo mismo pasa con esto, algunas veces podrá producir hijos y otras no, dependiendo de qué tan fertil seas en ese momento, lo cual varía en tu ciclo menstrual, y de qué tan fertil sea yo. –

Culminada la explicación, prosiguió a preguntarle. – ¿Te queda alguna duda? – Aunque realmente esperaba que no, pues dicho lo que había querido decir desde el principio, quería pasar a la parte interesante del sexo, la que generaba el placer. Ella ya le había preguntado si podía tocarlo y, por Dios, quería que lo hiciera. – Ahora, respondiendo a tu pregunta anterior: puedes tocarme, es más, te animo a que lo hagas. No hay un donde sí ni un donde no. Confía en mí, lo descubrirás con la práctica. La verdadera pregunta es: ¿Puedo tocarte yo sin arriesgarme a que me cortes la mano? – Él mismo no sabía por qué, incluso cuando quería preguntar algo serio, tenía que molestarla. Simplemente era un pequeño placer que había desarrollado en los pocos encuentros que habían tenido y al que no estaba seguro de querer renunciar.



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Mensaje por Gevherhan Osman Dom Ene 23, 2022 11:24 am

Gevherhan no perdía. Nunca—¿Quién no ganaría al besarme? Hasta un méndigo gana en la vida con el simple hecho de verme—sí, Aslan había ganado todo lo que él quisiera pero ella lo llevó ahí, a base de enojo y frustración, daba igual, había respondido a las provocaciones aceptando que por simple gusto no podía esperar a tenerla. Si eso no era una victoria para ella en terreno de batalla nuevo no sabía qué podía ser. Por otro lado, se alegraba internamente de qué quisiera besarla incontables veces, la hacía sentir bien y sería su mayor carta de juego en el futuro—Deberías preocuparte—fue una broma pero había algo de verdad en eso, no es que ella pensara en el divorcio ni en tener amoríos, para empezar eso hundiría cualquier plan que su madre tuviera planeado con Emir, solamente ocurría que siempre aparecería un “mejor postor” que quisiera provocar una separación en función a lo que podía ofrecer. Era una realidad con posibilidades mínimas.  

Aparte de eso, sí, era celosa, como su madre, muchos decían que era peor que ella en todo sentido, y no importaba que Aslan no la quisiera más que como amiga, compañera o conocida, él no iba a tener a nadie más, de eso se iba a encargar ella al costo que fuese.

La curiosidad sana de Gevherhan fue interrumpida por Aslan rápidamente cuando intentó bajar más sus manos. Lo miró contrariada ¿No tenía que tocar ahí?—Está bien, no haré nada hasta que termines—se aclaró la garganta y quitó las manos poco a poco para que viera que no haría nada mientras le estuviera explicando. Lo curioso de todo y que no pudo dejar pasar fue que le haya dicho que sí lo tocaba de cierta forma le era difícil concentrarse. Hizo una nota mental, muy importante, de que tocarlo como lo había hecho antes era una buena señal, iba por buen camino y que él, al parecer, no había forma de que estuviera en calma. Aslan le estaba dando tanta información sin saberlo que la emocionaba en exceso.

Prosiguió a darle la explicación más clara pero breve sobre sexualidad que pudo, a ella le pareció que aparte de la práctica estaba escuchando lo que vendría en un libro. Algunas cosas le confundieron, otras no tanto pero tomaron sentido cuando llegó a tocarlo, justo donde antes dijo que no lo tocara. Su corazón dio un salto salvaje dentro de su pecho, se espantó de que él lo hubiera oído pero era imposible ¿No? Al momento de conocer cómo todo se armaba la luz se hizo en su cabeza. Ya comprendía porque algunas mujeres de su padre habían tenido muchos hijos, otras pocos y las concubinas de una noche ninguno—No tengo dudas—Le pareció muy chocoso que fuera su futuro esposo quién le haya aclarado el tema pero lo olvidó rápidamente.

Su corazón seguía latiendo con fuerza, estaba enrojecida más no por vergüenza, era otra cosa, emoción, adrenalina, todo junto. Si tenía que rastrearlo a algo empezó con los besos y se puso peor, o mejor, la sensación cuando le hizo ocupar sus manos para que comprendiera. La nueva invitación a que experimentara ya con nueva información le estaba poniendo ansiosa—¿Cómo voy a saber si te gusta?—introdujo las manos bajo el agua repitiendo el proceso de acercarse hasta que con su diestra tomó su miembro. Jamás había tocado uno, no era maleable pero estaba duro, se sentía rígido contra su palma.

Suspiró demasiado asombrada. Nada de eso se sentía mal, incorrecto o fuera de lugar, porque era prácticamente correcto, normal. —No puedes tocarme, dijiste que esperarías y... estoy aprendiendo—sí quería que la tocara, se le veía a leguas pero su otgullo no le dejó aceptarlo, primero quería vengarse un poco y estudiarlo.

No quiero lastimarte—eso era verdad, no sabía lo que hacía, bien podría estar provocando dolor en aras del aprendizaje—¿Te duele?—lo había comenzado a acariciar con cuidado, primero como simple reconocimiento, desde la punta hasta la base, enseguida lo rodeó con un poco más de confianza muy atenta a lo que pasaba en el rostro masculino pues creía tener suficiente buen ojo para darse cuenta si estaba haciendo todo lo contrario a darle placer. Su mano subía y bajaba con cadencia, esa sola imagen por una extraña razón la excitó, más, lo podía sentir en medio de las piernas que trataba de apretar para mitigar esa percepción repentina—Quiero saber si lo hago bien… ¿Aslan?—fue desacelerando poco a poco, necesitaba confirmación verbal para que el nervio no comenzara a crepitar nuevamente por sus extremidades.

Solo dí sí o no—lo atrajó a ella, casi colgándose de su cuello con el brazo izquierdo y poniendo todo su peso para poder besarlo efusivamente, reanudando las atenciones al cuerpo contrario con un poco más de familiaridad.


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Mensaje por Ruslan Khan Dom Ene 23, 2022 7:52 pm

Con la situación que tenía entre manos, tras haber dejado todo medianamente en orden y algunos guardias protegiendo la casa desde todos los ángulos, sabía exactamente lo que debía hacer, aunque sabía que no sería agradable para nadie, no si conocía bien a su hermano, y sí que lo hacía. Pero no había más opción, mucho peor sería si no lo alertaba de lo que había ocurrido a tiempo. En especial porque tenía un prisionero en el sótano que esperaba a ser interrogado, y en eso no había otro como Aslan. Por suerte, tanto él como Aslan, tenían la costumbre de siempre dejar dicho donde estarían, de forma tal que si ocurría una emergencia, como era el caso, pudieran encontrarse mutuamente. En este caso, dado que su gemelo se encontraba con su prometida, lo único que podía pedir al cielo era no interrumpir nada… De nuevo, conociéndolo, podía ponerlo en duda. Pero no había nada que hacer, le gustase o no, se montó en su caballo y se encaminó a la playa.

Llegado al lugar, no fue difícil ver a Pegaso, era el único animal, o persona, en todo lo que le alcanzaba la vista. Ató a su animal junto al azabache y, tras caminar unos metros sobre la arena, encontró lo que podía identificar como los restos de lo que iba a ser un picnic nocturno, junto a un reguero de ropa tanto de hombre como de mujer. – ¿Por qué no me sorprende? – Suspiró, antes de echar finalmente una mirada al mar, en donde, en efecto, los encontró en una posición tal que realmente no quería saber lo que ocurría bajo el agua. Lo dudó, pensó que preferiría escuchar su monólogo sin fin más tarde, y de no ser porque Onur estaba alterado y no paraba de llorar llamando a su padre, realmente se habría ido por donde llegó.

Soltó un fuerte silvido, uno que Aslan reconocería como suyo. Era su señal de emergencia, su señal de “perdón que te interrumpa pero realmente es importante”. Esperaba que, incluso en las circunstancias que interrumpía, esa señal lo salvara. Esperó únicamente hasta comprobar que había atraído la atención de su gemelo y se dio vuelta para darles privacidad y que pudieran salir sin preocuparse de que pudiera ver algo. No pasó mucho rato antes de escuchar a su espalda el fru fru de la ropa mientras se vestían. – Tenemos una… Situación en la casa, que requiere tu atención. – Se contuvo de dar demasiadas explicaciones debido a la presencia de Gevherhan. No sabía qué tanto le había contado ya su hermano, pero era mejor prevenir que lamentar.

– Del tipo… Mortal… Pero estoy seguro que hay algo más. El sujeto sabía a quien buscaba, y sabía también de mí pues supo de inmediato que no eras tú al verme. – Respondió a la pregunta que su hermano no pronunció, no hacía falta. – Se puede poner muy feo, Aslan. – Con ese comentario le dejaba saber que no creía conveniente que llevara a su prometida con ellos, sólo una opinión, sería cosa suya decidir, después de todo era él quien se casaría con ella, era él quien sabía qué podía contarle y qué no.



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Mensaje por Aslan Khan Dom Ene 23, 2022 9:28 pm

Cuando le dijo que podía tocarlo, no esperó que fuera directo a por su miembro. Imaginó que se distraería un poco en el resto de su cuerpo, aunque no se quejaba. La sensación de su pequeña mano tocándolo con torpeza y curiosidad lo llevó a mover lentamente las carderas contra su palma, enseñándole con acciones que debía subir y bajar mientras lo rodeaba. – Dije que esperaría, para penetrarte… – Le explicó. Cierto que había pedido permiso para tocarla, pero realmente no lo necesitaba. Ella deseaba que lo hiciera tanto como él deseaba hacerlo, se notaba en sus ojos, en sus jadeos de excitación. Estaba buscando satisfacción y ni siquiera lo sabía. Sólo porque el no tocarla la torturaba más a ella que a él, le hizo caso por un rato.

Al ver que lo tocaba con extrema delicadeza, como si temiera romperlo, llevó su mano sobre la de ella, haciéndola apretar un poco más el agarre mientras continuaba con los movimientos, y la dejó continuar por su cuenta. Sabía que le hablaba, le preguntaba algo, pero realmente no tenía ganas de hablar, por lo que cuando cuando bajó el ritmo de sus caricias no pudo sino dedicarle una mirada de reproche. – Calla, mujer. – Dijo, en lugar de lo que ella quería escuchar, y la recibió con ambos brazos para besarla y ocupar esa boca parlanchina suya en algo mucho más… ¿Productivo?

De su boca bajó a su oído, dejando besos regados por sus mejillas en el camino. – Ya conoces lo que es el deseo, ahora quiero que sepas cómo se siente el placer. – Murmuró bajito antes de morder suavemente el lóbulo de su oreja para seguir bajando. Beso su cuello de forma tal que, sabía, al día siguiente tendría una fea marca morada, mordisqueó sus clavículas y de allí bajó besando su piel hasta encontrarse con el obstáculo de su camisón. Le bajó con una mano la tira que cubría su hombro izquierdo, permitiéndose descubrir uno de sus senos para él. Primero lo cubrió por completo con una mano, amazándolo con la presión suficiente para arrancarle un gemido, y luego se inclinó sobre ella para tomar el pezón en su boca, chupándolo y juguetando con sus lengua sobre la cima del mismo. Cuando obtuvo otro gemido, se apartó.

– Ahora dime que no quieres que te toque. – La retó, aunque dudaba que tuviera la suficiente cordura para afirmar o negar nada, pues incluso había detenido la exploración sobre su miembro. Eso no le importó. Deseaba liberarse, sí, pero todavía tenían bastante tiempo para eso, por ahora, sus gemidos eran todo lo que necesitaba. Bajó el tirante del otro hombro y repitió sus pasadas acciones con el otro seno. Estaba extasiado con los sonidos que era capaz de arrancar de la chica, le había desear darle más, mucho más que sólo eso. Incluso cuando sabía que no debía.

Con una mano subía por su muslo, con la firme intención de dejarle saber que aquello sólo era un aperitivo, y que el plato fuerte era mucho más delicioso, cuando un silvido conocido logró tensar todo su cuerpo, ésta vez de una forma nada agradable, incluso antes de que fuera consciente de que lo había escuchado. Apartó la boca de ella y giró el rostro en dirección a la playa, consiguiéndose con la inconfundible forma de su hermano en la arena, quien se volteó apenas comprobar que tenía su atención. Aquel silvido, y el hecho de ser interrumpido en tales circunstancias sólo quería decir una cosa, y no era buena en absoluto. Maldijo para sus adentros por lo cerca que había estado de tocarla, pero tendría que esperar.

Le besó la boca suavemente, intentando atraer su atención a la realidad. – Algo ocurrió, debemos irnos. – Antes de que pudiera preguntar, le indicó que mirara hacia la playa, donde estaba Ruslan de espalda a ellos. Le colocó los tirantes de vuelta a su lugar, queriendo cubrirla un poco antes de salir. No que hiciera diferencia alguna pues la tela estaba traslúcida, pero no podía hacer nada, sabía que su hermano no se daría vuelta hasta obtener confirmación. Tomó la mano de la chica y salió con ella del agua.

Ayudaba a Gevherhan con su vestido cuando escuchó las palabras de Ruslan, incluso antes de poder decir algo. Le tranquilizó saber que solo era un humano, lo entiendió cuando le dijo que era “mortal”, pero le preocupaba darse cuenta que alguien sabía demasiado sobre él, incluso el cómo asustarlo pues seguro como el infierno que no había ocurrido mientras Ruslan estaba en la casa o habría podido esperar. Su hijo había estado solo con la niñera, y ahora no estaría tranquilo dejando la casa desprotegida. Maldijo mil veces en silencio hasta que logró atar por completo los cordones del vestido femenino a su espalda, antes de proseguir a ponerse el pantalón. – ¿Qué tan feo? – En silencio del contrario fue todo lo que necesitó para saber que, lo que pensaba, no era algo que Gevherhan pudiera escuchar, lo que significaba que querría matar al sujeto.

Terminó de ponerse la camisa mientras miraba a Gevherhan y evaluaba sus opciones. La situación estaba medianamente controlada, por lo que podría dejar a la chica en su propia casa antes de atender la situación. Pero sabiendo lo que ahora sabía de ella, era probable que no se alarmara en absoluto. Contrario a Inci, creía poder confiarle aquel secreto a su futura esposa. Además, no quería regresarla en aquel estado, ella necesitaba un baño y secarse el cabello, eso al menos. – Vendrá con nosotros. – Decidió, dirigiéndose a su hermano aunque la veía a ella. – Al parecer todavía hay mucho que puedes aprender esta noche. – Le dijo ésta vez a su prometida sin importarle la presencia del tercero.

El corto trayecto hacia su casa se le hizo eterno, aun cuando Ruslan le aseguró que Onur estaba bien y que no había sido más que el susto, no podía evitar que se le encogiera el corazón al pensar en lo asustado que debió estar. Y la niñera… Y mientras tanto, él corrompía a su prometida, perfecto. No podía sentirse más culpable.

Cuando finalmente llegaron a casa, ayudó a Gevherhan a bajar del caballo antes de salir corriendo escaleras arriba donde escuchaba el llanto de Onur, tomándolo de los brazos de la niñera quien intentaba tranquilizarlo sin éxito, pues ella misma temblaba mientras la lágrimas se derramaban en silencio. En sus brazos, el niño se acurrucó y siguió llorando, ésta vez en silencio, mientras lo mecía y le decía palabras tranquilizadoras al oído. Debió decirle al menos una docena de veces que todo estaría bien, y al menos el doble de veces lo mucho que sentía no haber estado en ese momento y que lo amaba. Tan concentrado estaba que ni siquiera notó en qué momento lo alcanzó la chica, quien le dedicaba una mirada que no logró comprender en ese instante, no tenía cabeza para intentar descifrarlo.

Cuando el niño finalmente comenzó a bostezar, decidió que era momento de atender el otro asunto que tenía entre manos. – Selma, por favor, despierte alguna de las mucamas y pídale que prepare una tina caliente para la señorita Osman en mi habitación. Luego de eso puede retirarse a descansar, yo me quedaré esta noche con Onur. Muchas gracias. – La mujer hizo una cortesía a ambos antes de retirarse a cumplir con lo solicitado. A solas con Gevherhan y con Onur prácticamente dormido sobre su hombro, le preguntó. – ¿Podrías acompañar un rato a Onur? No creo que se despierte, pero si lo hace, un cuento será suficiente para que vuelva a dormir. – Le hizo una seña para que lo siguiera hasta su habitación, donde dejó a Onur con cuidado sobre la cama.

– La mucama no tardará en subir con el agua para la tina, pídele ropa seca y… – Se dio cuenta entonces que temblaba, de miedo, de furia. Sin duda de una forma muy diferente al enojo que su prometida estaba acostumbrada a ver en él, un odio tan irracional y una sed de venganza tal que, estaba seguro, incluso ella podría distinguirla en sus ojos. – Te contaré todo cuando termine. Y… Cualquier cosa que escuches desde ahora, no vayas a salir de la habitación, ¿De acuerdo? – Dejó un beso rápido en su boca antes de marcharse.



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