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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Liara Eblan Mar Oct 04, 2022 6:30 am

Hace 3 meses


A pesar de que París sea conocida como la ciudad luz, no siempre le hace honor a su nombre. O tal vez sea todo lo contrario. Cuanto más brilla una luz, más profunda es la sombra que proyecta. Nada podía escapar de esa cruda verdad. Si la belleza que irradiaba era indiscutible, los horrores que ocultaba eran innegables. Los poderosos se movían a sus anchas, mientras los débiles quedaban embobados como polillas frente al fuego. Y aun así eran pocos los que deseaban marcharse luego de conocer la ciudad.

Había cierta mujer que lo sabía bien. No recordaba otro lugar como su hogar más que esa  ciudad y aunque por un tiempo estuvo lejos  había regresado llena de añoranza. Tanto había pasado en esos meses, pero fiel a sí misma seguía de pie esforzándose por la vida que quería conseguir. Para muchos sería una ingenua soñadora o una fabuladora ambiciosa. Las opiniones ajenas no importaban en este punto, había empezado a vivir de aquello que amaba. ¿Cuantas personas podían darse tal lujo? Muy pocas.

Esa noche daba  cuenta de ello. Había finalizado de dar clases de piano al hijo de uno de los prominentes comerciantes de París. Usualmente habría regresado a su hogar en cuanto terminase la lección, pero en esta ocasión la señora de la casa le solicitó que tomara el té con ella. Intrigada por aquel cambio de planes permaneció en la fastuosa morada escuchando las historias de aquella mujer. Por un par de horas la confusión permaneció, hasta que el tema central llegó. La señora le contó que su marido realizaba negocios con unos aristócratas alemanes y como estos contrataban músicos para cada una de sus fiestas. Poco a poco le insinuó que ellos podían presentarla para dar una audición con esos aristocratas. Fue adulada por su talento y que seguramente podría encantar a los anfitriones de aquella casa noble. Si aquello funcionaba, no solo sería provechoso para Liara. Sus actuales empleadores dejarían una muy buena impresión a sus socios de negocios.

Se había hecho tarde luego de finalizada la charla. La luna brillaba en ese oscuro manto atenciopelado, así pues, la señora del hogar ofreció que el carruaje que utilizaban  secundariamente la fuera a dejar a su departamento. Agradeció aquel gesto, después de todo no vivía cerca de aquella mansión precisamente. Y mientras el camino era recorrido con aquel medio de transporte, Liara meditaba sobre que piezas musicales escoger para audicionar. Tal vez... tal vez... si era aceptada su audición por esos aristocratas, se atrevería a audicionar a la opera de París. Phillip le había asegurado que tenía talento más que suficiente para ello. El recordarlo había dejado un sabor amargo en su boca y pesar en su corazón. Como si fuera un mal augurio un fuerte temblor en el carruaje precedió a que se detuviera abruptamente.

El chofer se excusó con la de dorados cabellos por el inconveniente. Tendría que esperar a que arreglara el desperfecto para seguir la travesía. Sin saber porque observó alrededor con inquietud. Faltaban unas pocas calles para llegar a su hogar. Tras esperar unos pocos minutos decidió que no podía aguardar más. Se despidió del cochero con una sonrisa ligera y apresuró sus pasos por las calles de París. A esas horas pocas personas deambulaban por aquellas arterias. En su mente se recordaba constantemente en seguir solo por las calles principales. A pesar de eso, al poco andar sintió que alguien iba tras ella. A penas giró un poco la cara para mirar a su espalda. Había un grupo de 4 hombres a unos pocos metros. No sabía bien porque, pero el solo hecho de que fueran en su misma dirección hizo que se le erizara el fino vello de los brazos. Estaba tan nerviosa que al girar para mirar al frente nuevamente casi chocó con un hombre que le gritó por andar distraída.

Apresuró su andar como si las sombras que proyectaban los edificios trataran de engullirla.  Y aun así el sonido de pasos a su espalda resonaban macabramente. Su corazón latía con fuerza, como si pudiera oír un tambor junto a sus oídos. Solo que no supo cuando pasó que comenzó a correr. Esa fue la prueba irrefutable de que la seguían. La persecución no demoró demasiado en llegar a su punto álgido. De una calle oscura, sin que ella supiera como, uno de los tipos que la seguía salió y la tomó de un brazo para jalarla.  Era un hombre de baja estatura, completamente calvo y con el rostro parecido al de una rata.


- ¡¡Suelteme!! - Liara no se dejó arrastrar a la calle oscura sin luchar. Forcejeo, tironeo y gritó aunque sus pies eran arrastrados. Luchaba por permanecer de pie y no caer. En tal desesperación y en el momento en que aquel sujeto propinó un jalón especialmente fuerte, ella lo pateo en sus partes nobles. El golpe debió ser especialmente fuerte pues el aullido de dolor resonó en la callejuela y su brazo fue liberado mientras aquel sujeto caía de rodillas retorciendose cual insecto al que le han hechado vinagre.

Lamentablemente ya era muy tarde, al girarse para huir pudo ver que estaba bastante dentro de ese callejón. Los otros tres sujetos se acercaban bloqueandole la salida. Y si hubiera otra entrada al extremo del callejón... no, probablemente la alcanzarían rápidamente si trataba de correr. La risa de aquellos hombres aumentaba su nerviosismo. Mientras uno de ellos aplaudía pausadamente, dándole un aire siniestro con solo ese gesto.


- La gatita tiene garras, ja ja ja. - El sujeto que aplaudia era más alto que sus compañeros y había algo en su mirada que Liara definitivamente odiaba. - Piere eres un inútil, no puedes someter a una mujer siquiera - Se burlaba sin dejar de observar a la rubia que retrocedía con cuidado.

- No se acerquen más o gritare - Advirtió tratando de mostrarse más valiente de como realmente se sentía. A pesar de ello estaba dispuesta a escupir, patear, arañar y morder de ser necesario para defenderse. Su corazón palpitaba tan intensamente que estaba casi segura de que saldría de su pecho en cualquier momento. Aun así, se negaba a demostrarles cuan asustada estaba en realidad. - Les daré el dinero que llevo... para que lo usen para los gastos médicos de su amigo. - Les indico al tipejo que seguía de rodillas en el piso entre quejidos. Esperaba que prefirieran llevarse el dinero sin mayor complicaciones a que otro quisiera arriesgar su suerte.
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Mensaje por Naxel Eblan Lun Oct 10, 2022 10:02 am

Aquella noche era perfecta para salir a cazar y poder despejar mi mente por unas cuantas horas, hacía unos cuantos meses que había salido solo de noche –la última vez, en realidad- y lo que me deparó aquella noche ni siquiera podría haberlo previsto. Me había encontrado con otra cazadora, una a la que le faltaba mucho por aprender de aquel oscuro y siniestro mundo entrelazando nuestros caminos aquella noche de una manera que jamás llegué a sospechar. Al final me había conducido a la boca del lobo pensando que ella podía tener una información muy valiosa para mí; la búsqueda de una pareja de licántropos, aquellos que había deseado matar durante muchos años, desde que era joven. Finalmente las cosas no habían salido como esperaba, nos habíamos metido en la boca del lobo y casi sus afilados colmillos nos rasgaron la piel. Salimos ilesos y vivos de milagros por los tejados de las casas de París, hasta que finalmente logramos perderles la vista. Había querido matarla en aquel momento cuando los despistamos, pero algo dentro de mí que no supe qué era me lo impidió. Desde entonces las noches de cacería juntos habían sido más frecuentes así como otros eventos ocurridos entre ambos que, sin que yo lo quisiera, había estrechado bastante la relación entre ambos hasta el punto en que no sabía bien en qué punto nos encontrábamos. Sin embargo necesitaba despejar mi mente no solo de los acontecimientos pasados hacía una semana, sino de mis pensamientos de ella por lo que esa noche… era solamente mía. Miré todas las armas que tenía encima de la mesa y las limpié y preparé una a una, era una manía que había cogido desde que era cazador y que siempre hacía antes de salir a cazar, eran mis herramientas, por lo tanto debía de mantenerlas bien cuidadas y preparadas… no podía dejar nada al azar. Me guardé las dos dagas pequeñas en la funda detrás de los muslos escondidas a la vista, las otras dos algo más grandes a los costados de mí cadera, y finalmente, pasé a limpiar y revisar cada una de las flechas que iba a utilizar esa noche. Sonreí ladino ante la idea, por fin iba a poder cazar aquella noche a solas sin tener que estar pendiente de Astrid y que no la mataran, siempre había odiado cazar con alguien y aquella noche iba a estar libre de preocupaciones. Reí ante aquello y pasé a guardar las virutas en el carcaj antes de limpiar y comprobar la ballesta. Una vez que tuve todo listo, vestido de negro como la misma noche, me puse aquella cazadora algo más ligera de cuero negro, me enfundé a la espalda la ballesta siempre cargada con una viruta pero con el seguro puesto, y salí hacia la noche para encontrar a la que sería mi presa.

Sabía también que debía visitar a Liara aunque me gustaba darle su espacio pero siempre mantenía una vigilancia en ella que, si bien no era constante, sí revisaba cada cierto tiempo. Era una mujer que sabía defenderse lo justo y necesario pero no lo suficiente para los horrores que albergaba la noche. Una vez en la zona central de la ciudad me encaminé hacia los callejones ya que era el lugar más fácil para encontrar sobrenaturales, en especial vampiros que aguardaban en las sombras a sus víctimas para abordarlas. Pero esa noche iba a depararme una desagradable sorpresa que podría cambiarlo todo. No fue hasta que escuché el grito de una mujer a lo lejos que supe que había encontrado lo que estaba buscando, una llamada de auxilio a la que acudiría sin pensar la magnitud de aquel pequeño acto. Corrí en dirección hacia donde escuché el grito de la mujer que ya me puse alerta aunque todavía desconocía el motivo, no sabía qué iba a encontrarme así que tendría que estar preparado para cualquier cosa. Aproveché que en uno de los callejones había un pequeño balcón a mitad de altura, cerca de unos barriles, donde podía subir al tejado y así ganar altura para tener una mejor visión del lugar. Avancé con cuidado sobre las tejas acortando la distancia hasta que la voz de la mujer se escuchó más cerca, reconociéndola al instante. «Liara». El corazón me dio un vuelco cuando supe que la mujer era mi propia hermana la cual no tendría que estar a esas horas de la noche por la calle, siempre le advertí de los peligros que eso conllevaba. Raudo y con una opresión en el pecho me acerqué para desde el tejado observar la escena contando que eran tres hombres, a simple vista no parecía que fueran vampiros -pues no tenían los rasgos típicos- aunque había uno de ellos que más me preocupaba y no solo por su corpulencia física. Escuchar ese tono de miedo en la voz de mi hermana me atrajo amargos y dolorosos recuerdos, me juré que nunca más consentiría que pasara por lo mismo y ahora podía evitarlo. En silencio mientras los hombres se regodeaban de ese tercero que a todas parecía un humano, saqué con cuidado la ballesta ya cargada con una flecha listo para disparar. De no estar mi hermana presente no tendría compasión alguna con esos hombres pero no con ella delante, no quería que viera de nuevo o experimentara la muerte… así que tendría que dejarlos inconscientes. Disparé la primera flecha al hombre que seguía de rodillas en el suelo quejándose y esta se incrustó en su hombro, provocó que el hombre chillara de dolor y momento que aproveché para dejarme caer por el balcón hasta llegar abajo, para colocarme delante de Liara aprovechando la confusión de los otros dos.



一Yo de vosotros no daría ningún paso en falso, o no seré tan compasivo como con vuestro amigo 一tapaba por completo la figura de mi hermana para que no la vieran y, a su vez, ella tampoco viera nada de lo que estaba ocurriendo. Mi ballesta seguía apuntándoles manteniendo una distancia prudente entre ellos y nosotros, no había analizado si el callejón tenía una salida pero al menos había incapactiado a uno de ellos. Quizás bastara, quizás fuera suficiente一 quédate a mi espalda, Liara. Haz todo lo que yo te diga 一dos de ellos parecían ser completamente humanos por su forma de actuar pero el tercero, el que parecía ser el líder de aquella pandilla, me daba la impresión que escondía que a simple vista. Ese instinto de cazador y de supervivencia que te ponía en estado de alerta cuando había algo, o alguien, cerca de ti como para que tu vida peligrara. A esas sensaciones e intuiciones era a las que tenías que hacer caso y no pasar por alto一 vais a dejar que nos marchemos por las buenas o sino 一recargué mi ballesta escuchándose el “click” al tener la próxima flecha lista para disparar一 mi ballesta y yo tenemos algo que decir al respecto 一me alegraba de portar más armas escondidas tras mi abrigo, puede que las necesitara luego.


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Mensaje por Liara Eblan Dom Oct 16, 2022 6:25 am

Ver a esos sujetos acercarse como perros de caza la tenía claramente atemorizada. Su respiración agitada la hacía percibir el desagradable aroma del callejón. Su piel sentía cada pequeña brisa erizandola y el único sonido que había a su alrededor parecía apagado. Aun así en rebeldía se controlaba lo mejor que podía, si para su pesar lo que había dicho no había causado más que risas entre aquellos hombres y burlas para el que estaba en el piso. En tanto la de rizos dorados retrocedía un poco más, pero no quería seguir adentandose en la penumbra, temía que llegaría a quedar envuelta completamente en un manto de oscuridad. La sola idea la atemorizaba aun más que sus asaltantes. Era la parte instintiva de su cerebro que le advertía que la falta de luz podría ser fatal para ella.

Antes de que terminaran de eliminar la distancia entre ellos un evento inesperado sucedió. Un chillido de dolor agudo rasgo la noche. El hombre que estaba en el piso se agarraba la pierna. La pianista no había sido capaz de ver como una flecha había atravesado el callejón para herir a aquel atacante. La repentina caída de una figura negra frente a ella la hizo dar un respingo hacia atrás. Tardó un par de segundos de confusión comprender que la persona frente a ella era nada más que Naxel, su hermano.


- Muchachos, a pesar de estar armado, es solo uno y nosotros somos tres. Además... - Liara reconoció esa voz como la del sujeto que más la incomodaba de ese grupo de asaltante. Aquello era su respuesta ante la amenaza de Nax. - será difícil para él recargar una tercera vez si nos coordinamos para atacarlo. Y tenemos una ventaja. Aquella mujer será un lastre si quiere protegerla realmente. Verá que darselas de héroe no es una decisión muy inteligente. - la voz de aquel sujeto ser especialmente persuasiva ante aquel par que lo acompañaba. Liara no podía observar sus reacciones ya que Naxel la cubría, no podía ver las expresiones y disposiciones de aquellos hombres, solo podía escuchar sus voces y los murmullos causados por sus movimientos. Aun así, el pesar que había causado una sola frase era grande. Ella en esa situación era un lastre, un peso que podía interferir con lo que Nax deseara hacer.

Miró alrededor buscando cualquier cosa. Cualquier opción que tomar si... solo si algo malo sucedía. Sabía que debía confiar en su hermano y no interferir, pero quería ayudarlo de alguna manera. Ese problema era su culpa. Él enfrentaba criaturas sobrenaturales diriamente, someter a un grupo de humanos no debía ser problema. Lande ojos azules solo deseaba que Nax no se viera en la necesidad de matarlos. No era por aquel grupo de malhechores. ¿Quien sabría a cuanta gente habían lastimado hasta el momento? No, Liara deseaba que no tuviera que llegar a ese punto por el alma de su hermano mayor. Le aterraba que su humanidad fuera el precio a pagar por el impulso de protegerla.

En la penumbra podía ver, en ese callejón que olía a orines, las paredes de ladrillos de los edificios de tres pisos de su alrededor. Un balcón casi sobre su cabeza a su costado derecho y a unos tres metros más atrás en el lado izquierdo había un balcón en el segundo piso. No se vislumbraba ninguna puerta en la cual pedir ayuda, pero si unos barriles de los que no se podía saber si estaban vacíos o no, a unos cuatro metros más atras. Además, unas botellas tiradas en el piso a un costado del callejón. ¿Ahora que iba a hacer? Pues seguir cualquier instrucción que su hermano le diera, aunque sabía que había una en especial que sería muy difícil de seguir.

El sonido de los pasos demostraba algo que la rubia solo podía adivinar. Aquellos sujetos en vez de alejarse trataban de acercarse. Como hienas trataban de rodearlos. Uno iba por el lado derecho y otro por el izquierdo. El jefe estaba al centro, pero sin moverse desde su posición, como si  quisiera bloquearles el paso o buscara cualquier apertura para realizar su jugada.


- Nax...- a penas murmuró cargada por todas sus preocupaciones.


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Mensaje por Naxel Eblan Mar Nov 01, 2022 11:48 am


Estaba acostumbrado a salir las noches de cacería y encontrarme con todo tipo de sobrenaturales -en especial vampiros- que aprovechaban esas horas para cazar a sus presas, aunque no todo lo que ocurría por la noche tenía que ver con el mundo sobrenatural ni podía echarles la culpa por mucho que así lo quisiera, como si fuera más fácil “justificar” mi trabajo. Pero algunos humanos tampoco es que se libraran de cometer ciertos delitos y aunque mi trabajo se centraba en vampiros y licántropos -aunque esa noche no era luna llena- tampoco es que dejara pasar ciertos actos como los que supuse que vería al seguir los gritos de una mujer, en una clara señal de que algo malo estaba ocurriendo. No negaría que me gustaba cazar a sobrenaturales porque era mucho más sencillo a la hora de actuar o al menos yo estaba más acostumbrado a sus movimientos, a los patrones que tenían y cómo evitar ciertos ataques pues tenían puntos débiles. Con los humanos todo era algo más impredecible pero no por ello dejaba pasar la ocasión si me encontraba con alguna escena que requiriera de mi ayuda, como es lo que había pasado tras seguir los gritos de la mujer hasta aquel callejón. Claro que de todas las posibilidades lo que no esperé fue encontrarme a que la mujer que parecía estar siendo abordada por un hombre, mientras otros tres miraban, fuera precisamente Liara. Eso provocó que todas las alarmas se encendieran en mi cabeza hasta el punto de sentir una opresión en el pecho, punzante, para notar cómo mi corazón se aceleró de solo pensar que le podrían hacer algo. Lo cual iba a evitar a toda costa aunque mi intención no era la que me viera en “acción” ni tampoco hiriendo o matando a alguien, aunque ella sabía bien a lo que me dedicaba así como el camino que decidí tomar hacía ya años. Pero una cosa era que se lo imaginara y otra muy diferente que me viera luchando contra aquellos hombres que, a simple vista, no eran más que humanos… aunque uno de ellos me daba la sensación de ser algo diferente al resto. No lo pensé cuando cargué mi ballesta y apunté al que la tenía aprisionada para disparar la ballesta cuya flecha silbó en su recorrido hasta acabar en la rodilla, provocando que el hombre cayera de espaldas al suelo y quedara inutilizado. Me posicioné tapando a Liara quien a esas alturas por mi voz ya debía de saber que era yo, mientras apuntaba a los restantes en una posición más que amenazante. Una parte de mí quería matarlos por el simple hecho de ir por mi hermana pero otra, algo más razonable, me pedía calma porque no quería que Liara viera ninguna muerte en mi presencia… no si podía evitarlo. Amenazarlos con la ballesta era algo simple y sencillo que podría mantenerlos a raya por unos instantes, los que precisaba para analizar la situación y ver cómo podíamos salir sin resultar heridos o al menos que no lo fuera Liara. A mí no me importaba demasiado ya que no sería ni la primera, ni la última vez. De peores me había librado con el paso de los años, aunque quien parecía ser el “jefe” de aquella panda expuso algo con lo que yo ya había contado: la superioridad numérica con la que contaban. Pese a que Liara sabía defenderse y quizás pudiera con uno de ellos, no era lo que estaba buscando. Dependiendo de cómo se movieran o actuaran podía disparar la flecha que tenía cargada y esperar a que los otros dos -los humanos- se acercaran a luchar cuerpo a cuerpo, algo que incluso hasta podría beneficiarme. Quien me preocupaba era su líder y sería el primero quien se llevara la flecha al menos para inmovilizarlo el tiempo suficiente. Observé cómo nos rodeaban cada uno por un lado alentados por sus palabras mientras mantenía mi cuerpo pegado al de mi hermana, había visto una posible salida para ella como era aquel balcón que quizás pudiera alcanzar… al menos mientras yo me encargaba del resto. Apunté al que me parecía de los tres el más peligroso porque no sabía cómo podría reaccionar, sin perder detalle con miradas rápidas por el rabillo del ojo a los otros dos que también nos cercaban. Intentaban rodearnos porque no había salida de ese callejón, era una opción a contemplar, y tampoco quería correr el riesgo. Mantuve mi postura firme sin moverme lo más mínimo siguiendo con la pose de intimidación adoptada, dando a entender que no les tenía ningún miedo y que no dudaría en hacer todo cuanto tenía a mi alcance. Ellos pensaban que solo tenía la ballesta como arma, un craso error que pagarían más adelante
.


一Cuando yo te diga, en el momento exacto, ve hacia el balcón e intenta subir. Necesito que te pongas a salvo 一por mi paz mental, porque pudiera centrarme de verdad en aquellos que intentaban hacernos daño. Ellos seguían acercándose por lo que a una distancia que creí prudente, y que no bastaría para rodearnos o al menos cortarle el paso, disparé la segunda flecha que impactó contra el muslo de su líder一 ¡ahora! 一Me giré centrándome en los otros dos quienes tomaron ese ataque como pistoletazo de salida y corrieron hacia nosotros, aunque yo flanqueé el lado por donde Liara corría hacia el balcón señalado y así no pudieran alcanzarla. Cierto que poseía la velocidad de un vampiro para cargar otra flecha en la ballesta y disparar, pero nada me frenó para utilizar esta y asestar un golpe en la cara del primero de los dos hombres lanzándolo hacia atrás para que retrocediera mientras el otro no dudó en abalanzarse sobre mí haciendo que cayéramos al suelo. La ballesta también cayó a varios metros de distancia mientras aquel hombre cayó sobre mí, no esquivé el primer puñetazo que me vino de sopetón pero sí respondí con las técnicas de lucha aprendidas por Keith en todos aquellos años, a esas alturas un humano no iba a interponerse en mi camino. Respondí a su puñetazo y me moví haciendo una llave para apresar su brazo y, tras sujetar una de sus piernas entre las mías, presionar con mi otro brazo su cuello de manera que no pudiera tomar aire hasta que quedara inconsciente. Tenía que admitir que se revolvió como un jabato para intentar soltarse pero estando bajo y con un agarre bien firme era imposible, lo solté cuando noté que su cuerpo quedó laxo e inconsciente. Lo aparté y quité de encima de mi cuerpo para incorporarme y mirar en dirección al líder, al ricitos de oro, pero en su lugar solo vi la flecha en el suelo ensangrentada… sin rastro de él. Ni siquiera había podido erguir todo mi cuerpo cuando me estamparon con fuerza, demasiada fuerza, contra una de las paredes provocando que mi espalda se llevara todo el impacto. Eso no podía ser propio de un hombre normal y corriente por lo que tal y como mi instinto me decía, debía de tratarse de algún sobrenatural. La flecha llevaba planta en su punta pero eso no bastaba para matarlo, debilitarlo levemente, con lo que iba a tener que trabajar con algo más. No quería tener que matarlo salvo que no me dejara mucha más opción, no al menos frente a Liara, aunque nada importaba siempre y cuando ella estuviera a salvo.


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Mensaje por Liara Eblan Vie Dic 02, 2022 6:55 am

El silencio alrededor parecía antinatual, no era como si los sonidos usuales de la noche parisina hubieran desaparecido, sino más bien, eran los sentidos de aquella mujer los que reaccionaban de manera extraña. Se concentraba en lo que tenían en frente en vez de tener la esperanza de que cualquier persona pudiera ayudarlos. No porque Naxel requiriera de ayuda, lo tenía demasiado claro. Él no requería de su apoyo, sino que en esos momentos, como mínimo, debía evitar ser una carga para su hermano. De manera que de momento se limitaba a permanecer alerta a lo que pudiera desarrollarse. Podía sentir el sonido del roce, las pisadas tétricas y amenazantes que se desplazaba con la intención de atacarlos, la suave briza que se movía como serpiente sigilosa entre los presentes.

El corazón de la rubia palpitaba intensamente como si un tambor golpeara rítmicamente en sus oídos. Todos los músculos de su cuerpo se encontraban en tensión, lista para seguir cualquier instrucción que le fuera encomendada. Aunque su corazón podría ser una complicación en determinadas. Aun así la orden llegó sin una duda siquiera. Había visto antes el balcón y supo en qué dirección correr. Salir del camino de Nax era el más sabio, pero también el más amargo. No tenía derecho a replicar. Así que corrió con todas sus fuerzas mientras ese maloliente aroma del callejón causaba molestia en su nariz.

Aprovechando su delgada y larga silueta saltó para afirmarse del borde del balcón, pateando, empujándose como podía y subiendo a duras penas mientras sus manos terminaban siendo maltratadas por aquel esfuerzo, antes de llegar a la sima y traspasar la baranda de aquella edificación. Dejó caer su peso en aquel espacio aparentemente seguro antes de jadear por el intenso uso de energía. El aire entraba y salía rápidamente de sus pulmones. A tal grado que una puntada dolorosa se clavaba en su costado. Aun así, a base de fuerza de voluntad se incorporó como pudo, primero sentada en el piso y luego acuclillándose para intentar levantarse. Solo que en vez de tratar de ponerse de pie, lo que deseaba era ver el desarrollo del enfrentamiento.

Aquellas orbes azules no podían creer lo que realmente estaba viendo. Naxel ya había dejado fuera de combate a uno de los asaltantes que habían estado merodeando su alrededor y le estaba realizando una llave al segundo. El problema era que el tercero no era visible por ninguna parte. Trató de forzar su visión en medio de las largas sombras proyectadas por el callejón. Antes de ver como el asaltante N° 2 caía inconsciente por la técnica de su hermano mayor. Lo vio levantarse. Aunque lo que sucedió justo frente a sus ojos había sido incomprensible. Ella misma no lo entendía, pese a estar a suficiente distancia como para ver el desarrollo de los hechos. Por un momento Nax se levantaba desasiéndose del sujeto inconsciente y al siguiente, sin que se supiera de donde había salido o más bien… como si la misma oscuridad se hubiera abierto para darle paso. El líder de los asaltantes azotaba al mayor de los Eblan contra uno de los muros.


-¡Nax! – gritó Liara desesperada, presa de un miedo instintivo que no sabía de donde venía, pero que le advertía que aquello era peligroso en demasía. Se giró para buscar la puerta o ventana que debía conectar con aquel balcón, pero estaba completamente tapiada. Su respiración se agitó mientras golpeaba las tablas presa de miedo y frustración. Fue entonces, un breve borrón en su vista y la sensación de vértigo que la obligó a afirmarse. La situación era tan desesperada que sin que ella lo supiera había removido los recuerdos del peor día de su vida. Tal como lo haría el golpe de una roca al caer al fangoso fondo de un lago. Respiró agitada con el cuerpo temblando y las pupilas dilatadas.

No sabía que había ocurrido con ella pero al girarse pudo ver esa figura aun sosteniendo a su hermano, medio inclinado murmurándole algo que ella a esa distancia no podía escuchar.  Odiando su propia debilidad y sin saber que hacer miró hacia todos lados. Habría rogado por un ladrillo olvidado en el balcón abandonado o cualquier cosa, pero no había nada. Así que para momentos desesperados, medidas desesperadas. Lanzó con todas sus fuerzas lo único que tenía a mano. Uno de sus zapatos. No sabía si era por lo inverosímil de la situación, por lo extraño, por lo concentrado del atacante en su prisionero, pero el proyectil había dado en plena coronilla de aquel sujeto. Aunque este apenas se inmutó. No hubo queja de dolor, pese a que imaginaba que normalmente aquello algo de daño habría causado. Lo único que vio fue como ese individuo giraba un poco su rostro para verla momentáneamente.


- Oh que decepción, es lo mejor que puede hacer aquel canario. – se mofó con una risa pretenciosa el líder de aquellos maleantes, mientras que Liara estaba segura de haber visto un brillo rojizo en aquellos ojos. Tal vez la distancia y el miedo estuvieran jugando malas pasadas con su mente.

Había deseado con tanta fuerza que ese gesto de desesperación le hubiera ganado a su hermano un par de segundos de acción, que al escuchar esa burla y presa de su propia inutilidad se mordió fuertemente el labio inferior. Fue tal la fuerza que requirió para mantener el autocontrol y ver que podía hacer que sin notarlo se había mordido fuertemente el labio inferior provocándose un pequeño corte sangrante. Fue entonces que algo sucedió…


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Mensaje por Naxel Eblan Lun Ene 23, 2023 10:17 am

Lo último que esperaba o deseaba encontrar aquella noche de cacería era la presencia de mi hermana en una situación peligrosa, era el miedo que más me atenazó los días -o más bien las noches- que salía de caza por miedo a que le pasara algo. Sabía bien que Liara era capaz de defenderse de cualquier agresor humano cualquiera, algunas nociones básicas sí aprendió que dejaban mi mente tranquila, pero no podía hacer nada si se topaba con algún sobrenatural y eso era precisamente lo que más me atemorizaba. Suficientemente doloroso fue el perder a nuestros padres como para tener que asumir la muerte de otro ser querido, de lo único que quedaba de mi familia, alguien que compartía el mismo lazo sanguíneo a excepción por supuesto de nuestro tío Keith. Ser valiente era todo cuanto quedaba para salvar a mi hermana del peligro en el que se encontraba y que pudiera vivir la vida que sin duda se merecía, lejos de toda aquella oscuridad, de la sangre y del dolor. Era todo cuanto quería para ella aunque eso tuviera el coste de mi propia vida, estaba dispuesto a aceptarlo. Y lo haría con gusto. Me cegaba demasiado cuando se trataba de ella y aunque siempre intenté mantener un perfil familiar cuando estaba con ella la bestia, el demonio que llevaba en mi interior esa noche quería salir y torturar de manera sádica, siniestra y cruel, a aquellos que se habían atrevido a hacerle daño… bastante me costaba contenerlo en las noches de cacería como para permitir que ella viera esa parte de mi persona, una oculta que solo tomaba partido en contadas situaciones. Habría sido demasiado fácil matar a los dos humanos que se encontraban con el sobrenatural para acabar con su mísera existencia, pero no quería que Liara viera esa parte de mí o que se relacionase de nuevo con la sangre o con la muerte, de ahí que hiciera todo lo posible por dejarlos inconscientes y que no molestaran. El que más me preocupaba a decir verdad era el “ricitos de oro” pues mientras yo luchaba contra los otros dos humanos, dejándolos inconscientes, él podía moverse libremente en lo que rezaba para que Liara me hubiera hecho caso y llegase hasta aquel balcón para ponerse a salvo. No sería la solución definitiva pero si podía alejarla del peligro mientras yo me encargaba del líder me quedaría mucho más tranquilo, mi mente podría centrarse y enfocarse en aquel maldito sobrenatural que tenía sus horas contadas. O al menos esa era mi intención.

Sin embargo las cosas no siempre salían como uno deseaba o esperaba pues nada más alzarme tras dejar inconsciente al segundo atacante, sin siquiera poder verlo o estar prevenido, mi cuerpo fue lanzado con brutalidad hasta que mi espalda se estampó contra la pared con demasiada fuerza. Gruñí ante el golpe en la espalda dejándome por unos breves segundos sin respiración en lo que caí quedando de rodillas sobre el suelo, con los brazos y los codos sobre el asfalto en lo que intentaba recobrar la respiración tras el golpe. Pero el ricitos de oro no pensaba concederme tanta tregua y con su condición sobrenatural se movió rápido, apenas siendo un borrón para el ojo humano, alzándome del suelo por las solapas de mi ropa hasta que su mano se enroscó en mi cuello. Ya no me hacía falta mucho más para darme cuenta que se trataba, en efecto, de un sobrenatural o más en concreto: de un vampiro. El brillo rojizo de sus ojos, la fuerza y la rapidez sobrehumana así como el tacto gélido, mortecino, de sus dedos en torno a mi cuello era más que suficiente para interpretar las pistas o las señales. Tenía que hacer algo antes de que decidiera apretar el agarre de mi cuello y así cortar todo paso de aire hacia mis pulmones, necesitaba soltarme pues como me dejara inconsciente sabía que Liara estaría sentenciada. Aquel desgraciado tenía puesta su mira en ella y no parecía demasiado convencido de soltar la presa, no hasta tenerla bajo su merced. El grito de hacía unos instantes de Liara preocupada por mi persona era algo que me provocó más ira, odiaba ponerla en situaciones como aquella o que viera todo lo ocurrido. Ella jamás debería de tener que presenciar nada relacionado con los sobrenaturales o la cacería. El vampiro parecía estar disfrutando del momento ya que podía ver sus colmillos asomar de entre sus labios, delatando su verdadera naturaleza. Portaba varias estacas guardadas pero de no soltarme rápido de nada serviría, aunque no porque la situación fuera desfavorable ya me iba a dar por rendido. Eso jamás, mucho menos mientras la vida de Liara estuviera en peligro.



一Vaya vaya, parece que la pequeña princesa está preocupada por ti… ¿acaso eres digno de recibir sus atenciones? 一Se estaba burlando y lo sabía bien, pero no podía caer ante sus provocaciones一 está tan preocupada que es difícil obviar los incesantes latidos de su corazón. Cuánto voy a disfrutar bebiendo de su sangre después de haberte matado, esos imbéciles no sirven para nada 一chasqueó despreciando a los otros dos como si fueran meros gusanos, quizás para él así era. No importaba lo que tuviera que decir siempre y cuando no apretara más sus dedos en torno a mi cuello, sin embargo se inclinó hacia mí como si estuviera a punto de contarme un secreto que nadie más podía conocer, quedando sus labios cerca de mi oreja一 no te preocupes, te dejaré el tiempo suficiente con vida para ver cómo me divierto con ella. Hacía tiempo que no me alimento de una mujer tan bella y hermosa, quizás la tome para mí y la reclame como mía 一gruñí propinándole varias patadas para intentar alejarlo pero su agarre era firme. Y entonces fue cuando algo inesperado ocurrió; un zapato se estampó contra su cabeza. Sin inmutarse solo ladeó su rostro para mirarla y burlarse de ella, tiempo que yo aproveché para ahora que no me prestaba atención llevar una mano a mi cinturón y sacar una daga con la que lo apuñalé en el costado varias veces… pero él estaba centrado en otra cosa. Noté cómo inhalaba al igual que lo haría cualquier depredador para seguir un rastro, sus ojos se volvieron de un color rojizo más fuerte y sus colmillos crecieron, ahora sin taparlos en absoluto. Me lanzó contra el suelo ahora que tenía un objetivo; mi hermana.
一¡Liara! 一Grité consciente de que el vampiro no detendría su avance hacia ella sin saber por qué ahora cambiaba su actitud, lo último que podía hacer era dejar que la alcanzara. Mucho más rápido y veloz que yo apenas le bastó un salto para alcanzar el balcón donde ella se encontraba, asediando a su presa. Miré a mi alrededor para ver dónde estaba la ballesta y corrí hacia ella, desde esa posición no tenía un buen disparo y no quería arriesgarme a darle a ella. Me moví subiendo por unas cajas mientras aquel vampiro tomaba la muñeca de mi hermana, la apretaba contra su cuerpo y la inmovilizaba para disfrutar del que él pensaba sería su próximo bocado… cuán equivocado estaba. Consciente de que ya era imposible evitar que ella supiera que no era humano, no me quedó más que una opción: matarlo. Apunté ahora que tenía mejor ángulo y ni lo pensé, apreté el gatillo y la flecha silbó impactando en su hombro. Pero sabía que no era suficiente y no dudé en cargar otra segunda flecha, esta impactó en su espalda atravesando su cuerpo, provocando que perdiera el equilibrio y cayera del balcón. Y ni con esas era suficiente para matarlo. O lo decapitaba o clavaba una estaca en su corazón.


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