Victorian Vampires
PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?



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Al Otro Lado [Privado]

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Al Otro Lado [Privado]

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Miér Ago 22, 2018 11:59 pm

La última vez que me senté a escribir en mi escritorio aún residía en New Orleans. Tenía allí mi tintero, una antigua pluma fuente que me gustaba mucho, y todo el pergamino que pudiera permitirme. Solía guardarlo todo en un cajón de mi escritorio; siempre tuve tiempo de escribir. Ahora todo eso había sido sustituido por un bolígrafo de bola, el más barato que uno pudiera encontrar, y una libreta cualquiera comprada en una tienda cualquiera. Podía llevar estas pertenencias conmigo a donde quisiera, y el viaje que planeaba hacer era uno muy largo. Lestat ni siquiera se encontraba en el continente americano cuando me mandó el mensaje que me motivo a ir a verle.  

Me marché de Trinity Gate temprano por la noche; no parecieron sorprenderse por mi decisión. Dije adiós a Benji y Armand, y pese a que les prometí que volvería, no les dije cuando sería eso. Lo que si les prometí fue mantenerme en contacto; las nuevas tecnologías eran más provechosas de lo que hubiera pensado en un momento previo, pero los antiguos preferían sus medios habituales, que la mayoría de las veces resultaban mucho más óptimos y oportunos.

Me ajusté las ropas, hundí las manos en los bolsillos de mi gabardina, y me alejé de las columnas griegas de la triple entrada blanca. La noche era fría, podía sentir el aire helado colándose por las mangas de mi abrigo y verlo en el vaho que las personas producían al intercambiar palabras mientras caminaban rápidamente pasando junto a mí. Atravesé el parque y continué por una calle secundaria hasta una zona oscura que me sirvió de refugio. Mi último vistazo de New York fueron las luces de la ciudad que se escondían entre nubes que cada vez eran más y más densas.

Pronto, la única luz que tuve a mi merced fue la de la luna, y también la única compañía. La oscuridad se cernió arriba y debajo de mí cuando la tierra dejó paso al extenso océano y con este una miríada de sonidos y olores que de vez en cuando iban y venían siempre que modificaba en algún punto mi trayecto. La ingravidez que sentía al volar se compensaba con un sentido extraño de orientación, como si de manera innata pudiéramos encontrar tierra siempre que quisiéramos. Yo sabía bien a donde iba; mi cuerpo y mis sentidos, también.





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Re: Al Otro Lado [Privado]

Mensaje por Lestat De Lioncourt el Sáb Sep 22, 2018 2:33 am

En líneas generales creo que no ha sido un buen año para mí. El último tiempo lo único que yo hacía era vagar sin rumbo por calles irrelevantes, perdiendo mi tiempo. Estaba harto de tanta miseria, de sentir que la belleza de la vida no me saciaba. Si, estaba harto. Harto de la violencia, harto del sufrimiento, harto de matar. Harto, harto de todo en realidad. No me sentía del todo bien sabiendo eso, pero acabé por asumirlo y soportarlo. Ciertas noches caminaba por bosques y selvas tratando de contribuir a hacer más tolerable mi soledad. Los bosques están llenos de música: El roce de las hojas cuando sopla el viento, el susurro de las hojas secas cuando algún reptil camina entre ellas, el aullido o llamado de algún animal, el ruido del agua de los ríos y arroyos.  

Vagué por el mundo. Recuerdo grandes áreas verdes de Europa Central y parte de Centroamérica. También visité a mi estimado Louis en New York. Él vive ahí con Armand y dos jóvenes bebedores de sangre, Benjamin y Sybelle. En las noches cálidas me he plantado frente a la preciosa casa del Upper East Side para espiar a mis viejos amigos. La verdad es que a mí me apetecía vivir con ellos, mis amigos de aquellos tiempos. Desde hace mucho me apetece vivir con ellos, quiero buscarlos, ir a verlos uno por uno y nunca lo hago. Tienen una espléndida manera de hacerse pasar por humanos. Me asombraba pensar que yo mismo había vivido así, que había llevado una vida tan refinada hacía un siglo o más. Sin embargo, ni siquiera a mi querido Louis pude acercarme.

En aquel entonces me hallaba en un estado deplorable. Recuerdo que lo que más deseaba del mundo era morir, cerrar los ojos a la vida y morirme. Me sentía deprimido, asqueado, abatido. Y fue en una de esas noches que después de un largo tiempo volví a oírla. Esa Voz, me sobre saltó. No la había oído desde hace mucho y ahora estaba ahí reconfortándome. Cuando me sugirió regresar a mi hogar, sonaba tan tierno y sincero que yo obedecí. Pero antes de volver a Francia, fui un par de veces más a Nueva York para espiar no sólo a Benji, sino también a Louis, siempre he estado pendiente de Louis.  

Para ser franco, me fijé realmente en Benji cuando se inventó la emisora de radio para todos los Hijos de la Obscuridad, a quienes invitaba que le llamarán desde cualquier parte del mundo. Los consolaba, los aconsejaba y se unía a su dolor. No paraba de insultar, denigrar y ridiculizar a los auténticos ancianos. Y fue su cantinela “Lestat ¿Dónde estás?” uno de los grandes motivos por los que me alejé de todos. Me buscaba como si yo fuera uno de los ancianos, como si yo pudiera hacer algo respecto al caos que los nuestros vivían. En fin, fue así, en cada visita, como el deseo de volver a ver a aquellos que amo se acrecentó y luego de reencontrarme con David en París, debía hacerlo también con Louis. Necesitaba a Louis. Aguardaba por él en mi castillo ya casi reconstruido por completo. Podía verlo en la mente de aquellos bebedores de sangre paparazzi mientras realizaba su viaje, pero a medida que se acercaba comenzó a ocultarse, tal vez, inconscientemente. Decidí bajar a una ciudad cercana, entrar en un café y esperar a sentir su presencia, deseando que él también pudiera sentirme. Quería que Louis me encontrará, como aquella noche antes del concierto.










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Re: Al Otro Lado [Privado]

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Sáb Sep 22, 2018 1:02 pm

Fue un viaje largo. Uno el cual, pasada la mitad del trayecto, me creí incapaz de concluir. Un regusto de apreciación y frustración se apoderó de mí por un instante cuando comprendí que, hace ya unos veinte años atrás, Lestat había hecho un viaje similar, pero conmigo a cuestas. En aquel viaje, también fui yo quien acabó sucumbiendo al agotamiento. Puede que no estuviera preparado para esto, que hubiera dudado en algún punto, pero finalmente, alcancé la costa francesa a temprana hora de la noche siguiente. El mar del golfo de Vizcaya se encontraba rabioso por la luna, pero no había indicios de tormenta en el cielo, y al descender allí, me vi rodeado de una silenciosa oscuridad. A la lejanía llegaban conversaciones provenientes de alguna población y pese a la sed de la que fui consciente apena puse pie en tierra, permanecí con la vista fija hacia el océano el mayor tiempo posible que pude.

Mi interior se revolvió con nostalgia al comprender que era lo que iba a hacer. Con mi destino aún lejano, finalmente me di la vuelta y volví al cielo. Dentro de mí sabía y conocía mi destino. No directamente, sino por terceros, por las líneas que hace mucho hubiera leído en aquella pequeña caseta en la que viví y que tanto lo irritó en ese tiempo. Los nombres y descripciones estaban fijos en mi mente como si un cincel los hubiera grabado en piedra. El tiempo había cambiado, sí, el progreso nos había alcanzado, pero yo seguía siendo un renegado de mi época y me parecía más romántico hacer una alegoría a algo antiguo que recurrir a una impresora láser o una cámara digital.

Al volver a tocar suelo, supe que me encontraba más cerca de mi destino pese a que no reconocí el poblado al que llegué. Aquí había vampiros paparazzi pero pasé de ellos. Me moví como si conociera el lugar, entre la gente que no se detenía a mirarme, pasando por las calles correctas hasta encontrar el sitio que buscaba. La caza siempre era diferente, pese a que el vampiro fuera el mismo cuando cazaba. Encontré un sitio de mi agrado y a un par de borrachos que también fueron de mi agrado; lo demás, lo demás es siempre lo diferente. Poco menos de una hora después había terminado con la penosa tarea de disponer de los cuerpos, y está vez, no me quedé en el poblado más de lo necesario.

Antes de comprenderlo, me descubrí a mí mismo buscándolo entre las personas apenas volví a tocar el suelo en el poblado al que acababa de arribar. En una pequeña calle, con un vistazo a un aparador, encontré mi apariencia reprobatoria a sus ojos. El abrigo estaba bien puesto, y la bufanda me cubría el cuello apropiadamente, pero era lo único que estaba bien conmigo. Mis zapatos estaban enlodados, con ligeros rastros de arena en ellos, y está noche llevaba el cabello largo, pero dejé que el viento fuera lo único que lo peinara. Una parte de mi lo hacía para ver una reacción de su parte, pero no comprendía el porqué de ello, porqué necesitaba de ello. ¿Acaso había una respuesta allí que se escapaba a mi lógica?

Alcancé una calle principal, con sus luces encendidas y un bullicio que se asemejaba mucho al de una gran ciudad; los aromas y los olores me invitaron a recorrerla, y me zambullí en ella como hacía años no lo hacía. Las ondulaciones en la calzada se fueron aligerando mientras más me acercaba al centro; caminar por el hecho de caminar. Paseando. Y de pronto, ocurrió.
Todo sucedió como aquella noche: entre las personas que conformaban pequeñas multitudes aquí y allá, vislumbré pronto los ojos lilas y el cabello dorado y ondulado de Lestat. Se encontraba sentado, en compañía pero aislado. Rodeando pero solitario. Llegué a él, respondiendo a su llamado mudo, como lo hiciera antes, con una facilidad que no podría explicar.

Ingresé en el café y lo encontré de inmediato; para mí, resaltaba como si estuviera chapado en algún mineral precioso. Al verlo, nacía en mí un deseo de añoranza que se mantenía oculto a todos los demás; era algo que sólo él me hacía sentir. Crucé la estancia, y pronto me vi rodeado de una calidez agradable, por lo que, cuando estuve frente a él, me despojé de mi abrigo y bufanda, los acomodé en la silla vacía a mi derecha y me senté frente a él.


Última edición por Louis De Pointe Du Lac el Lun Oct 22, 2018 7:02 pm, editado 1 vez





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Re: Al Otro Lado [Privado]

Mensaje por Lestat De Lioncourt el Lun Oct 22, 2018 1:31 am

Al entrar al local, al instante me cautiva la belleza y sublimidad de las pinturas de sus paredes, los espejos dorados, junto al propio e intenso aroma del café. El perfume de una rosa, el aroma del café, el olor de un bocadillo están todos encerrados aquí. El lugar era precioso. Todas las mesas estaban cubiertas con manteles azules: casi de ese color que tiene el cielo nocturno cuando la inmensidad de luces de la gran metrópolis resplandece en la capa de nubes llenas de humedad. Sonaba una música suave y seductora cuyas líneas melódicas se entrelazaban con mis pensamientos. Ah, en tiempos como este cómo desearía volver a ser músico, porque la música es el único vehículo adecuado para las emociones que siento, y es que sentía en mi interior una ligera oleada de excitación que me puso al borde de las lágrimas. Mi imaginación divagaba, pensaba en él; solamente el presentir nuestro encuentro me mantenía así, entusiasmado.

Yo no deseaba interrupciones.  así que escogí una mesa ubicada casi al fondo del local, cerca de una chimenea, en donde estaba seguro no nos molestarían. Mi interés aumentaba, estimulado por la música y la elegancia de la escena. Mis ojos recorrieron todos los rincones de aquel local. Una hermosa mulata de unos veinticinco años pasea de un lado a otro sirviendo café y tarta en las otras mesas.  Afuera había dos individuos, tomándose el último café antes de volver a sus casas. Ambos alzaron la vista por encima de sus humeantes tazas y me miraron con calma. Sonreí.

La música seguía. Bajé la mirada y encendí la pantalla de mi teléfono móvil que estaba junto a la taza de café cuyo color era entre marrón y negro. Un bebedor de sangre entra al local, oigo sus pasos, escucho su corazón. Yo sentía de inmediato su presencia. Se detuvó y levanté mi rostro, sus ojos verde esmeralda se fijaron en mí durante unos segundos. Un silencio resplandeciente nos envolvió y se apodero de ese momento. Permanecidos unidos de algún modo y ahora era la música la que nos envolvía a ambos. Finalmente, con un gesto de mi mano lo invito a sentarse a la mesa mientras la pieza música se hacía más suave, llegando a un delicioso final.

Bienvenido —Dije. Hablaba con una voz suave y dulce impregnada de entusiasmo al verlo. —Estoy muy contento de que hayas venido, Louis. No sabes cuantas noches desee esto.



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Re: Al Otro Lado [Privado]

Mensaje por Louis De Pointe Du Lac el Lun Oct 22, 2018 8:09 pm

Habló como si el café le perteneciera, como si creyera que el mundo mismo le perteneciera. ¿Alguna vez había sido diferente? Sonreí. Fácilmente podía imaginarlo siendo el dueño de un lugar como este, pero no era necesario que lo fuera siempre y cuando pudiera tener momentos así cada vez que lo deseara. Y ahora henos aquí.

Gracias… —respondí con un leve mote de gracia y alivio. No había sido difícil llegar a él, sólo un viaje largo y cansado, pero pude notar un desazón desapareciendo mientras me acomodaba y lo miraba fijamente, como si hubieran pasado décadas sin verlo. ¿Cómo un ser tan inalterable cambiaba tanto al verlo de nuevo? O puede que sólo fuera mi deseo de compararlo con su recuerdo, vivido, pero lejano. —Hubiera llegado, de una forma u otra, aunque me hubiera tardado más. Hubiera llegado. —¿Qué hacía yo asegurando esto?

A nuestro alrededor, con la música en tono bajo, y el bullicio suave de los pasos de los camareros, se sucedían conversaciones fluidas y otras no tanto. El francés, que había dejado de usar mientras viví en Trinity Gate, resonó con nostalgia en mis oídos, fluido y gutural, poesía hecha palabras. Nos miraban. Como antaño, llamábamos la atención de aquellos que deseaban ser seducidos pero no formaban parte de nuestra línea. Aquellos a los que amamos suele irles tan mal como aquellos a los que solo damos pasión una noche antes de que se extinga su luz.

Miré sombrío a la mesa, apartando la mirada de Lestat y concentrándola en el azul intenso del mantel. Pensé en Merrick y lo que había hecho por mí, y lo que yo había logrado después de que ella muriera. Parpadeé, atento a unos pasos que se aproximaban, y levanté la mirada justo para enfocarla en los ojos miel de la camarera. Ella parpadeó, yo sonreí. Ordené un café con crema irlandesa, una pequeña obsesión que no podía quitarme de la cabeza y la dejé marchar sin pedir nada más. Entonces vi el celular de Lestat sobre la mesa.

Deberías mandarle un mensaje a Armand, así, quizás Benji podría tomarse unas vacaciones de ese programa de radio suyo. —Yo escuchaba ese programa, atento a los mensajes. Algunas veces en vivo, otras veces, me encerraba en mi habitación y sostenía un libro que no leía mientras miraba a la pared, escuchando con atención. No sabía que era lo que esperaba escuchar, y por eso, seguía escuchando, esperando. —Pero no vine para esto. No vine a darte consejos, ni a transmitir mensaje de algún congénere. Vine por mí, para verte a ti. Me alegra haberte encontrado, gracias por permitírmelo…  

Recibí mi café, di las gracias, y levanté la taza de inmediato. Olfateé el aroma y dejé que el calor pasara por las palmas de mis manos heladas a mi cuerpo. El cansancio que sentía se desvaneció un poco mientras volvía a bajar la taza de café a la mesa, girándola lentamente desde su asa.

¿Cómo has estado, Lestat? —Pregunté  finalmente, mirándolo de nuevo con fijeza, como si no me hubiera interrumpido en ningún momento con tribulaciones.      





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Re: Al Otro Lado [Privado]

Mensaje por Lestat De Lioncourt el Miér Ene 09, 2019 10:41 pm

La época de otoño en Francia es ideal para visitar una cafetería. Es una estación llena de encanto y el mejor momento para volver a enamorarse del café. Solo, cortado, con leche, manchado, irlandés o vienés es sólo cuestión de gustos. Aunque desde hace más de dos siglos que he perdido el placer de degustar un café recién preparado, pero no de disfrutar su aroma y recibir su calor que me quita el frio como agente acondicionador para afrontar la noche. Después de todo, la vista es mucho más agradable con una taza que calienta tus manos. Todo lo que rodea la atmosfera otoñal parece estar en perfecta armonía con nosotros. Las conversaciones entre amigos, reunidos en las otras mesas, se establecen alrededor de una taza caliente y vaporosa.

Un café a medianoche.

Louis estaba ahí, conmigo. Le sonrío. Amablemente. Él entretanto esperaba el café que ordenó con sus gemas color esmeralda clavadas fijamente en mi celular y luego de recibir su orden, viajan directamente a mi rostro. Me sugiere enviar un mensaje a Armand, pero yo hui de New Orleans, dejé que me ahuyentaran y abandoné a Louis quien se fue de allí poco después. Desde entonces vive con él. ¿Por qué debería comunicarme ahora? Armand mantiene la isla de Manhattan a salvo para ellos solos, es autocrático, despiadado. Así que es capaz de desempeñar esa misión.  

¿Por qué? —Le pregunté. Inevitablemente esta pequeña charla me recordó el encuentro con David y Jesse en un café de París. Y, a decir verdad, en cuanto Louis me había empezado a hablar, yo había sentido un calor dentro de mí.  Hay que tener presente que fui yo quien convirtió a Louis en vampiro, por lo cual no puedo escuchar su mente, ninguno de sus mensajes, pero, aun así, gracias a Jesse y la cacofonía telepática de los neófitos que me permitió saber que Louis estaba cerca, conseguí este encuentro con él. — Este teléfono móvil, recientemente me lo han procurado mis abogados. —Sacudo la cabeza, no estaba molesto ni enojado. Empujo el móvil hacia él, invitándole agregar a Armand en mis contactos. —La ocasión lo es todo.  —Resultaba agradable estar otra vez con Louis, mejor de lo que había esperado.  

Vuelvo a sonreír, recordando que al sentir su corazón y oír sus pasos aproximarse a la mesa, a punto estuve de huir. Al fin y al cabo, yo ya había renunciado a todo esto, ¿No? Pero, por otro lado, sabía que debía verlo, que debía estrecharlo entre mis brazos y abrirle mi corazón. Así pues, me quedé. —Le escribiré cuando esté listo. Tal vez... —Me apresuré a levantarme y rodear la mesa. Parece que las piernas o el cuerpo entero me tiembla. Se estremece. Frente a él extiendo mis manos y lo obligo a ponerse de pie para rodearlo con mis brazos. Me quedé un momento en silencio, absorto y cautivado en el palpitar de su corazón, en la exquisita fragancia de su cabello y piel, en el profundo afecto que emanaba de aquel abrazo. Me causa dolor estar tan cerca de él, y también una gran alegría que acelera mi pulso. Inmediatamente llegaron las lágrimas y claro, un beso tierno y balsámico que me permite sentir sus labios fríos contra los míos. Cálidos, calientes y que aún mantienen el embriagador sabor a sangre de mi víctima.  

Tuve que usar uno de mis impecables y elegantes pañuelos para limpiar rápidamente las rojas lágrimas de mi rostro antes de volver a mi silla. No quería que advirtiera como me sentía, de hecho, yo mismo no quería saber cómo me sentía.

He meditado profundamente durante estos años de soledad...  —Dije con la mirada fija en sus ojos. Demasiadas voces ahí afuera en la noche, pero había una en especial. La Voz que musitaba, rezongaba, rugía, susurraba. Esa misteriosa Voz que me habla en un tono íntimo, suave, de infinita ternura. Como unos dedos que me acarician la cabeza.  La ignoro. Y luego silencio. No obstante, tenía la sensación, sí, la clara sensación de que estaba allí. Veía a Louis a través de mis ojos.  —También he escuchado a Benji. Lo oigo ahora. Me llega desde el exterior su voz informando sobre nuestro encuentro y advirtiendo a los neófitos que nos dejen en paz.  —Benji es el vampiro responsable del programa de radio que se emite noche tras noche desde Nueva York. Él ya estaba viviendo con Armand, Louis y Sybelle cuando se había inventado la emisora de radio. En sus incesantes emisiones, me apremiaba a regresar de mi exilio y no paraba de insultar, denigrar y ridiculizar a los Hijos de los Milenios, los grandes inmortales: Marius y Pandora, y las ancianas gemelas, claro, Mekare y Maharet, y su compañero Khayman.  

Cerré mi mente a todas aquellas voces.

Louis. —Inspiro hondo. Lo miro fijamente. Tengo sus ojos verdes ante los míos, penetrando en sus pupilas. Hasta la luz que inunda sus ojos parece iluminar distinto. Me entrego a pensar desde cuándo y cuánto no nos permitimos darnos tiempo a nosotros; tiempo para platicar y compartir. —Creo que aún estamos a tiempo. —Le susurro. —Deberíamos ir de inmediato a otro lugar. Un hotel, quizás.




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