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PARÍS, FRANCIA
AÑO 1842

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

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Mensaje por Amunet Nasir Miér 28 Dic 2022, 08:43

Esta noche todo debería de ir perfecto, al menos esa era la idea.

Amunet no tenía por qué saberlo, pero cuando conoció a madame Monet, su futura proxeneta, la mujer rápidamente había visto francos a doquier e inmediatamente había cuantificado las ganancias mentalmente. Le había lanzado una mirada de los pies a la cabeza inspeccionándola y había quedado fascinada con el aspecto de la chica. No solo poseía el aspecto exótico de las extranjeras, si no también una expresión de inocencia y un aura angelical que a sus clientes les atraería como las abejas al panal. La entrenaría bien, le enseñaría a complacer y, añadiendo erotismo a la mezcla, la jovencita sería un éxito rotundo.

No se había equivocado, a los clientes que visitaban el burdel les había encantado, a las otras chicas que trabajaban en él les había fastidiado que la nueva atrajera las miradas, pero en ese lugar se hacía lo que Monet mandaba, nadie osaba llevarle la contraria y correr el riesgo de terminar de vuelta en la calle, por lo que Amunet permaneció en el lugar y pudo de esa manera ganar los francos que necesitaba para que el casero del pequeño cuarto que rentaba no la desalojase como le había amenazado.

Nada le había aterrado más que dormir en los callejones cerca de las cloacas, pero como ya había transcurrido bastante tiempo desde que algo semejante rondara su mente, no solía ahondar en ello. En el presente ya no brindaba sus "servicios" únicamente en el burdel, formaba parte del selecto grupo de chicas que madame Monet enviaba afuera.

A los clientes más exclusivos, que estaban dispuestos a pagar más por una mejor experiencia, se les complacía enviando a las mejores chicas a un hotel. El susodicho debía pagar el alojamiento de la noche por adelantado, para no correr riesgos de terminar con deudas indeseadas, y a la chica en cuestión le pagaría después de haber obtenido lo que quería de ella.

Amunet se encontraba esa noche en el cuarto del hotel Paris Montparnasse. El botones le acababa de acompañar hasta la puerta de la suite y, tras recibir un par de monedas de propina, se retiró en silencio. La mirada de la chica se iluminó por completo y su entusiasmo al ver aquello aumentó a medida que la recorría. La suite era amplia, con grandes ventanales que daban hacia la ciudad. Tomó un momento para admirar la belleza que le rodeaba y se dejó caer en la mullida cama con una sonrisa mientras los dedos de sus manos repasaban las sábanas de seda.

Por primera vez se preguntó que tipo de cliente le había tocado, como era capaz de pagar algo así, imaginó que se trataría de alguien a quien ya le había pasado la juventud. A la mejor algún hombre ya viejo, aburrido de su matrimonio y de su trabajo, harto de la costumbre y de sus responsabilidades, poco agraciado, pasado de kilos, buscando más emociones e inventivas maneras de agrandar su hombría y su entrepierna.

Suspiró y se dirigió al cuarto de baño para retocarse, Madame Monet siempre insistía en que realzara sus "atributos", así que ponía especial atención en que comprara vestidos que se ajustaran a sus formas como un guante. Esa noche el vestido resaltaba a la perfección su pequeña cintura y el corsé anudado cuidadosamente en la parte superior de la espalda, ceñía más la zona de sus pechos bien maduros para sus veintidós años.

A la madam le hubiera gustado que llevara puesto uno verde, porque haría juego con sus ojos, sin embargo ella no lo había hecho, nunca llevaba puesto ese color al encontrarse con un cliente. Sus ojos eran de un extraordinario y poco común verde claro, los observaba en ese momento al sacar el maquillaje del estuche y comenzar a aplicar lo justo para que las sombras adecuadas los hicieran más intensos, sus pestañas más largas y sus ojos más brillantes.

Terminó de arreglarse sin saber si valía la pena, muchas veces no la veían, solo la tumbaban en algún lado y empezaban con lo suyo.

Caminó por la suite, sobre la mesa reposaban dos platos con cubiertas de plata y una botella en el centro. Suspiró, se aburría y la espera le provocaba cierta ansiedad, ¿no sería irónico que después de todo el cliente no llegara? De ser ese el caso, por lo menos aprovecharía la suite el tiempo que estuviese pagada.


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Mensaje por Kyrian Tisdale Sáb 31 Dic 2022, 19:56

Mis asuntos me habían llevado hasta la capital Francesa donde atendería unos negocios que eran importantes para el camino que había tomado, aunque no era la primera vez que pisaba la ciudad de París sí la primera en la que había decidido alojarme en la mansión el tiempo que durara mi estancia en la ciudad. O al menos, por un par de días, permanecería allí mientras seguía mi camino ya que en los próximos meses mi destino sería acabar en la corte Inglesa donde tenía asuntos que atender con el rey Fenris, necesitaba que terminara por apoyar mis planes pero para ello necesitaba recabar ciertos datos que solo encontraría en la ciudad de París. Debía de comportarme en aquellos días que estuviera en la ciudad porque no quería que alguien pudiera descubrir que no solo era un hombre de alta clase normal y corriente sino que la magia también corría por mis venas –por la Inquisición- o peor aún; que supieran mis intenciones oscuras y secretas. Pero estar allí era también una parte para no exponerme demasiado en la ciudad ya que no quería que me delataran, o mejor dicho; se dieran cuenta de mi presencia. Portar aquel apellido a mi espalda era sinónimo de estar emparentado con el rey de Escocia, mi hermanastro, aquel por el que pretendía cumplir mi venganza y arrebatarle el trono para ser yo quien ocupara su lugar ya que era tan legítimo como lo pudiera ser él... aunque también podía utilizar el apellido del que era mi “padre” o al menos la única referencia que tuve, el apellido MacKay era también de importancia aunque no lo fuera tanto en París. Sin embargo decidí optar por algo completamente diferente y para aquellos que no me conocían, o no tenían nada que ver con mis “negocios” en la capital francesa, tan solo era Kyrian Wolff. Así podría pasar más desapercibido mientras en las sombras tejía los hilos para entramar el plan maestro que me llevaría directo al trono de Escocia, ese que por derecho de nacimiento también me pertenecía. Ese que me habían arrebatado de raíz. Era por eso que escogí precisamente tomar ese apellido y no el que realmente debería de nombrar a todos, porque nadie podría pensar que llevaría a cabo unos planes como aquellos y al mismo tiempo estar entre la presencia de personas poderosas para que no se dieran cuenta de nada. Decidí quedarme en una casa algo más “modesta” que la mansión que los Herondale ocupaban en la capital francesa para no llamar la atención, por lo que a mi llegada ya estaba todo preparado. Si quería calmar otras necesidades iba a tener que buscarlas lejos de la mansión, aunque quizá alguna de las sirvientas estuviera dispuesta a ayudarme a paliar las tensiones o los efectos que pudiera provocar en mí el uso de la magia oscura ya que todo siempre tenía un coste.

Ya llevaba varios días en la ciudad centrado en la causa y el motivo por el que me encontraba en París, lo cierto es que gracias a los contactos que tenía había podido obtener un lugar y una fecha donde reunirme con alguien “importante”, que podría ayudar a la causa que tanto Zarek como yo compartíamos. También ayudaba el que mi buen amigo Zarek tuviera una relación estrecha y personal desde hacía años con el rey Inglés lo cual abría muchas puertas… y todo marchaba mejor de lo que podía siquiera llegar a imaginar. Poco a poco los negocios daban sus frutos y empezábamos a obtener los resultados que queríamos. Pero todo tenía un precio y es que no todos estaban dispuestos a sumarse a nuestra causa o apoyarnos, no a todos les parecía bien el negocio que traíamos entre manos… y había tenido que hacer uso de mi magia mucho antes de lo previsto contra el que podría haber sido un buen aliado. Un hechicero que no me puso las cosas fáciles pero que mi victoria fue algo que disfruté pese a la magia negra utilizada, al desgaste de energía utilizado. Iba a tener que paliar los efectos que la magia negra -y la magia de sangre- causaban en mí al utilizarlos con el calor de un cuerpo femenino, lo único que lograba paliar sus efectos de manera efectiva e inmediata.  Era un hombre que le gustaba disfrutar del placer y del sexo sin tapujos y sin tabú, no importaba frecuentar un burdel de ser necesario pero estando en París quería guardar un poco más las apariencias, por lo que en cuanto me enteré de cierto servicio que hacía una Madam de manera “discreta” y fuera del propio burdel, no dudé en concertar una “cita”.

El “Paris Montparnasse” se encontraba en la zona Norte de la ciudad y era el lugar ideal y perfecto para aquella cita donde podría paliar los efectos de la magia negra, donde poder disfrutar de un buen sexo -o eso esperaba- y por qué no; destensar todo mi cuerpo así como olvidarme de todo el peso que tenía sobre mis hombros. No había pedido un tipo concreto a Madam Monet pero esta me había asegurado que quedaría complacido con su elección, pues solo enviaba a sus mejores chicas para clientes exclusivos. Esperaba que así fuera pues de ser cierto yo podía extender ese rumor que, de seguro, le haría ganar bastante dinero para el mundo en el que me movía. A la hora prevista y ataviado con un traje gris oscuro -siempre impoluto- me encontraba en la entrada del hotel, tan solo con decir mi nombre bastó para que me entregaran la llave de la habitación avisándome que mi acompañante ya se encontraba en el lugar. Bien, eso decía mucho y puso una pequeña sonrisa en mis labios que duró apenas unos segundos. Subí hasta donde se encontraba la suite y aunque tenía las llaves para abrir la puerta, en lugar de ello, lo que hice fue tocar con mis nudillos para así hacerle saber que me encontraba allí. Esperé varios segundos hasta que por fin la puerta se abrió y pude comprobar quién iba a ser mi acompañante de cama por esa noche; mis ojos repasaron de manera algo lenta su figura para subir de vuelta pasando de nuevo por ese vestido azul que ajustaba -y realzaba- cada curva de su cuerpo y resaltaba sus pechos cuya piel se apreciaba por el escote, para terminar en sus ojos azules como el mismo cielo. Había que reconocerle algo a Madam Monet; tenía un gusto exquisito.



一Buenas noches Mademoiselle, espero no haberla hecho esperar demasiado 一me adentré en la habitación cerrando la puerta a mi espalda, concediéndonos esa privacidad que tanto deseaba. Tomé su mano para depositar un beso en sus nudillos con esos modales que mi madre impartió desde bien pequeño一 Kyrian Wolff a su entera disposición, aunque por esta noche sea usted la que esté a mi disposición en realidad 一elevé ligeramente la comisura de mi labio soltando su mano para darme cuenta de que la suite estaba tal y como pedí al hacer la reserva一 ¿le apetece tomar una copa? 一Pregunté acercándome hacia donde ya descansaba la botella para tomar sendas copas y llenarlas. Cierto que tenía muy claro a por lo que había ido esa noche, lo que ocurriría en esa habitación entre ambos… pero eso no significaba que no la tratara como una mujer o con respeto. No estaba allí solo para abrirse de piernas y, siendo sincero, no me gustaba ser tan tosco. En cuanto al placer se refería me pasaba como el buen vino; lo degustaba lento y despacio. Y con aquella preciosa joven no sería diferente.


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Mensaje por Amunet Nasir Vie 06 Ene 2023, 07:05

Se aburría, eso era un hecho, no tenía otra cosa que hacer más que esperar. De haber sido solo ella, el asunto hubiera sido diferente, podría hacer lo que quisiera en la suite sin tener que preocuparse porque se le fuera a arrugar el vestido o a deshacer el peinado. Había recogido su negro cabello exquisitamente, alto y adornado con diminutas cuentas azules y blancas. Se cuidaba de que ningún mechón se saliera de su lugar, así revelaba la piel suave y delicada del cuello como porcelana. Debía de mantenerlo todo intacto, no podía simplemente tirarse a descansar.

Su mirada descubrió las puertas de cristal que daban hacia el balcón, por lo que para no dejarse tentar por la idea de echarse en cualquier lado, salió a respirar aire.

La noche le otorgó una vista panorámica de esa zona norte de la ciudad, una suave brisa le refrescó el rostro y movió algunos mechones que llevaba sobre la frente. Se apoyó en los codos observando la infinita cantidad de luces de casas y edificios y los múltiples tejados, tan distintos a los de su país natal. En ocasiones como esta podía entrarle la nostalgia si se dejaba llevar por recuerdos, no pudo sin embargo dejar de pensar en ello, preguntarse cómo se encontraría su madre en esos momentos, rogaba que estuviese bien, que tuviese salud, rogaba por volver a abrazarla.

Quizás fuera para su fortuna que justo en ese momento se produjese un par de golpes en la puerta para arrancarla de las cavilaciones que comenzaban a tornarse tristes. El sonido que alcanzó sus oídos la regresó a la realidad.

Se apresuró a cerrar las puertas del balcón y se dirigió hacia la de la habitación, tenía que tratarse del cliente. ¿No le habrían dado una llave? ¿O se trataría de alguien lo suficientemente sutil como para pensar en dejarla prepararse?

Alguien con modales de ese calibre calzaba con su idea del cliente pasado de años, a la mejor se cansaría rápido y ella no tendría que hacer mucho para complacerle sus "gustos". Eso la animó, las mejillas se le sonrojaron por causa de la carrera hasta la puerta y una sonrisa estuvo a punto de asomarse a sus labios.

-Sea bienvenido monsieur.- Ese fue el instante en el que perdió el norte. Tras abrir la puerta se topó con un rostro que enmarcaba un par de orbes azules sorprendentes, hermosos. No era un anciano, era joven y se veía atlético. Por su traje se notaba que era de buena procedencia, su manera de arreglarse colindaba entre pulcro y un poco desaliñado. Sus rasgos eran desarmantes, pómulos fuertes y estilizados, nariz recta y bien perfilada, labios llenos y exuberantes, se detuvo en ellos y se los imaginó capaces de muchas cosas. Esa idea la llenó de inquietud, estaba divagando, tuvo que regañarse mentalmente y procuró inmediatamente ordenar sus ideas.

-Que agradable verlo.- Esbozó una sonrisa acogedora. -Permítame su abrigo por favor.- Se acercó para que él se lo quitara y se lo pasara, y habiendo hecho eso, lo colgó en una percha, antes de que él se moviera para servir un par de copas.

-Si, por supuesto, gracias.- Se sintió contrariada y un poco traicionada, hubiera preferido a alguien que fuera más… que fuera menos, no alguien que la indujera a mirarlo.

Cerró las pestañas espesas y oscuras meditando.  -Que amable, ¿se sienta conmigo?-

Tomó la copa que le pasaba, se acercó a un alargado sofá en la sala de la suite, tomó asiento y dio un par de golpecitos con los dedos a un lado suyo invitándolo a acompañarla.

-Kyrian, ¿me permite llamarlo así?- Claro que los dos sabían porque estaban en esta habitación, ambos sabían que ella era una fulana, pero él no parecía tener prisa y la estaba tratando con amabilidad, podía tomarse algo de tiempo para conversar con él.

-Me gusta su nombre, no suena francés, ¿quiere contarme de dónde es?- Sintió curiosidad, no practicada, si no genuina. Sus orbes se desplazaron sobre el, envolviéndolo en sus verdes profundidades de calidez.  -Todo lo que diga se queda aquí, como si fuera su confesor.- Soltó una leve risita al hacer la comparación, su mirada se conectó una vez más con la de él y un segundo después acercó la copa a sus labios.


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Mensaje por Kyrian Tisdale Dom 22 Ene 2023, 19:29

Siempre me había considerado un hombre de gustos exquisitos y pese a que pudiera tener mis dudas, mis reservas, acerca del gusto de la Madame en el preciso instante en que se abrió la puerta y pude ver tan de cerca a la joven escogida para aquella noche… tuve que reconocer que la Madame había acertado al escoger a tan bella y hermosa joven, entendía por qué su negocio era uno de los más influyentes de la ciudad o por qué era un lujo que no muchos podían permitirse. No se trataba de cualquier burdel más de la capital francesa donde los hombres satisfacían sus necesidades, sus anhelos, deseos o incluso sus más oscuros secretos. Aquel lugar tenía cierto prestigio que se comentaba incluso en altas esferas y después de ver a la joven que tenía frente a mí, observarla en apenas unos segundos, fueron más que suficientes para reconocer el exquisito gusto de la Madame. Ya no solo por el dinero que costaba aquella suite que había reservado para aquel encuentro, sino todo el lujo que estaba implícito en su propio negocio. Además de tener gustos exquisitos -en los que ella entraba, por supuesto- era también un hombre al que le gustaba disfrutar con calma de ciertos placeres… más que ir directamente al motivo de nuestro encuentro. Nada más entrar y presentarme ante ella de una manera que solo podía ser descrita como “galán” o “aduladora” revisé la estancia para comprobar que todo estuviera acorde a lo pedido y solicitado, no en vano era la mejor suite del hotel. Sabía bien que otros en mi situación no tendrían tantas libertades o licencias sino que irían más bien al grano, no me gustaba ser tan tosco y las cosas me gustaba disfrutarlas igual que se tomaba un buen vino; degustándolo con calma. Ya de inicio aquella hermosa y sensual joven llamó mi atención y supe que iba a ser una noche más que placentera, pero por encima de todo que tendríamos tiempo más que de sobra para satisfacer los deseos de cada uno. Porque sí, sabía bien a lo que se dedicaba o lo que era pero no dejaba de ser una mujer que también sentía o disfrutaba, pese a pagar por el servicio era de los que prefería que mi compañera de cama también lograra disfrutar del placer tanto o más que yo. No estaba allí solo para otorgarme placer de una manera egoísta y casi cruel por mi parte, sino que era de los que disfrutaba -mucho- viendo cómo mis compañeras alcazaban el orgasmo por lo que yo les hacía, por lo que yo les provocaba… no había mejor música para mis oídos que los gemidos, los jadeos y los gritos de una mujer corriéndose bajo mi cuerpo.

Permití que tomara mi abrigo para que lo guardara en lo que yo llenaba dos copas de champagne y así comenzar aquella velada, cuanto más la miraba de reojo sentada en aquel enorme sofá más me gustaba y más ansias me entraban de comenzar, pero debía de encontrar calma pues quería disfrutar de ella. No teníamos prisa alguna y la suite estaba pagada hasta el día siguiente, ¿qué necesidad había de correr? Ninguna, por el momento. Elevé la comisura de mi labio cuando preguntó si me sentaba con ella, como si no fuera a hacerlo de no pedírmelo, disfrutando de la suave cadencia de su voz, casi como una suave melodía que invitaba a dejarme llevar de su lado… justo lo que pensaba hacer. Tras pasarle la copa ya llena me senté a su lado aunque de manera que quedaba de frente a ella, recostado de perfil sobre el sofá y dejando uno de mis brazos sobre la parte superior del respaldo, estirado hacia ella, de manera que a esa pequeña distancia -que bien podría ser mucho menor- casi podía rozar su pelo con la punta de mis dedos. Apenas un pequeño e ínfimo roce como un preludio de todo lo que estaba por llegar, de todo lo que le haría con el roce de mis dedos. Di el primer trago a mi copa y asentí con la cabeza para que me llamara Kyrian incluso a pesar de que no nos conocíamos, y tampoco sabía con certeza si ella prefería tener algo más de cercanía o prefería mantener una actitud más “profesional”, sin entrar demasiado en lo personal. Yo prefería algo más de cercanía que no cierta distancia fría puesto que íbamos a compartir un momento íntimo y privado, el acto más íntimo que pudiera encontrar alguna vez el ser humano. Estaba convencido de que no todos sus clientes empezaban la sesión con una charla o con tanta tranquilidad, sin ir directamente a lo que querían y cuando lo tomaban se olvidaban de todo lo demás… como también estaba convencido que algunos ni siquiera llegaban a tocarles, no por nada se sabía que los burdeles en la antigüedad se utilizaban también como una fuente de información.



一Puedes y es más, te pido que lo hagas
一una recomendación que no le resultaría complicado realizar o llevar a cabo. Me gustaba que todo fuera más “personal” en ese sentido. Bien sabía que las prostitutas estaban entrenadas para complacer al cliente pero en ella veía un interés real, genuino, no algo que tuviera que hacer como de seguro la Madame le hubiera enseñado… algo que muchas hacían en ese negocio. Reí levemente entre dientes cuando hizo aquel símil con ser un confesor y casi, casi, me vi en la tentación de decirle o contarle realmente quién era o de dónde provenía. Claro que le contaría acerca de mí pero no mucho más de aquello que todos conocían bajo el pseudónimo que utilizaba como Kyrian Wolff. Decir que era un McKay -o eso se suponía- era poner en la vista de todos la atención en mi pequeña y adorada hermana Nimue, lo cual no quería en absoluto. Y decir que era un Tisdale… bueno, eso sí podría traerme serios problemas así como desvelar unas atenciones que no quería. Lo último que necesitaba para mis planes es que supieran que un Tisdale andaba por París tras la coronación de mi querido hermanastro, quería evitar preguntas innecesarias一 no soy francés aunque no es la primera vez que visito la ciudad tampoco. Soy de las bellas tierras de Escocia, plagas de misterios, de leyendas y de magia 一eso último era bastante cierto pues la magia corría por mis venas, aunque eso ella lo desconociera. Una de las cosas en las que me fijé nada más abrir la puerta fue en su aura y esta me dijo que era una humana, lo cual facilitaba mucho las cosas一 y antes de que lo preguntes, he venido a París por negocios. Sé que puede sonar algo típico y cotidiano pero esta ciudad se está convirtiendo en el centro neurálgico de muchos negocios, cualquiera que no intente aprovechar la situación es sin duda un necio 一moví la copa un par de segundos como si fuera vino lo que tuviera en su interior, sin apartar mi mirada de ella, de recorrerla en silencio cada vez más complacido con lo que veía a simple vista一 me gustaría deciros algo, señorita… 一dejé la frase sin acabar incitándola a que me dijera su nombre, olvidando y dejando al margen un poco los formalismos一 me gustaría dejar a un lado los formalismos por esta noche, si te parece bien Amunet 一pronuncié su nombre con cierto énfasis, en un tono algo más bajo, casi como un ronroneo一 a mí también me gustaría saber y conocer más a cerca de ti, por tus rasgos exóticos es fácil presuponer que no eres originaria de París. Puedes preguntarme tanto como quieras, estaré encantado de responder todas tus preguntas 一eso era cierto, totalmente cierto一 así como me gustaría preguntarte a ti… pero más que me respondas, me gustaría ganarme todas y cada una de las respuestas 一la mano que estaba cerca de su pelo tomó un par de mechones entre mis dedos, notando su suavidad, en apenas un pequeño roce para dejar dichos mechones colocados tras su oreja. En aquel gesto mi mano rozó su rostro y descendí mi mano hasta posarla en su pierna, sobre la tela de su ropa, para con mi pulgar acariciar su suave piel一 también me caracterizo por ser un hombre al que le gusta disfrutar, paladear, de los placeres de la vida… y es justo lo que pretendo hacer contigo Amunet; degustarte como un buen vino 一ya mi tono o mis palabras denotaban mis intenciones, mi mirada estaba fija en ella mientras mi pulgar acariciaba su piel en lentas pasadas o barridas con movimientos circulares. En mis ojos se denotaba el deseo y mi sonrisa le decía todo cuanto necesitaba; que en esa noche no solo yo iba a disfrutar, sino que ella también. Toda una declaración de intenciones.


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