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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Gaston Leclerc Sáb 16 Abr 2022, 07:44

Nada parecía salirle bien últimamente al licántropo, aunque sería más acertado decir que él no se sentía bien consigo. Primero con Josephine, se propasó con ella y terminó alejándola, claro que la chica también tuvo su cuota de culpa, pero eso no lo eximía de la propia, y ahora sentía tanta vergüenza y orgullo a la vez que era incapaz de mostrar su cara por el comedor comunitario los jueves, día que sabía que ella asistía. Luego, por si fuera poco, se encontró con su hermana. Durante 28 años se mantuvo escondido bajo un nombre falso, viviendo una vida falsa, lejos de casa, lejos de todo lo que una vez le fue conocido, sólo para protegerla. Se dijo a sí mismo que debía ser de esa manera hasta que lograse controlar a la bestia con la sabiduría de Gaia, pero el poder le rehuía. Se mantuvo lejos incluso cuando sus padres murieron y su hermana quedó sola. Ahora se daba cuenta que, aunque la protegió de sí mismo, no así de los aspectos más duros de la vida. Inconscientemente siempre lo supo pero, ahora que la tenía cerca, que la pudo ver por primera vez, sentía el peso de la culpa aumentar sobre sus hombros.

Con toda aquella tensión en el cuerpo, necesitaba pelear, necesitaba desahogarse, y la única forma que conocía era con los puños. Tanto lo necesitaba que comenzó a buscar desesperadamente alguna pelea en la que pudiera participar, incluso si la paga era baja o no le pagaban en absoluto, sólo con la adrenalina sería suficiente. Cuando el manager de un nuevo luchador le ofreció una buena suma de dinero por luchar y perder, Gaston lo dudó, no estaba en su naturaleza dejarse vencer, tenía la técnica para ganarle a cualquier contrincante y la fuerza para vencer a cualquier humano, ¿Por qué lo haría? Luego se dio cuenta que esa sería la respuesta a todos sus problemas. Si volvía después de tantos meses y perdía, tal vez comenzarían a buscarlo de nuevo para peleas, tal vez creerían que había perdido el toque y que la pelea sería más justa. Tal vez podría volver permanentemente en lugar de tener que aceptar el trabajo que Adeline le ofrecía.

Fue así como llegó a ese momento. Esta no era la pelea para la que le pagarían, no era más que una práctica previa con su contrincante, en la que ambos medían las habilidades del contrario, pero estaba disfrutándolo de igual manera. Tanto las prácticas como el evento principal se llevarían a cabo en el callejón junto al burdel; no era un lugar bonito, ni siquiera decente, pero los hombres que asistían al burdel disfrutaban de ver una buena pelea y normalmente dejaban una buena cantidad de dinero en apuestas. Claro que, durante las prácticas, Adeline no daba aviso a sus clientes, por lo que sólo tenían como espectadores a sus respectivos managers, cosa que Gaston no tenía, y a las cortesanas que no tuvieran clientes en el momento y desearan observar. Ambos hombres, descalzos y desnudos de la cintura para arriba, con los puños cubiertos por vendas para amortiguar el impacto de los golpes, se encontraban en ese momento intercambiando golpes evaluativos, que les ayudarían a determinar debilidades y fortalezas del contrincante, velocidad de respuesta y ataque, entre otras cosas que serían de vital importancia a la hora de establecer una estrategia. Al menos eso debía estar haciendo su oponente, pues Gaston en todo lo que podía pensar es en que era jueves, pasadas las cinco de la tarde.

Imaginaba que Josephine estaría en su camino de vuelta a casa luego de paso semanal por el comedor, mientras que él esquivaba o detenía distraídamente los golpes que le lanzaban. Así fue hasta que la vio. Josephine se encontraba hasta el final del callejón, detrás del grupo de cortesanas que observaban y vitoreaban vulgarmente, lo distrajo el tiempo suficiente como para que no se diera cuenta del golpe que se dirigía directo a su rostro y que terminó haciéndole girar el rostro. Atontado, sacudió el rostro y, sin darse cuenta que le sangraba la naríz, volvió a buscarla con la mirada. Definitivamente era ella. ¿Qué hacía allí? Se preocupó y enojó en partes iguales, volviendo a la pelea sólo para darle fin con un golpe al estómago de su oponente que lo dejaría sin aire en el suelo por un buen rato. Después de eso se abrió paso entre el grupo de mujeres que intentaban llamar su atención, dejándolas atrás, hasta alcanzarla. – ¿Qué haces aquí? – La tomó, quizá con más fuerza de la necesaria, del brazo, y la jaló hasta sacarla por completo del callejón. – Este no es lugar para alguien como tú, Josephine. – Especialmente porque aún no había podido encontrar al último de los bandidos que la quiso atacar la última vez. Para entonces creía con cierta certeza que se había marchado de la ciudad, pero nunca se podía estar seguro. De cualquier forma, ella simplemente no pertenecía a ese lugar, saltaba a la vista, y fuese ese o cualquier otro, si se encontraba en su camino a alguien con malas intenciones, sería una presa más que fácil.


Última edición por Gaston Leclerc el Lun 05 Sep 2022, 03:34, editado 1 vez




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Mensaje por Josephine C. Bohen Sáb 07 Mayo 2022, 01:02

La rutina en el comedor comunitario se había vuelto un poco aburrida. En esencia porque Josephien había deseado ver a Gaston una vez más, sin razón de peso, solo verlo como para asegurarse de que no estaba siendo muy orgulloso. Se había equivocado. El hombre era demasiado orgulloso y ella ya había perdido la esperanza de que se apareciera por ahí aunque fuera por error. De vez en cuando le carcomía un poco la cabeza el hecho de pensar que no comía algo decente desde que se enojaron y no es que fueran cercanos lo que le molestaba a la rubia, es que era demasiado buena tal vez para todos y pensar que provocó un mal, aunque fuera esté muy pequeñito la hacía sentir terrible. Sus padres habían notado la especie de desilusión que la seguía como peste prácticamente todos los días. Hasta en días de misa daba más de sus ahorros esperando que eso tapara el error de lo que le había arrancado a Gaston. En su familia pensaban que se debía a ese cortejo que no estaba yendo muy bien entre ella y su futuro pero no muy seguro, ni posible, marido. Josephine ni siquiera pensaba en eso. Le daba lo mismo y era mejor que todos creyeran que se trataba de una situación de su delicado corazón.

Ese jueves era especial. No se quedó el tiempo que normalmente lo haría ya que debía entregar un pedido personal a una anciana que siempre llegaba a la tienda por pan de centeno. No era una mujer pudiente pero dio a entender que se daba algunos gustos, como ese del pan, ya que veía era lo único que le daba en la vida. Sus años le pesaba en la espalda encorvada, a Josephine le daba mucha ternura y el mismo grado de tristeza por lo que esa vez se ofreció a llevarle pan y algunas muestras de postres hasta su casa en una zona… complicada. Al menos llevaba un paraguas en la mano, Mihaela le había metido la idea de que eran grandes armas de defensa y entonces ella por supuesto que le creyó.

De ir a dejar el pan con la mujer se entretuvo por un grupo de personas que reían y caminaban en grupo. Una de esas personas, una mujer robusta y con las mejillas rojas le ofreció un cartelito para que fuera a ver la pelea, como si no se hubiera dado cuenta del vestido azul y blanco como una nube que gritaba “No sé de qué hablan, jamás había tenido esta experiencia antes” pero Josephine era lo suficientemente curiosa e ingenua para seguir al grupo entre calles hasta un callejón cerca de un… Sus ojos azules se abrieron grandes. Era una casa de chicas. El rubor le recorrió por el rostro pero se quedó ahí a la espera medio interesada, detrás de un grupo de mujeres vestidas de manera exuberante, y que olían a perfume de rosas barato, que la estudiaron en silencio sin que ella se diera cuenta. Una de las mujeres le acomodó, muy gentil, un mechón rizado de cabello detrás de la oreja—¿Te interesa ganar dinero?—le preguntó.

Josephine no queriendo ser grosera solo le sonrió y agradeció medio incómoda pero sin moverse hasta que lo reconoció, después de mucho, a lo lejos y avanzando hacia ella como un león caza a su presa. Sintió ganas de voltear a ver si no se estaba confundiendo y lo único que pudo hacer antes de que Gaston la arrastrara lejos de ahí fue dar dos pasitos hacia atrás como si estuviera lista a esconderse solo por existir en ese preciso momento—Alguien me invitó. Quería ver la pelea, no sabía que tú ibas a ser el protagonista—se defendió soltándose de su agarré y acicalando el vestido azul bebé hasta dejarlo nuevamente esponjado—Nunca había asistido a algo así… ¿Por qué pelean? Digo ¿Cual es el premio?—desvió el tema de conversación esperando tener una oportunidad de quedarse para ver lo que ocurría después—No me digas que esto es una especie de trabajo que haces a menudo… le diste un buen golpe—el cuerpo de Gaston le bloqueaba la vista pero ella se asomó para ver al contrincante aún tirado boca abajo con cara de que prefería lo aplastara un carruaje—Tengo… espera un momento—revisó en su bolsillo pequeño que estaba enredado en una muñeca—Dos monedas, apuesto por ti—le enseñó el dinero reluciente como si él le fuera a decir a donde debía de ir a apostar. Lo único que obtuvo de él fue un gruño bajo, grave, que le hizo voltear a verlo.

No has ido al comedor—era tanto un comentario inocente como una acusación aguda—Esto de las peleas seguro te deja beneficios si dejaste de ir. No te culpo—no dijo nada sobre que ella, en cierta forma, quería volver a verlo. Lo tomó por sorpresa de una mano cuando vio a su oponente levantarse y casi asegurando que podía continuar con lo que estuviera pasando antes de que ella llegara—Se va a reanudar ¡Vamos!—lo dejó atrás levantando un poco sus enaguas y volviendo a pararse junto al grupo de chicas exóticas que comenzaron a preguntarle si Gaston era su hermano y que si se los podía presentar. Josephine puso una cara de asco por ese pensamiento antes de que un gesto de disgusto se le instalará en los labios tras procesar bien las palabras de las mujeres.

Gaston no estaba contento. Había decidido ignorarlo y regresarlo a sus negocios con facilidad y lo supo por la mirada de enojo que le mandó mientras pasaba a lado de ella, como si no la soportara ¡Bien! Ella tampoco lo soportaba mucho. Era mutuo pero ahí estaban los dos—¡Suerte!—decidió molestarlo un poco más con un tono angelical y una sonrisa igual de linda.


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Mensaje por Gaston Leclerc Dom 29 Mayo 2022, 10:15

– ¿Querías ver la pelea? – Preguntó tras dar un pequeño paso más su dirección, lo suficiente para que sus cuerpos estuvieran ahora demasiado cerca, casi rozándose, obligando a su joven interlocutora a subir el rostro para poderle mantener la mirada. – ¿No te incomoda ver hombres con el torso desnudo? – Como si no hubiera notado aquel detalle hasta el momento, Josephine pasó a comprobar lo que dijo. Casi por obra de magia, las mejillas femeninas se tiñeron con un intenso rubor y, aunque dio un nuevo paso atrás volviendo a poner distancia entre ambos, le sostuvo la mirada. Ahí estaba la niña inocente e ingenua que recordaba. No era como que hubiera pasado demasiado tiempo, pero se había estado preocupando de haber corrompido y dañado su esencia pura, y le tranquilizó descubrir que no fue así.

– Hoy no habrá premio, es sólo una práctica. – Se limitó a responder, pues no había mucho más que decir. Luego ella siguió preguntando, con su habitual curiosidad, y se vio obligado a extenderse un poco más. – A esto me dedico. Soy tan bueno que siempre gano. – Alardeó, aunque no llegó demasiado lejos con eso. En cuanto dijo que apostaría por él, aunque fueran solo dos monedas, moralmente se vio obligado a detenerla. En principio fue sólo un gruñido, luego tuvo que elaborar un poco más, palabras incluidas. – No gastes tus monedas. – Le pidió, cerrándole  la mano en la que sostenía el dinero. En el proceso, notó que era la misma que se lastimó la última vez que se vieron, y que parecía estar recuperada por completo. Eso lo alegró.

Sin darse cuenta, pasó más tiempo del necesario viendo y tocando su mano, por lo que, al notarlo, se apartó de inmediato, retomando el tema anterior luego de un breve carraspeo de garganta. – Como siempre gano, nadie quiere competir contra mí. “¿Qué sentido tiene?”, eso es lo que piensan. Para conseguir esta pelea tuve que aceptar un trato, el manager de mi contrincante me pagó para perder. – Le explicó en voz baja para que nadie más pudiera escuchar. No se sentía orgulloso de ello pero, ¿Qué más podría hacer? Era, de hecho, la mejor de sus opciones, la única forma de ganar dinero que no implicaba prostituirse a sí mismo. Claro que eso no se lo diría a ella. Como fuera, ya estaba cansado de vivir en la calle, ahora que su hermana volvió a su vida, no podía seguir siendo un simple vagabundo; incluso si ahora estaba al cuidado de un viejo amigo de su padre, no permitiría que siguiera de esa forma mucho tiempo más, era él quien debía cuidarla.

A diferencia de Britha, su hermana de sangre, Gaston no tenía el deber de cuidar a aquella chiquilla imprudente, aún así, cuando la vio alejarse para juntarse de nuevo al grupo de prostitutas él volvió a gruñir. ¿Es que acaso ni siquiera sabía lo que ellas eran? Si alguien de su propio círculo la viera en la compañía, sin duda pensarían lo peor de ella, su reputación estaría arruinada y no podría casarse como era “su sueño”. A punto estuvo de ir y tomarla por el brazo para llevarla arrastrada hasta el negocio de sus padres si es que era necesario, pero justo lo llamaron para retomar la práctica, lo que lo dejaba sin tiempo para llevar a cabo su plan. Gruñendo y maldiciendo, caminó en dirección al centro del improvisado cuadrilátero, escuchando de camino las preguntas que las otras mujeres le hacían a la más joven.

No iba a hacer nada más que tomar su lugar en el resto de la práctica pero, casi estaba en su posición cuando escuchó algo mucho más asqueroso que la idea de ser hermano de la pequeña a la que ya había besado. Algunos hombres murmuraban cosas obscenas sobre la chica, las cosas que les gustaría hacer con ella, preguntándose para qué burdel trabajaba. Se detuvo de golpe en ese instante, con la sangre hirviendo de enojo, pensando en las muchas formas en que podría acabar con aquella insignificante y repugnante vida. Con las manos en puños, se contuvo de hacer una locura, pero lo que sí hizo a continuación no dejaba de estar mal. Se giró a tiempo para escuchar los buenos deseos de la chica, llegó hasta ella en un par de amplias zancadas y, tomándola del cuello, se inclinó para susurrar en su oído. – Ódiame y golpéame todo lo que quieras más tarde, si no vas a irte, al menos sígueme la corriente. – Tan pronto terminó de decirlo, sus labios tomaron posesivamente los femeninos en un beso que rebosaba tanto de deseo como de enojo y también preocupación. Demasiados sentimientos contradictorios en un gesto que debería estar lleno sólo de amor, pero era lo único que podía hacer por ella en ese momento.

Al separarse de ella y girarse, la mirada que dedicó a todo hombre en los alrededores dejó claro que ella le pertenecía y que no consentiría siquiera que la miraran de una forma que a él no le gustase. Podría parecer que su contrincante iba a ganarle, pero ninguno de los otros era luchador, así que, perdedor o no, incluso si fuera humano, seguiría teniendo la ventaja de la práctica, la técnica y la fuerza. Tras dejar claro ese punto, volvió finalmente a su lugar y continuó con la práctica, durante la que estuvo lo suficientemente distraído cuidando con la mirada a Josephine que ni siquiera tuvo que esforzarse en actuar demasiado. Tal como era esperado, su contrincante ganó el encuentro, y él terminó con la nariz rota y un corte sobre la ceja, heridas que no le preocupaban pues sanarían antes de que se cumplieran 24 horas.

Aún sabiendo que debía perder, la chica igualmente lo estuvo animando durante todo el encuentro. ¿Por qué? ¿Por qué se quedó después de lo que hizo cuando la vez anterior había reaccionado tan mal luego de separarse? Y le sorprendió más notar que se quedó a esperarlo incluso luego de terminada la pelea, y no tardó poco pues tenía que resolver con el manager de su contrincante el asunto del pago. La mitad por adelantado y la otra mitad luego de perder. Ese fue el trato. Para cuando la alcanzó, luego de limpiarse la cara y ponerse la camisa, faltaba poco para que comenzara a anochecer, y sólo entonces notó algo diferente en la mirada femenina. – Vamos, te acompaño a casa. – Fue todo lo que dijo en el momento, señalando el camino a la salida del callejón para que comenzara a caminar delante de él e impidiéndole hablar en ese lugar a la vez.

Ya se había alejado lo suficiente cuando, aún un par de pasos detrás de ella, le preguntó. – ¿Por qué te quedaste? ¿Por qué no me alejaste cuando te besé? – Sería engreído de su parte pensar que comenzaba a gustarle pero, si era el caso, tenía que detenerla antes de que se hiciera ideas equivocadas. Lo único que podía conseguir de albergar tales sentimientos era un corazón roto, y no quería ser el culpable de ello.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Vie 17 Jun 2022, 04:04

Gaston estaba haciendo muchas preguntas que no eran su estilo pero una en particular le tiñó las mejillas de rojo tras echar un vistazo a los participantes casi sin ropa. Era cierto. Estaba en un lugar que muchos podrían llamar de mala muerte, incluso después cayó en cuenta que sus amigas las chicas exóticas eran demasiado exóticas así como gran parte de los asistentes al lugar. Si alguien la veía ahí estaría en problemas pero nadie de ahí le parecía conocido.Tragó saliva deseando que el calor en sus pómulos se fuera pronto y dejará de exhibir su inocencia ante el mundo. El Gaston parlanchín le agrada más, no entendía muy bien porque le estaba diciendo todo aquello a base de información muy peculiar pero la aceptó y pretendió entenderla aunque había cosas que definitivamente no le cuadraban. Animó a Gaston lo mejor que pudo, todos la miraban raro pues era más claro que el agua que se estaba dejando perder y aún así ella seguía moviendo las manos diciéndole que lo estaba haciendo bastante bien. Eso fue hasta que los comentarios vulgares de hombres a su alrededor comenzaron. Los grandes movimientos confiados que hacía para vitorear se fueron haciendo cada vez más pequeños hasta que no quedó nada de la efusividad inicial. De ser una hormiga sería la más pequeña de todas, acorralada sin saber ni querer defenderse. Pretendió seguir con el buen ambiente que ella sola quería proyectarle a Gaston pero ya no era lo mismo y se aseguró de eso cuando lo vio acercarse a ella casi a zancadas, como enojado. Le susurró algo muy rápido, ella solo asintió antes de que la besara y sorpresivamente Josephine respondió al beso. No era un beso experto pero no fue en exceso torpe como la primera vez que se acercó a ella. Un suspiro se le había quedado a la mitad del beso y fue consciente que al sacar el aire solo él pudo escucharlo. No supo qué magia había pasado pero todos retrocedieron ruidosamente unos pasos y susurraron casi con miedo cosas. Josephine al mirar a todo el mundo también se percató de que no querían verla demasiado.

El resto de la supuesta pelea terminó, para ella, predeciblemente pues sabía más o menos el contexto. Siguió mostrando apoyo a su salvador pero hacia la recta final el ambiente era extraño, pegajoso en el sentido más alegórico, caminar un poco parecía muy difícil pero se movió hacia Gaston como una nube mientras todos se dispersaron—De acuerdo—aceptó que la encaminara. Avanzó en silencio hasta que la gente no fue más que una experiencia incómoda—Supuse que necesitabas una amiga que te dijera que lo hacía bien aunque fueras a perder deliberadamente—esa parte era cierta, verlo solo ahí le había hecho arrugas a su corazón. Ya no quería hacerlo enfadar o molestarlo como venganza a lo que ocurrió el día que se conocieron. Quería mas bien abrazarlo o algo así. Lo segundo sobre porque le hizo caso era más bien incierto—No sé, dijiste que te siguiera la corriente y yo quería terminar de ver lo que pasaba—¿Acaso había más? No. A él no le podía gustar ella, se veía que no era su tipo y a ella estaba segura de que no le gustaba él… ¿Entonces por qué no fue más clara al responder?

Tu trato con esta gente de las peleas suena muy mal, de hecho es bastante ilógico. No tiene nada de sentido—cambió el tema—Podrían estar ganando mucho más dinero si te patrocinan e hicieran a todos intentar ganarte… traerán a gente de muchos lados solo para probarte, ellos perderían y su dinero sería tuyo. Serías famoso—sus palabras sonaban muy soñadoras—No tendrías que perder nunca ni tener ese feo golpe en la nariz—la idea sonaba mejor así. Todos ganaban, todos excepto los que perdían—No son tan fuertes como tú, solo deberías provocar emoción por largos minutos y acabar tu pelea como ganador invicto. Piensalo de forma mediática, todo un suceso—él iba a caminando a su lado, Josephine miró que estaba conteniendo las ganas de dar pasos más largos solo por a si mismo ritmo. Le pareció amable de su parte—¿Te duele mucho?—señaló el corte sobre la ceja sin tocarlo—Te ayudaré a limpiarlo ¿Vamos a sentarnos?—lo tomó de la mano omitiendo preguntar si estaba bien o si de hecho quería o no. Un pequeño parque algo vacío los esperaba con varios asientos para descansar a ver a las ardillas. Ella se quedó parada mientras lo empujaba para que tomara asiento—No tengo medicamentos pero evitará que se infecte—sacó un pañuelo de entre la tela de su vestido azul y comenzó a limpiar alrededor de la herida quitando la sangre líquida y algunas costras que se habían comenzado a formar.

Curioso—dijo entre dientes—No es tan profunda como pensé—restregó el pañuelito con algo de fuerza hasta que la herida se vio como una línea rosa pálido en su rostro—Deberías dejar de ser tan orgulloso y volver al comedor, al menos hay platillos deliciosos y sabrás que siempre te guardaré una porción especial—no es que no lo estuviera haciendo desde hace mucho, esa porción de comida siempre terminaba con algún indigente al ver que él no llegaba pero ella lo seguía haciendo porque la fe muere al último y la fe de Josephine era legítima—No es necesario que te quedes ahí a pasar el tiempo, puedes ir solo por tu plato—se llevó un pulgar a la boca, lo mojó con su saliva y le limpió una manchita de sangre que parecía una huella dactilar en el centro de su frente. Todo fue tan familiar pero directo que no percibió pudo verse asqueroso—Toma, puedes quedártelo. Lo necesitas más que yo—le ofreció su pañuelo de inmediato viendo que nadie se preocupaba por siquiera ofrecerle agua o un abrazo, un pañuelo le vendría bien tras lavarlo. Para ella no tenía ningún uso en ese momento, él tal vez podría cargarlo para sus peleas.


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Mensaje por Gaston Leclerc Sáb 25 Jun 2022, 21:50

Algo había cambiado en Josephine. No lo notó a primera vista, pero fue fácil reconocerlo en su forma de hablar, más aún en cómo respondió a su beso en esta nueva ocasión y, muy especialmente, en el hecho de que, luego de todo, no le estaba gritando o reclamando por lo que hizo. Suspicaz, no podía evitar mirarla de reojo mientras caminaban, ahora uno junto al otro. Sólo pasaron unas semanas desde que se vieron por última vez, pero ella parecía haber madurado mucho en ese corto tiempo, lo que le hizo preguntarse si estaría bien realmente, si todo en casa marchaba correctamente, o si algo le preocupaba en demasía. No debería interesarle en absoluto, pero la verdad era que sentía demasiada curiosidad como para permanecer impasible. – ¿Y ahora le haces caso a todo lo que te digo? – Refunfuñó, malhumorado por no poder comprender qué era tan diferente y por qué eso lo atraía incluso más que antes.

Escuchó lo que tenía que decir en referencia a su oficio, cosa que lo distrajo momentáneamente de su mal humor. – Eso funciona durante un tiempo. Le ganas a uno y eso hace que sea un reto para los demás el ganarte. Cuando llevas diez victorias seguidas, los contrincantes comienzas a claudicar. Y cuando llevas veinte… Ya nadie se atreve a luchar en tu contra, especialmente cuando ninguno logra terminar en pie. – Se quejó mientras le explicaba, no por su pregunta o por tener que responder, sino por la situación en sí misma. No podía decir que no comprendiera porqué sucedía, la diferencia de fuerza entre un humano y un licántropo era demasiado grande como para que fueran competencia alguna, en especial si no tenían conocimiento de lo que era y estrategias de caza para su raza.

Luego de la explicación, reinó el silencio absoluto durante unos minutos, hasta que la joven decidió hacer una nueva pregunta. No supo a qué se refería hasta que señaló su rostro, y recordó que había sido herido en la pelea. – No es nada. – Se negó con sutileza, siendo ignorado campalmente; ni bien había terminado de hablar cuando lo tomó de la mano para dirigirlo a una banca en un pequeño parque desolado. Mientras ella limpiaba con extrema delicadeza la herida, Gaston tuvo oportunidad de observarla a ella con más detalle, le parecía distinta incluso físicamente, como si en verdad no fuese la misma. Se vía mayor, y eso le agregaba atractivo a su juvenil rostro. Probablemente estaba perdiendo la cabeza, no había otra explicación.

Resopló al escucharla hablar de orgullo, como si no fuese ella la que más. Debió sentirse indignado, pero en lugar de eso se sintió divertido. Si ese comentario viniera de la Josephine de unas semanas atrás, probablemente se habría reído, pero ésta parecía decirlo en serio, como si se hubiera olvidado de lo ocurrido en el parque de diversiones la última vez. – ¿Acaso tienes una hermana gemela? – Preguntó con seria sospecha de que ésta era otra mujer, mientras recibía el pañuelo que ésta le entregaba. Era eso o Gaston, sin ser consciente, había dormido durante años dándole oportunidad a la niña de crecer. – He ido al comedor, sólo lo evito los jueves. – Comentó sin darle importancia, aunque era evidente para ambos que lo evitaba por ella. – Pensé que te sentirías incómoda viéndome allí. –

Unos minutos más en silencio, sin poder creer que ella no sólo no estaba incómoda en su presencia, lo había estado esperando y ahora lo invitaba a volver a ese que era el único lugar que tuvieran en común. No quería preguntar, no debía hacerlo, pero no pudo evitarlo. Si no lo sabía, no podría dejar de pensar en el tema, y entonces enloquecería realmente. – ¿Qué ocurrió contigo en estas semanas? Pareces… ¿Mayor? ¿Distinta? No logro descifrarlo. – ¿Se habría casado ya? ¿Era eso? Bajó la mirada inconscientemente a su mano y no encontró ningún anillo en ella, por lo que era improbable. ¿Entonces qué? Nada de lo que se le ocurría parecía ser correcto de ninguna forma.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Mar 05 Jul 2022, 21:07

Solo nos hemos visto dos veces, lógicamente en dos días no puedo hacer caso a todo lo que quieras decirme, no tiene sentido y esto se sintió como una ayuda—Josephine no había entendido el sarcasmo de Gaston pero por primera vez no se sintió tonta al respecto—Eso crees porque no tienes un manager visionario pero veo que tampoco te interesa—lo miró de arriba hacia abajo no para juzgarlo sino para corroborar que tal vez él no lo hacía por dinero sino para despejar la mente—No puedes seguir ganando poco y perdiendo dinero. Vas a morir de hambre o de frío, necesitas un trabajo—ella no sabía mucho de esos negocios ni del mundo de las peleas pero sentía que él estaba haciendo todo mal. Como fuera, Gaston no estaba interesado en esa conversación y si lo estaba sus ojos vagaban en ella demasiado curiosos, queriendo encontrar algo. La estaba mirando demasiado, el rostro, la ropa, todo,  así como ella miraba las decoraciones de los pasteles que hacía cuando algo faltaba o no le cuadraba—¿Una gemela?—negó firme pensando a qué se debía esa pregunta. Ahí estaba su completa inocencia al no entender que Gaston no estaba preguntando seriamente—Solamente tengo una hermana menor y aparte del cabello o los ojos no creo que pudieras confundirnos—las hermanas Bohen eran parecidas pero al mismo tiempo físicamente diferentes, empezando por la altura y la complexión un poco más robusta de la menor a comparación de ella. Una herida visible en los ojos de Josephine se agrandó cuando él fue sincero al decidir que evitaba ir los jueves, se sintió bastante herida en cuestión de segundos pero tras la explicación corta entendió que lo estaba haciendo por ella y terminó de comprender mucho menos—Me sentiría incómoda con los hombres de la otra vez pero nunca regresaron—ella no los había visto e incluso cuando su jefa en el lugar le pidió reconocerlos ella por mucho que quiso encontrar a los culpables no encontró sus caras.

Josephine se sentó a lado de Gaston algo cansada con un dolor en la espalda que había empeorado los últimos días y que a veces la hacía caminar menos erguida que de costumbre pues le recorría todo el costado del muslo derecho. El descansar la espalda en el respaldo del banco soltó un suspiro de alivio por no estar sosteniendo el peso de su espalda ella misma—He tenido mucho trabajo, mis padres me dieron más responsabilidades y creo que me siento agotada. Solo es eso—no había mucho más que decir al respecto y en parte eso era cierto. Sus padres habían estado soltando más tareas sobre ella mientras ellos veían la posibilidad de tener un negocio extra en otra ciudad francesa ya que le habían conseguido a su hija un gran prospecto de matrimonio en un pequeño comerciante que se estaba haciendo famoso a una edad en teoría corta.

Ahora tengo que cuidar el local, a mi hermana y atender en el comedor aparte de asistir a mis actividades diarias. Me he quedado sin energía—sin poder encontrar una solución para mitigar el dolor que sentía se volvió a parar con una palma como apoyo en su cintura. Un sonidito pequeñito de sus vértebras se escuchó, solo para ella, y algo de liberación le regresó al cuerpo—¿Vas a regresar al comedor?—retomó el tema anterior—Regresar también los jueves, no cuando yo no esté o no tendrá caso que yo siga llevando un plato especial para ti…—él parecía estar pensando seriamente la petición y como la oferta de comida con una porción más aparte del postre no le pareció atractiva Josephine prosiguió—Te quiero pedir perdón por como te traté el otro día, no estuvo bien lo que hiciste pero creo que sobre reaccioné—El silencio la estaba matando ¿Eso había sido una mini sonrisa o era él aún molesto?

Las chicas que estaban a mi lado, las chicas exóticas estaban preguntando por ti, querían que te presentara con ellas porque pensaron que eras mi hermano… ¿Sueles pasar tu tiempo con esa clase de gente? No les dije que sí porque no sabía si estabas interesado—se mordió el labio inferior arrepentida tanto de no haberlo presentado como de estar diciendolo justo en ese momento—Lo siento, tal vez en otra ocasión si es lo que quieres—volvió a sentarse junto a él y le tomó la mano repentinamente—Vuelve al comedor, por favor—no le gustaba sentirse como una mala persona por una tontería así y verlo ahí en la pelea sin nadie que lo apoyara solo acentúo ese sentimiento aunque sabía que a él le podría dar igual si tenía público que lo apoyaba o no.


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Mensaje por Gaston Leclerc Jue 28 Jul 2022, 20:37

Quizá ella lo había notado solo en dos ocasiones hasta el momento, pero Gaston sin duda la había visto muchas más veces. Como todos los demás en el comedor público, la esperaba cada jueves como si fuese lo mejor de toda su semana. Y para él sí que lo era, pero no solo por la comida; el olor dulce que emanaba, producto de los pasteles que preparaba a diario, hacían del lobo en su interior un manso perro que meneaba la cola al percibirla cerca, y una fiera bestia cuando alguien se metía con ella. – Esos hombres nunca volverán a molestarte. No debes seguir preocupándote por eso. – Comentó, apartando la mirada, sin atreverse a decirle lo que hizo con ellos. Josephine era demasiado inocente y demasiado pura, podía comprender que sus padres la habían sobreprotegido de la cara dura y no tan agradable de la vida, por eso prefirió no decir nada.

Escucharle decir qué era lo que había cambiado en esas semanas lo dejó pensativo. No había una hermana gemela, tampoco un reciente esposo, solo un poco de trabajo extra y algo de preocupación por él. Si ese era el efecto que se obtenía perdiéndose unas semanas, tal vez no debería volver tan pronto al comedor. Sabía que debía negarse por más que quisiera decirle que sí pues, si seguían viéndose, Gaston haría, incluso de forma inconsciente, hasta lo imposible por tenerla, tal como hacía en ese mismo instante. Pero no podía amarla, mucho menos darle la clase de vida que sus padres querían para ella. Al final, terminó ignorando su pregunta y formulando algunas propias. – ¿Preparas un plato especial para mí? ¿Qué es lo que tiene de especial? – Tal vez ni siquiera debió preguntar eso, pues ahora sabría de lo que se estaba perdiendo.

No pudo evitar que una media sonrisa se dibujara en sus labios al escuchar su intento de defensa. – ¿Llamas a eso una disculpa? Me estás diciendo que besarte aquel día estuvo mal pero hoy no te quejaste, entonces… ¿Eso quiere decir que puedo volver a hacerlo de ahora en adelante? – Preguntó, tanteando el terreno sobre el que caminaba, mientras la veía sentarse y volver a ponerse en pie, quejándose de dolor en la espalda, solo para terminar de nuevo sentada a su lado, comentando y preguntando respecto a un tema bastante delicado en su vida para ese momento. – Ponte de pie. – Le pidió, antes de siquiera pensar en lo que iba a responder. Ella dudó un instante pero terminó haciéndolo. Gaston la haló hasta posicionarla frente a él dándole la espalda, y comenzó a masajear la parte baja, donde parecía nacer su dolor.

Mientras sus pulgares obraban magia en su cuerpo, aún sobre la ropa, le preguntó. – ¿Con “esa clase de gente” te refieres a las prostitutas? – Dudó por un instante que Josephine supiera a qué se dedicaban esas mujeres, pero no se detuvo a averiguarlo, mucho menos a darle esa información, simplemente continuó. – La mayoría de esas mujeres no tuvo padres que se preocuparan por ellas de la forma en que los tuyos se preocupan por ti. Algunas otras simplemente no tuvieron suerte en la vida. Pero, te aseguro, nadie lleva a cabo ese tipo de trabajos por gusto, sino por necesidad. – Le explicó, no queriendo que se hiciera una idea tan negativa de la profesión. Después de todo… – Si no logro conseguir más peleas es posible que entre en el negocio. Ya me hicieron una oferta laboral. – Le informó, aun a sabiendas de que eso podría hacer que se alejara.

No es que se sintiera orgulloso de tener que recurrir a dicho empleo, quizá no fuese un trabajo digno pero consideraba que era una forma más honesta e conseguir dinero que robar o mendigar. – A ti no te cobraría si quisieras ser mi cliente. – Le dijo, coqueto, a modo de broma, pues sabía que no era el tipo de mujer que recurriría a un prostituto, empezando porque, conociéndola, ella debía ser virgen aún. – Dime, Jo… ¿Por qué quieres que vuelva? ¿Por qué quieres seguir viéndome? Se honesta, sabré si mientes. – Le recordó lo último, aunque la vez anterior que le pidió que fuera honesta simplemente se marchó y no respondió, a ver cómo resultaba todo esta vez, si de verdad había cambiado lo suficiente para responder o al menos dar una respuesta que no la hiciera ver tanto como una chiquilla malcriada.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Lun 22 Ago 2022, 02:13

Ante la seguridad de Gaston, Josephine se detuvo un momento a pensar. La señorita Mihaela le había pedido reconocer a sus atacantes pero no los vio ese día en el comedor ni días después, nunca más se volvieron a aparecer por ahí—Ahora que lo mencionas parece ser que tuvieron la suficiente vergüenza de no aparecerse para nada en absoluto ni para molestar o por la comida, como si se los hubiera tragado la tierra—exhaló relajada—Ha sido un alivio, pensé que volvería a encontrarlos en mi regreso en algún momento—poco sabía Josephine que Gaston les había dado muertes espantosas a aquellos que osaron agredirla. Estaba bien en su pequeña burbuja de seguridad, no tenía porqué saber los detalles que seguramente la perseguirían por muchas noches—El plato especial—murmuró con descuido—El plato especial pues…—se miró dubitativa antes de responder ¿Por qué querría confesarle algo como eso?—Tiene una porción más grande de todo pero lo verdaderamente especial es que le añado una rebanada del postre del día que tenemos en la panadería—aparte de eso recordó que al menos por varios días le dejó una nota alegre o de buenos deseos en modo de perdón. Ridícula. Se alegró de estarle dando la espalda o se hubiera expuesto con el color rosado en sus mejillas.

El nerviosismo la hizo bailar en su lugar brevemente no por dolor sino porque Gaston la acababa de poner contra la espada y la pared con su pregunta sobre los besos—El beso de la ocasión anterior estuvo fuera de lugar y lo sabes, como te dije este beso fue porque al parecer me había metido en problemas y fuiste lo suficientemente astuto para ayudarme a salir de ellos—era simple para ella—No puedes volver a besarme—dudó si había escuchado que se negaba a volver a recibir un beso, había una parte de Josephine que se dio cuenta que él escuchaba lo que quería o le convenía y algo en su negativa explícita no le pareció lo suficientemente serio como para que le fuera a hacer caso en el futuro.

Las manos de Gaston tenían la suficiente fuerza para hacer la presión correcta en los lugares adecuados en su columna baja. La rubia podía sentir el punto exacto en donde el dolor se enraizaba con más fuerza. A veces creía que el dolor jamás se iría pero con el masaje profundo sintió incluso un movimiento pequeño de una de sus vértebras. Miró sorprendida a Gastón por arriba de su hombro, y hacía arriba, para ver si estaba loca o si él también había sentido aquello—Sí, las prostitutas—el término a ella le parecía horrendo. Era muy feo y prefería no llamarlas así. Se percató de que Gaston estaba intentando de que no las juzgara pero Josephine ni siquiera se había detenido a pensar en hacerlo, no de forma consciente al menos—Lo sé, soy afortunada, no quería que sonara mal—se defendió de lo que sintió como un regaño benévolo del hombre pero se alejó con alarma al pensar en que él iba a aceptar un trabajo como el de aquellas mujeres—¿Cómo?—le preguntó con los labios entreabiertos, muy seria. Él bromeaba pero a ella no le dio risa—Esto no es un juego ¿Por qué dirías algo así? No tienes que hacerlo, yo te daré comida todos los días si es necesario y no es pedir limosna… Solo necesitas otro empleo, yo te puedo ayudar a conseguir uno distinto—ella sabía a grandes rasgos lo que hacía una prostituta, usaban su cuerpo para complacer hombres de formas que conocía como “indebidas” o “impropias de una señorita”. Solo se llegaba a imaginar una fracción de lo que ocurría cuando un hombre y una mujer estaban solos, besos por ejemplo, de hecho algo como lo que estaba pasando con ella y Gaston ya era suficientemente malo entonces el siguiente nivel, de esa profesión, debía ser peor.

Ya te lo dije—dijo con enfado sin poderse quitar la idea de que Gaston quería o se veía en la necesidad de ser como las prostitutas—Me siento mal de que no puedas ir por el malentendido que tuvimos. Si pudieras… o quisieras regresar me sentiría más tranquila… ¿Es que no te agrado o crees que tú no me agradas? No es nada de eso, lo juro, creo que eres buena persona y serviría para conocernos mejor ¿Qué dices?—nunca había sido tan directa, o tan directa como sus emociones extrañas la dejaban ser, pero él parecía que no le creía o que simplemente encontraba todo lo que salía de su boca sin importancia o peso.

Saber que él se iba a negar le hizo bajar un poco la cabeza.


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Mensaje por Gaston Leclerc Lun 22 Ago 2022, 06:28

No le gustó en absoluto su respuesta. Sabía con cierta certeza que, cuando la besó la vez anterior, Josephine no fue del todo indiferente, la forma en que su cuerpo respondió fue indicativo suficiente. El que ahora pensara que su beso estuvo fuera de lugar sólo quería decir que su mente no estaba en sincronía con lo que sentía. – ¿No puedo? – Preguntó, sin detener los masajes en su espalda. – ¿Por qué? ¿Te desagrada cuando lo hago? – Podría hacer un esfuerzo e intentar mostrarle lo que en verdad quería, lo que su cuerpo le pedía fuera de los prejuicios sociales y las expectativas de sus padres, que lo deseaba tanto como él a ella, pero ¿Qué tan lejos tendría que ir hasta que finalmente lo aceptara? ¿Cuántos rechazos tendría que soportar hasta entonces? No se consideraba vanidoso, pero todavía le quedaba algo de orgullo. Fuera de eso, ¿Valía la pena hacerlo aun sabiendo que no podía amarla de la forma en que merecía? Sería un bastardo si lo hiciera.

Aunque entendió perfectamente a qué se refería al decir que “no debía hacerlo”, por lo serio del tema, prefirió restarle importancia respondiendo en tono de broma. Esa era su especialidad. Pero antes, se puso de pie para poder verla directo a los ojos. – ¿Qué pasa? No quieres que te bese, pero ¿Tampoco quieres que bese y toque a otras mujeres? Eso es un poco egoísta de tu parte, ¿No crees? – Dio un paso más cerca de ella y acarició con suavidad su mejilla. En ese preciso momento se estaba conteniendo de inclinarse a besarla, de rodearla por la cintura y pegarla a su cuerpo. – No es tan malo para los hombres. – Dijo en tono más serio, en un intento de tranquilizarla un poco. – Nuestra reputación no puede ser mancillada, por injusto que eso parezca. – Aunque eso no era del todo cierto. Si bien no era tan mal visto que un hombre recurriera a mujeres, que se prostituyera no era precisamente un honor.

– No es ese el motivo por el que no voy. – Aunque en verdad creyera que iba a incomodarla, no era solamente por eso. – Lo que sucede es que, teniéndote cerca, no puedo guardarme las manos para mí mismo. – Apartó la mano que aún mantenía en su mejilla y metió ambas en sus bolsillos, demostrando con eso a qué se refería, simplemente no podía evitarlo, lo hacía incluso sin pensarlo. – Necesito tocarte, besarte, y no solo porque deba salvarte de alguna situación, sino porque me gusta hacerlo, porque se siente bien. – Su cuerpo emanaba un olor dulce que lo atraía como el polen a las abejas, no era solo por los dulces que hacía, aunque sí ayudaba, pero era algo propio de ella. Pudo confirmarlo cuando estuvo en su panadería, ni sus padres ni su hermana tenían en él el mismo efecto que Josephine. – Pero eso no es suficiente para ti, ¿No es cierto? – No podía culparla por ello, así funcionaba la sociedad en la que vivían, no era sino normal que alguien como él no fuese suficiente para ella. No es que tuviera problemas de autoestima, simplemente estaba claro en cómo funcionaba el mundo.

– Lo que te han enseñado es que no es propio que un hombre toque a una mujer a menos que sea su esposa o tenga intención de casarse con ella. Y yo no tengo los recursos que seguro tus padres esperan en alguien que pretenda tu mano. – Lo único que podía ofrecerle era su propio cuerpo, pues es lo único que tenía, e incluso si con él pudiera brindarle momentos de pasión y placer, eso no ponía comida en la mesa, no a menos que cobrara por sus “favores”, como pretendía hacer. ¿Qué esposa se sentiría bien con que su marido se acostara con otras mujeres? Incluso si era para proveer, estaba seguro que ninguna. – No puedo estar cerca de ti sin tocarte de forma inapropiada, y tampoco ofrecerte nada más que las sensaciones que ya has experimentado conmigo. ¿Qué debería hacer entonces? ¿Todavía quieres que vuelva al comedor? – Era una pregunta complicada, lo sabía, pues la afirmación o negación en respuesta, implicaba mucho más que solo si podía aparecerse en un lugar y comer la comida que le ofrecía.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Dom 04 Sep 2022, 19:07

No sé si me desagrada o no solo sé que no somos nada y no es correcto, esto me puede meter en muchos problemas si alguien nos viera… No puedes besarme de nuevo—Gaston no la entendía y ella tampoco lo entendía a él, tratar de llegar a un acuerdo iba a ser mucho más difícil de lo que pensó ninguno de los dos podía dar más de lo que el otro esperaba. Se sintió muy aliviada cuando Gaston decidió bromear acerca de su posible nuevo trabajo como un hombre que da placer, sea lo que sea que eso significaba en realidad—No estás entendiendo lo que quiero decir—comenzó a creer que estaba hablando en otro idioma cuando en realidad Gaston no se la estaba tomando en serio y la veía más que nada como una broma andante de cabello rubio sin pizca de inteligencia, claro que Josephine prefería no pensar esto último porque quería ver siempre lo mejor en las personas y sus actitudes hacia ella—Estoy hablando del trabajo, puedes encontrar algo mucho mejor. Acabas de decir que nadie lo hace por gusto y yo te he dicho que te puedo ayudar en otros lugares si es lo que quisieras—la realidad le brilló en los ojos a Josephine enseguida que terminó de decir aquella frase. Gaston no quería otro trabajo y hasta parecía que de alguna manera buscaba disfrutarlo—Ah… entiendo—susurró dejando de insistir en tenderle una mano amiga—Puede que tengas razón—con un movimiento suave de su mano se acomodó un mechón rubio de cabello sin bloquear el contacto de la mano de Gaston en su mejilla—De cualquier forma la sociedad no te va a acceptar, dice mi padre que esas personas nunca podrán pertenecer como los demás. Una vez que des ese paso aunque tu reputación no quede manchada no hay vuelta atrás—lo que menos quería era ser una aguafiestas para Gaston pero le pareció pertinente decir aquello tal vez como un comentario sabio.

La explicación de Gaston fue sincera y extensa, básicamente ella comprendió que él la encontraba atractiva y que sus actitudes se revolvían en torno a eso. Era lo más básico y normal para entender, eso le abrió un nuevo panorama a Josephine de lo que pasaba por la mente de aquel hombre—Es que yo no quiero nada complicado—se excuso pensando erróneamente que Gaston creía que ella deseaba que le propusiera matrimonio o se comprometieron—Solo estaba pensando que podíamos ser amigos o conocidos, eso sería suficiente, pero ahora sé que no podemos—es decir, ella podía hacerlo con cautela pero él no tanto.

Josephine aceptó dando la razón a una parte de lo que él dijo, ni siquiera como amigos podrían funcionar, las clases sociales incluso en amistades eran algo que se cuidaba, sus pares esperarían que esa clase de conexiones se mantuvieran de su status o mejorarán—Aún quiero que vuelvas al comedor porque sé que es un recurso que ocupabas hasta hace muy poco pero si estando yo ahí… no puedes o no quieres yo tampoco puedo hacer mucho porque eso no va a ser suficiente para ti, lo sé y tú también lo sabes—hizo una mueca de disgusto que eso le causaba. No entendía cómo es que alguien que no conocía de nada le estaba causando una decepción de ese estilo—Me da mucha pena que esté pasando esto por mi culpa, no era mi intención pero la invitación sigue abierta, después de todo no soy dueña del comedor  y todos pueden ir y venir como les plazca—lo miró—¿Al menos querrás pensarlo? Puedo mantenerme lejos, haré como que no te conozco, será solo una interacción diminuta por la comida, tras eso no me verás ni si quiera te hablaré—titubeó tras darse cuenta que estaba siendo excepcionalmente terca e irritante—Es tu decisión, no soy rencorosa—era importante aclarar esa parte antes de volver a tomar asiento. Lo que sea que él decidiera o creyera que era lo mejor terminaría tal vez en que él la dejara ahí o aceptará lo poco que Jo podía dar.


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Mensaje por Gaston Leclerc Lun 05 Sep 2022, 00:18

Se vio tentado a decirlo que, si su temor era por ser descubiertos, él podría encargarse muy bien de que no lo fueran, pero quedaba claro para él que había algo más. Era ese conocimiento intrínseco de que había intimidades reservadas para una sola persona, y la verdad es que ese no era él. Por otro lado, aceptó como reto su negativa a ser besada de nuevo por él.

– Entendí perfectamente, pero… ¿Qué clase de trabajo podrías conseguirme? ¿Como mesero en una taberna o algo similar? Eso no da para vivir, Josephine. – No daba suficiente para que una persona sola se pudiera mantener, mucho menos le permitiría mantener a alguien más, y su objetivo era poder proveer a su hermana de todo cuanto necesitase. Ella contaba con el dinero que dejaron sus padres, pero eso ahora era de ella, y él deseaba poder darle más, darle la seguridad que todo hermano mayor está obligado a proveer para sus hermanas, y las comodidades que sus padres habrían querido que ella tuviera, en lugar de vivir huyendo de su pasado, como él.

No pudo contener el bufido irónico, le salió del alma, al escucharla hablar de la sociedad y su rechazo. – Que la sociedad no me acepte no me importa en lo más mínimo. Créeme, tienen mayores motivos para repudiarme que el trabajo que lleve a cabo. – Entre ellos, su raza, de decirlo abiertamente claro. Pero lo mismo sucedía con su oficio, lo que nadie supiera no les importaría. No que sintiera vergüenza por alguna de las dos cosas, pero consideraba que su vida era solo suya, y solo compartía los detalles con quienes quisiera.

– ¿Amigos? – Consultó, sin dar crédito a lo que sus oídos escuchaban. La dejó continuar, pero antes de responder, necesitó cerciorarse de que nadie los veía o escuchaba, y aquel parque no era precisamente privado. La tomó por la mano y comenzó a caminar con paso apresurado, internándose entre los callejones. Tras unos cuantos cruces en los laberínticos callejos, llegaron por fin a la parte trasera de un apartamento que sabía estaba abandonado, pues era donde solía dormir en las noches más frías del invierno cuando no conseguía posada en el albergue. Abrió una ventana y, tomando a la chica por la cintura, la levantó para ayudarla a entrar y luego la siguió dentro.

El lugar apenas si estaba amoblado, pero fuera del polvo estaba bastante bien. Al menos los propietarios no dejaron residuos de comida que dejara malos olores o atrajera roedores. Él cada cierto iba y limpiaba un poco, especialmente cuando se acercaba el invierno, preparándolo por si llegaba a necesitarlo. Bien podría usarlo a diario, dado su abandono de años, pero realmente se sentía mal cada vez que lo hacía y por eso evitaba hacerlo, a menos que fuese muy necesario.

Una vez dentro, cerró de nuevo la ventana y se aprovechó de la oscuridad, que la afectaba más a ella que a él para ver, y se le acercó sigilosamente por la espalda, tomándola por la cintura para pegarla a su cuerpo. – Pequeña Jo, los amigos no desean arrancarles la ropa a sus amigas, besar y lamer cada rincón de su cuerpo, tomar en la boca sus pezones hasta dejarlos duros, hundirse profundamente en su interior, hacerlas gemir de placer hasta el cansancio… – Le susurró al oído, notando cómo el inocente rostro femenino enrojecía. Al menos una de sus referencias había comprendido, le alegró saber.

Se inclinó un poco más y comenzó a rozarle la sensible zona del cuello con los labios, dejándole caer el aliento tibio en el proceso. – Aquí nadie va a descubrirnos, Jo. Déjame mostrarte, aunque sea una poco, de lo que te pierdes al rechazarme. – Mordisqueó suavemente la zona en sentido ascendente, hasta tomar el lóbulo de su oreja entre los dientes y dar una suave presión. Si ella no se estaba excitando, él sí que lo estaba, y aunque no pudiera saber de qué se trataba, estaba seguro que ella lo sentiría ponerse cada vez más duro y caliente contra sus nalgas.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Lun 05 Sep 2022, 02:03

Le sonó que Gaston de pronto quería obtener mucho dinero de forma fácil y si ese era el caso entonces no había mucho en lo que Josephine pudiera ayudar, no iba a formar grandes cantidades de dinero en ningún trabajo común y corriente como el que ella pretendía ayudarle a conseguir. Era muy estúpida al pensar algo así y debió saberlo desde el principio—Parece que quieres que te repudien—le contestó ya en un tono más serio intentando comprenderlo un poco mejor—Parece que de hecho quieres hacer ese trabajo y no precisamente por el dinero—en algún momento de la plática Josephine se había confundido y se convenció de que para Gaston era el camino fácil o si bien no fácil sí el más corto. Le sonaba casi tan entusiasmado al hablar que casi le pareció irritante, de haber tenido unos cuantos centímetros más de altura seguro le hubiera sacudido o le hubiera dado otra bofetada por escucharlo hablar así pero volvía al mismo punto, no eran nada y al parecer él no quería ser su amigo ¿Entonces qué quería? Ya pronto lo iba a descubrir.

Lo siguió, con pasos pequeños y rápidos, por entre callejones que jamás en su vida había caminado. No tenía idea de a donde la llevaba. Se intentó jalar de vez en cuando de su agarre pero él no la soltó y siguió caminando hasta que llegaron a una construcción abandonada pero con todos los cimientos extrañamente bien conservados. Daba un poco de miedo pero era muy tarde para negarse, no sabía ni siquiera para dónde podría correr. Se dejó cargar hasta que pasó por una ventana aunque con el vestido le resultó complicado recomponerse del otro lado. Estando todo tan oscuro fue aún peor cuando al querer caminar chocó contra algunas cosas. Dio vueltas a oscuras por el lugar hasta que él la retuvo, pegándola a su cuerpo. Todo lo que le dijo la alarmó en especial porque no se había enterado, hasta ese instante, que a los hombres les gustaba meterse a la boca los pezones de las mujeres—¿Eso es lo que pasa cuando dos personas están solas? ¿Por qué alguien haría tal cosa?—Estaba nerviosa, demasiado, y su corazón latía loco en su pecho. Un jadeo con un brinco fue como reaccionó cuando le mordió el lóbulo de la oreja pero lo que más la confundió al bajar las manos fue encontrarse con algo duro cerca de uno de los muslos de Gaston.

Se retiró hacia adelante y dio la vuelta—¿Qué es eso? ¿Está todo bien?—Gaston volvió a cerrar distancia y ella retrocedió a la par hasta que su espalda baja chocó con un mueble. La orilla de una mesita se le encajó cerca del coxis y actuó como barrera para que dejara de moverse. Josephine no había sido verbalmente activa con Gaston al decirle que no lo que podía entenderse como que solo había un camino que seguir y así lo debió tomar puesto que la levantó hasta dejarla sentada en la mesita con las piernas medio abiertas. Él era por años más experimentado, solo eso había dejado con las ideas a la mitad a la pequeña francesa pastelera que se dedicó solamente a tratar de procesar a un ritmo lento lo que pasaba—¿Qué fue eso que te pasó?—preguntó entre el forcejeo de los dedos del contrario para soltar algunos lazos de su corset, solo un poco, para aflojarlo y descubrir sus pechos medio protegidos por la tela y el antebrazo que ella alcanzó a subir a su torso. Las cosas malas e indebidas que antes le había susurrado al oído parecían ser muy serias porque no perdió tiempo en convencerla de que dejara de protegerse para enseguida acariciar de arriba hacia abajo ambos pezones suavemente con el pulgar hasta que se hicieron pequeños y duros.

Sentía que algo le pasaba, solo que no sabía qué, y entre su respiración fuera de control gimió y tembló por el tacto—Gaston… No puedo estar aquí, tengo miedo—sí, ahí estaba la incertidumbre mezclando su voz con placer—Voy a meterme en problemas—tenía más que decir pero no terminó de hablar le resultaba dificil no tartamudear. El tono le había cambiado a una menos tranquilo y algo más alto, eran muchas trabas para ser coherente. Se cubrió la boca por el asombro, pues no lo podía creer, de que él se acercará a tomarla por la espalda colocando una mano en la curvatura de la misma y pronunciandola para llevarse uno de sus pezones a la boca, jugueteando un poco con este hasta cansarse y hacer lo mismo con el otro haciendo que Josephine gimiera suave sin siquiera buscarlo.

Espera…—él cedió dejando besos por sus hombros tras torturar todo lo que quiso sus pechos—Hace calor… está idea es muy mala—algo de pudor en esos minutos se dio cuenta que ya había perdido porque no hizo nada para taparse nuevamente, se conformaba con que la dejara pensar y respirar sin tantos estímulos al mismo tiempo—No le puedes decir a nadie lo que hiciste, no podré casarme nunca. Tienes que prometerlo o nadie me va a querer, ni siquiera alguien mayor—sus ojos se habían acostumbrado un poco a la oscuridad así que podía ver un poco el contorno de su rostro y su cuerpo, poder verlo la hacía sentir normal, con un poco de control de la situación.


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Mensaje por Gaston Leclerc Lun 05 Sep 2022, 03:32

ADVERTENCIA
Este tema presenta contenido +18. Si se desea leer, será bajo su responsabilidad; las partes involucradas manifiestan pleno consentimiento sobre los temas aquí tratados y reconocen que este contenido se rige en el marco exclusivo de la ficción.


¿Que por qué…? Al escuchar aquella pregunta, su mandíbula por poco no se desencajó por la sorpresa. Bendita y deliciosa inocencia. Si intentaba explicárselo con palabras ella jamás lo entendería, era mejor una demostración gráfica y muy física, y él estaría más que encantado de ser su maestro. – Definitivamente tengo que mostrarte. – Murmuró, cerrando el espacio entre ambos a la vez que la acorralaba contra una mesa a su espalda, donde la terminó sentando para ubicarse en medio de sus muslos.

– ¿Qué es qué? – Consultó, y soltó luego una carcajada, que sonó bastante más grave que lo usual debido a la excitación del momento, cuando ella señaló a su entrepierna. – Todo está perfectamente, pequeña. Es solo la forma en que el cuerpo de un hombre reacciona al deseo sexual, lo que significa que esto… – Le tomó una mano y la dejó sobre su miembro erecto aún sobre la ropa. – No es más que la evidencia de lo mucho que te deseo. – Al comprenderlo, aunque seguro no del todo, la joven quitó la mano rápidamente de donde él la dejó.

– Pronto comprenderás por qué los recién casados se van de luna de miel. – Declaró, comenzando a desatar los nudos de su corsé, al menos lo suficiente para dejar sus preciosos senos al descubierto. Su intención en ese momento no era reclamarla suya, no esperaba que lo fuera nunca, pero había muchas otras formas en que podrían darse placer mutuamente. Sólo de pensarlo, hasta a la bestia en su interior se le hizo la boca agua, situación que empeoró al contemplar sus pechos al descubierto. Eran redondos y llenos, y tenían la apariencia de ser cremosos al contacto.

Antes de siquiera pensar en tomar uno de sus pezones en la boca, los estimuló con los pulgares, logrando que se endurecieran en solo unos segundos. Comprobó además que su piel era tan suave como parecía. – Shhhh, todo estará bien. – Le aseguró ante la inseguridad que mostró, mientras la sujetaba de la espalda para impedirle echarse atrás cuando se inclinó finalmente a lamer y chupar uno de aquellos pequeños montículos rosa. Su sabor era incluso más delicioso en aquella parte de su cuerpo, el tiempo podría detenerse en ese instante, y Gaston con gusto pasaría la eternidad succionando de ella sin obtener nada realmente.

Cuando sintió la inconfundible esencia de la excitación femenina, el lobo aulló de necesidad. – Déjate llevar, Josephine. El calor que sientes es placer y deseo, si prestas más atención a tu cuerpo que a tu mente, te darás cuenta de que deseas que continúe. – Murmuró, subiendo con besos hacia su cuello y sus hombros, no tan deliciosa, pero lo suficiente para que resultase tentador. – Nadie va a enterarse, te lo prometo, solo confía en mí. – Le pidió, rozándole los labios con los propios. – Ya debes estar muy mojada, ¿Quieres que lo averigüemos? –

La besó finalmente en la boca después de todas las quejas femeninas previas en el tema, sin obtener queja alguna ésta vez, esperaba que de esa forma podría acallar cualquier posible queja en referencia a lo que haría a continuación, y comenzó a subir las manos por su cuerpo, desde los tobillos hasta los muslos, por debajo del vestido. De un tirón, no lo bastante fuerte para romper la pieza, logró bajarle las enaguas hasta las rodillas. – Ven, dame tu mano. – Le pidió luego de apartar la boca de ella para poder mirar su expresión mientras guiaba su mano por entre sus piernas hasta su centro, donde ambos pudieron comprobar lo húmeda que estaba. – Y esta es la evidencia de lo mucho que me deseas tú a mí. – Le explicó sin pizca de burla en los ojos, pero sí mucha complacencia por el resultado obtenido.

Comenzó a acariciarla íntimamente, usando su dedo índice y el de ella a la par, pero de forma muy superficial, rozando desde su ano, pasando por toda la extensión de su abertura y llegando hasta su clítoris, lento pero firme, y repitiendo la acción hasta sentir cómo intentaba apretarlo en medio de sus muslos. Ella quería más, NECESITABA más. – ¿Quieres que me detenga ahora, Jo? ¿O quieres más? – Buscó una confirmación de su parte solo porque quería saber si, después de eso, ella sería por fin capaz de aceptar que lo deseaba.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Lun 05 Sep 2022, 05:07

Josephine aún seguía luchando con la información obtenida de Gaston—No va a estar bien, no debería—insistió medio ahogada por los besos pequeños y deliciosos de Gaston que le ponían toda la piel de gallina. Pareciendo un hombre con cero paciencia se estaba portando casi demasiado gentil con ella probablemente con la meta de convencerla poco a poco y Josephine estuviera de acuerdo o no estaba a un paso de cruzar la línea de sí querer experimentar—¿Y si alguien nos vio?—ya era suficientemente malo que estuviera sola platicando con un hombre y no mejoraba al recordar que lo había seguido hasta esa casa casi sin poner resistencia—No estoy mojada…—se tocó, muy confundida, con las manos frías la falda del vestido, estaba seco. No había entendido la referencia al cosquilleo entre sus piernas que seguía siendo un secreto hasta para ella.

El más alto no se tomó el tiempo de aclarar la situación, solo la besó y ella en medio de la oleada de adrenalina le respondió sin poner ni un pero al respecto. Las manos de Gaston subieron lento pero efectivamente hasta tirar de sus enaguas—Lo romperás—empujó sus caderas hacia atrás protegiendo el espacio que sin querer abrió para él minutos antes. Dudo a la petición convertida de las mejillas a la nariz en un color cereza intenso pero al final le extendió su mano hasta sentir a los que se refería. Entre sus piernas, en la parte más sensible y escondida, algo palpitaba con fuerzas y justo como él lo había dicho… estaba mojada. El calor que emanaba de la mano de Gaston fue demasiado para ella, una corriente de necesidad la sacudió como si acabaran de pasarle algo frío en la espalda al sentir su dedo recorrerla como quien no quiere la cosa.

El rostro tierno e inocente de Josephine se desencajó por el placer a medias que le quedaba, se había quedado muy quieta y con la mirada perdida en las expresiones de Gaston que también la veía de regreso sin perderse ni un segundo del espectáculo que era la rubia en ese momento. Apretó las piernas buscando una tregua que vino junto con una pregunta, le tomó de la muñeca a Gaston y asintió temblando prácticamente de todas parte del cuerpo—No le digas a nadie—volvió a insistir antes de soltarlo y abrir otro poco las piernas para él mientras que levantaba la tela estorbosa del vestido hasta sus muslos. Gaston recibió la invitación con una sonrisa pasando a quitarle completamente las enaguas para hacer el trabajo más fácil—No me mires mucho me da pena—nadie se suponía que debía ver o tocar su cuerpo pero a él se lo estaba permitiendo con bandera blanca.

Las caricias a su intimidad regresaron esta vez de forma mucho más obvia, él estaba ocupando su pulgar en toda la extensión del pequeño botón hinchado entre sus labios vaginales y estaba tan sensible que Josephine recargó la frente en el pecho musculoso de su, por ahora, maestro para entender sus propios gemidos. Él fue por más, para probarla, porque leía su cuerpo mejor de lo que ella creía entenderse. Sin avisarle, o dejar de estimularla, metió su dedo medio en ella hasta el fondo manteniéndose ahí segundos antes de retirarlo y comenzar de nuevo. Josephine lo abrazó, hundiendo su rostro en él cada vez más fuerte—Un momento… estoy sintiendo… para, por favor—dijo fuera de sí pidiendo paz para su cuerpo. La sensación intensa se detuvo pero continuó a flote, como dormida. Sin decirle nada la ayudó a bajar de la mesa, terminó de quitarle la ropa estorbosa aunque le dejó las medias blancas que le cubrían la mitad de los muslos y se la llevó a otro lugar más cómodo a unos metros más allá de la mesa. Un sofá con algunas mantas y un cojín algo delgado que le dio la sensación a Josephine que le pertenecían a él de alguna forma—¿Hice algo mal? No sabía, lo siento—se disculpó sin razón pensando que lo había hecho enojar pero no sabía que Gaston tenía planes para los cuales él tampoco necesitaba ropa.

Desde el día uno le pareció un hombre muy imponente pero desnudo le dio algo de miedo e independientemente de eso no lograba quitarle la mirada de encima—No tengo dinero para pagar—recordó que eso haría él de ahora en adelante. Volvieron a acercarse, al menos ella esa vez le había extendido la mano para llamarlo hasta el sofá hasta tenerlo sentado a su lado. El beso no se hizo esperar y sin perder tiempo él la hizo acomodarse en su regazo lejos de su miembro pero obligandola a sentirlo rozar su vientre.


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Mensaje por Gaston Leclerc Lun 05 Sep 2022, 06:52

– No lo haré. – Le aseguró de nuevo, y lo seguiría haciendo cada vez que se lo pidiera sin importar cuántas veces lo hiciera, pero en esta ocasión era especial de cierta forma, porque esa simple petición significaba que no lo detendría más. Lo que sucedió a continuación, sin embargo, lo sorprendió sobremanera. El verla abrirse voluntariamente de piernas para él mientras levantaba el vestido para darle mayor acceso fue… Fue simplemente glorioso, y lo hizo sentir una punzada de dolor en su miembro. La anticipación por lo que deseaba hacer y sabía que no debía. Después de un instante de shock, una sonrisa lenta se dibujó en sus labios, aceptando la invitación a continuar.

Antes de volver a tocarla, echó un detenido vistazo a lo que planeaba devorar en un rato. Muchos decían que no se debía jugar con la comida, pero él no compartía esa filosofía, planeaba jugar con ella y mucho. – No debes sentir vergüenza conmigo, Josephine. Reserva toda esa pena para tu futuro marido, conmigo puedes ser quien tú quieras ser, y no lo que la sociedad espere de ti. – Comenzó a acariciarla de nuevo, con mayor ímpetu esta vez, y dando especial atención a sus puntos más sensibles.

Al sentirla recostar de su pecho mientras disfrutaba sin reparos de su íntimo tanto, un profundo sentimiento protector se instaló en su ser, y no le gustó. Intentó espantar entonces la horrible sensación haciéndola inclinar hacia atrás para poder tomar uno de sus senos con la mano libre y con la boca el otro, mientras seguía estimulando su clítoris. Sus jadeos y gemidos eran música para sus oídos, y quería más de esos. Sin detenerse, introdujo lentamente el dedo medio en su en su interior, tan largo como éste era. – Por todos los dioses, qué estrecha eres. – Gruñó, imaginando cómo se sentiría entrar allí con su miembro, sentir sus paredes rodearlo por completo, apretarlo, como si no desearan que saliera de ella.

Que Josephine le pidiera detenerse fue una bendición incluso para él, necesitaba un minuto de concentración antes de continuar. Estaba jadeando y ella ni siquiera lo había tocado. Después de recuperar el aliento, miró a su alrededor, buscando una forma en la que pudiera darle placer a la vez que lo obtenía, sin penetrarla. Podría enseñarle a tocarlo, a usar su boca en él, pero era muy pronto, lo más probable era que lo viera con cara de asco si lo proponía y el ambiente se habría arruinado dejándolo con aquella dolorosa erección. Entonces dio con el sofá y una idea le vino a la mente.

Ayudó a la chica a bajarse de la mesa y terminó de desvestirla, con suavidad y dejando besos regados por todo su cuerpo en el trayecto. Cuando fue el turno de quitarle las medias, se detuvo a verla… Se veía de lo más femenina y sensual de aquella manera, y al final decidió dejárselas puestas, no le estorbarían. La guió hasta el empolvado sofá y, tras sacudirlo un poco, le permitió tomar asiento. – No has hecho nada malo, solo es un cambio de escenario. – Le explicó, como si el sexo fuese una obra de teatro, y el entorno de los personajes cambiase según la escena.

Comenzó a desvestirse él entonces, haciendo nota mental de permitirle a ella hacerlo la próxima vez, porque sí, esperaba que pudiera repetirse. Se quitó el saco, luego la camisa, los zapatos y finalmente el pantalón, dejándole ver su cuerpo como su madre lo trajo al mundo, sin una prenda encima. La chica le sacó una sonrisa con su siguiente comentario. – Te dije que a ti no te cobraría, preciosa. – Le recordó, tomando su mano y sentándose a su lado. Le besó el dorso de la mano antes de volver a su boca y tomarla de las caderas para sentarla en su regazo, lo suficientemente apartada de su miembro como para evitar accidentes.

– Voy a enseñarte algo, pero debes ser muy cuidadosa. No quieres que mi pene se introduzca por completo en ti, ¿Entiendes? – Al ver su confusión, señaló la parte de su cuerpo de la que hablaba. – Sujétate de mis hombros, será más fácil así al principio. Eso es… – La acercó entonces un poco más hasta que su miembro le rozó la húmeda entrada, y siseó ante la deliciosa sensación. Con las manos aún en sus caderas, comenzó a guiarla para que se moviera, enseñándole la forma en que debía hacerlo. Primero, lo básico, adelante y atrás, frotando su abertura contra la dura y palpitante extremidad. – Eso, así. – Celebró con un gemido su progreso cuando pudo hacerlo sola.

Apartó finalmente las manos, dejándola a ella continuar con aquella erótica danza, y las ocupó en sus senos de nuevo. Diablos, cómo le gustaban. Durante un rato no volvió a besarla, quería verla, quería guardar en su memoria aquella expresión que hacía cuando encontraba un punto sensible de su propio cuerpo y lo estimulaba a través de sus propios movimientos. En un momento de debilidad, la sostuvo de la cintura para poder inclinarse y volver a succionar de uno de esos rosados pezones, sin pensar en que el cambio de ángulo podría provocar un accidente.

En uno de sus movimientos, su miembro encontró el camino de entrada en Josephine. – No te muevas. – Exclamó con tono alarmado. Habría sido una tragedia si no lo notaba al instante y la sostenía con mayor fuerza de la cintura para evitar que lo siguiera hundiendo. El miedo lo atenazó entonces con tanto fuerza como el placer. Apenas si entró su glande, pero ella era tan apretada que incluso sin moverse se sentía en el cielo. – No te muevas. – Repitió, esta vez como un ruego, pues quería quedarse allí un instante más, ocupando todo su autocontrol para no llevar a cabo el único movimiento necesario para introducirse en Josephine por completo.

Maldición. Estaba tan cerca… Aún contra sus propios deseos, salió de ella. Sin embargo, no volvió a darle la dirección del encuentro. Necesitaba correrse, y lo necesitaba en ese instante. Con algo de rudeza, la dejó caer de espaldas sobre el sofá y, posicionándose encima, fue él quien comenzó a moverse contra su húmeda abertura. Movimientos lentos al principio, acostumbrándose al ángulo, y desenfrenados solo un instante más tarde. Aferrado con ambas manos al brazo del sofá, se sintió hipnotizado por el movimiento de sus senos, subiendo y bajando con cada embestida. – No te contengas más, Jo. Déjate llevar, ¡Ahora! – No creía que ella lo entendiera al momento de escuchar la orden, pero seguro que lo hizo al sentir la corriente de éxtasis recorrerle el cuerpo. Un segundo después el la alcanzó, dejando correr su simiente encima de su vientre en espesos y calientes chorros, dejándose caer sobre ella una vez aliviado.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Miér 14 Sep 2022, 02:58

Josephine había leído alguna vez un libro que mencionaba circunstancias que, supuestamente, estaban mal pero que a una persona le hacían sentir bien. Estar desnuda sobre Gaston se sentía muy parecido a lo que escribían en ese libro. Estaba intentando ser muy receptiva, sin juicios o miedo, en cuanto a tener la mente abierta, y al parecer las piernas también, para entender todo lo que el contrario intentaba explicarle pero había términos e información que jamás en su vida había escuchado o hablado y necesitó de un poco más de tolerancia al respecto. Lo único verdaderamente malo de tomarse su tiempo es que sentía su centro sensible pidiendo por más de las caricias que antes le había dado y no las pidió solamente porque aún no sabía cómo empezar con eso. El miembro de Gaston estaba totalmente erguido, apuntando al techo y ocupando su estómago como base, se sentía chistoso—Sí, entiendo—le confirmó y se apoyó de sus hombros mientras él le acomodaba para que su longitud quedara entre sus labios con su glande haciendo presión en su entrada. Aquello ya no se sentía tan chistoso, se parecía bastante a cuando la acarició con sus dedos varias veces. Siguió instrucciones de forma pausada hasta que entendiendo que no debía ser muy brusca tomó más confianza y siguió restregándose sin descanso sobre él, haciendo énfasis en aventar las caderas hacía adelante porque justo ahí, en aquel botón sensible, se sentía maravilloso y no quería detenerse.

Intentó abrazar a Gaston del cuello pero él prefirió separarse, cosa que Josephine no vio como algo malo en ese instante.. Ella, por otro lado, estaba buscando sus puntos más sensibles y experimentando con los descubrimientos de cada movimiento nuevo, lo que lo hizo aún mejor fue que él volviera a buscar sus pezones con su lengua caliente. Gimió por la pequeña intrusión de la punta de su miembro en ella pero sin estar segura de que estaba tomando un ritmo peligroso continuó cabalgando hasta que él la detuvo apretando su cuerpo para traerla de regreso—No quiero, se siente bien—le pidió intentando moverse para que él le permitiera continuar pero no pudo. Debió calmarse sostenida por la fuerza de los brazos ajenos aunque con urgencia por seguir con la labor. Intentó una vez más sin resultados y solo con ese movimiento brusco sintió el dolor que por fin la hizo entrar en razón.

Acomodó su rostro cerca del de Gaston y esperó, quieta como estatua, respirando con gemidos cortos y suaves. Quería seguir, terminar, y no lo sabía pero al menos estaba siendo obediente. Con más compostura reunida terminó de espaldas en el sofá, recibiendo las embestidas que friccionaban fuertemente desde su entrada hasta su clítoris hasta que después de un momento de confusión se sintió liberada, débil. La insólita sensación se extendió por mucho tiempo, era desesperante y deliciosa, todo al mismo tiempo, su instinto la llevó a querer cerrar las piernas pero Gaston tras vaciarse sobre su vientre dejó caer todo su peso y vaya que pesaba bastante. Sin el lado fuera de sí que había mostrado Josephine se quedó pensando en lo que hizo, se sentía culpable y satisfecha a partes iguales—Un momento, por favor—le pidió empujandolo un poco hacia atrás.

Desde su ombligo hasta su monte de venus había un liquido blanco y viscoso que se atrevió a tocar con los dedos esparciendo y creando más desastre sobre su piel, en especial cuando no encontró en donde limpiarse y terminó por hacerlo entre el canal de sus pechos siendo esa la única parte de su cuerpo que en ese momento seguía limpia. No quería sonreír, se sentía un poco mal por portarse así, pero algo así como una mueca divertida e interesada subió la comisura izquierda de su boca—¿Por qué me detuviste? Quería seguir… ¿Eso no debería hacerlo contigo? No entiendo la diferencia—la sinceridad de Josephine a veces demasiado inocente era en verdad apabullante pero no se sintió mal por reconocer que no terminaban de entender—Necesito limpiarme… esto blanco—avisó una vez en cuanto lo vio quedarse en silencio solo viéndola desde su posición casi de poder. Al parecer eso fue suficiente motivo para acercarse a besar su cuello e ir bajando hasta que volvió persistente a succionar uno de sus pezones y luego otro hasta que comenzaron a punzar y tornarse de un color rosa un poco más intenso—Da cosquillas—se ahogó con las palabras—Me tengo que ir. Esto no estuvo bien, quiero pensar—le acarició el cabello esperando que él cediera hasta retirarse pero Gaston no demostró ganas de aceptar órdenes de ella.

Como pudo, retorciendose, logró escapar pero esa actividad fisica era nueva para ella y al levantarse sus piernas temblaron como si de un ciervo se tratara haciendola dar solo tres pasos antes de volver al sofá arrepentida de su decisión.


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Mensaje por Gaston Leclerc Vie 07 Oct 2022, 05:57

Aún en contra de su voluntad, hizo un esfuerzo por cargar con su propio peso con brazos y piernas al recibir la queja. Quedando apoyado en sus manos y rodillas, obtuvo una vista inigualable del cuerpo desnudo y perlado de sudor de Josephine. En su inocencia, la joven lucía sensual y tentadora en aquella posición, acostada sobre su espalda y con los muslos abiertos, totalmente expuesta para él. En ese momento la vio más hermosa que nunca, aun con el cabello revuelto y las mejillas sonrojadas por el esfuerzo físico, se atrevió a fantasear con la idea de tenerla así todas las noches y cada mañana, solo para él.

Acababa de correrse, pero seguía duro, y su excitación no hizo más que crecer al ver que tocaba con los dedos el pegoste de semen sobre su vientre. La imaginó llevando ahora los dedos a la boca, limpiando los restos con la lengua, y la fantasía fue suficiente para provocarle una nueva oleada de necesidad. Aunque la realidad no fue tan buena como su imaginación, aun fue muy erótica. – Te lo dije, no quieres que mi miembro entre por completo en ti. – Al notar aun confusión en los ojos femeninos, echó hacia atrás su peso, sentándose sobre sus tobillos para no tener que seguir sosteniéndose con los brazos, antes de continuar. – Si lo hago, dejarías de ser virgen. Y si a tu futuro esposo se le ocurre pedir que se compruebe, cualquier médico podrá exponerte. Quedarías deshonrada y ningún hombre que no te ame no querrá casarse contigo. – Le explicó con paciencia. Había muchos detalles que se estaba reservando, pero no estaba seguro de qué tanta información quería ella en realidad. Una clase de anatomía no estaba en sus planes, al menos no sin el placer de ir a la práctica de nuevo.

Por unos eternos minutos se quedó en silencio, solo recorriéndola con la mirada. Desde sus ojos hasta la pequeña abertura en la que deseaba sumergirse por completo, cada rincón era hermoso y perfecto, pero sus pechos siempre ganaban la contienda por su atención. Se inclinó de nuevo sobre ella y comenzó besándole el cuello, dejando algún que otro lametón ocasional, pero sin aplicar demasiada presión para no dejarle ninguna marca visible. De allí, bajó a su verdadero objetivo, dedicando especial trato al pare de pequeños botones rosa que endurecieron con sus caricias.

Gruñó, fastidiado por su insistencia en marcharse, y se apartó apenas lo suficiente para poder verla a los ojos. No quería dejarla marchar, menos cuando le acariciaba con tal suavidad el cabello, logrando que hasta la bestia se retorciera con placer. Quería hacerle el amor hasta el amanecer, hasta que no pudiera hilar un solo pensamiento coherente, y fuera incapaz de ponerse en pie siquiera. Quiso retenerla, pero al ver que insistía incluso a la fuerza, finalmente la dejó hacer y se apartó para dejarla ir si eso quería. La vio ponerse en pie, e incluso fallar en el intento de alejarse, sus piernas debían estar temblorosas y débiles después del ejercicio, así que la recibió de nuevo a su lado con una sonrisa traviesa en los labios.

– Puedo llevarte a casa, si eso lo que quieres realmente. Pero, antes de hacerlo, te enseñaré un poco más. – Se colocó de rodillas frente a ella y le abrió de nueva cuenta las piernas. Ya la había tocado, acariciado y se había frotado contra esa abertura, ahora quería devorarla. Pasando las manos bajo sus muslos, la tomó de las caderas, atrayéndola de improvisto más cerca del borde del sofá, quedando esa sensible zona del cuerpo femenino muy cerca de su rostro. – Prepárate para gritar de placer. – Le advirtió con picardía exudando de cada poro de su piel antes de pasar por primera vez la lengua encima de sus labios vaginales, tras la que un movimiento involuntario de sus caderas delató que le gustaba cómo se sentía aquello. – ¿Te gusta? – Preguntó solo por escucharla decirlo pero, sin darle oportunidad de responder, continuó con su tarea.

La sostuvo de los muslos para evitar que se echara atrás o, por el contrario, le apresara la cabeza entre ellos, y se dedicó a lamer y succionar todo a su paso, incluso la pequeña entrada a su ano, hasta tenerla jadeando y pidiendo más, aferrada con fuerza a su cabello. Se detuvo para subir la mirada y verle la expresión, excitada y frustrada por su interrupción. – Lo que sientes ahora es necesidad, Jo. Tu cuerpo quiere sentir el placer del orgasmo. ¿Tú lo quieres también? – Se atrevió a preguntar, ya que tanto se había negado a lo que su propio cuerpo le pedía. Y, tras recibir la aceptación de sus deseos, continuó, penetrándola a la vez con dos de sus dedos, hasta hacerla acabar, con deliciosos espasmos apretándose contra él. Al salir del cálido y húmedo interior femenino, sus dedos estaban empapados de jugos vaginales. A diferencia de ella, Gaston sí se llevó ambos dedos a la boca y saboreó los restos.

Relajada y disfrutando de las últimas oleadas de placer del orgasmo, Josephine ni siquiera se inmutó cuando se sentó a su lado, simplemente observándola. Para cuando abrió los ojos, se atrevió a hacerle una propuesta indecente que no creía, ni en un millón de años ella aceptaría. – ¿Te gustaría devolverme el favor? – Haciendo alusión a que sería ahora ella quien le daría placer usando la boca, las manos, y cualquier cosa creativa que se le pudiera ocurrir.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Sáb 12 Nov 2022, 23:17

Josephine aún tenía mil incógnitas a las respuestas que Gaston trataba de explicarle sobre lo poco que ella conocía con respecto a la intimidad entre hombre y mujer, así como lo que acaba de pasar entre ellos dos ¿Por qué eso estaba bien y todo lo demás no? ¿No era acaso un poco de lo mismo? Recostada en el sofá y jugando despistadamente con  el semen que había quedado sobre su vientre se quedó pensando sí había hecho bien en aceptar esa experiencia, por una parte le había gustado y por otra se sentía mal, muy mal pero también estaba esta situación en que quería saber que más existía—Pero… ¿Y qué pasa si sí quiero?—le preguntó a modo de respuesta sobre que no quería tenerlo dentro de ella por los problemas que eso podría traerle a futuro. Fue una pregunta que emitió tan bajito que ni siquiera estaba segura de que la escuchó—Podría encontrar a alguien que sí me ame y no le importe—para Josephine existían los verdaderos hombres afectuosos, responsables y con buena calidad humana y creía que solamente por su bonita cara o sus aptitudes en la cocina sería suficiente para encontrarse con uno de esos. No sabía que estaba equivocada pero tampoco nadie hasta el momento le había sacado de esa realidad.

Quiero irme a casa—su frase quedó interrumpida cuando la acomodó de espalda con las piernas abiertas cerca de su rostro. Esto era más íntimo y no sabía exactamente que esperar al respecto pero la tenía tan bien afianzada con las manos en las caderas que no podía moverse para intentar escapar aunque solo el aliento caliente de él sobre sus labios vaginales fue suficiente para dejarle quietecita a la espera de lo siguiente. Su cuerpo se movió de gusto ante la novedad de su resbaladiza lengua sobre ella y lo que había empezado con lamidas cuidadosas pronto comenzó a subir de nível. Josephine había descubierto que había un punto en específico que él rodeaba y le daba escalofríos así que al sentirlo acercarse a la zona, sin saber muy bien cómo o porqué, ella movía sus caderas para pedirle de forma no verbal que se entretuviera un poco más ahí. Le tomó de la cabeza, empujando un poco para que volviera a hacerle sentir esa corriente de electricidad en el cuerpo pero él se detuvo y eso la puso en un estado de alerta—Por favor, no pares… me gusta cuando lo haces, cuando me tocas aquí—y rápidamente señaló con un dedo el botón rosado entre sus piernas que sentía palpitar conforme él la tentaba para llevarla al límite.

Explotó en cosas de segundos cuando Gaston muy hábilmente ocupó sus dedos para penetrarla mientras seguía succionando cualquier zona sensible. No paró de temblar hasta que sus gemidos se volvieron más bien ronroneos suaves. El nivel de desahogo que esos orgasmos le habían ocasionado la dejaron como si estuviera flotando en un tanque de agua tanto que no reparó en cuanto tiempo estuvo Gaston mirándola hasta que ella lo observó mientras intentaba, débilmente, acomodarse sentada sobre sus pantorrillas. Ladeó la cabeza intentando darle lógica a su propuesta, miró su rostro y después bajó hasta su miembro erecto que apuntaba hacia el techo—No sé cómo se hace—era obvio que tenía que ocupar la boca pero no sabía nada sobre la técnica. De todas formas lo tomó con su mano derecha de la base apretando tal vez con más fuerza de la necesaria puesto que él mismo la ayudó a soltar su agarre para hacerlo más placentero—Perdón—se disculpó acercando su rostro al de él y depositando un beso tierno en su mejilla que no tenía nada que ver con las caricias de arriba hacia abajo que empezó a ejecutar sobre su erección—¿Así?—en su mano él se sentía caliente, lo rodeaba con trabajo por lo que para cubrirlo por completo con la palma debía moverse también por todo alrededor. En una de esas tantas caricias bajó la cabeza solo para dejar un poco de su saliva sobre el glande hasta dejarlo con un brillo peculiar que fue esparciendo.

Pusiste tus dedos dentro de mí ¿Por qué no puede esto ser lo mismo?—insistió. Quería una explicación más clara o que le dijera que simplemente no quería o no podía. Sin saberlo, intentó manipularle la respuesta que ella deseaba escuchar, acomodándose boca abajo y a lo largo del sofá hasta que su bonito rostro casi chocó con su pene. Lo dudó por varios segundos en los que solo lo masturbó hasta que se animó a darle una pequeña lamida recogiendo de paso los restos de semen que sabían curioso. No había probado jamás algo así, insaboro pero a la vez con algo característico difícil de describir. Ocupó su lengua por todo lo largo, inocentemente hasta se atrevió a bajar un poco más y sentir la textura de sus testículos antes de subir e ir directo a introducir la punta a su boca. Gaston hizo un sonido que parecía un gemido ronco muy cargado que ella pensó se trataba de algo bueno porque sentía todo su cuerpo subir o bajar con más intensidad cada que ganaba centímetros con los labios.

Con la ayuda de él entendió un poco que el movimiento que debía ocupar era parecido a cuando estuvo sobre él solo que el verdadero reto era no ahogarse en el proceso y dejar de echarse para atrás cada cierto tiempo. No era una maestra pero para la poca explicación que estaba teniendo pudo llegar a engullir hasta la mitad a lo que Gaston impaciente pero con cuidado la terminó empujando hasta que lo tomó por completo y ahí se movió contra ella sin salir demasiado. Josephine era paciente pero las arcadas por falta de oxígeno comenzaron a ponerla de un color morado suave, se empujó hacia atrás y fue ahí cuando él le dio un tip que le cambió por completo a la experiencia. Le dijo que respirara por la nariz y que lo estaba haciendo muy bien a los que ella acató de inmediato encontrando que si se calmaba incluso podía complementar sus movimientos a los del contrario.

La situación no era especialmente ni linda ni tierna pero las caricias en su espalda le daban una sensación de seguridad hasta que fueron bajando por sus glúteos en donde murieron con una nalgada sonora. Josephine brincó y se quejó soltando un gemido, escuchó a Gaston reír mientras ella continuaba con su tarea oral y sentía los dedos del mayor entrometerse entre sus nalgas hasta la pequeña entrada escondida entre estas en la cual jugueteó hasta inserte suavemente un dedo que la tensó.

Se siente… raro ¿Qué haces?—tartamudeó arrastrando las palabras ya que estaba hinchada de los labios y la mandíbula la sentía entumecida. Él no contestó, simplemente con su mano libre dirigió el miembro nuevamente a su boca y esperó a correrse en la boca de Josephine quitándole la posibilidad de que dijera que no. Inocentemente lo recibió todo pero eso se sintió muy sucio en un plan que no sabía porque la había excitado de nueva cuenta. Terminó tragando con cuidado pero a la vez con mucha vergüenza lo que la orilló a recostar el rostro, evitando mirarlo, en su vientre bajo a la vez que pasaba un dedo índice por todo lo largo de su miembro y acompañaba una que otra vez con pequeños besos a este—¿Te gustó? ¿Lo hice bien?—De alguna forma esas preguntas eran lo que más le importaban en ese instante. Gaston que ya había dejado explorar su cuerpo le palmeó la cabeza varias veces pues si bien era muy seguro que lo hizo mal no decepcionó al hacerla sentir bien con ella misma por la aprobación en sus palabras.


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Mensaje por Gaston Leclerc Mar 17 Ene 2023, 09:09

Gaston le indicó a la joven lo que debía hacer para devolverle el favor, paso a paso y con paciencia. Y Josephine superó todas sus expectativas. Incluso al final, cuando logró hacerlo correrse en su boca. El lobo casi esperó que esa parte le resultase desagradable y terminara escupiendo su semen, pero ella lo tragó todo sin quejarse. La bestia en su interior aulló de manera que el licántropo no logró reconocer ni entender. No se molestó en preguntarse qué significaba o qué era lo que quería ahora, estaba simplemente fascinado con ella.

Incluso después de correrse, siguió estimulando el pequeño ano de la joven. Estaba convencido de que, en el tiempo que demorase en penetrarla con dos de sus dedos, estaría listo para hacerlo con su miembro. Si no podía entrar en su húmeda y cálida vagina, lo haría en su apretado culo. – Si sigues haciendo eso, me pondré duro de nuevo. – No que le molestase, en absoluto, lo comentó como una forma de comprobar si ella quería continuar o si consideraba que ya era suficiente.

– Estuviste increíble, Josephine. – Respondió al fin, acariciando su cabello con la mano libre, y luego masajeó su cuero cabelludo con las yemas de los dedos, dándole un pequeño descanso a la exploración sobre su cuerpo. – ¿Seguro que era la primera vez que lo hacías? – Sabía de antemano que así era, pero la mirada indignada que le dedicó en respuesta valió por completo la pena. A Gaston aún le costaba comprender por qué ella, es muchachita inocente -o ya no tanto-, era la única que alguna vez fue capaz de despertar el deseo de la bestia. ¿Qué tenía de especial que el humano no podía ver del todo? Era hermosa, sí, pero se había acostado con cientos de chicas guapas.

– ¿Te ha gustado lo que hemos hecho, Jo? – Quiso saber, mientras la colocaba de nuevo a horcajadas sobre sus caderas, quedándose aferrado a sus nalgas con ambas manos. – ¿Te gustaría repetir? – Esa misma noche u otro día, a Gaston en realidad le daba igual. De ser por él, la mantendría consigo toda la noche, todas las noches que ella lo aceptase, pero no iba a obligarla. Eso sería muy distinto de tentarla hasta que no pudiera negarse, que es básicamente lo que hizo.

Después de haber ignorado hasta el momento sus preguntas y comentarios relacionados a la penetración vaginal, de por qué no lo hacía o cómo es que era diferente de lo que hizo con sus dedos, se atrevió a preguntar él. – ¿En verdad quieres que te haga el amor en regla? ¿Quieres que te penetre aquí? – Indicó a dónde se refería, rozando su entrada con uno de sus dedos. – ¿Podrías vivir con las consecuencias de esa decisión? – Siguió preguntando mientras, con total consciencia de lo que sus actos provocaban, introdujo por completo solo uno de sus dedos, moviéndolo en círculos en su interior a la vez que lo sacaba y volvía a meter.

– Se siente bien, ¿Cierto? – Preguntó sin detenerse, luego cambió de mano y usó el dedo húmedo con sus fluidos para penetrarla también por detrás. Se inclinó contra su cuello y, luego de dejar algunos besos regados entre la clavícula y la oreja, mordisqueó suavemente el lóbulo. – Se sentirá mejor cuando esté dentro de ti, Jo. – Dijo en voz baja y ronca junto a su oído. Nunca había sido capaz de excitarse tantas veces y con tanta facilidad en una sola noche. Apenas una hora había pasado, como mucho, desde que entraron en aquel apartamento abandonado, y ya estaba listo para una tercera ronda, y todo era por ella.




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Mensaje por Josephine C. Bohen Dom 22 Ene 2023, 20:11

Josephine era suficientemente tonta para dejarse engañar y creer, que alguien como Gaston, tenía las mejores intenciones hacia ella. La forma en la que la había engatusado había sido épica de presenciar y al mismo tiempo triste. Josephine jamás tuvo una oportunidad de negarse debido a su falta de conocimiento, en general, sobre el mundo. Un depredador con su presa indefensa, eso eran y la rubia lo estaba disfrutando tal vez demasiado incluso en medio de la confusión que le suponía que Gaston no dejara de meter sus dedos en su entrada anal—No… perdón, no pensé que fuera malo—se detuvo de seguir tocándo y besando el miembro del contrario pero aún demasiado avergonzada para verlo—Si quieres… no lo hago más—dio un saltito al notar una punzada de presión en la espalda, rápida, al momento en que él introdujo un segundo dedo en su apretada entrada. Josephine se quedó sin ideas por un momento pero la broma de Gaston fue suficiente para que lo mirara con mala cara ¿Cómo podría preguntarle eso? Ella nunca había hecho algo así, ni siquiera se había imaginado que cosas así pasaban en la vida real.

Se fue sentando, haciendo que los dedos de Gaston dejarán de jugar con ella por la posición, hasta que quedó recargada en sus pantorrillas más esa posición no duró demasiado. El hombre volvió a colocarla encima de él—Me gustó…—bajó la mirada a la desnudez de ambos. El miembro de gastón seguía erguido y descansaba en el vientre plano de ella como a la espera de que volviera a frotarse contra él o algo —Si repetimos… ¿Lo pondrás dentro de mi?—las caderas de Josephine buscaron moverse contra ese dedo que había rozado su entrada para sentir algo más que solo la expectativa. Josephine no había podido con tanto placer y las reacciones de su cuerpo cuando él se acercaba así que ni siquiera se puso a pensar en que su petición podría traer otras consecuencias que ella no había pensado porque hasta ese momento nadie se las había explicado del todo. Se le hizo fácil decir que sí porque necesitaba sentirlo.

Mordió su labio inferior al sentirlo introducir un dedo y tentarla hasta el punto de no retorno—¿Lo harás? Me quedaré callada, nadie sabrá—se calló por completo de la nada al sentir la facilidad con que su ano cedió a un simple dedo. No estaba muy segura si eso se sentía bien o solo era extraño pero decidió confíar en Gaston, lo cual estaba muy mal a pesar de que no la había tratado.

Se apegó todo lo que pudo hacia él, sus senos apachurrados contra el torso masculino y ella con la cara escondida en el espacio caliente en su cuello. Estaba excitada nuevamente y de acuerdo con lo que había prendido se restregó contra la erección del mayor encontrando que su glande hacía una presión exacta en el pequeño botón rosado que se escondía entre sus labios vaginales—Me portaré bien, lo prometo…—dijo, con la voz ahogada, abrazada totalmente a él para que no la pudiera alejar y se viera obligado a hacer lo que ella quería en ese momento. Después se arrepentiría, posiblemente, pero no podía pensar claramente dadas las necesidades de su cuerpo. Josephine, y Gaston al parecer, no se habían dado cuenta que ella había besado la herida en su mejilla, tras subir pegar su rostro al de él, delicadamente. Él antes había parecido demasiado reacio a hablar de la herida pero en ese instante ni siquiera pareció enojado de tenerla tan cerca.


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