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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Hyacinth Dom Ene 02, 2022 9:40 pm

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Este tema presenta contenido +18. Si se desea leer, será bajo su responsabilidad; las partes involucradas manifiestan pleno consentimiento sobre los temas aquí tratados y reconocen que este contenido se rige en el marco exclusivo de la ficción.


Siempre he sabido que el conocimiento, incluso más que la fuerza física, que los títulos o el dinero, representa poder. Está en cada quien hacer alarde de dicho poder o no cuando se posee. Tiamat no podía presumir de lo que sabía, porque era su trabajo mantener silencio, en cambio yo podría hacerlo, pues a diferencia de él a mí nadie me controlaba, ni siquiera Yazid incluso si eso quería él creer. Sin embargo, no lo haría, al menos no todavía.

Desde aquella reunión con Yazid en la que descubriese su conexión con el vampiro que hacía siglos me frecuentaba “como amigo”, había tenido tiempo más que suficiente para sopesar la situación y mis alternativas. Decidí que no tenía sentido dejar que el enojo me consumiera, si lo hacía podría terminar matándolo y no ganaría nada con ello; por el contrario, la siguiente vez que lo viera, actuaría como si no hubiera ocurrido nada, como si no sabía lo que hacía cada vez que me visitaba, sería como cualquier otra reunión, sólo que esta vez yo estaría mucho más alerta.

Con esa determinación, algunos días más tarde cuando casualmente apareció, no enfurecí sólo al sentir su presencia acercarse. Estaba tranquila y relajada, simplemente disfrutando de una noche despejada y fresca, frente al fuego de una fogata junto a otros gitanos. A diferencia de mi querido esposo, a Tiamat ya los gitanos lo conocían, y si bien no confiaban demasiado en él, al menos toleraban sus reuniones conmigo en los terrenos del asentamiento.

Cuando el vampiro estuvo lo bastante cerca para que los gitanos pudieran sentirlo, se alejaron del fuego en busca de cualquier otra cosa que hacer para no tener que compartir con él y, a la vez, para darnos un poco de privacidad al conversar. Esperé hasta que estuvo sentado junto a mí sobre un tronco antes de hablar. – Ya te habías demorado en aparecer. Me preocupaba que algo te hubiera ocurrido. – Estudié entonces su expresión, buscando cualquier indicio que me indicase que Yazid hubiera decidido delatarme.

Al no encontrar nada, aparté la mirada de él y la dirigí a la fogata, como si lo que iba a decir a continuación me pesara. – Yazid vino a verme. – Le comenté de forma casual. En teoría, él no lo conoce, pero bastante que hemos llegado a hablar de él. Me hace preguntarme si le ha hablado de nuestras conversaciones, en teoría, privadas. – Después de mil años, ahora se preocupa por mí. – Solté una risa amarga que me salió demasiado natural. Fue entonces cuando decidí que, sólo por una noche más, dejaría que Tiamat actuara su papel, pues si debía ser honesta conmigo misma, hasta que descubrí su traición lo consideré un verdadero amigo.

Le comenté entonces un poco de lo ocurrido recientemente, como habría hecho en una situación normal. Le hablé de lo doloroso que fue para mí verlo nuevamente, de lo difícil que fue contener la oscuridad en mi interior, incluso del pequeño “incidente” en el que terminé golpeándolo, le conté de la reunión y lo mucho que me preocupa que la ciudad esté plagada de nosferatus. Uno es más que suficiente, dos es peligro, ¿cuatro? A veces se me hacía increíble que todavía quedáramos tantos.

Como de costumbre, me escuchó sin decir una palabra hasta que terminé con mi relato, y finalmente volví a mirarlo. Incapaz de pronunciar una palabra más, y sin querer escucharlo a él pues sabía que cualquier cosa que saliera de su boca sería una mentira, acaricié su mejilla con suavidad y me acerqué lentamente hasta besarlo, con una pasión que él sabía no sentía por él, incrementada exponencialmente por el reciente encuentro con aquel que sólo con un roce podía hacerme arder.


Última edición por Hyacinth el Mar Feb 01, 2022 9:05 pm, editado 2 veces




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Mensaje por Tiamat Sinn Lun Ene 31, 2022 10:42 am

El pasar del tiempo era algo a lo que todo vampiro debía de acostumbrarse, sobre todo cuando se llevaba en las espaldas más de seis mil años de existencia por el mundo y haber recorrido este dando ya centenares de vueltas al mismo. Desde que me obligaron a abrazar la oscuridad mis días a veces se habían vuelto un tanto tediosos, lo que me obligaba a buscar algo de diversión que me mantuviera con el interés suficiente como para no buscar una diversión que sería sin duda más macabra, y mucho más violenta. El matar era algo que iba de la mano con los vampiros, la sangre era nuestro principal sustento y obtenerla era una forma demasiado fácil si sabías bien jugar tus cartas. Sin embargo, yo odiaba que todas las cosas fueran fáciles y que no tuviera apenas que chasquear los dedos para obtener lo que quería, ¿qué sentido tenía una vida fácil? Yo nunca había sido de ese tipo de personas, más bien era de las que le gustaba los retos y las complicaciones, que algo no me lo dieran tan abiertamente y que tuviera que tirar de todo mi ingenio para conseguirlo. La vida fácil era algo que odiaba por encima de todo, por eso siempre solía buscar nuevos retos que dieran algo de “chispa” a mi vida, porque tras tantas andanzas por el mundo se necesitaba un motor que hiciera que un vampiro no tuviera una existencia tediosa. Había oído casos de vampiros que se dejaban expuestos al sol para acabar con la misma, algunos jóvenes y otros más antiguos, cansados de siempre la misma oscuridad, de siempre lo mismo sin que nada cambiara y perturbara su vida... y yo pensaba que era porque no habían encontrado o descubierto todo lo que la “oscuridad” tenía por ofrecerlos. Yo, con tantos milenios tras mis espaldas, había sido testigo de cómo el mundo había cambiado y había evolucionado, los humanos eran interesantes de estudiar sobre todo cuando ellos mismos eran quienes construían y derribaban civilizaciones por el poder, cómo habían avanzado y evolucionado desde entonces y era interesante ver hasta dónde habían sido capaces de llegar, lo que me llevaba a preguntarme hasta dónde pondrían el límite y qué sería lo próximo que haría ese “salto” que siempre había precedido en la historia. Seguro que en unos siglos lo descubriría y yo estaría allí para ser testigo del mismo. Durante todo aquel tiempo un vampiro tenía demasiado tiempo libre y había que invertirlo en algo, yo me dediqué a conocer todas aquellas culturas que habían en el mundo y aprender de las mismas, pues aunque se tuviera los poderes para poder doblegar y dominar a una persona, nunca había nada más efectivo como conocer su cultura, sus mitos, sus leyendas y sus costumbres para poder dominarlos, y eso es lo que había hecho viviendo en cada uno de los lugares del mundo por un tiempo ilimitado, simplemente, hasta que me había cansado del lugar y había pasado a otro para aprender del lugar, de sus gentes y sus costumbres. Siempre había pensado que era la mejor forma de dominar a alguien sin necesidad de poderes, y lo seguía pensando tras todos aquellos milenios.

Pero mi estancia en París se debía a la llamada que había recibido de un ser que conocí hacía demasiado tiempo y cuyo poder superaba a todo lo que yo había visto en mi vasta existencia. Si alguien como él te llamaba muy necio debías de ser para no hacer caso o no acudir como te pedía, porque el que un Nosferatu hiciera acto de presencia con lo escondidos que resultaban ser... era algo de extrañar y una consecuencia inmediata de que algo muy importante, o un acontecimiento sin precedentes, iba a ocurrir. Por lo que había averiguado –y no había sido nada fácil- es que Yazid iba a hacer una especie de concilio al pedir que acudieran otros Nosferatus a la capital francesa para reunirse, algo debía de estar sucediendo que desconocía porque no era normal dichas reuniones entre una raza tan antigua como el mismo tiempo. Había acudido a la llamada porque algo me ligaba con aquel ser ancestral y poderoso además de porque en cierto modo le servía, era como su “representante” en ese consejo de vampiros que habíamos creado para mantenernos informados de todo lo que ocurría en el mundo, una vía de comunicación e información para los seres más antiguos que habitaban sobre la faz de la tierra. Temblaba de pensar lo que podrían hacer en caso de que decidieran actuar porque el caos y la oscuridad reinarían, de eso no tenía la menor duda. Pero también me encomendó hacía demasiado tiempo la “tarea” como la llamaba él de mantener vigilada a otro Nosferatu aunque nunca me dijo los motivos verdaderos, solo comentó algo al respecto, y yo no pregunté mucho más por miedo a recibir sus represalias. Era por ese motivo que hacía tanto tiempo me acerqué a Hyacinth aunque debía de decir que al principio sí lo hice porque me lo ordenó, pero la amistad que me unía a ella comenzó a ser verdadera y se convirtió en la única persona a la que podía contarle ciertas cosas. Aunque no todas, dos secretos eran los que guardaba recelosamente; uno que conocía a Yazid y ese fue el motivo de encontrarnos la primera vez, la otra es que había convertido hacía más de un milenio a una mujer a la que nunca le había dicho que fui yo. Intentando protegerla de toda la oscuridad en la que me veía envuelto. Sabía que la encontraría en el asentamiento de los gitanos y me encaminé hacia allí para encontrarla, como siempre fingiendo que no conocía nada sobre el Nosferatu del que tanto habíamos hablado. Cuando los gitanos notaron mi presencia –a la que se iban acostumbrando- se alejaron del fuego donde ella estaba para darnos intimidad, observándola siempre con respeto pero al mismo tiempo con el cariño que el paso de los años nació entre ambos. Aunque de saber la verdad ella jamás creería. Para cuando me senté a su lado observando el fuego reprimí esa sensación de contarle la verdad, había mucho más en juego y en mi contra para ello.


—París se ha convertido con el paso de las últimas décadas en una ciudad peligrosa, aunque no me preocupan demasiado la Inquisición o los cazadores, pero hay que llevar cuidado cuando te mueves especialmente por la noche. No todos parecemos tan humanos como tú, Hyacinth —porque ella podía pasear a la luz del día y no sufrir daño por ello, no tenía que esconderse del sol lo que hacía que pudiera llevar una vida casi “humana” de no ser por ese aspecto terrorífico que todo Nosferatu ocultaba frente a los humanos. De nuevo había recibido unas últimas indicaciones de Yazid aunque en dicha ocasión no de estar más pendiente de ella, comenzaba a mover sus hilos y como “representante” suyo en el Consejo de Vampiros tenía que hacer ciertos asuntos que solo podía hacer yo. Recientemente había escuchado de una vampira cuyos pensamientos e ideales iban acordes a los del propio Nosferatu, él quería que la investigara para ver si podía sumarse a su causa. Aunque por lo poco que había averiguado de ella verificando dicha información cabía pensar que sí, otro adalid que sumar a su causa. Me mantuve firme e impertérrito cuando nombró al Nosferatu para no dar a entender que lo conocía, poner una máscara y fingir era lo que mejor había aprendido hacer en mis seis mil años de existencia— ¿está en la ciudad, está aquí? —Pregunté porque las veces que ella me había hablado de él hacía tiempo que no lo veía, que él mismo se hubiera acercado a ella implicaba más de lo que la propia Hya entendería nunca. Callé escuchando todo su relato que ya conocía pues sabía de los planes del Nosferatu, no que quisiera reunir a cuatro de los suyos. Eso significaba que la ciudad de París iba a convertirse en el centro de una gran batalla, una guerra entre dos bandos. Mientras la escuchaba hablar sobre él no pude evitar pensar en la suerte que tenía el muy hijo de puta, sin entender por qué le había hecho eso a Hyacinth aunque podía quizás entenderlo… pero ellos no eran conscientes de que parecían estar vinculados, cegados en sus propios dilemas morales y éticos. Yazid no se merecía a una mujer como Hyacinth, como yo no me merecía tampoco a Romanella. Era así de simple— no sabía que quedaran tantos Nosferatus con vida, sois una raza muy escurridiza incluso para los propios vampiros —y eso no era para nada mentira, desconocía cuántos podían existir en el mundo para esos momentos. Iba a decir algo más pero al girarme para observarla con la luz de la hoguera iluminando su rostro, fue cuando sentí su mano acariciar mi mejilla como había ocurrido en otras ocasiones. Acortó lentamente la distancia entre ambos hasta que sus labios tocaron los míos no siendo la primera vez que ocurría, besándonos, iniciando un juego que no nos era desconocido. Me dejé llevar y elevé mi mano para enredar mis dedos entre los mechones de su pelo oscuro para, con mi otra mano, rodear su cintura acercándola más a mí hasta el punto de que un movimiento raudo y la dejé sentada a horcajadas sobre mis piernas con su pelo cayendo como cascada. Los dos sabíamos muy bien que nuestros encuentros no se debían de tomar como algo serio, más bien, daba la sensación de que era un “parche” que poníamos y que a los dos nos ayudaba. Aunque no restaba para que me sintiera atraído por ella independientemente de quién fuera o por qué la hubiera conocido, era una mujer muy bella y hermosa que podría hacer enloquecer a cualquiera que se cruzara en su camino. La mano que había rodeado su cintura hasta alzarla dejándola sobre mí comenzó a trazar un camino ascendente por sus curvas hasta dejarla sobre uno de sus pechos que, incluso sobre la tela, ya notaba cómo su pezón se erguía a mi tacto. Separé mis labios de los suyos tras batallar ambas lenguas a un combate a muerte y comencé a descender dejando un reguero de besos por su oreja, mordiendo el lóbulo, descendiendo aún más por su cuello en donde algunos pequeños mordiscos se sumaban a los besos o a mi lengua trazando su piel nívea— Hyacinth —susurré sobre su piel mojada dejando que mi aliento la erizara, moviendo mi cadera para que viera cómo ya mi miembro se erguía excitado buscándola. Yo no tenía problema de tomarla allí mismo sin importarme quién nos viera, no es como si fuera la primera vez que ocurría algo así en mi vida, pero quizás a ella no le gustara tanto. Sin hacer ninguna pregunta pues no hacía falta me alcé, sujetándola de los muslos hasta que sus piernas rodearon mi cintura, sosteniéndola mientras caminaba hacia donde se encontraba la caravana que solía utilizar en aquel lugar, una que los gitanos le habían dejado para su estancia.


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Mensaje por Hyacinth Mar Feb 01, 2022 10:38 pm

La explicación del vampiro con respecto a su tardanza fue más que válida, aún así, me pareció un poco extraño que necesitase darla. ¿Siempre había sido así y nunca lo noté? Con el conocimiento recientemente adquirido, ahora incluso comenzaba a dudar de mí misma. – Lo sé, lo sé. Precisamente por eso me preocupo. – Dije, en lugar de lo que realmente pensaba, con ese acento lento y pastoso que había aprendido de los gitanos para pasar inadvertida entre ellos. Tras ello, dejé una mano sobre las suyas, mostrando mi siempre incondicional apoyo hacia él. ¡Sí, claro! Con amigos como él, era mil veces mejor no tener ninguno.

Como había previsto, cada vez que él habría la boca para hablar, lo que sentía eran unas inmensas ganas de arrancarle la cabeza y echarla al fuego. Era lo menos que se merecía por lo que me hizo. Sin embargo, mi venganza para él sería incluso mejor. Estaba ya saboreándola, incluso aunque no fuese todavía el momento de llevarla a cabo. Así que mantuve mi expresión pasiva y respondí en el mismo tono tranquilo. – Así es. Quisiera poder decir que no me ha afectado en lo absoluto pero… Me mentiría incluso a mí misma, y no soy tan necia. – Al menos eso era cierto. Volver a verlo revolvió por completo mi vida, me hacía cuestionarme lo que quería hacer a partir de ahora, si debía continuar de la misma forma que permanecía durante el último milenio o si debía evoluacionar a algo más. ¿Tal vez un punto medio entre lo que fui y lo que soy? En algún momento tendría que evaluar seriamente el asunto, pero no sería en ese precisamente.

– A decir verdad a mí también me sorprendió. Y no es nada. Fuera de los cuatro que asistimos a esa reunión, tengo entendido que hay algunos más rondando la ciudad. ¿Acaso nos hemos acumulado todos los que quedamos en el mismo lugar al mismo tiempo? ¿No te parece sospechoso? – A mí sí que me lo parecía, pero Yazid no había querido escuchar y yo estaba cansada de intentar hacerle ver lo que evidentemente no quería. Aquella reunión en las catacumbas fue de lo más peligrosa a mi parecer, aunque me alegraba que nada hubiera ocurrido al final. E incluso eso también me parecía extraño, ahora sospechaba de todo y de todos, como si algún ser incluso más poderoso que nosotros, los nosferatus, estuviera moviendo los hilos de nuestros destinos, enviandonos a una muerte segura. Quizás ya estoy siendo un poco dramática, pero ¿Qué más da? Nadie puede escuchar mis pensamientos.

En cuanto a la respuesta de Tiamat a mis besos, fue sublime como de costumbre. Delicado y apasionado a la vez. No sé a quién quería mentirle, la verdad es que, si tuviera que hacer un ranking de los hombres con quienes me he acostado, Tiamat sería el lugar número dos sin ninguna duda. Tan diferente a Yazid, aunque no encendía esa chispa especial que sólo mi esposo era capaz de encender, el vampiro lograba provocarme algunas reacciones diferentes. Menos agresivas, pero más dulces. En sus brazos, muchas veces deseé poder amarlo, a él que no me pedía nada a cambio, a él que apreciaba mi amistad, que me escuchaba y me entendía. Pero por más que deseé no lo logré. Ahora me alegraba de ello, pues habría sido la segunda vez que me rompieran el corazón. Aunque, logró algo diferente e igual de hiriente. Lastimar mi orgullo. Y eso no se lo perdonaría.

Sus caricias y sus veces lograron encenderme rápidamente, y yo necesitaba esa dulce liberación más que nada en ese momento. Puse de lado mi venganza por un rato, y me dejé llevar. Aquello funcionaría sólo porque, al menos en momentos como aquel, ninguno de los dos mencionaba a Yazid. Gemí al ser levantada por él, quedando a horcajadas sobre su cuerpo y sintiendo la evidencia de su excitación. Bajo la sencilla falda gitana, la parte inferior de mi cuerpo se encontraba desnudo, sólo habría sido necesario desabrocharle el pantalón y podría sentir por completo en mi interior. Era evidente que no estaba pensando con claridad pues, allí en el exterior, todos los gitanos serían testigos del acto sexual entre dos inmortales, eso no podía ser bueno para mí, por eso agradecí en silencio, abrazándome a su cuello con los brazos y a su cintura con las piernas, cuando me alzó y llevó a mi carroza privada.

En el camino hasta vehículo que se convirtió en mi hogar desde hacía ya algún tiempo, aproveché de ser yo quien jugara un poco con él, mordiendo suavemente el lóbulo de una de sus orejas, dejando un reguero de besos húmedos por su cuello, incluso moviendo mis caderas de forma tal que mi intimidad se rozaba contra su dureza al ritmo de sus pasos apresurados. Una vez en la privacidad de la carroza, me depositó con cuidado sobre el delgado colchón quedándose sobre mí. Para ser alguien a quien no le gustaba ser dominada, la verdad era que en el sexo me encantaba que lo hicieran, incluso si eso significaba quedar debajo del cuerpo de un hombre. Me encata sentir el peso de mis amantes sobre mí. Claro que no tiene que ser esa la única posición, todo depende del momento, pero en ese estaba más que contenta con como estaban las cosas.

Volví a tomar su boca mientras desabrochada cada botón de su camisa, permitiéndome pasear ambas manos por la perfecta dureza de sus músculos. Sus hombros, su pecho, su abdomen, su espalda, sus brazos… Su cuerpo era perfecto, debía admitir. Aunque eso me diera aún más rabia, pues no sólo estaba perdiendo a mi amigo, también a un excelente amante. – Me recuerdas qué demonios hacías cuando eras humano. Tu cuerpo es una delicia. – Murmuré apenas apartarme de su boca, inclinándome hacia delante hasta que ambos quedamos sentados. Si ésta iba a ser nuestra última vez, quería que fuera perfecta. Así pues, descendí con mi boca por el camino que mis manos habían marcado previamente, hasta llegar al borde de su pantalón. Sin necesidad de palabras, ambos nos pusimos de pie para terminar de desvestirnos y, terminada la tarea, ésta vez lo tumbé sobre la cama. Iba a devorarlo, pero él también iba a hacerlo conmigo.

Me coloqué de rodillas a la altura de su rostro, dejando su cabeza en medio de mis piernas, y me dejé caer apenas lo suficiente para que pudiera hacer su mitad del trabajo, a la vez que me inclinaba hacia delante hasta apoyar uno de mis codos a un lado de su cadera para divertirme con su miembro en mi boca y mi mano libre. Comencé lamiéndolo, en la punta, en la base, y a todo lo largo, mientras mi mano se distraía con sus testículos. Para ser un vampiro él estaba bastante caliente y eso me encantaba. Luego comencé a introducirlo en mi boca, deleitándome no sólo con su saber sino con sus reacciones. Bendito fuera el sexo, y maldito fuera Yazid que me había dejado él sólo sin los dos mejores de mi vida.




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Mensaje por Tiamat Sinn Lun Mar 14, 2022 12:42 pm

Cada vez que quedaba con Hyacinth y me tocaba interpretar un papel que no me gustaba del todo, no porque tuviera algo en contra de la Nosferatu –que no era así en absoluto- sino porque tenía que fingir como Yazid me había pedido con la única intención de acercarme a ella. Tuve que escuchar en múltiples ocasiones cómo ella me hablaba de él sin saber que en el fondo él nunca había dejado de estar “cerca” o de preocuparse por lo que pudiera pasarle. En realidad era un ser demasiado egoísta que no daba su brazo a torcer y que nunca admitiría aquello que había hecho mal, por eso estaba yo tan cerca de ella en lugar de él. Cada vez que pensaba en ellos no podía evitar sentir ciertos celos porque podían estar juntos si ambos lo querían, si ponían de su parte, mientras que yo tenía que cargar con una mentira para proteger a Romanella de la oscuridad que me rodeaba. Saber que iban a reunirse varios Nosferatus en la capital francesa y que ella estaba en la ciudad no me tenía nada tranquilo pues solo podía significar una cosa; peligro. Por eso cada vez que me hablaba del Nosferatu mantenía una posición distante sin preguntar ni querer demasiado, más allá de lo que ella quisiera contarme, para no levantar sospechas. Tenía claro que en algún momento ella sabría lo que estaba haciendo y lejos de lo que pudiera pensar –y estaría en todo su derecho- la apreciaba demasiado sin importar que me acercara a ella por petición de Yazid, pero el aprecio que le tenía era verdadero y la consideraba una amiga. Aunque no quería pensar demasiado en todo aquello porque el momento llegaría y, ahora que están los dos en la misma ciudad, se acercara más rápido de lo que había pensado en un principio. Me enfrentaría a este con todas las consecuencias pues en parte lo había permitido pero tras los primeros encuentros ya no lo hacía porque tenía que hacerlo, sino porque me preocupaba por ella. Escuché todo lo que tuvo que decirme acerca del Nosferatu y de lo extraño que era que se juntaran tanto en la ciudad, no podía decirle que era un plan que tenía Yazid y que había llevado a cabo ni tampoco todo lo que enemigo había hecho o el peligro que suponía para ellos. No era yo quien debía de decirles nada y aunque conocía ciertos detalles ella ya los descubriría en la reunión, allí les explicaría más para que supieran qué estaba pasando o lo que había estado sucediendo en las últimas décadas. Aunque a decir verdad me olvidé de todo cuando sus labios tocaron los míos y sin perder tiempo mi brazo rodeó su cintura para dejarla sentada a horcajas sobre mí cuerpo, sin dejar de besarnos, y con ese deseo que nos consumía a los dos. Mi miembro ya se notaba duro y preparado contra su cuerpo para que viera cómo me tenía, cómo lograba encenderme con apenas unos besos. Ya nos conocíamos pues no era la primera vez que pasaba aquello y por eso mismo sabía que, aunque me bastaba alzar su falda para tomarla allí delante de todos, no lo hice porque sabía que no le gustaría. Así que me alcé con ella sujetándola de las piernas para que su agarre en mi cintura fuera más fuerte mientras me encaminaba hacia la caravana que ella ocupaba en el asentamiento de los gitanos, mismos que podía notar que seguían lejos dándonos espacio, mientras en el camino ella se encargaba de morder el lóbulo de mi oreja y torturarme al mover sus caderas contra mi miembro, creando una fricción más que deliciosa pero que me estaba volviendo loco. Podía oler su excitación sin demasiados problemas y eso incrementaba mi deseo, que ella se moviera así no ayudaba para nada.


—Por todos los dioses Hyacinth, deja de moverte así o juro que te tomo aquí mismo delante de todos —gruñí contra la piel de su cuello apretando el paso para internarnos pronto en la caravana, algo que supuso un “alivio” ya que en el interior no tenía por qué contenerme de nada de lo que fuera a pasar. La deposité sobre la cama para seguir besándonos dejando que sus manos esa vez fueran a mi camisa para desabrocharla dejando mi torso al descubierto. Notaba cómo acariciaba cada músculo de este pasando por mis brazos, mi pecho, mi espalda... mientras yo me centraba en su cuello mordisqueándolo para besarla después, lo bueno de ser ambos seres inmortales es que no teníamos que preocuparnos por el aire pues no lo necesitábamos para vivir. Tras separarse de mí y decir aquellas palabras no pude evitar soltar una pequeña risa entre dientes, dejando que su boca ahora recorriera el mismo camino que habían hechos su manos sobre mi piel desnuda— era un guerrero, mi cometido era proteger a mi pueblo —dije de manera corta y breve pues ella conocía mi historia y cómo fui convertido en vampiro, el duro golpe que eso supuso para mí. Mis manos comenzaron a deslizar la parte superior de su vestido dejando al descubierto sus hombros para seguir deslizando la tela, hasta que sus pechos quedaron a mi vista con esos pezones ya tiesos. Mi mano abarcó uno de sus pechos notando en mi palma la dureza de su pezón para cuando su boca ya se encontraba en el borde de mis pantalones, mi miembro estaba tan duro que dolía encerrado en el pantalón. Como si nos hubiéramos puesto de acuerdo ambos nos alzamos para terminar de desvestirnos y quedar desnudos, Hyacinth era una belleza digna de admirar. Una digna reina que podría tener a cualquier hombre, mortal e inmortal, a cualquier tipo de raza, bajo su merced— ¿y qué hay de ti, Hya? Podrías ser la reina de todo, tener a hombres e inmortales a tu merced —y era cierto, ni siquiera un ciego podría no caer en la tentación que ella suponía. Dejé que me tumbara sobre la cama viendo cómo se colocaba y solo pude jadear ante lo que pretendía hacer. La observé colocar sus piernas a cada lado de mi cabeza quedando arrodillada, con su sexo a mi alcance, que no dudé en lanzarme hacia este para pasar mi lengua por su hendidura donde ya sus jugos se notaban. Tras la primera lamida de mi lengua por toda su hendidura fue cuando sentí que lamí mi miembro, todo lo largo que era, mientras yo me dedicaba a darle placer donde más lo necesitaba. Seguí recorriendo todo su sexo como si limpiara esos jugos previos que tenía mientras mis manos separaban sus nalgas, dándome un mejor acceso. Tras varias pasadas comenzando ya a notar ese abultado botón que tan loca la volvía centré mi atención ahí, golpeteando con la punta de mi lengua haciéndola vibrar cada vez que mi lengua daba contra ese botón de placer. Me encantaba jugar con ella porque no tenía reparo alguno y mientras una mano suya jugaba con mis testículos, no pude evitar gemir contra su sexo cuando por fin se introdujo mi miembro en su boca abarcándolo tanto como podía.


—Joder... Hyacinth —gemí cerrando los ojos disfrutando del placer que me otorgaba aunque no iba a quedarme atrás. Seguí golpeando ese botón con mi lengua para después succionar, lamer, morder sus labios inferiores y volver de nuevo a centrarme en el clítoris para tenerla donde quería. Pasados unos momentos llevé dos de mis dedos que comencé a introducir en su interior, caliente y mojado, buscando ese punto en concreto que la podía hacer temblar de placer. Comencé a mover mis dedos dentro y fuera de ella notando cómo su interior me acogía pero sin dejar de torturar su clítoris, no hasta que ella pidiera por clemencia. Era complicado centrarme en darle placer cuando ella también hacía lo mismo conmigo y su boca subía y bajaba por todo mi tronco, su mano jugaba con mis testículos, pero mi objetivo estaba más que claro aunque concentrarme era una tarea titánica para no tomar su cabeza entre mis manos y obtener el control, tomando su boca hasta alcanzar el orgasmo y correr en ella. Un tercer dedo se unió a los otros dos que tenía en su interior incrementando el ritmo con que la penetraba, sin dejar de lamer su sexo y golpear su clítoris, variando el ritmo viendo cómo su cuerpo reaccionaba ante cada cosa que le hacía o los gemidos que salían de sus labios. Con mis brazos entorno a su cadera la mantenía sujeta para que no se moviera demasiado y así atacar sin piedad, con mi mano libre apretaba una de sus nalgas dejando la marca en su piel, una que pronto se iría. Sin dejar de penetrarla con los tres dedos y tomar su clítoris notando cómo iba alcanzando ese punto cercano al orgasmo, llevé mi otra mano hasta el final de sus nalgas donde mi pulgar lo puse sobre su otra entrada ejerciendo una leve presión. Para el momento en que fui a introducirlo lentamente mordí su clítoris dejando que notara la presión en su interior, pues sabía que esto incrementaba la sensación de placer. Solo paré de darle placer cuando noté que estaba próxima al orgasmo aunque dejé mi pulgar en su interior notando sus contracciones, y eso que todavía no había alcanzado el orgasmo. Mordí una de sus nalga dejando la marca de mis colmillos y mi dentadura en su inmaculada piel para incorporarme y apartar su rostro de mi miembro— si sigues así no voy a aguantar mucho más —estaba muy al límite en esos momentos. Mi mano en su nuca la atrajo a mi rostro para besarla mezclando nuestros sabores y nuestras esencias, volviéndome más loco ese detalle, comencé a descender por su cuello bajando por sus clavículas y llegar así a sus pechos. Llevé uno a mi boca para torturar y jugar con su pezón tieso, dejando de nuevo la marca de mis colmillos. Mi otra mano descendió hasta su hendidura para seguir calentándola, para que su excitación no decayera— toma lo que quieres Hya, hazlo.


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Mensaje por Hyacinth Mar Abr 19, 2022 1:06 pm

Lo fuí. En el pasado los humanos me vieron de muchas formas, me llamaron de muchas maneras. Por un tiempo fui Reina, como guerrera inmortal no fue difícil conquistar numerosos territorios. Cuando mis discípulos notaron que no envejecía, fui considerada una Diosa, por aquel tiempo la humanidad adoraba todo aquello que era superior a ellos. Después comenzaron a temernos, culpa de aquellos demasiado débiles de mente como para controlarse, entonces fui llamada bruja, incluso demonio. Daba igual, ninguna de esas palabras era acertada para definirme. ¿Cuál podría hacerlo? Es algo que ni yo misma sabría responder, así que preferí dedicarme a las acciones en lugar de las definiciones.

Aquella posición puede no ser la más cómoda, pero me resulta excesivamente erótica, y si ésta iba a ser la última vez que estuviera con Tiamat, lo haría en grande. Lo más divertido es la concentración que requiere, una concentración dividida si se quiere dar y disfrutar del placer ambas a la vez. Si disfrutas demasiado, dejas de darle a tu pareja; si te centras completamente en dar, dejas de sentir. Al menos esa parte es igual sin importar si eres un débil humano o un poderoso nosferatu, y la lengua del vampiro en mi sexo era ciertamente una increíble distracción, por momentos no podía evitar detenerme ante la deliciosa sensación, me obligaba a cerrar los ojos con fuerza mientras me estremecía por el placer y me temblaban las piernas.

Yo no podía quedarme atrás. Tomé su miembro cuan largo era en mi boca para luego comenzar a moverme en torno a él, succionándolo a la vez, sintiéndome poderosa al poder brindarle placer, y especialmente al escuchar la evidencia de ello en forma de gemidos. Fue un turno de gemir cuando sentí sus dedos introducirse en mi interior, Tiamat conocía dónde y cómo tocarme para hacerme perder la cordura, y no me estaba haciendo fácil llevar ambas tareas. Quería moverme contra su rostro, en un intento por incrementar el placer, pero me detuvo a tiempo inmovilizando mis caderas. Mi siguiente gemido fue de frustración.

– Ohh… – Sollocé sin remedio al sentir la presión en mi otra entrada. Estaba demasiado cerca, ambos lo estábamos, y tenerlo en mi interior por ambas vías no ayudó en absoluto. Tuve que hacer un gran esfuerzo para poner la mitad de mi atención en atenderlo como lo hacía él conmigo. Dejé de lado su miembro por un rato, encargándome de él con mi mano, mientras bajaba a morder la cara interna de su muslo, antes de empezar lamiendo sus testículos. Entre el placer que daba y el que recibía, estaba ya tan cerca del éxtasis que, cuando se detuvo, lloriqueé. – ¡No! No te detengas. – Fue en vano, él simplemente me mordió y se incorporó antes de apartarme. – Estaba tan cerca. – Me quejé de nuevo, consiguiendo que me atrajera para besarme, lo que aproveché para morder su labio inferior, sacando de este algunas gotas de su sangre.

– Te necesito. – Gemí, aferrándome a su cabello, cuando su boca se encargaba de mi pezón. – No tienes idea de lo mucho que extrañaré las maravillas que hace tu lengua en mi cuerpo. – Hablé de más, pero confiaba que, en el calor del momento, él lo dejaría pasar. – Te quiero a ti, y te quiero ahora. – Volví a empujarlo de espaldas contra el camastro, sentándome ésta vez sobre sus caderas y guiándolo a mi interior en el proceso. – Te sientes demasiado bien. – Comenté antes de comenzar a montarlo. Lento al principio, recuperando ambos el punto de excitación en el que nos encontrábamos antes de que se detuviera tan abruptamente; una vez logrado, llevé sus manos a mis pechos antes de moverme más rápido. Arriba y abajo, adelante y atrás, dibujando círculos en torno a él, cualquier cosa que nos catapultase a ambos a un delicioso orgasmo.

Cerca, tan cerca. Él al parecer ésta vez compartió mi urgencia por acabar, pues plantó ambos pies sobre el camastro, empujándome a apoyar ambas manos sobre su pecho, y comenzó a embestir con fuerza. – Un poco más. – Gemí, saboreando por fin la llegada. Terminé desplomándome sobre él cuando las intensas oleadas de placer comenzaron a recorrerme, sintiendo los espasmos vaginales apretarse a su alrededor. Allí me quedé, en silencio y recuperando el aliento, hasta que todos los músculos se relajaron y me encontré finalmente satisfecha, e incluso entonces, me quedé un poco más.

– Es la última vez. – Me recordé, pues ahora es cuando yo debía sacar mis garras y colmillos. – Dime Tiamat… ¿Éstas partes de nuestros encuentros también son parte de tu reporte? ¿O lo dejas de lado convenientemente? – Fui consciente del momento exacto en que el cuerpo masculino se tensó bajo el mío. Fue descubierto, se daba cuenta. – Apuesto mi vida a que él no lo sabe. Te mataría con sus propias garras si se entera. – Claro que eso el vampiro ya lo sabía. Y no porque Yazid fuese a matar a cualquier hombre o mujer que tuviera sexo conmigo, es porque era un “empleado”, con una encomienda, y se sobrepasó al tomar lo que considera suyo. Me senté entonces, viendo que su expresión se encontraba endurecida, como si no quisiera demostrar el miedo que lo corroía en ese instante. – Seguro pensaste que no me enteraría, y que podrías jugar conmigo. Por un tiempo te resultó bien, pero ¿Ahora qué vas a hacer? – Mi voz estaba totalmente calma, le hablaba como si fuera un niño que hizo una travesura e intentara explicarle que se había equivocado, mientras le acariciaba el rostro suavemente, hasta llegar a su cuello, donde encajé mis garras sin compasión.

– No sabes en dónde te metiste. – Fue entonces cuando también mi tono y expresión se endurecieron. – No sé qué clase de deuda tienes con él, pero ahora también estás en deuda conmigo. – Apreté un poco más, advirtiéndole que si se movía, su cabeza ya no estaría conectada al resto de su cuerpo. – Verás. Si lo desobedeces a él, tendrás a un Nosferatus tras tu cabeza. No tienes buenas posibilidades, pero te doy el beneficio de la duda. Si me desobedeces a mí, seremos dos, pues Yazid sabrá de tus constantes paseos por mi cama. – Me puse de pie, sin importarme la desnudes de mi cuerpo y, desde mi altura, lo miré desafiante. – Si haces lo que yo te ordene, él no tendrá que enterarse de nada, y tú, querido, podrás conservar tu existencia. Supongo que es una decisión difícil. –




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Mensaje por Tiamat Sinn Lun Jun 27, 2022 12:36 pm

Me encantaban esos momentos que disfrutaba con Hyacinth en la cama, desde luego que todos los milenios que llevaba a sus espaldas la habían dotado de las habilidades perfectas para saber hacer que un hombre cayera rendido a sus pies sin apenas demasiado esfuerzo... todo lo que hacía era una maldita obra que podía catapultarte a la cima sin siquiera poder oponer resistencia. Y no es que alguien se quisiera oponer sino que, simplemente, era capaz de hacer que te corrieras sin siquiera hundirte en su interior. Su pericia era algo que disfrutaba pero más que eso era el que no tuviera reparos en algunas ocasiones o que no le importara innovar, hacer todo tipo de posturas o de perversiones que quizás no todos pensaran podrían hacer con ella. Verla desnuda era un placer que no todos tenían la oportunidad de disfrutar por lo que me tenía por un maldito afortunado, aunque sabía bien el peligro que corría de aquella intimidad... aunque en esos momentos no me importaba en absoluto. Disfrutaba de darle placer tanto como disfrutaba dejarla hacer mientras su boca tomaba mi miembro así como mis testículos llevándome hasta ese punto de no retorno, y aunque me encantaba que me tuviera literalmente comiendo de su mano... disfrutaba mucho más cuando era su interior y sus paredes las que apretaban mi miembro cuando alcanzábamos el orgasmo. Quería mucho más de ella y seguir así solo provocaría sucumbir antes al orgasmo lo que pese a que era una opción válida, todo cuanto deseaba era hundirme en su interior hasta sentir cómo sus paredes palpitaban por el orgasmo. Sonreí ladino consciente de que la había dejado en el límite de alcanzar la cima aunque eso sería pronto, se quejó por ello aunque no dejé que siguiera con dichas quejas cuando mi boca apresó uno de sus pechos torturando su pezón en el proceso, con mi mano en su sexo acariciándola notando los fluidos que delataban su excitación. Nuestros labios se encontraron en un nuevo beso igual de pasional hasta que sus colmillos rasgaron una pequeña herida, que no tardó en lamer en cuanto las primeras gotas manaron de esta. Sus dedos se aferraron en mi pelo mientras me hacía saber cuánto me necesitaba y lo que ella no sabía –o quizás sí- es que me encontraba en el mismo punto que ella. Sus palabras me confundieron en un principio aunque lo achaqué al hecho de que estando Yazid en la ciudad encuentros como aquel eran peligroso, muy peligrosos, y no serían frecuentes. Seguí en mi labor hasta que me empujó por el pecho para subirse ofreciéndome unas más que maravillosas vistas, en lo que guiaba mi miembro a su entrada. Jadeé cerrando los ojos y echando hacia atrás la cabeza al sentir sus paredes envolverme, llevando mis manos a sus caderas dejándola hacer en todo momento pues ella era una experta y no precisaba de indicaciones ya que conocía bien lo que me gustaba, aunque no le hacía falta alguna. Observé su cuerpo en movimiento mientras me montaba y mis manos tomaban sus pechos tras observar cómo botaban cada vez que ella subía y bajaba. Pronto hizo que tomáramos ese punto en el que nos encontrábamos minutos atrás notando que el orgasmo se acercaba, para ese momento sin pensar en nada más que en alcanzar el orgasmo planté ambos pies sobre la cama a la par que rodeaba su cintura con uno de mis brazos y, mi otra mano, se enredaba en su pelo acercándola a mí. De esa manera podía ser yo quien imprimiera un ritmo más rápido y profundo embistiéndola con fuerza hasta que sentí que me corría en su interior gimiendo con fuerza, notando cómo sus paredes me aprisionaban palpitando denotando que ella también alcanzó su ansiada liberación. Su cuerpo se desplomó sobre el mío mientras ambos disfrutábamos de esas sensaciones recuperando un poco el aliento, en mitad de eso me encontraba cuando aquella pregunta hizo que todo mi cuerpo se tensara en respuesta. No contenta con esa siguió haciéndome ver que sabía aquello que precisamente no me favorecía en lo que mostraba un rostro inexpresivo, para no delatar nada. Podría mentirle pero sabía que era algo inútil pues que por alguna extraña razón que desconocía... sabía la verdad.


—¿Crees que tengo opción de hacer algo?
—No dejé que se notara nada en mi voz como así tampoco en mi rostro, sintiendo ya su mano apresar mi cuello en más que una silenciosa advertencia. Sus garras se clavaban en mi carne haciéndome saber que de hacer o decir algo que no le gustara podría arrancármela si así lo deseaba, no sería la primera vez que veía al Nosferatu hacerlo en otras ocasiones. Supe que el momento que tanto había temido llegó de manera en que no supe preverlo, y las palabras que hacía unos minutos escuché de sus labios cobraron todo el sentido. No podía culparla por engañarme de esa manera cuando yo llevaba haciéndolo tiempo, no porque quisiera, desde un principio me centré en la idea de hacer lo que el Nosferatu me pedía sin inmiscuirme con ella... pero el tiempo a su lado fue lo que marcó la diferencia, lo que hizo que todo se derivara en una situación más que peligrosa para mí donde sabía que no tenía opción alguna de ganar o de vencer. Tenía un secreto que guardar de ellos y haría todo lo que estuviera en mi mano para que eso siguiera así, para que no cambiara, sin importar lo que me ocurriera. Ella puso sus condiciones donde no me quedaba mucho más remedio que aceptarlas ya que ¿qué otra opción tenía? Si desafiar a un Nosferatu ya quera peligroso... desafiar a dos ya era una muerte más que asegurada... y sabía que a ella no le temblaría el pulso llegado el momento. Aquel encuentro entre ambos sería como una despedida, y es que aunque siempre tuve en mente no inmiscuirme con ella, al final me resultó imposible. Yo mismo me culpaba y me odiaba por ello pero... no podía cambiarlo. La observé ponerse en pie mostrando sus exuberantes curvas y ese cuerpo hecho del mismísimo pecado, acomodándome en la cama hasta quedar sentado con la espalda contra el cabezal. Aún era como si sintiera sus garras rodeándome el cuello— ¿ni siquiera vas a dejar que me explique, Hyacinth? —Pregunté aunque sabía bien que no tenía excusa alguna o que ni siquiera era merecedor de ello, pero si quería que jugara a ese juego doble de espía lo mínimo es que supiera por qué lo hice— puede que estés pensando miles de cosas pero nunca quise nada de esto, nada de lo que hice contigo fue fingido por mi parte —porque al menos quería que lo tuviera claro, que supiera que no me metía en su cama porque Yazid me lo ordenara o para tenerla más cerca. Fue por ella, por la relación que teníamos y cómo se fue estrechando sin que pudiéramos hacer nada por evitarlo. Siempre tuve presente lo que había entre ambos como también sabía que lo nuestro nunca pasaría de esos momentos placenteros, de encuentros de cama, porque en el fondo se amaban tanto que ni ellos lo veían— en realidad sí, lo es —aunque no por los motivos que ella creía sino por otros diferentes. Una de las últimas cosas que quería era que Yazid se enterara de que llevaba siglos acostándome con ella, aun cuando no era el único que lo hacía así como el Nosferatu no se quedaba corto tampoco... pero dudaba que le “gustara” la idea de que yo, precisamente yo, tuviera sexo con ella— ¿qué es lo que quieres de mí exactamente, Hyacinth? Supongo que querrás enterarte de los movimientos de Yazid así como que te avise de aquello que pueda interesarte —crucé mis dedos sobre mi estómago así como crucé un tobillo sobre el otro, no es que pudiera hacer mucho más. Ella podría pensar que no me dolía o no me importaba aquella situación o lo ocurrido, pero estaba equivocada porque no era así. Me importaba ella, me importaba haber perdido una persona que sí consideraba una "amiga" lejos de lo que ocurriera o no... aunque intentaba que no se notara— bien, soy todo oídos.


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Mensaje por Hyacinth Vie Ago 05, 2022 10:16 pm

Su rostro podía no expresar ni la más pequeña de las emociones, pero podía sentir en él el hedor a miedo. No existía nada más delicioso en el mundo que tener en tus manos la existencia de otro ser, y esa fue exactamente la oportunidad que me regaló con su pobre toma de decisiones. No me gustaba saber que fui usada, pero en parte tenía que agradecerle pues, al final, él terminó siendo mío de formas en las que antes ni siquiera consideré. – No, supongo que no. – Sonreí burlona. Pues no, la verdad era que Tiamat no tenía ninguna otra opción en este asunto más que hacer lo que yo ordenase. De ahora en más yo sería su ama y señora, y más le valía besar mis pies si eso pedía, de lo contrario… Bueno, ya ambos sabíamos lo que sucedería.

– ¿Explicarme qué? – Lo reté, pues ambos sabíamos que en aquel asunto, no había ni una respuesta válida. – ¿Vas a explicarme cómo, después de convertirte en su espía terminaste sintiéndote atraído por mí? – Esa parte era más que obvia. – Soy una nosferatu, Tiamat. Cada poro de mi cuerpo exuda feromonas. Eso no tengo que explicártelo, ¿Verdad? Eres un vampiro, y no fuiste convertido hace tres noches. – Si los vampiros resultaban atractivos a la vista de los humanos, la capacidad de nosotros de atraer a otros era por mucho superior. Incluso sin esforzarnos podríamos tener a quien quisiéramos a nuestros pies, el que no fuese humano no lo libraba por completo de este efecto. No había nada que él pudiese decir para que lo perdonase. La amistad entre los dos se vio ensuciada por su traición, y no era de mi gusto mantener traidores a mi lado.

La contradicción en sus palabras me dejó perpleja. Si él no lo hubiese querido, se habría esforzado más por evitarlo, pero la verdad es que cuando quise seducirlo no puso la menor resistencia. En cuanto a lo otro… ¿Cómo podía decir que nada fue fingido? Si empezó como una mentira, nada de lo que vino luego pudo ser verdadero. – Decídete. ¿No lo quisiste? O, ¿Lo quisiste pero nada fue fingido? Ambas afirmaciones no pueden ser ciertas, querido. – A decir verdad, dudaba que alguna de sus palabras fuese cierta. Él sí que lo quiso, y sí que fingió. Fingió todo menos los orgasmos, por supuesto. Al menos de eso podía estar segura.

Verlo tan resignado me hizo sonreír. Al menos era inteligente, eso no podía quitárselo. Aunque no me sorprendía, nadie más que él había sido capaz de engañarme, y lo peor de todo era por cuánto tiempo. – Supones mal. – Negué, porque no era de mi interés enterarme de lo que hacía Yazid, a menos que me afectase directamente. – Sólo quiero saber de sus movimientos en el caso de que me involucren de alguna manera. Lo que realmente deseo es controlar lo que le dices a él de mí. – Y, ahora que lo pensaba mejor, ¿Por qué renunciar al cuerpo de Tiamat y el delicioso sexo que teníamos juntos cuando podía tener incluso más? Si mi querido esposo lo usó para controlarme, yo podría usarlo como venganza. Siempre que estuviese satisfecha, podría resistirme a los encantos de Yazid, y en cambio podría dejarlo deseándome con cada nuevo encuentro. Ahora que ambos estábamos en la misma ciudad, y éramos conscientes de ello, encontrarnos sería inevitable. Lo que podía yo evitar era terminar enredada en sus sábanas y dejarlo a él con las ganas. Sería poético tener a Yazid rogando para que le permitiese tocarme.

Volviendo a una expresión más suave y seductora, me senté de nuevo en el camastro que usaba de cama, a su lado al nivel de sus muslos. Sin apartar la mirada de sus ojos, recorrí la cara interna de su muslo con una de mis uñas, subiendo desde la rodilla hasta tomar su miembro en mi mano. Para entonces ya estaba flácido, pero no sería nada complicado hacerlo volver a su mayor potencial. – Te quiero a ti, en mi cama, cada vez que así lo desee. Y bien dispuesto a satisfacerme, ¿Me entiendes? – No quería que fuese simplemente un maniquí con el que me satisfacía a mí misma, quería que siguiera siendo mi compañero predilecto de acostones. Pero no sería tan simple como eso. Estaba cansada de vivir como una pobre Gitana, y dando que hacía siglos que abandoné todas mis pertenencias, Tiamat tendría que pagar por todo aquello que yo deseara. Ya era hora de que el mundo volviera a reconocerme como su Reina y se doblegara ante mí. – Necesito una mansión, y mucho, muchísimo dinero. Podría conseguirlo por cuenta propia, pero ahora para eso te tengo a ti. –




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Mensaje por Tiamat Sinn Dom Sep 18, 2022 11:49 am

Si jugar con un Nosferatu era peligroso hacerlo con dos suponía una más que muerte asegurada, una de la que sería imposible escapar por mucho que se quisiera. Con Yazid temía por diferentes motivos que eran justo los que me obligaban a obedecerlo para espiar a Hyacinth y así contarle qué era lo que hacía, cuáles eran sus planes… aunque por motivos más que obvios y razonables -no era tan estúpido para lanzarme al vacío- nunca le conté de los encuentros sexuales que mantenía desde hacía tiempo con la que, sin lugar a dudas, consideraba como “suya”. Y no en un término obsesivo como muchos podrían pensar sino más bien en uno sentimental, aunque el Nosferatu no quisiera reconocerlo desde fuera las cosas se veían mucho mejor y podía notar ese sentimiento que tenía por ella, que nunca dejó de tener. Yazid era un ser egoísta y narcisista en muchos sentidos pero todo cuanto se refería a Hyacinth… las cosas cambiaban. La quería y por ese mismo motivo me envió no solo a espiarla sino también a protegerla, aun cuando ella era un ser más poderoso y peligroso que yo. Yazid hablaba más con acciones que con sus propias palabras por lo que entendía -en cierto sentido- que quisiera tenerla protegida con todo lo que se estaba gestando, apenas todo comenzaba y si algo caracterizaba a Yazid es que era un ser que quería tenerlo todo bajo control. Absolutamente todo. Pero una cosa era estar bajo el mandato de un Nosferatu y otra muy diferente era hacerlo bajo el mandato de dos de ellos quienes en apenas un parpadeo, un suspiro, un chasquido de dedos, les bastaba para acabar con mi existencia. No negaría que me dolió el que Hyacinth se enterase que la estaba espiando porque lejos de todas las órdenes de Yazid sí consideraba a ésta como una amiga, como alguien que se convirtió recurrente en mi vida y con la que había compartido experiencias a lo largo de los siglos. Siempre odié jugar a dos bandas en especial cuando empezamos a mantener relaciones sexuales con bastante frecuencia, ya que supe que todo se complicaría llegado a cierto punto, pero nada de lo que hice o dije con ella fue con intención de engañarla… nunca fingí lo que ella me provocaba con sus manos, con sus labios o con el cuerpo de diosa que podía hacer que cualquier hombre sucumbiera a sus pies como el más fiel de los devotos. Me dolía ver en sus ojos una acusación que me merecía por estar a dos aguas con ellos así como también me dolía ver la decepción en sus ojos, el perder ese estatus de amistad que fraguamos con el paso del tiempo. Hyacinth se convirtió en una persona importante para mi existencia -aunque siempre intenté mantener distancias- y ahora perderla me dolía, pero la conocía lo suficiente como para saber que sacaría algo de provecho tras haberse enterado de mi secreto. No el único pero sí el que más peligro representaba para mí, por lo que tendría que asumir las consecuencias. Y a pesar de que me merecía la mirada que tenía puesta sobre mí, el dolor, la rabia y la traición que sentía de su parte… quizás también merecía explicarme y hacerle entender que no todo fue por una orden de Yazid, que hubo cosas que sucedieron de manera inexplicable, sin pensarlas o concebirlas… solamente surgieron. Aguanté sus palabras mostrándome todo lo estoico con esa cara de póquer que tan bien se me daba, para que en el fondo no notara que sus palabras me dolían, que su mirada que calcinaba de maneras que no debían siquiera de existir entre ambos; pero que así eran. Ninguna de las cosas sucedieron como ella podría estar imaginándose y no cabía duda que podía pensar lo peor de mí, que era un rastrero por utilizarla, pero yo nunca quise hacerle daño. Irónico cuando por ocultarle que trabajaba para Yazid ya lo estaba haciendo, y siempre fui consciente de ese hecho, como también era consciente que en algún punto todo se descubriría… y ella había jugado bien sus cartas. Me había llevado al cielo para después hacerme descender a las profundidades del infierno en apenas cuestión de segundos, casi que debía dar gracias porque no hubiera encontrado otras maneras de hacerlo o hubiera intentado algo más contra mi persona. ¿Me lo hubiera merecido? Probablemente sí, sin dudarlo. Sin apartar mi mirada de ella durante unos segundos pensé en cómo decirle, cómo hacerle ver, que jamás quise llegar tan lejos con ella y que ninguno de los magníficos encuentros sexuales que habíamos tenido fue fingido por mi parte. La deseaba no quizás porque era una Nosferatu y ejercía ese “poder” sobre todos los mortales y sobrenaturales; sino por ella en sí. Al conocerla fue cuando me fijé más allá de su atractivo aunque siempre quise ir con pies de plomo, porque de permitirme algo más que deleitarme con el placer de su cuerpo… era mi sentencia de muerte.


―Jamás quise jugar contigo Hyacinth, por mucho que mis acciones o que esta verdad lo haya dejado al descubierto ―y eso no era mentira, no era capaz de mentirle en algo así mirándola fijamente a los ojos― al principio solo me ceñí en lo que me habían ordenado; saber de ti, de tus movimientos o hacia dónde te dirigías ―eso era todo cuanto Yazid quería saber, aunque francamente era todo de ella― no me permití más que eso pero con el paso del tiempo fuimos forjando una amistad, una que no fingí en ningún momento. Nacida de una mentira, cierto, pero me fui abriendo a ti así como tú lo hacías conmigo ―le había contado cosas que nadie más sabía, ni siquiera Yazid― me prohibí sentir algo por ti y no por las feromonas que desprendes, que pondrían de rodillas a cualquier mortal o sobrenatural. Posees el cuerpo de una diosa capaz de doblegar al más célibe de los hombres, la atracción nació a raíz de conocerte más. Puedes utilizar tus poderes para saber que no miento, a estas alturas no tiene ningún sentido ―después de conocer la verdad mentirle no tenía sentido― nada de lo que pasó entre nosotros fue fingido por mi parte, ni la pasión, ni el deseo, ni las ganas ―aunque entendía por completo que no me creyera, no después de lo acontecido. Enarqué una ceja cuando aseguró que suponía mal en lo que el silencio reinó entre ambos durante unos minutos que, por primera vez, se me hicieron eternos. Al parecer quería lo mismo que el Nosferatu pidió que hiciera con ella, así como controlar lo que le decía de ella… lo cual podría ser peligroso para mí si Yazid comenzaba a sospechar― es decir, quieres que haga lo mismo que él me ha pedido que haga contigo pero además que tú seas quien decida qué le cuento a Yazid o no ―ese era todo el resumen en lo que esperaba que dijera qué más quería de mí, porque dudaba que eso fuera todo. Tras un momento de silencio su rostro cambió siendo algo más suave -lo cual me sorprendió- pero teniendo esa mirada felina que tan bien conocía, la que lograba encenderme con facilidad pasmosa. Restó la distancia sentándose de nuevo en la cama justo a la altura de mi muslo y sin apartar su mirada de la mía, su mano ascendió por un camino peligroso por la cara interna de mi muslo hasta tomarr mi miembro que, ya flácido tras el sexo, respondió a su contacto en lo que cerré los ojos. No sabía qué pretendía con aquel gesto que hizo que mi cuerpo se tensara por unos segundos, a la espera, aunque no hizo nada y sus palabras despejaron toda duda; me quería en su cama para seguir con aquellos encuentros sexuales o en otras palabras; su amante. ¿Dispuesto a satisfacerla? Como si el no hacerlo fuera algo posible― creo que no lo entiendes Hyacinth, para mí nunca fue un esfuerzo llevarte al orgasmo una, dos o las veces que hicieran falta. Un toque tuyo y tienes mi cuerpo a tu merced, solo te basta sentirlo en tu mano para comprobarlo ―y aunque no estuviera haciendo nada, aunque sus dedos solo estuvieran alrededor de mi miembro, era más que suficiente para que reaccionara a su toque, un movimiento de mi cadera bastó para darle crédito a mis palabras. Aunque no era lo único que quería de mí sino que me pedía una mansión y muchísimo dinero, cuánto lo desconocía, pero una cantidad lo suficientemente alta. No es que fuera complicado obtener tales cosas con la influencia que tenía y los contactos que había fraguado con el paso del tiempo, no iba a ser nada complicado― si eso es lo que quieres, eso es lo que tendrás ―no es como si tuviera opción a decidir si aceptaba o no, no era algo que me estuviera preguntando sino ordenando tan sólo dame un par de días para tenerlo todo preparado. Tendré tu mansión y el dinero que pidas ―no es como si fuera complicado encontrar o darle una mansión, incluso si ya estaba ocupada. Con mis habilidades sería fácil que los actuales dueños -en caso de que los hubiera- y ponerla a ella como la legítima dueña de la mansión― dime, ama ¿cómo quieres sellar este nuevo pacto entre ambos? ―Ya me tenía justo donde me quería pero imaginaba que, para terminar de sellar las nuevas condiciones, sería necesario algo más que simples palabras― pídeme lo que quieras.


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Mensaje por Hyacinth Sáb Nov 12, 2022 1:46 am

Que la intención de Tiamat fuese jugar conmigo o no, no tenía relevancia, pues al final fue lo que terminó haciendo. El vampiro podría decir lo que quisiera en ese ámbito, nada iba a hacerme cambiar de parecer. No podía decir que no lo entendiera, Yazid no es alguien a quien nadie quiera ganarse de enemigo, en especial si sabe algo sobre ti que no quieres que se descubra… O peor aún, si tienes a alguien a quien deseas proteger. El problema es que la afectada en este punto fui yo, y no soy mucho mejor que mi querido esposo en ese sentido. El pobre vampiro quedó atrapado en fuego cruzado y ahora su existencia pendía del delgado hilo de la benevolencia que dos nosferatus pudieran mostrar hacia él. Un lugar que ciertamente nadie le envidiaría.

Lo dejé hablar porque no había nada más divertido que escuchar las excusas de alguien que sabe que hizo mal y su error le puede salir demasiado caro, pero desea salvar su pellejo. Lo más gracioso en este caso es que él de verdad creyera que la visión rubia y atractiva era realmente mi apariencia. Lo fue, alguna vez, hacía demasiadas lunas como para recordar si la ilusión hacía justicia a mi físico de antaño. O incluso lo contrario, si alguna vez fui tan hermosa como ahora aparentaba ser con la ilusión. Aunque eso daba igual, podría mostrar el físico que quisiera, podría incluso hacer creer al mundo que era un hombre.

– ¿Pensarías lo mismo si me vieras con mi apariencia real? – Pregunté, en respuesta a lo que dijo de no haber fingido nada, sin saber si él conocía la verdad sobre cómo nos veíamos los nosferatus o simplemente se lo creía por voluntad, sin querer imaginar cómo me veía realmente. De cualquier forma, le creía. Le creía al menos que no hubiera sido fingido el deseo, pues él no tenía otra alternativa que desearme. Entre mi poder de atracción y mis habilidades natas para seducir, no pudo haberse resistido, aunque lo quisiera.

Viendo que Tiamat seguía confundido respecto a lo que esperaba de él, decidió aclarar. – No. No me interesa saber de todo lo que hace. Si tiene otras mujeres, si va o viene, de hecho… Por favor, no me cuentes de sus otras mujeres. – Porque sí, doy por hecho que las tiene. – Lo único que quiero que me cuentes de él es todo aquello que me afecte: si planea venir a verme, si usa a otros para vigilarme, si pretende lastimar a alguien del asentamiento gitano… Ese tipo de cosas. – Explicó con más detalle. – En cuanto a lo que le dices de mí, obviamente no le dirás de lo nuestro, pero… Antes de decirle cualquier otra cosa, deberás consultarlo conmigo. Si quiero hacer algo y no quiero que se entere, no debes contárselo, ¿entiendes? –

Continuando con mi petición de tenerlo en mi cama y siempre bien dispuesto… Suspiré, pues él ciertamente parecía no entender a lo que me refería. En un parpadeo, hice desaparecer la ilusión, mostrándome tal cual soy. La piel cenicienta y tan reseca que mi rostro estaba repleto de grietas. El cabello negro y sin vida. Los ojos con irises carmesí y esclerótica totalmente negra. No era ni remotamente tan agradable a la vista como la ilusión de mi antiguo ser. – ¿Qué piensas ahora? ¿Puedes mostrar la misma pasión si me veo de esta manera? – Lo dudaba, aun así, esperé a obtener su respuesta.

Pensé muy bien en la pregunta que me hizo. No podría pedirle que bebiera de mi sangre para atarlo a mí, pues esta lo único que lograría sería deformarlo, de la misma forma que me convirtió en la cosa horrorosa que ahora le mostraba. Pero, eso no quería decir que yo no pudiera beber de él. – De ahora en adelante tendrás que alimentarte muy bien, pues te convertirás en mi fuente única y exclusiva de alimento. – En el milenio que pasé lejos de Yazid y apartándome del camino de oscuridad, me mantuve bebiendo lo mínimo necesario, pero ahora que se avecinaba la guerra, debía alimentarme bien para recuperar toda mi fuerza. Pero, eso iría contra mi principio respecto a herir humanos. No tendría ningún remordimiento si no me enteraba de lo que Tiamat hacía para alimentarme a mí.

– No es un sello como tal, pero te obligará a visitarme al menos interdiario. – De cualquier forma, sello o no, Tiamat no tenía escapatoria. Sé que es lo suficientemente inteligente como para saber que no se puede huir de un nosferatus. En especial porque mientras él solo puede salir al exterior por las noches, los que son como yo tenemos la ventaja de poder caminar bajo el sol. No importa qué tan bien pueda esconderse, tengo más tiempo en el día para buscarlo que él para ocultarse y alimentarse. – ¿Estás de acuerdo con los términos? – Sí, cruel de mi parte preguntar cuando solo tenía una respuesta posible. Supongo que la oscuridad en mí no necesita de mucho para manifestarse incluso de las formas más inocentes.




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Mensaje por Tiamat Sinn Vie Nov 18, 2022 11:07 am

Estaba atrapado entre dos Nosferatus y lo sabía bien porque de un principio supuse e imaginé que la situación fuera en mi contra como ocurría en esos momentos, y si ya era peligroso jugar con uno hacerlo con dos era directamente una muerte asegurada. Sin embargo no es como si hubiera podido evitar las órdenes de Yazid para no vigilar a Hya en el tiempo que lo llevaba haciendo, ¿cómo contradecir a un Nosferatu y salir vivo en el intento? Si alguien sabía cómo hacerlo me encantaría que me dijera la manera pero llevaba demasiado tiempo junto a Yazid como para saber que, todos aquellos que lo desobedecían, terminaban muertos bajo su mano. No es que fuera un ser piadoso cuando se trataba de quienes le traicionaban, y yo lo sabía muy bien pues fui testigo de varios castigos impartidos a quienes alguna vez llegaron a traicionarlo, o siquiera tuvieron el pensamiento de hacerlo. Ahora con Hyacinth quien también parecía tomar control de mí estaba en medio de dos poderosos seres tan antiguos como el mismo tiempo, y cada uno de ellos podía destrozarme en apenas un parpadeo. Era muy consciente que no podía hacer mucho, no contra dos Nosferatus, por lo que solo me quedaba seguir las órdenes, peticiones y condiciones de cada uno tanto como me fuera posible… era un juego demasiado peligroso pero prefería eso mil veces antes de que alguno tomara la decisión de matarme. Sabía que para Yazid era un activo valioso pues no por nada era su mano derecha, para Hyacinth antes solo era un apoyo con el cual contar en los peores momentos, pero ahora también pasaba a ser un activo valioso. Ni siquiera ese pensamiento me dejaba tranquilo pues su naturaleza era cambiante y de formas diversas, no había forma de predecir sus pasos así que tendría que llevar mucho cuidado con ese doble juego que ahora tenía entre manos. Aunque me daba la sensación que obedecer lo que Hyacinth me pidiera iba a ser más fácil que lo pedido u ordenado por Yazid, ya que este me pedía más cosas que nada tenían que ver con la mujer frente a mí. Y más me valía que nunca se enterara de que ahora ella tenía parte de control o poder, mucho menos el que se enterara de que nos habíamos acostado en todo el tiempo que llevaba vigilándola. Otra cosa no, pero Yazid era un hombre celoso y posesivo, conmigo no iba a tener ningún atisbo de piedad si se enteraba de la verdad. Contemplé en silencio a la bella mujer que tenía frente a mí completamente desnuda, su pregunta acerca de si pensaría lo mismo en su verdadera apariencia me sorprendió pues quizás no entendió a lo que me referí cuando dije que no fingí nada. Ya había visto en muchas ocasiones el verdadero rostro de Yazid, solo para aquellos que lo llegaban a cabrear mucho o para los traidores, sus enemigos… y siempre me pregunté cómo se vería Hya en su verdadera forma. Nunca me importó o molestó porque después de todo aquel tiempo le tenía aprecio y cariño, ya no importaba tanto el aspecto en sí. No respondí sino que dejé que expusiera las condiciones o lo que quería que hiciera para ella además de la mansión y el dinero, algo que en unos días tendría listo. Enarqué una ceja cuando dijo que no quería saber si tenía otras mujeres porque, como ella, ninguno perdió el tiempo en ese sentido. Ninguno podía culpar al otro de algo así porque ambos lo hicieron, aunque de seguro que no sentían nada por dichas personas a diferencia de lo que ellos sí sentían el uno por el otro. En ella era mucho más evidente pero ciertos gestos o acciones de Yazid lo dejaban expuesto, aunque él nunca lo fuera a reconocer. Suspiré porque lo que me pedía al menos por el momento no era nada demasiado exigente, algo que podía cumplir sin complicaciones sobre todo ahora que Yazid estaba más centrado en el enemigo, en todo lo que tenía por delante.


一No dudes que ahora con todos estos movimientos tendrá más hombres para vigilarte, siempre he sido yo pero ahora me va a tener centrado en otros… asuntos 一no hacía falta comentar qué tipo de asuntos podrían ser ya que, de seguro, ella se hacía a la idea一 Yazid puede ser muchas cosas, sabe desde hace tiempo que te escondes con los gitanos y jamás les ha hecho nada 一quizás no debí decir nada pero me sorprendía, algunas veces, del concepto que tenían el uno del otro一 ni siquiera sabe que ahora te haces llamar Hyacinth, para él sigues siendo Velle. Ni eso le he dicho 一comenté para que supiera que pude estar vigilándola por sus órdenes pero, lejos de lo que ella pensaba o creía, algunas cosas no las había contado porque quedaban entre ella y yo. No solo el hecho de acostarnos sino también su nuevo nombre, el cual Yazid desconocía por completo一 lo comprendo. Todo aquello que no quieras que él sepa no lo sabrá, pero déjame decirte que quizás no ahora pero es muy posible que dentro de poco mande a hombres que te vigilen, en la distancia y sin acercarse. Es muy precavido con todos los pasos que da. De todas maneras, te avisaré cuando de la orden 一aunque no tardaría mucho en mandar más hombres a vigilar ahora que la amenaza del enemigo era muy real, estaba demasiado próxima. Más de lo que a él le gustaría admitir. Sin siquiera esperarlo su apariencia física cambió por primera vez desde que la conocía mostrando su verdadero rostro, la verdadera esencia como Nosferatu. Me sorprendió pues fue algo inesperado aunque no me moví del sitio sino que me mantuve firme pues ya estaba acostumbrado con Yazid.

Presté debida atención a las nuevas formas de Hyacinth con esa piel cuarteada y cenicienta, su pelo que antes era dorado cual rayo de sol ahora era negro y denso como la misma noche. Sus irises de un color carmesí y de esclerótica negra más parecida a la de un demonio que un humano. Sus labios negros como el carbón y unos dientes afilados más allá de los propios colmillos. Sí, sin duda el verdadero rostro de Hyacinth en nada tenía que ver con la imagen bella y hermosa a la que tanto estaba acostumbrado, verla así era la prueba fehaciente de que los demonios existían pues su aura destilaba poder y fuerza, pero también cierto aire terrorífico. La peor de todas las pesadillas encarnadas en un cuerpo que podía destrozarte en apenas unos segundos, y sin embargo no me moví ni tampoco la aparté. Y sin embargo frente al “horror” que para muchos podría resultar, para mí no lo era tanto. Quizás porque conocía demasiado bien al ser que la portaba así como el cariño que le tenía, el aprecio… saber que de hacerme daño le costaría, que no sería tan despiadada como Yazid. Una de mis manos recorrió su cintura ascendiendo por su espalda, el tacto era muy diferente pues su piel cuarteada dejaba surcos por todo su cuerpo, aunque no aparté mi mano sino que la mantuve con cierta curiosidad. Cuando dijo cuáles eran sus condiciones mordí mi labio porque no me lo esperé, ser mordido era algo que no me terminaba de gustar pero… si era eso o mi muerte, no había mucho donde elegir. De normalidad era yo quien mordía y me alimentaba del resto pero nunca había sido yo al que mordieran, con ella no había mucho margen ya que de beber de su sangre podría acabar convirtiéndome en lo mismo que ellos… y no era una opción a contemplar. Por lo que Yazid me había contado no muchos lograban superar el proceso ya que era mil veces peor que el paso a ser vampiro, incluso con todo el poder que eso conllevaba no estaba dispuesto a pagar el precio. ¿Sería lo mismo el mordisco de un vampiro que el de un Nosferatu? Lo comprobaría muy pronto, más de lo que nunca llegué a imaginar. Sin responder todavía si estaba de acuerdo con los términos o no, cuando ella sabía cuál era la respuesta, de un movimiento rápido rodeé su cintura y la giré en la cama dejándola bajo mi cuerpo, sin apartar mi mirada de ella.



一Entonces hazlo, vamos. Bebe de mí y sella este pacto entre ambos 一podía sonar como un reto pero no lo era en absoluto, solo la aceptación de ese nuevo pacto entre ambos del que no podía dar marcha atrás ni tampoco librarme. Mi sangre sellaría el pacto que iba a marcarnos a ambos, solo quedaba esperar el mordisco que diera comienzo a todo. Antes de que eso ocurriera y como consecuencia directa del poder que tenía sobre mí, de lo que provocaba en mi cuerpo, llevé mi miembro dejando que el glande rozara su entrada para de un empujón adentrarme en su interior. Gruñí porque pese a ser un Nosferatu su interior era cálido y húmedo, perfecto para cada una de mis embestidas一 ¿responde esto a tu pregunta, Hya? 一Llevé una de mis manos para abarcar su pecho notando su piel bajo mi palma cuarteada, pero incluso así su cuerpo era voluptuoso y curvilíneo. Mis caderas se movían embistiéndola en cada arremetida, golpes duros y certeros contra su centro一 no cambies tu apariencia, quiero tenerte así 一era una forma de recordar lo poderosa y peligrosa que era, lo excitante que además era eso一 ¿me crees ahora cuando digo que te deseo? 一Jadeé sobre sus labios ya con un ritmo rápido que no tardaría en hacernos llegar a la cúspide del placer一 quiero correrme así… muérdeme Hya, hazlo ya 一pedí en mitad de un gruñido cuando con mi otra mano libre elevé su pierna para tener una mayor profundidad al tiempo que ladeé mi rostro, dándole total acceso a mi cuello.


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Mensaje por Hyacinth Vie Ene 13, 2023 5:36 pm

– No lo dudo. – Que Yazid comenzara a asignarle nuevos “trabajos” a Tiamat era más que evidente, incluso puedo esperar que se torne un tanto más discreto frente al vampiro a partir de ahora. Después de la discusión que tuvimos al descubrirlo in fraganti, no creo que le de material para hacerme enojar aún más. Mi querido esposo puede soportar milenios apartado de mí, pero sabe que mi bondad, incluso con él, tiene un límite. Si un Nosferatu en condiciones normales es peligroso, uno que conteniendo su oscuridad por tanto tiempo como lo llevo haciendo yo es como una bomba, incluso la menor de las equivocaciones es capaz hacerme estallar, y de eso mi amado ya fue testigo.

Desde mi anterior encuentro con Yazid, noté que desconoce mi nuevo nombre, y al momento de descubrir que el vampiro le sirve como espía, me dio mucha curiosidad. Desconozco el motivo por el que decidió omitir ese dato de sus continuos reportes. – ¿Por qué no se lo has dicho? – Quise saber. Entiendo que no es una información demasiado relevante en realidad, pero de cierta forma el que Yazid no lo sepa me hace sentir un poco más segura de mi propia oscuridad. Como si el hecho de que él se enterase pudiese contaminar todo lo que he construido en el último milenio. – No me quejo, prefiero que se mantenga de esa manera. Pero me gustaría saber. – Tal vez de esa forma entendería también un poco mejor qué mueve al vampiro.

– Ya me ocuparé de quien sea que envíe. No pueden vigilarme sin estar dentro mi rango de alcance, y si lo están yo lo sabré. No cometeré el mismo error dos veces, Tiamat, de eso puedes estar seguro. – Haber bajado la guardia fue mi mayor error, pero confiar en él también lo fue. Lo que hizo Yazid, en medio de todo y aunque me hiciera enfurecer, podía entenderlo. Pero la traición de Tiamat dolía como el infierno. No era tan débil como para echarme a llorar por ello, incluso podría deshacerme de él sin pensarlo dos veces, lo haría de no ser porque me resultaba más útil vivo que muerto. Entre tantas guerras era mejor mantener un peón fuerte al frente de su reina.

Mostrarle mi apariencia real, si bien estaba en el plan, no fue tan sencillo de hacer. Con todo el poder y la fuerza que mi especie me confiere, sigo siendo una mujer. Saber que el hombre con el que comparto mi cama, me desea y me encuentra atractiva, es importante para mí. Y ciertamente no esperé su reacción. Cualquier humano, e incluso muchos vampiros, habría al menos mostrado disgusto en la mirada, pero Tiamat ni siquiera se inmutó. Simplemente me observó con curiosidad antes de rodearme la cintura para atraerme hacia su cuerpo, aceptando que su vida me pertenecía al ofrecerme su cuello para que pudiera beber.

En los pocos segundos que titubeé sobre hacerlo o no, me haló de nuevo hasta dejarme a horcajadas sobre él y luego se giró para dejarme bajo su cuerpo. Su miembro duro y erecto encontró rápidamente el camino hacia mi interior, sacándome un jadeo. La sorpresa fue mía, debo admitir. Nunca había tenido sexo con alguien que no fuese Yazid usando mi apariencia real. Sentía como si estuviera traicionándolo, pero después de lo que él me hizo, tal vez sería una venganza perfecta, incluso si era solo en mi mente pues mi amado no podía enterarse nunca. Mientras me embestía con fuerza y rapidez, comencé a moverme también a su ritmo, acercándonos ambos al ansiado éxtasis por segunda vez.

Que me pidiera con ese tono entrecortado y lleno de deseo que lo mordiera, que bebiera de él, fue el detonante perfecto en el momento correcto. Ambos estábamos ya tan cerca que, morderlo, nos catapultaría a la cima del placer. No me gustaba que me dijeran qué hacer, pero en esta oportunidad tenía que darle la razón. Sin dudarlo un instante más, me incliné lo necesario hasta su cuello y mis colmillos rasgaron la piel de su cuello, haciéndome con su sangre. Como era de esperar, entre la mordida y sus frenéticas embestidas, pronto estuvimos ambos gruñendo de satisfacción al habernos liberado. Yo seguí bebiendo incluso después de habernos corrido, bebí quizá más de lo necesario, pero ese sería parte de su castigo.

– Ahora me perteneces, no cometas el error de olvidarlo. – Sentencié luego de separarme de su cuello. La nuestra no es una relación de amor posesivo, como la mía con Yazid. Tiamat no tiene ningún poder sobre mí, por lo que desde ahora es mi nuevo y reluciente juguete, uno que apenas compartiría con mi amado dadas las circunstancias. – No consentiré que otros aparte de Yazid y yo juguemos contigo. Si hay alguien que te importa, procura no acercarte a ese alguien Tiamat, de lo contrario se convertirá en un bocadillo. –




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