Victorian Vampires
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PARÍS, FRANCIA
AÑOS 1800

Nos encontramos en París, Francia, exactamente en la pomposa época victoriana. Las mujeres pasean por las calles luciendo grandes y elaborados peinados, mientras abanican sus rostros y modelan elegantes vestidos que hacen énfasis los importantes rangos sociales que ostentan; los hombres enfundados en trajes las escoltan, los sombreros de copa les ciñen la cabeza.

Todo parece transcurrir de manera normal a los ojos de los humanos; la sociedad está claramente dividida en clases sociales: la alta, la media y la baja. Los prejuicios existen; la época es conservadora a más no poder; las personas con riqueza dominan el país. Pero nadie imagina los seres que se esconden entre las sombras: vampiros, licántropos, cambiaformas, brujos, gitanos. Todos son cazados por la Inquisición liderada por el Papa. Algunos aún creen que sólo son rumores y fantasías; otros, que han tenido la mala fortuna de encontrarse cara a cara con uno de estos seres, han vivido para contar su terrorífica historia y están convencidos de su existencia, del peligro que representa convivir con ellos, rondando por ahí, camuflando su naturaleza, haciéndose pasar por simples mortales, atacando cuando menos uno lo espera.

¿Estás dispuesto a regresar más doscientos años atrás?




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Mensaje por Branco Cafiero el Miér Jul 15, 2020 1:49 pm

Aquella preciosa mañana primaveral invitaba a pasear tranquilamente por los frondosos bosques que rodeaban a la mansión y tal vez visitar un pequeño y vivaracho riachuelo que se localizaba no muy lejos de allí. La noche anterior había recibido la inesperada visita de Idara, una licántropo miembro de mi manada que parecía encontrarse en graves apuros, más debido a que durante  aquella velada se estaba celebrando una subasta benéfica en mi  propia mansión, no pude ofrecerle la atención que realmente merecía, disponiendo tan solo de unos minutos para darle la bienvenida e invitarla a disfrutar de la gala. Desde entonces un sentimiento de culpa se había instalado en mi pecho, al mismo tiempo que cierto nerviosismo por tenerla de nuevo a mi lado. Idara y yo nos habíamos criado prácticamente juntos, habíamos combatido juntos y nos habíamos curado las heridas. Era una joven fuerte y maravillosa que desde siempre había captado mi atención.

El hecho de que su llegada hubiese coincidido con el descubrimiento de un antiguo manuscrito que trataba sobre la licantropía y su posible cura, me hizo replantearme la posibilidad de pedir una excedencia en el museo para dedicarles a ambas la atención que se merecían. Aquella misma mañana había telegrafiado al director general del museo explicándole la visita de mi compañera, y una investigación que me llevaría un tiempo tener completa para su exposición, sin mencionarle exactamente su temática. Su respuesta no se hizo esperar, y comprendiendo mi situación mejor de lo que yo hubiese esperado en un principio, me recomendó que cogiese dos semanas de vacaciones para realizar las investigaciones necesarias y no perder la parte de mi sueldo que no obtendría si fuese una  excedencia, así como atender a mi invitada como dios mandaba. Debía reconocer que había tenido mucha suerte con mi superior, y que estaba más que dispuesto a aprovechar ese tiempo.

Era todavía medio día cuando llegué a mi hogar después de recoger algunos documentos del museo, documentos en los que debería trabajar durante las vacaciones, además del manuscrito secreto que debía proteger con mi vida. Durante horas el servicio se había encargado de volver a transformar aquella sala de subastas improvisada de nuevo en mi salón comedor, confirmándome a mi vuelta que Idara todavía dormía en la habitación de invitados que le había ofrecido para pasar la noche. Debía estar agotada por el largo viaje que había realizado hasta encontrarme, había hecho un gran sacrificio por llegar hasta mí. Fue entonces cuando se me ocurrió como recompensar parte de ese tiempo perdido durante la noche anterior.- ¿Puede dejarle esta nota a Idara cuando se levante? Voy a salir y quiero que se reúna conmigo en este lugar.- ordené a la ama de llaves que estaría allí cuando mi compañera se levantase.- ¿Y puede hacerme otro favor? ¿Puede prepararme una cesta con lo necesario para hacer organizar una merienda junto al lago?- pregunté con timidez, ante la cálida sonrisa del ama de llaves que parecía entusiasmada por verme preparar aquel detalle para la loba. No acostumbraba a dejar testigos de mis galanterías con las mujeres, pero Idara era diferente.

Media hora después partía en mi montura hacia el lugar indicado, un pequeño claro junto al riachuelo a escasos cien metros de la puerta trasera de mi jardín. “ ¿Te apetece un baño? Te espero junto al riachuelo. Usa tu olfato”, explicaba la nota que esperaba que Idara no tardase en leer mientras yo preparaba la manta que me había dado María, la ama de llaves, colocándola sobre la mullida hierba, junto a una cesta repleta de exquisitos manjares que esperaría degustar con ella. La había echado mucho de menos, y estaba dispuesto a recuperar el tiempo perdido; no solo desde la noche anterior, sino desde que me marché de Italia. A mi forma de ver, se habían quedado muchas cosas por decir, y ahora estaba preparado para hacerlo.


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Mensaje por Idara Rossi el Miér Jul 15, 2020 6:04 pm

Se encontraba agotada tras el largo viaje desde Italia a las tierras francesas. Más aún sentía el cansancio instaurado en su cuerpo tras la interesante velada que había vivido el día anterior en la nueva casa de Branco. La subasta había resultado bastante interesante, a decir verdad, se había entretenido y había tenido oportunidad de conocer a varias personas, cada cual a la más peculiar. Lo cierto es que aquello había sido un agradable detalle de la noche pero la guinda del pastel había sido reencontrarse con el anfitrión que sin duda no la esperaba a ella. Tan solo con acercarse a su oído mientras él se encontraba en la puerta recibiendo a los invitados e inhalar su aroma la teletransportó a tiempos pasados cuando combatían juntos o se acompañaban tras las batallas vividas. Los recuerdos la hicieron sonreír como a una adolescente, sin control alguno, mientras se acostaba en la habitación de invitados y se acurrucaba en la mullida cama. Claro que como concentrarse si sentía la presencia y el aroma de él tan cerca de ella. Pese a todo el cansancio hizo mella y cayó rendida en un profundo sueño.

Al día siguiente se despertó sobresaltada. No recordaba dónde estaba, al menos no tras abrir los ojos. Miró la ventana por la cual se colaban los rayos de sol y entonces todo se puso en orden. París sería por el momento su estancia, allí permanecería por el momento recuperando el tiempo perdido con él que en su opinión era demasiado. De hecho, sentía como si hubieran pasado años desde que él hubiera abandonado la manada. Dibujó una mueca de disgusto pues, en efecto, lo había sentido demasiado distante todo aquel tiempo, sin posibilidad de contactar con él y ahora que lo había tenido frente a sí se había percatado de que tenía una nueva vida por lo que quizás ni se planteara regresar a su nación, a su hogar. Por suerte, ella había tomado la iniciativa y se había presentado allí sin previo aviso, quitando la tirita de una vez y apareciendo por sorpresa, sin posibilidad alguna de negativa. Sabía que él era demasiado educado como para negarle la estancia o su compañía pero lo había notado ciertamente distante pese a que llevaban tanto tiempo separados y habían compartido tanto. Aquello daba vueltas en su cabeza mientras se levantaba al fin de la cama y se ponía un ligero vestido blanco que sin duda allí no era habitual. Era ceñido y ligero, muy sencillo y muy de su estilo que era desenfadado y natural.

Olvidó calzarse, bueno, es que rara vez lo hacía y bajó hasta el hall -¿Hay alguien? -Se sentía hambrienta y aunque el día anterior había recorrido la casa no pensaba inmiscuirse pues era la propiedad privada de Branco y ella lo respetaba demasiado, así que permaneció a la espera. De pronto apareció la ama de llaves que le entregó una nota que la hizo sonreír pero también fruncir el ceño. No se lo pensó dos veces y, pese a que estaba hambrienta, se dirigió a su destino guiándose como él decía por el olfato y cierto era que a él lo reconocería entre miles.

Caminó descalza por la césped y paseó por el espectacular paraje impresionada. Ahora entendía que él se sintiera tan cómodo en la ciudad porque aquel rincón le recordaba a su preciosa tierra natal: La Toscana. El frondoso y verde bosque, el olor, el sonido de los animalillos, la paz y él. Se sentía ciertamente nerviosa por aquel encuentro junto al riachuelo, desconocía el motivo pero tenía clara una cosa aunque no la admitiría ni mucho menos: había pensado en él cada día desde su partida.

Pronto lo vislumbró y sonrió. Debía controlarse pues se sentía como una chiquilla, nerviosa como si estuviera ante una primera cita. Pero como controlarse, si aquel hombre se encontraba sentado en medio del bosque con su gesto ahora serio y concentrando pensando a saber en qué y esperándola. Sin duda, se sentía prendada de él pero hizo un gran esfuerzo por disimular pues el miedo al rechazo era inmenso y no estaba preparada para experimentarlo. Apareció y sujetando el vestido con ambas manos dejando a la vista sus piernas hasta la altura de las rodillas, se agachó y se sentó frente a él -Mi olfato nunca falla porque tu aroma es inconfundible -sonrió tras decir esas palabras mirándole fijamente a los ojos -Me parece que has tenido una gran idea… ¡me muero de hambre! -confesó riendo y desvió la mirada a la cesta de la cual cogió dos uvas ofreciéndole una en los labios -Come -pidió y luego ella tomó la otra -Gracias por permitirme hospedarme -comentó sonriendo y aun sintiendo el cosquilleo en sus dedos tras el roce con sus labios -Y por la sorpresa. -Divisó el riachuelo y entonces recordó que él había hablado de darse un baño. Se mordió el labio inferior y le guiñó un ojo -Acepto la invitación -comentó y de pronto se puso en pie acercándose caminando al río mientras se bajaba los tirantes del vestido que finalmente cayó al suelo. Le miró de reojo mientras se cubría los pechos con los brazos cruzados y sin más se adentró sintiendo el agua fresca cubrir su cuerpo. Parecía que los nervios habían pasado y la Idara que él había conocido, la impulsiva y la desinhibida estaba allí, de nuevo, junto a él.
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Mensaje por Branco Cafiero el Jue Ago 06, 2020 9:49 am

Los cálidos rayos de sol acariciaban mi bronceada y curtida piel, que comenzaba a perlarse de gotas de sudor a esas horas del mediodía en las que el sol estaba dispuesto  en su máximo esplendor. La paz y armonía que transmitía aquel emplazamiento paradisíaco junto al riachuelo me había permitido pensar con calma y sosiego  en todo lo acontecido durante los últimos días, que para que mentir, no era precisamente para tomar a la ligera.

Era consciente de que el descubrimiento de aquel antiguo manuscrito iba a cambiar mi vida para siempre, bajo la incertidumbre de que no sabía si tal vez sería para peor. Sin embargo ahora que Idara estaba de nuevo a mi lado me sentía con la energía y la fuerza renovadas, notándome invencible ante el mundo; sintiendo que no existía nada ni nadie a quien no pudiese enfrentarme. Su repentina y agradable aparición me había hecho verme de nuevo en casa bajo el cielo de la Toscana, rodeado de los míos con una seguridad en mí mismo que hacía tiempo que había menguado tras la decepción de no haber hallado a mi alfa. Su deliciosa llegada había sido como un soplo de aire fresco de las montañas que llevaba tiempo necesitando, y que por caprichos del destino había sido ella quien había aparecido en el momento exacto en el que más la precisaba.

Me tumbé sobre la amplia manta que me había dado el ama de llaves y que se encontraba extendida  sobre la mullida hierba, no sin antes deshacerme de la camisa de seda que cubría mi pecho y que en aquellos instantes me abrasaba la piel y del calzado que me oprimía, quedándome vestido tan solo por unos pantalones de lino color beige claro. Varias ramas de un frondoso roble cercano al lugar donde había decidido instalar los útiles necesarios para nuestra particular merienda, nos regalarían una gratificante sombra de la que salvaguardarnos de una temperatura primaveral que poco tenía que envidiar al clima estival. Cerré los ojos durante unos minutos, dejándome envolver por los miles de sonidos que me ofrecía mi amada  naturaleza, mientras esperaba con deseo la aparición de Idara, que gracias a los Dioses no se hizo mucho de rogar. Sonreí de medio lado cuando delicados trazos de su aroma a libertad inundaron mis fosas nasales, provocando un leve cosquilleo en la base de mi estómago al saber que estaba aproximándose.

Me incorporé ligeramente para poder observarla con atención mientras se aproximaba hacia mi posición, quedándome apoyado sobre los codos con la mirada absorta en cada uno de sus sensuales movimientos. Era increíblemente preciosa, y aunque siempre había sido consciente de ello, era en esos momentos después de haber estado alejados tanto tiempo, cuando más valoraba lo que sentía cuando ella estaba cerca. Podría jurar que había sido mi guía, mi estrella polar en cada madrugada en la que salíamos de caza. Tenía que conseguir por todos los medios que se quedase en París conmigo, gesta difícil sabiendo la lealtad que le profesaba Idara a la manada.- Tu dulce olor también es peculiar e inimitable.- respondí junto a una cálida sonrisa, incorporándome hasta que darme sentado frente a ella, feliz por tenerla tan cerca.

-Imaginé que te levantarías hambrienta; hay cosas que nunca cambian.- bromeé recordando apacibles madrugadas justo antes del alba, cuando asaltábamos la despensa después de una dura noche defendiendo a los nuestros. Comencé a rebuscar en el interior de la cesta los manjares que María había preparado con gran tino para nosotros, depositándolos sobre la manta para que Idara escogiese lo que más gustase.- Creo que nos han provisto de un gran abanico de provisione…- no conseguí terminar la frase cuando la loba se me adelantó introduciéndome sin pudor alguno una deliciosa uva en la boca, rozando cual brasa incandescente mis labios, haciéndome sonreír divertido por el ímpetu indomable de ella. Había echado de menos cada una de sus particularidades, sus locuras, y ese carácter fuerte y rebelde que tanto la caracterizaba. Debía reconocer que su cercanía me provocaba cierto nerviosismo adolescente que traté de controlar, centrándome en su comentario.- No debes darme las gracias. Mi casa es tu casa, y puedes quedarte el tiempo que quieras…o para siempre. Para mí es un privilegio tenerte cerca.- apunté con cierta picardía, para no confesarle que esto último era lo que realmente deseaba.

Me quedé hipnotizado cuando tras aceptar mi invitación de un gratificante baño en las cristalinas aguas del riachuelo se despojó de sus ropajes de forma irremediablemente sensual mientras se alejaba de mí para introducirse despreocupadamente en el mismo. Un anhelante suspiro escapó de mis labios cuando quedé deslumbrado por las perfectamente delineadas curvas de su escultural cuerpo que totalmente desnudo comenzaba a ser cubierto por la refrescante agua. La había visto sin prenda alguna es numerosas ocasiones, pero esta vez había algo distinto en su mirada y tal vez en la mía.

Negué con la cabeza, sonriendo mientras aceptaba el reto que la lican me había presentado sin quererlo, y sin dudar un instante, me despojé de la poca ropa que todavía cubría mi cuerpo para con decisión recorrer los mismos pasos que ella había trazado hacía su posición, relajándome cuando el agua me cubrió prácticamente de lleno y nadé hacia el lugar donde ella se encontraba. Una amplia sonrisa se esbozo en mi rostro cuando de nuevo nuestras cómplices miradas se cruzaron, y busqué su mano bajo el agua para con un suave tirón orillarla hasta mí.- Me alegro muchísimo que hayas tomado la decisión de venir a verme. Te necesitaba..- susurré frente a su oído cuando la tuve frente a mí, a escasos centímetros de distancia, dejándome embriagar por su olor.


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Mensaje por Idara Rossi el Miér Sep 02, 2020 1:01 am

Aquel mediodía el sol irradiaba en medio del bosque iluminando todo a su paso y volviendo el ambiente cálido y reconfortante por lo que cuando Idara se desprendió del vestido e introdujo su cuerpo lentamente en el agua notó los rayos sobre su espalda y cerró los ojos disfrutando de la sensación, presa del ambiente cálido que la inundó. En aquellos instantes se trasladó a su tierra natal, a la Toscana pues aquel riachuelo rodeado por ese bosque le hizo revivir momentos de su pasado y para su sorpresa en todos ellos estaba presente Branco pues es que realmente muchas de las veces en las que se había sentido verdaderamente feliz había estado con él.

A sabiendas de que Branco permanecía en la manta tumbado sobre la hierba, dibujó una amplia sonrisa disfrutando de su cercanía de nuevo. Pese a tener los ojos cerrados, le bastaba con percibir su olor y su calor para notarlo como suyo. Junto a él sentía paz y en esos momentos se arrepintió de haber pospuesto ese viaje tanto tiempo. Idara lo había encontrado al fin y le veía feliz que era lo que más le preocupaba aunque ciertamente lo veía más relajado desde su reciente aparición. Quizás tener cerca a alguien que conoce desde hace tanto tiempo le había dado tranquilidad pues bien era cierto que entre ellos siempre había reinado un sentimiento de confianza mutuo, además de que habían vivido muchos momentos buenos y otros no tan buenos, siendo en estos últimos en los que se había sentido más unida a él.

El agua le cubría los pechos y la notaba fría aunque la aguantaba a la perfección por su condición. Cerró los ojos unos instantes e inhaló profundamente guardando aquel momento en su memoria para siempre. Deseaba permanecer junto a él mucho más tiempo, de hecho, todo el que Branco le permitiera pero ella no quería ser en ningún caso una molestia a pesar de que él se había mostrado muy cordial y abierto a que permaneciera en su casa con él. El anfitrión la sacó de sus pensamientos justo en el momento en el que apareció junto a ella y tiró de su mano para atraerla hacia él. Por inercia abrió los ojos y dibujó una tímida sonrisa, poco común en ella lo cual le sorprendió. Se reprendió pues no quería mostrársela porque era muy consciente de que la delataba e Idara la conocía muy bien porque se dibujaba en su rostro cada vez que pensaba en él y eso mismo había hecho cada día desde que él había salido rumbo a París, hacía ya una eternidad, en su opinión.

Poco pudo reprimirse cuando lo sintió tan cerca de ella y su cálida respiración estaba frente a sí. Se dio cuenta de lo mucho que lo había extrañado y de la necesidad que tenía de estar a milímetros de él. Alzó la vista hacia la de él en el preciso instante en el que reconoció sin pudor alguno que la necesitaba pues aquello era mutuo, desde luego. Asintió manteniendo aquella sonrisa delatora y se acercó a él acariciando su nariz con la suya mientras cerraba sus ojos unos instantes y por fin lograba dejar de pensar pues se había propuesto disfrutar de aquel instante a su lado -Branco… te he echado de menos cada día -confesó entonces -Me has hecho mucha falta… tenía que venir a buscarte -abrió los ojos y le miró fijamente mientras entrelazaba sus dedos con los de él aprovechando que tenía su mano cogida -Tienes que ponerme al día de todo, por favor. Dime ¿qué has hecho todo este tiempo? -Con su dedo pulgar comenzó a acariciar el dorso de su mano mientras permanecía cerca de él observando sus ojos castaños que en su opinión brillaban.

Idara en aquel momento recordó varias noches en las que se había dormido pensando en él, necesitándolo y teniéndolo demasiado lejos. Fue entonces, cuando lo sintió lejos de ella porque él había tomado la decisión de viajar a otro país mientras ella permanecía en París, cuando se dio cuenta de lo mucho que le importaba aquel que hasta entonces había considerado solo un amigo. Resistió las ganas de huir tras él durante demasiado tiempo pues muchas dudas la asolaban y la mantenían asediada junto a la manada, pero estaba dispuesta a dar un giro a su vida por él pues consideraba que podía sentirse demasiado solo en París, al igual que ella lo hacía en la Toscana, pese a estar rodeada de los suyos.

Haberlo visto la noche pasada le había confirmado que sus sospechas eran ciertas y que ante ella tenía a la persona más importante de su vida, en la que había pensado cada noche, siendo Branco el dueño de sus pensamientos y de sus sueños. Anhelaba la cercanía que ahora le había sido concedida y se sintió afortunada por tenerlo tan cerca -¿Sabes? La manada sin ti no es lo mismo… ya no podía permanecer allí sola, me refiero sin ti, así que aquí me tienes. He decidido quedarme -afirmó manteniéndole la mirada.
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Mensaje por Branco Cafiero el Jue Oct 15, 2020 1:21 pm

Las refrescantes aguas transparentes del riachuelo nos envolvían en una continua danza de traviesos remolinos superficiales que nos invitaban a una curiosa danza en la que nuestro acercamiento era más que irremediable a cada segundo que sucedía. Mis cálidas manos sujetaban con suavidad sus aterciopeladas muñecas, orillándola hasta mí; acercándola hasta que nuestras piernas se encontraron prácticamente entrelazadas en el continuo movimiento de las aguas vivas. Cada roce de su piel me hacía olvidar lo complicado que habían sido los últimos meses en los que tanto la había echado de menos, y había que reconocer que aquel paraje paradisiaco era digno de un reencuentro tan especial como el nuestro; donde al menos por mi parte emergerían pensamientos y sentimientos de los que hasta ahora no había sido consciente a pesar de haber pasado media vida uno junto al otro.

La agradable temperatura de las aguas me ayudaban a mantener la mente despejada, y prepararme para una noticia que había estado esperando recibir de mi mano derecha desde la noche anterior durante el evento, a pesar de que todavía no había encontrado el momento idóneo para preguntar cual había sido el desencadenante para que ella cruzara sola media Europa solo para buscarme. Claro que estos pensamientos parecieron quedar en un segundo lugar cuando Idara reaccionó a mi gesto de tomarle de la mano acercándose todavía un poco más para acariciar con dulzura mi nariz con la suya, gesto del que me tuve que concentrar para no sujetar ambas mejillas entre mis manos y besarla con toda la dulzura de la que pudiese ser capaz. Había anhelado volver a sentir cada caricia suya desde que me fui, que hasta entonces no me había dado cuenta de lo mucho que me llenaba cada gesto de la lican. Y ahora, viendo esos suaves labios frente a los míos, la necesidad por hacerlos míos iba en crescendo.- Yo también os he echado de menos, incluso en muchas ocasiones me replanteé volver a la Toscana e ignorar mi infructífera misión de encontrar a nuestro alfa. Pero los meses fueron pasando, y parece que finalmente conseguí empezar una nueva vida aquí.- expliqué dejándome mimar por sus tiernas caricias.- Una nueva vida que por supuesto deseo que compartáis conmigo.- le guiñé un ojo de forma pícara. Se lo había mencionado la noche anterior, y esa mañana cuando llegó al camping; pero yo necesitaba repetirlo hasta que comprendiese que no deseaba volver a separarme de ella.

-Cuando llegué a París estuve durante muchas lunas buscando a nuestro alfa por cada recóndito lugar de la ciudad; siguiendo infinitas pistas que no me llevaron a ninguna parte. Empecé a pensar que tal vez fuese él quien no quisiese ser encontrado; y a pesar no haber desistido nunca en encontrarle, comencé a buscar algún trabajo que me permitiese integrarme en la sociedad parisina. Y así acabé trabajando en el museo del Louvre. – me deshice con suavidad de su mano, deslizando la mía sobre su cintura, acercándola lentamente hacia mí.

Escuchar lo mucho que me había echado de menos y de lo importancia que parecía ser mi presencia en la manada me hizo sentir durante unos instantes culpable. Hasta que ella reconoció que se quedaría conmigo y todas las penas y preocupaciones se desvanecieron. Con una amplia sonrisa dibujada en mis labios tiré de su cintura, preso de la emoción del momento, ofreciéndole un suave beso depositado en sus labios.- No te arrepentirás de quedarte conmigo aquí en París. Te prometo que serás la loba más feliz de todo el mundo.- apunté eufórico por la noticia que acababa de recibir, pasando por mi mente miles de planes y aventuras que podríamos vivir juntos.


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