Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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She | Flashback {Ilanka Kratorova}

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She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Nikolai Saratov el Dom Mar 04, 2018 3:59 pm

«She may be the face I can't forget
The trace of pleasure or regret
May be my treasure or the price I have to pay»
Elvis Costello


Abril de 1.790
Residencia de la familia Saratov en París




Apuró hasta el último minuto su estancia en la biblioteca. Antes de salir, su padre le había dado instrucciones muy claras sobre la hora a la que debía regresar si no quería que su pequeña colección de mariposas ardiera en la chimenea. Tan sólo era un cuadro de unas dimensiones bastante discretas, pero ahí clavadas había nueve mariposas de distintos rincones del mundo, que tanto esfuerzo y dinero le habían costado. Nikolai podía pasar horas y horas observando, con ayuda de una lupa y a través del cristal, los múltiples detalles que poseían esas coloridas alas, las irregularidades de del tórax de una de ellas o la espiritrompa de la más grande —y su favorita—, que ocupaba el centro del cuadro: la mariposa morpho azul. A Vasily nunca le había gustado esa extraña afición de su hijo por los insectos, y siempre culpaba a su madre por haberle permitido tanto siendo niño, pero sabía que, si le permitía caprichos como aquel, tenía por dónde mantenerlo amarrado. Tal y como había pasado esa tarde.

Dejó los libros que había tomado prestados en sus respectivos lugares y salió a enfrentar al caluroso día. Era primavera en París, los árboles estaban en su pleno esplendor y los habitantes de la ciudad salían de sus refugios aprovechando los días cada vez más largos y luminosos. Para Nikolai, sin embargo, esa estación sólo era el comienzo de su tormento; echaba de menos las frías temperaturas de San Petersburgo, las largas jornadas sin parar de nevar y las noches leyendo a los pies de un fuego encendido. Mientras los parisinos se negaban, perezosos, a abandonar sus abrigos invernales, Nikolai caminaba con una fina chaqueta. Eso, sumado a su porte, que ya se asemejaba al de un hombre alto y musculoso y no al del niño que hasta ahora había sido, su pelo rubio brillante y sus ojos como el cielo despejado, hacían que todas las miradas se fijaran en él.

Se subió al coche, que ya lo esperaba, y pidió que condujera a buen paso de vuelta a su casa. Al ruso nunca le gustó llamarlo hogar, puesto que no lo sentía como tal. Esa era la casa de la mujer con la que Vasily Saratov había contraído matrimonio, nada más.

Llegó algo antes de la hora que su padre le había marcado como límite, pero no se libró del sermón que éste le dio. Que si debía prepararse, que si sus invitados no tardarían en llegar, que haber si había elegido ya la ropa que llevaría esa velada… Nikolai asintió a todo sin escuchar nada y se fue directo a su habitación. Por el camino se cruzó con Astrid, tan peripuesta que no pudo evitar soltar una risa cuando pasó a su lado. La joven se ofendió, aunque ¡qué más daba! Algo le gritó ella, pero el hechicero pasó de largo, encerrándose en su cuarto de un portazo.

Se aseó a conciencia —porque Angeline tenía un olfato envidiable—, esparció un par de gotas de su perfume en las manos y se palmeó la mandíbula y el cuello con ellas. Eligió el traje oscuro que siempre utilizaba cuando alguien iba de visita y se adecentó el pelo. Bajó a la planta baja de la casa, donde todos iban y venían como locos, y vagó de acá para allá hasta que su padre lo llamó.

Nikolai —su rostro serio no anunciaba nada bueno—, prométeme que te comportarás como es debido durante la estancia de los Kratorov. ¿Recuerdas a Ilanka, su hija? Viene con ellos, así que déjala tranquila y no le hagas rabiar como haces con tus hermanas. Que no se diga que los Saratov somos unos malos anfitriones, ¿entendido?
Sí, padre.

En ese momento, Hugo, el mayordomo, anunció la llegada de un coche a la casa. Los sirvientes terminaron de recoger todo lo que había a la vista, y la familia al completo se puso en fila para recibir a los invitados. Vasily, Angeline, Nikolai, Astrid y Béatrice, en ese orden, bien colocados y con una sonrisa radiante en el rostro. Hugo guió a los huéspedes hasta el salón y los anunció como correspondía.

¡Nikolai Kratorov! Bienvenidos seáis, tú y tu hermosa familia —dijo Vasily, acercándose hasta su amigo y estrechándolo en un abrazo.

Nikolai —o Nisha, como le solían llamar, para diferenciarlo, cuando los dos Nikolai estaban juntos— esperó su turno de que le presentaran a los invitados. Sabía bien que, antes que nada, su padre debía intercambiar con su viejo amigo las últimas noticias, pero estar ahí, de pie, esperando por algo que le traía sin cuidado lo hastiaba. Si al menos los Kratorov tuvieran un hijo varón, estaba seguro de que él se entretendría mucho más, pero la hija del matrimonio era tan insoportable como sus dos hermanas. Al menos, cuando la vio por última vez, de eso hacía ya unos cuantos años.

Estaba mirando a un punto indefinido cuando su hermana le dijo algo entre susurros:

¿Es ella?

Miró a Astrid un momento y después llevó los ojos hacia donde la joven señalaba. En el umbral de la puerta, detrás de su madre, esperaba Ilanka Kratorova, una de las mujeres más hermosas que Nikolai había visto hasta ese momento. Su cara debió de ser bastante delatora porque, para cuando se quiso dar cuenta, sus hermanas se reían y cuchicheaban entre ellas mientras lo miraban directamente. Sí que había empezado bien.


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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Ilanka Kratorova el Mar Abr 03, 2018 7:02 pm

Pensaba disfrutar de aquel viaje sin reservas porque se lo merecía, porque era una adolescente viviendo entre adultos que necesitaba reír un poco, vivir una vida acorde a su edad. Y, si bien viajar no era lo que más le gustaba –pues creía que no había nada fuera de su tierra que valiera la pena en verdad-, Ilanka había decidido llevarse un buen recuerdo de su estadía en Francia y nada podía oponerse a sus deseos, siempre había funcionado así su vida, su mundo.

Para pasar el viaje, la muchacha se había hecho un jugo de hierbas que la mantenía dormida más de lo normal. Es que prefería dormir antes que morir de aburrimiento. Aunque el carruaje no estaba nada mal, lo necesitaba. Ilanka solo se acostaba en una litera alta y leía cuando la luz del sol entraba por las ventanas y dormía cuando decidía que era mejor que perder el tiempo oyendo a sus padres planificar todo lo que en París harían. Una de las ventajas que ahora tenía era que había llegado más que descansada a la ciudad, que le había parecido increíblemente insulsa y de construcciones pobrísimas.

Residirían en casa de de los Saratov, buenos amigos de sus padres. Ilanka recordaba con cariño a su tocaya, Ilanka Saratova, quien había muerto hacía algunos años cuando ella era pequeña, pero lo cierto era que aquella mujer tenía una sonrisa difícil de olvidar y transmitía paz. Por eso, en cuanto llegaron a la casa de sus amigos, ella no pudo evitar comparar el recuerdo de Ilanka Saratova con aquella mujer que ahora la reemplazaba, la segunda esposa de Vasily, una francesa. Le pareció anodina y no le gustó en lo absoluto su peinado. Ah, ella era así… siempre descubría las cosas malas de las personas y las usaba para divertirse. Además ella se empeñaba mucho en mantener su imagen -herencia de su madre que en eso era igual a ella-, por eso lucía descansada a pesar de la semanas que había durado el viaje. Su cabello rubio iba trenzado y recogido alrededor de su cabeza, como si fuese una corona. Su vestido blanco con detalles en azul marino le daba un aspecto de ángel, pese a que no lo era.

Esperó a que sus padres saludasen al matrimonio para luego hacer lo propio con una sonrisa e inclinándose cortés, falsa a decir verdad pues la francesa nada le gustaba. Ya había visto a Nikolai de reojo, pero ahora llegaba el turno de acercarse a los hijos de la familia e Ilanka ya meditaba en qué le diría al muchacho para no pasar desapercibida.


-Fea –susurró en francés, plantándose frente a la más pequeña de las hijas con una sonrisa radiante que no dejaría a los adultos adivinar qué decía, aunque tampoco estaban viéndolos-. Y tú muy fea –le dijo a la segunda, creyendo que su pronunciación era excelente. Caminó un poco más y se plantó frente a Nikolai, por fin volvió a hablar su lengua madre y eso le quitó el mal sabor que el francés le había dejado en los labios-: Sí que has crecido, Nisha. Ah, pero qué familia tan espléndida te has ganado… Bésame –le dijo, poniendo su mano frente a él-, ¿no es eso lo que hacen en esta ciudad? ¿No has adoptado los modos parisinos? Yo creo que sí, que vivir aquí malogra a cualquiera. Bésame –le ordenó con sus ojos fríos clavados en los bellísimos de él. Era un desafío y quería ganar.



Pues ya todo está escrito en el cielo.

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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Nikolai Saratov el Jue Abr 12, 2018 2:47 pm

Desde que la vio en el umbral, no apartó los ojos de la hija de los Kratorov. La melena, de un rubio tan claro que cegaba y trenzada alrededor de su cabeza, dejaba a la vista sus facciones y su piel, tan lisa y clara que parecía de auténtica porcelana oriental. Sus dos hermanas seguían mofándose de él, pero qué importaba. ¡Tenía delante a la mujer más hermosa que jamás había visto! Por un momento, sintió que su traje no era el adecuado, que se había echado mucho perfume —o poco—, que debía haber revisado si tenía la barba, corta, bien perfilada. Pensó, incluso, en excusarse para ir a su habitación y corregir esos pequeños detalles que le darían una falsa impresión de él.

Con ese dilema se encontraba Nikolai cuando, sin darse cuenta, la joven Kratorova se acercó a saludarlo, a él y a sus estúpidas hermanas. Empezó por Béatrice, para disgusto del ruso, uno que se acrecentó cuando asimiló que la había llamado fea. Si eso le había dicho a ella, ¿qué le esperaba a él? Cuando le llegó el turno a Astrid —que se había quedado sin habla— y el ruso fue testigo de un saludo similar, agachó la mirada rezando para que se limitara a hacerle una reverencia leve y lo dejara en paz. De pronto, vio sus zapatitos frente a él y elevó los ojos, encontrándose con los de ella.

Tú también has crecido, Ilanka —constató, aprovechando la cercanía para mirarla con detenimiento—, pero veo que mucho no has cambiado.

En efecto; el embrujo de la belleza de Ilanka Kratorova lo había cegado, pero, cuando la tuvo ahí delante, con la mano extendida hacia él, Nikolai se dio cuenta de que ese ángel con vestido blanco seguía siendo la misma niña insoportable y consentida que él conocía. Había que reconocer que, ahora que era su turno de saludarla y no había recibido ningún insulto de su parte, había disfrutado viendo las caras de desconcierto de sus hermanas, seguidas por una expresión de disgusto y enfado. Cuando supieron que los Kratorov vendrían con su hija, ellas habían imaginado que encontrarían en Ilanka una amiga con la que charlar de vestidos, telas y zapatos. Él también lo creyó, porque ¿a qué joven de esa edad no le gustaban esas cosas?

La suave mano de la rusa seguía frente a él, esperando un beso de Nikolai que seguía sin llegar. Aunque él quisiera hacerlo, la mirada desafiante de ella se lo impedía. Su padre, sin embargo, lo instó a que besara su mano como correspondía, puesto que debían pasar al salón de inmediato.

Al menos a mí me costó un poco más adoptar las costumbres de este país. Tú, sin embargo, parece que las has comprendido a la primera —comentó y, entonces sí, sujetó la mano con delicadeza y se la llevó a los labios—. Pero no te preocupes, seguro que ellas —miró a sus hermanas, que también lo miraban a él— te ayudan con todo lo demás; están ansiosas por hacerlo. Mi padre quiere que pasemos al salón. ¿Vamos?

Le tendió el brazo y esperó para ver si ella lo aceptaba o si, por el contrario, caminaba sola hacia la habitación contigua. Astrid y Béatrice empezaron a cuchichear entre ellas, tan bajo que Nikolai no pudo discernir qué decían, pero tampoco le importó. Ahora, toda su atención estaba puesta en la bella y venenosa Ilanka.


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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Ilanka Kratorova el Vie Mayo 04, 2018 12:01 am

Que le dijesen que no había cambiado en ese tiempo era para Ilanka Kratorova un halago y saboreó las palabras del muchacho como si se tratasen de un exquisito postre. ¿Por qué habría de querer cambiar alguien que se consideraba a sí misma perfecta? No tenía sentido, había nacido poderosa, con un propósito y era bella… en eso sí que se sentía evolucionar año a año, no necesitaba que nadie le dijera lo que ella ya sabía. Ah, pero Nikolai sí que había cambiado y todo en él parecía gritar su adultez. Pronto, en cuestión de dos o tres días, él cumpliría los dieciocho años –si sus cálculos no fallaban- y se le notaba, no solo en su nueva contextura física, sino también en la mirada. Pero eso no asustaba a la hija de los Kratorov, por el contrario… hallaba cierta fascinación y desearía poder pasar algunos minutos más observándolo detenidamente, pero no sería elegante de su parte y para maleducadas ya estaban las dos niñitas francesas. No le parecían feas, solo no eran lo suficientemente bellas como ella o Nisha (y le había molestado que su padre insinuase que debía tratarlas de forma agradable, porque odiaba recibir sugerencias y porque lo que le pedía era imposible); si con alguien debía hacer dupla allí era con Nikolai, no tenía más opciones… solo un ruso podía ser compañero de una rusa y eso valía para cualquier enlace de la vida –amistad, camaradería o matrimonio-, solo un ruso estaba a la altura de otro ruso y eso dejaba en cero las posibilidades de aquellas niñas sin gracia de acercarse a ella esperando alguna mirada atenta o cualquier palabra amable.

El beso esperado llegó y, aunque fuera extraño por falta de costumbre, Ilanka podría decir que lo disfrutó. Ese beso no era solo un beso, era también una pequeña victoria en el momento propicio: cuando todo comenzaba para ella en esa casa y con ese muchacho –en las narices de las francesitas que no olvidarían que su hermano se había inclinado a besar a una rusa, una verdadera mujer-, y eso marcaba cómo quería ella que fuesen las cosas en esa visita, todos siempre a sus pies. Las cosas se hacían como Ilanka quería o no se hacían.


-¿Ellas? –Ilanka las miró por sobre su hombro, Sin gracia, desgarbadas y con vestidos demasiado sencillos-. No, de ninguna manera. No me relacionaré con nadie que no hable mi idioma, y dudo mucho que tus hermanas sepan más de tres palabras en ruso. Ni siquiera deseo tenerlas cerca, por favor. Oh –suspiró mientras entrelazaba su brazo al fuerte y firme de Nisha-, me aburriré aquí más de lo que imaginaba. Al menos me he traído algunos libros.

Entraron en el amplio salón comedor y a Ilanka se le iluminó la mirada pues moría de hambre. Llevaba días sin probar alimento que la conmoviese por su delicia y apostaba a que allí comería bien pues tenía buenos recuerdos sobre otras comidas compartidas con la familia amiga. Antes de ubicarse junto al asiento que le tocaba –aguardando que Nisha le corriese la silla con galantería, como era de esperarse pues correspondía- le dijo:

-Me alegra sentir que no se te ha pegado la conocida mala costumbre francesa de bañarse vez al mes, Nisha. Es un alivio. Hueles muy bien y te lo agradezco, procura seguir así en lo que dure mi estadía en tu hogar, detesto los malos olores.



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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Nikolai Saratov el Vie Mayo 11, 2018 3:22 pm

Ella aceptó tomarlo del brazo y así, juntos, se encaminaron hacia el salón en el que tanto esmero había puesto Angeline. Llevaba días preparando la llegada de los Kratorov, como no podía ser de otra manera tratándose de una obsesa como lo era ella para con las visitas. Siempre planificaba cada detalle como si se tratara de un examen de vida o muerte, y nunca, nunca, dejaba nada al azar. Se molestaba en conocer los gustos culinarios de sus invitados con el objetivo de servir platos que los agradaran. Nikolai la había visto, incluso, cambiar las cortinas de las habitaciones porque el color de las mismas no se conjuntaba con el de los cojines que había elegido para vestir la cama. Le gustaba ser adulada por su buen hacer, cosa que Vasily hacía sin demasiado interés y sólo para hacerla callar, pero funcionaba.

En aquella ocasión, el mantel que cubría la gran mesa hacía juego con la alfombra, el tapizado de las sillas y las cortinas —¡cómo no!—. La pared era de paneles de madera, una idea muy acertada de quien quiera que hiciera aquella habitación, puesto que, si se dejaba a manos de la nueva señora Saratova, el ruso estaba seguro de que habría cambiado el papel de las paredes para que hiciera juego con el resto de los muebles. Cuando Vasily tomó asiento, presidiendo la mesa, le pidió a su buen amigo Nikolai que se sentara a su derecha; a su lado se sentó Astrid y, junto a ésta, Béatrice. Frente a Vasily estaba Angeline, espléndida como siempre, mientras que Mirenia Kratorova se sentó a continuación. Los dos últimos sitios eran para Ilanka y Nisha: él junto a su padre, y ella junto a su madre.

En eso te pareces a Angeline. Ella tampoco soporta los malos olores —comentó mientras le acercaba la silla para que pudiera sentarse—, así que supongo que tendrás que darle las gracias de que no haya hecho de mí un tipo sucio y apestoso.

Nisha tomó asiento a su lado, tal y como su madrastra había planeado de antemano, y esperó a que el resto estuvieran listos para comenzar con una cena en la que sus hermanas estaban sospechosamente silenciosas. No había risitas estúpidas ni comentarios educados cuyo único fin era llamar la atención más que cualquier otro comensal. Lo que sí había, en cambio, eran miradas de reojo dirigidas a los dos jóvenes rusos. Nikolai sabía que después vendrían los cuchicheos; las conocía demasiado bien como para no esperarlos. Rezó para que Ilanka no se sumara a ellas, aunque aquel parecía su día de suerte, puesto que no había mostrado ni el más mínimo interés por hacerles caso.

No hace falta que te quedes todos los días leyendo —dijo—. Si no quieres ir con ellas, puedo enseñarte la ciudad. No es San Petersburgo, pero tiene grandes avenidas por las que pasear. —Se encogió de hombros—. También hay museos interesantes, si es que te gustan, y una vez al mes se abren los jardines del palacio real al público. Los reyes no están, por supuesto, pero es el lugar más fresco de la ciudad en estos días de calor —explicó mientras se colocaba la servilleta sobre las piernas—. A Angeline le gusta ir con mis hermanas; creo que se creen de la nobleza cuando pasean por allí. —Se rió con disimulo, gesto que Vasily no pasó por alto pero que pareció ignorar—. Se hará la semana próxima y quieren ir con tu madre y contigo —la miró, divertido—; será vuestro momento para haceros grandes amigas, aunque también puedo acompañaros para que no tengas que hablar con ellas. Son tan aburridas como parecen.

El ofrecimiento fue sincero, puesto que Nikolai sabía bien la tortura que era pasear por esos jardines acompañado de las mujeres de su casa. Su padre siempre buscaba una excusa para no ir y, aunque Nisha intentaba escaquearse, no siempre lo conseguía, con lo que terminaba paseando con las manos en los bolsillos mientras escuchaba los chismorreos que se contaban entre ellas.

Cuando el servicio apareció en el salón con los carritos de la cena, se irguió en la silla y esperó a que le sirvieran el primer plato, una sopa ligera que calmaría el hambre y haría hueco para lo que venía después: estofado de ciervo con cebollitas, reogado con vino de la zona y una mezcla de especias, secreto de la cocinera. La sopa humeaba de tal manera que la volvía una delicia, pero él sabía que no debía probarla hasta que lo hiciera su señor padre.

¡A vuestra salud, amigos míos! ¡Que aproveche! —dijo Vasily, en ruso, y dio el primer sorbo.

Fue la señal para que el resto de comensales tomaran sus cucharas y empezaran a cenar. En la mesa había un parloteo agradable, ni demasiado alto ni demasiado bajo, del que Nisha estaba disfrutando cuando, de pronto, escuchó la primera risita de Astrid. La miró de reojo y ella se calló, fingiendo que comía hasta que Béatrice le dijo algo al oído y ambas se volvieron a reír. El ruso suspiró. Aquellos iban a ser unos de los días más largos de su vida.


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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Ilanka Kratorova el Miér Jul 04, 2018 12:35 am

Apestoso no era, claro que no. Nikolai la había sorprendido para bien, no era el muchacho delgado y aburrido que recordaba, ese había sido reemplazado por este joven de rostro apuesto y cuerpo desarrollado, atrayente sería una buena palabra para definirlo. Ilanka se lo quedó viendo de más, pero no le importaba que él la descubriera ¿de qué tendría ella que avergonzarse?

-Me encantaría que fueses mi guía a ver si es cierto que esta ciudad no es tan insulsa como parece, pero te advierto que no soy una mujer fácil de entretener, me aburro rápido si no estoy en actividad continuamente. Deberás esforzarse por mantener mi interés –sonó pedante porque lo era.

Sí, había dicho mujer. Es que se consideraba una, tenía quince años pero se sentía adulta, el trato que siempre le habían dado sus padres –haciéndola parte igual de charlas y decisiones familiares- la empoderaba y le daba la seguridad de sí que siempre ostentaba. Los más cercanos –algún tío de Ilanka y la mejor amiga de Mirenia- habían cuestionado ese modo de educación que los Kratorov le habían dado a su única hija, pero Ilanka solo los pensaba como descarados. ¡Qué osadía cuestionar a una familia ajena!


-Ya te he dicho que no tengo intenciones de hablar con tus hermanas, pero me agrada la idea del paseo en los jardines –era mentira y se sorprendió en cuanto lo dijo, ¿por qué lo hacía si ella jamás decía cosas en pos de quedar bien o pasar por una muchacha amable? La verdad no la sorprendió cuando llegó a descubrirla: quería pasar tiempo con él-. ¿Cuándo iremos?

Modales tenía, al menos eso su tío no podía criticarlo, por eso calló en el momento del brindis. Además, su padre dijo unas solemnes palabras acerca del valor de la amistad y en agradecimiento por la hospitalidad de la familia Saratov para con los Kratorov por los siguientes dos meses –tiempo que hasta podía extenderse si ambas familias lograban concretar con bien los negocios planeados en la ciudad-; tras eso Ilanka alzó su copa y bebió.

La comida era exquisita, justo lo que Ilanka había estado deseando luego de un viaje tan agotador. Se llenó el cuerpo con ese alimento y se dejó seducir por los aromas y sabores de la comida típica, si la cocinera no era rusa lo parecía. Oyó las risas justo cuando se llevaba la cuchara a la boca, no detuvo el trayecto porque jamás demostraría lo que en su mente pasaba, pero miró fijamente a las niñas que tenía en frente con tanta carga en los ojos que ambas bajaron la vista, aunque no dejaron de hablar entre ellas. Observó por un instante a los hombres, ellos conversaban seriamente, se giró hacia su madre y descubrió que reía hablando con esa estúpida francesa. Al parecer todos iban de dos en dos, ¿por qué no iba a hablar ella con la pareja que le había tocado en suerte? Se movió en su asiento y lanzó una última mirada desafiante a las niñitas bobas –una, además de todo, iba honestamente despeinada-, su mano se movió bajo el mantel y acabó en la rodilla de Nikolai. Le hubiera gustado ver su rostro en esos momentos, pero no podía porque sus ojos estaban sobre la mayor de las hermanas. Su mano subió un poco para luego volver a la rodilla en una caricia lenta y extraña que no detuvo. Finalmente se volvió hacia él con una sonrisa y buscó inclinarse sobre su oído para hablarle en complicidad:


-Si no me equivoco falta poco para tu cumpleaños. Lo sé no porque me importe, sino porque me he comprado un vestido especial para la celebración. –Apretó la rodilla de Nisha cuando oyó las vocecillas de las niñas que de seguro cuestionaban la cercanía entre ambos jóvenes-. ¿En qué momento te has puesto así de guapo, Nisha? Te recordaba como un niño feo y aburrido, me tienes sorprendida –sí que lo decía de verdad, pero también quería que las hermanas de Nikolai tuviesen celos al verlos tan juntos, algo le decía que funcionaría.



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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Nikolai Saratov el Dom Jul 08, 2018 9:33 am

Nikolai se sorprendió de que Ilanka aceptara tan rápidamente el plan que se había organizado para visitar los jardines. Francamente, había creído que inventaría cualquier excusa para quedarse en la casa, y no dudaba de que tanto Vasily como Angeline no se opondrían a que hiciera lo que le viniera en gana; los Kratorov eran invitados de honor para su padre, y si a la niña se le antojaba algo, aunque fuera la cosa más descabellada, los Saratov removerían cielo y tierra hasta conseguirlo.

La llegada de la comida le permitió tener un momento de calma en el que no pensaba hablar. Se moría de hambre, al igual que Ilanka, que comenzó a comer y parecía querer estar en silencio, como él. El murmullo del resto de voces de su entorno era agradable y les permitió ese pequeño placer. La mente de Nisha, sin embargo, no hacía más que pensar en la dichosa visita a los jardines, que, de pronto, le hacía demasiada ilusión. ¿Lo agarraría del brazo como hacían el resto de mujeres de París? Deseó que sí, pero algo le decía que Ilanka Kratorova no era ese tipo de mujer. La miró de reojo un segundo —justo después de mirar a Astrid— y volvió a concentrarse en su plato. Se tuvo que repetir varias veces que era la misma niña insoportable con la que había tenido que convivir en numerosas ocasiones, la que se había reído de él —y que todavía lo hacía— y por la que se prometió, desde bien pequeño, que jamás le iba a gustar. Pero era también la misma que ahora, al imaginársela agarrada a su brazo, le producía un cosquilleo en la boca del estómago que no conseguía eliminar con la comida.

Intentó pensar en otras cosas, en mariposas, por ejemplo, y casi lo había conseguido cuando sintió una mano pequeña sobre su rodilla. Tardó algunos segundos en darse cuenta de que se trataba de la mano de Ilanka, que ahora acariciaba su pierna en un gesto para nada amistoso y que a él lo dejó completamente paralizado. Su cuerpo, sin embargo, reaccionó; por suerte, el mantel caía justo sobre su regazo, con que nadie se daría cuenta del mal rato que estaba pasando Nikolai.

De sus amigos, él era el único que todavía no había estado con una mujer. Hasta Pavel, que era el más insulso de todos ellos, había conseguido que su padre lo llevara con él a un burdel. Todos hablaban maravillas de sus respectivos encuentros sexuales, de la fogosidad de las señoritas que sus padres habían tenido a bien pagarles para convertirlos, según ellos, en hombres. Algunos no habían vuelto; otros, sin embargo, repetían en cada ocasión que se les presentaba, y no dudaban en poner en común sus experiencias con el resto. Nikolai, sin embargo, sólo podía escuchar y aprender de lo que los otros hablaban, algo que sus amigos no dudaban en usar para burlarse de él.

Giró el rostro cuando ella se acercó para hablarle al oído. Puede que no se notara el bulto de su entrepierna, pero la expresión de su rostro debía ser todo un poema. Se encontró de frente con esos ojos de un azul tan claro que parecía irreal y que sólo pudo dejar de ver cuando se fijó en los labios rosados y apetecibles que estaban un poco más abajo. Cuando al fin consiguió dejar de imaginársela en la fiesta de cumpleaños con el vestido de sus sueños —o, al menos, cuando esa imagen dejó de ser lo único en su cabeza— y pudo no pensar en que acababa de decirle lo guapo que estaba, fingió que necesitaba limpiarse los labios con la servilleta del regazo y metió ambas manos debajo del mantel. Sacó la servilleta, se limpió y, cuando la volvió a dejar en su sitio, aprovechó para alargar una mano y sujetar la de Ilanka, quitándola de encima de su rodilla.

¿Se puede saber qué haces? —preguntó en un susurró también, sólo para que ella lo oyera.

Estaba tan nervioso que no pudo contestar a sus provocaciones. Se maldijo porque sabía que Ilanka lo notaría y lo usaría para reírse de él, pero ¿qué podía hacer? Su cuerpo no era de piedra, y el de ella era demasiado hermoso como para poder resistirse.

Aún no había soltado su mano, y la acariciaba disfrutando de una suavidad que sólo ella poseía. Fijó sus ojos en los ajenos como si fuera un preso que mira el cielo por primera vez, y así estuvo hasta que sintió una presencia que hablaba junto a ellos.

Tengo que retirar los platos, señor —dijo una de las sirvientas, que,por la posición en la que se encontraba, ya se habría dado cuenta del acercamiento bajo el mantel.

Nisha soltó la mano de Ilanka rápidamente y se recompuso.

—carraspeó para aclarar la voz, que se había vuelto muy grave de repente—, disculpa.

Comenzó a comer el segundo plato con celeridad. Necesitaba concentrarse en otra cosa que no fuera la rusa, aunque, lamentablemente, ya era tarde para quitársela por completo de la cabeza.

La visita de los jardines será en unos días, creo que el viernes de la semana próxima —contestó a una pregunta pasada, pero que le sirvió para retomar la conversación de una manera normal—, pero podemos hacer otras cosas mientras tanto. —Su inocente ofrecimiento acababa de tomar un cariz muy distinto al de sus intenciones, y se dio cuenta—. Visitar museos, por ejemplo. ¿Te gustan? También hay obras de teatro y óperas. Debe de haber un cantante muy famoso ahora en la ciudad que dicen que es francamente bueno, se apellida Hamilton, creo. Astrid está enamorada de él. —Hablaba mucho y muy rápido, pero parecía que estaba teniendo el efecto deseado—. Si prefieres pasear, hay avenidas y parques muy agradables. Puedo llevarte, si quieres.

No se atrevía a mirarla, pero el deseo de volver a ver sus ojos fue mayor y, tras comer un bocado de la carne, giró el rostro. Era, sin duda alguna, la mujer más hermosa de aquella sala, y Nisha estaba seguro que también de todo París. Si por él hubiera sido, se habría pasado el resto de la cena admirándola, pero la voz estridente de Astrid lo obligó a girarse de nuevo, esta vez hacia sus hermanas.

¿Le estás hablando de tus mariposas, Nikolai?
Cállate —contestó él.
Nikolai, por favor —intervino Vasily, siempre con un ojo sobre todo lo que pasaba a su alrededor.

Nisha bajó la vista hacia su plato y se calló. ¡Cuánto deseó que la cena se terminara, al fin!


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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Ilanka Kratorova el Lun Nov 05, 2018 11:32 pm

Ilanka Kratorova jamás desaprovechaba una oportunidad. Por eso, cuando se vieron interrumpidos por la mujer que cambiaba los platos, ella vio que Nikolai dejaba por un momento la mano sobre la mesa y apoyó la suya sobre la de él, mirando directamente a Astrid, ¿así se llamaba? Era nombre de mujerzuela, pobre muchacha… La niñita no tardó en descubrir la caricia de la rusa sobre su hermano y por eso, porque estaba segura de que no había pasado desapercibido el gesto, Ilanka soltó a Nikolai y volvió a comer.

-Claro que sí, Nisha, se me ocurren muchas cosas que podríamos hacer tú y yo –le sonrió, mirándolo directamente a los ojos. Esperaba que hubiera entendido la doble intención.

No era que solo quisiera jugar con él, para molestar a las hermanitas, sino que Ilanka en verdad se había sorprendido al ver al muchacho… ya se estaba imaginando cómo sería besarlo. ¿Le dejaría meterle las manos en el pantalón? Ella ya lo había hecho con su vecino, Pavel Antónov, en dos oportunidades y si bien no habían llegado a más, la experiencia le había resultado fascinante a una Ilanka que comenzaba a descubrir su cuerpo y el de los hombres.


-Tranquilo, Nisha. Te noto desesperado por tener citas conmigo, serénate, te lo pido –le dijo, tras darse un bocado generoso-. Mi estadía aquí será larga y presiento que encontraremos las actividades perfectas, esas que disfrutemos ambos por igual.

Con intención, Ilanka se humedeció los labios con la lengua, quería que él no pudiera olvidarla. Luego se volvió hacia los adultos que reían y conversaban animados. Nunca había visto a su madre tan a gusto, al final parecía que la francesa esa le agradaba…

Sin darle mayor importancia, como si fuera algo de lo más normal, Ilanka volvió a apoyar su mano sobre la rodilla del muchacho y la llevó una y otra vez desde allí hasta lo más alto del muslo en una caricia lenta. Justo en ese momento una de las hermanas se dirigió a Nisha, él le habló de mal modo y el padre de familia intervino. Ilanka no le permitió a él responder, sino que tomó la palabra:


-Oh, señor Saratov, Nisha me estaba haciendo una invitación para ir al museo, es un gran anfitrión. ¿Tengo permiso para ir con él, madre? –le preguntó, a sabiendas de que diría que sí.

Y ella no solo le dio el permiso, sino que halagó a Nikolai por lo mayor que estaba, por su caballerosidad y guapura. Incluso propuso un brindis en su honor e Ilanka tuvo que abandonar la caricia para tomar su copa. Cuando la comida volvió a su curso normal, la hechicera se dirigió a la peleadora hermana de Nisha, esa que había comenzado aquello con sus provocaciones. No había olvidado su pique y a eso le respondió:


-Estamos hablando de todo lo que haremos juntos, sus mariposas nada tienen que ver –le aclaró-. Disculpa que no pueda dar detalles, estamos teniendo una conversación de adultos y tú eres muy pequeña, no entenderías nuestra charla, querida.



Pues ya todo está escrito en el cielo.

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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

Mensaje por Nikolai Saratov el Vie Nov 16, 2018 4:32 pm

Lo cierto es que estaba mejor callado, pero, sencillamente, no podía. Las caricias de Ilanka sobre su pierna se repitieron, y con ellas la erección de Nikolai, que no había llegado a desaparecer del todo. Desde luego, la rusa sabía bien lo que hacía, humedeciéndose los labios con la punta de la lengua y haciendo esos comentarios con un doble sentido tan claro que fue como una piedra impactando de lleno entre los ojos del hechicero. No, no podía estar hablando de eso. Era una señorita, y las mujercitas que él conocía se volvían muy pudorosas cuando un hombre las halagaba. La diferencia residía en que esas jóvenes no eran Ilanka Kratorova, una adolescente mucho más avanzada para su edad que las muchachas de París. Y, si no, que compararan a Astrid con la rusa… No había color entre ambas.

Quiero que lo pases bien estando en esta casa, nada más —dijo, con la única intención de defenderse—. No tengo por qué ir contigo si tú no quieres, puede acompañarte alguna doncella de Angeline, o incluso ellas dos.

Miró a sus hermanas de reojo antes de devolver la atención a su plato de comida. Tanto Astrid como Béatrice sabían que estaba hablando de ellas, pero también sabían que ambas contaban con la simpatía y el beneplácito de su señor padre, así que cualquier cosa que dijeran sería pasada por alto, no así las que dijera él. Por suerte —una con la que no contaba y de la que se sintió afortunado— Ilanka salió en su defensa, haciendo que su madre lo adulara y comenzara un brindis en su honor.

Vasily no dijo nada, pero Nikolai conocía a su padre lo suficiente para saber que, en su opinión, la mujer estaba exagerando. Estaba acostumbrado a ese menosprecio que el señor Saratov tenía por su hijo; no es que no lo quisiera, pero no se molestaba en disimular que a sus dos hijas las amaba más.

Ignoró a sus hermanas que, por supuesto, se ofendieron al escuchar las palabras de Ilanka, y fingió que metía las manos debajo del mantel para sacar su servilleta. Aprovechó la privacidad que les daba la mesa para buscar la mano de la hechicera, la tomó y le acarició el dorso un segundo antes de apretarla como agradecimiento.

Gracias —susurró, sacando la servilleta y limpiándose los labios para beber un trago de su copa—. Cada vez las soporto menos.

Hablaba en ruso —¿en qué, si no?— y con el volumen suficiente como para que sólo lo escuchara ella. Sentía que, al fin, había encontrado a un cómplice en aquella casa de locos.

¿Te gustaría ver las mariposas de las que hablan? —le preguntó, ilusionado, desando que le dijera que sí—. He conseguido mi primera colección, hay unos ejemplares increíbles. Puedo ir a buscarla cuando pasemos a la salita, porque dudo que te dejen entrar en mi habitación.

Por un momento, la idea de tener a Ilanka en su dormitorio le resultó extremadamente excitante. No porque fuera a hacer algo indecoroso con ella, sino porque estarían solos y apartados del resto, una idea que le agradaba.

Como si sus poderes premonitorios hubieran surtido efecto, Vasily se levantó y anunció que el postre lo servirían en la salita contigua, mientras disfrutaban de una copa sentados en los sillones alrededor de la chimenea encendida. Nikolai no tardó en levantarse para ofrecer su mano a Ilanka.

¿Vendrías conmigo?


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Re: She | Flashback {Ilanka Kratorova}

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