Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Ciel et l'enfer

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Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 25 Jul 2017, 17:19

Recuerdo del primer mensaje :

Llevaba preparando el atraco al cabaret de lenfer un mes, había atado cada cabo que podía estar suelto o soltarse en el ultimo momento.
Si salia bien nos llevaríamos un buen pico, suficiente como para vivir una temporada sin necesidad de dar otro palo.
Nuestra vida nunca fue fácil, aunque supongo que la necesidad te obliga a buscar las vueltas para sobrevivir sin que los que te buscan te cacen.

Era algo irónico pues también mi hermano y yo eramos cazadores, acabábamos con seres de la noche para proteger a la humanidad, a fin de cuentas para eso habíamos venido a este mundo, iba implícito en nuestro adn.
Claro, que vivíamos en tierra de nadie, pues aquel que nos creó también buscaba nuestra destrucción.

Raziel no se tomaba nada en serio, su actitud me desesperaba, parecía no comprender que no estábamos en París por placer, la idea de movernos de un lado a otro no era un capricho del destino si no una necesidad palpable para mantenernos con vida.
La inquisición no se andaba con tonterías y nosotros eramos la prueba fehaciente de que habían experimentado, habían jugado a ser dioses, a dar vida y ahora a quitarla para que nadie descubriera la atrocidad de sus clandestinos experimentos.

En mi nuca el numero uno grabado a fuego, clara sentencia de lo que era, en mi interior un ente arañaba mi carne, rugía voraz queriendo emerger de la vasija que lo contenía.
Una marca alrededor de mi ombligo en forma circulo y con distintas runas servia como sello.
En una semana daríamos el golpe, aquella tarde necesitaba descargar adrenalina, así que dejé el fuego de la lumbre encendida y tras echarle un par de maderos, abandoné la cabaña de madera en busca de alguna presa.
Raziel como de costumbre estaría en alguna taberna haciendo de las suyas, me cansaba de ser su niñera personal, sus descuidos nos ponían en peligro, y a veces también a mi me apetecía convertirme en un hombre de mi edad, beber, salir con mujeres..sin embargo, yo tenia que permanecer atento a todo, lo que me dejaba en una posición de eterna vigilancia.

Cogí el arco y colgué el carcaj a mi espalda repleto de saetas. No demasiado lejos había un rio de aguas vivas donde gran parte de la fauna del bosque acudía a beber, era cuestión de tiempo dar con la presa del día, así que con la paciencia que ostentaba, me agache resguardandome entre la maleza atento a todo lo que mi alrededor pasaba.

No se el tiempo que permanecí hasta que un venado caminaba majestuoso y a lento paso hacia las orillas de las cristalinas aguas.
Coloqué la flecha en el nock y elevé ligeramente el arco tensando con mi brazo la cuerda para dejar escapar la flecha. Antes de que eso sucediera un ruido espantó a la presa haciéndola huir de inmediato.

Miré hacia el lugar de donde provenían los gritos femeninos, no tardé en ver a una doncella de dorados cabellos correr como si fuera una ninfa a través de las cortezas de los arboles.
Sus ojos miraban hacia atrás, como si fuera perseguida por alguien, asi que volví a esconder mi cuerpo entre la maleza dispuesto a observar.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 17 Oct 2017, 11:56

Me sentí más aliviada cuando me encontré con Samael, mis brazos lo rodearon de forma algo desesperada y dejé mi cabeza en su pecho mientras me sentía más tranquila ahora que lo había encontrado, estábamos en ese sueño en el que la gitana nos había inducido y ahora podríamos saber con exactitud qué habría pasado hacía tanto tiempo y lo que contaba ese libro. La tierra parecía estar devastada y era como si realmente se hubiera desatado ese infierno, habíamos encontrado al ángel de Samael con sus alas blancas todavía por lo que intuíamos que no se había encontrado con mi demonio y todavía era fiel al bando de los ángeles. Samael propuso que lo siguiéramos y era la única opción que teníamos, asentí con la cabeza mientras lo seguíamos sin saber hacia dónde nos llevaría, pero juntos lo averiguaríamos y así podríamos saber quizás si había una solución o por el contrario tendríamos que seguir con las consecuencias que acarreaba tener a un ángel y a un demonio que se buscaban constantemente en nuestro interior. No negaría que estaba algo nerviosa porque de lo que viéramos dependería todo, el poder ser libres y liberar nuestros cuerpos de lo que encerraban. Él tenía razón, esos no éramos nosotros por mucho que nos pareciéramos a ellos así que cogidos de la mano seguimos a su ángel hacia ver a dónde nos dirigía. Parecía que los ángeles habían bajado para luchar contra los demonios y quizás fuera el momento donde se encontraron por primera vez, gracias a ese brebaje que habíamos bebido no nos podían ver ni nos podían hacer daño, solamente estábamos de espectadores en aquel lugar.




El día por fin había llegado, ese día que los demonios tanto estábamos deseando que pasara se había hecho realidad: la tierra era un completo infierno. Sabíamos que padre enviaría a sus ángeles contra nosotros y, en cierta forma, hasta fue lo que provocamos lo que quisimos. Al principio habíamos sido una pequeña minoría los que habíamos seguido a aquel que se opuso a padre, pero habíamos resultando siendo más de los pensados y nuestro número crecía conforme pasaban los días, más y más se unían a nuestra causa y la hacían como suya. Padre nos había ofrecido, en su infinita benevolencia, perdonarnos si decíamos volver con él al paraíso, al cielo... ninguno hizo caso a esa petición que nos perdonaba por haberlo desafiado y bajado a la tierra, en señal de rebeldía nos habíamos cortado las alas para no poder volver de nuevo al cielo. Nos habíamos ido de allí así que ¿para qué volver entonces? Nuestro lugar estaba en el infierno y no había mejor forma de cabrear a padre que metiéndonos con sus creaciones, con esas que con tanto amor había hecho a su imagen y semejanza, les había entregado un paraíso y al incumplir las normas los castigó. Padre no era tan benevolente como todos creían y sabíamos que no se quedaría solo en un “volved y os perdono”, a los humanos los castigó y nosotros sentíamos en cierta manera y forma el estilo de vida que ellos tenían. Eran libres para tomar sus propias decisiones, eran libres en su albedrío, eran libres para tomar su propio camino mientras nosotros teníamos que seguir el que él mandaba... y eso no era justo.

Esa fue en parte uno de los motivos de la rebelión que habíamos encabezado, ahora los ángeles, aquellos que una vez fueron nuestros hermanos nos daban caza como si fuéramos animales salvajes, bestias que se debían de erradicar por no comulgar con sus pensamientos e ideales. Había bajado un grupo numeroso de guerreros, los mejores de ellos encabezaban las tropas que nos aniquilarían. Cuando bajaron se encontraron con una tierra sembrada por el caos y la destrucción, convertida en el propio infierno donde nosotros reinábamos. No éramos tontos y sabíamos que ellos bajarían, yo me había ido con un grupo hacia las montañas y antes de que ellos llegaran los sentí, sobre todo sentí el que lideraba aquel grupo de ángeles que venían para matarnos. Otro grupo les esperaba cuando llegaran pero él logró atravesarlo y se había metido en la gruta donde yo estaba, Samael era el ángel que había venido a intentar matarme, y sería yo quien lo matara a él. Escuché un aleteo de alas y sonreí de lado con malicia al escuchar su voz pidiéndome que saliera mientras el acero se escuchaba de fondo, dispuesto a enviarme a los confines del universo. Mi risa sonó con fuerza haciendo eco en el lugar ante sus palabras que me divirtieron por completo, jamás lo había visto pero sí había oído hablar de él, un excelente general con muy buenas dotes de lucha. ¿Temerle? No, por supuesto que no. Salí de allí donde estaba riéndome todavía por sus palabras y mis ojos, negros como la noche más oscura, lo recorrieron observándolo de forma fija. A su espalda unas alas blancas que batía despacio para intimidarme, una armadura que portaba en su cuerpo para defenderse de los golpes, una espada que relucía incluso en aquel lugar siendo una espada de luz, la que llevaban los generales, y luego me fijé en él. Su rostro con facciones marcadas su mandíbula apretada en cuanto me vio y unos ojos que, a diferencia de los nuestros, no tenían ese tono oscuro y eran de color verde esmeralda... y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo por ello, pero lo ignoré porque era mi enemigo a batir.


-Vaya... así que Samael es el que se ha dignado a venir a por mí –sonreí con diversión mientras quedaba a unos pasos de distancia con el ángel, los suficientes para que no me atravesara con su espada, de lejos podía escuchar los ruidos de la batalla y mis ojos fueron hacia el principio de la gruta y luego hacia él- hoy no es tú día de suerte angelito, acabarás reducido a cenizas pero no antes de que te arranque esas alas que tanto luces con orgullo –espeté mirándole de forma fija, éramos capaces de matar al otro, sabía que él era un buen soldado pero mis poderes también eran grandes y no iba a ser una batalla ni fácil ni sencilla- oh, el pequeño ser de luz acabará siendo extinguido por la oscuridad –sonreí con malicia y pronto de mis manos brotaron dos esferas llenas, como si fuera fuego negro, que lancé hacía él y que iban creciendo conforme se iban acercando en su dirección mientras con unas palabras convocaba poderes oscuros y una espada, de color negra, aparecía para presentarle batalla. Hoy me cobraría la vida de uno de los mejores generales de padre, ¿qué había mejor que eso?




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 17 Oct 2017, 18:59

Mis verdes se hundieron en esos ojos negros que como dos pozos me retaban a acabar con la que un día fue un ángel de bellas alas.
-Sois la vergüenza de padre, ovejas descarriadas que tuvisteis la oportunidad de regresar al redil y por contra arrancasteis las vayas en un inmaduro acto de rebeldía que sera castigado con el destierro eterno.

Mis ojos recorrieron su bello rostro, un día sus ojos fueron azules como el cielo, sus hebras de oro resplandecían ante la bola de fuego que centelleaba entre sus dedos.
-Aun puedes arrodillarte y pedir clemencia, el infierno sera tu morada pero al menos no mancharé mi espada con la sangre de la que un día fue un ángel y hoy se ha trasformado en esa oscuridad de la que hablas.

Se abalanzó contra mi con la agresividad en su mirada, la idea de matarme le gustaba, no se que había pasado con esos seres que un día eran capaces de amar, hoy solo había odio en su mirada.
Bateé la primera bola de fuego con el aura azulada de mi acero, esta impactó contra las paredes de la gruta haciendo un gran boquete, su espada negra chocó violenta con mi acero, la luz y las sombras en una batalla sin cuartel en la que padre lloraba el enfrentamiento de sus hijos predilectos.

Jadeábamos uno frente a otro, las fuerzas igualadas, juegos de pies que nos llevaban casi en vilo por la estancia.
Mis alas extendidas me daban cierta ventaja, su aleteo era tan fuerte que la enervaba, era la clara representación de que yo podría volver a mi hogar mientras ella estaba condenada a la oscuridad.

Sus tormentas centellaban violentas, sangre de mi cuerpo cuando hundió su acero mientras mi mano aferró con fuerza su cuello estampando su cuerpo contra una de las paredes que la acogió en su interior despedazándose por el impacto.
Rugió mirándome, hice lo propio y demasiado cerca quedaron nuestros rostros que se observaban de cerca sin ningún propósito.
-Suplica por tu vida y te soltaré -gruñí sin apartar los valles de sus brumas oscuras -pero ella no cedía, mis dedos se apretaban para que el oxigeno le faltaba mientras ella empujaba el acero mas adentro de mi costado haciéndome aullar de dolor.
Ambos heridos con la vida del otro en las manos, de msi labios emergió sangre roja como el fuego. Jadeé mirándola sin aflojar un ápice.
-Te mandare al infierno -dije escupiendo a un lado la sangre mientras mi acero se colocaba en su garganta desafiante.

Yuna y yo eramos meros espectadores de nuestra propia destrucción, de una batalla en la que parecía que ambos íbamos a arrancarnos la vida en un duelo de odios desmedidos.
Yuna se abrazaba a mi cuerpo aterrada mientras yo la acariciaba.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun 23 Oct 2017, 18:41

Ante mí tenía a uno de los mejores guerreros que padre tenía en sus filas, Samael era conocido por estar en los más altos puestos en un grupo muy selecto y reducido de ángeles que formaban y encabezan su ejército celestial, y ahora pensaba darle muerte para que padre llorara su pérdida de uno de los mejores que tenía. Muchos caerían en esa guerra pero no nos importaba, nuestro objetivo era intentar matar a todos los ángeles que pudiéramos y además causar el infierno en la tierra, pero eso era algo que ya estábamos haciendo. Padre lloraría por la muerte de sus creaciones igual que por sus hijos que en un eterno odio se batían en duelo, luz contra oscuridad en una batalla a muerte de la que solo podía quedar uno. Los orbes verdes del ángel me contemplaban y me pedían que recapacitara, que dejara la oscuridad a un lado y que volviera a tomar el camino... pero era demasiado tarde, nos habíamos arrancado las alas para hacerle ver que nuestra decisión era firme y que no nos arrepentíamos de ella. Reí observando al ángel que con su luz ahora había esquivado las dos bolas de oscuridad que le había lanzado en su dirección con la única idea de ganar tiempo y poder hacer aparecer una espada de la oscuridad con la que presentarle batalla hasta que su cabeza rodara por el suelo y se la mostrara al resto de su ejército para infundirles miedo, para que supieran que ni su padre estaba de su lado en esos momentos, que los había mandado a una muerte seguro sin importarle si morían o no en el intento por pararnos. Una de las bolas oscuras fue desviada con su espada de luz haciendo un boquete en la pared, empuñé mi arma y lo miré sonriendo de forma malvada, siniestra, haciéndole ver que moriría bajo mi espada.

Me reí de forma que la risa se escuchaba con eco por la gruta cuando me dijo que me arrodillara y pidiera clemencia, que el infierno sería mi hogar pero que no mancharía su espada con mi sangre, alegaba que un día fui un ángel y era cierto, pero esos días quedaban muy atrás. Ni siquiera le respondí cuando me abalancé sobre él con la firme idea de matarlo, de hacer que sufriera antes de que le rebanara el cuello y lo dejara morir, pero antes le quitaría esas alas blancas que tenía en su espalda. Nuestras espadas chocaban como si fueran los mismo rayos que anunciaban la tormenta, chispas azules saltaban de aquel roce de aceros mientras intentábamos ganar la posición para tomar ventaja sobre el otro, nos movíamos sobre el lugar en unas fuerzas igualadas, él batía sus alas haciendo que gruñera por la fuerza que imprimía en su aleteo y porque no me gustaban verlas en su espalda y sería lo primero que arrancara. Girábamos parando los golpes, nuestros pies se movían por todo el lugar y los aceros chocaban mientras fuera una batalla más grande se libraba y nosotros estábamos allí confinados, en aquella gruta. Vi el momento, en uno de los giros él se había movido algo más lento y mi espada atravesó su carne hundiéndose en su cuerpo en su costado, no sería suficiente para matarlo pero sí para debilitarlo y poder arrancarle esas alas. Su mano me aferró con fuerza por el cuello y me estampó contra la pared de forma violenta, rugí con fuerza intentando soltarme pero su agarre era firme, nuestros rostros quedaban cerca desafiándonos con la mirada, sintiendo su aliento impactar contra mis labios. Reí de nuevo, aunque con algo de dificultad, cuando me dijo que suplicara por mi vida y así me soltaría, no pensaba hacerlo.


-Qué ángel más pretencioso es el ángel en su infinita benevolencia –comenté mordaz sin doblegarme ni ante él ni ante sus palabras, su mano se cernió más en mi cuello intentando cortarme el aire y yo hundí más mi espada en su costado viendo cómo aullaba de dolor, regocijándome en su dolor y en los gestos que ponía. Sus labios se habían manchado de sangre y sus ojos estaban fijos en los míos, escupió sangre a un lado y puso el filo de su espada en mi cuello asegurando que me mandaría al infierno, lo que me hizo sonreír mientras veía en sus ojos que no iba a hacerlo- hazlo entonces, pero antes de que lo hagas te llevaré conmigo Samael –dije moviendo mi espada en su interior haciéndole saber que un movimiento y acabaría también con su vida. Me miraba de manera desafiante pero yo sabía que no podía hacerlo, su mirada lo delataba... tenía dudas y eso me hizo reír- vaya vaya... ¿qué te impide matarme? –Veía la duda y el conflicto interno que tenía, no quería matarme porque él en el fondo sabía que era como él, que también era hija de padre y de alguna forma le resultaba imposible matar a su “hermana”- cuán débiles sois los ángeles, cuantas dudas os recorren y no os dejan actuar en consecuencia –mis palabras eran mordaces- ¿no puedes matarme, Samael? –Me reí sin quitar mis oscuros ojos de sus verdes en ningún momento- tan puro pero tan débil... veo tus fallas internas, las dudas que te recorren “¿por qué han desobedecido a padre?” –Lo miré burlándome de él- porque padre no nos da todo lo que pedimos, nos priva de muchas cosa que sí le concede a sus creaciones, ¿acaso eso es justo? No me digas que tú no te lo has preguntado alguna vez –susurré contra sus labios sin perder mi mirada sobre él- os manda aquí a matarnos como castigo a nuestra rebeldía y no le importa, en absoluto, que podías morir por una causa que no es vuestra... dime Samael, ¿acaso te dio a elegir? No, nos impone como un padre dictador y severo, nos quita y no nos da nada.... la vida de sus creaciones es mucho más interesante y más divertida que la nuestra, viven menos pero disfrutan más –mordí mis labios y sonreí ladina- dime que no lo has pensado alguna vez, qué se siente lo que ellos tienen, cómo sería... eres tan puro Samael –reí de nuevo y mis labios rozaron los suyos- nosotros probamos ese camino que padre nos prohibía y, en parte, por eso estamos aquí. Y si tú lo probaras... también sucumbirías como nosotros –sonreí de lado y lamí sus labios de forma lenta probando así también el sabor de su sangre, aparté mis manos elevándolas a cada lado viendo sus dudas, las mismas que él tenía y que yo había alimentado un poco- vamos... mátame.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun 23 Oct 2017, 20:01

Corrompida hasta la médula mi “hermana me desafiaba” sangraba manchando mis botas, de mis labios emergía carmesí y ella disfrutaba con el acero en su cuello de la imagen de un ángel titubeante.
Matarla hubiera sido tan fácil, solo un movimiento de mi mano y su yugular hubiera sido sajada, ríos carmesí hubieran teñido su vestido.
Dudas, las leía en mi mirada y eso la hacia sonreír altiva, pues encontraba una debilidad que no esperaba.

Rugí tensado mis músculos y con ellos la presión sobre su gaznate hasta que un gota roja tiño mi acero azul.
-La piedad es lo que nos diferencia, aun albergo esperanzas de que te rindas, de que recuerdes que un día fuimos hermanos -espeté sin aflojar mi acero mientras mi vientre se contraía ante el flujo de sangre y el movimiento de su espada de fuego.

No dudó en recordarme como padre nos usaba, esas falacias que escupidas por sus labios resultaban la verdad mas asombrosa.
Mis ojos bajaron hasta su boca, su lengua era venenosa, padre nos advirtió de que el demonio adquiere muchas formas y su engaño no conoce parangón.

Rugí rabioso sacudiendo la cabeza, cierto era que esos humanos de vida efímera no eran santo de mi devoción, los veía fornicar, mentir, robar y extorsionar por cada bueno diez malos poblaban la tierra y padre en su infinita benevolencia les perdonaba la existencia con fe ciega en una humanidad que se dejaba vencer por mis hermanos sin alas que los llevaban por el camino del caos mas absoluto.
-No te daré una nueva oportunidad, si hemos de morir los dos que así sea -rugí debilitado mientras mi cuerpo cedía sobre el ajeno cálido.

Su sonrisa pérfida se perfiló en una mueca de diversión de seguir así yo perecería bajo su fuego y ella apenas habría sufrido mas daño que un rasguño en el cuello.
No podía permitirlo, apreté los dientes, tensé los músculos y en ese instante soltó la espada para alzar las manos volviendo a desequilibrarme.
-Coge la espada- rugí furioso, ,mas no lo hizo, me pidió que le diera muerte, pero ¿si no podía hacerlo mientras empuñaba un arma en mi vientre como hacerlo ahora que no lo hacia?

Con un rugido que retumbó la gruta lancé mi espada contra la pared de esta, mis ojos se clavaron en los suyos buscando misericordia, una muerte rápida que mantuviera mi orgullo intacto.
Mi cuerpo cedió contra el suyo y mis ojos se apagaron al sentirme vencido entre sus brazos.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 31 Oct 2017, 00:41

Tenía al ángel justo por donde quería en esos momentos, veía sus dudas en su alma que flotaban de forma leve y tenue, pero yo me encargué de alimentar esas dudas que lo recorrían y lo carcomían por dentro, en el fondo no era muy distinto y diferente a cómo éramos nosotros, quizás él se mantenía más regio y más puro, más fiel a padre pero sin embargo veía esas dudas que eran alimentadas por mis palabras, solamente me había hecho falta mirar en su interior para darme cuenta que lo que lo recorría era algo que todos en algún momento habíamos pensado a lo largo de nuestra existencia. Padre nos había negado muchísimas cosas y después de haber visto cómo creaba a lo que llamaba humanos, como si algo pudiera diferenciarlo de lo que éramos nosotros, los había creado a su imagen y semejanza pero sin embargo no les imponía castigo cuando robaban, cuando mataban, cuando cometían el pecado más puro y carnal que había de todos, ¿por qué a nosotros sí? Ellos morían, eran libres para decidir su camino, tomar sus propias decisiones mientras que nosotros permanecíamos atados por unas normas y unas leyes siendo castigados si no las cumplíamos... y nos habíamos cansado, de todo, por eso aunque empezamos siendo un grupo minoritario al final acabamos siendo muchos los que quisieron seguirnos y empezar aquella rebelión contra padre, y notaba en Samael las mismas dudas que habíamos tenido todos al principio, por eso no era tan diferente de lo que él se pensaba. Rugió lleno de ira cuando se dio cuenta de que, en parte, tenía hasta razón en lo que estaba diciéndole pero si no quería verlo, si no quería darse cuenta... bueno, podría hacer que lo viera igualmente para poder atacarle también por ahí.

Su espada seguía en mi cuello, sentía el frío acero de su filo en mi piel mientras mi espada seguía clavada en su estómago, sangraba por la boca por lo que le había causado y mis ojos se centraban en los suyos como si pudiera leer lo que se escondía tras ellos. Quería apelar a que habíamos sido una vez “hermanos”, él decía sentir piedad y por eso mismo era incapaz de rebanar mi cuello para darme muerte sin embargo sí había matado a más de los que una vez nos rebelamos, ¿por qué iba a ser yo diferente? Ah, porque veía sus dudas, esa falla interna que tenía y que le hacía pensar en aquello que no se había planteado nunca, porque él era puro y su luz resplandecía por encima de la oscuridad que a mí me rodeaba... pero se lo preguntaba, se preguntaba cómo sería y sus ojos bajaban a mis labios mientras yo los mordía para tentarlo aún más, no había nada mejor como tentar a un ángel puro para que sucumbiera a la perdición, más si ese ángel era Samael, uno de los mejores guerreros alados que padre tenía. Mis palabras no dejaban de llevar razón, en esa guerra los arriesgaba a ellos y los condenaba a morir por él mientras padre no hacía nada y veía cómo peleábamos entre nosotros, no podía medidas con los humanos, ¿por qué sí con nosotros? Ese era el estado que pretendía conseguir en el ángel y al parecer estaba dando bastante resultado, porque vi ese momento en el que supe que no iba a matarme, tenía las manos alzadas y aunque gruñó y rugió con fuerza apretando ligeramente más el filo contra mi cuello, del cual cayó una gota de sangre, no me mató. No hizo el intento de matarme. Su cuerpo iba cediendo poco a poco por la herida que tenía y sus fuerzas menguaban, me exigió que cogiera el arma pero yo simplemente sonreí de lado. Rugió desde lo más profundo de su pecho y lanzó la espada contra la pared en la que yo estaba, fue entonces que su cuerpo cedió frente al mío, sus ojos me pedían una muerte rápida pero mi sonrisa le iba a dejar claro que no iba a ser así.


-Bien Samael, voy a alimentar esas dudas que te carcomen por dentro –dije cuando el ángel cayó vencido contra mi cuerpo, fuera la lucha seguía su curso así que rodeando la cintura del ángel, cogí su espada y conjurando unas palabras una burbuja negra nos rodeó por completo y pronto desaparecimos de aquella cueva para aparecer en otro lugar bastante diferente y lejos de esa batalla, el lugar donde me había “instalado”, más bien, había arrebatado el hogar a un humano. Dejé la espada a un lado y até al ángel para que no pudiera moverse y quedara a mi completa merced, le curé lo justo y suficiente para que se mantuviera con vida por más tiempo y que no cayera tan rápido y esperé hasta que sus ojos volvieron a abrirse de nuevo, unas velas iluminaban el lugar y en el suelo dibujado con tiza había un pentagrama para confinarlo en donde estaba sentado, sonreí con malicia cuando sus ojos verdosos buscaron los míos negros, su enfado era latente cuando se dio cuenta de que no lo había matado, gruñó con fuerza y yo sonreí mientras me acercaba a él y veía que no podía liberarse riéndome divertida por la situación- vaya vaya, quién me iba a decir que tendría en mi poder al poderoso Samael –reí entre dientes- el día va mejorando por momentos –la lucha seguía pero mi prioridad había cambiado, la sola idea de que Samael sucumbiera conmigo era demasiado tentadora como para dejarla pasar por alto, alimentar sus dudas, hacer que cayera, corromperlo, despojarlo de su pureza... eso sería una jugada maestra si lo conseguía- tendrías que haberme matado cuando pudiste, ángel, esa misericordia que os precede es bastante aburrida –di unos pasos hacia él y lo observé de manera detenida- con vida me eres más útil –sonreí y mis dedos rozaron su rostro de forma lenta- estuviste a punto de morir, y yo te pregunto, ¿dónde está ese padre al que le profesas tanta devoción, donde estuvo para salvarte Samael? No le importó que vivieras o que murieras, ¿por qué morir por él, por qué hacerle caso y vivir una vida de condena eterna bajos sus reglas, sus castigos... cuando a los humanos es a los que más les concede peticiones? Hacen y deshacen a voluntad, tienen libre albedrío... ¿acaso lo tienes tú, Samael? –Sonreí con malicia y acerqué mi rostro al suyo- no te he matado porque sería un verdadero desperdicio eliminar algo tan hermoso como tú –me senté sobre él sintiendo cómo su cuerpo se tensaba por mi cercanía, me divertía esa bendita inocencia que tenía y caracterizaba a todo ángel- te enseñaré un camino diferente a todo lo que habías conocido anteriormente, te haré ver y sentir aquello que estaba prohibido... y luego tú decidirás qué es lo que prefieres, aunque sería una verdadera pena tener que matarte –mi mano cogió su mandíbula y mis labios lamieron los suyos para tentarlo y provocarlo- puedes ver la verdad... o puedes seguir viviendo en esa mentira en la que os tiene engañado.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 31 Oct 2017, 14:05

Abrí los ojos, me costó centrar la imagen de aquel demonio que con una ladeada sonrisa me contemplaba.
Rugí, me pretendía abalanzar sobre ella, pero pronto me di cuenta que el pentagrama pintado en el suelo me convertía en su prisionero.
-Te ordeno que me sueltes – rugí -yo soy Samael, hijo de Dios, no traicionaré a padre.
Dije dejandole claro que no iba a quebrarme por mucho que su pérfidos movimientos me incitaran a ello.


Como si no me temiera, craso error ,atravesó ese pentagrama para acariciar mi rostro.
-Tengo libre albedrío, de no tenerlo, mi espada hubiera sajado tu cuello. Mis guerras las batallo yo, no es padre el que empuña la espada.
Su sonrisa era la misma que la de una víbora, la serpiente del paraíso estaba frente a mi, veía su cuerpo serpentear frente al mio, horcajadas se sentó sobre mi cuerpo que de inmediato se tensó bajo el mio.
Gruñí furibundo al sentir sus labios pasear por mi boca, no pude evitar que mi hombría reaccionara por mi en su centro erguida y dura se perdiera.
Mis abultados pantalones daban muestra de mi estado y aun así giré el rostro no dispuesto a pecar.
-Eres una serpiente, llevaste a la humanidad al pecado y no pasará eso conmigo -dije desafiante -matame porque no volveré a cometer el error de no acabar con tu existencia.


Ladeé la sonrisa de forma altiva volviendo a enfrentar su mirada.
-Padre es misericordioso, puedes regresar bajo su ala protectora ¿que encuentras en llevar a los humanos al infierno? ¿en quebrar sus almas? ¿acaso nos falta a nosotros algo en el cielo? Somos su ejercito, nos ha preparado para cumplir su designio.
Habéis perdido la cordura, os habéis arrancado las alas en señal de rebeldía, depón tu actitud, demostremos al mundo que un ángel y un demonio pueden hablar, entenderse.
Intercederé por los tuyo ante padre, pero has de deponer tus armas, has de entender que el único camino para la salvación lo marca padre.
El infierno sera vuestro único hogar, si no os rendís ante su poder.


Ella mantenía su sonrisa socarrona, removió sus caderas sobre mi hombría sintiendo su dureza, ruge de nuevo desafiándola.
-Para ya Yuna, esto no es un juego, no lo es para ninguno de los dos, estas sembrando tu propia destrucción, padre nunca consentirá que destruyas su creación, padre ama a todos sus hijos pero no va a dudar en acabar con vosotros, desterraros.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 07 Nov 2017, 18:31

Tener a un ángel, y a uno tan poderoso como Samael bajo mis dominios era algo que me gustaba bastante, podría haberlo matado y acabado con su vida, podría haber hecho que cayera junto a sus hermanos en esa guerra que nos gastábamos entre ángeles y demonios en la tierra, el infierno en la tierra como lo llamábamos. Sin embargo era más interesante tenerlo atado bajo mi poder, en ese círculo que había creado sería imposible que se saliera a no ser que yo así lo deseara y por el momento me gustaba dónde estaba. Sentado en esa silla atado sin que pudiera utilizar sus poderes, su espada lejos de donde nos encontrábamos para que no la utilizara y sus alas también atadas para que no pudiera hacer ningún movimiento, mientras permaneciera sobre ese círculo sería débil y no podría utilizar sus poderes. Ya habían muerto mucho de los ángeles que habían bajado para enfrentarnos como también habían muerto muchos demonios, padre no iba a lamentar la pérdida de otro más pero si podía hacer que Samael cediera, que se pasara a mi bando y hacerlo caer en la tentación, en esa que nuestro padre nos privaba pero que a los humanos sí le daba concediéndoles más cosas que a sus propios hijos, por eso había empezado todo, por eso nos habíamos rebelado unos pocos que con el paso del tiempo se fue convirtiendo en unos muchos... si hacía que Samael dejara ese lado y se pasara al mío seguro que padre lamentaba más su pérdida de esa forma que si moría, porque la traición era peor que la muerte y eso era algo que todos sabíamos, y yo pensaba hacer que ese ángel poderoso que era capitán cediera ante mí, y eso iba a ser mucho más placentero que matarlo sobre todo cuando lo tenía en aquel círculo con ese pentagrama que lo tenía contra la silla sin que pudiera hacer nada, sin que pudiera moverse.

Sus palabras hicieron que sonriera de lado por lo que me decía, en un vano intento por su parte estaba intentando convencerme de que estábamos equivocados y de que ese no era el camino, que padre podría perdonarnos pero solamente si cedíamos ante él, si volviéramos a estar bajo su ala pero después de arrancarnos las nuestras no íbamos a volver bajo su manto, habíamos preferido el exilio y el hecho de que mandara sus ejércitos a por nosotros era la muestra de que no nos iba a perdonar por mucho de que Samael me dijera, ¿cuándo había sido justo? No lo era ni con sus creaciones, tampoco lo había sido con nosotros así que ¿por qué empezar en esos momentos? No tenía sentido alguno. Él seguía asegurando que tenía libre albedrío pero lo cierto es que había sido enviado para matarnos, no le habían pedido opinión para hacerlo simplemente se lo habían ordenado hacer y él fiel a su padre lo había hecho. Me reí por sus palabras cuando me dijo que era una serpiente acariciando su rostro con mis dedos encantada con la idea de poder hacer que cayera y cediera bajo mi mano, eso sería mucho mejor que matarlo directamente y como respuesta a sus palabras moví mi cuerpo contra el suyo haciéndole ver que si quería podía ser esa serpiente de la que tanto hablaba. Giró su rostro para no caer ante la tentación que yo le presentaba pero su cuerpo, que no podía controlar, respondió por él y yo reí entre dientes por ello.


-¿De verdad fuiste el que eligió, Samael? Porque creo que padre no te preguntó si querías luchar contra nosotros, te obligó a hacer como al resto de ellos bajos sus mentiras y sus palabras camufladas, pero no te dio opción a negarte –hice una pausa deslizando mis dedos por su cuello sintiendo su cuerpo tenso bajo el mío, ah, bendita inocencia que se gastaban los ángeles, tan dulce, tan tentadora de corromper en esos momentos- nosotros no llevamos a la humanidad al pecado, desde que padre los creo no han hecho más que pecar pese a que les impuso leyes y normas, las han quebrado, siempre las han quebrado sin recibir un justo castigo por ello mientras que nosotros, sus hijos, somos castigado por él cuando algo no hacemos bien, ¿es eso correcto? Yo creo que no. Les permite demasiado, les concede demasiado y nos hemos cansado Samael, queremos vivir como sus creaciones libres de todo, hacer lo que queramos... a ellos les deja, ¿por qué a nosotros no? No los hemos corrompido, hemos sido las súplicas que ellos pedían –alcé su mentón para que su rostro quedara a la altura del mío, podía ver esas esmeraldas fijas en mis ojos negros- ¿crees que padre te escuchará cuando hables en representación nuestras? ¿Qué crees que te hará, Samael, cuando vea que no nos has matado sino que intercedes por nosotros? Habrás desobedecido a tu padre y te castigará, ¿por qué no poder ser libre de elegir lo que quieres? Además, ¿por qué crees que nuestro camino es el equivocado cuando ni siquiera sabes cómo es, o cómo se siente? Sí, ayudamos a los humanos en sus más depravados deseos pero ellos ya cometían los pecados antes de bajar nosotros, tú también los veías robar, mentir, fornicar, matar... ¿acaso eso no lo tienen prohibido, matar, robar, mentir? Y lo hacen, y no tiene castigo... por eso estamos aquí, solo son daños colaterales para cabrear a padre y verle sufrir, pero no te confundas ángel, ya estaban corrompidos antes de bajar nosotros –él me pedía que parara y yo encontraba más divertido el seguir y hacer que cayera- tú boca dice no y tú cuerpo dice sí, ¿a quién de los dos tengo que hacer caso, Samael? –Cogí su rostro de nuevo para que me mirara- ahora es un juego, ¿cómo puedes juzgar algo que ni siquiera has conocido? ¿Por qué padre nos lo prohíbe a nosotros y a sus creaciones no? Eso no es justo Samael, solo queremos tomar lo que nos pertenece por derecho, no es algo que eches de menos porque no lo has conocido, porque no te han dejado conocerlo... ¿acaso no es eso privarte de tu libre albedrío? Si lo tuviéramos nos dejaría decidir a nosotros pero sin embargo no es el caso –mi mano bajó por su pecho de forma lenta, mis labios sobre los suyos y mis dedos enredados en su pelo para mantenerlo frente a mí. Lamí su labio inferior y pegué mi cuerpo al suyo moviendo de forma lenta mis caderas, respondía a mis movimientos aunque él se negara en rotundo pero su cuerpo hablaba por sí solo, su cuerpo lo deseaba por mucho que él lo negara. Mis labios acortaron las distancias y acabó tomando los labios del ángel, sabían a inocencia, divinidad, luz, sabían a esa verdad que acompañaba a todos los ángeles, su bendita inocencia que chocó contra la tentación y mordí su labio inferior- me deseas –aseguré observándolo de forma fija, lamí mis labios con su sabor en ellos y sonreí- dime que en lo más profundo de tu ser no te preguntas cómo sería, que no sientes curiosidad por aquello que se te ha negado durante siglos, dime que no deseas tomarme y te soltaré, ya sabes que no puedes decir mentiras –sonreí de forma ladina- déjame enseñarte por qué luchamos, esa otra vida que padre te ha negado.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 07 Nov 2017, 22:15

Su boca era pecado, su cuerpo la serpiente y cuando posó la manzana sobre mi boca, la acogí entre jadeos desesperados, me pedía la verdad ¿acaso alguna vez había dicho lo contrario?
-Si, te deseo -aseguré con la evidencia de mi turbia mirada verde en sus azules.
Su sonrisa de satisfacción lo dijo todo, sus caderas en un constante vaivén sobre mi entrepierna.
No solo yo estaba excitado en ese momento, ella también me deseaba, deseaba corromperme ¿hay mayor deseo en un demonio que destrozar la fe de un ángel?
-Te deseo, como Adan deseaba la manzana que le ofreció Eva, te deseo como la humanidad la vida eterna, esa que padre a nosotros nos a dado por ser su obra mas perfecta.
Te deseo, es una verdad y eso me has pedido, pero no voy a fornicar contigo, porque padre me lo ha prohibido -dije mordaz contra sus labios mientras esta ardía apretando los dientes por mi desafió.

Pude vislumbrar la rabia, el desencanto de tener la batalla perdida cuando mi cuerpo la daba como justa vencedora de esta gesta.
La diferencia entre nosotros y vosotros es esta, que tu has sucumbido al pecado ¿cuantos de esos hermanos de alas cortadas te han tomado? ¿crees que yo quiero lo mismo, ser uno mas de esos miles que se han colado por tu agujero sucumbiendo al pecado? No Yuna, yo te ofrezco regresar al paraíso, padre me escuchará, es tu oportunidad de redimirte, de volver a ser pura, de no alejarte mas del camino, pues este solo te llevará a la perdición.

Cada palabra era susurrada contra los labios ajenos, la respiración de ambos era pesada, era evidente que ráfagas eléctricas corrían entre nuestros cuerpos y que aunque yo le aseguraba que no pasaría, mi hombría por contra la buscaba sedienta.
-¿te sientes mejor tras haber sido tomada por tantos? ¿quizás ahora no existe la misma rabia pues después de haber pecado te sientes realizada? No, veo el mismo odio, la misma rabia tras matar, blasfemar y fornicar que antes de arrancarte las alas ¿por que? Quizás en el fondo nada de eso te llena.

Nuestra nariz friccionaba, había soltado mi pelo, sin embargo entre susurros y defendiendo nuestra posición, seguimiento hablando contra los labios del otro.
-Dime, que te sietes plena, que desde que mientes, blasfemas y fornicas eres feliz, que el paraíso es esto, fuego, caos y el infierno y te seguiré.
Ladeé la sonrisa contra sus labios, no podía decirme que era feliz, no al menos al completo, algo le faltaba ¿que era?


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 14 Nov 2017, 18:54

El ángel seguía resistiéndose frente a mis constantes ataques, sabía que no iba a ser un hueso duro de roer porque nada más y nada menos que era Samael, el mejor de los soldados celestiales que padre tenía en su ejército, hacer que cayera iba a ser toda una completa delicia y no solo por haber corrompido a uno de sus fieles siervos, sino también porque el ángel era tentador aunque él no lo viera de esa forma. Una vez que habías probado el pecado, la tentación, el placer... era como si vieras un mundo totalmente diferente que se extendía ante tus ojos, las cosas cambiabas y hacías todo aquello que padre nos había prohibido durante todos aquellos siglos, a lo largo de nuestra existencia. Porque la tentación era golosa y costaba resistirse a ella, otro en el lugar de Samael ya habría caído sin embargo ofrecía resistencia el ángel y quizás eso lo hacía algo más divertido, aunque sabía que tarde o temprano acabaría cayendo por mucho que intentara resistirse a lo que le hacía, podía notar su cuerpo tenso bajo el mío, su miembro presionando contra mi centro y su respiración agitada mientras hablábamos. Lo había besado y él, en vez de apartarse, me había seguido el beso sintiendo su aliento errático mientras nos besábamos, sabía a inocencia, a lo que realmente era el ángel comparado conmigo y con mí tentación, pecado lujurioso que se ofrecía ante él y que a pesar de que decía que no, no lo rechazaba del todo. Los ángeles tenían la particularidad de que no podían mentir, debían de decir siempre la verdad a costa de que eso les pusiera en su propia contra la situación, así que fue eso lo que le pedí que hiciera; que dijera que me deseaba, que hablara con la verdad de ello porque por mucho que me dijera que no su cuerpo por el contrario me decía una cosa bien distinta. Yo quería tentarlo para que cayera, sí, porque no había más placer que tentar a un ángel hasta que finalmente se corrompía por la lujuria... y no habría nada más placentero que hacer que él precisamente cayera, uno de los grandes, uno que padre sí que echaría en falta y se enfurecería por que hubiera caído.

Mientras estuviera en ese círculo dibujado no podría liberarse y era mío, podía seguir tentándolo hasta que finalmente cayera, acabó asegurándome que sí que me deseaba, sabía que era cierto porque ellos no podían mentir pero también dijo que no haría nada conmigo porque padre se lo tenía prohibido, apreté la mandíbula ante su negativa sin gustarme para nada mientras él me observaba con una ladeada sonrisa como si hubiera ganado cuando su cuerpo me había anunciado ser la justa vencedora. Decía que no quería caer en la tentación que yo era, que no lo haría y que aún estaba a tiempo de redimirme, que hablaría por mí con padre para que me perdonara y que podía salirme de ese camino antes de caer más en la perdición... lo que él no sabía es que yo no quería salir del camino, ese me gustaba mucho más que el que antaño tenía y no pensaba dejar que él me lo arrebatara, si él no caía al final acabaría matándolo y padre lamentaría también su pérdida , hiciera lo que hiciera él ya estaba condenado en el primero momento en que cayó inconsciente contra mi cuerpo, su sino ya estaba marcado y de una forma u otra padre lamentaría su pérdida, bien por su traición o bien por su vida. Seguía sentado sobre él con nuestros rostros tan cerca, podía notar su respiración contra mis labios mientras hablaba e intentaba convencerme pero nada de lo que dijera me iba a hacer cambiar de opinión o incluso de camino, absolutamente nada. Aunque él no paraba de decirme que no caería su cuerpo, sin embargo, no dejaba de buscarme como si fuera incapaz de contenerse y yo me dejaba hacer viendo sus siguientes movimientos. Me decía si era mejor ahora tras haber matado, mentido, blasfemado y corrompido dejándome caer en la tentación... y la respuesta era sí, mejor que antes sí que era.


-Me hace ser libre, algo que ni de lejos tú eres por mucho que quieras engañarte. ¿Qué padre te lo prohíbe? ¿Dónde está entonces tu decisión, tu libre albedrío para decidir si quieres o no? Ahora no tenemos a alguien que nos rige por unas normas para que no nos desviemos del camino, quizás ha sido así siempre para que no pasara nada de eso... mientras que los humanos sí lo hacen, ellos solos se corrompieron mucho antes de que nosotros bajáramos, destrozando todo cuanto habíamos creado para ellos. Destrozaban la tierra que les entregamos para ellos, mientras solo podíamos ver cómo la destrozaban sin que se les impartiera castigo por ello. Padre es mucho más clemente con ellos que con nosotros, ellos pueden hacer muchas más cosas que nosotros porque siempre nos las prohibió. Dime que nunca te has preguntado cómo sería sentir el placer, que no te has preguntado nunca lo que era sentir eso que a los humanos los vuelve tan locos, eso que llaman “amor” –ladeé un poco la cabeza- ¿nunca Samael, siempre has sido tan rígido y tan estricto incluso en tus propios pensamientos? No me lo creo –dije con una ladeada sonrisa- el ángel perfecto no existe, no al menos por decisión propia aunque sí por imposición. ¿Nunca te has preguntado como sería el sentir lo mismo que sienten los humanos y que, a nosotros, se nos ha negado? Amor, pasión, lujuria... nosotros somos sus hijos pero jamás nos ha dejado tales opciones como esas. Tenemos una vida vacía de servidumbre y yo ya no la quiero, quiero elegir mi camino y no que lo elijan por mí, decidir qué puedo o no hacer sin que me impongan... eso es lo que tengo ahora. Me dices si soy más feliz y que si me siento más plena y la respuesta es sí, lo soy más que antes aunque ¿qué más dará lo que te diga si no me vas a creer? –Cogí su mentón entre mis dedos y lo alcé para tener su cabeza un poco hacia atrás tensando su cuello- ¿sabes lo que tu buen y benevolente padre le hizo una vez a un ángel que se enamoró? Fue desterrado sin contemplación alguna, piénsalo Samael, ¿por qué nos prohíbe esas cosas y a los humanos sí se las permite? ¿Acaso amar es un pecado? ¿No lo amas tú? Pero no es lo mismo, y su castigo fue ser desterrado para no poder volver nunca.... aquí voy a encontrar todo lo que él no me quiere dar, quiero ser libre como los humanos y eso es lo que tú no entiendes, lo que no comprendes –aseguré observándolo, mis labios repasaron los suyos dejando mi lengua bordeando todo su contorno- sabes que de aquí no puedes escapar, ese círculo te mantiene aquí confinado –aseguré mirándolo- sabes que vas a morir aquí y aun así ¿no sientes curiosidad? –Mordí su labio inferior observándolo- puedo hacer que tus últimos instantes sean placenteros –moví mis caderas de forma lenta sobre las suyas- tu cuerpo me desea fervientemente, ¿prefieres morir entre sufrimiento, no te preguntas qué es lo que sienten más allá de esto que sientes ahora? Es una lástima que mueras sin conocer los placeres de la vida, de la de verdad, no esa que finges vivir ahí arriba en el cielo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 14 Nov 2017, 20:48

Mis ojos estaban centrados en su boca, la oscuridad que presentaban me delataba, peor yo era firme a las creencias que padre había inculcado en el corazón de todo ángel.
El pecado era tentador y Yunalesca siempre había sido un ángel bello, demasiado como para no perder la cordura cuando su lengua se paseó tibia por mis labios.
Cerré los ojos sintiendo su cálido aliento impactar en mi boca, sus palabras eran delirantes, me invitaban a probarla, a sucumbir ante su piel a saber lo que se sentía metiendo eso que ahora tenia completamente duro y alzado y ligeramente húmedo dentro de su cuerpo.
Nuca había hecho nada parecido, estaba prohibido y sabia que la fornicación era uno de los pecados que ms incitaba a la humanidad.

Curiosidad, si, hasta yo había sucumbido a observarlos, fijar mis ojos en esos humanos que parecían gozar de los placeres que a mi se me tenían prohibidos.
En mi mente como una mujer arqueaba su espalda buscando al hombre excitada e imagine por un instante que esa bien podía ser Yuna que ahora bailaba sobre mi entrepierna con un delicioso movimiento de caderas.
-Para -rugí sin poder detenerla sintiendo como mi hombría se calentaba -pierdes el tiempo -gruñí con la voz oscura de deseo.

Ella ladeaba la sonrisa, sus palabras eran afrodisíacas y mi boca se entreabría acogiéndolas con hambruna.
Sus pechos friccionaban contra el mio, nuestros cuerpos completamente pegados.
-¿estas excitada? -aseguré -lo noto., quieres sucumbir con un ángel que es tu enemigo ¿hasta ahi llega tu lujuria que te da igual uno que otro?

Había visto a los humanos amarse, eso que ella llamaba amor y por supuesto que no era esto, esto era simplemente eso otro que llamaba sexo.
-Con cuantos te has abierto de piernas para convertirte en un demonio sin alas.
No eres digna del perdón, te mataré -gruñí rozando sus labios con la respiración errática.

Su lengua emergió de su boca y la mía hizo lo mismo lamiéndose fuera de nuestros labios, tentándome, mi boca entreabierta calcinaba sus labios, la respitacion de ambos era muy pesada -suéltame -dije entre jadeos
No podía salir de allí, iba a matarme y aun así no pensaba con la cabeza.
-Suéltame -pedí contra su boca


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Dom 26 Nov 2017, 12:19

Lo sentía, lo notaba, podía ver en sus ojos como sus principios y sus cimientos eran cuestionados y se tambaleaban ligeramente por las palabras que salían de mis labios, lo estaba haciendo dudar implantando la semilla de la duda en su pecho mientras la hacía germinar con mis palabras, que creciera y brotara en su interior lentamente. Ambos sabíamos que no podría quebrar su voluntad ni romperla al menos que las dudas lo asolaran, que dudara de todo y se dejara quebrar y corromper como yo deseaba hacerlo. Él creía que todo lo que hacía era por una desobediencia que sí, en parte era así, pero realmente había mucho más detrás de todo lo que llevaban mis pasos, ya le había dicho mis motivos por los cuales había dejado atrás a ese padre y había abandonado el cielo junto a mis hermanos, nos habíamos confiado en la tierra y aunque nos culpaban de los pecados que los humanos cometían lo cierto es que ellos ya estaban tentados mucho antes de que nosotros bajáramos. Solamente fuimos como una respuesta a sus más oscuros deseos y plegarias, siempre rezaban a dios esperando que este les concediera lo que le pedían y sin embargo nunca obtenían respuesta, con nosotros sí que las obtenían aunque debieran de pagar un precio por sus deseos más oscuros, un precio que se negociaba con ellos hasta que ambas partes estuvieran satisfechas... eso es lo que hacíamos nosotros, podrían culparnos de llevar a los humanos a la perdición pero ellos ya estaban perdidos para cuando nosotros bajamos, solo fuimos la respuesta de sus plegarias, esas que padre jamás respondía pese a que eran su creación favorita. No respondía la petición de sus hijos, ¿cómo iba a hacer la de ellos? Eso hubiera supuesto una rebelión mucho antes de los ángeles con unos claros motivos, Samael podría pensar que yo había hecho sucumbir a miles de hombres y mujeres en lo que había durado mi estancia en la tierra, que los había conducido a la oscuridad pero lo cierto era que no había sido así, que ellos ya habían estado perdidos vagando en las tinieblas y que nosotros fuimos una pequeña luz en mitad de toda su oscuridad, aunque nuestra luz también acabara siendo oscura.

Podía notar su respiración contra mis labios, rápida y errática, caliente que me golpeaba el rostro con sus ojos turbios por el deseo fijo en los míos. Podría negarme las veces que quisiera que no me deseaba, aunque esa parte realmente no la negaba, pero se resistía a ceder a sus instintos porque nosotros también los teníamos solo que habían sido reprimidos por nuestro padre, impuesto límites infranqueables que debíamos de cumplir y Samael era muy devoto, muy puro e inocente como para romperlos... pero lo deseaba, podía notar como el deseo crecía en su interior y claro que sentía curiosidad por saber lo que era, por saber lo que se sentía realmente. Mi lengua lamió sus labios y su lengua salió a mi encuentro en un claro ejemplo de que lo deseaba fervientemente aunque se lo negara miles de veces, me deseaba y deseaba saciar su curiosidad y sus ganas. Me pedía que parara mientras yo movía lentamente mis caderas sobre su cuerpo, pero sin embargo sabía que lo decía de boca hacia fuera porque podía notar su miembro en mi centro duro completamente, excitado por completo y sus jadeos eran la prueba de ello. Decía que perdía el tiempo y yo sonreí de lado por ello, su boca se entreabría recibiendo cada una de mis palabras y no se daba cuenta de que ya estaba entregado en cierta medida a mí, que su cuerpo respondía a cada acción del mío de forma involuntaria aunque él no quisiera. Me reí entre dientes cuando me preguntó si estaba excitada, por supuesto que lo estaba, ver como Samael sucumbía frente a mí era algo de lo más excitante.


-Por supuesto que estoy excitada, Samael, no soy la única que tiene ganas en esta habitación... aunque yo sin embargo reconozco que lo deseo y no intento resistirme ni pido que paren, cuando sé que todo mi ser lo desea fervientemente –aseguré mordiendo su labio inferior- sí, eres mi enemigo pero te confundes en algo ángel, cuando caes aprecias a ver la belleza en todas sus formas y expresiones, y no es la lujuria solo que habla aquí en estos momentos –lo contemplé y repasé sus labios con la yema de mis dedos- te vi hace ya mucho tiempo, te vi cuando era un ángel como tú y tenía mis alas blancas a mi espalda, te vi y aprecié en ti la belleza que tienes; tan hermoso, tan puro, igual de inocente que yo y tan inalcanzable al mismo tiempo –sonreí de lado- con padre esto jamás podría llegar a pasar, tú eres demasiado devoto como para desobedecerle y yo si lo intentara sería desterrada. ¿Sorprendido, ángel? ¿Sorprendido de que mis ojos se hubieran fijado en ti antes de que todo comenzara? Eras el ángel más hermoso que había visto nunca, casi es como una utopía que estés aquí conmigo de esta forma ahora mismo –reí entre dientes divertida y luego lo miré tras sus palabras- Oh Samael, ¿de verdad crees que perdí mis alas por abrirme de piernas a los demás? Pero qué confundido y equivocado estás –aseguré negando con la cabeza- más de los que crees, menos de los que te piensas –contesté sin ser clara en mis palabras y en ese tema que a él no le concernía en absoluto- no hay que caer en la tentación de la carne para obtener alas negras, ¿no sabías eso? Hay otros pecados que te hacen tener alas negras –aseguré recorriendo su cuello con mis labios mientras él aseguraba que me mataría y que no me merecía el perdón, salvo que perdía credibilidad cuando sus labios rozaban los míos para decírmelo, cuando su respiración era pesaba y nuestros rostros estaban tan cerca el uno del otro. Me pedía que lo soltara pero no era lo que tenía en mente, tenía otros planes para él- ¿sabes lo poco que me costaría conforme estás desnudarte y acariciarte? –Moví mis caderas de nuevo- si lo hiciera jamás me pedirías que parara cuando sintieras mi mano tomar tu miembro... –que nos deseábamos era una realidad, era casi impensable tener a ese ángel en mi poder y deseándome por mucho que se lo negara. Lamí su cuello y subí hasta morder el lóbulo de su oreja solo para susurrar sobre esta- está bien, pararé –dije para separarme un poco y mirarlo, de forma lenta mi cuerpo se separó del suyo para que sintiera mi pérdida y el frío que ahora recorría su cuerpo al separarme, que sintiera lo que era no tenerme como él había pedido- aún queda algo más, Samael –sonreí saliendo por la puerta de forma rápida solamente para ir a la de al lado y coger a un humano que tenía preso, lo llevé frente al ángel y lo puse de rodillas mirándolo a él mientras el filo de mi espada estaba en la garganta del humano- este humano que ves frente a ti ha robado, ha matado y ha violado, ¿cuál crees que ha sido su castigo? Yo te lo diré: ninguno. Hacen lo que quieren y no obtienen sus consecuencias, pero hoy va a ser juzgado –hice una pausa- me has pedido que parara y me he apartado, ¿me echas de menos de nuevo sobre ti, quema mi ausencia? –Sonreí de lado y luego eché hacia atrás la cabeza del humano- bien Samael, sabes de los crímenes que ha cometido el humano y yo he dicho que hoy ibas a morir... bien, te puedo conceder el no matarte a cambio, por supuesto, de que me pidas que lo mate a él –el humano suplicaba porque no lo hiciera- o tú vida, o la suya. ¿Serás capaz de sacrificar tu propia vida por este despojo de la humanidad? Padre no va a salvaros, pero puedes salvarte Samael, te lo concedo. Así que dime, ¿qué será? ¿Condenación... o salvación?




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Dom 26 Nov 2017, 16:52

Sus boca acunaba la mía, mi respiración pesada moría contra sus labios, delatando que el pecado se abría paso entre mi carne y lo único que ansiaba era cometerlo, hundirme en su boca y que mi lengua se apropiara de su esencia.
¿me preguntaba que era lo que se sonetiza? Imaginaba mi miembro metido en su interior, sucumbir al placer.
Su caderas se movían, un baile incesante mientras sus palabras ronroneadas aseguraban que me vio antes incluso de ser un demonio, pues ya de ángel le atraía.

Me relamí los labios, el pecado de la avaricia entraba en mi, no quería compartirla, era como si ansiara que me perteneciera de una u otra madera.
Su mano se enredaba en los mechones de mi nuca, era demasiado obvio que el deseo me consumía pues mi mirada turbia reflejaba el pecado de la lujuria.

Mis palabras le pedían que parara y se alejara, pero cuando me sentí desierto de su cuerpo me di cuenta que este era un oasis y yo estaba sediento.
Guardé silencio, pero mis ojos seguían la estela de su provocador cuerpo curvilíneo.
Era preciosa, esculpida por dios o quizás por el demonio porque lago tan bello no podía ser de otro modo.

Su cabello dorado acariciaba su espalda cando se movía frente a mi de forma delicada, ojos azules como el cielo de donde descendíamos, labios rojos como el fuego del infierno.
Me pregunté ¿como podía ser malo tomarla cuando era una fruta del paraíso y la respuesta me la di a mi mismo al darme cuneta que la manzana arrojo a Adan pro el precipicio.

Gruñí desafiante intentando mantener la cordura, peor no estaba cuerdo si no loco por meterme dentro de ella.
Aun sentía mi cuello húmedo por sus lametazos, deseaba mas, todo a decir verdad y mi mirada oscurecida me delataba.
Fue entonces cuando me aseguró que había mas y así se largó dejándome solo en ese lugar.

Forcejeé por soltarme, quería hacerlo, poder liberar mis alas y darle muerte, pero no tardó tanto y ante mis ojos lanzó un humano, escoria según ella, su vida o la mía ese era le trato.
-Estas jugando a ser Dios -aseguré clavando mi mirada en ella -no puedes matarlo, no es tu cometido, Dios lo juzgara en el juicio final.

Ella ladeaba la sonrisa pasandole el acero por el cuello.
-Mi vida, tómala y suéltalo, matarlo solo te corromperá mas de lo que ya lo estas -dije con firmeza -ven -le pedí relamiendome los labios -ven -pedí y déjalo ir.
Mis ojos oscurecidos la reclamaban, la quería cerca, mas cerca.
entreabrí mis labios dejando escapar el aliento de forma pesada.
-ven.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Lun 04 Dic 2017, 10:26

Pude notar en el momento en que me aparté del ángel que en su fuero interno deseaba que no me alejara, lo veía en sus ojos y en lo oscuro que estos estaban por el deseo que recorría su cuerpo y que lo hacía preso de alguna forma, de una manera en la que él seguramente jamás se habría sentido. Que nos deseábamos era algo más que evidente, su forma de mirarme, de jadear cuando mi cuerpo había estado cerca del suyo, su respiración pesada y ese jadeo ahogado que había soltado cuando mi lengua se había paseado por su cuello dejando un camino y un rastro húmedo por su piel, mis caderas moviéndose sobre las suyas sintiendo su miembro presionar en cada movimiento en mi centro... todo me hacía pensar que el ángel me deseaba y así me lo había admitido, ahora sufría el hecho de desearme y tenerme lejos de su cuerpo. Tenía algo preparado para él y me fui de la habitación saliendo solo un momento para volver con un humano que temblaba en mi agarre, uno de los tantos humanos que había en la tierra y que causaba destrucción y muerte a su paso, no es que nos necesitaran a nosotros para eso precisamente... ellos eran capaces de encargarse por sí solos. Para los ángeles los culpables directos éramos nosotros, sin embargo, fuimos convocados por los deseos oscuros de los humanos y ellos solos se habían corrompido desde el principio. Ese hombre no era el mejor ejemplo de ello, había violado, matado y hecho muchas más cosas por las que debía de ser castigado y sin embargo seguía vivo en la tierra, ¿qué clase de justicia era esa? A nosotros cuando hacíamos algo malo padre nos castigaba con severidad y no dejaba que pasara toda la vida para juzgarnos, eso no era del todo justo para con nosotros. Ahora Samael tenía la oportunidad de salvarse y de redimirse, ante él le ofrecía la posibilidad de hacerlo si decidía condenar al humano que le había llevado, solo así podría dejarlo que saliera aunque quizás me lo pensara de forma más detenida y no lo dejara irse, mantenerlo allí preso el tiempo que yo quisiera, mientras el dibujo del círculo estuviera completo Samael jamás podría salir de la cárcel que había preparado para él.

Esperaba su decisión mientras el humano lo miraba y le suplicaba que no lo hiciera, mi espada en su cuello mientras lo sujetaba y mis ojos clavados en los del ángel viendo cómo nos miraba a los dos, por supuesto que sabía cuál iba a ser la decisión que tomaría incluso antes de que la dijera. Era un ángel, un servidor de padre y como tal no iba a escoger matarlo porque no es algo que estuviera en su naturaleza, contaba con ello, pero esperaba su respuesta mientras sonreía de lado. Como ya había esperado eligió salvarlo, prefirió arriesgar su vida y que yo lo matara por salvar la de aquel desgraciado que no se merecía seguir con vida. Me decía que jugaba a ser Dios y que lo soltara para que no se corrompiera más mi alma, eso me hizo soltar una sonrisa negando con la cabeza y mirándolo con cierta sonrisa socarrona en mis labios, ¿corromperse más? Mi alma ya estaba corrompida y por eso mismo me había quitado las alas en señal de rebeldía, no quería saber nada más sobre los ángeles ni ser uno de ellos, ser un demonio me gustaba mucho más y la oscuridad me parecía mucho más atrayente, pecaminosa y placentera. Sabía que elegiría su propia muerte solo por salvar al humano, contaba con ello en todo momento, solté una leve risa y le di un golpe al humano que lo hizo caer al suelo inconsciente. Samael me miraba todavía atado en la silla y me pedía que fuera con él y me acercara, el matiz de su voz me hizo pensar que deseaba mi cercanía y que me quería cerca de nuevo sobre él, lo observé por unos segundos en los que giraba mi espada con la cabeza ligeramente ladeada.


-Has escogido salvarle... ¿por qué Samael, por qué darías tú vida por un hombre tan ruin y miserable como es este humano que no se merece ser salvado? ¿Es que acaso no lo entiendes? A padre le da igual si vives o si mueres, no es algo que a él le importe o de lo contrario jamás os habría mandado a por nosotros sabiendo que ibais a morir. ¿Por qué dar tú vida por alguien tan despreciable? No se lo merece, no ha hecho nada para merecerse ser salvado –dije frunciendo el ceño acercándome a él espada en mano- ¿crees que su vida es más valiosa e importante que la tuya, te da igual morir? Si es así entonces yo puedo ponerte el fin que tanto estás buscando –acorté la distancia cogiendo su pelo entre mis dedos, echando su cabeza hacia atrás, apoyando el filo del a espada en su cuello ejerciendo presión sin dejar de mirarnos. Se relamía los labios quizás por la cercanía entre ambos y yo solo era capaz de seguir mirándolo, su respiración algo acelerada y nuestros ojos en el otro incapaces de apartarla, alientos mezclándose y de nuevo ese poderoso torrente de deseo que nos sacudía a ambos. Moví un poco la espada para hacerle una pequeña herida de la cual manó algo de sangre, un jadeo por su parte y de nuevo nuestras miradas puestas en la del otro- venga dímelo, vuelve a repetir eso –dije desafiándole- vuelve a decir que entregas tú vida por ese asqueroso mortal y acabaré contigo aquí y ahora, tal y como pareces estar deseándolo –aseguré mirándole de forma fija- aunque sé que no es eso lo que quieres, sé que me deseas y que quieres volver a sentirme, ¿por eso me pides de esa forma que me acerque? ¿El ángel desea al demonio? –Sonreí de forma socarrona sentándome de nuevo sobre él, su miembro presionando en mi centro y su cuerpo pegado al mío, mis labios fueron a la herida que le había hecho con la espada y lamí la sangre que caía, jadeé al sentirlo tan puro, tan inocente... me daban tantas ganas de corromperlo, no por pura codicia y depravación como harían otros, sino porque deseaba al ángel desde hacía tiempo- dime lo que realmente deseas Samael y te concederé el perdón, solo si me dices la verdad –y como ser que mentía sabía distinguir una verdad de una mentira- si eliges la muerte tendré que darte un recordatorio de lo que estás a punto de perder, de lo que jamás podrás volver a sentir –mis labios sobre los suyos, alientos que se mezclaban cálidos, acorté la distancia finalmente y besé sus labios sucumbiendo al pecado aunque esta vez de una forma que quería y deseaba haber hecho hacía tiempo, su boca sabía a inocencia pura y eso me provocó un jadeo en aquel beso, mi lengua se adentró en su boca y la tomó haciéndola mía por completo adueñándome de ella, mi mano todavía en su pelo y el filo de mi espada en su cuello mientras nos besábamos y movía mis caderas sobre su miembro incitándonos, tentándonos. Lo deseaba, lo deseaba mucho y no iba a matarlo sin antes haberlo tenido aunque fuera una sola vez- déjame enseñarte Samael lo que se siente, sé que quieres sentirte dentro de mí –murmuré sobre su cuello repasándolo con mis labios- déjame hacer de tus últimos instantes que sean placenteros y llenos de gozo, déjame mostrarme lo que padre nos prohíbe y que no debería de ser así –dejé la espada lejos de ambos y mi mano se coló por su ropa recorriendo su pecho- “amaos los unos a los otros”, ¿por qué tendría que ser malo? Sé que lo deseas tanto como yo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Lun 04 Dic 2017, 18:50

El demonio era mezquino, algo que siempre supe pero también infinitamente bello y atrayente. Frente a mi serpenteaba para lograr su propósito y la manzana sabia tan deliciosa que la anhelaba.
El humano cayó inconsciente a sus pies, mis labios se entreabrieron contemplando su cercanía, como de nuevo sus palabras eran un velado reto en el que me aseguraba que antes de darme muerte me enseñaría lo que era el pecado.

Un corte que manó sangre de mi herida, la lamió con lascivia mientras mis ojos la contemplaban de forma fija.
-Mátame -ordené con ese arrojo de orgullo que aun me quedaba.
Su boca sabia a pecado, la mía a inocencia y cuando nuestras lenguas se enredaron una mezcla exquisita de fuego, de maderos y de incienso congestionaron en ellas.
Jadeé contra ella, su cuerpo mas pegado a mi, marcó la senda de la perdición mientras mis manso atadas atrás deseaban tocarla.

Sus ojos azulados se tornaban oscuros ante los míos, la criatura era fascinante, y cuando sus dedos como brasas se pasearon por mis botones desabrochandolos despacio sentí que mi pecho ardía subiendo y bajando violento.
-Hagamos un trato -susurré contra su boca – suéltame, muéstrame en que tienes razón, tres casos en los que dios erré y por contra el diablo no y si eso sucede, sucumbiré contra tu cuerpo, pecaré dejando que el deseo que siento se hunda en tu entro y te haré mía traicionando así a padre.

Sus ojos se hundieron en los míos fijamente, la veía sonreír de forma pérfida.
-Pero si por contra, esos tres ejemplos que me muestres, no son tal, si o es Dios el que erra si no el mismo satanás, tu buscaras la redención, pedirás perdón a padre y dejaras de incitarme a tomarte.
Me has pedido que sea sincero, te deseo, no es la primera vez que me fijo en tu cuerpo, el problema es que no esta permitido entre ángeles dejarnos llevar por la fornicación.
Ese acto solo puede tener un fin, la procreación y los ángeles no pueden tener hijos, ese es el motivo por el cual se considera pecado.

Ella sonreía moviendo las caderas contra mi abultado falo, mi aliento golpeaba sus labios mojados por el beso que arraso con cada resquicio de mi cordura.
Mi deseo no conocía parangón y esta vez fue mi boca la que acortó la distancia para lamer sus labios.
-¿tienes miedo? -la provoqué






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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Vie 15 Dic 2017, 20:01

Samael seguía resistiéndose constantemente pese a que sabía tan bien como yo que al final acabaría por sucumbir frente a mí, que se dejaría llevar por lo que estaba experimentando y sintiendo en esos momentos, que solamente eran la cima de un principio y que pronto sucumbiría a lo que sentía, a lo que yo provocaba y despertaba en él... pero seguía pensando como el ángel que era, como el siervo de Dios que hacía caso a todo lo que hacía y no se dejaba llevar por lo que sentía en esos momentos, no era muy difícil darse cuenta del estado en el que se encontraba el ángel y la lucha que tenía consigo mismo para no dejarse llevar por el pecado, por la tentación y por el placer. Seguía creyendo que estaba prohibido cuando nuestro padre siempre había abogado por el hecho de que nos amáramos los unos a los otros, cierto era que a nosotros se nos había prohibido de alguna forma el procrear porque nuestro padre no lo veía bien, de esa forma nos castigaba una vez al no permitir que nuestros instintos salieran a flote, que lo que a los humanos si se les concedía nosotros debíamos de reprimirlo porque estaba mal. Samael no lo entendía, no se daba cuenta de que con padre todo serían prohibiciones y que siendo libres podría hacer todo cuanto quisiera, todo lo que se le antojara. No iba a decir que era buena a esas alturas, había hecho cosas muy malas que necesitaban de un castigo porque estaban prohibidas, pero nunca supo mejor hacer una cosa que te habían estado denegando durante toda tu vida, nada era más satisfactorio que eso. Samael se pensaba que me había entregado a la lujuria por completo y que me había dejado llevar por la pasión, pero se equivocaba porque aunque sí había pecado de forma carnal no las veces que él se creía o se imaginaba, aunque no tenía sentido que se lo hiciera saber porque tanto si me creía como si no tampoco era relevante. No entendía por qué prefirió salvar la vida del humano a la suya propia, por qué me pidió que lo matara él y que dejara vivir a ese humano que desde luego no se merecía seguir respirando... y mucho menos por encima de Samael. El humano había hecho cosas por las que debía de ser castigo y sin embargo seguía vivo, no pensaba matar a Samael o al menos no pensaba hacerlo hasta que no viera lo que por continuar con padre se estaba perdiendo.

Pero él era astuto, era demasiado listo y sabía que aunque decía la verdad porque los ángeles no podían mentir a diferencia de nosotros, me propuso algo porque él estaba seguro que no me echaría hacia atrás y que aceptaría. Aunque volvió a pedirme de nuevo que lo matara y que acabara con su vida como enemigo que era, cumpliendo así con el cometido que supuestamente ya debería de haber hecho. Pero lo deseaba y antes de matarlo al menos podría tenerlo aunque fuera una única vez, aunque solamente fuera una y luego tuviera que matarlo... dejarlo con vida sería un error y nada me aseguraba que pudiera cumplir con su palabra pero era un ángel y estos nunca mentían. Sentada sobre él sintiendo su miembro duro presionando mi centro, con mis labios rozando los suyos y su aliento impactando contra el mío era difícil de pensar en matarle cuando lo quería, pero también sentía su deseo por mí y las ganas que tenía de hundirse en mi interior, lo deseaba y así me lo había mostrado con esa verdad celestial que poseía, incapaz de mentir en ningún momento. Cedería solamente si le mostraba tres casos en los que padre había errado, pero si había sido cosa del demonio entonces me llevaría ante padre para que le pidiera perdón por mi osadía y rebeldía, algo que me hizo reír mirándole con mi cuerpo pegado al suyo, su rostro se alzó para acortar de nuevo las distancias preguntándome si tenía miedo y enarqué una ceja, por supuesto que no tenía miedo, había desafiado a padre y después de eso ya nada me daba miedo, absolutamente nada.


-¿Y por qué debería de hacer ese trato contigo? –Mi mano fue a su mandíbula para cogerla y levantar su rostro ligeramente- no me haría falta, conforme estás, de hacer ningún trato para tomar lo que quiero –mi lengua se paseó por sus labios provocándole, notaba lo excitado que estaba y como su temperatura aumentaba, su deseo de tomarme de forma profunda, conocer qué era aquello que se le había negado durante toda su existencia- ¿qué crees que podría frenarme de querer tomarte ahora mismo, Samael? –Para corroborar mis palabras mi mano bajó por su pecho ya que tenía su camisa desabrochada dejando este al descubierto, sentía el calor de su piel bajo mis yemas y mi mano bajó hasta colarse por sus pantalones buscando su miembro sobre la tela, apenas un leve roce que lo hizo jadear de forma ronca y que a mí me hizo sonreír en respuesta- ¿ves? Nada me retiene si quisiera tomarte, no necesito de ningún trato para ello –ladeé un poco mi rostro sin borrar la sonrisa de mis labios- pero si quieres jugar... sé que vas a cumplir tu palabra, un ángel siempre dice la verdad y lo que dice lo tiene que cumplir, te has condenado tú solo Samael –volví de nuevo a besar sus labios que nos hizo jadear a ambos y me separé tirando de su labio inferior- ¿tienes que buscar esa excusa para ceder a tus deseos, a las ganas que tienes por sentirte dentro de mí? Podría mostrarte tantas cosas, ángel –dije repasando sus labios con mi dedo para levantarme de su cuerpo, tomé la daga y me puse a su espalda, alcé su rostro y dejé el filo en su cuello- me has dado tu palabra ángel, ahora sabes que tienes que cumplirla –sonreí y solté la atadura de sus muñecas, me puse frente a él y mirándolo con una sonrisa hice que desapareciera el círculo- bien Samael, vamos a tú perdición –toqué su hombro y pronto estuvimos en otro lugar completamente diferente, fuera de donde lo tenía retenido y donde se veía a varios humanos robando- míralos Samael, nuestro padre les dio diez mandamientos para que cumplieran pero también les dio libre albedrío y ahora pueden decidir si las cumplen o no, entonces, ¿por qué darles normas cuando ellos pueden decidir si cumplirlas o se niegan a ello? Nosotros por el contrario no somos libres de decirlo, ¿y que trae eso? Roban, matan, mienten... mientras padre no hace nada por detenerlos. Son crueles no solo con ellos mismos sino con la naturaleza, con esos seres que tú y yo creamos una vez y que les pusimos en este mundo. No los toman para sobrevivir, los toman por diversión y tienden a destruir todo lo que nosotros una vez creamos así que ¿por qué no destruirlos nosotros? No se merecen todo lo que padre les da y sin embargo es a nosotros, sus verdaderos hijos, a quienes castiga. No conocen la justicia ni la moralidad y eso ya lo hacían antes de que bajáramos nosotros, tú los vistes igual que yo los veía... siempre pecando, siempre desobedeciendo y saltándose las leyes sin castigo alguno, fue eso lo que en parte me hizo cambiar Samael. Ellos son libres mientras que nosotros estamos atados, ¿crees que ellos solo fornican para procrear? No es así, y lo sabes tan bien como yo... pero si te quieres escudar en que padre es justo y jamás ha errado bien, al final acabaré matándote y se acabará tú historia –me giré para mirarlo- podrías ser libre y vivir bajo tus propias normas y criterios, pero prefieres la muerte –volví a tocar su hombro para llevarlo a otro lugar lejos de todo lo que estaba pasando, un lugar donde podríamos acabar con aquello.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 19 Dic 2017, 13:10

Mis labios entreabiertos exhalaban el aliento de forma pesada contra sus labios.
Mi hombría dura y alzada era la prueba de que francamente en el caso de querer, podría clavársela sin necesidad de trato ninguno.
Aun así, cedió, sus labios contra los míos, jadeé hambriento de dejarme llevar por los deseos carnales que esa mujer producía en mi en cada momento.
Su sonrisa triunfal delataba que sabia tenia las de ganas, el filo del cuchillo en mi cuello y liberó mis manos con destreza antes de tocando mi hombro aparecer en otro lugar.

Mis ojos se cernieron sobre la humanidad, mujeres y hombres en una bacanal, fornicando, bebiendo ,fumando, podían hacer todo cuanto quisieran y sin embargo yo la deseaba y me contenía. No tenia libre albedrío pues decepcionar a Dios era lo que menos deseaba en este momento.
-¿a que sabe eso? ¿que se siente? Parecen disfrutar al beber el liquido ambarino y al fumar esa sustancia.

Su sonrisa se ensanchó sin dejar de mirarme con esos ojos azules como los cielos de los que procedía.
Decía que iríamos a otro lugar, uno donde podríamos acabar con todo aquello, mas la detuve, quizás era cierto, acabaría matándome, pero antes quería sentir eso que notaban los humanos en aquel lugar.
-déjame probar eso, después vamos donde quieras y continuamos esa lucha a muerte de la que no saldrás con vida -dije con una engreída sonrisa.

Yuna cedió, alegando que si esa y no otra era mi ultima voluntad.
Tomamos asiento en una mesa baja, pronto una camarera guiada por las ordenes del demonio nos trajo una botella que contenía un liquido ambarino en su interior, sendos vasos y una pipa con unas hierbas que dejó a mano de la mujer para que se sirviera.

Yuna sirvió los dos vasos y empujó uno hacia mi posición invitándome a vaciarlo de un trago.
Lo tomé e hice exactamente l oque me dijo, mas en ese momento empecé a toser, estaba muy fuerte, quemaba en mi garganta y sabia a rayos.
-¡esta asqueroso! -dije alzando mi mirada hasta la del femenino demonio que se reía a mi lado -no entiendo el placer que les produce a esos -aseguré -pero si eso es lo que hacen con su libre albedrío me da la sensación de que están locos.

Yuna preparaba la pipa, enarqué una ceja como fuera igual de asqueroso ya podíamos ir a matarnos, no envidiaba precisamente a la humanidad y a las mierdas estas que se tomaban.
Me acercó la manguera pidiéndome que aspirara, ella lo había hecho antes, así que solo tenia que imitarla.
Aspiré posando mis labios en la boquilla, de nuevo tosí, el humo se me iba por la nariz, tampoco sabia bien ,era como contaminar el cuerpo, llevarlo a un punto que no terminaba de entender y en la boca se quedaba como un sabor rancio.
-no me gusta -aseguré -vayámonos


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér 10 Ene 2018, 17:02

Más que observar a los humanos como otras tantas veces había hecho me centré en observar al ángel que tenía a mí lado, ver su cara y sus expresiones contemplando a los humanos que en su libre albedrío se perdían por los caminos de la tentación, del placer y de la lujuria, vicios que habían ido adquiriendo con el paso del tiempo y que para ellos se había convertido en algo normal y corriente, como cualquier otro tipo de entretenimiento. Bebían, fumaban, reían y fornicaban sin siquiera prestar atención quien era la otra persona o si la conocía de algo, para ellos todo aquello quedaba relegado a un segundo plano y se centraban en disfrutar bebiendo y fumando aquellas sustancias que los llevaban a ese estado de frenesí y de descontrol, de desenfreno por lo que muchos de los que antes fuimos ángeles renunciamos, para tener toda esa libertad que nuestro padre nos negaba. Observaba a Samael quien tenía sus ojos puestos en aquellos mortales que se divertían ente ellos mientras yo me mordía el labio intentando imaginar qué estaría pensando el ángel en esos momentos en los que la perversión se extendía frente a sus ojos, donde eran libres de hacer lo que quisieran. Nuestro destino ya estaba escrito y sellado, esa noche uno de los dos moriría a manos del otro y sonreí de lado al pensar en matar a un ángel como Samael, uno que era conocido por ser uno de los mejores soldados de nuestro padre, el gran golpe que sería perderlo o mejor dicho, lo que sentiría cuando lo hiciera sucumbir porque aunque él quería parecía que se dejaba llevar por su amor a la obediencia de padre, sería una lástima que muriera sin siquiera dejar que lo tuviera una vez pero él lo había querido así y yo tenía que matarlo, si no lo hacía yo cualquier otro demonio que lo encontrara acabaría por matarlo de formas mucho más crueles de la muerte que yo pudiera darle. Estaba dispuesta a llevarnos a otro lugar cuando me paró tomando mi muñeca para que no nos alejáramos, la curiosidad hizo mella en él y quería saber qué era lo que ellos estaban tomando, sonreí de forma ladina y tiré de él para llevarlo a una de las mesas un tanto apartadas lejos de miradas indiscretas, de forma que no se fijaran demasiado en nosotros.

No tardaron en traernos algo de alcohol, dos vasos y lo necesario para encender la pipa de la que fumaban muchos de allí, llené los vasos de alcohol y sin dejar de sonreír de un movimiento acerqué uno de los vasos hacia él y le pedí que se lo bebiera todo de golpe mientras mi dedo repasaba el borde de mi vaso sin quitarle la vista, reí cuando dijo que estaba asqueroso y la cara que puso en esos momentos para luego dar un trago a mi vaso. Claro que quemaba y por supuesto que no tenía el mejor sabor del mundo, pero los humanos conseguían cierto grado de alcohol con aquello y sobre todo lograban perder todos sus prejuicios como si los borraran de un plumazo, pero para un ángel como era Samael que era la primera vez que probaba algo como aquello le costaba ver lo que hacía el alcohol, no es que me gustara demasiado pero me había acostumbrado a su ardor pero sobre todo buscaba de vez en cuando los efectos que producía, el embotamiento de cabeza, el cosquilleo que te producía por todo el cuerpo... algo que Samael no comprobaría porque al parecer no le había gustado en absoluto. Volví a dar un nuevo trago a mi vaso y me acerqué a la mesa para preparar la pipa, la encendí dando unas caladas soltando lentamente el humo, le pasé para que él también fumara recostando mi espalda contra el respaldo pero quedando ligeramente de lado de frente a él observando cómo fumaba. Reí cuando comenzó a toser nada más inspirar y soltaba el humo por la nariz mientras yo no dejaba de reírme de él en todo momento, cuando paró aseguró que tampoco le gustaba y me pidió que nos fuéramos pero lo cierto es que no me apetecía, ¿por qué no aprovechar ese momento que teníamos antes de batirnos a muerte? Estaba convencida de que lo mataría pero, en caso de que por alguna extraña razón él me ganara, quería disfrutar de esos placeres una última vez.


-¿Por qué tanta prisa Samael, tan pronto quieres morir? –Pregunté con una sonrisa volviendo a dar un trago al vaso dejándolo sobre la mesa- deberías de relajarte y de disfrutar un poco de estos momentos –chasqueé la lengua- ni siquiera sabes divertirte, ¿siempre tiendes a arruinar todos y cada uno de los momentos que tienes a lo largo de tú día? –Enarqué una ceja y me acerqué algo más a él cogiendo de nuevo la pipa para volver a fumar de ella- la primera vez que pruebas estas cosas es normal que no te guste, pero a los humanos sobre todo les gusta el efecto que produce en ellos cuando beben cierta cantidad –le tiré el humo a posta a la cara y reí entre dientes- el estado en el que los deja les encanta, los relaja, les hace que todo sea más divertido y se rían más, se liberan de sus perjuicios y se desinhiben actuando de formas que, de normal, jamás actuarían.... quizás deberías de probarlo Samael. Desinhibirte por un momento, por unos instantes, sin presiones, sin normas, sin normas que acatar... ¿no te gustaría sentir cómo sería? Ser libre por unos momentos, ¿no sientes curiosidad? –Aprovechando el momento y el lugar donde estábamos sin pensarlo demasiado me subí de nuevo a horcajadas sobre él restando las distancias- yo te puedo enseñar, dices que no te gusta y eso lo puedo entender pero yo te puedo guiar, puedo hacer que esto sea más divertido y más placentero –di un nuevo trago al vaso- solo si me dejas intentarlo. ¿Qué tienes que perder? Nuestro sino ya está escrito y sabemos que al final uno de los dos acabará muerto en manos del otro, así que ¿qué hay de malo en disfrutar unos últimos instantes? Relájate y disfruta, déjate llevar y olvida todo cuanto eres o cuanto yo soy –di una nueva calada y el humo lo tiré de forma lenta sobre sus labios en el momento en que moví mis caderas de forma lenta haciendo que nuestros sexos se rozaran, abrió los labios ligeramente y el humo entró en su boca pero en muy poca cantidad, me incliné y mordí su labio inferior dejando mis manos en su pecho- me deseas y yo te deseo a ti, ¿cuál es el maldito problema? ¿Por qué no podemos dejarnos llevar aunque solo sea una vez, experimentar el placer que tendríamos, consumir el deseo que nos carcome por dentro, dar rienda suelta a lo que sentimos –lo miré a los ojos- luego tendremos una batalla y terminaremos con todo esto de una vez. Será una de las mejores batallas jamás contadas, salvaje, épica... y no, no me refiero a la de la cama –sonreí de lado para lamer su labio inferior provocándolo, mis caderas se movieron lentamente sobre él incitándolo- ¿no nos merecemos un último deseo antes de morir? Tú eres mi deseo y yo sé que una parte de ti se muere porque te dejes llevar, por tomarme y saber que se siente. Vamos Samael, déjame mostrarte ese mundo que padre nos ha prohibido por toda nuestra existencia, aunque solo fuera una vez –mis labios rozaron los suyos con mi pelo rubio cayendo por mi hombro, mis ojos azules puestos en los suyos verdosos- te deseo Samael, deseo que tus manos recorran mi cuerpo, que tus labios marquen un camino por mi piel, sentir que me haces tuya –murmuré de forma seductora sobre sus labios- después de eso saldaremos la cuenta pendiente que tenemos, pero primero ésta la hemos dejado pendiente durante mucho tiempo, un asunto sin resolver que ha ido perdurando en el tiempo. Vayámonos de aquí y tómame.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Miér 10 Ene 2018, 19:20

“¿Por que tanta prisa?”
Enarqué una ceja ante su pregunta, no entendía que era lo que quería exactamente había probado esa bebida y no me gustaba, había probado eso que fumaban los humanos y me hizo toser quemando mis pulmones, así que ¿que me retenía allí?

Centré mis ojos en los suyos escuchando lo que decía, cuando lo hacia, sus labios carnosos acaparaban toda mi atención ,era una mujer preciosa, no era la primera vez que me fijaba en ella.
-¿Arruinar? ¿creía que nos íbamos a matar? Eso si será arruinar -aseguré ladeando la sonrisa mientras me acomodaba ligeramente en el sofá.
Quería tiempo, ganarlo, un ultimo deseo ¿por que no concedérselo?
-Hablas como si bebiendo de esa sustancia ambarina y dejando que el negro humo invada mi cuerpo pueda experimentar lo que es ser libre. ¿cuanto he de beber y cuanto he de fumar para que eso suceda?¿ para poder demostrarte que aun con todo eso que dices en mi cuerpo seguiré fiel a mi padre?

El demonio trepó sobre mis piernas, sentándose a horcajadas con una picara sonrisa, danzando sobre mi entrepierna que creció endureciéndose bajo su sexo.
El humo invadió mis labios cuando esta dejó escapar su aliento, tenia que reconocer que era embaucadora, perseverante y deliciosa.
-¿cuantas? - pregunté cogiendo la primera copa y vaciandola de un trago sin poder evitar poner una mueca de asco por el quemazón que me produjo en la garganta.

Ella sonrió mordiendo mi labio inferior incinerandome con la fricción de los cuerpos. Mis labios entreabiertos jadearon contra su boca.
-¿cuantas? -repetí intentando como mi pantalón se mojaba por las gotas de elixir que salían de mi glande.
Tomé otra copa dando un trago hasta vaciarla, poco a poco iba entrando mejor, la cabeza se me iba embotando casi a la vez que mis labios iban permitiendo que mas humo se adentrara por ellos.

Nuestra nariz se acarició, el aliento de ambos chocaban cálidos, bañados en alcohol y plagados de deseo.
-¿cuantas? -pregunté tomando otra para mirar sus ojos con los míos ya algo turbios por el alcohol que jamas había bebido.







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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Jue 01 Feb 2018, 12:47

Me dediqué a mirar al ángel que sentado a mi lado hacía muecas porque no le gustaba la bebida así como tampoco le gustaba fumar el opio que nos habían traído, admitía que a mí al principio tampoco me había gustado y había hecho gestos cuando sentí que el alcohol ardía bajando por mi garganta como si quemara, pero cuando al final te acostumbras a esa sensación y empiezas a beber y a fumar es cuando empiezas a sentir ese embotamiento de cabeza que empieza a subir y que te indica que el alcohol está haciendo su efecto y su trabajo. Al ser la primera vez que lo probaba y al no gustarle, como pasaba a la mayoría que lo probaba por primera vez, dijo que quería irse porque allí no hacíamos nada ya que no le gustaba ni el alcohol ni fumar el opio que le había hecho toser y a mí me había provocado una sonrisa ladeada. ¿Tan pronto quería irse? Si lo mejor empezaba en ese momento y él parecía decidido a arruinar la diversión que teníamos y que apenas habíamos comenzado, no le hice caso cuando me dijo que nos fuéramos y bebí de la copa que había pedido para luego coger la pipa y dar una nueva calada dejando que el humo negro llegara hasta su rostro al tirarle el humo directamente a él, ya habría tiempo de matarnos y si podíamos disfrutar de aquello por una última vez lo haría, aunque pensaba matar a ese ángel en cuanto comenzara la batalla, pero quería mostrarle los placeres de la vida que se estaba perdiendo por no aprovechar el momento. Nuestro sino ya estaba marcado y escrito y uno de los dos no vería un nuevo amanecer, le daría a conocer lo que se había perdido durante mucho tiempo para que supiera que él estaba equivocado y que sí había razones y motivos por los que desobedecer a padre. Él no había experimentado nunca la sensación de libertad, no había sido libre del todo y eso era algo que quería mostrarle para que supiera lo que era, luego lo mataría y ahí se acabaría la vida del ángel... padre lloraría su pérdida o quizás no lo echaría en falta en absoluto. Mientras hablaba podía notar que sus ojos bajaban a mis labios, no había que ser demasiado inteligente para darse cuenta de ello y me hizo sonreír mientas le pedía que disfrutáramos antes de ir a matarnos, parecía que lo estaba pensando y yo aproveché que sabía lo que provocaba en el ángel para sentarme sobre sus piernas.

Un movimiento de cadera rozando nuestros sexos y ya notaba su miembro duro contra mi centro, sonreí de lado sin apartar mis ojos de los suyos porque al final si bebía y fumaba acabaría por ser él quien me pidiera que lo tomara y que le enseñara lo que era de verdad el placer, eso por lo que los humanos perdían todo raciocinio y se entregaban por completo a buscarlo. Yo lo deseaba y eso no lo había escondido en ningún momento, él también me deseaba pero luchaba contra lo que sentía como si no se quisiera dejar llevar bajo ningún concepto, lo negaba porque eso es lo que se supone que debería de hacer un ángel, ¿tan mal estaba que pasara una vez en su vida? Yo no había escondido lo que deseaba en ningún momento y se lo había dicho, que lo deseaba, que deseaba que me tocara y sus manos recorrieran mi piel, que sus labios me besaran y recorrieran mi cuerpo... sabía que él también lo deseaba y sin embargo se controlaba porque se suponía que era lo que “debía” de hacer. Sonreí de lado cuando me dijo que no se creía del todo que bebiendo y fumando pudiera sentir esa sensación de libertad que te concedía el alcohol, que no te hacía pensar en nada, que te libraba de prejuicios y te hacía sentir libre para hacer lo que uno desea sin pensar en nada, sin restricciones en nuestra mente. Y supe, en ese momento, que ahí acababa de pillar al ángel porque si algo me gustaba eran los retos... y él se había convertido en uno. Mordí mi labio mirándolo y reí entre dientes cuando lo vi beber el vaso de un trago dejándolo sobre la mesa preguntándome cuánto tenía que beber para sentir aquello. Era un desafío porque se pensaba, el muy ingenuo, que si llegaba a ese estado no sucumbiría ante mí y le sería fiel a padre... y precisamente con el alcohol uno no raciona y se deja llevar por lo que siente y por sus impulsos, y aunque Samael no lo dijera yo sabía que me deseaba ya que su miembro duro contra mi centro me lo dejaba bien claro. Cogí mi vaso y lo bebí de una como él dejándolo sobre la mesa dejando que mi aliento calcinara sus labios, provocándolo, tentándolo en todo momento. El juego comenzaba y era uno bastante divertido en el que haría que el ángel cayera ante mí.


-Unas pocas más, empezarás a notar que ya es suficiente y te darás cuenta por ti mismo –sonreí de lado volviendo a fumar de la pipa tirando el humo que salía de mis labios, el ángel me miraba de forma fija mientras yo provocadora nata movía mis caderas sobre las suyas, me inclinaba ligeramente hacia él rozando nuestros pechos, mordía su labio inferior dejando que el humo entrara y diera contra sus labios. Él seguía bebiendo vaso tras vaso y parecía que ahora le costaba menos hacerlo, fumaba de vez en cuando y ya no hacía muecas porque le diera asco, el alcohol le empezaba a hacer efecto y más para alguien que no había bebido nunca por lo que tampoco quería que se pasara demasiado. Quería que pillara el punto porque con eso para ser su primera vez le bastaría, su nariz rozaba la mía, un jadeo salió de sus labios cuando mordí su inferior con mis dientes y mi lengua lo repasó, volvió a preguntarme cuántas y llené el último vaso entregándoselo- es el último –se lo tendí para que se lo bebiera y lo hizo de un trago y lo dejé sobre la mesa- ahora pensarás que te he mentido pero el alcohol no hace efecto inmediato, pero como es la primera vez no tardarás en sentirlo –sonreí de lado terminando también el vaso que llevaba en mis manos, yo acostumbrada al alcohol no estaba como él pero mi deseo seguía patente. Lo contemplé de forma fija dando una nueva calada a la pipa expulsando el humo negro de forma lenta viendo sus ojos turbios por el alcohol y por el deseo que tenía, su miembro duro ya parecía estar listo para la acción así que dejé la pipa a un lado sobre la mesa y lo miré sentada sobre él con su espalda apoyada contra el sofá, sonreí de lado dejando mi mano en su pecho y acorté la distancia hasta su rostro dejando que mi pelo cayera por mi hombro, mis labios rozaron los suyos y mi lengua los lamió perfilándolos, un jadeo escapó de estos y sonreí antes de apresar con mis dientes su inferior sin dejar de mirarlo, veía el deseo en sus ojos, su respiración algo agitada e involuntariamente movió su cadera contra mi cuerpo haciendo que sonriera. Iba a caer y yo lo sabía, en el estado en el que se encontraba su deseo podía sobre cualquier otra cosa y ahora nublada la capacidad de pensar que eso no debía de hacerlo se entregaría a lo que sentía, sin pensar en nada más que en satisfacer esa necesidad que crecía cada vez más en su interior- Samael –susurré sobre sus labios de forma seductora con mi mano subiendo por su pecho de forma lenta- te deseo, ¿me deseas tú? –Sabía la respuesta pero quería que se diera cuenta de que sí lo hacía, aunque él lo negara miles de veces su cuerpo lo delataba. Cogí sus manos entre las mías y las puse en mis caderas sin dejar de mirarlo, las fui subiendo de forma lenta por mis costados para luego bordear mis pechos y que los recorriera hasta que las dejé sobre mis pechos, moví mi cadera presionando su miembro contra mi centro y mis labios rozaron los suyos hasta que mi boca se apoderó de la suya. Mis labios chocaron contra los suyos en un beso cargado de deseo, mi lengua se fue abriendo paso entre sus labios hasta dar con su lengua, ambos jadeamos por ello y él no se quedó tampoco atrás, respondió a mi beso mientras parecía que se animaba envalentonado por el alcohol, dejándose llevar por lo que sentía. Sus manos apretaron mis pechos acariciándolos mientras nos besábamos en esa batalla particular que teníamos con nuestras lenguas, nuestros cuerpos pegados rozándose, su miembro contra mi centro presionando. Nos separamos del beso y mordí su labio mirándolo, ojos turbios de deseo, labios que se tocaban, se mordían y lamían centrados en una única cosa: deseo- vámonos de aquí – me levanté tirando de su mano para que él también lo hiciera sabiendo que el alcohol actuaría también así, allí habíamos hecho todo lo que necesitaba que el ángel hiciera, tocando su hombro como había hecho la primera vez nos trasladé a otro lugar diferente que era el mismo donde lo había tenido atado pero a otra habitación, aparecimos en medio de la habitación uno frente al otro mirándonos, ángel y demonio contemplándose con deseo en ambas miradas, con un asunto que llevábamos pendiente y sin resolver desde hacía demasiado tiempo- dime Samael, ¿qué es lo que deseas en estos momentos? –Esperaba que dijera que me deseaba a mí, así que acorté la distancia pegando mi cuerpo al suyo por completo, mi rostro subió dejando mis labios rozándose con los suyos- espero que sea yo lo que desees –para que así fuera mi mano bajó por su pecho hasta llegar hasta su miembro que acaricié por encima de la tela sabiendo que eso le produciría placer y con la única intención de que cediera.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Vie 02 Feb 2018, 13:31

Aquello que bebía me calentaba por dentro, con la mirada turbia repasaba aquel cuerpo curvilíneo del demonio, sus labios, pecaminosos, entreabiertos se deleitaban con el roce de mis carnosos y después, como la sibilina serpiente los perfilaba humedeciéndolos con lascivia.
Mi boca preparada para engullir su lengua , deseaba ese olor cadencioso de su aliento bañado en alcohol como el mio.

El vaivén de sus caderas marco a fuego mi verga, endurecida se perdía en su centro calentando a la demonio que parecía muy complacida en ver el estado en el que me encontraba ahora mismo.
-¿esto es estar borraachoo? -pregunté arrastrando las palabras contra su boca, su maliciosa sonrisa respondió y sin pensárselo dos veces tocó mi hombro para largarnos de allí.

Habiamos vuelto al inicio de la partida, aunque mi cabeza embotada por el alcohol no me dejaba pensar demasiado, mi sonrisa ebria se ensanchó cuando sus pasos la orillaron contra mi cuerpo, me relamí los labios al sentir su vaho penetrar entre ellos.
No hubo respuesta a su pregunta, atajé esa incendiaria distancia hasta que mi boca presionó la ajena que emitió un gruñido de placer al conseguir lo que había estado buscando, el pecado proveniente de la lujuria que su cuerpo contra el mio producía.

Mi lengua cruzo su abismo, húmedas las dos serpientes danzaron tomando el fruto maduro prohibido, me alejaba del camino y lo peor es que disfrutaba entre gruñidos de esa sensación.
Con mis manos ávidas de despojarla de cada prenda que ahora mismo sobraba.
Nunca había sentido esta hambre, esta sensación nublante de deseo, de necesidad, su piel caliente me hacia arder y mi mirada presa de las curvas de su cuerpo centelleaba de oscuridad.
-Es el alcohol -me escudé tomando aire para volver a golpear su boca con la mía humedeciendo mi lengua en su interior.

Gruñí al sentir como se reía con esa maldad que la caracterizaba, no solo conseguía que la lujuria me invadiera, si no que me excusaba con una mentira, el alcohol ayudaba, peor el deseo era una necesidad de mi cuerpo.
Me empujo hasta el lecho, sus dedos se pasearon lentos por el botón de mi pantalón, me contemplaba con esos dos mares inmensos en los que me sentí naufragar en ese instante.

Eso era en lo que se estaba convirtiendo mi fe, en un barco a la deriva, sin timón ni remos me dejaba llevar pro aquella mujer.
Desabrochó el botón sacando del interior mi armamento, se humedeció los labios lujuriosa asegurándome que iba a rozar el infierno con los dedos.

Cerré los ojos preparado para el viaje, cuando su boca besó mi punta mojada y palpitante mis labios se entreabrieron.
Roncos jadeos guturales al sentir el candor de su boca húmeda engullendo mi verga hasta el fondo, rozando su garganta cuando mis caderas bailaban.








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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Mar 27 Feb 2018, 18:26

Sabía que al final iba a acabar saliéndome con la mía y que el ángel caería y cedería ante mis deseos y mis designios, tan solo había bastado el toque necesario y suficiente como un pequeño empujón para que él cayera por su propio peso. Si bien era cierto que habíamos empezado peleando deseando acabar con la existencia del otro, si esa iba a ser nuestra última noche en toda nuestra larga existencia ¿por qué no aprovecharla? Hacía muchos siglos que mis ojos se habían fijado en Samael cuando todavía era un ángel y estaba bajo los deseos de nuestro padre, pero las leyes prohibían toda relación entre ángeles por lo que siempre tuve que reprimir lo que deseaba de él y mantener esas distancias convenientes para no caer bajo la ira de nuestro padre. Vi la oportunidad cuando el primero de todos sus hijos se reveló contra él y no dudé en hacerlo yo también, no concordaba con lo que pensaba y quería ese libre albedrío del que disfrutaban los humanos en la tierra, hacían y deshacían a su antojo y no eran condenados ni castigados así que no entendía por qué nosotros sí lo éramos y por ello pagábamos un castigo cuando ellos no tenían nada. Todo había cambiado para mejor cuando dejé de estar bajo las órdenes de padre, era libre y él ya no movía sus hilos conmigo a diferencia de con los demás. Y nunca tomé mejor decisión que esa, si bien era cierto que nos adueñamos de la tierra y que ayudamos a los humanos a pecar nosotros no hicimos nada que ellos no estaban haciendo antes o que no quisieran hacer, como estaba haciendo con el ángel tan sólo le di un pequeño empujón para que él se diera cuenta de que no era del todo libre y que de seguir con los mandatos de padre jamás lo sería. Seguía siendo ese ángel con esos pensamientos puritanos, pero había algo en su interior que lo hacía querer seguirme dándome en cierto sentido la razón, no podía obviar ni negar sus deseos por mucho que quisiera... pero era fuerte y costaba que cediera. Pero sabía que lo haría cuando lo vi beberse tantos vasos de alcohol para ser la primera vez que lo hacía, eso haría que sus deseos se liberaran con mayor facilidad y que su mente no pensara en que era algo prohibido, su deseo por mí sería tan fuerte que no podría resistirse... y yo no pensaba dejar que pensara ni un solo segundo.

Sabía que en cuanto probara aquello que tanto tiempo se le había sido negado y que los humanos disfrutaban por voluntad propia y placer ni se acordaría de sus alas, de que yo era un demonio ni que estaba prohibido por placer, su cuerpo solamente querría más de aquello y yo disfrutaría viendo como cedía ante el deseo y la lujuria, como un ángel como lo era él caía en la tentación más absoluta y pecaba. Una vez en la habitación fue él, y no yo, quien restó la distancia que nos consumía y sus labios presionaron los míos, su lengua ávida de la mía salió a su encuentro hasta encontrarla comenzando con una batalla de titanes por ver quién tenía el control. Se excusaba en el alcohol por lo que estaba haciendo y mi risa con total malicia no la pude contener en mis labios, sus ojos me miraron en esos momentos mientras me reía porque sabía que no era cierto, que el alcohol solo era un pretexto pero que aquello lo había deseado hacer desde hacía tiempo. Ah, la dulce caída de un ángel sin duda alguna era lo mejor que podías probar en toda nuestra larga existencia, hacer que cayera y sucumbiera al pecado de la carne, la lujuria y el deseo era una sensación grata y satisfactoria sin duda alguna... y yo iba a disfrutarla. Él quería más y yo podía notarlo, nuestras respiraciones agitadas por el beso, sus manos recorriendo mi cuerpo de forma leve y una sonrisa pintada en mis labios, llevé mis manos a su pecho y lo empujé para que cayera sobre la cama en la que no tardé en subirme sobre él, mi pelo caía como un manto dorado y mis dedos descendieron hasta llegar a su pantalón que desabroché bajándolo para dejar su miembro libre, duro y preparado para que comenzara con aquel juego, lamí mis labios con sus ojos fijos en los míos y mi dedo lo dejé en la punta que ya estaba húmeda para ver su reacción, no quería perderme ni un solo gesto cuando tomara su pureza y la hiciera mía.


-Sabes tan bien como yo Samael que lo deseas desde hace mucho tiempo, solo que has estado luchado y reprimiéndolo tanto tiempo que ahora pones al alcohol como excusa... pero aquí estás, tumbado en la cama deseando que mi boca lo tome y lo engulla por completo ¿verdad? –Sonreí con malicia porque sabía que era eso lo que quería, llevé mi lengua a su glande para dejar una pequeña lamida que lo hizo jadear y sin apartar mis ojos mi boca se deslizó hacia abajo tomándolo viendo su reacción, un gemido ronco escapó de sus labios y sonreí cuando movió su cadera pidiendo por más. Mi lengua lamía conforme bajaba y subía mi boca escuchando sus jadeos y sus gemidos, no había nada más gratificante que tomar la pureza de un ángel como estaba haciendo con Samael, sus caderas se movían pidiendo por más como si no fuera capaz de creerse las sensaciones que sentía en esos momentos. Mi boca se movía cada vez más deprisa observando su rostro y las caras que ponía, su pecho subir y bajar con rapidez agitado, sus caderas que se movían incontroladas por el placer que sentía... sus dedos aferraron mi pelo mientras yo notaba que su cuerpo se tensaba y que pronto alcanzaría el orgasmo, así que no paré de mover mi boca, de parar y lamer su tronco para tomarlo de nuevo hasta que sentí que se iba entre roncos gemidos moviendo sus caderas y yo tomé todo lo que tenía para darme, dejé que se fuera en mi boca para luego pasar mi lengua por todo su tronco mientras él recuperaba la respiración y yo sonreí con malicia, excitada y caliente por aquello al haber logrado que cayera. Lamí mis labios mirándolo con lujuria y me levanté solamente para quitarme la ropa y quedarme desnuda, volví a subir a la cama trepando por su cuerpo hasta sentarme sobre él mirándolo- no voy a preguntar si te ha gustado porque sé que sí –sonreí de lado inclinándome sobre él- ahora ya sabes lo que sienten los humanos y porqué se dejan llevar por sus pasiones, por la lujuria y el deseo... –mi nariz rozó su mandíbula haciendo un pequeño sendero bajando por su cuello- estoy muy caliente y excitada Samael –reconocí dejando que mi aliento cálido diera contra la piel de su cuello erizando su vello- quiero que me toques –llevé mis manos para tomar las suyas dejándolas en mis pechos para que los tocara, sus manos estaban cálidas y sus dedos pronto se deslizaron por mi piel acariciándome tal y como le había pedido que lo hiciera- y aún falta lo mejor, si te ha gustado que te tomara con mi boca te encantará a cuando te sientas dentro de mí –mordí su labio tirando del mismo sin dejar de mirarlo, de provocarlo viendo en sus ojos ese brillo de deseo que tenía, ahora que había probado aquello querría terminar y yo estaba deseando de sentirlo dentro... había fantaseado con ese momento muchas veces y jamás pensé que llegara a suceder de verdad, pero ahí lo tenía, bajo mi cuerpo con sus manos acariciando mis pechos nublado por el deseo. Sentada de nuevo sobre él separé mis piernas para darle la visión de mi sexo completamente húmedo y mojado, moví mis caderas incitándolo y tentándolo- ven, mira lo caliente que y mojada que estoy –con una de mis manos guie una de las suyas bajando por mi cuerpo hasta que la dejé en mi sexo con sus dedos recorriéndolo, jadeé por aquello moviendo mis caderas incitándole a que me acariciara y a que jugara un poco conmigo.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Mar 27 Feb 2018, 21:51

Mi polla palpitaba en la húmeda caverna de su boca, mis caderas empujaban corneando mas adentro hasta notar la punta en su garganta que engullía con fuerza, lamiendo mi tronco.
Mis gemidos roncos, plagados de ese deseo que carcomía a los humanos retumbaron en al cámara.
Afiancé mis dedos en su pelo para evitar que se alejara, cada vez mas fuerte, mas dentro hasta que de sus ojos brillantes rodaron un par de lagrimas.
La garganta se contraía en arcadas que acariciaban mi glande enardecido otorgándole mas placer, gruñí fuera de mi al sentirme caer por el abismo, mi simiente se esparció por su garganta, bajando por esta grumoso, caliente.
Sus ojos negros como el vació se elevaron hasta los míos, demonio y ángel, virtud y pecado, alas blancas contra negras la gesta del inicio de los tiempos y yo loco porque me la mamara.

Tiré de su pelo observando su boca que saboreaba mi elixir, relamiendo sus labios tras habérselo tragado.
Mi boca colisionó con la ajena, el pecado sabia a lujuria y era delicioso, entendía ahora porque los mundos caían violentos ante mis ojos.
Tomó mis manos, decía que estaba ardiendo por que la tocara, por que le diera placer su voz sonaba tan oscura como lo era ella y sin embargo a mi me sonaba a promesa.

Deslicé mis manos por sus dos pechos, grandes, elevados, con las aureolas marrones y grandes que al sentir pasar mis dedos se empequeñecieron dejando duro el pezón.
Su boca se entreabrió y su aliento cálido y jadeante penetró entre mis labios, el licor nublaba por completo mi razón, la idea de empalarla era tentadora, demasiado y yo solo pensaba en eso una vez esa propuesta fue expuesta por sus labios.

Sus caderas bailaban sobre mi punta mojandola, dejando que la masturbara con ella. Aferré con mi diestra el tronco y recorrí toda su trinchera hasta quedar en el agujero.
Se dejó caer, gruñí de placer, mis ojos centellearon, era una sensación bestial, dentro de su oscuridad me sentía pleno, la empujé, embestí una y otra vez con violencia mientras sus tetas botaban ante mis ojos y su boca me incitaba a cometer actos pecaminosos.
-perdóname dios porque he pecado -susurré vencido por el cuerpo curvilíneo del demonio.

Su sonrisa me lo decía todo, había vencido, sus manso recorrían mi musculatura, sus uñas se hundían en mi espalda y su piernas como la hiedra se enredaron a mi cintura para hacer mas profundas las embestidas.



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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Jue 22 Mar 2018, 16:08

Era toda una delicia llevar al ángel a mi terreno y que finalmente cediera ante el deseo, uno de los pecados que los ángeles teníamos prohibido junto con muchas otras cosas, pero debía de admitir que hacer caer al ángel y sobre todo a Samael que era uno de los mejores soldados que padre tenía era lo mejor de todo porque, de esa forma, me estaba dando la razón que tan fervientemente me había estado negando. Había caído ante el propio deseo y no podía regodearme más en ese hecho porque era cierto, lo podría negar excusándose en que era por culpa del alcohol pero ambos sabíamos que lo estaba deseando, algo que lo desinhibiera para poder dejarse llevar como estaba haciendo, se notaban sus ganas y por eso mismo no me había parado cuando desabroché su pantalón liberando su miembro duro y excitado, por eso se dejaba hacer... porque era lo que en el fondo deseaba. No podía mentirme, no cuando sus jadeos roncos habían inundado la habitación y su cadera se había movido contra mi boca para que no parara pidiéndome por más perdido en un mar placentero, a la deriva en el camino de alcanzar el clímax. Su mano había ido a mi pelo enredando sus dedos entre mis hebras doradas para que no me apartara y siguiera dándole placer, admitía que me había gustado tener al ángel sometido y entregado pidiéndome por más, escuchándolo gemir, viendo como su cuerpo se movía incapaz de estarse quieto y su cadera embestía directo para que lo llevara a la gloria. Y sí, lo hice dejando que conociera de primera mano lo que era llegar al orgasmo, aquello por lo que los humanos nombraban a nuestro padre cuando lo hacían perdidos entre sensaciones, lo mejor sin duda que les había dado a la humanidad y que ellos podían disfrutar libremente. El ángel había caído en el abismo del placer más absoluto y sabía que después de conocerlo iba a querer más, no se iba a conformar solo con una vez... había tentado al ángel y como demonio que era me sentía plenamente orgullosa de mi cometido. Además de porque también llevaba tiempo deseando al ángel y, por fin, había caído en mis redes oscuras... pero sobre todo porque lo había hecho caer cuando juraba que no lo conseguiría. Mi sonrisa ladina daba a entender que me enorgullecía de lo logrado mientras lamía mis labios observándolo con su cuerpo perlado en sudor y trepaba hasta quedar sentada.

Yo seguía igual de excitada y de caliente o quizás lo estaba un poco más tras ver al ángel alcanzar el orgasmo, su boca buscó la mía y su lengua se adentró como un torbellino arrasándolo todo, llevé sus manos a mi cuerpo pidiéndole que lo tocara dejando sus manos en mis pechos que no tardó de acariciar y pellizcar provocándome jadeos... pero yo necesitaba más. Quería que conociera cómo me tenía y bajé una de sus manos hasta mi sexo para que notara lo caliente y húmeda que estaba, sus dedos recorrieron mi sexo y cerré los ojos dejándome hacer totalmente encendida aunque necesitaba mucho más que eso, quería que terminara de caer en el profundo abismo al que lo había arrojado así que me posicioné sobre él sonriendo de lado, mis labios rozaban los suyos. Su mano había tomado su tronco y paseó la punta por mi sexo en caricias placenteras hasta que finalmente bajé sobre él dejando que se adentrara. Gemí cuando lo tuve dentro y observé sus ojos que brillaban en la oscuridad, turbios por el placer, gruñó y me mordí el labio viendo su rostro y comencé a moverme subiendo y bajando sin dejar de sonreír y de jadear por el placer, él tampoco apartaba sus ojos de mí tomando mis pechos entre sus manos apretándolos, me incliné hacia delante para morder su labio inferior sin dejar de moverme, era tan placentero saber que había hecho que cayera un ángel que el placer era por dos en aquel momento. Reí contra sus labios cuando comenzó a rezar pidiendo a nuestro padre que lo perdonara, pues había pecado, y me erguí de nuevo llevando una de mis manos cogiendo su mandíbula apretándola ligeramente sin dejar de montarlo, rotando mi cintura y cambiando el ritmo a mi gusto y a mi antojo.


-¿Qué te perdone? Has caído en la tentación Samael, no creo que puedas ser perdonado después de esto –mi pulgar lo pasé por sus labios y fue entonces cuando el ángel rotó dejándome a mí abajo, mis dedos se enredaron en su pelo cuando comenzó a embestirme de forma más rápida embistiendo de forma más ruda, gemí por aquello y reí aferrándome a su cuerpo sabiendo que ya había caído por completo en ese abismo y que estaba más que perdido. Mi mano fue a su espalda y dejé el surco de mis uñas por esta mientras él cada vez se volvía más loco y embestía más rudo y profundo, mis piernas se enredaron en torno a su cintura para darle un mejor acceso y que llegara más hondo y arqueé mi cuerpo hacia él por el placer que me provocaba- así Samael..... justo así –dije entre gemidos mientras el ángel me tomaba de una manera salvaje y completamente ruda que me estaba encantando. Era como si hubiera abierto una puerta que para él estuviera cerrada y ahora andaba desatado, me embestía con dureza y yo gemía ante el placer que me otorgaba hasta que sentí que se acercaba el orgasmo, mi cuerpo se tensó y tras unas embestidas más hondas y rudas acabamos corriéndonos. Gemí arañando su espalda provocándole heridas que le hicieron sangrar mientras sentía que se iba en mi interior, el placer recorría todo mi cuerpo y caí sobre la cama con la respiración acelerada mientras el ángel seguía dentro de mí, mis dedos apartaron algunos mechones de su pelo que caían por su rostro perlado en sudor y sonreí de lado- gané –fue lo único que dije soltando una leve risa entre dientes- el que no iba a caer al final lo ha hecho profundamente. Dime Samael, ¿no crees que padre nos debería de permitir disfrutar de estas sensaciones? Ahora seguro que entiendes muchas cosas igual que las entendí yo en su momento –mi mano subió lenta por su espalda- y ahora, ¿se supone que es cuando debo matarte? Padre no te dejará volver sin imponerte un castigo, de hecho, no creo que le importes tanto cuando ni siquiera he evitado todo esto... ¿por qué volver con él? No lo necesitas.




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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Samael el Jue 22 Mar 2018, 18:10

Ahora entendía lo que era el pecado, mientras la embestía de forma salvaje, con su pelo dorado enredado en mi diestra como si fueran las crines de un caballo la escuchaba gemir de placer necesitado y supe porque los humanos pecaban sin fin, porque el pacer era inmediato, recorría tu cuerpo de un modo difícil de ser comprendido por un ángel, mas moviendo mis caderas hacia ella con golpes rudos descubrí que era incapaz de parar, las sabanas se salpicaban de nuestros fluidos con cada cornada.
La demonio había ganado la batalla y yo, pecador confeso continuaba el demencial ritmo del golpe de tambor mientras como si se tratara de un charca escuchaba el pez colear salpicando sin aliento.

Duros mis movimientos, quedaba un rato con mi polla dentro de su coño para que la notara entera, lo enorme que era y como palpitaba caliente en su interior, después volvía a sacarla para adentrarme en el infierno entre gruñidos roncos.
Solo cuando mi verga rezumó en su interior sacudiéndose, ella grito sintiéndose vencedora de la perversión mas absoluta, el ángel arrodillado se había doblegado al mal.

Mi cuerpo cedió sobre el ajeno, laxo, mientras en silencio pensaba como podía solucionar esto, aun notaba como me iba dentro de sus paredes que me estrangulaban la hombría cuando un “gane” salió de sus labios como si no fuera suficiente condena el saberme vencido por la lascivia.
-Matame -pedí derrotado dejándome caer sobre el lecho desnudo, con los brazos en cruz y mis ojos verdes mirando el techo.

Su cuerpo se deslizó curvilíneo sobre el propio, como una serpiente saciada que acaba de devorar su presa y ahora solo disfruta de la imagen mas absurda de la derrota.
-Matame -repetí como si eso pudiera purgar en mi la culpa.
Mis ojos la buscaron, intensos, pues el pecado se reflejaba en ellos pero la demonio parecía disfrutar con esto y no quería ni de lejos acabar con mi vida ahora que parecía poseer las riendas de mi destino.

En algo se equivocaba, a mi valor no me faltaba y aunque sería el segundo pecado cometido, no me temblaría el pulso.
Sin dudarlo volteé mi cuerpo y estirando mi brazo que colgó del lecho lo acerqué a la bota sacando un cuchillo de afilada hoja azulada, ladeé la sonrisa contemplando el estupor en sus ojos y sin dudarlo la llevé a mi garganta.
-Perdona padre porque he pecado -susurré antes de sajar mi cuello con la diestra.

Me ahogaba en mi propia sangre ante la perturbada mirada de Yuna que salto de inmediato llevando sus manos a mi herida, tratando de detener la hemorragia, teñidos ambos cuerpos desnudos de carmesí sentía mi vida abandonarme, solo pude sonreír porque el perdón no era algo que Dios otorgaba, mas era suficiente para mi saber que el demonio no se adueñaría de mi alma.


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Re: Ciel et l'enfer

Mensaje por Yunalesca el Miér 18 Abr 2018, 13:52

Al final había conseguido que el ángel cayera y se rindiera ante lo más evidente, ante el placer que padre nos había negado y que al contrario dejaba que los humanos lo experimentaran cuanto quisieran sin castigo alguno, algo que no veía para nada justo porque no entendía por qué a ellos les concedía tantas cosas que para nosotros era un auténtico pecado y una absoluta prohibición. Entre otras cosas ese había sido uno de los motivos por los que me había rebelado contra padre, porque no veía justo los castigos que nos imponía a nosotros y a su creación humana los dejaba actuar libres cometiendo pecados constantemente sin recibir castigo alguno. Sin embargo yo me había propuesto hacer que Samael probara aquello por lo que los humanos perdían la cabeza; el placer. Él jamás lo había experimentado y me pude sentir algo identificada con él cuando tras quitarnos las alas en rebelión a nuestro padre yo probé también eso por lo que los humanos hacían verdaderas locuras y algunas veces los llevaban a su perdición. El placer que sentí por primera vez fue indescriptible, algo que jamás había sentido como ángel y que se escapaba de mi control y de mi conocimiento porque era imposible que algo así se pudiera sentir alguna vez bajo el mandato de nuestro “amado” y “querido” padre. Fue un descubrimiento demasiado placentero del cual con el tiempo fue perfeccionando y aprendiendo, sabía que Samael pensaba que me había entregado como cualquier furcia que había en la tierra pero estaba demasiado equivocado, puesto que en realidad la mayoría de mis veces habían sido con ángeles que también se habían rebelado contra Dios. Sabía que en cuanto Samael sintiera lo que era el placer y en el momento en que nos acostáramos iba a caer rendido ante la evidencia más grande de su existencia, porque el placer golpeaba a todos por igual y demostrado quedaba cuando era él quien se movía contra mí, sus caderas golpeando con fuerza contra la mía moviéndose de una forma ruda que me otorgaba mucho placer. Sabía que no podía parar porque se notaba en cada golpe que me daba, en cada embestida que me hacía incapaz de contenerse o de estar quieto ahora que había experimentado lo que era y como a todos lo había atrapado en sus redes, caído en la perdición que era el sexo pero sobre todo en el placer, esa gran incógnita para los ángeles... y ahora, el mayor de los guerreros que padre tenía había caído bajo la tentación que le había presentado y me embestía descontrolado, dejando su miembro en mi interior unos segundos para luego sacarla y embestirme hasta el fondo haciendo que gimiera... hasta que finalmente alcanzamos el orgasmo entre gemidos.

Mis uñas se habían clavado en su espalda dejando que algunos surcos de sangre bajaran por esta, mis piernas entorno a su cintura sintiendo cómo se corría dentro y mi cuerpo se arqueaba por el placer, ambos con la respiración entrecortada hasta que su cuerpo cayó sobre el mío todavía unidos siendo uno, sintiendo como se iba y las paredes de mi sexo lo apretaban entre contracciones. Mordí mi labio inferior y cerré los ojos disfrutando de esa sensación placentera sabiendo que había vencido y derrotado al ángel, porque había roto sus principios y los había quebrado... para él ya no habría perdón y eso me había dado la mayor de las victorias contra Samael. Siempre supe que acabaría siendo su perdición y el tiempo me había dado la razón, porque había ganado sin pelear contra el mejor guerrero de padre, y ahora lo tenía de alguna forma “rendido”, ya no era un ángel por completo porque no tenía la pureza que lo caracterizaba, había sido tentado por el demonio que era yo, por la lujuria y el placer y había caído con todo el peso. No pude evitar decirle que lo había ganado, regodearme de alguna forma en el hecho de que lo había ganado sin necesidad de un combate, uno al menos muy diferente que se había desarrollado en aquella cama y que me había proclamado vencedora. Sus ojos cerrados buscando alguna forma de salvar aquello, pero ya no había vuelta atrás, ya no podría ser ese ángel puro e inmaculado que era... porque había sido tentado. Lo miré de forma fija cuando me dijo que lo matara y enarqué una ceja, ¿matarlo ahora que había conseguido lo que llevaba muchos años queriendo obtener? Desde luego que no iba a matarlo, no era tan imbécil como para eso y quería disfrutar más de mi victoria. Se dejó caer a mi lado en el lecho, desnudo todavía, mirando al techo como si todo lo hubiera perdido. Me recosté sobre su cuero y mis dedos se deslizaron por su pecho observándolo en todo momento, no me miraba, evitaba hacerlo y yo sonreí de lado acercando mi rostro al suyo con la mayor de las sonrisas en mi rostro. Victoria, eso es lo que había conseguido frente al ángel que ahora estaba más derrotado que nunca, porque perder en una batalla era muy diferente a caer en la tentación que le había provocado... seguramente se estaría lamentando en esos momentos, pero ya nada se podía hacer, no se podía dar marcha atrás.


-¿Matarte? –Pregunté cuando de nuevo volvió a pedírmelo, frente a mí tenía al ángel derrotado en lo más profundo al haberle dado el golpe más mortal que podría infligirle: hacer tambalear su fe, quebrarlo para que cediera ante la tentación y la lujuria. Sus ojos verdes se clavaron en los míos que eran azules como el mismo mar, intensos y profundos, brillaban por lo que había pasado y negué con la cabeza- no voy a matarte Samael, quiero disfrutar de este momento con el que tanto tiempo solo he podido soñarlo e imaginarlo en mi mente –lamí mi labio inferior de forma lasciva, porque sí, hacía tiempo que deseaba tener al ángel para mí pero siempre había sabido que sería imposible... hasta aquel día- no quiero que mueras, nunca fue mi intención que murieras –sonreí de lado cuando sus ojos se clavaron en los míos- oh sí, te mentí –concluí encogiéndome de hombros restándole importancia- cuando te dije que te concedía una última voluntad antes de matarte estaba mintiendo, al menos en la parte en la que te mataba –mis dedos se deslizaron por su rostro- te vi hace ya mucho tiempo, te vi cuando era un ángel como tú y tenía mis alas blancas a mi espalda, te vi y aprecié en ti la belleza que tienes; tan hermoso, tan puro, igual de inocente que yo y tan inalcanzable al mismo tiempo. Eras el ángel más hermoso que había visto nunca y te deseé al instante, casi es como una utopía que estés aquí conmigo de esta forma ahora mismo y más utopía me resulta que nos hayamos acostado –mis dedos repasaron sus labios- en cuanto padre os envió a la tierra para acabar con nosotros, y te vi allí, supe que sería mi final –aseguré sin filtros, sin mentiras de por medio- eres el mejor guerrero y sabía que no fallarías, pero si al menos podría tener la oportunidad de intentarlo ¿por qué no hacerlo? Sí, tuviste ocasiones de matarme y no lo hiciste y ahora me pregunto por qué... yo también tuve ocasión de matarte y tampoco lo hice porque quería intentarlo, si iba a morir quería tenerte antes de que acabaras con mi existencia. Sabes tan bien como yo que podría haberte matado estando en esa silla atado sin opción de hacer nada, pero no lo hice porque no pude... ¿y ahora me pides que te mate? No lo haré –y ya no era por el hecho de querer regodearme en que lo había hecho caer, sino que habían otras cosas que hacían que no pudiera hacerlo por muy demonio que fuera en esos momentos. Lo que no esperé es que se quedara de lado y alargara su brazo para coger un cuchillo que no sabía de dónde había salido, pero su color azul me indicó que era del ángel y por un momento pensé que me atacaría con él en ese momento... pero mi sorpresa fue aún mayor cuando lo llevó a su garganta, mis ojos se abrieron y mis labios se separaron ligeramente como si me hubiera quedado paralizada observando lo que estaba haciendo vi, con horror, como la hoja sajaba su cuello y la sangre comenzaba a brotar de este ante mi sorpresa y mi estupor- ¡no! –dije acercándome hacia donde se encontraba llevando mis manos a su cuello para parar de alguna forma la hemorragia y la cantidad de sangre que salía- ¡Maldito y condenado ángel! ¡Eres un imbécil! –Sus ojos me contemplaban y sus labios sonrieron como si me hubiera dado un jaque mate al cortar su cuello con la intención de acabar con su vida- ¡Samael! –Lo llamé taponando la herida y haciendo presión con mis manos, pero supe que no sería suficiente- ¡no puedes dejarme! –Su mano ensangrentada también subió a mi rostro acariciándolo mientras la vida se le iba, perdía fuerzas cada vez más y yo intentaba hallar la forma de salvarlo, sí, salvarlo... por raro que sonara de un demonio que había acabado con cientos de ángeles sin escrúpulo alguno no podía dejar que ese en concreto muriera. Sus ojos se iban cerrando de forma lenta, aparté mis manos de la herida y salté de la cama buscando aquello que hiciera falta para poder salvarlo de forma desesperada sabiendo que su vida se apagaba y que el tiempo se me agotaba. Cogí un libro de cuero negro algo desgastado por el paso del tiempo, busqué hasta dar con lo que encontraba y leí con rapidez fijándome en los símbolos de aquel hechizo... uno que no debería de realizar, pero que no me importaba hacerlo bajo ningún concepto. Cogí tiza y con rapidez dibujé un círculo en el suelo, con símbolos y figuras, un pentagrama de magia oscura que no debería de realizar, lo que muchos podrían considerar como un “hechizo de las tinieblas y de la oscuridad”, algo que los humanos atribuían al mismísimo diablo pues se hacían rituales con aquel libro y yo quise intentarlo. Terminado el pentagrama me acerqué a Samael y con la sangre de su herida dibujé unos símbolos en su pecho, me puse sobre el círculo y comencé a recitar unas palabras en una lengua antigua y oscura, un hechizo que para el humano que lo hubiera realizado lo hubiera llevado a perder la vida sin embargo yo tenía mucha más energía y fuerza que un humano y podría dar resultado. “Lázarus” era una de las palabras de aquel hechizo, para hacer que alguien se curara sobre todo en heridas de muerte como la del ángel, se debía de dar un sacrificio a cambio y normalmente era otra vida. O eso es lo que pasaría si hubiera sido un humano quien realizara dicho ritual y pronunciado esas palabras del hechizo, sin embargo yo perdí parte de mi energía vital para que el ángel pudiera curar su herida y no perdiera la vida. La habitación se oscureció y todo comenzó a temblar con fuerza, sentí como si una brisa inundara el lugar donde nos encontrábamos mientras recitaba las palabras una y otra vez en una lengua antigua, mis ojos se tornaron negros como la misma noche y pronto sentí la pérdida de mi energía vital como si se canalizara con la del ángel para curarlo. Dolió muchísimo y cuando todo terminó y el ángel había sido curado escuché como si daba una gran bocanada de aire, pero fue entonces cuando todo se calmó y volvió a su sitio... y yo caí inconsciente en el suelo.




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